Recuerdos de un Pelirrojo
Capítulo 1
Recuerdos de un Pelirrojo
1
—Shaula, ese es mi nombre. Soy la Guardiana de las Estrellas de esta Atalaya Pléyades, pero no te vayas a hacer ideas superequivocadas, ¿eh~? Tú solo entraste a la torre por pura lástima, ¡así que eres una RETIREEE~!
Apuntándole decididamente con el dedo, lo primero que hizo fue darle esa advertencia para dejarle las cosas bien en claro de golpe.
Sería un gran problema si, por un descuido o malentendido, empezara a pasearse por el interior de la torre como si fuera la dueña del lugar.
Si eso pasara, el nombre de Shaula, la vigilante del mar de arena a la que se le encomendó la administración de la torre como la “Guardiana de las Estrellas”, lloraría de vergüenza.
Por esa misma razón, Shaula había decidido en su corazón que, pasara lo que pasara, no soltaría prenda de que el nombre oficial de esta torre no era Atalaya Pléyades, sino Gran Biblioteca Pleiades.
—...
Por otro lado, a pesar de la advertencia de Shaula, la mujer atónita y fuera de sí continuaba sin mostrar reacción alguna.
Habiendo sido perseguida por las mabestias en el mar de arena y perdiendo a todos sus compañeros para luego terminar desmayándose, al despertar sobre el duro suelo de la torre, la mujer parecía estar verdaderamente conmocionada.
Dicho esto, Shaula no tenía ningún motivo para seguir a la mujer, ni tampoco la obligación de darle terapia por la total aniquilación de sus compañeros.
Por lo pronto, no le importaría garantizarle la vida mientras estuviera allí y al menos escoltarla hasta las afueras del mar de arena.
—Pero que conste que eso es solo el resultado de seguir mis propios principios, así que grábate bien en la cabeza que de ninguna manera estoy tratando de ser amigable contigo ni nada de eso~. Si te haces una idea equivocada, pasará eso, ¿sabes~?
—...Cuando dice “eso”, ¿a qué se refiere exactamente?
—¡A que serás superpatética~! ¡Pasarás una vergüenza increíble~!
Sobra decir cuál es el destino de aquellos que malinterpretan los sentimientos de otra persona y dicen cosas totalmente desatinadas.
Son objeto de incesantes burlas, los toman por tontos, y se ven obligados a saborear una humillación tal que no les deja pegar ojo en toda la noche.
La propia Shaula se estremecía con solo recordar la humillación de haber pasado por algo así en el pasado.
—Aunque bueeeno, o sea, la verdad es que no recuerdo los detalles exactos de lo que me pasó, pero lo único que sí recuerdo es ese intenso karma de no querer volver a pasar por algo así nunca más...
—...Siento que puedo comprender sus sentimientos. Esta memoria defectuosa mía tiene la costumbre de grabar continuamente en mi ser solo las cosas malas, la infortuna y los recuerdos desagradables... El atreverme a decir que comprendo sus sentimientos, ¿ha sido acaso el colmo de la insolencia?
—¿Ah? Aaah, no entiendo muy bien los detalles de lo que dices, pero la verdad es que no me importa.
—¿Es eso cierto? Para dejar pasar por alto a alguien tan imprudente como yo, usted debe ser una persona con una personalidad verdaderamente maravillosa. En este mundo en decadencia, haber podido conocer en mis últimos momentos a alguien con un corazón tan noble... siento como si un rayo de sol hubiera iluminado el final de mi vida.
—De la cabeza a la cola, no he entendido ni una sola palabra de lo que has dicho.
No es que hable bajo ni que su voz sea difícil de entender, pero es una mujer cuyo discurso y tono son confusos y difíciles de captar.
Justo cuando pensaba eso, Shaula se dio cuenta, sin darse cuenta, de que la mujer frente a ella había recuperado la compostura lo suficiente como para hablar con ella.
—Si puedes hablar conmigo, eso significa que sabes perfectamente dónde estás, ¿qué estás haciendo y quién supereres? Si me dices que no te acuerdas o que no tienes ni ideita, me va a dar mucho complique. Ya me basta con que mi Gran Maestro se olvide de todo.
Aunque no quiera decirlo así, “él” tenía una memoria pésima. Como se le olvidaban cosas a menudo, Shaula y los demás pasaban por muchos apuros.
Aunque, como Shaula tampoco se quedaba atrás en cuanto a olvidos, le alegraba un poco que compartieran ese mal hábito. Qué alegría
“¿Eh?”, y justo cuando se estaba sumergiendo en esos recuerdos nostálgicos y entrañables con “él” …
—Leilani. Es un nombre que no me corresponde, dada mi incompetencia y mi desorden. Su Excelencia, Sé que es una pregunta muy descarada, pero ¿usted es la señora Shaula? ¿Es así? Usted es quien nos salvó la vida a mí y a mi bebé.
Shaula parpadeó. Mientras decía eso, la mujer se acarició el vientre. Por un instante pensó que era algo más, pero al darse cuenta de que se trataba de una presentación y una pregunta —un intercambio de nombres bilateral— no tenía ninguna razón en particular para negarse, así que asintió diciendo:
—Sí, así es. Yo soy Shaula, FOR SURE. Tu nombre o tu origen, esas cosas no me interesan, y aunque me las digas, probablemente no las vaya a recordar.
