Documentos de Lugunica






DOCUMENTOS DE LUGUNICA
1
—¡Shorty! ¡Shorty Megan!
Un hombre avanza por el pasillo, sus zapatos resonando con fuerza. La gente se mira entre sí y rápidamente pierde interés al reconocer el sonido de sus pasos y su voz gruesa, como diciendo: "Ah, aquí vamos otra vez".
Es algo cotidiano, una escena común, nada digna de comentarse.
El hombre en cuestión avanzó sin prestar atención a quienes lo rodeaban y abrió la puerta de la habitación que buscaba con tal ímpetu que casi la derriba――
――¡Shorty Megan! ¡Ahí estás!
—¿Eh? Sí, sí, sí, sí, sí, aquí estoy, aquí estoy, ¡Shorty Megan presente y en perfecto estado!
La puerta se abrió de golpe, y dentro de la habitación, un muchacho pequeño saltó literalmente al escuchar la voz del hombre.
Llevaba un sombrero redondo y enorme que le cubría por completo la cabeza, y su Ěequillo ocultaba ambos ojos. Vestía ropa de trabajo gastada y unos zapatos cuyo único mérito era su resistencia, aunque estaba claro de un vistazo que estaban hechos polvo.
Esto no se debía a un gusto personal excéntrico ni a un afán por destacar, sino a la carencia absoluta de tres elementos: interés, dinero y, sobre todo, tiempo.
Era evidente por el hecho de que jamás iba a casa, sino que dormía en su taller, abarrotado de papeles y materiales diversos.
El chico――Shorty Megan, se secó el hilo de baba de la boca con la manga y se apresuró a girarse hacia su visitante.
—¡E-e-editor jefe Morgan! ¿Q-qué hace usted aquí?
—¡Pues claro que soy yo! ¡Morgan Franĵ, editor jefe del "Periódico del Reino Dragón"! Y tú, Shorty, eres mi hombre, mi reportero, mis extremidades. ¡¿Cuál de los tres?!
—Obviamente, su hombre, su reportero “y” todas sus extremidades.
—¡Exacto! ¡Pero apenas eres un dedo meñique! Si vas a escribir un artículo como este, ¡no puedo conęarte ni siquiera el resto de los dedos! ¡Sería un peligro!
Era el jefe de Shorty, el editor jefe Morgan Franĵ, cuyo rostro de nariz aguileña se enrojecía mientras vociferaba. Era el responsable del "Periódico del Reino Dragón", un diario distribuido en el Reino de Lugunica, y un trabajador implacable que desconocía la palabra compromiso.
Alto, estentóreo y sin pelos en la lengua, el editor jefe era un adicto a las noticias que husmeaba cada evento extraño en el reino y babeaba ante los sucesos cotidianos.
Solo había una razón por la que este fanático de las exclusivas se molestaría en visitar a Shorty, un reportero de tercera: había leído su artículo.
—¿Así que vino hasta…? ¡Sí! ¡Me honra su halago!
—¿Halago? ¡¿Por qué iba a halagarte?! ¡Mírame la cara! ¡Mírame la cara! El 70%… no, ¡el 80% de mi nariz está roja! ¡Esa es la medida de mi furia!
—¡Jefe! ¡Está 100% escarlata!
—¡Entonces estoy más furioso de lo que creía por este maldito artículo!
Gruñendo, Morgan —ahora con el rostro morado— arrojó contra Shorty un fajo de papeles que llevaba en la mano. Golpeó su pecho y cayó al suelo. Era el artículo que Shorty había escrito tras pasar la noche en vela.
Era el fruto de su sangre y lágrimas, y así era como lo trataban. En otras palabras――
—¿Quiere que lo corrija?
—¡Oh, idiota! ¡Rechazado por completo! ¿En qué estás pensando para ser tan ambicioso? ¡Primero, ¿a quién le va a emocionar la idea de una plaga de ratas gigantes bajo la capital real?! ¡Hasta esperaba alguna sorpresa en el camino, pero el remate es pésimo otra vez! ¡Dímelo tú!
――¡Tendrá que verlo por sí mismo si quiere saber el resto de la historia!
—¡Cállate! ¡No invites a los lectores curiosos a meterse en los peligrosos subterráneos! ¡Que llame a los guardias y los exterminen! ¿Y si algún lector muere o enferma por enfrentarse a las ratas gigantes?
—¿Entonces es un problema de responsabilidad legal?
—¡Imbécil! ¡El problema es que perderemos suscriptores del Periódico del Reino Dragón!
Shorty recogió el artículo del suelo mientras Morgan se hurgaba la nariz con un dedo.
A Shorty le gustaban las ideas de Morgan, aunque estuvieran basadas en valores que solo podrían describirse como adicción al periodismo. Y es que Shorty también era un obseso de las noticias.
Por eso, este artículo también era el resultado de su propia investigación in situ.
—Era un gran trabajo, entrevistando a la gente de las favelas y documentando los detalles de las ratas gigantes que se reproducen bajo la capital. ¿Y ahora lo rechazan?
—¡Por supuesto! ¡Espalda recta y barbilla alta! ――¡El lema del Periódico del Reino Dragón es…!
――¡No publicamos nada que no haga temblar el corazón!
—¡Exacto! ¡Y punto!
Shorty se irguió con ęrmeza, y Morgan le escupió. Shorty apretó los dientes, frustrado, mientras su cara se empapaba de un generoso salivazo.
La verdad, durante sus entrevistas, Shorty no había dejado de preguntarse si aquello era lo correcto.
—¡Pero una vez que empiezas algo, abandonarlo a medias parece un desperdicio…!
—Siempre me ha gustado tu perseverancia, pero esta vez te ha jugado en contra. ¡Y hablando de cosas malas, la ilustración de este artículo también me parece pésima!
—¿Qué? ¿No se puede ni dibujar ahora? ¡Si el dibujo es buenísimo!
—¡Demasiado bueno! ¡Parece que esa jauría de… ratas gigantes va a salir corriendo del papel!
Arrebatándole el artículo de las manos, Morgan desplegó la imagen en cuestión.
Ante los ojos de Shorty apareció un enjambre de ratas… Un dibujo tan realista que casi podía sentirse el olor a animal en el aire. Más bien, Shorty revivió el miedo y el recuerdo de su encuentro real con las ratas en las cloacas, una sensación grabada tanto en su vista como en su olfato.
—Ughh…
—¡No vomites encima de tu propio artículo! ¡Pero muchos lectores tendrán la misma reacción! ¡Esto lo dibujó Lululara, ¿verdad?!
—E-ella está por aquí…
Shorty señaló con un dedo tembloroso hacia un rincón de la habitación, luchando contra las náuseas.
Siguiendo su indicación, Morgan frunció el ceño y exclamó: —¿Eh?. Entre una montaña de papeles amontonados, había una chica que deslizaba distraídamente su pincel sobre una hoja.
—¡Oooh! ¡Ahí estás, Lululara!
—Aquí abajo…1
—¿Qué haces en este cuarto lleno de porquería? ¡Huele…! ¡Huele fatal! ¡No te has bañado desde que volviste del subsuelo, ¿verdad?! ¡Ughh!
La chica... Lululara lanzó una mirada a Morgan, quien se tapaba la nariz luchando contra las náuseas, y permaneció en silencio. Sin embargo, a pesar de su expresión inexpresiva, su mano seguía trazando líneas en el cuaderno sobre sus piernas.
Ese era su papel como ilustradora de noticias para los artículos del Periódico del Reino Dragón.
Sin embargo...
—¡Ella es un verdadero tesoro! Cuando logra plasmar cualquier evento en una imagen, hasta lo más absurdo se vuelve creíble. ¡Es una pena, Shorty! ¿No lo crees?
—¡Eh! Sí, es... es que...
—No pongas esa cara de derrotado, Shorty.
1 Lulu habla de una manera muy entrecortada. He intentado retratar su discurso lo mejor que he podido, pero en algunos lugares he tenido que añadir palabras para que su diálogo tenga sentido.
Shorty se sorprendió por este repentino cambio de actitud y no pudo evitar esbozar una sonrisa tímida. Pero al ver esto, Morgan enrojeció aún más, no solo su nariz, sino también sus mejillas.
—Necesitamos sacudir las emociones del lector, sus verdaderas emociones. ¿Cómo podemos lograrlo si ni siquiera somos honestos con nuestros propios sentimientos? ¡Yo sé que tú no lo eres!
—Ehh...
—¡Shorty! ¿Para qué demonios te uniste al Periódico del Reino Dragón? ¿Fue para perseguir colas de rata y arrugar las ceñas de los suscriptores de la capital? ¡Dime, ¿qué crees?!
—¡E-eso no es cierto!
Shorty se plantó ęrme ante las palabras condescendientes de Morgan. Olvidando por completo que estaba siendo abrumado en ese momento, clavó la mirada en su jefe, quien lo superaba en altura por cuarenta centímetros. La cabeza de Shorty ardía como si estuviera en llamas, ahogando su sonrisa tímida y llevando sus verdaderos sentimientos a la punta de su lengua.
Así que, cuando le preguntaron por qué se había unido al Periódico del Reino Dragón...
—¡Yo... yo también quiero escribir historias que muevan el corazón de la gente... y del mundo! ¡No me hice reportero para atormentar a los que odian las ratas!
—¡¿Entonces qué?! ¿Cómo te atreves a desperdiciar el valioso tiempo y talento de Lululara, y encima hacerlo mientras te echas una siesta entre montañas de documentos?
—Si eso... si es así, entonces...
Shorty apretó los dientes ante las palabras de su jefe y observó a su compañera, quien siempre olvidaba comer o dormir, dedicándose por completo a pintar. Morgan le recordaba que le estaba dando a Lululara un trabajo que, deęnitivamente, no merecía.
Y, sobre todo, el propio Shorty era consciente de que su trabajo no estaba a la altura de su pasión.
――――
Se le cortó la respiración ante tal oleada de emociones.
Por el rabillo del ojo, vio un artículo pegado en la pared de su oęcina. No era uno escrito por él, sino que estaba colgado como si fuera un documento importante... o un recordatorio.
El contenido de ese artículo era el ejemplo perfecto de lo que Shorty imaginaba como un "artículo capaz de cambiar el mundo".
Y escribir algo así era el más profundo deseo de Shorty...
――La Selección Real.
—¿Qué?
La ceja de Morgan se crispó al escuchar el murmullo de Shorty. En la voz de su jefe, Shorty percibió un cambio, un tono distinto.
Quería hacer temblar el corazón del editor en jefe, ese "primer lector" que veía los artículos antes que nadie.
—¡Voy a... entrevistar a las candidatas de la Selección Real! ¡Escucharemos sus voces auténticas, conoceremos sus verdaderos rostros! ¡Esas mujeres están sacudiendo a este Reino Amigo del Dragón y son la mayor preocupación de su gente!
――――
—¿Q-qué te parece?
Shorty, quien había elegido su tema con determinación, estaba ansioso por el silencio de Morgan como respuesta.
Era una elección temeraria, y quizás merecía un regaño por ello, pero sus temores se desvanecieron cuando, tras unos segundos de silencio, Morgan esbozó una sonrisa descomunal.
Los ojos de Shorty se abrieron como platos ante la intensidad de esa mirada, y la enorme palma de Morgan se cerró sobre su hombro.
—¡Bien! ¡Bien, Shorty! ¡De esto estoy hablando!
—¡Gyaah! ¡Mi hombrooo!
La mano gigantesca lo aferró con fuerza, y Shorty gritó de dolor mientras sus huesos crujían. Pero los ojos de Morgan brillaron aún más al escuchar sus quejidos.
—¡La mayor preocupación del pueblo, la Selección Real! Han pasado meses desde que se anunció el inicio del proceso, y aunque al principio todos hablaban de ello, poco a poco el entusiasmo se ha apagado. ¡Nosotros mismos devolveremos la atención del pueblo hacia la Selección Real…! ¡Nada mal! ¡Nada mal en absoluto!
—¡G-gracias!
—¡Cállate, idiota! ¡Aún no has hecho nada! ¡No te alegres!
—¡Sí, sí, tienes razón! ¡Soy un idiota!
Shorty fue levantado en un arrebato de emoción, solo para ser soltado de inmediato, mientras Morgan le escupía un "¡Bien hecho!" y alzaba un dedo triunfal.
—¡Ahora que lo has decidido, date prisa, Shorty! ¡No dejes que nadie más se te adelante! ¡Consigue esas entrevistas con las candidatas de la Selección Real y haz lo que sea necesario para publicar la historia! ¡Yo me encargaré de reemplazar el artículo de las ratas!
Dicho esto, Morgan agarró el reportaje sobre las ratas gigantes y salió furioso de la habitación. El viento que generó su salida hizo volar los papeles por todo el cuarto, y hasta el Ěequillo de Shorty se agitó.
Pero una vez que pasó la tormenta, Shorty, aún en la habitación, apretó los puños con pasión.
Sabía que había hablado sin pensar, pero el fuego en su corazón era auténtico.
—¡Lo haré, lo haré, voy a cambiar el mundo! ¡Lululara, te vas a poner muy ocupada!
—…Mm.
—¿Eh? ¿Para mí?
Mientras Shorty se giraba entusiasmado, con la nariz hinchada de emoción, Lululara arrancó una hoja de su cuaderno de dibujo y se la entregó.
――Ahí estaba Shorty, plasmado con sangre brotando de su nariz por la excitación.
—¡No, tienes que decirlo en voz alta!
Metiéndose un trapo en la nariz, Shorty dobló cuidadosamente el dibujo y lo guardó en su bolsillo. Luego agarró su equipo de reportero y se preparó para embarcarse en la siguiente fase de su misión.
—¡Me han dicho que, después de las ratas gigantes, las candidatas de la Selección Real… no serán nada fáciles de entrevistar, pero haremos lo imposible para que este reportaje sea un éxito! ¡Vamos, Lululara!
—…Nos vemos.
—¡No me digas "nos vemos", tú también vienes!
Shorty cargó a Lululara, quien ya se había enrollado como un ovillo, lista para desconectarse del mundo. Con ella a cuestas y sus materiales de dibujo en mano, abandonaron la sede del Periódico del Reino Dragón en una postura bastante incómoda.
—…Lento.
—¡No voy lento! ¡He oído que las candidatas son hermosas, así que estoy seguro de que tu inspiración Ěuirá! ¡Esto será enorme!
Así comenzó la aventura de Shorty, arrastrando a su compañera apática mientras voceaba su entusiasmo.
Sus pasos eran pesados, y su compañera, letárgica, pero los ojos de Shorty brillaban con determinación. Era el día perfecto para empezar a escribir un artículo que conmovería al mundo.
—Lo veo, Lululara..., ¡el cielo azul está bendiciendo nuestro camino!
—está, nublado...
—¡Mira con los ojos de tu corazón!
2
El Periódico del Reino Dragón es conocido como un pequeño diario dentro del Reino de Lugunica.
Este periódico cubre una amplia gama de eventos cargados de emoción en Lugunica, desde noticias alegres que adornan la vida cotidiana hasta tristes y dolorosos sucesos donde alguien perdió la vida en algún lugar.


Sin embargo, sin importar qué tipo de emociones provoque, existe un principio fundamental en el Periódico del Reino Dragón que jamás puede transgredirse. Y ese es――
—¡No publicamos artículos que no hagan temblar tu corazón! Es nuestro lema, Lululara.
