Prólogo
Prólogo
Los Días que Espero por ti
1
Brillando, brillando, centelleando.
Brillando, brillando, resplandeciendo.
Brillando, brillando, deslumbrando.
Brillando y destellando, todo resplandecía vívidamente.
—Mmm~, parece que hoy tampoco tendré la voz del Gran Maestro como despertador, eh~.
Sentada con las piernas cruzadas sobre el duro suelo, se quejó de esa manera junto con un bostezo mientras estiraba su cuerpo con fuerza.
Siempre albergaba la esperanza de que lo primero que escuchara al despertar fuera la voz de su amado, al cual anhelaba sin cesar; pensaba que eso sería lo mejor del mundo, pero tristemente, este deseo suyo siempre terminaba siendo traicionado.
Todos los días, cada mañana, repetía la misma aburrida decepción al despertar, pero no había de otra.
—¡Que yo deje de tener esperanzas en el Gran Maestro, eso sí que es superimposible, la mismísima definición de lo superimposible~!
—Para la próxima será. Esta vez sí que sí. O bueno, tal vez para algún aniversario, o cuando la cantidad de veces que lo he esperado llegue a una cifra redonda o algo así…
—...seguro que me espera una recompensa gigante en compensación por haberme hecho esperar tanto tiempo.
Ese tipo de sueños y expectativas por una sorpresa crecían cada vez más a medida que se acumulaba su amor por “él”.
Por lo tanto…
—Hoy también, el Gran Maestro se está haciendo mucho de superrogar~.
Diciendo eso con un tono de berrinche, se levantó de un salto.
—Uuun, dos, tres, cuaaatro.
Quien estiraba y sacudía su ágil cuerpo era una belleza despampanante, con extremidades largas y esbeltas, y unas proporciones de infarto.
Llevaba un atuendo de bikini y capa de dos tonos, cuyos colores combinaban con los de su amado, y su largo cabello castaño estaba atado con un gran listón formando una cola de escorpión con un nudo redondeado.
Era, literalmente, una gran flor que había florecido en el desierto.
—¡Mi cuerpo cautivador, hecho en exclusiva para el Gran Maestro, tiene un superinicio triunfal esta mañana también!
Apuntó decididamente con el dedo hacia el frente y soltó esas palabras sin dirigirse a nadie en particular.
Era una declaración de guerra sin nadie que la escuchara, pero al resonar en la árida sala de piedra, sirvió para decírselo a sí misma.
Señalar con el dedo para confirmar la realidad y los objetivos es importante. Alguien le había dicho una vez con mucha confianza que expresar en voz alta lo que uno piensa también tiene un efecto inmediato, pero... ¿quién diablos había sido?
—Bueno, de lo único que estoy súper segura es de que no fue el Gran Maestro. ¡O sea, es superimposible que yo me olvide de algo que haya dicho el Gran Maestro!
Y como no había sido él, daba absolutamente igual quién lo hubiera dicho.
—Pero como sigo pensando que son palabras sabias, bajo esa interpretación, el error no cuenta. O, más bien…
—...como no he olvidado el contenido de la conversación, ¡el PLUS sale ganando! ¡Yei! ¡Es mi victoria! ¡Y no dejaré que nadie se queje!
Dando unos pasos de tap ahí mismo por el buen humor, incluso empezó a tararear una canción.
Al despertar, sus expectativas habían sido traicionadas como siempre y se sintió muy BLUE, pero la motivación personal que se dio después funcionó de maravilla y ahora estaba de excelente humor.
Parecía que hoy sería un buen día... Justo entonces, le rugió el estómago.
—Mmm...
Murmuró mientras se acariciaba el vientre con el ombligo al aire, y de repente ladeó la cabeza.
—Ahora que lo pienso, ¿cuándo fue la última vez que comí algo...?
Su constitución, a la que no le importaba mucho comer, sumada a su propia naturaleza despreocupada por las cosas en general, hacían que sus recuerdos al respecto fueran bastante vagos, confusos y difusos.
Si se la dejaba a su aire, podía pasar tranquilamente días, semanas o hasta meses enteros sin comer absolutamente nada.
