Sección 2
Sección 2
Retrocediendo aproximadamente treinta y seis horas antes de la escena en la fiesta, la historia da comienzo.
—Estoy bastante segura de que es un resfriado.
La doncella rubia, Frederica, negó con la cabeza con desgana mientras revisaba a Ram, que yacía en su cama con el rostro enrojecido, y soltó su diagnóstico con su habitual franqueza.
—Sí.
Respondió Ram, acostada, de forma seca y cortante.
—Un diagnóstico equivocado. Ram está bien. No deberías confiar en nada de lo que dice Frederica.
—¡Qué atrevida! No seas tan terca. Si llegas a desmayarte en público por esto, ¿quién crees que será la más afectada?
—Tsk... cobarde... Lo siento.
Frederica empujó suavemente la frente de Ram cuando esta intentó incorporarse para bajar de la cama. Al sentir la presión, las mejillas de Ram se tensaron y, frustrada, desvió la mirada hacia abajo.
—Llámame cobarde o lo que quieras, me da igual. Pero necesitas descansar unos días. Llevas demasiado tiempo forzándote mientras estabas enferma. Ahora es momento de cuidar de ti misma.


—Pero si Ram se queda dormida...
—...Le informaré al Maestro que estás aquí. También debemos pensar en alternativas.
Mientras decía esto, Frederica empujaba con suavidad la frente de Ram, quien la miraba fijamente con el rostro enrojecido, obligándola a hundirse de nuevo en la almohada para descansar.
Con lo obstinada que era, no se detendría ni un momento a descansar si no se lo imponían. Por eso, era mejor forzarla a relajarse.
—Yo me encargaré de todo de alguna forma, así que tú preocúpate solo por descansar.
Lo mejor que podía hacer era tranquilizarla, asegurándole de manera firme que todo estaba bajo control.
—Por eso, Ram necesita quedarse en cama durante unos días. Por favor, eviten entrar a su habitación; no queremos que nadie más se contagie.
Ya en la mesa durante la cena, Frederica comunicó el estado de Ram a todos los presentes.
En el comedor de la mansión Roswaal, los miembros del campamento Emilia reaccionaron cada uno a su manera ante la noticia.
Subaru, por ejemplo, cruzó los brazos y ladeó la cabeza.
—Así que Ram no se siente bien... Lo que yo llamaría "enfermedad demoníaca".
—¡Subaru! Estás actuando raro otra vez... —exclamó Emilia, preocupada ¿Entonces Ram estará bien? ¿Es realmente solo un resfriado?
—Sí, no tienen de qué preocuparse. Lo que pasa es que Emilia-sama está pasando por un momento importante, y Ram no quiere que le contagie su resfriado. Estoy segura de que ella también lo está pensando...
—Parece que Nee-sama no está tan convencida de eso.
Subaru soltó una risa divertida ante el tono poco seguro de Frederica.
—Dicen que uno puede curarse de un resfriado si se lo pasa a otra persona, ¿no?
Frederica ya se imaginaba que Subaru diría algo así. No era de extrañar que prefiriera no explicarlo demasiado en serio.
En cualquier caso, aunque preocupaba el estado de salud de Ram, parecía que lo único que podían hacer era esperar a ver cómo evolucionaba.
Además, Subaru —siendo alguien de otro mundo— no tenía inmunidad garantizada, y un simple resfriado podría causarle estragos serios.
—Ahora que lo pienso... ¿qué me pasaría si me enfermara aquí? ¿Sería peor que un resfriado normal? Oye, Emilia-tan, ¿tienes recuerdos de haberte resfriado alguna vez? ¿También duele tanto?
—¿Eh? ¿Yo? —parpadeó Emilia, llevándose un dedo a la barbilla—. Lo siento... Nunca me he resfriado, así que no sabría decirte.
—¿De verdad? ¿Nunca? Eso sí que es raro.
Emilia, sentada junto a Subaru, respondió a su pregunta con una expresión ligeramente apurada.
Luego, con una sonrisa torpe, ladeó la cabeza de forma adorable.
—Quizá sea porque siempre seguí las instrucciones de Puck: comer bien y dormir abrigadita. ¡Siempre he sido muuuy saludable!
—Se llama belleza y salud, y parece que los consejos de Puck fueron bastante acertados...
La belleza de Emilia podía atribuirse, en gran parte, tanto a su crianza natural como a los consejos que Puck le había inculcado. La belleza auténtica se refleja en cada pequeño gesto, y en ese aspecto, Emilia era simplemente perfecta.
—Sin embargo, eso no me sirve mucho como referencia sobre los resfriados en mi mundo. Oye, Beako, ¿alguna vez has tenido un resfriado o algo por el estilo...? No lo creo, ¿verdad?