—…Glup, glup
—¿Podrías dejar de hacer burbujas con la saliva y escucharme? Sé que es tu costumbre, pero no deberías hacerlo en ninguno de los lugares que cubriremos.
Shorty alza el puño con entusiasmo, mientras frente a él, el rostro de Lululara carece por completo de motivación.
Tras abandonar la oęcina, ambos discuten sus planes para las entrevistas en un restaurante de la capital real. Shorty se encarga de elaborar los planes y explicarlos, mientras Lululara se limita a prestar un oído silencioso.
—Visitaremos a las candidatas que participan en la Selección Real. De todos modos, ¿cuánto sabes sobre la Selección Real, Lululara?
—…¿Selección Real?
—¡Parece que no sabes nada! ¡Qué miedo! ¡Da miedo tu total desinterés por lo que importa al público, a pesar de trabajar para un periódico! ¡Y también me asusta que empieces a dibujar esta expresión de terror en mi cara!
Como puede verse, Lululara es una "ilustradora de prensa" que gana su sustento dibujando para el periódico. Su talento artístico roza lo genial, y es una excéntrica a la que nada más le importa.
Shorty necesitaba gestionar con éxito a esta problemática y peculiar compañera de larga data.
—Voy a contarte, mi preciada compañera, sobre el tema de estas próximas entrevistas. Puedes tomarlo simplemente como una explicación para ayudarme a ordenar mis ideas.
—…Sí2
2 Aquí Lulu le responde a Shorty con un "Aye", una forma de decir sí/ok, pero también es parte de la palabra 愛バカ, 愛ぼう Aibō, que signięca compañero.
Por el momento, Shorty aclara su garganta con una tos discreta, contento de haber obtenido algo de atención. Luego comienza a explicarle a Lululara sobre la Selección Real y sus participantes.
—En primer lugar, la Selección Real es una ceremonia para determinar al próximo gobernante, proclamada en el castillo real hace unos seis meses. Dentro de tres años, se elegirá al rey entre las cinco candidatas seleccionadas... Así que ahora estamos en medio de una competencia para ver quién será el monarca.
La historia del rey y su linaje cayendo enfermos en masa podría contarse como uno de los casos más recientes e inquebrantables de Gran Calamidad en el Reino de Lugunica.
Como resultado, el reino ahora carece de rey, y el Consejo de Sabios administra los asuntos de estado. Sin embargo, esta sigue siendo una situación insalubre. Para resolver este problema――
—Es una competencia por el trono, o Selección Real para abreviar. Las cinco candidatas al trono son: la duquesa Crusch Karsten, la presidenta Anastasia Hoshin, la baronesa Priscilla Barielle, Felt-sama y Emilia-sama.
—¿Eso es mucho?
—No, en realidad son pocas personas, considerando el plazo... No sabemos cuántas candidatas quedarán el día que se decida la Selección Real.
Lululara inclinó la cabeza, sin parecer comprender el verdadero signięcado de las palabras de Shorty.
Es fácil imaginar que, si la lucha por el trono requiere que las candidatas posean ciertas cualidades limitadas, una oscura contienda —que incluiría asesinatos— podría tener lugar.
—Quiero decir, no puedes llamarte candidata a la Selección Real si no estás profundamente decidida. En otras palabras, las cinco seleccionadas deben estar preparadas para hacer algo extraordinario.
Estas son las candidatas que compiten por el trono vacante. Todas poseen una ambición extrema.
—Además, todas son mujeres... En este caso, debería decir heroínas. Crusch-sama es conocida como la "Valquiria", Anastasia-sama se alzó desde las Ciudades Estado de Kararagi... Y Felt-sama, quien según escuché gobierna los distritos pobres, pero lo más importante: se dice que tiene al "Santo de la Espada" con ella.
—…¿El "Caballero entre Caballeros"?
—Así es… Ah, ahora que lo mencionas, el Sir Reinhard fue retratado por Lululara antes.
La reacción de Lululara le recordó a Shorty una de sus pinturas anteriores.
Sin embargo, no había sido durante una entrevista. Ella se había topado casualmente con el "Santo de la Espada" mientras paseaba por la capital en su día libre, y él amablemente accedió a ser el modelo para su dibujo.
De hecho, Lululara pareció entusiasmarse mucho, usando su pincel con energía, y el resultado ęnal fue excepcional.
Esa obra también estaba guardada con cuidado en un archivador de Shorty en la oęcina.
En ęn――
—Si Sir Reinhard le ha jurado lealtad, entonces Felt-sama debe ser alguien extraordinaria, y…
—…¿Y?
—…Emilia… -sama es…
Un escalofrío recorrió todo el cuerpo de Shorty al intentar mencionar a la siguiente candidata.
Su rostro palideció y sus hombros temblaron, lo que despertó la curiosidad de Lululara, aunque, de saber la razón, ella también habría sentido el mismo terror.
Una de las candidatas a la Selección Real era Emilia, una semielfa de cabello plateado y ojos amatista, características idénticas a las de la "Bruja de la Envidia", quien una vez llevó al mundo al borde de la destrucción.
Se decía que era un ser demoníaco, acompañada por un espíritu feroz que congelaba todo a su paso. Corrían rumores de que había helado permanentemente las tierras del norte del reino y que disfrutaba arruinar la vida de los habitantes provocando ventiscas por diversión.
Por supuesto, ella no era la "Bruja de la Envidia" en persona―― pero su mera presencia bastaba para que muchos la consideraran una reencarnación de aquella calamidad.
――Hasta ahora, seguramente otros reporteros además de Shorty habían intentado escribir sobre el mismo tema.
La razón principal por la que ninguna de esas entrevistas había llegado a buen puerto no era otra que "Emilia".
Si esto iba a ser un reportaje sobre las candidatas a la Selección Real, era natural que incluyera a las cinco. Sin embargo, todos evitaban entrevistar a Emilia.
Shorty también sentía que el mayor obstáculo era su propio miedo hacia ella.
―….
Pero al verlo paralizado, Lululara deslizó su pincel sobre el cuaderno de dibujo.
El hecho de que lo plasmara en papel no ayudó mucho, pero su total indiferencia sorprendió a Shorty, dándole el empujón necesario para recuperar la compostura.
—Cambiar… el mundo…
Apretó los dientes, recordando el desafío que le había lanzado al editor jefe Morgan.
No mentiría sobre esas palabras. No solo apretó la mandíbula, sino que también mordió con fuerza su propio sueño.
—No es momento para tener miedo. Lo haré, Lululara. Voy a hacer mi trabajo.
—…¿Y esa?
—Ah, sí. Ahh, cierto, cierto, lo sé.
Lululara le entregó el dibujo que había terminado. Shorty sonrió al verse retratado tan pálido y lo guardó con cuidado en su bolso.
—La última es la baronesa Barielle, Priscilla-sama, conocida como "La Novia Sangrienta" por sus múltiples matrimonios trágicos. Aunque joven y hermosa, todos sus matrimonios terminaron en desamor… Es una mujer trágica.
—…Trágica.
—En su territorio tiene una excelente reputación, y la gente parece adorarla, llamándola la "Princesa del Sol". Supongo que tiene un encanto cálido que hace sonreír a quienes la rodean.
Desde el punto de vista de haber escuchado diversas historias previas, Priscilla Barielle es, personalmente para Shorty, la candidata a quien más le gustaría apoyar.
Una mujer lo bastante desafortunada como para tener que superar lo absurdo de sus circunstancias y alcanzar la gloria.
Es un relato heroico, una historia de éxito que conmoverá a todos.
—Uf, uf, no está bien. Debo ser imparcial. Sobre todo, sería una falta de respeto hacia la persona que accedió a la entrevista en primer lugar.
—…¿Otra persona?
—La duquesa Crusch Karsten.
Shorty estremece al decirlo, anticipando el inicio de una entrevista en toda regla.
Ella es una ęgura prominente del reino y, actualmente, la candidata más favorecida en la Selección Real.
—Para ser honesto, pensé que sería la más difícil… si no es que emocionalmente imposible. En primer lugar, nunca creí que aceptaría mi solicitud de entrevista.
Después de todo, se trata de la mujer más prestigiosa de la nobleza del reino, alguien de gran honor.
Consideraba natural que lo rechazaran de inmediato por representar a un periódico dirigido principalmente al entretenimiento de las masas. En ese caso, su plan era insistir decenas —o cientos— de veces, esperando que la paciencia del otro lado se agotara...
—…¿Podrán lograrlo?
—No lo sé… Crusch-sama es tan marcial como puede serlo una mujer. Hizo que su padre abdicara cuando aún no era necesario, es una mujer ambiciosa.
De otro modo, no podría ser una duquesa a quien llaman "Valquiria".
Quizás la oferta de entrevista solo era un cálculo para usar a Shorty. En ese caso, él sería un pobre sacrięcio.
—Incluso si tu oponente es noble entre nobles, con cien batallas a sus espaldas… no dejes que te intimide.
Primero, revelarán el rostro oculto de la primera candidata a la Selección Real, Crusch Karsten.
Aunque esta primera entrevista bien podría ser su última, Shorty Megan lucharía hasta el ęnal. ――Con esa determinación sombría, se prepararon para ello.
3
Pero, contra todo pronóstico, los temores de Shorty resultaron infundados.
La duquesa Crusch Karsten había accedido a ser entrevistada por el Periódico del Reino Dragón, no por hostilidad hacia la prensa ni por buscar espectacularidad.
Todo lo contrario――
—Entonces, Shorty-san y Lululara-san llevan dos años trabajando juntos... A pesar de su juventud, hacen un trabajo admirable.
—¡No, no, en realidad no es para tanto, ja ja ja!...
Shorty, ruborizado por el inesperado halago, se ajusta el sombrero más profundamente sobre su cabeza.
Frente a él, una belleza de cabello esmeralda con gestos llenos de gracia y elegancia sonríe tras cubrir su boca con una mano, como diciendo "Vaya, qué modesto".
Mientras admiraba ese gesto natural, Shorty era consciente de que estaba siendo arrastrado por la atmósfera del lugar —o más bien, de su anętriona— y comenzó a sentirse internamente agitado por lo que debía hacer.
Shorty y Lululara habían sido recibidos en la mansión de la familia Karsten, ubicada en el Distrito Noble de la capital. Los condujeron a un amplio y lujoso salón, donde se sentaron en un sofá absurdamente mullido, sintiéndose como dos tontos.
Delante de ellos se encontraba una mujer tan hermosa que parecía una deidad celestial, haciendo que Shorty dudara si estaba soñando o no.
Sí, una deidad celestial —era la única descripción que hacía justicia a su presencia. Su largo y exuberante cabello verde caía suelto sobre su espalda, mientras su ęgura femenina y curvilínea se envolvía en un vestido de elegancia impecable. La belleza de Crusch Karsten, la duquesa, era suęciente para hacer hervir el cerebro de Shorty.
—Hk
—Mmm… ¿Lululara-san a tu lado está bien?
—¡M-me honra su preocupación, pero sí! Este es su comportamiento normal, así que le ruego que lo pase por alto…
Shorty no podía sentirse cómodo ante la Crusch que ladeaba la cabeza con genuina preocupación. Pero Lululara, quien trabajaba frenéticamente con su pincel al lado de Shorty, estaba lejos de comportarse con normalidad.
Por naturaleza, Lululara seguía sus impulsos con honestidad brutal. Para decirlo de manera educada: cuando encontraba un tema excepcional, nada —ni siquiera Shorty— podía detenerla.
Y en esos momentos, los dibujos de Lululara eran verdaderamente asombrosos.
—…Por favor
—Oh, ¿puedo quedármelo? Esto es… yo, ¿verdad?
Los ojos de Crusch se abrieron ligeramente al aceptar con gracia el dibujo que Lululara le ofrecía.
Al observarlo, era evidente que se trataba de un retrato perfecto de Crusch, capturado con una precisión que hasta Shorty —acostumbrado a las pinturas de Lululara— consideraba impecable. La habilidad de Lululara para plasmar la realidad frente a sus ojos brillaba en todo su esplendor.
—Me gustaría colgarlo en mi habitación…
Naturalmente, el murmullo de Shorty fue captado por Crusch, quien preguntó "¿Eh?". Atrapado en su propio descuido, Shorty buscó apresuradamente las palabras para remediar la situación.
—Ah, ya veo. Yo también lo creo. Lo ha dibujado tan bien que incluso Ferri-chan querría colgarlo en su habitación.
—¡Exacto!... ¿Espero que no le haya molestado?
Shorty abrió los ojos como platos mientras asentía, conęrmando sus verdaderos sentimientos. Fue entonces cuando, hablando del rey de Roma, llegó esa persona con un "Nyafufu" y se sentó junto a Crusch.
Y así, la nueva integrante de la escena resultó ser también una persona de una belleza casi intimidante.
Si a Crusch podía describírsela como "hermosa", a esta persona habría que llamarla "adorable". Sus gestos, su mirada, su encanto y soęsticación eran tan reęnados que resultaban hipnóticos.
Pero no subestimemos a es un reportero de periódico. Ya había investigado para saber quién era esta chica... o más bien, esta persona de apariencia femenina.
—¡C-caballero Felix Argyle-dono, ¿correcto?
—Así es~, pero no hace falta tratarme así. Preęero que me llames Ferris, aunque Ferri-chan también está bien.
—Oh, ehm, entonces... Ferris-dono, por favor.
—Kufufu, qué lindo eres.
Felix —no, Ferris—, que se tocaba los labios con un dedo mientras esbozaba una sonrisa pícara, era en realidad un hombre. Su expresión traviesa y sus gestos podían confundir, pero al ęn y al cabo, era un varón.
Crusch Karsten, candidata a la Selección Real, y Ferris, su caballero.
Esas dos personas frente a ellos, en una relación de señora y sirviente, eran los sujetos de la entrevista que Shorty y Lululara realizarían esta vez.
—Ferris, no molestes demasiado a los reporteros.
—Sííí, lo siento-nya, Crusch-sama. Pero el dibujo es precioso. ¿Acaso posaste especialmente para ella?
—Cuando lo dices así, me haces sentir como si hubiera hecho algo vergonzoso... No, no fue el caso. Supongo que ella es muy observadora.
Reprendiendo la actitud de Ferris, Crusch dirigió sus ojos ámbar hacia Lululara.
Al instante, Lululara, hipnotizada por la belleza de esa mirada, comenzó un segundo dibujo. Shorty, sin querer quedarse atrás, tosió levemente y dijo:
—A-ahora que tenemos aquí a la honorable candidata a la Selección Real, Crusch- sama, y a su caballero, Ferris-dono, ¿podría hacerles algunas preguntas para la entrevista?
—Sí, me honra que se tomen la molestia de escucharme. No sé si estaré a la altura de sus expectativas, pero agradezco su amable atención.
Crusch se inclinó con una postura reęnada ante Shorty, quien eligió sus palabras con cuidado para hacer su pregunta.
La belleza de ese simple gesto lo dejó impresionado, pero más que impresión, fue un temor reverencial lo que recorrió todo su cuerpo, haciéndole soltar un extraño "oof" bajo la respiración.
—Oh, Crusch-sama es demasiado formal, lo está intimidando. Deberías relajarte un poco más.
—Es difícil relajarse... ¿Quieres decir que sea más natural?
—Mmm, bueno, no exactamente, pero está bien. Reportero-kun también necesita ser un poco más valiente.
—E-entendido...
