Sección 1
Re: Zero What If Academy – Primera Hora
Parte 1
Era como cualquier otro día. Y como siempre, mi hora matutina llegó sin previo aviso y con un impacto.
—¡Vamos! Despierta. ¡Ya es de mañana!
—¡Gak! —Desperté de mi sueño con un impacto en el estómago, un eructo escapó de mi boca. No, en realidad, sería más exacto decir que me despertaron a la fuerza
Después de que me expulsaran el aire de los pulmones, abrí los ojos con agonía. Un rostro lindo y adorable que conocía muy bien estaba frente a mí.
—Buenos días, mi tonta hermana —le dije.
—Buenos días, supongo, hermano tonto —respondió. Sin saber si era porque notaba la irritación en mi voz, se bajó de mi estómago mientras hablaba—. Es hora de que te despiertes. Si no lo haces, llegarás tarde al colegio, supongo, y mamá y papá se enfadarán contigo, de hecho.
Era una chica joven, con cara de muñeca y el pelo del color de la crema pálida hecho taladros verticales. Siempre imaginé que sería una gran muñeca decorativa si no hablara. Sin embargo, al mismo tiempo, también era muy adorable cuando interactuaba con los demás, encantándoles con su tacto.
—Por increíble que parezca, es mi hermana pequeña, Natsuki Beatrice, pero se dice por ahí que no se parece en nada a su hermano mayor.
—¿A quién le estás presentando a Betty? —preguntó Beatrice—. Eres raro como siempre, herman… Subaru.
—Estabas tan cerca. Deberías haber terminado de pensar —dije—. Me da mucha pena que últimamente no me llames hermano mayor.
—¡Deja de decir tonterías y levántate! ¡Si no lo haces, haremos esperar a esas gemelas!
—Eso no está bien. Muy bien, voy a cambiarme. Beako, ayúdame a quitarme la ropa, ¿quieres?.
—¡Hazlo tú mismo! —exclamó, lanzándome una almohada a la cara antes de salir de la habitación.
La forma en que se comportaba, a pesar de interactuar con su hermano mayor, es un hecho que debería ser reconfortante, me hizo preguntarme si estaba pasando por su fase rebelde. Incluso había dejado de bañarse conmigo. Pero lo peor de todo es la forma en que se dirige a mí. Era difícil creer que permitirle llamar a su propio hermano mayor por su nombre fuera bueno para su educación. Ojalá nuestros padres hubieran hecho algo, pero son bastante liberales. No, en realidad, son indiferentes a esas cosas. Así que me tocaba a mí, como hermano mayor, dar buen ejemplo.
—Así que me cambié y bajé —dije mientras bajaba las escaleras después de haberme puesto el uniforme, con una mochila vacía en la mano. El tenue aroma a tostadas que flotaba en el aire indicaba que el desayuno estaba listo y puesto sobre la mesa.
—¡Buenos días! —me saludó un hombre de mediana edad en cuanto abrí la puerta.
—Sí, sí, buenos buenos días —dije con desdén.
El hombre de mediana edad hizo un mohín de insatisfacción ante mi respuesta —Oye, hijo, ¿a qué viene esa respuesta tan fría? Deberías parecerte un poco más a mi querida hija.
—¿A qué? —repliqué—. ¿Le seguiste el juego al entusiasta «Buenos días» de este viejo, Beako?
—P-Porque, si Betty no lo hace, papá se pone muy triste —explicó—. Betty no quiere ver a esta familia desmoronarse por culpa de Betty, supongo.
Parecía haberse enfrentado a un terrible dilema a pesar de su corta edad. Pero, por otra parte, la compañera de clase de Beako, Petra, también utiliza palabras difíciles. Supongo que los niños de primaria tienden a ser precoces hoy en día. Da un poco de miedo lo rápido que avanza Japón.
—Entonces —dije, estirando el cuello mientras me sentaba—, ¿qué hay para desayunar hoy?
—Es obvio, ¿no? —contestó mamá mientras traía las tostadas a la mesa—. Tostadas con mayonesa, sopa con mayonesa, ensalada con mayonesa y pescado guisado en mayonesa.
El desayuno de nuestra familia tenía un menú fijo. Y aunque cada plato podía clasificarse como de estilo japonés u occidental, todos tenían un ingrediente en común: la mayonesa.
—Si quieres usar tu propia mayonesa, sácala de la nevera —decía mamá—. Añade más mayonesa si no es suficiente.
—Sí, ma' —respondí—. Pero esto es realmente extraño cuando lo piensas. ¿Hay algún otro hogar en el que cada miembro de la familia tenga su propia mayonesa?
—Cuando Betty pensaba que esto era normal, Petra se reía de ella cuando se lo contaba… Betty sigue traumatizada por esa experiencia, supongo.
Mientras simpatizaba con mi sombría hermana pequeña, procedí a sacar más mayonesa de la nevera. Mi familia estaba formada por fanáticos de la mayonesa que incluso tenemos nuestra propia mayonesa personal. Yo también, por supuesto. Beako tampoco era una excepción.
Así empezaban siempre las mañanas de la familia Natsuki. Éramos una familia de cuatro. Aunque había un problema con mi hermana pequeña, que pasaba por su fase rebelde, se podía decir que vivíamos tranquilos en nuestra feliz y mundana vida.
Mientras disfrutaba de mi tostada con mayonesa, que no era más que pan normal tostado después de untarle un poco de mayonesa, llamaron a la puerta.
—¿Um? —Dije, antes de volver mi atención al reloj. Ya era hora de ponerme en marcha—. Mierda, he tardado demasiado esta mañana.
Me metí el resto de la tostada de mayonesa en la boca y la regué con un poco de sopa de mayonesa. Cuando me levanté, llevando mi bolsa al hombro, Beako también se levantó de su asiento con su mochila puesta.
—… ¿Por qué miras así a Betty, supongo? —Preguntó Beatrice al notar mi mirada.
—No, es que te queda muy bien esa mochila, como siempre —respondí—. Si hubiera un premio a la mejor portadora de una mochila, lo ganarías.
—¡E-Eso no es un cumplido!
Mientras le daba palmaditas en la cabeza a la sonrojada Beako, nos dirigimos a la puerta. Al notar que mamá y papá habían empezado a flirtear detrás de nosotros, nos despedimos en voz baja y salimos apresuradamente de la habitación.
—Buenos días, Subaru —me saludó una joven con el pelo azul hasta el cuello después de ponerme los zapatos y salir por la puerta principal. Era Rem.
Como de costumbre, la sonrisa de Rem era como una flor en plena floración, y su voz estaba llena de vivacidad. De hecho, es tan guapa que, aunque sólo seamos amigos de la infancia, temo que alguien me apuñale por hacer que se reúna conmigo cada mañana antes de ir al colegio. Sin embargo, a pesar de mi miedo, no tenía intención de abandonar esta rutina.
—¿Te pasa algo? —Preguntó Rem—. ¿Por qué miras así la cara de Rem?
—No, no es nada —dije, incapaz de confesar que estaba cautivada por su belleza—. Buenos días.
—¡Sí, buenos días! —respondió sin importarle mi extraño comportamiento.
Desde que éramos pequeños, nunca fue de las que se entrometían. Esta era una de las cualidades que me gustaban de ella.
—Buenos días a ti también, Beatrice —dijo Rem, volviendo su atención hacia ella.
—Buenos días, de hecho —respondió ella—. Eres muy devota, supongo, viniendo hasta aquí sólo por Subaru todas las mañanas. Te juro que tienes unos gustos muy raros comparados con los de tu hermana mayor.
