Lo que Está por Venir
CAPÍTULO 2 Lo que Está por Venir
1
— …
Al verse sostenida tras haber estado a punto de caer por la escalera de caracol, Meili abrió los ojos de par en par.
Subaru le devolvió la mirada, incapaz de evitar que un torrente de sentimientos encontrados lo invadiera. Se alegraba de haber aprovechado el Retorno por Muerte para evitar la tragedia, pero eso también confirmaba que esta niña lo había empujado al vacío en dos bucles distintos.
La asesina que lo lanzó por la escalera para que muriera tras la caída… era Meili Portroute, la misma que en el bucle anterior fue eliminada prematuramente a manos de “Natsuki Subaru”.
— … Eso de hacerme responsable por haberte matado… vuelves a decir cosas muy raaaras, hermanito.
Aunque por un instante el desconcierto cruzó sus ojos, Meili relajó los labios de inmediato.
Con una sonrisa seductora, acarició con sus dedos el brazo de Subaru que rodeaba su cintura. Luego, cambió su posición para quedar frente a frente con él ante la escalera de caracol.
—A lo mejor, con eso de perder la memoria, se te han escapado otras cuantas cosas más, ¿sabeees? Si no, no estarías cometiendo un malentendido tan graaave.
—¿Malentendido?
—Sí, ¿a que sííí? Pensar que yo intentaría matar a hermanito es un malentendido horrible.
Con las manos entrelazadas tras la espalda, Meili sentenció aquello con una sonrisa inocente. Su actitud, fingiendo ignorancia con tanta entereza, logró que incluso Subaru perdiera un poco el impulso.
—No esperaba que intentara zafarse incluso después de haber sido pillada en plena escena del crimen. Sin embargo, si se trataba de “mí”—no, de Meili—, esa resistencia resulta comprensible.
Ella actúa de forma tenaz, si se quiere ver así, o de forma improvisada, si se prefiere ser crítico. Elegir la solución que ella considera óptima en cada momento: esa es la brújula que guía su forma de vida. En términos sencillos, es exactamente la naturaleza de una “bestia”. Seguramente porque recibió una influencia demasiado fuerte de aquel a quien tomó como modelo.
—Me ofende que sospeches de mííí. Porque, si de verdad quisiera matarlos, habría sido mucho más fácil en las dunas que en esta torre, ¿no creees? Ah, como no te acuerdas, a lo mejor no lo entieendes.
—Tienes razón. Ciertamente es algo extraño. Si hubieras querido matarnos desde el principio, habrías tenido muchísimas oportunidades. Pero no lo hiciste.
—¿Veees? Entonces…
—Pero la cosa cambia si el motivo para matarme brotó de repente esta mañana. O más bien, ¿sería más correcto decir que es una reacción en cadena que viene desde anoche?
—…
En cuanto Subaru llegó a ese punto, la expresión de Meili cambió. Tras apretar los labios, su sonrisa de suficiencia desapareció y dejó escapar un profundo suspiro. Entonces, con una actitud terriblemente cínica que no encajaba con su apariencia, se encogió de hombros.
—¿…Será que me han tendido una traaampa?
— ¿A qué te refieres con eso de trampa?
—¿Me has estado probandooo? Fingiendo que habías perdido la memoria para ver si yo intentaba empujarte… Como ya estamos en la torre, mi utilidad ha desapareciiiido, ¿no es cierto? Es el momento per-fec-to para deshacerse de mí.
Es triste ver a esta niña enumerando con los dedos las desventajas de su situación, una tras otra. En realidad, aunque no hubiera tanta mala fe, es cierto que Subaru había puesto a prueba el comportamiento de Meili.
Negar ese punto no cambiaría en nada la impresión de la chica. Sin embargo, había algo que sí podía negar categóricamente.
—Y entonces, ¿cómo piensas acabar conmigooo? Ya que estamos, ¿quieres vengarte empujándome desde aquí? Ahora que mis pobres animalitos no están conmiiigo, incluso alguien como tú podría liquidarme fááácilmente, ¿sabes?
—No te equivoques, Meili. Mi amnesia no es una mentira para engañarte. Es real, y por eso es algo bastante serio.
—Eso también es para echarse a temblar a su maneeera, pero… al final, ¿qué es lo que quieres hacer, hermanito? ¿Es que crees que la venganza no se siente de verdad si la víctima no opone resisteeencia?
— Uh…
Mientras hablaba, la niña se rodeó su delgado cuello con las manos y sacó la lengua. Por un instante, ante ese gesto, el corazón de Subaru dio un vuelco violento.
Pero no era que Meili recordara cómo había muerto; era simplemente una ironía, una metáfora visual de un asesinato. Pensándolo bien, esta pequeña asesina no dejaba de asestar golpes críticos a su estado emocional uno tras otro.
—No te recomiendo una forma de matar que se alargue demaaasiado. No es solo que yo no quiera sufriiir, es que a ti se te daría muy mal ocultar algo así…
Subaru, sin intención de devolverle esa clase de comentario, dijo:
—No tengo intención de matarte ni de hacerte daño. A partir de ahora, y a partir de mañana, pienso seguir tratándote exactamente igual que hasta ahora.
—… ¿Eh?
Ante la respuesta de Subaru, la expresión de Meili volvió a cambiar. Pero esta vez era una transformación radicalmente distinta a la de antes, cuando elegía la siguiente solución óptima al instante. Una confusión evidente recorrió su rostro y miró a Subaru con unos ojos llenos de incomprensión. Subaru asintió con firmeza ante esa mirada.
—Por suerte, he evitado tu crimen antes de que ocurriera, así que si nosotros, los implicados, lo mantenemos en secreto, podemos hacer como si nada hubiera pasado. Aunque claro, si solo lo esquivaba, podrías haber pensado en otra forma de matarme, así que necesitaba pillarte en el acto. Si piensas que tengo mal gusto por eso, no te lo niego. Lo siento.
—Ah… ¿Q-qué estás…?
—Pero bueno, con esto te habrá quedado claro, ¿no? Intentar hacerme algo es bastante arriesgado incluso para ti. Si aún así quieres seguir… pues eso. Al menos hablemos como es debido. Si estás insatisfecha, intentaré escucharte en la medida de lo posible…
—¿Insatisfecha? ¿Dices que me escucharás…?
De pronto, Meili murmuró con una voz pequeña y temblorosa. Entonces, apretó los labios con fuerza y:
—¡Lo qué es insatisfactorio es esta situacióóón! ¡No puedo creerlo!
A pesar de que Subaru agotaba sus palabras buscando un final pacífico, Meili le dirigió una mirada como si viera algo imposible y gritó:
—¡Increíble, increíble, no me lo creooo…!
Mientras gritaba, sus manos tocaban frenéticamente su trenza. Subaru podía percibirlo: era una defensa mental en medio de su caos, una manifestación de su dependencia hacia alguien que llevaba su mismo peinado.
—¡Hermanito, no entiendes lo que acabo de intentar hacerteee! ¡Si lo entendieras, no dirías algo tan raro! ¡Si no fuera así…!
Sus palabras se volvieron torpes y Meili empezó a insistir desesperadamente en lo antinatural de la situación.
Era la primera vez que Subaru veía a Meili tan fuera de sí. No, eso era mentira: ya la había visto así una vez, con total claridad, dentro del Libro de los Difuntos.
Anoche, tras encontrarse con Subaru en Taygeta, ella entró en pánico. Después de hablar con él, decidió asesinar al Natsuki Subaru que había perdido la memoria. Sin embargo, ese plan de asesinato improvisado debía de ser un arma de doble filo para ella.
El propio Subaru, que había muerto tras ser empujado al vacío, no tenía forma de saberlo, pero ¿cómo planeaba ella librarse de las sospechas tras su muerte?
Por supuesto, cabía la posibilidad de que la caída de Subaru se considerara un simple accidente, pero Subaru pensaba que Meili se había arriesgado demasiado. Ahora que conocía a Emilia, Beatrice y Ram, estaba convencido de que no dejarían pasar la verdad sobre su muerte tan fácilmente.
En ese caso, era inevitable que el crimen de Meili saliera a la luz. Ram, Julius o Echidna habrían descubierto la verdad de forma mucho más astuta que él, y sin necesidad de morir ni una sola vez. No creía que Meili fuera tan tonta como para no darse cuenta de eso.
Por lo tanto, esto era…
—Fue un acto impulsivo. Algo repentino.
No hubo intención de dar excusas ni esfuerzo por ocultar las pruebas. Meili simplemente no tuvo otra opción.
Porque asesinar se convierte en un hábito. Porque el camino que Meili había recorrido fue tan cruel que no se le ocurría ninguna otra alternativa para solucionar sus problemas.
—Simplemente tienes el hábito de matar. No se te ocurre otra forma de resolver las cosas. Y eso… no es culpa tuya.
—¡…! ¡No hables como si lo entendieraaas todo! Tú… ¿¡qué vas a saber de mí?!
—Te entiendo.
—…
Meili, que le había gritado con ferocidad, se quedó petrificada como si le hubieran echado un balde de agua fría encima. Mirándola directamente, Subaru sentenció con fuerza y claridad:
—Meili. Te entiendo. Quizás esto suene escalofriante, pero… en este mundo, seguramente no haya dos personas que te entiendan mejor que yo.
Subaru se encogió de hombros, y ante sus palabras, Meili puso una expresión de terror absoluto.
Subaru lo consideró normal, pero al mismo tiempo luchaba internamente por encontrar la forma de expresar ese retorcido “amor propio” que sentía hacia ella en lo más profundo de su pecho.
—…
Lo que venía a su mente era la tentación del “yo” que se había repetido una y otra vez. Esa voz que susurraba ante cada acción de Natsuki Subaru, intentando arrastrarlo una y otra vez hacia esa solución de problemas llamada “asesinato”, el peor acto posible pero el que menos cabos sueltos dejaba. La tentación del fantasma de la fallecida Meili Portroute, que se había fusionado con él al leer su Libro de los Difuntos…
—No, no es eso.
Subaru sacudió la cabeza, recriminándose a sí mismo por intentar echarle la culpa a la chica a la que él mismo había matado.
Aquella voz que le susurraba constantemente en el bucle anterior, aprovechándose de sus dudas y su paranoia… en este bucle, no la había oído ni una sola vez. No, ya nunca volvería a oírla.
Llegados a este punto, era una locura.
—Mira la confusión y la angustia de la chica que tienes delante. Y, sobre todo, recuerda el Libro de los Difuntos de Meili que tú mismo viste.
Al pensar en la agonía que Meili cargaba sobre sus hombros, resultaba imposible que ella albergara una personalidad que incitara al asesinato de forma tan conveniente.
Aquello no había sido la Meili con la que se había fusionado a través del Libro de los Difuntos.
Había sido un engaño proyectado por la propia debilidad del corazón de Subaru.
Como prueba de ello, la chica de esa voz no se había mostrado ante Subaru ni una sola vez.
—…
De manera unilateral, Subaru había revivido la vida de Meili a través del Libro de los Difuntos.
Había sido testigo de sus días desde que tuvo uso de razón; desde que estableció su propio ego y definió su forma de ser, hasta que su vida —que no podría decirse que fuera larga— fue cerrada de forma irracional.
En esos días residía un vacío que nadie más podía percibir, una experiencia de “terror” comparable a ese inmenso agujero negro y, sobre todo, un único sentimiento que brillaba con fuerza.
El nombre de ese sentimiento era…
—Elsa Granhiert.
—¡…!
—Ese es el motivo por la que intentaste matarme, ¿cierto?
En el instante en que pronunció ese nombre, la reacción de Meili fue dramática.
Su expresión, antes adorable y delicada, se retorció de dolor, y sus ojos verde amarillento se abrieron hasta el límite.
Era la ira de ver cómo alguien irrumpía en un lugar donde no quería ser tocada… no, en un lugar donde jamás permitiría que un extraño entrara con los pies sucios.
Y, para evitar que siguieran pisoteando su interior, Meili actuó.
No hubo tiempo de detenerla.
—¡Nadie… sabe nada de mííí!
Mientras gritaba, las lágrimas brotaron de sus ojos y resbalaron por sus mejillas. Meili dio media vuelta y se lanzó hacia un lado.
Fue un movimiento destinado a arruinarlo todo, justo cuando acababa de salvarse de caer. Para ocultar lo que guardaba en su pecho, la niña se arrojó voluntariamente al vacío de la espiral, como si quisiera ser devorada por él.
2
Si lo pensamos bien, Elsa Granhiert debió de ser una mujer fuera de lo común.
—Me han ordenado que te lleve de vuelta. Así que vendrás conmigo.
No es que ella fuera el tipo de persona capaz de elegir qué le gustaba o qué detestaba, pero aun así, aquel encuentro fue nefasto. No había ni un solo elemento en Elsa que pudiera llegar a agradarle.
Elsa masacró a las mabestias que, a duras penas, habían protegido a la niña cuando ella no tenía nada, y se la llevó del bosque por la fuerza.
Con total indiferencia, diciendo que lo hacía solo porque era una orden y sin darle la menor importancia al hecho de haber matado a las mabestias que la acompañaban… En ese momento, la niña decidió que mataría a Elsa.
Una y otra vez, una y otra vez buscó la oportunidad de asesinarla, hundiendo sus colmillos en aquel cuello…
—¿…? ¿Qué pasa? Para ya, que me das cosquillas.
Mirando hacia abajo a la niña que le mordía el cuello, Elsa habló como si no sintiera el más mínimo dolor ni molestia.
Era una niña esquelética, malnutrida. Tras ser sacada del bosque, se resistía a que lavaran su cuerpo con agua caliente y se negaba a ponerse ropas con volantes, intentando ejecutar su sed de sangre a cada paso. Elsa, con rostro aburrido, simplemente apartaba y despreciaba aquel deseo de venganza.
Cada vez que eso ocurría, la niña temblaba presa de una emoción que no lograba poner en palabras, con el alma ardiendo en deseos de venganza. Aunque, más que “no lograr poner en palabras”, lo más apropiado sería decir que no conocía las palabras.
Se despojaba de las ropas que le daban y, exponiendo su cuerpo desnudo, seguía acechando a Elsa. Las bestias no tienen la costumbre de vestirse; solo necesitan aquello con lo que han nacido.
—¿Por eso intentas recuperar esos harapos tan sucios? Yo tampoco soy de las que se preocupan demasiado por la vestimenta, pero tú sí que eres una criaturita pe-cu-li-ar.
—¡Au, aooouu, auuuu…!
—Qué temperamento tan fuerte. Dime… Meili…
Meili, dijo.
