Tú, que Aguardas el Deshielo
CAPÍTULO 1 Tú, que Aguardas el Deshielo
1
—Hay una oscuridad negra, tenebrosa, distante, profunda, larga, pesada y amarga.
—…
Tenía la sensación de que una oscuridad asfixiante y opresiva, como si todas las maldades de este mundo se hubieran mezclado en ella de golpe, se aferraba pegajosamente a todo su cuerpo.
Su rostro, su cuerpo, sus extremidades… cada centímetro de su piel estaba contaminado por aquella oscuridad. Le acompañaba un malestar interminable, como si la sangre supurara lentamente implorando por su sed, haciéndole perder la noción de la forma de “sí mismo”.
—No. En realidad, lo que desconozco no es solo mi aspecto exterior.
—…
—Algo más profundo. Tal vez debería llamarlo “esencia”. O quizá debería referirme a ello como “alma”.
Era la sensación de haber perdido de vista la forma y la naturaleza de su propia “alma” y de que, tras repetir un sinfín de erráticos e inevitables desvíos, sus dedos al fin habían logrado atrapar un pequeño fragmento de ella.
Sin embargo, el tacto en las yemas de sus dedos era terriblemente ambiguo; la ansiedad y la repulsión que afloraban en él le hacían dudar a la hora de tirar de ella.
—…
—¿Acaso el “yo” que de verdad estoy buscando se encuentra más adelante?
—Cuando tire de ella y llegue al final, ¿no despertaré siendo un “yo” completamente distinto?
Era una idea extraña, pero no del todo imposible. De hecho, los sucesos que había vivido le habían provocado una sensación de irrealidad y de brusquedad muy similar.
Asumirlo como algo propio, aceptar la prueba que se le había presentado y anhelar el paisaje que aguardaba tras superarla… ¿Cuánto tiempo había invertido tan solo en eso?
Por eso sentía una fuerte ansiedad.
¿De verdad era correcto seguir adelante? ¿Se encontraba allí ese lugar que había asumido, aceptado y buscado?
Aquel “yo” al que se había encomendado, en el que había creído, al que había perdonado, por el que había suplicado y el que había intentado ser, ¿estaría allí?
—Te amo.
Esa ansiedad indescriptible se desvaneció, disuelta por aquella voz que parecía guiarle.
Hacia una luz blanca, brillante, inalcanzable, majestuosa, hermosa y dulce.
Esa alma, Natsuki Subaru…
2
La conciencia de Subaru emergió lentamente del abismo de un sueño profundo y apacible.
—Ah…
Un tenue suspiro escapó de sus labios.
Su voz sonaba terriblemente ronca y sin vida, pero era inconfundiblemente la suya. Al menos, estaba seguro de que no había reencarnado en algún tipo de organismo unicelular sin voz.
Eso debía contar como un paso adelante. El siguiente sería asegurarse de no ser un ser con un sistema de valores completamente diferente que—
—¿Estás despierto, Subaru?
— …
Una voz dulce y plateada resonó en sus oídos.
Clara y suave, reconfortante pero firme, alegre y encantadora.
Hacía apenas unos instantes, había escuchado esa misma voz en las peores circunstancias posibles.
Escucharla de nuevo hizo que su corazón diera un vuelco. El pecho le dolió y el pulso se le aceleró mientras giraba la vista lentamente.
— …
Allí, aguardando, estaban unos ojos violetas cargados de preocupación.
—…¿Emi… lia?
—Sí, eso es. Subaru, ¿estás bien? ¿Puedes incorporarte? ¿Puedes hablar bien?
—Hm…
Mientras pronunciaba su nombre con debilidad, la joven de ojos morados ladeó la cabeza. Su expresión se relajó en una pequeña sonrisa, y el largo cabello plateado que caía sobre sus hombros de alabastro parecía estar hecho de rayos de luna.
Aquella deslumbrante muestra de belleza golpeó a Subaru directo en el corazón.
Ante él había descendido una chica que parecía estar fuera de este mundo.
—Ugh… ah…
En el momento en que ese pensamiento cruzó su mente, la sangre le subió a las mejillas. Su rostro se puso rojo intenso, sus ojos divagaban y las palabras lo abandonaron.
El martilleo en sus oídos era tan fuerte que casi le dolía. Finalmente, empezó a balbucear de forma incoherente.
—Awawawawa…
—¿Awawa…?
Al ver lo alterado que estaba, Emilia frunció su hermoso entrecejo.
Incluso ese pequeño gesto era asombroso. Era casi como si el artista más grande de la época le estuviera mostrando una segunda obra maestra. Y él la estaba observando de cerca; tan cerca, que podía sentir su aliento. A pesar de lo mucho que ya le dolía el pecho, su ritmo cardíaco parecía subir más y más.
— …
—¿Qué es esto? ¿Qué está pasando?
—¿Esto es real? ¿Esto no es un espejismo o una ilusión? Hablando de espejismos en medio de un desierto, a eso se le llamaría oasis. Eso es solo ver lo que más deseas en ese momento, ¿verdad? Si esa es la RULE, ¿entonces esto también es un espejismo? Qué ilusión tan peculiar…
—¿E-estás bien, Subaru? Creo que algo anda mal. Te diste un buen golpe.
