Natsuki Subaru
Capítulo 2
Natsuki Subaru
1
Abriendo sus ojos negros con asombro, Subaru sintió cómo su garganta se secaba rápidamente. Un veneno mortal que no funcionaría en nadie más que en Subaru, efectivo únicamente en él.
El Libro de los Difuntos de “Natsuki Subaru” atravesó a Subaru con ese intenso significado.
—Por... qué...
¿Por qué había aquí un Libro de los Difuntos que no debería existir? En el tercer piso de la Atalaya Pléyades, Taygeta, deberían encontrarse los Libros de los Difuntos que registran las vidas de aquellos que han muerto.
Era contradictorio que el libro de una persona viva estuviera ahí. ¿O acaso había encontrado por casualidad el libro de alguien con exactamente el mismo nombre y apellido?
—Si ese es el caso, ¿entonces por qué “Natsuki Subaru” está escrito en kanjis...?
El título grabado en el lomo negro estaba, sin lugar a dudas, escrito en kanjis.
Por lo que había visto hasta ahora, las letras de este mundo alternativo eran diferentes a las que Subaru conocía.
Por lo tanto, incluso si Emilia y los demás vieran este título, los kanjis solo les parecerían símbolos. Y lo mismo se podía decir a la inversa.
Este libro era un veneno mortal que solo surtiría efecto en Subaru, y al mismo tiempo, era una posibilidad que nadie más que Subaru podía descubrir. Esa posibilidad... ¿para qué y por quién había sido preparada?
La única razón por la que Subaru se había topado con este Libro de los Difuntos aquí era porque lo había buscado guiándose por la leve reacción del Cor Leonis.
De lo contrario, nunca habría encontrado el libro que buscaba. Ese era el tipo de hazaña que sería imposible a menos que fuera un capricho de los dioses...
—O si no son los dioses, de alguien...
Subaru estaba convencido de que había intenciones ocultas en juego. Lo único que quedaba era la autenticidad de este Libro de los Difuntos: si suponiendo que el Libro de los Difuntos fuera real, ¿qué diablos estaría escrito sobre “Natsuki Subaru” y la vida de quién experimentaría?
—¿Se considera que “Natsuki Subaru” murió en el momento en que perdió sus recuerdos...? No me digas que el Libro de los Difuntos también está observando los mundos anteriores en los que he muerto...
Ruy le había contado que el Corredor de las Memorias despojaba a las almas de los muertos de sus recuerdos y experiencias para reciclarlas.
Si esos recuerdos despojados se materializaban como los Libros de los Difuntos, era concebible que también capturaran las muertes de Subaru de alguna forma.
Pero, en ese caso, ¿qué era el Retorno por Muerte...?
—¿Soy idiota? No, soy un grandísimo idiota... Qué maldito cobarde soy.
Sintiendo que sus pensamientos se desviaban en una dirección extraña, Subaru se maldijo a sí mismo.
A decir verdad: Subaru le tenía pavor a ese Libro de los Difuntos.
¿Qué pasaría al leer el libro de “Natsuki Subaru”? Estaba aterrorizado por ese suceso desconocido e incomprensible.
Por eso estaba persiguiendo hipótesis sin fundamento, intentando posponer el momento de pasar las páginas del libro que tenía en sus manos.
—...
No se trataba de la hipótesis de que el mundo se creó hace cinco minutos, pero el hecho de que el Libro de los Difuntos de “Natsuki Subaru” estuviera aquí era, en cierto modo, una salvación para él.
Porque parecía ser la prueba de que Subaru no había brotado de la nada en este mismo instante.
Sin embargo, al mismo tiempo, significaba que un “Natsuki Subaru” ajeno a él había existido y vivido en este mundo alternativo.
Y también significaba que él estaba pisoteando y borrando sus huellas.
—...Para empezar, ¿dónde empieza y dónde termina este libro de “Natsuki Subaru”?
En el caso de Meili, pudo trazar la mitad de su vida desde su primera infancia, desde que tuvo uso de razón y sus recuerdos comenzaron a fijarse como tales.
Pero, ¿qué pasaría en el caso de Subaru? Suponiendo que pudiera leer su Libro de los Difuntos, ¿empezaría con el despertar de su autoconciencia igual que Meili, avanzaría a través de su crecimiento y, entonces, dónde terminaría?
Si no era que el Natsuki Subaru amnésico de ahora había muerto, sino que se contaba que “Natsuki Subaru” había muerto, ¿no sería lo natural que pudiera revivir los recuerdos de ”Natsuki Subaru” justo antes de perder la memoria?
¿O acaso reviviría los recuerdos del Subaru actual que había despertado sin recuerdos dentro de la torre? En ese caso, ¿qué muerte se seleccionaría como el final?
O tal vez, al igual que el contenido del Libro de los Difuntos de Reid había desaparecido del libro para reproducirlo como examinador de la torre, ¿el libro de “Natsuki Subaru” solo contenía los restos de recuerdos que habían quedado en blanco? Si fuera así, este libro no le mostraría los recuerdos de “Natsuki Subaru”, sino...
—...Al final, ¿qué quieres hacer, cobarde?
¿Quería verlo o no? Despreciándose a sí mismo por no poder dar siquiera una respuesta sencilla a eso, y regañando a su acobardado ■, dejó escapar un suspiro. Habiendo llegado hasta aquí, la opción de no mirar era impensable. Incluso si la opción surgiera en su mente, la sola idea de elegirla era aún más inconcebible.
—...
Por eso, por eso, por eso, por eso, por eso... Y entonces, y entonces, y entonces, y entonces, y entonces...
—...Guh.
Exhalando con fuerza, abrió el Libro de los Difuntos.
Y así comenzó el viaje de Natsuki Subaru, sin saber dónde empezaba ni dónde terminaría.
2
—Esto... en serio es muy malo…
Sintiendo la dureza del suelo contra su rostro, se dio cuenta de que se había desplomado boca abajo. No le quedaban fuerzas en el cuerpo y ya no sentía las puntas de sus dedos. Solo un "calor" abrasador dominaba todo su ser.
El pensamiento que clamaba por saber qué había pasado. El pensamiento que clamaba que debía hacer algo. Ambos se mezclaban y gritaban.
Sin embargo, el pensamiento de que debía hacer algo no servía de nada.
—Quema, quema, quema, quema, quema, quema, quema.
Tosiendo, vomitó a su antojo la fuente de vida que subía por su garganta. Un gorgoteo; una hemorragia tan fuerte que burbujas de sangre asomaban por la comisura de su boca. En su visión borrosa, alcanzó a ver el suelo teñido de un rojo intenso.
—Ah, ¿toda esa es mi sangre?
Sumido en la ilusión de que toda la sangre de su cuerpo se había desbordado, estiró una mano temblorosa buscando la causa de ese "calor" que lo consumía.
Sus dedos tocaron el tajo en su abdomen y lo comprendió todo. Con razón sentía tanto calor. Parece que había confundido el dolor con ardor.
Una herida cortante profunda había partido su torso casi por la mitad, y apenas estaba unido por una capa de piel.
Un corte profundo casi había partido su torso en dos, manteniéndolo unido apenas por un trozo de piel.