Así fue como Elsa empezó a llamarla, mientras la niña persistía en desafiarla una y otra vez para recuperar lo que le habían arrebatado o para vengar a sus camaradas asesinados.
—Parece que ese es tu nombre. Fue un poco difícil de notar, pero estaba bordado en esos harapos… Quizás pertenecía a otra persona, pero será un inconveniente si no tengo cómo llamarte. Por eso…
Continuó Elsa con una sonrisa seductora:
—Tú serás Meili. Yo he decidido llamarte así, ¿está bien?
Se podría pensar que Elsa Granhiert era una mujer detestable.
—Deja de obedecer ciegamente todo lo que diga esa persona. Si lo haces, me temo que ninguna cantidad de vidas será suficiente para ti… excepto si estás a mi lado.
Había tenido su primer encuentro con “Madre”, y allí recibió su primera “disciplina”. En cuanto las manos de “Madre” la tocaron, la niña —Meili— sintió en carne propia cómo era transformada en una existencia distinta a sí misma.
Se convirtió en bestia. Se convirtió en ave. En pez. En insecto. Experimentó cómo era convertida en una existencia indescriptible, reducida a una simple masa de carne.
Pero lo más extremo fue la experiencia de sentir su propia existencia fragmentándose en innumerables partes.
La niña llamada Meili fue transformada en más de un centenar de ranas, cada una con voluntad propia, saltando a su antojo… El terror de sentir que desaparecía y que jamás volvería a recuperarse quedó grabado a fuego en su alma.
Jamás volvió a pensar en rebelarse contra “Madre”. Una obediencia absoluta dominó su corazón: el deseo de no volver a probar nunca más aquella “disciplina”. Y entonces, acercándose a Meili…
—¿Estás temblando? Me pregunto si tendrás frííío.
Ladeando un poco la cabeza, aquella chica de cabellos negros que no hacía el más mínimo esfuerzo por comprender sus sentimientos le resultó profundamente detestable. Mientras Meili castañeaba los dientes, dominada por un terror que no se desvanecía, Elsa se sentó a su lado, la rodeó con el brazo por los hombros y permaneció allí, junto a ella, sin decir nada en especial.

No podía decirle que no temblaba por el frío; solo sentía una frustración insoportable.
Por eso…
—¿…? Te he dicho que pares, me das cosquillas.
Por eso, Meili hundió sus colmillos en el cuello de Elsa mientras esta la abrazaba.
Si lo pensamos bien, Elsa Granhiert era una mujer espantosa.
—Meili, es un fastidio… ¿podrías trenzarme el cabello?
Elsa que era una muchacha se convirtió en mujer, y Meili, que era una bestia, se convirtió en una niña. Los años pasaron casi sin darse cuenta y, aun así, Elsa permaneció a su lado.
Aprendió a hablar. Su forma de hablar la copió de Elsa.
Llevaba ropa, como era debido. Su gusto por la moda lo copió de Elsa.
Cumplía con su trabajo a la perfección. Su metodología la copió de Elsa.
Y, por supuesto, le ocultó todo eso a ella.
—¿Meili? ¿Me estás escuchando? Te he pedido que te encargues de mi cabello.
—Síii, te escucho. De verdad, Elsa, qué de-sas-tre eres.
Sentada junto a ella en un sofá mullido, resopló mientras Elsa apoyaba la cabeza en su hombro. Con su larga cabellera negra suelta, Elsa parecía mucho más despreocupada de lo habitual.
Esa actitud, tan llena de puntos ciegos, le resultaba extrañamente irritante.
—Ñam.
—¿…? Te he dicho que me das cosquillas.
Tal como lo había hecho infinidad de veces, hundió sus colmillos en la nuca de Elsa.
Podía morder con más fuerza, desgarrar la piel y hacer que sintiera dolor si quisiera. Ya no era la Meili débil y debilucha de cuando se conocieron. Ahora comía bien, sabía hablar, tenía un nombre y conocía a Elsa; por eso…
—¡Ñam!
—…Qué niña más rara.
Mirándola de reojo mientras le mordía el cuello, Elsa relajó los labios y se dejó “vengar” sin oponer resistencia.
Elsa era una mujer fuera de lo común. Era una mujer detestable. Y también era una mujer espantosa.
Deseaba que no hubiera desaparecido después de haberse vuelto tan importante para ella. De forma increíble, detestable y espantosa, ella era una parte integral de su vida. Llamarlo “una parte” era quedarse corto; su existencia era demasiado inmensa para definirla así.
Por eso, antes de permitir que alguien sacara eso a la luz, antes de que lo pisotearan, antes de que asesinaran de nuevo el recuerdo de Elsa Granhiert… Meili Portroute prefirió…
3
—…Habría sido mucho, mucho mejor si me hubieras dejado terminar con esto en paz.
—Ah, lo siento. Pero, aunque nos quitamos los zapatos al entrar en casa de alguien, irrumpir sin reparos en el corazón ajeno es la costumbre de la familia Natsuki.
Abierto, imponente y valiente: Natsuki Kenichi. Con un ritmo propio inquebrantable y capaz de soltar frases fuera de lugar una tras otra, pero sin perder jamás de vista el núcleo de las cosas: Natsuki Naoko.
Como un miembro más de esa familia Natsuki, Subaru entró con los pies sucios en el corazón de la pequeña asesina.
—…
Meili se dejó llevar, con las extremidades lánguidas y sin fuerza. Mientras la sostenía rodeando su cintura con un brazo, Subaru apretó los dientes y volvió a tensar el látigo de su mano izquierda, que estaba enganchado en el borde del saliente.
En medio de su conversación, en el instante en que el nombre de Elsa salió a la luz, Meili se había dado la vuelta para lanzarse hacia su propia muerte.
Su movimiento fue tan ágil que no hubo tiempo de detenerla. Por eso, Subaru utilizó la medida que había preparado de antemano por si ella intentaba saltar.
—Te lo dije, ¿no? Que en este mundo, yo soy quien mejor te entiende.
—…Me das asco.
—No digas eso. Sé que como frase para ligar es bastante cuestionable, incluso para mí.
Subaru esbozó una sonrisa amarga. Pero, aunque ella lo detestara o lo rechazara, la realidad era la realidad y no había vuelta de hoja. Él podía sentir los sentimientos de ella hasta que le dolían.
El factor que radicaba en lo más profundo del corazón de Meili y que la impulsaba a cometer actos atroces de forma impulsiva… Una oscura asesina a la que Natsuki Subaru no conocía, pero que sentía como alguien terriblemente cercano.
—…
Al pensar en ella, lo que brotaba en su corazón era alivio y anhelo, pesar e ira, y un gran vacío. Los sentimientos que Meili albergaba hacia ella eran así de complejos y, a la vez, extremadamente simples.
Meili admiraba a Elsa, la amaba y anhelaba ser como ella. Por eso, al arrebatársela, sintió tristeza, agonía y odio; y de esa desesperación, nació su instinto asesino.
Haber acompañado a Subaru y a los demás en su viaje sin mostrar ni un ápice de resentimiento no fue una actuación magistral por venganza. Ella no era tan hábil como para algo así.
Al contrario, se podría decir que la torpeza de Meili era absoluta.
Incapaz de albergar los sentimientos “apropiados”—incluso hacia Subaru y el grupo, a quienes debería odiar como enemigos mortales—, Meili simplemente no lo entendía.
No entendía lo valioso que era para ella aquello que había perdido.
Era una niña triste, tan ignorante de sus propias emociones que ni siquiera comprendía la profundidad de las heridas de su corazón. Una asesina “criada” por su entorno; eso era Meili Portroute.
—¿Quieres vengarte?
—…No lo sééé.
—Aunque ese sea el caso, Elsa era…
—No querría algo como eso. Lo sééé.
Ante la pregunta de Subaru, Meili negó con la cabeza dos veces seguidas.
Subaru entendía los sentimientos de Meili. Y Meili entendía que las palabras de Subaru daban en el blanco.
En esta situación, Meili y Subaru estaban en igualdad de condiciones.
—…¿Por qué el hermanito intenta ayudarmeee?
—…
—Yo intenté… eso es algo que ya sabías incluso antes de que saltara, ¿nooo? Por eso es raro. El hermanito es muuuy raro.
—Sí, estoy de acuerdo. Pero… si desapareces, mi mundo—en el que apenas recuerdo nada— se volvería un poco más solitario. Supongo que es por eso.
La niña, que había dejado su cuerpo lánguido dispuesta a aceptar incluso la muerte, se mordió el labio.
La respuesta de Subaru seguramente no era la que ella deseaba. Y, sin embargo, Subaru no podía darle la respuesta que ella anhelaba. Esa respuesta pertenecía a una motivación y a una historia que él no conocía.
Lo que ella realmente deseaba eran las palabras de un ser querido al que ya nunca volvería a ver.
—Pero ya no hay oportunidad de volver a escuchar esa voz en ninguna parte.
—…
—Incluso si encontraras ese nombre en unLibro de los Difuntos, no podría hablar del futuro.
Por eso, resultaba triste verla así: abrumada por sus propias emociones, perdida en un callejón sin salida sin saber cuál era la respuesta correcta, y sin más herramientas para despejar sus dudas que el “asesinato”.
Al mismo tiempo, Subaru sintió incluso odio hacia un mundo que no le había dado a Meili más opciones que esa.
Ni siquiera la forma de vida de Elsa, a quien Meili tanto anhelaba, podía cambiar ese hecho.
Elsa pudo haber sido una luz para Meili, pero caminar por la senda iluminada por esa luz era demasiado cruel para un ser humano normal.
—Sé que tus sentimientos te sobrepasan. Pero la respuesta a eso probablemente no sea algo que podamos encontrar aquí de inmediato. Por eso…
—…
—Déjame esto a mí por ahora. No dejaré que las cosas terminen mal. Al menos, me esforzaré para que no sea así… si tú también estás dispuesta a querer eso.
—…Es increíbleee. El hermanito puede decir cualquier cosa solo con la boquiiiita.
Incluso tras escuchar la persuasión de Subaru, Meili mantuvo la cabeza gacha y no asintió fácilmente.
Era natural. Aquello era una petición para que encontrara una forma de existir que no figuraba en el diccionario de la vida que había cultivado hasta ahora.
Para colmo, quien se lo proponía era un Natsuki Subaru que, por alguna razón inexplicable, le soltaba un sermón con una cara de saber perfectamente por lo que ella estaba pasando.
Incluso para el propio Subaru, la sospecha que él mismo generaba era asombrosa: un tipo que, sabiendo que lo iban a empujar, atrae a alguien a un lugar así. Por eso, imaginando que ella diría algo parecido, ya tenía preparada una medida de contingencia.
—Si dices que no te fías de mi boquita, es algo sobre lo que debo reflexionar. Por lo visto, el “yo” de ayer era un delincuente habitual en lo de romper promesas. Por eso…
—¿Por eso…?
—En lugar de hacer una promesa entre tú y yo, hagamos una promesa entre tú y nosotros.
—…
Al soltar eso, Meili frunció el ceño sin entender la intención. Sin embargo, la respuesta a su duda se aclaró de inmediato.
—Mmm, está bien. Yo también lo he escuchado todo, así que seré testigo de la promesa.
—¡…!
Al oír esa voz, Meili dio un respingo y levantó la mirada con asombro. Frente a ella apareció una joven que sujetaba el látigo enganchado en la escalera de caracol: Emilia.
Haciendo fuerza con sus delgados brazos, tiró de ambos hacia arriba con una facilidad sorprendente. Una vez a salvo tras haber estado suspendidos en el vacío, Subaru saludó a Emilia con la mano.
—Me has salvado, Emilita… Para ser sincero, sentí que la vida se me escapaba.
—¡Esa es mi frase! ¡De verdad, no pensé que saltarías con ella, sentí que el corazón se me salía del pecho!
Emilia apartó la cara con un gesto molesto, recriminando la temeridad de Subaru. Ante tal desplante, él no tuvo excusa y se rascó la cabeza con aire patético. Mientras tanto, a su lado, Meili permanecía arrodillada en la escalera con los ojos temblorosos.
—Hermana mayor… ¿lo has… escuchado todooo…?
—Sí. Subaru me pidió que estuviera presente. Me dijo que… quería que te ayudara si te ponías en peligro. Y así ha sido.
Emilia volvió a fruncir los labios, mirando a Subaru como reprochándole su imprudencia. Al recibir esas palabras, Meili se señaló a sí misma sin salir de su asombro.
—¿Que me ayudara si yo estaba en peligro…? ¿No si el hermanito lo estaba…?
—Sí, si Meili estaba en peligro. Eso era lo que querías, ¿verdad, Subaru?
—Ah, sí. Ese era el único factor que de verdad me tenía intranquilo.
Si sabía que lo iban a empujar, Subaru tenía confianza en evitar el crimen de Meili. Y si la acorralaba, también visualizaba la posibilidad de que ella intentara quitarse la vida.
De hecho, había logrado evitar ambas cosas, pero el mayor obstáculo para Subaru era la conducta de “Natsuki Subaru”.
Esa existencia atroz que había dejado innumerables firmas de “Natsuki Subaru estuvo aquí”.
—No tenía la certeza de si ese “Natsuki Subaru” le haría algo a Meili. Si el crimen de “Natsuki Subaru” en el bucle donde Meili murió había sido un acto de defensa propia contra ella, no había garantías de que, tras atraparla en el acto, ese “otro yo” no actuara en contra de su voluntad.
Por eso, Subaru decidió confiar el problema a alguien claramente más fuerte que él. Incluso si perdía el conocimiento y “Natsuki Subaru” emergía en su lugar, estaba convencido de que Emilia—no, de que sus compañeros—sabrían cómo manejarlo.
—Escucha, Meili. Creo en lo que Subaru dijo. Si Meili no puede creer en eso, debería bastar con que lo vigilemos cuidadosamente. Y, si rompe su promesa, me enojaré junto contigo.
—¿Vigilar… al hermanito? Eso es raro. No tiene sentido. Se supone que quienes deberían vigilarme son el hermanito y la hermana mayor…
—Si Meili quiere hacer algo malo, eso solo podría ser después de que Subaru en verdad rompa la promesa que te hizo. Hasta que suceda, ¿no sería justo vigilar si la rompe o no?
—…
Meili quedó sumamente desconcertada ante un argumento que se le presentó como una lógica impecable. Ante la niña, que aún no lograba domar su propia confusión, Subaru intervino con un “en pocas palabras”:
—Estuviste a punto de cometer un error, pero gracias el NICE SAVE de Emilita y mía, logramos evitarlo. Eso significa que tienes una oportunidad para aprender qué es lo que debiste haber hecho. En esa oportunidad, veremos si eres capaz de encontrar un camino que no sea matarme… Hagamos una apuesta.