—¡Hiyah!
—¡Ves, acabas de hacer un ruido raro!
Subaru era un desastre total. En el momento en que la mano de Emilia tocó su frente, dio un respingo. Los ojos de ella brillaron, pues ahora estaba completamente convencida de que algo iba definitivamente mal.
El hecho de que pudiera sentir su mano desmentía toda su teoría del “espejismo de Emilia”, lo cual lo hacía sentir como un estudioso del geocentrismo.
Más importante aún, ella era real. Esta Emilia realmente existía. Y si ella era real y lo llamaba Subaru, entonces él era, de hecho, Natsuki Subaru.
Y por supuesto…
—No hablen tanto rato ignorando a Betty, supongo. Cielos, ni que Emilia fuera la única preocupada, de hecho.
Al escuchar una voz infantil quejándose con petulancia, Subaru se giró para encontrarse con una niña pequeña que inflaba sus mejillas de forma adorable.
—Beatrice…
—Otra vez ese tono de voz tan bajo, supongo… Tienes cara de no poder creer que la linda Betty está aquí presente, de hecho.
Su mirada se suavizó con preocupación. Las palabras que salían de su boca eran un poco duras, pero su tono era una mezcla de inquietud y alivio.
Alivio de que Subaru hubiera despertado, e inquietud por el hecho de que, para empezar, se hubiera desmayado. El corazón de él dio un vuelco ante eso.
Y entonces…
—¡¿Nyah?!
Mientras ella lo observaba con una mirada fría, Subaru la agarró y la atrajo hacia sí en un profundo abrazo.
Ligera… Era tan ligera.
Beatrice no pudo hacer nada para resistirse al repentino movimiento, y sus ojos delataron su confusión mientras los brazos de él la envolvían.
Sentado en la cama verde tejida con enredaderas, Subaru confirmó que ella era real con todo su ser.
—¡Beatrice! ¡Beatrice! ¡Beatriceeee!
—¡¿Q-q-q-qué pasa, supongo?! ¡¿Qué ha pasado, de hecho?! ¡Esto es demasiado repentino, supongo!
—¡Tú… tu cara me alivia el alma! Ver tu lindo rostro es como volver a casa. ¡Ugh, es tan bueno!
—¡¿Acaso crees que eso es un cumplido, de hecho?!
Subaru claramente decía cada palabra en serio. Sonrojándose por todo lo que él decía y por el repentino abrazo, Beatrice apretó el rostro de Subaru entre sus pequeñas manos.
Le dolió un poco cuando sus dedos tiraron adorablemente de sus mejillas y orejas, pero aquello también ayudó a confirmar que la niña Beatrice también era real.
—¡Pero bueno! ¡Subaru, no empieces a hacer bobadas recién despierto! Aún ni sabemos por qué te desmayaste…
Y al ver cómo abrazaba y jugaba con Beatrice, Emilia habló, sintiéndose un poco excluida. Aún preocupada por su estado, comenzó a sujetar su hombro con suavidad, pero se detuvo.
—¿…Subaru?
Emilia estaba más preocupada que molesta. Pero el torbellino de emociones en su voz cedió rápidamente ante la pura preocupación. Sus ojos se abrieron con asombro al mirar el hombro de Subaru, que temblaba levemente.
—… U… kh…
—¿Subaru? Subaru, ¿que ha ocurrido, supongo? Betty está justo aquí, de hecho. Ya está, ya está, supongo. No tienes por qué llorar, de hecho.
Al darse cuenta de que la voz de Subaru se había cortado en su garganta y que estaba sollozando, la confusión desapareció del rostro de Beatrice, y ella acarició suavemente su mejilla humedecida.
Él se negó a soltar la pequeña mano de Beatrice. Comprendiendo que su temblor era una expresión de angustia y miedo, Beatrice lo consoló de inmediato, como si dijera: No llores. No estás solo. Todo está bien.
—No llores, Subaru. No hay prisa. Despacito, respira hondo, calma. Beatrice y yo estamos aquí contigo.
Al igual que Beatrice, Emilia quería ayudar a Subaru a calmarse. Su mano, que antes había vacilado, ahora descansaba sobre su hombro; cualquiera que escuchara su resonante voz podría notar que respetaba profundamente a Natsuki Subaru.
—…
Ellas dos no habían cambiado. Eran exactamente las mismas.
Aquellas chicas habían sido increíblemente nobles frente a una muerte segura, en un mundo que se colapsaba.
Cuando todo estaba perdido y mucho más allá del punto de no retorno, ellas habían priorizado a Subaru incluso por encima de sí mismas. Emilia y Beatrice no habían cambiado.
Había depositado sus esperanzas en eso, confirmando que seguía siendo cierto, y esta vez, juró que haría las cosas bien. Esta vez, recuperaría todo lo que había perdido como “Natsuki Subaru”.
—He… vuelto.
Aún sollozando, demacrado y en un estado insoportablemente patético y vergonzoso…
…Natsuki Subaru comenzaba un nuevo bucle.
