Ajetreo en Lugunica






AJETREO EN LUGUNICA
1
Con un golpe metálico, la mesa se inclinó y la copa se deslizó. Un instante después, me di cuenta de que no podía alcanzarla, y la copa se estrelló contra el suelo, haciéndose añicos con un estallido ensordecedor, mientras su contenido frío empapaba mis pies. Pero no podía agacharme para limpiar mis zapatos ni disculparme por haber roto la copa. Porque, justo antes de que el sonido de los cristales estallando atravesara el aire, un grupo hostil nos había rodeado por todos lados.
―¡Oye! ¿Qué diablos están haciendo ustedes aquí?
―¡No crean que pueden entrar aquí tan campantes y salir ilesos!
―¡Ya los oíste! ¡Ven, si te atreves, granuja!
Furiosas amenazas verbales volaban hacia mí. Sentí que la sangre abandonaba mi cuerpo de golpe, dificultándome la respiración. Solo sentía un pavor profundo, la certeza de que no volvería a ver la luz del día… A menos que se me ocurriera una explicación casi milagrosa que darles. Mi respiración se volvía cada vez más trabajosa.
En ese instante, olvidé cómo respirar. ¿Debía inhalar o exhalar? ¿Qué acción debía realizar mi cuerpo para mantenerse con vida? El extraño y atronador sonido de la sangre recorriendo mis venas era ensordecedor, como si mi corazón estuviera justo detrás de mis oídos. Era tan fuerte que una imagen vívida cruzó mi mente: la de mi corazón explotando cerca de mis oídos y convirtiéndome en un pedazo de carne ensangrentado.
“Tranquilo”, dijo una voz, acompañada de un suave golpecito en mi tenso hombro, que hizo que los ecos de la explosión imaginaria se desvanecieran en la distancia. “No te preocupesh. Déjamelo a mí.”
Delante de mí, una mujer menuda dio un paso al frente, sin titubear a pesar de los hombres intimidantes que nos rodeaban. Sin un ápice de miedo en su pequeño cuerpo, enfrentó al grupo agresivo. Luego, golpeó sus manos con fuerza frente a su pecho, captando la atención de los hombres.
―Vamosh, dejad de armar tanto alboroto. Esh todo lo que pido.
Los hombres intercambiaron miradas perplejas, mientras la sonrisa de la mujer permanecía imperturbable, sin inmutarse por sus amenazas. De pie detrás de ella, no podía evitar sentir una punzada de inquietud, preguntándome si los hombres escalarían la situación. No podía evitar preguntarme cómo había terminado así. ¿Cómo habíamos podido meternos en un lío tan terrible, en un lugar frecuentado por aquellos que no se atrevían a pisar la luz del día?
Y así, Joshua Juukulius maldijo su destino. Este viaje hacia la desesperación había comenzado apenas unos días antes.
2
Colores ricos y vívidos, y una pincelada sofisticada y diestra... estas eran las señas de una maestría extraordinaria que, en ocasiones, podía crear una experiencia lo suficientemente poderosa como para remodelar la vida del espectador. La gente definía esto como arte, y a aquellos que canalizaban sus mundos interiores en tales creaciones se les otorgaba el título de artistas.
Las obras creadas por estos artistas invariablemente despertaban la envidia de aquellos carentes de la habilidad para concebir tal belleza. Y la envidia era una fuerza impulsora detrás de la acumulación de grandes fortunas, trascendiendo cualquier época y era.
En ocasiones, los acaudalados extendían su mecenazgo a estos artistas, encargando obras maestras para su disfrute personal. Muchos incluso adquirían estas creaciones en un esfuerzo por saciar sus deseos de posesión y una autoimportancia exacerbada.
A través de los tiempos, el arte excepcional ha despertado consistentemente deseos fervientes en los corazones de muchos individuos. Sin embargo, tras estos deseos acechaban aquellos que tramaban explotarlos para obtener ganancias ilícitas. De ahí que...
―Mmmm...
. La chica de cabello púrpura soltó un suave murmullo mientras miraba fijamente el objeto frente a ella. Sus mechones caían en suaves ondas de color lila, con un perfil encantador y bien definido, y unos ojos de un pálido azul cristalino que emanaban inteligencia. Lucía un atuendo blanco, con una bufanda de zorro blanco enrollada alrededor de su cuello, a pesar del clima cálido del día.
A primera vista, parecía una joven deslumbrante con un cierto aire etéreo. Sin embargo, su remarcable trasfondo no estaba definido solo por factores externos. Pues resultaba que ocupaba una de las posiciones más significativas en el Reino de Lugunica, estando entre las cinco personas más importantes.
Lo que había captado su atención y la hacía murmurar de interés era una sola obra de arte, la cual observaba como si estuviera evaluándola. Era una obra maestra de meticulosa pincelada, que representaba a una mujer delicada y dormitando, recostando su pómulo en una mano. Esta pieza, conocida como “Miderine
Durmiente”, era una obra de arte distinguida, con una antigüedad de más de 100 años.
La pintura era de gran tamaño, enmarcada en un marco tan alto como la chica. Las pinceladas audaces y el tenue aroma a óleo flotaban en el aire: era un momento de profunda evaluación. Sin embargo, su valoración no estaba impulsada por un deseo de posesión.
―¿Q-Qué le parece, Lady Anastasia?. Junto a la chica que realizaba la evaluación, un anciano caballero de cabello gris parecía algo inquieto. El caballero, de complexión delgada, se presionaba un pañuelo contra la mejilla mientras aguardaba su veredicto.
Enderezando su postura previamente encorvada, la chica se tocó suavemente una mejilla y esbozó una sonrisa llena de gracia.
―Odio sher quien te lo digah, Sr. Olsen, pero esh una falshificación. Lo siento mucho.
Dicho esto, la chica, Anastasia Hoshin, extendió su simpatía al desventurado cliente que había sido víctima de una pieza de arte falsificada.


3
Actualmente, el Reino Dragón de Lugunica se encontraba inmerso en un prolongado período de crisis debido a la ausencia de su rey. Para evitar el caos, el Consejo de Sabios, una asamblea de nobles veteranos, junto con los Caballeros Reales, trabajaban diligentemente para manejar la situación. Sin embargo, el malestar persistente derivado del trono vacante era innegable.
Por lo tanto, se estaba llevando a cabo una competencia para determinar la próxima persona que llenaría este vacío, conocida como la Selección Real. Y Anastasia Hoshin era una de las candidatas que participaban en ella. Ya había pasado medio año desde que la selección real comenzó en el castillo real. Durante ese tiempo, las candidatas se habían involucrado en diversas actividades para demostrar su valía, y Anastasia no era una excepción. Y hoy, había sido invitada por un renombrado coleccionista de arte de la capital como parte de sus esfuerzos.
―Me estaba preparando para esto, se lamentó Olsen, ―pero escuchar realmente que es falsa… Bueno, es más desalentador de lo que imaginaba. ¡Qué vergüenza para un coleccionista!
Nico Olsen suspiró con una mirada cansada mientras hablaba. Apenas lograba mantener la compostura, pues estaba ante una invitada. Pero una vez que ella se marchara, seguramente se desplomaría. Después de todo, una de sus obras maestras favoritas había sido evaluada como falsificación. Para un coleccionista de su calibre, era equivalente a la pérdida repentina de un amor preciado.
―Le profundizo mi simpatía, Lord Olsen. Un hombre apuesto sentado en el sofá de visitas consoló al abatido Olsen. Este era Julius Juukulius, un hombre alto que vestía un uniforme de caballero y llevaba una espada en la cintura. Era miembro de la Guardia Real del Reino de Lugunica, y un caballero al servicio de Anastasia.
―Su colección de obras maestras es muy respetada. Es una lástima pensar que haya sido sometida a un destino tan terrible.
La consideración de Julius arrancó una sonrisa del rostro sombrío de Olsen. ―Agradezco su preocupación, respondió.
―Me disculpo por mostrar tal bochorno, especialmente considerando mi conexión con la familia Juukulius a través de su hermano, Joshua.
―Por favor, no hay necesidad de disculparse. Solo he escuchado cosas buenas sobre usted de parte de mi hermano. Así que esperaba darle buenas noticias hoy, pero…
Mientras intercambiaban palabras, Julius no pudo evitar lanzar una mirada furtiva a Anastasia, que sorbía delicadamente una taza de té que le habían servido.
―¿Qué sucede?, preguntó ella, ladeando la cabeza. ―No estarásh penshando que hay algo malo con mi evaluación, ¿verdad? Claro, podría haber mentido sholo para hacerlo feliz. Pero, ¿por qué haría algo tan inaceptable para mi orgullo?
―Esa no era mi intención, respondió Julius con sinceridad. ―Solo lamento la desgracia del suceso. De ser posible, hubiera esperado que usted pudiera disipar la pena de Lord Olsen.
―Hum, ¿vesh? Estásh haciéndome quedar como la mala del cuento, refunfuñó Anastasia. ―Bueno, como entendida, estoy acoshtumbrada a eshe tipo de reacción, ashí que en realidad no me moleshta.
Julius se sintió algo irritado por el tono de queja en su voz. Sintiéndose algo satisfecha al ver sus cejas fruncidas por la confusión, Anastasia dejó la taza y dio las gracias por el té.
―Volviendo al ashunto. Eshtoy segura de que el Sr. Olsen she shiente decepcionado de que le hayan dado una falshificación. Sin embargo, esh un maestro coleccionishta de arte, ashí que lograr engañar a alguien como él esh toda una hazaña. Hablando con honeshtidad, si no me hubieran pedido que la evaluara, yo mishma no habría soshpechado nada.
―Lady Anastasia… por favor, sea un poco más considerada con los sentimientos de Lord Olsen, comenzó Julius. Pero Olsen lo detuvo antes de que terminara ofendiendo a su señora.
―No, está bien. Ella… Lady Anastasia tiene razón, respondió Olsen, asintiendo de acuerdo con Anastasia, quien arqueó sus cejas perfectamente delineadas ante sus palabras.
―Oh, cielosh. Sr. Olsen, no hace falta ushar títulosh aquí. Esto esh un negocio, deshpués de todo. Al menosh déjeme relajarme un poco cuando estoy haciendo trabajo de comerciante, o me agotaré.
―Ah, mis disculpas, respondió Olsen. ―Pero es que no logro acostumbrarme. Como candidata a la selección real, usted ocupa una de las posiciones más prestigiosas de este país. ¿Cómo podría tratarla como un mero socio de negocios?
―En eshe caso, no debería habernosh llamado para evaluar la pintura, ¿no?, criticó Anastasia. ―Ni siquiera teníamosh que ser nosotrosh. Debe haber al menos algunosh otrosh entendidosh por ahí, ¿no?
―En efecto, tiene razón, asintió él. ―Es difícil. Pero usted lo entiende, ¿verdad?
Anastasia se llevó una mano a la boca, riendo entre dientes.
―Por esho nosotros tampoco escatimamosh. Espero que lo aprecie, ¿cierto?
Ante esto, Olsen relajó su expresión. Julius, sin embargo, continuó observando su intercambio con un leve sentido de tensión.
El Barón Nico Olsen, si bien no ostentaba un rango particularmente alto entre la nobleza de Lugunica, era un renombrado coleccionista de arte y una figura notable en su propio derecho. Ampliamente respetado en el ámbito de las artes, Olsen bien podía ser llamado un personaje importante en un sector menos conspicuo del reino.
Como candidata a la selección real que buscaba conseguir el apoyo de tantas personas influyentes como fuera posible, Anastasia tenía todo que ganar y nada que perder estableciendo una conexión con él. De hecho, era alguien a quien debería haber contactado. Por lo tanto, parecía un golpe de buena suerte que Olsen se hubiera acercado a ella primero con su propuesta.
―Así que la famosa Miderine Durmiente es falsa, pensó Julius en voz alta. ―Lady Anastasia, perdone mi falta de conocimiento, pero ¿cómo se determina exactamente la autenticidad de una pintura?
―¿Mmm? Bueno, veamosh. En la mayoría de los casosh, suelo notarlo por la firma del artishta o la pintura que usaron. Por supueshto, las falsificacionesh se pintan despuésh de los originalesh, así que los materialesh utilizadosh suelen ser más nuevosh.
―Ya veo…, respondió Julius, mirando de reojo la falsa Miderine Durmiente, colocada en un rincón del salón y cubierta con una tela blanca.
Desafortunadamente, Julius no tenía la pericia para distinguir la autenticidad de una pintura. Pero tras la explicación de Anastasia, asintió aparentando comprensión. Sin embargo, reconocer tales matices requería naturalmente no solo el conocimiento adecuado, sino un ojo discerniente, perfeccionado a través de una extensa exposición a varias obras de arte. La perspicacia de Lady Anastasia es realmente asombrosa.
―No dejo de asombrarme por su aguda mirada, mi señora, la alabó. ―Nunca supe que poseía un conocimiento tan extenso sobre arte.
―Puede que no lo parezhca, pero resulta que también me dedico a coleccionar arte, sabesh, respondió Anastasia.
―Aunque me temo que no puedo compararme con losh verdaderosh coleccionistash, especialmente con ushted, Sr. Olsen.
―Le aseguro que no es una mera cuestión de tener una gran colección, habló Olsen suavemente, negando con la cabeza con languidez. ―Como ve, incluso yo he sido víctima de falsificaciones como esta. No es nada de lo que enorgullecerse.
Ninguna palabra podía liberarlo de su humillación. Lo que Olsen realmente necesitaba no era un mero consuelo, sino algún progreso en la situación.
―Lord Olsen, ¿puedo preguntarle dónde adquirió esta pintura?, inquirió Julius.
―Aunque comprendo sus sospechas sobre el comerciante, es alguien a quien he conocido y en quien he confiado durante mucho tiempo como tratante de arte, explicó Olsen. ―Probablemente él mismo ignoraba que no era auténtica. Estoy prácticamente seguro.
―¿Cómo puedesh juzgar la autenticidad del favor de alguien shi ni siquiera puedesh reconocer la autenticidad de una pintura tú mishmo?
La implacable indagación de Anastasia desafió la negativa inicial de Olsen, dejando a Julius momentáneamente sin aliento. Sin embargo, Olsen suavizó su actitud y respondió: ―Eso es bastante duro. No pierdes el tiempo con halagos o consuelos. Te mueves en un mundo donde esas cosas son innecesarias. Precisamente por eso la llamé a usted.
―Me parece que me estásh dando demashiado crédito. Da un poco de miedo sher elevada tan alto, pero… de acuerdo. De todosh modos… Con miradas severas fijas la una en el otro, ella ajustó su postura y volvió su atención a la pintura, señalándola con la mano. ―Sr. Olsen, ¿qué le hizo penshar que era falsha?
―Bueno…, dudó Olsen.
―Como ya dije, esha falsificación esh una obra maeshtra, lo interrumpió Anastasia. ―Si no tuviera ninguna duda, ni shiquiera se moleshtaría en evaluarla en primer lugar. Entoncesh, ¿de dónde vinieron esash sospechash? ¿No esh esho mucho más importante que de dónde viene la pintura? ¿O shoy solo yo?
―Veo que no puedo engañarla, concedió Olsen. Anastasia, con un ojo cerrado, lo observó mientras él bajaba la mirada, pensativo. Luego, metió la mano en su bolsillo, sacó una carta y la colocó sobre el escritorio: una carta simple, sin nada notable.
―Verá, esta carta llegó a mi casa el otro día. El remitente ni siquiera dejó un nombre. Solo escribió una única frase: La Miderine Durmiente que posee es falsa.
―¿Puedo echar un vistazo?. Julius tomó la carta del escritorio y escaneó su contenido. Ajustó su postura para facilitar la vista a Anastasia, que había estado mirando por encima de su hombro. Mientras examinaban la carta juntos, confirmaron que, en efecto, contenía una sola frase, tal como Olsen había dicho.
―Esh concisa y va al grano… no esh que pretenda elogiarla, comentó Anastasia. ―¿Pero esho esh todo lo que tiene? ¿Absolutamente nada másh del remitente?