En pocas palabras, parecía que finalmente estaba frente al Jaque Mate de su vida. En el instante en que lo entendió, su conciencia comenzó a desvanecerse rápidamente. Ante sus ojos, unos zapatos negros pisaron el suelo cubierto por una alfombra de sangre fresca, creando ondas al caminar.
Había alguien ahí. Y ese alguien, probablemente, era quien lo había matado.
Sin embargo, no sintió deseos de verle la cara a esa persona. Eso no importaba.
—Lo único que deseaba... era que ella estuviera a salvo.
—¿...baru?
Le pareció escuchar una voz que sonaba como el repicar de una campana. Recordaba que escuchar esa voz, el hecho de poder oírla, era su mayor consuelo. Por eso...
—¡...!
Un breve grito se escuchó, y la alfombra de sangre recibió a alguien más. El cuerpo cayó justo a su lado. Y allí, estaba su propio brazo extendido torpemente. Esa mano blanca que cayó sin fuerzas se entrelazó débilmente con la suya, cubierta de sangre. Sintió como si esas yemas de los dedos, moviéndose apenas, le devolvieran el apretón.
—...spera.
Sujetó por el cuello a su conciencia que alejaba, obligándola a darse la vuelta para ganar algo de tiempo.
—Yo… juro que te…
—...te salvaré.
En el instante siguiente, él, Natsuki Subaru, “Natsuki Subaru”, Natsuki Subaru perdió la vida.
3
En el momento en que se cortó la conexión, Subaru sintió un dolor sordo en la nuca.
—¿D-dónde…?
No estaba dentro de un edificio frío, lúgubre y sucio, sino en el Archivo de Taygeta. Había colapsado en el suelo del Archivo, golpeándose la nuca.
Entendiendo que esa era la causa del dolor sordo, Subaru se incorporó lentamente y.… a toda prisa, se tocó el estómago. Debería haber una herida ahí, una herida que pondría en peligro su vida.
—No... no está, no está. No hay herida. Mi estómago, no está cortado...
Se palpó el estómago una y otra vez para asegurarse de que la causa de aquel calor abrasador había desaparecido.
Dentro de la visión que acababa de presenciar, la sensación más vívida se había desvanecido.
Debería haber sentido ese dolor tan intenso que lo hizo confundirlo con calor.
—...Recuerdos de morir con el estómago cortado.
Ese final donde una cuchilla afilada le rajaba el estómago, muriendo ahogado en burbujas de sangre y en la impotencia.
Para colmo, si él hubiera sido el único en morir, aún habría podido perdonarlo. Pero no fue así.
—Satella...
El nombre que murmuró fue el de la chica que no pudo salvar en el mismísimo final... un nombre falso.
En esos recuerdos, la chica de cabello plateado que él conocía le había ocultado su verdadero nombre a Subaru.
¿Cuáles habrían sido sus motivos? Aunque estaba claro que no fue por malicia.
Y entonces, al presenciar el encuentro y la separación que llevaron a ese punto, y la lucha del “Natsuki Subaru” invocado a un mundo paralelo, Subaru lo comprendió.
Fue un final que ni siquiera merecía llamarse “morir en vano”; incluso la expresión “muerte de perro” sería un insulto para los perros...
—...Este es el Libro de los Difuntos de “Natsuki Subaru”.
Ese era el único hecho innegable del que no podía equivocarse.
Un “Natsuki Subaru” irremediable, estúpido, débil y sin salvación.
Habiendo inflado su estúpido ego, siguió dándole la espalda a las repetidas decepciones que le causó a sus padres.
Como si eso no fuera suficiente, utilizó su invocación al otro mundo como un conveniente escape de la realidad, convirtiéndose en un estafador que intentaba engañarse a sí mismo, a su entorno y a todos a su alrededor mostrando una positividad retrógrada.
El resultado de esa estupidez lo condujo a la tragedia en aquella bodega de objetos robados.
—Eres un idiota sin remedio... pero...
En efecto, fue una estupidez fatal, pero ciertamente también había hechos que pudo aprender de ello.
Hechos que eran obvios para “Natsuki Subaru”, pero que el actual Natsuki Subaru desconocía.
Por ejemplo, cómo había obtenido el poder del Retorno por Muerte. Si esto hubiera sido un viaje a otro mundo típico de las novelas, quien lo hubiera convocado a este otro mundo habría sido un dios o una existencia sobrenatural con un poder similar.
Sin embargo, aquel “Natsuki Subaru” no tenía recuerdos de haber hecho contacto con ninguna existencia sobrenatural, ni parecía ser consciente de que alguien le hubiera otorgado algún poder.
Después de todo, en el instante final, “Natsuki Subaru” estaba seguro de su propia muerte. Al menos, así lo sintió él.
Al pensar en ello, se dio cuenta de algo. No estaba logrando separar objetivamente su propio yo del “Natsuki Subaru” del libro.
—Es más inmersivo que en el caso de Meili…
Cuando leyó el Libro de los Difuntos de Meili y revivió su vida, también sintió que su mente era fuertemente arrastrada.
Su personalidad casi se fusionó con la de la chica, e incluso una Meili apareció en su cerebro como síntoma alucinatorio, burlándose de él y diciéndole lo que se le antojaba.
Aunque en el fondo sabía que, en última instancia, esa era solo una Meili falsa creada por la conciencia de Subaru, una ilusión defectuosa que no tenía nada que ver con la Meili real.
—...
Sin embargo, este Libro de los Difuntos era diferente a la experiencia de Meili.
El sujeto no era otro que él mismo. Una situación que normalmente no debería ocurrir—un "yo" que no es él mismo—estaba empujando inadvertidamente a Natsuki Subaru a luchar contra sí mismo.
Una batalla contra sí mismo.
Expresado con palabras, no había frase más trillada, pero describía de forma exacta y concisa la situación en la que Subaru se encontraba ahora.
Las probabilidades estaban en su contra. De hecho, la conciencia de Subaru fue fuertemente arrastrada por “Natsuki Subaru”.
—...Emilia. Emilia, Emilia, Emilia, Emilia, Emilia.
Ante la sensación de que estaba siendo borrado, Subaru repitió el nombre de Emilia como si fuera un hechizo.
La razón para cantar el nombre de Emilia era sencilla.
El “Natsuki Subaru” del Libro de los Difuntos no la reconocía como Emilia.
Creyendo ciegamente en el nombre falso que le habían dado, cumplió su papel de bufón hasta el amargo final.
Por lo tanto, esa era la diferencia entre el Subaru actual y “Natsuki Subaru”. Haciendo rechinar los dientes y temblando ante la sensación de que lo estaban desgastando, Subaru miró sus pies.
Allí estaba el libro que se le había caído instintivamente. Había observado hasta el punto donde “Natsuki Subaru” murió por primera vez.
Si lo pensaba bien, era extraño que el Libro de los Difuntos hubiera comenzado justo en el momento en que llegó al otro mundo, gritando sobre los cambios a su alrededor con una cara de estúpido total.
Con Meili, todo había comenzado adecuadamente desde que tuvo uso de razón... pero eso ya no importaba. El problema era la continuación de este Libro de los Difuntos.
—Tú también eras así, ¿verdad, “Natsuki Subaru”...?
Este “Natsuki Subaru” también debió haber utilizado el poder del Retorno por Muerte. Y de forma mucho más hábil que el Subaru actual.
