El Reinicio de Natsuki Subaru




CAPÍTULO 1:
El Reinicio de Natsuki Subaru
… Natsuki Subaru sólo experimentó un instante entre la pérdida de conciencia y la reanimación.
—……………
Su cabeza se había estrellado contra el duro suelo, enrojeciendo su mundo hacía apenas un instante.
Al momento de perder los cinco sentidos, Subaru se encontró encima de la mullida cama.
—Whew…
Exhaló. Su cuerpo se relajó mientras el shock de la muerte se retiraba de su alma.
Fue suficiente para que levantara las sábanas y se acobardara, olvidándose incluso de respirar.
Claro que lo estaría. Nunca antes había saltado de un acantilado y se había quitado la vida.
Su cuarta muerte en este bucle fue un suicidio. Sin un manual de cómo funcionaba el Regreso de la Muerte, o cualquier precedente, eso, por lo que él sabía, en verdad pudo ser el final de la vida de Subaru.
Pero…
—… Regresé…
Subaru apretó un puño tembloroso, sonriendo finamente al techo blanco que llenaba su visión.
La cama mullida, la almohada de dulce aroma, la suite bien amueblada… todo pertenecía a la habitación de invitados que había recibido a Subaru en su primer día en la Mansión Roswaal.
Y lo más importante…
—Nee-sama, Nee-sama. Nuestro querido huésped parece que tarda en despertarse.
—Rem, Rem. Nuestro querido huésped parece ser lento de cabeza para su edad.
Las hermanas gemelas estaban tomadas de la mano, con los ojos una al lado de la otra mientras miraban a Subaru desde los pies de la cama.
Llevaban pequeños vestidos negros con delantales blancos en la parte delantera. Ambas llevaban deslumbrantes tocados de encaje blanco sobre sus cortos peinados bob, una con el cabello rosa y la otra azul. Sus rostros eran jóvenes y encantadores.
Eran las criadas que cuidaban de la mansión, y también la razón por la que Subaru había hecho su Regreso de la Muerte.
El corazón de Subaru se estremeció al escuchar sus voces familiares hablando de forma familiar, durante lo que sería la quinta ronda de encontrarse con ellas por primera vez.
Tenía una montaña de cosas que quería preguntar. Pero sentía como si tuviera algo atascado en la garganta; las palabras no le salían.
Al ver a Rem viva y bien, mientras Ram se comportaba con su típica rudeza, todo parecía tan ordinario y natural que a Subaru le costaba contener sus emociones.
—Querido huésped, querido huésped. ¿Le ocurre algo? ¿Se encuentra mal?
—Querido huésped, querido huésped. ¿Está usted enfermo? ¿Quizás una enfermedad crónica?
Subaru se puso una mano en el pecho y bajó la cabeza ante las desconcertadas gemelas.
Las criadas fueron a un lado de la cama y se separaron ligeramente, extendiendo una pequeña palma cada una como si quisieran tocar a Subaru desde ambos lados.
Esas manos…
—Préstenme eso un segundo.
—¿Eh?
—Ah.

Subaru, sin esperar a que dijeran que sí, agarró sus manos, entrelazando sus dedos con los de ellas.
Con las hermanas congeladas por la sorpresa, palpó bien sus finos dedos y el calor de sus palmas.
—Sí, lo sabía… No hay error.
Subaru recordaba el tacto de sus manos y cómo su calor le había salvado en momentos de necesidad.
No se equivocaba sobre lo que le había dado la determinación de arrojarse por aquel precipicio.
Ambas retiraron las manos y despreciaron el comportamiento grosero e insolente de Subaru.
—No, querido huésped. Seguramente estás equivocado. Sobre todo.
—No, querido huésped. Seguramente fue un error que nacieras.
Pero Subaru asintió como si incluso aquellas crueles palabras fueran música que refrescaba su alma.
—Considerándolo todo, probablemente no debería sonreír por eso… pero ahora mismo, se siente bien.
—Nee-sama, Nee-sama. ¿Podría el querido huésped estar disfrutando a plenitud ser insultado?
—Rem, Rem. ¿Podría ser el querido huésped un masoquista pervertido?
Eran acusaciones extrañas para lanzarlas a un «querido huésped» tan rápidamente, pero sonrió y las dejó pasar.
Si eso significaba que realmente podría rehacer las cosas con ellas dos, todo lo demás carecía de importancia.
Ante una actitud que era menos de precaución y más de desagrado descarado y visceral, Subaru saltó de la cama. Se llevó una mano al trasero mientras comprobaba el estado de su cuerpo antes de girarse hacia los dos rostros cargados de sospecha.
—Perdón por hacer eso sin siquiera saludar. Aunque hay algo que quiero decir más allá de disculparme.
Subaru se cruzó de brazos, hinchó el pecho de forma espectacular y volvió a sentarse, mirando directamente a Ram y Rem. Sintiendo las agudas miradas que ambas le dirigían, Subaru pensó distraídamente: «Probablemente ya estén empezando a evaluarme».
Si Natsuki Subaru no podía ganarse su confianza, es más, la confianza de todos los que se encontraban bajo el techo de la mansión, no podía esperar recuperar el tiempo de paz y tranquilidad que había perdido.
Así que optó por tirar la cautela al viento, con la esperanza de apaciguar sus sospechas…
—Quiero decir, caramba, no soy una especie de delincuente que no puede llevarse bien con nadie…
Al oír el murmullo de Subaru, ambas ladearon un poco la cabeza, como si tuvieran sus dudas al respecto.
Subaru sintió que la tensión y el estrés desaparecían de su cuerpo. Ya sabía lo que quería decir, así como lo que tenía que hacer.
—… Confío en ustedes, así que llevémonos bien, ¿de acuerdo?
Como en el primer bucle, haría todo lo posible por ganarse la confianza de las chicas.
Tener un poco de conocimiento del futuro no cambiaba la naturaleza esencial de Subaru, ni tampoco la mera posibilidad de que pudiera cambiar las cosas. Lo único que podía hacer era afrontar la situación que tenía ante sus ojos y vivir cada día al máximo.
La petición de Subaru hizo que las gemelas se miraran e intercambiaran una conversación silenciosa entre sus miradas. Sus idas y venidas seguían cuando abruptamente miraron hacia la puerta, habiendo notado que una chica solitaria entraba justo en ese momento.
Tenía la piel tan pálida que casi se podía ver a través de ella, y el cabello plateado le llegaba hasta las caderas. Sus ojos violetas parecían emitir un hechizo mágico que te atraía. Era Emilia, una chica de belleza inhumana.
Emilia, al darse cuenta de que Subaru la miraba fijamente, esbozó una pequeña sonrisa mientras miraba a los tres presentes.
—Oído escándalo, así que vine a echar un vistazo… Pareces muy animado, Subaru. Me alegro.
—Hace nada me sentí un poco en conflicto, pero verte, Emilia-tan echó todo eso por tierra. Eres como una píldora de compasión que funciona extra fuerte en mi corazón.
—Lo siento, realmente no sé lo que estás diciendo…
Una mirada preocupada se dibujó en el bello rostro de Emilia, porque Subaru hablaba con más desparpajo de lo habitual.
—Incluso tu mirada triste es linda… Siempre estás genial, y eso me hace sentir renovado.
