El Par de Torpes

El Par de Torpes
ESTA SS OCURRE EN EL PRIMER BUCLE DEL VOLUMEN 1
Sección 1
Natsuki Subaru prácticamente no tenía experiencia paseando por el vecindario junto a alguien del sexo opuesto.
La última mujer con la que había paseado tomado de la mano era su madre; tendría que remontarse a cuando era estudiante de primaria para encontrar un momento en el que se hubiera relacionado con el sexo opuesto, fuera de sus parientes. Teniendo en cuenta que tenía que retroceder hasta cuando no había distinción entre hombre y mujer para encontrar algún recuerdo de ese tipo, eso decía mucho de sus relaciones.
—A-aun así, este asunto de tratar de encontrar a esa chica entre esta multitud es como tratar de encontrar una aguja en un pajar.
Subaru siguió hablando con la chica que caminaba a su lado, incapaz de soportar el incómodo silencio. De lo contrario, no habría sabido cómo pasar el tiempo.
—Supongo que tienes razón… Pero no es como si pudiéramos rendirnos. Si tenemos que encontrar una aguja, pues una aguja debemos de encontrar. Aunque en realidad solo puedo culparme a mí misma por bajar la guardia.
La chica que le había dado esa respuesta era tan hermosa que sintió que los ojos le iban a estallar.
Tenía la piel blanca como la nieve y un largo cabello plateado que brillaba como la luz de la luna. Su atuendo blanco acentuaba enormemente su inocencia, y sus ojos amatistas estaban llenos de determinación mientras miraban al frente.
Su pintoresca belleza destacaba incluso en la corta vida de Subaru. Y, para empeorar las cosas, él no podía darse cuenta de que ella encajaba a la perfección con sus gustos.
Sin embargo, esa no era la única razón por la que Subaru estaba caminando con ella.
—En cualquier caso, te debo una por ayudarme, así que voy a darlo todo por ti, señorita.
—Ya te he dicho que no necesitas hacer nada de esto… De verdad que eres un chico raro.
Aunque la chica se negaba obstinadamente a admitirlo, lo cierto era que le había salvado la vida. No necesitaba más razón que esa para ayudarla.
—Bueno, aun así…
Caminando delante de la chica, se pavoneó por el estrecho callejón a paso rápido. Entonces, se detuvo al instante, se dio la vuelta y adoptó su pose habitual mientras ella ladeaba la cabeza en señal de duda.
—Por cierto, parece que vamos a algún sitio con menos gente alrededor, ¿estás segura de que es por aquí?
—¿No eras tú quien conocía el camino?
Parecía que les esperaban grandes problemas, aunque el viaje de esta extraña pareja ya estaba saliendo mal.
Sección 2
La chica prácticamente no tenía experiencia paseando por el vecindario junto a alguien del sexo opuesto. O mejor dicho, apenas recordaba haber pasado tiempo con alguien así.
“… ¿Quizás es que estás un poco nerviosa?”
Una voz le susurró de repente al oído, haciendo que una leve sonrisa se dibujara en su rostro.
“Solo un poco, pero ahora no es el momento de preocuparse por esas cosas.”
Apretó los labios a propósito mientras respondía a la voz en algo parecido a un susurro. Aunque no era como si estuvieran hablando, estaban usando algo parecido a «ondas de pensamiento» para comunicarse; un tipo de magia que utilizaba el camino entre un espíritu y su contratista para compartir sus pensamientos.
El joven que estaba junto a ellos no oyó nada de su conversación mientras daba vueltas en círculos en busca de alguien a quién llamar.
Era un joven extraño. No se había dado cuenta de eso la primera vez que se cruzó con él cuando estaba acorralado por aquellos rufianes, pero vestía de forma rara. Además, de vez en cuando decía cosas en un idioma extraño que ella no había oído nunca. Probablemente era extranjero, pero, aun así, había muchas cosas singulares en él.
Era extrañamente prudente para su confianza, y parecía saber mucho a pesar de carecer de sentido común. Incluso la chica podía darse cuenta de que algo no iba bien, a pesar de creer que no podía hablar por los demás.
“Pero es definitivamente gracias a Subaru que pudimos acercarnos a nuestro objetivo. Hay que reconocerle el mérito. ¿No crees que se pondría contento si lo elogiaras?”
“Deja de decir tonterías. Dudo que se sintiera contento, aunque yo le dijera algo.”
El tono de su voz sonaba agradable, en contraste con el de ella, que mostraba signos de desánimo, probablemente porque comprendía a qué atenerse. No obstante…
“Pero ese muchacho daba la impresión de que no le importaban cosas como tu identidad, ¿no? No sé lo que piensas de eso, «Satella».”
Había un pequeño matiz de culpa en sus palabras, que la muchacha aceptó, junto con el remordimiento de conciencia que eso conllevaba.
Sus mejillas aún se sonrojaban cada vez que recordaba cómo el chico de cabello negro, que se hacía llamar Natsuki Subaru, había aceptado sin esfuerzo su confesión de ser una semielfa.