3
—Y por eso, parece que en realidad he perdido los recuerdos en la Biblioteca Taygeta. Comprendo que esto podría no sentar bien a todos de muchas maneras, y por tanto resulte ser un gran problema, pero por favor sean comprensivos.
Y con eso, después de que todos se hubieran reunido para desayunar, Subaru agachó la cabeza cortésmente a modo de disculpa.
Las reacciones ante la explosiva revelación de Subaru, tal vez sería más exacto llamarlo un bombardeo masivo de revelaciones, fueron variadas. Sin embargo, la confusión y el caos fueron lo más prominente. Parecía que el impacto y el duelo tendrían que esperar para después.
—Todos están muuuy preocupados por Subaru. Pero Subaru es quien más está preocupado por nosotros, así que…
De pie junto a él, Emilia tenía una mirada ansiosa mientras hablaba para darle apoyo.
Emilia y Beatrice se habían conmocionado inicialmente al enterarse de su pérdida de memoria, pero aun así le creyeron.
Tras su momento de agitación al despertar en la sala verde, él les contó la verdad de inmediato y luego les pidió su respaldo para esta reunión.
Su última vez a través del bucle había sido aterradora, y ahora Natsuki Subaru avanzaba de cabeza hacia un nuevo camino.
Se había propuesto empezar su vida de nuevo desde cero en un mundo diferente —o al menos así era como quería describirlo—, pero la realidad de la situación no era ni de lejos tan atractiva. Tomar una decisión estaba bien, pero existía la clara posibilidad de que todo hubiera terminado para siempre con su última muerte.
No podía evitar sentirse agradecido y aliviado de que ese no fuera el caso, y de que se le hubiera otorgado esta nueva oportunidad de comenzar de nuevo mediante el Retorno por Muerte. Pero no tenía intención de simplemente depender de eso.
Su habilidad era poderosa, pero el detonante —la muerte— era increíblemente agónico. Considerando que ese era el precio por torcer el destino, parecía apropiado. Las habilidades poderosas exigían un costo equivalente. Y Subaru estaba seguro de que su Retorno por Muerte no era la excepción.
También existía la posibilidad de que esta habilidad solo tuviera un número limitado de usos o que requiriera sacrificar algo preciado para intentarlo de nuevo. Tendría que ser cauteloso y no usarla en exceso.
Habiendo pensado hasta ese punto, Subaru…
—Espera, el hecho de que mis recuerdos desaparecieran no será el precio por el Retorno por Muerte… ¿o sí?
—Oye… ¿me estás escuchando, Barusu?
La voz áspera de Ram devolvió a la realidad a Subaru, quien se hallaba sumergido en sus pensamientos. Con sus ojos carmesí afilados, ella lo fulminaba con la mirada mientras mantenía su postura habitual, cruzada de brazos.
—Oye, ¿me estás escuchando, Barusu? La señorita Emilia dice eso, pero a mi no me parece en absoluto que estés ansioso. O mejor dicho, ¿qué clase de farsa es esta, Barusu?
—No es ninguna farsa. Estoy confesando mis inseguridades y los hechos con total honestidad. Siento que mi corazón va a estallar solo de imaginar la catástrofe que ocurrirá por culpa de tu terquedad.
—Qué lengua tan ágil. Con esa forma tan ligera de hablar, ¿qué pretendes que crea…?
—Subaru no tiene motivos para inventar una mentira de tan mal gusto. Tú también deberías entender eso.
Beatrice, que estaba sentada educadamente al lado de Subaru, interrumpió el ímpetu irritable de Ram, quien había entornado los ojos ante la respuesta del joven. Ella, actuando como una aliada incondicional, señaló a Subaru mientras miraba a Ram.
—Las palabras de Emilia no son del todo mentira. Quien está más ansioso por haber perdido sus recuerdos es Subaru. Por eso incluso se puso a llorar desconsoladamente como un niño, supongo.
—Hablar de ese EPISODE lo hace aún más vergonzoso.
Rascándose la mejilla ante la inesperada revelación, Subaru dejó que el motivo de sus lágrimas se atribuyera a “eso”.
En realidad, aquellas lágrimas habían sido el resultado de una mezcla de factores: el haber podido retornar de la muerte, el haber logrado el reencuentro y el hecho de haber recibido una oportunidad para empezar de nuevo. Pero, al fin y al cabo, lágrimas eran lágrimas.
No tenía sentido analizar minuciosamente las razones detrás del llanto de un hombre; habría sido de mal gusto. En cualquier caso, Subaru sentía una gratitud infinita hacia Beatrice por ponerse de su lado de esa manera.
Precisamente por eso, al recordar la efímera sensación de alivio que Beatrice mostró al final de la línea anterior y sus palabras sobre haber sido rescatada, Subaru sintió un dolor opresivo en el pecho, como si lo apretaran con cadenas. ¿Qué era exactamente lo que “Natsuki Subaru” había hecho por ella?
Se reprendió a sí mismo, pues no quería aceptar con complacencia el sentimiento de culpa que le generaba depender de su confianza sin saber siquiera el motivo.