Ambos asintieron al unísono mientras Ferris daba órdenes tanto a Crusch como a Shorty.


Al parecer, Ferris era quien tenía mayor autoridad en ese lugar. Lululara, disfrutando de su libertad creativa, decidió retratar al dúo de señora y sirviente juntos en su segundo dibujo.
—Bueno, Crusch-sama, como principal candidata en la Selección Real y considerando que han pasado varios meses desde su inicio... ¿podría compartir cómo ha sido su experiencia hasta ahora?
—Puedes tratarme con más naturalidad, sabes.
—E-esto es lo más natural que puedo lograr por ahora...
La razón por la que Shorty se sentía abrumado por la actitud reęnada de Crusch no era solo su belleza, sino también la discrepancia con la información que había recopilado previamente.
La ambiciosa duquesa, conocida como la "Valquiria", era una guerrera que incluso había hecho abdicar a su propio padre. Esa reputación no encajaba con la mujer serena frente a él. Lo único que coincidía era su belleza.
Frente a un Shorty perplejo, Crusch suavizó ligeramente la expresión de sus ojos y respondió:
—Considero un desperdicio de reconocimiento aęrmar que soy la más merecedora de la Selección Real. Al menos, aún tengo mucho que aprender, y no estoy segura de estar preparada para ocupar el trono.
—¿Crusch-sama?
—¿Eh? ¿En serio piensa eso? ¿No está considerando renunciar, verdad?
Shorty no podía creer lo que escuchaba. La inesperada autoevaluación de Crusch, llena de dudas, sorprendió incluso a Ferris.
¡El reportaje sobre una candidata a la Selección Real se convertía en un desastre desde el inicio! Crusch Karsten, la favorita, confesaba sus inseguridades a un reportero――
――No, por favor, no malinterpreten.
Sin embargo, la voz ęrme de Crusch cortó la confusión tanto del reportero como de su caballero. Shorty se sorprendió al notar que su mente se calmaba instantáneamente.
Era una sensación que lo tomaba por sorpresa. Sin aliento, cautivado por la atmósfera que emanaba la mujer frente a él, y por cómo su mente quedaba atrapada en ella.
—Sigo en un proceso de aprendizaje... Y si hay algo que me distinga de las demás candidatas, es mi linaje. Pero eso solo no basta para cumplir las responsabilidades de un rey. Por eso, seguiré esforzándome.
—Esforzándose...
—Que mi cuerpo inexperto se convierta en un recipiente capaz de cargar con el peso del trono. Y que mis seguidores y vasallos más leales me brinden la ayuda que me falta.
――Crusch-sama.
Con suavidad, Crusch posó su mano sobre el hombro de Ferris. Los ojos de este se humedecieron al volverse para mirarla.
Shorty, sin querer, también sintió un calor en los suyos ante la escena tan conmovedora entre señora y sirviente.
—...Creo que es una perspectiva noble y reĚexiva. Pero, cambiando de tema, ¿podrían hablarnos sobre la derrota de la Ballena Blanca? Sé que fue un logro en colaboración con otras candidatas.
—Oh, respecto a eso...
—¡Nya al ęn, Wilhelm van Astrea, el hombre indispensable para esa hazaña y el mayor contribuyente en la subyugación de la Ballena Blanca, está de nuestro lado!
Los ojos de Ferris brillaron al responder en lugar de Crusch. Aunque sorprendido por su entusiasmo, esto era exactamente lo que Shorty quería escuchar.
—¡Sí, también quería preguntar sobre eso! Verán, los protagonistas de "Canción de Amor del Demonio de la Espada" tienen una conexión muy estrecha con la Ballena Blanca...
—¡Eso es! ¡Espera un momento! ¡Voy a traer a Wil-jii ahora mismo!
Con esas palabras, Ferris saltó por encima de la mesa y salió corriendo de la habitación. Shorty sintió un nerviosismo repentino al darse cuenta de que podría entrevistar en persona al "Demonio de la Espada".
Crusch soltó un "Fufu" al ver la reacción de Shorty.
—¡Oh, no! Quiero decir, ¡disculpe! Sé que esta es una entrevista con usted, Crusch- sama.
—No, no hay necesidad de disculparse. Además, si se trata de mis seguidores o súbditos, creo que es sinónimo de entrevistarme a mí misma. Por otra parte, la historia de Wilhelm merece ser ampliamente conocida.
—B-bueno, si usted lo dice... Oh, ya que estamos, ¿puedo preguntarle algo más?
Se armó de valor para hacer su pregunta, consciente de su atrevimiento.
Si Ferris no estuviera presente, sentía que podría escuchar la opinión más sincera de Crusch. Habían pasado varios meses desde el inicio de la Selección Real, y muchos eventos habían sacudido al reino.
—¿En qué campamento está más interesada Crusch-sama en este momento?
—Eso es...
La pregunta hizo que Crusch se detuviera por un instante. Sin embargo, la reĚexión y la duda duraron apenas un momento, pues parecía que la respuesta llegó rápidamente a su mente.
Aun así, mantuvo su sonrisa incluso al hablar de sus adversarias.
Entonces――
―Creo que el campamento de Emilia-sama merece la mayor atención.
Esa fue su respuesta.
4
—Uf... Totalmente diferente a su reputación anterior. La entrevista fue increíblemente amistosa de principio a ęn...
Shorty murmuró exhausto al salir de la mansión de la familia Karsten tras la entrevista.
En este caso, el cansancio no era físico, sino mental. Aunque sus temores iniciales habían sido infundados, una sensación de asombro persistía, más intensa de lo que imaginaba.
Sin embargo, podía aęrmar con seguridad que la recompensa valía cada gota de esfuerzo.
—No pensé que la historia de Wilhelm-dono duraría tanto, pero...
Shorty quería conocer más detalles sobre la derrota de la Ballena Blanca, y Wilhelm, con permiso de su señora, habló con sorprendente Ěuidez. Lo curioso fue que la mayor parte de su relato giró en torno a su romance con su difunta esposa, la anterior "Santo de la Espada", quien perdió la vida frente a la Ballena Blanca.
—…Hk
Mientras Shorty se detenía frente a la fuente en la plaza del distrito común, Lululara, embriagada de inspiración, trabajaba frenéticamente con su pincel. Sus mejillas estaban sonrojadas, y su cuaderno nuevo ya estaba a punto de agotarse.
Al parecer, la presencia de Crusch y Ferris también la había impactado profundamente.
—Pero lo entiendo. Después de todo... lo que ves y escuchas en persona es completamente distinto a los rumores.
Si analizabas la reputación de Crusch —una duquesa masculina y ambiciosa, apasionada por la esgrima—, parecería una aristócrata algo arrogante, a pesar de la competencia de su familia.
Pero en realidad, Crusch era serena, consciente de sus propias limitaciones, y una persona ideal que no sacrięcaba sus ambiciones pese a su humildad.
—Quienquiera que se convierta en rey, ojalá sea como ella...
—…Sentimientos personales.
—¿¡Eh!? ¡No, no, para nada! ¡Los reporteros son imparciales! ¡Objetivos!
Al escuchar a Shorty hablar solo, Lululara lo dejó en un estado de pánico con su comentario. Pero ella, ajena al caos que causaba, siguió absorta en su dibujo.
Shorty se ajustó el sombrero con un suspiro.
—En ęn, resumamos lo que cubrimos. También es nuestro trabajo cerrar la brecha entre los rumores y la realidad... esos malentendidos que rodean a Crusch-sama.
—…Hn
Lululara se frotó la nariz con un dedo y le entregó el dibujo a Shorty. Al verlo, este arqueó las cejas.
Como era de esperar de Lululara, una genio de la ilustración periodística, había capturado exactamente lo que los lectores debían ver:
――Una hermosa imagen de Crusch y Ferris, inclinados el uno hacia el otro, tomados de la mano.
—Sí, este es bueno. ¡Justo como debe ser, Lululara!
—Feliz... con chicas hermosas...
—¡No las estoy mirando de esa manera! ¡Y Ferris-dono es un hombre!
Aunque perturbado por la mirada de Lululara y cómo distorsionaba su alma de reportero, no tenía quejas sobre el contenido de la entrevista ni la calidad de la ilustración.
――Sin embargo, esta era solo la primera entrevista.
—Todavía nos queda un largo camino por recorrer... Y debemos estar especialmente alertas con nuestros próximos entrevistados.
—…¿En serio?
—¡No lo digas como si te sorprendiera! ¡Lo digo en serio! Porque... nuestra próxima candidata no es de este país, sino de otro.
Al mencionar "otro país", la expresión de Lululara denotaba que jamás había oído hablar de tal lugar. Shorty ya le había explicado antes que este no debería ser un concepto nuevo para ella, pero no importaba. Esta vez, era crucial que Lululara compartiera su sentido de urgencia.
—Anastasia Hoshin-sama es la presidenta de la Compañía Comercial Hoshin, un poderoso conglomerado en las Ciudades Estado de Kararagi... es una de las personas más inĚuyentes de esa región. Ha viajado hasta aquí para competir por el trono del Reino de Lugunica... ¿No lo hueles?
—…Me bañé.
—¡No es tu olor! ¡Si hubieras olido algo raro desde el principio, habríamos sido increíblemente groseros con Crusch-sama!
En realidad, fue un error preguntarle a Lululara, cuyo olfato probablemente estaba embotado por los vapores de la pintura. El olfato de Shorty para detectar conĚictos era un sentido que necesitaba aęnar. Esa era la división de roles entre compañeros, y ese era precisamente el papel que le correspondía a Shorty.
—Hasta ahora, si ha habido interferencia extranjera, solo ha provenido del Imperio Vollachia, al sur. De hecho, antes de la Selección Real, circulan historias de que representantes del Consejo de Sabios viajaron en secreto a Vollachia para ęrmar un pacto de no agresión.
Todos asumían que el sur era la dirección de donde vendría la amenaza. Pero Anastasia, ahora candidata a la Selección Real, representaba una amenaza inesperada... proveniente del oeste.
Y entonces――
—No puedo evitar sentir que hay algo sucio en que el "Mejor de los caballeros", Julius Juukulius, haya expresado su apoyo a Anastasia-sama.
—…¿Se bañan?
—¡Es el llamado "El Mejor"! ¡Sería decepcionante si no lo hiciera! ¡Aunque tenga el corazón negro, espero que al menos se bañe!
Claro que preferiría no tener este presentimiento. Pero era imposible ignorar la pregunta: ¿por qué un talento prometedor, altamente respetado incluso dentro de la
Orden de Caballeros, buscaría instalar a una extranjera en el trono? ¿Con qué propósito?
La familia Juukulius era un linaje de caballeros con generaciones de servicio, sin historial de deslealtad hacia el reino. Solo quedaba una posibilidad――
—O Julius es tremendamente ambicioso... o es un traidor.
—…Mala señal.
—No me gustaría que fuera así, pero es una de esas cosas... ¿Qué estarán tramando? De eso intentaré obtener al menos una pista en esta entrevista.
Apretando los puños, Shorty reaęrmó su determinación. Tras la entrevista con Crusch, había despertado en él una nueva convicción: descubrir la verdad detrás de la Selección Real.
Era evidente que los rumores sobre Crusch diferían enormemente de su verdadera personalidad. Por lo tanto, no había bases sólidas para decidir quién sería el próximo rey.
El Periódico del Reino Dragón serviría como guía para aquellos que hubieran sido engañados.
――No, no es el Periódico del Reino Dragón... somos nosotros.
—…Gran momento.
—¡Exacto! Ya empezamos a correr. Ahora debemos seguir hasta alcanzar la meta. Lo haré. Por eso...
Shorty sacó un nuevo bloc de dibujo de su bolsa de prensa y se lo entregó a Lululara. Ella lo tomó con la nariz hinchada de orgullo y un brillo pícaro en los ojos.
Lululara rebosaba energía, y Shorty, determinación.
Con este impulso――
――No me importa qué esconda Anastasia-sama ni qué planes tenga. ¡No me dejaré engañar por sus palabras amables, descubriré sus verdaderas intenciones!
5
—¿Mi propóshito? Obviamente esh quedarme con el Reino de Lugunica, ¿no?
—Ughh...
Los ojos de Shorty se abrieron como platos ante las palabras de la mujer que, con los codos apoyados en la mesa y la barbilla sobre una mano, lucía una expresión despreocupada.
Era una mujer de apariencia dulce y gentil. Su mirada traviesa, reminiscente de un gato noble, y sus palabras anteriores destrozaron por completo la determinación de Shorty. Nunca antes alguien le había conęrmado con una sonrisa tan amplia sus más ocultas intenciones justo cuando intentaba descubrirlas.
—¿Qué pasa? Vaya reacción tan exagerada. Me encahnta.
—Anastasia-sama, no debería ser tan juguetona. Me parece algo inapropiado.
—Ohhh, me estáhn regañando. Mi caballero es demashiado sherio para esto.
La mujer que sacó la lengua era―― Anastasia Hoshin, la joven presidenta de una gran compañía, la Compañía Comercial Hoshin, que parecía la encarnación de la palabra "adorable" vestida con elegancia.
Su largo cabello liso y lila claro, combinado con su ropa abrigada y esponjosa (incluso en clima cálido), contrastaba con su baja estatura y apariencia frágil. Sin embargo, sus ojos azul claro irradiaban un espíritu rebelde, y su personalidad directa resultaba irresistiblemente encantadora.
Anastasia era tan hermosa como Crusch, lo que hizo que Shorty se preguntara:
«¿Será posible que estén seleccionando candidatas basándose en su apariencia?»
—¿Mmm? Me mirash como si estuvierash pensando algo. Si tienes dudas, dime~.
—N-no, solo me preguntaba qué está pasando, ya que tanto usted, Anastasia-sama, como Crusch-sama son... muy hermosas.
—Ohhh~
Anastasia se tapó la boca y redondeó los ojos. Su reacción hizo que Shorty soltara un "Ay" y se maldijera por su mal hábito de hablar sin ęltrar.
Sin embargo, Anastasia se rió de sus palabras, y la persona a su lado asintió con solemnidad.
—Bueno, estoy de acuerdo. Anastasia-sama, además de su gran intelecto y visión comercial, es una mujer muy atractiva.
—Si no te lo tomásh en serio, solo estás desperdiciando el tiempo y esfuerzo de los reporterosh en hacer este lugar más relajado. ¿No creésh?
—Mmm... Lamento eso. Debí ser más cuidadoso.
—¡Eh! O-oh, lo siento, ¡es que es tan difícil entender qué está pasando aquí! Ja, ja, ja...
Shorty se disculpó por su torpeza, jugueteando nerviosamente con su sombrero mientras forzaba una sonrisa.
¿Qué más podía hacer? La segunda candidata de la Selección Real ――la maestra Anastasia y su caballero, Julius Juukulius――
――El tour de entrevistas a las candidatas estaba yendo mucho mejor de lo que esperaba.
Shorty había imaginado que estas ęguras envueltas en misterio rechazarían tal intrusión. En cambio, sus nociones preconcebidas se estrellaban una y otra vez contra la sorprendente disposición de sus entrevistadas.
Claro que aún quedaban tres candidatas, y las negociaciones con ellas podrían volverse... complicadas.
—¡Ahora debemos aprovechar esta racha de suerte al máximo...!
Por suerte, Anastasia, que se encontraba en la capital real para una reunión de negocios, accedió a la entrevista, y Julius, su caballero, también estuvo presente.
