Levántate
CAPÍTULO 3 Levántate
1
—”El Corredor de las Memorias” y “Ruy Arneb”.
—…
Sí, Subaru se quedó en silencio frente a Ruy, la chica rubia que había respondido a su pregunta.
Un encuentro inesperado con una chica que no esperaba ver, en un espacio blanco muy distinto al que había imaginado. Y, por si fuera poco, esa chica tenía un aire de sabelotodo y parecía dispuesta a explicarle varias cosas, pero…
—…Para empezar, ¿qué demonios es todo eso del Culto de la Bruja, “Gula” o un “Arzobispo del Pecado”?
—Ajaja.
Ante las palabras de un Subaru que había cruzado los brazos y ladeado la cabeza, Ruy se llevó una mano a la boca y rompió en una gran sonrisa.
Si uno solo miraba esa escena, daba la impresión de ser una pintura clásica: una joven chica de pie en un fantástico paisaje de tiza blanca. Sin embargo, los instintos de Subaru llevaban un buen rato haciendo sonar ruidosamente las alarmas de advertencia.
Para Subaru, que había crecido en el pacífico Japón moderno, la existencia de la chica era tan extraña que sus instintos de supervivencia no paraban de gritar. El problema también era que no le sonaban para nada ni el título ni la afiliación que ella se había adjudicado…
—El Culto de la Bruja es, en pocas palabras, una reunión de las personas más odiadas de este mundo.
—¿Oh?
—Incluso un hermanín como tú debe haber escuchado al menos el nombre de la “Bruja de los Celos”, ¿verdad? El Culto de la Bruja tiene una profunda conexión con esa Bruja… Bueno, puedes considerarnos algo así como sus creyentes.
—…Entonces, lo de hace un momento era “Arzobispo del Pecado”.
Pecado capital y arzobispo; como combinación, emanaba una fuerte sensación de ser conceptos contradictorios, pero para el sentido común de Subaru, era un nombre que encajaba bastante bien.
Después de todo, con solo escucharlo, de inmediato…
—Sabes que es el nombre de los villanos.
—No me gusta, no me gusta, no me gusta, no me gusta, te digo que no me gusta, te digo que no.
Sacudiendo la cabeza de lado a lado como si lo detestara, Ruy abrazó su esbelto cuerpo bajo la mirada de Subaru. Sin embargo, la sonrisa no desapareció de sus labios en ningún momento, y su rechazo era puramente superficial.
Era una chica cuyas verdaderas intenciones eran indescifrables.
No, más bien debería decirse que era ambigua y evasiva.
—No intimides a una niña inocente con esas palabras, hermanín. Nosotras también salimos heridas, ¿sabes? Tenemos un corazón más delicado y sensible que el de cualquiera.
—Eso no tiene nada de poder de persuasión. Además, ¿ese pronombre en primera persona del plural es algún tipo de GIMMICK para tu personaje? ¿O es un alarde genial para sonar como un “Ejército de un solo hombre”? Dices “nosotras” o “nosotros”, pero ni siquiera eres consistente.
—Ah… no te preocupes por eso. Es solo que tenemos demasiados egos, así que estamos un poco flotando sin saber quién es el sujeto principal. Aunque ya estamos bastante hartas de esto, la verdad.
Mientras decía eso, Ruy bajó ligeramente la mirada y, continuando con un “pero”, añadió:
—No hay nada que hacerle. Es un regalo de mi hermanito y de mi hermano mayor, así que si no lo acepto adecuadamente sería un fracaso como hermana menor. Somos hermanos, así que tenemos que ayudarnos mutuamente.
—…Vaya, qué hermana menor tan linda y considerada. Soy hijo único, así que me da envidia.
—¿Tú crees? ¿Quién sabe? Tal vez, a estas alturas, a ti también te haya nacido un hermanito o una hermanita, ¿no?
—¡¿Podrías no decir cosas tan CREEPY?! ¡¡No quiero ni imaginarmelo!!
Dicho esto, como sus padres eran un matrimonio de tortolitos muy unido, no podía descartarlo como una simple broma. Si se trataba de ellos, con la desaparición de Subaru podrían tener un próximo hijo… No, imposible.
—…
Si Subaru desaparecía, sus padres serían del tipo que lo seguirían buscando hasta encontrarlo.
Por eso, “por favor, por favor” salía de los ruegos de Subaru. Deseaba que esta invocación a otro mundo hubiera sido una reencarnación.
Si la alternativa era hacer a sus padres experimentar la agonía de buscar sin descanso a su hijo desaparecido, Subaru prefería que le dijeran que había muerto y llegado a este otro mundo.
Eso sería mucho más fácil. Habría mucha más salvación en eso.
Por eso…
—Lo sé, hermanín.
—¡…! ¡No me jodas!
Subaru enfureció ante Ruy, quien lo miraba desde abajo mientras sostenía con ambas manos su propio cabello que cubría el suelo.
Asomándose a sus ojos, ella hablaba como si comprendiera las ansiedades que Subaru no había expresado en voz alta. Eso lo irritó profundamente, así que le gritó a Ruy y le dio la espalda.
—¡Qué vas a saber tú de mí! Solo dices lo que te da la gana…
—Sientes mucha culpa por tu papá y tu mamá, ¿verdad? Te arrepientes de ser un hijo tan poco filial por no haber podido decirles ni un simple adiós. No, en realidad, siempre te has arrepentido. Tanto ahora como en el pasado, ¿no es así?
—…
Y así, continuando con sus comentarios de sabelotodo, Ruy abrazó suavemente la espalda de Subaru.
Un cuerpo pequeño y ligero. Subaru contuvo el aliento y se puso tenso.
No por el hecho de que la chica se hubiera acurrucado contra él. Sino por el contenido mismo de las palabras de la chica.
Esas declaraciones con aires de quien lo comprende todo, sin embargo, habían acertado de lleno en una parte del corazón de Subaru.
—¿Que cómo lo sé? Pues claro que lo sé. Después de todo, no hay ni un solo ser humano que conozca mejor al hermanín que nosotros.
—¡No me toques!
—Auch…
Ruy hizo un puchero ante Subaru, quien se zafó de sus brazos de un manotazo y tomó distancia con la respiración agitada.
—¿Qué demonios pasa? ¿Acaso las mujeres de este mundo no tienen ninguna duda en buscar skinship con los hombres? Todas y cada una de ellas se acercan demasiado. Son demasiado confianzudas.
—Tengo miedo de que, de no tener cuidado, termine entregándole mi corazón debilitado a ese calor corporal.
—¿¡Qué diablos eres tú!? ¡¿Qué es lo que quieres decir?!
—Nosotros solo queremos que el hermanín esté tranquilo. Está bien, está bien. Ya le pusiste un punto final adecuado a tus sentimientos por tu papá y tu mamá. Aunque haya sido unilateral, sientes que los enfrentaste. Que tu corazón ya está en paz. Al menos, superficialmente.
Riendo con burla, Ruy clavó las uñas de su mano derecha en su brazo izquierdo. Gari, gari; con una fuerza que resultaba dolorosa de ver, comenzó a lastimar su esbelto brazo blanco.
Ante un Subaru que frunció el ceño por esa acción, Ruy le mostró una lengua anormalmente larga y roja.
—Superficialmente, estás completamente sano. Parece como si no llevaras n-a-d-a arrastrándose en el corazón. Eres muy bueno fingiendo, hermanín. Es muy triste que seas tan bueno, hermanín.
Subaru torció los labios ante esas palabras que sentía como si le desgarraran el pecho por dentro.
Debía seguir la campana de advertencia de sus instintos, que cambiaba su forma de sonar indicándole que no debía seguir relacionándose con ella.
—No entiendo muy bien qué es lo que quieres decir. No lo entiendo, pero te dejará marcas, así que detente. Dicho esto, hagamos un CATH-BALL de conversación. Nada de bolas rápidas. Intentemos lanzar bolas suaves con parábola.
—¿Mutuamente?
—Mutuamente. Sí, por ejemplo… Continuemos con lo que decías antes sobre los Arzobispos del Pecado.
No queriendo dejarse llevar más por el ritmo de Ruy, Subaru retrocedió el tema de conversación un paso.
Arzobispo del Pecado y la combinación con “Gula”; incluso Subaru tenía una idea sobre eso.
—Si tú eres “Gula”, ¿no debería haber otros seis parecidos a ti?
—¿Si incluyes a mi hermanito y a mi hermano mayor, seríamos exactamente seis, tal vez? Ah, pero últimamente perdimos a dos, así que ahora podríamos ser cuatro. Aunque esos dos también deberían morirse rápido, la verdad.
—…Con esa actitud, parece que su sentido de compañerismo es bastante bajo.
—Pero si es obvio. Aunque nos llamemos a nosotras mismas Arzobispos del Pecado, de todos modos no somos más que una reunión de las personas más odiadas del mundo. Es solo una forma diferente de llamarnos, pero somos lo mismo que las “Brujas”.
Diciendo eso, Ruy se dejó caer de rodillas en el suelo, hundiéndose en su propio cabello dorado. Acercándose con cuidado para no pisarlo, Subaru se sentó con las piernas cruzadas frente a ella.
—¿Brujas? ¿Con lo de que son lo mismo que las Brujas, te refieres a esas que dicen por ahí que son absurdamente aterradoras?
—Bueno, la “Bruja de los Celos” tiene un carácter mucho peor que el nuestro, así que no quiero que nos metan en el mismo saco. Pero las demás son iguales. “Brujas” o Arzobispos del Pecado, son lo mismo pero con distinto nombre. Solo somos unos bastardos compatibles con la Autoridad de la Bruja, a los que se les llama de forma distinta dependiendo de la época y la posición.
—…
—Pero bueno, el hermanín de ahora ha olvidado tanto a las Brujas como a los Arzobispos del Pecado y a nosotras, así que tal vez dé igual. Lo entiendo, lo entiendo, lo entiendo, porque lo entiendo, aunque lo entiendo, precisamente porque lo entiendo, precisamente porque quiero entenderlo…
—Cállate.
—Auch…
Deteniendo esa ola de palabras que se le venía encima, Subaru se llevó una mano a la barbilla.
Tenía la sensación de que le estaban contando algo importante, pero a Subaru no le terminaba de hacer clic. La causa de ese problema era que la situación actual carecía demasiado de un sentido de realidad.
Un espacio blanco, una chica de pie en él; la sensación de déjà vu que Subaru sentía en esta situación era…
—¿Acaso eres un personaje GOD-TYPE?
—¿God-type…? Ah, ¿te refieres a esto? ¿Algo así como en las reencarnaciones en otros mundos? No lo entiendo muy bien, pero nosotras no tenemos nada que ver con eso. Aunque sí, es verdad que es un lugar que te da una sensación extraña.