Hubo un tiempo en el que eso fue evaluado como una gran ventaja para la supervivencia, un verdadero MERIT, pero...
—Al Gran Maestro no le gustaba para nada esa parte de mí~. Decía que le resultaba doloroso verme ser la única que no comía cuando todos los demás lo hacían... ¡Kuuu, la amabilidad del Gran Maestro me llega directo al corazón!
Por eso, para poder participar en las comidas lo máximo posible, empezó a esforzarse por realizar acciones con una mala eficiencia de energía.
Desperdiciando esa capacidad de ahorro que le permitiría sobrevivir durante años con solo quedarse quieta, al moverse y hacer tanto alboroto como le era posible, participar en cada comida dejó de ser una molestia.
Como “él” también se mostraba sumamente satisfecho con eso, realmente, realmente había valido la pena hacerlo.
—Aunque Madre se la pasaba quejándose de que estaba arruinando una característica tan útil, pero bueeeno~.
—Sea como sea, parece que mi cuerpo se ha acostumbrado por completo a esa rutina. Esa constitución de ahorro de energía que se supone que tenía, desapareció quién sabe dónde, y antes de darme cuenta me da muchísima hambre y me entra sueño.
—Si soy sincera, a diferencia de cuando estaba junto a “él”, ahora que estoy completamente sola la mayor parte del tiempo me resulta una verdadera molestia.
—Pero, cuando “él” cumpla su promesa, no quiero volver a ser esa yo que solo observaba las comidas como si no fueran asunto suyo y terminar decepcionando a “él”.
—¡Después de todo, la teoría del Gran Maestro es que una mujer que come su comida con gusto es mega atractiva...! Ah, Gran Maestro, ¡no~! ¡No me mire con esos ojos mientras tengo la boca llena de carne y frijoles...!
Llevando ambas manos a sus mejillas sonrojadas y contoneando las caderas, alucinaba con la imagen de “él” en su cabeza, sonriéndole de forma refrescante mientras ella se atiborraba de comida con entusiasmo.
Por ahora era solo una fantasía, pero el IMAGE TRAINING era indispensable para estar preparada para cuando ese día se volviera real.
Para poder aguardar la llegada de ese día, hoy también, con el fin de mantener ese cuerpo propenso a sentir hambre, quemaría energía moviéndose de un lado a otro escandalosamente y, después de eso, conseguiría algo de comer.
Por el momento, y también por ese motivo…
—¡Supongo que es hora de despachar mi rutina diaria, trabajando con constancia como todos los días!
—La acumulación de los esfuerzos diarios construye a uno mismo, y eso se convierte en la imagen real que se refleja en los ojos de los demás.
—¿Quién demonios había dicho algo tan complicado como eso? De nuevo, por más que lo intentara, no lograba recordarlo. Bueno, como no había sido “él”, la conclusión habitual era que estaba OK si no lo recordaba.
—Suena superlógico, así que seguro fue Madre, ¿no~? Para empezar, tengo mega borroso qué cara y qué voz tenía Madre. Era como... ¿blanca? ¿Negra? Igual y ni le atino al color~.
A cambio de recibir un atractivo, saludable, una eficiencia de energía sobresaliente y un cautivador NICE BODY capaz de enamorar perdidamente incluso al malvado de “él”, el interior de su cabeza era bastante pobre; esa era ella.
Como destinaba el noventa y nueve por ciento de su escasa capacidad de memoria a su amor por “él”, todo lo demás le resultaba confuso y difuso.
—Uy, uy, uy, si esta pared ya dio de sí, entonces toca sellar esta habitación también~.
Mientras decía eso, observó en todas direcciones la habitación que había frecuentado durante tanto tiempo para su “rutina diaria”, y tras terminar de comprobar la rutina diaria grabada a profundidad en los muros de piedra, tomó la decisión de clausurar la habitación.
Por suerte, aún quedaban muchas habitaciones vacías. A este ritmo, inutilizar una o dos habitaciones no suponía ningún inconveniente.
En primer lugar, dado que la habían obligado a aceptar un trabajo de gestión para el cual no era apta, un abuso de autoridad de este calibre debería pasarse por alto.