—¿Una apuesta…?
—Cuando pongas en orden tus muy confusos sentimientos, piensa en si todavía quieres matarme o si cambias de parecer. Yo también me esforzaré para darte lecciones sobre moralidad.
Subaru sonrió con cierta inseguridad, ofreciendo ese camino ante la perplejidad de Meili. Siendo honestos, probablemente no era más que una intromisión no deseada. Meili tenía una forma de vida que había cultivado hasta ahora, y Subaru intentaba añadirle una nueva posibilidad por cuenta propia.
Sin embargo, si ella rechazaba eso, su camino en esta torre de arena quedaría sellado. Con la forma de ser que había mantenido hasta entonces, no podría superar esta torre junto a ellos. Y además…
—No permitiré que te rindas. No sé ni cuántos años tienes, pero… cuando yo tenía tu edad, tenía adultos a mi alrededor todo el tiempo para ayudarme.
—…
—Por eso, aunque me detestes, voy a intentar ayudarte. Eres demasiado “adorable” como para rechazar las manos de quienes te rodean solo porque no sabes qué hacer.
Dicho esto, Subaru puso sus manos bajo las axilas de Meili y levantó su ligero cuerpo para ponerla en pie. Al ser levantada y sentir el suelo bajo sus pies, el cuerpo de Meili se estremeció.
Mientras ella lo observaba con ojos cargados de ansiedad, Subaru acarició su cabeza con la mayor delicadeza posible.
No iba a apretar ese cuello delgado. Le presentaría a “Natsuki Subaru” una solución distinta. Meili era una niña que no tenía ninguna necesidad de morir. Y entonces…
—Te pido de corazón que deposites tu confianza en Subaru… Confía en nosotros, Meili.
—Ah…
Mientras Subaru acariciaba su cabeza y ella permanecía inmóvil, Emilia abrazó a Meili desde atrás. Envuelta por esa calidez, Meili se mordió levemente el labio mientras Emilia acercaba su mejilla a la suya.
—Esta torre de arena es un lugar demasiado estrecho para que tomes una decisión tan importante.
—…
—Sal de aquí y encuentra tu respuesta en un lugar mucho más amplio. Nosotros también nos esforzaremos muuuucho por ayudarte.
No era bueno para su educación dejar que esas emociones sin rumbo se consumieran en un espacio tan cerrado. Incluso eligiendo sus palabras, Subaru solo podía pensar en términos similares, pero Emilia lo expresó con dulzura y una sinceridad profunda.
Al escucharla, Meili dejó vagar su mirada varias veces, como si estuviera reflexionando profundamente, hasta que finalmente murmuró:
—No quiero… olvidar a Elsaaa.
—Sí, está bien. No tienes por qué olvidar a la persona que quieres. Aunque, bueno…
Subaru cortó sus palabras y pensó en la bella mujer vestida de negro que había visto en el Libro de los Difuntos.
Era una impresión verdaderamente extraña. A pesar de no haber tenido contacto directo con ella, Subaru sentía una familiaridad casi íntima, como si la conociera de toda la vida. Ante el recuerdo de aquella mujer, y sin saber muy bien por qué, Subaru se acarició el abdomen de forma inconsciente mientras decía:
—… Aunque sea alguien que amas, desearía que no imites su manera de hacer las cosas.
Fue una petición que soltó casi sin fuerzas, como un ruego.
Pasaron muchos segundos, un silencio denso y cargado de dudas, hasta que Meili, aún sin fuerzas y con la vacilación grabada en el rostro, finalmente asintió, débilmente.
4
—Eso me puso realmente de los nervios, de hecho. Pero tuve que contenerme firmemente porque me lo pidió Subaru, supongo
—El Gran Maestro es superinvencible. Yo no estaba preocupada ni nada. De hecho, pensé que quizás la pequeñaja número dos estallaría en pedacitos de carne cuanto se puso detrás del Gran Maestro.
—Ah… eh…
Al ver los rostros que subían lentamente por la escalera de caracol mientras intercambiaban aquellas palabras, las pálidas mejillas de Meili se tiñeron de rojo y sus labios se abrieron y cerraron sin que lograra articular palabra.
Ignorando momentáneamente la reacción de Meili, Subaru levantó una mano hacia las siluetas en la escalera con un “hola”.
—Gracias por cubrirme las espaldas. Me alivia haber podido evitar la caída.
—…Por mucho que fueran tus órdenes, de haber caído de verdad, no sé si te habría perdonado. Así que, en ese aspecto, también has tenido suerte, supongo.
Beatrice resopló mientras se sujetaba el dobladillo del vestido. Tras ella venía Shaula con las manos entrelazadas tras la nuca; ambas habían estado esperando pacientemente en el nivel inferior bajo las instrucciones de Subaru.
—¿Qu-qu-qué…? ¿Hermanito? Esas dos… ¿qué significa estooo…?
Meili se volvió hacia Subaru, totalmente estupefacta ante la presencia de Beatrice y Shaula. Ante la agitación de la niña, que parecía gritar que “nadie le había avisado de esto”, Subaru se cruzó de brazos.
—A ver, no es por nada, pero el plan de saltar juntos queda muy heroico, pero si fallamos por un milímetro, habríamos muerto los dos, ¿no? Y eso era un poco peligroso.
—Pe-pero, ¡si la hermana mayor también nos estaba vigilaaaando…!
—Sé que Emilita es mucho más POWERFUL de lo que sugiere su adorable aspecto, pero siempre existe el “por si acaso”. Si por un descuido Emilita también se hubiera caído con nosotros, no sería nada gracioso.
De hecho, en el final del bucle anterior, Subaru había muerto mientras caía junto a Emilia. La había estrechado entre sus brazos, pero no pudo salvarla. Ese recuerdo estaba profundamente clavado en su corazón.
—Por eso tomé medidas para que ese “por si acaso” no ocurriera. Si ellas dos—Beatrice y Shaula—estaban mirando desde abajo, calculé que estaríamos a salvo.
—Hacer tanto esfuerzo… habrías tenido un camino mucho más simple e inteligente, ¿nooo?
Meili murmuró con la mirada baja tras escuchar la explicación. La humillación de haber sido vista en un momento tan vulnerable se estaba desvaneciendo, reemplazada por una sensación de incomodidad y torpeza.
Ante sus palabras, Subaru se rascó la mejilla con un dedo y asintió.
—Tienes razón. Creo que había caminos mucho más inteligentes y sencillos. Pero…
—¿Perooo…?
—Al nivel en que opera mi mente, sencillez y compromiso son dos caras de una misma moneda, y la inteligencia va de la mano con el juego sucio. Yo… sí, no quería recurrir al compromiso ni al juego sucio.
Al oír aquello, las pupilas de Meili se contrajeron y se mordió levemente el labio.
Subaru contempló la escena con una sonrisa amarga y apretó los puños con fuerza. Había decidido que lo arreglaría todo. Había deseado que todo saliera bien. Y para lograrlo, estaba dispuesto a hacer absolutamente todo lo que estuviera en sus manos.
—Por eso, no dudaré ni un segundo en pedirle ayuda a Emilita, ni a Beatrice o a las demás.
—Sí, es cierto. A mí también me sorprendió cuando Subaru me lo contó por primera vez.
Quien habló fue Emilia, que seguía abrazando a Meili desde atrás. Apoyó la barbilla en el hombro de la pequeña y dirigió una mirada suave hacia Subaru.
—Pero se notaba a leguas que Subaru hablaba muuuuy en serio. Y además…
—¿Y además?
—…Me alegré de que Subaru lo consultara conmigo. Porque Subaru siempre hace muchos preparativos que llegan a su fin justo cuando me doy cuenta.
A esa mirada hacia arriba se le sumó una sonrisa, y Subaru sintió que se le cortaba el aliento ante la chica de los ojos amatistas. Con las mejillas rígidas por la emoción, Subaru la observó mientras ella, relajando el rostro, asentía con dulzura.
—Por eso, me alegró mucho que esta vez me preguntaras qué hacer y me dejaras pensar junto a ti desde el principio. Je, je, suena un poco raro, ¿verdad?
—…No sirve de nada decirlo ahora, pero el “yo” de ayer me cae realmente mal. Aunque bueno, si el hecho de que yo pueda ver esa cara y escuchar esa voz es un privilegio mío, quizá la frase correcta sea “tómate esa” para mi yo del pasado… ¿Tú qué crees, Emilita?
—Lo siento. No tengo ni la menor idea de qué estás hablando.
Con una sonrisa imperturbable, Emilia despachó su tontería con total naturalidad, haciendo que Subaru bajara los hombros, derrotado. En ese momento, las otras dos terminaron de subir las escaleras y se unieron al grupo.
—Reitero, me alivia mucho que no haya pasado nada, supongo.
—Decir que no pasó nada sería un pelín inexacto. Considerando los grandes cambios ocurridos en la consciencia de Meili… pues sí pasó algo
—¡O~h, como era de esperarse del Gran Maestro! No entendí nadota de lo que dijo, pero cuando se trata de dar superbuenas vibras, ¡no hay nadie más genial!
—Tú… ¿de verdad me tienes un poquito de respeto?
Shaula parecía estar en un estado de admiración constante por puro acto reflejo, pero lo cierto era que ella fue la primera en apoyarlo cuando Subaru consultó su deseo de ayudar a Meili.
Por supuesto, lo hizo sin pensar demasiado, con la única idea de respaldar lo que él quisiera hacer, pero su presencia era sin duda una gran ayuda.
—Oye, Beatricita… ¿no estás… enfadada conmigooo?
—Por supuesto que estoy enfadada, supongo. Pero te detuviste justo antes de que Betty perdiera los estribos por completo. Teniendo en cuenta lo de las dunas, daré esto por saldado, supongo.
—…
—¡No obstante! Lo que queda saldado con esto es solo lo ocurrido en este viaje. Todavía tienes pendiente el pecado de haber quemado la antigua Mansión junto con mi Biblioteca Prohibida, supongo. Mientras eso siga ahí, Beatrice no te perdonará en un buen tiempo, de hecho..
Beatrice se cruzó de brazos y respondió a la pregunta de Meili con mirada severa. Meili contuvo el aliento, pero enseguida Emilia soltó una risita.
—Es un poco difícil de notar, pero como Beatrice ha dicho “en un buen tiempo”, significa que si Meili se porta bien, terminará perdonándola. ¿Verdad que es muuuy buena?
—¡Emilia! ¡No digas cosas innecesarias, supongo!
—… Iré con tanto cuidado como puedaaa.
Ante la revelación de sus verdaderos sentimientos, Beatrice se puso roja mientras Emilia le sonreía. Al ver la escena, Meili respondió con esa frase en voz baja.
Presenciando la escena, Subaru asintió con la cabeza varias veces satisfecho.
Por fin podía decirse que había habido un avance real y tangible.
Al menos, se había logrado impedir que la niña se viera arrastrada a intentar asesinar a Subaru por desesperación. Aunque esto fuera solo una de las muchas tragedias que acechaban en la torre…
—Entonces, Gran Maestro, ¿está superseguro de esto?
—¿Mm?
Mientras estaba sumido en sus pensamientos, Shaula, que se había colocado justo a su lado, le habló con naturalidad.
Ella observaba con los ojos entrecerrados la escena de Emilia mediando entre Beatrice y Meili.
—Es la niña que intentó que el Gran Maestro estirara la patita, ¿sabes? ¿De verdad no va a haber supercastigo ni nada?
—No me vengas con cosas tan truculentas… Está bien. Si hablamos de castigos, Meili ya ha recibido lo suyo. El problema es que nadie le había enseñado por qué se reciben esos castigos, y por eso estaba así. Se lo enseñaremos de ahora en adelante.
—Aunque diga eso, Gran Maestro, ¿y si eso lleva a que intente matarle otra vez?
—Eso sucederá si soy malísimo enseñando. Pero, como no seré el único haciéndolo…
Subaru respondió así ante la insistencia de Shaula.
Si le pidieran a él solo que cambiara los valores éticos de una asesina cultivados desde la infancia, sería extremadamente difícil; sinceramente, no es una responsabilidad que pudiera cargar por completo sobre sus hombros.
Sin embargo, Subaru no tiene la intención de hacerlo todo él mismo.
Para detener los actos de Meili, ya había confiado en Emilia y las demás. Para lo que venga después, también contará con la ayuda de Emilia y Beatrice.
—Desde luego, también contaré con tu ayuda, Shaula. Porque va a ser un largo camino en el que ella cuestionará valores como persona.
—…¿Yo también?
—Pues claro. Tú eres… bueno, contigo hay un poco de riesgo de que seas un mal ejemplo, pero no te voy a dejar fuera. Tienes un cuerpo que rebosa maternidad, así que contribuye con eso para romper el corazón obstinado de Meili.
Ante una Shaula que se señalaba a sí misma con asombro, Subaru se encogió de hombros con tono familiar.
No entendía por qué se sorprendía tanto, pero tratándose de ella y sus reacciones exageradas, Subaru no le dio más vueltas.
Frente a él, Shaula se apretó las mejillas con las manos.
—Conque yo también. Yo también, juntos, con el Gran Maestro, yo también… Ee~h, eee~h. Eeee~h.
—Eeh… ¿qué te pasa…?
—¡Supernada! ¡Lo he decidido! ¡Tal y como el Gran Maestro ordenó, criaré a esa pequeñaja número dos hasta convertirla en una persona hecha y derecha!
Con el rostro iluminado, Shaula salió corriendo hacia donde estaban Emilia y las demás. Alzó el pequeño cuerpo de Meili sin esfuerzo y lo estrechó contra su exuberante pecho.
—¡¿Kyaaa?! ¡¿Qu-qué pasa, medio desnuda?! ¡Me has asustadooo!
—Está bien, está bien, ¡puedes mimarte conmigo todo lo que quieras, enana número Dos! ¡Mis pechos son propiedad del Gran Maestro, pero por ahora compartiré un poco contigo!
—¡Oye, ¿hermanito?! ¡Seguro que le has vuelto a meter ideas raras a la medio desnudaaa!
Meili, zarandeada a merced de Shaula, alzó la voz convencida de que era culpa de Subaru.
—Bueno, bueno… tómalo como el precio por habernos preocupado a todos y déjate querer.
—…Qué desastre, no tienen remedioo. Está bien, lo dejaré pasaar. Pero nadie más debe saber lo que pasó aquííí.
Dicho esto, Meili infló las mejillas mientras seguía atrapada entre los pechos de Shaula. Sin embargo, ante sus palabras, Subaru soltó un “Ah…” mientras se rascaba la cabeza con aire culpable.