—¿Eso no significaría que tú también tienes gustos extraños, Beatrice? —Preguntó Rem.
—¡¿Por qué significaría eso que Betty tiene gustos extraños?!
Observé a Rem burlarse de Beako de reojo. Al igual que ella era mi amiga de la infancia, Rem era amiga de Beako desde hacía mucho tiempo. Era como su hermana mayor. Y adoraba a Beako como a una hermana de verdad, pero Beako se negaba a aceptarlo. Tal vez esto también tenga algo que ver con su fase rebelde. Dios, ojalá madurara de una vez.
—Hablando de hermanas menores —dije—. ¿Dónde está hoy tu hermana mayor?
—Está en casa de Roswaal esta mañana —respondió Rem—. Hoy sale para una entrevista, así que le ha pedido que limpie su casa mientras él está fuera.
—Es tan diligente como siempre —dije—. Aunque tengo sentimientos encontrados sobre toda la experiencia como amigo íntimo de Ram.
La chica de la que hablábamos, Ram, era la hermana gemela mayor de Rem. A diferencia de Rem, que era amable y gentil, Ram era más bien estricta y dura con los demás. Aunque son idénticas en apariencia, sus personalidades no podrían ser más diferentes.
Al parecer, Ram había quedado prendada de un escritor famoso y se le había insinuado de forma agresiva. Por la historia de Rem, parecía que ella ya tenía la llave de su casa. Aunque, en realidad, este no es el tipo de cosas que quiero saber sobre mi compañera de clase. Rem me miró con la cabeza ladeada. No estaba seguro de si la situación le era indiferente o simplemente no le importaba, pero decidí dejar el tema de todos modos.
—Eh, Dejen de estar quietos hablando en frente de la casa, de hecho —dijo Beako—. Será mejor que nos vayamos, supongo.
—No me digas —respondí—. Venga, vámonos.
—Sí —dijo Rem—. Partamos.
Poniéndome la mochila en el hombro, empezamos a caminar. Beatrice iba en medio, yo caminaba por la carretera y Rem por el otro lado. Así íbamos al colegio siempre que Ram no estaba con nosotros.
—Por cierto —empezó Rem—, tu horóscopo ha tenido la mejor suerte hoy, Subaru.
—¿En serio? —dije—. Así que algo bueno podría pasar hoy, ¿eh? No lo sabía en absoluto ya que en nuestra casa no vemos la tele por las mañanas.
NT/Cyan: Los siguientes diálogos sobre el horóscopo pueden parecer confusos pero lo que pasa es que aquí, según el ingles y japonés, conocer y ver es prácticamente lo mismo.
—Decía que hoy conocerás a alguien genial —continuó Rem—. Decía que la primera chica que veas hoy sería tu alma gemela.
—Betty es la primera chica que Subaru vio hoy, de hecho.
—Error de Rem. La tercera chica que veas hoy es tu alma gemela.
—¡¿El horóscopo era tan específico?! —Exclamé.
NT/Cyan: Ya sabemos de lo que es capaz Rem solo para tener a Subaru, es obvio que el horóscopo se refería a que Subaru conocería a una chica nueva la cual es su alma gemela.
¿Quién era la tercera chica? ¿Cuenta mi madre? Si no, entonces Rem sería la tercera chica que conocí hoy. ¿Pero no sería raro decir que «he conocido» a Rem hoy cuando la conozco desde hace mucho tiempo? También tengo mis dudas sobre si debería añadir a mi hermana y a mi madre.
Mientras inclinaba la cabeza en contemplación, la voz de una chica nos detuvo en seco —Qué oportuno encontrarte aquí.
Era una hermosa mujer de piel pálida y pelo blanco, vestida completamente de negro como si fuera de camino a un funeral.
Al fijarme en que era una chica que conocía bien, la saludé —Hola, buenos días, Echidna.
Echidna era estudiante universitaria y la mayor… ¿O era la tercera? Es hija de la sospechosa familia propietaria de la mansión por la que pasamos todos los días de camino a la escuela.
—¿Qué quieres decir con sincronización perfecta? —Pregunté—. ¿Pasó algo?
—Sí, pasó algo —respondió Echidna—. ¿O debería decir que hubo una desaparición? Los tres recuerdan a mi perezosa hermana, ¿verdad? Bueno, parece que se ha esfumado en alguna parte. Me preocupa que se haya desplomado en medio del camino mientras daba un paseo, así que estoy aquí buscándola. ¿No la habrás visto por casualidad?
—¿Te refieres a Sekhmet? —Preguntó Rem retóricamente—. No, Rem no la ha visto. Tú tampoco, ¿verdad, Subaru?
—Yo tampoco la he visto hoy —respondí—. Si no recuerdo mal, la última vez que desapareció fue a sacar la basura y se quedó dormida junto al contenedor, ¿no? El tipo del basurero dijo que era una fiesta para los ojos.
La hermana mayor de Echidna, Sekhmet, también era hermosa, pero infame por su pereza. A menudo se la veía paseando con ropa tan expuesta como la ropa interior, lo cual era algo que yo siempre agradecía como miembro del sexo opuesto en el mismo rango de edad. Al mismo tiempo, sin embargo, parecía más una persona que necesitaba ayuda y cuidados que una simple dama sexy, lo cual era una gran decepción.
—Bueno, aparte de eso —dije mientras me llevaba la mano a la mandíbula y miraba fijamente a Echidna.
—¿Qué pasa? ¿Por qué me miras así? —Echidna reaccionó a mi mirada.
Era preciosa. Si no cuento a mamá en la ecuación, eso significaría que Echidna es la tercera chica que he visto hoy. ¿Podría ser mi alma gemela?
—Vas a hacer que me sonroje si sigues mirándome así —dijo—. Al fin y al cabo, sigo siendo una chica. Además, sólo he salido de casa para buscar a mi hermana, así que no me he maquillado.
—Tiene razón, no es muy caballeroso, Subaru —convino Rem, agarrándome del brazo—. Estás molestando a Echidna. Debes calmarte y reconsiderar quién era la tercera chica. Era Rem.
—Tus deseos se están desbordando, supongo —dijo Beatrice, agarrándome del otro brazo—. Pero Betty está de acuerdo en que esta mujer no es buena, de hecho.
—¡¿Qué les pasa a ustedes dos?!
A pesar de la aparente broma de Echidna, las dos chicas que me agarraban los brazos por ambos lados parecían mortalmente serias. Lo juro, a las chicas les encantan estas estúpidas adivinaciones.
—¡Echidna! —dijo otra voz—. ¡La hermana mayor no estaba en el contenedor! —Una chica loli rubia de ojos azules y gigantes senos vino corriendo hacia nosotros, gritando. Era la segunda mayor de las hermanas de Echidna.
—Eh, Minerva —dije, llamándola por su nombre.
—¡¿Hm?! Oh, ¡si son Rem, Beatrice y Natsuki! —Contestó Minerva, deteniéndose y esbozando una brillante sonrisa—. ¿Qué hacen los tres aquí?
Estaba tan guapa como siempre. Instintivamente, le cogí las manos y le dije—: Sin contar a mi madre y a mi hermana, tú eres la tercera. Lo que significa que eres mi alma gemela, Minerva.
—¡¿Qué?!
Mientras me agarraba a sus suaves manos, Minerva miraba de un lado a otro entre sus manos y mi cara. Su rostro comenzó a sonrojarse rápidamente, hasta que se puso completamente rojo.
—P-Pero, sólo puedo hacer tareas domésticas, —dijo, temblando.