―No, ni una sola cosa después de eso. Por supuesto, bien podría haber sido una simple broma. Es bien sabido que poseo la Miderine Durmiente. Podría ser simplemente algún bromista que lo sabe, jugando una mala pasada. Es solo que… Olsen vaciló antes de continuar.
―Su orgullo como coleccionista no le permitiría ignorarlo, ¿verdad?, ofreció Julius.
―Exactamente, concordó Olsen. Volvió sus ojos amarillos y nublados hacia Anastasia, mirándola a través de su rostro profundamente arrugado. ―Por eso recurrí a usted, Señorita Anastasia, para evaluar la autenticidad de la obra. He oído que usted misma era coleccionista de arte, y una de las mejores entendidas de Kararagi. Así que pensé, en ese caso….
―Como miembro de la noblezha lugunicana, y con el propóshito de evaluar a una de lash candidatash a la selección real, usted trajo eshte asunto a mi atención… Me parece que ushted también es bashtante directo, Sr. Olsen, concluyó Anastasia.
―Sus palabras son bastante directas, respondió Olsen, arqueando una ceja, ―pero también sé que su Compañía Hoshin tiene muchas oportunidades para comerciar con obras de arte. Dada nuestra mutua participación en el mundo del arte, ¿no deberíamos preocuparnos más por que circulen tales falsificaciones en el mercado?
Anastasia mantuvo su mirada, y se produjo una silenciosa lucha entre los dos por un momento. Ambos eran figuras influyentes—una candidata a la selección real, el otro un miembro de la nobleza—, ambos negociando con silencio.
Finalmente, el enfrentamiento silencioso llegó a su fin cuando Anastasia alzó las manos. ―No hace falta provocarme. A mí tampoco me entushiasma. Mientrash eshhtemos en los negocios, no podemosh permitirnosh dañar nuestra reputación con trabajo de mala calidad. Ashí que, denme un poco de tiempo.
―Espléndido, respondió Olsen. ―En cuanto a cómo usar ese tiempo, ¿puedo preguntarle más al respecto más tarde?
―Claro. Me imagino que nosotrosh también eshtaremos bashtante ocupadosh, dijo Anastasia mientras se levantaba y estiraba la espalda. Julius se levantó con ella y le alcanzó su chaqueta. Ella la aceptó con un pequeño gesto de agradecimiento hacia Olsen, escapándose un suave "ah" de sus labios. Luego, sonrió suavemente y alzó un dedo.
―Ah, sí —y eshto esh importante— si nosh topamosh con la verdadera Miderine Durmiente, Sr. Olsen… ¿Cuánto eshtaría dispuesto a pagar por ella?, preguntó con una mezcla de astucia encantadora y perspicacia comercial.
4
―Aún así, fue bastante sorprendente, comentó Julius mientras partían de la finca del Barón Olsen y subían a la carroza-dragón que los esperaba.
―¿Mmm?. Anastasia, acomodándose en la cómoda butaca del interior de la elegante carroza-dragón de la familia Juukulius, ladeó la cabeza ante el comentario inesperado de Julius.
―¿Sorprendente? ¿Qué lo fue?
―Nuestra discusión con Lord Olsen. Sinceramente, no tenía idea de su afición por coleccionar obras de arte, Lady Anastasia. Así que…
―¿Qué? ¿Difícil de creher que una chica lishta como yo pueda apreciar el arte?
―No, no. No me refería a eso en absoluto, se apresuró a responder, intentando corregirse.
―Oh, sholo bromeo, rió Anastasia tranquilizadora, acomodándose finalmente en su asiento.
―Sé que tú nunca pensaríash algo ashí, Julius. Aunque no andash del todo desencaminado. No esh que sea precishamente una fanática de la pintura o las artesh.
―Pero tuvo una conversación muy animada con Lord Olsen, continuó Julius. ―Y lo más importante, tiene la pericia suficiente en el tema de las pinturas como para ser considerada una entendida. Así que…
―Esho no significa que me haya enamorado del arte, ¿sabesh?, respondió Anastasia, sus pensamientos siendo un poco más pragmáticos y directos que los de Julius. ―Aunque shupongo que sería agradable si eshe fuera el caso.
―Esh cierto que tengo algo de arte a mano, pero esh para darlo como regalo a aquellosh que lo quieren. Ser una entendida esh eshencial para un comerciante, por esho lo estudié, explicó Anastasia.
―Por supueshto, entiendo la pashión de la gente por las artesh, y su apreciación natural por ellash. ¿Cómo podría hacer negocios con ellosh si no? Simplemente no eshtá alineado con mis propiosh deseosh de posesión.
―Sí aprecio la honeshtidad del Sr. Olsen como coleccionishta, como cuando nosh contactó para verificar la autenticidad de su propia pintura, continuó.
―Eso es porque usted posee la admirable cualidad de afirmar los deseos de los demás, reconoció Julius.
―Estásh un poco equivocado, aclaró Anastasia con una sonrisa. ―Prefiero afirmar mish propiosh deseosh másh que los de los demásh. Solo creo que ser honeshto sobre lo que uno quiere hace la vida másh fácil y feliz.
Anastasia era conocida por su habilidad para comprender y respetar los deseos de los demás. Había dejado su filosofía clara en el salón el día que marcó el inicio de la selección real. Tal era el enfoque de Anastasia Hoshin ante la vida.
―Me parece que el Sr. Olsen dedujo de nueshtra convershación que no soy para nada una gran coleccionishta. Pero mi filoshofía y su aprecio por el arte pueden coexishtir. Por esho me llevo bien con los coleccionistash. ¿No está su propueshta en línea con talesh expectativash?
―El Barón Olsen aún no ha revelado a quién apoyará durante la selección real. ¿Está considerando esto una prueba de fuego para determinar su posición?, inquirió Julius.
―Bueno, esh natural que la gente quiera apoyar a aquellosh que losh comprenden. Ademásh, por frushtrante que sea, no esh divertido ver falsificacionesh circulando. Así que nosh conviene a ambos. Da miedo, pensó Anastasia, sus labios formando una mueca irónica ante el comportamiento anticuado de Olsen.
Él se negaba a permitir que su error al adquirir una falsificación fuera más allá de un mero golpe a su orgullo. Esa avaricia no está mal. Me parece que es alguien con quien preferiría tenerlo como socio comercial que oponerme a él como enemigo. Sin embargo, lo que realmente despertó su interés, incluso más allá de Olsen, era otra cosa.
―No esh todosh los díahs que vemosh una falsificación de eshe calibre. Definitivamente tenemos que averiguar quién eshtá detrás y ponerle fin.
―Lady Anastasia, ¿está quizás asumiendo esto como su verdadera misión?, preguntó Julius, entrecerrando los ojos al cuestionar su verdadera intención.
―Para nada, dijo desdeñosa mientras señalaba por la ventana para distraerlo. ―Oh, mira, ya cashi estamosh de vuelta en tu mansión, ¿no? Tenemosh que prepararnosh para deshcargar los bienesh que conseguimos. Vamosh, vamosh. Frente a ella, Julius solo dejó escapar un pequeño suspiro cuando el techo de la mansión apareció a la vista.
De vuelta en la mansión…
―¡¿Q-Qué demonios—?! ¡E-Esta es la Miderine Durmiente! ¡¿Por qué rayos está aquí?!. Joshua exclamó en absoluta conmoción ante la vista de la pintura siendo bajada de la carroza-dragón.
Era el hermano de Julius. Y a pesar de su sorprendente parecido con su hermano mayor, la expresión que lucía era una que rara vez, o nunca, se veía en el rostro de Julius. Su monóculo se deslizó, captando perfectamente la magnitud de su asombro.
Anastasia observó la reacción de Joshua con una satisfecha sonrisa. ―Sí, sí, esa esh exactamente la reacción que eshperaba. Graciash, Joshua. Estoy totalmente satishfecha.
―¿A qué se refiere con que "esperaba", Lady Anastasia?, preguntó Joshua.
―Estoy hablando, por supueshto, de tu reacción exagerada. Oh, qué graciosho, respondió Anastasia entre divertida, con una mano sobre su boca, mientras Joshua la miraba incrédulo.
Observando su interacción desde un lado, Julius negó con la cabeza, exhausto. ―Lady Anastasia, por favor no juegue tanto con mi hermano. Y Joshua, tú también necesitas calmarte.
―¿Cómo se supone que me calme?, replicó Joshua. ―¿Por qué está esta pintura aquí? ¿No era esta una de las colecciones del Barón Olsen?
―Tienes razón en eso. De hecho, fue el mismo Barón Olsen quien nos la confió. Aunque, técnicamente, esta pintura no es realmente la Miderine Durmiente. Es una falsificación.
―¡¿Una falsificación?!, exclamó Joshua horrorizado, mientras contemplaba la magnífica pintura enmarcada que descansaba en el suelo del vestíbulo. Su expresión fue evolucionando gradualmente de la pura sorpresa a una de apreciación contemplativa del arte.
Desde una edad temprana, Joshua había sido afectado por una fragilidad física, confinándolo en interiores más a menudo que no. En lugar de aventuras al aire libre, pasaba gran parte de su tiempo enterrado en un libro, dedicándose a la poesía y cultivando sus habilidades pictóricas. En consecuencia, terminó adquiriendo un profundo conocimiento de las artes y un afecto profundo por ellas. En este aspecto, Julius estaba muy por detrás de su hermano en lo que a familiaridad con las actividades artísticas se refiere.
―¿Así que es realmente una falsificación?, comentó Joshua, su voz teñida de incredulidad. ―Desde que la vi en la residencia del Barón Olsen, solo podía imaginar que sería auténtica.
―Lamentablemente, carezco de la confianza en mis propias habilidades para evaluar con precisión una obra de arte. Sin embargo, el ojo discerniente de Lady Anastasia no tiene comparación. Incluso el propio barón confió en su criterio, explicó Julius.
―Lo que significa que esta es una falsificación con la capacidad de engañar incluso a los meticulosos ojos del propio Barón Olsen…
Para alguien con su profundo entendimiento del arte, un estimado coleccionista como Olsen estaba en una clase aparte. Joshua luchaba con la conmoción de la noción de que incluso el Barón Olsen pudiera haber sido engañado.
―El Sr. Olsen mencionó que ustedesh son buenosh amigosh, ¿no, Joshua?, cuestionó Anastasia.
―Buenos amigos podría ser una exageración, admitió Joshua. ―Simplemente tuvimos la oportunidad de mostrarnos nuestras pinturas a través de un conocido en común. Y desde entonces, no ha sido más que amable conmigo. Incluso me mostró esta Miderine Durmiente. Fue absolutamente abrumador.
―Joshua es un artista en su propio derecho, añadió Julius. ―Algunas de sus creaciones incluso adornan las paredes de mi habitación. Como su hermano mayor, me enorgullezco enormemente de su talento.
―J-Julius…, tartamudeó Joshua, tímido bajo los elogios de Julius. Sin embargo, las palabras de Julius no eran meras lisonjas. Había tenido la intención de mostrarle las obras de Joshua a Anastasia más tarde. A pesar de su perspectiva amateur, eran obras maestras notables a sus ojos. Julius no podía evitar albergar la esperanza de que su hermano menor pudiera algún día ascender a los rangos de los pintores maestros.


―Es simplemente una pintura que se hace pasar por una obra maestra, dijo Joshua desdeñosamente. ―Me estás dando demasiado crédito, querido hermano.
―No hay nada malo en ganarse la vida haciendo lo que amas. De hecho, lo encuentro admirable.
―Jaja. Ciertamente sería agradable si pudiera hacer eso, respondió Joshua con modestia, pareciendo tomar las palabras de Julius con cierta reserva. Julius esperaba romper ese mal hábito de autodesprecio, pero antes de que pudiera continuar hablando, Anastasia golpeó sus manos frente a su pecho, interrumpiendo la conversación de los hermanos para captar su atención.
Con una breve mirada a la pintura falsa, habló. ―Por muy encantador que sea verlosh vincularse por ahí, pasemosh al asunto principal. Por el bien de nueshtro eshtimado Sr. Olsen, tenemosh que encontrar al imitador responsable de eshto. Me parece que vamosh a tener que empezar a bushcar pistash una por una, declaró.
―¿Pistas del imitador? ¿Cómo se haría siquiera para…?, la voz de Joshua se desvaneció en la incertidumbre.
―Oh, ¿estás hablando de esa carta que recibió el Barón Olsen?, preguntó Julius.
―Sí, exactamente, afirmó Anastasia, sacando una carta de su bolsillo que había quedado en su posesión junto con la pintura. La desdobló, revelando una sola frase inequívoca. La caligrafía del escritor estaba desprovista de cualquier rastro de la identidad del autor. Buscar al informante, como lo llamaban por conveniencia, a través de esta carta parecía poco práctico.
―O quizá no…, murmuró Anastasia.
―¿Lady Anastasia?
―Si nueshtro imitador fuera realmente tan talentosho, no esh probable que eshta sea su única pieza, ¿verdad? Lo que debe significar que el Sr. Olsen no esh la única pershona a la que eshte informante ha advertido, ¿no?
―Lo entiendo. ¿Entonces sugiere que esta persona puede haber enviado una carta similar a otros coleccionistas que podrían tener otras piezas falsificadas por el mismo imitador?, preguntó Julius para aclarar.
―Bueno, eshtoy segura de eshtar aliviada de que nadie me haya enviado algo ashí a mí, comentó Anastasia con un suspiro de alivio, regocijándose modestamente por su buena fortuna. ―Si resultara que lash piezash que me coshtó tanto coleccionar también fueran falsash, me parece que mi credibilidad también se haría añicosh, sin mencionar mi amor propio.
Julius, por otro lado, no podía evitar maravillarse ante el razonamiento lógico de Anastasia. Al escuchar que buscarían al imitador, había asumido que sería tan escurridizo como intentar agarrar una nube.
―Nunca pensé en todo eso, Lady Anastasia. ¿Ha hecho algo así antes?, preguntó Julius.
―¿Bushcar a un imitador? Nah, nunca he hecho nada parecido. Solo trato de encontrar la poshibilidad que tenga másh sentido.
―Aún así, me sorprendió mucho, admitió Julius, encantado por la respuesta tímida y ruborizada de Anastasia. Continuó hablando mientras miraba la pintura. ―Sin embargo, si ya había deducido tanto, ¿por qué le pidió prestada la pintura al Barón Olsen? No parece que podamos aprender mucho de ella. Las especulaciones de Anastasia tenían tanto sentido, que encontraba la razón de esto desconcertante.
―¿Ah, eso?, respondió ella. ―Bueno, la pintura en shí no esh lo que esh importante para mí ahora mishmo. Solo quiero confirmar algo ushando esha falsificación tan bien hecha. ¿Joshua?
―¿Eh, um, yo? ¡Sí! ¿Qué sucede?, preguntó Joshua, tomado por sorpresa. Julius frunció el ceño, pues tampoco podía entender por qué había llamado su nombre. Anastasia alzó un dedo frente a los dos hermanos.
―Quiero que nosh ayudesh con algo un momento, Joshua.
―¿Y-Yo? Claro, no me importa…
―¿En serio? Genial, esho será de gran ayuda, de verdad. No eshperaría menosh de un hombre de la casa Juukulius. Lady Anastasia sonrió mientras hablaba con calidez, señalando la “Miderine Durmiente” con la mano. ―Mencionashte antesh que tienesh amigosh en común con el Sr. Olsen, ¿verdad? Estaría encantada si pudierash moshtrar eshta pintura a todosh esosh amigosh tuyosh amantesh del arte.
5
―¡Caray! Julius tenía razón, esto esh tremendamente impreshionante, exclamó Anastasia, con los ojos brillantes mientras admiraba las diversas pinturas que adornaban la habitación.
Dentro de su mirada había pinturas de paisajes que representaban una variedad de vistas. Algunas eran de la capital real, mientras que otras parecían paisajes lejanos y fantásticos, como salidos directamente de las páginas de un libro de cuentos.
Si bien algunas piezas daban ganas de apartar la vista debido a su naturaleza amateur, había otras que emanaban un cierto nivel de confianza. Todas estaban exhibidas una al lado de la otra, no como una mera colección de arte, sino como una colección de obras de un querido familiar. Era la galería de arte personal de Joshua Juukulius dentro de la Mansión Juukulius.