O quizás no estaba limitado al método del Retorno por Muerte, sino que retrocedía en el tiempo a voluntad.
Eso tendría mucho más sentido. Si se trataba del “Natsuki Subaru” del que Emilia, Beatrice, Ram, Echidna, Julius, Meili, Shaula, Patrasche y seguramente muchas otras personas que había conocido esperaban grandes hazañas, al menos sería capaz de hacer algo así.
—Si ese es el caso... la respuesta debe estar más adelante.
Un “Natsuki Subaru” que parecía no ser diferente del Natsuki Subaru actual en lo absoluto.
Pero debió haber un evento decisivo que convirtió a ese “Natsuki Subaru” en el gran “Natsuki Subaru”.
En busca de eso, Subaru volvió a tomar el libro en sus manos.
Luego, cerró los ojos y respiró hondo.
—...
Aún con el libro en las manos, Subaru contó los latidos de su corazón. Uno, dos.
Calmando así su ■, comenzó a caminar lentamente.
Finalmente, Subaru llegó frente a la estantería, y cuando extendió la mano...
—...El segundo libro.
El siguiente libro de “Natsuki Subaru” reclamaba débilmente su presencia al Cor Leonis.
4
El camino de “Natsuki Subaru” fue desastroso, improvisado y sin salvación alguna.
—Eres un desastre. Eres un novato tal como pareces y tus movimientos son toscos. No tienes una Protección Divina, no tienes técnica y, cuando pensaba que al menos exprimirías tu ingenio, tampoco lo haces. Me pregunto... ¿por qué te atreves a desafiarme?
Jugaron con él a su antojo, siendo destrozado por un enemigo abrumador sin poder lanzar un solo contraataque decente. A su alrededor, mientras era herido, yacían un anciano cubierto de sangre y una chica rubia.
No pudo salvar a ninguno de los dos. Ni siquiera pudo moverse.
—Lentamente, muy lentamente... siente cómo pierdes el calor, cómo te vuelves frío...
Eventualmente, en un mundo donde le cortaron el estómago, le rajaron los ojos y lo privaron de la visión, con un límite de tiempo impuesto sobre su propia vida, pasó el tiempo hasta su muerte acompañado de puro terror.
Hasta el mismísimo final, asustado, temblando, aterrorizado, patéticamente...
—¡Oye! ¡¿Lo has apuñalado?!
—¡No tuve opción! Si llega a escapar a la calle principal, estaríamos en un problema gordo.
—¡Detente, idiota! Ah, esto es malo… Le has dado en las entrañas. Se va a morir, oye.
Qué conversación tan despreocupada tenían sobre su cabeza mientras yacía en el suelo…
Si no usaba su cerebro en pensamientos inútiles como ese, tendría que procesar el dolor desgarrador que le atravesaba la espalda.
Su habilidad para huir del dolor, para encontrar formas de protegerse, era sorprendentemente buena, lo cual le dejaba el ■ asqueado.
Verdaderamente una muerte inútil, una muerte de perro, sin salvación alguna.
Un final digno de él. ¿Por qué no podía vivir entregándose en cuerpo y alma, sin desperdiciar ni un segundo, desde el principio hasta el final?
—Ya basta. Este mundo se acabó. Ya lo sabía. Vine aquí sabiendo desde el principio que vería la muerte.
Así que, si no había nada decisivo, este mundo se había terminado.
—Como se acabó, como ya terminó, pásame al siguiente de una vez.
—Al siguiente, al siguiente, al siguiente, al siguiente. Si no, duele, duele, duele, duele, duele, duele mucho, es tan doloroso, tan insoportable y duele tanto que tengo que llevar algo al siguiente...
La muerte que le sobrevino mientras dormía, en contraste con lo repentino y simple de ese final, trajo consigo una crueldad similar a la de inyectar veneno frío directo en las venas.
Uno pensaría que la llegada de una muerte de la que ni siquiera te das cuenta sería mucho más fácil que sus muertes anteriores, las cuales eran inseparables del dolor y la agonía.
Pero eso no era cierto en absoluto. ¿Por qué murió? Para empezar, ¿realmente estaba muerto?
Entre los humanos que le temen a la muerte, seguramente habrá bastantes que desean morir mientras duermen; pero si le preguntas a Subaru, quien ya había experimentado eso, te diría que nadie debería desear una muerte así.
La muerte tiene el significado de la muerte.
El ocaso de una vida, el telón final, debe estar acompañado de un final que se perciba como tal. En medio de la confusión, la decepción, el asombro y el anhelo, Subaru buscó el siguiente Libro de los Difuntos.
Tenía que saber qué había pasado. Tenía que saber qué lo había matado...
Los misterios atraían más misterios, y revivió incomprensibles e irrazonables muertes.
Finales acumulados, tragedias repetidas.
Una tras otra, su vida fue amenazada, arrebatada, destrozada y, finalmente, traicionada.
No entendía por qué. Por qué tenía que salvar a la chica de cabello azul que lo había matado.
Por qué estaba tan desesperado por salvarla, y por qué ella había empujado la espalda del abatido Subaru, quien había caído de rodillas, con tanta fuerza.
Por qué sus palabras le dieron fuerzas y lo hicieron sentir que podía seguir adelante.
Más allá de la traición, albergó una esperanza. El deseo de que en realidad no hubiera sido traicionado, un mundo donde se le afirmara que esa esperanza era la correcta.
La vana y triste ilusión de que “Natsuki Subaru” podía salvar a alguien; la abrió a la fuerza, ofreciendo su propia vida como precio.
Conoció a Emilia, conoció a Puck, conoció a Felt, conoció al Viejo Rom, conoció a Reinhard, conoció a Elsa, conoció a Beatrice, conoció a Ram, conoció a Rem, conoció a Roswaal, conoció a Petra, conoció a la gente de la aldea Arlam...
Se opuso con todas sus fuerzas, aferrándose al "pase lo que pase", al torrente de barro que se avecinaba.
5
—Ugh, buegh...
Cubriéndose la boca y recibiendo otra muerte inminente, Subaru cayó de rodillas en el Archivo de Taygeta. Sin poder sostener su cuerpo, se desplomó de bruces contra el suelo.
—Hah, hah...
Su respiración era agitada y un copioso sudor frío empapaba todo su cuerpo. ¿Tenía calor, o frío? ¿Era amargo, o dulce? ¿Doloroso, o placentero?
Las emociones, tanto los gustos y disgustos como los blancos y negros, se habían mezclado por completo, y ya no sabía cuál era la respuesta correcta.
—...Con este, van ocho libros.
Había acumulado esa cantidad de volúmenes desde que encontró el primer Libro de los Difuntos de “Natsuki Subaru” y empezó a leer.
Sin saltarse ninguna de las muertes intermedias, había seguido los pasos de “Natsuki Subaru”. Y mientras seguía esos pasos, pensaba: Qué joven e inexperto tan estúpido y desesperanzador era “Natsuki Subaru”.
Al ver el desenlace del último libro, el octavo Libro de los Difuntos, no podía evitar pensar así.
Tras la declaración del inicio de la Selección Real, un “Natsuki Subaru” que se peleó con Emilia en el castillo, terminó hiriendo profundamente su ■, y murió en medio del caos sin disculparse ni arrepentirse de nada.