—Yo te ayudaré, —respondí.
—¡También soy muy torpe!
—A mí me encanta esa parte de ti.
—¡También tengo que luchar por la paz del mundo entero!
—Tú eres mi mundo entero.
Con la cara roja como un pulpo hervido, Minerva chilló y pataleó en su sitio. Maldita sea, ella es muy linda. Puede que me haya burlado demasiado de ella. El hecho de que pareciera posible convertirla en mi esposa en ese mismo instante me daba bastante miedo. Me pregunto si alguien habrá intentado seducirla alguna vez, teniendo en cuenta lo linda que es.
—Cálmate Minerva —dijo Echidna—. Es sólo una de las travesuras habituales de Natsuki.
—¿Eh? ¿En serio?
—Bueno —empecé—, no puedo admitir que me estaba metiendo contigo, ya que eso me haría escoria, así que la respuesta es no, lo digo muy en serio… ¡ay, ay, ay Rem! Tu tacón se está hundiendo en mis dedos. —Rem me estaba pisando los dedos de los pies con una sonrisa en la cara. No tuve más remedio que ceder.
Minerva puso las manos sobre su gigantesco pecho y dejó escapar un gran suspiro. —Por supuesto. Aaa, me has asustado. Estaba tan sorprendida que mis pechos podrían haberse encogido un poco.
—¡Eso sería una pérdida para la humanidad! —Exclamé, temblando, a lo que Minerva me dio un puñetazo.
—¡Cállate idiota!
A pesar de haber recibido un golpe bastante fuerte, me sentí bien. Qué extraño.
—Como sea, no vimos a tu hermana, supongo. Ese es el final de la historia, de hecho.
—Oh, suenas amargada —dijo Echidna—. ¿Te molesta que estemos recibiendo toda la atención de tu hermano?
—¡No es así! —exclamó Beatrice, inflando las mejillas—. ¡Betty odia esto de verdad, de hecho!
Parece muy enfadada. Realmente debe odiar que estemos perdiendo el tiempo en nuestro camino a la escuela. Sin embargo, como ella señaló, era evidente que no seríamos de ninguna ayuda para Echidna y Minerva. Y la escuela empezaba pronto, así que ya era hora de que nos fuéramos.
—Siento no haber podido ayudar —dije antes de marcharme.
—No, chicos, tienen que dar prioridad a sus estudios—respondió Echidna—. Además, esto es problema de nuestra familia.
—Hablas como una anciana, supongo —espetó Beatrice.
—Claro que te parecería vieja, teniendo en cuenta que soy una estudiante universitaria con mucho tiempo libre, mientras que tú sólo eres una niña.
—¡Ahora mismo estoy ayudando en la casa, así que también tengo mucho tiempo libre! —exclamó Minerva.
—Pero casi nunca ayudas —Le espetó Echidna.
—Lo mismo digo de la hermana de Rem —añadió Rem.
—Creo que su falta de ayuda es incomparable —comenté.
Fue una forma incómoda de terminar nuestra interacción, pero nos separamos después de prometerles que las llamaríamos si veíamos a Sekhmet. Ver a Minerva huir en la distancia y a Echidna alejarse lentamente me hizo preguntarme si realmente estaban emparentadas. Bueno, supongo que una similitud sería que las dos son muy lindas.
—Subaru, Subaru—me llamó Rem.
—Sí, Rem, ¿qué pasa?
—Rem se acaba de acordar. El horóscopo de esta mañana decía que el nombre de tu alma gemela empieza por R y acaba por M, y tiene tres letras en total.
—¡¿Era tan exclusivo?!
Parte 2
Mientras caminábamos tranquilamente después de separarnos de Echidna y Minerva, llegamos a una bifurcación que separa nuestra escuela de la escuela primaria de Beatrice. Aquí es donde Rem y yo vamos a despedirnos de Beako.
—¡A, Beatrice! —dijo el nombre de Beatrice una niña de pelo rojo granate con ojos grandes y tiernos que nos esperaba en la bifurcación.
—Si es Petra, supongo —dijo Beatrice, respondiendo a su compañera.
—Buenos días, Subaru, Rem —saludó Petra, haciéndonos una reverencia. Qué joven tan educada.
En términos atractivos, mi hermana pequeña estaba en igualdad de condiciones, pero Petra era más encantadora. Bueno, Beako también podía ser encantadora, una vez que llegabas a conocerla.
—¿Qué? —preguntó—. Si hay algo que quieras decir, solo dilo, supongo.
—Soy el único que conoce tus buenas cualidades, —dije.
—¡¿Qué quieres decir con «Único»?! —exclamó—. ¡Betty no las esconde! De hecho, ¡Tiene tantas que ha perdido la cuenta!
Le di unas palmaditas en la cabeza, diciéndole —Entiendo, entiendo —mientras ella seguía gritando, agitando su pelo rizado en vertical. Por alguna razón, esto la enfureció aún más. Lo juro, las chicas de su edad son tan difíciles de entender.
—No te preocupes, Subaru —intervino Petra—. Yo también conozco muchas de las buenas cualidades de Beatrice.
—Ya veo, eso me tranquiliza —dije—. Cuida bien de Beako también en la escuela, ¿vale?
—¡Sí, por supuesto! Y... ¿qué hay de mis buenas cualidades? ¿Tú también las reconoces?
—Una obvia sería que eres una chica excepcionalmente amable Petra —respondí—. También eres respetuosa, amable, amiga de Beako y, por encima de todo, una chica joven y guapa que seguro que algún día se convertirá en una bella dama.
Petra sonrió con satisfacción y me ofreció su cabeza para que se la acariciara. No debería acariciar a la hija de otra persona en estos tiempos, pero tiene un poder que no me deja decir que no. Ahora que lo pienso, ¿No me obliga a acariciarla cada vez que nos vemos? Na, debo de estar dándole demasiadas vueltas.
—Mmmm —gimió Rem.
—Buu, supongo —abucheó Beatrice.
—¿Y por qué están haciendo pucheros? —pregunté.
—Nada —dijo Rem, volviendo la cara hacia otro lado.
—No hace falta que lo sepas —contestó Beatrice, mirando hacia otro lado.
No podía hacer nada más. Entendía que cuando una chica decía que no pasaba nada, es que pasaba absolutamente algo. Sin embargo, en este caso, no sabía qué era.
—Petra, ¿Crees que sabes por qué están haciendo pucheros? —Le pregunté.
—No lo sé —respondió—. Sólo soy una niña.
Eso es verdad.
Entonces se escabulló de debajo de mi mano y, cogiendo la mano de Beako, que seguía haciendo pucheros, se inclinó ante mí y Rem. —Ahora nos vamos. Typhon es hoy la líder de la clase. Si no nos damos prisa y nos vamos, la clase va a ser un desastre.
—¡¿Estás insinuando que va a desordenar el aula?! —Exclamé.
—Esa es la manía de Typhon, supongo. ¡Ya nos vamos, de hecho! —Dijo Beatrice, mientras Petra tiraba de ella.
Rem y yo saludamos a las dos alumnas de primaria mientras salían corriendo.
—Pues entonces, sigamos —dije.
—¿Tú también reconoces las buenas cualidades de Rem, Subaru?
—Eres linda.
—No creas que por decir eso te vas a librar siempre —respondió algo alegre.
Supongo que me he librado. Tal vez debería haber pensado mejor mi respuesta, pero me había vuelto completamente dependiente de ella, ya que siempre había funcionado desde que éramos pequeños.
Mientras tiraba de Rem, que miraba hacia abajo, otra voz nos habló.