—De alguna manera, eso suena un poco espeluznante. Pero buenos días. Me alegro de que estés a salvo.
La mueca que había hecho se suavizó rápidamente en una sonrisa encantadora y sonrió a Subaru.
Por lo que respecta a Emilia, ésta era su primera reunión tras los sucesos de la capital real. Subaru aceptó sinceramente las palabras de alivio de Emilia al verle regresar del borde de la muerte.
—Sí, buenos días. Bueno, volvamos a empezar, ¿de acuerdo?
Las tres chicas de la sala, sin entender lo que Subaru quería decir con eso, ladeaban ligeramente la cabeza con miradas perplejas.
Ver a las tres reaccionar como un trío de hermanas hizo que Subaru estallara en carcajadas.
—Lo que quería decir es que es hora de que empiece a completar el nivel de la Mansión Roswaal.
Su objetivo era alcanzar la mañana que deseaba para él, y para todos en la mansión.
… Bien, pongamos este espectáculo en marcha.
Y así comenzó su primer día en la Mansión Roswaal por quinta vez.
1
Necesitaba superar dos grandes obstáculos para superar su primera semana en la Mansión Roswaal.
El primero era ganarse la confianza de todos los que vivían allí. No se trataba sólo de Ram y Rem, sino también de su señor, Roswaal.
Si las chicas veían en él algo remotamente dudoso, las posibilidades de que cometieran un asesinato para silenciarlo eran excepcionalmente altas.
El segundo obstáculo era derrotar al chamán que atacaba la Mansión Roswaal.
Pero aún no tenía ninguna pista real para hacerlo.
Su oponente era duro, su verdadera identidad permanecía oculta incluso cuando Subaru se enfrentaba a él por quinta vez.
Subaru necesitaba ganarse la confianza de las gemelas y enfrentarse a este desconocido y malvado usuario de magia. Esas eran las condiciones de victoria que había descubierto con su cuarta muerte.
Sin embargo, Subaru aún carecía de muchos de los elementos que necesitaba para cumplir esos requisitos. A pesar de su Regreso de la Muerte, no había sido capaz de poner sus manos sobre nada sólido.
Su cabeza se sentía entre la espada y la pared, pero Subaru se deshizo de sus emociones negativas y miró hacia el futuro.
Tenía que enfrentarse al muro que se alzaba ante él, por muy alto que fuera.
Fue decisión de Subaru volver y hacer esto, sin saber siquiera si lo lograría. Decidió que, habiendo experimentado una vez la muerte por sus propias manos, lo haría… aunque le matara.
2
La luna se alzaba en el cielo nocturno mientras tenía lugar una discusión privada en el estudio del piso más alto de la Mansión Roswaal.
El hombre se sentó ante el escritorio y planteó su pregunta con su forma de hablar lenta y exagerada.
—¿Cómo es, Ram~? ¿Cómo lo relacionarías con lo que has visto~?
Era un hombre de largo cabello añil y piel espantosamente pálida, y parecería un tipo hermoso de la variedad clásica, si no fuera por el maquillaje de bufón que cubría su rostro. Eso, combinado con su peculiar forma de hablar, hacía de él un hombre difícil de olvidar.
Era Roswaal L. Mathers, amo y señor de la mansión.
En la conversación participaban Roswaal y una criada —Ram—, que miraban hacia él y el escritorio.
Roswaal se cruzó de brazos y esbozó una amplia sonrisa, mientras Ram ladeaba la cabeza, sumida en sus pensamientos. Enarcó una ceja, pues le parecía rara la vacilación de ella a la hora de hacer su informe.
—Hmm~, verte así, Ram, propensa a juicios rápidos como eres, tan preocupada~, es todo un espectáculo, ¿no es así~? ¿Quizá un día no es suficiente para conocerle~?
—Ese… no es el caso. Sin embargo…
Aunque lo negó de inmediato, sus palabras revelaron falta de claridad. Ram se llevó la punta de un dedo a los labios y aún parecía un poco insegura cuando empezó a hablar de nuevo.
—Primero déjame calificarlo. Él… Barusu… no tiene habilidad. Su trabajo como sirviente es completamente amateur.
—Vaya, vaya~… ¿No es un poco desconcertante que él mismo pidiera este papel~?
Roswaal sonrió al recordar el intercambio durante el desayuno de aquella mañana. También recordó las palabras que empleó el recién despertado invitado cuando buscaba una recompensa por sus hazañas.
Lo que destacaba era la afirmación de Subaru de ser «un adolescente con buena salud, una educación medio decente y una cabeza no terrible». Era una autoevaluación sólida que, por la misma razón, merecía un cierto nivel de cautela.
En consecuencia, había ordenado a Ram que supervisara su educación, así como que observara sus acciones e informara de sus hallazgos, como estaba haciendo ella en aquel momento. No había pensado que el asunto se resolvería en un solo día, pero la vacilación de Ram a la hora de hacer su informe era un problema en sí mismo.
Roswaal apoyó la mejilla en la mano. Ram guardó silencio un rato antes de abrir la boca.
—Hay algunas cosas misteriosas sobre Barusu.
—Sí, sí, cuéntame~. Habla de cualquier cosa que te llame la atención~.
—Se puede decir que carece por completo de talento, pero Barusu parece ser… un poco demasiado espabilado cuando se trata de cosas concretas.
—¿Qué quieres decir con «un poco demasiado espabilado»~?
—Son cosas sin importancia, pero… en pleno trabajo, parece demasiado familiarizado con pequeños detalles de la mansión, cosas que aún tengo que enseñarle. Al guardar los platos, abrió los cajones en el orden correcto. También, conoce nuestros… gustos en hojas de té.
—…
Roswaal no respondió a las palabras de Ram, sino que se pasó la yema del dedo por la barbilla.
—Por supuesto, todo esto son detalles sin importancia —añadió Ram al ver que Roswaal hacía eso—. Después del desayuno, le di una breve visita y una explicación de la mansión. Noté que sus ojos se desviaban hacia varios lugares. Eso es todo, pero…
—Ya veo~, demasiado para ser un conjunto de simples coincidencias… Eso es bastante interesante~.
La sospecha empieza por las cosas más pequeñas. Si no se lo estaba pensando demasiado, Subaru podría haber revisado la mansión antes de infiltrarse en serio.
Pero lo que hacía difícil imaginar esa posibilidad era…
—Su hazaña fue proteger a Emilia-sama en la capital real~, ¿no es así~…?
—Parece un medio demasiado… descarado para infiltrarse en la mansión. En cualquier caso, bien podría haber perdido la vida si Beatrice-sama no hubiera estado disponible.
El recuerdo de cuando lo llevaron a la mansión aún estaba fresco en la mente de Roswaal. Aunque no había curado al muchacho personalmente, era imposible que Beatrice participara en semejante ardid. Además, Ram había cuidado al herido Subaru durante todo el camino de vuelta desde la capital real. Que se les escapara algo a ambas era muy improbable.
—Considerándolo todo~, tales pensamientos parecen un tanto excesivos a la luz de los hechos~.
—La «Cazadora de Entrañas» que atacó a Emilia-sama… Imagino que es posible que conspirara con ella para infiltrarse en la mansión, pero…
Las palabras de Ram carecían de convicción, lo que sugería que incluso ella lo veía improbable. Por su parte, Roswaal negó con la cabeza.