Había una parte de él que pensaba: “¿Por qué no lo entiende?”. Por otro lado, otra parte de él pensaba: “¿Por qué se lamenta de que no lo entienden haciendo algo como eso?”.
—No te quedes atrapado... en el pasado...
Debido a que era una tragedia que acababa de presenciar con sus propios ojos, le dolía tanto que sentía que su cuerpo iba a desgarrarse.
Sin embargo, eso era el pasado. Eran eventos que ocurrieron en el pasado, heridas que ya se habían cerrado.
—Olvídalo, olvídalo, no te quedes atrapado. Si no, tu ■ se romperá.
Si el ■ de Subaru se rompía aquí y no podía volver a levantarse, ¿qué iba a hacer? “Natsuki Subaru” no estaba aquí. Así que Subaru era el único que podía solucionar esto.
—Todavía, no...
No lo ha encontrado. Debía haber algo, algo decisivo otorgado únicamente a “Natsuki Subaru”.
Esa sería la llave que dividiría claramente a Natsuki Subaru del idealizado “Natsuki Subaru”.
Al menos, hasta obtener esa llave, su viaje a través de estos Libros de los Difuntos no terminaría.
En busca de la llave decisiva para que Natsuki Subaru eclosionara y se convirtiera en “Natsuki Subaru”.
Hasta el momento, no había señales de ello. “Natsuki Subaru” no poseía la determinación ni la capacidad para cumplir roles tan grandiosos como el de un salvador, un héroe o alguien que pudiera salvar a otros.
Lo único que tenía era una obstinación inusual por no rendirse y la suerte de estar rodeado de buenas personas.
Pero eso no podía ser todo. No podía ser algo tan intangible como eso.
Debe existir una llave omnipotente, más clara, evidente, reconocible a primera vista; una llave que hiciera que cualquiera aceptara que solo era posible gracias a ella.
Existía. Así que, en su búsqueda...
—...El noveno libro.
Se enfrentó nuevamente al ciclo de confusión, caos, traición, desesperación y las muertes que se arremolinaban a su alrededor.
—Si fuera posible, “Natsuki Subaru”... por favor, conviértete pronto en el verdadero tú.
—Antes de que mi ■ sea incapaz de soportar tus huellas, tus heridas, tu muerte.
6
—Las muertes se van acumulando.
—Los finales, se van acumulando.
Cada vez que le duele, cada vez que sufre, cada vez que pierde, cada vez que le arrebatan algo, escucha el sonido de su ■ resquebrajándose.
Gritando y llorando preguntándose por qué, rechinando los dientes negándose a terminar ahí, vomitando sangre mientras se levanta de nuevo, avanzando lleno de heridas.
Ahí estaba la lucha desesperada y embarrada de un hombre.
Acorralado por la situación, perdió la vida no una, sino dos, no dos, sino tres, no tres, sino cuatro veces, y aun así, se mantuvo firme para romper el estancamiento y la confusión que lo rodeaba.
Eso era asombroso. Muy asombroso. Era digno de respeto.
No rendirse, eso era algo increíble. Pasar por todo eso y seguir luchando apretando los dientes era asombroso. Estaba impresionado. Lo veía con otros ojos. Pero no era eso.
Pero, no. No era eso. Eso no era. No se trataba de eso.
—Tiene que haber... algo...
Debería haber algo ahí para él.
Debería haber algo. Si no, no tendría sentido. La historia no encajaría de otra manera.
Con ese algo, el débil e irremediable Natsuki Subaru eclosionaría en el “Natsuki Subaru” que salvaría a todos, que salvaría a alguien, que salvaría a Emilia y a los demás.
Por eso lo estaba buscando desesperadamente, con los ojos inyectados en sangre.
Cada vez que leía un Libro de los Difuntos, era zarandeado por la situación cambiante, y mientras revivía el asombro, el terror y el dolor de la muerte que Natsuki Subaru había experimentado, seguía buscando desesperadamente.
Y, sin embargo, no lograba encontrar ni una sola pista...
—Uh… ¡¡aAaAaH… gh!!
Golpeó su cabeza contra el suelo.
Mientras miraba los recuerdos estaba bien. Pero, en el instante en que volvió a la realidad, su ■ se llenó de vergüenza y confusión.
—Papá... Mamá...
Allí estaba un “Natsuki Subaru” intercambiando palabras con los dos y disculpándose con su padre y su madre.
Allí estaba un “Natsuki Subaru” despidiéndose de ellos tras haber sido enviado a otro mundo. Sabiendo muy bien que entristecería a sus padres, actuó con descaro y, para su propia satisfacción personal, les transmitió palabras de amor...
—Ubue, eeeegh...
Vomitó. Las lágrimas brotaron de sus ojos.
Lo doloroso, lo asfixiante, era que entendía dolorosamente bien los sentimientos de “Natsuki Subaru”, y también había entendido que sus padres se lo perdonarían.
—No me lo perdonen. Maldíganme.
Quería que lo insultaran, que lo llamaran un hijo ingrato.
Pero no lo hicieron.
Ni su padre ni su madre actuarían jamás como Subaru quería. Para consolarse a sí mismo, habría deseado que sus padres le dijeran las cosas insignificantes que la gente pequeña suele decir. Fue imposible.
El padre de Subaru, Kenichi. La madre de Subaru, Naoko. Ellos eran los mejores padres.
El hecho de que se alegrara por eso, el hecho de que estuviera de acuerdo con la decisión de “Natsuki Subaru”, el hecho de que su yo intentara ser salvado cuando no tenía el derecho de serlo, hacía que ■ fuera feo.
—¿Era esto? ¿Era esta la causa? ¿Por esta razón es que podía convertirse en “Natsuki Subaru”?
—¡No... no, no, no es eso! ¡No es esto! ¡No se trata de algo como esto!
Tirándose del pelo y golpeando su palpitante frente con el puño, Subaru se maldijo a sí mismo.
Lo que Subaru buscaba no era la salvación espiritual. Buscaba una llave especial, más clara y con un efecto concreto; buscaba un poder.
Un poder especial que Subaru desconocía, pero que solo Natsuki Subaru conocía.
Al igual que Subaru había logrado manifestar el Cor Leonis, debía haber un algo especial que solo “Natsuki Subaru” había despertado, y tenía que conseguirlo.
Solo por eso, Natsuki Subaru estaba rehaciendo su muerte repetidamente.
—¡Dímelo, “Natsuki Subaru”! ¡Por qué eres especial! ¡¿Por qué tú eres el único que puede ser especial?! ¡Debe haber algo, ¿verdad?! ¡Algo debió haberte cambiado! ¡Algo debió hacer que dejaras de ser tú, dejaras de ser ese inútil sin remedio! ¡Cámbiame a mí, que soy débil, patético, insignificante y que no sirvo para una mierda! ¡Ya estoy harto de esto! ¡Ya no quiero ver sufrir a todos nunca más! ¡Algo... algo! ¡Debe haberlo, ¿¡verdad?! ¡Si no hay algo, entonces no tiene sentido...! Tiene que haber algo... y por eso... tú... eres diferente a mí... porque si no...
—Si no, no tendría más remedio que admitirlo.
—...que tú eres igual que yo, un tipo débil, insignificante y sin ningún tipo de poder...