Aunque llamarla "galería" podría ser una exageración. Las obras eran de calidad variable, y su valor como piezas de arte era subjetivo. Al menos, eso era lo que el propio artista creía.
―Sabesh, comenzó Anastasia, ―Julius puede que no lo parezhca, pero esh bashtante familiar. Así que me imaginé que solo estaba siendo amable con sus palabrash. Pero parece que no eshtaba bromeando. Estoy impresionada.
La manera desinhibida y directa de hablar de Anastasia sí ofrecía cierto alivio. Sin embargo, insinuaba una evaluación particular de Julius que no podía pasarse por alto fácilmente. Julius Juukulius, el Mejor de los Caballeros, era un hombre de honor y un caballero ejemplar hasta la médula.
―No dude del ojo de mi hermano para el arte, dijo Joshua a la defensiva. ―Es simplemente que no puedo producir resultados que estén a la altura de la evaluación de mi hermano. Él siempre está mirando hacia el futuro.
―Ah, ashí que los dosh son bastante familiaresh. No me había dado cuenta, comentó Anastasia, sacando la lengua juguetonamente. Miró las pinturas con un dejo de disculpa.
Como la pintura era simplemente un pasatiempo para él, Joshua rara vez mostraba sus obras a nadie que no fuera la familia. Así que, tomando esto como una oportunidad, comenzó a explicar sus pinturas a Anastasia, aunque ella no lo había pedido.
―Todo lo que tengo son paisajes, pero muy pocos son lugares reales que he visto. Principalmente pinto las escenas que imagino de los libros o escenas de las que me han hablado mi padre o mi hermano. Como escenas de sus viajes, por ejemplo.
―¿Quieresh decir que dibujashte algo así deshde tu imaginación? Eso esh bashtante impresionante, ¿no? Yo no soy muy hábil con lash manosh, ashí que te admiro por ser capaz de pintar así. Te envidio. Anastasia miró las pinturas con desánimo mientras hablaba, y Joshua se rascó la propia mejilla con una mirada preocupada en el rostro.
Hoy era el día en que habían invitado a sus conocidos a la mansión, de acuerdo con la petición de Anastasia. Mientras aguardaban su llegada, Joshua cumplió el deseo de Anastasia mostrándole las pinturas que había creado.
Sin embargo, para Joshua, esta situación venía con una mezcla compleja de emociones. Si tan solo Julius estuviera aquí para hacerle compañía a Lady Anastasia.
Desafortunadamente, Julius había rechazado categóricamente asistir a la reunión de hoy.
Julius ofreció consideradas palabras de razonamiento antes de irse: ―No deseo incomodar a tus amigos, Joshua. Así que, por favor, diviértanse como lo harían normalmente. Y por favor, cuida bien de Lady Anastasia.
Debido a esto, Mimi, de la Compañía Hoshin, había venido en su lugar. Sin embargo, su naturaleza despreocupada significaba que pasaba la mayor parte del tiempo en el comedor, picando algo, dejando prácticamente a Anastasia sin supervisión.
―No me molesta en absoluto tener a mi hermano cerca, pero…, se dijo Joshua a sí mismo.
No obstante, era muy consciente de la tendencia a la excentricidad de los artistas, y por lo tanto no podía predecir cómo interactuarían con Julius, un caballero real. En ese sentido, el considerado comentario de Julius era innegablemente acertado, haciendo que los sentimientos de Joshua como hermano menor fueran bastante complejos.
―Mmm… Una voz interrumpió sus cavilaciones internas.
―Oh, lo siento. Estaba perdido en mis pensamientos. ¿Sucede algo?
―Nah. Solo pensé que quizásh estásh pasando por algunash cosash propiash de tu edad. Debe ser duro, ofreció Anastasia de manera consoladora.
―No es ni de lejos tan duro como lo que usted y mi hermano enfrentan, Lady Anastasia, respondió Joshua, ligeramente avergonzado mientras ella escudriñaba su expresión contemplativa. Sin embargo, en respuesta a sus palabras, Anastasia enderezó la espalda y colocó un dedo sobre sus labios.
―¿Oh? Bueno, no tiene shentido comparar nuestrash dificultadesh, ¿sabesh? Eso no cambia nada para la persona que lo eshtá experimentando, así que no hay neceshidad de menospreciar tus propiosh logrosh.
―Bueno…
―¿Sabesh, Joshua? Me parece que tu personalidad sheria y preocupada brilla a travésh de tush pinturash. No soy tan habilidosa en ese campo, pero ¿no son esash sensibilidadesh lash que hacen que el arte shea dishfrutable?
De pie en el interior frente a una pieza conspicuamente grande, Anastasia la miró hacia arriba. Era una representación de la propia Mansión Juukulius en la que se encontraban. Para Joshua, esta era la mansión que había llamado hogar desde su nacimiento, y por lo tanto, el origen mismo de su mundo.
Había dedicado una parte significativa de su vida a completar esta única pieza. Ese tiempo equivalía al tiempo que invirtió en confrontar su propio mundo de frente.
―Tush habilidadesh de pintura son bashtante impresionantesh. ¿Nunca hash considerado un futuro como artishta?
Joshua permaneció en silencio, jadeando levemente cuando su pregunta lo tomó por sorpresa. No obstante, era una pregunta anticipada y familiar. Después de todo, era natural suponer que alguien que podía manejar un pincel tan bien consideraría seguir ese camino. Joshua respondió con su habitual sonrisa tenue. ―Desafortunadamente, no poseo ese nivel de talento. Tanto usted como mi hermano me sobreestiman enormemente, Lady Anastasia.
―Bueno, quizásh. Ser artishta requiere dedicarle toda la vida, y solo aquellosh que pueden comprometershe de verdad lo logran. Ademásh—. Hizo una pausa breve antes de continuar sin darse la vuelta. ―No siempre eshtá garantizado que tush habilidadesh y deseosh vayan a alinearse.
Sus palabras se sintieron varias veces más afiladas que lo que había silenciado a Joshua momentos antes. Tan afiladas, que el corazón que traspasaron sintió como si hubiera sido desgarrado por su aguijón. ―Um, ¿ Lady Anastasia?
Inseguro de si había captado la verdadera intención detrás de sus palabras, frunció el ceño. Pero Anastasia solo alzó una mano en respuesta al tono interrogante de Joshua.
―Perdón, perdón. No era mi intención causharte confushión. Me parece que tush pinturash son mucho mejoresh de lo que creesh. Si mejorarash solo un poquito más, hasta me gushtaría venderlash.
―Me honra eso. Sin embargo, no pinto por dinero, respondió Joshua con humildad.
―¿Acaso no esh eso aún mejor, entoncesh? Imagina tener algo que solo hacesh por diversión y que termine valiendo algo.
Bueno, no sé sobre eso. Joshua no quería criticar los valores de Anastasia, pero no podía evitar tener reservas. Por supuesto, creo que los valores de cada uno son únicos. Y también estoy de acuerdo con la filosofía de Anastasia de respetar esas diversas perspectivas. Pero—
Honestamente, Joshua nunca había sido particularmente afecto a Anastasia. El hecho de que la familia Juukulius la apoyara era mayormente por Julius, quien era el próximo heredero de la familia. Para Joshua, él simplemente había estado siguiendo la petición de su hermano de asistirla. Pero no estaba seguro de si Anastasia era adecuada para el trono del reino. Aún no había determinado si realmente deseaba apoyarla de todo corazón.
―¡Señorita! ¡Señorita! ¡Los invitados han llegado! ¡Y se ven suuuper importantes! ¡Qué genial!. La voz emocionada de Mimi resonó desde abajo. Parecía que sus visitantes habían llegado, y ella no perdió tiempo en ser la primera de sus sirvientes en reportarlo.
El repiqueteo de los pasos de Mimi resonó bajo la escalera, haciendo que Joshua y Anastasia intercambiaran miradas. ―Parece que nuestrosh invitadosh han llegado. ¿Vamosh a darlesh una cálida bienvenida?
―Sí, vamos…, dijo Joshua. ―Um, sé que ya lo he dicho antes, pero permítame decirlo otra vez. Mis amigos pueden parecer un poco excéntricos, pero por favor recuerde, no son mala gente.
―Lo sé, lo sé, tranquilizó Anastasia. ―Julius ya me advirtió que mantuviera a tush amigosh fuera de problemash, así que no te preocupesh. De todos modosh, son amantesh del arte, ¿verdad? En ehse caso, me parece que podrían convertirse en clientesh de nueshtra compañía. Me ocuparé de ellosh como esh debido.
―¿Ocuparse de ellos…?. ¿Qué quiere decir exactamente con 'ocuparse de ellos'? Incapaz de reunir el valor para preguntarle directamente, Joshua acompañó a Anastasia a la habitación donde Mimi esperaba, dirigiéndose escaleras abajo para recibir a sus invitados.
6
―Así que, graciash a los amigosh de Joshua, conseguí variash cosash interesantesh, le informó Anastasia a Julius al reunirse de nuevo en la mansión, después de que los invitados se hubieran ido.
―¿Cosas interesantes, dice?, preguntó Julius.
Sentado a la misma mesa, Joshua asintió en acuerdo. ―Hoy les mostré a mis amigos aficionados al arte la falsificación de “Miderine Durmiente”, explicó. ―Al ver la pintura real en persona, algunos dijeron cosas intrigantes.
―¿Quiere decir que todo salió como Lady Anastasia había anticipado?
―¡En el blanco1!, afirmó Anastasia. ―Parece que algunosh de ellosh también recibieron una carta misteriosha de alguien. ¡Informesh anónimosh y educadosh diciendo que una de sush pinturas es falsa, con el nombre de la pintura incluido!
―¿Y qué hicieron después de recibir esas cartas?, preguntó Julius con expresión severa, tras confirmar la existencia de múltiples falsificaciones en circulación.
―Absolutamente nada, respondió ella. Parecía que, aunque los aficionados al arte habían leído el contenido de las cartas, simplemente las habían guardado en un cajón.
―Verásh, todash eran obrash maestrash bien autenticadash, que ya habían pasado todash sus evaluacionesh hasta ahora. Así que nadie sintió realmente la necesidad de dudar de ellash solo porque una persona anónima lesh enviara una carta.
―Sin embargo, parecen haber cambiado de opinión después de ver la “Miderine Durmiente”, continuó Joshua. ―El Barón Olsen no se habría deshecho de esta pintura a menos que estuviera seguro de que era falsa. Eso parece haber sido un factor decisivo para ellos.
―Lo que significa que si realmente hay un imitador capaz de producir imitaciones tan elaboradas, entonces, como sugería la carta, sus propias obras maestras también corren el riesgo de ser posibles falsificaciones, resumió Julius.
Al enterarse de que no solo la magnífica “Miderine Durmiente” ante ellos, sino también su propia colección de obras maestras podía ser falsa, los entendidos habían entrado en pánico y habían salido corriendo a casa, habiendo olvidado incluso la
1 El scans en ingles usa la expresión bullseye que es usada mayormente en juegos de dardos,
etiqueta más básica. Sin duda, también habían tenido prisa por validar la autenticidad de sus propias piezas en su poder. En ese sentido, Joshua, aparte de su interés por el arte, estaba aliviado de no ser coleccionista.
―Así que, ahora que hemos confirmado que, como Lady Anastasia sospechaba, las cartas fueron efectivamente entregadas a otros coleccionistas… ¿Y ahora qué? Parece un callejón sin salida en términos de pistas, reflexionó Julius en voz alta.
―¿Un callejón sin salida? No, no esh nada por el eshtilo. Para empezar, descartamosh la posibilidad de que el remitente fuera sholo un bromishta con rencor contra el Sr. Olsen, ¿verdad? Y también tiene que sher alguien que pueda dishcernir la autenticidad de las pinturash. Ahora, si solo supiéramosh su motivo….
―¿Motivo?, especuló Julius. ―¿Erradicar la circulación de pinturas falsificadas por todo el mundo, quizás?
―¡Jajaja! ¡Julius, me matash de la risa! ¡Ponesh una cara tan seria y luego se te ocurren esash bromash!. Anastasia se rió y aplaudió, pero Julius no parecía divertido. Sin duda, estos eran los pensamientos genuinos de Julius, pero habían sido recibidos como un sueño descabellado. Se dice que el veinte por ciento de las obras maestras que circulan actualmente en el mundo son falsas. Los criminales que traman explotar los deseos de la gente nunca dejan de existir. Es inútil incluso soñar con erradicar todas las falsificaciones existentes en el mundo. Sin embargo, la acción del informante de enviar estas cartas en primer lugar sí parecía sugerir cierta hostilidad hacia el imitador.
―Bueno, ¿y si el informante fuera en realidad el mismo imitador?, sugirió Joshua. ―Podría ser simplemente un acto de burla para mofarse de los coleccionistas que son incapaces de detectar las falsificaciones por sí mismos.
―Jaja, esho también sería bashtante divertido. Si eshe fuera el caso, encontrar al remitente significaría encontrar al imitador al mishmo tiempo. ¡Como matar dosh pájarosh de un tiro! Súper conveniente. Anastasia aplaudió con entusiasmo.
―En este caso, no creo que la otra parte esté necesariamente pensando en ganancias o pérdidas…, dijo Julius con una sonrisa torcida.
Sin embargo, con la limitada información que Joshua tenía sobre el culpable, eso era lo mejor que se les ocurría. Después de todo, ¿qué beneficio obtendría siquiera el remitente al realizar tales acciones?
―¿O quizás sus acciones no tienen nada que ver con ganancias o pérdidas?, especuló Joshua.
―Nah, definitivamente eshe no esh el caso, desestimó Anastasia, moviendo un dedo a Joshua, que se estaba desesperando. ―Ya shea material o psicológico, los humanosh nunca se involucran en accionesh completamente desligadash de algún tipo de beneficio. Ashí que tiene que haber alguien ganando algo, para bien o para mal. Y quienquiera que shea, no es otro que nueshtro remitente.
―Lady Anastasia, ¿qué tipo de posibilidades está considerando?, preguntó Julius.
―¿Yo? Bueno, veamosh. No creo que quien eshté enviando estash cartash lo haga por dinero. Como diría Joshua, esto no producirá ninguna ganancia. Por supueshto, shi expusieran las falsificacionesh y luego volvieran vendiendo los originales, esha sería una historia diferente.
―Por el momento, no parece haber habido ninguna oferta de ese tipo, confirmó Joshua.
―Entoncesh el objetivo del remitente tiene que sher el del imitador, ¿no? Tal vez esh un ataque al imitador, o algún otro motivo. De cualquier manera, todavía eshtá en el aire.
―Ya veo. ¿Así que están obsesionados con el imitador?, inquirió Julius. Las especulaciones de Anastasia ciertamente llevaban convicción, especialmente considerando su habilidad para discernir la autenticidad de las pinturas. De repente, Joshua se sintió extrañamente avergonzado por la ineptitud de sus propias deducciones.
Sintiendo la vergüenza de Joshua, Julius asintió y dijo: ―No hay necesidad de preocuparse por ello. Lo que dijiste antes también mostró una observación aguda. A mí no se me habría ocurrido eso. Estoy seguro de que incluso Lady Anastasia quedó impresionada. ¿No es así?
―Gracias por eso, Julius, reconoció Joshua. ―Pero si realmente hubiera sido una idea que se me ocurrió a mí, estoy seguro de que usted y Lady Anastasia habrían dicho algo de inmediato. No hay necesidad de ser tan modesto conmigo.
―Dice el que esh tan modeshto él mishmo…, murmuró Anastasia mientras se ajustaba la bufanda, observando a Joshua y Julius hablar. Luego, con un leve cambio en su propia actitud, continuó: ―Si bien esh bueno tener una idea de la identidad del culpable, obshesionarse demashiado ahora podría llevar a seshgos y preconcepcionesh. De todos modos, tengo la shensación de que pronto habrá algún movimiento. ¿No creen?
―Entiendo lo que dice sobre las preconcepciones, señaló Joshua. ―¿Pero movimiento, dice? ¿De qué lado? ¿Del informante o del imitador?
