Sección 7
Sección 7
El hombre abrió lentamente los ojos al escuchar los pasos en la escalera y sentir una presencia abrumadora erizarle la piel.
No había ira por ver interrumpido su sueño. Su vida siempre había transcurrido en el campo de batalla.
Como había vivido siempre en la delgada línea entre la vida y la muerte, sin importar lo que ocurriera, podía permanecer en calma. Otra cosa distinta era si tuviese ganas de jugar o no.
—…
Poco a poco, la figura fue apareciendo mientras terminaba de subir los escalones. Recordaba esa aura de combate. Del mismo modo, reconocía el sonido de los zapatos y la forma de caminar. Había sido tan reciente que no había forma de olvidarlo.
Pero, al ser el mismo oponente, lo encontró extraño.
—Pensé que era un poco más listo que esto…
—…
—¡Já!
Pero aquella impresión se borró en cuanto vio a su adversario.
En su lugar, emergió un impulso que lo hizo estallar por dentro. El hombre se revolvió el pelo rojo con violencia. Y entonces…
—Esta vez no voy a contenerme, oye.
—…
No creía que importara, pero como cortesía, le dio esa advertencia.
Al oírla, su oponente cerró los ojos un instante, para acto seguido despojarse de toda emoción.
Y entonces, su mano se extendió sin titubeos, arrancando la espada del suelo y alzándola en alto.
—De la Orden de los Caballeros Reales del Reino de Lugúnica, Julius Juukulius.
Pronunciando su nombre, el caballero cargó hacia adelante con resolución.
Los ojos de Reid Astrea se entrecerraron, y sus mejillas se torcieron con una sonrisa cruel.
—Mientras sigas usando ese título aburrido, ni en tus sueños serás un buen rival.
