Hermanos de oro
HERMANOS DE ORO
1
Todo comenzó un día, con un inesperado intercambio entre una hermana mayor y su hermano menor.
―Garf, salgamos.
―¿Eh?
―Sí, salgamos. Solo tú y yo, Garf.
―…¿Eh?
El joven Garfiel no pudo evitar abrir los ojos de par en par ante la insistente y enfática invitación de su hermana.
―Garfiel Tinzel y Frederica Baumann, dos hermanos recién reunidos después de muchos años separados.
Su reencuentro fue dramático: el hermano menor irrumpió justo cuando su hermana mayor estaba a punto de caer en manos de un asesino. Sin embargo, tras aquello, no lograron llevarse lo suficientemente bien como para compensar el tiempo perdido. Más bien, la coordinación impecable que demostraron en aquella situación de vida o muerte no se trasladó a la vida cotidiana, y la incomodidad de diez años de separación persistió.
Había pasado un mes desde que se resolvieron los conflictos en el Santuario y la mansión de Roswaal, permitiendo que los habitantes de ese lugar aislado se integraran al mundo exterior. Garfiel, uno de ellos, por fin se acostumbraba a despertar por las mañanas en una habitación de la gran mansión, en lugar de su vieja y conocida choza.
Sin embargo, en ese nuevo entorno aún había tensión, y la relación entre los hermanos no había mejorado mucho.
―Sois hermanos, así que no hay problema en que os llevéis así de bien, ¿verdad, Beako?
―N-no hables tan a la ligera de esas cosas, supongo. Aunque, como Betty es la compañera de Subaru, es esencial permanecer cerca de ti tanto como sea posible, supongo.
―Ja, ja, ja, eres una ternura. Pero creo que prefiero bañarme solo sin ser observado.
Este era un fragmento de la conversación entre Subaru y Beatrice, quienes establecieron un contrato al mismo tiempo que los hermanos se reencontraban.
Podría decirse que los dos se entrometían precisamente porque su propia relación iba bien, pero, sorprendentemente, este era un problema común en el recién reorganizado Campamento Emilia.
Todo el grupo se había mudado a una nueva mansión, en reemplazo de la que había ardido por diversas razones. En un intento por reparar la relación entre Garfiel y Frederica, habían ideado varios planes de entrometimiento que terminaron en fracaso, sin ir más allá de simples bromas.
La relación entre los hermanos, sin señales de mejora, llegó inesperadamente a un punto crucial cuando―
―Garf, salgamos.
Esa súbita invitación marcó el inicio.
― No hay razón para desconfiar. Probablemente Frederica solo quiere acercarse más a su hermano menor después de tanto tiempo separados. Deberías aceptar. Ram entiende el deseo de Frederica de actuar como hermana mayor.
Aunque sonaba seca, Ram dejó la canasta de ropa en una habitación donde una chica que se parecía exactamente a ella estaba acostada en la cama.
En esa habitación, cuando Ram expresó que entendía los sentimientos de Frederica como hermana, Garfiel no tuvo el ingenio para responder con un comentario mordaz ni la habilidad para hacer un berrinche.
―Pareces insatisfecho. ¿No crees lo que dice Ram?
―Nah, sí te cr’o. No hay nadi’ en quien m’ grandioso yo confíe más qu’ en t’, Ram. Bueno, apart’ de Nana, el Capitán… y, mm, no hay much’s más.
――. Qué tonto eres. Pero eso es lo que Ram aprecia de ti, Garf.
―Gah…
Desconcertado, Garfiel no supo por qué de pronto recibía un halago.
Ram casi nunca lo miraba, excepto en momentos como este, y su perfil era tan hermoso que Garfiel, una vez más, quedó embelesado por su enamoramiento.
En fin―
― Haz tu mejor esfuerzo, Garf. Frederica siempre ha estado preocupada por ti. Ella es la senpai de Ram, y no se sentirá bien si tomas las decisiones equivocadas.
Era típico de Ram añadir un comentario así.
―Si te preocupas demasiado, será incómodo. ¡Solo relájate y diviértete!
―¡Frederica-neesama es tan hermosa! ¡Eres demasiado buena para Garf-san!
―Oh, justo antes de que salgáis, ¿podríais comprar más tinta para mi pluma? Casi se me ha agotado.
No había una razón de peso para negarse, pero al añadir un motivo por el que la salida con Frederica no podía rechazarse, la decisión quedó clara en un día en que ella tenía medio día libre.
Exageradamente, todos acudieron a despedirlos a la puerta: Emilia, la líder del campamento, con quien aún se estaba familiarizando; Petra, una doncella brusca a quien apenas conocía; y Otto, cuyo desinterés por el evento resultaba irritante, entre otros.
Y al final de esas despedidas―
―¡Disfrutad vuestra cita en solitario, hermanos! ¡Como Beako y yo!
―¡N-no le des tanta importancia a eso de la cita, supongo! Es mejor hacer caso a Subaru solo la mitad de las veces… no, mejor un cuarto del tiempo.
― Ja, ja, ja, pequeña traviesa. ¡Pero no hace falta que me sigas al baño a medianoche!
Tras ser despedidos por Subaru y Beatrice, quienes parecían empeñados en demostrar lo bien que se llevaban, Garfiel y Frederica partieron de la mansión Roswaal.
Y así fue como Garfiel terminó yendo de paseo con su hermana.
2
―Dime, Garf… ¿cuándo fue la última vez que visitaste Costuul?
―¿Eh?
El intento de conversación casual recibió una respuesta brusca, y Frederica sintió que había cometido un error.
Aunque creía haberse preparado mentalmente para esta salida, su plan de iniciar un tema sencillo se estrelló desde el principio, desmoronándose por completo.
De inmediato, recordó las palabras de su abuela:
―Fuu… Es la primera vez que Gar-bo vive lejos de nosotras. Seguro que le costará adaptarse a tantas cosas nuevas, así que, fuu… asegúrate de ayudarlo.
Eso le había pedido Ryuzu, quien ahora vivía en otro lugar, encargada de unir a los habitantes del Santuario con sus réplicas.
Por supuesto, Frederica se preocupaba por Garfiel no por obligación, sino porque era su querido hermano menor. Pero, aunque deseaba actuar como una hermana mayor, no sabía cómo hacerlo.
En cualquier caso, el fracaso ante la petición de su abuela la llenaría de desesperación.
Y justo cuando sus colmillos temblaban por la ansiedad―
― Nunca he e’tado aquí … Hoy e’ mi pr'mera vez.
―¿Eh…?
―Eso he dicho, que e’ mi pr’mera vez. ¿No me lo acaba’ de preguntar, Onne?
―Ah, sí… ¿verdad? Así que es tu primera vez aquí… ¡¿EH?! ¡¿Y ya han pasado veinte días desde que nos mudamos?! ¡¿Nunca has salido?!
―¡Está’ siendo mole’ta! Ya te lo dije, ¡no repita’ lo mi’mo una y otra vez!
La reacción de Frederica le pareció exagerada a Garfiel, quien al principio había respondido con calidez. El ambiente se rompió tras su inesperado comentario.
Pero era comprensible la sorpresa.
―Seguro que Ram te habrá llevado alguna vez de compras…
―¡Ja! Ram le encarga los recados mole’tos a esa moco’a Petra. Y mi grandio’o yo estaba ocupado marcando la man’ión.
―En lo que a ella respecta, se está volviendo demasiado relajada y… Garf también es Garf. "Marcar" la casa es algo tan… vulgar.
Frederica se exasperó ante la negligencia de Ram y, acto seguido, ante las costumbres de Garfiel.
Claro que era comprensible sentirse inseguro al dejar su hogar, rodeado de aromas familiares. Pero "marcar territorio" resultaba excéntrico en el mundo exterior.
―Necesitas que te enseñen un poco de sentido común en ese aspecto también… ah, ahh, ¡¿AHHHHH?!
―¡¿Q-qué pa’a?! ¡¿Onee, te ha’ pue’to pálida de repente?!
―No es nada. Solo recordé que cuando dejé el Santuario hace diez años, al principio hice lo mismo en la mansión...
Al rememorar sus acciones, Frederica sintió un impacto tardío, una vergüenza retroactiva que llegaba una década después.
En aquel entonces, para lidiar con la soledad de estar lejos de su hogar, también había recorrido cada rincón marcando su territorio, husmeado objetos e incluso personas, patrullado hasta altas horas de la noche y establecido un orden jerárquico con los animales del lugar — comportamientos que, sin duda, habrían sido considerados excéntricos.
―Bueno, en esa época, Clind, el mayordomo principal, me disciplinó para corregirlo... Qué sorpresa. No tenía idea de que Garf y yo fuéramos tan parecidos como hermanos...
―¿Por qué te so’prende? Es obvio que mi grandioso yo y Onee nos pare’camos...
Frederica tembló mientras Garfiel suspiraba y le daba palmadas en la espalda. Sus palabras la sobresaltaron, y ella murmuró: "¿Onee?", inclinando la cabeza. Él lo decía con naturalidad, sin reparos.
―...Sí, claro. E’ lo más no’mal del mundo.
―¿Eh?
Frederica se llevó una mano al pecho, sonriendo suavemente. Como decía Garfiel, era natural que se parecieran. Aunque hubieran estado separados más de una década, no había por qué temer aceptar que eran hermanos. Podían ser... naturales.
Al fin y al cabo, ¿qué clase de hermanos necesitaba preparación mental para actuar como tal?
―Abuela... Creo que podré cumplir mi papel...
―¿Qué? Tenías e’sa cara de "el e’cribano cerúleo sigue siendo azul" ha’ta ahora. Onee, ¿no estará’ volv’éndote tan senil como la abuela? ¡Gah!
―Me esforcé por halagarte, pero eso fue demasiado. No, es mucho más que demasiado si consideras tus insultos hacia la abuela. Deberías reflexionar.
―N-no hacía falta pega’me por e’o...
Mientras Garfiel se frotaba la cabeza, Frederica ocultó una risa tras su mano y aceleró el paso para adelantarse.
―Ahora que lo pienso, no has comentado nada sobre mi atuendo.
―¿Eh?
―No pongas esa cara. Petra eligió mi ropa hoy. Caminar a mi lado debe ser mucho más refrescante que si llevara el uniforme de doncella, ¿verdad?
Llevaba una capa ligera sobre los hombros, un atuendo casual que contrastaba con su habitual uniforme. Petra, con su ojo experto para la moda, lo había seleccionado, y Frederica disfrutaba la novedad después de tanto tiempo.
――No, más bien, era la primera vez que podía permitirse disfrutarlo.
―...La verdad, m’ da igual lo que lleves pue’to.
―¿Dirías lo mismo si Ram estuviera aquí?
―Guh...
―Subaru-sama me dijo que, en una cita, hombres y mujeres hacen todo lo posible por ser considerados y pasarlo bien juntos.
Aunque el término le resultaba ajeno, parecía común entre Subaru, Emilia y Beatrice. Petra, por su parte, se había emocionado al recordar su última "cita" con él. Fue su ejemplo lo que dio a Frederica el valor para invitar a Garfiel.
Por eso...
―...Bueno, supongo que no e’tá tan mal.
― Para alguien como tú, Garf, has hecho un buen esfuerzo.
―¡¿Eh?!
Garfiel, que parecía haber luchado por entender esas palabras desconocidas, alzó la voz ante el comentario. Frederica disfrutaba de estos intercambios, pensando que esta debía ser la parte más divertida de las "citas" que Petra y los demás tanto alababan.
3
La Ciudad Industrial de Costuul, una de las Cinco Grandes Ciudades del Reino de Lugunica, era también la más cercana a la nueva mansión donde se había trasladado el Campamento de Emilia.
La anterior mansión solo tenía un pequeño pueblo cerca, lo que generaba inconvenientes para cosas como las compras. Así que, aunque el tamaño de ambas residencias era similar, la actual resultaba mucho más práctica.
―Además, esta es la mansión principal de los Mathers. O sea que estuvimos todo este tiempo en una residencia secundaria e incómoda, ¿no?
―…¿Y pa’ qué hicieron eso?
―Estoy segura de que el Maestro tenía sus razones… pero la antigua mansión estaba más cerca tanto de la Capital Real como del Santuario.
―E’e cabrón vuela. A’í que l’ da igual…
Al ver a Garfiel rechinar los dientes de frustración, Frederica no supo cómo responder.
Desde hacía tiempo, Frederica nunca había logrado entender del todo los motivos de Roswaal, pero los sucesos previos a su reencuentro con Garfiel solo habían profundizado esa brecha. No podía imaginar qué pretendía ganar Roswaal con aquel plan que arrinconó a todo el campamento.
Sin embargo…
―…Es porque el Maestro es un "mago".
Dejó el tema ahí, relegando sus sentimientos negativos hacia Roswaal al fondo de su mente. Lo que quedaba era su honesta verdad: para Frederica, Roswaal era un mago.
No en el sentido de profesión o habilidad, sino como un ser especial capaz de cualquier cosa.
Su conocimiento y habilidades eran la solución a todos los problemas. La principal razón por la que Frederica abandonó el Santuario de niña fue la esperanza que depositó en lo que Roswaal podía lograr.
Eso no había cambiado. Ni siquiera ahora, después de todo lo ocurrido.
―Tsk, no qui’ro hablar de e’e bastardo Roswaal. Si voy a pas’ar con Onee con el ceño fruncido, mi grandioso yo pref’riría… ¡oh, oh, OH, OOOOH!
―¡Q-qué pasa, Garf! ¡No grites así de repente!
―¡M-mira eso, Onee! ¡Es’ edificio enorme! ¡E’a muralla! ¡La ciudad!
Señalando con entusiasmo hacia la vista lejana de la ciudad, la expresión agria de Garfiel se transformó en asombro al ver Costuul, que apareció ante ellos justo cuando el bosque que bloqueaba el camino dio paso al horizonte.