Al ver esa reacción, Meili frunció el ceño, pero fue Emilia quien respondió en lugar de Subaru:
—Verás, Meili… esto es muuuuy difícil de decir, pero…
—…Tengo un mal presentimiento sobre estooo.
Si el mal presentimiento de Meili dio en el blanco o no, fue algo que quedó claro de inmediato por su reacción ante las siguientes palabras de Emilia.
Y es que…
—Ram y los demás, aunque no estén aquí ahora mismo, también escucharon con atención el plan de Subaru.
Meili puso una mueca de horror absoluto.
5
—Ya veo. Parece que todo se resolvió sin problemas. Nada mal, digno de elogio.
Al regresar al salón principal—el lugar que usaban para comer y reunirse y al que llamaremos “la gran sala”—, el primer recibimiento que obtuvo el grupo de Subaru fue el de Ram, de pie con las manos en la cadera en una pose imponente.
Ese comentario inicial era, probablemente, la máxima expresión de elogio de Ram. Subaru, que se había arriesgado mucho al hablar con tanta seguridad sobre Meili, respiró aliviado al ver que sus palabras no se habían quedado en una vana fanfarronería.
—Quizá esté de más decirlo, pero ella ha estado todo este tiempo de pie esperando que regresaran.
—…Eso en verdad estaba de más. Modérate, Echidna.
—En cuanto te das cuenta de que soy yo quien controla este cuerpo, adoptas esa actitud de inmediato. Me resulta encantador.
Respondió Echidna encogiéndose de hombros.
Ella recibió la mirada afilada de Ram con una sonrisa y luego desvió la vista hacia la espalda de Subaru.
—Y bien, ¿a qué se debe ese mal genio?
Echidna señalaba a Meili, que emitía un “Mmm~” de fastidio mientras seguía a cuestas de Shaula. Al ser señalada, la niña apartó la cara con un mohín; estaba en modo “berrinche total”.
—No me digas que no está conforme con que su plan de asesinato haya fracasado.
—No, no, para nada. Es solo que se siente fatal porque vimos a través de sus intenciones y, para colmo, todos lo sabían. Es un berrinche infantil y muy adorable, ¿no crees?
—Teniendo en cuenta lo que pretendía hacer, dudo que ese sea el adjetivo más apropiado… pero parece que, aunque pierdas la memoria, tu esencia no cambia. No dejas de sorprenderme, Natsuki.
—Si te divierte, me doy por honrado.
Le devolvió Subaru con un guiño.
Ram soltó un “¡Hmpf!” burlándose de su gesto. Acto seguido, Subaru echó un vistazo a la sala y ladeó la cabeza.
—¿Eh? Julius no está. ¿A dónde ha ido? ¿Al baño o.…?
—Me resulta ofensivo que pienses que estaría atendiendo mis necesidades mientras tú te encargas de un asunto de tal importancia.
—Yo no especifiqué qué necesidades. Podría haber sido una urgencia mayor, ¿no?
Al oír la voz a sus espaldas, Subaru respondió con una mueca burlona. Quien lo recibía con esa sonrisa irónica era Julius, que acababa de regresar del exterior de la sala.
—Julius, ¿te dolía la barriga?
—Señorita Emilia, le ruego que no tome demasiado en serio las palabras de este hombre. Es cierto que es su caballero número uno y que merece su confianza más que nadie, pero en ocasiones, su comportamiento es simplemente intolerable…
—Oye, oye, no le metas ideas raras a Emilita. Además, el que no estaba aquí eras tú. Qué manera de ponerse por haber mencionado lo del baño.
—…Je.
Julius lo observó con sus ojos amarillos y, tras una breve pausa, relajó los labios. Esa forma de reír, como soltando un suspiro, resultaba realmente irritante y muy propia de él; sin embargo, a Subaru le pareció una risa que no le terminaba de encajar del todo.
—Si me permites una explicación, solo estaba fuera vigilando los alrededores. Si considerábamos la habilidad de la señorita Meili como un peligro, el mayor enemigo habrían sido las mabestias fuera de la torre… aunque…
Julius interrumpió su frase y miró a Meili. Al notar su mirada, ella frunció los labios con incomodidad. Ante ese gesto, Julius esbozó una sonrisa amarga.
—¿Podemos asumir que no habrá ningún problema con ella de esta forma?
—Sí, puedes. Al menos ya no debería intentar matarme a la primera de cambio. Eso sí, que siga así en el futuro depende de lo que Meili aprenda viendo nuestras espaldas. ¡No podemos permitirnos mostrarle una espalda que de vergüenza!
—Ya veo. Conque es un tema de apariencias. Entonces quiero que lo dejes en mis manos.
Julius asintió con serenidad, habiendo captado de inmediato la conclusión de la charla con Meili. Aunque hablar de “apariencias” podía sonar algo superficial, si se trataba de mostrarle un ejemplo a alguien… en ese sentido, Julius parecía el más indicado.
Subaru no podía decir que lo conocía a fondo, pero aun así entendía que los movimientos refinados de Julius no eran solo fruto de su cuna o su carácter, sino algo que había pulido con esfuerzo.
—Cuento contigo, señor Caballero. Por ahora, los únicos modelos masculinos que tiene para mirar somos tú y yo.
—…Je. En ese caso, no tendré más remedio que esforzarme al máximo.
Intercambiaron pullas amistosas y Subaru observó con cautela si esa distancia entre ellos era la correcta. Este era su quinto encuentro desde que empezó a perder la memoria.
Durante ese tiempo, los momentos de paz no habían sido muchos, pero originalmente, la mayoría del tiempo que “Natsuki Subaru” pasaba con Emilia y los demás debió de ser tranquilo y feliz.
Subaru quería seguir las huellas de “Natsuki Subaru” de la forma más meticulosa posible, para no desviarse demasiado de eso y no hacer sufrir a Emilia y al resto; para devolverles a “Natsuki Subaru”, y no simplemente a Natsuki Subaru.
—…¿Subaru, estás bien? ¿Crees que podamos conversar?
—¡¿Uaah?!
De pronto, Emilia estaba asomándose a la cara de un Subaru que se había quedado absorto en sus pensamientos, con expresión preocupada.
Al verla tan cerca, Subaru retrocedió espantado, a lo que Emilia soltó un pequeño “Ah…” de sorpresa.
—Tengo la impresión de que, desde que despertaste… no, desde que dijiste que habías perdido los recuerdos, no dejo de sorprenderte, ¿no, Subaru? ¿Hay algo raro en mí? ¿Hay algo en mi cara?
—No, para nada. Solo tienes unos ojos lindos, una nariz linda, unos labios lindos y unas orejas lindas.
—Lindos… je je, gracias. Pero si ese es el caso, entonces ¿por qué…?
—Es que la lindura de Emilita no parece sumarse por PARTS, sino multiplicarse hasta las nubes. Además, tu voz es linda. Tu pelo es lindo. No hay de otra, eres un ángel.
Es tan radiante que no puedo ni mirarla, pensó Subaru cubriéndose la cara y observándola por los huecos entre sus dedos. Al escuchar ese comentario, quien reaccionó de forma fulminante fue Beatrice.
—¡…! ¡Intenta decir eso más al estilo de Subaru, supongo!
—¡¿Eh?! ¡¿Qué?!
—Que digas que Emilia parece un ángel al estilo de Subaru, de hecho.
—¡¿Qué clase de humillación es esa?! ¡Ni hablar! ¡Me da demasiada vergüenza! ¡Beatrice, tú también eres tan linda como un ángel! ¡No te pongas así!
—Que Betty es tan linda como un ángel es un hecho, pero no me refería a eso, supongo…
Beatrice dejó caer los hombros, visiblemente decepcionada. Mientras le acariciaba la cabeza para consolarla, Subaru se sentó en círculo con el resto para dar inicio a la reunión.
Ya habían perdido la cuenta de cuántas veces se habían reunido en esa gran sala, pero el hecho de que no hubiera avances significativos empezaba a ser un problema. Ya era hora de hacer que la situación se moviera de forma drástica.
—Dicho todo eso, Meili vuelve a ser parte de nuestro TEAM. Quiero salir de esta torre de arena lo antes posible, también por el bien de la gira social de Meili, ahora que ella ha entrado genuinamente en el mercado. ¿Objeciones?
—Esa forma de hablar hace que uno dude seriamente de que hayas perdido la memoria… En fin, aunque tu amnesia es el menor de nuestros problemas graves, no deja de ser un inconveniente.
Dijo Ram con ironía.
—Sí, es verdad. Los recuerdos no desaparecen así porque sí. Tenemos que encontrar la forma de que Subaru recupere su memoria…
Asintió Emilia.
—Ah, sobre eso… ¿Podríamos dejarlo a un lado por ahora?
Subaru levantó la mano pidiendo la palabra, interrumpiendo la conversación entre Ram y Emilia. No solo ellas, sino todos los presentes en la reunión soltaron un “¡¿Eh?!” de pura sorpresa.
—Siento mucho que mi memoria se haya esfumado en una situación como esta, y me hace muy feliz que todos quieran recuperarla por mí. Pero… ¿hay alguien aquí que crea que mi amnesia y los trucos de esta torre no tienen nada que ver?
—Gran Maestro, la otra vez perdió la memoria por supergolpearse la cabeza contra el inodoro, ¿sabe? No tiene remedio.
—¡Tú, la del público, cállate! ¡Eso es algo que no puedo dejar pasar, pero ahora no importa!
Subaru se enfadó por la interrupción y retomó el hilo.
—¡A lo que voy! Lo que quiero decir es que hay una relación entre la torre y mis recuerdos perdidos. En otras palabras…
—…Es decir, que, si cumplimos las condiciones para conquistar la torre, la causa de la amnesia de Natsuki, o al menos la llave para resolverla, aparecerá por sí sola. ¿Es eso?
—¡Ah, sí, así es, así es, a eso me refería!
Subaru asintió efusivamente, agradecido de que Echidna hubiera captado su intención. Ante esto, Julius se llevó una mano a la barbilla en actitud reflexiva.
—Si el mecanismo de la torre te arrebató los recuerdos, avanzar en la conquista nos acercará a la respuesta. O quizás, el detonante de tu amnesia fue que te acercaste demasiado a la verdad.
—Es una posibilidad muy real. Está el asunto de la conquista de Taygeta. Es posible que, gracias a conocimientos que solo Natsuki posee, fueras demasiado lejos antes que nosotros y, como resultado, perdieras la memoria.
—Espera, espera, eso es tenerme en demasiada alta estima. Solo soy un tipo que no salía de su cuarto, ¿sabes? Mis habilidades especiales son estirar bien las sábanas de la cama y la costura.
—¡Ah, mira, Subaru! Este bordado de mi ropa lo hiciste tú.
Dijo Emilia con entusiasmo, mostrándole un detalle de su vestimenta.
—¿No te recuerda a nada? ¿Verdad que es lindo? Es Puck.
—Mmm… El bordado de un lindo gato. Aun así, realmente no me viene nada a la mente.
Lidiando con una conversación donde los niveles de razonamiento variaban drásticamente, Subaru vio cómo Emilia acariciaba con tristeza el dibujo del gato bordado. ¿Sería su mascota? Parecía que no estaba en la torre, así que Subaru sintió el deseo de sacarlos a todos de allí pronto para que ella pudiera reencontrarse con su gato.
Sea como sea…
—Barusu aprendió algo que no debía y, como resultado de precipitarse, perdió sus recuerdos… es una explicación convincente.
—La forma en que lo dice Ram es bastante cruda, pero Betty en general también está de acuerdo, de hecho. Además, la idea de Subaru sobre priorizar la conquista de la torre… me disgusta, pero tiene razón, supongo.
—Beatrice…
El descontento de Beatrice radicaba, como era de esperar, en que no se podía dar prioridad absoluta a los recuerdos de Subaru. Ese sentimiento en sí mismo lo hacía feliz, pero Subaru tenía una razón de peso para no ponerse en primer lugar.
Si se tomaban las cosas con demasiada calma buscando sus recuerdos, no llegarían a tiempo para evitar la tragedia de la torre. Subaru —o mejor dicho, todos juntos— debían prepararse como uno solo para enfrentar ese desastre.
—Por supuesto, no es que me parezca bien seguir así. Pero creo que, al final, apresurar la conquista de la torre lo resolverá todo. Quiero cumplir con lo que debemos hacer.
Subaru apeló a todos con total seriedad. Se esforzaría al máximo para que la ausencia de “Natsuki Subaru” no supusiera una desventaja en ese lugar. A cambio, les pedía que le prestaran su fuerza.
Ante la petición de Subaru, todos se quedaron en silencio por un momento hasta que…
—…En serio, eres tonto.
Ram dejó escapar un suspiro mientras negaba con la cabeza. Luego, recorrió a todos con sus ojos color carmesí pálido.
—Aunque perdiste tus recuerdos, tu deplorable intelecto sigue siendo el mismo. En otras palabras, aunque tus recuerdos regresen, Barusu, lo que podrías aportar sería casi lo mismo que ahora. Así pues, dar prioridad a los recuerdos de Barusu sólo sería una pérdida de tiempo. Conquistemos la torre y esperemos que, de paso, regresen.
—¿”De paso”? Podrías decirlo de una forma más amable.
—No puedo. Perdiste los recuerdos “de paso” mientras conquistábamos la torre, ¿no? Pues entonces, recógelos también “de paso”. No le des más molestias a Ram.
Le prometí que sin falta los recordaría, que los recuperaría; esa fue la promesa con Ram.
Por eso, cuando Subaru dijo que dejaría sus recuerdos para después, el impacto que sintió el corazón de Ram debió ser incalculable.
Sin embargo, precisamente porque existía esa promesa, Ram fue la primera en hablar así. Porque ella es quien, a pesar de que Subaru parece ser un infractor habitual de promesas, aceptó intercambiar una con él.
—No es que tengamos un método activo para recuperar tus recuerdos. Me uniré a la opinión de Natsuki y Ram. Siendo optimistas, existe la posibilidad de que el tiempo mismo haga que los recuerdos regresen.
—Yo diría que es un “estoy de acuerdo” pero con reservas. No serán la prioridad absoluta; la prioridad será la conquista de la torre. Pero, si encontramos un indicio de cómo recuperar tu memoria, eso pasará a ser lo primero. No se debe permitir que las señoritas Emilia y Beatrice sigan con rostros tan tristes.
Subaru asintió profundamente ante las palabras de Echidna y Julius. Luego, dirigió la mirada hacia Emilia y Beatrice. Ambas recibieron su mirada y, aunque todavía dudaban un poco…
—…Esta vez, aunque sea duro, seré paciente. Pero…
—¿Pero?