Lululara, ahora frente a ellos, probablemente estaba de acuerdo con él.
—Y... ¿está bien hacer la entrevista en un lugar tan abierto?
—Mmm, podríamosh haberlosh recibido en nuestra tienhda, pero eso los habría puesto nerviososh, ¿sabésh? No quería que pensaran que los estaba amenazanhdo para que escribieran artículosh que nos favorecieran.
Dicho esto, Anastasia, con una sonrisa, desvió su atención hacia el bullicio de la ciudad real.
El lugar elegido, con gente pasando frente a ellos, era la terraza de una cafetería frente a la calle principal. Era el deseo de Anastasia realizar la entrevista en un espacio tan público.
La intención de Shorty no era forzar un artículo sesgado.
El hecho de que Anastasia se atreviera a ser entrevistada en un lugar abierto mostraba una audacia que no se veía en Crusch, más directa, y revelaba otra faceta de la astucia de Anastasia.
—Pero si es así, ¿entonces lo de "quedarse con el reino" es en serio...?
—No oculto mis verdaderosh sentimientosh, y lo he dicho frente a otros candidatosh y el Consejo de Sabios. ...Y me preguntaba si esa niña me miraría si le pedía algo un poco más dramático.
—¿Esa niña...? Ah, ¿te reęeres a Lululara?
La mirada de Anastasia se posó en Lululara, quien, sentada en una silla con las rodillas recogidas de manera incómoda, pintaba con su pincel, ignorando por completo el contenido de la entrevista.
Aun así, esta era la mejor manera de abordar el trabajo de Lululara.
—En realidad, Lululara trabaja mejor así... y si no les molesta, preęero dejarla así...
—Incómoda.
—¡Lululara! ¡Discúlpate conmigo ahora! ¡Inclina la cabeza... enderézala!
――¿Qué te dije? Ibah a continuar, pero fuishte demasiado rápido, no tuve tiempo de intervenir.
Shorty intentó agarrar a Lululara por el cuello para hacerla inclinar la cabeza, pero falló debido a la inusual fuerza en su cuello. Anastasia se rió de la impaciencia de Shorty.
En ęn――
—Bueno, debo decir que está muy concentrada. Shorty-dono, ¿puedo ver su trabajo? De hecho, mi hermano también pinta.
—Si tu hermano es... Oh, mientras no le hables, creo que no habrá problema.
—Supongo que si la llamo, interrumpiría su concentración, ¿no?
—Más bien, cuando le hablo, me ignora, lo cual me hace sentir peor.
Aunque es necesario para el trabajo, es bastante duro ser ignorado durante días, o al menos horas.
Julius, quizás tomando la respuesta de Shorty como una muestra del profesionalismo de Lululara, dijo "Entiendo" y se colocó detrás de ella para observar su trabajo sin hablarle.
¿Era pura curiosidad, o una forma de verięcar que no estuviera perjudicando la imagen de Anastasia? Sus ocasionales exhalaciones de admiración, "Ciertamente", podrían ser un acto para poner a Shorty en guardia.
—Sosh un niño con mucha imaginaciónh. Tal vez sería mejor si te convertísh en novelista.
—¿De qué hablas? Soy un reportero, mi trabajo es contar lo que veo y escucho tal cual. No soy un escritor que inventa ideas extravagantes y fantasías.
—¿Oh? Bueno, si eso decísh, dejémoshlo así.
Su respuesta implícita hizo sentir a Shorty que ella lo estaba manipulando en cada paso. Si seguía cayendo en sus trucos, no podría llevar a cabo la entrevista.
A este ritmo, lo de "quedarse con el reino" parecía solo una estrategia para confundirlo.
—¿Qué, pensásh que miento? Pero no esh mentira.
—¿Eh...?
—Ya tuvishte el valor de solicitar la entrevista, ¿no? Pero si los engañamosh con mentiras y falsash pretensionesh, sería una falta de respeto a su espíritu periodíshtico.
―….
Shorty contuvo la respiración cuando Anastasia juntó sus manos frente al rostro y lo miró ęjamente.
Como siempre, se sintió absorbido. Pero fue sorprendente e inspirador para Shorty que lo hicieran sentir así, sin pensar que le estaban mintiendo.
Crusch lo había cautivado hablando de su propia inexperiencia, mostrándose en proceso de crecimiento. Anastasia le daba la impresión de mostrar algo diferente, algo espectacular.
Era una fascinación que lo hacía querer escuchar más de ella, tanto como individuo como reportero.
—E-está bien, ¡si puedes responder algunas de mis preguntas directas hoy, me encantaría escucharte...!
—Es un poco vergonzoso ser tan franca, ¿no? Ademásh, es una oportunidad para que escribash un buen artículo... así que hemosh añadido un poco de eshtilo extra para...
—¿Un poco de estilo? ¿Qué exactamente...?
La pregunta de Shorty sobre si lo harían o no fue interrumpida a mitad de frase.
El sonido de los zapatos fue claro y resonante. ――Shorty comprendió por primera vez que la mera presencia de una persona podía percibirse incluso por el ruido de sus pasos.
Sin embargo, esta reĚexión se desvaneció por completo cuando la dueña de aquellos pasos hizo su aparición.
―Tienes bastante audacia al convocar a mi persona, Zorra.
La garganta de Shorty se tensó involuntariamente mientras un calor indescriptible quemaba sus tímpanos.
La belleza que apareció en la calle y miró a Shorty y los demás sentados en la terraza, tenía una voz tejida con magia que cautivaba los corazones de quienes la escuchaban. Y Shorty, de hecho, estaba cautivado.
La expresión petrięcada de Shorty fue recibida con un ceño fruncido por las perfectas cejas de la belleza.
—¿Qué ocurre, niño? Es de mala educación mirar ęjamente mi rostro.
—¡Uaa! Lo siento... No fue mi intención...
—Si vas a mirar, hazlo con dignidad. Es natural que los demás se sientan atraídos por mi belleza.
La belleza de ojos carmesí se presentó con un abanico en la mano.
Era violentamente hermosa, con su cabello naranja adornado con joyas y su voluptuoso cuerpo envuelto en un vestido color sangre. Las características de su apariencia y el aura de absoluta superioridad que portaba ――le revelaron a Shorty la verdadera identidad de esta mujer con su abrumadora presencia.
Y entonces――
—Permíteme presentarlesh, reporterosh. ――Ella es una princesa, candidata a la Selección Real, al igual que yo.
Shorty solo pudo responder mentalmente "Ya sé quién eres" mientras Anastasia hablaba con tono despreocupado.
―…
Así, incluso mientras Shorty sentía su garganta seca y la ilusión de que su corazón se partía en dos, solo el sonido del pincel de Lululara, moviéndose frenéticamente, resonaba sin cesar.
Solo ahora sentía una profunda y seria envidia hacia Lululara, quien podía sumergirse en su propio mundo sin perturbaciones.
6
—¡E-estoy tan feliz de verlos a todos aquí! El clima ha estado tan hermoso, y me cuesta pensar cómo agradecerles por venir, pero el sol me está molestando los ojos, sí... ¡sí!
Las palabras sinceras y honestas de saludo que Shorty logró exprimir con gran esfuerzo se mezclaron con la segunda mitad de su discurso, pero si ese era el límite de su torpeza, al menos resultaba entrañable.
Incluso el Jefe Morgan, veterano del Periódico del Reino Dragón, no habría sido inmune a la tensión en una situación así. Shorty, por otro lado, seguía siendo un reportero novato.
Por supuesto, este proyecto se inició con la mentalidad de no usar eso como excusa――
――Reportero-san. Tenésh una reacción genial, ¿no te parece, Princesa?
—Admitiré que el niño tiene cierto encanto, pero coincidir contigo resulta verdaderamente repugnante.
—Bueno, sosh una persona muy difícil. Ya eshperaba esa actitud tuya.
Cuando Anastasia se tapó la boca y sonrió, la hermosa mujer sentada frente a ella entrecerró los ojos con desaprobación, soltó un pequeño resoplido y sacudió sus generosos pechos.
Shorty sintió cómo su preparación se hacía añicos con un sonido resonante ante la presencia de ambas.
Por supuesto, la belleza frente a Anastasia―― Priscilla Barielle, era una de las candidatas a la Selección Real, compitiendo por el trono del Reino de Lugunica.
Esto signięcaba que dos candidatas a la Selección Real se enfrentarían cara a cara en esta reunión.
Y entonces――
—¡E-esto es tan repentino! ¡Y sin avisarme!
—Lo lamento, fue idea de Anastasia-sama ser tan... retorcida. No puedo disculparme lo suęciente ante Shorty-dono y la señorita Lululara.
—¡Lamento que tengas que disculparte, Sir Julius! Oye, Lululara. ¿Lululara?
Julius se disculpó en nombre de su señora, pero Shorty ni siquiera podía procesar eso.
Afectado por severas palpitaciones, Shorty se volvió hacia su compañera para compartir al menos el dolor. Pero Lululara no respondió con palabras, sino con un dibujo arrancado de su cuaderno.
Cuando Shorty lo recibió y lo revisó, vio que era su propio rostro, con espuma en la boca.
—¡Me alegra que te diviertas!
—¿Qué es esto? Wow, sosh realmente buena. ¿Puedo quedármelo como recuerdo de hoy?
—P-por supuesto... si no te molesta mi cara en ese estado.
Shorty le entregó el dibujo a Anastasia debido a sus inesperados elogios.
Era una sensación extraña saber que su rostro desencajado quedaría en posesión de Anastasia, pero Lululara, como compañera, estaba orgullosa de que a ella le gustara su pintura.
En ęn――
—Así que así es, ¿no? El famoso "reportaje conjunto". Bueno, me alivia escuchar que es así, porque estoy bastante seguro de que las entrevistas improvisadas y la princesa no combinan bien.
Un hombre de aspecto peculiar sentado detrás de Priscilla se rió y se encogió de hombros.
Ya hemos sido presentados a ellos, pero su apariencia impacta por razones distintas a la belleza de Anastasia o Priscilla, y tampoco pueden compararse con la apostura de Julius.
El hombre, Al, vestía como un bandido, con el rostro oculto tras un yelmo de negro azabache. Al igual que Julius, un caballero al servicio de Anastasia, Al es el caballero de Priscilla... aunque el propio hombre lo niega.
—Soy el bufón de la princesa. Siempre he odiado a los caballeros. Ah, y no me reęero a ti, "Mejor-san", ¿vale? Hablo en general.
—No me siento ni creo estar siendo provocado. Lo lamento, pero tengo un cariño especial por los caballeros. Esto también es una declaración general, como diría Al- dono.
Julius y Al intercambian palabras de este tipo mientras permanecen detrás de sus respectivas señoras.
Desde la perspectiva de Shorty, la impresión es que las señoras discuten con agresividad, pero no parece haber tanto conĚicto entre estos dos.
—Ayuda... que ustedes dos caballeros no sean tan argumentativos. Mi corazón no lo resistiría...
Francamente, la situación equivale a haber sido engañado por Anastasia, pero al menos estaban dispuestos a dar esa consideración.
――Es comprensible que intentes dar un enfoque diferente a estas entrevistas con las candidatas a la Selección Real, distinto al anterior.
La mente de Shorty se distrajo por completo ante Priscilla, quien cruzó los brazos y abrió el diálogo con calma.
Con orgullo, realzó sus pechos sobre sus esbeltos brazos y miró a cada uno de los presentes: Shorty, Lululara, Al, Julius, y ęnalmente lanzó una mirada a Anastasia.
—Simplemente no entiendo esta combinación. Zorra, ¿por qué elegiste emparejarme contigo?
—Mmm... Supongo. Seguro que las otrash dosh habrían hecho lo mismo. No creo que Felt-san o Emilia-san se hubieran negado si yo lo hubiera sugerido. Pero...
―…
—Pensé que la princesa entendería mejor que nadie las intencionesh de mi propueshta.
Anastasia sonrió suavemente mientras llevaba su dedo levantado a los labios. Las mejillas de Shorty se relajaron inexplicablemente ante el silencio.
――Shorty Megan, de alguna manera, convirtió esta adversidad en una oportunidad.
―Bueno, no importa. Hay quienes niegan que jugar con trucos mezquinos sea algo malvado, pero a diferencia de ellos, yo no soy tan obstinada. Las maquinaciones de la Zorra tienen su propio signięcado.
—Oh, vaya. La princesa también puede ceder. La empresaria de ahí es realmente buena.
Al silbó elogiando a Anastasia en respuesta a que Priscilla bajara la guardia. Anastasia respondió "Genial", mientras Julius llevaba una mano al pecho.
—Gracias por su comprensión. Ahora, Shorty-dono, sé que esto dięere un poco de lo que planeaste originalmente, pero ¿estarías dispuesto a continuar con la entrevista?
—¿Eh? ¡Oh, sí! ¡Sí, puedes contar conmigo! Al principio estaba sorprendido y nervioso, con las piernas y la espalda temblorosas, pero si me retiro ahora, ¡mi espíritu periodístico se corromperá y estallará! ¡Gracias de nuevo por esto!
—Sí, sí, por favor, trátanosh bien.
—El trabajo duro es una virtud de los niños. Esfuérzate al máximo.
Con la disposición de ambos bandos, Shorty ęnalmente logró recuperar el enfoque adecuado para cubrir la entrevista.
Una vez en el estado mental correcto, las preguntas que necesitaba hacer acudieron rápidamente a su mente. En primer lugar, una pregunta para Priscilla, que se unió tarde, la misma que le había hecho antes a Anastasia.
—Entonces, permítanme preguntarle primero a Priscilla-sama. Ya le hice esta pregunta a Anastasia-sama, pero me gustaría saber... ¿qué piensa hacer después de convertirse en Reina?
—Ho, ¿qué respondió la Zorra?
Priscilla alzó una ceja ante la pregunta de Shorty. Su mirada se desvió hacia Anastasia, y agitó su mano, encontrando su mirada.
—Mi respuesta esh la misma que di en el cashtillo. A menos que la princesa lo haya olvidado.
—Si te sometes a tu codicia, no habrá espacio para que esa perogrullada cambie.
Anastasia agitó su mano en el aire, y Priscilla abrió el abanico que había sacado de su escote.
Por la respuesta de Priscilla, parecía que la declaración de Anastasia en el castillo sobre su razón para participar —obtener el Reino de Lugunica— era cierta.
Sin lugar a dudas, pero aún así, ¡qué codicia tan espectacular! Shorty no podía cerrar la boca.
—Estoy asombrado por las grandiosas ideas de Anastasia-sama, pero, Priscilla- sama... lo que el público quiere saber es qué piensan todas las candidatas de la Selección Real sobre su participación.
La Selección Real ha comenzado, y la batalla para determinar al próximo rey ya está en marcha.
Sin embargo, muchos ciudadanos del reino, incluido Shorty, no se conforman solo con conocer las mentalidades y personalidades de las candidatas, ni siquiera con cómo planean guiar al reino en el futuro.
La información se transmite fácilmente, su forma se altera, e incluso su color y fragancia se repintan.
Así, tres candidatas de la Selección Real fueron contactadas para entrevistas... y Shorty ya se sentía profundamente avergonzado por la diferencia entre su reputación previa y sus verdaderas personalidades.
Priscilla no era una doncella frágil teñida de tragedia y desgracia.
Era una inconformista con un temperamento y un encanto magníęcos, envuelta en un carmesí que evocaba tanto llamas brillantes como sangre fresca.