¿Era para menos? El mundo que Garfiel conocía se limitaba al pequeño Santuario. Aunque sabía teóricamente cómo era el exterior, la realidad de una gran ciudad superaba toda su imaginación.
―¡Maldición! ¡No debí perd’r el tiempo marcando la mansión! ¡ Onee! ¡Apúrat’! ¡Hay co’as gigantes, supergigantes y megagigant’s esperándome!
―¡Ah! ¡Espera, Garf! ¡Llevo falda! ¡No corras tan…! ¡Ya te fuiste! ¡GARF!
Con ojos brillantes como los de un niño, Garfiel arrastraba a Frederica tras de sí.
Aunque ella sonrió ante su repentino cambio de actitud, no pudo ocultar cierta inquietud. Su hermano menor estaba emocionado por su primera visita a una gran ciudad, pero el problema era Costuul misma. Entre las Cinco Grandes Ciudades, la Ciudad Industrial era la más modesta.
―Comparada con la Ciudad Acuática, la Capital de los Dragones Terrestres o la Ciudad Minera… aquí hay mucho menos que ver…2
Costuul no tenía atractivos turísticos como tal.
2 Estas ciudades mencionadas vendrían siendo por orden Priestilla, Flandes y Ganacks
Mientras Garfiel se lanzaba hacia la aventura, Frederica temió defraudarlo una vez más.
―Por favor, abuela… cuida de Garf y de mí…
――Fue la primera vez en mucho tiempo que elevaba una plegaria sincera hacia su lejana abuela.
―¡I-increíble! ¡E’ aún más grand’ de cerca! ¡Como dice el r’frán: "Gasock es más grande de lo que suena"!
Sus ojos esmeralda brillaban de emoción ante un edificio en construcción.
El viaje a Costuul comenzó con ansiedad, pero contra todo pronóstico, la naturaleza industrial de la ciudad —carente de dulces exquisitos o paisajes hermosos— resultó ser un éxito para Garfiel, quien adoraba las cosas grandes y angulares. Un giro inesperado del destino.
―Gracias, abuela... gracias a ti, mi cita con Garf no terminó en desastre...
Si Ryuzu la hubiera escuchado, habría inclinado la cabeza confundida sin entender, pero en ese momento, a Frederica no le importaba.
Mientras tanto, Garfiel, tirando de la manga de Frederica mientras miraba alrededor con entusiasmo, exclamó:
―¡Oye, Onee! ¿Qué es eso? ¡Esa co’a parece una caja gigant’sca!
―Tranquilo, Garf. Es una Herramienta de Magi-creación...3 un producto único de la Ciudad Industrial que se usa por toda la ciudad.
―¿Una Herramienta de Magi-qué?
Los ojos de Garfiel se abrieron como platos ante la palabra desconocida, y Frederica se animó al ver su interés.
Las Herramientas de Magi-creación eran el principal motivo detrás de la prosperidad de Costuul y su estatus como una de las Cinco Grandes Ciudades. Funcionaban con piedras mágicas y realizaban tareas imposibles para manos humanas. En la mansión de Roswaal, se usaban para calentar la
3 Herramientas del mundo de rezero para la creacion de toda la ingeniería de Lugunica y el desarrollo urbanístico.
cocina y el agua de los baños; en la Capital Real, alimentaban fuentes ornamentales. Eran, sin duda, la industria insignia de Costuul.


―Estas herramientas trabajan más rápido y con mayor precisión que el esfuerzo manual. Se introdujeron en las fábricas para producir y exportar bienes a otras ciudades... Esto elevó el valor de Costuul, convirtiéndola en una de las Cinco Grandes. A diferencia de las otras cuatro, es el único caso que logró este estatus recientemente.
―¡Eso e’ increíble!
―Claro que lo es, claro que lo es.
―...¿Por qué Onee habla tan orgullo’a de e’to?
Tras la explicación, Garfiel sospechó del tono casi triunfal de Frederica. Ella, extendiendo los brazos, añadió con dramatismo:
―Ahora que Garf reconoce lo asombroso de estas herramientas... ¿qué dirías si te contara que la familia Mathers, del propio Maestro, estuvo involucrada en su creación?
―…
―Oh, cielos, esa cara... No fue logro del Maestro, sino de su padre, ¿sabes?
―No me hable’ de nada relacionado con e’e bastardo Roswaal.
Frederica dejó caer los hombros. Había sido un intento fallido.
Por mucho que Garfiel detestara a Roswaal, el hecho seguía en pie: el antepasado Roswaal K. Mathers fue clave para el éxito de la ciudad. La familia Mathers impulsó el desarrollo de Costuul, razón por la cual su mansión principal estaba cerca.
Aun así...
―Garf, ¿qué tal si hacemos un recorrido por la fábrica que mencioné?
―…! ¿En serio? Pero... e’as herrami’ntas son creación de ese tipo... ¡Bah, no importa!
Al imaginarse las fábricas repletas de Herramientas de Magi-creación de todos los tamaños, Garfiel ahogó sus dudas. Estuvo a punto de lanzarse a correr hacia ella, pero se detuvo abruptamente.
Frederica inclinó la cabeza, confundida, hasta que Garfiel murmuró:
―...Onee, ¿de verdad no te mole’ta? Mi grandioso yo será el único que s’ divi’rta, ¿sabes?
―…Está bien. Tendremos muchas oportunidades de venir a Costuul. Además, una cita se trata de ser considerados mutuamente... y acabas de serlo conmigo.
―Tss, no sé de qué habla’, pero... ¡vam’s, adelante!
Tras solo un momento de duda, Garfiel entró corriendo en la fábrica, rebosante de energía. Sin duda, aprovecharía su primera visita a Costuul acosando a los trabajadores con preguntas entusiastas.
Mientras observaba a su hermano, Frederica se acercó a una cerca exterior y, apoyándose en ella, se quitó la bota derecha. Los zapatos nuevos que había comprado para la ocasión le habían rozado el pie.
―No está tan mal como pensaba. Solo es...
—Oye, oye, esto es inesperado. No creí que una dama tan refinada exhibiera sus pies descalzos con tanta libertad.
Frederica se tensó al oír la voz. Ajustó el dobladillo de su falda —que había levantado ligeramente para revisar su pie— y miró en dirección al hablante.
Allí estaba un hombre alto y musculoso, de cabello rubio oscuro engominado hacia atrás y una barba cuidada. Se acariciaba la mandíbula con dedos callosos mientras sonreía, mostrando colmillos afilados.
―A veces hay que estirar las piernas uno mismo, ¿no?
―Qué caballero tan grosero. Si espera que esté de acuerdo, no tengo nada más que decirle.
―Vaya forma elegante de hablar. Ah, ya sé, ya sé. Primero adornas lo que se ve y se oye, un método rudimentario para camuflarte.
Frederica no pudo ignorar cómo el hombre se acercaba con actitud amistosa. Algunas de sus palabras daban en el blanco: lo primero que aprendió al salir del bosque fue a controlar su apariencia y habla.
―¿Quién es usted?
―¿Yo? Hayden Garo.
―…
―¡Lo sé, lo sé! No es mi nombre lo que quieres oír. ¿Verdad? Aunque... incluso si no lo supieras, tu sangre ya me reconoce, pariente.
Frederica enmudeció ante esa última palabra. Ahora entendía qué era aquel hombre.
―Así que también es un Mestizo bestia, como yo.
― Es bastante raro, ¿verdad? Encontrarse con alguien como tú fuera de tu propio pueblo. Somos el tipo de criaturas que ni siquiera pueden reconocerse entre sí sin algo más.
―…Detesto que nos llame "criaturas" con ese tono.
Sin recuperar su compostura, Frederica solo objetó su forma de hablar.
Los medios bestias eran una subraza de hombres bestia con características más humanas. A pesar de sus habilidades físicas y rasgos animales, en apariencia normal eran casi indistinguibles de los humanos. Tanto Frederica como Garfiel solo delataban sus colmillos. Y Hayden, ante ella, no era diferente.
―Usted tiene incluso menos rasgos distintivos que nosotros.
―Sí, solo los colmillos. El resto es el atractivo que emana de mi cuerpo y atrae a las hembras.
―En mis veinte años de vida, jamás supe que no era una mujer.
―¡Eso dices! Pero oye, me caes bien.
Frederica apartó la mirada, disgustada por su personalidad, pero Hayden, inexplicablemente animado, la tomó de los hombros y la atrajo hacia su pecho. Ella, aún con una bota quitada, quedó atrapada contra su torso.
—¡Suélteme! ¡Qué descaro!
― Eres realmente alta cuando estás de pie. Tienes un buen pecho y una cintura elegante... Cada vez me gustas más.
―¡Usted...!
La ira de Frederica estalló ante su mirada lasciva. Su mano se alzó y abofeteó con fuerza la mejilla de Hayden.
Hayden giró la cabeza como si le hubieran torcido el cuello, y al volverla lentamente, dijo con una sonrisa burlona:
―Me gusta ese espíritu fuerte. Te tomaré como mi futura reina.
―¿Qué clase de...?
―La reina del país que estoy construyendo debe ser una mujer fuerte y hermosa.
Sus ojos brillaron de un rojo intenso. Frederica sintió que los pelos de su cuerpo se erizaban, y por un instante, sus instintos bestiales estuvieron a punto de despertar.
No era el "atractivo" del que hablaba Hayden, sino un peligro que agitaba los instintos más primarios de cualquier ser vivo.
Pero antes de que pudiera reaccionar—
―¡¡Aléjate de mi hermana, maldito bastardo!!
Un puño demoledor impactó contra Hayden.
Fue un golpe sin restricciones, la furia bruta de un adolescente sin experiencia en el mundo exterior. Cualquier hombre común habría quedado reducido a pulpa.
Si el golpe hubiera sido mortal, habría significado un desastre: la cita arruinada, la renuencia de Garfiel a salir al exterior aumentando...
Pero eso no ocurrió.
―Vaya, qué cachorro más feroz. Si no fuera yo, eso habría sido peligroso.
Se rió mientras se frotaba el brazo, habiendo sido empujado varios metros atrás. Frederica, ahora liberada, cayó en los brazos de Garfiel.
Al notar la expresión de su hermana, Garfiel frunció el ceño:
―Onee, ¿qué cla’e de gusto tien’s en hombres? Ese tipo es un a’co.
―¡G-Garf, no quiero oír eso de ti! Aunque... no, es injusto comparar a Ram con este individuo. Lo siento. Y... gracias.
― No estoy s’guro de lo que qui’res decir, pero eso pu’de esperar...
Su mirada se clavó en Hayden, afilada como una espada. El hombre, en respuesta, aplaudió con sarcasmo:
―¿Tú también eres mestizo bestia? Aunque... tu sangre es ordinaria. ¿De verdad son hermanos?
―¿"Ordinaria" dice? Mi grandioso yo no ti’ne nada de ordinar’o. ¿O cre’s que Onee y yo somos familia solo por la estatura? Si es así, e’ culpa de Onee.
―Ja, ja, ja. No, no. Como dije... —tu sangre es ordinaria.
Mientras Hayden decía esto, miró a Garfiel, y de repente su muñeca comenzó a sangrar.
La hemorragia hizo que Frederica gritara “¡Garf!”. Sin embargo, Garfiel, con una expresión calmada, sostuvo la herida y utilizó su magia curativa,
―Tranquila, Onee. No ‘s nada. Solo m’ corté al golpear a e’te bastardo.
Aunque calmado, todo su cuerpo irradiaba furia. Hayden, percibiendo la amenaza, levantó las manos:
―Ey, ey, solo era un saludo. No quiero pelear.
―No digas estupideces de’pués de provocar. Quédat’ y diviért’te con mi grandioso yo ha’ta que te rompa la nariz. "El ocaso es el principio de Dildane", ¿no?
―Si me dieran a elegir, preferiría que me invitara tu hermana. Así que…
Hayden chasqueó los dedos con una sonrisa burlona.
Por un momento, Frederica y Garfiel fruncieron el ceño al ver que no ocurría nada, pero justo después de que Hayden se riera por su reacción
De repente una explosión retumbó en la fábrica detrás de ellos, seguida de gritos.
―¡Hk, qué demonios!
―¿Qué será? No lo sabrás si solo me miras a mí.
Hayden se burló de la reacción de Garfiel ante la situación inusual en la fábrica. Enfurecida por el comportamiento de Hayden, Frederica gritó: ¡Tú…!.
―Nos vemos, mi futura reina.
La figura de Hayden desapareció de la vista de Frederica tras pronunciar una declaración egoísta y espeluznante. El aroma a confianza en sí mismo que emanaba también se desvaneció. Parecía que no mentía al retirarse.
En cuanto el olfato de Frederica lo detectó, gritó "¡Garf!" a su hermano.
―¡Ah, ya entiendo!
Antes de que Frederica pudiera decir algo más, Garfiel se lanzó como un rayo hacia el interior de la fábrica. Su hermana corrió tras él, intentando averiguar qué causaba el alboroto en la fábrica de Herramientas de Magi-creación.
Y entonces lo vio.
――Una de las herramientas brillaba con una luz centelleante, fuera de control.
―Eso es…
Una luz verde-amarillenta la envolvió, proveniente de la máquina diseñada para prensar metales.
Era una herramienta que moldeaba metal entre dos placas de acero, una superior y otra inferior; algo relativamente común en Costuul, pero nunca había visto una que brillara tan intensamente.
Y mucho menos una que se moviera por sí sola, intentando destruir tanto a humanos como a otras máquinas.
――¡Esto es malo!
Por un instante, Frederica se paralizó. Luego, impulsándose con un salto, rescató a un trabajador que estaba a punto de ser aplastado por una pieza derribada por la máquina rebelde, evitando que el daño se extendiera.
Y justo cuando otro obrero estaba a punto de ser atrapado—
―¡Deja de brillar y comport’rte como un idiota—!
Los brazos de Garfiel, convertidos en garras bestiales, se clavaron en la estructura de la herramienta. Las placas de acero que subían y bajaban se retorcieron bajo su fuerza, partiéndose con un crujido metálico que resonó en el aire.