Riendo por lo bajo, Ruy, todavía sentada sobre su cabello rubio, dio una vuelta sobre sí misma en el lugar, señalando ese mundo blanco y vacío con su cabello ondeando suavemente.
—Este lugar es exactamente lo que ves. Un lugar donde todo desaparece, y por lo tanto, un lugar donde no hay nada. Como estoy aquí sola y aislada en un sitio como este, supongo que parezco la deidad guardiana del lugar.
—¿La Cuna de Od Laguna, no? Incluyendo el nombre del Corredor de las Memorias, de principio a fin, mi cabeza no entiende absolutamente nada de todo esto.
—Hm, hm, hm, hmmm, así es. En pocas palabras, este es el lugar donde se filtran las almas.
—¿Filtrar las almas?
Ante esa expresión poco familiar, a Subaru le aparecieron signos de interrogación en la cabeza.
Filtrar, es decir, con el mismo significado que purificar o colar algo, pero rara vez se escuchaba que se usara en relación a las almas.
Sin embargo, Ruy atrajo sus rodillas hacia sí con alegría asintiendo fervientemente, y continuó:
—Un trapo de limpieza que ya has usado, lo lavas, lo secas y lo vuelves a usar, ¿verdad? Con las almas pasa exactamente lo mismo. Le quitas toda la suciedad que se le ha pegado y la reutilizas estando limpia de nuevo.
—Esa “suciedad pegada”… ¿Te refieres a recuerdos o experiencias?
—Si te resulta más fácil entenderlo así, ¿no está bien? Piensa lo que quieras, hermanín.
Subaru torció el gesto ante Ruy, que le sacó la lengua burlonamente, y miró a su alrededor.
Como siempre, no había nada nuevo en ese espacio blanco, el Corredor de las Memorias. Dentro de ese mundo blanco interminable, no había ninguna prueba física tan clara como las que Ruy había mencionado.
—Tampoco es algo que se pueda ver tan fácilmente.
—Ese Dios llamado Od Laguna resulta ser bastante retorcido, ¿eh?
—Esa cosa no es nada tan grandioso como un Dios. No tiene ningún tipo de ideología noble ni nada por el estilo. Es solo un sistema. Un sistema para evitar que el mundo sea destruido.
—Un sistema…
—La Autoridad de la Bruja, las Protecciones Divinas, los “Santos de la Espada”, las “Brujas”… no le importa nada de eso. Si el Od Laguna tiene algo bueno, es solo su indiferencia: igualitaria, justa y sin favoritismos.
Entrecerrando los ojos con aburrimiento, Ruy apretó su rostro entre las rodillas que había recogido hacia sí. Mirando de reojo a la chica que deformaba sus mejillas contra sus blancas rodillas, Subaru dejó escapar un pequeño suspiro.
Hasta ahora, la chica le había estado hablando con bastante franqueza. Probablemente ni siquiera le había dicho ninguna mentira descarada. Precisamente por eso, Subaru suspiró.
Exhaló, inhaló, volvió a exhalar una vez más, y luego, la miró.
Y le preguntó:
—La que robó mis recuerdos hasta el día de ayer… ¿fuiste tú?
—¿Así es?
La culpable respondió a la pregunta de Subaru con una pasmosa naturalidad.
2
—…
Ante la afirmación tan despreocupada a su pregunta, Subaru cerró los ojos.
Ya presentía que ella no lo negaría. En el poco tiempo que llevaban hablando, había intuido que ella no era del tipo de persona que haría algo así para ocultarlo.
Ruy sabía demasiado. Ella conocía demasiado a fondo los sentimientos de Subaru.
Tanto es así que, incluyendo cosas que el Natsuki Subaru actual no podría saber, Ruy Arneb conocía a la perfección todo sobre “Natsuki Subaru”.
Es decir…
—Así que el “yo” de ayer también vino a este lugar, ¿verdad?
—Estrictamente hablando, la forma en que viniste fue un poco diferente. Pero bueno, el objetivo era el mismo. Solo que el resultado fue ligeramente distinto. Pero, qué increíble. Qué maravilloso. ¿En cuántos intentos lograste llegar hasta aquí?
—…
—Oye, responde, hermanín. Nosotras ya te respondimos, ¿no? Dime, desde que te comimos, ¿qué número de hermanín eres tú?
Un escalofrío recorrió la espalda de Subaru ante esa pregunta de Ruy.
Sus ojos y su pregunta eran claramente los de alguien que conocía el núcleo del “Retorno por Muerte”.
No, era obvio. Por supuesto que era obvio.
Si ella había robado los recuerdos de “Natsuki Subaru”, y si podía leer esos recuerdos a voluntad, no había nada de extraño en que ella supiera sobre el Retorno por Muerte.
El Retorno por Muerte no era un poder que solo poseía el Subaru amnésico; sin duda alguna, era un poder que “Natsuki Subaru” ya tenía desde antes de perder sus recuerdos.
Seguramente, “Natsuki Subaru” ha utilizado este poder para superar muchas situaciones difíciles. El resultado de eso es la confianza de Emilia, Beatrice y sus compañeros; en otras palabras, la prueba de que usó un cheat, de que hizo trampa.
Subaru no tenía intención de culparlo por ello. Fuera un cheat o lo que fuera, si la vida de alguien estaba en juego, no se debía dudar en usarlo. Las decisiones de “Natsuki Subaru” habían sido correctas.
Así, reconociendo su utilidad, aceptó el poder del Retorno por Muerte..
Sin embargo, en contraste con esa determinación, Subaru sentía una extraña ansiedad, una preocupación en el fondo de su pecho.
Ruy Arneb estaba violando ese miedo inevitable, ese tabú.
Y eso era…
—¿Que no debo saberlo? Si es por eso, ya es muy tarde, hermanín. Después de todo, nosotros te conocimos ayer, ¿no es así?
—…
—Si se trata de la “regla” de que nadie debe enterarse, hace mucho que se rompió. Pero lo que pasa en el Corredor de las Memorias no se filtra fácilmente al exterior. Por eso la aterradora Bruja no entra en acción.
Deslizándose sobre manos y rodillas, Ruy acercó su rostro al de Subaru, que estaba sentado con las piernas cruzadas. Con una sonrisa seductora totalmente impropia de su edad y dejando asomar su lengua roja intermitentemente:
—Dime, hermanín. ¿Qué intento es este?
Ante esa voz, que se sentía como si le estuvieran hurgando el cerebro directamente con la lengua, Subaru experimentó un dolor adormecedor.
Luego, haciendo temblar ligeramente su lengua y su garganta:
—…Es la quinta vez.
—¡…! ¡Increíble, increíble, increíble, qué increíble, es increíble, te digo que es increíble, precisamente por ser tan increíble, precisamente porque anhelo lo increíble…! ¡Atracón! ¡Gula!
—¡Gah!
—¡Quiero saborearte hasta que el estómago me estalle, hermanín! Según nuestra experiencia, creo que el apetito y el deseo sexual se parecen mucho. El deseo sexual, es decir, es amor, ¿verdad? Eso significa que nosotros, al hermanín…
Habiendo empujado a Subaru y montándose a horcajadas sobre él, Ruy le echaba el aliento caliente con el rostro lleno de excitación. Con las mejillas enrojecidas y los ojos extasiados, Ruy no dudó en arrastrar su lengua por el cuello de Subaru.
Y en ese instante, pudo imaginar cuáles serían las palabras que ella estaba a punto de continuar…
—Te amo.
Y, al recordar las palabras de amor que le habían sido arrojadas una y otra vez en el bucle anterior, cuando había deseado la “muerte” en una situación desesperada, su corazón estalló.
—¡N-No me toques, sabionda precoz!
—Uhi…
Abriendo los ojos de par en par, Subaru agarró por el cuello de la ropa a la chica que lo aplastaba y, con violencia, la empujó a la fuerza contra el suelo blanco. Intercambiando posiciones, esta vez Subaru se montó a horcajadas sobre ella.
Era un cuerpo delgado y ligero. Con el largo cabello rubio extendiéndose por el suelo, en una postura que parecía como si la hubiera derribado sobre una cama dorada, Subaru presionó sus manos contra el cuello de ella y le mostró los dientes.
—¿Te descuidaste? ¡Qué lástima! ¡En esta posición, yo tengo una ventaja abrumadora! Si no quieres que te estrangule aquí mismo, mis recuerdos…
—¿Que te los devuelva? ¿Y si no te los devuelvo me vas a estrangular? ¿A nosotras, el cuello de una chica frágil y delicada?
Con el cuello apresado, estando el derecho de su vida o muerte en manos ajenas, Ruy miró fijamente a un Subaru que respiraba con agitación, y relajó los labios mientras mantenía la misma mirada de excitación que antes no se había desvanecido en lo más mínimo.
Y, de esos labios relajados, le hizo una pregunta con un tono de voz que parecía una maldición.
—¿De verdad serías capaz de hacer algo así, hermanín?
—…¿Crees que no puedo hacerlo?
—Más que creerlo, lo sé. Después de todo, mira, ahora mismo nosotros te conocemos mejor que el mismísimo hermanín.
Mientras decía eso, Ruy se pinchó las mejillas con los dedos índices de ambas manos e inclinó un poco la cabeza en un gesto provocador.
Ante esa actitud, Subaru contuvo el aliento y miró su propia mano derecha, que aferraba el cuello de Ruy.
Con solo poner un poco de fuerza en su brazo para mostrarle que iba en serio, bastaría.
Si demostraba que hablaba en serio, Ruy también tendría que cambiar de actitud.
Pensando en Emilia, en Beatrice, en Ram, en Meili, en Julius, en Echidna, en Shaula, en Patrasche, pensando en todos, y entonces.
Y entonces…
—…Has perdido la fuerza en el brazo, hermanín.
—…
—¿En serio pensabas que iba a resistirme? Después de todo, aquí dentro nosotras solo somos la chica frágil y delicada que aparentamos. A diferencia de mi hermanito y mi hermano mayor, si nosotras no tomamos la forma de la persona que nos hemos comido, no podemos usar nuestra fuerza.
“Ei”, dijo Ruy mientras tocaba la mano derecha de Subaru, que aferraba su cuello, con el mismo dedo que acababa de usar para pincharse la mejilla.
Ante esa débil fuerza, la palma de Subaru se soltó de su cuello con pasmosa facilidad.
—¡Mierda…!
—No te deprimas tanto, hermanín. Lo hiciste muy bien, muy bien. Porque para ser honesta… nosotros ni siquiera pensábamos que serías capaz de volver a este lugar.
—¿Crees que eso sirve de consuelo?
Habiendo sido derribada y aún tumbada en el suelo, Ruy ya tenía una expresión de haber superado el apuro. Cualquier cosa que Subaru le dijera a esa cara sonaría a las excusas de un mal perdedor, así que Ruy simplemente sacó la lengua y rió con un “Ajaja”.