Probablemente, nunca hubo un momento en la vida de la chica en el que la vergüenza hubiera llenado su corazón tanto como ahora. La reacción de Subaru había sido completamente inesperada para ella. La hizo darse cuenta de lo superficial y engreída que era, llevándola casi al borde de las lágrimas.
Y lo que realmente no podía servir como su salvación era su propio corazón, por sentirse tan feliz por ello.
—Tal vez en verdad soy una persona muuuy mala…
—¿Hm? ¿Dijiste algo?
—… No, nada. Démonos prisa y busquemos en los barrios bajos.
Nerviosa, la chica trató de disimular el hecho de que se le había escapado en voz alta, en lugar de como una onda de pensamiento. Empujó al joven hacia delante mientras este ladeaba la cabeza, confundido.
Habían ayudado a devolver a una niña perdida y, gracias a eso, pudieron obtener una pista sólida de su madre, que les habló de los barrios bajos, donde acaban los objetos robados.
¿Cómo podía recompensar a este joven después de que la hubiera llevado tan lejos?
Habiendo olvidado por completo que ella le había salvado la vida cuando se conocieron, la chica continuó preocupada, sin darse cuenta de que aún estaban el uno junto al otro.
Sección 3
Al ver que la chica llamada Satella se desanimaba cada vez más, Subaru empezó a preguntarse consternado si había metido la pata al actuar como su acompañante.
Su objetivo, que era buscar la insignia, parecía ir bien hasta el momento. Aún no habían encontrado el objeto en cuestión, pero tenía la sensación de que estaban logrando grandes avances en su búsqueda.
No había duda de que la búsqueda de la niña perdida les proporcionó información valiosa y les dio un pequeño empujón.
Aun así, desde que comenzaron a buscar en los barrios bajos, Satella había estado actuando de forma extraña, suspirando y cosas así cada vez que miraba hacia él.
—Quiero decir, seguro que es perjudicial cuando alguien te mira a la cara y suspira. Y por si eso no fuera ya lo bastante doloroso, se vuelve cuatro veces más efectivo cuando lo hace una chica hermosa.
Cualquiera que hubiera sido despreciado por una chica tan bella habría sido golpeado con la misma fuerza; tal era la ferocidad de este ataque especial.
El hecho de que esta chica no estuviera satisfecha no coincidía con toda la experiencia de vida que había acumulado hasta ahora; “ahora, si eso no es un trago amargo por pasar”, pensó.
—Aunque, bueno, realmente no tengo ninguna experiencia de vida que coincida con este tipo de cosas.
Por eso estaba haciendo grandes esfuerzos, usando su viveza, para intentar cubrir su falta de experiencia. Sin embargo, hasta ahora, todos los temas, ocurrencias y chistes americanos que sacó habían caído en saco roto. Entonces, lo único que le quedaba era recompensarla con resultados reales; así que decidió que volvería a su plan original y le mostraría los frutos de su arduo trabajo.
Subaru no se daba cuenta de que actuando así lo único que estaba consiguiendo era desanimar cada vez más a la chica.
—Tengo que dejarla ver mi lado genial mostrándole algunos resultados. Tengo que aprovechar esta suerte inesperada.
La actitud general de la gente hacia Subaru haciéndoles preguntas había mejorado mucho desde que llegaron a los barrios bajos. Por extraño que pareciera, la mayoría de la gente de las calles principales ni siquiera se había molestado en dedicarles un momento de su tiempo; mientras que, en las calles secundarias, habían obtenido respuestas mucho más acogedoras. Incluso ahora, Subaru seguía sosteniendo una especie de fruta seca que le había dado una anciana mientras decía: «Toma, come esto y ten una buena vida». No se sentía lo suficientemente valiente como para llevársela a la boca, pero, aun así, su consideración fue bien recibida.
—Supongo que se lo daré de comer a Pack o algo así. Ven aquí gatito, gatito, chchchchchch.
—Por favor, no le des nada extraño. Sería un verdadero fastidio que le gustara.
—Si crees que voy a caer en esos trucos baratos que solo funcionan cuando se alimenta a perros callejeros, entonces estás muy equivocado.
El gatito gris salió a empujones del cabello plateado de Satella y emergió sobre su hombro. Aparentemente se suponía que era un gran ser conocido como «Espíritu», pero Subaru no lo veía más que como un gato, aunque uno bastante peculiar.
La respuesta de Satella también se había sentido más como algo que le dirías a una mascota que a un Espíritu.
—Por la forma en que lo dices, pareces como un personaje de bandera en el que ya has caído por completo…
—Jum. Estas cosas solo me las puedes decir a mí ahora. Espera a que libere mi verdadera fuerza y te arrepentirás de todos tus comentarios descuidados… ¡Miau-miau-miau!