―¿Qué visión tenía para el futuro del reino?
―No hacer nada.
—¿Eh?
Shorty, que había estado anticipando cuál sería su respuesta, quedó desconcertado.
Su mente se quedó en blanco, y la respuesta de Priscilla resonó una y otra vez.
—¿N... nada? ¿No hacer nada signięca...?
—Puedes tomarlo literalmente. Yo no tengo ningún interés particular en el reino ni en sus súbditos. Todas las cosas en este mundo me pertenecen desde el principio.
―…
—Yo no deseo perturbar la armonía de la naturaleza. Por supuesto, me ocuparé de su mantenimiento y poda. Pero el mundo es hermoso tal como es. ―Este mundo fue hecho para mi conveniencia. Por lo tanto, si yo estoy en el trono, también habrá prosperidad.
Las respuestas indiferentes de Priscilla se ęltraron en el cerebro de Shorty mientras apoyaba la barbilla en su mano.
Era una lógica tan absurdamente ridícula que parecía una broma digna de ser ridiculizada. Era una idea arrogante, una fantasía que ni siquiera la cúspide del reino podría sostener.
Sin embargo, lo que sonaba a broma no le pareció una broma a Shorty.
No era porque Priscilla diera miedo, sino porque su alma aceptaba que las palabras que pronunciaba no eran falsas.
—Como siempre, la lógica de la princesa me asushta... Si eso fuera cierto, nadie más que nosotrash tendría razonesh para oponérsele.
—Estoy segura. Los otros deseos pueden cumplirse sin que ellas asciendan al trono. Pero tu Codicia es lo único que no admite compromisos. ――Por eso, tú eres mi enemiga.
—Ohhh, gracias por el halago. Yo también te considero una enemiga.
A pesar de su apariencia serena, la réplica de Anastasia fue igual de aęlada.
Al ser entrevistadas dos candidatas a la Selección Real simultáneamente, uno podría esperar una conversación más relajada, pero esas expectativas se desvanecieron rápidamente.
—¡Aunque precisamente por eso vale la pena llegar al meollo del asunto...!
Respecto a la declaración anterior de Priscilla, era necesario elegir las palabras correctas para evitar malinterpretaciones. Pero se trataba simplemente de registrar los hechos con precisión, sin necesidad de dramatizarlos.
Declaraciones inequívocas de las candidatas, reportando exhaustivamente sus verdaderas intenciones.
—¿Cuál es su impresión sobre las demás candidatas?
—En este momento, la másh prometedora esh Crusch-san, ¿no? Tiene una posición sólida, pero la pregunta esh cuánto apoyo obtendrá para sush políticash.
—Esa chica de los barrios bajos era pura fanfarronería, ¿no? Es el colmo de la necedad: ambiciones tan grandes que le impiden ver sus propias carencias. Si sigue siendo tan tonta, no habrá nada que valga la pena observar.
Ante la pregunta de Shorty, Anastasia y Priscilla expresaron sus opiniones.
¿El no interrumpirse mutuamente signięcaba que no había espacio para el desacuerdo? Shorty registró frenéticamente sus respuestas ingeniosas.
Crusch había sido evaluada, luego Felt... entonces――
―¿Y qué opinan de la quinta candidata, Emilia-sama?
―Irrelevante.
La pregunta, diseñada para profundizar, fue respondida con una sola palabra.
Shorty, sin aliento y ruborizado por la intensidad de esa simple respuesta, quedó boquiabierto.
—¿C-cuál es el razonamiento detrás de eso?
—No necesito explicártelo, pero losh orígenesh de Emilia-san son un obshtáculo desde el principio. Una semielfa... con cabello plateado y ojosh amatista sería el ejemplo perfecto de característicash trágicash, si los hubiera.
—No es cuestión de calięcaciones. La gente común es ignorante. Solo pueden juzgar por lo que desean ver y oír.
A pesar de las diferencias en sus palabras, el signięcado era el mismo.
La situación que rodeaba a Emilia, la última candidata a la Selección Real, era sombría y su posición ya no estaba en discusión.
Y era un sentimiento que el propio Shorty compartía.
—He escuchado que Emilia-sama, al igual que Anastasia-sama y Crusch-sama, fue clave en la subyugación de la Ballena Blanca, una de las tres Grandes Bestias de la Bruja, y en la derrota de un Arzobispo del Pecado...
—Estrictamente hablando, no fue obra de Emilia-san, sino de su caballero. Ademásh, lash heridash dejadash por la "Bruja de la Envidia" no son tan superęcialesh como para borrarse solo con eso. ¿Verdad, Julius?
—Es algo lamentable de admitir.
Cuando Anastasia buscó la conęrmación de Julius, él negó con la cabeza, sus ojos de largas pestañas bajos.
—No sé cuánto impactarán en la gente tanto la Ballena Blanca como la batalla contra el Arzobispo. Pero, como dijo Anastasia-sama, no se puede esperar mucho.
—Qué pena. Si no obtienes reconocimiento por todo eso, ¿para qué lo haces? ¿Acaso lo haces solo para perder?
—Al-dono, esa no es la manera correcta de decirlo...
—¿Incorrecta? Así es como son las cosas. Pero, ¿en qué se diferencia lo que dices tú de lo que digo yo? Tú y las princesas están de acuerdo en eso, ¿no?
Julius frunció el ceño, mientras Al actuó con cierta hipocresía. Con su único brazo —el derecho—, jugueteó nerviosamente con la costura de su casco, produciendo un sonido metálico y repetitivo.
El sonido seco parecía representar la realidad inmutable que aguardaba a Emilia, y hasta Shorty se sintió algo desanimado.
Sin embargo――
—En todas las cosas, hay ganadores y perdedores. Sin embargo, las condiciones de la victoria las determina uno mismo. No es algo que pueda decidirse fácilmente basándose en factores externos.
—¿Princesa?
—No hay duda de que la semi-demonio no merece ser considerada una adversaria en la Selección Real. ¿Acaso todos los involucrados son tan estúpidos que no pueden entenderlo? Yo no lo creo.
La opinión de Al, el seguidor, fue anulada por completo por Priscilla, su señora.
Al, genuinamente sorprendido, inclinó la cabeza y dijo: "Oi, oi".
—No esperaba una puñalada por la espalda. No estás de acuerdo conmigo, ¿verdad, Princesa?
—El proceso es el mismo, pero la conclusión es diferente. Lo mismo puede decirse de la mentalidad de esa semi-demonio.
—Entonces, Princesa, ¿estás diciendo que la chica no quiere ser reina? ¿Que tiene otro objetivo en mente?
—De lo contrario, no tendría sentido. Además――
El tono ligeramente agitado de Al estaba teñido de un dejo de desesperación.
Shorty se preguntó al respecto, pero no tuvo tiempo de intervenir. Pero esa era solo su situación. La posición de Shorty no era nada comparada con la de una ęgura como Priscilla.
―Tendré que aclarar que, si lash cosash continúan así...
—Hmm.
Los ojos de Priscilla se entrecerraron mientras resoplaba ante Anastasia, quien continuó hablando.
El hecho de que no lo descartara como un error sugería que ambas compartían la misma opinión. Es decir, tenían la misma percepción sobre Emilia.
—Interesante y divertido, ¿no creésh? Es un juego condenado al fracaso deshde el principio, pero Emilia-san y su campamento igual lo aceptaron. Deben tener un plan para revertir eshta situación. ¿No esh eso lo que estásh diciendo?
—Si tu intención es participar en esta guerra solo para equilibrar los números, entonces no mereces estar en mi mirada. Si demostrás ser digna, naturalmente te reĚejaré en ella.
Sonrisas y provocaciones: dos reacciones contradictorias, pero Shorty se sintió extrañamente conmovido.
Por alguna razón, las emociones que tanto Anastasia como Priscilla expresaban la una hacia la otra parecían ser... expectativas.
—Maldición, siento que me están pisoteando. Sería mejor si la Princesa realmente me pisara, en lugar de mis sentimientos.
—Al-dono, estamos frente a la prensa. Como caballero, deberías cuidar tus palabras.
—Gracias por el consejo. Pero no soy un caballero ni quiero serlo.
—Eso es lamentable. Lo digo en serio.
Ante la respuesta meditada de Julius, Al sacudió la costura de su casco para ajustarlo. Detrás del gesto, ya no quedaba rastro de su anterior frenesí. O quizás Shorty también se había equivocado en eso――
—¡Muchas gracias por sus valiosas palabras! Ahora... si pudieran, ¡dígannos qué opinan de la candidata opuesta, la persona que tienen frente a ustedes...!
—...Tenéis mucho valor, Reportero-san.
Shorty había hecho una pregunta directa, y Al respondió con genuina admiración. Era una pregunta que arrancó una risa a Julius, pero era imposible no hacerla.
Ambas candidatas estaban frente a frente. Era la oportunidad perfecta para expresar sus verdaderos sentimientos sin ningún tipo de ęltro.
De hecho, tanto Anastasia como Priscilla probablemente ya esperaban esa pregunta.
Se miraron ęjamente y abrieron la boca al mismo tiempo.
Entonces――
—…Te haré pedazos.
—…Te destruiré con mis propias manos.
Intercambiaron palabras de una hostilidad que, en ese momento, podía considerarse el mayor de los elogios.
7
—E-e-esto me acortó la vida...
—…Cansada.
Lululara dio unas palmaditas en la espalda a Shorty, quien se recostaba en su silla con el rostro de un tono cenizo.
Sentada con las rodillas recogidas en la silla, Lululara mostraba una atención inusual hacia Shorty, quizás más consciente del esfuerzo que él había puesto para sacar adelante la entrevista.
De hecho, había sido una entrevista maravillosa, como lo demostraba el espíritu creativo desbordante de Lululara.
Las ilustraciones de Anastasia y Priscilla desde varios ángulos eran las mejores hasta la fecha, y el editor jefe Morgan estaba satisfecho con la calidad del trabajo. Algunas incluían también a Julius y Al, sus caballeros, siendo un registro perfecto de la cobertura.
—Pero este sesgo ahora, Lululara... tienes un interés bastante fuerte en su apariencia.
—…Es un malentendido.
—¡Si comparas el número de dibujos de las dos candidatas con los de Sir Julius y Al- dono, no es muy convincente! ¡Es decir, solo dibujaste una imagen de Al-dono!
—…Dibujo solo lo que hace temblar el corazón, como dijiste.
Lululara usó el lema del Periódico del Reino Dragón como excusa para evadir el reproche de Shorty. Este apenas pudo refutarlo.
Aunque hubo un momento en que el corazón de Lululara también se conmovió con Al.
—…Lo dibujé porque se veía tan serio.
—Al-dono, serio... Sí, se veía serio.
La ilustración que Lululara capturó de Al correspondía al momento de su desacuerdo con Priscilla.
Shorty se había sorprendido por la reacción de Al ante una pregunta sobre otra candidata: Emilia.
――. Después de terminar estas entrevistas, quizás podamos hacer un análisis profundo sobre los caballeros de las candidatas. Sería interesante saber más sobre el campamento de Emilia-sama y su caballero.
—Pero, el siguiente es más importante.
Shorty soltó una risita ante el entusiasmo de Lululara por pasar al siguiente tema.
—Sigo pensando que Lululara es débil ante los rostros atractivos. Estás obsesionada con tu próximo entrevistado.
—…¿Quién es el siguiente?
—¡Lo sabes, pero lo ignoras! …No, ¡quizás es el caballero lo que te obsesiona! ¿En serio lo olvidaste?
—…No te escuché.
—¡E-eso no importa! ¡También es un problema que no hayas escuchado!
Shorty lamentó la memoria poco conęable de su amada compañera mientras, con pluma en mano, resumía el contenido de la entrevista antes de que se le olvidara.
Sin embargo, inesperadamente, habían logrado entrevistar a Priscilla al mismo tiempo, llevando el total de candidatas entrevistadas a tres. Faltaban dos, y el próximo objetivo sería――
――Felt-sama. Aunque ha sido opacada por Emilia-sama, también tiene un trasfondo inusual...
—…¡Color!3
—¡No tiene que ver con tus pinturas! Es diferente, ¡signięca inusual! En realidad... Felt-sama es una huérfana que creció en las calles de los distritos pobres de la capital. ――Quiero decir, es como nosotros, Lululara.
Shorty pronunció estas palabras mientras miraba directamente a los ojos de Lululara, quien sostenía su bloc de dibujo sobre el regazo.
3 Lulu usa la palabra iro 色, que signięca color, pero la palabra en contexto se supone que es ishoku 異色, que signięca inusual o único.
Tanto Shorty como Lululara, ahora reportero e ilustradora del Periódico del Reino Dragón, fueron en su día niños abandonados que rebuscaban entre la basura en los barrios pobres de la capital.
La mayoría de los niños atrapados en ese entorno terminan sumidos en la delincuencia o siendo víctimas de ella. Por suerte, Shorty y Lululara escaparon de ese destino.
Ambos alcanzaron sus posiciones actuales gracias al talento y la pasión que demostraron.
Lo mismo podría decirse de Felt. ――Sin embargo, su situación actual era tan elevada que resultaba inimaginable.
—Hay muchos rumores sobre Felt-sama, la mayoría falsos. Me encantaría preguntarle sobre eso… ¡pero es su caballero quien acapara toda la atención!
—…¡Santo!
—¡Sí! Reinhard Van Astrea, el "Santo de la Espada"… Es el caballero que respalda a Felt-sama, y su apoyo tiene un impacto enorme.
Para muchos lectores del Periódico del Reino Dragón, las candidatas a la Selección Real que viven en el castillo son ęguras inalcanzables. Lo mismo ocurría con la familia real cuando el rey vivía.
Por eso, si hay una celebridad que realmente interese al pueblo, es aquella cuyo nombre escuchan con más frecuencia. En este aspecto, Reinhard, el "Santo de la Espada" de esta generación, ejerce la mayor inĚuencia en el reino.
Hasta los capitalinos están más interesados en el “Santo de la Espada" que en el rey. La diferencia es aún más obvia fuera de la capital, donde la gente no tiene contacto con la nobleza ni puede ver el castillo real.
—Por supuesto, Felt-sama aprovechará la inĚuencia de Sir Reinhard para ganar la Selección Real. Muchos se dejan deslumbrar por el prestigio del "Santo de la Espada"… ¡pero nosotros no!
—…¿Por qué?
—¡No nos dejaremos intimidar por ese prestigio y descubriremos qué es lo que realmente ofrece Felt-sama!
Con los puños apretados y determinación en la voz, Shorty transmitió su convicción. Lululara, comprendiendo hasta dónde estaba dispuesto a llegar, alzó su bloc de dibujo con movimientos perezosos y mirada desmotivada.
Hasta ahora, la cobertura había ido bien, pero no todo había salido según lo planeado. A partir de aquí, tendrían que esforzarse el doble.
Por más deslumbrante que fuera el "Santo de la Espada", el corazón periodístico de acero de Shorty seguía temblando――
8
――Bienvenidos al dominio Astrea, a ambos, reporteros.
Así fueron recibidos Shorty y Lululara por un joven de apariencia fogosa. Un muchacho inesperadamente hermoso, con cabello rojo llameante y ojos azules que encapsulaban el cielo despejado.
Shorty había admirado antes la calidad de uno de los retratos que Lululara hizo de él, y ahora el sujeto mismo los recibía con una sonrisa al llegar para entrevistarlo.