―Mmm, bueno, de ninguno de los dosh. Másh bien, de tush amigosh de antesh. Julius y Joshua intercambiaron miradas ante la respuesta natural de Anastasia. Sonriendo ante sus reacciones, ella señaló la ventana y comenzó a contar regresivamente: ―Tres, dos, uno….
Sorprendidos, ambos miraron en silencio, entre dudosos y expectantes. ―Y… cero. Ah, bueno, me parece que esho habría shido demashiado conveniente, dijo Anastasia encogiéndose de hombros, mostrando una sonrisa de vergüenza.
Justo entonces, ante la puerta de la Mansión Juukulius, se acercó una carroza- dragón. Era una carroza bastante excéntrica, que pertenecía a uno de los entusiastas que había pasado por allí hacía apenas unas horas. Y así, la predicción de Anastasia de que uno de sus amigos haría un movimiento, resultó ser notablemente precisa.
―Me parece que debería haber eshperado otrosh cinco segundosh más o menosh, reflexionó, dándose la vuelta con un ojo cerrado. ―Eso shí que habría sido algo.
Julius se inclinó respetuosamente como si estuviera admirado, y Joshua lo siguió apresuradamente. Sin embargo, en la mente de Joshua, estaba más impresionado por la inquietante previsión de Anastasia, que por mera admiración. Lo que ella había hecho podía llamarse predecir y dirigir los pensamientos y acciones de los demás. Y si podía hacer eso—
―Es como si pudiera leer mentes. Tal idea era terriblemente aterradora para Joshua, causando que sus hombros temblaran contra su voluntad. Aunque no podía precisar del todo la razón de ese temblor.
7
Solo habían pasado tres días desde que aceptaron la petición de Nico Olsen, y ahora se encontraban acercándose a la residencia de Azla Eastern.
―Parece que no hay nadie en casa, dijo Julius, volviéndose hacia los demás. Estaban en una esquina común del distrito de los plebeyos, con el bullicio animado de la capital real resonando a lo lejos.
No hay una placa con el nombre en la puerta, pero esta es indudablemente la dirección correcta. La falta de respuesta debe significar que la persona en cuestión está ausente, o que lleva un estilo de vida más nocturno que parece común entre los artistas. En cualquier caso, no hay otra forma de obtener la información detallada que necesitamos que preguntarle directamente a la persona.
―Pero es ciertamente bastante sorprendente. Pensar que identificaríamos a un sospechoso del informante tan rápidamente, comentó Julius.
―¿Lo es?, preguntó Anastasia. ―Graciash a Joshua, nosh topamosh con algunash otrash víctimas de falsificacionesh entre sus amigosh. Me parece que no armarían tanto alboroto si she tratara de cualquier otro. Pero como esh un asunto que les concierne, todosh se deseshperaron. Incluso si no hiciéramosh nada, me parece que saldrían a bushcar al culpable por su cuenta y nosh harían saber cualquier cosa que encontraran.
Joshua la miró sorprendido. Alzando un dedo, ella continuó con su orgullosa explicación. ―Pero ya que nosotrosh proporcionamosh la información primero, considérenlo como un favor a cambio.
Ciertamente, las cosas habían resultado tal como Anastasia había descrito. Después de descubrir la posibilidad de una falsificación entre su propia colección de arte, los entusiastas del arte no escatimaron esfuerzos en buscar la identidad de quien envió las cartas anónimas a sus hogares. Como resultado, Joshua y sus amigos se habían convertido en un centro de dicha información, uniendo pistas en un intento por reducir la lista de posibles culpables.
La información disponible actualmente sugería que se trataba de un hombre joven y alto, de cabello color óxido, de apariencia pulcra pero sin extravagancia, que también disfrutaba pintar solo. Y aunque surgieron varios nombres, en la parte superior de la lista estaba uno llamado Azla Eastern.
Azla era un hombre joven que residía en la capital real, a menudo visto yendo y viniendo de una compañía comercial, realizando tareas como el manejo de materiales. Se decía que en sus raros días libres, tomaba un pincel y pintaba retratos en la plaza.
―Aunque la descripción coincide, no podemos hacer mucho si no responde. ¿Deberíamos dejarlo de lado por ahora y pasar a nuestros otros sospechosos?, sugirió Julius.
―Parece que estásh disfrutando eshto, Julius, bromeó Anastasia.
―Lo… lamento, dijo Julius, aclarándose la garganta. ―Aunque rutinariamente tengo la oportunidad de patrullar como caballero, no es muy a menudo que tengo la oportunidad de realizar una investigación seria como esta. Julius, mientras se amonestaba a sí mismo por sus palabras y acciones, no vestía el uniforme blanco de los caballeros, sino su atuendo cotidiano. A petición de Anastasia, esta era una medida deliberada para no intimidar a la otra parte.
No obstante, el efecto era cuestionable, ya que la apariencia de Julius no restaba nada a su dignidad y gracia, pues su estilo de vestir seguía siendo refinado a pesar de ser su ropa personal.
―Tu refinamiento simplemente no puede ocultarse… Realmente impresionante, querido hermano, elogió Joshua.
―Dejando a un lado el favoritishmo fraternal de Joshua hacia ti, en realidad esh el hecho de que todosh llamamosh tanto la atención lo que moleshta. Somosh tan guaposh de pie uno al lado del otro, que nuestrosh disfracesh son prácticamente inútilesh.
―No sé cómo disculparme por eso, respondió Julius. ―Pero, en primer lugar, ciertamente ayudaría si usted también tomara la iniciativa y disfrazara su propia belleza, Lady Anastasia….
―Bueno, no necesito que me digash eso… Pero bromash aparte, no creo que debamosh quedarnosh merodeando por demashiado tiempo.
Anastasia giró la cabeza, soltando un pensativo ―Mmm…. Sin embargo, interrumpió abruptamente su tren de pensamiento. Con una expresión decidida, golpeó sus manos frente a su pecho. ―Muy bien, ya eshtá. Oigan, ¿no oyen ustedesh a un bebé llorando dentro de la casa?
―¿Eh? ¿Un bebé? No oigo nada…, dijo Joshua, confundido por la súbita sugerencia de Anastasia.
―Ya veo, asintió Julius de manera comprensiva. ―Si hay un bebé llorando dentro, entonces esto sí es un asunto urgente. Debemos darnos prisa.
Sin hacer caso al confundido Joshua, Julius se movió con rapidez y colocó su mano en la puerta de la residencia de los Azla.
De su puño de la manga emergió un cuasi-espíritu llamado Ia, emitiendo un tenue resplandor rojizo. Ia voló directamente hacia el ojo de la cerradura de la puerta principal y, en cuestión de segundos, se oyó un clic al abrirse la cerradura.
―¡¿J-Julius?! ¿Esto no es un delito…?!, exclamó Joshua.
―No, esto es una emergencia, aclaró Julius. ―Debemos asegurarnos de que el bebé esté a salvo. Lady Anastasia me ha confiado discreción en situaciones como esta.
―¡Q-Qué mala influencia…!
―Vamosh ya, lo interrumpió Anastasia. ―Si nosh ponemosh a hacer eshcándalo fuera de la casa, la gente empezará a soshpechar de nosotrosh. Mientras Julius se deslizaba por la puerta abierta, Anastasia empujó con fuerza al vacilante Joshua hacia el interior, directamente a la residencia de los Azla.
―Lo siento, lo siento, se disculpó Joshua. ―No era mi intención ofender. Es que no podía imaginar a mi hermano haciendo algo malo. Así que el problema debe estar con su sugerencia, Lady Anastasia….
―Bueno, qué rápido pidesh disculpash, ¿eh? Pero no hay nadie aquí a quien dishculparse. Ashí que relájate.
―Aun así, se siente un poco despiadado encontrar consuelo en eso…. Joshua, que tenía los ojos cerrados, los abrió ligeramente y examinó lentamente el interior de la casa.
Efectivamente, como Anastasia había dicho, parecía estar desocupada. En ese sentido, Joshua estaba aliviado de que no los reprendieran por entrar sin permiso. Sin embargo, para Joshua, esa tranquilidad no duraría mucho tiempo. Porque lo que yacía ante ellos era…
― Lady Anastasia, comenzó Julius.
―Shí, yo también me he dado cuenta…, respondió ella, bajando un tono su voz. ―El lugar ha shido revuelto.
Por el cambio en su actitud, Joshua también pudo notar que esta era una situación grave. La residencia de los Azla estaba en un estado de desorden, y parecía haber estado así desde mucho antes de que ellos irrumpieran.
Este caos no tenía nada que ver con la presencia o ausencia de limpieza. Los muebles estaban volcados, los platos hechos añicos y las señales de resistencia habían dejado su marca. El problema más preocupante eran las manchas de sangre en el suelo.
Aunque la cantidad era escasa, el suelo estaba salpicado de rastros de sangre. No estaba claro si esta sangre pertenecía al dueño de la casa, Azla, o a alguien más.
―Lo que sea que sucedió aquí fue ciertamente fuera de lo común, observó Julius. ―Hubo altercados físicos, seguidos de….
―El secuestro del dueño de casa. Ashí esh como parece. Agachándose cerca de las manchas de sangre en el suelo, Anastasia miró la ventana en la parte posterior de la habitación. Al inspeccionar más de cerca, las manchas de sangre se dirigían en esa dirección, acompañadas por una huella de zapato de buen tamaño dejada en el alféizar de la ventana.
―Despuésh de entrar por la parte de atrásh, esperaron a que Azla regresara antesh de atacarlo y secueshtrarlo… ese eshcenario esh el que tiene másh sentido, ¿no?
―¡¿Pero quién?! ¿Quién lo atacó?, preguntó Joshua, atónito.
―Bueno, si mi suposición esh correcta, entoncesh Azla esh definitivamente el soplón que envió todash esash cartash. Pero eso sería un problema para el imitador, lo que significa que debe sher el propio imitador nuestro principal soshpechoso.
Joshua, a pesar de sentirse consumido por la ansiedad, no pudo evitar estar de acuerdo con la deducción de Anastasia. Su compostura contribuyó en gran medida, pues para una persona en medio de tal incomodidad, la compostura servía como un faro. La suave manera de hablar de Anastasia era más que suficiente para crear tal impresión en Joshua.
― Lady Anastasia, esto parece una situación que necesita de la guardia, anunció Julius. ―Regresaré en breve. ¿Puedo confiarle este lugar a su cuidado?
―Sí, me parece que esho esh lo mejor, asintió ella.
―Entendido. Joshua, te confío a Lady Anastasia. Llamaré a la guardia y regresaré de inmediato.
―¡S-Sí!, respondió Joshua. ―Julius, por favor, ten cuidado. Dicho esto, Julius y Anastasia procedieron a tomar sus siguientes acciones.
Dejándolos a cargo de la seguridad de la mansión, Julius le había confiado Anastasia a Joshua, y se dirigió rápidamente a un puesto de guardia. Mientras tuvieran un caso, sería deber de la guardia buscar a Azla de ahora en adelante.
―¡Espera, Lady Anastasia!, llamó Joshua. ―¡¿No debería esperar aquí a que regrese mi hermano?!. Sin embargo, sin hacer caso a Joshua, Anastasia salió inmediatamente de la habitación. Él se apresuró a seguirla.
Sin mirarlo a él, respondió: ―Eshcucha. Una vez que la guardia llegue en masha, lash cosash se van a poner locash. Así que antesh de que eso pase, tenemosh que hacer lo que solo nosotrosh podemosh. Algo que no she puede hacer con Julius cerca.
―¿Algo que no podemos hacer con mi hermano cerca…?, preguntó Joshua, atónito. ―¿Existe siquiera tal cosa en este mundo?
―Puede sonar sorprendente, pero te asheguro que exishte, respondió Anastasia con una sonrisa irónica. ―Toma eshto, por ejemplo….
Dicho esto, se dirigió a la casa vecina a la residencia de los Azla y golpeó la puerta, llamando: ―¿Hola? Su vecino, el Sr. Azla, acaba de sher atacado. ¿No habrán vishto algo por casualidad?
―¡E-Espera!. Sobresaltado por la audacia de Anastasia, el rostro de Joshua se puso pálido mientras miraba alternativamente el perfil de Anastasia y la puerta de la casa vecina. ―¿E-Está realmente bien decir algo así tan directamente? Si supieran algo, ¿no lo habrían ya reportado a la guardia?
―Shhh. Colocando un dedo sobre sus labios, Anastasia le hizo señas a Joshua para que se callara. No podía entender sus intenciones. Sin embargo, hasta ahora, Anastasia había demostrado un historial consistente que desafiaba las expectativas, llevándolos hasta Azla. Confiando en eso, Joshua cerró la boca.
―Mmm, nada en absholuto…, murmuró Anastasia. ―En eshe caso, pasemosh a la gente al otro lado de la calle. Sin inmutarse, pasó a la siguiente casa.
Joshua, aunque perplejo, no tuvo más remedio que seguir su ejemplo. Julius le había confiado su cuidado. Sumido en un vórtice de incertidumbre sobre lo que podía hacer, sabía que no podía abandonar su deber.
Manteniendo el impulso, Anastasia recorrió los alrededores de la residencia de los Azla, haciendo preguntas a diestro y siniestro. Y, como era de esperar, todos a quienes preguntó la ignoraron. Al final, no obtuvieron ninguna pista, lo que hizo que Joshua se encogiera de hombros, derrotado.
Después de sus numerosos intentos fallidos, Joshua esperaba a que Julius regresara con la guardia, cuando una voz áspera se dirigió a ellos.
―¡Oye! ¡Ustedes dos, de ahí! Tienen algunas preguntas o algo, ¿verdad?. El dueño de la voz era un hombre con un aura bastante agresiva. Estaba rodeado de hombres con vibraciones igualmente intimidantes. Joshua sintió un incómodo sudor frío recorrer su espalda.
―Eh, bueno, verán… Oh, no somos individuos sospechosos…. Protegiendo a Anastasia detrás de él, Joshua intentó contener a los hombres.
Sin embargo, Anastasia habló desde detrás de Joshua. ―Sí, sí, estamosh en un pequeño aprieto. ¿Lesh importaría soltar la sopa, muchachosh?
―¡-Lady Anast… ¡mmmph!. Cuando Joshua intentó decir su nombre, una mano desde atrás le cubrió la boca, dejándolo sin habla. En ese momento, escuchó la voz de Anastasia susurrando suavemente en su oído.
―No digash mi nombre.
―Ah—. Soltando su mano de la boca de Joshua, Anastasia dio un paso al frente con gracia. Él se dio cuenta de que se había quitado su familiar sombrero y bufanda, transformando su apariencia respecto a su yo habitual.
Joshua comprendió que era un esfuerzo por mantener en secreto su identidad como Anastasia Hoshin. También se dio cuenta de que la situación había salido tal como ella había anticipado. Tomando una respiración profunda, Joshua se armó de valor. ―Bien, entonces, ¿cómo debo llamarte por ahora?
―Por ahora, usemosh Ana. Hay que mantener todo en shecreto, ¿sabesh? Muy bien, hora de una excursión de estudiosh socialesh.
Rodeado por los hombres, Joshua sintió un escalofrío recorrer su espalda. Anastasia, por el contrario, guiñó un ojo juguetonamente con total compostura. Asombrado por su aplomo, Joshua se dio cuenta de que Anastasia había dejado su sombrero y bufanda en la residencia de los Azla como un mensaje para Julius. Continuó siguiéndola, todo mientras reflexionaba: ―¿Estás seguro de que podemos confiar en esta persona, querido hermano?
Y así, se dejaron llevar por los hombres en silencio, mientras Joshua, todo el tiempo, se dirigía mentalmente al ausente Julius con sus preocupaciones.
8
Un día, Anastasia Hoshin, una de las candidatas al trono del Reino de Lugunica, recibió una petición inusual del Barón Nico Olsen, un coleccionista de arte.
El contenido de la petición era bastante peculiar: localizar al maestro falsificador responsable de replicar la preciada obra maestra del barón, Miderine Durmiente. Anastasia, que ocasionalmente comerciaba con obras de arte, compartía un interés mutuo con el barón en evitar la circulación de falsificaciones tan exquisitas y en asegurar su apoyo.