A punto de caer de rodillas innumerables veces, cada vez alguien golpeaba su espalda para animarlo. Y porque quería compensar a todos los que habían sido buenos con él, porque habían sido amables con él, quería devolvérselos.
—Te lo suplico, “Natsuki Subaru”. Te lo ruego. Por favor, detente...
—Hubiera sido mucho mejor si fueras un superhumano.
—Hubiera querido que fueras una existencia que no se pareciera en nada a mí, que hubiera trascendido la debilidad tanto en cuerpo como en ■.
—Para poder convencerme a mí mismo de que lograste hacer cosas que yo no podía.
Y sin embargo...
Arrancaba los libros como si los estuviera desollando, siendo golpeado en la cabeza por repetidas muertes, y cada vez que lo hacía, su ■ era destrozado, y con desesperación, mucha desesperación, acortaba su vida, como quien sorbe lodo.
Aun así, hasta el mismísimo final, no quería desechar la posibilidad a la que podía aferrarse...
Abrió el libro que agarró con sus manos.
Con el cerebro revuelto, su ■ pisoteado, y dispuesto a que violaran su alma, lo abrió.
Porque perder la última esperanza era mucho más doloroso que cualquier dolor o sufrimiento físico.
—Lo entiendes, ¿verdad, “Natsuki Subaru”...?
Habló hacia alguien que no estaba ahí, como si buscara su confirmación.
Era inevitable que su tono de voz hubiera perdido por completo la energía.
Porque no era alguien por quien valiera la pena entusiasmarse tanto.
No era un hombre tan grandioso. Aunque deseaba que no fuera así, tiró del Libro de los Difuntos con las yemas de sus dedos como quien jala de una cuerda.
Y entonces, seguramente buscando que le dieran el golpe de gracia...
—Sí, lo entiendo.
Era un mundo blanco, completamente blanco.
Cuando se dio cuenta, Subaru ya no estaba en el Archivo, ni como una existencia sin forma superpuesta a los recuerdos de otro, sino que se había trasladado a un lugar familiar, que no era este.
Allí...
—Lo entiendo, Natsuki Subaru.
—...
—Porque, después de todo, tú eres yo.
De pie en el mundo blanco, los familiares ojos sanpaku estaban esperando a Natsuki Subaru.
7
Cabello negro y corto, torso largo y piernas cortas, y unos ojos sanpaku que parecían capaces de matar a alguien.
Cualquier rasgo que viera le resultaba asquerosamente familiar; esa figura miraba desde arriba a Natsuki Subaru, que estaba sentado en el suelo blanco.

—Empecemos de nuevo. Hola, hermano.
—...
—No, decirte “hermano” es un poco confuso. Seamos precisos... Hola, mi otro yo.
Atónito, miró fijamente el rostro de su interlocutor.
Era alguien que levantaba una mano y lo saludaba con un tono ligero... No, literalmente no había tal distancia entre ellos. Porque, sin lugar a dudas, quien estaba ahí tenía exactamente el mismo rostro que Natsuki Subaru...
—"Natsuki Subaru".
—... ¿Qué con ese acento raro? Además, eso de llamarte a ti mismo por tu nombre completo también es un poco raro. Es un recurso típico en los mangas, pero cuando llega el momento, uno duda bastante sobre cómo debería llamarse a sí mismo.
—¡"Natsuki Subaru"...!
Sintiendo rabia ante las repetidas frases despreocupadas de "Subaru", se puso de pie. Luego miró con furia la cara sonriente de su contraparte y apretó los dientes.
—¿Por qué estás aquí...? Para empezar, ¿qué es este lugar? ¡¿Por qué estoy yo aquí?!
Sin apartar la vista de "Subaru", señaló con la mano el mundo blanco que los rodeaba.
Un espacio blanco y vacío, idéntico a la cuna de Od Laguna, el Corredor de las Memorias, donde se había enfrentado al Arzobispo del Pecado de la Gula, Ruy Arneb.
—¡¿Por qué demonios estoy en un lugar como este?!
—...Esa es la prueba de que me has alcanzado.
—...
—Has leído mi Libro de los Difuntos y me has alcanzado. Todo lo que no sabías, lo has visto en forma de experiencia. Mi vida en este otro mundo.
Mientras Subaru gritaba sin aliento, "Subaru" respondió con un tono indiferente. Esa actitud imperturbable, esa expresión de suficiencia, esa forma de hablar tan desapegada; todo le repugnaba.
—Para empezar, ¿qué acaba de decir este tipo con esa cara tan odiosa?
—¿Que te he alcanzado?
—Así es. Ya no hay nada de mí que no sepas. Por eso...
—…¡No me jodas!
—...
—¡¿Que te he alcanzado?! ¡No me jodas! ¡No mientas! ¡Todavía no! ¡Aún no lo entiendo! ¡Lo más importante, lo más crucial, no lo entiendo en absoluto!
Abriendo mucho los ojos y rugiendo, Subaru agarró bruscamente a "Subaru" por el cuello de la camisa.
Ante ese ímpetu, "Subaru" no opuso resistencia.
Lo acercó, mirándolo fijamente a los ojos a una distancia en la que podían sentir la respiración del otro.
—¡Dímelo! ¡Ya que estás aquí, dímelo! ¡Dímelo! ¡La razón por la que te convertiste en ti mismo! ¡No lo he visto! ¡No lo he encontrado! Eso...
—¿La razón por la que me convertí en mí mismo?
—¡Sí! Debe haber habido un momento que te convirtió en ti. Tú, tú...
—...¿No se supone que ya lo has visto?
A una distancia donde cada uno se reflejaba en los oscuros ojos del otro, "Subaru" lo miraba sin resistirse.
Esa falta de resistencia le daba a Subaru la ilusión de que le estaban diciendo que no valía la pena enfrentarse a él. Le parecía como si lo estuvieran mirando desde un escalón más alto...
—¡Deja de mirarme así!
—¡Guh!
Apuntando a ese odioso perfil, Subaru le asestó un puñetazo.
El duro impacto resonó en su puño, y "Subaru" salió despedido como si hubiera rebotado. El mismo dolor no se reflejó en Subaru.
El dolor que sentía "Subaru" era el dolor, la herida, que sentía "Subaru".
Eso era diferente a lo que sentía Natsuki Subaru.
—Usando palabras que suenan como si lo supieras todo... Ya veo, lo entiendo.
Viendo a "Subaru" de rodillas tras ser golpeado, por fin lo comprendió.
Si esto era el Corredor de las Memorias, ¿quién más podría ser el culpable de esta situación antinatural?
—¿Eres tú, Ruy? ¡El arzobispo del pecado de la Gula! ¡¿Otra vez tú?!
La vez anterior que se encontraron en este mundo blanco, Ruy había intentado por todos los medios separar a Subaru de "Natsuki Subaru", con la intención de devorar su existencia hasta el final.
Logró escapar de sus garras por un pelo, pero si se rindiera tan fácil, no sería un arzobispo del pecado.
Petelgeuse, Regulus, Sirius y Capella; todos eran escoria, personalidades rotas de la peor calaña.
Y Rye, Roy y Ruy no eran la excepción.
No sería extraño que, negándose a rendirse, deambulara por los Libros de los Difuntos y estuviera emboscando a Subaru allí.