El "Caballero entre Caballeros" daba la bienvenida a sus invitados... aunque su atuendo distaba mucho de ser caballeresco.
—¿S-Sir Reinhard..., verdad?
—Sí, así es. Gracias por venir desde la capital real.
El joven —Reinhard— asintió ante Shorty, quien olvidó su nerviosismo y vaciló por la sorpresa.
Vestía una camisa blanca y pantalones negros, un look sencillo y rural, sin el uniforme que denotaba su posición como caballero o miembro de la guardia real. Sonreía con una toalla alrededor del cuello, y ni siquiera llevaba al cinto su "espada dragón", sinónimo del "Santo de la Espada". Aunque, mirando con cuidado, podía verse la espada apoyada en el suelo junto a él.
Era una señal de que se había despojado de su "Santidad Espadachina".
La prueba estaba en lo que hacía justo antes de recibirlos:
—…¿Estás… jardineando?
—Oh, así es. Estoy cuidando el jardín y los macizos de Ěores de la mansión. Esta mañana, por ęn logré que brotaran los capullos...
—…Bonito.
Lululara inclinó la cabeza y Reinhard respondió señalando el macizo de Ěores con una mano. Reinhard estaba orgulloso, y el jardín a sus espaldas era un espectáculo magníęco.
Las Ěores en plena Ěoración mostraban pétalos rojos, blancos y amarillos. Lo más llamativo eran los coloridos macizos, pero los árboles y arbustos cuidadosamente podados también parecían obra de un artesano experto para el ojo inexperto.
Como era de esperar del "Santo de la Espada", también era muy hábil podando el jardín y usando tijeras para ello――
—¡No, no, no! Estoy impresionado, pero ¿normalmente te dejan hacer eso? ¡Quiero decir, eres el "Santo de la Espada" y estás... ¡haciendo jardinería!
—…¿Quejándose del santo?
—¡No podría ni me atrevería a hacer algo tan atrevido!
Los ojos de Shorty se abrieron como platos al quejarse del aparente desperdicio del "Santo de la Espada". Inmediatamente, recibió la típica "sabiduría simplięcadora" de Lululara, y rápidamente se retractó.4
Reinhard se rió un poco de su intercambio, se quitó los guantes protectores que llevaba y――
—Ya veo, supongo que cuidar un jardín no encaja con la imagen del "Santo de la Espada". ¿Qué crees que debería hacer?
—Déjeme ver... Como Sir Reinhard es tan famoso que no hay nadie en el reino que no lo conozca, lo usual sería recorrer el país, mostrar su rostro y nombre, y ganar el apoyo de los nobles poderosos.
――Sí, eso es correcto, Felt-sama.
Cuando el propio Reinhard le preguntó a Shorty cómo aprovechar su fama eęcientemente, este enumeró todas las medidas que se le ocurrieron. Sin embargo, lo que Reinhard dijo después lo tomó completamente por sorpresa.
Involuntariamente, Shorty balbuceó un "¿Eh?" y siguió la mirada signięcativa de Reinhard. ――Su vista se dirigió hacia la persona que estaba detrás de Shorty y Lululara.
Era la joven sirvienta que los había recibido en el pueblo más cercano y los guió hasta la mansión Astrea. Habían aprovechado su hospitalidad y charlado de esto y aquello durante el camino.
4 梯子を外される Hashigowohazusareru Un modismo japonés que signięca aislar a alguien/dejarlo abandonado a su suerte.
¿Cómo había llamado Reinhard a esta chica de deslumbrante cabello dorado, moño negro, ojos rojos llenos de determinación y un distintivo colmillo que asomaba de su boca――?
—Aah, eh, oh… ¿¡eh!?
—¡Oooh, está confundido! ¡Jajaja, mira su cara!
La chica no pudo contener la risa mientras señalaba a Shorty, quien abría y cerraba la boca como un pez, con los ojos en blanco. Ante este comportamiento, Lululara también lo miró.
—…Divertido.
—¡Para nada! ¡No es divertido!
Shorty replicó en voz alta al despiadado comentario de Lululara. La chica se reía tan fuerte que tenía lágrimas en los ojos. Entonces, Reinhard suspiró y dijo:
—Felt-sama, creo que es momento de detener la farsa, por favor. Shorty-dono y Lululara-san quedarán exhaustos si continúa.
—Bieeen, bieeen. Pensé que ya empezaba a entenderme un poco contigo, pero sigues sermoneándome, ¿eh?
—Creo que me he vuelto más Ěexible. Por eso no la detuve cuando decidió recibirlos.
—Tenías a Flam y Grassis vigilándome. Sigues siendo igual de rígido.
La joven respondió al sonriente Reinhard sacando la lengua. ――Estaba en una posición que le permitía tratarlo con irreverencia y aún así ser respetada.
Sobre todo, el nombre que Reinhard repitió tantas veces que no dejaba lugar a dudas era――
――Es un honor conocerla, Felt-sama.
—Je, gracias por el saludo, me hace picar los oídos.
Shorty, logrando reprimir su sorpresa, se inclinó, y Felt respondió rascándose la oreja.
A primera vista, parecía una simple chica de pueblo, pero era la cuarta candidata a la Selección Real.
Aunque, comparado con la cobertura simultánea anterior, esto era lo mejor que podía esperarse――
—…Toma.
—¡Lululara!
Mientras Shorty jadeaba por los nervios, Lululara, inesperadamente, le entregó a Felt una hoja de su cuaderno de dibujo. Felt la tomó con una ceja alzada y observó la imagen.
Entonces――
—¡Buhaha, ¡ja-ja-ja! ¡Mira esto, Reinhard!
—Esto es… ja.
Reinhard se aclaró la garganta mientras miraba el dibujo por encima del hombro de Felt, quien no dejaba de reír a carcajadas.
La boca de Shorty se abrió ante la reacción del caballero.
—¡¿Incluso Sir Reinhard?! ¡¿Qué les diste, Lululara?!
—¡Ja-ja-ja-ja!
Felt se reía histéricamente, y Reinhard no pudo contener la risa.
Mientras Shorty miraba alternativamente a los dos y a Lululara, Reinhard le mostró el dibujo en cuestión con una sonrisa. La persona retratada no era otra que el propio Shorty.
Shorty, con los ojos desorbitados y la boca abierta en expresión de estupor, miró a Felt consternado.
—…Obra maestra.
—¡Sí, gracias como siempre!
Shorty gritó un agradecimiento desesperado a la presumida Lululara, quien sostenía su pincel en alto con aire de satisfacción.
9
—De nuevo, gracias por concedernos tu tiempo hoy…
—Parece que no estás muy contento. Bueno, a mí no me molesta, ya que antes me hiciste reír.
—Gracias…
La respuesta de Shorty es breve mientras es conducido a la sala de recepción de la mansión Astrea y recibe su bienvenida. Esto se debe a su dięcultad para lidiar con Felt, producto de los sucesos recientes. Por supuesto, existe cierta tensión al tratar con una candidata de la Selección Real, pero es mucho menos opresiva que con las tres anteriores.
――¿Eh? ¿Qué pasa?
—Nada, no es nada.
—¿Cómo puedes mirar a alguien así y decir que no pasa nada?
Felt se inclinó hacia adelante, escudriñando el rostro de Shorty, cuyas mejillas se tensaron bajo su mirada. Él sintió entonces un leve regusto a decepción.
Parece que, para ser candidata a la Selección Real, uno debe poseer cualidades que lo distingan del resto —aquellas que lo lleven a la cúspide del reino. Por ejemplo, Felt había logrado engañar a Shorty y a Lululara disfrazada de sirvienta, pero si las otras tres lo hubieran intentado, no habrían podido burlarlos por completo.
――Lamentablemente, no era eso lo que él sentía hacia Felt.
Dado su trasfondo, ella no había tenido oportunidad de pulir sus aptitudes. Era justo decir que era inevitable, pero aun así, no podía evitar esa decepción.
Aún no estaba lista para competir codo a codo con las otras tres.
Esto signięcaba que Felt y Emilia serían casi con certeza eliminadas, dejando a Crusch, Anastasia y Priscilla como contendientes por el trono. Así que esta entrevista con las dos últimas, incluido este momento, era como un juego ya decidido.
―¿No es un poco pronto para darme por perdida?
—¿Eh?
—Nah, lo reconozco al verlo. Te veo demasiado decepcionado.
Shorty vaciló cuando los labios de Felt se curvaron y su mirada se agudizó. Era descarado que, siendo él un reportero cuyo rol era dejar que el sujeto expresara su mente, su actitud minara su propia credibilidad.
―hk
Estuvo a punto de disculparse, pero lo pensó mejor. Sería inútil remediarlo ahora. En lugar de eso, seguiría adelante con el tema que ella misma había planteado.
—¿Desarrollaste esa mirada para leer a la gente viviendo en los barrios bajos?
—¿Eh? Vaya, qué pregunta tan directa. Pero me gusta cuando me miran así.
—Gracias.
—¿Si los barrios bajos me hicieron más fuerte? Sí, supongo que sí.
Felt no se ofendió porque alguien hubiera indagado en su pasado con tanta ligereza. Al contrario, pareció aceptar el descaro de Shorty con una sonrisa complaciente.
Felt, con una mano en la barbilla y las piernas cruzadas, dirigió su mirada hacia la ventana. Bajo el cielo distante, muy, muy lejos, se hallaba la capital real donde había crecido.
Shorty observó el rostro de Felt, imaginando su tierra natal, y percibió emociones complejas en sus ojos rojos.
—…Extrañas la capital. Los barrios bajos.
—¿Ah? Para nada. Ni siquiera quiero recordar los barrios bajos. Los odio.
—¿Qué?
—Es solo que te dejaste llevar por el ambiente. No los extraño; estar lejos de ahí es una bendición disfrazada. ――Seguro que ustedes piensan igual.
Felt se rascó la cabeza con brusquedad, apretando los labios. Shorty, al oírla, estuvo a punto de responder "Es cierto, pero…", pero las palabras se atascaron en su garganta.
—Lo digo ahora porque Lululara y yo también somos de los barrios bajos…
—No es gran cosa que lo haya notado. Tienes razón: viviendo en los barrios bajos, agarré la costumbre de observar a la gente. Siempre me dediqué a robarles a los más tontos.
—Bueno, Lululara y yo somos reporteros, ¿sabes…?
—Por eso te lo digo sin rodeos. Si quisiera mentir o decir lo que suena bonito, ni siquiera habría aceptado la entrevista. Escribe lo que te parezca.
Shorty se sintió desconcertado mientras Felt confesaba con orgullo su pasado delictivo. Sin duda, ese hecho perjudicaría su imagen como candidata a la Selección Real. Sin embargo, Shorty, también originario de los barrios bajos, no parecía dispuesto a justięcar sus crímenes.
La necesidad empuja a la gente a hacer cosas malas para sobrevivir. Ese podría haber sido el futuro de Shorty y Lululara, y, de hecho, hasta Felt había logrado escapar de él.
¿Cómo podría enorgullecerse de su trabajo si exponía las circunstancias inevitables de sus actos y las presentaba como algo natural?
—Escribiré los hechos. Ya veré si luego puedo redactar un artículo sobre esto… ¿Eh? Mi pluma es…
—¿Esta? Usas cosas bastante ęnas, ¿eh? Apuesto a que podría venderla por un buen precio.
—¡Pensé que habías dejado eso!
Felt, sonriente, mostró la pluma favorita de Shorty, que de algún modo había arrebatado de sus manos y ahora agitaba en el aire. Él quedó tan impresionado como asombrado por su habilidad.
―Felt-sama, Shorty-dono, creo que la situación se está volviendo… complicada.
Entonces intervino Reinhard, abriendo la puerta de la sala de recepción. Con una bandeja de plata en las manos, llevaba tazas humeantes que colocó sobre la mesa entre Felt y Shorty.
—Es una virtud que no ocultes tus actos, Felt-sama, pero no es necesario mencionarlos de manera tan… explícita. Ahora, la pluma.
—Tch, otra vez el sermón. En general, yo…
—Son órdenes de Rom-dono y Ezzo.
—Gua…
Parece que el comentario adicional surtió efecto, porque la expresión de Felt perdió toda compostura. Molesta, entregó la pluma a Reinhard, quien, riendo ante la situación, se volvió para devolvérsela a Shorty.
—Aquí la tiene. Y, por favor, disfruten el té. Es algo que estoy aprendiendo a preparar…
—¡No, no, no, en absoluto! ¡Té preparado por el "Santo de la Espada"! ¡Es un honor increíble! ¡Hasta me lo llevaría a casa para verlo evaporarse!
—Idiota…
—Era solo una broma para aligerar el ambiente.
El comentario de Lululara devolvió a Shorty a la realidad. Después de todo, gritar era bueno para la estabilidad mental. Pero, no queriendo excederse, aclaró suavemente la garganta.
—Disculpen por no esperar la llegada de Sir Reinhard y comenzar la conversación antes de tiempo.
—Oh, no se preocupe. Yo escuché todo.
—¿En serio? Entonces eso me alivia… ¿Qué? ¿Quiere decir que escuchó la conversación que tuvimos aquí? ¿Incluso desde la cocina?
—Ay, por el amor de—. Si te tomas en serio todo lo que dice, nunca avanzaremos y esto no terminará. Tengo cosas que hacer más tarde.
La curiosidad de Shorty por las palabras de Reinhard era insaciable, pero, con Felt recordándole sus compromisos, no podían alargar demasiado la charla. Lo importante era conocer las intenciones de Felt para la Selección Real.
―Entonces, una vez más: ¿Qué planea hacer como reina, Felt-sama?
—Voy a destruir las tradiciones invisibles de este país.
—…¿Disculpe?
Shorty detuvo su pluma sobre el cuaderno al escuchar esa respuesta, dicha sin vacilar. ¿Qué acababa de declarar Felt que destruiría?
—¿Las… tradiciones invisibles de este país?
—Todas esas cosas absurdas que se dan por sentadas, todo lo que he visto, escuchado y que no me gusta. Los barrios bajos son una de ellas.
―…
—Porque así es como "debe ser", y así es como "debemos pensar". No es de extrañar que a los pobres les cueste tanto vivir ahí. Pero no me gusta que quienes nacen arriba sean siempre los ganadores, y quienes nacen abajo, los perdedores.
Antes de que Shorty pudiera digerir por completo el signięcado de sus palabras, Felt siguió soltando opiniones una tras otra. Él intentaba comprender su verdadera intención, asimilándolas poco a poco.
Si se eliminaban los excesos retóricos, no era más que el discurso de una joven huérfana criada en los barrios bajos, expresando su resentimiento y envidia hacia aquellos que nacieron en mejor posición.
Pero los ojos de Felt, y el tono de su voz, transmitían una voluntad mucho más profunda, contundente e inquebrantable.
—Total, ya de entrada nadie espera nada de mí, ¿no?
―hk
—Je, las palabras pierden valor cuando se adornan demasiado. Por eso yo no me ando con rodeos. La verdad es que casi nadie confía en mí. Así es. Solo soy una chiquilla criada en el arrabal. No tengo el prestigio de las otras candidatas.
Felt lo interrumpió, negando con la cabeza.
—Bueno, seguro que estoy por encima de la “oneechan-semidemonio”, pero ese es el nivel del que hablo. Nadie espera nada de mí. Y si es así… entonces no tengo nada que perder.
—¿Y por eso desafía las tradiciones invisibles?