—Perdóname por ser quien más se preocupa por ti a veces, Subaru.
—Oh… lo siento.
Al darse cuenta de que lo que había pedido era prácticamente que dejaran de preocuparse por él, Subaru bajó la cabeza ante la petición de Emilia. Viendo a ambos, Beatrice suspiró.
—Emilia dijo lo que Betty quería decir, supongo. Eso debería ser lo más efectivo, así que reflexiona adecuadamente sobre ti mismo, de hecho.
—…Sí, lo entiendo.
De ese modo, con el permiso de todos, se reafirmó la estrategia de priorizar la conquista de la torre. Una vez establecido esto, había algo que Subaru quería proponer primero. Y eso era…
—…¿Qué tal si vamos todos y vemos si el libro de Reid está en la biblioteca de Taygeta?
6
—Busquemos el libro de Reid en la Gran Biblioteca.
Esa fue la propuesta de Subaru para superar el obstáculo más cercano de la torre: la conquista del segundo piso.
—¿Un libro, de veras?
—¡Oh! Emilita, esa frase, qué graciosa forma de decirlo.
—¡Ay, Subaru!
Emilia frunció el ceño y se enfadó con un tierno sonrojo en sus mejillas. Disfrutando de esa sensación de felicidad por lo adorable que se veía, Subaru recorrió los rostros de todos con la mirada.
—El Libro de los Difuntos de Reid. Creo que es la guía más rápida para conquistar el segundo piso. ¿Qué opinan?
—Como ya pregunté antes, ¿por qué? No es que esté en contra de buscar el libro. Es solo que no sé por qué deberíamos buscar el libro de Reid. Además…
—…Antes de nada, ¿de verdad se encuentra el libro de Reid Astrea en la Biblioteca?
Julius retomó la segunda mitad de la frase mientras Emilia ladeaba la cabeza. Tras atraer la atención de todos, Julius alzó la vista hacia el techo con sus ojos enmarcados por largas pestañas, como si intentara escudriñar el segundo piso que se encontraba sobre ellos.
—Es difícil de creer, pero el héroe que dejó su nombre en la historia, Reid Astrea, nos espera en el segundo piso para desafiarnos en lo que él llama un “examen”. No hay duda de que es el hombre que existió hace cuatrocientos años, pero… ahora mismo, me surge la duda de si realmente está muerto.
—Al verlo tan lleno de energía, ¿te preguntas si en realidad nunca murió? Es una teoría en la que no había pensado mucho, pero supongo que no es imposible…
En realidad, la única base que tenía Subaru para creer que Reid era un difunto era lo que Emilia y los demás le habían contado. De no saberlo, sería imposible creer que Reid estuviera muerto; rebosaba demasiada vitalidad. Era un muerto demasiado enérgico.
—Aun así, esa posibilidad es casi nula, ¿no? No creo que nadie pueda vivir cientos de años, lo normal es que esté muerto. ¿Verdad, Beatrice?
—No se puede asegurar tan a la ligera, supongo. Betty ha vivido cuatrocientos años, de hecho.
—¿Yo unos cien, quizás?
Añadió Emilia.
—Yo también, si contamos desde mi nacimiento, serían unos cuatrocientos años. Aunque el tiempo que pasé despierta fue corto.
Comentó Echidna.
—¡Y yo también! ¡Yo también, Gran Maestro! ¡Yo también he estado esperando aquí cuatrocientos años superaburrida! ¡Me sentía muy sola! ¡Exijo un abrazo equivalente a cuatrocientos años!
—¡¿Cuántos personajes tan viejos hay aquí?! ¡¿Emilita también?!
Subaru, que buscaba apoyo, se quedó boquiabierto ante las inesperadas refutaciones. No esperaba que la mitad de sus compañeros fueran de razas longevas. La edad promedio del grupo subió de golpe de una forma impresionante. Sin embargo, también sintió cierta lógica en ello.
—Ya… ya veo. Emilita es una semielfa… eso explica que sea una belleza de otro mundo. Es de manual que las semielfas sean hermosas y vivan mucho tiempo.
—Bueno… sí, así es. Subaru… aunque no tengas memoria, ¿no te dan miedo las semielfas?
—Si me preguntas si me dan miedo o no, lo que me da miedo es lo linda que eres. En serio, eres un arma blanca. Si te viera recién despertado y con la guardia baja, se me derretirían los ojos. Incluso ahora me deslumbras.
—…Ay, serás bobo.
Rañado por una Emilia que se sonrojó levemente, Subaru sintió que se había creado un buen ambiente por un momento y se reprendió a sí mismo para no malinterpretar la amabilidad de ella.
—No flaquees, corazón mío; no te aceleres, pecho mío.
Bueno, acelerarse realmente estaba bien.
—Jaaa… En ese sentido, tú me das la misma tranquilidad que volver a casa de mis padres, Beatrice.
—Parece que no estás del todo convencido… bueno, como estás acariciando la cabeza de Betty, haré la vista gorda, supongo.
Los latidos de su corazón, alterados por Emilia, se fueron calmando mientras acariciaba la cabeza de Beatrice. La niña parecía haber recuperado el buen humor, así que era un dos por uno.
En medio de ese intercambio que se había desviado del tema, Echidna levantó una mano.
—¿Me permiten? Entiendo la preocupación de Julius, pero yo me inclino por la teoría de que Reid es, efectivamente, un difunto. Es solo una impresión tras haber tenido contacto con él.
—¿Y tu razón es?
—Primero, como dice Natsuki, no hay razones para creer que Reid Astrea pertenezca a una raza tan antigua. No hay duda de que es un hombre fuera de toda norma, pero sigue siendo un humano. Segundo, su personalidad.
—¿Su personalidad? ¿Te refieres a lo… extremadamente enérgico que es?
—Más que enérgico, yo diría que es alguien que rompe todos los moldes. Es solo mi impresión personal, pero me resulta imposible creer que se quedaría quieto en una torre durante cuatrocientos años. No me extrañaría que se hubiera marchado a los tres días.
Ante la opinión de Echidna, quien se encogió de hombros, Subaru, Emilia y los demás soltaron un “Ah…”, convencidos. La reacción general fue que sus palabras tenían mucha lógica.
—Así que, esa es la impresión que tengo. Julius, ¿estás de acuerdo?
—No tengo más remedio que aceptarla. Ciertamente, viendo la impresión que deja el Reid Astrea real, no parece el tipo de persona que valoraría quedarse mucho tiempo en un solo lugar. Si aun así se ve obligado a permanecer aquí, es de suponer que se debe a que su existencia actual está vinculada a los exámenes de la torre…
—Vinculada a la torre, ¿eh?
Mientras escuchaba la conversación entre Echidna y Julius, Subaru recordó el final del bucle anterior. Aquel Reid Astrea que caminaba a sus anchas por la torre sumida en el caos, sembrando la destrucción a su antojo.
A Subaru no le pareció en absoluto que fuera alguien cuya libertad estuviera encadenada. De hecho, si no hubiera sido por aquel último asunto pendiente, seguramente habría salido de la torre por su propio pie con total naturalidad. El motivo por el cual no lo hizo fue…
—¿…? ¿Sucede algo? ¿Tengo algo en el rostro?
—No…
—Je. Creo que mi rostro también tiene ojos, nariz, orejas y boca, ¿hay alguna anomalía en ellos?
—Ah, es que a diferencia de los de Emilita, los tuyos no son lindos, así que quedaste fuera de la selección. En fin…
Subaru apartó la vista de Julius, consciente de que se estaban alejando demasiado del punto principal. Volvió a centrar el tema en lo primero: “el libro de Reid”.
—Bien, ahora que nos pusimos de acuerdo en que ese Reid es un difunto muy vivaz, volvamos al principio. En esta Gran Biblioteca hay Libros de los Difuntos, eso es algo seguro, ¿verdad?
—Esa es la percepción que tenemos hasta ahora. Si una persona lo lee, los recuerdos del difunto fluyen en su mente… Eso es lo que Barusu y Julius confirmaron. Por desgracia, parece que esos recuerdos también se te han esfumado.
—Ya, ya, no me lo eches en cara…. Y aquí es donde está el punto clave de esto.
Subaru chasqueó los dedos y señaló a Ram. Quizás porque el gesto le resultó molesto, ella le retorció el dedo, provocando que Subaru soltara un grito de dolor: “¡Gyoooh!”.
Mientras eso ocurría, Beatrice dejó escapar un pequeño “Ah”.
—¡Ya veo, se trata de eso, supongo!
—Beatrice, ¿entendiste lo que Subaru quiere decir?
—Lo entendí, de hecho. Ya veo, así es como funciona… ¡O sea, que vamos a usar el Libro de los Difuntos de Reid como si fuera un manual de estrategias para derrotarlo, de hecho!
—Exacto.
Sacudiendo su dedo dolorido, Subaru asintió hacia Beatrice con una sonrisa pícara. Al escuchar la explicación, Emilia también abrió mucho sus ojos amatistas y murmuró:
—Ya entiendo…
—Utilizar el Libro de los Difuntos para derrotar al muerto en persona.
En pocas palabras, el Libro de los Difuntos no es solo un registro de la vida de esa persona, sino que también puede considerarse una “Guía de Estrategia” que detalla minuciosamente cómo y por qué murió. Y, si le preguntaran a Subaru, un “jugador veterano de la muerte” que ya ha muerto hasta en cuatro ocasiones, les diría que la causa de una muerte no es algo que se pueda evitar fácilmente.
—Por eso, si leemos su Libro de los Difuntos, sabremos su causa de muerte. Es un método de conquista legítimo. ¿Quién sabe? Quizás Taygeta existe precisamente para eso, de forma indirecta.
—Eso… era un punto ciego. Pero ahora que lo mencionas, tiene sentido. Si se han tomado la molestia de colocar a un muerto como examinador, no sería extraño que la razón de ser de Taygeta fuera esa.
—No, bueno, tampoco hace falta que te lo tomes tan en serio…
Subaru soltó una risita nerviosa ante Echidna, quien tenía los ojos como platos y mostraba una admiración que superaba sus expectativas. Aun así, ciertamente es una situación tan inusual que resulta difícil definir si esto es una estrategia brillante o simplemente un atajo tramposo.
—Solo hay una cosa de la que puedo estar seguro… Incluso si fuera el “yo” con recuerdos y no este “yo” amnésico, estoy convencido de que habría intentado este método de conquista.
—…En eso estoy de acuerdo, supongo. No hay forma de que Subaru no intentara un truco como este.
—Siendo un camino hacia la maldad, y no un camino hacia la rectitud. Ciertamente es algo que Barusu haría. Estoy convencida.
—Mmm, sí. Cosas nada equitativas, eso algo que a Subaru se le da muuuy bien.
—¿Quién dice “equitativo” hoy en día?
—¡…!
Mientras Subaru se rascaba la mejilla ante la evaluación tan consistente que tenían sobre “Natsuki Subaru”, Emilia de pronto abrió los ojos con brillo. Subaru se sorprendió por su reacción, pero de inmediato ella se pellizcó sus propias mejillas con los dedos.
—Uh, no debo, no debo. Subaru es quien peor lo está pasando. Tengo que centrarme…
—Señorita Emilia, entiendo sus sentimientos, pero se le van a poner los cachetes rojos.
Ram tomó las manos de Emilia, que había empezado a castigarse de repente, y la regañó por su conducta.
Desde hace un rato, tanto Emilia como Beatrice han tenido reacciones exageradas; probablemente se deba a que perciben en el Subaru actual los “residuos” del antiguo Natsuki Subaru.
Entonces, tras escuchar los pensamientos de Subaru, Meili se llevó una mano a la boca.
—…Ahora que lo mencionas, ayer por la noche vi al hermanito esparciendo un montón de libros en Taygeta. Me pregunto si se trataba de esooo…
—¿El “yo” de ayer…? Por cierto, ¿no llegaste a ver qué libros estaba leyendo?
—Ummm… Ya tanto no sééé. Lo siento mucho.
Meili, que estaba sentada en el regazo de Shaula mientras esta le acariciaba la cabeza con vigor, bajó la mirada. Subaru le hizo un gesto con la mano para decirle que “no se preocupara” y consultó los recuerdos de “ella” que no eran suyos, los recuerdos de Meili que había confirmado en su Libro de los Difuntos llegando a la misma conclusión.
—Esparciendo un montón de libros, ¿eh? … Espero que no me digas que, por leer más Libros de los Difuntos de los que podías soportar, el lugar donde guardas los recuerdos se llenó y terminaron desbordándose, ¿no?
—Quiero pensar que no debería ser posible, pero no puedo decir que sea imposible. ¡Sea como sea, tengo amnesia!
Subaru sacó pecho y se señaló a sí mismo, mientras Julius sacudía la cabeza con pesadumbre. Ya se estaba acostumbrando a hablar de su situación con total descaro, pero Subaru no dudaba de que la causa de su pérdida de memoria residía en los libros.
Por eso, pensaba que, si alguien debía leer el Libro de los Difuntos de Reid, ese debía ser él y no otro. Él, que ya había perdido la memoria una vez y a quien le afectaría menos si volviera a desaparecer…
No, eso es incorrecto, ahora Subaru también tenía demasiados recuerdos que le dolería perder.
—…
Los sucesos del bucle anterior. Los sucesos ocurridos en todos los bucles hasta ahora.
Además, estaban las cosas que había decidido en este bucle, la promesa con Ram y el juramento que le hizo a Meili. ¿Cómo era posible que, habiendo repetido apenas unos pocos días cuatro veces, ya tuviera los brazos tan llenos de cosas que no podía permitirse olvidar? Por eso los recuerdos son algo sagrado y difícil de soltar.
—No debo olvidarlos.
—En fin. Si Reid es ese “hombre de leyenda”, nos viene genial. Esos tipos que ocupan el puesto de héroes del pasado o figuras mitológicas suelen dejar para la posteridad sus grandes hazañas junto con sus fracasos. Es decir, su causa de derrota es el “precio de la fama”… ¿No les parece una debilidad bastante innovadora?
—…El objetivo de Barusu se comprende. Y me has convencido. No es que no tenga mis dudas, pero…
—Merece la pena intentarlo, ¿no? Vaya, vaya. Solo de pensar en lo difícil que será encontrar un único libro en esa basta cantidad de libros hace que me sienta cansada.
Añadió Echidna.
—Eso es verdad, supongo…
Ram y Echidna mostraron su acuerdo con el plan, pero Subaru entendía perfectamente sus preocupaciones.