—Sinceramente, es un poco brusco zanjar un tema tan DELICATE como la pérdida de memoria bajo la lógica de que no hay razones para mentir, pero me gustaría que lo aceptaras.
—Que lo acepte, dices…
—Dicho esto, hablemos de forma constructiva. Por suerte, ahora me siento motivado. Cualquier conversación que sirva para avanzar será más que bienvenida… y si tienes algo que decir, te escucharé atentamente.
Apoyándose en el argumento de Beatrice, Subaru volvió a inclinar la cabeza. Para respaldarlo, Emilia también agachó la cabeza, pidiendo que, por favor, confiaran en él.
Ante la actitud solemne de los tres, incluso Ram se quedó sin argumentos y comenzó a analizar seriamente el contenido de la confesión.
Ram no fue la única que se impactó ante la declaración de amnesia de Subaru. Aunque ella fue quien mostró la reacción más evidente, el resto de los presentes—Echidna, Julius y Shaula—reaccionaron de la misma forma que Subaru ya había experimentado en sus tres intentos anteriores.
Dentro de esa emotividad, la persona de la que Subaru era más consciente en ese lugar era…
—De verdad que el hermanito es todo un caso, ¿nooo?
—¡…!
—¿A qué viene esa reacción? Pones una cara como si hubieras visto a alguien que se murió, ¿no te parece un poco groserooo?
La chica que hablaba con indiferencia, como si no estuviera muy sorprendida tras escuchar el relato de Subaru, era Meili; una joven asesina de vestimentas negras y cabello azul oscuro recogido en una trenza.
Meili Portroute estaba allí, moviéndose, hablando y, ciertamente, existiendo.
—Meili…
—¿Ah? Así que te acuerdas de mi nombre. Digo, yo no noto ninguna diferencia en el hermanito, así que, ¿qué es exactamente lo que has olvidadooo?
—Ah, perdón. Es lo que llaman una pérdida de EPISODIC MEMORY. Recuerdo los nombres de las cosas y eso, pero cuando se trata de recuerdos con las personas, estoy bastante perdido.
—…¿Y eso incluye, por ejemplo, lo que pasó ayeeer?
—Así es.
Subaru respondió con honestidad a Meili, quien había entornado los ojos bajando ligeramente el tono de su voz.
Podría haber intentado escapar con alguna excusa barata, pero no lo hizo. Había decidido no hacerlo. Se había propuesto, en la medida de lo posible, ser sincero con ellas.
—Lo que pasó ayer, ¿eh? Eso es… eso es, bueno, ya veo.
—¡¿Gran Maestro, otra veeeez?! ¿¡Cuántas veces tiene que olvidarse de mí para quedar supersatisfechoooo?!
Shaula frunció los labios con insatisfacción mientras aplastaba sus propios y exuberantes pechos.
En los bucles anteriores, Subaru había podido pasar por alto las tonterías de Shaula, pero a estas alturas, sus palabras daban la fuerte impresión de tener un trasfondo que no se podía ignorar tan fácilmente.
—Me siento raro profundizando en tus disparates, pero… ¿acaso ese Gran Maestro tuyo perdía la memoria así de fácil?
—¿…? Síp, se le iba bastante seguido. Por las mañanas, cuando yo lo saludaba, él solía tratarme como a una mujer de su pasado diciendo: “¿Tú quién eras? No me acuerdo de ti. No te conozcooo”.
—Hum, a ese nivel ya no sé si era una broma pesada o qué…
Hipotéticamente hablando, era el tipo de broma que un Subaru que se hubiera vuelto cercano a Shaula podría haber hecho perfectamente.
Sin embargo, Subaru tenía el antecedente de haber intentado ocultar su pérdida de memoria a Emilia y los demás. No era imposible que hubiera fingido que una pérdida real de memoria era solo una broma.
Él mismo se resultaba increíblemente problemático. De hecho, habiendo muerto ya cuatro veces, no era algo que le hiciera ninguna gracia.
—Sinceramente, todavía me resulta difícil de acepta’… pero parece que lo mejor será actua’ considerando la posibilidad de que en esta torre exista una trampa, o algo simila’, capaz de provoca’ un estado como el que sufre el actua’r Natsuki.
—El lugar con más posibilidades de ser la SCENE del crimen es la Gran Biblioteca, donde Emilita y los demás me encontraron inconsciente. De por sí, ya es un sitio con mala reputación.
—Emilita….
—¿…?
Ante la seria expresión con la que Echidna comenzó a analizar la situación, Subaru asintió y siguió exponiendo sus puntos. Sin embargo, en mitad de la conversación, le causó una gran impresión el hecho de que Emilia murmurara aquello con un tono de profunda soledad.
En el bucle anterior, ella ya había mostrado esa misma expresión y reacción varias veces mientras hablaba con él. Al final, el verdadero motivo seguía sin aclararse.
¿Habría algún descuido fatal por su parte? Eso era lo que le daba miedo.
— A todos… En fin, siento haberles pegado este susto. Como imagino que necesitan organizar sus ideas, vamos a tomarnos un BREAK. Mientras tanto, iré con Ram a buscar algo de agua.