—¿Estás mimando a Rem otra vez, Capitán?
—Ahh, ¿no te dije que te quedaras atrás y miraras, Gar-Gar?
Cuando me giré para ver quiénes eran, dos figuras asomaban la cabeza por detrás del poste de la luz en medio de la bifurcación. Uno de ellos llevaba un uniforme, mientras que el otro vestía un traje de marinero. Los reconocí al instante, ya que ambos eran conocidos cercanos.
—Garfield y Daphne, ¿qué hacen aquí los de secundaria?
—Qué más da lo que hagamos o dónde estemos —respondió Garfield, condescendientemente—. Volviendo al tema, Capitán, está rompiendo demasiados corazones aquí, como siempre. ¿Verdad, Daphne?
—Gar-Gar estaba esperando a Ram-Ram aquí, como siempre —dijo Daphne, vendiéndole—. Daphne no quería ir a buscar a Met-Met, así que decidió jugar con Gar-Gar. (NT/Cyan: Met-Met es el apodo con el que Daphne llama a Sekhmet)
—¡Daphne, tú! —gritó Garfield indignado.
Al ver que su sonrisa condescendiente disminuía, ahora me tocó a mí reírme de él burlonamente —Je, ya veo, así que es así —dije—. Así que tú eres el que hace lo de siempre, ¿eh? Tengo que preguntar, ¿te vas a rendir alguna vez? Ram está loca por un novelista.
—¡E-Eso es cosa de mi yo! —exclamó Garfield—. Además, si me convierto en novelista, ¡mi yo estará en igualdad de condiciones!
—Admiro tu convicción de determinar tu futuro por la chica que amas, pero…
Dudaba en continuar mi reflexión. En primer lugar, era difícil imaginar que Garfield pudiera convertirse en novelista con su nivel de inteligencia. Y en segundo lugar, Ram no era el tipo de chica que se enamora de alguien basándose en su ocupación.
—Bueno, en primer lugar, con tu nivel de inteligencia, Gar-Gar, nunca serás capaz de convertirte en novelista. Además, Ram-Ram no está enamorado de todos los novelistas del mundo.
—Gracias por decirle sin rodeos lo que yo dudaba en decirle.
A pesar de lo estupefacto que me dejó que Daphne saliera a decir todo lo que decidí abstenerme de decir por consideración, era mucho mejor que cómo debía de sentirse Garfield, que estaba derrumbado de rodillas. Sin embargo, Garfield era un hombre de gran dignidad. A pesar de su espíritu golpeado, no estaba dispuesto a tirar la toalla.
—¿Estás bien, Garfield? —Le pregunté—. Tus heridas no son tan profundas.
—Gracias, capitán —respondió—. Pero no voy a perder por algo así… Hablando de eso, ¿no está Ram contigo hoy?
—Está en casa de Roswaal esta mañana —respondió Rem—. Le han pedido que cuide de su casa mientras él está fuera, y ha ido a recoger una llave de repuesto.
—¡Guhah! —se exasperó Garfield, desplomándose en el acto tras escuchar las palabras no malintencionadas de Rem.
—¡G-Garfield! —exclamé.
Incluso yo me sentía incómodo al oír hasta dónde llegaba el enamoramiento de Ram. Debía de ser un duro golpe para Garfield, que sentía algo por ella, enterarse de que iba a recibir una llave de repuesto de la casa de otro hombre. No se me ocurrió qué decir para que se sintiera mejor.
—Bueno, incluyendo todos sus defectos, esto es lo que hace que Gar-Gar sea quien es —dijo Daphne, mostrando una sonrisa seductora que no era natural para un estudiante de secundaria, mientras se agarraba a los pies de Garfield—. Ustedes dos pueden seguir su camino. Daphne se ocupará del resto a partir de aquí.
Preocupado por si iba a empezar a arrastrar a Garfield por los pies, extendí la mano para detenerla. Sin embargo...
—No te preocupes —dijo—, Gar-Gar es un blandengue, así que ser suave con él sólo lo debilitará. Además, cuando lleguemos a la escuela, habrá gente como Mimi, que le prestará atención. Es mejor ponerlo en su lugar cuando podamos.
—¿Es así? —pregunté vacilante.
—Sí, lo es —respondió ella, sonriendo débilmente mientras ladeaba la cabeza—. Bueno, entonces, nos vemos.
Y así procedió a arrastrar a Garfield. En ese momento, detenerla habría estado fuera de lugar. Los estudiantes de secundaria tienen su propia manera de lidiar con las cosas, y no nos corresponde interferir —Al menos eso es lo que me digo a mí mismo. No quiero saber más de sus asuntos.
—Incluso hacer que un joven tan inocente de secundaria se vuelva loco por ella... ¡Mi hermana es realmente increíble!
—¡No puedo estar de acuerdo con ese comentario!
A, olvidé mencionar esto, pero Daphne es la quinta hija de las hermanas, donde Sekmeth es la mayor. Para que lo sepas. Esta mañana seguro que ha sido animada, sin embargo, eh.
Parte 3
Después de separarnos del dúo de secundaria, Rem y yo llegamos a nuestro instituto, el instituto Lugunica.
El instituto Lugunica era un centro que conservaba sus anticuadas tradiciones. Sin embargo, en los últimos años se había esforzado por modernizarse y, como resultado, se había convertido en un lugar diverso que albergaba una gran variedad de valores diferentes. Aunque elegí este lugar simplemente porque estaba cerca de mi casa, estaba disfrutando decentemente de su estilo bastante liberal.
—A, Subaru, están haciendo una inspección de bolsos —me informó Rem, que se dio cuenta de la inspección que se estaba llevando a cabo en la puerta de la escuela antes que yo con su vista superior.
—Debe de ser el consejo estudiantil. Seguro que han trabajado duro desde primera hora de la mañana.
Cuando nos acercamos a la puerta, por fin vi también la inspección. De vez en cuando, el instituto Lugunica organiza actos como inspecciones de mochilas o asambleas matinales. Todo esto comenzó cuando se creó el actual consejo estudiantil. Y en el centro de este consejo estudiantil estaba la presidenta de élite que estaba supervisando la inspección de bolsas de esta mañana.
—Buenos días, Natsuki Subaru y Rem —dijo la presidenta del consejo estudiantil.
—Buenos días, presidenta del consejo estudiantil.
—Buenos días, Crusch —saludó Rem.
La presidenta del consejo estudiantil, Crusch Karsten, estaba de pie, con los hombros erguidos, vestida con una chaqueta azul marino en perfecto estado. Su característico pelo largo y verde y su aspecto digno le daban un aire varonil a pesar de su sexo. Sin embargo, sus curvas hacían patente su feminidad, por lo que sería más exacto decir que desprendía un aura guerrera.
—Como puede ver, esta mañana estamos llevando a cabo una inspección de bolsos —dijo Crusch—. Les agradeceríamos que colaboraran.
—Sí, siéntanse libres de mirar todo lo que quieran —respondí, entregándole mi bolsa—. De todas formas, está vacía.
—Aunque no deberías estar orgulloso de ello, parece que esta vez te has superado —replicó, sacudiendo la cabeza mientras confirmaba que mi bolsa estaba vacía—. Qué interesante —continuó, sonriendo como un héroe de una película de Hollywood.
—No intentaba retarte.
—De acuerdo entonces —dijo alegremente otra persona que apareció de repente por el lado—. ¡Yo, Ferris, revisaré la bolsa de Rem!
La persona era Ferris, la mano derecha de Crusch.