—No, eso no es posible~. Seguro que ni siquiera tenemos que sospechar que la Cazadora de Entrañas se aliase con él~.
—… ¿Es… así?
—Y lo que es más importante~, ¿hay alguna otra cuestión preocupante~?
Incitada por Roswaal a seguir adelante, Ram bajó los ojos.
—Supongo que… dejando a un lado que de vez en cuando se pone lunático… Barusu es tan optimista que resulta bastante nauseabundo.
—¿Eh?
Roswaal enarcó una ceja ante la afirmación de Ram. Parecía que, más que elegir sus palabras con cuidado, buscaba las adecuadas.
Seguro que hasta Ram sabía que había dicho algo fuera de tema. Ram continuó, con cara de frustración por su propia incapacidad para encontrar una explicación más precisa.
—A este paso, hablará hasta morir. Su sonrisa nunca vacila cuando da tumbos, y parece excepcionalmente atento a cómo se comporta con nosotras…
—… ¿Qué piensas de eso~?
—… Es diferente a como y Emilia-sama lo describe… A saber, cómo es honesto sobre sus propios deseos como un niño pequeño, genuino de una manera simpática…
Ram intentó responder brevemente a la sutil pregunta.
Roswaal, que había tenido poco contacto con Subaru, no entendía qué hacía dudar tanto a Ram. Pero eran las palabras de una criada leal que contaba con una larga hoja de servicios. Roswaal se tiró de la barbilla mientras digería el análisis de Ram.
—Parece que tendremos que vigilarlo durante algún tiempo~. Su primer día fue difícil de ver, pero no se puede evitar~. También es un hecho que merece una recompensa proporcional en agradecimiento por salvar a Emilia-sama.
—… ¿Y si… se hace necesario?
La vacilación de Ram hizo parecer que no quería oír lo que vendría a continuación.
La expresión de su rostro seguía siendo la misma, pero Roswaal había pasado suficiente tiempo a su lado como para leer lo que sentía en su interior. Roswaal contempló el momento de debilidad de Ram con su ojo amarillo mientras hacía un pequeño movimiento con la cabeza.
—Este es un asunto que debemos manejar con gran delicadeza~. Por encima de todo, procura que Rem no se adelante~.
Ram asintió con la cabeza en respuesta a la orden de Roswaal.
La criada que no participaba en la conversación, Rem, tenía tendencia a actuar de vez en cuando según sus propias ideas. Por lo general, su juicio apresurado podía ser respondido con una simple regañina.
En momentos como éste, sin embargo, la acción independiente era probable que empujara las cosas en una dirección muy pobre. Ella podría eliminar el peligro de antemano, empeorando su relación con Emilia en el proceso.
La idea no le hizo ninguna gracia.
—Sí, lo haré… procuraré que Rem no actúe según sus sentimientos de desconfianza hacia Barusu.
Roswaal se echó hacia atrás con un crujido de la silla. Murmuró con voz cansada.
—Estoy profundamente agradecido~. Este es un momento de grandes expectativas~… De hecho, es el momento de ponerlas todas a prueba~.
Ram empezó a decirle algo, pero cerró la boca y se mordió la lengua. Se hizo el silencio entre los dos mientras entraba el aire fresco de la noche.
—Entonces~, Ram, ¿concluimos aquí tu informe~?
—… Sí. Me disculpo por no poder transmitir mucho.
—No te regañaré por tal cosa~. Entonces, ¿continuamos~? Después de dos días sin hacer nada, te duele bastante, ¿verdad~?
—Ah… sí.
De algún modo, Ram parecía embrujada cuando obedeció el gesto de Roswaal. Desde su posición de pie ante el escritorio, pareció tambalearse al acercarse a Roswaal y sentarse dócilmente en su regazo.
—Una vez más, si me disculpa.
—No es más que el ejercicio de un derecho natural~. Es lo mismo de siempre, nada de lo que avergonzarse~. Después de todo, tu precioso cuerpo no sólo te pertenece a ti~.
Le acarició la mejilla. Ella cerró suavemente los ojos cuando él le levantó la cabeza. Acariciándole el cabello rosa con la otra mano, Roswaal cerró un ojo y miró a Ram con su iris dorado.
—Entonces, dado lo que eres para nosotros~… deberíamos llevarnos bien, ¿no~? —murmuró Roswaal, sobre todo para sí mismo, mientras su conciencia cambiaba de marcha. Miró fijamente a Ram, y su conciencia se hundió en Ram y sólo en Ram.
La primera noche en la Mansión Roswaal se fue oscureciendo más y más a medida que la sospechosa conversación entre amo y criada llegaba a su fin.
3
—¡Buenos días! Hoy hace un tiempo estupendo, ¡perfecto para lavar la ropa! ¡Hagamos de este un día feliz!
Subaru levantó un estridente ¡hip, hip, hurra! para dar la bienvenida a la llegada del sol naciente.
Era su quinto intento en su segunda mañana en la Mansión Roswaal.
Estaba de pie en medio del jardín, con el cuerpo bañado por la luz del sol matutino, mientras giraba la parte superior del cuerpo. Utilizó el popular ejercicio matutino de calentamiento para hacer circular la sangre por todo el cuerpo, aprovechando al máximo la energía que había ganado con el sueño.
—¡Sí, victoria!
Finalmente, levantó ambas manos al cielo y gritó triunfante al terminar el comienzo de otro día.
Subaru se secó enérgicamente el ligero sudor de su frente y se dio la vuelta con una sonrisa. Emilia le devolvió la sonrisa, aunque escuetamente, de pie en un rincón del jardín mientras mantenía su conversación diaria con espíritus menores a la sombra de un árbol.
—Eres bastante enérgico por la mañana…
—Oye, no hables como si todo fuera conmigo. ¡Pon tu espalda en ello, Emilia-tan!
Puck, el pequeño espíritu felino de Emilia, revoloteaba a su lado, limpiándose la cara con la pata.
—Cuando le veo limpiarse la cara así, pienso, en serio es un gato. Supongo que los espíritus también tienen sueño, ¿eh? Parece medio dormido.
—Tú también duermes cuando estás cansado, ¿no? Nos pasa cuando el prana, la fuente de nuestro poder vital, se desvanece. Si no estamos recibiendo suficiente prana…
Puck bostezó generosamente. Emilia se llevó la mano a la boca y también bostezó un poco.
—Ambos se quedaron despiertos hasta tarde, ¿eh? Te quedaste despierta hablando sobre el chico que te gusta, ¿no? ¡Déjame unirme! ¿Eh? ¿Qué chica me gusta…? Eso es, ah, embarazoso decirlo, ya ves…
Subaru se cruzó de brazos, bajando la mirada mientras miraba un poco a Emilia.
—Está bien, está bien —dijo Emilia, saludando despreocupadamente el acto de Subaru—. Me gusta Puck. Le gusto a Puck. Fin.
—¡¿Amor mutuo?! ¡¿Hay sitio para mí ahí?!
—Ni siquiera un poco, miau. Mi encanto hace palpitar el corazón de Lia. Puede que no seas un mal partido, Subaru, pero todo eso se desperdicia ante mí. Deberías renunciar a Lia ahora mismo… ¡Miau, miau!
