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Capítulo 1
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1
…Cayendo de la Atalaya, con sus últimas palabras arrebatadas por el viento, la conciencia de Natsuki Subaru se desvanece.
—...
Irónicamente, esta muerte era una muerte que ya estaba calculada. Cuestionó las verdaderas intenciones de Shaula, expuso la quinta regla de la torre que ella había ocultado y obtuvo la certeza, parecida a una súplica, de que estaba bien salvar a la propia Shaula.
Pudo obtener todas las respuestas que quería. Quizás por eso…
En el instante de la muerte, su corazón estaba extrañamente tranquilo. Por supuesto, la ansiedad y la tensión de saltar por voluntad propia hacia su muerte oprimían dolorosamente todo su cuerpo, pero...
—Aun así, esta es la vez que he enfrentado la muerte con más sinceridad.
Por supuesto, no creía que el haber elegido suicidarse realmente hubiera sido la salvación para Shaula.
—“Porque no quiero matarte, quiero que me ordenes morir.”
Shaula, que se había preocupado tanto por Subaru, vio cómo ese mismo Subaru se arrojaba al vacío ante sus propios ojos.
Ese impacto debía ser inmensurable, y seguramente debió de haber hecho añicos el corazón de ella, que había seguido esperando durante cuatrocientos años.
Por lo tanto, eso no era más que una autosatisfacción de Subaru. Y para colmo, era la peor clase de autosatisfacción, en la que ni siquiera vería los resultados por sí mismo.
—¿...Y qué con eso?
Si lo catalogaban como mera autosatisfacción, o como simple hipocresía, ¿qué más daba? Al final, cómo se perciben las acciones en este mundo depende únicamente de la balanza que uno mismo posea.
Las buenas acciones que no se llevan a cabo no tienen sentido, y, en última instancia, la palabra "hipocresía" no existe. Tras su diálogo con Shaula, el objetivo final de Subaru quedó decidido: la supervivencia de todos.
Llevar a la resolución del incidente que rodeaba a esta torre de arena sin que faltara ni una sola persona, incluida Shaula. Para lograrlo, haría lo que hiciera falta. Ese era...
—El significado de que yo sea yo… ¿verdad, "Natsuki Subaru"?
Junto con ese instante de determinación, llegó el largo, largo despertar desde el abismo de la muerte…
2
—...Subaru.
Justo después de que su conciencia rompiera la superficie del agua y emergiera, unos ojos azules con un patrón característico se reflejaron justo frente a él.
Quien lo miraba con preocupación tan de cerca era Beatrice. Sus pequeñas manos tocaban sus mejillas, y Subaru contuvo levemente el aliento. Para este cuerpo que acababa de morir, la calidez de la vida de la chica se sentía demasiado ardiente.
—¿Estás bien consciente, supongo? Tardaste mucho en volver del libro y estaba preocupada, de hecho. Quizás sea mejor comprobar si no se te ha caído algún recuerdo por accidente, supongo. Para empezar, sobre Betty...
—Beatrice, ¿verdad...?
—...Parece que lo recuerdas bien, de hecho. Buen chico, buen chico, supongo.
Diciendo eso, Beatrice acarició la cabeza de Subaru con la mano que le tocaba la mejilla.
Mientras saboreaba esa sensación que le hacía cosquillas, la conciencia de Subaru se puso al día lentamente con la realidad.
Es el punto justo después de haber regresado de su encuentro con Ruy Arneb en el Corredor de las Memorias. Era el mismo punto de reinicio de siempre, pero si se establecía esto como el punto cero de Subaru...
—COUNT ZERO, desde aquí encenderé la señal para iniciar el contraataque.
Ante el murmullo de Subaru, los grandes ojos de Beatrice parpadearon con extrañeza. En la batalla que se avecinaba, necesitaría en gran medida que Beatrice le prestara su fuerza. Sin embargo, Subaru no tenía intención de revelarle los detalles de sus propósitos y métodos.
Ella era amable. Beatrice era muy amable. Por eso, si supiera lo que Subaru iba a intentar hacer a partir de ahora... Si supiera de eso, estaba seguro de que se opondría rotundamente.
Y eso no se limitaba solo a Beatrice.
—Y entonces, ¿cómo te fue, de hecho? ¿Pudiste cumplir el objetivo de leer el libro, supongo?
—Ah, sobre eso...
Así le preguntó Beatrice a un Subaru que todavía tenía el libro apoyado en su regazo. Para Beatrice y los demás, Subaru acababa de desafiar el Libro de los Difuntos de Reid Astrea en busca de una estrategia para derrotarlo.
Eso se había frustrado por razones complejas y, para colmo, se habían interpuesto tantas situaciones en el medio que le parecía que aquello había ocurrido hacía mucho tiempo... pero eso era, a fin de cuentas, algo que solo le pasaba a Subaru.
Lo que tenía que hacer, y lo que debía hacer, ya estaba decidido. Por eso...
—Beatrice, las cosas se van a poner un poco agitadas… Préstame tu fuerza.
—...Eso es evidente, de hecho. Betty es la compañera de Subaru, supongo.
Sin ninguna explicación, Beatrice le prometió su cooperación al Subaru que empezó a hablar de esa manera. Su existencia era, de verdad, de verdad... ■reconfortante.
3
En el instante en que su visión se abrió hacia el blanco, Subaru se quedó con los ojos muy abiertos ante el aspecto transformado del segundo piso.
Más allá de la gran escalera, normalmente los habría recibido un espacio blanco extremadamente sobrio.
Sin embargo, en aquel lugar donde no debería haber habido nada, había marcas de una feroz batalla profundamente grabadas en el suelo, las paredes y el techo.
"No se debe destruir la torre". Si esto era una muestra de que se habían roto la reglas...
—No dejes que los mecanismos de la torre rompan las propias reglas de la torre. Definitivamente eres una anomalía, ¿no crees?
—¿Ah? Venga ya, preguntándome qué idiotas estarían subiendo, y resulta ser vosotros, mendrugos.
En el campo de visión de un Subaru que murmuraba con amargura, el corpulento pelirrojo que se alzaba en medio del destrozado segundo piso—Reid Astrea—se dio la vuelta y arrugó la nariz con aburrimiento.
Su forma de hablar y su actitud habituales; no había ninguna diferencia con la impresión que tenían de Reid hasta ahora. Si había alguna diferencia, era la existencia del maltrecho chico al que levantaba colgando de una sola mano.
—Ka, ka, ka...
El chico estaba medio muerto y con los ojos en blanco.
No lo conocía directamente, pero su perfil tenía cierta familiaridad. Eran los rasgos de Rye Batenkaitos. Es decir...
—Roy Alphard, de "Gula".
Quien dijo eso observando el estado del chico con los ojos en blanco, Roy, no fue Subaru.
Fue Julius, el apuesto joven vestido de blanco que acompañaba a Subaru y había subido corriendo al segundo piso.
Acompañado por Beatrice, Subaru se reunió con él en el camino y se dirigieron directamente al segundo piso juntos.