—Así que, usando la autoridad de MASTER que se me ha concedido, para esta puerta es CLOSE THE DOOR. La MEMORY mía que ha sido sellada aquí es DON'T TOUCH ME para los ojos de cualquiera.
Cerró la pesada puerta de piedra, que se deslizó emitiendo un fuerte y sordo estruendo, y se sacudió las manos en señal de un buen trabajo terminado.
Necesitaba elegir otra habitación para su rutina diaria a partir del día siguiente, pero eso podía dejarlo para mañana.
—Lo que puedas hacer supermañana, hazlo supermañana.
Tampoco recordaba de quién era esa frase, pero era una muy buena.
—Bueeeno, entonces ya va siendo hora de ir a cazar...
Sonrió con picardía tras decirlo con un tono un tanto sugerente, y acto seguido comenzó a corregirse:
—Aunque tal vez suene mejor ir de HUNTING…
—...¿o no era así?
Mientras reflexionaba profundamente sobre ello, sus pies se dirigieron hacia su zona de caza: el balcón.
Tras atravesar el pasillo a zancadas con sus largas piernas, cruzó una entrada sin puerta y se sumergió en el aire exterior. Allí, un cielo azul tan despejado que resultaba odioso la recibió como si quisiera abrazarla.
—...
A la derecha, a la izquierda y al frente; mirara por donde mirara, era un cielo donde se extendía un azul ininterrumpido.
Exponiendo su piel de porcelana a la luz del sol que caía a plomo, y con el cabello atado ondeando por la brisa, se dirigió hacia la barandilla que le llegaba a la altura de la cintura, situada en el borde del balcón.
Si uno la sobrepasaba por descuido, le esperaba un recorrido directo y sin escalas hacia el suelo, a cientos de metros más abajo, sin ninguna cuerda de salvamento.
Y sobre esa barandilla, con un gesto totalmente despreocupado, se subió de un brinco.
—Mmm~, hoy el viento está un poco fuertecillo, ¿eh~?
La barandilla que pisaba con ligereza se había convertido en su lugar habitual a lo largo de los años, y la piedra, desgastada con la forma de sus pies, hacía un JUST FIT con ellos, dándole un agarre muy firme.
Por muy fuerte que soplara el viento, las especificaciones garantizaban que no podría arrastrar su DYNAMITE BODY.
—O bueno, tampoco es que sea una mujer tan frágil como para que se la lleve el viento. Para la PERFECT WOMAN que soy, habiendo sido educada por el Gran Maestro, iría incluso a través del fuego o del agua~. Ah, pero, o sea, este viento seco y supersolitario que sopla con furia sí que me cala un poquito hasta los huesos...
Mientras hacía el ROLEPLAY de alguien malota que es superdura pero se siente un poquito sola, utilizó la punta de su cola de escorpión, mecida por el viento, para confirmar la fuerza y presión del aire, la temperatura, la humedad y varias otras cosas de una sola confirmó.
Incluyendo el nivel de turbiedad del miasma que flotaba en el aire, hoy era un día excepcional para hacer de cazadora.
—¡Lejos de acertar cien de cien, ¿no creen que hoy podría atinar mil de cada cien tiros?! ¡Qué miedo, qué supermieeedo~! ¡O sea, Mi potencial se está desbordando! ¡Ayúdeme, Gran Maestro!
Abrazando su propio cuerpo con fuerza, acumulaba en su interior el ardiente calor que sentía al pensar en “él”.
Su rutina diaria consistía en hacer hervir ese afecto a fuego lento como si fuera el manto terrestre, mientras ansiaba el día en que finalmente pudiera descargar a sus anchas todo ese calor sobre “él” una vez regresara.
Sí, esa no era una rutina inusual, sino sus días habituales e inmutables. O, al menos, así debería haber sido este día también.
—¿Mmm?
Sus ojos, que habían estado contemplando el mundo durante esa charla sin réplicas ni comentarios —el azul que llenaba la mitad superior de su visión y el color a hoja seca que cubría la mitad inferior—, se entrecerraron.