La piedra mágica integrada en la máquina se agrietó, liberando un torrente de mana. La luz que emanaba de ella se concentró en un solo punto, como una polilla atraída por el fuego.
―¡Apágate de una maldita vez!
Su puño impactó contra la piedra mágica, haciéndola estallar en mil pedazos con un sonido cristalino.
Los fragmentos de la piedra, cristales de mana puro, se dispersaron como polvo luminiscente. Y con ellos, la luz que había enloquecido a la herramienta desapareció sin dejar rastro.
―Garf, lo hiciste genial. Gracias a ti, nadie resultó herido…
―Sí, parece que sí… pero.
―¿?
Frederica le dio una palmada en el hombro, pero notó que su voz sonaba desanimada.
―…Era una Herrami’nta de Magi-creación enorm’ y genial… pero t’rminó siendo brutalmente de’truida.
El amante de las cosas grandes y angulares miró con tristeza los restos de la máquina.
4
―He investigado la situación. Coincide con el testimonio del personal. Su bienestar es invaluable. No son responsables por los daños al equipo de la fábrica.
―Gracias por sus palabras. …Eh, ¿de verdad no está molesto?
―Curioso. ¿Por qué debería?
Frederica desvió la mirada, murmurando un "No" incómodo.
Aunque sabía que era descortés, no pudo evitar notar que el rostro del hombre no había cambiado en absoluto desde que entraron a la sala hasta que terminaron de relatar lo ocurrido. Era común en políticos ocultar sus emociones, pero Leno Rex, el alcalde de Costuul, llevaba esto al extremo.
――En ese momento, Frederica y Garfiel se encontraban en el Ayuntamiento de la Ciudad Industrial, interrumpiendo su cita para informar sobre los extraños sucesos en la fábrica.
Acababan de explicar el incidente y las circunstancias que llevaron a la destrucción de la herramienta.
Había sido algo inexplicable. Después de todo, aquella luz que envolvió la máquina era――
―En esta ciudad, las llamamos "Luciérnagas de mana".4
―¿Oh? Así qu’ tenía nombr’, viejo… ¡au!
―¡No seas irrespetuoso! Disculpe, señor alcalde. Mi hermano acaba de mudarse del campo y aún no domina las formalidades...
―No importa. Valoro más la capacidad de salvar vidas que la etiqueta.
―¡Oye, viejo, habla’ con sentido común! Onee se pr’ocupa demasiado... ¡au!
Frederica suspiró mientras pellizcaba el costado de su irreverente hermano. Luego, retomando el tema interrumpido, comenzó con un "Entonces...":
4 el scans en ingles las Lightbugs que es un juego de palabras entre Insecto luminoso “luciérnagas” o Error de luz.
―Mencionó "luciérnagas de mana". ¿Qué son exactamente?
―Un fenómeno único de esta ciudad, por así decirlo. Se han reportado múltiples avistamientos cerca de fábricas que usan Herramientas de Magi- creación, siempre vinculadas a piedras mágicas. La teoría sugiere que el mana residual de estas piedras podría haberse fusionado con algún tipo de micro- espíritus.
―...Ciertamente, esa luz daba la impresión de estar relacionada con espíritus elementales.
Asintió, encontrando lógica en la explicación. Vivir con Emilia, una usuaria de artes espirituales, le había permitido observar de cerca a los micro-espíritus que la rodeaban cada mañana. El comportamiento de aquellos seres era similar al de las luciérnagas de mana.
Pero—
―Pero si esas luciérnagas hacen travesuras tan peligrosas, ¿no es un problema?
—En efecto. Es un inconveniente nuevo para Costuul, de apenas unos meses.
―¿Nuevo?
Aunque el fenómeno fuera local, el peligro era innegable, como acababan de presenciar. Sin embargo, Leno aclaró que no se trataba de un problema histórico, sino reciente.
Ante las miradas interrogantes, el alcalde inclinó levemente el mentón y continuó:
―Como mencioné, las luciérnagas se han observado desde hace tiempo, pero siempre se las consideró inofensivas, pues solo acompañaban a las herramientas. Sin embargo, en los últimos meses, las herramientas comenzaron a fallar... y las luciérnagas, a comportarse de manera errática.
―¿Entonces las luciérnagas causaron el mal funcionamiento?
―Era una hipótesis. Lo que presenciaron hoy la confirma.
Al responder, Leno movió suavemente su rostro cincelado con cejas delgadas hacia un lado.
―Idealmente, hubiéramos resuelto esto internamente, pero priorizamos contener el daño sobre investigar su origen. Solicitaré ayuda al Margrave Mathers de inmediato.
―¿Eh? ¿Para qué nece’itan a ese ba’tardo de Roswaal?
―Garf, esta ciudad es parte de los dominios del Margrave del Oeste. Es su deber resolver problemas en su territorio.
Mientras explicaba, Frederica admiró la prudencia de Leno. Era acertado intentar solucionar el asunto localmente y recurrir al señor feudal solo si fallaban. Y si ese señor era Roswaal, la decisión era aún más sólida.
Nadie manejaba asuntos feudales con más eficacia que Roswaal... cuando no estaba tramando algo.
―Entiendo que desconfíes del Maestro, pero...
―No es e’o. Que mi grandioso yo odie al ba’tardo no tiene nada que v’r. Onee, ¿no lo ve’? ¡Hablo de e’e tipo que hizo que la luciérnaga se volviera loca!
―¿Que hizo que se volviera loca...? Oh.
Los ojos esmeralda de Frederica parpadearon, sorprendidos.
Se había concentrado tanto en reportar el incidente que olvidó mencionar al hombre grosero —Hayden Garo— que apareció justo antes del caos.
Naturalmente, Leno, ignorante de esto, preguntó:
―¿Tienen idea de qué provocó el comportamiento anómalo de la luciérnaga?
―S-sí. Aunque desconocemos el método exacto...
―¡Conozco al ba’tardo que lo hizo! E’ un mitad be’tia grande y feo. En cuanto ese cabrón cha’queó los dedos, empezó el alboroto en la fábr’ca. Controla a las luciérnagas de alguna f’rma. Como dice el dicho: "La rata gigante que baila al son de la flauta de Dokost".
―Por ahora, me resulta difícil de creer.
Desde la perspectiva de Leno, la información que recibió iba más allá de lo razonable. Aunque su expresión no cambió, su tono de voz sí lo hizo, lo que llevó a Frederica a intervenir:
―Señor alcalde... Usted mismo sugirió que las luciérnagas de mana son similares a los micro-espíritus. Si es así, un usuario de artes espirituales podría comunicarse con ellas e incluso hacer un contrato para controlarlas, ¿no?
―No sería descabellado que alguien pudiera manipularlas de esa manera.
El alcalde asimiló la especulación de Frederica y llegó a la misma preocupación. Aunque la naturaleza exacta de las luciérnagas seguía siendo desconocida, si existía la posibilidad de que fueran controlables, entonces el hombre llamado Hayden Garo bien podría estar detrás del incidente.
―Además de consultar con el Maestro sobre cómo lidiar con las luciérnagas, deberíamos rastrear a ese hombre... Hayden Garo. No quiero sonar presuntuosa, pero mi hermano y yo podemos seguirlo hasta cierto punto usando nuestro olfato.
―Bueno, el Margrave es conocido como el "Amante de los Semihumanos".
―Me gustaría negar ese apodo por el honor del Maestro, pero...
Frederica se sintió incómoda al admitir que, efectivamente, sus sentidos agudizados como mitad bestia los hacían ideales para esta tarea. Sin embargo, Leno ya estaba considerando seriamente sus habilidades y la posible conexión de Hayden con el incidente.
―Debemos actuar rápido, Garf. Lamentablemente, nuestra cita termina aquí...
―…
―¿Garf?
Al no recibir respuesta, Frederica giró hacia su hermano. Pero él permanecía inmóvil, la mirada clavada en la ventana de la sala.
Entonces, Garfiel resopló levemente—
―¡Agáchense!
En un instante, su brazo se extendió, agarrando a Frederica y a Leno por la ropa para tirarlos al suelo. Frederica casi gritó al ser derribada con fuerza. …No, quizás sí gritó, pero el estruendo que siguió ahogó todo sonido.
El siguiente instante, algo chocó con gran fuerza contra la pared del piso superior del Ayuntamiento.
―…
Arrojados por un impacto que parecía voltear el mundo, los escritorios, estanterías y el sofá donde Frederica y los demás estaban sentados fueron desplazados al extremo opuesto de la habitación.
Entre todo eso, Frederica y los demás también fueron lanzados al extremo de la habitación. Al incorporarse, miraron la pared para ver qué había sucedido y quedaron atónitos.
Un agujero gigante se abría en la pared, mostrando una vista panorámica de la Ciudad Industrial. Y en medio de ese paisaje, una enorme Herramienta de Magi-creación de construcción, envuelta en una luz pálida, se alzaba amenazante.
Era un vehículo similar a un carruaje bestia, equipado con escaleras para transportar materiales a grandes alturas. Ahora, cargado con escombros, se estrellaba contra el Ayuntamiento a una velocidad demencial.
Esto no podía ser un accidente—
―Ese de’graciado preparó e’to…
Sus colmillos rechinaron de furia. El objetivo de su ira era Hayden, pero el desahogo tendría que esperar.
La herramienta, que había descendido lentamente después del primer impacto, comenzó a acelerar de nuevo.
Si golpeaba el edificio otra vez, el Ayuntamiento podría colapsar por completo.
―¡Leno-sama! ¿Cuántas personas hay en el Ayuntamiento?
―. Doce, incluyendo familiares del personal.
Leno comprendió al instante el significado de la pregunta de Frederica y respondió sin vacilar.
A su llamado, Frederica gritó con urgencia:
―¡Garf! ¡Abre un agujero en el piso! ¡Yo sacaré a los demás!
―¡ No t’ equivoques, Onee—!
Con un gruñido, Garfiel golpeó el suelo con fuerza brutal. Al mismo tiempo, Frederica se lanzó hacia Leno, se arrodilló y lo levantó en brazos con facilidad sorprendente, empujándolo hacia la ventana opuesta al lado donde la Herramienta de Magi-creación se acercaba.
Con un estruendo cristalino, Frederica rompió la ventana y saltó al vacío con Leno.
―…
Ni siquiera en esta situación extrema, el alcalde emitió un solo grito.
El Ayuntamiento era un edificio de seis pisos, y la oficina del alcalde estaba en la parte superior. Frederica podría haber aterrizado sin problemas si estuviera sola, pero llevar a una persona complicaba las cosas. Un humano normal moriría en la caída.
Pateando la pared exterior para reducir el impulso, Frederica logró aterrizar en el suelo con Leno en brazos— justo cuando la Herramienta de Magi- creación impactó por segunda vez.
El edificio se sacudió con un rugido, inclinándose peligrosamente.
―¡Garf! ¡La parte trasera del edificio!
Frederica gritó en voz alta, olvidando su modestia en el momento. Su voz tenía que ser escuchada por Garfiel a través del estruendoso rugido. La respuesta fue inmediata.
Las ventanas desde el quinto piso hacia abajo estallaron de golpe, y los empleados salieron despedidos uno tras otro. Sus rostros, pálidos de pánico mientras caían al vacío, aterrizaron sobre las cabezas de Frederica y Leno... directo al depósito de agua detrás del Ayuntamiento.
―¡Que alguien ayude! ¡Yo rescataré a los que cayeron al agua!
Al escuchar los sucesivos chapoteos, Leno se liberó de los brazos de Frederica y dio órdenes rápidamente.
La gente que había escuchado el alboroto se agolpó, jadeando, y comenzó a sacar a los empleados del agua. Mientras tanto, el colapso del Ayuntamiento continuaba—
―La Herramienta de Magi-creación.
Había que detenerla.
Frederica corrió hacia la máquina, que se preparaba para un tercer impacto. Saltó sobre el carruaje bestia de estructura alargada y vio de cerca a la luciérnaga de mana, que forzaba a la herramienta a moverse de manera antinatural.
Cuanto más la observaba, más se parecía a un micro-espíritu. Con un chasquido de sus colmillos, Frederica destrozó la piedra mágica que servía como fuente de energía. La piedra se quebró, y la luciérnaga se desvaneció.
Al instante, como si hubiera muerto, la herramienta dejó de funcionar.
Frederica se asomó desde la máquina inerte y miró hacia el Ayuntamiento—
――I-iba…ha!
El Ayuntamiento colapsó incluso sin más daños, y Garfiel emergió entre la nube de humo. Llevaba una persona en su mano derecha, otra en la izquierda, una más en la espalda y una última... entre los dientes.
Sumados a los ocho empleados que cayeron al agua, eran las doce personas que Leno había mencionado.
―Garf... ha crecido fuerte.
Una ola de alivio inundó su mente mientras se llevaba una mano al pecho.
Claro, ya había visto las habilidades de su hermano la noche de su reencuentro, cuando la rescató de un asesino. Pero esto era diferente.
No solo tenía el poder para luchar contra alguien, sino también para salvar a otros.
―Abuela... criaste muy bien a Garf.
El orgullo y la gratitud llenaron su corazón mientras pensaba en Ryuzu.
Con esa certeza, decidió reunirse con Garfiel y los demás—
――Vaya, vaya. Qué logro más impresionante. Es asombroso que no hayas dejado que ni un solo inferior muriera.
De pronto, ese susurro en su oído hizo que todo su cuerpo se erizara al instante.
La ropa que Petra había elegido para Frederica comenzó a tensarse peligrosamente mientras sus brazos, piernas y torso se expandían, amenazando con rasgar las costuras. Un pelaje dorado brotaba bajo su piel blanca, señal de que su forma bestial emergería en cualquier momento.
Pero Hayden Garo fue más rápido.
―Mi futura reina, si vas a desvestirte, prefiero hacerlo yo mismo... en un dormitorio.