Al aceptar la tarea, Anastasia y su equipo comenzaron su investigación. Tres días después, dieron con información sobre un individuo que parecía haber denunciado al falsificador: un hombre conocido como Azla. Al visitar su residencia, se hicieron evidentes signos de una posible agresión y secuestro.
En su búsqueda de más información, Anastasia y su equipo comenzaron a interrogar a la gente de los alrededores. De repente, surgió un grupo de individuos de aspecto rudo que parecían saber algo. Luego los guiaron a una taberna mal iluminada, que parecía ser su guarida.
―¿Son ustedesh losh que mataron a Azla Eastern?, preguntó Anastasia abruptamente, tomando a Joshua por sorpresa y haciéndole soltar un chillido. Dentro de la taberna, mal iluminada, había varias figuras sombrías, todas emanando un aire violento.
Con Joshua, dolorosamente consciente de su complexión delgada, era una lucha injusta en términos de grosor de brazos y piernas contra estos formidables oponentes. En medio de este grupo, Anastasia, que era incluso más delicada que Joshua, emanaba una sensación de descarada confianza. Sin embargo, sabía que la compostura por sí sola no los protegería de la ira contenida de los demás.
De repente, un hombre de aspecto rudo, sobresaltado por la pregunta, golpeó la mesa con la mano. ―Oh, oh. Una sensación de fatalidad inminente inundó a Joshua, pero ya era demasiado tarde. La mesa se inclinó, haciendo que la copa se deslizara grácilmente y se hiciera añicos en el suelo.
―¿Qué diablos están haciendo ustedes aquí?, exigió uno de ellos.
―¡Sí! ¡No crean que pueden entrar aquí tan campantes y salir ilesos!, coreó otro.
―¡Ya los oíste! ¡Ven, si te atreves, granuja!, gritó un tercero.
Anastasia y Joshua se encontraron rodeados por los hombres enfurecidos, que les lanzaban insultos en un coro ensordecedor, su fervor tan abrumador que la segunda mitad de sus palabras era indistinguible.
La visión de Joshua se nubló, abrumado por la intensidad de los hombres. Su corazón se aceleró como si fuera a saltarle del pecho, y las náuseas surgieron dentro de él. Pero incluso en esta situación extrema, Anastasia permaneció impasible.
―Bueno, bueno, no armemosh tanto alboroto, interpuso ella con calma y una sonrisa graciosa, sin inmutarse por el caótico alboroto de los hombres. Continuó valientemente preguntando por el paradero de Azla en medio de sus ruidosos “conocidos”.
―¿Eshtarían dispuestosh a escucharnosh? Tenemosh una petición.
―¡¿A-A-Ana?! ¿Tienes un plan?, preguntó Joshua, con la voz temblorosa. Asombrado por su valentía al preguntar a estos rufianes sobre el paradero de Azla, sabía que tenía que haber un plan detrás de sus acciones.
En una evaluación inicial, el grupo frente a ellos parecía ser de no menos de diez. Incluso en un enfrentamiento uno a uno, Joshua sabía que no podría proteger adecuadamente a Anastasia. Parecía desesperado. “Si tan solo Julius estuviera…”.
Conteniendo las palabras que casi se le escapan de los labios, Joshua cerró los ojos con fuerza. Julius, que los había acompañado durante la investigación, se había separado de ellos para informar a la guardia sobre el vandalismo en la casa de Azla. Naturalmente, si Julius hubiera estado presente, no habría habido razón para que Joshua se sintiera aprensivo, sin importar el número de oponentes que enfrentaran. Sin embargo…
―Si Julius eshtuviera cerca, me parece que no she atreverían a acercarshe a nosotrosh en primer lugar, dijo Anastasia, terminando su pensamiento no expresado.
―Así que esa era tu intención, después de todo. Joshua, exasperado.
―Oh, absolutamente, respondió ella, un guiño juguetón acentuando su actitud. ―¡Si quieresh ganar en grande, tienesh que aposhtar en grande! Recuerda esho, Joshua. Joshua no podía comprender cómo podía mantenerse tan serena.
La postura de los hombres no parecía ser un simple farol para Joshua. Realmente parecían empeñados en deshacerse por completo tanto de él como de Anastasia, a quienes consideraban poco más que invitados no deseados. Anastasia, que ocupaba una de las posiciones más estimadas del país, sin la compañía de ninguno de sus camaradas: ni Ricardo, ni Mimi, y sobre todo, ni Julius Juukulius.
―Joshua, te confío a Lady Anastasia. En ese fugaz instante, mientras Joshua recordaba a su hermano ausente, las últimas palabras que Julius le había encomendado resonaron en su mente.
No puedo ni empezar a imaginar lo sorprendido que estará cuando regrese con la guardia solo para encontrarnos desaparecidos. Y lo preocupado que estará. A pesar de tales pensamientos, se recordó a sí mismo que le habían encomendado un deber específico. Ahora, cargaba con la responsabilidad del bienestar de Lady Anastasia Hoshin, la persona que más le importaba a Julius.
Conteniendo la respiración, Joshua forzó sus ojos dorados a abrirse y escudriñó el interior de la taberna. Los hombres continuaban mirándolos con una hostilidad latente. Sin embargo, su atención no estaba fija en ellos; tenía algo más en mente, una estrategia para navegar esta situación desafiante. Por ejemplo, las espadas ornamentales montadas en las paredes de la taberna. ―¡Ana, por aquí!, llamó.
En una fracción de segundo, la vacilación de Joshua se desvaneció. Rápidamente agarró el brazo de Anastasia y forcejeó para abrirse paso a través del grupo que los rodeaba. Parecía que ni Anastasia ni los hombres habían anticipado el movimiento decisivo de Joshua. Aprovechando su sorpresa momentánea, Joshua logró escabullirse. Luego, estiró la mano hacia una de las espadas decorativas que colgaban de la pared.
Desenvainando la espada, Joshua se colocó protectoramente enfrente de Anastasia. Al ser testigo de la desesperada resistencia de Joshua, uno de los hombres se burló de él con un sonsonete. ―Oye, ahora, estás bromeando, ¿verdad?
Pero no era solo ese hombre quien lo encontraba gracioso. Los demás parecían considerar las acciones de Joshua como meras bravuconadas. En lugar de enojo, su furia reciente se había transformado en diversión, similar a un gato jugando con un ratón.
Sin embargo, Joshua iba en serio, sin intención de bromear o jugar. Sostener una espada que no tenía ningún deseo de blandir por una broma era lo último que haría.
―No esperen que me contenga, advirtió Joshua. ―No he blandido una espada en casi diez años.
―¡Mírenlo!, se burló uno de los hombres. ―¡El mocoso dice que no se va a contener! Ooh, ¡estoy tan asustado que me meo en los pantalones! ¡Oye, Sr. Espadachín! ¿Nos va a acuchillar a todos o qué?
―No soy un espadachín, lo corrigió Joshua. ―Soy un caballero.
―¿Eh?. La sonrisa grosera del hombre desapareció. Por supuesto, Joshua sabía que esto solo lo agitaría más. Lo sabía, pero era todo lo que podía hacer para provocarlo. Porque…
―Soy el hijo de un caballero. Incluso si estos brazos débiles puedan descalificarme para tal posición, mi espíritu no se quebrantará. Por encima de todo, Joshua alzó la cabeza, sus brazos temblorosos agarrando la espada con firmeza mientras miraba fijamente al hombre, ―soy el hermano del hombre más caballeresco del país. ¡¿Cómo puedo retroceder aquí?!. Con una rabia inusual en su voz, Joshua dio un paso al frente y blandió la espada.
―¡¿Qué demonios—?!, exclamó el hombre, con la voz quebrada. Fue un movimiento débil. Una década sin blandir una espada no era una exageración. Un chico diez años más joven podría haber logrado un golpe más decente. Aun así, sirvió para derribar a aquellos con intenciones maliciosas. Una espada empuñada para proteger a los justos contra la malicia: era verdaderamente la espada de un caballero.
―¡Urk!. En el momento crucial, el hombre levantó el brazo para protegerse, pero la sangre goteó de su mano cuando el golpe de Joshua lo alcanzó.
La espada ornamentada que estaba en exhibición no era, en efecto, más que una decoración. La hoja, descuidada y sin el mantenimiento adecuado, estaba desafilada.
Combinado con la falta de habilidad del caballero, solo logró cortar superficialmente la delgada piel de la mano del hombre. Sin embargo, fue un golpe suficiente para mostrar la determinación de Joshua. Y fue suficiente para enfurecer a los hombres que se habían regodeado en su superioridad atormentando a los débiles.
―¡Hijo de…!. El hombre, cuya palma había sido cortada superficialmente, se abalanzó sobre Joshua furioso. Su palma parecía un arma mucho más peligrosa que la espada del desventurado caballero. Pero antes de que pudiera alcanzar su objetivo…
―En serio, losh chicosh siempre tienen que eshtar presumiendo, ¿no?. Anastasia, protegida detrás de él, habló con un suspiro. Su voz resonó más profundamente en su conciencia que el clamor furioso del hombre enfadado. Distraído por su voz, Joshua fue jalado por el cuello y tropezó hacia atrás.
En ese instante, el brazo del hombre, todavía goteando sangre, pasó justo ante sus ojos mientras lo esquivaba por poco. Mientras Joshua se tambaleaba hacia atrás, su cuerpo que caía fue sostenido por un brazo delgado y delicado. ―L-Lady Anastasia….
―Es Ana. Pero ya que te vishte bashtante guapo allá afuera, me parece que dejaré pashar eshta, dijo Anastasia, dirigiendo una suave sonrisa a Joshua, que accidentalmente la llamó por su nombre real en el calor del momento.
Pero todavía no estamos completamente a salvo, se dijo Joshua tras ver la sonrisa de Anastasia. Si ese tipo da un paso más, su peligrosa palma podría alcanzarnos fácilmente.
―¡¿Qué diablos están haciendo ustedes, acurrucándose ahí?! ¡Ustedes, mocosos—!.
―¿Por qué me eshtoy acurrucando, preguntash?, dijo Anastasia, asomando la cabeza desde detrás de Joshua. ―Digo, tengo dosh caballerosh aquí para protegerme. ¿De qué hay que asushtarse?. Sacó la lengua juguetonamente.
―¿Dos…?. Antes de que Joshua pudiera comprender completamente el significado de sus palabras, la respuesta hizo una aparición dramática ante ellos. En un instante, con un estruendo ensordecedor, las puertas cerradas de la taberna se abrieron de golpe.
Desde el otro lado de las puertas reventadas, detrás de donde los hombres estaban plantados, atónitos, emergió un hombre apuesto con cabello lila claro.
―Lamento eso. Parece que, de alguna manera, lo golpeé con demasiada fuerza.
―¡J-Julius! ¡¿Por qué estás aquí?!. Joshua miró boquiabierto, asombrado, mientras Julius entraba en el establecimiento en lo que parecía un milagro. Al ser testigo de la reacción de su hermano, Julius dejó brevemente que una sensación de alivio, un sentimiento compartido solo entre familia, apareciera en las comisuras de su boca.
―Oh, nada, dijo, negando con la cabeza mientras se componía rápidamente. ―Cuando regresé con la guardia, no pude encontrar rastro de ustedes dos. Pensé que algo podría haber sucedido, así que realicé una búsqueda en el área… y encontré esto.
―Eso es de Lady Anastasia…. Notó el cuello de piel de zorro blanco que Julius sostenía. Era algo que Anastasia siempre usaba, pero sin duda lo había descartado cuando los hombres la llevaron a la taberna para ocultar su identidad. Debió de haberle dado la pista sobre la base de operaciones de los hombres.
―Lady Anastasia, ¿está us—mmph!
―Has sido demasiado deshcuidado deshde hace rato, dijo Anastasia, interrumpiendo las palabras de Joshua al presionar su dedo contra sus labios. ―Esh Ana. Solo lo dejé pasar esha vez.
―Ya veo, a eso vas, dijo Julius, comprendiendo la intención de Anastasia de usar su alias. ―En ese caso, yo soy Juli.
―Estásh muy encariñado con eshe nombre, ¿no?, dijo Anastasia, riéndose ante su elección de pseudónimo por razones que Joshua no entendía.
―¡I-Idiotas! ¡Cómo se atreven a ignorarnos!. Los hombres recuperaron la compostura en medio del tranquilo intercambio de los invasores. ―¡Así que hay un niñito bonito más! ¡¿Y qué?! ¡Eres solo un—!
―Lo siento, pero estamos cansados de sus insultos, respondió Julius con frialdad, cortando al hombre. ―No me importa a mí, pero a los dos detrás de mí, especialmente.
El hombre que se había enfrentado a Joshua le ladró a Julius de la misma manera. O al menos, lo intentó, pero en vano. En medio de sus palabras, Julius pareció haber desaparecido de la vista del hombre. En realidad, se había agachado muy bajo y se había deslizado entre ellos como el viento. Pero el hecho de que sus ojos ni siquiera pudieran seguirlo dejaba clara la brecha en su fuerza.
Mientras Julius hacía su entrada, Joshua y Anastasia susurraron aliviados. ―Ese es mi hermano, elogió Joshua.
―Y eshe esh mi caballero, añadió Anastasia. Inmediatamente después, el hombre que les había estado gritando cayó de cabeza al suelo.
Las largas piernas de Julius se balancearon, barriendo al hombre de sus pies. El hombre, que todavía buscaba al Julius desaparecido, se desplomó antes de poder darse cuenta de lo que había sucedido. En un instante, Julius se alzó ante los otros hombres atontados que acababan de verlo derribar a uno de sus camaradas. Se plantó protectoramente con Joshua y Anastasia detrás de él.
―Doce a la vista, dos más detrás de la barra. Esconderse es inútil. Los insultos se pagarán con venganza. Sin embargo…. Julius desabrochó su espada de caballero de la cadera y se la entregó a Joshua, detrás de él. Joshua tomó la espada e inmediatamente se sorprendió por su peso, a lo que Julius sonrió. ―Lo hiciste bien, Joshua.
Joshua, habiendo sido elogiado, sin embargo, no podía encontrar las palabras adecuadas para decir.
―Hoy, no soy un caballero, dijo Julius, volviendo su atención hacia los hombres. ―Por lo tanto, no usaré la espada. En cambio, me enfrentaré a ustedes como Juli, un mercenario errante, con estos puños. ¿Qué les parece?
Al oír esto, la visión de Joshua se nubló con lágrimas mientras los hombres reavivaban su furia. Mientras se lanzaban hacia adelante con insultos incomprensibles, Julius giró casualmente los brazos y dio un paso al frente.
―Juli, no te hagash daño, advirtió Anastasia.
―Entendido, respondió él. Animado por el apoyo inquebrantable de Anastasia, Julius golpeó con puños como una flecha. Un golpe en el pecho de su líder lo envió volando, haciendo que aquellos detrás de él perdieran su impulso.
Aunque superiores en número, no era suficiente para asegurar la victoria, por lo que el destino de los hombres había sido sellado. En cuestión de segundos, los quince hombres, incluido el primero que cayó, fueron aniquilados.
Y así, mirando a los hombres caídos, Julius suspiró, ileso. Reflexionó sobre su victoria, lograda desde su posición inalcanzable para cualquier otro. ―Esto difícilmente puede llamarse un resultado elegante.
9
―¡Miren, no fuimos nosotros quienes asaltamos la casa de Azla! ¡Nosotros también lo hemos estado buscando!. Quizás debido a la abrumadora derrota de los quince hombres, se habían vuelto más cooperativos al responder las preguntas de Anastasia. Sin embargo, las respuestas que obtuvieron estaban lejos de lo que esperaban.
―Así que ustedesh también han eshtado bushcando a Azla, ¿eh? ¿Esh por eso que también nosh eshtaban preguntando sobre él?, preguntó Anastasia.
―Sí. Nos costó una buena suma de dinero también, ¿saben?, respondió uno de los hombres.