Si Taygeta realmente abarcaba a todos los muertos de este mundo, no cabía duda de que el número de libros era, sin exagerar, tan vasto como las estrellas. Encontrar el libro objetivo allí sería como buscar una aguja en un desierto.
Sin embargo, había una pizca de esperanza. Y la base no era otra que la propia amnesia de Subaru.
—Si mi suposición de antes es correcta y mis recuerdos fueron “expulsados” de mi cabeza por leer un Libro de los Difuntos… significa que anoche leí el libro de alguien.
—Hmm… así debería ser, ¿verdad? Porque los libros que hay allí, si no tienen el nombre de alguien que conozcas, el contenido curiosamente no entra en tu cabeza.
—…¿Me estás diciendo que el Barusu de anoche, entró en ese archivo infinito, logró encontrar un segundo libro premiado, o incluso más? Una suerte así… es imposible.
—Yo tampoco creo tener mucha suerte, ¿¡sabes?!
Teniendo en cuenta lo que había vivido hasta ahora, el pozo de la suerte de Subaru debía estar más que seco. O tal vez la gastó toda en el momento en que conoció a Emilia y los demás en este mundo paralelo.
—Sea como sea, no fue suerte. Si es así, cabe la posibilidad de que encontrara algún tipo de patrón o regla. Si logramos darnos cuenta de eso, la búsqueda del “Libro de los Difuntos” avanzará mucho más rápido, ¿no?
—…Y aunque avance, ¿qué piensas hacer? Te lo digo ahora: mientras existan factores de riesgo como los tuyos, aunque encontráramos el libro de alguien conocido…
Advirtió Echidna.
—Lo sé. La prioridad absoluta es el libro de Reid, y los demás pueden esperar. … Pero, ¿saben? Si se pueden encontrar, hay libros que me gustaría tener localizados.
Respondiendo a la advertencia de Echidna, Subaru dirigió una breve mirada hacia Meili. Al escuchar sus palabras, los labios de Meili temblaron con un pequeño “Ah”.
—Hermanito, no me digas que…
—Te lo dije, ¿no? No voy a escatimar esfuerzos si se trata de que crezcas sana y fuerte. Y no es por nada, pero eres del tipo de persona a la que se le da fatal decir lo que realmente quiere.
—…
Al señalarla así, con firmeza, Meili se quedó callada con el rostro enrojecido. Por desgracia para ella, sus secretos no funcionan con Subaru.
Originalmente, la razón por la que Meili lo vio anoche en Taygeta fue porque ella también tenía asuntos pendientes con un Libro de los Difuntos en ese archivo. Encontrar el libro que ella buscaba también formaba parte de su pequeña misión secundaria.
—El hermanito es, de verdad de la buena, tan malvado que parece que le pasa algo en la cabezaaa… Petra seguro que no tiene buen ojo para los hombreees.
—Es un nombre que escucho de vez en cuando, pero me están dejando por los suelos…
Ya fuera para ocultar su vergüenza o como un insulto real, en cualquier caso, era la resistencia de una niña adorable. Aprovechando que Meili no presentó una oposición activa, Subaru añadió ese objetivo secundario a la búsqueda en la biblioteca de Taygeta. Y tras eso…
—Quiero declararlo una vez más. Subamos al archivo de Taygeta. Leer el Libro de los Difuntos de Reid allí es la mejor jugada que podemos hacer.
—Qué ironía, que la prueba principal termine siendo el hecho de que Natsuki perdió la memoria. Aunque todavía no vemos una estrategia concreta, acumular excusas antes de actuar es propio de unos necios.
—¡Sí! Como dice Subaru, si es necesario para conquistar la torre, ¡hagámoslo!
En cuanto Subaru marcó el rumbo, Echidna y Emilia se pusieron en pie. Siguiendo su ejemplo, Beatrice, Ram, Meili y Shaula hicieron lo mismo.
—Bien…
Asintió Subaru mientras se levantaba dándose una palmada en las rodillas. Entonces, se fijó en Julius, que se había quedado un paso atrás.
—¿Qué pasa? ¿Estás en contra?
—…No, tampoco hay otra solución para avanzar. También considerando que fuiste tú quien inició la propuesta, reconoceré su validez.
—¿Pero aún hay algo que tienes en mente?
—…Es un problema puramente mío. No le des importancia, por favor.
Negando lentamente con la cabeza, Julius se puso en pie con elegancia. Que le dijeran “no le des importancia” y no dársela era algo imposible, por lo que Subaru se quedó más que intrigado, pero…
—Lo dejaré pasar por ahora. Por cierto, a excepción del Libro de los Difuntos, ¿qué tan famoso es Reid? Parece que sería a un nivel absurdo.
—Para haber perdido la memoria, pareces recordarlo bien; debe de haberte causado una impresión muy grande. Reid Astrea es uno de los Tres Grandes Héroes que derrotaron a la “Bruja” en el pasado.
Añadió Ram.
—El Sabio, Shaula; el Dragón Divino, Volcánica; el Santo de la Espada, Reid…
—¡Que no soy yo! “Sabio” se refiere al Gran Maestro, no a mí.
—¿Eso significa que yo también tengo cientos de años? El tiempo que he vivido desde que salí de la tienda y desperté esta mañana es impactante…
Subaru decidió tomarse las palabras de Shaula no ya con pinzas, sino con mucha distancia, y prefirió profundizar en la leyenda de Reid como uno de los Tres Grandes Héroes. Ante ese tema, las miradas de Emilia y las demás se dirigieron hacia Julius.
Al recibir la atención, Julius se tocó el flequillo con los dedos y comenzó a hablar:
—Ciertamente, las leyendas que Reid Astrea dejó por todo el mundo son innumerables. Entre las más famosas… está la batalla donde segó a cien dragones, o su récord de seis mil victorias sin una sola derrota en el coliseo de la Isla Solitaria de Kendou. También hay historias más peculiares, como que ganó un duelo de bebida contra un ser llamado Dios Demonio.
—Todo eso suena a tonterías absurdas, pero después de haberlo visto en persona…
—Uno siente que no hay exageración alguna. Conociendo su fuerza, él es sin duda… No…
—¿…?
—Que yo sepa, la mayoría de las anécdotas sobre él solo hablan de sus logros fuera de lo común. No recuerdo ningún registro sobre su personalidad humana, ni relatos sobre fracasos mundanos o derrotas.
Julius terminó su exposición apartándose el flequillo. Al escuchar aquello, Subaru sintió un pequeño escalofrío ante el hecho de que no existieran registros de ninguna derrota.
Una cosa es que no se hubieran registrado, pero otra muy distinta es que nunca hubiera perdido. “Invicto de por vida”… Subaru se estremeció al pensar que era una posibilidad muy real.
—Bueno, ya llegamos.
Justo cuando la conversación hizo una pausa, llegaron a la sala donde estaban las escaleras que subían a “Taygeta”. Si seguían hacia arriba, el archivo inundado de Libros de los Difuntos, el Tercer Piso: Taygeta, los recibiría, pero…
—…Ram, ¿te importaría guiarlos a todos durante un rato? Hay algo de lo que quiero hablar con Julius.
—¿Con Julius?
Ram frunció el ceño cuando Subaru se detuvo y le hizo esa petición.
Julius se sorprendió tanto como el resto ante sus palabras, pero por el momento guardó silencio. Ram entrecerró sus ojos carmesíes ante la actitud de ambos, escudriñó los ojos negros de Subaru y soltó un suspiro.
—Procura no tardar demasiado. Si para cuando subas nuestros recuerdos se han esfumado como los tuyos, Barusu, esto será un caos terrible.
—No digas cosas tan aterradoras. Aunque sería todo un espectáculo ver a una Ram sin memoria convertida en una chica dócil y refinada…
—No tengo. Intención de olvidar. Nada más.
—…Tienes razón. Si encuentran algún libro extraño, por favor, no se acerquen a él.
Tras decir esto, Ram se encogió de hombros y comenzó a subir las escaleras con paso firme a la cabeza del grupo.
Subaru sabía que, mientras ella estuviera al mando, no habría riesgo de que tomaran una decisión equivocada. En ese sentido, Ram era la persona en la que más confiaba de todo el grupo.
—Natsuki.
Las mujeres del grupo subieron al tercer piso siguiendo a Ram. Echidna, que iba al final, llamó a Subaru justo antes de poner un pie en la escalera. Sus ojos color aguamarina vacilaron levemente.
—Trátalo con suavidad, te lo pido.
Eso dijo antes de subir lentamente al piso superior.
Subaru se rascó la cabeza mientras la veía irse. De alguna manera, Echidna parecía haber calado sus intenciones al pedirle a Julius que se quedara.
—Y bien, ¿de qué querías hablar? Te has tomado la molestia de mantener la distancia con la señorita Emilia y las demás, ¿es correcto pensar que es algo muy importante?
—Ah… sí, algo así.
—Te noto poco claro.
—Es que es el tipo de tema que es difícil de aclarar, la verdad.
Dándole la espalda a las escaleras, Subaru se enfrentó a Julius mientras se revolvía el cabello negro con fuerza. Haber dejado la búsqueda de los libros en manos de Emilia y el resto para detener a Julius tenía un objetivo central: la conquista de “Reid Astrea”.
—En el clímax del bucle anterior, Reid, que había obtenido su libertad en medio del caos de la torre, deseó como última voluntad un duelo uno contra uno con Julius.
Pero Subaru no entendía la verdadera intención detrás de eso. Según lo que había oído, Julius ya se había enfrentado a Reid una vez y había sido derrotado. Que el perdedor se obsesione con el ganador es comprensible. Pero que ocurra al revés…
—¿Subaru?
—A ver… ¿Qué piensas de Reid? ¿Te gusta?
—…¿Qué sentido tiene esa pregunta?
—Bueno, solo trataba de hacer la atmósfera un poco menos seria. La verdadera pregunta debe ser dicha algo diferente… lo que realmente quiero decir es, ¿todavía tienes el deseo de vencer a Reid?
—¡…!
Julius abrió de par en par sus ojos amarillos ante las palabras de Subaru. Al ver la intensa agitación reflejada en su mirada, Subaru soltó un breve suspiro. Era justo lo que imaginaba, pero al mismo tiempo sentía que debía pedirle que esperara.
—Dejando de lado si eres consciente de ello o no… es normal tener miedo en esta situación. Dicen que cuando te acostumbras a perder, es difícil quitarse tal hábito.
—Subaru, tú…
—Lo siento. Sé que lo ideal sería tomarse tiempo para recomponer tu corazón herido. Lo sé, pero no tenemos ese tiempo. Lo entiendes, ¿verdad?
Ante la pregunta de Subaru, Julius tensó las mejillas y contuvo el aliento.
Subaru y Julius perciben el significado de la frase “no hay tiempo” de maneras distintas. Aun así, Subaru estaba seguro de que podía compartir esta sensación de urgencia con él. O, mejor dicho, se la había hecho notar por la fuerza.
Seguramente, eso era algo que el “Natsuki Subaru” hasta ayer no habría podido hacer. Aquel Subaru, por considerado, no habría podido decirle algo así a un hombre herido que ni siquiera se daba cuenta de su propia frustración.
Natsuki Subaru iba a hacer lo que a “Natsuki Subaru” le resultaba imposible.
—Te lo diré claramente, Julius. ¿Y sabes por qué? Porque el “yo” de ahora es invencible.
—Invencible… Vaya, sí que apuntas alto.
—Como no tengo ataduras, puedo dar pasos más grandes. No soporto verte encogido cada vez que me miras a la cara, o a Echidna, o cuando escuchas hablar de Reid. Yo también soy de los que arrastran las cosas, así que no soy quién para hablar, pero voy a cerrar los ojos ante eso y te lo voy a soltar muy claro.
—…Te escucho.
Conteniendo el aliento, Julius se recompuso y clavó su mirada en Subaru. Recibiendo esa mirada directa, Subaru continuó:
—Eso es eso, esto es esto.
—…¿Eh?
Ante esa declaración tan rotunda y simplona, Julius puso una cara de total estupefacción. Frente a él, Subaru extendió ambas manos hacia los lados.
—Entiendo que te sientas tenso al mirarme. El “yo” hasta ayer probablemente te hizo pasar por algo irresponsable. Lo que ese Subaru te hizo no va a desaparecer del mundo, pero sí que ha desaparecido de mi cabeza.
—Sí… así es. Tienes razón. Sin embargo, yo…
—Por favor, déjame terminar. Debido a esta situación, tenemos que construir nuestra relación desde cero. Al menos, así es como veo nuestra relación en este momento. Por el momento olvídate de mi yo de hasta ayer.
Era un argumento bastante rudo, y Julius llevaba un rato sumergido en una ola de agitación de la que no lograba salir. Era una lógica forzada.
Subaru no estaba logrando transmitir ni el cien por ciento de lo que quería decir. De hecho, era verdad que Subaru se estaba apoyando en los logros que “Natsuki Subaru” había acumulado hasta ahora; en la influencia que había tenido sobre Emilia, Beatrice y el propio Julius.
Pero ahora, Subaru pensaba tomar prestada solo la parte buena de esa influencia y desechar la mala. Porque…
—En nuestro grupo, tú eres el más fuerte. Por eso, el que tendrá que partirse la cara con Reid eres tú. Aunque encontremos una buena guía de estrategia, te confiaremos la batalla a ti.
Por supuesto, estaba la obsesión de Reid y el hecho de que el enemigo deseara un duelo singular con Julius. Pero incluso sin eso, Subaru no pensaba ceder en este punto. Incluso considerando que Emilia ya había superado su parte, no había nadie más apto que Julius.
—Entiendo que estés cagado de miedo. Entiendo que estés confundido. Y te pido mil disculpas por lo que sea que te haya hecho el Subaru de ayer. Pero, con todo eso incluido, cambia esa actitud y pelea.
—…Ya he… perdido contra él dos veces.
—Lo sé. Pero la próxima vez, gana.
Había perdido una vez más de lo que Subaru sabía. Pero eso, en este momento, ya no era más que un detalle irrelevante y sobrante en esta historia.
—Si no ganas, el plan fallará. En mi cabeza estoy pensando en varios emparejamientos, pero antes de hacer que las chicas se esfuercen, si nosotros los hombres no estamos a la altura, dejaremos por los suelos a la Caballería.
—…Por los suelos… Para mi yo actual, dejar por los suelos a la Caballería, ¿eh?
Ante el puño que Subaru extendía con determinación, Julius bajó la mirada y murmuró en voz baja.
Sorprendido, confundido, herido, golpeado y, finalmente, sacudido por una lógica que parecía agarrarlo violentamente por el cuello; Julius se dejó arrastrar por las palabras de Subaru.