Su puño, acompañado de un comentario lascivo, se clavó en el abdomen de Frederica. El impacto la hizo gritar de dolor, doblando sus rodillas mientras la sacudida recorría su columna y estremecía sus órganos.
Su cuerpo colapsó hacia adelante, solo para ser sostenido de manera humillante por Hayden mientras su conciencia se desvanecía.
Con Frederica fuera de combate—
―Mis planes se desviaron un poco, pero es un precio justo por reclutar a mi futura reina. ――Con tu sangre y la mía, exterminaremos a los inferiores y construiremos una nueva nación.
Su proclama eufórica no llegó a los oídos de Frederica. Sin embargo, en el borde de su conciencia que se apagaba, solo pudo pensar en una cosa:
――El agudo remordimiento de separarse de Garfiel otra vez.
5
―Garfiel-dono, ¿estás bien? ¿ Estás herido?
―¡Pah, ptuh! ¿Quién cre’s que e’ mi grandioso yo? No te pr’ocupes. Aunque... por un s’gundo p’nsé que no sacaría a todos a tiempo.
Escupió los escombros de su boca mientras respondía a Leno, quien se acercó corriendo.
Finalmente había puesto en el suelo a las cuatro personas que rescató —todas le agradecieron entre lágrimas antes de ser llevadas a recibir atención médica—. Solo entonces, Garfiel respiró aliviado.
― Mi agradecimiento también va para ti. Hiciste un trabajo extraordinario evacuando a todos.
―Ja, e’ lo mínimo que pu’de hacer mi grandioso yo. Par’ce que Onee... tambi’n lo hizo bien.
Resopló ante el agradecimiento de Leno y miró hacia la Herramienta de Magi- creación, ahora inerte.
Más allá de los escombros del edificio derrumbado, la máquina había perdido su luz. Mientras él salvaba vidas, Frederica debió haber neutralizado a la luciérnaga de mana que causaba el caos.
――No, el verdadero culpable no era la luciérnaga.
―Fue Hayden Garo, ese maldito bastardo...
―¿Esa persona está conectada con el brote de las luciérnagas? Entonces este colapso no fue una coincidencia.
―Tras el lío en la fábrica, nos siguió. Y cuando supo que hablamos contigo, quiso silenciarnos...
Al llegar a esa conclusión, sus ojos se abrieron levemente.
Leno preguntó "¿Qué ocurre?", pero Garfiel no respondió. Con sus ojos esmeralda afilados, giró y miró fijamente la herramienta detenida.
No había rastro de Frederica cerca de la máquina.
―Ese... ¡Maldito bastardo...!
Lo supo al instante: Hayden Garo se había llevado a Frederica. El ataque al Ayuntamiento fue una distracción. Su verdadero objetivo era ella.
Y él, había caído en la trampa, fallando en protegerla.
―Garfiel-dono, ¿acaso la señorita Frederica...?
La expresión de Garfiel fue respuesta suficiente. Con un "Sí" áspero, asintió, frustrado.
El dolor de su incompetencia lo atravesó, pero eso podría esperar.
―Mi prioridad e’ recup’rar a Onee. Lo demás—
Estaba a punto de dejar la limpieza del Ayuntamiento en manos de otros cuando— el infierno estalló.
Antes de que pudiera terminar la frase, un estruendo retumbó a lo lejos. Luego, como una reacción en cadena, dos, tres más, cada uno desde una dirección diferente.
―…
Sus ojos se dilataron. Miró hacia el origen del sonido: columnas de humo — ¿incendios? ¿más destrucción?— se alzaban en el horizonte. Cada pelo de su cuerpo se erizó.
Lo que terminó por revelar su verdadera naturaleza fueron los destellos de luz pálida visibles en el origen de cada estruendo: resplandores peligrosos que acompañaban a las Herramientas de Magi-creación infectadas por luciérnagas de mana.
Nuevos desastres provocados por las luciérnagas habían estallado simultáneamente en distintos puntos de la ciudad. Era como si Hayden se burlara de Garfiel, arrebatándole a su hermana y luego sumiendo todo en el caos.
―Esto e’ una puta broma… ¡¡No me jod’s, Hayden Garo――!!
Su visión se tiñó de rojo por la furia. La energía se acumuló en sus piernas, agrietando el suelo bajo sus pies mientras la Bendición de los Espíritus de la Tierra respondía a su furia.
¿Qué tan glorioso sería canalizar toda esa energía hacia Hayden? ¿Qué tan satisfactorio sería recuperar a su hermana inmediatamente después de perderla?
Con un anhelo que le partía el corazón, Garfiel avanzó.
――Pero en lugar de correr hacia donde estaba su hermana, sus colmillos rechinaron al girarse hacia las luciérnagas descontroladas que arrasaban la ciudad.
6
―La derrota en la Guerra de los Semihumanos es la razón por la que los inferiores han prosperado.
―…
―También me exaspera que la llamen "guerra civil de Lugunica", como si todo fuera un mero conflicto interno. Pero hubo chispas en todas partes. El fuego pudo haberse extendido mucho más.
Mientras el hombre hablaba sin cesar, un sonido metálico resonaba en sus manos: era el raspado de una lima afilando una uña.
――Hayden Garo, quien se arreglaba las uñas con esmero, terminó de pulir las de su pie izquierdo con movimientos expertos.
Alzó la mano bien cuidada y observó entre los dedos con gesto teatral. Frederica, exhausta, soltó un suspiro prolongado y finalmente habló:
―Disculpe, ¿puedo hacer una pregunta?
―¿Hmm? ¿Qué ocurre?
―Si esto va a llevar mucho tiempo, ¿puedo irme a dormir? Me costó mucho descansar anoche. Estaba esperando con ansias este día… hasta que pasó esto.
―. Kuku, ¡ja ja ja ja!
Un silencio incómodo precedió su risa estruendosa. Hayden se rió con la boca abierta, mostrando sus afilados colmillos. Frederica frunció el ceño, disgustada por el eco de su risa, mientras las cadenas en sus brazos resonaban sin vida.
―Ey, ey, no te lastimes innecesariamente. Las imperfecciones no son propias de una Reina.
―Me dejaste inconsciente, luego me trajiste aquí, y ahora haces lo que te place...
―Fui gentil. Cuidé de no dejar ni un rasguño... aunque no niego que el golpe fue fuerte. No podía arriesgarme.
Dicho esto, Hayden se acercó, le agarró la barbilla y la obligó a levantar la mirada.
Frederica torció el gesto al ver su rostro de cerca, pero eso solo amplió la sonrisa en la barba cuidadosamente recortada de Hayden.
―No hace falta que te sometas. Una mujer con carácter es digna de mi reino.
―Reino, reino, reino... ¿qué planeas exactamente? ¿No me digas que en serio pretendes fundar tu propio país?
―Si te dijera que sí, ¿te burlarías de mi sueño?
―…
Frederica guardó silencio ante su pregunta, hecha en un tono ligeramente más bajo.
Claro que era un delirio, pero si lo decía en voz alta, la mano en su mentón podría aplastar su boca imprudente. Estaba segura de eso.
Ante su silencio, Hayden entrecerró los ojos y murmuró: "Buena chica".
―Hermosa, obstinada y perspicaz. Estas son las razones —más allá de la sangre— por las que no puedo apartar mis ojos de ti.
Luego, soltó su barbilla y en cambio hundió los dedos en su largo cabello dorado, besándolo con una devoción que pretendía ser amor genuino.
Frederica apartó el rostro, incapaz de ocultar su repulsión, y en cambio dirigió su atención más allá de Hayden, hacia el entorno que la rodeaba.
El lugar al que Frederica fue llevada después de ser noqueada por Hayden era un espacio rocoso donde el aire era frío y la única fuente de luz provenía de una tenue luminiscencia azulada. La pesadez y humedad del ambiente, junto con el eco de los sonidos, dejaban claro que se encontraba en el interior de una caverna.
Frederica estaba encadenada a una pared de piedra fría, restringida en posición vertical. Sin embargo, considerando el tiempo que había estado inconsciente, no podía estar muy lejos de Costuul――
―Hayden-kun, ¿cómo se encuentra la muchacha?
――Hk.
El repentino sonido de una tercera voz hizo que Frederica diera un sobresalto involuntario, haciendo que sus cadenas resonaran.
Hayden, con una sonrisa más amplia, soltó el cabello de Frederica y se volvió para saludar a la figura que se acercaba lentamente desde las sombras.
―Oh, nuestra futura reina está en excelentes condiciones, Doc. No importa cuán buena sea la calidad de su sangre, si fuera débil y fea, nadie querría adorarla.
―No pregunté por su apariencia. ¿Crees que es mi naturaleza obsesionarme con eso?
―Ey, ey, no seas tan despectivo. Claro, eres feo, pero la presencia de cosas feas resalta la belleza de lo hermoso. Además, es mucho mejor que ser un inferior.
Se encogió de hombros mientras la persona con quien hablaba emergía a la luz.
Era un hombre de cabello gris, con un cuerpo esquelético y una piel pálida como la cera. Su piel seca y cabello sin vida le daban el aspecto de un cadáver animado, pero esa impresión se contradecía con sus ojos, que brillaban con un fulgor siniestro.
Tanto por instinto como por experiencia, Frederica sabía que las personas con esa mirada no estaban en su sano juicio.
Y, como era de esperar, cuando el hombre se detuvo frente a Frederica, suspendida y encadenada, sus ojos brillaron con aún más intensidad――
―¡Pero entiendo tus sentimientos, Hayden-kun! ¡Por fin, otra portadora de la preciosa "sangre rara" está ante mis ojos!
――Sangre rara.
Frederica repitió las palabras del hombre, cuya voz temblaba de excitación.
No lo hacía porque no entendiera lo que decía, sino precisamente por lo contrario.
Frederica sabía de la existencia de la sangre rara, y era consciente de que la poseía. También sabía que esa sangre especial que fluía en sus venas era parte de la razón por la que se le permitió servir fuera del Santuario y fue acogida por Roswaal.
―Por supuesto, eres consciente de tu propia sangre, ¿no es así? Que es especial, diferente a la de los demás. Su contenido de mana, su sabor, sus efectos al ser consumida por un chupasangre o alguien similar... ¿lo sabías? ¡La sangre común es veneno, pero la sangre rara es misteriosa, única!
―…No estaba al tanto de eso. Parte de esa información preferiría no conocerla.
Sin intención de ofender al hombre insistente, no quería imaginar la posibilidad de que alguien bebiera su sangre. Incluso si decían que sabía bien y estaba llena de poder, eso no la haría feliz.
Por supuesto, Frederica estaba agradecida con su madre, quien la trajo al mundo como era, y aunque sentía emociones encontradas hacia su padre — quien hizo sufrir a su madre—, valoraba el haber nacido.
También era consciente de que su condición de medio bestia era una parte importante de su destino.
―Fuu, no maldigas tu nacimiento. Nada nos haría más felices que Fuu-chan y Gar-bo no tengan que cargar con los arrepentimientos que nosotros llevamos por tanto, tanto tiempo.
Frederica recordó las palabras de Ryuzu cuando el Santuario fue liberado y se separaron. A esas palabras, ella había respondido: “Por supuesto.”
―Sin embargo, nunca me dijeron que estos caballeros me cortejarían, abuela…
Aunque no quería culpar a su nacimiento ni a las palabras de Ryuzu, estaba tentada a decir que esta situación era demasiado desafortunada.
―Bien, excelente, lo he anhelado tanto. Este es el momento que esperé por años. Tú también eres mía, mía, mía, mía…
Mientras Frederica divagaba, los ojos del hombre se volvieron aún más erráticos. Con dedos delgados como ramas secas, abrió su capa, exponiendo lo que había debajo.
Al principio, Frederica casi gritó ante la visión desagradable que imaginó, pero al ver lo que realmente había bajo la capa, su grito se ahogó en su garganta.
Dentro de la capa colgaban innumerables frascos repletos de un líquido rojizo-negruzco.
―Las muestras de sangre de mi alma. Soy un investigador. Mi objetivo es descubrir el poder oculto de la sangre, desentrañar sus misterios y, así, traer salvación al mundo.
―¿Los misterios de la sangre... y la salvación del mundo?
―¡Exacto! ¡Desentrañar los misterios de la sangre equivale a revelar los secretos de la vida misma! Por eso, tu sangre, pequeña, será de gran ayuda para impulsar el mundo hacia el futuro――
El hombre se acercó a Frederica, quien quedó sin palabras ante su teoría grotesca. Un terror instintivo la recorrió al sentir la obsesión demoníaca que emanaba de él.
Sin embargo――
―Doc, suficiente. No quiero que intimides más a mi futura reina.
Contra todo pronóstico, fue Hayden quien agarró el rostro del hombre y salvó a Frederica de su avance. Le cubrió la boca con una mano, haciendo que el hombre soltara un gemido de dolor. La expresión de Hayden se endureció levemente mientras lo obligaba a retroceder.
―Tsk, Doc tiene unos colmillos pegajosos... no, más bien sedientos.
―¡Hyah, hyah, es un desperdicio! ¡Eshto esh un desperdishio, Hayden-kun...!
Hayden chasqueó la lengua y lo soltó; sangre goteaba de la base de su pulgar. Al parecer, los dientes del hombre lo habían rozado al agarrarlo. Pero lo más perturbador fue su reacción: cuando la sangre de Hayden cayó al suelo, el hombre se arrojó sobre ella y comenzó a lamerla ávidamente.
Era un espectáculo que hizo que Frederica deseara gritar, pero al observar su boca, todo cobró sentido.
―Esos colmillos y ese comportamiento de lamer sangre... eres un chupasangre, ¿verdad? Un hombre murciélago.
Dedujo su verdadera identidad basándose en su obsesión. Luego, mirando a Hayden, añadió:
―Y veo que tú también tienes sangre rara.
―Realmente eres una mujer inteligente. Valió la pena evaluarte, Frederica.
――Hk, mi nombre...