—Ah, muchas gracias. Que alguien sea tan amable conmigo, alguien tan descarado e inmoral como yo, me hace sentir que incluso alguien tan descuidado como yo puede ser salvado por el gran corazón amable de la señora Shaula.
—Eres una tipa muy exagerada de veras…
Ante Leilani, quien juntaba las manos como si me adorara y usaba muchas expresiones rebuscadas, a Shaula no le parecía que fuera humildad ni nada por el estilo, sino que simplemente le resultaba molesto.
Al principio tenía una razón para ser amable: era la primera persona que recibía en la torre en más de cien años, pero ese efecto se desvaneció rápidamente, y, para Shaula, no había ningún motivo especial para alegrarse de haber podido conversar.
Una vez más, solo se da cuenta de su profunda devoción, de que ella es un ser que nació para “él”.
—Por eso me gustaría hacerte un rápido CATCH & RELEASE hacia las afueras del mar de arena~.
—Me avergüenza profundamente mi ignorancia, pero si eso significa sacarme de la torre, entonces, por muy reacia y desagradable que te resulte, ¿sería imposible pedirte que esperes?
Mientras decía eso, al ver a Leilani frotarse el vientre con ambas manos, Shaula no pudo evitar gemir: “¡Uf!”. A la vez, chasqueaba la lengua.
—¿Acaso ya va a supernacer el bebé que llevas en el vientre?
—Aunque sea una opinión poco acertada, creo que aún queda un poco de tiempo. Sin embargo, aunque no sea una situación apremiante, creo que cualquier acción imprudente podría poner en peligro la vida de mi bebé.
—Mmm… qué dolor de culo son ustedes, humanos.
Con los brazos cruzados y balanceando su cola de escorpión, Shaula se sumió en sus pensamientos.
Honestamente, no sabía nada sobre la biología de los humanos. Aun así, dado que “él” había dicho que había que cuidar a las mujeres embarazadas, se puede imaginar que las mujeres embarazadas son seres vulnerables.
Y para Shaula, desobedecer las órdenes de “él” era una cuestión de vida o muerte. En fin...
—Ay~, no hay más que hacer. Por el rostro, la voz y la forma de vida de mi Gran Maestro, y por todo lo demás, pospongo el momento de echarte fuera de la torre.
—Ah, ah, qué forma de pensar tan misericordiosa. Que perdones a una mujer tan estúpida y superficial como yo... Por mucho que incline esta cabeza ante ti, nunca será suficiente.
Leilani, con los ojos llenos de lágrimas por la emoción, apoyó la frente en el suelo para expresar su agradecimiento. Mientras observaba la escena con el dedo meñique metido en la oreja, ella continuó diciendo: “Por cierto”.
Sin moverse de esa postura en la que estaba agachada en el piso, Leilani levantó solo la cabeza y miró a Shaula.
—Aunque sea una pregunta desagradable, fruto de mi ignorancia y mi falta de discernimiento, ¿sabe usted dónde está el destartalado carruaje de dragón en el que viajaba...?
—Ah, ese está en el PLACE de afuera, abandonado. Pero, ¿sabes? Todos los que iban contigo ya se murieron. Volaron por los aires, y eso sí que fue un SHOW.
—No, aunque suene de mal gusto, no me importan ellos. Pero el carro de dragón… ahí había cargado cosas nutritivas para el bebé, así que…
—Ah, ¿y qué pasa si no tienes eso?
—Por muy desafortunadas que sean las circunstancias, mi bebé…
No pudo continuar con la frase, y Shaula, que se quedó con la cabeza ladeada en actitud de pregunta, tardó un rato en darse cuenta de que eso significaba que debía imaginárselo por sí misma.
Pero, considerando el hilo de la conversación, a Shaula solo se le ocurrían respuestas complicadas. Es decir...
—¿Acaso me estás diciendo que, como el bebé se va a morir, yo tengo que ir a buscar el carruaje de dragón?
—Soy plenamente consciente de que es una falta vergonzosa, pero, por el bien de los bebés que llevo en el vientre, una madre, por muy presuntuoso que suene, es capaz de soportar cualquier insulto.
—Ay, si sabía que iba a pasar esto, mejor me hubiera quedado durmiendo hasta más tarde al menos hoy...
Si se hubiera levantado una hora más tarde de lo habitual, el carruaje de Leilani y los demás no habría caído en la guardia de Shaula, y se habría librado de todo el lío de recoger a una embarazada.
Incluso “él”, como era de esperarse, no le habría echado la culpa a Shaula por la responsabilidad de una víctima que ni siquiera se había dado cuenta.
Pero se dio cuenta.
Y ya que se dio cuenta, no tenía más remedio que actuar.
—A pesar de hablar tan humildemente, ¿Cómo te atreves a darme ordenes?
—Llámeme como quiera, basura vulgar y repugnante.
—Si interfieres con mis tareas como Guardiana de las Estrellas, no te lo voy a perdonar… ¡Oye! ¿Me escuchas? No te andes merodeando por la torre a tu antojo. Yo...
Señalando con el dedo con firmeza, Shaula le ordena con dureza a Leilani. Ante esas palabras, Leilani, aún postrada en el suelo, esboza una sonrisa un tanto pegajosa y dice:
—Para alguien tan impotente e inepta como yo, tal escalera es demasiado...
Dijo, señalando la larga escalera de caracol que subía hacia arriba y la gran puerta hacia la que Shaula se disponía a dirigirse —la entrada a la torre, el quinto piso, “Celaeno”—, mientras fingía no poder hacer nada.