—Si nadie les da un puñetazo en la cara, ni siquiera sangrarán. Yo seré quien les golpee primero. Al ęn y al cabo, fui quien consiguió ese maldito boleto. No sabré si alguien me seguirá… hasta que lo intente.
Felt concluyó con ese estilo salvaje y descarado, propio de los callejones.
Absurdos y carentes de detalles concretos, los argumentos de Felt resonaban dolorosamente en Shorty, también originario de los barrios bajos. Y quizás, incluso en Lululara, si es que estaba escuchando.
Shorty tropezó, en ese instante, con el potencial oculto de Felt.
Antes de la entrevista, se había sentido decepcionado y desanimado por ella, quien parecía no tener ninguna posibilidad de ganar la Selección Real. Como siempre, Felt carecía de la dignidad de un rey que sí poseían Crusch y las demás.
Sin embargo, ¿era realmente una chica impotente, sin nada que ofrecer? No.
――En Felt, él percibió la determinación de alguien dispuesta a enfrentar desafíos y la voluntad de una reformadora decidida a cambiar las cosas.
A diferencia de los prodigios ya pulidos, nacidos para brillar, el "recipiente" de Felt aún estaba en proceso de moldearse.
Tal vez ese recipiente ni siquiera se terminaría de cocer después de que la Selección Real concluyera. Pero si alguna vez llegaba a completarse y era mostrado al mundo――
――Llegará el día en que algo invisible será destruido. ¿Podemos albergar semejantes expectativas?
—Sir Reinhard…
Reinhard fue el primero en llegar a la misma conclusión que Shorty. Con sus ojos azules, observó a Shorty y Lululara, y luego a Felt, quien estaba sentada frente a él.
—De hecho, Felt-sama ya está intentando muchas cosas en este mismo instante. Por ejemplo, yo mismo soy probablemente parte de lo que ella busca destruir.
—…¿Quieres destruir al Santo?
—No es pa’ tanto, Reinhard. No digas tonterías.
—Pero quería dejar claro que fui lo primero que Felt intentó destruir. No deseaba ocultarlo.
—Das miedo. ¿De qué diablos estás hablando?
La mirada sonriente de Reinhard era gentil; la voz de Felt, áspera al responder. Hasta donde podía verse, ambos habían formado una relación entre señora y caballero… peculiar. Hasta ahora, los candidatos y sus caballeros habían llevado relaciones buenas, con diferencias menores. Pero aquí había algo distinto.
Entre Felt y Reinhard se percibía una grieta que no podía describirse simplemente como una "buena relación". No era hostilidad, sino una tensión como la calma en el ojo de un huracán.
—Shorty-dono, cuido del jardín y los macizos de Ěores porque Felt-sama me lo ordenó.
—¿E-es eso cierto?
—Sí. Me pidió que intentara cultivar Ěores. Aunque, desafortunadamente, poseo la Protección Divina de la Horticultura, así que no es un reto difícil…
Se interrumpió y miró su palma. Llevaba guantes protectores, evidencia de su labor en el jardín. Sus manos estaban limpias para atender a los invitados, pero en sus ojos se reĚejaba el esfuerzo de su trabajo.
Shorty consideraba que los esfuerzos jardineros del Santo de la Espada eran una pérdida de tiempo.
—Pero ahora creo que estaba equivocado. Quizá la transformación del mundo comience con pequeñas cosas como estas.
—Eres un arrogante de mierda… Te elogié los macizos un minuto y ya te crees con derecho a sermonearme.
—Es un honor recibir elogios de Felt-sama.
Respondió sin vacilar a Felt, quien había soltado el comentario con la barbilla apoyada en la mano. Hasta Shorty se sorprendió, y Felt no fue la excepción. Ella lo miró con gesto agrio, como arrepentida de haberle mostrado esa faceta.
—¡Me estás mirando ęjo!
—Mierda, de verdad no le veo el sentido a esta entrevista. Si solo va a sacarme de quicio, hay un límite a lo que estoy dispuesta a aguantar.
—No se preocupe, el Periódico del Reino Dragón tiene una de las mayores circulaciones en la capital. Estoy seguro de que la estrategia de Rom-dono y Ezzo es acertada.
—¡Oye! ¡Y no se te ocurra escribir ni una palabra de lo que dijo este idiota!
Felt mostró sus aęlados colmillos al llamar "idiota" a Reinhard.
¿Qué pensaría Felt de Reinhard para permitir que el Santo de la Espada se dedicara a cuidar el jardín, servir como camarero, y luego tratarlo de esa manera?
—Felt-sama, ¿qué opina de Sir Reinhard…?
—¿Eh? ¿Estabas medio dormido? ――Esto es Reinhard.
―Ah.
—No es más, ni menos. No me hace caso, pero habla un montón. Me da dolor de cabeza.
Felt cruzó los brazos y exhaló fuerte por la nariz. Reinhard, de pie detrás de ella, no respondió, solo relajó levemente las comisuras de sus ojos.
Al notar la reacción de Reinhard, Shorty reĚexionó sobre su propia vida y se dio cuenta de que él también había sido corrompido por las "tradiciones invisibles" que Felt describía.
Creía entender los prejuicios y nociones preconcebidas del reino: las diferencias entre los distritos aristocráticos y los empobrecidos, las categorías de nobleza, plebeyos y desposeídos, y los estereotipos que generaban.
Sin embargo, mientras entrevistaba a los candidatos de la Selección Real, una y otra vez se veía forzado a admitir que no era ni tan listo ni tan bien informado como creía.
Y ahora, Felt, también proveniente de los barrios bajos, le hacía ver otra realidad:
――Las ilusiones de Shorty (y de los demás) sobre Reinhard van Astrea, el Santo de la Espada, eran una de esas cosas que Felt quería destruir… simplemente porque no le gustaban.
—Felt-sama, ¿qué piensa sobre el rumbo de la Selección Real?
―…
Los ojos rojos de Felt se entrecerraron mientras observaba a Shorty, quien le había formulado la pregunta.
Él enderezó la espalda y sostuvo su mirada. Para entonces, su decepción inicial hacia Felt se había esfumado, reemplazada por una extraña sensación de anticipación.
¿Qué demonios nos mostrará en el futuro esta chica huérfana de los barrios marginales?
Era la misma esperanza que, quizá, había impulsado a Reinhard a elegirla.
—Bueno, creo que las demás son bastante buenas. Cuando las vi por primera vez en el castillo, no sabía cómo eran porque no conocía nada de ellas…
Nacida y criada en los barrios bajos, Felt solo comenzó a recibir una educación decente después de anunciar su participación en la Selección Real y mudarse a la Mansión Astrea.
Shorty lo recordaba bien: al principio, ella ni siquiera sabía leer o escribir. No podía estar en el mismo escenario sin cerrar la brecha entre lo que ignoraba y lo que se esperaba que supiera.
Aun así, Felt había seguido luchando contra una serie de experiencias frustrantes… sin dejar que la corrompieran.
—Ahora mismo, esa duquesa lleva la delantera, seguida por la comerciante. Aunque participaron en la caza de la ballena, la oneechan semidemonio lo tiene difícil. De la mujer de rojo no estoy segura, pero…
―…
—En cuanto a reputación, yo estoy igual… o peor que ella. El futuro pinta oscuro, y ver si puedo remontar esto en solo tres años… ese es mi desafío.
Shorty quedó impresionado por su análisis preciso de la situación.
Su comprensión del estado de la competencia demostraba que no estaba desperdiciando el juego, sino decidida a hacer todo lo posible para ganar.
Sin embargo, el camino por delante era difícil. Eso era innegable… y ella misma lo sabía.
—¿Ya has decidido cómo vas a luchar?
—Por ahora, no pienso ganar copiando a las demás. Tengo que hacer lo que solo yo puedo hacer. Por eso…
—¿Eso es?
—Mientras tanto, voy a contactar a todos los tipos del mercado negro que pueda. Tengo una reunión con algunos de sus cabecillas después de esto.
—¡Esa es una respuesta inesperada!
Shorty exclamó ante Felt, quien soltó una risotada y soltó esa confesión imprevisible. La reacción de Shorty fue recibida con un "¡Ja ja ja!" de Felt, mientras Reinhard, detrás de ella, se llevaba una mano a la frente. Aunque, en realidad, Shorty era quien quería taparse la cara.
Una candidata a la Selección Real se alía con el mercado negro para ganar el trono.
—¡Y es tan increíble que nadie lo va a creer!…
Incluso si se lo mostrara al jefe Morgan, este pensaría que se lo inventó. Difícilmente alguien esperaría una confesión tan descarada, dicha sin el menor reparo.
―…
Mientras Shorty reĚexionaba, Lululara trazaba silenciosamente líneas en su cuaderno. Su interés nunca abandonó a Reinhard, pero ahora también hacía ilustraciones de Felt para el periódico. Por ęn, había entendido la importancia de su rol como ilustradora y la regla de retratar a todos los sujetos que cubría.
Aunque, en realidad, no era solo eso: el estilo de Felt simplemente le caía bien.
Así como Shorty había cambiado su percepción de Felt, lo mismo le ocurrió a Lululara. El hecho de que la hubiera dibujado, y la calidad de ese dibujo, eran prueba del talento considerable de Felt.
Y entonces――
—Bueno, ¿qué más quieres saber? ¿Por qué estoy en la Selección Real…? ¿O qué pienso hacer?
—A las demás les pregunté… ¿Cuál es su impresión de las otras candidatas, Felt- sama?
—Las otras. Ya te lo dije antes. Creo que son geniales.
Era Felt, quien con calma completaba su propio análisis, nada despreciable. Para las otras candidatas, seguramente tenía evaluaciones que valía la pena escuchar. Aunque no estuvo presente en muchos eventos, sin duda era también una estratega meticulosa.
Si fuera posible, a Shorty le gustaría hablar con alguien más del bando de Felt.
En cualquier caso, Felt se rascó la mejilla mientras pensaba y dijo: "Bueno, así es".
—No he hablado mucho con ella, pero esa duquesa es dura. Cuando me vio en el castillo, fue la única que no me juzgó. Dicen que era la favorita original, pero no voy a bajar la guardia… Bueno, supongo que no era solo por eso que me miraba.
—Entiendo, Crusch-sama es… ¿y Anastasia-sama y Priscilla-sama?
—La comerciante… Anastasia tiene buen ojo para los detalles. La otra vez quedé en deuda con ella, así que no sé cómo sonará esto. Pero estoy segura de que valió más de lo que pagué. Confío en que no se aprovechará. En cuanto a esa mujer de rojo…
Aquí, Felt interrumpió su discurso y arrugó la nariz con genuino disgusto.
—No es cuestión de si es buena o mala. Es que le voy a patear el culo.
—¡Eso es increíblemente personal! …Priscilla-sama es una persona… intensa.
—Je, supongo que es una forma de decirlo. Además――
Felt se mordió la lengua, haciéndolo esperar un poco más para la evaluación ęnla de Emilia.
Felt tardó un buen rato en formular su respuesta. Sin embargo, a diferencia de su reacción hacia Priscilla, aquí no había hostilidad. Parecía ser un sentimiento distinto al resentimiento que mostraba hacia la semielfa.
Felt se rió de Shorty, quien esperaba ansioso frente a ella para descubrir cuál sería su veredicto.
—Ah, la oneechan semidemonio… Deberías ir a verla con tus propios ojos. Entenderás mejor que con cualquier otra que los rumores no son de ęar.
—¡Q-qué decepción…!
—Bueno, no la odio. Le debo mucho a Neechan, ¿sabes?
Con las manos entrelazadas tras la nuca, Felt guardó para sí misma su opinión completa sobre Emilia. Pero, al menos, dejó claro a Shorty que existía la posibilidad de que hubiera tenido algún tipo de relación con ella.
Shorty sintió un propósito más claro cuando Felt señaló que debía verlas en persona.
El campamento de Emilia, considerado desde el inicio del proyecto como el más desaęante a nivel emocional, era ęnalmente el único que quedaba por entrevistar.
Y entonces――
—Lo terminé…
Mientras decía esto, Lululara arrancó otra página de su cuaderno de dibujo con un sonido brusco.
Felt aceptó la ilustración con curiosidad, diciendo "A ver, a ver", como si esperara otra imagen ridícula de Shorty como la anterior.
Sus ojos brillaban anticipando las carcajadas que podría provocarle esta vez――
—¡Ack!
—Esto es…
Felt frunció el ceño, mientras Reinhard, mirando el dibujo por encima de su hombro, se sorprendió y luego rio suavemente.
Shorty también se asomó para ver qué clase de ilustración era y quedó gratamente impresionado.
La imagen mostraba a Felt desplomada en el sofá, con Reinhard detrás de ella, luciendo una expresión serena. ――Un instante capturado de su peculiar relación entre señora y caballero.


10
――Una idea y un poco de inspiración llevaron a una serie de entrevistas con las candidatas de la Selección Real.
Estas entrevistas, que han cobrado un inmenso precio tanto físico como mental en Shorty, se acercan ahora al capítulo ęnal del proyecto.
Por ęn, llega el momento de enfrentarse a la última candidata de la Selección Real y, al mismo tiempo, al mayor obstáculo de este proyecto:
Emilia, de quien se rumorea que es la reencarnación de la "Bruja de la Envidia" ――el peor de los desastres que casi destruyó el mundo, conocida como una hechicera que actúa con egoísmo y maldad.
Por supuesto, Shorty es más que consciente de lo poco ęables que pueden ser las nociones preconcebidas y la información previa. Aun así, los rumores sobre la "Bruja de la Envidia" son imposibles de ignorar.
Incluso Lululara, quien no muestra interés en nada más que pintar, se estremece al escuchar ese nombre. El miedo que ha calado en los ciudadanos del reino —no, en la gente de todo el mundo— es comprensiblemente fundado.
Por esta razón, Emilia parte con una desventaja abrumadora en la Selección Real. Entonces, ¿qué clase de pensamientos y objetivos alberga mientras aspira al trono de Lugunica?
Para descubrirlo, Shorty y Lululara se dirigieron al dominio Mathers――
—¡Mi nombre es Natsuki Subaru, soy el vendaval atronador, el guía inquebrantable!
Con un grito, alzó los dedos de su mano derecha hacia el cielo mientras apoyaba la izquierda en su cadera.
Shorty quedó paralizado al ser recibido por este joven de cabello negro corto y mirada intensa, sin entender de dónde habría sacado semejantes modales de bienvenida.
En ese momento, no cayó en la cuenta de que el misterioso nombre de este chico coincidía con el de la persona con la que quería hablar.
Por eso, su reacción tardó en llegar. ――Era un nombre que, como reportero en esta era, no debería haber pasado por alto.
―…
Aturdido, Shorty se quedó plantado frente al carruaje dragón que los había llevado.
Su plan era visitar la "ciudad industrial" de Costuul, una de las cinco mayores ciudades del Reino de Lugunica, cerca de la cual se encontraba la residencia del Margrave Roswaal L. Mathers. La idea era entrevistar a Emilia allí.
Pero su comienzo se vio inesperadamente interrumpido――
—E-em… ¿Natsuki Subaru-dono, dijiste?
—¿Eh? Ah, sí, sin duda soy Natsuki Subaru. Por si te lo preguntabas, ustedes vinieron a entrevistar a Emilia-tan… digo, a Emilia-sama, ya que fui nombrado su caballero…
—¡Lo sabía! ¡Tú eres el que ayudó a derrotar a la Ballena Blanca y a Pereza, ¿verdad?!