―Por supuesto que lo sé. ¿Crees que declararía a una mujer que vi por casualidad como mi futura reina? Eso solo pasa en los cuentos de hadas.
Frederica sintió humillación al comprender que todo había sido planeado. Desde su encuentro en la fábrica hasta el caos en el Ayuntamiento... nada fue coincidencia.
―¿Así que todo este alboroto en Costuul es por mi sangre rara?
―Ey, ey, no hables como si tu único valor estuviera en tu sangre. También me interesa tu cuerpo. Pero sí, el motivo principal eras tú.
―...¿Cómo lograron manipular a las luciérnagas de mana?
―Eso es mérito del "Coleccionista de Muestras Sanguíneas", el Doctor Leonardo Baroness.
Lamió su herida mientras admiraba los logros del hombre que ahora se arrastraba a sus pies.
―No entiendo los detalles, pero dicen que algunas personas tienen una predisposición en su sangre que potencia el rendimiento de las piedras mágicas... A diferencia de una Protección, esta diferencia parece radicar en su sangre. El Doc extrajo ese elemento y así pudo controlar a las luciérnagas, que nacen de piedras mágicas usadas.
―Llamarlas "luciérnagas" es un término ignorante. Son entidades disuasorias, creadas para castigar a quienes distorsionan las leyes del mundo...
―En resumen, existen por los inferiores que crearon las Herramientas de Magi-creación. ¡Qué irónico que sean atacados por la prueba de su propio pecado! Una historia deliciosa, ¿no?
― Con una historia tan breve, hay dos o tres cosas que me irritaron...
La ira creció en Frederica ante Leonardo, que seguía lamiendo el suelo, y Hayden, que se burlaba.
Este último, que repetía "inferiores, inferiores" como un mantra, ya había mostrado una ideología opuesta a la de Frederica. Aunque se autodenominaba mitad bestia como ella y Garfiel, y parecía tener opiniones sobre la Guerra de los Semihumanos y el Reino de Lugunica――
―Nosotros y los humanos no estamos en una competencia por la superioridad. No somos iguales, pero tampoco considero nuestras diferencias como divisiones insalvables.
―…
―De hecho, la raza humana hizo descubrimientos distintos a los de las razas semihumanas. La magia y las habilidades de fabricación de herramientas, por ejemplo, incluso las Herramientas de Magi-creación de Costuul, son el resultado de su arduo trabajo…
――Cállate.
Frederica intentó dejar clara su postura divergente.
Hayden acercó su rostro hasta casi tocar la punta de la nariz de Frederica y lanzó una orden breve y contundente. La energía ominosa que emanaba de todo su cuerpo hizo que los instintos de Frederica se estremecieran al instante.
El efecto fue más contundente que si la hubiera agarrado por el mentón para silenciarla por la fuerza.
―…
Conteniendo la respiración, Frederica tragó sus palabras. Al verla así, el rostro de Hayden se tornó serio, pero tras una pausa, rompió la tensión con un: «Oi, oi».
―Culpa mia. Me molesta que siempre hables fuera de lugar. Me gustan las mujeres de carácter fuerte, pero no las de mal genio.
―¿Qué piensas hacer conmigo, al final?
Al notar que Hayden parecía recuperar la compostura, Frederica abandonó la idea de seguir hablando.
Dialogar con alguien que no está dispuesto a discutir solo provocaría una reacción negativa unilateral. Lo único que podía hacer era buscar una oportunidad para escapar mientras interpretaba el papel que el otro exigía en esa situación.
Pero no podía permitir que Leonardo le drenara toda la sangre antes de lograrlo――.
―No te preocupes. No dejaré que te lastimen. Cuando estemos listos, iremos a mi castillo por un tiempo.
―¿Castillo…?
―Oh, te encantará. ――¡Oi, Doc! ¿Hasta cuándo vas a seguir lamiendo la sangre del suelo? Te estoy esperando. Termina de una vez.
Tras anunciar su desalentador plan, Hayden agarró a Leonardo por el cuello y lo obligó a ponerse de pie. Leonardo parecía querer volver al suelo, pero cuando Hayden le dio una patada en el trasero para apurarlo, este dijo: «¡Bien, bien!», y comenzó a desmontar todo.
Una vez terminado, parecía que Frederica sería «recibida» en el castillo de Hayden.
―…
Las cadenas eran tan resistentes que era incierto si Frederica podría romperlas incluso transformada en bestia. Dejando eso como último recurso, contuvo la respiración y esperó el momento oportuno.
―Cumpliré mi promesa a la abuela, pase lo que pase…
Frederica recordó la promesa que le había hecho a Ryuzu, fortaleciendo su determinación.
Seguro que Garfiel ya estaría luchando por encontrarla.
7
――Y en la Ciudad Industrial, Garfiel luchaba más allá de lo que Frederica podía imaginar.
―¡¡OOORAAAA――!!
Garfiel pateó la calle con tanta fuerza que dejó huellas, y su cuerpo voló como una flecha hacia la Herramienta de Magi-creación revestida de luciérnagas ――o más bien, hacia la luciérnaga de mana que la empuñaba.
La Herramienta de Magi-creación de la fábrica y la de trabajo elevado que había derrumbado el Ayuntamiento podían considerarse luciérnagas de mana descontrolados, pero esta era algo completamente distinto.
En esencia, la Herramienta de Magi-creación estaba diseñada para pulir metal, pero la luciérnaga que se aferraba a ella ignoraba su función y estructura, cubriéndola por completo hasta convertirla en una gigantesca luciérnaga de mana monstruosa que arrasaba con todo.
La patada voladora de Garfiel se clavó en el centro de la monstruosa luciérnaga de mana. Hubo resistencia por parte de la luz por un instante, pero el giro de su talón la destrozó, haciendo añicos la propia Herramienta de Magi-creación.
La piedra mágica en el núcleo de la formación de la luciérnaga se quebró, y toda la monstruosa luciérnaga de mana se disipó.
―Con esto…
Tras destruir su décima luciérnaga, Garfiel se permitió un respiro.
――Hk.
Sin embargo, a Garfiel no se le permitió descansar en sus laureles, ya que las Herramientas de Magi-creación comenzaron a descontrolarse en otras partes de la ciudad en rápida sucesión, lo que generó nuevas luciérnagas de mana y causó cada vez más daños.
Las Herramientas de Magi-creación eran el pilar del poder manufacturero de la Ciudad Industrial de Costuul. Como tal, podían encontrarse por toda la ciudad. Dado que las luciérnagas de mana las activaban una tras otra, era como si las chispas se hubieran esparcido por la ciudad de antemano.
―¡Mierda, no import’ cu’ntas de’troce, siguen apareci’ndo…!
Garfiel apretó los dientes mientras los guardias de la ciudad también corrían de un lado a otro bajo las órdenes de Leno, pero no estaban del todo a la altura de la tarea.
Al final, era una situación en la que las defensas de Garfiel resultaban indispensables.
―Hermana…
Una sensación de ardor lento se extendió por su corazón, llevando el espíritu de Garfiel al límite.
Quería rescatar a su hermana angustiada lo antes posible, pero si Garfiel dejaba una apertura, lo que fluyera a través de ella arrasaría con el destino de muchas personas.
Si dedicaba toda su energía a evitarlo, Frederica se alejaría cada vez más.
El conflicto ineludible entre ambas cosas estaba desgastando sin piedad el alma inexperta de Garfiel――.
―¡Vengan, esto no e’ nada――!
A pesar de la inquietud en su corazón, el cuerpo de Garfiel se movió con ferocidad.
En el momento en que la luciérnaga de mana monstruosa recién aparecido asomó la cabeza, golpeó con precisión solo la parte de la piedra mágica de la Herramienta de Magi-creación con su puño, sin movimientos innecesarios. Acto seguido, saltaba hacia otro enemigo, asestándole una patada giratoria y silenciándolo.
Si quería llegar al lado de su hermana solo un segundo antes, tendría que acabar con tantas luciérnagas de mana monstruosas como fuera posible. Para lograrlo, se dirigió hacia la ubicación de la siguiente luciérnaga――.
――¿Ah?
Justo cuando estaba a punto de saltar, Garfiel sintió una presencia creciente detrás de él, en la nuca.
Sin embargo, eso era imposible. Provenía del lugar donde había aparecido el primero de las dos las luciérnagas que acababa de destruir en sucesión. Los ojos verde esmeralda de Garfiel se abrieron de par en par mientras se giraba para ver si quedaba alguno más.
La luciérnaga de mana monstruosa se suponía que había sido derrotada. Sin embargo, su luz rodeaba dos Herramientas de Magi-creación ――al absorber múltiples Herramientas de Magi-creación, había aumentado sus puntos críticos a dos, y él había fallado en derrotar a una de ellas.
Una de ellas se sacudió violentamente, y una parte del cuerpo de la luciérnaga de mana comenzó a brillar intensamente. Podía ver el mana concentrado en ese único punto, una señal de que un ataque estaba a punto de desatarse más allá de su alcance.
―¡Espera――!
Extendió la mano e intentó saltar para interponerse, pero no llegaría a tiempo.
Entonces, ante los ojos de Garfiel, el ataque de la luciérnaga monstruosa se desató para incendiar la ciudad, como si se burlara de la arrogancia de Garfiel――.
――Perdón por la interferencia. Solo un momento.
En el instante en que escuchó esa voz, el cuerpo de la luciérnaga de mana monstruosa que estaba a punto de liberar la luz desapareció de repente.
El espacio donde solía estar el cuerpo de la luciérnaga monstruosa literalmente desapareció, y el mana que había acumulado, junto con su cuerpo grotesco, también se esfumó. Naturalmente, el núcleo de la luciérnaga monstruoso, la Herramienta de Magi-creación, fue arrancado, incapaz de mantenerse, y se convirtió en partículas de luz que se disiparon en el aire.
―¿Qué…?
Una cantidad extrema de confusión golpeó a Garfiel mientras se preguntaba qué había sucedido.
La confusión detuvo a Garfiel en seco, y sin que su interferencia lo impidiera, la maldad estaba a punto de florecer en otro lugar. Pero eso también se detuvo justo a tiempo.
Cuando la luciérnaga de mana, que estaba a punto de volverse masivo usando una Herramienta de Magi-creación como catalizador, quedó congelado por completo.
―¡Gracias a Dios! ¡Parece que llegamos a tiempo!
Una figura voladora aterrizó con agilidad justo encima del pilar ahora congelado que antes era la luciérnaga de mana. Con su largo cabello plateado ondeando al viento, era una semielfa que se palmeó el pecho aliviada ――Emilia.
Los ojos de Garfiel se abrieron al verla, miembro de su grupo y su líder.
―E-Emilia-sama… ¿Qué hace aquí?
―¿Qué? Estaba en la mansión cuando escuché un ruido muuuy fuerte proveniente de la ciudad. Parecía haber mucho humo, así que me apresuré a venir.
―Apr’surarse a venir…
―Sí, exacto. Estoy segura de que los demás también están en camino, pero los primeros en llegar fuimos yo y…
――Parece que solo estoy yo. Acompañamiento.
Una voz serena interrumpió las palabras de Emilia, y Garfiel se giró en pánico. Entonces, sus ojos se encontraron con los de un joven sereno, vestido con un uniforme de mayordomo negro y un monóculo en el ojo izquierdo.
Era alguien que los había atendido hace un mes, antes y después de que se mudaran a la actual mansión.


―Creo que e’tabas en la casa del pari’nte de Roswaal, el mocoso e’e…
―Es un honor ser recordado. Como ha dicho, sirvo a la joven Annerose-sama. Soy Clind. Reintroducción.
―¿Qué hac’ un t’rcero como tú con Emilia-sama?
―Solo estaba visitando la mansión por negocios y me encontré con esta situación. Coincidencia. Así que me uní a Emilia-sama para ayudar. Apoyo limitado.
El joven se inclinó educadamente a la altura de la cintura y saludó ――Garfiel dejó escapar un aliento entrecortado ante las palabras de Clind.
Si fue Clind quien causó el extraño fenómeno que borró a la luciérnaga de prana monstruosa momentos antes, su ayuda sería más que un simple apoyo, y no sería una coincidencia, sino un golpe de suerte.
Entonces, Emilia saltó del pilar de hielo y aterrizó junto a Garfiel, mirando alrededor de la ciudad.
―¿Esas cositas extrañas son Micro Espíritus…? Mmm, no, no exactamente. Esas pequeñas son las que están causando problemas en la ciudad, ¿verdad?
―¡Ah, sí, al par’cer s’ llaman luciérnagas de mana! Están jugu’teando con las Herrami’ntas de Magi-creación de la ciudad… ¡p’ro eso no e’ todo!
Mientras respondía sin pensar a la pregunta de Emilia, Garfiel alzó la voz. Los ojos de Emilia se abrieron sorprendidos por la fuerza de su reacción.
Sin embargo, Garfiel no tenía tiempo para disculparse por asustarla.
―¡E’ mi hermana! ¡La ciudad e’tá en probl’mas, pero mi hermana tambi’n está en peligro!
―C-Cálmate, Garfiel. ¿Qué pasó? Se suponía que tú y Frederica estaban en una "cita", ¿no? ¿No están juntos?
―No, no e’tá. ¡Se la ll’vó el ba’tardo que emp’zó todo e’te desa’tre!
――¿Frederica?
Garfiel, que había estado luchando por destruir cada uno de las luciérnagas de mana monstruosas que aparecían por todas partes, se sentía cada vez más impaciente y, por fin, pudo desahogar su frustración con un compañero.
Al instante, los ojos de Clind se entrecerraron con agudeza, y los de Emilia se abrieron aún más.
―Garfiel-sama, detalles, por favor. Urgencia.
―…Mi’ntras r’corría la ciudad con mi h’rmana, un imb’cil se metió en una di’cusión con ella. No enti’ndo cómo lo hizo, p’ro hizo que las luciérnagas de mana se de’controlaran…
―Frederica fue secuestrada por él. Distracción.