—Pero bueno, me alegro por ti. Si recuperaras los recuerdos de “Natsuki Subaru”, el hermanín de ahora moriría, así que te has salvado de cometer una estupidez como el suicidio.
—…¿Ah?
—Vaya, qué reacción tan rara. ¿Acaso no te habías dado cuenta? Si tus recuerdos regresan, el “tú” de ahora será sobrescrito y tu existencia actual desaparecerá… Eso es lo mismo que morir, ¿verdad?
Ante la actitud de Ruy, como de alguien que espera escuchar la respuesta a un simple acertijo, Subaru se quedó paralizado.
Morir. Desaparecer por completo. Sí, se lo habían dicho claramente.
Le habían dicho que, cuando recuperara los recuerdos de “Natsuki Subaru”, la conciencia y los recuerdos del Subaru que estaba aquí y ahora serían sobrescritos y desaparecerían.
Si le preguntaran si eso no era la “muerte”, la respuesta era…
—Ahora mismo, “Natsuki Subaru” está muerto, ¿verdad? Porque no está en ninguna parte. Pero, si “Natsuki Subaru” regresa, esta vez serás tú el que muera, hermanín. Porque no podrás ir a ninguna parte.
—…
—Oye, ¿de verdad vale la pena llegar a esos extremos para recuperar a “Natsuki Subaru”? Tú también deberías ser capaz de hacer lo mismo, ¿verdad, hermanín? Seguramente tú también terminaste encariñándote con las personas a tu alrededor. Y de igual forma, esas personas también terminarán queriéndote a ti… ¿Qué hay de malo en eso?
—Qué hay…
Si le preguntaban qué había de malo, seguramente no había absolutamente nada de malo.
Ni para “Natsuki Subaru” ni para Natsuki Subaru, seguramente no había nada de malo.
Subaru es un ser humano con muchos defectos. Está tan lleno de defectos que llega a odiarse a sí mismo. Si le preguntaran a quién odia más en este mundo, respondería sin dudarlo que a sí mismo.
Así de irremediablemente insuficiente es Natsuki Subaru.
Sin embargo, en lo que respecta a este problema en particular, Subaru no tiene ninguna culpa.
Lo único que existe es el hecho de que solo puede haber un ganador en este cruel juego de las sillas.
—Yo, a Emilia y a los demás…
—Quería devolverles a “Natsuki Subaru”.
Por eso, creía haberse preparado mentalmente en su interior para no dudar en aprovechar la oportunidad de recuperar sus recuerdos si se le presentaba.
Sin embargo, había estado apartando completamente la mirada del hecho de que su propia existencia desaparecería.
Pensándolo a su propia conveniencia, había estado esperando que ocurriera algún tipo de milagro: que los dos recuerdos se mezclaran, que la existencia del Subaru actual permaneciera en alguna parte de “Natsuki Subaru”, o que todo se resolviera de alguna forma positiva.
Ante esas inciertas expectativas de Subaru…
—¿Quién sabe? Nunca he visto a nadie a quien le hayan vuelto los recuerdos, así que no tengo ni id~ea.
Mostrando los dientes como si se burlara del conflicto interno de Subaru, Ruy lo miraba con los ojos de un gato que juega con un ratón.
La culpable que le había arrebatado sus recuerdos declaró, con total irresponsabilidad, que no sabía qué pasaría después. Seguramente esto no era una mentira, sino la verdad.
Ruy Arneb no es del tipo de persona que devuelve a sus dueños originales lo que ha robado de otros.
Por lo tanto, realmente no tenía ni idea de qué le pasaría a Natsuki Subaru como resultado de recuperar sus recuerdos.
—Hermanín, ya que es una vida que te han dado con tanto esfuerzo, tienes que disfrutarla.
Esa usurpadora irresponsable continuó, mirando el rostro de Subaru desde muy cerca.
—El resultado de que nosotras nos comiéramos los recuerdos de “Natsuki Subaru” es que el hermanín esté aquí. En otras palabras, ¿no somos nosotras algo así como las madres biológicas del hermanín? Intentar elegir la opción de morir frente a los ojos de tus madres, ¿no es lo que llaman ser un hijo poco filial, hermanín?
—Qué historia tan ridícula…
—Los recuerdos son los que dan forma a las personas, hermanín.
Con voz baja, fría y borrando toda expresión de su rostro, Ruy pronunció solo esa frase con un tono de voz verdaderamente serio.
Sin querer, ante la agudeza de ese tono, Subaru contuvo el aliento y se quedó callado.
Al mismo tiempo, sintió que no era la primera vez que escuchaba esas palabras. Ese sonido, esas palabras, o tal vez, justo antes de enfrentar su segunda “muerte”…
—El hermanín de ahora tiene las relaciones que ha construido el hermanín de ahora. ¿Por qué no intentas empezar de nuevo y vivir mirando hacia adelante? Nosotras creemos que esa también es una opción válida.
—…
—Además, sé que puede sonar mal decir esto, pero… “Natsuki Subaru” no da la impresión de ser la figura masculina ideal, ¿sabes?
Cerrando un ojo y con una expresión de que le costaba decirlo, Ruy le asestó un golpe directo a los sentimientos de Subaru.
Ella, a pesar de seguir inmovilizada con Subaru montado a horcajadas sobre ella, entrelazó las manos frente a su pecho y, clavando la mirada en los ojos negros de él con las pupilas de una doncella soñadora…
—¡Pobre Emilia! ¡Una chica lamentable que es rechazada por todos solo porque su origen es el mismo que el de la antigua Bruja! ¡Ah, y aun así, qué amable soy por quedarme a su lado!
—Qu…
—¡Débil y frágil Beatrice! ¡Una niña solitaria que ha pasado su tiempo de soledad completamente sola, sin tener en quién apoyarse! ¡Debo tomarla de la mano y guiarla por este camino oscuro y peligroso!
Frente a un sorprendido Subaru, lo que Ruy continuaba recitando sonoramente eran los nombres de las dos chicas que habían rezado por su seguridad y lo habían despedido, junto con una imagen mental terriblemente distorsionada de ellas.
Él sabía de quién era esa imagen mental y qué era lo que Ruy quería decir. Lo sabía, pero…
—¡Rem, que intenta ofrecer un amor devoto e incondicional! Tan tonta, tan hermosa, qué pura. Seguramente es una existencia incompleta que solo obtiene el sentido de estar viva al desvivirse por alguien más que no sea ella misma. ¡Es por eso que una existencia como yo tiene que guiarla!
—Qué… ¿qué intentas hacer?
—Te digo que estoy hablando en nombre de lo que “Natsuki Subaru” pensaba. Lo que él quiere es un sentido de superioridad. Nunca piensa realmente en hacer las cosas por el bien de los demás. Simplemente se rodea de personas convenientes y se embriaga con el placer de tenderles una mano. A los cachorros que no se encariñan con él ni siquiera les da de comer. Los aleja.
—…
—¿De verdad estás dispuesto a entregarle tu yo actual a ese tipo de “Natsuki Subaru”?
Una vez más, la pregunta fue planteada.
Era una exigencia de confesión de parte de Ruy, de “Gula”, hacia Natsuki Subaru.
Ruy le estaba exigiendo a Subaru que hablara con sus verdaderos sentimientos.
Que si no quería morir; que si acaso quería morir; que, suponiendo que muriera, ¿moriría por un tipo como ese?
…Que si Natsuki Subaru podía elegir la muerte por el bien de “Natsuki Subaru”.
—Bueno, ¿qué es lo que quieres hacer, hermanín?
—…
Mientras decía eso, Ruy agarró el brazo de Subaru con sus delgados brazos y se lo puso contra su propio cuello.
Una vez más, esta vez guiada por ella misma, la mano derecha de Subaru enganchó sus dedos alrededor del delgado cuello de Ruy. Si aplicaba fuerza así sin más, ese frágil cuello se rompería fácilmente.
Acababa de llegar a la conclusión de que no podía hacerlo.
Pero, no hacerlo, quizás sería lo mismo que elegir matar a “Natsuki Subaru”. Al menos, eso era lo que decía Ruy.
—Vamos.
—…
—¿Qué tal? ¿Qué vas a hacer? ¿Y bien? ¿Qué harás? ¿Qué vas a hacer? ¿Qué quieres hacer? ¿Cómo quieres hacerlo? Puedes hacer lo que quieras, ¿sabes? No importa lo que pase, ¿de acuerdo? No me importa lo que hagas. Te perdonaré sin importar cómo lo hagas…
Como si jugaran con él, como si se burlaran de él, como una maldición, las palabras de Ruy golpearon los tímpanos de Subaru.
Ruy Arneb, “Gula”, el Arzobispo del Pecado, la chica delgada, la existencia odiosa, su creadora.
Estaba presionando a Natsuki Subaru para que eligiera qué hacer con “Natsuki Subaru”.
—Vamos.
Vamos.
—¿Qué quieres hacer, hermanín?

3
Una elección, y además una elección cruel, estaba consumiendo a Natsuki Subaru.
Se escuchaba el sonido de algo quemándose poco a poco en el fondo de su pecho. Fuera su humanidad, su confianza en sí mismo o sus sentimientos hacia “Natsuki Subaru”, varias cosas como esas se estaban calcinando.
Con las manos en el cuello de la chica a la que había derribado, y siendo objeto de sus burlas, Natsuki Subaru se encontraba en una situación que decidiría su propio destino y el destino de “Natsuki Subaru”.
—…
No podía escuchar los latidos de su corazón. Su respiración era agitada, pero probablemente sus pulmones no estaban funcionando. A pesar de estar en una situación tan desesperada, no tenía ni una sola gota de sudor frío en la frente.
Seguramente era porque el cuerpo de Natsuki Subaru que se encontraba en ese lugar no era real. Hacer elucubraciones que no venían al caso—como pensar que no se había teletransportado físicamente al leer el libro, sino que solo su mente había sido arrastrada— no era más que un acto de escapismo.
Así, haciendo volar sus pensamientos hacia la lejanía, la mente de Subaru intentaba obtener una paz momentánea. Sin embargo, ni el tiempo, ni el espacio, ni su oponente le permitirían tal vía de escape.
—Vamos, ¿qué vas a hacer, hermanín?
La chica inmovilizada bajo él se reía con sadismo al mirar a un Subaru que se había quedado rígido, dudando en su elección. Mientras se asomaba a los ojos negros de Subaru, ella dejaba asomar su lengua como si quisiera lamerle los globos oculares.
—Inmovilizar a una chica frágil y delicada, y ponerle las manos en su delgado cuello. ¿No te da escalofríos? ¿O acaso para alguien con tu constitución es una experiencia de lo más común?
—…
—Estás temblando, qué l-i-n-d-o. ¿De verdad vas a poder tomar una decisión t-a-n importante estando así?