—¡Esa es la verdad, Ruy Arneb! ¡Siendo capaz de cambiar tu apariencia, esto no debería ser nada para confundirme!
El poder de Ruy Arneb era tomar los recuerdos y nombres robados a otros, y usarlos para usurpar no solo las habilidades de la persona, sino también su apariencia, saboreándola como propia.
No sería raro que esa vileza que causó estragos dentro de la torre se estuviera manifestando ahora allí.
—¿Intentas devorarme y apoderarte de mí esta vez? A pesar de que te rechacé una vez, sigues insistiendo... ¡¿Tanto deseas el Retorno por Muerte?!
—...
—¡Entiéndelo de una vez! ¡¿De verdad crees que este poder es la gran cosa?! Solo puedes morir y volver a intentarlo. Mueres, vuelves a intentarlo... y, aun así, ¡si el que lo usa es un pedazo de mierda, el resultado también lo será! Por eso...
—...
—Por eso no pude salvar a nadie... Dejo que todos mueran. Por ser débil, hago sufrir a todos. Incluso ahora, no importa cuántas veces lo repita, no puedo salvar a nadie...
—El Retorno por Muerte no era nada bueno.
Era realmente un poder asqueroso y de mala calidad. Sería mucho mejor no tener algo así.
Hubo una bruja que dijo que este poder era maravilloso, pero no podía estar más en desacuerdo.
Incluso si le das un cañón a una hormiga, no sabrá usarlo. Al final, no estaba a su altura.
Y Gula y la Bruja de la Codicia, que no lograban entender eso, también eran una mierda.
¿Cuántas veces tenía que ser engañado, cuántas veces tendrían que aplastar sus esperanzas y cuántas veces tendrían que destrozar su ■ para que aprendiera?
¿Por qué se levantaba, a pesar de ser engañado una y otra vez, de que aplastaran sus esperanzas una y otra vez, y de que su ■ fuera destrozado una y otra vez?
El Retorno por Muerte solo mostraba las partes más desagradables del mundo.
Le mostraba la irracionalidad, el absurdo y un destino del cual uno querría apartar la vista.
Y, sin embargo, ¿por qué...?
—...Porque quiero a todos.
Esas palabras silenciosas, que perforaron el ■ de Subaru, no eran suyas.
Eran de "Subaru", que, arrodillado, había escuchado los gritos de Subaru.
—...Porque quiero a todos. Por eso no puedo rendirme.
Secándose con un dedo la rojez de la mejilla golpeada, "Subaru" lo repitió en lugar de Subaru.
Con la misma ropa, los mismos rasgos, el mismo rostro y nombre, un "Natsuki Subaru" que parecía decididamente diferente a él... este, mirando a Natsuki Subaru, dijo:
—Sinceramente, me da asco solo de imaginar lo dura que es tu situación. Empezar en el sexto capítulo, con un nivel básico y todo en blanco. Entiendo cada una de tus quejas. Porque yo también he sufrido esas mismas heridas una y otra vez.
Era el rostro de alguien que había experimentado la falta de poder y la ignorancia una y otra vez.
No, que lo había experimentado en carne propia repetidas veces.
La derrota, el dolor, los lamentos de la muerte que "Subaru" había experimentado; Subaru lo sabía todo. Lo había visto todo con sus propios ojos. Lo había sentido todo con su cuerpo y con su ■.
Precisamente porque lo había experimentado, precisamente porque sabía que no era mentira, no podía aceptar las palabras de "Subaru". No quería aceptarlas.
—Si fuera más fuerte, más inteligente... si fuera más... Qué frustrante es, ¿verdad?
—¡Hablas como si lo supieras todo...! ¡¿Qué sabes tú de mí?!
—Lo sé. Tú también deberías saber que yo lo sé.
—¡...!
Sus palabras de protesta carecían de fuerza. Y era de esperarse.
Protestar requiere rechazar la opinión del otro, descartarla diciendo que no estás de acuerdo y aplastarlo diciéndole que está equivocado. Es necesaria esa determinación.
Y eso era algo que el Subaru actual no podía dirigir hacia "Subaru". Porque lo sabía.
Sabía que eso no era mentira ni un engaño; era la totalidad de "Natsuki Subaru".
—Ojalá no hubiera visto tus recuerdos...
—Leíste mi diario sin mi permiso, no te pases.
—¡Ojalá no hubiera visto tus recuerdos!
Apretando los puños con fuerza, Subaru se resistió a la voz de "Subaru" de forma temeraria.
Pero esas palabras forzadas fueron la máxima resistencia que Subaru pudo ofrecer.
—Yo... quería ver esperanza en ti. Si resultabas ser alguien increíble, y entendía qué 'algo' sostenía esa grandeza, pensaba que yo también podría hacer lo mismo. Y sin embargo...
Y, sin embargo, lo había entendido todo. Lo había visto todo.
Había entendido que "Natsuki Subaru" no era diferente del Natsuki Subaru que estaba ahí: era un hombre débil, pequeño e insignificante.
Era un hombre ordinario que había vivido en una época que Subaru desconocía, había conocido a gente que Subaru desconocía, había atravesado historias que Subaru desconocía y había visto paisajes que Subaru desconocía. Nada más.
—...Quería negarte y decirte algo que sonara creíble.
Pero no podía hacerlo.
—Porque entiendo cómo te sientes. Después de todo, tú eres yo.
Había visto el mundo que "Natsuki Subaru" había presenciado, el mundo que había experimentado.
Había visto todas las heridas que "Natsuki Subaru" había sufrido para llegar a querer a este mundo, a la gente que vivía en él, a Emilia y a los demás, y para seguir queriéndolos.
La ilusión de que "Natsuki Subaru" era un superhumano ya había sido destrozada.
—¡Sí, lo entiendo! ¡Lo sabía! Que te levantaras una y otra vez, que no te rindieras sin importar cuántas veces murieras, ¡era solo porque no podías hacer otra cosa!
Al igual que Subaru, "Subaru" también se había topado innumerables veces con muros insuperables.
Y cada vez, había muerto una y otra y otra vez, acumulando muertes para cambiar la situación, la forma de conocer a la gente, la forma de conectar con ellos, y así "Subaru" había superado las dificultades. Eso era todo.
—¡No te rindes solo porque quieres a todos! ¡Idiota! ¡¿Por qué no eres un superhumano?! ¡¿Por qué sigues siendo un niño estúpido?!
Después de gastar tiempo y pasar por tanto dolor, eso era lo único que había comprendido.
Que "Natsuki Subaru" era una persona común y corriente, que solo tenía las mismas cartas que el Subaru actual, que incluso era malo jugándolas y que era un perdedor sin suerte.
—Al menos, una sola cosa... algo en ti...
Murmuró con voz débil, sin fuerza.
Deseando, aunque sea una sola cosa, apretó las manos que no podían conseguir ni siquiera esa única cosa.
—...¿Por qué desapareciste?
—¿Eh?
—¿Por qué desapareciste? ¿Tienes idea de lo difícil que fue para mí desde que desapareciste...?
La incomprensión persistente y la causa de todo el comienzo.
La razón por la que "Natsuki Subaru" desapareció y nació Natsuki Subaru.
¿Qué demonios le había pasado a "Natsuki Subaru" para desaparecer junto con sus recuerdos?
—Desapareciste porque...