―Sí, exacto. Y como m’ qu’dé atrapado aquí, mi h’rmana…
Garfiel apretó los puños con fuerza y maldijo su error.
Que el Ayuntamiento hubiera sido destruido no era excusa. Habiendo visto la obsesión de Hayden con Frederica justo antes, debería haber sospechado que su hermana sería un objetivo.
―Garfiel.
Mientras Garfiel expresaba su arrepentimiento, Emilia dio un paso adelante. Y antes de que Garfiel pudiera decir algo más ――ella le sujetó firmemente el rostro con ambas manos.
―¡Mantén la cabeza alta! Tú viste cómo eran, ¿verdad? ¡Si es así, eres el único que puede encontrar a quien se llevó a Frederica, Garfiel!
―…
―Roswaal no está en la mansión ahora, así que yo tomaré la decisión. Ve a buscar a Frederica… no, ¡es tu deber rescatarla, Garfiel! ¡Haz tu mejor esfuerzo!
Emilia le habló directamente, ejerciendo presión con sus delgados dedos.
Garfiel se quedó paralizado un instante, pero luego, con la voz temblorosa, balbuceó: «E-espera un momento».
―Si mi increíble yo s’ va d’ aquí, la ciudad y toda la g’nte que vive aquí…
―¡Nosotros nos encargaremos de eso! ¡No tienes que hacer todo solo! ¡Estamos todos juntos en esto!
――Ah.
Las palabras de Emilia lo dejaron atónito.
Estaba bien no hacer todo solo. ――Por eso mismo, Garfiel había sido derrotado por Subaru apenas un mes atrás. Por eso Subaru, con la ayuda de Ram y Otto, lo había vencido y reclutado para su causa.
Sin embargo, era un concepto que Garfiel, quien había luchado solo en el Santuario durante tanto tiempo, jamás había considerado. Y ahora, le costaba respirar.
―Emilia-sama, ¿puedo acompañar a Garfiel-sama también? Propuesta.
―¿Clind-san también?
Dejando a Garfiel de lado, Emilia se sorprendió ante la proposición de Clind.
―Sí. ――Considerando el motivo del secuestro de Frederica, es probable que sea urgente. Más concretamente, si quien causó esta situación es el mismo que se llevó a Frederica…
―¡Si ese tipo malo es derrotado, todos los peligros en la ciudad se resolverán…!
―Eso creo, aunque sea una suposición necia. Apelación.
Los ojos de Emilia brillaron con intensidad, y señaló la cabeza inclinada de Clind con un dedo.
―¡Sí! ¡Hagámoslo! ¡Yo me ocuparé de la ciudad mientras Garfiel y Clind-san van a rescatar a Frederica!
―P’ro si solo e’tás tú, Emilia-sama, no tendr’s muchas po’ibilidades…
―¡Eso no es cierto!
Emilia, a punto de emprender la vigorosa defensa de la ciudad, endureció sus palabras ante la preocupación de Garfiel y acompañó el filo de su voz con una mano extendida hacia la distancia.
Más allá de su palma, observó cómo la luciérnaga de prana monstruosa recién nacida se congelaba y quedaba inmóvil. Luego, se giró hacia Garfiel y Clind con un «¿Verdad?».
―Mientras haya alcance, el entorno es más favorable para los usuarios de magia, y creo que Garfiel-sama tiene sus propias fortalezas. Ánimo.
―Ser fu’rte es el punto fu’rte de mi increíble yo. Mi fu’rza ayudará a encontrar a mi hermana… e’pera un momento.
La alternativa de dejar a Emilia a cargo de la ciudad amplió los horizontes de Garfiel.
Específicamente, había algo que Garfiel no había notado en el caos de Costuul con la aparición de los las luciérnagas de mana monstruosas. Pero ahora, habiéndose calmado, algo estimuló su olfato con certeza.
――. Por aquí.
Con seguridad, Garfiel giró hacia la dirección donde estaría Frederica.
Emilia y Clind se miraron y asintieron.
Y entonces――,
―¡Adelante! Subaru me dijo una vez: una cita dura hasta que vuelves a casa. ¡Así que sigue adelante hasta que estés de vuelta con Frederica!
―¡Sí! ¡Déjamelo a mí, Emilia-sama!
Mientras Emilia lo despedía, Garfiel salió corriendo con esas últimas palabras para ella, quien se quedó atrás. Por un momento, casi creyó que dejaría atrás a Clind debido a su poderosa aceleración.
―No hay necesidad de preocuparse. Acompañamiento.
Inclinándose ligeramente hacia adelante, Clind lo siguió a una velocidad comparable a la suya.
Al ser ese el caso, Garfiel olvidó su preocupación por él, apartó el caos de la ciudad de su mente y se concentró en llegar a la ubicación de Frederica.
―¡La aparición tardía del verdadero protagonista del espectáculo! ¡Te hicimos esperar, eh, Garfiel! Ahora que Beako y yo hemos llegado, puedes estar seguro de que todo estará seguro y salvo.
―¡Mostraremos al máximo la asociación de Betty y Subaru! ¡No parpadees o te lo perderás, supongo!
Y en la entrada de la ciudad, Garfiel pasó junto a un par de voces como esas, pero esas también quedaron fuera de su conciencia.
Garfiel dejó atrás a las dos personas que exclamaban "¡¿Eso no está bien?!" y "¡¿No hay límite para tu rudeza, supongo?!" al ser ignoradas por él.
Por primera vez en un mes, corrió nuevamente para salvar a su hermana, tal como lo había hecho esa noche, saboreando la alegría de correr con la afirmación de alguien de que no lo estaba haciendo todo solo.
8
―Si no intentas escapar, no haré nada. Quiero creerte, pero ¿qué pasa ahora?
Cuando Hayden le preguntó, con sus fuertes brazos extendidos, Frederica hizo una mueca y guardó silencio lo mejor que pudo.
La pregunta llegó en el momento en que finalmente estaba listo para sacar a Frederica una vez que hubiera completado sus preparativos para partir.
Parece que, si ella no resistía, él le quitaría las cadenas de manera caballerosa.
―No hay nada caballeroso en mantenerme atada. Haz lo que quieras. Pero, simplemente estate preparado.
―¿En serio? ¿Preparado para qué?
―Si me quitas estas cadenas, prepárate para que te arranque la cara con mis garras.
―Oi, oi, cuando lo dices así, me dan ganas de quitártelas, pero prefiero no quedarme más en esta cueva.
Con esas palabras, Hayden crujió sus nudillos.
¿La golpearía, la dejaría inconsciente y la cargaría, como hizo cuando la trajo aquí?
Ante la amenaza de Hayden, la delgada voz de Leonardo resonó: "Hayden- kun".
―Su sangre rara es muy preciosa. No seas demasiado brusco con ella.
―No necesito que me lo digas, Doc. Ella es mi futura Reina. No la lastimaría.
―Incluso si no tienes intención de hacerlo, tu fuerza física está más allá del alcance de los humanos comunes. De hecho, al traerla aquí, probablemente la heriste. Puedo oler el rico aroma de su sangre.
―¿Qué?
Ante las palabras nerviosas de Leonardo, la sonrisa desapareció del rostro de Hayden.
Al ver esta reacción, las mejillas de Leonardo se endurecieron y preguntó: "¿Qué pasa?"
―Te elogié por tu fuerza. Tu destreza física no tiene igual...
―No, no es eso. Dijiste que huele a sangre. Sangre rara, que no es la mía.
―S-sí, tienes razón. Reconocería tu sangre de inmediato. Es diferente, rica...
Leonardo se sintió abrumado por un momento, pero pronto el éxtasis llenó su voz. Cuando Hayden escuchó su respuesta, se dio la vuelta y miró a Frederica con sus ojos azules.
Al ver el destello en sus ojos, Frederica lo entendió. ――Se había dado cuenta.
―…
Sin decir una palabra, Hayden cerró la distancia entre él y Frederica. Con la misma rapidez, Frederica saltó sobre sus pies cuando Hayden se acercó indefenso.
―¡Toma esto!
Hasta este momento, nunca había intentado defenderse, y pateó con toda la fuerza que había acumulado.
―¡¡Aah!!
La patada se clavó en el costado de la cabeza de Hayden con la intención de arrebatarle la conciencia al arrogante hombre, pero no lo logró. El golpe fue detenido por un brazo alzado, y él atrajo hacia sí la pierna que había atrapado.
Y entonces――
Mientras sostenía su pierna, Hayden arrancó con fuerza la ropa de Frederica con su otra mano.
Frederica gritó cuando sus hombros y ropa interior quedaron expuestos, y Hayden observó su piel blanca de arriba abajo. Luego, con una expresión cruel, esta vez agarró el rostro de Frederica.
La fuerza física que Leonardo había descrito como "inigualable" obligó a la boca de Frederica a abrirse. Al mirar dentro, Hayden resopló.
―Esa es mi futura reina. Eres astuta, ¿eh?
Con una sonrisa malvada, los ojos de Hayden detectaron la marca de mordida en la base de la lengua de Frederica.
En el momento de su secuestro en Costuul, Frederica se había provocado una herida en la lengua, dejando un rastro de su sangre, salpicándolo hasta que la trajeron aquí.
―¡Leonardo! ¡Vámonos de aquí! Unos tipos problemáticos llegarán pronto—
――Esos visitantes problemáticos ya están aquí. Disculpen.
Hayden se giró como si lo hubieran engañado y le gritó a Leonardo.
Sin embargo, esto fue interrumpido por una voz más bien condescendiente, que tensó el rostro brutal de Hayden. ――Era el tipo de reacción que cabría esperar si una persona apareciera de la nada en el espacio vacío. Especialmente si las paredes de la cueva habían sido arrancadas por una fuerza desconocida, creando una entrada que él no conocía.
Y entonces, una figura saltó a través de la entrada――
―¡¡Por segunda vez! ¡Al’jate d’ mi hermana, e’coria!!
Con un poderoso puñetazo en el rostro de Hayden, logró lo que Frederica no pudo y tomó venganza por la humillación a la que la habían sometido.
9
El fenómeno que Clind había causado solo podía describirse como un profundo misterio.
Ya era un profundo misterio cuando aplastó a la luciérnaga de mana junto con el espacio que ocupaba, pero también lo era la forma en que llegaron a su destino.
Pero en el momento en que confirmó que su hermana estaba allí, olvidó todo sobre ese profundo misterio.
Lo importante era recuperar a Frederica. ――Ese era el papel de Garfiel Tinzel.
―¡¡OOORAAAA――!!
Clavó su puño en el rostro del que detestaba y lo estrelló directamente contra la pared detrás de él, enviándolo volando al otro lado, rompiendo la pared de roca. El impacto y las columnas de humo sacudieron toda la cueva, pero no era la resistencia de la cueva lo que le preocupaba, sino separar a su hermana del enemigo frente a él.
Para lograrlo, Garfiel no se detuvo, ni siquiera cuando atravesó la pared. En cambio, rompió, y rompió, y rompió ――hacia la vasta sala más allá.
―――Hk.
Tras un breve momento de ser lanzado por el aire, todo su cuerpo se sumergió en una vasta extensión de agua. Después de patear el fondo y emerger a la superficie, se encontró en un lago oscuro ――un lugar como un lago subterráneo.
Al llegar a la entrada disfrazada, supo que no era una cueva artificial, pero le sorprendió encontrar un lago subterráneo tan grande escondido dentro.
―¡No tienes el lujo de mirar alrededor, sangre no seleccionada!
―¡Tsk!
Cuando Garfiel emergió a la superficie de esa agua, recibió un golpe de garra en el hombro, haciendo que un chorro de agua se elevara.
Giró su cuerpo al instante, pero dentro del agua sus movimientos eran lentos. Incapaz de esquivar, las yemas de los dedos del hombre desgarraron su hombro, y la sangre brotó vigorosamente de la herida en forma de garra en su carne.
Fue como el primer intercambio de golpes en Costuul, y eso a pesar de que el cuerpo de Garfiel era resistente para no ser fácilmente desgarrado, incluso por las garras de una bestia.
―E’tás orgullo’o de tus garras, eh, maldito ba’tardo barbudo…
―Sí, lo estoy. Mis preciadas garras pueden incluso cortar el acero, ¿sabes? Pecadores, traidores e inferiores, estas son las espadas del Rey para decapitarlos.
―¡No vayas dici’ndo co’as que no ti’nen ningún maldito s’ntido!
El puño de Garfiel rugió mientras gritaba, y la superficie del lago fue arrasada como si hubiera ocurrido una explosión.
Incluso si el agua amortiguaba su impulso, el brazo bien entrenado de Garfiel era como un mortero. Tenía el poder de aplastar al oponente, sin importar los obstáculos mediocres.
Sin embargo, esto solo aplicaba cuando el oponente no era capaz de convertir esos "obstáculos mediocres" en algo trivial.
―¿Se siente diferente en el agua? ¡Hay una gran diferencia en cómo te mueves comparado con cuando estás en tierra firme!
El brazo derecho de Garfiel rompió la superficie del agua; Hayden lo esquivó con destreza, rió, y sus brazos volaron sin piedad hacia Garfiel, quien rechinaba los dientes.
Afirmaba poder cortar el acero, y en efecto, la afilada garra atravesó la piel de Garfiel, desgarró su carne y agrietó sus huesos, haciendo que la sangre que brotaba tiñera el lago subterráneo de un rojo negruzco.
La Protección Divina de los Espíritus de Tierra de Garfiel, como Hayden había señalado, no funcionaba bajo el agua, y las heridas que sufría eran más rápidas que su magia curativa, causando una hemorragia prófuga, disolviendo su fuerza vital en el agua.
Garfiel soltó un grito burbujeante de dolor, y Hayden se burló de él mientras se hundía en la mezcla de sangre y agua.
―¡Te reconozco el valor y el amor familiar por venir hasta aquí! Pero sigues teniendo sangre no seleccionada. No puedes vencerme por más que lo intentes. Tu hermana servirá como la futura Reina de mi país, donde los inferiores serán exterminados, ¡así que húndete agradecido!