Tras proponer aquello, Subaru se puso de pie de un salto desde el centro del círculo que formaban. Ram arqueó una ceja ante sus palabras, mientras Emilia y Beatrice lo miraban con preocupación.
Sin embargo, Subaru les devolvió el gesto con un asentimiento y dirigió sus ojos negros hacia Ram.
—Vamos, Ram. Justo tenías cara de querer invitarme a ir por agua, ¿verdad?
—Asqueroso.
Ante la invitación de Subaru, Ram desvió la mirada mientras murmuraba aquello.
4
—¿Y bien? ¿A qué venía esa farsa de hace un momento? El hecho de haberme traído contigo hasta aquí significa que tienes intención de explicarlo, ¿no?
De camino a la zona de agua, Ram abordó el tema con un tono que denotaba que su paciencia se había agotado por completo.
Como ocurría en cada ocasión, ella no se tomaba en serio la declaración de “pérdida de memoria” de Subaru. Esto no era una cuestión de pruebas o de simple terquedad; había una razón mucho más importante.
La existencia de Rem. Su amada hermana menor, que permanecía sumida en un sueño eterno.
Subaru no conocía los detalles exactos, pero existía un vínculo innegable entre él y Rem. Un vínculo que servía de gran apoyo para Ram en su papel como hermana mayor. Por esa misma razón, Ram era incapaz de aceptar la “pérdida de memoria” de Subaru.
Por eso…
—Deja de cargar a la señorita Emilia con responsabilidades tan grandes. La señorita Beatrice aparte, para la señorita Emilia, es una carga demasiado pesada. Por eso has hecho bien en involucrarme a mí. Ahora cuéntame los detalles…
—Ram, es verdad que no tengo mis recuerdos. No es una mentira, ni un engaño, ni parte de ningún plan.
Subaru se vio obligado a negar las esperanzas de Ram, quien intentaba aferrarse a ese delgado hilo.
—…
Al escuchar la respuesta de Subaru, Ram interrumpió sus palabras y entornó los ojos. En el fondo de sus pupilas de color rosa claro se gestaba la confusión y la ansiedad… y la brasa de una intensa ira.
Esa brasa no tardaría en cobrar fuerza hasta convertirse en un gran incendio capaz de reducir a cenizas el alma de Subaru. Y lo que había provocado aquello no era otra cosa que las propias acciones de Natsuki Subaru; una serie de actos de falta de sinceridad que terminarían por destruirlo.
—No tengo mis recuerdos. Solo recuerdo los nombres y la relación que tengo con los que están en la atalaya, y poco más.
—Basta ya.
—A Emilia y a Beatrice ya se lo conté antes, y les dije exactamente lo mismo. No hay nada más que pueda decirles. Ahora mismo, mis manos están vacías.
—¡Basta ya, Barusu! No sigas…
—Sé que vinimos a esta atalaya para recuperar muchas cosas que nos fueron arrebatadas. Y también que estamos en medio de los exámenes. Pero eso es todo. Mi motivación es…
—Barusu, no digas ni una palabra más.
—Incluso sobre Rem… yo…
—¡¡Barusu!!
“No la recuerdo”. Eso fue lo que Subaru le confesó a Ram con un sentimiento de angustia desgarradora.
Ram, que había mostrado con toda su actitud que no quería prestar oídos a las palabras de Subaru, se lanzó sobre él con el rostro desencajado por la ira al escuchar esa disculpa.
—¡Gugh!
Lo agarró por las solapas y estampó su espalda contra la pared. Era increíble que aquellos brazos tan delgados poseyeran tal fuerza; con una potencia física descomunal, Ram inmovilizó a Subaru y lo fulminó con la mirada desde una distancia mínima.
En el fondo de sus pupilas de color rosa claro, la brasa se había convertido en un fuego ardiente que amenazaba con consumirlo a él y a la propia Ram.
Cuando esas llamas terminaran de devorar a Subaru—no, a Ram—, la tragedia volvería a repetirse.
—¿Qué es lo que pretendes? ¡Diciendo… Diciendo una mentira tan estúpida!
—No es… una mentira… ¿De verdad crees que yo… te diría una mentira así…?
—¿Acaso sugieres que no lo harías? Entonces, ¡¿qué quieres que haga?! ¡¿Quieres que me lo crea?! Que Barusu olvidó a Rem… ¡Menuda ridiculez!
Con los ojos más afilados que nunca y a una distancia tal que sus labios casi se rozaban, Ram fulminó a Subaru con la mirada. Fue entonces cuando él finalmente se dio cuenta de que aquel fuego que ardía con tanta intensidad nacía del lamento, más que de la ira.
Después de repetir aquello cuatro veces, por fin Subaru lograba rozar una parte del conflicto que ella cargaba. ¿Qué tan profundo tendría que ser su pensamiento para darse cuenta a la primera, como hicieron Emilia y los demás?
Ellas eran deslumbrantes. Pero no podía quedarse ahí, simplemente dejando que ese brillo lo consumiera, así que…
—Recuperaré a Rem, sin ninguna duda.