El objetivo de eso era evitar el contacto entre Reid y Roy, pero...
—Incluso moviéndome lo más rápido posible desde el punto de reinicio, no llegué a tiempo...
En teoría, yendo a la máxima velocidad desde el punto del Retorno por Muerte, esta era la situación. Es decir, el encuentro entre el "Santo de la Espada" y "Gula" era inevitable. Sin embargo, parece que su primer encuentro no fue tan pacífico como esperaba.
Viendo el estado de devastación del segundo piso, uno podía imaginarse la feroz batalla entre Reid y Roy. Probablemente, Gula había utilizado todas las artes magistrales que había devorado en un intento de acorralar a Reid.
…Solo que ese arsenal de técnicas había sido reducido a polvo por la mera existencia de Reid.
—¿Y bien, qué vais a hacer? Ya sé que la torre es un caos ahora mismo, pero os molestásteis en venir hasta aquí. ¿Vais a hacer el examen? Aunque con un cachomierda y una criaja ni siquiera vale la pena hablar...
—Antes de eso, quiero que lo liberes, Reid Astrea.
—¿Aah?
Sosteniendo a Roy por una pierna, Reid, que se hurgaba la oreja con la otra mano, gruñó malhumorado.
Sin embargo, Julius, que le había dado su opinión a Reid de frente, no se acobardó y continuó diciendo "lo repetiré".
—Libéralo. El combate ya está decidido. No deberías humillar más al perdedor.
—Ni de coña. Para empezar, ¿a quién te crees que le estás dando órdenes? Oye. ¿Acaso este tipo es tu colega?
—No, rotundamente no. Ese Arzobispo del Pecado de la Gula es también un enemigo jurado para mí, y en el peor de los casos, es un oponente con el que incluso nos arrebataríamos la vida al final de una batalla.
—¿Ah, sí? Entonces, ¿por qué estás tan cabreado? ¿Es porque te robaron la presa?
—...Es porque pisoteas el orgullo de un espadachín.
Mirándolo fijamente, Julius se lo declaró al "Santo de la Espada"... al hombre que ostentó por primera vez en este mundo el título otorgado a aquel que se encuentra en la cima de la espada. Al escuchar la afirmación de Julius, que bien podría considerarse un insulto, Reid soltó un profundo suspiro.
—...El orgullo de un espadachín, dices.
Subaru sintió que esa palabra, murmurada de repente, quemó el aire del segundo piso Electra.
A pesar de ser una palabra casual, silenciosa, que no parecía albergar ninguna emoción en particular. Esa fue la señal de la erupción del primer "Santo de la Espada", Reid Astrea.
—Oye, piltrafa, ¿hasta cuándo vas a seguir durmiendo? Despierta de una puta vez.
—¡Gugii!
Un sucio grito de dolor brotó de Roy ante la fuerza de agarre que parecía a punto de triturar la pierna que sostenía con un crujido. Y así, Reid miró hacia abajo al rostro del Arzobispo del Pecado que colgaba boca abajo babeando.
—Piltrafa, antes dijiste algo interesante, ¿no es ansí? Dijiste que ibas a comerme, probarme y lamerme, ¿no? …Voy a dejarte facer eso.
—... ¡Gihi, kaha, jajajaja! ¡¿Qué es eso?! ¡¿Qué es eso, qué es eso, a qué viene eso de repente!? ¡Y eso que te dedicaste a darnos una paliza porque eso no te gustaba!
—Cambié de idea. Ahh, cierto, cierto.
Sonriendo como un tiburón hacia Roy, quien recuperaba la conciencia por el dolor, Reid levantó la mano libre.
Al instante, la punta del látigo que apuntaba al cuello de Reid, el ataque sorpresa de Subaru, fue atrapado.
—Ah...
—Que no dudaras no estuvo nada mal, cachomierda. Bueno, ¡aunque te falte hasta la más mínima pizca de habilidad!
Reid, haciendo un breve comentario sobre el golpe de látigo que Subaru había lanzado imitando lo que recordaba al olvidar cómo usarlo, tiró con fuerza del arma que había atrapado.
El intento instintivo de Subaru de plantar los pies en el suelo se volvió en su contra, y sus pies fueron levantados por la fuerza bruta.
—¡¿Uh, ooh...?!
—¡Subaru!
Aferrándose a Subaru, cuyos pies flotaban en el aire, Beatrice también fue zarandeada. Ambos volaron trazando una parábola, pero Beatrice logró controlar el aterrizaje con magia de alguna manera, evitando caer de cabeza.
—¡Subaru! ¡Señorita Beatri...!
—No te distraigas, idiota.
—¡Gu, aah...!
Distraído por esos dos que salieron volando, Julius desvió su atención, y Reid le propinó una patada. Julius la bloqueó con su espada, pero no pudo anular el impacto y salió despedido con fuerza por el espacio blanco.
Y, mientras Subaru y los demás eran detenidos...
—Venga, prueba y mira. Devora o muere por jugar yo contigo; sino eliges, elegiré yo. ¿No es a eso a lo que llaman vida, eh, piltrafa?
—¡Aah, aah, aaah! ¡Lo sé, lo sé, ya lo sé, claro que lo sé, por supuesto que lo sé, ya lo sé, y precisamente porque lo sé! ¡Bebida compulsiva! ¡Gula!
Aún boca abajo, Roy, que había sido levantado justo frente a su cara, le gritó a Reid.
Entonces, el Arzobispo del Pecado de la Gula extendió su mano y la colocó sobre el ojo izquierdo de Reid, el cual estaba cubierto por un parche.
Luego, abrió su gran boca...
—Reid Astrea.
Junto con esas palabras, Roy masticó "algo" invisible y lo sorbió con avidez. Esa era la comida de Gula, y el instante en que una existencia era profanada.
—Ah.
De repente, el cambio llegó en un instante, y la figura de Reid desapareció como una ilusión.
Su alta figura se esfumó del espacio donde definitivamente había estado, y Roy, al que sostenía por la pierna, cayó al suelo. Roy aterrizó con agilidad y se relamió los labios con una expresión de éxtasis.
—¡Aah, es increíble...! Había imaginado montones, montones, pero montones de veces a qué sabría esto, a qué sabría aquello, qué sabor tendría... ¡Pero superó mis expectativas!
—¡Maldición, lo logró...!
—¡Ajá, lo vieron, ¿verdad?! ¡Me lo comí, me lo devoré! ¡Qué sabor tan exquisito y añejo! Incluso para nosotros, a quienes nos llaman "comedores de porquería", después de probar esto, las excusas de Rye también... oh.
Arqueándose hacia atrás y sonrojándose, Roy alababa el sabor de Reid. Dentro de lo concebible, era la peor reseña gastronómica en la historia de la humanidad... la cual se detuvo a la mitad.
Para Subaru, que ya sabía lo que iba a ocurrir a continuación, esa reacción era lo esperado...
—¿A-ahora qué pretenden hacer, supongo…?