―¿Inferiores...?
―Son alimañas que infestan el mundo entero, fingiendo ser los gobernantes de la tierra. Hubo una oportunidad. La Guerra Semi Humana fue eso, pero sus líderes fueron incompetentes. ¡Yo tomaré su lugar!
Incluso en medio de su fanfarronería, sus garras seguían desgarrando la carne del cuerpo de Garfiel.
Con la sangre fluyendo y la carne arrancada, el peso de Garfiel podría haber sido mucho menor que antes de salir de la mansión. Aun así, era una salida incómoda ――o más bien, una cita.
― Haz tu mejor esfuerzo, Garf. Frederica siempre ha estado preocupada por ti. Ella es la senpai de Ram, y no se sentirá bien si tomas las decisiones equivocadas.
Las palabras de Ram, dichas antes de su partida, llenaron su cuerpo desangrado de vitalidad.
Cualquiera que fuera el punto de Hayden, no importaba para Garfiel.
―Me e’tás hartando, maldito. Mi increíble yo t’ va a pat’ar el tra’ero. ――¡Eso e’ todo!
El entusiasmo de Garfiel burbujeó silenciosamente mientras su rostro se sumergía en el agua.
Sin embargo, su determinación residía en su puño. El puño que se lanzó dejó atrás una estela de sangre, mientras Hayden se tomó su tiempo para detenerlo con calma.
Sin embargo, esta vez el movimiento lento de Garfiel fue un engaño. El impacto del puño destrozó los huesos de la mano y el brazo de Hayden, desde la palma hasta el codo.
Hayden soltó un atónito "¿Qué-?” y sus ojos se abrieron cuando un segundo golpe, dirigido al mentón, lanzó a Hayden hacia el techo de la cueva. Garfiel, sin estabilidad bajo el agua, había usado toda su fuerza en ese golpe final. Garfiel exhaló un largo aliento. No había manera de que pudiera hacerlo de nuevo, incluso si se lo pidieran.
―¡Toda e’a mierda de la Guerra Semi Humana e’to y 'sangre seleccionada' lo otro, y otra’ co’as que dan dol’r de cab’za... d’selas a Emilia-sama, ¡no a mi increíble yo!!
La relación entre humanos y semi-humanos, el absurdo del mundo que Hayden consideraba erróneo, y los ideales que buscaba corregir, estaban todos fuera de la experiencia de Garfiel.
Ese tipo de ideas eran para que Emilia y Subaru se preocuparan.
El papel de Garfiel era derribar los obstáculos que se interponían en el camino de esos ideales.
―¡Y e’o significa que tú er’s uno de ellos!
――. ¿Estás diciendo que un imbécil como tú, que no entiende ni una sola cosa de lo que digo, va a romper mis colmillos?
Flotando en la superficie del agua, Garfiel señaló con un dedo hacia Hayden, quien estaba clavado en el techo por el golpe anterior. Al escuchar las palabras cáusticas de Garfiel, la expresión de Hayden se tornó furiosa y mostró los dientes. ―― Hayden, ahora herido y colérico, dejó escapar un rugido mientras su forma cambiaba.
Era la bestificación. Hayden Garo se transformó en un gran león, rugiendo instintivamente.
Al ver esto, Garfiel también hizo rechinar con fuerza sus colmillos――,
――¡No m’ importa una mi’rda lo que t’ngas que d’cir! ¡Tengo que continuar mi cita con mi hermana!
Y entonces, mientras Garfiel aullaba, todo su cuerpo comenzó a agrandarse con un crujido ensordecedor.
10
Estaba tan avergonzada que querría masticar una de sus limas si pudiera.
Para afilar sus colmillos que crecían sin cesar, no podía prescindir de una lima como necesidad en su vida. A veces, cuando se sentía realmente deprimida, masticaba una lima con fuerza como forma de desahogar sus sentimientos.
Y ahora, este era exactamente el tipo de momento en que deseaba tener una lima.
Porque――,
―Deberías ponerte esta chaqueta. Tu apariencia es indecorosa. Ofensa.
Con su voz, una chaqueta fue colocada suavemente sobre Frederica, cuya ropa había sido arrancada.
Su consideración indiferente la disgustó, pero aún más se disgustó consigo misma por el alivio que no pudo evitar sentir. Por supuesto, ese alivio se debía en gran parte a Garfiel, que irrumpió y alejó a Hayden de un puñetazo.
Sin embargo, Frederica no era tan infantil como para decir que su presencia no tenía nada que ver con ello.
―…Esto es humillante.
―En primer lugar, uno habría esperado una palabra de agradecimiento. Desconcertante.
Giró la cabeza y murmuró de mala gana mientras recolocaba el monóculo sobre su ojo izquierdo.
Clind, el versátil mayordomo al servicio de Annerose Miload, de una rama de la familia Mathers y pariente de Roswaal, siempre era detestablemente frío.
―¡Ha-Hayden-kun! ¡Hayden-kun! Guh, kuh... ¿cómo encontraron este lugar!?
―¿Debería decir que fue amor fraternal? Para ser exactos, Garfiel-sama recogió las pistas en la sangre que Frederica dejó atrás con su sentido del olfato. Agudeza. No obstante――
―¿Uh…?
―De un vistazo, veo que usted también está cubierto de un considerable olor a sangre. A pesar de esto, fue un fracaso no haber notado su plan. Gran negligencia.
Clind movió la cabeza lentamente, incapaz de ocultar su decepción.
Ese gesto hizo que Frederica se estremeciera al recordar su exhaustiva educación cuando era una doncella inexperta. Esa angustia mental también afectó a Leonardo, dañando su orgullo.
En su rostro demacrado y pálido, los ojos hundidos de Leonardo se inyectaron de sangre por la rabia, ya que esa ira encendió su yo investigador, en todo su retorcido esplendor.
―¡No la soltaré…! ¡No la soltaré! ¡La mujer de sangre rara, cada gota de su sangre es mía!!
Leonardo cayó hacia adelante en el acto, echando espuma por las comisuras de la boca, la locura envolviendo sus ojos. Entonces, de repente, con una cadena de sonidos agudos, los viales de muestras de sangre que llevaba colgados de su cuerpo se rompieron todos a la vez.
La sangre que se extendía lentamente hacía parecer que el propio Leonardo había sido víctima de un incidente horrible, aunque solo fuera por un breve momento.
El derrame se filtró en todo el cuerpo de Leonardo, y así, poco después de gemir: "Ohh, ohhh, ohhhh!", el Coleccionista de Muestras de Sangre su carne cubierta de burbujas rojizas.
Y entonces――,
―Siempre me asombra lo impuras que son las almas de aquellos que albergan tal obsesión por ti. Atónito.
―¡Eso es algo que deploro más que nadie...!
La voz de Frederica tembló ante el sonido de la consternación de Clind, y así maldijo su destino una vez más.
Era tentador maldecirlo también a él. ――Porque, ante sus ojos, ese hombre, obsesionado con su sangre, se disolvía en un monstruo líquido de color rojo- negruzco.
―― Glorp.
El cuerpo demacrado y delgado de Leonardo se transformó en una masa enorme, incomparablemente más grande que él mismo, incluso en comparación con el volumen de sangre en los viales que llevaba colgados de su cuerpo.
Además, incluso en tal estado, la obsesión de Leonardo no parecía perdida, ya que él mismo, ahora convertido en sangre líquida, comenzó a avanzar lentamente hacia Frederica.
Con cada temblor del cuerpo líquido de Leonardo, burbujas de sangre flotaban en el aire frío de la cueva. Cuando golpeaba la pared rocosa pálida y luminiscente, absorbía esa área en la sangre y la asimilaba. Cuando golpeaba el suelo, volvía al cuerpo de Leonardo, asimilando también el suelo.
―¡Ahh! ¡Clind! ¡Clind! ¿Podrías hacer algo, por favor!
―Esa ambición siempre creciente es admirable en sí misma. Es una forma de pensar que no poseo. Envidia.
―¡¡Clind!!
――Sin embargo.
Los ojos de Clind, que hasta ahora mostraban una misteriosa admiración por el líquido Leonardo que se acercaba, se agudizaron. El ojo tras su monóculo clavó su mirada en el coágulo de sangre, y Clind extendió sus manos frente a él.
Luego cerró los puños con fuerza. ――Inmediatamente después.
――¡¿Glorp!?
Aunque la posición de la cabeza del líquido Leonardo era desconocida, sus gruñidos cambiaron.
La razón era evidente: el enorme cuerpo de sangre había sido arrancado junto con el espacio que ocupaba, y el impacto atravesaba toda su forma. Además, esto no ocurrió solo una vez, ya que cada vez que Clind abría y cerraba sus manos, ocurría la misma explosión.
Los ataques de Clind, invisibles e inexplicables, golpeaban a Leonardo cada vez que movía sus manos.
――¡Glorpp!
―Oh vaya. Admiración.
El cuerpo líquido de Leonardo comenzó a disminuir su tamaño más rápido de lo que podía absorber su entorno mientras intentaba resistir sin éxito. Sin embargo, los delirios del investigador no permitirían semejante impotencia.
El enorme cuerpo de Leonardo tembló, y al instante, un estallido de luz centelleante ――una Luciérnaga se lanzó hacia Clind e intentó envolver sus brazos extendidos.
Si lograba detener las manos de Clind, no podría ejecutar otro ataque――,
―Lo lamento mucho. ――Mis manos, son irrelevantes. Error.
El cuerpo masivo de Leonardo fue arrancado frente a Clind, quien se inclinó con las manos envueltas por las Luciérnagas.
――Glor.
El cuerpo del monstruo, transformado en un coágulo sanguinolento, quedó perforado como un trozo de tela carcomida, y uno tras otro, los espacios que ocupaba comenzaron a desaparecer.
Finalmente, no quedó ni una sola gota de sangre. El Coleccionista de Muestras de Sangre dejó de existir.
―De haber seguido creciendo sin control, habría representado un peligro para la existencia del Reino. Solucionado.
Frederica volvió a jadear ante lo insondable de la situación, y luego giró para mirar a Clind, quien mantenía una expresión serena mientras contextualizaba todo en segundos.
―Frederica, ¿estás ilesa? Confirmación.
―S-sí, estoy bien. Siempre que quites estas… cadenas.
Mientras hablaba, sintió de repente que las cadenas que sujetaban sus muñecas desaparecían, y pudo bajar los brazos. Sin saber cómo, las cadenas parecían haber sido borradas de la misma manera que Leonardo.
Sin prestar más atención al método, Frederica cubrió su cuerpo con la chaqueta de él.
―Bueno, gracias por esto… ¡No debería estar agradeciendo! ¡Garf está…!
―Por favor, espera. Aunque también es importante, eso no puede realizarse de inmediato. La prioridad es confirmar tu estado. Falta de preparación.
―Guh… ¡Lo sé, y no necesitas decírmelo! Hablando claro, ¿por qué estás aquí?
―Cuando pasé por la mansión por negocios, vi los daños en Costuul y corrí al lugar con Emilia-sama. Escuchamos que te habían secuestrado allí, así que vinimos aquí. Prisa.
―…¿Estabas preocupado por mí?
―Por supuesto. Tu sangre rara siendo mal utilizada. Dilema.
Los colmillos de Frederica temblaron mientras Clind movía lentamente la cabeza y respondía.
A pesar de que ya había sido liberada de sus restricciones y Leonardo había sido derrotado, Frederica sentía aún más humillación y desgracia que antes. No quería pensar en la razón de ello.
Y entonces――,
――Oy’, Monóculo, ¿Tú y mi hermana e’tán a salvo?
―¡Garf!
Frederica escuchó una voz proveniente del otro lado del enorme agujero en la pared y corrió hacia ella. Observó cómo Garfiel atravesaba el agujero y emergía, su cuerpo entero cubierto de sangre y heridas.
―¿E-estás bien? Hay tanta sangre...
―¿Ah? No te pr’ocupes. E’ toda sangre d’ mi increíble yo.
―¡Por eso me preocupo! Todas estas heridas... ¿estas... heridas?
Los ojos de Frederica se abrieron mientras limpiaba el cuerpo ensangrentado de su hermano con su manga y revisaba sus heridas.
Las heridas que habían causado la enorme pérdida de sangre ya casi habían desaparecido del cuerpo de Garfiel. Podría haber usado magia curativa, pero ese era un poder de recuperación realmente asombroso.
―Si mis pi’s e’tán en el su’lo, no hay forma d’ que mi increíble yo pi’rda en una pel’a a puños.
―...Realmente eres un niño.
Los hombros de Frederica se relajaron cuando Garfiel mostró sus dientes blancos y se jactó con orgullo de su victoria.
A los ojos de Frederica, Hayden Garo era un hombre increíblemente poderoso, pero Garfiel lo era aún más. ――Su hermano menor era mucho más confiable que esta sangre rara que ella poseía.
―Eres más precioso para mí que cualquier sangre especial.
―¿Oh? Oy’, Monóculo, ¡algo anda mal! ¡Onee dijo algo raro! D’be e’tar drogada o... ¡au!
―¡Me tragué mi orgullo para decir esto! ¡No te burles de mí así!
―¡No bromeo! ¡E’toy pr’ocupado por ti!
Frederica se indignó al ser ridiculizada después de reunir el coraje para decir algo tan vergonzoso, pero Garfiel respondió con algo igualmente molesto, y los hermanos comenzaron a discutir.
―Me complace que ustedes dos sean tan cercanos, pero una nota al margen. Atención.
―¿Qué pasa? Solo le estaba diciendo a Garf sobre la dignidad de su hermana... ah.
Frederica miró a Clind, quien la había interrumpido, y su boca se abrió. Garfiel también hizo una mueca al ver los brazos de Clind ――ambos envueltos por Luciérnagas.
―A pesar de la derrota del que movía los hilos, no quieren liberarse. Manejo.