Subaru se acercó a Puck, mirándole con reproche, pero los dedos de Emilia les agarraron una oreja a cada uno antes de que pudieran empezar nada.
—No se dejen llevar. Me voy a enfadar si eso es lo que piensan hacer.
—¡Ay, ay, está molesta, ay!
Subaru y Puck soportaron mansamente juntos el castigo de Emilia.
Cuando Emilia les soltó las orejas, ambos se frotaron la zona dolorida mientras ella se colocaba ante ellos, con las manos en las caderas.
—Me alegro de que se lleven bien, pero nada de aprovecharse de la gente sólo para poder jugar. Di que sí si lo entiendes.
—Sííííí.
Ambos levantaron una mano y asintieron con firmeza.
Extrañamente, aunque ser tratado como un niño debería haber molestado a Subaru, ver la agradable y satisfecha sonrisa de Emilia hizo que esas preocupaciones menores fueran irrelevantes.
Emilia, sin darse cuenta de que Subaru se había enamorado por completo de su sonrisa, aplaudió bruscamente.
—Oh, cierto, ahora está bien. Subaru, ¿te sientas aquí un momento?
Emilia se sentó en la hierba con las piernas extendidas hacia un lado, dando palmaditas en el suelo a su lado para invitar a Subaru a acercarse.
—¡Tú llamas, yo voy corriendo! ¿Qué, qué? ¿Exactamente para qué es bueno el momento? No importa cuál sea tu petición, Natsuki Subaru no deja ningún picor sin rascar. Si hay un lugar al que no puedes llegar, ¡ordéname que me rasque y obedeceré!
—Todo lo que dije fue que te sentaras a mi lado. Es una reacción mayor de la que esperaba. ¿Qué debo hacer?
Como era de esperar, Emilia esbozó una sonrisa de dolor ante el feroz entusiasmo de Subaru.
—Err… ayer fue tu primer día de trabajo. ¿Cómo te fue? ¿Te fue bien?
—¡Ah, sí, fallé en el ochenta por ciento!
—Ya veo; ciertamente estás lleno de confi… ¿Eh? ¿Fracasaste? ¿En el ochenta por ciento?
—Eh, quizá ochenta sea exagerar… Quizá más bien seis, no… setenta y cinco.
—Eso aún significa que fallaste en muchas cosas…
Emilia actuó como si de algún modo se sintiera responsable de la inesperada baja valoración que Subaru hacía de su propio trabajo. Pero enseguida levantó la cara en señal de preocupación.
—Ah, pero, oye, eso significa que has hecho bien el veinte por ciento del trabajo en tu primer día, ¿eh? Está bien; seguro que no pasa nada. Ten más confianza.
—¡Eh, tienes razón! Es un camino largo, pero si empiezo con un veinte por ciento, ¡puedo subirlo poco a poco desde aquí!
—No seas engreído. Reflexiona como es debido.
—Si vas a empezar dulce, ¡¿por qué no puedes terminar dulce?! Ah, no, no es nada, lo siento mucho.
Subaru, acobardado por la presión de la mirada de Emilia, se encogió y asintió dócilmente.
En cualquier caso…
—De alguna manera me siento como si estuviera comiendo el polvo de Ram y Rem. Acertar el veinte por ciento esforzándome al máximo significa que ahí es donde estoy, así que no hay remedio. Esperaré algo mejor de mí mismo en el futuro.
—Si vas a ser tan optimista al respecto, no hay nada más que pueda decir, pero…
Al oír la declaración positiva de Subaru, Emilia afinó los labios en algo parecido a un mohín. El tierno comportamiento infantil que mostraba de vez en cuando no dejaba de encender un ardiente anhelo en Subaru.
Pero se contuvo, sofocando las brasas.
Subaru señaló a Emilia con un dedo de cada mano en un gesto cómico.
—Así que, ya ves, me paso todos los días con las hermanas criadas recibiendo clases mientras me dedico a la vida de sirviente. Si me canso de esa vida iré corriendo a tu regazo, Emilia-tan, así que déjalo libre, ¿bien?
—… Sólo te escuché a medias, pero sonaba bastante bien.
—¡Dura evaluación con una cara bonita! Bueno, si esa mitad fue la parte del regazo, ¡está bien! Como dije, déjame ese regazo libre para esta noche, Emilia-tan… ¡No me robes el sitio, Puck!
Subaru empujó con un dedo a Puck, gritando su nombre. Puck reaccionó a la declaración de guerra con un movimiento casual de sus bigotes.
—No importa lo que digas, el pacto de Lia conmigo significa que su corazón y su cuerpo ya son míos. No se puede cambiar nuestra relación miau, miau!
Emilia agarró de las orejas a Puck por su incorregible comportamiento y lo lanzó al aire para hacerle reflexionar sobre el error de sus actos.
—Santo cielo, no cambies los términos de nuestro pacto a mis espaldas.
Tal vez Puck estaba acostumbrado, porque a pesar de eso, simplemente se posó en las manos de Emilia y se retorció felizmente en ellas con una mirada de completa calma. Subaru no pudo evitar sentir envidia de su relación.
—Bueno, ahora que me llené de energía será mejor que empiece el trabajo de la mañana.
—¿Qué quieres decir con «llenarte de energía»?
—Sólo estoy bromeando un poco contigo, Emilia-tan.
—Ya estamos otra vez. Si todo lo que haces es hacerle bromas a la gente, no van a confiar en nada de lo que digas cuando en realidad estás diciendo la verdad, ¿sabes?
—Eso parece sacado de un cuento de hadas. Si eso sucede, supongo que estaré cosechando lo que sembré…
—Espera, ¿en verdad me estás diciendo eso…?
Mientras Emilia le lanzaba una mirada exasperada, Subaru le devolvió la sonrisa mientras se levantaba y se limpiaba el trasero.
—Pero se enfadarán mucho si no me voy. Se supone que debo ayudarles con el desayuno de esta mañana. Emilia-tan, no te gusta comer pimientos verdes, ¿verdad? Me aseguraré de que no estén en tu plato.
—Tienes que comer incluso las verduras que no te gustan. ¿Cuándo te dije que no me gustan los pimientos verdes?
Emilia ladeó la cabeza con una mirada interrogante mientras Subaru se marchaba con una pequeña sonrisa y un gesto de la mano.
De hecho, ella le había hablado de ello; él incluso había visto con sus propios ojos su aversión por ellos.
Se concentró en mantenerse en el camino, bromeando siempre que Emilia ponía los ojos en él.
… Tenía que concentrarse, concentrarse, siempre concentrarse, para mantener la sonrisa en su cara.
4
Emilia observó a Subaru alejarse hasta perderse de vista antes de dejar escapar un pequeño suspiro.
Puck, que miraba a Subaru desde la palma de su mano, levantó bruscamente la vista cuando se dio cuenta de que ahora Emilia le estaba mirando a él.
—Esa es una cara sombría. ¿Qué te pasa?
—De alguna manera me siento mal. No puedo expresarlo con palabras.
Emilia se encogió ante el vago intento de expresar su malestar interno. Pero lo que se le quedó atascado en la garganta no tuvo oportunidad de convertirse en palabras y volvió a suspirar.
La nariz rosada de Puck se crispó al observar el conflicto de Emilia.