―En resumen, fueron atraídos por la recompensa. Lo que significa que alguien los contrató e instruyó para encontrar a Azla Eastern. ¿Es correcto?. Bajo el suave interrogatorio de Julius, el hombre sentado en el suelo asintió varias veces. Julius mantuvo una actitud suave, manteniendo su cortesía hacia la otra parte. Sin embargo, eso no disminuyó su miedo a ser golpeados. Los rostros de los hombres estaban pálidos.
―No esperaría menos de ti, querido hermano. Incluso cientos de ellos no serían rival para ti.
―No importa cuán hábil sea, probablemente cientos de ellos me harían dudar. Por supuesto, si esos cientos te tuvieran a ti o a Lady Anastasia como objetivo, no lo pensaría dos veces.
―Julius…. Joshua estaba impresionado por la actitud de Julius. Pero Anastasia interrumpió su muestra de amor fraternal con una palmada.
―Muy bien, muy bien, bashta de comedia hermanil empalagosha. Luego se volvió hacia el ligeramente avergonzado Julius. ―Graciash de nuevo por ayudarnosh, Juli. Hicishte un gran trabajo siguiendo nuestrash pistash.
―Bueno, al verlo tan descaradamente colocado justo en medio del camino, fue bastante difícil no verlo. Honestamente, estoy aliviado de que nadie más lo recogiera antes que yo. Me da escalofríos solo pensarlo.
―¿Jushto en medio del camino?, comentó Anastasia. ―Honeshtamente, esha chica realmente tiene un don para el deshcuido….
―¿Ana?
―No, no, no esh nada. Hablando de eso, es bashtante refreshcante que me llamesh Ana, Juli, dijo Anastasia alegremente a Julius, todavía disfrazado.
Esbozando una sonrisa, respondió suavemente: ―Cuando usted lo desee… Pero dejando eso de lado, parece que hay otros además de nosotros buscando a Lord Azla.
―Eso parece. Oigan, ¿alguna vez le preguntaron a shu empleador por qué eshtán bushcando a Azla en primer lugar?, inquirió Anastasia a los hombres.
―N-No, no preguntamos nada…, respondió el hombre. ―Pero….
―¿Pero?
―Pero estaban actuando todos nerviosos. Diciendo alguna basura sobre cómo estaremos todos metidos hasta el cuello si no nos apuramos. No estaba claro cuán confiable era la impresión del hombre sobre su empleador, pero no parecía estar mintiendo. Después de algunas preguntas más que no arrojaron mucha más información útil, Anastasia y sus compañeros salieron silenciosamente de la taberna.
―Parece que ushtedes no quieren llamar la atención. Me parece que deberían largarshe de aquí antesh de que aparezca la guardia. Con esas palabras de despedida de Anastasia, se marcharon.
―Aun así, esta situación se ha vuelto bastante complicada, ¿no?, dijo Julius.
―Seguro que shí, respondió Anastasia con un suspiro. ―Parece que tanto nosotrosh como esosh tiposh de antesh nosh perdimosh a Azla por poco. Lo que significa que si el secueshtro de Azla fue obra de otro….
―Eso significa que hay al menos tres facciones tras él, añadió Julius, terminando su pensamiento.
Mientras salían de la taberna y se reunían en una tienda frente a la calle principal para organizar la información, la conclusión a la que llegaron dejó a los tres con expresiones solemnes.
Los rufianes en la taberna no lograron asegurar a Azla. Y tras confirmar que no fueron ellos quienes destrozaron su casa, la única otra explicación era que otra facción era responsable. Y sin duda, era la facción que lo secuestró la que actualmente ocupaba la posición más ventajosa.
―Dicen que quien contrató a esos rufianes es una mujer llamada Amilét….
―Amilét Megis… Una comerciante de antigüedadesh bashtante notoria, que maneja objetosh robadosh y esash cosash, explicó Anastasia. ―Hay un montón de rumoresh desagradablehs sobre ella circulando.
―¿Por qué alguien como ella estaría tras Lord Azla?, cuestionó Joshua, ladeando la cabeza confundido. Julius lucía una expresión de contemplación. Sin embargo, Anastasia murmuró asintiendo.
―¿Lady Anastasia? ¿Se le ocurrió algo?, preguntó Julius.
―Eshpera, Juli, advirtió Anastasia. ―Esosh tiposh de antesh podrían todavía estar siguiéndonosh. No bajemosh la guardia, ¿vale?
―Ya veo. Bueno entonces, Ana, ¿qué notó?
―Jejeje… El motivo del enemigo, respondió Anastasia con una sonrisa de complicidad. ―Eshcuchen. Hizo una seña a los hermanos de ojos muy abiertos para que escucharan con atención y se acercaran.
―El motivo de la comerciante de antigüedadesh Amilét esh bastante directo. Eshtá trash Lord Azla, quien ha eshtado exponiendo falsificacionesh de arte porque perjudica su negocio.
―¿Perjudica su negocio, dice? ¿Eso significa…?
―Que ella ha estado vendiendo a sabiendas pinturas falsificadas, soltó Joshua, emocionado al comprender las especulaciones de Anastasia. Uy, qué vergüenza. Eso fue poco profesional de mi parte, ¿verdad? Pero para su sorpresa, Anastasia asintió de acuerdo con su respuesta.
―Joshua, dishte en el clavo, afirmó Anastasia. ―La comerciante de antigüedadesh Amiléjt ha eshtado vendiendo a sabiendash falsificacionesh a sush clientesh.
―Lo que significa que las acusacionesh de Lord Azla son un inconveniente para ella… Si ha eshtado vendiendo falsificacionesh como si fueran realesh todo este tiempo, la diferencia de precio debe ser enorme.
―Y no shiempre esh gente complaciente como el Sr. Olsen la que quiere comprar arte. Me parece que hay un montón de amantesh del arte merodeando en losh negociosh másh rudosh y tumultuososh también.
Las especulaciones de Anastasia tenían sentido. Efectivamente, si este fuera el caso, la comerciante de antigüedades que había estado tratando con falsificaciones no solo sufriría grandes pérdidas financieras, sino que también podría estar en grave peligro. Tenía sentido que entraran en pánico e intentaran capturar a Azla para silenciarlo. ―Pero cometieron un error, dejando que alguien másh she adelantara y she llevara a Azla antesh que ellosh.
―En ese caso, es razonable asumir que la Sra. Amilét y el imitador están conectados, ¿no es así?, preguntó Julius. ―Para comprar y vender falsificaciones, presumiblemente se debe tener una mano en el negocio.
―Si, lo hash entendido, asintió ella. ―Neceshitarían un vínculo directo con el imitador. Aunque me pareche que encontrar el paradero de la Sra. Amilét sherá tan deshafiante como encontrar al propio Azla.
―Si ella es consciente de que la persiguen, ¿no estaría huyendo?, se preguntó Joshua. A pesar de llegar a comprender su situación, todavía no hemos llegado al meollo del asunto. Francamente hablando, aunque nuestro objetivo inicial era encontrar al imitador, a nivel emocional, no podemos simplemente olvidarnos de Azla. Todavía no sabemos su razón para exponer las falsificaciones. Sin embargo, sin sus denuncias…
―Como mínimo, no habríamos sabido que la Miderine Durmiente es falsa, y el orgullo mancillado de los coleccionistas habría pasado desapercibido, continuó Joshua.
―Bueno, Joshua, ¿estásh bashtante entusiastha?. Apoyándose en la mejilla y sonriendo, las palabras de Anastasia lo avergonzaron.
―Uh, no, lo siento. Me dejé llevar un poco….
―Eshtá bien, relájate. Cualquiera she alteraría al deshcubrir que algo que amaba era una falshificación.
A veces es difícil lidiar con cómo esta chica puede tomar acciones tan temerarias, e incluso influir en el por lo demás recto Julius. Creo que es simplemente su manera de hacer las cosas, pero de cualquier forma, no me molesta.
―Entonces, Ana, ¿qué hacemos ahora?, preguntó Julius. ―Todavía no tenemos ninguna pista.
―Mmm, esho esh cierto. Ya fracasamosh en eshta dirección. Supongo que será mejor empezar a bushcar pistash deshde otro lado.
―¿Otro lado? Um, ¿tienes más travesuras planeadas?. Joshua no pudo evitar dejar escapar sus verdaderos sentimientos.
―Joshua, esa es una forma grosera de preguntar, comentó Julius, frotándose la ceja con frustración. Joshua se cubrió rápidamente la boca, dándose cuenta de su metedura de pata, pero Anastasia no se ofendió.
―No hay necesidad de dishculparse. Másh bien, parece que Joshua eshtá empezando a entenderme mejor. Aunque no eshtoy shegura de poder cumplir con esash expectativash….
―¿Te refieres a que Ricardo y los demás no están aquí ahora?, preguntó Julius.
―A diferencia de Joshua, continuó Anastasia, ―mi caballero no esh tan encantador.
―Aunque ahora soy más un mercenario que un caballero, concluyó Julius. Anastasia puso una expresión algo desabrida ante su respuesta sin fisuras. Era como si la hubieran superado en astucia, y Joshua quedó impresionado por su comentario ingenioso.
Aunque originalmente se llevaban bien, su química había mejorado aún más desde que eran señora y sirviente. Considerando la batalla por la selección real, esto era lo mejor posible. Sin embargo, al mismo tiempo…
―También significa que mi hermano está cambiando, pensó Joshua. Justo cuando esa sensación de desolación se le escapó de la boca, otra voz los llamó, interrumpiéndolo.
―¡Oh, señorita! La encontré. ¡Me alegro de que esté aquí!. Al mirar más de cerca, un niño gatuno de cabello naranja se acercó a ellos cerca de la ventana, desde fuera de la tienda. Era Hetaro, el hermano menor de Mimi. Lucía una expresión de alivio en su rostro gentil mientras se palmeaba el pecho con un suspiro. ―¡Estaba tan preocupado, señorita! ¡Cuando llegué a la dirección, había guardias por todas partes!.
―Ah, eshe era el lugar de Azla, dijo Anastasia. ―Lo siento, no tuve tiempo de avisarlesh. De todosh modosh, ¿cómo lograron encontrarnosh?.
―Julius y Joshua tienen un aroma realmente único, explicó Hetaro. Joshua se sorprendió por el olfateo de Hetaro.
―¿Eh? ¿No solo mi hermano, sino yo también?
―Joshua, ¿por qué estás tan sorprendido?, preguntó Julius con una mirada fija. Joshua había asumido que era natural que Julius tuviera un aroma floral, pero estaba genuinamente sorprendido de que lo trataran de la misma manera.
―Julius y Joshua tienen un aroma similar, continuó Hetaro. ―Ambos tienen una mezcla de aromas fuertes y suaves, pero el de Joshua podría ser un poco más aceitoso.
―¿A-Aceitoso?, preguntó Joshua, atónito.
―Debe ser el olor de los suministros de arte, pensó Julius. ―A veces también lo percibo en Joshua.
Joshua olió su manga, pero no pudo detectar nada inusual. Aunque sería extraño comparar su sentido del olfato con el de Hetaro, que era un semihumano. Supongo que es mejor no preocuparse por eso.
―Por cierto, Hetaro, ¿por qué nos buscabas?, preguntó Joshua.
―Esho shería para mi otra travesura. Anastasia rió con una sonrisa pícara, burlándose del comentario anterior de Joshua. ―Entoncesh, Hetaro, ¿cómo lo hicieron?
Hetaro, que no entendió este intercambio, ladeó la cabeza hacia Joshua, quien se encogió de hombros. ―Justo como usted dijo, señorita, había alguien que había estado coleccionando pinturas antiguas que no eran muy famosas, y de alguna manera logramos rastrear su lugar de trabajo.
―Oh, cielosh, ustedesh, chicosh, son terriblemente capacesh, ¿no?. Anastasia asintió en respuesta al informe de Hetaro, acariciando la cabeza del joven niño-gato. Él se sonrojó y sonrió con timidez. ―Si lograron averiguar esho, me parece que esh todo lo que necesitamosh.
Sin embargo, los hermanos Juukulius ladearon la cabeza en respuesta a su informe. En lo que a ellos concernía, era otra pieza del rompecabezas que los llevaba al imitador. ―Ana, no lo sigo del todo. Lo siento, pero ¿podrías explicar?, preguntó Julius.
―Si, explicaré sobre la marcha, dijo Anastasia, estirándose ligeramente y envolviéndose el cuello una vez más con la bufanda de piel de zorro blanco que había estado sosteniendo. ―Aunque odio irme, ya esh hora de volver a sher Anastasia.
Aunque el clima este día era lo suficientemente cálido como para considerar una bufanda innecesaria, la chica de piel pálida la llevaba con naturalidad y gracia, sin la más mínima señal de incomodidad. ―Ahí está la Anastasia que todos conocemos y amamos, comentó Julius ante la vista de su señora. ―Hermosa.
―Bueno, no te equivocash. Vamosh, Julius y Joshua, larguémonosh de aquí.
―Sí, entendido. Entonces, um, ¿adónde vamos?, preguntó Joshua.
―Esh obvio, ¿no?. Anastasia se encogió de hombros ante la pregunta alterada de Joshua. Luego, lució su típica sonrisa traviesa y respondió con audacia: ―Nosh vamosh al lugar del imitador.
10
Siguiendo a Anastasia, se dirigieron hacia su destino: la residencia del imitador. Según la información proporcionada por Hetaro, era la galería de un pintor oscuro llamado Hogey Marshepo.
―Nunca he oído hablar de él. Es un nombre desconocido, comentó Joshua.
―¿No esh más conveniente ashí para un imitador?, señaló Anastasia. ―Si fuera famohso, la gente reconocería su eshtilo pictórico. Ser un artishta deshconocido esh esencial para un imitador.
―Pero que alguien cree pinturas tan impresionantes…. Pensando en la falsificación que era la Miderine Durmiente, Joshua no pudo evitar preguntarse.
La Miderine Durmiente, la obra maestra que Anastasia había identificado como falsa, era ciertamente una que había engañado a muchos como pintura auténtica durante años. Con ese nivel de habilidad, es plausible que el imitador tenga un talento considerable por sí mismo—un talento que lo hace mucho más dotado que alguien como yo, que solo empuña el pincel como pasatiempo.
―Siempre hay una razón detrás de las acciones de las personas, especuló Julius. ―Debe haber una razón significativa para que esta persona, Hogey, se convierta en un falsificador.
―¿Realmente hay una razón convincente para pintar falsificaciones?, cuestionó Joshua.
―No lo sabría. Supongo que soy tan amante del arte como cualquier otro. En ese aspecto, probablemente eres mucho más capaz que yo, Joshua. Lady Anastasia—.
―¿Sí?
―¿Qué le hizo pensar que Hogey Marshepo era el imitador?, preguntó Julius mientras caminaban y conversaban. En respuesta a su pregunta, Anastasia alzó un dedo a mitad del paso.
―Déjenme refrescarlesh la memoria, comenzó. ―¿Recuerdan cómo dishtinguir entre una pintura falsha y la auténtica?
―Si recuerdo correctamente, el estilo y la técnica son importantes, pero también los materiales utilizados, respondió. ―A veces, los artistas falsificadores usan materiales que no estaban disponibles en la época de la obra original, lo que puede ser una pista.
―En el clavo, confirmó Anastasia. ―Y esosh materialesh incluyen pinturash, pincelesh y… papel. El papel también esh un material, ¿no?
Los ojos de Joshua se abrieron de par en par, dándose cuenta, ante la afirmación segura de Anastasia. ―¡Lo entiendo! Para crear falsificaciones de arte de una época específica, necesitarías papel del mismo período. Entonces, deben haber reunido pinturas no vendidas de esa época….
―Y usharlo como lienzo para hacer una nueva pintura, terminó ella. ―Bueno, me parece que esha esh una forma de hacherlo.
―No tenía idea…. Las técnicas de fabricación de papel han cambiado significativamente del pasado al presente. El papel, que solía hacerse de pieles de animales, ha evolucionado en algo completamente diferente. Lo mismo ocurre con los suministros de arte. ―Se tomaron la molestia de coleccionar pinturas antiguas no vendidas, y luego pintaron sus propias obras nuevas directamente encima… El mundo de la falsificación se basa en ideas extraordinarias, ¿no?, reflexionó Julius.