—E-e-e-espera, hie, gihi, gihihi. ¡Raro, es raro, ¿acaso no es raro?! Después de todo, esto es… Eh, piltrafa, ¿no es extraño?
Apretando la mano de una asustada Beatrice, Subaru apretó las muelas.
Mientras tanto, la expresión de Roy cambió. Su sonrisa retorcida se transformó en una sonrisa parecida a la de un tiburón.
—No es extraño, piltrafa. Comer o ser comido, así es como funciona la vida, ¿no?
Inmediatamente después de esa declaración poco propia de Gula, acompañada de una sonrisa feroz, se produjo un cambio.
Fue un cambio que, como las fases de la luna, la expresión "antes de que uno se dé cuenta" describiría a la perfección.
A pesar de estar observando sin pestañear siquiera, Subaru, Beatrice y Julius se perdieron el momento decisivo. Así de natural pareció el cambio.
—Aah, definitivamente un cuerpo vivo es diferente. Se siente cómo la sangre corre por la carne.
Literalmente, realizando un cambio de jugador en un abrir y cerrar de ojos, la majestuosa figura pelirroja que apareció en el lugar donde había estado Roy... Reid Astrea había arrebatado el cuerpo del Arzobispo del Pecado de la Gula, logrando su resurrección en el mundo terrenal.
—En lugar del Arzobispo del Pecado, Reid Astrea ha...
—Para ser exactos, aprovechó la Autoridad de Gula de reproducir al oponente que devoró en su contra y aplastó su ego... ¿verdad?
—No digas cosas tan complicadas. Qué me importan a mí esas estupideces. Tú, cachomierda, ansí que no vayas diciendo tonterías al azar... ¿Ah? oye... oye, esto es, oye... eres eso, oye.
—¿...? ¿Qué pasa?
Era una toma de control del cuerpo a través de la mente, pero ajeno a ese hecho, Reid frunció el ceño. Por un momento pareció gruñir pensativo de forma inusual, y luego clavó sus ojos azules en Subaru y...
—...Oye, eres harto asqueroso.
Al instante siguiente, la punta del palillo lanzado por Reid se acercaba a los ojos de Subaru.
—¡Kgh...!
Antes de que Subaru fuera consciente de que su cabeza iba a ser perforada, un suave destello de espada apartó el palillo de un tajo.
Quien salvó a Subaru fue Julius, que se interpuso en el último segundo. Frente a un Subaru que contuvo el aliento instintivamente, Julius hizo ondear su capa blanca.
—¡Reid! Yo soy tu oponente...
—¿Eso crees? ¡Con esa princesita a tus espaldas, ni de broma vas a poder pelear conmigo!
Reid se abalanzó hacia Julius, que había regresado como un vendaval, a una velocidad aún mayor.
Un golpe de palma con un giro explotó en el centro del delgado torso de Julius, y su alta figura salió despedida hacia atrás escupiendo sangre.
Intentó frenar el impulso apoyando sus largas piernas en el suelo, pero no pudo detenerlo del todo y salió volando.
Y así, Reid se giró hacia Subaru, quien había perdido la protección de Julius.
—Ahí tienes, tu patético príncipe ha desaparecido, princesita.
—Tengo mis objeciones con eso de "príncipe" o "princesita", pero... ¡nos ha ganado el tiempo que necesitábamos!
—¿Aah?
Justo antes de que lanzara un destello con los palillos que sostenía, Subaru y Beatrice se colaron en la apertura que Julius había creado.
Allí juntaron ambas manos, y usando la escasa reserva similar a MP de Subaru, Beatrice ejecutó una gran magia... interfiriendo con la existencia del mundo.
—Ul Shamak.
Inmediatamente después de que se completara el cántico de Beatrice, lo que se formó en el espacio fue un gigantesco agujero negro.
Un agujero negro sin fin visible, que no se sabía hasta dónde llegaba ni qué tan profundo era, acompañado de un terror primigenio; intentó engullir a Reid de frente y llevárselo muy lejos.
La gran magia de Beatrice que retorcía el espacio...
—¿Qué? Es solo aire. Como si algo que está en todas partes, como el aire, pudiera detenerme.
A tal semejante magia abrumadora, Reid la cortó en dos en un abrir y cerrar de ojos, con suma facilidad y con un solo movimiento de sus palillos.
Un corte dimensional... ese tipo de arte magistral fue exhibido sin ningún esfuerzo, y las ondas residuales se acercaron a Subaru y Beatrice.
Instintivamente, empujó a Beatrice fuera de esa trayectoria mortal...
—¡Ga, aaaah!
—¡Subaru...!
Una sensación abrasadora le atravesó el cuerpo en diagonal, y mientras Subaru caía hacia atrás, Beatrice y Julius lo llamaron.
Subaru contuvo desesperadamente la sangre y el dolor que brotaban, ahogando las ganas de gritar a todo pulmón.
—Es...toy, bien...
Negó con la cabeza, rogándoles a Beatrice y a Julius que no se preocuparan. Por supuesto, no había forma de que esos dos se quedaran tranquilos solo con escuchar esas palabras.
La herida en su pecho era superficial. No, no lo era. No era superficial, pero no dolía.
Mentira. Mejor dicho, no era insoportable. En fin, dolía muchísimo, pero estaba bien.
Sintió alivio que Beatrice no se viera arrastrada en el impacto. Y con ese alivio, no debía descuidar la observación del oponente.
Miró hacia el frente y observó detenidamente los movimientos de Reid...
—Oye, como si pudieras alcanzarme con eso.
Con cara de exasperación, Reid miraba a Subaru, a quien le goteaba sangre por la comisura de los labios.
Hacia ese Reid, Subaru extendió la mano y levantó un dedo.
—A-ah... Te alcanzaré.
—En un lugar que no es aquí, en un tiempo que no es ahora. Te alcanzaré. Salvaré a Emilia, a Beatrice, a Ram, a Rem, a Meili, a Echidna, a Julius, a Shaula, a Patrasche... a todos mis compañeros. Sin que falte ni uno solo. Por eso, en este preciso instante...
—Esta es la COUNT ONE.
Acumulando las muertes necesarias para el contraataque, completaría a "Natsuki Subaru". Hacia Subaru, que hizo esta declaración en su último aliento, los ojos azules de Reid destellaron opacamente.
▼ COUNT 1
・ La batalla entre Reid y Gula no se puede detener. Impedir la fusión entre Reid y Gula también es difícil.
・ Si está Julius, hay una oportunidad de ganar.
・ Natsuki Subaru no tiene ninguna posibilidad de ganar.
4
Los impactos rebotaban en todas direcciones por el pasillo de la torre de piedra. Lo que se desataba era una hermosa danza de hielo y nieve, y la ferocidad de unas cuchillas de viento envueltas en una intensa intención asesina.
Una falta de piedad sin igual que acorralaba, que empujaba al blasfemo sonriente, pero que no lograba acorralarlo por completo.
—¡Jaja! ¡Jajaja! ¡Nada mal, no está nada mal, lo hacen bien, tal vez lo logren, vaya que lo hacen, de verdad que lo hacen, y precisamente porque lo hacen! ¡Bebida compulsiva! ¡PURA GULA!