Al final de ese torbellino, no sé sabe qué pasó por la mente de Julius, pero su elegante expresión se desmoronó por completo y…
—Tal y como la señorita Ram afirmó, he comenzado a dudar de si realmente has perdido los recuerdos. O quizá en su lugar, ¿estás fingiendo haberlos perdido para impedirme abandonar la espada por miedo?
—¿Incluso a costa de entristecer a Emilita? ¡Idiota, no haría algo tan rebuscado! Además, aunque no hiciera esto, sé que no huirías; pelearías por el bien de todos nosotros.
—Eso es… contradictorio. Realmente ahora mismo estás tratando de ejercer presión sobre mi corazón lleno de terror, eh.
—No, eso no es cierto. Lo que te falta no es valor. El valor lo tienes bien guardado ahí dentro de ti. Lo que te falta es ganas de ganar. Te falta espíritu competitivo.
Dando un paso al frente para acortar la distancia, Subaru golpeó suavemente el pecho de Julius con el puño que mantenía extendido. Al recibir tanto las palabras como el golpe, Julius contuvo el aliento.
—…
No había mentira en las palabras actuales de Subaru.
En el bucle anterior, atrapado en una situación desesperada entre las mabestias y Reid, Julius nunca soltó su espada, nunca dio la espalda a la desesperación y le dijo a Subaru: “Te lo encargo”.
Si le das la vuelta a eso, ¿de qué otra forma podrías interpretarlo sino como un “déjame esto a mí”? En esa situación, Julius lo dijo claramente.
Que le dejara a Reid Astrea a él.
Y esa fue la última vez que lo vio tras decir aquello con tanta determinación. Por eso…
—…Yo no he visto el final de esa pelea. Tampoco tengo los recuerdos de ayer. Por eso, yo no conozco, ni una sola vez, a un tú que haya perdido contra Reid.
Julius. Julius Juukulius no había perdido. Ante los ojos de Natsuki Subaru, este caballero, este hombre, no había sido derrotado ni una sola vez.
Por eso, Natsuki Subaru, diga quien diga lo que diga, no renunciará al desenlace. Seguirá esperando que Julius Juukulius derrote a Reid Astrea.
—Te dejo a ti a Reid Astrea. Derrota tú a ese enemigo, el más problemático de todos. A cambio, yo… extenderé mis manos hacia todo lo demás usando mis propios métodos.
—…
—¿Es que no me oyes, Julius? Responde a las expectativas de tu amigo.
Primero como quien deposita una esperanza, y ahora como quien golpea con fuerza una ilusión. El puño de Subaru volvió a impactar en el pecho de Julius.
Tras ese golpe, Julius se tocó el pecho y dejó escapar un suspiro largo y profundo.
—…¿Cómo es que tú, habiendo perdido la memoria de todo lo ocurrido hasta ayer, eres capaz de esperar tanto de mí?
—Eso es… bueno, es el tipo de MENTAL IMAGE que transmites. Es un arte integral que viene de tu apariencia, tu forma de hablar, tus gestos, tus pertenencias, tu ropa, cómo comes, cómo caminas… ese tipo de cosas.
Incapaz de mencionar los sucesos del bucle anterior, Subaru se aferró a su propio pecho mientras daba esa respuesta tan forzada.
Sin quererlo, tanto Subaru como Julius se quedaron frente a frente con las manos sobre el pecho. Entonces Julius, manteniendo su mano ahí, enderezó la espalda y se inclinó lentamente en una reverencia. Fue un gesto hermoso y natural, tal como lo haría un caballero de los cuentos.
—La impresión, ¿eh?
—S-sí, exacto. Es cómo te ves. Todo en ti me hace tener esas expectativas.
—Ya veo… Así que mi apariencia fue la que te hizo pensar así.
Aun con la cabeza baja, el tono de voz de Julius cambió.
Hasta ese momento, su voz tenía un matiz que lo hacía sentir como alguien difícil de alcanzar, pero ahora, aunque fuera solo un poco, la fuerza regresaba a sus palabras; parecía que una nueva suavidad y calidez estaban brotando en él.
Transmitiendo esa sensación a Subaru, Julius levantó la cabeza y miró hacia el frente. Y entonces…
—Olvidado por el mundo, olvidado incluso por ti, que eras el único que me recordaba, e incapaz de confirmar la existencia de mi señora… sentía que mi propio ser se volvía algo ambiguo. Pero, incluso en ese estado… no todo lo que he cultivado hasta ahora se ha perdido. Eso es lo que quieres decir, ¿verdad?
—Aunque mis palabras no fueron así de perfectas, eso es exactamente lo que dije, sí.
Julius tomó las palabras torpes y desordenadas de Subaru y las transformó en una forma sabia y refinada. Hacía apenas un momento que Subaru había pensado que no lograría transmitir el cien por ciento de lo que quería decir.
Sin embargo, sintió que el receptor había elegido quedarse con algo muy cercano a ese cien por ciento.
—Siento que ha sido una charla muy conceptual, o mejor dicho, puro idealismo… Pero como el ambiente se sentía como un problema mental, supongo que estuvo bien, ¿no?
—Je. ¿Por qué te muestras inseguro ahora? ¿No se supone que eras invencible?
—No, bueno, aunque agarres una estrella y seas invencible, si te caes por un precipicio te mueres igual…
Julius frunció el ceño ante la analogía que no terminaba de entender, pero no profundizó más en el asunto.
En ese aspecto, parecía que su relación con el “Natsuki Subaru” de ayer le había enseñado que lo mejor era ignorar sus bromas sin sentido, lo cual le dio a Subaru una sensación extraña.
Sea como sea…
—¿Estás un poco más animado ahora?
—Bueno, quién sabe. Al final, tus palabras fueron en gran parte idealismos carentes de concreción, y los numerosos sucesos que han caído sobre mí no han cambiado drásticamente.
—Oye, tú…
—Sin embargo…
Julius hizo una pausa y entornó los ojos mientras miraba a Subaru. Entonces, relajando los labios en una leve sonrisa, dijo:
—…Eso es eso, esto es esto.
Y con esas palabras, tan impropias de él, dio por finalizado el encuentro.
7
Sinceramente, no estaba seguro de si había logrado conectar con los complejos sentimientos de Julius.
Se quedó el pensamiento de si no habría habido mejores palabras, otra forma de actuar o un modo más adecuado de darle ese empujón. Algo que no fuera una conclusión tan ruda como “eso es eso, esto es esto”, sino algo más refinado, capaz de sobreescribir esa realidad absurda.
—Pero es propio de ti. Para bien o para mal.
—…Ah, ¿sí? Eso de que sea “propio de mí”… Me gustaría saber qué tanto se solapa con el “yo” de ayer, porque eso afecta bastante a mi crisis de IDENTITY actual.
—En cuanto a lo de establecer la propia identidad, yo también me sentí muy tambaleante hace no mucho tiempo. Permíteme darte un consejo como alguien que ya ha saboreado la misma penuria: eso es eso, esto es esto.
—¡Cállate ya!
Subaru le gritó a un Julius que ya estaba sacando provecho de su propia advertencia y, acompañado por él, se dirigió al tercer piso, Taygeta, donde Emilia y los demás se habían adelantado.
Como le había dicho a Julius, el tiempo era limitado. Antes de que el desastre cayera sobre la Atalaya Pléyades, debían preparar todas las condiciones para la victoria. Aunque fuera un paso indispensable, la búsqueda del Libro de los Difuntos de Reid prometía ser difícil. Después de todo, tenían que hallar un solo volumen en un mar de libros…
—¡Ah! ¡Subaru, mira! ¡Encontramos el libro de Reid!
—¿Eh, en serio?
Subaru había subido al tercer piso mentalizado para una tarea titánica, pero su determinación se quedó en nada ante el reporte de una Emilia que resplandecía de alegría.
Con una sonrisa, señaló el grueso tomo que Ram sostenía entre sus brazos. Si ese era realmente el libro que buscaban, era increíble que lo hubieran encontrado entre una colección tan vasta como las estrellas.
—¿Y lo hicieron mientras yo le daba terapia a Julius? Esto es prácticamente un RTA.
—No entiendo qué es eso de “er-re-te-a”, pero es increíble, ¿verdad? Dale las gracias.
Emilia sacó pecho, aclarando que el mérito no era suyo. Subaru no tuvo que preguntar a quién debía elogiar; la respuesta llegó con el siguiente gesto de ella. Emilia empujó suavemente hacia adelante a la niña de cabello azul oscuro que estaba abrazada a su cintura.
—Quien lo encontró fue Meili. ¿Verdad que hizo un trabajo meritorio?
—¿Quién dice meritorio hoy en día? … Pero, dejando eso de lado, ¡Así que Meili fue quien lo encontró! ¡Definitivamente un logro meritorio! ¡Lo hiciste muy bien!
Siguiendo el pie de Emilia, Subaru elogió a la inesperada heroína. Sin embargo, la pequeña aludida frunció los labios y desvió la mirada ante los cumplidos de ambos.
—N-no es para tantooo. Solo era un libro que me llamó la atención, así que lo mencioné por casualidaad. Lo encontré un poco rápido, pero no creo que sea algo tan importanteee.
—No digas tonterías. ¡Puedes presumir con orgullo de lo que has conseguido! Eres increíble, Meili. ¡Con esto has saldado la deuda por haber intentado empujarme!
—¡¿Tan fácil se salda eso?!
Meili abrió mucho los ojos por la sorpresa mientras Subaru le revolvía el cabello sin ninguna delicadeza. Aunque ella se quejó con un “¡me vas a despeinar!”, Subaru relajó su expresión en una sonrisa.
—Aun así… digas lo que digas, estabas bastante motivada con esto, ¿no? Si no, no habrías encontrado el libro tan fácilmente.
—¡…! H-hermanitooo, no digas cosas innecesarias.
—¿Innecesarias? Es algo muy importante. Es la prueba de que ya eres una más de nosotros. Aunque, si dices que encontrarlo fue pura casualidad…
—Lamentablemente, eso significa que aún no hemos descifrado el patrón de organización del archivo de Taygeta.
Eso concluyó Echidna, tomando el relevo de las palabras de Subaru, quien le sonreía a una Meili de rostro encendido.
Puesto que el hallazgo del Libro de los Difuntos fue fortuito, la misión secundaria que Subaru se había propuesto seguía sin cumplirse. Por ahora, no tenían más remedio que centrarse en la misión principal, pero…
—No hace falta que pongas esa cara de preocupación.
Como si leyera los pensamientos de Subaru, Meili se encogió de hombros con aire insolente. Fue un gesto que le pareció muy propio de ella, uno que no se le veía desde hacía tiempo.
—No te haré una promesa porque las mías tienen mala fama, pero te juro que cumpliré tu deseo.
—…El hermanito de verdad que no tiene vergüenza para soltar esas bravuconerías. Esperaré sentada, pero sin hacerme ilusioneees.
—Entendido… Entonces, ¿puedo asumir que nadie ha visto el libro de Reid todavía?
Tras el juramento—no promesa—del que Meili se burló, Subaru entró de lleno en el tema principal.
Ram sostenía el volumen entre sus brazos. El patrón dibujado en el lomo consistía en caracteres que Subaru era incapaz de leer. Aun así, no cabía duda de que este libro era el sospechoso número uno de haber causado su amnesia.
Parecía que Ram compartía esa misma cautela, pues acarició el lomo del libro que sujetaba y sentenció:
—Teniendo en cuenta lo que le pasó a Barusu, si alguien cometiera la imprudencia de actuar con prisas y perdiera sus recuerdos como él, estaríamos en un grave aprieto. Por eso, no se lo he enseñado a nadie.
—¡Oye, que todavía no es seguro que la causa de mi amnesia fuera el libro!
—¡Ja!
Subaru puso mala cara al ver cómo ella se mofaba de su comentario, el cual ni él mismo se creía. Entonces, Beatrice tomó el relevo de la conversación con un “en cualquier caso”.
Ella dirigió sus ojos, en los que brillaba ese patrón tan característico, hacia el libro que tenía Ram.
—Bueno, el libro ha aparecido sin problemas, de hecho. Ahora la cuestión es cómo vamos a usarlo, supongo.
Ante el planteamiento de Beatrice, una tensión mayor que la alegría por el hallazgo se extendió por el archivo. Un libro que, si se manejaba mal, podía borrar los recuerdos de uno.
Eso no era muy distinto a que te pidieran beber una medicina sospechosa de origen desconocido. Era un acto suicida en el que no bastarían ni mil vidas para salir ileso.
—¿Me permiten hablar de algunos posibles peligros que puedo deducir?
—Posibles peligros… ¿Tienes algo así, Echidna?
—No son más que suposiciones basadas en los hechos ocurridos y en información fragmentaria.
Dijo Echidna mientras se encogía de hombros y levantaba una mano.
Alzó el dedo índice y comenzó a explicar:
—Primero, el peligro del Libro de los Difuntos… Es evidente y, tal como muestra la situación actual de Natsuki, existe la posibilidad de perder la memoria propia. Por lo que él nos cuenta, los recuerdos que se pierden son fragmentarios… aunque en este caso, ¿sería más preciso decir que los recuerdos que quedan son los fragmentarios?
Dado que la cantidad perdida superaba con creces a la restante, las palabras de Echidna eran correctas.
Sin embargo, aquí los hechos diferían ligeramente de la realidad, ya que Subaru estaba usando su amnesia como un camuflaje para ocultar el Retorno por Muerte. En la primera ocasión en la que realmente perdió la memoria, Subaru la había perdido por completo—con la salvedad de los recuerdos de su mundo original—.
Por eso, lo mejor era asumir que la pérdida de memoria no tenía piedad ni miramientos. El caso de Subaru era “leve” solo porque aún no había perdido el sentido del yo. Le daba escalofríos pensar qué habría pasado si se hubiera perdido a sí mismo por completo. Al mismo tiempo, la duda de por qué no habían desaparecido sus recuerdos de su mundo original asomaba en su mente.
—En cuanto al motivo de la pérdida de memoria, me parece poco probable que sea el “coste” por leer un Libro de los Difuntos. Esta deducción surge de la diferencia entre el caso de Natsuki y el de Julius, quien también leyó un libro.
—…No es algo en lo que quiera pensar, pero cabe la posibilidad de que yo también haya perdido una pequeña parte de mis recuerdos, supongo.
Comentó Julius.
—Si la cantidad de lectura es proporcional a la cantidad de recuerdos perdidos, esa teoría se sostendría, supongo.
—Estoy de acuerdo. Es decir, la diferencia entre mi situación y la de Subaru podría deberse a la cantidad de libros leídos… lo cual coincide con el comportamiento de Subaru que Meili observó anoche.