Al mirar fijamente, sus pupilas, en las que flotaba un patrón característico, enfocaron la causa de aquella anomalía.
Lo que veía en ese mar de arena color hoja seca era un carruaje de dragón que avanzaba ferozmente, cortando a través de la nube de arena que se arremolinaba.
Tirado por un dragón de tierra verde, salió disparado de la tormenta de arena, adentrándose en “este lado” de las dunas y recorriendo el terreno arenoso a toda velocidad.
—¡Ooh, ooooh! ¡Qué raro! ¡Cuánto tiempo~! ¡Rompiendo la tormenta de arena, ni siquiera sé cuánto tiempo ha pasado desde la última vez! ¡¿Qué clase de persona acaba de hacer su gran aparición?!
Haciéndose sombra con la mano, lanzó un grito de alegría, sintiendo cómo el paisaje bajo sus ojos les hacía cosquillas a sus expectativas sin poder evitarlo.
Aunque nunca dejaba de haber temerarios retadores que se adentraban en el mar de arena, los que lograban atravesar hacia este lado de la tormenta eran prácticamente inexistentes.
Los únicos que logran llegar a este lado son aquellos que conocen el método para superar la barrera creada por la tormenta de arena —el Lapso de Arena—, o los que, aun sin saberlo, han sido bendecidos con una suerte muy limitada.
Para descubrir de cuál de los dos casos se trataba esta vez, hizo rebotar sus voluptuosos pechos por la emoción y agudizó la mirada como si quisiera devorar la escena.
—Tal vez, solo tal vez, hoy podría ser ese día.
—Que el Gran Maestro...
—...tal vez, por fin, haya regresado para cumplir su promesa.
—Me ha hecho esperar un montón, pero si ha regresado como es debido, podría perdonarle ese rencor. No, o sea, pensándolo bien, ¿no debería aprovechar que me debe una y exigirle que me lo pague el superdoble?
Agudizando así sus ojos brillantes de expectación, enfocó la vista en el carruaje de dragón que avanzaba a toda velocidad.
Su campo de visión se amplió de golpe, confirmando la presencia de múltiples individuos vestidos de negro a bordo.
Lamentablemente, no podía ver hasta el interior del vehículo, pero no mostraban ninguna reacción a su mirada, ni el menor indicio de que estuvieran haciendo alguna señal.
—...Vayaaa. ¿Otra falsa alarma~?
Al instante, la burbuja de sus expectativas estalló, y el palpitar de su pecho se disipó efímeramente.
Agitar las manos, agitar una bandera... no había ninguna clase de APPEAL para llamar su atención.
Esa era la actitud de quienes ignoraban por completo su existencia como la administradora de este mar de arena y una SNIPER insuperable.
Llegados a ese punto, sus expectativas se invirtieron por completo, y lo que asomó en su lugar fue el frío semblante de una francotiradora…
—...
Como tiradora, lo que debía hacer estaba muy claro. Sin embargo, parecía que esta vez no sería su turno de salir a escena.
Al observar con atención, el carruaje de dragón que corría ferozmente estaba huyendo desesperadamente de algo.
Eran incontables mabestias que, persiguiendo al carruaje que había roto el Lapso de Arena, salían volando de esa misma tormenta.
Los monstruos que se arremolinaban eran de una gran variedad de especies, hasta el punto de que parecía que se habían ganado la enemistad de absolutamente todos los tipos de mabestias que habitaban en el mar de arena.
Probablemente, ese carruaje de dragón no había desafiado el mar de arena yendo completamente solo.
Y, sin embargo, ahora solo uno había logrado llegar más allá del Lapso de Arena. Y no iba a poder alcanzar la meta.
—Aletean, aletean y aletean, sí que están desesperados~.
Murmuró eso como si fuera asunto de alguien más, con una voz que había perdido toda expectativa e interés.
Mientras ella hacía eso, las mabestias se abalanzaron sobre el carruaje de dragón cuyas ruedas se atascaban en la arena, y uno de los tripulantes salió despedido.
Sobre esa pobre figura que rodó por la arena, los monstruos hambrientos se arrojaron al unísono, haciendo pedazos su miserable cuerpo... y justo después, un estruendo y unas llamas explosivas se alzaron.