Adornando una diadema de orejas de gato como de costumbre, Ferris comenzó a inspeccionar la bolsa de Rem mientras su falda audazmente corta ondeaba al viento. La idea de que una chica deba inspeccionar las pertenencias de otra chica seguro que pierde sentido con Ferris, pensé, ya que de hecho era un hombre.
—Entiendo que le quede bien la ropa de chica, pero ¿no recibes quejas de que un chico inspeccione las cosas de las chicas? —le pregunté.
—Eso no plantea ningún problema —respondió Crusch—. Todo el mundo es consciente de la feminidad superior a la media de Ferris. De hecho, el número de hombres que piden que les inspeccione el equipaje yo y de chicas que se lo piden a Ferris es más o menos el mismo.
—Puede que las chicas sean diferentes, pero algunos chicos se excitan con eso... ¡Espera, pero yo soy diferente! No me pongas en la misma categoría que esas personas —de repente, me preocupé por cómo me percibía la gente por entregar con naturalidad mi bolso a Crusch para que lo inspeccionara. Mientras tanto, Ferris seguía inspeccionando las pertenencias de Rem.
—¿Eh? ¿Por qué tienes una caja de lápices para chicos? —preguntó.
—Es para Subaru, por si se ha olvidado el suyo —respondió Rem.
—Entonces, ¿qué tal este cuaderno normal y corriente sin ningún detalle bonito?
—Es para las tareas que Rem le hace a Subaru imitando su letra.
—Hmm, ¿entonces qué tal esta fiambrera?
—Rem la preparó para Subaru en caso de que no pueda comprar nada en la tienda de comida.
—Muy bien, castiguemos a Subaru —concluyó Ferris.
—¡¿Qué demonios?! —Exclamé.
Quiero decir, lo entiendo. Lo entiendo. ¡Pero aun así!
Tras la condena de Ferris, me incliné hacia Rem —Rem, ¿no te digo siempre que no tienes que hacer tanto por mí?
—Lo siento —dijo—. Rem es dolorosamente consciente de ello. Pero cada vez que te imagina llorando por algo, no puede evitarlo. Empieza a prepararse para todos los escenarios posibles.
—Te lo agradezco, ¡Pero no voy a llorar sólo porque se me olvide la mina del lápiz, o no haga los deberes, o no almuerce!
Aunque nunca había llorado por razones tan triviales, Rem parecía haberme visto como un niño. En un momento dado, corrió el rumor en nuestra clase de que Rem era mi niñera, pero empezaba a hacerse realidad.
—Hablando de amor juvenil —comentó Ferris—. ¿Tengo razón o no, Lady Crusch?
—De acuerdo —coincidió Crusch—. Ferris y yo también nos hacemos la comida el uno al otro. No hay nada de qué avergonzarse, pero si no quieres ser el único al que atiendan, deberías expresar tu gratitud de vez en cuando.
—Hoy he hecho su tortilla favorita, Lady Crusch —dijo Ferris—. De las dulces.
—Hoy también he hecho tu tortilla favorita —respondió Crusch—. La salada.
Ignorando a la enamoradiza presidenta del consejo estudiantil y a su vicepresidente, cogí la fiambrera que Rem me había preparado. Envuelta en un paño azul, era el doble de grande que la propia fiambrera de Rem y pesaba bastante.
—Cielos, ¿qué ibas a hacer con esto si no me lo comía?
—Rem pensó que ella y su hermana podrían cenar.
—Eso es muy triste, no hagas eso. Sólo dímelo la próxima vez. Comeré esto hoy, gracias. ¿Podrías enseñarme también las respuestas de la tarea?
—Sí, Rem estará deseando comer.
Metiendo la fiambrera en la mochila que me acababan de devolver, empezamos a caminar hacia el edificio de la escuela. Fue entonces cuando notamos un alboroto en un lateral, donde también estaban realizando una inspección de las bolsas.
—¡Como he dicho! ¿Por qué eres así? ¿Podrías no hacerme repetirlo? No estoy diciendo nada difícil, ¿verdad?
—Tampoco creo que esté diciendo nada difícil de entender. Eres tú quien se niega a escuchar mis buenos consejos y monta una escena. Eres el mejor ejemplo de un ignorante.
—¿Crees que usar grandes palabras te hace parecer respetable? Eso es vergonzoso. Ya estás en el instituto, ¿por qué no maduras? Es vergonzoso.
—No te atrevas a criticar mi forma de hablar cuando ni siquiera puedes ocultar la vulgaridad en tu forma de hablar. Puedo ser indulgente, pero también tengo mis límites.
La atmósfera alrededor de la puerta principal se estaba volviendo tensa debido a la acalorada discusión entre las dos estudiantes con apariencias distintivas.
Una de ellas era una hermosa joven de pelo morado y un físico pre púber que podría confundirse con el de una estudiante de secundaria. La chica con la que discutía, por otro lado, también era una joven hermosa, que tenía el cuerpo de una mujer madura y el pelo naranja que exudaba un encanto seductor.
La chica que hablaba con acento era Anastasia, del consejo estudiantil, y la que hablaba en un lenguaje sofisticado era Priscilla, la alborotadora de la escuela. A menudo se peleaban por ser la contable del consejo estudiantil y la nieta del presidente del consejo escolar.
—Ya están otra vez —dijo Rem, suspirando ante el espectáculo habitual.
Su relación antagónica era famosa en todo el colegio. La relación entre Priscilla, que no se doblegaba ante nadie, y Anastasia, que nunca se echaba atrás ante una pelea, era como el aceite y el fuego. Por lo que vi, sospeché que se estaban peleando por el uniforme que llevaba Priscilla, que obviamente había personalizado a su gusto. Bueno, Priscilla no está dispuesta a seguir ninguna norma del colegio, incluidas sus normas sobre uniformes. Se podría decir que es una victoria que incluso lleve el uniforme a pesar de que se lo han cambiado en todos los sentidos.
—Pero apuesto a que ella es la única capaz de poner tan nervioso a ese contable traficante de dinero —comenté mientras observaba el alboroto desde la distancia.
Entonces, de repente, una voz se abalanzó sobre mí desde atrás —Te agradecería que te abstuvieras de referirte a Ana con un apodo tan calumnioso.
—Geh —me exasperé, sintiendo que se me ponía la piel de gallina a causa de aquella voz condescendiente.
Cuando me di la vuelta, había un bastardo apuesto y caballeroso que se alzaba sobre mí. También era miembro del consejo estudiantil.
—Hola, Julius, mi superior —saludé al hombre.
—No sé por qué me llamas así cuando estamos en el mismo curso —replicó Julius, mientras se echaba el flequillo hacia atrás—. Pero dejando eso a un lado, por favor, retira el comentario que has hecho antes sobre Ana. Sólo está un poco obsesionada con los asuntos monetarios, y ama demasiado su trabajo.
—Creo que esa opinión es algo más que tendenciosa.
Julius era algo llamado secretario del consejo estudiantil. Como indicaba su retórica, era un fiel seguidor de Anastasia, y a menudo se les veía juntos.
—¿No tienes trabajo que hacer? Le diré a Crusch que estás holgazaneando.
—De hecho, ya he terminado mi trabajo —dijo Julius, mostrando sus blancos perlados—. Aunque era bastante trabajo con tantas chicas que querían que les inspeccionara las maletas, fueron muy cooperativas, así que me facilitó mucho el trabajo.
—Sí, sí, lo que sea hombre —dije, escudriñando.