Devolviéndole la mirada a esos ojos rosa claro tan cercanos, Subaru reunió fuerzas en su garganta y se lo dijo con total claridad.
Al oírlo, las pupilas de Ram volvieron a abrirse de par en par por la sorpresa, aunque la ira no tardó en ocultarla de nuevo.
—¿Con qué cara te atreves…? ¡Dices que la recuperarás cuando tú, Barusu, has olvidado a Rem!
—Aun así, la recuperaré. A Rem, mis recuerdos y el propósito por el que vinimos a esta atalaya; lo llevaré todo a cabo, hasta el último detalle, y volveremos todos juntos. Es la mínima recompensa que deberíamos recibir, es lo lógico.
—…¿Barusu?
—Es natural… cuando piensas en todo lo que ha ocurrido en esta atalaya.
Sentía opresión en el pecho. Sin embargo, debido a un factor distinto, Subaru torció la mejilla con amargura. Ram frunció el ceño ante su reacción y la fuerza en las manos que lo sujetaban por las solapas flaqueó ligeramente.
Ahora, Subaru tomó sus manos con las suyas, y las separó. Al mismo tiempo, sus cuerpos intercambiaron posiciones.
—Asqueroso. Suéltame.
Presionada ahora contra la pared mientras se miraban fijamente a escasa distancia, Ram le soltó aquello a Subaru.
Sin embargo, Subaru no se acobardó ante esas palabras carentes de fuerza y ambición.
—Ram. Voy a recuperar tanto mis recuerdos como a Rem. Para lograrlo, necesito que me prestes tu fuerza.
—…
—Necesito la fuerza de todos. Puede que el “Natsuki Subaru” que conocían hasta ayer no hubiera dicho algo tan patético. Pero el yo de ahora…
Julius le había confiado su fe, Beatrice creía en él, Echidna le había otorgado su perdón y Emilia había depositado en él sus deseos.
Si fuera ese “Natsuki Subaru” en el que todos tienen puestas sus expectativas, tal vez podría haber cambiado este callejón sin salida él solo.
Pero el Natsuki Subaru actual no puede. Y la gente de esta atalaya es demasiado digna de ser amada como para que él se hunda en el resentimiento, se rinda o se ponga a patalear diciendo que no puede hacer nada.
—Entiendo que no puedas confiar en mí, que olvidé a Rem, y entiendo que no puedas perdonarme. Pero, por ahora, deja esa ira para después. A cambio, te hago una promesa.
—¿Una promesa…?
—Llegaré hasta el final, cueste lo que cueste. Me aferraré a ello tantas veces como sea necesario. Si rompo esta promesa, si me rindo ante tus ojos, en ese momento haz conmigo lo que quieras; guísame o quemame a tu gusto.
Sosteniendo la mirada de Ram, cuyos ojos estaban muy abiertos, Subaru continuó hablando a una distancia tan corta que podía sentir su aliento. Como si para hacer llegar sus sentimientos, tuviera que acortar incluso la distancia física…
—Dejo en tus manos lo que decidas hacer cuando me rinda. Ese será mi castigo por haber sido tan descuidado como para perder el contenido de mi cabeza por conveniencia propia y haberte hecho llorar.
—Nunca he llorado, no digas estupideces.
—¡Eso duele!
Ram le propinó una bofetada con una fuerza tremenda, haciendo que Subaru se desplomara en el sitio.
Llevándose la mano a la mejilla enrojecida, Subaru miró a Ram como si no pudiera creer lo que acababa de pasar.
—A-ahora que yo… estaba… diciendo… algo bastante valiente, vas tú y…
—Te has emocionado tú solo, ¿de qué clase valor se supone que hablas? Y por favor, no me hagas reír con eso de que “Barusu hace una promesa”. Mira que proponer tú mismo la condición en la que menos puedo confíar en el mundo…
—¡Emilia me dijo algo parecido! ¡¿Cuántas promesas rompió el yo de hasta ayer?!
—¿Acaso hubo alguna que cumpliera?
—¡¿A ese punto?!
Insultado con esa voz gélida, Subaru volvió a reevaluar su opinión sobre “Natsuki Subaru”. Sus acciones suben y bajan de valor drásticamente, pero el ser un rompe-promesas es un factor que lo hace caer en picado.
—Definitivamente, ese “Natsuki Subaru” no era más que un tipo mediocre…
—Sí, así es. Parece que estabas confundido, pero el Barusu de hasta ayer tampoco era un hombre tan competente como para solucionar las cosas por sí solo. Más bien, era un imbécil cuya especialidad era intentar arreglarlo todo él mismo para acabar empeorando el desastre. A mí también me causó muchísimas molestias.
—No me jodas. ¿Por qué trajeron a un tipo así a la atalaya…?
—Era un entrometido. Además, era un hombre al que se le daba muy bien hablar por hablar. Era medianamente habilidoso y servía para encargarse de los recados. También se le daba bien calmar a las señoritas Emilia y Beatrice. Y además…
Siendo criticado de forma tan implacable, Subaru, sentado con las piernas cruzadas en el suelo, se sentía sumamente incómodo.