—¿Tienes tiempo para jugar? Qué relajado estás.
Usando las paredes y el techo del pasillo como puntos de apoyo, Rye Batenkaitos, una de las mitades del Arzobispo del Pecado de la Gula, desplegaba tácticas cambiantes una tras otra.
Quien lo perseguía con un ímpetu feroz era Ram, que avanzaba ignorando el mal estado de su cuerpo. Su cuerpo delgado se movía ágilmente, y el sonido de sus golpes mandaba a volar sin piedad la pequeña estatura de Rye hacia atrás. Hacia allí, abalanzándose como si lo hubiera estado esperando, estaba...
—¡Hago gyun y luego... ¡¡don!!
Era Emilia, que empuñaba un gigantesco martillo de hielo con ambas manos y lo balanceaba con fuerza como si hiciera un HOME RUN.
La parte contundente del martillo de hielo, del tamaño del torso de una persona, asestó un golpe con todas sus fuerzas en la espalda de Rye.
Con un ruido sordo, Rye rebotó como una pelota de goma... no, rebotó demasiado. En un instante, Rye pateó el martillo de hielo, dispersando el impacto con un movimiento acrobático y evitando una herida fatal.
Habiendo devorado a maestros de las artes marciales de todas las épocas y lugares, Rye ejercía literalmente la habilidad de un "maestro de las cien artes marciales". Su capacidad de adaptación era excepcional, y su sentido para elegir la mejor técnica en el instante preciso era sobresaliente.
Los recuerdos robados también incluían la experiencia física de esos cuerpos. Eso era evidente por el hecho de que Subaru no podía recordar en absoluto cómo usar el látigo que llevaba consigo. Al parecer, el látigo había sido el arma principal de Subaru antes de perder la memoria, pero, ¿por qué había elegido un arma tan difícil de usar? Seguramente, era la idea de que ser un poco hábil maniobrando sería más útil que manejar directamente una espada o una lanza.
—¡Estoy de acuerdo con eso en sí, pero es un problema en momentos como este... por eso…!
—¡En momentos como este, es el turno de Betty, supongo!
En respuesta a la voz de Subaru, Beatrice, que le sostenía la mano, alzó su mano libre. Al instante, se generaron incontables cristales que brillaban de color púrpura, con sus puntas apuntando a Rye al fondo del pasillo.
Hacia su espalda, que había quedado expuesta e indefensa al estar atrapado entre Emilia y Ram...
—¡El Minya!
El pequeño brazo descendió con fuerza, y las flechas púrpuras llovieron a cántaros sobre la pequeña estatura de Rye.
La danza caótica de luz púrpura engulló al diminuto Arzobispo del Pecado, y un sonido como de cristal rompiéndose envolvió el pasillo.
Era una magia aterradora que detenía el tiempo del objetivo alcanzado, lo cristalizaba, lo convertía en una existencia frágil y efímera y lo hacía añicos; un ataque que podía ser letal con solo rozar había sido disparado a mansalva en un pasillo estrecho.
Cuando la danza de luz provocada por las flechas púrpuras se calmó, la figura de un Rye mortalmente herido debería estar allí...
—¡¿Eh?! ¡¿No está?!
Emilia, que había escapado del área de explosión de la luz y aguzaba la vista hacia el epicentro, se quedó atónita. Subaru y Beatrice, al ver el mismo resultado, se tensaron por la sorpresa. En medio de esa confusión, la que más rápido comprendió la situación fue Ram.
—¡Barusu!
Dándose la vuelta, Ram gritó con sus ojos rosa claro muy abiertos. De su expresión desesperada, poco propia de ella, y de su mirada, Subaru entendió que una amenaza había aparecido a sus espaldas. Y también que ya no tenía tiempo para darse la vuelta y lidiar con ese enemigo.
—Es que, que me disparen eso sin parar sería agotador…
Esas palabras en tono de burla eran de Rye, quien había escapado del ataque concentrado de flechas púrpuras saltando a través del espacio.
El poder sobrenatural de un tal “Saltador", que usaba tan a menudo como el "Rey del Puño"... en otras palabras, un teletransporte de corta distancia. Teniendo en cuenta que era la peor compatibilidad posible contra un ataque envolvente...
—Suba...
Los pensamientos y las acciones, la reacción de ■ y del cuerpo no siempre coinciden. Inmediatamente después de empujar reflexivamente aquel pequeño cuerpo, una sensación afilada le perforó profundamente el pecho.
—Gah…
Un dolor intenso le hizo arrepentirse al instante de su decisión de recibir el ataque con el pecho, pero no había otro escudo adecuado.
Se estremecía de solo pensar en lo que habría pasado si su reflejo espinal se hubiera retrasado y Beatrice hubiera sido asesinada a tajos.
Comparado con eso, servir como escudo de carne no era nada.
Dolía. Dolía, pero si solo era dolor, una herida en el cuerpo dura un instante. ¿O no era un instante? Pero, era mucho mejor que el hecho de que ■ saliera herida... que ■ muriera.
—¡Subaru...!
Una voz aguda resonó en el interior de la torre, y el cuerpo de Subaru, que ni siquiera podía soltar una broma para aligerar el ambiente, cayó al suelo.
Estuvo a punto de soltar un grito desgarrador, pero también lo reprimió. Gritar no haría que se sintiera mejor. No debía permitir que algo así molestara o lastimara a ■ de ninguno de los presentes.
No podía permitirlo. Como no podía, muere en silencio, Natsuki Subaru.
—Qué bien, hermanín. ¿Así es como vas a pasar a la siguiente?
Reprimió sus gritos. Sin embargo, no había razón para ser objeto de burlas a cambio de reprimir su agonía.
En una situación en la que no podía mover ni una de sus extremidades, Subaru reunió fuerza en su brazo tembloroso y, por último, levantó el dedo del medio.
—Muérete, idiota.
Con eso, su conciencia se desvaneció…
▼ COUNT 2
・Colaborar con Emilia y Ram buscando una resolución temprana contra Rye Batenkaitos: Fracaso.
・Contra el "Maestro de las cien artes marciales" de Rye, el apoyo de Subaru es inútil.
・El ataque sorpresa de Beatrice tiene una mala compatibilidad con Gula.
5
Una espesa nube de polvo y arena se levantaba ferozmente, amenazando con cubrir por completo su campo de visión.
Sacudido violentamente por los temblores, Subaru se aferraba con desesperación para no salir despedido. Frente a él, unas trenzas se balanceaban de lado a lado.
—¡Esfuérzateee, gusanito de arena!
Quien gritaba y le daba órdenes a la repulsiva y serpenteante mabestia era Meili, demostrando su verdadero valor como “Domadora de Mabestias” para contrarrestar la estampida que asediaba la torre.
Obedeciendo a su llamado, el gigantesco cuerpo de decenas de metros del gusano de arena se desplomó sobre la horda de mabestias. Salieron volando, pero pasando por encima de los cadáveres, las mabestias no se detuvieron. La estampida no se detenía.