Inclinando la cabeza, Ruy, que estaba tendida bocarriba, besó la muñeca de Subaru. Ese gesto espeluznante, junto con la pasión que emanaba de su mirada de soslayo y sus palabras crueles, le recordaron a Subaru cierta escena.
Era una escena despiadada que Subaru había presenciado una vez. Aunque la perspectiva era inversa.
No era lo que Subaru había visto, sino la visión de la chica que se había enfrentado a él. La escena en la que Subaru, tras derribarla, la estrangulaba con un rostro malévolo.
Exactamente igual que en la situación actual, la escena en la que “Natsuki Subaru” había estrangulado a Meili hasta matarla…
—Ugh.
En el instante en que se dio cuenta de que era una escena casi idéntica a esa, todo el cuerpo de Subaru, al igual que sus mejillas, se tensó.
—Vaya, parece que te resulta familiar, ¿verdad?
—¡No jodas! No me jodas…
—No estoy jodiendo para nada. De hecho, ¿no eres tú el que no se lo está tomando en serio, hermanín? Deberías amarte a ti mismo más en serio, de verdad, con todas tus fuerzas.
—…
—Ah, sí, sí. Ámate a ti mismo. Vamos, ámate. Al igual que las personas que el hermanín quiere atesorar desean que lo hagas, tú también tienes que amarte a ti mismo.
Con un tono frívolo, una ola de palabras que parecían tener sentido resbalaban superficialmente.
¿Tenía la intención de que la escuchara o, desde el principio, su capacidad de empatizar con los demás estaba muerta? ¿Lo hacía a propósito o era su naturaleza? ¿Se estaba burlando o lo estaba consolando?
Era ambiguo. La forma de ser de Ruy Arneb era ambigua en todos los sentidos.
—¿Qué pruebas hay… de que, si hago lo que dices, las cosas saldrán así?
—¿Pruebas?
—¡¿Qué pruebas hay de que, si recupero a “Natsuki Subaru”, el yo de ahora desaparecerá…?!
—Ninguna. No las hay. Te digo que no las hay. Porque no existen. Ya te dije que no las hay. No las hay, en serio. No hay nada de eso. Resulta que no las hay… ¿Eso te sirve de consuelo?
—…
—Estamos dando vueltas en círculos, hermanín. Nosotros tampoco podemos hablar de cosas que no sabemos. Me pregunto si, cuando nosotras, o mi hermanito o mi hermano mayor morimos, las cosas que nos comimos regresan. Para ser honesta, no tengo ni id~ea porque nunca he devuelto lo que me he comido. Después de todo, ya me lo comí.
“Aah”, dijo Ruy abriendo la boca, mostrando unos caninos inusualmente afilados y su lengua roja, dejando que Subaru viera hasta el fondo de su garganta para demostrarle que no había nada allí.
Llamaba “comer” al acto de arrebatar y devorar los recuerdos de otras personas, mientras hacía bailar su lengua roja.
—¿Qué vas a hacer, hermanín?
—Guh, ku…
Morir daba miedo. Era aterrador. Pero ese era un miedo diferente al del Retorno por Muerte que Subaru había experimentado cuatro veces hasta ahora.
El dilema que ahora mismo aplastaba el alma de Subaru era una muerte puesta en la balanza contra la “pérdida de sí mismo”.
Originalmente, se suponía que la “muerte” era exactamente eso. Al morir, la conciencia de esa existencia se perdía y no se otorgaba ninguna oportunidad de empezar de nuevo.
Por eso, Subaru, que seguía dependiendo de tener la oportunidad de empezar de nuevo incluso si cometía un error, tal vez no tenía derecho a quejarse. El mero hecho de tener la opción de desaparecer o no, y el tener el tiempo para preocuparse por ello, tal vez era un lujo excesivo.
Pero se trataba de su propia vida. La mente de Subaru, puesta en la situación de tener que elegir por sí mismo si apagar o no esa llama, se iba agrietando segundo a segundo.
—…
En este otro mundo, Subaru ya había muerto cuatro veces. En todos los casos, habían sido eventos de corta duración. Arrojado a un mundo desconocido, se encontró con personas que nunca antes había visto y, poco después, una situación ineludible lo empujó a la muerte.
Si sumara el tiempo que había pasado consciente, probablemente no llegaría ni a los dos días. Un tiempo corto, muy corto. Pero, además de esos dos días en este otro mundo, Natsuki Subaru tenía los diecisiete años que había pasado en su mundo original.
No le había ido bien. A Subaru se le daba pésimo vivir. Pero, a pesar de que las cosas no le salían bien, hubo un tiempo de ensayo y error.
No hubo situaciones de vida o muerte, pero aun así, a su manera, Subaru sentía que había luchado en su propio gran escenario.
Si “Natsuki Subaru” regresaba, el hecho de que esas cosas ocurrieran no desaparecería. Pero el yo actual, que atesoraba genuinamente esos momentos, sí desaparecería por completo.
Intercambiar una promesa con Ram, jurar proteger a Meili, grabar el perdón de Echidna en su corazón, regañar a Julius para que peleara, creer que Beatrice era adorable, y a Emilia…
—¿Acaso el yo que se ha enamorado de Emilia va a desaparecer?
—No quiero…
Esa toma de conciencia hizo que el cuerpo de Subaru presente en ese lugar se agrietara sin metáforas de por medio. El cuerpo de Subaru que estaba allí no era real. Y por no ser real, reflejaba directamente su estado mental actual, agrietándose y haciéndose pedazos.
Las grietas se extendieron por sus brazos y piernas, y la superficie de sus mejillas comenzó a desprenderse. Eso era, sin duda, la cáscara de engaño llamada “Natsuki Subaru” de la que Natsuki Subaru se había revestido.
A medida que se desprendía a pedazos, su fachada de valentía también se caía.
—No quiero, no quiero, no quiero… no quiero…
—Así es. Es natural.
Sacudiendo la cabeza en negación, rechazaba el terror a la muerte que le aguardaba; no, el terror a la pérdida. ¿Por qué tenía que perderse? Justo cuando acababa de admitir que amaba a la persona de la que se había enamorado.
—No quiero…
—Sí, sí. Lo entiendo. Vaya que lo entiendo. Porque lo entiendo. Ya te digo que lo entiendo.
—No quiero…
—Es la vida del hermanín. ¿Por qué deberías entregársela a otra persona?
—Yo quiero… a todos… con todos, más…
—Quería estar más tiempo con todos.
Se había enamorado. Se había enamorado de ellas. En menos de dos días, a pesar de que en más de una ocasión había dudado de ellas, había intentado matarlas, había intentado huir y se había visto envuelto en la paranoia.
Subaru se había enamorado de ellas. Ahora mismo, le eran muy preciadas.
Si estaba junto a ellas, si ellas pensaban que Subaru era importante, tal vez incluso podría llegar a querer a ese yo al que tanto odiaba. Así lo había creído. Lo había creído de forma positiva.
Y eso que era el primer rayo de sol que por fin se había filtrado en la vida de Subaru, que siempre había mirado hacia atrás. ¿Por qué tenía que soltarlo por su propia voluntad?
Algo así…
—No quiero.
—Así es. Tienes razón. Entonces, ¿qué crees que deberías hacer?
—…Yo me quedaré como yo mismo.
—Exacto, el hermanín se quedará como el hermanín. Eso es lo correcto. Ya lo arrebataste una vez. Es el juego de las sillas. ¡El que se sienta en la silla vacía es el rey!
—…
—A la persona a la que empujaste, tendrás que pedirle que se retire. ¡Tienes que admitirlo! ¡Tu propia existencia! ¡Debes gritar a los cuatro vientos que tú eres el verdadero! ¡Dime, ¿no es así?!
Justo debajo de él, a una distancia donde podía sentir su aliento, Ruy aulló con sus pupilas brillando intensamente.
Con el ímpetu de quien está a punto de morder; no, de hecho, ella mordió la muñeca de Subaru que rodeaba su cuello, grabándole una advertencia junto con un dolor punzante.
Clavando su mirada en los vacilantes ojos negros de él, Ruy Arneb gritó.
—¡Admítelo! ¡”Natsuki Subaru” es el extraño más cercano a ti, hermanín!
Su aullido le suplicaba que estableciera su propia identidad. Que dejara de decir tonterías como que iba a morir por el bien de alguien más.
¿Por qué tendría alguien que sacrificarse por otra persona?
Y encima, para permitir que otra existencia que se hace llamar como tú, pero que no eres tú, se reúna con las personas que amas, a las que nunca volverás a ver.
Para cederles el tiempo de vivir junto a ellas, esos días invaluables y tan difíciles de obtener. Como si pudiera hacer una estupidez semejante.
—¡Vamos, mátalo! ¡Matémoslo! ¡Vamos a matarlo! ¡Mátalo! ¡Mátalo! ¡Si lo matas! ¡Acabemos con él! ¡Mátalo de una vez! ¡Acaba con él! ¡Solo tienes que matarlo! ¡Si lo masacras por completo…!
—A “Natsuki Subaru”…
—¡El hermanín es el único Natsuki Subaru en este mundo, el que no es el repuesto de nadie!
—Ugh.
El único Natsuki Subaru en este mundo, que no era el reemplazo de nadie.
Tomar la mano de Beatrice, intercambiar bromas con Ram, hacer que Meili hiciera pucheros, asombrarse por la franqueza de Shaula, tener charlas triviales con Echidna, cubrirse las espaldas con Julius, recibir el amor incondicional de Patrasche y ganar el derecho de vivir con Emilia.
Si quien poseía eso era “Natsuki Subaru”, entonces Subaru, a ese hombre…
—…
Su visión se nubló debido a algo que brotaba poco a poco.
Su estado mental afectaba directamente a su cuerpo. Seguramente ahora podría sentir con claridad tanto los latidos de su corazón como la respiración en sus doloridos pulmones.
Sin embargo, lo que más sentía en ese momento eran unas lágrimas incontenibles.
¿Era ira o tristeza? ¿Envidia o celo? ¿Culpa o terror? Subaru no tenía ni la menor idea de qué había provocado esa pasión. Estaba lleno de dudas. Sin embargo, a través de esa visión borrosa por las lágrimas, Subaru vio algo.
—…
Alguien los estaba mirando desde arriba a Subaru y a Ruy.
Alguien que miraba a un lastimero Subaru con los ojos llorosos, inmovilizando a Ruy con las manos en su cuello. A Subaru solo se le ocurría una única persona.
—…¿Acaso saliste porque me tuviste miedo, “Natsuki Subaru”?
—…
La figura borrosa no dijo nada. De pie sobre el suelo blanco, de espaldas al mundo blanco, observaba a Subaru con una forma difuminada y pálida.