De hecho, con los delgados brazos de Leilani no podría abrir la gran puerta, y llegar al cuarto piso, “Alcíone”, con su vientre abultado, también sería imposible.
—Entonces, ¿osea, acaso voy a tener que llevarte yo hasta arriba?
Al darse cuenta de la verdad que no quería admitir, Shaula hizo un gesto de “¡Uf~”, sacó la lengua y, con ambas manos, empujó la gran puerta para abrirla, y se adentró en el mar de arena, donde el viento se estaba volviendo cada vez más fuerte!
Por la mañana es probable que las mabestias se hayan comido los restos de los compañeros de Leilani y del dragón terrestre, pero existía la posibilidad de que el carro de dragón esté intacto.
Recogerlo y darle de comer a Leilani…
—¿Eh? Si de esa humana saliera un bebé y ya no fuera embarazada, ¿yo, como guardián de las estrellas, podría darle una paliza?
Aunque suene como un chiste ingenioso, si el hecho de tener un bebé en el vientre es la condición para ser considerada embarazada, en el momento en que ya no lo sea, parece que debería recibir el mismo trato que los demás retadores.
Debería haberle confirmado a “él” las reglas con más detalle. Pero, de repente, se le ocurrió algo.
—Esa respuesta suena demasiado a algo que diría Reid, ese tipo tan violento, ¿no sería de lo peorts?
Al recordar a ese hombre que no se detiene ante la violencia ni el absurdo, Shaula frunce el ceño.
Lo que más le molesta es que, entre las pocas personas que recuerda, aparte de “él” y su señor, se encuentre un hombre tan odioso como ese.
Le molestaba sentir que sus recuerdos se habían mancillado por lo que había pasado.
2
―Oye, tú, fas algo divertido.
Quien dijo eso fue un hombre pelirrojo que parecía la encarnación misma de la injusticia. A Shaula le cae mal este tipo.
Si el amor que siente por “él” se ha enraizado a nivel del alma, no sería exagerado decir que el odio hacia este hombre está grabado en su ADN.
Si es así, quien lo grabó fue la mamá de Shaula, pero como a ella también le cae mal este tipo, es lógico que ese sentimiento se le haya heredado a Shaula, su creación.
Un hombre de largo cabello pelirrojo, con un parche que le cubre el ojo izquierdo, de complexión musculosa y vestimenta desaliñada…
—O sea, lo desaliñado no es solo su apariencia, sino su forma de vivir misma.
—Oye, oye, tú, ¿no te parece que estás hablando en demasía en mi presencia? ¿Acaso no das un maravedí por tu vida, oye? Tú sí que eres una temeraria, a fe mía.
—¡Oye, oye, oye, oye qué molesto! dijiste que querías ver algo interesante, ¿verdad? Si es así, ¡abre superbien los ojos y mira esto!
Ante el pelirrojo que lo amenazaba con voz ruda y malhumorada, Shaula disparó un rayo de luz blanca.
Su ataque letal, el Hell’s Snipe, se lanza desde el cañón de un círculo mágico creado en el aire y destruye todo lo que toca.
Es la luz de la destrucción que lo evapora todo. Por ahora, solo puede lanzar uno, pero su madre le ha dicho que, al menos, aumente el número hasta el de los dedos de ambas manos; sin embargo, lo importante es que dé en el blanco.
—¡O sea, con que dé en el blanco está bien, ¿no?
Interpretando a su manera la orden de su madre, el golpe con toda la fuerza de Shaula se abalanza desde muy cerca, se acerca, se acerca, se acerca… directamente hacia el pelirrojo con cara de tonto…
—¿Eres una mindundi o qué?
Ese insulto tan molesto y el destello blanco que de repente se dirigió hacia arriba ocurrieron al mismo tiempo.
“¿Eh?”, dijo Shaula con los ojos como platos, mientras frente a él, el pelirrojo que debería haber tenido GAMEOVER permanecía de pie con total naturalidad.
—¿Qué diablos había pasado?
Al ver la mano del pelirrojo, con el dedo medio apuntando hacia el cielo, se dio cuenta de lo que había pasado.
—¡¿No me digas que le hiciste PARRY a mi Hell´s snipe con los dedos!? ¡Eres un maldito monstruo!
—¡Jah! ¿Quién es el de mierda, oye? Lo único que pasa es que tu ataque era una chorrada, como una castaña, ¡eso es todo!
“¡Ahh!” Justo cuando pensaba que se acercaba con pasos pesados a una Shaula que temblaba sin control, el pelirrojo, al terminar su frase con tono brusco, le dio un golpe seco en el trasero.
Ante ese gesto brusco, Shaula gritó y dio un respingo; el pelirrojo, con una expresión diabólica, se rió con aire de satisfacción y dijo:
—¡Jajajaja! ¿Qué tal? Pensé que solo ibas a hacer esos píos molestos, pero resulta que también puedes sacar una voz de mujer… Oye. ¿No te serviría más aprender a cómo hacerlo así de antemano, oye?
—¿Qué, ¿qué, ¿qué, ¿qué, ¿qué estás insinuando? Mi cuerpo, en su totalidad, pertenece a mi Gran Maestro, es para mi Gran Maestro y es de mi Gran Maestro. Y tú, que te atreves a… ¡Ay!
—Jajá, si solo eres valiente de boca, lechuguina, no vas a poder proteger ni tu castidad ni a tu Gran Maestro, que tanto valoras. Por tu debilidad, tu Gran Maestro está llorando a mares, oye.