En cambio, a mitad de su gran discurso, le golpeó la punta de la nariz del Espíritu —Pack— con unas cuantas hojas de pasto que había torcido. Tan pronto lo hizo, el Espíritu comenzó a golpearlo con sus patas, actuando muy parecido a un gato. Ciertamente, era mucho ruido y pocas nueces.
—Eres muy bueno levantando y activando banderas…
—Me duele admitirlo… ¡Pero de verdad que no puedo resistirme a jugar con ello!
La cara de Pack se había vuelto felina mientras jugaba, completamente hechizado por Subaru. Mientras los observaba, Satella no pudo evitar soltar unas pequeñas risas.
Subaru vio su reacción y, con ello, una de sus misiones había sido despejada; una en la que había puesto el mismo entusiasmo que en la búsqueda de la insignia. Levantó el pulgar, provocando una discreta inclinación de cabeza de Pack.
Tenía mucho mejor aspecto con una sonrisa en la cara.
Al menos era algo con lo que tanto Subaru como el Espíritu estaban de acuerdo.


Coloreado realizado por: @112oVic2
Sección 4
—No… No es nada. Le daré una disculpa en condiciones cuando recupere mi insignia.
—No sé de qué intentas disculparte, sería más bonito darle las gracias en vez de pedirle perdón. Y si eso te hace sonreír un poco más, entonces sería fantástico.
—Eres un tonto.
Subaru había entrado el almacén mientras se hacía el valiente. La chica se despidió de él, agradecida de todo corazón. Tenía mucho que contarle cuando volviera después de cumplir su objetivo.
—Aunque… soy mucho más tonta que tú…
La chica estaba vigilando por fuera, tal y como el joven le había pedido.
En silencio, se llevó la mano al colgante que llevaba sobre el pecho. Tenía incrustaciones de un cristal verde brillante, y en su interior dormitaba el Espíritu en el que ella confiaba más que nadie en este mundo.
Hoy había acabado manteniéndolo a él y a Subaru cerca de ella durante demasiado tiempo.
Quizá Pack no fuera capaz de perdonarla, por mucho que se disculpara, sobre todo por lo deshonesta que había acabado siendo con Subaru. Aunque disculparse sería lo más considerado, su propia idea era superficial.
Al menos, por ahora, lo único que podía hacer era rezar para que no le ocurriera nada malo a aquel chico torpe.
—… ¿Eh?
Y así, su plegaria se vio interrumpida por el sonido de un repentino estruendo.
Levantó la cabeza y corrió hacia el almacén, con sus ojos amatistas alerta. El almacén era un edificio grande, viejo y de una sola planta situado en lo más profundo de los barrios bajos. Solo habían pasado unos minutos desde que envió a Subaru a la oscuridad total que le esperaba tras sus enormes puertas cerradas.
—… ¿Subaru?
La chica entró sin dudarlo, aún con la guardia en alto.
Se mantuvo concentrada y se aseguró de que los Espíritus Menores que la rodeaban estuvieran listos para entrar en acción en cualquier momento. Entonces, entrecerró los ojos en la oscuridad y, de repente, vio un resplandor blanco procedente de algo que había caído en un rincón de la habitación.
Procedía de la fuente de luz -el Mineral de Lagmita- que le había dado a Subaru.
—¡¿…?!
Dudó un momento, preguntándose si debía acercarse. Sin embargo, fue en ese momento cuando la decisión fue tomada por ella.
La chica sintió que algo silbaba hacia ella. Inmediatamente se dio la vuelta, dando una orden a sus Espíritus Menores - Pero antes de que pudieran llevar a cabo su orden, su cuerpo fue destrozado por una hoja afilada.
El golpe la atravesó y cayó al suelo sin poder hacer nada para evitarlo. Sintió un frío terrible que se apoderaba de ella, mucho más pronunciado que el calor abrasador. Sin embargo, solo los sintió durante un instante.
—… Ah
Un sinfín de pensamientos, sentimientos, resoluciones, recuerdos y decisiones pasaron por su mente. Era como si se tratara de una corriente fangosa que barría todos sus miedos y remordimientos. En la hora de su muerte, la chica se dio cuenta de que se había quedado completamente vacía.
No había descubierto nada. No se había dado cuenta de nada. Las cosas se acababan sin empezar. Aun así, fue en ese momento…
—Solo espera…
Pudo oír una voz. Una voz que parecía casi apagarse, una voz llena de angustia y arrepentimiento.
Una voz que, como la suya, estaba al borde de la muerte. Se acercaba a su final, pero aún no estaba dispuesta a admitir la derrota.
“Pero entonces, ¿por qué yo…?”
—Definitivamente…
“¿Por qué es que quiero creer en las palabras que seguirían?”
No obstante, la historia termina aquí por ahora. Los pensamientos de la chica sin recompensa, los del joven sin ser escuchados; aun así, la historia vuelve atrás y comienza de nuevo.
Tal vez, solo entonces, el tiempo que pasaron juntos sería recompensado.
FIN