Hacia esa existencia que había saltado presa del pánico, Subaru, con el rostro empapado en lágrimas, le declaró:
—Yo… yo no quiero desaparecer. No quiero morir. Por eso, yo…
—…
—Quiero estar con todos. Los quiero a todos. Por eso, yo…
—…
—Por eso, yo…
Era una queja tras otra que sonaba a excusa.
Era igual que cuando le puso las manos en el cuello a Ruy.
Subaru ya había llegado a la conclusión de que no quería perderse a sí mismo. Por eso se lo estaba diciendo a la figura que había aparecido de esa manera.
Incluso si eso significaba matar al oponente que tenía enfrente, a aquel que seguramente tenía su mismo rostro.
Después de todo, él, “Natsuki Subaru”, era el extraño más cercano.
Por eso, Subaru debería tener el derecho de hacerlo.
De que Natsuki Subaru matara a “Natsuki Subaru” para asegurar ese único lugar al que pertenecía…
—¡Por eso, yo no soy tú! ¡Tú y yo somos…!
Intentó dejar claro que eran diferentes, intentando cortar de raíz esa posibilidad. Justo en el instante en que intentó hacerlo.
—…¿Con quién estás hablando, hermanín?
Atónita, con los ojos muy abiertos y con una cara como si le hubieran cortado la inspiración, Ruy hizo esa pregunta.
Ella inclinó la cabeza, mirando en la misma dirección que Subaru, intentando ver a esa figura. Sin embargo, frunciendo el ceño con recelo y haciendo temblar sus afilados caninos, murmuró:
—…No hay nadie, no hay nadie ahí. ¿Con quién estás hablando, hermanín?
—…
Haciendo castañetear sus dientes con un sonido seco, Ruy murmuró aquello con una expresión de incredulidad. Borrando la expresión que tenía hasta entonces en señal de negación, su rostro adoptó la apariencia de alguien aterrorizado.
—Este es nuestro lugar… Se supone que nadie puede entrometerse. En este lugar, con quién más podrías estar hablando aparte de nosotras… Detente. ¡El hermanín es nuestro, de nosotras…!
Ante las palabras suplicantes de Ruy, la atención de Subaru no se desvió ni un ápice.
La conciencia de Subaru seguía fija en la figura que no desaparecía de su campo de visión. A través de su vista nublada por las lágrimas, los contornos de la silueta vacilante se volvieron un poco más nítidos.
Una figura que no podía reconocer en absoluto. Esa figura, cuyos contornos se hacían cada vez más claros, a Subaru le pareció que estaba sonriendo.
Sacudiendo la cabeza y parpadeando con fuerza para intentar ver esa sonrisa con mayor claridad…
—¿Por qué intentas elegir solo uno de los dos?
La pregunta fue lanzada. Con una voz que nunca había escuchado, la voz de alguien que no debería estar allí. Con alguien a quien nunca había visto sonreír. Una chica de cabello azul, de pie y con una sonrisa en el rostro.
Esa chica sonriente, dirigida hacia un silencioso Subaru y manteniendo su sonrisa…
—¡Levántate!
Fueron sus primeras palabras.
Con la voz más severa del mundo, ella le gritó a Natsuki Subaru.

4
—¡Levántate!
Su voz golpeó, derribó y aplastó a un Natsuki Subaru que se estaba resquebrajando.
Sin piedad y sin dudarlo, su grito rompió en pedazos a Natsuki Subaru, acelerando las grietas.
Como si clavara sus garras directamente en su corazón expuesto.
—¡Levántate!
La chica de cabello azul levantó la voz hacia Subaru. Mirando ferozmente a Subaru, la chica aulló en voz alta. Aulló. Seguía aullando.
Hacia un Natsuki Subaru que permanecía de rodillas, inmovilizando a la niña, y en cuyo rostro atónito seguían naciendo grietas.
—¡Levántate!
El grito enfurecido se repetía. Una y otra vez, golpeaba el corazón de Subaru de forma implacable, sin guardarse nada.
¿Por qué le tenían que arrojar esas palabras?
Le dolía. Estaba sufriendo. Era una agonía. Era triste. Su corazón estaba a punto de estallar en cualquier momento.
En la vida, no era común tener que enfrentarse a decisiones tan duras una tras otra, sin preparación mental alguna.
Él ya había dejado de lamentarse preguntándose el porqué de una situación tan difícil.
Por eso, al menos, había llegado a una conclusión. Por eso, ¿acaso no era suficiente ya?
—¡Levántate!
La chica frente a él no aceptaba de ninguna manera que las quejas, su obstinada conclusión o su corazón aterrado por la pérdida hicieran que el espíritu de Subaru se encogiera.
Con una firme intención de rechazo, apilaba sus palabras con fuerza.
Ya había tomado una decisión.
Podía haberlo validado, ¿no? Al menos podía haber mostrado un atisbo de duda. Estaba bien. Ya había dudado lo suficiente. Entonces, ¿por qué ella lo trataba así?
—¡Levántate!
A pesar de tener el corazón roto y fragmentado, no le perdonaba a Subaru que tomara una decisión en ese estado.
—¡Levántate!
¿Aún seguía diciéndolo? ¿Por qué? ¿Qué pasaba con esa voz, con esa chica? A pesar de que era tan doloroso, tan angustioso.
—¡Levántate…! ¡Levántate! ¡Levántate! ¡Levántate!
¿Quién era esa chica? ¿En qué parte de sus recuerdos se encontraba? Nunca habían cruzado palabra. Ni siquiera había recuerdos de ella dentro del Subaru actual.
Era alguien de quien solo conocía la fachada, sin saber quién era o qué tipo de persona era. Era una relación que de ninguna manera podía servir como un motivo para mantenerse firme.
Y aun así… ¿por qué? ¿Por qué su pecho ardía de esta forma? ¿Por qué había un calor brotando desde lo más profundo de su pecho?
—¡Levántate, Natsuki Subaru! ¡Ponte de pie! ¡El héroe de Rem!
Al escuchar la voz llorosa de esa chica que no estaba en sus recuerdos gritándole que fuera un héroe, su corazón tembló.
Como si pensara que era una estupidez, pero sintiendo ganas de reír por lo conveniente que era, el corazón de Subaru tembló.
Las fisuras y las grietas se aceleraban. Literalmente, era la escena de Natsuki Subaru rompiendo la cáscara de “Natsuki Subaru”.
Sin embargo, lo que dormía bajo esa cáscara era ligeramente distinto a lo que había momentos antes.
No, si realmente iba a cambiar, sería a partir de aquí.
“Levántate”, tal como ella lo deseaba, aplastó su corazón aterrado y se puso en pie.
—Si lograste ponerte de pie, entonces ve. Ve, y sálvalo todo.
¿A qué se refería con todo? ¿Qué era “todo”? Era una forma de hablar demasiado vaga. ¿Qué demonios significaba “todo”?
—Todo es todo. Absolutamente todo. A todos, a cada uno, a ti mismo, ¡e incluso al extraño más cercano a ti!
¿Qué era eso? ¿Acaso era posible hacer algo así? ¿De verdad esta chica creía que podía hacerlo?
Un inútil que carecía de tantas cosas, que ni siquiera podía salvarse a sí mismo.
Por las personas de las que Subaru se había enamorado, por las personas que atesoraban a Subaru, por las personas a las que Subaru quería proteger, por los recuerdos con las personas que no quería perder.
Incluso cuando Subaru estaba a punto de renunciar a una sola de esas cosas, ¿de verdad creía que podía hacerlo?
—Puedes hacerlo. Porque…
Porque… Porque, ¿qué?
—Dame la fuerza, dame la respuesta. Si vas a dármela, que sea con esas palabras. Por favor, chica de azul, con tus palabras, a mí…
—Porque Subaru es el héroe de Rem.
—…
Algo encajó de golpe en el fondo de su pecho. Aquel fango oscuro y estancado fue purificado por lo que parecía una declaración de amor de la chica.
No, no es que pareciera una. Aquello era una declaración de amor.
Otra razón más se había sumado a su lista de por qué no quería devolverle el lugar a “Natsuki Subaru”.
—Haj…
Al mismo tiempo, eso no fue lo único que aumentó. Purificado por las palabras de la chica, aquel fango oscuro brilló con más fuerza y cambió de forma.
Y comenzó a latir justo donde Natsuki Subaru necesitaba su núcleo más fuerte.
—…
Latía. A pesar de haberlo perdido todo, de haber sido dejado atrás por todo.
Aun así, seguía anhelando y deseando, queriendo mantenerlo todo unido, no queriendo dejar caer nada de sus manos, y rehusándose a soltarse a sí mismo por su propia cuenta.
Respondiendo a esa codiciosa y cobarde “Avaricia”, floreció convirtiéndose en un poder para conceder sus deseos.
El factor vacilante se conectó con su existencia.
—Ven a mí… Cor Leonis.
La semilla de la “Avaricia”, que no tenía adónde ir dentro de Subaru, brotó. Y a esa figura que se erguía con firmeza…
—…
Ese instante solo fue bendecido por la sonrisa de la chica de cabello azul.
5
—¿Hermanín?
—…
Mirando hacia arriba al Subaru que se había puesto en pie lentamente, Ruy lo llamó.
Sintiendo cómo la mano que apretaba su cuello se alejaba, Ruy, aún con una expresión de desconcierto, se incorporó sobre la cama dorada formada por su propio cabello esparcido y parpadeó confundida.
—¿Qué pasa, hermanín? Vamos, continuemos con lo de hace un momento… ¿Vamos a continuar?
—…
—Continuemos…
—Ya no tienes que decir nada más. Estoy harto de tus retorcidas explicaciones.
Incluso para su propia sorpresa, en ese momento tenía la mente sumamente clara.
Por lo tanto, podía aceptar con total calma el hecho de que ese cúmulo de malicia con forma de chica frente a él estuviera intentando torcer la voluntad de Subaru para utilizarlo a su conveniencia.
—…
Ante esas palabras, Ruy entrecerró los ojos. Ella no podría entender los detalles de los cambios que habían ocurrido en el cuerpo de Subaru. Ni siquiera el propio Subaru los entendía de forma concreta.
Simplemente, una “Avaricia” inquebrantable había cimentado a Natsuki Subaru.
De reojo, Subaru miró no hacia Ruy, sino más allá de ella.
Allí ya no estaba la figura de la chica que momentos antes le había lanzado esas palabras sin piedad. En el instante en que Subaru se levantó y miró al frente, ella había desaparecido.
Pero, probablemente, eso estaba bien. Con quien ella realmente debía reencontrarse no era con él en este lugar.
No, eso tampoco era exacto. Quien debía reencontrarse con ella era el Natsuki Subaru que había recuperado sus recuerdos y sus sentimientos hacia ella.
Y no había ninguna necesidad de diferenciar a ese “Natsuki Subaru” del Natsuki Subaru actual.