—¡Te, te, te voy a matar! ¡Te voy a matar! ¡Te voy a matar seguro!
Con los dos palitos de madera que el pelirrojo había sacado durante la conversación —esos palillos, según dicen—, le hizo cosquillas en el vientre desnudo, y Shaula, en un dúo de ira y sed de sangre, intentó hacer desaparecer al descarado pelirrojo.
Sin embargo, el odioso pelirrojo le agarró con ligereza los brazos a Shaula y, por el contrario, le aplicó un manoseo despiadado con los palillos en el ombligo, el trasero, las axilas, la parte posterior de las rodillas, la nuca y detrás de las orejas, llevando a cabo un acoso sexual despiadado con los palillos.
Mientras la pinchaba por todas partes sin que ella pudiera hacer nada, y Shaula se sentía tan humillada que le daban ganas de llorar, el pelirrojo resopló por la nariz y dijo:
—¿Qué, ¿qué? Tú, si acaso piensas hacerle frente a mi persona de este modo, cien años te faltan. De perseverar en tales andadas, el poder de una “bruja” no es sino una majadería.
—¡Ay, ya está otra vez con eso, sinvergüenza!
—¡¿Goaaaah?!
En un instante, el pelirrojo, golpeado justo por detrás, se deslizó con toda su fuerza por el suelo.
Ante ese castigo divino tan repentino, Shaula se quedó con los ojos como platos, olvidándose de asestar el golpe de gracia que debía dar.
En ese momento, alguien posó con fuerza una mano sobre el hombro de Shaula, justo desde el frente. Una mano dorada a la altura del hombro...
Es una persona con el cabello largo y unos grandes ojos rojos y redondos. Con su cabello rubio, y mostrando un aire de gran consternación, le preguntó a Shaula:
—¡¿Estás bien?!
Y…
—¡Perdón por llegar tan tarde! Ha sido un descuido imperdonable de mi parte. ¡¿Qué te hizo ese maldito Reid?!
—Me tocó a su antojo mi GLAMOROUS BODY con unos palillos.
—¡Es una acción propia de la escoria humana! ¡No es más que una atrocidad que merece la muerte mil veces!
El rubio frente a él se quedó atónito al ver a Shaula abrazarse con recato contra su hombro. Entonces, el grito del rubio fue interrumpido por la voz airada del pelirrojo que dijo:
—¡Espera un momento, oye!
El pelirrojo, que había caído al suelo tras recibir un golpe, se sentó en posición de loto sobre el suelo lleno de grava y, mientras se frotaba la nuca, dijo…
—El que está haciendo una tontería eres tú. Eso con lo que me pegaste, ¿no es ese bastón de tonto que dicen que se usa para disciplinar a los “dragones”, o no?
—Deja de llamarlo con un nombre tan deshonroso como “bastón de tonto”. Esto tiene un nombre muy, muy romántico: “Bastón estelar”.
—¡Me importa un comino el nombre! ¡No me pegues con algo ansí! ¿Qué faces? ¿Acaso quieres matarme?
—No digas tonterías. Tú eres más resistente que un dragón; ¿cómo vas a morir por un simple golpe con mis débiles y delgados brazos, como si fueras un huevo? Saca pecho, eres el más fuerte de la Tierra.
—¡Con algo tan humillante, ¿ahora voy a sacar pecho? ¡Mendrugo!
—¡¡Los dos me están ignorando y chismeando sin parar, o sea, qué ruido!!
Ante los dos que se enzarzaban en una discusión acalorada con él en medio, Shaula estalló de esa manera.
No le gustaba que hablaran sin tenerla en cuenta, y se odiaba a sí mismo por no tener la capacidad de intervenir. Shaula, incapaz de hacer nada, pateaba el suelo y lo único que podía hacer era gritar como un niño.
—¡¿Por qué, por qué?! ¡Si yo soy la Guardiana de las Estrellas para mi Gran Maestro! ¡Si no puedo vencer a un hijo de puta SEXUAL HARASSER, ¡no tiene sentido que siga viviendo!
—¡Espera, espera, no te desesperes así, Shaula! ¡Lo de hace un momento fue solo una coincidencia, mi ataque sorpresa lo agarro descuidado, no es tu culpa! Aún estás en plena etapa de crecimiento y desarrollo... ¡La evaluación en este momento no es más que una simple formalidad!
—¿En serio, oye? ¿De verdad estás diciendo que esta lechuguina está en pleno crecimiento y desarrollo? Eso no se diferencia en nada de las tonterías de esta mocosa ¿no te parece?
—¡Qué falta de tacto hacia una mujer con un futuro por delante! ¡De hecho, eso es lo que más me molesta! ¡Cómo te atreviste a hablarle así a la pequeñita Shaula! Sabía que te gustaban las mujeres, pero que fueras tan igualado me da escalofríos.
—Oye, ya basta de bromas. ¡A esta enana ni siquiera se le puede distinguir si es hombre o mujer! Si de todos modos vas a meter el dedo en la llaga, mejor hazlo con alguien que valga la pena. Como por ejemplo…
—Si empiezas a hablar de “princesas” o “brujas”, mi desprecio alcanzará su punto máximo.
Con una mirada fija y severa, los ojos rojos del rubio lo fulminaron, y el pelirrojo chasqueó la lengua con un “¡Tch!” y desvió la mirada.