¿Por qué las chicas no se dan cuenta de la falsedad de este tipo? Pensé, antes de recordar que no sólo las chicas estaban enamoradas de Julius. Los hombres también hablan bien de él. Lo que significa que debo de ser la única que se da cuenta de lo que hace. Chasqueé la lengua. La verdad hace que un hombre se sienta solo, ¿no?
—Rem se pregunta de qué discuten hoy.
—Obviamente, también discutían por su atuendo, pero el mayor problema era la forma en que Priscilla manejaba su bolso —explicó Julius—. Hacía que Al lo llevara por ella en lugar de sostenerla ella misma.
—Al es ese tipo que lleva una máscara, ¿verdad? —confirmé.
Había un hombre junto a Anastasia y Priscilla, de pie, ansioso mientras las dos chicas continuaban su acalorada discusión. No era especialmente alto, pero sí bien corpulento. Parecía de la misma edad que mi padre, pero era imposible asegurarlo debido a la máscara que llevaba.
Circulaban varios rumores sobre esta máscara. Algunos dicen que oculta una horrible quemadura, mientras que otros sugieren que tiene la cara cubierta de puntos. Personalmente, me gustaría pensar que Priscilla le hacía llevarla por capricho. No sólo cambia de máscara todos los días, sino que no me parece un tipo con un pasado oscuro.
Para añadir a sus características distintivas, Al tenía una prótesis en el brazo izquierdo. Por lo que he oído, era de alta calidad y se adquirió a través de los contactos familiares de Priscilla. Una vez me abrió una lata de melocotones con un abrelatas que llevaba en el brazo. Su brazo era como una navaja suiza.
—¡¿Cuántas veces tengo que decírtelo?! —La voz de Anastasia resonó—. Un forastero no puede entrar en el edificio de la escuela. ¿Sabes lo estresante que es tener que echar a un hombre adulto que encuentro vagando por el edificio?
—Eso no es asunto mío —replicó Priscilla—. Nadie te pide que lo eches. Ignóralo. De todas formas, sólo está allí para atenderme. Además, si él no está, ¿quién me llevará el bolso? Me niego a llevar algo más pesado que un par de palillos.
—¡Está vacía! Pesa prácticamente lo mismo que un par de palillos!
Era evidente que Anastasia se irritaba cada vez que Priscilla le contestaba. La intensidad de la situación iba en aumento hasta el punto de que temí que estallara una pelea de gatas si seguía así. En cuyo caso, Anastasia habría sido la única herida. Aunque no lo pareciera, Priscilla era inesperadamente atlética. De hecho, incluso era posible que estuviera provocando a Anastasia para que le diera el primer puñetazo. No, no, lo estoy pensando demasiado. Simplemente es desafiante por naturaleza.
—Las cosas no pintan bien para Ana —comentó Julius—. Supongo que no me queda más remedio que ir a detenerlos.
—Sí, sí, ve y hazlo —asentí—. Antes de que se enzarcen en una pelea de gatas y las cosas se pongan muy feas al enterarse la enfermera Elsa.
La enfermera Elsa era la enfermera del colegio, conocida por su aspecto sexualmente provocativo y su peculiar forma de hablar. Siempre se enteraba rápidamente de cualquier conflicto que ocurriera en la escuela y a menudo aparecía para neutralizar la situación, alegando que no podía evitar sus viejos hábitos. Todos los alumnos que eran llevados por ella a la enfermería volvían siempre completamente obedientes. Nadie sabía lo que les hacían allí, ya que ella se negaba a responder. En consecuencia, el consenso general era que ella lleva a cabo una horrible operación en el sistema digestivo de sus pacientes para hacerlos dóciles.
—La clase está a punto de empezar —dijo Crusch, que ahora estaba a nuestro lado—. Ve a tu clase, Natsuki Subaru. Nosotros nos ocuparemos del resto.
—Oh, no, nos ha tocado la paja más corta —añadió Ferris.
—Sacar voluntariamente la pajita más corta para mejorar la escuela es parte del trabajo del consejo estudiantil.
Con eso, los tres miembros del consejo estudiantil caminaron hacia la escena de la conmoción. Estoy seguro de que incluso Priscilla retrocederá una vez que se enfrente a esos tres.
—Hemos estado aquí demasiado tiempo —dije—. Vamos a nuestra clase. Estoy cansada.
—Están pasando muchas cosas esta mañana —comentó Rem.
—En serio. Aunque seguro que no habrá más problemas.
Era muy posible que me hubiera gafado al decir tal cosa. Aunque realmente deseaba no encontrarme con más problemas cuando lo había dicho, parecía que Dios tenía otros planes para mí. El siguiente problema apareció cuando me puse los zapatos de la escuela y empecé a caminar hacia mi clase.
—¡Eh, Subaru! Piensa rápido, ¡Atrapa!
—¿Eh?
Sorprendido por la repentina voz y por una chica que corría hacia mí, bajé instintivamente las caderas y me puse en posición de recepción para jugar al voleibol, tal y como me habían ordenado. Entonces, un pequeño pie aterrizó sobre mis manos.
—¡Atrapa la montaña azul! —gritó la figura.
Reaccionando a lo que parecía ser el nombre de una técnica, balanceé mis brazos hacia arriba con la persona en mis manos, soltando un gran —¡Hmph! —Aunque no diría que la chica era tan ligera como una pelota de voleibol, voló con éxito por encima de mi cabeza y aterrizó encima del zapatero que había detrás de mí.
Me di la vuelta para ver por qué tanto alboroto. Sin embargo, la chica se limitó a ponerse el dedo índice en los labios, indicándome que me callara, con un silbido. Rem y yo nos miramos, confundidos por la situación. Entonces, de la misma dirección que la chica, vino corriendo un hombre increíblemente guapo que mostraba una sonrisa de un millón de dólares.
—Justo a tiempo. Rem, Subaru —dijo el hombre.
Tenía un característico pelo rojo, ojos azules como el cielo despejado y un aspecto físico que gritaba perfección. Era Reinhard, el semental amado por todas las chicas de la escuela e incluso por las señoras de la zona comercial, que ahora se acercaba a mí con una expresión bastante angustiada.
—Eh, ¿Qué pasa? —le dije.
—No es nada grave —dijo—. ¿Pero por casualidad han visto a Felt?
—¿Felt? —Rem respondió—. Bueno, ella esta mmm…
Rem se volvió hacia mí con mirada preocupada. Sin embargo, rápidamente comprendí la situación. ¿Y ahora qué? Me pregunté por un segundo antes de dejar escapar un suspiro de exasperación. Supongo que no tengo elección.
—No, aún no la he visto —mentí—. ¿Por qué? ¿Ocurre algo?
—No —contestó Reinhard—. Acabo de encontrármela hace un rato, así que quería invitarla a comer… Pero antes de que pudiera, de repente echó a correr en cuanto nuestras miradas se cruzaron.
—Suena como Felt —comenté—. Y tú tampoco te rindes fácilmente, ¿verdad?.
Como compañero, admiraba su tenacidad, pero también me preguntaba por qué estaba tan obsesionado con Felt —Quiero decir, no digo que puedas enganchar a cualquier chica que quieras, pero con tu aspecto, no deberías tener ningún problema para encontrar novia.
—Es difícil de explicar —contestó Reinhard—. ¿No es así como funcionan estas cosas? ¿No crees, Subaru? ¿Rem?
—No lo sé amigo.
—¡Rem también lo cree! —Rem respondió con entusiasmo—. ¡Así que Rem te apoyará!
Con cara de felicidad ante las palabras de Rem, Reinhard se enderezó el cuello de la camisa —Bueno, entonces iré a buscarla.