—...Ese fue un error estúpido mío. Entré en Taygeta con la intención de buscar un método para derrotar a Reid. Todo iba bien hasta que encontré su libro, pero...
—...En ese momento, el libro de Reid estaba en blanco.
—Y ahí me topé con Gula. El resto ya te lo podrás imaginar sin que te diga nada.
Rascándose la cabeza, "Subaru" rememoraba su propia desgracia.
Se había encontrado con Ruy en el Corredor de las Memorias, y a "Natsuki Subaru" le arrebataron sus recuerdos.
Y así, habiendo olvidado toda su vida en este otro mundo, olvidándose de sí mismo y de los sentimientos de los que lo rodeaban, nació Natsuki Subaru.
—No te menosprecies tanto... Supongo que es difícil decirlo. Después de todo, tú eres yo.
—..."Natsuki Subaru" es un débil, un insignificante, un grandísimo idiota sin salvación.
—No te equivocas.
—Pero...
Ante el débil murmullo de Subaru, "Subaru" intentó asentir con una sonrisa amarga, pero levantó una ceja.
Mirando a "Subaru", Subaru continuó la frase que había interrumpido.
Y eso era...
—...Eres un tipo increíble, "Natsuki Subaru".
Esa era la pura y genuina verdad después de haber visto más de veinte veces el Retorno por Muerte.
8
—...
Lentamente, mientras miraba fijamente al hombre de pie frente a él, entrecerró los ojos.
Era un rostro al que estaba acostumbrado, un rostro del que estaba harto de ver, un rostro que también consideraba desagradable, pero era él mismo.
Era él, y a la vez no lo era; era él mismo, pero no podía considerarlo como tal.
Ese rostro, por primera vez, mostraba una reacción de haber sido tomado por sorpresa, lo cual le resultaba reconfortante.
—...El extraño más cercano, eh.
No hay muchas personas que puedan amarse a sí mismas desde el fondo de su ■.
Especialmente Subaru era de ese tipo, se odiaba a sí mismo. Probablemente, "Natsuki Subaru" no era diferente.
Subaru, "Subaru", se odiaba a sí mismo.
Sin embargo, como el extraño más cercano, cuando Natsuki Subaru vio a "Natsuki Subaru", aunque decir algo así le resultaba de lo más vergonzoso, pensó que era genial.
—Te respeto por ser débil, por no tener remedio, por no poder hacer nada y, sin embargo, seguir luchando y amando tanto a todos ellos. Por eso...
—...
—...Ahí radicaba el significado de que yo leyera tu Libro de los Difuntos.
No fue solo para lamentar su propia impotencia y lanzarle reproches a alguien con su mismo rostro.
Por supuesto, tampoco fue para rastrear las raíces del superhumano "Natsuki Subaru" y cumplir el delirio de grandeza de obtener un poder inigualable.
Fue para saber, reconocer y respetar que "Natsuki Subaru" era solo un ser humano.
—...De repente dices cosas muy vergonzosas, oye.
Hasta ese momento, "Subaru", que se había quedado congelado ante las palabras de Subaru, comenzó a moverse de repente.
"Subaru" entrecerró los ojos y miró a Subaru con mal humor... no, más bien con un aire algo avergonzado.
—Está mal que yo lo diga, pero tiene mérito que puedas decir algo así después de repasar todo lo que he pasado hasta ahora. Si tuviéramos que ponerle un nombre, sería algo así como “Empezando Una vida en Otro Mundo Desde Cero de Natsuki Subaru”.
—Sí, se siente raro cuando el nombre del protagonista es igual al tuyo.
—Es mejor a que la heroína se llame igual que tu madre... No, no me refería a eso.
Intercambiando bromas ligeras, Subaru cruzó miradas con "Subaru".
Sintiéndose un tanto desconcertado, "Subaru" se señaló a sí mismo con la mano y dijo:
—Antes dije eso, pero ¿vas a confiar en mí? La posibilidad de que yo sea una copia falsa de Ruy no ha desaparecido por completo, ¿sabes?
—Desapareció. Te golpeé con todas mis fuerzas y no volviste a tu forma original.
—Eso de volver a la normalidad por un golpe es solo un cliché de los personajes con poderes de copia en los mangas...
Tal como "Subaru" señaló, no estaba usando eso realmente como base.
Sin embargo, llegados a este punto, Subaru ya había abandonado cualquier duda sobre "Subaru".
Probablemente, la razón era esa frase que "Subaru" había dicho hace un momento.
Incluso si Ruy Arneb pudiera devorar por completo la vida de otra persona de principio a fin sin dejar nada, Subaru pensó que jamás podría reproducir ese rostro y esa voz pensando en todas las personas importantes.
Porque ella no podía entender la fortuna, la dicha, la felicidad...
—Esa tipa que no puede amar a nadie nunca entenderá el sentimiento de usar el Retorno por Muerte solo porque quieres a alguien.
—...
—¿Por qué estás aquí? ¿Acaso estabas... esperándome?
Reconoció al "Subaru" frente a sus ojos como una existencia con sus mismas raíces.
Dicho esto, la duda que surgía era por qué los dos Subarus se habían encontrado cara a cara en este lugar. Ante la pregunta de Subaru, "Subaru" pisó con firmeza el suelo blanco y respondió:
—La razón por la que tú y yo nos encontramos cara a cara aquí, es porque este es nuestro único punto de contacto.
—Nuestro punto de contacto...
—Dentro de la torre, el único momento en el que yo con recuerdos y tú sin recuerdos nos cruzamos, es en la muerte del bucle donde mis recuerdos fueron devorados, y en el Libro de los Difuntos que puede observar eso. Ni en los Libros de los Difuntos posteriores a este, ni en los anteriores, tú y yo podíamos encontrarnos.
—...Al final, vuelvo a la primera pregunta. ¿Por qué estás tú aquí?
La simple explicación de que el Libro de los Difuntos los había reunido no era suficiente para convencerlo.
Si vamos al caso, ya era bastante extraño que los libros de Natsuki Subaru estuvieran apilados en cantidades equivalentes al número de veces que había muerto hasta ahora.
Eso era un fenómeno que no podría existir a menos que alguien estuviera observando y registrando la muerte de "Natsuki Subaru" desde fuera de las fronteras del mundo.
¿Acaso Od Laguna estaba cumpliendo el rol de ese observador?
—Pero, si ese fuera el caso, no entiendo por qué Ruy, que estaba en el Corredor de las Memorias, se emocionó tanto al observar el Retorno por Muerte. Si pudiera reconocerlo desde fuera...
—Ella solo está instalada en el Corredor de las Memorias, no es que sea la gobernante de ese lugar. El gobernante de ahí... probablemente sea alguien con un carácter mucho peor. En esta situación, el candidato más probable es...
En ese punto cortó la frase, y tanto Subaru como "Subaru" dijeron al unísono:
—El Sabio Flugel.
Se podría decir que ese era el candidato con la peor personalidad.
La persona involucrada en la construcción de esta Atalaya Pléyades, que había establecido un examen que incluía a Reid, y que, además, le había impuesto a Shaula la penitencia de cuatrocientos años sin saber cuándo terminaría.
Identificándolo como un enemigo común, Subaru y "Subaru" cruzaron miradas.