Seguramente había dado en el clavo, pero para Shaula, la conversación se había tomado un giro desagradable en dos sentidos.
—No solo me molesta la historia de la “princesita” que se le pega a “él”, sino que además me hizo darme cuenta de que, al ser tratada como una mocosa, todavía inmadura, con el pecho pequeño, el trasero plano y las extremidades cortas. Aunque para mí es un hecho que algún día conseguiré el DINAMITE BODY que “él” desea, cada vez que actúo como si ya lo tuviera, el pelirrojo y “Dragón” se burlan de mí. Los únicos que no se burlan de mí son este rubio y el barbudo… y la “princesita”, claro.
—En mi opinión, eso es NONSENSE, así que NO THANK YOU.
—No te preocupes, Shaula. Aunque no lo parezca, de niño yo también era tan bajito que todos a mi alrededor se preocupaban por mi futuro. Pero a punta de comer bien, jugar mucho y dormir bien, ¡mira! ¡He crecido de manera espectacular hasta convertirme en un hombre fornido!
—¿Un hombre fornido? No lo veo. ¿Dónde está ese tipo, oye?
—¡Aquí están los verdaderos hombres fornidos, uno al lado del otro! ¡Me haces parecer insignificante! ¡Aunque Shaula se dé cuenta de mi artimaña!
El rubio, que se había colocado al lado del pelirrojo para llamar la atención, le daba golpecitos con la rama que sostenía en la mano contra el pecho ancho del pelirrojo, pero eso no le impedía ni siquiera dejar de hurgarse la nariz.
Y mientras los dos jugaban así, sin prestarles atención, Shaula cruzó los brazos y dijo:
—¡Fuuu! A diferencia de Farsale, que ya no tiene margen de mejora, yo todavía tengo mucho por crecer. De eso no hay duda, y mi potencial va a superar a Reid.
—¡¿Qué?! ¿A pesar de que yo te animé, no te doy lastima? ¿No?
A través del rubio, que se lamentaba con cara de decepción, Shaula miró fijamente al pelirrojo y le declaró la guerra.
Al oír eso, el pelirrojo se sacó un moco de la nariz con el dedo y volvió a reírse con un “¡Ja!”.
—Tiene una expresión detestable. Pero, por más que me moleste, es fuerte. Es fuerte, pero tiene un carácter de mierda. Y mi resentimiento también crece hacia la mierdañora que me ha confiado a ese pedazo de mierda por un tiempo. O sea, pero todo esto es por “él”. Algún día, haré que este pelirrojo se rasque la cara de rabia y lo haré llorar mientras suplica: “Perdóname”.
Cuando pueda hacer eso, Shaula podrá declararse con orgullo.
El guardián de “él”, Para lograrlo…
—Cuídate mucho, oye, para que no me abandones a mitad de camino.
Shaula no debe perder de vista nunca al pelirrojo, que se excita ante el presentimiento de sangre que se avecina.
3
—A mi juicio, todos los miembros no son sino desventuradas víctimas a quienes se les ha torcido el ideal con vanas esperanzas. No es que falte piedad ante su desventura, mas, a la postre, ellos mismos prestaron oídos a lo que querían escuchar y cegaron sus ojos a cuanto rehusaban creer. Por ende, aunque su hado sea batirse contra nosotros, poco remedio queda en este trance.
—Las filiales del “Culto de los Santos” se encuentran repartidas por todo el mundo, y el número de miembros que pertenecen a ellas es considerable. Me parece recordar haber escuchado esa explicación de mamá hace tiempo.
—Qué loco, hablas rapidísimo.
—¡Y tú, que ahora te has vuelto tan insolente! ¡Será por la mala influencia de “él”!
Ella tenía un vago recuerdo de haber tenido ese tipo de conversación. Aun así, ¿por qué se enojó tanto la señora en ese momento?
Solo dijo que, cuando hacía alarde de sus conocimientos, siempre hablaba muy rápido. Bueno, al final le dijo que me estaba volviendo parecida a “él” así que, para Shaula, fue una evaluación que le alegró.
De todos modos…
—¿Qué es esto? Toda esta chusma se agolpa por todos lados, qué palo.
Dice el pelirrojo con desdén mientras contempla el edificio de piedra caliza que se alza frente a un hueco en la pared, justo debajo de ellos.
Junto al pelirrojo, que se tapaba el sol con la mano sobre la frente, Shaula adoptó la misma postura y contempló la misma escena; al ver a esa chusma de la que había hablado el pelirrojo —aquellos que vestían túnicas blancas—, sacó la lengua y dijo:
—¡Uf! Son muchos. Se entiende por qué el pelirrojo dijo que estaban por todas partes. Pero, más allá de eso, Se me ocurrió lo mismo que a este tipo~, es una violación de mis valores~
—Oye, ¿no estarás pensando que puedes hablarme como quieras porque eres mi rival? Te lo advierto: si eres así de cobarde, te trataré igual que a cualquier otro chaval. Te voy a dar una paliza, oye.
—¡Si puedes, inténtalo! Para entonces, ni mi Gran Maestro ni mi madre se quedarán callados, así que el que no tendrá lugar en este mundo serás tú.
—¡Límpiate el culo tú misma! No hables con tanta arrogancia, joder.
El pelirrojo frunce los labios y suelta un discurso propio de un adulto sensato. Sin embargo, Shaula lo sabe: no hay nadie que haga que otros humanos se hagan cargo de las consecuencias de sus actos tanto como este pelirrojo que tiene frente a ella.