—Me lo habían dicho una y otra vez…
Le habían dicho que, incluso sin sus recuerdos, Subaru seguía siendo Subaru.
Cuando se aferraba obstinadamente a la idea de que había una diferencia clara, inmensa y definitoria entre ellos, y que debía separarlos, eso se había convertido en una carga para él, en las cadenas de una maldición.
Pero, ¿qué importaba eso ahora? Para el Subaru que por fin tenía claro lo que debía hacer, aquello era una brújula y un hilo de esperanza.
Tirando de ese hilo y atrayéndolo hacia sí, seguramente lo guiaría en línea recta, sin perderse, hasta las personas importantes que sostenían el otro extremo.
Por eso…
—Guarda tu cuchillo y tenedor, ladrona de comida. No hay tanmen para ti.
Abrió los ojos de par en par.
Ruy Arneb lo miró con los ojos muy abiertos, observando a un Subaru que la señalaba con el dedo. Al ver que no había ni una pizca de compasión en la expresión de Subaru, bajó la mirada.
—Ah…
Cabizbaja, dejó escapar un suspiro entrecortado. Era un suspiro cargado de emociones muy difíciles de describir.
Ruy, que se había incorporado, comenzó a temblar, se abrazó a las rodillas y se acurrucó sobre la alfombra de su propio cabello rubio. Y entonces, lentamente, levantó el rostro…
—Ah, maldita sea, maldita sea, maldita sea. Estaba a un paso, solo a un paso.
Con una mirada llena de odio fulminando a Subaru, Ruy pronunció esas palabras con una voz que sonaba como una maldición.
—Y pensar que estaba a solo un paso. Qué lástima. ¿Por qué, cómo es que fracasé? Me pregunto quién fue el que embaucó al hermanín.
Era el tono de voz de alguien cuyo odio hacia una desconexión infranqueable hervía a fuego lento, como un muerto en el fondo del infierno envidiando la forma de vida de los vivos que disfrutaban del paraíso en la tierra.
—¡A un paso de separar por completo a “Natsuki Subaru” de Natsuki Subaru…!
—…¿Qué es todo eso? ¿Por qué hiciste algo así?
—¡Eso es, obviamente, porque no nos podemos comer a la misma persona dos veces!
—¡…!
Ahogando la voz de desconcierto de Subaru, Ruy gritó con una voz agrietada como si escupiera sangre. Se puso de pie apoyando pies y manos en el suelo y, con una expresión totalmente distinta a la de antes—un rostro parecido al de una bestia que ha perdido toda humanidad—, fulminó a Subaru con la mirada.
—¡Tenían que estar separados! “Natsuki Subaru”, a quien ya me había comido, y el Natsuki Subaru que quedó, tenían que estar separados. Por eso puse tanto esmero en todos estos planes… ¡y todo se fue a la basura! ¡Es para reírse!
—…No me da risa. No le veo la gracia por ningún lado.
—¿Ah, sí? ¡¿Tú crees?! Pero, el hermanín también nos odia, ¿verdad? ¿No te divierte ver a las nosotras que odias tan tristes? Te sientes bien, ¿no? ¡A pesar de que el hermanín… que solo tú podías saciarnos a nosotros, que estamos tan hartas de comer…! ¡A nosotras que padecemos Gula, solo tú…!
Ante Ruy, que tenía los ojos inyectados en sangre, Subaru murmuró la palabra “gula” por lo bajo. Si no había escuchado mal, el título que ella había reclamado era “Gula”. Entonces, ¿por qué hablaba ahora de estar saciada y hastiada de comer?
Frente a un Subaru confundido, Ruy gritó hacia el cielo blanco diciendo: “¡Para empezar!”.
—¡Tanto Lye, el “Gourmet”, como Roy, el “Comedor Bizarro”! ¡No entienden n-a-d-a! Comiendo a diestra y siniestra, de manera estúpida, sin discernimiento y sin control… ¿Todo por el bien de nosotras, que estamos encerradas aquí y no tenemos la libertad de elegir? ¡No me hagan reír, hermanos inútiles!
Abrazando su propio cabello rubio, Ruy comenzó a agitar el cuerpo violentamente mientras escupía al hablar. Subaru no lograba comprender todo el significado de sus palabras a gritos. Lye, Roy… ¿Serían esos los nombres que había mencionado?
Sin embargo, de la existencia de “Gula”, los recuerdos, y lo que se podía deducir de todo ello…
—Tú y tus compañeros han estado robando los recuerdos y los nombres de las personas… ¿Así es como se dice? En fin, han estado arrebatando ese tipo de cosas sin parar. Se los han estado comiendo sin parar. ¿Me equivoco?
Un ejemplo de alguien a quien le habían comido los recuerdos y había perdido la noción de quién era: Subaru.
Un ejemplo de alguien a quien le habían comido el nombre y lloraba amargamente por haber sido olvidado por todos a su alrededor: Julius.
Y un ejemplo de alguien a quien le habían comido ambos, siendo borrada del mundo y cayendo en un sueño del que no podía despertar: Rem.
Todo eso era obra de “Gula”, de Ruy y de esos compañeros que acababa de nombrar…
—¿Para qué demonios hacen algo así? ¿Cuál es su objetivo?
—Ser felices.
—…
Subaru contuvo el aliento al escuchar esa respuesta inmediata. Sin prestar atención a su reacción, Ruy hizo castañetear los dientes con una mirada que delataba inestabilidad mental.
—¿Qué otro propósito podría haber? El propósito de vivir es ser felices, ¿verdad? ¿O acaso pensaste que, al ser los odiados del mundo, tendríamos una meta retorcida? Te equivocas. Te equivocas. En serio que te equivocas. Es que te equivocas de verdad. ¡Estás muy equivocado! Te digo que estás equivocado. ¡Y te lo vuelvo a repetir, estás muy equivocado!
—¿Qué relación tiene el objetivo de ser felices con robar los recuerdos de los demás…?
—Oye, hermanín, ¿nunca has pensado que la vida es injusta?
—Sí, lo he pensado.
—Ajá.
Mientras mordía el dorso de su propia mano blanca, Ruy le hizo esa pregunta. Al ver que Subaru asentía de inmediato, Ruy sonrió amargamente diciendo: “Verdad que sí”.
—Nosotros también. O mejor dicho, la vida es la encarnación misma de la injusticia. No puedes elegir tu nacimiento, ni a tus padres, ni tu entorno, ni tu futuro; no puedes elegir absolutamente nada. El sistema ya está diseñado de esa manera. Ya estás subido en la cinta transportadora.
—…
—Pero… ¿y si no fuera así?
Ante el silencio de Subaru, Ruy inclinó la cabeza.
—¿Y si pudieras elegir tu nacimiento? ¿Y si pudieras elegir a tus padres? ¿Y si pudieras elegir tu entorno? ¿Y si pudieras elegir tu futuro? ¿Y si todas tus opciones fueran como tú deseas? …Cualquiera elegiría una vida mejor, ¿verdad? ¿Me equivoco?
—Eso…
—Si pudieras elegir tu nacimiento, tus padres, tu entorno, tu futuro, si todas las opciones fueran a tu gusto, cualquiera elegiría una vida mejor. Por eso, nosotras dedicamos tiempo y esfuerzo en buscar la mejor vida posible para nosotras.
—…
—¡Seguro que está en alguna parte! ¡Un futuro de color de rosa en el que podamos inflar el pecho y ser nosotras mismas, sintiendo que valió la pena vivir esa vida! ¡Hasta el día en que nos encontremos con esa vida predestinada, seguiremos comiendo, mordiendo, mascando, lamiendo, chupando, devorando! ¡Atracón! ¡Gula!
Con las pupilas brillando intensamente, Ruy Arneb proclamó en voz alta su hermosa ambición.
Creía desde el fondo de su corazón que esa era su búsqueda de la felicidad y que era la única forma de alcanzar el mejor futuro posible para sí misma.
Ruy no encontraba ni esperanza ni expectativas en su propia vida. Porque, en su interior, la vida de la chica llamada Ruy Arneb tuvo una mala disposición inicial. El punto de partida fue incorrecto.
Por eso quería hacer como si no hubiera existido.
Quería ganarse a un yo bendecido con el nacimiento, los padres, el entorno, el futuro y el talento; todo perfecto.
Había definido que esos eran los requisitos absolutamente necesarios para poder disfrutar la vida al máximo.
Por eso…
—¿Para eso… robas los recuerdos de los demás y te los devoras…?
Al comprender el significado de sus palabras, Subaru se quedó sin habla.
Era tal y como Ruy se había autodenominado. Estaba hastiada. Hastiada de devorar las vidas de los demás. Hombres, mujeres, niños, ancianos, saltando incluso las barreras de especies y seres vivos; saboreando y disfrutando al límite las experiencias de todo tipo de existencias, una glotona de vidas.
Para ella, que no paraba de “picar las mejores partes” de la vida de un sinfín de personas, cualquier suceso era un evento común y corriente, algo aburrido y anticuado carente de novedad…
—Y aun así, ¿por qué tú, con esos hábitos alimenticios tan peculiares, te obsesionas conmigo? ¿Con qué propósito usaste unos métodos tan complicados solo para darme un mordisco? ¿Es por pura glotonería de mierda?
—No es por una razón tan aburrida. Es porque el hermanín es nuestro destino.
Subaru fulminó a Ruy con la mirada, lleno de ira y cautela, pensando que sería un estúpido si se tomaba sus palabras al pie de la letra.
Sin embargo, no había falsedad en la pasión que ardía en los ojos con los que Ruy lo miraba. Ella realmente, desde el fondo de su corazón, anhelaba a Subaru; o para ser más precisos, anhelaba la “vida” de Subaru.
—A pesar de que hemos saltado todas las barreras de jóvenes, ancianos, hombres, mujeres, toda clase de personas, razas y posiciones, comiendo de todo, hay una sola cosa que desconocemos. ¿Sabes qué es?
—Ni idea. No lo sé. ¿Cómo hay que lamentarse por ser una basura?
—La experiencia de la “muerte”.
En seco, Subaru se quedó congelado con un ojo cerrado. Mientras lo observaba, Ruy levantó sus delgados brazos y apuntó ambas palmas hacia él.
—Por muchos recuerdos de otras personas que devoremos, es imposible. Los recuerdos de la “muerte” son lo único que jamás podremos obtener. Y tiene sentido, ¿no? Los recuerdos son los registros de mientras uno está vivo. Por eso, no existen los recuerdos del momento de la muerte. El hermanín es la única excepción.
Ruy envidiaba, celaba y anhelaba con todo su ser el poder del “Retorno por Muerte”. Para una chica hastiada de este mundo, anhelaba al único hombre que podía darle un momento de frescura.