Lo regañaban por cosas que no sentía como suyas, aunque fueran sobre él mismo. Escuchar a Emilia y a los demás hablar bien de “Natsuki Subaru” era un sufrimiento complejo, pero que Ram dedicara tantas palabras a insultarlo… bueno, también era complicado.
En ese punto, Subaru decidió resignarse y escuchar todo lo que ella tuviera que decir.
—¿Qué más? ¿Piernas cortas, malo en recordar cosas, dieta poco saludable, cabezota?
—Tenía las piernas cortas, tenía mala memoria, tenía una dieta poco saludable y era un cabezota que no sabía cómo rendirse.
—Ya me lo imaginaba…
—…Y además, él quería mucho a Rem.
—…
De pronto, el tono de su voz cambió; la frialdad emocional de Ram se tiñó de color.
Era una voz cálida. Si tuviera que compararla con un color, sería un rosa suave, un tono tenue capaz de envolverlo todo.
En su forma de hablar sobre Rem, su hermana menor, se percibía una profunda ternura. Y al recordar los momentos en los que “Natsuki Subaru” estaba al lado de ella, se vislumbraba un afecto suave que aún no se había extinguido.
A tal punto que Subaru llegó a tener la ilusión de que el rosa era, en realidad, el color de la amabilidad.
—Barusu. Realmente has olvidado a Rem, ¿verdad?
—… Sí.
Los ojos de Ram se mantenían fijos en Subaru, sin apartarse. Era increíble, era muy respetable. En una situación así, al escuchar palabras que no querría oír, Subaru ya habría desviado la mirada. Sin embargo, Ram, no intentó apartar los ojos ni una sola vez.
—Barusu. Realmente recordarás a Rem otra vez, ¿verdad?
—Sí, la recordaré. No solo a Rem, sino a todos lo demás.
—Aunque no lo recuerdes todo, no sería tan malo. Simplemente debes recordar de nuevo a Rem.
—No digas locuras. Déjame recordarlo todo otra vez…
—Te lo repito. Aunque mueras, tienes que recordar a Rem.
—Sí, eso puedo jurarlo. Aunque muera, lo recordaré todo.
Literalmente: incluso si moría, lo recordaría todo.
Lo que “Natsuki Subaru” ha visto, lo que ha oído, lo que ha sentido, lo que ha construido y cómo ha llegado hasta aquí en este otro mundo… Natsuki Subaru lo recuperará todo.
—…Está bien. Por esta vez, te dejaré pasar.
Al escuchar su respuesta, la presión que emanaba de Ram se desvaneció de golpe.
Sintiendo el cambio, Subaru, todavía sentado con las piernas cruzadas en el suelo, preguntó: “¿Estás segura?”.
—Yo fui quien te lo pidió, pero ¿de verdad te basta con eso?
—Eres un hombre, ¿no? Acéptalo con naturalidad. He escuchado tu determinación, Barusu. Además, me has dicho que si te rendías, podía guisarte, quemarte, rebanarte, degollarte, mutilarte o golpearte a mi antojo. Si no te escuchara después de eso, se pondría en duda mi corazón de madre natural.
—No recuerdo haber oído nada después de lo de guisar y quemar…
—¿Has dicho algo?
—Nada.
Sacudiendo la cabeza lentamente, Subaru respondió a Ram con tono respetuoso.
Eso de “corazón de madre” era un alarde considerable pero, pensando en el refrán de que “incluso Buda se enfada si le tocan la cara tres veces “, Subaru ya había entrado en su quinto intento, algo que ni un santo perdonaría.
Si no podía aferrarse a los dioses, quizá entregar su juicio a un “corazón de madre” fuera una opción interesante.
—Levántate, Barusu. Ram no permitirá que te rindas ni te arrodilles
—No confundas sentarse en el suelo con esas cosas… ¡Aupa!
De un salto, Subaru se puso en pie, se sacudió el trasero y volvió a mirar a Ram.
Apoyada contra la pared, arreglándose la ropa desordenada y cruzándose de brazos, Ram volvía a ser la de siempre—o al menos, su postura hacía pensar que así era su normalidad—mientras le devolvía la mirada a Subaru.
—…¿Les dijiste lo mismo a las señoritas Emilia y Beatrice?
—Aquellas dos… no parecían ni considerar la posibilidad de que yo me rindiera.
—Es natural. Se les pegó lo peor de Barusu.
—Por eso no puedo pedírselo a ellas. Y con Julius y Echidna, por una cuestión de sentimientos, tampoco.
Además, probablemente las respuestas de ellos cuatro ya las había escuchado en el bucle anterior, a través del contacto que tuvo con cada uno.
Así que las respuestas que quedaban, tendría que confirmarlas a partir de ahora.
—Pero, ¿cómo decirte?… Según lo que cuentas, parece que el yo de hasta ayer tampoco era un tipo increíble.
—El valor de Barusu para mí cambia drásticamente dependiendo de si tienes o no los recuerdos de Rem. Cuida tu forma de hablar.