—Haa, fuu... ¡Ay, hermanito, sí que eres un explotadooor...!
Maldiciendo por la interminable batalla y quejándose con Subaru por haberle pedido que se hiciera cargo, Meili se secó el sudor de la frente y se frotó sus ojos inyectados en sangre por encima de los párpados.
El Cor Leonis de Subaru, que permanecía activo constantemente, le permitía captar de forma simplificada el estado de sus aliados a través de la intensidad de una luz. Según esa sensación, el agotamiento de Meili era considerable.
La "Protección Divina de Manipulación de Mabestias" que le permitía controlar monstruos no tenía un uso ilimitado ni inagotable.
Para Subaru, que había leído el Libro de los Difuntos de Meili y había revivido literalmente la mitad de su vida, el peso de ese precio era muy claro. Precisamente por eso, podía sentirlo… podía sentir que Meili, muy seriamente, estaba intentando ayudarlos a conquistar la torre.
—¡Oyeee, hermanitooo! ¡Agárrate bien o te vas a moriiir!
—¡A-ah, lo sé! ¡Pero jamás imaginé que acabaría montando una mabestia!
Intercambiando quejas, los cuerpos de Subaru y Meili se encontraban en el lomo del enorme gusano de arena.
Se aferraban a las protuberancias de su gigantesco cuerpo, esforzándose desesperadamente por no salir despedidos.
Montar una mabestia para luchar contra una horda de mabestias. Ante tan audaz táctica, Subaru no pudo evitar quedar asombrado.
—De verdaaad, a las mabestias sí que les gustas, hermanitooo.
—Algo de lo que no me alegro en lo más mínimo...
Al ver el estado de excitación de las mabestias que se acercaban, Meili suspiró mientras hacía que el gusano de arena las aplastara.
Coincidiendo con su opinión, Subaru entrecerró los ojos hacia la horda de mabestias que los perseguía.
El principio era desconocido, pero el resultado era evidente.
Las mabestias que rodeaban la Atalaya, estrictamente hablando, no apuntaban a la torre en sí, sino que se habían congregado buscando a Subaru, que estaba dentro.
Eso resultaba obvio incluso en esta situación.
—Parece innegable que la mayor parte de los cinco obstáculos son mi responsabilidad.
La estampida de mabestias que asediaba la torre, el Arzobispo del Pecado de la Gula que había venido en busca de los recuerdos de Subaru, Shaula transformada y apuntando hacia él, y la sombra negra azabache que amenazaba con devorar todo junto con la Atalaya... Le gustaría lamentarse de que todo era por causas de fuerza mayor, pero le daban ganas de llorar al pensar que el objetivo de todos ellos era él.
Fue justo después de pensar en eso con abatimiento.
—Mei...
...li. Intentó terminar su nombre, pero el resto del llamado se desvaneció.
Porque un destello de luz blanca que los atacó desde arriba desintegró por completo el grueso torso del gusano de arena.
—¡...!
Más del ochenta por ciento de su circunferencia de casi diez metros salió volando, y el gusano de arena soltó un grito de agonía.
Recibiendo de cerca ese rugido grave que retumbaba como un trueno, Subaru y Meili, que estaban sobre el cuerpo que se despedazaba, fueron lanzados por los aires.
—¡Ugh...!
En un acto reflejo, extendió la mano y atrajo el delgado cuerpo de Meili hacia sus brazos.
Tiró de ella, la acercó y la abrazó con fuerza contra su pecho, y en el borde de su visión que daba vueltas, Subaru la vio.
—Shaula.
Aferrado a la pared exterior de la torre y apuntando su aguijón hacia ellos... a lo lejos pudo distinguir cómo el gigantesco cuerpo del escorpión gigante, Shaula, aparecía camuflado en el anochecer.
Al comprender que el tiempo se había agotado, su sangre se heló al instante.
Alguien había roto las reglas dentro de la torre. Consecuentemente, Shaula había perdido el control y se había transformado en el escorpión gigante y, tal como ella misma había advertido, lo había marcado como su objetivo y había lanzado su ataque.
Ese único disparo aniquiló el torso del gusano de arena, mandando a Subaru y a Meili al aire...
—Ga, guh…
Subaru cayó de cabeza sobre la arena a una velocidad tremenda.
En los brazos de Subaru, fuertemente abrazada, era probable que Meili estuviera a salvo. Sin embargo, no se podía decir lo mismo de él. Sin poder siquiera amortiguar el golpe, su cabeza se hundió en la inmensa arena.
Un sonido sordo resonó, y una articulación de huesos que jamás debería romperse, se rompió.
En ese instante, su visión se volvió completamente negra. Un nervio que jamás debería cortarse, se cortó.
—Hermani...
El sonido, el tacto, no solo lo que veía; todo se volvía distante.
Sin embargo, solo su olfato seguía vivo. Era algo extraño. A pesar de que normalmente no esperaba mucho de su nariz. Por alguna razón, hasta el mismísimo final, pudo percibir un olor.
Un olor dulce.
El olor de lo que, hasta hace un momento, había estado en sus brazos.
Probablemente, el olor de que ella no había muerto, ol…
▼ COUNT 7
・Escapar de la torre con Meili tiene el efecto de atraer a las mabestias.
・El objetivo de las mabestias es Subaru. El objetivo de la sombra y del escorpión gigante probablemente sea el mismo.
・Natsuki Subaru, por sí solo, no puede proteger a Meili.
6
Que el punto de reinicio del Retorno por Muerte sea fijo es tanto una ventaja como una desventaja.
En medio del proceso de ensayo y error, la forma más simple de cambiar la situación es alterar los enfrentamientos.
Sin embargo, ni siquiera Subaru, quien puede usar Cor Leonis inmediatamente después de regresar de la muerte para conocer la ubicación de sus compañeros en la torre, puede detener las batallas que ya han comenzado.
Shaula lidiando con la estampida de mabestias, y Emilia luchando contra Rye Batenkaitos.
No hace falta decir que Shaula tiene un límite de tiempo, y en cuanto a la batalla de Emilia y los demás, la opción de abandonar a Rem en la Sala Verde está descartada desde el principio, por lo que la situación no se puede cambiar.
—Pero, si ese es el caso, aún hay formas de actuar.
—...Aaah, sí que me están dando pelea. Llegar hasta este punto contra nosotros es digno de admiración.
Diciendo eso sobre el suelo congelado, Rye Batenkaitos se acarició la frente ensangrentada.
El sangrado de un corte superficial en su frente, su brazo izquierdo colgando inerte con el hombro destrozado... estaba literalmente magullado de pies a cabeza.
Podría decirse que era el estado más acorralado en el que lo habían visto hasta ahora.
Y que Rye estuviera acorralado era de esperarse. ¿Por qué?
—No te quedas atrás de tus hermanos, tienes una gran habilidad. Pero, la minoría frente a la mayoría... no tienes oportunidad de ganar, bastardo.