Beatrice objetó la hipótesis de Echidna, y fue apoyada por Julius. Escuchando con atención la conversación de los miembros más inteligentes del grupo, Subaru asintió, convencido por sus deducciones.
—O sea, ¿que la cantidad de libros leídos podría estar relacionada con la pérdida de memoria?
—Es una posibilidad. Si damos por buena esta teoría, los que deberían echarle un ojo al Libro de los Difuntos de Reid somos más bien nosotros, los que no hemos leído ninguno todavía. Para Natsuki y Julius, que ya han leído, podría ser peligroso.
Las opiniones chocaban: una decía que debían leerlo los que ya tenían experiencia, y la otra que debían hacerlo los novatos. Ambas posturas tenían lógica y era difícil tachar a alguna de errónea. Sin embargo, había algo que a Subaru le inquietaba…
—Entonces, ¿qué pasa en mi caso, que ya he sufrido amnesia una vez? Si la condición para perder recuerdos es la acumulación de información de los Libros de los Difuntos, ¿mi contador ha sufrido un RESET? ¿O sigue sumando?
—Ese es un problema gravísimo. Que a Barusu se le vuelvan a escapar los recuerdos y tengamos que explicarle todo otra vez… de solo pensarlo me dan escalofríos.
—A mí también me da escalofríos, ¡cuida cómo lo dices!
—Hm… a mí también me preocupa muuucho eso. No quiero que Subaru olvide un montón de cosas otra vez.
Tanto Emilia como Ram validaron la preocupación de Subaru, cada una a su manera. No obstante, las suposiciones no dejaban de ser eso, suposiciones; la realidad seguía siendo un misterio.
¿Era más peligroso para alguien que deseaba demasiado, o para alguien con pocas ambiciones? No había respuesta.
Aunque no podía decirlo abiertamente, Subaru también tenía el recuerdo de haber leído el libro de Meili en el bucle anterior. ¿Contaría ese como un libro leído también en esta ocasión?
—…¿Qué pasa? ¿Me estás mirando porque quieres hacerme leer el libro a mí como castigooo? ¡Auch!
—Claro que no. Si sigues diciendo tonterías, te golpearé.
—¡Esto es maltratooo! El trato a los prisioneros es mucho peor ahora que cuando estaba en la mansión…
Se quejó Meili, soltando esa broma de mal gusto al sentir la mirada de Subaru sobre ella.
Él la regañó de inmediato, y Meili, inflando los cachetes, se aferró a las manos de Emilia y Shaula para esconderse detrás de ellas.
—Vaya, qué conveniencia… En fin, ¿alguna otra idea?
—Veamos. Podríamos leerlo nosotros, los novatos que tenemos un margen de un libro más que Julius; podría leerlo Julius, que ya tiene experiencia; o bien, podría hacerlo Natsuki, quien cabe la posibilidad de que ya haya desbordado su capacidad por leerlo una vez.
—¿Puedo decir algo egoísta? Creo que la mejor opción es que lo lea yo.
—Subaru…
Beatrice apretó la mano de Subaru mientras él hablaba frente a una Echidna que enumeraba las opciones. En la mirada de la pequeña se leía más preocupación que inseguridad, así que Subaru le guiñó un ojo.
—No es momento para bromear, de hecho. Subaru, tus recuerdos…
—No, claro que no quiero perder mis recuerdos. Pero, en términos de RISK MANAGEMENT, esta es la decisión más lógica. Se mire por donde se mire, la probabilidad de poner a todos en peligro si yo pierdo la memoria es mínima. Después de todo, soy el más débil de este grupo.
Bueno, no creía ser más débil que Meili, pero ya estaba demostrado que no podía vencer a nadie más. Sería fácil de reducir y, como ya había perdido la memoria una vez, el grupo ya sabía cómo lidiar con ello.
El problema era que Subaru ya acumulaba recuerdos de cuatro bucles que no debía olvidar. Por eso…
—No voy a entrar ahí con la intención de olvidar. Pero somos un equipo. Todos y cada uno de nosotros necesitamos asumir algún tipo de rol por el bien del resto.
—…
—Julius está a cargo de pelear, Echidna está a cargo de pensar, Ram está a cargo de herir con las palabras, Meili está a cargo de ser linda, Beatrice está a cargo de ser linda, Emilita está a cargo de ser la hermosa HEROINE, y Shaula está a cargo de las GRAVURE SCENES; así que debería ser yo quien esté a cargo de esto.
—Siento que ha habido demasiados puestos poco útiles en esa lista…
Comentó Emilia.
—¡Para nada! ¡Cuando las SCENES se oscurece o hay momentos de “fanservice”, son superfundamentales! ¡Yo me desvestiría por el Gran Maestro y por el arte!
—No, si te quitas más ropa me vas a dar miedo, así que no te esfuerces por ahí.
—¡Me han dejado colgada!
Los presentes entendían que esa era la forma de hablar de Subaru. Beatrice, quien aún sostenía su mano, fue la primera en suspirar ante su actitud. Soltó un aire profundo, lo miró con ojos entrecerrados y dijo:
—Cielos, cuando Subaru se pone así de cabezota, no hay quien lo mueva ni un milímetro, de hecho. En eso no has cambiado nada, aunque hayas perdido la memoria. Me ha quedado más que claro con lo de Meili, supongo.
—Je, je. Pero así es como te gusto, ¿verdad? Me haces sonrojar.
—¡No te pases de listo!
Le gritó Beatrice, roja de la cara, mientras le daba manotazos en la cadera.
Sin embargo, no había un matiz de negativa en sus palabras. Y parecía que lo mismo aplicaba para los demás.
—Si olvidas la promesa que me hiciste, te convierto en carne picada.
Exclamó Ram.
—¡¿Por qué dices eso justo cuando estaba teniendo un MONOLOGUE interno tan emotivo?!
—Quien sabe.
Con un ligero resoplido, Ram empujó el libro que sostenía entre sus brazos contra el pecho de Subaru. Al sentir el peso sólido y contundente del tomo, Subaru soltó una risa amarga.
—Aunque te pida que no hagas ninguna locura, la vas a hacer de todos modos, ¿verdad? Me parece muuuuy injusto que seas así. Siempre me tienes preocupada.
—Sobre eso, no tengo más remedio que pedirte perdón. Pero, del mismo modo que tú te preocupas por mí, creo que yo también me preocupo por ti, Emilita… ¿Es muy atrevido de mi parte decir eso?
—Me hace feliz que pienses así de mí. Por eso me siento tan confundida. Si te hiciera prometer que volverás sin falta, seguro que romperías la promesa, así que no lo haré.
—Me hace latir el corazón de una forma rara saber que mi “yo” de ayer tenía tan poca credibilidad. ¿Pero qué fue lo que hice?
Subaru se encogió de hombros ante las dulces palabras de Emilia y lanzó un “¿verdad que sí?” al aire para los demás. Sin embargo, todos desviaron la mirada disimuladamente. Por esa reacción, parecía que era un reincidente serio.
Sea como sea…
—Entonces, ¿no hay objeciones a que sea yo quien lo lea?
—…Al final, cualquier deducción no deja de ser una conjetura. Si hubiera sido posible, habría preferido tomar la opción con menos riesgos para todos los presentes.
Echidna bajó las cejas con aire de disculpa mientras Subaru sopesaba el libro. Sus palabras sonaban sinceras; no cabía duda de que había intentado velar por el bienestar del grupo. Por eso, Subaru pudo decirle con honestidad: “No te angusties por eso”.
—Bueno, por ahora, voy a ver qué tal me va. Si mis recuerdos salen volando, congélenme de inmediato y denme un sermón eterno para que aprenda.
—Nadie aquí haría algo tan violento, de hecho…
—Lo sé. Es porque eres muy buena.
Subaru acarició con suavidad la cabeza de la preocupada Beatrice y empujó ligeramente su amplia frente. Ella infló los mofles con descontento y dio un paso hacia atrás.
Bajo la mirada expectante de todos, Subaru se sentó en el suelo con firmeza, cruzó las piernas y soltó un suspiro profundo. Sobre su regazo descansaba el Libro de los Difuntos de Reid Astrea.
—…
Al concentrarse, sintió una clara aura siniestra emanando del libro. Había sentido algo parecido cuando intentó leer el Libro de los Difuntos de Meili, pero la presión que sentía de este tomo era muy superior.
—Después de todo, parece que el estado de ánimo de quien lo recibe cambia según de quién sea la obra que tiene en sus manos. ¿Qué clase de vida estaré a punto de leer? Y, sobre todo, ¿serán capaces de resistirlo mis recuerdos?
—…
Subaru puso la mano sobre la portada y miró por última vez a todos los que lo cuidaban. Beatrice, Meili, Ram, Echidna, Julius y Shaula lo observaban. Y entonces…
—…Subaru.
—Bueno, allá voy. Puede que regrese tarde, así que pueden ir cenando sin mí.
—…Tonto.
Y así, bajo la cálida despedida de la sonrisa de Emilia, Subaru abrió la portada del Libro de los Difuntos.
En ese instante, tuvo la ilusión de que los caracteres grabados en el libro se elevaban, golpeando sus globos oculares e incrustando la información directamente en su cerebro. En un pestañeo, su consciencia fue absorbida por el tomo…
Y su sentido del ser fue arrancado de la biblioteca, precipitándose hacia la oscuridad.
8
—La sensación de cuando leí el Libro de los Difuntos de Meili se ha vuelto bastante borrosa.
—Los paisajes que vi, la trayectoria de la vida que ella recorrió, son relativamente nítidos. Sin embargo, mi memoria de lo que sentí mientras veía esas escenas es, para ser sincero, la de haberme vuelto uno con la persona que daba título al libro, teniendo que revivir sus pensamientos subjetivos y sus vivencias.
En pocas palabras: el viaje a través del contenido de un Libro de los Difuntos es una asimilación con el otro.
En aquel instante, el Natsuki Subaru que trazaba el contenido del libro era Meili Portroute. Por eso, en un rincón de su consciencia siempre le perseguía ese extraño sentido del yo que cargaba con la sombra de Meili como un “yo” constante.
Si ese es el efecto del libro, lo que Subaru debería estar viendo en este preciso instante es la vida de Reid Astrea; debería estar sumergido en el mundo subjetivo de un hombre con una forma de pensar difícil de comprender.
Qué pensaba, qué le gustaba, qué odiaba, qué amaba y qué hizo. Debería haberse fundido con la filosofía de Reid y ser testigo de su existencia.
Por eso, Subaru notó de inmediato la anomalía.
El lugar donde se encontraba ahora, claramente, no era el pasado de Reid.
—… ¿Eh?
Estaba de pie en un lugar blanco. Totalmente blanco. A su alrededor se extendía un espacio ficticio, vasto y sin un final a la vista, y Subaru se sintió perdido, sin saber dónde estaba.
Se miró las manos. Se miró los pies. Al girar el cuello, comprobó que su torso y su cintura estaban ahí. Es decir, el cuerpo de Subaru estaba presente.
En ese punto, el fenómeno ya no encajaba con lo ocurrido en el libro de Meili. Había sido arrojado a una situación antinatural que no coincidía con su experiencia previa.
Por lo que veía, su ropa era la misma que llevaba cuando decidió leer el libro. ¿Era eso resultado de que su mente reconocía su “estado actual” con esa apariencia, o se trataba de una voluntad externa—como el espíritu del libro—que había recreado su imagen?
No quería ni imaginar que, al abrir el libro, su cuerpo físico hubiera sido succionado hacia el interior, pero…
—¿Vaya, vaya? Pero si es el hermanín… ¿has vuelto otra vez?
—¡…!
De pronto, Subaru dio un sobresalto al oír una voz que no era la suya; la voz de un tercero. Provenía de sus espaldas.
Por instinto, Subaru saltó hacia adelante, dio una voltereta y se giró para ponerse en guardia. La persona que estaba detrás abrió mucho los ojos ante su reacción espasmódica.
—Tú eres…
Al ver a quien tenía enfrente, Subaru murmuró con una mezcla de desconcierto y confusión evidente.
Fue un encuentro totalmente inesperado, algo que Subaru jamás habría imaginado: encontrarse con un desconocido en aquel lugar.
Frente a él, se hallaba una joven a la que nunca había visto. Tenía el cabello de un rubio tan pálido y translúcido como hilos de oro, increíblemente largo.
La melena se extendía sobre el suelo blanco, rodeando los pies de la muchacha como un mar dorado.
Sus ojos eran grandes, redondos y azules, y sus extremidades poseían la blancura de la porcelana fina. Vestía una túnica blanca sin adornos, y toda ella desprendía una impresión de transparencia casi irreal.
—…
Era una chica a la que no conocía. Debería ser así. Sin embargo, Subaru entrecerró los ojos y se frotó los párpados con brusquedad con el dorso de la mano.
Fue un gesto instintivo, como si intentara aclarar una visión borrosa, pero la figura que veía no cambió. Por más que la mirara, era una desconocida. Aunque, en el fondo de su mente, sintió una leve punzada, como si sus recuerdos dolieran.
—¿Ya te calmaste un poco, hermanín?
—¿Dónde estoy? … O, ¿quién eres? ¿Qué debería preguntar primero?
—Qué avaricioso eres, hermanín. Pero no me disgusta que escupas con tanta honestidad tus ganas de saberlo todo. A nosotras nos encanta la gente avariciosa, ¿sabes?
Tras decir eso, la joven le dedicó una sonrisa que le rasgó los labios de par en par.
Sí, “mueca” o “burla” sería la única forma de describir esa expresión. Aparentaba unos trece o catorce años, aunque con un aire algo más infantil.
Con sus facciones bien definidas, debería haber sido una chica a la que la sonrisa le sentara de maravilla.
Pero, a ojos de Subaru, esa sonrisa era siniestra. Era como si su instinto le advirtiera que el alma de esa niña había despreciado y pisoteado innumerables vidas. Ante el estremecimiento de Subaru, ella sentenció:
—Este es el blanco y solitario destino final para las almas. Es la cuna de Od Laguna. El Corredor de las Memorias.
—¿El Corredor… de las Memorias?
—Exacto, exacto. El Corredor de las Memorias. Y además…
Subaru abrió los ojos de par en par ante aquellos términos que no recordaba haber oído jamás. Satisfecha con su reacción, la niña continuó. Aquella malicia con forma de niña le dijo, mientras se burlaba:
—…nosotras somos Ruy Arneb, la arzobispa del pecado de la gula del Culto de la bruja.
—…
—De todos modos, será por poco tiempo otra vez, pero un placer, hermanín.