—¿Estás preocupada por Subaru? No es frecuente que te preocupes así por otras personas.
—No vayas a decirlo como si fuera una especie de torpe en el trato con la gente. No se me da mal acercarme a los demás… ¡sólo que no he tenido muchas oportunidades de hacerlo!
Emilia hinchó las mejillas, una expresión que se negaba a mostrar a nadie salvo a Puck.
Aunque parecía el acto de una mocosa malcriada, era un testimonio de la fe absoluta de Emilia en Puck. El espíritu, aceptando plenamente su confianza, le sonrió como si fuera su propia hija.
Hizo un gesto con la cabeza ante las delicadas emociones que Emilia no podía expresar con palabras.
—Bueno, no es de extrañar que te esté despistando. Porque esto se convirtió en un pequeño problema.
—¿Un pequeño… problema?
Pronunció las palabras con despreocupación, pero el rostro de Emilia se tensó; no podía pasar por alto el tono que había detrás de ellas.
Por naturaleza, Puck se comportaba exactamente igual por muy tensa que fuera la situación. No sabía si se debía a que era un espíritu o si era simplemente su personalidad lo que le hacía ser así, pero se reservaba las observaciones graves como espíritu para aportar su opinión en las decisiones difíciles e importantes, en concreto las de Emilia.
Al ver que a Emilia se le cortaba la respiración, Puck jugueteó despreocupadamente con sus bigotes. Siguió hablando a su peculiar manera hasta el final.
—Sólo lo toqué un poco, pero Subaru tiene la mente revuelta. Lo que muestra por fuera no coincide con su interior. A este paso, no pasará mucho tiempo antes de que llegue al final de su cuerda.
5
El agudo ting y el sonido de la cerámica al romperse hicieron que las cejas de Ram se alzaran sorprendidas.
El joven sirviente que se pavoneaba como un bailarín —Subaru— alzó la voz mientras agarraba una escoba y un recogedor.
—¡No pasa nada! ¡Que no cunda el pánico! ¡No se preocupen! ¡Yo me encargo!
Limpió rápidamente los fragmentos de cerámica esparcidos a sus pies y fingió secarse el sudor de la frente.
Cuando miró a Rem, que le había observado fijamente durante toda la secuencia, mostró los dientes en una sonrisa diabólica.
—No te preocupes. Me encargué súper rápido y no hubo ni una baja.
—Creo que tu preocupación es loable, pero ¿no fuiste tú quien dejó caer el jarrón, Subaru? Tengo que conseguir un jarrón de repuesto, limpiar el suelo, poner las flores en orden…
—¡No, está bien! ¡Puedo tomar un jarrón y poner las flores sin ayuda! Adelante, ¡concéntrate en tu trabajo!
Alejando a Rem casi como si se lo estuviera ordenando, Subaru se dirigió al almacén en busca de mobiliario y regresó varios minutos después con un jarrón adecuado. Rápidamente colocó el nuevo jarrón en el mismo lugar que el viejo y añadió agua y las flores, volviendo las cosas a como estaban.
—Uf. Se siente bien hacer un buen trabajo, Remrin.
—Es trabajo extra que te impusiste, pero al menos te ocupaste de ello… Subaru, ¿dónde escuchaste el lugar en que están los jarrones de repuesto? ¿De Nee-sama?
—Mm, ah, er… ¡Cierto, de tu hermana mayor! Es de mí de quien estamos hablando, ella estaba bastante segura de que rompería uno en algún momento. Así que me dijo de antemano exactamente dónde conseguir un jarrón nuevo.
Al escuchar la torpe excusa, Rem no pensó: «Tan propio de Nee-sama, qué previsión». Estaba menos preocupada por el jarrón y más por el hecho de que Subaru conociera tan bien la distribución de la mansión que había tomado la escoba y el recogedor para limpiar el jarrón roto y luego había ido a buscar otro sin dudarlo.
Rem en verdad dudaba que alguien que trabajara sólo uno o dos días hiciera algo así.
Dicho esto, en lugar de levantar sus sospechas…
—¿Estás bien? Estás hasta la garganta de trabajo, adelante, mándame un poco. Lo haré; haré lo que sea.
… Era tan amistoso que ella no podía entender el problema.
No era el comportamiento de alguien portador de malicia u hostilidad, pero tampoco el de una persona astuta. Es más, para ser alguien que oculta algo, su fachada estaba plagada de aberturas.
Parecía que de verdad se estaba acostumbrando al trabajo e intentaba llevarse bien con Rem y Ram.
Rem frunció el ceño, como si estuviera conteniendo las emociones que le producía su seriedad.
La visión de Subaru esforzándose tanto, incluso cuando nadie lo reconocía, despertó un dolor palpitante en su pecho.
—Subar…
—¡Oh, olvidé el trabajo que Ramchi me pidió que hiciera! Lo siento, ¡será mejor que me dé prisa y me ocupe de eso! Me pondré en contacto contigo justo después.
Subaru salió corriendo al pasillo más rápido de lo que ella pudo gritar para detenerlo. Rem retiró los dedos con los que le había tendido la mano, mirando por encima del hombro como si debiera discutir sus recelos con su hermana mayor, pero…
—… No, no es suficiente para molestar a Nee-sama.
Rem se dirigió hacia su propio lugar de trabajo, tratando de terminar lo que le quedaba y de paso reducir el persistente dolor de pecho.
6
… Me siento mal.
—¡Oh, Ramchi! ¿Me viste? Lo hago bastante bien con un cuchillo de cocina después de sólo un día aprendiendo como usarlo, ¿eh? Quizá mi talento esté floreciendo.
… Me siento mal, me siento mal, me siento mal.
—¡Remrin, mira, mira! Ahora mismo, ¡mis dedos están milagrosamente imbuidos de la habilidad que hace posible tan fino trabajo! ¡El poder de la imaginación!
… Me siento mal, me siento mal, me siento mal, me siento mal, me siento mal.
—¡Encontrarme contigo, Emilia-tan, me revuelve el corazón! ¡Es demasiado pecaminoso! ¡Me siento tan culpable!
… Me siento mal, me siento mal, me siento mal, me siento mal, me siento mal, me siento mal, me siento mal, me siento mal, me siento mal, me siento mal, me siento mal, me siento mal, me siento mal, me siento mal, me siento mal, me siento mal, me siento mal, me siento mal, me siento mal, me siento mal, me siento mal, me siento mal, me siento mal, me siento mal.
Mantenía una sonrisa clavada en la cara mientras seguía intentando parecer juguetón. Luchaba con todas sus fuerzas con las tareas encomendadas, atacando resueltamente los problemas sin miedo al fracaso, y cuando terminaba, deambulaba en busca de más cosas que hacer.
Tenía que hacerlo. Lo necesitaba.
No tenía ni un segundo que perder. Era como un videojuego en el que simulabas en tu cabeza todos los posibles resultados de un acontecimiento concreto. Tenía que gestionar las banderas de eventos. Esa era su especialidad, ¿verdad? Cuantos más se encontrara con ellas, mejores serían sus posibilidades.
… Debería ser capaz de hacerles sonreír más. Debería ser capaz de hacerles reír más.
Sus acciones fueron exageradas sin sentido. Intentó convencerles de que era un tonto inconsciente. Intentó no hacerles creer que era un inútil. Su cabeza daba vueltas y vueltas, siempre sopesando sus acciones.