Julius, empuñando su espada de caballero, se enfrentaba al ensangrentado Rye.
No era la primera vez que traía a Julius para ayudar a Emilia en su lucha contra Rye. Sin embargo, había una diferencia crucial con respecto a la derrota anterior. Era...
—¿Se encuentra bien, señorita Emilia? Menos mal que llegamos a tiempo, la situación era peligrosa.
—Subaru, Julius, gracias por venir. Me han ayudado mucho.
Pudieron reunirse antes de que el nombre de Emilia fuera arrebatado por las garras de Gula.
Gracias a ello, a diferencia de la vez anterior, se estableció una estrecha colaboración entre Emilia y Julius, que se conocían mutuamente, y lograron acorralar espléndidamente a Rye hasta este punto.
Con Emilia y Julius, y Ram sumándose a ellos, su fuerza de combate era sólida; incluso un Arzobispo como Gula ya estaría pensando en rendirse al darse cuenta de su desventaja.
Ya sabían que aunque Rye muriera, los nombres y recuerdos devorados no regresarían.
Querían capturarlo vivo. La rendición sería bienvenida bajo ciertas condiciones.
—Si nos revelas el secreto de sus Autoridades y nos devuelves rápidamente todo lo que han devorado hasta ahora, te garantizaremos la vida con solo eso. No es un mal trato, ¿verdad?
—¿Eh? ¿Esas condiciones tan indulgentes? Es cierto que no está mal, no es en absoluto, para nada, un mal trato para nosotros, peeeero...
—¿Pero?
—...¿Creían que íbamos a obedecer dócilmente cuando nos hablan con ese tonito de sabelotodo?
—¡...! ¡Espera!
Rye sacó su larga lengua y habló burlándose de ellos. Ante eso, Subaru frunció el ceño un instante, pero pronto adivinó la intención de su oponente y maldijo su propia falta de previsión.
Al escuchar el grito de Subaru, Emilia y los demás también reaccionaron, pero fue demasiado tarde.
—¡Baa-bye!
Agitando la mano ligeramente, Rye usó su poder de Saltador, cruzó el espacio y desapareció.
—¡Vigilen los alrededores! ¡Aún no sabemos de dónde puede salir!
—...Es inútil. Ese tipo de personas, una vez que deciden huir, huyen. Por eso nunca lo han atrapado hasta ahora, ¿no?
Julius se mantenía alerta ante un posible ataque sorpresa del Rye desaparecido, pero la observación de Ram era más fría.
Subaru también estaba de acuerdo con sus palabras. En esta situación, no había ninguna razón para que Rye siguiera luchando.
Porque Rye Batenkaitos era un Arzobispo del Pecado, no un guerrero.
—...Y estábamos tan cerca.
Ese murmullo cayó como una gota en el pasillo, ahora sin enemigos.
—Un poco más, y a ese tipo que le hizo eso a Rem lo habríamos...
Quien cayó de rodillas y alzó la voz, fina y aguda, fue Ram. Golpeó el suelo del pasillo con el puño, su voz temblaba de ira hacia Lye, que había logrado escapar limpiamente.
—Ram...
Acercándose a la frustrada Ram, Emilia tocó suavemente su delgado hombro. Dejándole el consuelo de la afligida Ram a Emilia, Subaru se mordió los labios.
—...Con esto, ¿se puede decir que hemos repelido a Rye?
Viendo la desventaja de un tres contra uno, Rye huyó, pero no estaba claro si se había retirado completamente de la torre.
Más bien, llevando el nombre de Gula, se debería asumir que su obsesión por sus presas era mayor que la de cualquiera. Si era así, ¿dejar suelto a ese tipo que había escapado no era más peligroso?
—Pero si dividimos el grupo para perseguirlo, volveremos a la situación inicial. Y si lo dejamos en paz...
—...La situación se mueve sin pensar en el oponente, ¿sabes?
—...
De repente, una voz que le llegó desde atrás hizo que a Subaru se le erizara la piel de todo el cuerpo. Cuando todos en el pasillo se dieron la vuelta instintivamente, un hombre pelirrojo se acercaba haciendo sonar sus zōri.
El hombre, que apareció con audacia sin temerle ni siquiera a Dios, sonrió ferozmente como un tiburón.
—Estoy tomando un paseo por mi jardín, ¿por qué preocuparme por otras personas?
Reid Astrea había descendido al cuarto piso... Con su aparición, Subaru comprendió que la situación había empeorado.
A pesar de haberse apresurado a subyugar a Rye dejando a Reid para después, como resultado, el mismísimo Rye había escapado y, por supuesto, no habían podido evitar la resurrección de Reid.
—¿Desde cuándo este lugar se convirtió en tu jardín?
—Oye oye, no vayas por ahí con malentendidos, fermosísima. Decirte he que, cuando dije jardín, no estaba refiriéndome a esta triste torre. Oye tú, se conoce que clamo jardín a todo el maldito mundo.
—...Si lo dice alguien que se convirtió en leyenda con un solo blandir de su espada, no hace gracia ni como broma.
Ante la presencia de Reid, quien se suponía que no podía salir del segundo piso, Emilia y Julius mostraron su recelo. Detrás de ellos dos, Ram, que había estado abatida, también levantó lentamente la cabeza.
—Se suponía que no podías salir de ese piso. ¿Por qué has bajado, examinador?
—No es de mi agrado fablarle a mujeres arrodilladas y hundidas. Si debo responder, entonces intentad pedirlo. No me desagradan las mujeres con carácter fuerte. Aunque tampoco me desagradan las de carácter débil.
—Ya veo. Desgraciado de la peor calaña.
Despreciando la vulgar forma de hablar de Reid, Ram se puso de pie.
Y así, los tres se pusieron en posición de combate frente al ineludible oponente. Con la esperanza de que, tal como habían abrumado a Rye, quizás los tres juntos también pudieran darle pelea a Reid...
—¿Por qué viniste directo hacia aquí...?
—...Por culpa de esos ojos, por supuesto.
—...
—Esa fermosa de ahí también, pero tus ojos me dan asco. Así que te los voy a arrancar.
El único ojo azul de Reid saltó sobre los tres oponentes y se clavó en Subaru.
La hostilidad hacia Subaru que albergaba esa mirada era exactamente la misma que había mostrado justo después de fusionarse con Roy, es decir, una intención maliciosa originada por el conocimiento de Gula.
Y eso se había convertido en una voluntad aún más fuerte que la del Arzobispo del Pecado de Gula, y era imposible que cambiara.
—No te dejaré, de hecho.
—¿Oh?
Apretando los labios, Beatrice se interpuso delante de Subaru. Al verla, Reid levantó las cejas y luego se encogió de hombros diciendo "Oye, mocosa".
—No es menester apresurarte a tu muerte deliberadamente, ¿sabes, mocosa?
—Lamentablemente, ya me he cansado de vivir como si estuviera muerta, supongo.
—Ah, ¿sí? Entonces, no hay de otra.
Si es un héroe de gran renombre, no debería levantar la mano contra mujeres y niños.