—Y, aun así, ¿cómo se atreve a decirme a mí, a Shaula, algo como lo que acaba de decir con tanto descaro?
—¿Mmm~? ¿Mmm~? ¿Mmmmm~?
Mientras Shaula y el pelirrojo se miran fijamente, el rubio gruñe y se inclina de un lado a otro.
Ante el comportamiento tan extraño del rubio, Shaula, aún de mal humor por la discusión con el pelirrojo, le pregunta:
—¿Qué es eso de “mm-mm” que andas haciendo desde hace un rato?
—¿Eh? ¡No, no, ustedes dos son increíbles! Están tan lejos que yo no veo nada de ese enjambre. ¿Cómo es que tienen tan buena vista?
— “De nacimiento”
Ante la pregunta del rubio, el pelirrojo respondió exactamente lo mismo, y a Shaula se le puso la piel de gallina.
Dejando eso de lado, a Shaula le pareció que la debilidad de la vista del rubio era grave.
—No poder ver más allá de apenas un kilómetro es una capacidad muy limitante para un ser vivo.
O tal vez simplemente esté buscando algo totalmente equivocado y por eso no encuentra lo mismo que Shaula y los demás.
—Si es así, entonces su capacidad intelectual es la que está fatal. Farsale, ¿cuál de las dos es?
—Por supuesto, dado que soy un príncipe y, por lo tanto, poseo un cerebro superior al de la gente común, me inclino a creer tu opinión de que no tengo esa capacidad. Pero, como eso sonaría a excusa, prefiero no decirlo. ¡No quiero, pero, para empezar, los humanos pueden ver a cientos de metros de distancia!
—No son cientos de metros, sino como un kilómetrito nomás.
—¡Los humanos no pueden ver a un kilómetro de distancia!
Aunque lo reformule de manera más precisa, la grave deficiencia en su capacidad no se corrige.
Más bien, parece que su capacidad es aún menor de lo que Shaula había previsto, y el rubio comenzó a parecerle un ser aún más frágil.
Justo cuando pensaba eso, ladeó la cabeza y dijo:
—¿Eh?, Entonces, ¿qué es este tipo? ¿En serio es solo un monstruo?
—Tú, oye...
—¡Sí! ¡Así es! ¡Reid es un monstruo! ¡Es la espada, la mejor del reino!
—¡Tú, oye!
Entre los gritos de Shaula y el rubio, el pelirrojo se indignó al ser tildado de monstruo por ambos uno tras otro.
—Bueno, por más que grite o vocifere, el hecho no cambia.
—A diferencia de Shaula, quien desde su nacimiento es claramente diferente a los humanos, el pelirrojo es simplemente un monstruo; Q.E.D.
—Y, por lo que veo, ya están bien preparados para marchar. Ya no vas a quejarte a estas alturas, ¿verdad?
—... Con mis ojos no puedo ver hasta ahí, Shaula.
—No sé qué es eso de “Singun”, pero creo que no hay duda de que se están preparando para salir en gran número.
Junto al pelirrojo, con su sonrisa belicosa, el rubio, con expresión seria, respondió a la respuesta de Shaula con un pesado “Ya veo...” y exhaló un suspiro.
Ante la actitud de ese rubio —siempre alegre, con una voz y una expresión estridentes—, Shaula también sintió de alguna manera que no debía meter baza.
Sin embargo, el pelirrojo, sin ningún tipo de delicadeza, le dio una fuerte palmada en el hombro a el rubio.
—Oye, no te andes dando vueltas con tonterías. Si no te puedes decidir, yo lo haré a mi manera. No voy a hacer caso a lo que tú digas...
—No, eso no puede ser. Yo soy de la realeza.
—El hecho de que haya abandonado la capital y me haya unido a ustedes, no es para que me protejan. No malinterpreten eso. Por lo tanto, no voy a huir. No apartaré la vista. No cambiaré mi forma de ser.
—¡Ay, ay, ay...!
Al ver cómo la declaración del rubio —quien, con aire majestuoso, enderezó la espalda que estaba a punto de encorvarse— chocaba de frente con la opinión del pelirrojo, Shaula no pudo evitar que le temblaran los hombros.
Conoce muy bien la arrogancia del pelirrojo. Si algo no le agrada, no tiene piedad, ni siquiera con sus propios familiares.
Al instante siguiente, el rubio podría acabar partido en dos.
Si eso sucediera, Shaula tendría que acabar con el pelirrojo para demostrar su inocencia. De repente, llegó el momento más crítico no solo de la vida de Shaula, sino de toda su existencia y...
—... ¿Qué? Eres un gran idiota, oye.
—¿Eh?
El pelirrojo, de quien se daba por seguro que armaría un gran alboroto, soltó esas palabras con un chasquido de lengua.
Mientras Shaula abría los ojos como platos ante esa reacción inesperada, el pelirrojo hizo crujir con fuerza los huesos de su cuello inclinado y dijo:
—Bueno, ya que la princesa nos ha dado su superpermiso, ¿nos vamos?
—¡Qué falta de respeto! Yo soy el príncipe.
—¡Ja! ¡Y eso lo dices tú, que no has hecho más que dejarte proteger!
Exhalando con fuerza, el pelirrojo pisoteó el suelo en ese mismo instante y se lanzó al vacío, hacia el fondo del acantilado. —En ese mismo instante, agarró a Shaula por la nuca, que se había quedado paralizada, llevándola consigo.