—¡Wahooo! ¡Tremendos fuegos artificiales~!
Con el estruendo haciendo eco en la bóveda celeste y el enorme cráter de explosión que se abrió en el mar de arena, su interés y curiosidad, que una vez se habían perdido, resurgieron un poquito, escapando de su boca en forma de un grito de alegría.
Una autoexplosión. La silueta que había salido despedida y había sido rodeada por los monstruos se inmoló, llevándose consigo todo a su alrededor.
La presión de esa explosión golpeó de lado a la manada de mabestias que perseguía al carruaje, y las llamas lamieron su retaguardia.
Poner el cuerpo en la línea de fuego, ganar tiempo a cambio de la vida para proteger a los compañeros; y eso no se limitó a una sola vez.
Ocurrieron explosiones similares en rápida sucesión, una segunda y una tercera vez, y por cada tripulante que el carruaje perdía, más de diez veces esa cantidad de mabestiA salían volando por los aires una tras otra.
Aun así…
—GAME OVER~.
Su ardua lucha fue en vano; tras atrapar entre sus ruedas a una de las mabestias que los había alcanzado, el carruaje de dragón volcó de manera espectacular esparciendo una niebla de sangre.
Sobre la arena envuelta en nubes de polvo, la primera víctima fue el dragón de tierra caído.
Se alzó su grito de agonía al ser presa de los colmillos de los monstruos, y detrás de él, los sobrevivientes salieron arrastrándose del carruaje destruido.
Uno de ellos, habiendo escapado a duras penas, quizás debido a la confusión, empezó a correr dando gritos, atrayendo así la atención de las mabestias.
El destino que le aguardaba a ese pobre corderito era, ni qué decirlo, cruel.
—¿Oh?
Sin embargo, mientras el dragón de tierra y el corderito servían como sacrificio, hubo dos siluetas que se escabulleron en secreto.
Al parecer, el corderito se había atrevido a jugar el papel de tonto a propósito para permitir que esos dos escaparan.
—A eso se le llama tener unas agallas superadmirables~. Bueeeno, aunque de todos modos el resultado será el mismo~.
Sentada en la barandilla con una rodilla abrazada contra su pecho, evaluó los últimos momentos del retador como dignos de un premio al espíritu de lucha.
Que nadie la llame de mal gusto por esto; era algo que no tenía más remedio que hacer como parte de su rol como vigilante.
Presenciar lo que les sucediera a aquellos que intentaran desafiar este mar de arena, no, esta Torre, ya fuera que lograran regresar o que sus fuerzas se agotaran, era su deber como la vigilante.
Ahora, de los dos sobrevivientes que habían logrado salir del carruaje, uno de ellos ofreció su vida para dejar escapar al otro, y su última autoexplosión generó una tremenda ráfaga.
Azotado por esa onda expansiva, el último que quedaba con vida cayó de espaldas sobre la arena.
Y hacia él, las mabestias se acercaron sin piedad.
—...Mmm.
Justo antes de presenciar ese final, ocurrió una situación que le hizo torcer los labios sin querer.
Fue una duda que surgió al ver con total claridad la figura de aquel retador rodeado por las mabestias; la figura de esa última persona cuya vida estaba a punto de recibir un jaque mate absoluto.
—¿Será posible? No, ¿de verdad será él? ¿No será que he visto mal? Y si no es un error...
Ese sinfín de pensamientos no dejaba de dar vueltas, vueltas y vueltas en su cabeza.
—HELL'S SNIPE.
Al instante, la cabeza de la mabestia que intentaba abalanzarse sobre el único sobreviviente desapareció.
La cabeza del monstruo con aspecto de oso salió volando por los aires, y del corte de su cuello cercenado no brotó sangre.
La herida, cauterizada por la luz, no permitió que la arena absorbiera ni una sola gota de sangre, y ante aquel suceso repentino, las demás mabestias se quedaron paralizadas.
En aquel mar de arena donde rige la ley del más fuerte, quedarse inmóviles así fue una estupidez garrafal.
—Bang, bang, bang. Ba-ba-bang, bang.