―Yo m’ encargué d’ las Herrami’ntas de Magi-creación... de’truyendo las pi’dras mágicas. ¿Quier’s que de’truya tu Od o que te cort’ los brazos?
―Por favor evita ese método. Ruego. ――Esto solía ser manipulado por la sangre de ese investigador. En ese caso, Frederica.
―¿Y-yo?
La llamaron por su nombre y Frederica se señaló a sí misma. Asintiendo con la cabeza ante el gesto, Clind extendió su brazo cubierto de Luciérnagas.
―Libera mis brazos con tu sangre rara. Salvación.
―…
Con un trago, Frederica miró alternativamente los brazos y el rostro de Clind.
En verdad, Roswaal le había hablado desde pequeña sobre la naturaleza de su sangre rara, pero no recordaba que alguna vez le hubiera sido útil o beneficiosa. Si la razón por la que Roswaal se había interesado en ella era su sangre, eso sería lo único bueno que podría contar.
Había muchas cosas que detestaba, grandes y pequeñas, incluyendo los eventos de hoy――,
――Espero que esta sea la segunda.
Con eso, Frederica colocó su dedo sobre su colmillo y lo deslizó por la punta con un movimiento.
Lentamente, una gota de sangre se formó en la yema del dedo cortada, y luego cayó suavemente sobre los brazos de Clind cubiertos de Luciérnagas. La gota de sangre golpeó la luz pálida producida por las Luciérnagas
―Te libero de los lazos de la sangre que te ata. ――Por favor, sé libre.
En el momento en que Frederica murmuró, como para cumplir su voluntad.
La luz se intensificó momentáneamente, y las Luciérnagas que cubrían ambos brazos de Clind se dispersaron, esparciéndose en el aire antes de desaparecer.
Garfiel observó la escena y dejó escapar un grito de asombro.
―No pu’de ser, ¿va a tom’r mucha sangre de Onee para d’tener todo en la ci’dad, verdad?
―Tranquilo. La sangre rara de Frederica ha anulado los lazos que el practicante colocó sobre ellos. Coerción. Para ahora, los disturbios en Costuul deberían haber cesado. Especulación.
―¡La especulación no basta! Garf, ese hombre que era el cerebro...
―El cabrón e’tá incru’tado en la maldita par’d. Ten’mos que arra’trarlo de vu’lta a la ciudad lo ant’s posib’e.
Mientras decía esto, Garfiel tomó la mano de Frederica y lanzó magia curativa en su dedo cortado, sanando la herida al instante.
Sus mejillas se relajaron ante la preocupación de su hermano, y Frederica acarició suavemente su dedo,
―Ocasionalmente, esta sangre mía también me trae cosas buenas.
―¿Eh? ¿Dijiste algo?
―No, no es nada. Vamos, deberíamos darnos prisa. Si huelo más de este sofocante olor a sangre, mi nariz se volverá rara... ¿Clind?
Frederica se giró para agradecer a Clind, y en su mirada vio que él revisaba la sensación en sus brazos mientras la observaba fijamente.
Frederica, con la respiración contenida por la intensidad de su mirada, preguntó: "¿Q-Qué pasa?". Él movió ligeramente la cabeza hacia un lado y dijo: "Nada".
――De nuevo, como pensé, verte crecida es una decepción. Lamento.
―¡¿En qué parte de una persona te fijas cuando dices eso?! ¡¡Pervertido!!
Fue un arrebato que hizo que perdiera todo interés en agradecerle por salvar su vida.
11
Frederica había sido rescatada con éxito, Clind había destruido al colaborador enemigo, y lo único que quedaba era capturar al cerebro y completar la victoria ――pero no sería así.
―Tsk, maldito obstinado...!
Desde la perspectiva de Garfiel, había un gran cráter en el suelo al borde del lago subterráneo. Las secuelas de la feroz batalla estaban marcadas por todo el lugar, y el cráter en el suelo indicaba dónde había terminado el enfrentamiento. Pero Hayden Garo, quien se suponía derrotado y tirado en el suelo, no estaba por ningún lado.
Cuando chocaron entre sí, Garfiel y Hayden se habían transformado en bestias ―un gran tigre y un gran león― y aunque las manchas de sangre permanecían en el fondo del cráter, la figura de Hayden no se veía por ninguna parte.
―Él alberga un proceso de pensamiento peligroso. Deberíamos emitir una alerta en los alrededores y buscar su paradero. Urgente.
Clind tranquilizó a Garfiel respecto al paradero de Hayden, a quien no logró someter.
Le aconsejó que Garfiel no debía sentirse desanimado. Por supuesto, Garfiel también lamentó su falta de fuerza y atención. Pero más que eso――,
―La pr’xima vez, si vu’lve por Onee, lo ap’astaré de nuevo.
―…
―¿Qué? Pones cara de "abrumado por las excentricidades de Wilov".
―No, no tanto como Wilov, pero me sorprendió. Impresionado.
Clind sonrió ante la respuesta de Garfiel como si conociera al difunto Wilov personalmente. ――Esa sonrisa, tan leve.
―Un alma fresca, con un futuro prometedor, como un árbol joven en crecimiento, es verdaderamente magnífica. Codiciada.
―...Eso es un cumplido que no me hace tan feliz.
Ya fuera la forma de aliento de Clind o puro elogio, sentirse incómodo con tal evaluación era casi inevitable.
Mientras Garfiel y Clind hablaban, Frederica también los esperaba en la entrada de la cueva, y abrochando la parte delantera de la chaqueta que Clind le dio, suspiró.
A Frederica le habían dicho que después de su desaparición, había habido un aumento en el daño causado por las luciérnagas en Costuul. Emilia, Subaru y Beatrice habían sido enviados para prevenir el daño.
Todo era un reflejo de su propia inmadurez, lo que empeoraba las cosas.
―Si tan solo no hubiera dicho lo que dije hoy...
――Y entonces, simplemente traté de hacer lo mismo en otro día. Te estaba buscando, ya sabes.
――Hk.
Estremeciéndose, Frederica se giró al sonido de la voz, desplegando su destreza.
Con un chasquido en el aire, la otra persona agarró el brazo de Frederica. Quien lo hizo era un hombre león, con una sonrisa salvaje en su rostro mientras la miraba desde arriba――,
――Hayden Garo.
―Me alegra. Finalmente, escucho mi nombre salir de tus labios.
Hayden hablaba mucho, aunque su cuerpo entero estaba maltrecho y su entusiasmo visiblemente disminuido. Si uno luchaba contra Garfiel y perdía, eso sería solo el resultado natural.
―Más bien, sería una locura tener el valor de levantarse e intentar enfrentarme de nuevo.
―Esa es la gran diferencia entre nosotros y los inferiores, la insalvable superioridad.
―…Es una diferencia, no superioridad. ¿Aún pretendes intentarlo?
―Por supuesto, es lo que me gustaría decir, pero esto es duro. Tu hermano tiene sangre pobre, pero es bastante hábil.
Aún sosteniendo la mano izquierda de Frederica, Hayden movió lentamente la cabeza.
Si intentara llevársela o hacerle daño, Garfiel y los demás acudirían en su ayuda, y su derrota sería segura.
Así que esto solo era la negativa de Hayden Garo a admitir la derrota.
―Frederica, me retiro por hoy. Pero tú y yo nos volveremos a encontrar. Mientras sigas jugando con los inferiores en esa farsa de Selección Real.
―Tu mano derecha fue derrotada. ¿Pretendes continuar hasta que uno de nosotros perezca?
―No lo entiendes. ――No sabes cuántas personas comparten mi visión.
Acercando su rostro al de ella, Hayden habló con voz ronca y confusa. Al instante, Frederica, por reflejo, arrastró las uñas de su mano derecha libre por el rostro de Hayden.
Pensó que esquivaría. Sin embargo, Hayden no lo hizo, y una marca de garra quedó grabada sobre su ojo izquierdo.
La fragante sangre rara del hombre león manchó las uñas de Frederica.
Y――,
―Guardaré esta cicatriz como agradecimiento por recordar mi nombre.
―Desafortunadamente, en cuanto lave la sangre de mis manos, serás olvidado como un mal recuerdo. Mis disculpas.
―Jaja.
Ante el arrebato de Frederica, Hayden rió con voz ronca y soltó su mano.
Con eso, el hombre león saltó dramáticamente hacia atrás y se desvaneció en el bosque fuera de la cueva, desapareciendo tanto de la vista como de sus sentidos.
―…
Un hombre despreciable, incluso mientras lo dejaba libre.
Pues tal como se burló, la desagradable certeza de que volverían a encontrarse golpeó a Frederica en el corazón, la fuente de vida que bombeaba su sangre rara por todo su cuerpo.
12
――Iré primero a Costuul a informar las novedades. También me encargaré de los arreglos para el hombre león fugitivo, Hayden Garo. Deber.
―S-Sí, por favor. Es que…
―Frederica, estás demasiado preocupada. Miedo infundado.
―¿Eh?
―No hay manera de que las personas a las que les importas no se preocupen por ti. A menudo, esas personas ni siquiera consideran sus esfuerzos por los demás como una carga. Hecho.”
―…
―Es lamentable haber sido interrumpido. Sin embargo, aún es posible encontrar disfrute. Ingenio.
Dejando esas irritantes palabras atrás, Clind se dirigió a la Ciudad Industrial.
Si estaba en lo correcto, el cataclismo de las luciérnagas de mana que sufrió Costuul debería haber terminado cuando la sangre rara de Frederica rompió lo que lo ataba.
Le resultaba molesto que estuviera tan seguro de que este sería realmente el caso.
―Pero cu’ndo e’e tipo habla así, par’ce que rea’mente ti’ne la razón.
――¡Lo sé! Lo entiendo. Ese hombre siempre ha sido así. Actúa como si supiera todo; siempre sin esfuerzo, y no importa cuánto me esfuerce, siempre tiene esa actitud condescendiente. ¡Es tan irritante!
―Yo, yo no dije nada de eso…
Garfiel sostenía los hombros de Frederica mientras ella se inclinaba hacia adelante.
Sin darse cuenta, Frederica había pensado que su hermano también odiaba a Clind, pero al ver su reacción, se ruborizó y se disculpó, diciendo: “L-Lo siento”.
De cualquier manera, Clind se había marchado, y Frederica y Garfiel estaban una vez más solos. ――Aunque la ropa de Frederica estaba desgarrada, ocultaba su piel expuesta bajo la chaqueta de Clind. Por su parte, Garfiel, con el torso desnudo debido a su transformación bestial, estaba en un estado lamentable, aún cubierto de sangre que no había limpiado por completo.
Resultaba difícil creer que solo habían pasado unas horas desde que salieron de la mansión para su cita.
―¿Sabes qué?
―¿Qué pasa?
No quería que el silencio continuara, pero tan pronto como intentó iniciar una conversación, ambos se interrumpieron mutuamente.
Frederica y Garfiel abrieron los ojos de par en par; se miraron un instante y luego sonrieron con suavidad.
Era una situación ridículamente difícil, y el asunto aún no estaba del todo resuelto.
―Estoy segura de que tú y yo estamos a salvo por ahora, Garf.
―Y la gent’ de la ci’dad tambi’n, creo. Los ignor’, pero el Capitán y los dem’s e’taban ahí.
―Es cierto. …Garf, ¿quizás ibas un poco arreglado cuando salimos de la mansión?”
―¡Gah!
Las mejillas de Garfiel se tensaron y gruñó ante la pregunta de Frederica, quien inclinó la cabeza.
Garfiel giró el cuello con un movimiento que pareció hacer ruido, y su reacción dejó claro que había dado en el blanco.
―Me alegra que te prepararas bien para salir conmigo.
―Q-qu’ mo’esto. ¡No tuv’ más rem’dio porque Ram me ob’igó! Aunque tú te e’forzaste en arreg’arte, ¿no va a qu’jarse esa enana de doncella?
―No te preocupes; Petra no me regañaría. Estoy segura de que se enfadará contigo, Garf, y no conmigo.
―¿¡Por qué!?
Sin darle demasiadas vueltas, los hermanos continuaron su conversación como siempre lo hacían.
La cita para acortar la brecha de más de diez años no había salido como planeaban, mucha gente se había visto involucrada y las cosas se habían vuelto muy serias.
Sin embargo――,
―Bueno, es eso, Onee.
―No entiendo a qué te refieres con “eso”. Dime qué es “eso”.
―Me d’o una pa’iza el Capitán y sa’í para ayudar a Emilia-sama en la Selección Real. P’ro ahora veo qu’ tambi’n hay ba’tardos como e’e loco barbudo por ahí.
―…Garf.
Aventurarse fuera del Santuario y, por primera vez, encontrarse con alguien con valores completamente distintos a los suyos, pese a sus circunstancias comunes, hizo que las palabras de Garfiel pesaran profundamente en Frederica.
Sin embargo, la aprensión momentánea de Frederica se disipó ante la sonrisa persistente de Garfiel.
―¡Mi increíble yo pu’de s’ntir el significado de sa’ir del Santuario! ¡Lo hago p’ra que esos ba’tardos de’carriados no se int’rpongan en los p’anes de Emilia- sama y el Capitán!
――. Jeje.
―¿Eh?
Ante Garfiel, que apretó los puños y dio una respuesta tan simplista, Frederica rio, mitad divertida y mitad con cariño.
Garfiel arqueó una ceja ante la sonrisa de su hermana y resopló con curiosidad.
――Como si aquella incomodidad nunca hubiera existido, Frederica y Garfiel disfrutaron su cita, uno al lado del otro.
A lo lejos, se veía la Ciudad Industrial, donde la gente se llamaba entre sí y limpiaba los restos de la situación que ya estaba bajo control. En medio de todo, Emilia, que los había notado, agitó la mano con un amplio gesto.
Mirando a Subaru con Beatrice sobre sus hombros y a Clind, que había llegado antes, Frederica y Garfiel también se miraron y saludaron de vuelta con grandes movimientos, llevándose bien como los hermanos que eran.