―Bueno, sí, esha esh otra parte. De todosh modosh, hemosh llegado, dijo Anastasia, señalando su ubicación: la galería de Hogey Marshepo.
Y si nuestras especulaciones anteriores eran correctas…
―Azla Eastern también podría estar aquí.
―Tanto para el comerciante de arte vendiendo las falsificacionesh como para el pintor creándolash, la preshencia de un acushador no sería nada menosh que problemática … Ashí que eshte tiene que ser el lugar.
Al escuchar las palabras de Anastasia, Julius cuestionó a su señora con una mirada seria: ―Bien entonces, ¿entramos?
Si es cierto que Azla está dentro, cuanto más tiempo tomemos, más riesgo hay de que su vida esté en peligro. En tal caso, un asalto frontal sería la opción más apropiada.
―Pensar que yo podría tener tal pensamiento… ¿Podría ser esta su influencia?, se lamentó Joshua.
―Bueno, lo interrumpió Anastasia, ―no creo que entrar a lo loco shea la mejor idea. No por tush preocupacionesh, Joshua, sino porque esh una galería de arte, despuésh de todo. ¿Por qué no intentamosh llamar educadamente?. Con una sonrisa irónica dirigida al dudoso Joshua, Anastasia golpeó la puerta de la galería. Después de un momento, un tropel de pasos se acercó desde dentro.
La puerta se abrió, y un hombre delgado, barbudo y de mediana edad se reveló. ―Lamento haberlos hecho esperar. La gente no viene mucho por estos días. Si no les molesta que pregunte, ¿quiénes podrían ser ustedes, buenas personas?
―Un placher conocerlo, shoy Anastasia Hoshin. Shi alguna vez ha oído hablar de la Compañía Hoshin, somosh algo importantesh.
Al ver a Anastasia tomar el mando con confianza y presentarse, la expresión del hombre cambió rápidamente. Era evidente por la reacción del hombre que estaba bien informado. ―Vaya, ¿la Compañía Hoshin? Bueno, incluso antes de eso, el nombre que acaba de mencionar….
Era entrañable que alguien se pusiera tan nervioso al encontrarse con una candidata, reconocible de nombre y rostro, para la selección real que había estado sacudiendo a todo el reino. Joshua simpatizó con él.
―Así que ushted esh el Sr. Hogey Marshepo, ¿verdad?, preguntó Anastasia.
―Bueno, sí, así es. Me llamo Hogey Marshepo…. Aunque estaba nervioso, Hogey logró confirmar su identidad. En respuesta, Anastasia asintió varias veces con una sonrisa amistosa. Y luego, manteniendo el impulso de sus asentimientos, Anastasia miró a Hogey con sus ojos azul claro.
―Verá, me parece que fue ushted, Sr. Hogey Marshepo, quien pudo haber shido el reshponsable de falsificar esha pintura falsa de Miderine Durmiente, dijo Anastasia sin rodeos. ―¿Qué dice? ¿Mi evaluación eshtá muy equivocada?
Hogey se quedó congelado, sin palabras ante su interrogatorio directo. Observando desde un lado, Joshua no pudo evitar pensar en voz alta: ―Ir directo al corazón de tu oponente para ganar control… ¿No es una táctica que solo usan los adultos manipuladores?
―Joshua, eso no es algo muy agradable de preguntar, reprendió Julius, con una expresión severa.
11
Hogey condujo a los tres a su galería, donde, sorprendentemente, confirmó sus sospechas con una franqueza inesperada. Admitió sin reparos ser el imitador responsable de la pintura falsificada, la Miderine Durmiente.
―Como han deducido, soy efectivamente el falsificador del que hablan.
La sinceridad de sus palabras y acciones era suficiente para inclinarse a cuestionarlo. Pero al mirar alrededor de la galería, tales sospechas fueron rápidamente descartadas. Porque en ese preciso momento, Hogey había estado en proceso de crear una de sus obras. Falsificaciones, para ser exactos. Falsificaciones de numerosas pinturas famosas que cualquiera con un interés pasajero en el arte reconocería.
―Tremenda empresa exhtravagante, ¿no? Digo, shi pinturash famosash como estash empezaran a aparecer por todash partesh, ¿no sería esho simplemente pedir a gritosh un montón de atención no deseada?, preguntó Anastasia.
―Oh, no sería tan descuidado, explicó Hogey, rascándose la cabeza. ―No tengo planes de vender estas, sepan ustedes. Solo estoy intentando ver si soy capaz de recrearlas yo mismo.
Joshua respondió sin rodeos a Hogey mientras estudiaba las falsificaciones. ―¿Y ha confirmado esa habilidad?. Era una consulta simple, que había surgido naturalmente dentro de Joshua.
Las falsificaciones de obras de arte famosas en exhibición eran de una calidad notable. Aunque muchas todavía eran trabajos en progreso, a los ojos de Joshua, apenas tenían diferencia con los originales. Sin duda, estas falsificaciones estaban pintadas en un proceso casi idéntico a las versiones genuinas. ―Si es capaz de pintar tales obras…, comenzó Joshua.
―Lamentablemente, todavía me quedo corto, dijo Hogey, desviando la mirada. ―No puedo compararme con los originales. Todo lo que puedo lograr es una imitación débil, nada más.
Por alguna razón, a pesar de sus palabras, fue Joshua quien sintió una sensación de decepción. Pero no era la decepción nacida de los elevados estándares de ser un artista. Él era muy consciente de eso. Sin embargo, no podía precisar exactamente qué podría ser.
Mientras Joshua y Hogey conversaban, Anastasia contemplaba su discusión mientras admiraba las pinturas. ―Lady Anastasia, ¿cuáles son sus pensamientos?, inquirió Julius, a lo que ella soltó un pensativo murmullo.
La pregunta de Julius sirvió como una confirmación de la especulación anterior de Anastasia. A saber, la idea de que Hogey, el propio imitador, era el cerebro detrás del intento de silenciar a Azla, el acusador.
Sin embargo, esa teoría empezó a vacilar dentro de la mente de Anastasia una vez que el propio Hogey afirmó sus sospechas tan fácilmente. No podía entender por qué respondería a su pregunta con tanta facilidad si él fuera efectivamente el imitador y tuviera razones para ocultar sus propias obras como falsificaciones.
―Bueno, cuando te topash con algo que no entiendesh, lo lógico esh preguntar, dijo Anastasia. ―Hogey, ¿ha oído el nombre "Azla Eastern"?
―¡¿Eh?!. Tan pronto como mencionó el nombre de Azla, la expresión de Hogey se tensó notablemente.
―Oh, cielosh, esha esh una reacción mayor de la que eshperaba, comentó Anastasia. Eso solo lo hace más confuso, pensó. Entonces, ¿es un imitador de sangre fría, o un entendido del arte con la conciencia culpable?
Sin embargo, Hogey, aparentemente resignado a la acusación, asintió y dijo: ―Así que se enteraron de que mis piezas eran falsificaciones por mi hijo, ¿eh?
―¿Eh?. Al escuchar la inesperada confesión de Hogey, Anastasia y Julius se sorprendieron.
―Mi hijo… Azla… se le escapó el secreto sobre mi oficio, ¿verdad? Siempre despreció que yo trabajara como falsificador.
―Por favor, espere un momento, dijo Julius. ―Su respuesta se desvía ligeramente de nuestras expectativas. Habíamos asumido que Hogey y Azla tenían una relación perpetrador-víctima, pero ahora, una nueva conexión ha sido revelada: Hogey es el padre de Azla. ―Permítame confirmar una vez más, Sr Hogey. Azla Eastern… ¿es su hijo? ¿Su hijo biológico?
―Sí, en efecto, esa es la verdad, confirmó Hogey. ―Conocí a su madre hace muchos años, cuando yo era solo un joven. Pero con mis dificultades financieras, no pude casarme con ella como quería. Ser un pintor sin éxito no es exactamente una ocupación ideal para mantener una familia.
―Ya veo, todo empiezha a tener shentido, supuso Anastasia. ―Y fue entonces cuando Amilét Megis se acercó a ushted pidiéndole que pintara máhs falsificacionesh para ayudar a su propio negocio.
―Esa es la esencia, dijo Hogey, asintiendo de acuerdo a regañadientes. Debe haber sido una decisión amarga, pensó Julius. Hogey, incapaz de casarse con su esposa debido a problemas financieros, eligió el camino del artista falsificador. Luego usó las ganancias de sus obras falsificadas para mantener a su esposa e hijo.
―Pero mi querida esposa falleció hace dos años, y fue entonces cuando mi hijo se enteró de la verdad: que fue criado con el dinero sucio de su padre, ganado con un modo de vida turbio. Y eso lo enfureció.
―¿Así que la razón por la que expuso sus falsificaciones reportándolas a los dueños fue…?, preguntó Julius.
―Supongo que era su manera de buscar venganza, dijo Hogey, hundiendo los hombros pesadamente. Se paró frente a su pintura inconclusa y trazó los bordes con su dedo. ―No tengo la más remota idea de qué exactamente estudió, pero debe haber hecho una investigación bastante extensa, viendo cómo mis falsificaciones lo llevaron directamente hacia mí. Me rogó que dejara de hacerlas de inmediato. Su odio por mi trabajo—el trabajo de su propio padre—era completamente justificado. Pero he estado haciendo esto por más de veinte años ahora. Es demasiado tarde para que yo cambie ahora.
Por lo tanto, Hogey rechazó las súplicas de su hijo y decidió continuar su vida como artista imitador. Las subsiguientes acusaciones de Azla fueron el resultado de su resentimiento acumulado y su deseo de venganza contra su padre.
―En ese caso, parece más bien… ¿Lady Anastasia?, preguntó Julius.
―Mmm, bueno, entiendo la historia y todo, pero aún ashí… ¿No esh un poco inquietante?
―¿Inquietante? ¿No es más desgarrador que ocurra tal malentendido entre un padre y un hijo?, preguntó Julius, intentando descifrar las palabras crípticas de su señora.
Sin embargo, la propia Anastasia no podía articular muy bien sus sentimientos. La explicación de Hogey tenía sentido. La ira de su hijo hacia él y las subsiguientes acusaciones habían incurrido en la furia del hampa involucrada en el negocio de las falsificaciones.
Como no se habían encontrado con Azla en persona, era difícil hacer más deducciones. Fue entonces cuando Joshua, que había permanecido en silencio hasta ahora, habló: ―¿Podría la ira de Azla ser realmente solo por las falsificaciones?
Incluso el propio Joshua parecía sorprendido por las palabras que había soltado involuntariamente. Todos volvieron su atención hacia él.
―Joshua, ¿qué quieres decir con eso? ¿Estás sugiriendo que Sr Hogey está mintiendo?
Ante la pregunta de Julius, Joshua desvió la mirada y se tocó el pecho. ―No, no, no creo que esté mintiendo. Solo quise decir que a veces las palabras se quedan cortas. Incluso entre familias, no todo puede entenderse siempre completamente.
Esta respuesta hizo que Julius contuviera la respiración. Joshua dirigió su mirada hacia Anastasia. Los ojos azul claro de Anastasia lo miraron fijamente, llenos de curiosidad y expectativa.
―¿Bueno, Joshua? ¿Qué piensash? Habla.
―No puedo decir que no hubo ira en absoluto, comenzó Joshua. ―Me imagino que Azla debe haber sentido cierta insatisfacción al enterarse de que fue criado gracias a falsificaciones. Pero dado lo profundamente involucrado que estaba Azla en el arte, hasta el punto de poder discernir piezas auténticas de falsificaciones, no creo que esa fuera la única razón.
Mientras hablaba, Joshua se paró frente a la falsificación—o más bien, la pintura— inconclusa. Entrecerró los ojos ante el mundo de vibrantes colores que representaba. ―Esa Miderine Durmiente era magnífica. Todas las obras aquí lo son. El valor de una pintura no está determinado únicamente por su autenticidad. La autenticidad es trascendental.
―Mi obra de arte no podría tener tanto valor…, comenzó Hogey.
―Eso es un insulto para los coleccionistas que deseaban sus pinturas, dijo Joshua con deliberada fuerza, mirando fijamente a Hogey. Aunque no tenía mucha experiencia en responsabilizar a otros, esta vez, sintió que era necesario. Como alguien que carecía de tal don, sintió la necesidad de hablar por aquellos que no eran conscientes del suyo propio.
―Azla le dijo que dejara de hacer falsificaciones, ¿verdad?
―Sí, así es. Me dijo que dejara de hacer falsificaciones. Es solo que….
―Eso es porque él quería que usted pintara su propio arte.
―¿Eh?. Hogey, cuyo rostro no podía ni confirmar ni negar sus propias acciones, estaba atónito ante esa declaración.
Al ver la mirada de desconocimiento en su rostro, emociones amargas llenaron el corazón de Joshua. Quizás era frustración, o algo parecido. Pensar que alguien que podía crear pinturas tan magníficas renunciaría a su propio talento. ―Usted es una persona increíble. ¿Por qué no se da cuenta de eso?
―Es solo que….
Joshua se acercó a Hogey, quien negaba con la cabeza con incertidumbre. ―¡Tiene talento. Puede crear un arte tan magnífico. Tiene un poder expresivo que rivaliza con obras maestras renombradas, así que, ¿por qué?!
Ante este arrebato emocional, Julius le agarró suavemente el hombro a Joshua. ―Joshua, cálmate.
Al sentir el tacto de la mano de su hermano, Joshua se dio cuenta de que se había acalorado demasiado y se disculpó. Pero mi disculpa no es por mis palabras. Mantengo lo que dije. Estoy seguro de que Azla sentiría lo mismo.
―Secundo la opinión de Joshua, intervino Anastasia.
―Pero es una apuesta arriesgada, dijo Julius. ―Acusar a su propio padre, que trabaja como artista falsificador, de que su trabajo es falso….
―Por esho no eshtá mencionando el nombre de su padre, concluyó Anastasia. ―Simplemente shacar a la luz que las hpinturashh eran falsificaciones habría hecho másh fácil retirarse… Pero involucrar a Amilét, bueno, ella probablemente she lo tenía merecido. Dado que estaban vendiendo falsificaciones a sabiendas, un día de ajuste de cuentas estaba destinado a llegar. Pero eso no significa que no habrá ira dirigida hacia Azla.
―Pensar que mi propia carne y sangre haría algo así…, se lamentó Hogey.
―Me gustaría secundar la opinión de Joshua de que las palabras no siempre son suficientes. La mirada de Julius se desplazó brevemente hacia Anastasia, y ella asintió en acuerdo. ―Por supuesto, esto es meramente una especulación, y necesitaríamos escuchar los detalles del propio Azla.
En este punto, era seguro descartar la teoría de que Hogey había intentado eliminar a Azla por acusarlo de sus falsificaciones. Aunque su relación padre-hijo de ninguna manera los exoneraba de sospecha, el desarrollo de los eventos hizo evidente que habría sido un escenario improbable. Sin embargo, una pregunta permanecía:
―Entonces, ¿quién secuestró a Azla?, pensó Joshua en voz alta.
―¡¿Qué?! ¿Mi hijo fue secuestrado?. Hogey se sorprendió por las palabras contemplativas de Joshua, claramente inconsciente de la situación.
Al ver a Hogey más sorprendido por esto que cuando fue acusado de ser un falsificador, Joshua decidió explicar la situación desde el principio.
―Bueno, todo comenzó cuando el coleccionista, el Barón Nico Olsen, le pidió a Lady Anastasia que autentificara su Miderine Durmiente…
―Oh, no…. Al escuchar el comienzo de la explicación de Joshua sobre la investigación, Anastasia murmuró para sí. Se cubrió el rostro con las manos y comenzó a gemir.
―¿Eh?
―¿Lady Anastasia?, dijo Joshua. ―¿Qué sucedió?
―Penshar que he eshtado actuando tan engreída sholo para darme cuenta de algo tan obvio… Qué vergonzosho.
―Bueno, um…. Joshua estaba desconcertado por la actitud de Anastasia. Sin embargo, Julius entendió la intención detrás de su angustia.