Como si esa idea fuera una fantasía, la mirada de Reid era inquebrantable. Expresaba ferozmente que no le importaba si quien se interponía en su camino era una niña.
Con Emilia, Julius y Ram, más Beatrice. Incluyendo al astuto Subaru, ellos eran cinco; se formaba una situación de cinco contra uno frente a Reid.
A pesar de ello, el pavor en todo el cuerpo de Subaru no desaparecía. Un sudor pegajoso y tibio le empapaba la espalda.
Emilia y los demás probablemente sentían lo mismo. Sus rostros de perfil reflejaban una fuerte tensión, mientras su voluntad de luchar iba en aumento.
Y entonces...
—El Minya.
Innumerables flechas púrpuras flotantes llenaron el pasillo, bloqueando por completo la ruta de escape de Reid.
Beatrice había desplegado una formación sin contenerse desde el principio. Reid, quien probablemente dedujo a simple vista la característica letal de Minya, capaz de ser mortal con solo un roce, frunció los labios sin inmutarse.
—Soy el Gran Espíritu de Natsuki Subaru, Beatrice.
—Muy bien. Yo soy el Palillero, Reid Astrea.
Se presentaron mutuamente, y el aire se tensó con una abrumadora intención asesina.
En un respiro, al instante siguiente, las flechas púrpuras se movieron, y la batalla comenzó con una destrucción aplastante.
Emilia y los demás también se lanzaron valientemente a ese lugar donde se desplegaba una cortina de fuego letal.
—...
Con los ojos bien abiertos, Subaru agarró su látigo buscando hacer lo mejor que estuviera a su alcance.
No sabía qué podía hacer. Pero de ninguna manera apartaría la vista.
No apartó la vista del resultado de su decisión y elección.
No pudo apartarla…
▼ COUNT 15
・Gula huye si la situación se vuelve visiblemente desfavorable.
・Si se le deja a su aire, Reid siempre vendrá a matar a Subaru al final.
・—Nunca más dejaré que alguien muera antes que yo.
7
—¡...baru! ¡Subaru! ¡Reacciona, supongo!
Al igual que cambiar el canal de televisión, la pérdida y la recuperación de la conciencia ocurrieron en un instante.
Frente a los ojos de un Subaru que no podía seguir el ritmo de ese desarrollo repentino y cuya reacción se retrasó, estaba el rostro de una chica con ojos azules de patrones característicos.
—Bea... trice...
—Así es, de hecho. Soy Betty, supongo. Subaru, dime si sigues siendo Subaru, supongo.
Beatrice le hizo esa pregunta sosteniendo el rostro de él entre sus manos. Este era el Archivo de Taygeta del tercer piso, y esta era su decimoséptima reunión, y su decimoséptimo reinicio...
—¿Subaru?
—...No, no es nada. Lo recuerdo todo. Tú eres Beatrice, y yo soy Natsuki Subaru. Tú y yo somos compañeros inseparables, cuento contigo de ahora en adelante, divirtámonos, VERY GOOD.
—V-very good, supongo...
Haciendo rima y levantando el pulgar, Subaru vio cómo Beatrice también levantaba el pulgar con cierta confusión.
Que Beatrice aceptara una expresión que no debería existir en otro mundo era el resultado de estar contaminada por Subaru.
Acariciando su cabeza, Subaru solicitó inmediatamente a su conciencia que cambiara de modo. Teniendo en cuenta el decimoquinto conteo de hace un momento, debía idear la siguiente estrategia.
—...Tranquilízate, Subaru.
Sin embargo, tirando del dobladillo de la ropa de Subaru, Beatrice asomó la cara.
—Cuéntame qué pasó con más detalle, supongo. Qué pasó dentro del libro, de hecho. ¿Pudiste ver los recuerdos de Reid? No solo sobre Betty, sino ¿sobre Emilia y los demás? Tengo que comprobar si lo recuerdas todo bien, supongo. Tienes que recordar todo lo importante adecuadamente, de hecho. Recuérdalo, supongo.
—Sobre eso... Ah, sí, claro que sí.
Escuchando la sincera súplica de Beatrice, Subaru reflexionó profundamente sobre sus acciones.
Por apresurarse demasiado en resolver las cosas, había ignorado a la Beatrice que tenía delante.
Era un fenómeno común en las historias de bucles temporales: la mente de la persona que repite los bucles se va distanciando cada vez más de su entorno.
—...Nunca pensé que de verdad me encontraría en esa situación.
Además, en esas historias, caer en ese estado mental suele ser el resultado de haber pasado decenas, cientos o incluso una cantidad ingente de intentos frente a un muro insuperable.
En comparación, Subaru apenas llevaba... tan solo quince veces. ¿Acaso su ■ se había vuelto tan duro como para no ver a las personas como personas en tan solo quince intentos?
—Soy un idiota. No, soy un grandísimo idiota.
Escupiendo la debilidad, fragilidad y patetismo de su propio ■, Subaru se amonestó a sí mismo.
Apenas había muerto unas quince veces.
Solo había estado gastando su vida en vano sin ningún progreso. ¿Qué derecho tenía alguien así a decir que estaba cansado?
—Levántate, alza la cabeza, aprieta los puños, Natsuki Subaru. Solo estás tú.
—Si fuera "Natsuki Subaru", nunca se rendiría por algo como esto.
—...Subaru nunca ha sido un SUPERMAN que pueda hacer de todo, de hecho.
—...
De repente, Beatrice le soltó eso a un Subaru que repetía preguntas y respuestas en su interior. Ante esa afirmación, Subaru contuvo el aliento.
Mirándolo fijamente, Beatrice continuó.
—Te lo diré las veces que haga falta, supongo. Subaru nunca ha sido un SUPERMAN que pueda hacer de todo, de hecho. Siempre se esfuerza al máximo con lo que tiene delante, sale herido por el bien de todos... y es solo un chico normal al que tampoco se le da bien aguantar el dolor, supongo.
—E-eso no puede ser. No puede ser. Porque, si no fuera así...
—¿Si no fuera así?
—Si no fuera así, este...
Su voz temblaba. Su corazón latía tan fuerte que parecía que iba a estallar, y Subaru se agarró el pecho.
Era un terror que hacía que el ■ de Subaru se acelerara incluso más que cuando estaba al borde de la muerte.
—...Subaru, quédate aquí tranquilito, de hecho. Betty se encargará de esto en tu lugar, supongo.
—¿Qué...? ¡N-no digas tonterías! ¡Yo estoy bien! Es cierto que me tambaleé un poco, pero...
Negando con la cabeza, Subaru le replicó a Beatrice, que se había puesto de pie. Con la intención de detenerla, puso fuerza en sus piernas e intentó levantarse. Pero...
—...¿Ah?
—Estás temblando, Subaru.
Ante la indicación de Beatrice, Subaru bajó la mirada, atónito, hacia sus propias piernas temblorosas.
A pesar de hincar las rodillas e intentar hacer fuerza, no podía sostener su cuerpo. Hiciera lo que hiciera, su postura colapsaba y no podía levantarse.