—¿Por qué no la esperas en el aula? —le sugerí—. De todas formas, la clase está a punto de empezar.
—Abandonar lo que no he terminado no es mi estilo. Quiero al menos saludarla como es debido —entonces levantó la mano y dijo—: Hasta luego —y se marchó.
Aunque sólo caminaba, Reinhard desapareció de nuestra vista en un abrir y cerrar de ojos. Al comprobar que se había ido del todo, suspiré y di unos golpecitos en el zapatero que tenía detrás —Ya se ha ido. Ya puedes bajar.
—¡Ok! Gracias —dijo la chica con voz indiferente. La oí aterrizar en el suelo detrás de mí.
Era una chica bajita, de pelo dorado, ojos carmesí y un colmillo característico. Se llamaba Felt. Era la chica más afortunada de la escuela que había captado la atención de Reinhard. Aunque, ella siempre enfatizaba «a regañadientes» cada vez que le decían esto.
—No deberías ser tan fría con él —le dije—. Me siento mal por él.
—Soy yo por quien deberías sentirte mal —dijo Felt—. ¿Quién demonios le pidió que me persiguiera? Yo soy la verdadera víctima.
—Sin embargo, Reinhard está tan apasionado por ti —dijo Rem—. ¿No te cae bien, Felt?
—Claro que no. Y no te hagas una idea equivocada. Sólo le gusto porque soy diferente. Es como cuando una persona se emociona al encontrar una especie rara. Dame un respiro.
Felt no tenía nada bueno que decir sobre Reinhard, como de costumbre. Aunque vivía una vida más romántica que la de cualquier manga shoujo y Cenicienta, su actitud seguía siendo indiferente. Aunque simpatizaba con Reinhard por ser su amigo, también entendía de dónde venía Felt.
—Tienes algo de razón —le dije—. Estas cosas tienen truco, ¿eh?
Reinhard estaba tan acostumbrado a que le abordaran que era bastante inepto para ser él quien lo hiciera. Era natural que Felt sospechara de sus intenciones con lo torpe que actuaba. Pero como espectador, sabía que sólo era un problema de falta de comunicación, lo que los hacía frustrantes de ver.
—Bueno, supongo que es difícil evaluar objetivamente nuestras propias acciones —dije.
—Sí, Rem está de acuerdo —respondió Rem—. Está absolutamente de acuerdo. Está en lo cierto. Absolutamente de acuerdo.
—¿Rem? ¿A qué viene esa agresividad? ¿He dicho algo raro?
—Quién sabe —dijo Rem, volviendo la cara hacia otro lado.
Mientras contemplaba el extraño comportamiento de Rem, Felt se quitó el polvo de la falda y estiró la parte superior del cuerpo. —Bueno, voy a seguir corriendo hasta que empiece la clase. Ni siquiera él vendrá a por mí cuando suene el timbre.
—Eso hasta el cambio de asiento —dije—. Con su tenacidad, tengo la sensación de que se las arreglará para conseguir un asiento cerca del tuyo".
—No digas esas cosas hombre. Vas a gafar mi tranquila vida escolar.
Palideciendo ante mis palabras, salió corriendo en dirección contraria a Reinhard. El hecho de que Reinhard la encontrara dos minutos después y se enzarzara en una salvaje persecución era una historia para otro momento.
—Seguro que no habrá más problemas —dije, sintiéndome como si estuviera sometiendo mi petición a Dios—. O si no voy a agotar mi energía del día.
—Rem está seguro de que no habrá más —dijo Rem, tranquilizándome.
Estaba seguro de que por fin empezaba un día tranquilo y apacible. Sin embargo, en cuanto abrí la puerta del aula, me recibió una figura gritando.
—¿Se ha enterado, señor Natsuki? —dijo la figura, gritando—. ¡Por lo visto, hoy viene un alumno trasladado!
—¡¿No puedes leer mi estado de ánimo?! ¡Maldito idiota! —Les grité.
—¡¿Por qué me regaña?!
La figura que gritaba era Otto, el chico que se sentaba detrás de mí. Siempre me había parecido un tipo con mala suerte, lo que se demostró cuando me irritó aún más de lo que ya estaba.
Dejé el bolso sobre la mesa y me senté en la silla —Mira, olvídate de todo esto de los estudiantes transferidos. Ya estoy cansado de todo lo que ha pasado esta mañana. Lo entiendes, ¿no? Así que, posponlo.
—No podemos mandar al alumno transferido a casa sólo porque usted esté cansado, señor Natsuki —respondió Otto—. Por cierto, ¿por qué estás tan cansado? ¿Hiciste algo de lo que no puedes hablar esta mañana temprano?
—Había demasiados personajes, no sé ni por dónde empezar. Tanto que seguro que nadie se acuerda ni del nombre de mi hermana.
—¡Harás llorar a Beatrice!
En realidad, Beako no es del tipo sensible, así que no llorará por algo así… En realidad, ahora que lo pienso, se hace la dura, pero puede ser bastante blanda. Podría llorar. Eso no sería bueno. Ver llorar a los niños pequeños me rompe el corazón, y definitivamente no soporto ver llorar a Beako.
—Bien, te perdonaré por el bien de Beako.
—Gracias… Espera, ¿qué sentido tiene eso?
—Entonces, ¿qué asunto tiene confundido a Otto? —Preguntó Rem, metiéndose en la conversación desde su asiento, que estaba a mi derecha.
—No creo que sea yo el confundido… No, no importa —respondió Otto, rascándose la cabeza mientras renunciaba a replicar, y continuaba susurrando—. Como he dicho, hay un alumno trasferido. Oí a los profesores hablar de ello cuando fui a la sala de profesores. Al parecer, se transfiere a nuestra clase.
—He querido decirte esto, pero realmente has asumido el papel del mejor amigo en los simulacros de citas, ¿sabes? —dije—. Por cierto, ¿qué piensan de mí las chicas de esta clase?
—Aparte de Rem, todas piensan que tienes unos ojos malvados.
—¿Hablas en serio? ¿En serio? No estás bromeando, ¿verdad? Por favor, di que sí. Oye, vamos, ¿hablas en serio?
La evaluación de Otto borró la posibilidad de que hubiera alguna chica demasiado tímida para hacer un movimiento hacia mí porque era amigo de la infancia de Rem que siempre estaba a mi lado.
—Un estudiante transferido, ¿eh? —dijo Rem—. Qué raro. ¿Es chico o chica?
—Por desgracia, no conozco los detalles.
Rem suspiró con fuerza —Ya veo.
—¡Sabes, suspirar así duele más que ser insultado en mi cara!
Otto era el payaso de la clase con el que todos se metían. Sus gritos estaban en su punto, como de costumbre, y Rem asintió satisfecho al escucharlo.
Sonó el timbre y los alumnos que estaban fuera empezaron a entrar en clase. Entre ellos se encontraban los miembros del consejo de estudiantes, Crusch, Ferris, Julius y Anastasia, que se encargaban de inspeccionar las mochilas. Tras ellos iba la siempre orgullosa Priscilla, seguida por Al que llevaba su bolsa. Abandonó rápidamente la sala en cuanto dejó el bolso sobre la mesa.
Cuando desvié mi atención de ellos, vi a Ram, que había entrado en el aula sin que me diera cuenta, tomando asiento frente a su hermana. Al ver que le hacía el signo de la paz a Rem, parecía que su encuentro con Roswaal había ido bien.
Justo antes de que el timbre dejara de sonar, Reinhard entró en el aula, seguido de Felt, que se apresuró a entrar justo cuando el timbre se detuvo. Reinhard le dirigió una leve sonrisa desde su asiento, a lo que ella le sacó la lengua.