Soltando aquello con frialdad, Ram le dio la espalda a Subaru y comenzó a caminar. Se habían detenido demasiado tiempo en su trayecto por el agua; si regresaban con las manos vacías, solo conseguirían que Emilia y los demás se preocuparan innecesariamente.
Subaru, con el cubo en una mano, corrió tras Ram para ponerse a su lado. Y entonces…
—Yo estaba… “Natsuki Subaru” estaba realmente aquí, ¿verdad?
Preguntó Subaru en voz baja, mirando el perfil de Ram. Más que una confirmación, era una debilidad nacida de la ansiedad. Soltar algo así justo después de jurar que no se rendiría era, sin duda, inapropiado.
No habría sido extraño que Ram lo castigara por contradecirse antes siquiera de que se le secase la lengua.
—Qué tonto.
Pero Ram no hizo nada de eso. Sin detener el paso, lo insultó con una extraña ternura y añadió:
—Ahora mismo, simplemente se ha vuelto invisible temporalmente. Simplemente se siente como si se hubiera perdido por estar bajo un montón de muchas cosas acumuladas. Como flores enterradas bajo la fría nieve, y que volverán a ser visibles cuando llegue el deshielo. De seguro eso es todo.
Ram no mostró su rostro al decir aquello, y Subaru se sintió aliviado de que ella no pudiera ver el suyo. Después de haber intentado dárselas de valiente hace un momento, no podía dejar que lo viera con una expresión tan patética.
Por eso, el hecho de que Ram no dijera nada más ni intentara mirarlo hizo que, en ese preciso instante, Subaru la viera realmente como alguien con un corazón de madre.
5
La situación estaba cambiando drásticamente… o eso quería creer, aunque en realidad no fuera para tanto.
No era la primera vez que Subaru confesaba su pérdida de memoria y, aunque el desconcierto persistía, ya había visto antes cómo todos aceptaban el impacto, al menos en la superficie.
Sin embargo, cuando cambia la disposición del corazón y la forma de afrontar las cosas, también cambia la percepción que se tiene de los demás.
En el bucle anterior, Subaru sospechó de Emilia y los demás; analizó cada uno de sus movimientos, actitudes y palabras desde todos los ángulos posibles, convencido de que tramaban algo.
Pero, una vez eliminado ese filtro de sospecha, lo que aparecía en cada gesto, actitud y palabra era una profunda preocupación por él y, fundamentalmente, una severa autocrítica de ellos mismos.
En definitiva, se estaban controlando conscientemente para no angustiarlo. El hecho de que él hubiera percibido ese comportamiento como sospechoso o artificial no había sido más que un problema del propio Subaru.
—Hazlo bien. Hazlo bien de una vez, Natsuki Subaru…
Dándose ánimos a sí mismo, Subaru se quedó mirando fijamente la palma de su mano.
Es muy probable que la causa de la pérdida de memoria de Subaru resida en Taygeta. Superar los exámenes es importante, pero investigar el origen de su amnesia es una urgencia de primer orden.
Aunque es una situación que aún no se ha dado, si el resto empezara a perder la memoria uno tras otro, se llegaría al ridículo extremo de estar todos juntos diciendo: “Mucho gusto”.
Además, en realidad, no se podía permitir el lujo de actuar con calma.
—Tanto en la anterior como en la penúltima vez, la atalaya terminó hecha un desastre.
En el penúltimo bucle, Subaru encontró uno tras otro los cadáveres de sus compañeros—bueno, de todos excepto de Emilia y Beatrice—.
En el último, a diferencia de aquel, le tocó presenciar las muertes de sus amigos una por una, lo que dejó su corazón devastado y lleno de cicatrices.
Sin embargo, todas estas situaciones anormales son desastres que ocurrirán en la atalaya en un futuro no muy lejano. Subaru, como el único que conoce la peor de las tragedias, debe evitar que ocurran.
Hará todo lo que esté en su mano para lograrlo. Por eso, lo primero que hizo Subaru fue…
—…
Justo cuando Subaru se encontraba de pie en el borde de una zona elevada, sintió una leve respiración a sus espaldas.
Era una forma de ocultar la presencia adecuada, el tipo de rastro que uno podría detectar si prestara mucha atención. Subaru, aprovechando de forma casi tramposa sus conocimientos previos, lo percibió y se dio la vuelta en el último segundo.
—¡…!
—¡Ups! Cuidado. No te vayas a caer tú en mi lugar.
Las manos que se habían extendido hacia él solo atraparon el aire. Subaru sujetó rápidamente el cuerpo de la otra persona, que se tambaleaba hacia delante por el impulso, y la atrajo hacia atrás para que no cayera.
Su cuerpo era ligero. No con esa ligereza de tintes siniestros que había sentido en otras situaciones, sino con el peso apropiado para el aspecto de la chica. Sí, apropiado para ella.
—Bien, vamos a hablar. Vas a tener que hacerte responsable… por haberme matado.
Al decir esto, Subaru sonrió a la joven Meili cuyo codo había agarrado, comenzando así el clímax de este misterio de atrapar a la criminal que le había empujado dos veces en el pasado.