La punta de su lengua chasqueó, y los ligeros sonidos que emitió, dieron a luz a destellos en el cielo.
Contrario a ese sonido alegre, las vidas eran pisoteadas con un poder de supresión implacable.
La manera en que las vidas eran atravesadas por la luz, destrozadas y aplastadas sin escapatoria alguna, resultaba totalmente irreal.
De hecho, la persona que estaba presenciando todo eso frente a sus propios ojos los tenía muy abiertos, completamente atónita y estupefacta.
—Bueeeno, que se queden quietecitos así hace que todo sea mucho más superfácil para mí~.
—¡...!
Tal vez por haberla escuchado como si fuera un ataque sorpresa, la persona que estaba atónita y fuera de sí dio un respingo con sus delgados hombros.
Desplomada sobre la arena, se giró tímidamente y sus ojos se encontraron con los de ella, que estaba de pie justo a su espalda.
Era una mujer. Probablemente.
Tenía el cabello castaño cortado a la altura de los hombros y unos llamativos ojos sanpakugan.
Llevaba una túnica negra y holgada que ocultaba su estilo; una apariencia ordinaria, sin ningún rasgo que destacara en particular.
Dicho esto, desde un principio no tenía ningún interés en la apariencia del otro.
Exceptuando la única razón por la que, sin pensarlo, saltó desde el balcón de la torre hacia el mar de arena para salvarle la vida, incluso si eso significaba masacrar a todas las mabestias.
—Ay, Dios, parece que yo también me he oxidado un poco~.
Mientras se quejaba, agitó el brazo y, justo después, voló en mil pedazos con una luz mágica la cabeza de la mabestia que intentaba emerger su enorme cuerpo desde debajo de la arena, más allá de esa mujer: una Lombriz de Arena.
Mientras la carne y la sangre de la enorme mabestia se esparcían con un sonido viscoso, se encogió de hombros.
Y entonces…
—...
De pronto, tambaleándose, la mujer perdió el conocimiento y se desplomó sobre la arena ahora libre de mabestias.
No había sobrevivientes entre los compañeros de la mujer. La manada de mabestias que los acechaba, al darse cuenta de que la situación les era desfavorable, también se dispersó y huyó.
Por lo tanto, no había nadie que pudiera cargar con la mujer que yacía en la arena.
Nadie más que ella, a quien claramente le había tocado la peor parte.
—Aaay, qué fastidio... Me he metido en un buen lío y eso que ni siquiera se trata del Gran Maestro~.
Soltando un profundo suspiro, levantó a regañadientes con ambas manos a la mujer recostada. Por las ganas que tenía, casi preferiría agarrarla de los pies y arrastrarla de regreso, pero si hacía eso, el haberla salvado podría perder todo el sentido.
¿Quién le había dicho esto...? No, a diferencia de otras cosas, esto lo recordaba perfectamente.
Sin duda alguna, era una de las frases que “él” le había enseñado.
Incluso si se trataba de un retador de la torre, debía tratarla con sumo cuidado.
La razón de ello era…
—A las mujeres embarazadas hay que tratarlas con cuidado~. O sea, qué bueno que tienes el vientre superhinchadito, ¿eh~?
Mientras fruncía los labios y murmuraba sus quejas, el vientre de la mujer que yacía inconsciente y sin fuerzas en sus brazos, efectivamente, estaba abultado.
No era simplemente una mujer gorda. Estaba embarazada.
Con razón los otros tripulantes del carruaje de dragón habían luchado tan desesperadamente para protegerla.
Ellos también habían consumido sus vidas basándose en la misma lógica que las enseñanzas de “él”.
—Aunque bueeeno, mi amabilidad solo llega hasta aquí~. Esto no significa que hayas hecho un CLEAR del desafío, así que no te vayas a subir a las nubes con esto, ¿eh~?
Lanzó esa advertencia sin dirigirse a nadie en particular. Sería un gran problema si se hacían una idea equivocada.
Después de todo, que alguien que no fuera ella o el grupo de “él” pusiera un pie en esta torre, la Atalaya Pléyades, era un acontecimiento que no había ocurrido en aproximadamente cientos de años.