Y así, todos los alumnos de la clase estaban presentes. Sólo quedaba un asiento libre en la esquina de la última fila. Supuse que allí se iba a sentar el estudiante trasladado del que hablaba Otto.
—Al principio era escéptico, pero ver ese asiento hace que su historia parezca más creíble —murmuré para mis adentros.
—Señor Natsuki, ¿tiene algo en contra de…? —empezó Otto antes de ser interrumpido por Rem.
—A, la señorita Frederica está aquí.
Pude sentir a Otto enfurruñado detrás de mí, pero obviamente opté por ignorarlo. El aula quedó en completo silencio.
La puerta se abrió y entró una mujer alta y con buena postura. Tenía el pelo largo y rubio y los ojos color esmeralda. Vestida con un traje ajustado, desprendía energía juvenil. El único defecto distintivo era su boca de aspecto feroz, pero dicha imperfección era lo que hacía que fuera fácil llevarse bien con ella. Era la señorita Frederica, nuestra profesora. También era la hermana mayor de Garfield, a quien encontramos de camino a la escuela.
—De pie —ordenó Crusch con voz clara desde la primera fila.
Todos se levantaron al unísono. Incluso la rebelde Priscilla hizo lo mismo. Esto demuestra que esta orden está arraigada en nuestro ADN.
—Saluden —volvió a ordenar Crusch.
—Buenos días —resonaron voces superpuestas.
La voz de todos variaba ligeramente. Yo lo dije con voz seria, mientras que Rem sonaba mucho más disciplinado.
—Tomen asiento —ordenó Crusch por última vez.
Todos tomaron asiento, haciendo ruidos más fuertes que cuando se levantaron. Cuando el crujido de los asientos disminuyó, por fin llegó el momento de que la señorita Frederica empezara a hablar.
—Buenos días a todos —dijo—. Estoy segura de que a muchos de ustedes les entusiasma que se acabe el fin de semana, pero eso nos pasa igual a los profesores, así que tengan paciencia, ¿Sí?
Su inesperada broma suavizó el ambiente algo tenso que se respiraba en el aula por ser lunes. Luego señaló el asiento vacío del fondo.
—Estoy segura de que muchos de ustedes que se han fijado en ese asiento, o han oído a Otto que estaba escuchando a escondidas, ya lo saben, pero hoy tenemos una alumna transferida.
—Ella sabe que estabas espiando —dije.
—Es extraño —dijo Otto, ladeando la cabeza—. Estaba siendo muy cuidadoso, aunque…
—El director Wilhelm se fijó en ti —explicó la señorita Frederica.
El director Wilhelm era un anciano al que no había que subestimar. Por mucho que tratara de ocultar su naturaleza con su suave personalidad, era incapaz de disimular su exuberante aire de competencia. A menudo aparecía de la nada y echaba una mano para resolver un problema o presumía de su familia. Nadie podía escapar a los ojos del director Wilhelm. Esto lo sabían todos en el instituto Lugunica.
—Dejando de lado el descuido de Otto Suwen —dijo Crusch—, un estudiante transferido es raro.
—Cierto —añadió Ferris—. Ni siquiera ha empezado el curso escolar o el semestre. Ahora que lo pienso, un estudiante transferido en el instituto es bastante poco común. Aunque, es algo común en el manga…
—Y tal como se ve comúnmente en un manga —comenzó la señorita Frederica—, el estudiante transferido es una chica.
Algunos de los chicos de la clase se excitaron demasiado con el último comentario de la señorita Frederica. El trío Ton-Chin-Kan fue especialmente ruidoso. ¿No se dan cuenta de que ya tenemos suficientes chicas guapas en nuestra clase y que añadir una más sería añadir una chica más con la que no podemos hacer nada? Las compadecí, aunque yo era el más ruidoso.
—Así que estás contento de que el estudiante transferido sea una chica también, ¿eh, Subaru? —Preguntó Rem.
—Pensé que al menos debía actuar como si estuviera contento —respondí—. Obviamente daría la bienvenida a cualquiera aunque fuera un chico. Es difícil imaginar una tragedia mayor que tener a chicos como Reinhard y Julius en la misma clase.
Al tener a los dos chicos más populares en la misma clase, todos los demás hombres habían renunciado a atraer la atención femenina. En cierto modo, esto ayudó a unificar a los chicos de la clase en uno solo. Así que, aunque tuviéramos un alumno transferido, todos estábamos dispuestos a aceptar a la nueva víctima con los brazos abiertos.
—Esta clase ya tiene demasiados chicos y chicas guapos —dije—. Sinceramente, es excesivo con chicas como Crusch, Anastasia, Felt, Priscilla, Ram y tú. Supongo que también puedo añadir a Ferris a la lista.
—Tú también estás incluido en la lista de gente guapa —dijo Rem.
—Sí, ¡seguro que soy súper popular entre un montón de gente a la que le encantan los ojos sanpaku!
Sabía que Rem sólo intentaba hacerme sentir mejor, pero mis experiencias vitales me hacían demasiado cínico como para alegrarme simplemente sabiendo que había una pequeña minoría de gente a la que le encantaba mi aspecto.
Ya sea un chico o una chica, aceptaré a cualquier recién llegado.
—Así que, señorita Frederica —dije, dándole un pulgar hacia arriba—, estamos listos cuando usted lo esté.
—Muy bien, ahora que he conseguido el permiso de Natsuki, que es quien manda por alguna razón, por favor, den la bienvenida a su nueva compañera —dijo, sonriendo amargamente mientras llamaba al estudiante desde el pasillo—. Adelante.
La puerta del aula se abrió tras una breve pausa. Unos pasos, seguidos de un débil viento, entraron en el aula. A pesar de mi apatía inicial ante la llegada de la nueva alumna, tragué saliva al verla.
Tenía un largo cabello plateada que ondeaba al viento y nos miraba fijamente con ojos amatistas. Llevaba un uniforme negro «que podría proceder de su anterior colegio» que contrastaba muy bien con su piel blanca y pálida. La combinación de ambos parecía representar su aire efímero y su extravagancia innata: la perfección total. Su belleza me dejó sin aliento a pesar de que estaba acostumbrado a ver chicas guapas.
La señorita Frederica escribió su nombre en la pizarra que tenía detrás. Miró la pizarra, se giró e hizo una reverencia —Me llamo Emilia. Sé que es un momento muy raro para cambiar de colegio y que debe de haber sido una sorpresa, pero estoy deseando hacerme amiga de todos ustedes. —Miró alrededor de la clase algo nerviosa—. También puedo ser un poco mentecato, así que por favor, tengan paciencia conmigo. (NT/Cyan: Mentecato es sinónimo de tonto, solo que es muy antiguo)
—Nadie usa «mentecato» en estos tiempos… —dije sin querer.
Me tapé rápidamente la boca con la mano, pero Emilia ya me estaba mirando directamente. Debía de tener los ojos muy abiertos. Imperturbable, me sonrió seductora. Me quedé embelesado.
No era el comienzo del curso ni del semestre. Era un lunes cualquiera. Aunque empezó un poco más ruidoso de lo habitual, se suponía que era un día normal. Sin embargo, en ese momento, tuve la sensación de que mis días tranquilos estaban a punto de llegar a su fin. Con la llegada de la nueva alumna «Emilia» mi vida no volvería a ser la misma.
NT/Cyan: Aquí termina esta parte de la traducción, esperen la siguiente parte después, estén atentos a anuncios de traducciones y mas en la pagina de FB.