―Entonces, ¿tienes alguna pista sobre el paradero de Azla Eastern?, preguntó Julius. En respuesta a su pregunta, Anastasia lentamente quitó su mano del rostro y habló.
―Sí, ya eshtá, dijo. ―Vamosh a interrogar al cerebro ahora mishmo. Oh, Hogey, me parece que debería venir con nosotrosh. Con una expresión disgustada, Anastasia condujo a los tres fuera de la galería. Dada su actitud, parecía bastante segura sobre el paradero de Azla.
Medio convencidos, Joshua y los demás la siguieron. En el camino, a Hogey se le dio una explicación sobre la situación, y su rostro palideció al contemplar el peligro en el que podría estar su hijo.
―No neceshita preocuparse tanto. Azla eshtá a salvo. Ya que él eshtá….
―Espere, esto es…, dijo Joshua sorprendido, sus ojos se abrieron de par en par al darse cuenta de hacia dónde se dirigía Anastasia. Era un lugar familiar no solo para Joshua, sino también para Julius. Porque el dueño de esta mansión no era otro que alguien con quien ya estaban familiarizados.
―Parece que todo salió jushto como ushted planeó, Sr. Olsen, comentó Anastasia.
―Vaya, vaya, logró encontrar el camino hasta aquí en solo tres días. Verdaderamente, sus percepciones son notables. Y así, el Barón Nico Olsen, el mismísimo hombre que había desencadenado esta investigación, dio la bienvenida a la visita de Anastasia como si la hubiera estado esperando con ansias.
12
El cerebro detrás de todo no era otro que el Barón Nico Olsen. Y, en efecto, todo se desarrolló precisamente según su plan. Azla, el hijo de un maestro falsificador, no quería más que hacer que su padre dejara ese oficio. Sin embargo, al reconocer que sus súplicas directas eran en vano, recurrió a medidas más drásticas.
Fue él quien envió esas cartas a los dueños de las pinturas falsificadas, exponiéndolas como falsas. Aun así, incluso este audaz movimiento no logró elicitar la respuesta que deseaba. Así que, en su frustración, decidió tomar una acción más extrema: exponer la información a Nico Olsen, el coleccionista de arte en posesión de la falsificación de Miderine Durmiente.
Este fue su último esfuerzo desesperado para cortar cualquier medio de escape para Hogey, su padre, y terminar su carrera como falsificador. Nico Olsen, sin embargo, respetó la súplica y el anhelo de Azla.
―Por supuesto, explicó Olsen, ―inicialmente, estaba lleno de ira hacia el artista falsificador. Pero entonces cambié de opinión. Me sentí intrigado por el mundo de este artista capaz de crear falsificaciones tan exquisitas.
―Entonces, eligió ayudar a terminar la carrera del Sr. Hogey como artista falsificador. Pero, ¿qué le impulsó a involucrar a Lady Anastasia?, preguntó Julius.
―Como lo entendíh al principio, recordó Anastasia, ―tambhién era parte de mi evaluación. El Sr. Olsen eshtaba comprometido a cumplir con sush deberesh como barón y preservar su honor como coleccionishta.
Anastasia cruzó los brazos, lanzando una mirada de desaprobación en dirección a Olsen. Mientras Olsen daba la bienvenida a Anastasia y su grupo en su residencia y comenzaba a servir el té, ofreció una tenue sonrisa y asintió.
―Podría haber visitado al Sr Hogey directamente después de escuchar la queja de Azla, admitió Olsen. ―Pero, ¿dónde está la emoción en eso? También era nuestra manera de desquitarse con el artista falsificador, ya ven.
―Barón Olsen, ushted esh verdaderamente un pershonaje intrigante, comentó Anastasia. Olsen, impasible ante su comentario, confesó abiertamente que había orquestado todo el asunto. De hecho, parecía encontrarlo bastante divertido. Anastasia, a punto de reprenderlo, se quedó momentáneamente sorprendida.
―Espere, entoncesh, ¿qué hay de la cahsa de Lord Azla shiendo saqueada?
―Anticipé que una vez que surgieran las acusaciones de falsificación, atraería naturalmente la atención de algunos comerciantes disgustados que podrían convertirlo en su objetivo. Así que tomé la iniciativa de simular un secuestro. Las manchas de sangre dejadas en la escena fueron idea de Azla, en realidad. Un farol bastante efectivo, ¿no creen?
―Barón Olsen…. Julius no encontró palabras ante la audacia del hombre. Por supuesto, considerando su posición, las acciones de Olsen deberían haber merecido severas consecuencias, pero también se podría argumentar que fue la protección de Olsen sobre Azla lo que evitó que le ocurriera algún daño.
―Ashí que incluso esho era todo parte de la maquinación del Barón Olsen, ¿eh?, dijo Anastasia con un suspiro. ―Entoncesh me parece que Hogey y Azla eshtán teniendo una conmovedora reunión familiar en otra habitaciónh ahora?
―Sí, confirmó Olsen. ―Los artistas a menudo creen que es suficiente poner sus pensamientos en sus obras. Sin embargo, eso no es del todo correcto. La gente todavía necesita comunicarse entre sí.
―Entoncesh, ¿nueshtra dishcusión pasa de acuerdo con sush propiash creenciash personalesh, Sr. Nico Olsen?, preguntó Anastasia.
―Bueno, me hubiera gustado ver al Sr Hogey retorcerse un poco más, pero sí, respondió Olsen con una sonrisa pícara. Anastasia soltó un suspiro, desinflando sus mejillas hinchadas y relajando su expresión. Era de hecho una sonrisa típicamente de Anastasia, de estilo comercial.
―Bueno, sí me pareció que todo eshtaba en sush manosh, Sr. Olsen, lo cual no fue intereshante en absoluto, comenzó Anastasia. ―Pero me alegra decir que finalmente podríamosh eshtar superándolo.
―¿Oh, superarme, dice?, preguntó Olsen con sorpresa.
―Le conseguimosh algunosh recuerdosh. Mis jóvenesh deberían estar entregándolosh pronto. Solo observe—tres, dos, uno…. Anastasia contó los segundos con los dedos, pronunciando ―Cero en el momento en que bajó el último.
―¡Oye! ¡Perdón por la espera, señorita! ¡Eche un vistazo! ¡Tenemos a la mujer que estabas buscando!. Con un bullicio, una figura irrumpió en el salón de la residencia de Olsen. El dueño de los pasos resonantes era Ricardo, un semihumano con cara de perro y una complexión corpulenta y alta.
Habiendo anticipado la llegada de Ricardo, Anastasia sonrió y dijo: ―Graciash por tu ayuda. Entoncesh, ¿qué hicishte con ella?
―¡Traerla con nosotros solo habría causado un gran alboroto, ¿sabes?! ¡Así que la até y la dejé rodando en el carro de los perros! Cuando fui a revisar esa taberna donde estaban esos buenos-para-nada que mencionaste, ¡premio gordo! ¡Jajajajaja!. Ricardo se rió, con la boca abierta, mientras hacía su reporte. Joshua y Julius tenían una idea bastante clara de a quién había capturado.
―¿Quiere decir… la Sra. Amilét?, confirmó Julius.
―Supuse que shi habían contratado a alguien para atrapar a Azla, querrían shaber cómo lesh fue, ¿sabesh?, explicó Anastasia. ―Y dih en el blanco. Aquí tiene su souvenir, Sr. Olsen.
Hasta ese momento, Olsen siempre había estado un paso adelante en todo. Pero ahora, suspiró con admiración. ―Ya veo, me han superado en astucia.
Era Amilét Megis, la comerciante de antigüedades que había estado vendiendo las obras falsificadas. Y la persona más probable responsable de venderle la Miderine Durmiente a Olsen.
―Cualquier convershación sobre dañosh debería sher entre ushted y Amilét, Sr. Olsen. Pero ya que somohs los intermediariosh, le ruego se abshtenga de cualquier acción brushca, advirtió Anastasia.
―Nunca tuve la intención en primer lugar, pero seguro, tiene mi palabra. Además, me quito el sombrero ante usted. Olsen se levantó de su sillón y se arrodilló ante Anastasia. Luego, el barón tomó una respiración profunda e hizo una profunda reverencia. ―Me disculpo por ponerla a prueba, Lady Anastasia. Usted superó mis expectativas. Como noble y coleccionista, la saludo.
Tal fue la declaración de derrota de Olsen. Al mismo tiempo, también podía tomarse como su clara declaración de su posición en la selección real.
―Y con esho, el caso eshtá cerrado, dijo Anastasia con una sonrisa triunfante. Pero Joshua, habiendo sido arrastrado de un lado a otro en todo esto, sintió una mezcla de emociones complejas.
13
―Al final, todo salió según el plan de Lady Anastasia. En efecto, lo que ella ve es diferente a lo que nosotros vemos. ¿No estás de acuerdo, Joshua?
―Tus palabras son siempre correctas, Julius. Sin embargo, debo admitir que los eventos de hoy fueron un poco impactantes.
Los hermanos Juukulius conversaban entre sí en la mansión esa noche, después de que el incidente había sido llevado a su fin. Solo había durado tres días, pero fueron tres días intensos. Aunque la mayor parte de la situación culminó en el día final, Joshua estaba abrumado por una fatiga repentina debida a la acción ininterrumpida.
Afortunadamente, con la intervención del Barón Nico Olsen, aunque el dúo de padre e hijo, Azla y Hogey, no fueron absueltos completamente de culpa, no enfrentarían un castigo severo. A partir de ese momento, como su hijo deseaba, Hogey abandonaría su vida como falsificador y recibiría el respaldo de Olsen para crear su propia obra de arte.
Los detalles de las interacciones entre la comerciante Amilét y el comprador Olsen permanecieron envueltos en misterio. Pero era evidente que ella había engañado a más personas además de Olsen. Para evitar represalias de adversarios aún más peligrosos, no tuvo más remedio que rendirse incondicionalmente a Olsen. El incidente de la pintura falsificada, así como el asunto de a quién apoyaría para la selección real, se resolvieron concurrentemente, y la situación llegó a su fin.
―Pareces un poco disgustado. ¿Algo te preocupa?, preguntó Julius.
―Bueno… sí creo que es genial que las cosas hayan cerrado el círculo. Pero todavía no puedo estar seguro de si Hogey puede realmente pintar su propio arte.
―Mmm. Al ver a Joshua perdido en sus pensamientos, Julius entrecerró los ojos mientras se cepillaba su propio flequillo. Inesperadamente, estos eventos recientes habían llevado a Joshua a pasar una cantidad sustancial de tiempo con Anastasia, exponiéndolo inadvertidamente a diferentes perspectivas. Esta experiencia, centrada en el arte y la pintura, había demostrado ser una oportunidad significativa para que Joshua ampliara sus horizontes.
Quizás debido a las circunstancias de las condiciones de salud congénitas de Joshua, Julius albergaba un profundo deseo de que su hermano pudiera ver un mundo más diverso. Este era su deseo genuino. Ciertamente, durante su primera infancia, Joshua luchó contra una salud frágil, rara vez aventurándose más allá de los confines de su hogar. Sin embargo, a medida que crecía, su constitución mejoró, aunque no dramáticamente, y ya no estaba atormentado por el miedo a la enfermedad.
Aún así, la realidad permanece. Seguir el camino de la caballería que una vez anheló resultará desafiante. No obstante, Joshua no debería permitir que esto le impida abrir todas las demás puertas disponibles para él. Y creo que Lady Anastasia es la persona que puede ayudar a ampliar sus horizontes. Su filosofía de validar los deseos de otras personas seguramente se manifestará enormemente una vez que se convierta en Reina.
―¿Julius?
―Ah, mis disculpas. Estaba perdido en mis pensamientos por un momento. La situación de Hogey todavía está envuelta en incertidumbre. Después de todos estos años, nunca ha pintado una sola obra de arte para sí mismo. ¿Puede realmente crear sus propias obras originales con esos pinceles? Solo el tiempo lo dirá. Sin embargo….
Las palabras de Julius se desvanecieron mientras miraba en silencio a Joshua. Bajo esa mirada, Joshua cambió su postura nerviosamente y desvió sus ojos amarillos.
Julius asintió ante su hermano menor, que carecía de asertividad, pero estaba lleno de potencial más allá de sí mismo.
―Hoy, fui testigo de una persona que, a pesar de no haber blandido una espada por más de diez años, fue capaz de tomar una por el bien de otro. Eso solo me da esperanza, dijo Julius con orgullo.
―Ah…
―Podría empeorar, continuó Julius. ―Ciertamente hay aprensión sobre eso. Pero al mismo tiempo, quiero tener esperanza. Quiero desear un mañana más brillante que hoy, un deseo simple y común.
El deseo de Azla para su padre era simple: que pudiera convertirse en un pintor célebre del que todos pudieran sentirse orgullosos. Julius prefería un mañana en el que Hogey pudiera cumplir eso, a uno en el que no pudiera.
―No había abandonado completamente este camino, así que entonces se trata de cambiar su mentalidad.
Incluso si era como falsificador, Hogey continuó empuñando su pincel. Así que había una oportunidad. Además, en el esquema general de las cosas, no concernía a nadie más. Incluso si uno tuviera que enfrentar la muerte mañana, no había una razón inherente para no cambiar.
Julius ya había decidido que el camino que recorría era el único camino para él. No había prisa, y no había vuelta atrás. La caballería era la forma de vida a la que el propio Julius aspiraba, y lo que deseaba ser.
―Joshua, espero que encuentres algo así para ti también. El tiempo no es un problema. Yo me encargaré de los asuntos concernientes a la familia Juukulius y a Lady Anastasia.
―Julius…
―Simplemente comparte conmigo tus deseos más sinceros, y te apoyaré lo mejor que pueda. Esa es la promesa que yo, Julius Juukulius, tomo como el hermano de Joshua Juukulius.
Joshua tenía muchos amigos, muchos de los cuales ofrecerían gustosos su apoyo. Sin embargo, entre ellos, ninguno podría luchar más valientemente que Julius. Tal era el orgullo de Julius, no solo como caballero, sino como hermano mayor.
Al escuchar la promesa de Julius, Joshua habló inesperadamente. ―Por favor, no te rías cuando escuches esto. Al ver que Julius lo miraba, vaciló antes de continuar tímidamente. ―Después de todo lo que acaba de suceder, he desarrollado un fuerte deseo de pintar. Si es posible, me encantaría capturar los paisajes que he presenciado con mis propios ojos.
―Creo que es una idea maravillosa, dijo Julius con apoyo. ―Tienes la libertad de pintar cualquier paisaje impresionante que imagines. Escuchar el inusual deseo de
Joshua hizo que Julius se diera cuenta de un calor en su corazón. Expresar los propios deseos y anhelos era verdaderamente algo delicioso de hacer.
―¿Qué te gustaría ver?, preguntó Julius. ―Hay muchas cosas hermosas tanto dentro como alrededor de la capital real. Ah, eso es, Joshua, una vez mencionaste que querías ver la Ciudad de las Compuertas, ¿verdad?
―Sí, Priestella, respondió Joshua. ―Un lugar conocido por su belleza escénica. Estaría encantado de visitarlo algún día.
―Entonces propongámoselo a Lady Anastasia. Seguramente encontrará una manera de llevarnos allí a su manera inesperada.
Extrañamente, aunque aún no habían pronunciado una palabra, Julius ya podía imaginar a Anastasia y Ricardo conspirando ansiosamente para cumplir el deseo de Joshua. Julius suavizó su expresión. Al ver esto, Joshua bajó la mirada y comenzó a hablar. ―Algún día, por favor, permíteme pintar un retrato tuyo, hermano.
―¿De mí?, preguntó Julius sorprendido. ―Pero Joshua, nunca has pintado retratos…
―Sí, eso es cierto. Nunca lo he intentado antes. Pero quiero intentarlo. Joshua se asomó desde su mirada baja con una expresión tímida. Parecía algo ansioso, como si estuviera siendo demasiado apresurado con sus peticiones. Sin embargo, Julius estaba genuinamente encantado por la súplica entusiasta de su hermano.
Así que, de acuerdo con el deseo de su hermano, Julius ofreció una reverencia caballeresca en aceptación. ―Sería un honor.