—Oye, oye, ¿qué se siente al morir? Seguro que es muy duro, ¿verdad? ¿Es doloroso? ¿Es difícil? Duele, ¿cierto? ¿O hubo veces en que no dolió? Dicen por ahí que hasta se siente bien, ¿es verdad? Cuando mueres, ¿en realidad siempre te alegras? ¿O ya te da todo igual? ¿Pan comido? ¿El clímax total? ¡Oye, ey, dime, cuéntame!
—…Si tienes mis recuerdos hasta ayer, ¿acaso no deberías saberlo ya?
—¡Como recuerdo, sí! ¡Pero claro, eso ya es viejo y no se siente real! Nosotras queremos una sensación mucho más viva. No podemos conformarnos con ingredientes viejos y reciclados. ¡Lo único que puede saciarnos es una dimensión nueva, fresca y que nadie más conoce!
“Por eso”, continuó.
—¡Es el único recuerdo especial en este mundo que nadie más puede experimentar! Y no solo eso, ¡sino también la comodidad de que, si cometes un error, solo mueres y puedes empezar de nuevo! Incluso si encuentras la mejor vida posible para ti, existe la posibilidad de que la arruines por algún fracaso, ¿verdad? ¡Pero con la vida del hermanín eso no pasaría! ¡No te preocupes, lo haré tan bien que nadie se dará cuenta!
—…
—¡A Emilia, a Beatrice, a Ram, a Meili, a Julius, a Echidna, a Shaula, a Patrasche, a Petra, a Otto, a Garfiel, a Frederica, a Ryuzu, a Roswaal, a Clind, a Annerose, a Felt, a Reinhard, al Viejo Rom, a Ton, Chin y Kan, a Crusch, a Ferris, a Wilhelm, a Ricardo, a Mimi, a Hetaro, a Tibey, a Priscilla, a Al, a Schult, a Heinkel, a Kiritaka, a Liliana, a todos y cada uno, a todos y cada uno, a todos y a cada uno! ¡Los engañaré a todos a la perfección y viviré una vida feliz!
Con los brazos extendidos hacia él, Ruy inclinó la cabeza de manera adorable.
—Así que, te lo ruego. Deja que me llene la barriga comiéndome la vida del hermanín, ¿sí?
Suplicando de esa forma, seguramente había rebuscado entre la innumerable cantidad de recuerdos que poseía para elegir la súplica y la forma de mimar más adecuada para esta situación.
Era la prueba de que, sin importar los ingredientes que tuvieras, si el chef era un incompetente, no había nada que hacer.
No hay ingredientes malos. Solo hay platos malos; esa era una de las frases favoritas de Subaru. Y nunca lo había sentido tan intensamente como ahora.

Una infinita y enorme cantidad de puntos de experiencia que un ser humano normal jamás podría poseer. Subaru nunca había visto a un ser que desperdiciara las cosas a ese nivel.
—No habrá una tercera vez. Mi sufrimiento, mi muerte, mi vida, absolutamente todo es mío. ¡No tengo ni una sola cosa que darte!
—…
—Muérete de hambre, desgraciada. Si en la vida solo pudieras elegir una forma de morir, esa es la que te recomendaría. Sufre más que nadie en todo el mundo.
Haciendo el gesto de cortarse el cuello con el pulgar, Subaru declaró eso con firmeza. Ante esas palabras, Ruy abrió los ojos de par en par, y luego se miró las manos. Después, cubriéndose el rostro con ambas manos y mirando hacia el cielo blanco, gimió con un “Aaaah”.
—Fracasé. Lo hice. Lo arruiné. Fracasé. Terminó mal. Fallé. Porque fallé. Porque me equivoqué… aah, aaaaah.
Temblándole las rodillas, Ruy se dejó caer al suelo de golpe. El hecho de que estuviera realmente en estado de shock era la prueba de lo en serio que había intentado seducir a Subaru. Y dado que ese fue el resultado de su esfuerzo sincero, ni hablar de lo desfasada que estaba su psique.
—Las cosas no saldrán como tú quieres. Mi nombre es Natsuki Subaru. Es el nombre que me dieron Natsuki Kenichi y Natsuki Naoko. No hay nadie más. Yo soy yo.
—¿Incluso si pudieras ser sobrescrito y desaparecer?
—Te enseñaré un hechizo mágico. Eso es eso, esto es esto.
Aquel hechizo mágico que le había lanzado a Julius, ahora era el momento de lanzárselo a sí mismo.
Si recuperaba a “Natsuki Subaru”, puede que el Subaru de este instante desapareciera. Pero, tal vez no lo hiciera. Puede que hubiera alguna forma de evitar que fuera borrado.
Tal vez encontrara alguna forma de compartir ese lugar que solo era para uno.
—Un tipo como yo, que entra en el corazón de los demás con los zapatos sucios, no necesita sentarse educadamente en una sola silla y conformarse. Esa es mi respuesta. Córtate el pelo, idiota.
Lanzándole esas últimas palabras de despedida, Subaru le dio la espalda a Ruy. Ruy, aún tirada en el suelo, había perdido toda su voluntad de lucha y no merecía que mantuviera la guardia alta.
En este momento, la prioridad era regresar desde ese espacio incomprensible.
Para empezar, ¿por qué el “Libro de los Difuntos” de Reid estaba conectado a este lugar…?
—Ah, maldición. Supongo que no me queda otra que dejárselo a mi hermanito y a mi hermano mayor.
A espaldas de un Subaru inmerso en sus pensamientos, Ruy dejó escapar esa frase como un suspiro. “Mi hermanito y mi hermano mayor”. Ante ese sonido, los pies de Subaru, que buscaban la salida, se detuvieron. Era la forma en la que Ruy los había llamado varias veces. Si resultaba ser lo que Subaru imaginaba…
—¿Lye y Roy? ¿El “Gourmet” y el “Comedor Bizarro”?
—Nosotras no podemos salir de aquí. Así que, a menos que mi hermanito o mi hermano mayor se lo coman, ni siquiera podemos elegir lo que queremos comer… Por eso se lo pedí.
Subaru contuvo el aliento ante esas palabras cargadas de un mal presentimiento y esperó a que ella continuara. El tiempo hasta que Ruy escupió las siguientes palabras se le hizo eterno. Finalmente, como si calcara la impaciencia de Subaru, los labios rojos de Ruy temblaron.
—No es la segunda vez que el hermanín viene desde anoche. Por eso, tanto mi hermanito como mi hermano mayor ya se han dado cuenta. Saben dónde está el hermanín.
—¡¿No me digas que tus malditos hermanos están en esta torre…?!
—Dicen que ambos están súper interesados en el hermanín. Y es normal, ¿verdad? Después de todo, el hermanín está lleno de experiencias que ellos jamás han saboreado en sus vidas.
Los hermanos acudiendo al rescate de su hermana pequeña en apuros. Solo por las palabras, parecía una historia rebosante de amor fraternal, pero en realidad había un motivo ruin para satisfacer sus propios deseos, incluso a costa de su propia familia.
De cualquier forma, Subaru acababa de ganar un motivo aún más claro para salir de ese espacio blanco. En el mismo instante en que pensó eso y extendió la mano hacia el vacío, el mundo se resquebrajó.
—¡…! ¿Esto es la salida?
Subaru se sorprendió por la repentina grieta en el mundo. Ante sus ojos, lo que se veía ondular en las profundidades de la grieta era un salto espacial que no debería existir, la prueba de que un camino que no debería conectarse ahora lo estaba. Era un camino nacido en respuesta a la voluntad de Subaru de regresar.
—Antes de volver desde aquí, a ti te voy a…
—No puedes. El hermanín nunca podría hacerlo. Y eso que me hubiera gustado que lo hicieras.
—…
No pudo replicarle a Ruy, que seguía tendida en el suelo blanco haciendo el gesto de estrangular su propio y delgado cuello.
—Por muy paranoico que te vuelvas, por más que te dejes llevar por la desesperación, no puedes matarte a ti mismo, ni a otros, ni a la gente odiada. Eres un cobarde sin coraje. Y pensar que te estuve lamiendo tan suavemente.
—…No gracias, raspan tus dientes. Ponlos en su sitio, idiota.
Subaru le levantó el dedo del medio y se despidió con esa frase hacia una Ruy que ponía cara de fastidio.
Sin quedarse a ver la reacción de Ruy a sus palabras, Subaru intentó introducir su cuerpo en la grieta del espacio. Justo antes de hacerlo, dudó por una fracción de segundo.
No era que fuera a extrañar a Ruy. Pensar que ya no tendría que ver esa cara era un alivio. Lo que Subaru lamentaba no era despedirse de Ruy, sino separarse de la voz que lo había hecho ponerse de pie.
Aquella chica que había aparecido por un breve instante solo para infundir valor en Natsuki Subaru.
La chica a la que le habían arrebatado sus recuerdos y su nombre, y que por eso fue la única capaz de llamar a Subaru en los confines del mundo.
—Estaré bien. Aún recuerdo nuestra promesa.
Natsuki Subaru seguramente nunca olvidaría eso. Por lo tanto, seguro que se volverían a encontrar. Y cuando eso pasara, quería escuchar no solo su voz severa, sino también su voz cálida.
—…
Con esa determinación en el corazón, Subaru saltó hacia la grieta para regresar con sus compañeros.
6
El mundo blanco se desprendió, y al otro lado se fue reconstruyendo un mundo lleno de colores. Era una sensación extraña, como si estuviera atrapado en un espacio incoloro y, desde el interior, estuviera observando cómo el mundo se iba pintando de colores.
La Cuna de Od Laguna. O también conocida como la “Corredor de las Memorias”. La existencia de Natsuki Subaru fue arrancada de ese espacio ajeno a este mundo. Su conciencia fragmentada se volvió a conectar, y, poco a poco, su yo, su ego, fue reconstruyéndose…
—Subaru.
Lo primero que sintió fue una fuerte sed. Sintió una textura fría y dura en la espalda y los glúteos; parecía que estaba sentado y recostado contra una pared. Abrió los párpados, parpadeó un par de veces y, cuando sus ojos enfocaron el mundo, se encontró con unos ojos azules que se asomaban para mirarlo.
El característico patrón de las pupilas, parecido al de una mariposa, y el adorable rostro que lo acompañaba eran…
—¿Beatrice…?
—…Parece que estás consciente. El hecho de que hayas podido decir el nombre de Betty a la primera significa que tampoco has perdido tus recuerdos por accidente, supongo.
—…Así es. Lo recuerdo todo perfectamente. Eres una niña adorable.
Respondió Subaru mientras sus ojos se curvaban aliviados ante una Beatrice que le tocaba la cara y el pecho con sus manitas palmeando suavemente.
Sintiendo cosquillas por el tacto de las pequeñas palmas de ella, Subaru se tanteó a sí mismo.