—¿Por qué…?
—Es natural, supongo. Subaru se ha estado esforzando demasiado todo este tiempo, de hecho.
—¡No, espera, espera un momento! ¡Que me pase esto por tan poca cosa, eso...!
Moviendo la cabeza de un lado a otro y golpeándose las rodillas repetidas veces, intentó poner fuerza en sus piernas, pero no pudo levantarse.
No había dolor, ni sufrimiento, ni fatiga, pero el espíritu de lucha de Subaru no se transmitía a sus extremidades. Mientras tanto, Beatrice dio un paso alejándose de él.
—Subaru, Betty y las demás llenaremos las partes que te faltan, supongo. Así que no tienes que pensar en hacerlo todo tú solo, de hecho. Porque...
—Beatrice...
—Porque ese es el estilo de Natsuki Subaru, supongo.
Dejando una sonrisa hacia un Subaru atónito y con los ojos muy abiertos, Beatrice se dirigió hacia las escaleras que bajaban al piso inferior.
En el camino, se reunió con Echidna y Meili, que estaban revisando el Archivo...
—Echidna y Meili se dirigirán hacia el balcón, de hecho. Betty se reunirá con Emilia y las demás que se dirigieron a la Sala Verde, supongo. Tengan mucho cuidado, de hecho.
Dando instrucciones de manera eficiente, las figuras de Beatrice y las demás desaparecieron del Archivo, la Gran Biblioteca Pleiades.
Con esto, Subaru era el único que quedaba en el tercer piso.
Si seguía el patrón habitual, Julius, que debería haber aparecido en el Archivo, tampoco se dejaría ver por aquí si se había reunido con Beatrice y las demás.
Sin las instrucciones de Subaru, Beatrice y las demás tendrían que lidiar con los problemas que asediaban la torre. Y ellas, por preocuparse por Subaru, y por ser ■amables, perderían la vida.
—Es por mi culpa, porque soy débil... Que me rinda por tan poco, por qué...
Si fuera el verdadero "Natsuki Subaru", no se habría detenido por algo así.
La ira hacia su propia incompetencia calentaba el pecho de Subaru. Pero, al mismo tiempo, recordó lo que Beatrice había dicho hace un momento sobre "Natsuki Subaru".
No podía aceptarlo sin más. No podía creerlo. Porque, si eso fuera cierto, entonces él sería una persona normal.
—Debe haber pasado algo. Eso es lo que te cambió, ¿"Natsuki Subaru"?...
Tal vez tuvo un encuentro extraordinario. O tal vez obtuvo algún poder increíble. O tal vez tuvo una experiencia que su yo actual ni siquiera podría imaginar.
Porque debió de haber algo que lo sacó de ese patético Natsuki Subaru, por eso "Natsuki Subaru" debió ganarse la confianza de todos en esta vida en otro mundo.
—Natsuki Subaru estuvo aquí...
De repente, lo que brotó de su boca fue el origen de su desconfianza hacia el "Natsuki Subaru" de este mundo.
Ese mensaje de una existencia que no debería estar aquí, que a veces estaba grabado en su brazo y a veces escrito como una maldición por toda la habitación. Se sentía casi como una maldición hacia la persona que le había robado su papel.
—Si de verdad estás dentro de mí... ¡sal de ahí...!
Agarrándose el brazo con fuerza, hasta el punto de hacer crujir sus huesos, Subaru le suplicó a sí mismo... no, al "Natsuki Subaru" que no estaba allí.
Le pedía al renacido "Natsuki Subaru", capaz de lograr resultados que él no podía, que saliera.
—¡Yo! ¡Conmigo no basta! ¡Te necesito a ti, "Natsuki Subaru"!
Soltándose el brazo, Subaru golpeó el suelo con el puño. Su puño dolió contra la dureza del suelo del Archivo, de un material desconocido, pero no era nada comparado con el sentimiento de impotencia que atormentaba su pecho.
Quería salvarlos. De verdad quería salvar a todos. Nadie tenía la culpa. Nadie quería lastimarse mutuamente.
Eso lo entendió. Ahora podía creer sin dudar a quién salvar y a quién amar. Y, sin embargo...
—Ahora es cuando más te necesito... Entonces, ¿por qué soy yo? Un cobarde sin agallas como yo, ¿cómo voy a poder salvar a todos...? Y a pesar de eso…
Incluso ahora, sus piernas no se movían.
Por su culpa, había enviado a Beatrice, a Echidna, a Meili, y a las que no estaban allí, a Emilia, a Ram, a Julius y a Shaula, directamente a la muerte.
Por culpa de que Subaru no podía hacer nada, no podría salvarlas a ellas, destinadas a morir, de ese "Destino".
—...Cor Leonis.
Murmurando débilmente, Subaru activó su Autoridad, a sabiendas de que le dolería. El nuevo poder que residía en su interior le transmitía al instante la ubicación de sus compañeros dentro de la torre.
Y también los finales que les esperarían, así como la destrucción que esta torre enfrentaría, se le mostraban con total claridad.
Todos estaban luchando desesperadamente en sus puestos. Como era de esperarse, seguramente siguiendo las instrucciones de Beatrice. Y la situación seguiría el curso que Subaru ya conocía, y este bucle también sería en vano...
—¿...?
Un ruido de interferencia interrumpió sus pensamientos pesimistas, y Subaru levantó la cabeza lentamente. Girando el cuello, Subaru dirigió su mirada hacia atrás, hacia la estantería que albergaba innumerables Libros de los Difuntos.
—...
Era una sensación extraña. No era la primera vez que Subaru activaba el Cor Leonis en este Archivo.
Hasta ahora, siempre había usado este poder cada vez que “Retornaba por Muerte", para rastrear la ubicación de sus compañeros.
Había intentado de todo, corriendo de un lado a otro para cambiar la situación y desgastando su propia vida. Sin embargo, esta era la primera vez que sentía una reacción así, y no lo entendía.
—...Esta reacción…
Lo sentía de forma muy leve, de hecho, tan débil que parecía que iba a desaparecer. Era una sensación mucho más débil que percibir la existencia de sus compañeros en la torre, lejana pero certera... pero era una sensación que definitivamente estaba allí.
Moviendo a la fuerza sus piernas temblorosas, Subaru avanzó a un ritmo tan lento como una oruga.
Luego, se apoyó fuertemente en la estantería y levantó la parte superior de su cuerpo con todas sus fuerzas.
De alguna manera, logró ponerse de pie apoyando su peso en la estantería. Entonces, extendió la mano hacia la luz débil que parecía a punto de desvanecerse, y la agarró. Sacó ese libro que agarró, un "Libro de los Difuntos", y...
—...
Contuvo el aliento. Un solo libro muy simple y aburrido, con nada más que el título en su cubierta negra. Sin embargo, para Subaru, tenía un significado inmenso. Porque...
—...Natsuki Subaru.
…Ahí estaba un Libro de los Difuntos que no debería existir.