—Por supuesto que no. No quiero que Betty sea comparada con ustedes. No creo ser tan débil como para caer ante algo tan insignificante como un simple resfriado, supongo.
—Hmm, qué lindo cómo sacas pecho diciendo tonterías.
Subaru le acarició con suavidad la cabeza mientras ella respondía orgullosamente. Luego detuvo su mano y dirigió la mirada, expectante, hacia sus otros dos compañeros: Garfiel y Otto.
—¿Y ustedes dos? Tienen toda la pinta de no saber ni qué es un resfriado.
—Me intriga en qué basas tu suposición, pero la verdad es que tampoco he tenido un resfriado, así que no puedo contradecirte.
—Mi increíble yo tampoco se ha enfermado nunca. Oye hermana, ¿no se podría curar a Ram con magia curativa?
Los dos respondieron tal como Subaru esperaba. Sin embargo, Frederica negó con la cabeza ante la sugerencia de Garfiel.
—Entiendo cómo te sientes, Garf, pero... por desgracia, en su caso hay un problema de constitución que no puede curarse con magia curativa.
—Ya veo... Entendido.
Garfiel, quien tenía sentimientos por Ram, frunció el ceño, apesadumbrado. No le gustaba saber que la mujer que amaba estaba sufriendo, pero tampoco era tan obstinado como para ignorar el juicio de su hermana.
Al parecer, curar heridas y curar enfermedades eran cosas completamente distintas; la magia de sanación no lo resolvía todo.
—¡Yo sí, Subaru-sama! ¡Yo me he resfriado antes!
—¡Oh! ¡Esa es mi chica, Petra! ¡Sabía que podía contar contigo!
Bueno, en realidad, Emilia-tan y los demás también cumplieron mis expectativas... Solo que era más o menos lo que imaginaba.
—Jeje. Cuando me enfermé, estaba tan confundida que ni siquiera podía pensar bien.
—¡Lo sé, lo sé!
La experiencia que Petra compartió levantando la mano trajo a Subaru recuerdos muy vívidos de sus propios resfriados. Recordó aquellas noches en las que su madre, preocupada, le deja gachas con la proporción equivocada de azúcar y sal, o cómo su padre había llegado a desmayarse tras contagiarse. Definitivamente no eran recuerdos agradables.
Y mientras conversaban sobre eso...
—Subaru-kun, waaaauu, ¿no vas a preguntarme a miiiiiiiií?
Roswaal, sentado al otro extremo de la mesa, agitaba una mano de forma teatral mientras decía eso.
Subaru, rascándose la cabeza ante su actitud insistente, soltó un "No" antes de continuar.
—No me importa preguntarte, pero apuesto a que tú tampoco te has resfriado nunca, ¿verdad, Roswaal?
—Oh, eeeso no fue muy amable. Déjame decirte que yoooo era un niño muuuuy enfermizo cuando era joven. No era un resfriado común, peeero pasé muuuuucho tiempo sufriendo.
—¿Eh? Hmm...
—Oh, no pareces muy interesadooooo.
—No sé cuánto de eso creer, y la historia de Petra fue más realista y adorable, así que... Petra gana. Petra es la ganadora.
—¡Lo logré! ¡Estoy ganando!
Petra, encantada, corrió hacia él, y Subaru le dio un "choca esos cinco". Luego la tomó en brazos y la giró en círculos, provocando que ella soltara una risita llena de alegría antes de dejarla nuevamente en el suelo.
Después de eso, como Beatrice puso cara de disgusto, también la tomó en brazos y la hizo girar del mismo modo.
—Hehe, Subaru se ha vuelto muy buen amigo de ustedes dos, ¿verdad? Yo también quiero intentarlo.
—¿Emilia? Bueno, Emilia-tan es tan liviana como una pluma de ángel, así que no hay problema, pero... es una opinión bastante sorprendente...
—¡Petra y Beatrice se ven reeaaalmente adorables!
—¿Quieres girarlas también? Está bien, toma.
—¡No entregues a Betty como si fuera una propiedad, supongo!
Cuando entregó a Beatrice, esta protestó con fuerza. Sin embargo, Emilia la abrazó con entusiasmo y comenzó a girarla alegremente en el lugar.
Era una escena muy agradable de presenciar, pero...
—No quiero aguarles la diversión, Emilia-sama, pero... ¿no tenía Ram-san planes para mañana por la noche? ¿No iba a acompañar al Margrave a un evento?
—Gracias, Otto-sama. Sí, ese es precisamente el problema.
Cuando Otto levantó la mano, la expresión de Frederica se endureció mientras decía: "Aquí es donde radica el verdadero problema."