Aunque le había dado esa respuesta a Beatrice, al no saber cómo Ruy, o mejor dicho “Gula”, devoraba los “recuerdos” y el “nombre”, era difícil probar que los conservaba. Sin embargo, sofocó esa ansiedad y ese terror. Natsuki Subaru estaba justo allí.
—Creo que estoy bien. Las promesas y mis sentimientos de amor, todo está aquí en mi pecho.
El hecho de que su corazón latiera con fuerza al pensar en Emilia, y de que le dieran ganas de acariciar a Beatrice precisamente porque la atesoraba, así como el deseo genuino de que todos sus compañeros estuvieran a salvo, eran la prueba de que Subaru seguía siendo Subaru.
—…¿Cuánto tiempo he estado dormido? No parece que acabe de abrir el libro, ¿verdad?
Apoyándose en la calidez de Beatrice para estabilizarse, Subaru llegó a esa conclusión por la diferencia con la situación justo antes de ser arrojado a la “Corredor de las Memorias”. Se suponía que había desafiado al libro frente a las estanterías, pero ahora estaba arrinconado contra la pared, y la mayor diferencia era…
—¿Emilita, Ram, también Julius y Shaula no están por aquí…?
—Parece que has despertado, Natsuki.
Quien se acercó a un Subaru que había fruncido el ceño al decir eso, fue Echidna. A su lado, mientras se atusaba su cabello lila pálido, también estaba la figura de Meili, que lucía aburrida.
Al darse cuenta de que Subaru había despertado, ella también frunció los labios con un “¿Por fiiiiin?”.
—Eres un dormilón, hermanitooo. ¡Nos cansamos mucho de esperarteeee!
—Dormilón… qué forma tan adorable de llamarlo. Oye, acabo de librar un combate a muerte inesperado y por fin he regresado. Trátame con un poco más de aprecio.
—Un combate a muerte inesperado… Me gustaría que me dieras los detalles, pero también han pasado muchas cosas por aquí mientras dormías. La ausencia de Julius y los demás está relacionada con eso.
En el Archivo de Taygeta, Subaru estaba únicamente con tres personas: Beatrice, Echidna y Meili. La expresión de Echidna al decir que “habían pasado muchas cosas” era severa, lo que naturalmente generaba preocupación por la seguridad de Emilia y los demás, que no estaban presentes.
—Subaru ha estado durmiendo cerca de una hora, supongo. Como los libros anteriores solo te tomaban unos segundos, estaba perdiendo la cabeza por si te había pasado algo.
—Una hora… Eso encaja más o menos con mi percepción del tiempo, pero ¿qué ha pasado?
—Shaula notó una anomalía. Dijo que algo se acercaba desde fuera de la torre. Salió volando sin darnos tiempo a detenerla.
—Algo se acerca…
Dando prioridad a la explicación de la situación por encima de confirmar el bienestar de Subaru, Echidna señaló con la mano las escaleras que llevaban al piso inferior.
—Ese hermano tan genial fue persiguiendo a la medio desnudaaa. Y mientras tanto, la hermanita de cabello plateado y la hermana sirvienta fueron a recoger a la hermana dormidaaa.
—…Así que por eso no están esos cuatro. Pero fue un acierto que fueran a recoger a Rem.
Al escuchar la explicación de Meili, quien tomó el relevo en la historia, Subaru asintió comprendiendo la situación. Viendo cómo Subaru aceptaba todo aquello, Echidna frunció el ceño: “¿Natsuki?”.
—Esa reacción… ¿acaso sabes algo?
—Sí, así es. No tiene sentido ocultarlo. Por eso, iré directo al grano.
Ni siquiera el propio Subaru había asimilado por completo todo lo que había sucedido en la “Corredor de las Memorias”.
Sin embargo, era consciente de que Echidna desconfiaba de un Subaru que había confesado su amnesia y que había reseteado la confianza que alguna vez habían construido. Esa duda innecesaria podría convertirse en un obstáculo para superar juntos el desastre inminente que les aguardaba.
Por eso…
—Voy a soltar toda la información sin ocultar nada. El plan de leer el libro de Reid para investigar su pasado fracasó. No pude ver su pasado, y las cosas se complicaron hasta el punto en que ya no se trataba de eso.
—¿No pudiste ver su pasado…? ¿Qué sucedió exactamente?
—Hubo una intromisión. Un Arzobispo del Pecado… Gula.
—¡…!
Al escuchar ese nombre, las expresiones de Beatrice y los demás se tensaron por la sorpresa. Seguramente, tanto “Arzobispo del Pecado” como “Gula” eran palabras que conocían muy bien. Teniendo en cuenta la situación de Rem y Julius, era fácil entender por qué.
Para empezar, el motivo mismo por el que Subaru y su grupo habían apuntado a la Atalaya Pléyades…
—Entonces, ¿me estás diciendo que mientras estuviste inconsciente, Natsuki, te enfrentaste al Arzobispo del Pecado de la Gula? ¿Es a eso a lo que te referías con tu “combate a muerte inesperado”?
—Así es. Nada más sumergirme en el Libro de los Difuntos, en lugar de ver el pasado de Reid, me llevaron a un lugar blanco y vacío… y me crucé con una chica que se hacía llamar Ruy de la “Gula”. Según ella, ese lugar es la Cuna de Od Laguna o algo así como la “Corredor de las Memorias”.
—Od Laguna…
Subaru procedió a relatar sin filtros las palabras clave que había visto y escuchado en aquel mundo blanco. Al oír el murmullo de Beatrice, quien escuchaba la explicación, Subaru alzó una ceja: “¿Lo conoces?”.
—Ruy dijo que era un mecanismo para evitar que el mundo fuera destruido o un montón de cosas más…
—Betty tampoco es que sepa mucho del tema, supongo. Solo que he oído que a ese Od Laguna se le considera el centro de este mundo… el lugar al que regresa todo el maná.
—El lugar al que regresa todo el maná…
Era una frase bastante rimbombante, pero tras haber visto el lugar real, Subaru no tenía ganas de reírse de ello. Aquel mundo blanco definitivamente tenía la atmósfera de un reino de otro mundo, aislado de la vida terrenal. ¿Acaso importaba distinguir si era un lugar fuera de este mundo o, por el contrario, el centro del mismo?
No había duda de que era un lugar lleno de contradicciones, casi como un juego de palabras.
—Y, dimeee, ¿estás seguro de que estás bieeen después de cruzarte con “Gula” en un lugar asííí?
En ese momento, quien intervino diciendo eso fue Meili. Doblando las rodillas para quedar a la altura de los ojos del sentado Subaru, la chica se asomó a las negras pupilas de él y preguntó:
—Ese “Gula”, ¿se supone que se come los recuerdos y los nombres de las personas, verdaaad? Hermanito, ¿no se te han olvidado cosas de nuevo o te falta algooo?
—Ah, puedes estar absolutamente segura de eso. Puedo decir con total confianza que no me falta nada.
—Y, ¿en qué te basas para estar tan seguro…?
—En que, cuando estaba a punto de ser vencido por Gula, Rem me salvó.
Al ver cómo Subaru afirmaba con rotundidad que ese nombre era su prueba, las tres abrieron los ojos de par en par. Especialmente Beatrice, quien mostró la reacción más fuerte.
—Subaru, ese nombre…
—Me dio una palmada en la espalda con una fuerza increíble. Así que estoy bien.
Ante una Beatrice cuyas enormes pupilas temblaban, Subaru asintió mirándola de frente. Tras eso, Beatrice movió los labios un par de veces y apoyó suavemente la frente en el pecho de Subaru.
Justo cuando Subaru recibió su pequeño contacto y le acariciaba amablemente la espalda…
—¿…? Siento un temblor extraño debajo de mi trasero…
—¡Echidna! ¡¿Están todos bien?!
Quien irrumpió en el Archivo de Taygeta gritando eso fue la figura que subió las escaleras velozmente. Al verlo, Echidna se giró con los ojos muy abiertos.
—¿Julius? Pareces estar muy alterado.
—Ha ocurrido algo fuera de nuestras previsiones. Quería reunirme con todos lo antes posible… Hm.
Aquel hombre gallardo, Julius, quien respondió a Echidna mientras llegaba, dirigió su mirada hacia Subaru, que estaba en el suelo. Julius, cuyas mejillas estaban tensas por el nerviosismo y la cautela, abrió bien sus ojos amarillos.
—Veo que has despertado, Subaru. Es una gran fortuna. ¿Me reconoces?
—Eeeh, ¿usted es…?
—…Como sospechaba.
—¡Es mentira! ¡Tú eres Julius Juukulius! ¡No te lo tragues con esa cara tan seria!
—Hmph. Yo también estaba bromeando. Aunque a partir de ahora tendré que hablar de algo que no tiene nada de gracia.
Subaru hizo una mueca de disgusto al haber sido engañado con un gruñido.
Julius dejó escapar una pequeña risa por la nariz ante esa reacción de Subaru y, de inmediato, tensó el rostro para hablar de ese “asunto que no tenía ninguna gracia”.
—Me gustaría escuchar lo que Subaru tiene que decir sobre su regreso del Libro de los Difuntos, pero tengo un reporte urgente. He estado comprobando qué es la anomalía que la señorita Shaula detectó fuera de la torre.
—¿Tiene algo que ver con este temblor?
Ante la formalidad de Julius, Subaru señaló debajo de su trasero en referencia a toda la torre.
Aquel leve temblor era algo que le había llamado la atención justo antes de que Julius irrumpiera corriendo.
Ante la pregunta de Subaru, Julius asintió bajando el mentón.
—Este temblor que llevamos escuchando desde hace un rato son pisadas.
—¿Pisadas?
Subaru y Beatrice inclinaron la cabeza confundidos por la inesperada explicación. Y, frente a la duda en los rostros de los cuatro presentes, incluyendo a Echidna y Meili, Julius señaló con la mano hacia el exterior de la torre.
—Las mabestias que habitaban en diversas partes de las Dunas de Arena de Augria están convergiendo todas a la vez hacia esta torre. La señorita Shaula está luchando para repelerlas, pero será solo cuestión de tiempo antes de que nos acorralen dentro.
7
En el mismo momento, en aquel mundo blanco del que Natsuki Subaru había desaparecido. Una chica solitaria yacía tendida en el suelo, tapándose el rostro y gimiendo de dolor mientras se hundía en su propia y larga melena rubia.
Era un lamento feroz, como si fuera el mismo infierno hirviendo, como una pecadora anhelando el paraíso…
—¡Ah, ah, ah, maldita sea! ¡Ni siquiera miró atrás, qué hombre tan…!
—No te lo perdonaré. No te dejaré escapar. ¡Absoluta, absolutamente…!
—¡No creas que esto ha terminado, Natsuki Subaru…!
—¡Tu vida es nuestra…!