Subaru vigilaba constantemente cualquier cosa que pareciera remotamente fuera de lo normal. No podía bajar la guardia ni un solo instante, ni siquiera un segundo.
… No puedo cometer un error. Simplemente no puedo. No puedo.
Las campanas de alarma sonaban sin pausa en su cabeza a fuerza de repetir las cosas una y otra vez.
Peligro, peligro, anunciaron.
No había avanzado ni un milímetro desde que llegó a este otro mundo, pero sentía que su sensibilidad al peligro, al menos, se había agudizado.
—¿Ves, Ramchi? No estoy holgazaneando. Estoy haciendo muchísimo trabajo. Casi lo suficiente como para que mi senpai pueda volver a su habitación y echarse una siesta, ¿sabes?
Eludió la situación con un planteamiento irregular, pasando por alto las cosas con una sonrisa encantadora.
Se preguntó si realmente podría hacerlo. ¿En verdad Natsuki Subaru podría conseguirlo? No les había dado motivos para dudar de él, ¿verdad? Prestó diez, no, cien veces más atención, no sólo delante de Ram, sino también de Rem.
Interpretó a Natsuki Subaru, borrando lo antinatural con lo natural.
Era sencillo. Todo dependía de él. No debía prestar la menor atención a lo que pensaban realmente los habitantes de la mansión, bañándose en inocencia y falta de mesura, hasta parecer un cerdo perezoso que tomaba lo que le daban.
En lo que respecta al mundo, no sabía nada, no podía hacer nada, no se daba cuenta de nada, y eso era todo para él.
Siguió merodeando, llevando su encantadora sonrisa como una máscara.
Estaba dentro de la mansión. No sabía quién saldría ni cuándo. Su tiempo libre no era libre. Pasaba todo su tiempo libre examinando sus acciones pasadas y formando planes para lo que haría en las próximas horas.
—Wo… ah…
De repente sintió ganas de vomitar.
Un leve gemido se deslizó por la comisura de sus labios, pero la sonrisa de Subaru no vaciló en absoluto.
Mantuvo su expresión firme, saltando mientras caminaba, prácticamente bailando mientras se deslizaba hacia la habitación de invitados más cercana. Y se acercó al lavamanos de la habitación cuando…
—… Blehhch. ¡Uuogh, uuuuughnn…!
El contenido de su ya vacío estómago se derramó.
Vomitó todo lo que había comido y bebido. Aquella vez, todo salió en forma de ácido estomacal de color amarillo enfermizo. Y el dolor interno que le había hecho vomitarlo todo seguía atormentándole.
Las náuseas no desaparecían. Tragó agua corriente hasta saciarse y la expulsó inmediatamente después. Esto se repitió varias veces, su estómago se agitaba como si se estuviera limpiando a sí mismo.
—Haaah… haaah… haaah…
Subaru se limpió bruscamente la boca con la manga, con el rostro pálido y la respiración agitada.
La presión le estaba matando. Si seguía así sin tiempo para descansar la mente, sentía que se consumiría y expiraría sólo por eso.
Quiso reírse de sí mismo por haberse puesto en esta situación, pero ni la más leve sonrisa se formó en sus labios.
Todo lo que brotaba de su pecho era ansiedad y desesperación.
… ¿De verdad lo estoy logrando?
Cuando mejor se había llevado con todo el mundo fue durante ese primer bucle, cuando no sabía nada.
A partir del segundo bucle, había estado tan obsesionado con el primero que le causó problemas en su trabajo y en sus relaciones personales. Esa era probablemente una de las principales razones por las que no se había ganado la confianza de las hermanas.
En consecuencia, ahora Subaru estaba utilizando el primer bucle como modelo. Dicho esto, había fracasado en el segundo bucle al intentar copiar el primero. Eso significaba que tenía que hacer las cosas mejor que la primera vez.
Es decir, todo lo que tenía que hacer era poner todo su empeño en cualquier trabajo que se le pusiera por delante y hacerlo bien.
—Pero eso aún sólo me da cincuenta puntos… No puedo conseguir cien si no averiguo quién es el chamán…
El mero hecho de eludir la muerte a manos de las hermanas no protegería a Subaru de la amenaza del chamán.
En la mañana del quinto día, alguien en la mansión estaría llorando. Podría ser por Subaru; podría ser por Rem.
Subaru tenía muchas ganas de conseguir información sobre el chamán, de dársela a los demás para que pudieran planear un contraataque, pero no podía. Aunque sugiriera líneas de acción, aún no confiaban en él lo suficiente como para actuar en consecuencia; tampoco podía divulgar la fuente de su información.
Y Subaru probaría un poco el infierno si rompía la prohibición de hablar con otros sobre el Regreso de la Muerte.
El dolor le asustaba, pero lo que le aterraba aún más era encontrarse con las yemas de los dedos de aquella nube negra.
Tenía que ganarse la confianza de los demás y descubrir la identidad del chamán.
El tiempo era extremadamente corto, lo suficiente como para hacerle sentir que las paredes se cerraban.
Tenía que hacer algo, pero se precipitaba por un callejón sin salida.
La noche anterior había estado cautivo de aquel torbellino de impotencia, sin poder pegar ojo, sin obtener respuesta. Se sentía impotente, teniendo razones fundadas para su ansiedad, pero sin poder encontrar ninguna solución para ella.
Había pagado con su vida para volver, y sin embargo allí estaba, un tonto incapaz.
—Ah, maldita sea… Estoy siendo patético.
Ya no podía fallar. Su espalda estaba contra la pared.
Aunque fuera una vida que había tirado por la borda, una vida que debería haber terminado, tenía miedo de volver a perderla.
Era su quinta vez. Incluso Subaru no era lo suficientemente optimista como para pensar que podría volver a regresar.
Su espíritu estaba hecho una ruina por los continuos golpes que recibía su mente. Si no estuviera al borde del abismo, no habría tomado la decisión de luchar con todas sus fuerzas.
Simplemente le faltaba valor. Era mediocre. Ordinario en todos los sentidos.
Cuanto más aprendía lo pequeño que era en realidad, más se despreciaba a sí mismo.
—Estúpido, estúpido. Este no es el momento de quejarse y llorar…
Si tenía tiempo para quejarse, entonces tenía tiempo para abrir su frívola boca y causar una mejor impresión.
Sacudiéndose las náuseas, Subaru se abofeteó las mejillas tiesas en señal de auto reprimenda y salió de la habitación de invitados.
Ahora era tiempo libre, pero no tenía un momento para descansar. No podía perder ni un segundo en descansar.
Tenía que encontrar dónde habían ido Ram y Rem y…
—Por fin te encontré, Subaru.
Estaba poniendo en orden sus pensamientos cuando oyó que alguien le llamaba por detrás.
Cuando miró hacia atrás, vio a Emilia de pie, respirando ligeramente agitada.
En cuanto Subaru vio a Emilia, su mente cambió de marcha.
Se olvidó por completo del dolor de estómago, del dolor en el pecho y de la sensación de ahogo, volcándolo todo hacia Emilia. Sus mejillas se curvaron en una sonrisa.
—Oh, Emilia-tan, me llamaste por mi nombre. Estoy feliz y avergonzado, ¡tal acontecimiento es tan raro! ¡Tu palabra es mi orden! Pasaré por el fuego y el agua por ti, ¡incluso saquearé vendedores!