La preocupación era exactamente lo que Otto acababa de señalar.
—Mañana por la noche, Ram iba a acompañar a su amo a una fiesta organizada por Gwain Merette-dono. Sin embargo, ahora que ha cogido un resfriado...
—¿Ros-Chi va a una fiesta en solitario?
—No puedo culparte por pensar en Ram, pero lamentablemente la fiesta de Gwain-dono tiene ciertos requisitos, y es esencial asistir con una acompañante femenina.
—¿Qué clase de requisitos son esos...?
Subaru miró a Frederica, preguntándose si era posible algo tan absurdo. Ella asintió con seriedad y soltó un largo y profundo suspiro.
—Parece una broma, pero es verdad. Gwain-sama es un representante de la Cámara de Comercio del oeste del reino... en otras palabras, es el líder de la Cámara de Comercio que gira en torno al territorio del Margrave Mathers. Es una persona muy capaz, pero también tiene algunas excentricidades...
—¿Y cuál es el gran problema? ¿Qué es lo difícil?
—Es un viejo amigo del Margrave.
—Whoa.
Con esa sola palabra, Subaru entendió de inmediato la naturaleza problemática del aún no visto Gwain. Así que todos en el comedor compartieron la misma inquietud que sentía Frederica.
—Así que, ¿el amigo de Roswaal está organizando una fiesta y necesita una acompañante femenina? Podría entenderlo si no tuviera un motivo, pero... ¿hay una razón?
—Bueno, parece que Gwain-dono no desea nada más que animar la fiesta. De hecho, es muy popular. También se utiliza como una ocasión para que los poderosos lleven a sus hijas como acompañantes para presentarlas a jóvenes prometedores.
—Ya veo. Es como una reunión social...
Subaru tenía la idea preconcebida de que las llamadas fiestas sociales de la alta sociedad se utilizaban a menudo como un lugar de encuentro para los hijos de la nobleza. De hecho, por lo que estaba escuchando ahora, no parecía estar tan equivocado.
—Entonces, ahora que Ram está enferma, ¿qué hacemos? ¿No hay nadie más?
—Si no podés llevar a Ram, ¿no podrías llevar a mi hermana? Ah, esperá, es demasiado grande y da miedo, mejor dejarla acá cerca... ¡Auuuch!
—¡Garf-san, eso me enojó!
El comentario de Garfiel no ofendió tanto a Frederica, sino a su compañera Petra. Ella le tiró de las orejas, y la nariz de Garfiel se arrugó de dolor.
—Gracias a Petra no voy a decirle nada a Garf, pero para mí también sería difícil acompañar al maestro. Es complicado mantener la mansión funcionando mientras cuido de Ram.
—Uuh...
La opinión de Frederica era que sería imprudente dejar la mansión completamente en manos de Petra durante varios días. Al oír esto, Petra infló sus mejillas en señal de frustración por su falta de capacidad.
—Oh, bueno, ya que todos ustedes ponen tantas trabas... ¿quieren que vaya yo?
—No, Emilia-tan, eso realmente no es necesario...
Como alternativa, Emilia —con Beatrice sentada en su regazo— se ofreció voluntariamente. Sin embargo, Subaru detuvo la propuesta, pensando que sería problemático. Esto no significaba que desconfiara de dejar salir a Emilia al mundo. Tampoco es que no tuviera preocupaciones, pero no se trataba de eso en esta ocasión.
—Estoy de acuerdo contigo, Natsuki-san. Si Emilia-sama asiste junto al Margrave, los participantes de la fiesta no podrán concentrarse...
—¿Es porque soy una medio-elfa?
—No, es porque Emilia-sama es una candidata al trono.
Las preocupaciones de Emilia estaban fuera de lugar; el verdadero problema era su posición. Emilia era una de las candidatas a la elección del próximo rey de Lugunica, y por tanto, una de las figuras más importantes del reino. Si asistiera a una fiesta de improviso, la confusión entre los asistentes sería inimaginable.
—El organizador no se sentiría bien perdiendo el protagonismo. Desde la esfera de influencia de la Cámara de Comercio, querrán mantener buenas relaciones con Gwain-san. ¿Me equivoco?
—¡Estás en lo cierto, estás en lo cierto! ¡Por eso eres tan listo, Otto-san! Estoy impresionada.
—No sé qué te da esa confianza, pero... bueno. Por eso creo que sería prudente que Emilia-sama evitara acompañar al Margrave.
—Hmm, está bien. Gracias, Otto-sensei.
Retrocediendo de forma sumisa ante la explicación tan educada, Emilia continuó con la palabra, “Pero…”
—Entonces, ¿quién va a ir con Roswaal? Si yo no puedo, y Frederica tampoco... entonces...