—¡U, ¡gyaaaaaa—!?!?
Ante ese acto suicida tan repentino, Shaula quedó abandonada en lo alto del acantilado; mientras veía alejarse el cabello rubio en su campo de visión y su cola de escorpión ondeaba sobre su cabeza, lanzó un grito.
Sin embargo, la mano que la sujetaba por la nuca la atrajo con fuerza; a mitad de camino, su campo de visión se invirtió y ahora podía ver el punto de caída.
Era el edificio de piedra caliza del que habían estado hablando hasta hacía un momento: la base, repleta de enemigos.
—Mira bien, no falles, lechuguina. Si no matas a ese maldito mago de barreras que tiene esa molesta barrera, te convertirás en cenizas carbonizadas.
En medio del estruendo de su propio grito y del rugido del viento, la voz del pelirrojo se oía con claridad; mientras intentaba descifrar lo que eso significaba, el campo de visión de Shaula se llenó de una luz tenue, como un velo difuso…
El edificio de color blanco, protegido por el escudo mágico, se acercaba rápidamente. El mago de barreras que mantenía ese escudo era uno solo, y se encontraba en algún lugar de esta base repleta de enemigos.
Si no lo localizaban y lo abatían, la barrera los reduciría a cenizas a todos.
Sí, no solo a Shaula, sino también al pelirrojo.
—¡Si no lo logro, tú también vas a morir!!
—¡Jajajaja! ¿Que yo voy a morir? Ni de coña, la única que va a morir eres tú. Bueno, ¿qué vas a hacer, tú? Es cuestión de vida o muerte.
Shaula contuvo el aliento al escuchar esa risa que transmitía que lo decía en serio. Concentró su atención en su campo de visión y percibió a cada uno de los enemigos que se encontraban a la vista. Había diez.
—Si tuviera diez disparos de Hell’s Snipe, podría acribillarlos a todos al mismo tiempo. Pero como desobedecí las órdenes de mi mamá y no practiqué, solo puedo disparar uno. Solo tengo una oportunidad.
En esa única oportunidad, hará lo que sea necesario.
—¡Yo soy! ¡La Guardiana de las Estrellas de mi Gran Maestro!! ¿Eh?
Dijo Shaula, sacudiéndose la mano que la agarraba por la nuca y liberándose del pelirrojo. Por un instante, soñó con la posibilidad de dejar que solo el pelirrojo quedara atrapado en la barrera y escapar mientras veía cómo se carboniza… pero no.
No huirá. No perderá. No le va a dar el gusto.
Dando una patada al acantilado y cambiando la trayectoria de su caída, Shaula confió en sus ojos y se dirigió hacia el punto de francotirador que buscaba.
Al llegar allí de alguna manera, activó al mismo tiempo el Hell’s Snipe… y lanzó un destello con toda su fuerza, preciso como pasar por el ojo de una aguja, dirigido hacia el edificio de color blanco marfil.
Y entonces…
—Eh, no lo haces nada mal.
Una voz de elogio llegó llevada por el viento; molesta por ello, Shaula levantó el dedo medio. La barrera que protegía el edificio de color blanco a sus pies se desvaneció.
Había atravesado al mago de barreras.
No es que haya logrado identificar al único mago de barreras entre los diez.
Los mató a todos con un solo disparo. Alineó a los objetivos en una línea diagonal y aprovechó los rebotes.
—¡¿Qué te parece?! Con esto...
Justo cuando estaba a punto de regodearse pensando que ahora le tocaba al pelirrojo. El pelirrojo, que caía un poco más adelante, levantó el brazo y descargó un golpe con los palillos que sostenía en la mano.
En un instante, el intenso viento que se generó se convirtió en luz y engulló de un solo golpe la base de piedra caliza con una fuerza destructiva tal que ni siquiera importaría si hubiera una barrera o no.
Por eso al llegar al final de su deslizamiento, contemplando los restos del edificio que había perdido por completo su forma original, Shaula miró a su alrededor atónita.
—Qué fuera de lo común, qué anormal, qué, qué, qué… Ese tipo…
—¡Es un tipo detestable!!
—¡Por eso te lo estoy diciendo! No tengo nada que enseñarte a ti. Mira por tu cuenta y cree que lo sabes por tu cuenta. Si es que quieres proteger a tu Gran Maestro.
—¡No es eso! Mi Gran Maestro prometió contigo que…
—¿Ah?... Ahora que lo pienso… ¿hice tal promesa?
Ante una respuesta más insensible de lo que esperaba, a Shaula se le enrojeció la vista.
Aunque esa actitud del pelirrojo no era nada inusual, su Gran Maestro había dicho que le había hecho prometer algo y que, a cambio de esa promesa, había pagado un alto precio. Por eso, pensó…
—Vaya, hasta el pelirrojo…
—Bueno, ya se acabó, ya se acabó. Vamos, busquemos cualquier pueblucho y ¡a tomar trago, a tomar trago!
Agitando la mano con desenfado hacia el rubio que había dejado atrás en lo alto del acantilado, el pelirrojo se puso en marcha.
Aunque hubiera querido decir muchas cosas, como que, por más que lo hiciera, el rubio con mala vista no lo vería, o que la pobre mamá, que ya de por sí daba lástima, se vería aún más lamentable, había muchas cosas que quería decir. Las había, pero…
—Se lo voy a decir a ese Alec. Con esa barba que tiene, seguro que se pondrá de mi lado.