Subaru dejó de lado sus emociones por Emilia con mucho más brío del necesario.
Se enorgullecía de sus rápidas réplicas, pero Emilia tuvo una reacción al verlo diferente a la que él esperaba. Esperaba una mirada exasperada y un suspiro o algo así, pero en lugar de eso…
—… Subaru…
—Espera, nada me dice que eres la Emilia-tan que conozco, entonces… ¡Hurk! ¡¿Eres una impostora?! ¡¿Pero alguien más podría copiar a una hermosa chica envuelta en un paquete tan adorable?!
Su humor ridículo invitaba al asombro, pero la reacción de Emilia incluso ante esto fue muda.
Desafiando todas sus expectativas, Emilia miró a Subaru, con los ojos llenos de… lástima.
… «Esto no es bueno», le advirtieron sus instintos.
—¿Eh? Te quedaste callada. Esto no es una broma que le estás gastando a un tipo que se deja llevar por la ramas, ¿no? Ya sabes, ¡como yo!
«Esto está mal», decía una voz dentro de su cerebro, una y otra vez.
Emilia no estaba sorprendida ni enfadada; simplemente miraba a Subaru con ojos doloridos.
… ¿Acaso la máscara de comediante que llevo se me resbaló de alguna manera?
La preocupación se abrió paso al instante, cuando Subaru recordó al gatito que siempre revoloteaba al lado de Emilia. Ese gato también era un espíritu capaz de leer los pensamientos subconscientes de los demás.
Fue entonces cuando Subaru se dio cuenta de que metió la pata, y hasta el fondo.
La encantadora sonrisa que se dibujaba en su rostro desapareció, sustituida por una mirada como la de un niño temeroso de ser regañado.
Era un mal chiste. Ella había visto a través de él una y otra vez mientras él bailaba en un esfuerzo por ocultarlo todo. Más que eso, Emilia era la persona que él menos quería que supiese; su pequeño orgullo de haberla engañado estaba destruido.
Se hizo el silencio entre ellos.
Subaru ya no encontraba palabras que decir. Emilia parecía intentar encontrarlas ella misma, sin éxito.
… Estoy decepcionando a Emilia. Por encima de todo, no quería que eso sucediera.
Pero Subaru no sabía qué excusa podía inventar. Abrió la boca varias veces, deteniéndose cada vez, incapaz de encontrar las palabras adecuadas.
Al ver que a Subaru le fallaban las palabras, Emilia murmuró abruptamente «de acuerdo» para sí misma en voz baja antes de continuar.
—Subaru. Ven conmigo.
—… ¿Ah?
—Vamos.
Emilia agarró a Subaru del brazo y lo arrastró hasta la habitación de invitados, justo al lado de ellos. Una mirada interrogante se apoderó de Subaru acerca de volver a la habitación que acababa de dejar. Pero Emilia dejó desconcertado a Subaru mientras se ponía las manos en las caderas y miraba alrededor de la habitación. Cuando señaló el suelo, su voz sonó como una campana de plata, como siempre.
—Muy bien, Subaru. Siéntate.
Siguió su dedo hacia abajo. El suelo enmoquetado pertenecía a una habitación que nadie utilizaba, pero que se limpiaba con regularidad. Por supuesto, era lo suficientemente suave como para dormir en él, pero…
—Si voy a estar sentado, ¿por qué no la cama o una silla? ¿Por qué el suelo en específico?
—¡Siéntate ya!
—¡Sí, con mucho gusto!
Acobardado por el tono enérgico que ella nunca había empleado, Subaru se tiró al suelo sin vacilar y se sentó correctamente sobre sus rodillas. Emilia asintió, aparentemente satisfecha, y se colocó a su lado.
Naturalmente, esto dejó a Subaru mirando a Emilia desde una posición sumisa, pero los pensamientos perversos nunca entraron en su mente. En lugar de eso, intentaba desesperadamente averiguar cuáles eran sus intenciones.
La voz de Emilia sonó tranquila desde su garganta.
—… De acuerdo.
Parecía haberlo dicho para su propio beneficio. Emilia respiró hondo y se sentó justo al lado de Subaru, arrodillándose igual que él.
A Subaru le dio un vuelco el corazón al ver a Emilia sentada a poca distancia, pero su mirada de reojo a su pálido rostro no pudo decirle lo que estaba pensando. Tarde se dio cuenta de que sus mejillas estaban sonrojadas; incluso sus orejas estaban rojas.
—Esta es una ocasión especial, ¿de acuerdo?
—… ¿Eh?
Algo presionó la nuca de Subaru más rápido de lo que podía expresar sus dudas. Ya arrodillado, su cuerpo no ofreció resistencia mientras se inclinaba hacia delante… hasta que una sensación muy suave le golpeó.
—La posición es un poco incómoda, y, mm… un poco espinosa.
Algo se movió bajo su cabeza cuando oyó la voz de Emilia, que sonaba bastante tímida, justo encima de él.
Sorprendido, levantó la vista; la visión que tenía ante sí le hizo abrir mucho los ojos.
Justo encima de él, la cara de Emilia estaba tan cerca que casi se tocaban. Sus ojos reflejaban un bello rostro invertido. Subaru comprendió tardíamente: «Oh, estoy al revés mirándola a ella».
Esta distancia, su posición boca abajo, la suave sensación bajo su cabeza…
… Subaru buscó mentalmente términos para describirlo y encontró exactamente uno.
—¿Una almohada… de regazo?
—Es vergonzoso, así que por favor no lo digas en voz alta. Y no se te permite mirar hacia aquí. Cierra los ojos.
Le dio una ligera bofetada en la frente y le tapó los ojos con la palma de la mano, obstruyéndole el campo de visión.
Sin embargo, Subaru apartó la mano de Emilia que se resistía y arrastró las palabras.
—Emilia-tan, eres la mejor cuando te avergüenzas… pero ¿qué es esto? ¿Cuándo hice algo para ganarme una recompensa como esta?
—No necesitas poner esa fachada ahora.
Volvió a golpearle la frente. Pero esta vez Emilia dejó su mano sobre ella, acariciando el cabello de Subaru con sus dedos. Subaru entrecerró los ojos al sentir cosquillas.
—Me pediste que te dejara descansar en mi regazo cuando estuvieras cansado, ¿verdad, Subaru? Así que eso es lo que estoy haciendo. No será así todo el tiempo, pero hoy es especial.
—¿Especial? Vamos, ni siquiera es el final de mi segundo día. Mi cuerpo no está tan débil como para desplomarse por exceso de trabajo tan rápido…
—Puedo decir que estás hecho polvo sólo con mirarte. No entrarás en detalles y me lo dirás, ¿verdad? No creo que esto mejore las cosas, pero… es lo único que puedo hacer, así que…
Su mirada compasiva hacía difícil apartarla. Sus dedos habían separado su cabello negro; empezó a acariciarle suavemente la frente como si fuera un niño pequeño.
Subaru soltó una carcajada e intentó zafarse de los dedos de Emilia.
Se había prometido a sí mismo mantenerse fuerte frente a Emilia. Decir que todo había sido un malentendido. Decir que no haría algo tan indecoroso y poco elegante como eso.