Y entonces, por tercera vez, le lanzó de nuevo la misma pregunta.
—Oye, mi otro yo. ¿Para qué estás aquí?
—...
—No vas a preguntarme si no lo entiendo, eh.
Subaru se encogió de hombros ante "Subaru", quien había elegido el silencio. Incluso al escuchar eso, "Subaru" no le devolvió ninguna broma en tono amistoso.
En su lugar, lo que asomó en los ojos oscuros de "Subaru" fue el brillo que había estado allí desde el principio.
Probablemente, era eso a lo que llaman sentimiento de culpa...
—Oye, ¿cómo crees que será la unificación de nuestros recuerdos?
Por eso mismo, Subaru sacó el tema con un tono deliberadamente alegre.
9
—… En una conversación con esta clase de PATTERN, ¿cuál sería la respuesta normal?
—Ni idea. Siento que no hay una respuesta clara para esto.
—A decir verdad, parece que tú conoces mejor este lugar, pero ¿no hay alguna regla ventajosa que sepas y yo no?
—Ya me leíste de pies a cabeza, ¿verdad? Estamos cincuenta y cincuenta.
—Cincuenta y cincuenta, ¿eh?
—Cincuenta y cincuenta.
—...Si por descuido tú y yo chocamos y nos aniquilamos mutuamente o algo así, ¿qué hacemos?
—No digas eso. Casi todo lo que te preocupa, también me preocupa a mí...
—Supongo que sí. Entonces, gane quien gane, sin rencores, ¿de acuerdo?
—No, yo te guardaría muchísimo rencor. Y como yo te guardaría rencor, significa que tú también lo harías.
—Bueno, es cierto. Probablemente sea así. Uf, tengo un ■ estrecho.
—¿Qué dijiste?
—Que tengo un ■ estrecho... Oye, ¿sonó raro?
—...No, probablemente escuché mal.
—...
—...
—Ah, es cierto. Como puede pasar cualquier cosa, hay un par de cosas que me gustaría decirte, ¿puedo?
—Bueno, llegados a este punto, dime lo que quieras.
—Básicamente, tú sabes más de este mundo que yo... Aunque esa ventaja casi desapareció porque leí el Libro de los Difuntos, también debe haber cosas que cambiaron un poco, ¿no?
—¿Cosas que cambiaron?
—Después de perder mis recuerdos, hablé con todos, los fui conociendo... Me refiero a la historia que tú no conoces, la de “Empezando Una Vida en Otro Mundo Desde Cero de Natsuki Subaru.”
—...
—Primero, Meili. Esa chica está cargando con un montón de bombas encima y es complicado, pero es alguien con quien se puede razonar, así que habla bien con ella. Ahora mismo, la Senior Meili es lo máximo para mí.
—Ah, entendido.
—Y también, hay un escorpión gigante rondando por la torre, pero su verdadera identidad es Shaula. Ha adoptado una forma bastante peligrosa, pero... no es que ella quiera hacerlo. A ella también, por favor, sálvala.
—Ah, lo sé.
—Oh, por cierto, olvidé decírtelo, pero cuando me encontré con Ruy, Rem me pateó la espalda. En ese momento yo no recordaba a Rem, así que no fue hasta después de leer el libro que recordé qué tipo de chica era... Sí, como era de esperarse, era mi Rem.
—No, es mi Rem.
—No, mía.
—Mía.
—...
—...
—Ram lo dijo, ¿no? Que cuando llegara la temporada de deshielo, lo que se había vuelto invisible se vería claramente y asomaría la cara... Es increíble.
—Ah, es cierto.
—En cuanto a Julius... bueno, creo que no hace falta decir nada. No es alguien tan poco de fiar como para que tú o yo tengamos que decirle algo.
—Ah, estoy de acuerdo.
—Gracias por disculparte con papá y mamá.
—Ah, sí.
—Gracias por salvar a Otto y a Garfiel.
—Ah.
—Gracias por salvar a Petra, a Frederica y a todos en la aldea Arlam.
—Ah.
—Gracias por sacar a Beatrice de allí, y por tomarla de la mano.
—...
—Por Emilia...
—...
—Gracias por enamorarte de Emilia. A mí también me gusta. La amo muchísimo.
—...Ah, lo sé.
—Natsuki Subaru. Yo sé muy bien que eres un tipo increíble, así que, si eres tú, seguro que todo saldrá bien.
—Ah.
—...
—Sí. ...Es cierto.
—...
—Ah. Si somos nosotros, todo saldrá bien.
10
—Todo saldrá bien, ¿eh?
—Sí, es cierto. Todo saldrá bien, ¿verdad?
—Porque sé perfectamente que eres alguien increíble.
—...Ah, pero, sí. Hay algo que tengo que decir.
—...
—Mis vacaciones de verano... se han acabado, eh.
11
Con un apretón de manos, una interacción cliché marcó el final.
—...
Inhaló y exhaló.
Probablemente, la integración se llevó a cabo de una forma irregular.
No, originalmente, no se suponía que un proceso como la integración ocurriera en este lugar.
La existencia misma de Subaru, los eventos mismos que ocurrieron, todo era irregular.
Por eso...
—...
Subaru finalmente se dio cuenta de que las lágrimas corrían por sus mejillas mientras estaba allí de pie, gracias a las gotas que caían desde su barbilla.
Por alguna razón, no tenía ganas de limpiárselas, porque sentía que esas lágrimas derramadas seguramente no eran las suyas.
Eran las lágrimas derramadas por alguien que, en este momento, se estaba fundiendo lentamente con Subaru en su interior.
Y así, repitiendo respiraciones profundas, hizo circular su conciencia dentro de su cabeza. Lo que estaba grabado a fuego en sus propios recuerdos era...
—¡Guh!
De repente, las veintidós muertes inconscientes de Natsuki Subaru pasaron por su mente como un flashback.
Todas y cada una de ellas eran las numerosas muertes que había saboreado en su proceso de lucha desesperada dentro de la torre.
Aquella parte sobre la cual sentía ansiedad de si se heredase o no, se había conectado.
Se había conectado, pero...
—¡Te has pasado mucho de la raya, ¿sabes?!
Ese otro yo que había soltado tantas palabras de alabanza hacia Subaru. Al asimilar su lucha en solitario y su ardua batalla después de confiar en sus compañeros, Subaru lo comprendió.
Ciertamente, tal como Subaru había dicho.
—Si se trata de ti, puedo respetarte.
Tomando una respiración profunda para contener esa profunda emoción y el latir inusualmente rápido de su corazón, asintió.
Luego, Subaru levantó la cabeza y miró hacia el frente.
Seguía siendo el mismo espacio blanco inmutable.
Una zona en blanco que se había generado en la Galería de los Recuerdos, producto de una situación irregular.
El lugar donde, hasta hace unos instantes, estaba el otro Subaru juntando su mano con la de él. Mirando hacia abajo a la pequeña figura que yacía desplomada allí, Subaru entrecerró sus ojos oscuros.
Y entonces...
—¿Y bien? ¿Pudiste ver lo que querías ver? Ruy Arneb.
Hacia el Natsuki Subaru que había seguido leyendo el Libro de los Difuntos, que había llegado hasta este lugar y que había desaparecido... no, hacia Ruy Arneb, Subaru lanzó esa pregunta en voz baja.