—Uf. No me menciones a ese tipo... qué asquito...
—¿Qué vas a hacer? ¿Te decidiste a cumplir tu promesa con tu mamá?
Ante Shaula, quien había sacado su carta de triunfo, el pelirrojo se rascó la cabeza con fuerza. Luego, tras gruñir por un rato…
—Bueno, hasta mañana.
—¡¿Qué?! ¿Por qué?! ¡Después de esto, solo vas a superemborracharte y dormir, ¿¡no?!
—Cállate ya, coño. ¿Me escuchas? Lo que puedas hacer mañana, lo haces mañana.
—¡Ay!
El pelirrojo le dio un golpecito en la frente a Shaula, quien saltaba y se le pegaba. Ante Shaula, que se había dado una vuelta y tenía los ojos llorosos por la fuerza del golpe, el pelirrojo sonrió de buen humor, como un demonio.
Shaula se llevó la mano a la frente, que le dolía punzantemente, y, mientras miraba hacia el cielo, le temblaron los labios.
—De verdad...
Shaula odiaba a este hombre.
—Algún día, sin duda alguna, te voy a matar, Reid.
De verdad, lo odiaba.
4
—¡Oye! ¿Así está bien? ¡Te lo traje!
Los restos del carro de dragón que estaban esparcidos por el mar de arena, los recogió todos de una vez y se los llevó. Eso no fue tanto por amabilidad, sino simplemente porque le daba pereza clasificar el equipaje.
Shaula no entendía cómo los humanos distinguían entre lo que era necesario y lo que no. Aunque sí pudo deducir que, obviamente, no necesitarían las ruedas rotas ni la lona rasgada.
—El resto lo tiré. Quedaron cosas que parecen comestibles y cajas que parecían importantes, así que con eso ya es suficiente, ¿no?
—Ah, te lo agradezco mucho… Que hayas hecho todo esto por alguien tan indigno e incompetente como yo, no puedo contener mi gratitud…
—Qué buena superlabia tienes. Y bien, ¿había algo que quisieras?
—Sí, con esto bastará para que mi bebé no tenga que pasar penurias. De verdad, ante la señora Shaula me siento tan abrumada que ni siquiera sé cómo levantar la cabeza...
—No me hace falta. Que alguien a quien no me cae bien me haga una reverencia no me da ninguna alegría.
Leilani, que estaba revisando los restos del carruaje para ver qué había adentro, se queda rígida ante la respuesta tajante de Shaula.
Su reacción parece de alguien que acaba de recibir un golpe, pero esa reacción es precisamente lo que más sorprende a Shaula.
Para empezar, no hay la menor posibilidad de que Shaula le tenga simpatía después de haberse comportado de manera tan descarada con la Shaula que acababa de nacer.
—O mejor dicho, ¿quizás sería una buena idea acabar con ella aquí mismo y desquitarme de tanto rencor acumulado?
—¡No, no, de ninguna manera! ¡Si la misericordiosa y generosa Shaula nos abandonara, una persona tan incompetente e inexperta como yo y mi bebé no podríamos sobrevivir de ninguna manera...!
—Es broma, es superbroma. Aunque quisiera, no podría hacerlo. O sea, menos mal que estás embarazada.
Ante Leilani, que palideció y adoptó una postura como para proteger su vientre —aunque eso solo servía para resaltarlo aún más—, Shaula le sacó la lengua con un “bleeeegh”.
En realidad, fue una lástima. Si no fuera por las órdenes de “él”, habría sido la oportunidad perfecta para dar rienda suelta a tantos años de enojo. De todos modos...
—¡Ya se acabó mi superamabilidad! ¿Está claro? ¡O sea, de aquí en adelante, no importa lo que me digas, no voy a hacer nada por ti!
—Por supuesto, por supuesto. Por muy descarado e inepto que sea, no podría permitirme seguir acaparando su misericordia para siempre. No podría, pero...
—...¿Qué pasa?
—El piso aquí es duro y frío. Alguien tan inutil como yo debería soportar cualquier tipo de trabajo penoso, por muy insoportable que sea. Pero, pero... no puedo dejar de compadecerme de mis bebés...
Al ver a Leilani mirándolo de reojo, a Shaula se le cayó la mandíbula sin poder evitarlo. Shaula no siente compasión alguna por los humanos, y mucho menos por bebés que ni siquiera han nacido.
Sin embargo, la orden de “él”, que parecía una maldición, de ser amable con las embarazadas, oprime el alma de Shaula. Por supuesto, si se tratara de estar pegada a “él”, le diría: “¡vente pa’ aca!”.
—Te lo advierto, esto es lo único que haré...
—Vaya, ¡qué compasiva! ¡De verdad que usted es un ser de la misericordia enviado a la Tierra…!
Para no entrar en la charla de la aduladora Leilani, Shaula levantó con un movimiento ágil las cajas de comida que ella había seleccionado y apilado, y se dispuso a dirigirse hacia la escalera de caracol.
Aunque le daba muchísima pereza, para hacerle espacio a esa humana débil, no tenía más remedio que subir cuatro pisos.
—Señora Shaula.
Al oír que la llamaban, se dio la vuelta. Una mujer que se frotaba el estómago, sentada en el suelo, le tendía la mano.
Por primera vez en su vida, Shaula sintió ganas de maldecir las palabras de su amado “él”.