—Ja, ja… Emilia-tan, tú, haciendo eso… por… mí…
Sin embargo, su voz era estridente. Se le hizo un nudo en la garganta y las siguientes palabras no le salían.
Subaru no pudo cambiar de marcha mental cuando sintió las suaves yemas de los dedos de ella acariciándole la frente.
—Estás cansado, ¿verdad?
—Todavía puedo hacer… más. Estoy totalmente… bien…
—¿Has tenido problemas?
—Estás siendo tan amable conmigo, que me voy a sonrojar. Si sigues haciendo eso, voy a… Ja, ja…
La respuesta de Subaru a su breve pregunta sonó a completa mentira. Incluso él podía darse cuenta de que sus palabras sonaban huecas y vacías.
Entonces Emilia acercó suavemente su rostro al de Subaru.
—Ha sido duro para ti, ¿verdad?
—¡…!
Sonaba como si se compadeciera de él. Sonaba como si simpatizara con él. Sonaba como si se preocupara por él.
Eso fue todo lo que necesitó Subaru para derrumbar sus muros.
Se derrumbaron, se desmoronaron y se vinieron abajo de golpe.
Todas las poderosas emociones que había tratado de mantener reprimidas no habían desaparecido en lo más mínimo y salieron corriendo.
—Fue… duro. Fue muy duro. Tenía mucho miedo. Estaba muy triste, tanto que pensé que iba a morir. ¡Me dolió tanto…!
—Sí.
—Lo intenté. En verdad lo intenté. Lo hice todo. Todo lo que pude. ¡Intenté desesperadamente hacerlo todo bien…! ¡Lo hice! De verdad, en serio lo hice. ¡Nunca antes había intentado hacer algo con tantas ganas!
—Sí, lo sé.
—Es porque me gusta estar aquí… ¡Este lugar, es precioso para mí…! Por eso me moría por recuperarlo. Tenía miedo. Tenía tanto miedo de volver a ver ese día… y lo odiaba. ¡Me odiaba por eso!
No podía controlar sus emociones.
La explosión inicial había hecho saltar por los aires la presa, y un diluvio de lágrimas estropeó la sonriente máscara que cubría su cobarde rostro.
Las lágrimas no paraban. Le goteaba la nariz. Su boca estaba inundada de algún tipo de líquido extraño mientras los sollozos de Subaru se hacían más difíciles de escuchar a cada momento que pasaba.
Era un espectáculo lamentable: un hombre adulto con la cabeza en el regazo de una chica, llorando a lágrima viva. Ya era lo suficientemente patético como para morirse por ello, pero el calor que lo llenaba podría también matarlo.
Emilia emitió suaves sonidos de comprensión mientras escuchaba llorar a Subaru.
Era imposible que entendiera lo que Subaru estaba diciendo. Y, sin embargo, la amabilidad de su voz trajo alivio al corazón de Subaru.
No entendía por qué. Tal vez sólo quería que fuera así.
Pero no es menos cierto que Subaru se sintió salvado por su calor.
Y así, un torrente de lágrimas brotó de Subaru mientras seguía llorando en el regazo de Emilia.
Lloró, lloró, se lamentó y, en algún momento, los sollozos se desvanecieron en la distancia.
… Después de eso, el único ruido que llenó la habitación de invitados fue el del sueño tranquilo.
7
Mientras Subaru se sumía en el sueño, sintió la presencia de calor en lo más profundo de su pecho.
Ahora Subaru sabía cuál era esa emoción.
El latido en el pecho de Subaru se había hecho más fuerte cada vez que miraba a Emilia, hablaba con ella, sentía el tacto de las yemas de sus dedos… pero antes no había tenido un nombre para ello.
Cuando pensaba en ella, su cuerpo sufría las punzadas ardientes de esa molesta enfermedad conocida como amor.
Una vez que una persona toma conciencia de ello, pierde toda voluntad de luchar contra la enfermedad.
Subaru no fue una excepción. Después de todo…
Por mucho que le hicieran daño, por mucho dolor que soportara, por muchas veces que probara la desesperación, todo era para salvar a Emilia.
Todo fue para que pudiera pasar sus días caminando al lado de Emilia.
… Aunque Natsuki Subaru muriera una y otra vez, ese amor seguiría vivo.
8
Emilia estaba acariciando suavemente el cabello de Subaru mientras dormía cuando Rem llegó a la habitación de invitados.
Al abrir la puerta sin hacer ruido, Rem vio a Emilia dentro y abrió la boca, pero la cerró cuando Emilia se llevó un dedo a los labios.
—Shh.
Rem entrecerró un poco los ojos y se acercó a verlos a los dos, acurrucados en el suelo.
—¿Subaru está simplemente dormido?
—Sí. Es como un niño pequeño. Parece tan tranquilo cuando le acaricio la cabeza así.
Emilia parecía disfrutar acariciando a Subaru, mientras le pedía a Rem que estuviera de acuerdo. Rem respondió con un movimiento de cabeza.
—Parece que Subaru no podrá seguir trabajando hoy.
—Sí, tiene el resto del día libre. Es un chico muy travieso por tomarse tiempo libre en su segundo día. Cuando esté mejor, asegúrate de castigarlo, ¿de acuerdo?
Emilia esbozó una pequeña sonrisa y volvió a juguetear con la cabeza de Subaru.
No parecía tener intención de mover al dormido Subaru para liberar sus piernas. Rem, leyendo la intención de Emilia, miró en silencio a Subaru, que parecía profundamente dormido.
Parecía tan inocente. No había ni el más mínimo rastro de tensión en su rostro infantil.
Era completamente diferente de su tenso intento de despreocupación la última vez que habían hablado durante el trabajo. Fue suficiente para que su sospecha anterior pareciera increíblemente estúpida.
—Aunque es difícil pensar en eso cuando lo ves durmiendo así.
Rem parecía murmurar eso más para sí misma que para Emilia mientras la veía acariciar ligeramente con los dedos el cabello de Subaru.
Su ignorancia del mundo, como un bebé inocente, hizo que los labios de Rem se aflojaran sólo un poco.
—Informaré a Nee-sama que hoy Subaru no hará más nada. Debemos reasignar las tareas del día.
Rem dejó las cosas así, inclinándose cortésmente mientras se daba la vuelta para marcharse.
Empezó a buscar a su hermana. A esa hora, todavía estaría limpiando el comedor. Allí, reorganizarían su horario del día.
—Rem…
Llamada bruscamente, Rem se detuvo y giró suavemente todo su cuerpo.
Emilia estaba sentada debajo de ella, en el suelo. A pesar de eso, Rem sintió misteriosamente una poderosa presión proveniente de la mirada de Emilia, como si Rem fuera la que estaba más abajo.
Emilia, sin darse cuenta de la pequeña sorpresa de Rem, habló en voz baja.
—Subaru es un buen chico.
—…
Rem respondió con una única y solemne reverencia.
Luego, sin decir nada más, se dirigió a la puerta y dejó a Subaru y Emilia en la habitación de invitados.
Reflexionó sobre la declaración de Emilia mientras caminaba por el pasillo.
Ni siquiera Rem se percató del ligero temblor en un costado de su neutro semblante.
… Pero el más leve rastro de un vil olor permanecía alojado en un rincón de la mente de Rem.