—¡Whoa!
Shorty se lanzó hacia adelante sin pensarlo, y Subaru, sorprendido, retrocedió instintivamente. La emoción de Shorty no disminuyó, resoplando mientras se acercaba.
—¡He escuchado mucho sobre ti! ¿Podría hacerte unas preguntas?
—No, no, claro que podrás, pero esta vez el enfoque es la historia de Emilia-tan, no la mía.
—¡He oído que cruzaste líneas de facciones para pedir cooperación y lograste derrotar a un gran enemigo! ¿Cómo conseguiste tanta conęanza… y habilidad para negociar?
Shorty, reduciendo la distancia con curiosidad y entusiasmo, recibió un golpe en la nuca. Al volverse, vio a Lululara blandir su cuaderno con gesto exasperado.
Entrecerró sus ojos redondos y le mostró a Shorty las páginas arrugadas de su cuaderno, como recordándole su verdadero propósito.
—¡Ay, eso duele! ¡Me golpeaste con la esquina!
—Hmm... demasiado... problema.
Los ojos de Shorty parpadearon ante el inusual regaño de Lululara, y al darse cuenta de su comportamiento, rápidamente volvió a mirar al frente. Entonces vio a Subaru sonriéndole.
Al instante, el calor subió por su cuello hasta enrojecer su rostro.
—¡Y-yo... lo siento mucho! ¡Perdón! ¡Perdí por completo la compostura!
—¡Ooh, no hay problema! Honestamente, me intimidaste un poco, pero también sentí tu entusiasmo.
—¿P-puedes perdonarme? ¡Oh, muchas gracias! Sir Natsuki...
Shorty, inclinándose en una disculpa exagerada, se conmovió ante las amables palabras de Subaru. Justo cuando estaba a punto de aceptar su mano extendida...
―¡Aléjate de Subaru inmediatamente, supongo!
—¡Waaah...!
Una voz aguda resonó, seguida de una onda de choque invisible que lanzó a Shorty por los aires como una pluma. Subaru, boquiabierto, giró para ver una pequeña ęgura detrás de él.
—No hay margen para bajar la guardia. Sin BeĴy, Subaru no tendría suęcientes vidas, supongo.
—B-Beako, tú...
—Hmm, parece que estás tan asombrado y agradecido que no puedes hablar. Si no tienes palabras, al menos demuéstrale tu gratitud a BeĴy con acciones, supongo.
Mientras decía esto, la niña de vestido y cabello rizado extendió sus manos hacia un Subaru aturdido. Él, tembloroso, respondió al gesto... pellizcando sus mejillas rojas.
—¡Gyaaa! ¿Qué estás haciendo, Subaru? ¡BeĴy acaba de salvarte la vida y no merece este trato, supongo!
—¡Tú sí que eres idiota! Es cierto que mi vida es tan frágil como algodón, ¡pero esta vez no había peligro! ¡Son los reporteros del Periódico del Reino Dragon!
—¿Qué es eso, supongo?
Con las mejillas aún estiradas, la niña miró a Shorty, quien había aterrizado más allá de Subaru.
Shorty, completamente desorientado, había caído en un seto, del cual Lululara intentaba sacarlo tirando de su pierna. Subaru se acercó corriendo, consternado.
—¡Oye, ¿estás bien, Shorty-san?! ¡Lo siento! ¡Mi Beako cometió un error garrafal!
—E-estoy bien, bien... No es raro que un reportero del Periódico del Reino Dragón termine estrellándose contra algo...
—¡Al menos hará una gran historia! Bueno... ¡arriba!
Subaru ayudó a Shorty a salir del seto, reemplazando a Lululara, cuya fuerza era insuęciente. Shorty quedó cubierto de hojas, algunas enredadas en su Ěequillo largo.
—Oye, Beako, discúlpate por actuar sin pensar. Lo siento.
—P-pero este enano también tiene la culpa por parecer sospechoso, supongo...
—¡No inventes excusas!
Frente a Shorty, Subaru regañó a la terquísima niña. Pero al ver que esta volvía la cabeza con aún más obstinación, Shorty intervino:
—¡No te preocupes! Mira, estoy perfecto.
—¡No, deęnitivamente debe disculparse! ¡Es una lección importante! ¡Vamos, Beako!
—Nugu gugugu... ¡BeĴy nunca se disculpará, supongo...!
Subaru intentaba que la niña se disculpara, pero ella, con la cabeza apretada entre sus manos, se resistía. Era un intercambio cómico, como el de un padre y una hija, pero Shorty sentía que faltaba alguien.
Vacilante y sin saber cómo intervenir――
―Natsuki-san, Beatrice-chan, ¿qué están haciendo frente a nuestros invitados?
Una voz suave, cargada de desconcierto, rompió el tenso ambiente.
Subaru y la niña, enfrascados en su pelea, se volvieron al escucharla y cambiaron sus expresiones con un "Oh". ――Allí, donde sus miradas se posaron, había un joven de cabello grisáceo y atuendo verde.
Ante la aparición de este hombre de aire sereno, la niña llamada Beatrice bajó los ojos.
—Ugh, no es lo que parece, supongo. Hay circunstancias inevitables...
—¿Y esas circunstancias justięcan dejar a nuestros invitados... cubiertos de hojas?
—¡Eres un hombre quisquilloso e implacable, supongo! ¡Hrumph!
Beatrice giró la cabeza con un mohín de disgusto tras ser reprendida con franqueza. Subaru, acariciándole la cabeza, también puso cara de decepción. Shorty quedó impresionado por su gesto.
Con solo aparecer, el joven había logrado silenciar a ambos.
—Lamento las molestias que estos dos hayan causado. Hablaré con ellos.
—Uhh, bueno, gracias... ¿y usted es?
—Me llamo OĴo Suwen. Bueno, trabajo con los dos que están detrás de ti...
Encogiéndose de hombros, el joven ――OĴo mostró una mezcla de orgullo y decepción, mientras Subaru y Beatrice, detrás de él, refunfuñaban: "¿Qué pasa?".
Sin embargo, el intenso escalofrío que recorrió a Shorty no le permitió notar el contexto de esos dos.
—¡Oh! ¿OĴo Suwen-dono?
—―? Sí, ese soy yo, pero...
—¡Ehh! ¡P-perdón, lo siento mucho!
OĴo inclinó la cabeza confundido, mientras Shorty se arrodilló abruptamente en el acto. Tiró de la manga de Lululara, quien estaba aturdida, obligándola a arrodillarse también.
—¡Lululara, Lululara, arrodíllate! ¡Si se enoja, nos arrancará la cabeza de un mordisco!
—¡Yo no muerdo! ¿Qué clase de cosas has oído sobre mí?
—El oęcial de asuntos internos buscado por amenazar a un noble poderoso en su ciudad natal, PicoutaĴe... El que exterminó a bandidos en el Monte Gina y quemó la mansión de un Margrave para negociar un aumento de sueldo...
—¡Decirlo así suena terrible! ¡Y es solo medio cierto!
OĴo alzó la voz, pero no negó su reputación. Es decir, sabía exactamente a qué se refería Shorty. Eran rumores que, hasta ahora, Shorty había considerado exagerados... hasta verlo en persona.
Pero no había duda: este hombre había logrado contener y domar por completo a Natsuki Subaru, el héroe que derrotó a la Ballena Blanca y a Pereza.
—Oh, por favor, no me mate...
—Oye, oye, OĴo, no me digas que...
—¡No es así! ¡Más bien, Natsuki-san, no te aproveches y ayúdame a aclarar esto! ¡Se está saliendo de control!
Subaru y OĴo discutían entre ellos, con un Shorty tembloroso y acurrucado en medio. Mientras Beatrice suspiraba ante el espectáculo, notó de repente las manos de Lululara, quien seguía agachada.
Lululara, arrodillada en el suelo, movía su pincel a una velocidad furiosa. Al darse cuenta de que el objeto de su dibujo era ella misma, Beatrice se alisó el cabello con disimulo.
—Como mínimo, retrata a BeĴy en todo su esplendor, supongo.
—Dibuja, pequeña...
Sí, ella asintió satisfecha a la respuesta de Lululara mientras movía el pincel.
11
――Aunque el comienzo tuvo sus tropiezos...
—Una vez más, bienvenidos, ustedes dos. Bienvenidos.
Dejando atrás la parada de carruajes, Subaru extendió su mano en un renovado intento de darles la bienvenida. Contrario a la grandiosidad de su reputación, lo trató con una actitud mucho más amigable mientras le estrechaba la mano.
Para Shorty, la relación entre Subaru y Beatrice, quien no soltaba su mano, era completamente incomprensible.
—Bueno, me excited mucho cuando supe que alguien quería hacernos una entrevista. Al ęn y al cabo, la estrategia de image... y las relaciones públicas pueden marcar la diferencia entre ganar o perder en una campaña electoral.
—¿Excited...? ¿Image...?
—Oh, esas son solo palabras que Natsuki-san usa a veces. Podrías llamarlo "lenguaje Subaru". Aunque él dice que es su idioma natal, en realidad es...
—Bueno, me reęero a mis pensamientos y sentimientos. Pueden ignorarlo si quieren.
Subaru respondió con una risa, mostrando una actitud muy positiva hacia la entrevista. OĴo, el oęcial de asuntos internos, parecía estar de acuerdo, sin mostrar hostilidad hacia Shorty y Lululara.
—Pero no esperaba que nos recibieran... algunas de las personas más importantes.
—De hecho, la propia Emilia-tan quería venir, pero el resto del campamento se lo impidió. Pensaron que su aparición repentina los asustaría.
—Fuiste tú, ¿verdad?
Para Shorty, el hecho de que Subaru, un caballero de los candidatos a la Selección Real, viniera a recibirlos ya era sorprendente. Pero enterarse de que podría haber sido peor lo dejó sin palabras.
—Oh, todavía están asustados. Emilia-tan no da miedo en absoluto.
—Aun así, es naturaleza humana inclinarse ante la autoridad y el estatus, supongo. Tanto Subaru como Emilia aún carecen de esa mentalidad.
—En eso estoy de acuerdo. Espero que esta vez aprendan la lección.
OĴo se frotó la frente con los dedos y murmuró con resignación.
Además de lo dicho por OĴo, las palabras y acciones de Subaru y Beatrice también eran dignas de mención. Era comprensible que OĴo lo señalara, siendo parte del campamento, pero...
—En los ojos de ustedes tres, ¿qué clase de persona es Emilia-sama?
La pregunta era, en cierto modo, algo insensible. Rozaba un tema demasiado íntimo como para lanzarlo casualmente en medio del recorrido hacia la mansión.
―…
Contuvo la respiración, esperando una respuesta severa de los tres, tal como anticipaba.
――Bueno, es un ángel. Tierna, trabajadora... un ángel, sin más.
—¿Eh?
Sin embargo, tras un momento de reĚexión, la respuesta de Subaru fue esa.
—Subaru... El pequeño reportero está pasmado, supongo. No está preguntando lo que tú crees.
—No, yo pensé que eso era lo que quería saber. Entonces, ¿qué dirías tú, Beako?
—Es obvio, supongo. Emilia es una tonta con optimismo sin fondo.
—¿No crees que en la mente de Beako, Emilia-tan es un poco… demasiado despistada?
Beatrice tiró de la manga de Subaru, mostrando una opinión que tampoco coincidía con la imagen pública de Emilia. Shorty se sintió confundido por este punto, mientras OĴo se rascó la mejilla con un dedo y un "ah" de resignación.
—Entiendo el propósito de tu pregunta, Shorty-san. En general, soy consciente de cómo el público percibe a Emilia-sama.
—¡Hee! Por favor, no se enoje.
—¡No estoy enojado! ¡En ęn! Muchas de esas percepciones son simplemente falsas. Esta es una oportunidad para demostrarlo.
Aunque no tan entusiasta como Subaru, OĴo compartía sus expectativas sobre la entrevista. Subaru asintió con la cabeza y dijo: "Exacto".
—Tenemos que mejorar su imagen para que la gente conozca a la verdadera Emilia- tan. Así que, por favor, escribe un buen artículo, Shorty-san.
—¡Yo... yo solo reportaré lo que vea con mis propios ojos y escuche con mis propios oídos! ¡Incluso si el oęcial de asuntos internos me amenaza, no me doblegaré...!
—¡No voy a amenazarte! Ugh... Me pregunto cómo quedará mi reputación cuando termine la Selección Real.
—No pierdas el tiempo pensando en cosas tan inútiles, supongo.
Beatrice le explicó la impermanencia del mundo a OĴo, quien se lamentaba.
Mientras observaba estos intercambios, Shorty percibió algo con claridad en los tres: todos tenían una impresión favorable de Emilia y estaban disgustados con su situación actual.
Era una rebelión contra el entorno que rodeaba a aquella semielfa de cabello plateado y ojos amatista.
Si su enojo estaba justięcado――
—...La verdadera Emilia-sama.
La diferencia entre los rumores y la realidad jamás le había quedado tan clara a Shorty como en este proyecto.
Con Crusch, Anastasia, Priscilla y Felt, las impresiones habían variado radicalmente. ¿Podría ocurrir lo mismo con Emilia?
Cuanto más lo pensaba, más se mezclaban la ansiedad y la anticipación en su pecho――
—No puedo esperar para conocerla en persona.
—…Q-¿Qué? Me asustaste.
El murmullo de Shorty, con los puños apretados, solo llegó a Lululara, quien lo conocía desde hace años. ¿Qué vio ella en sus palabras?
En cuanto comenzó a mover su pincel, no hubo duda: su interés estaba capturado.
Así, siguiendo a Subaru y los demás, Shorty y Lululara se dirigieron a la mansión del Margrave, donde Emilia los esperaba.
Sin embargo, en el camino...
―Ooh? Idiotas, ¿s’ equivocaron d’ lugar, no?
De pronto, una voz salvaje resonó, y una ęgura sombría emergió del pastizal con ferocidad.
Era un individuo de cabello dorado y colmillos aęlados al descubierto. Shorty abrió los ojos desmesuradamente y atinó a decir: "¿Eh?".
—¡Whoa, un bandido!
—Esto es terrible... El ęn del mundo, supongo...
—¿Qué? ¿En un camino cerca de una ciudad tan grande?
――Shorty se quedó momentáneamente sin palabras ante la situación, mientras Subaru y Beatrice, pálidos, se abrazaron y se desplomaron en el acto.
Al ver sus reacciones, el bandido rubio resopló, de buen humor, y dijo: "Heh".
—Bueno, parece qu’ entiend’n cómo va ‘sto. Si no quier’n salir lastimados, tendrán que portars’ bien y darm’ lo qu’ quiero.
—¡Heeii! ¡Por favor, perdone nuestras vidas, perdone nuestras vidas…!
Mientras observaba con crueldad a un tembloroso Subaru y los demás, el bandido se lamió los labios. Shorty, protegiendo rápidamente a Lululara detrás de sí, buscó la ayuda de OĴo con la mirada.
Fue entonces que...
――Basta ya, granuja.
El aire a su alrededor pareció cortarse con el sonido inesperado de una voz cristalina como campanas de plata.
Los ojos de Shorty se abrieron desmesuradamente al intentar entender qué ocurría, mientras el bandido se giró con un gruñido de "¿Ooh?". Entonces, entre el crujir de las ramas, una nueva ęgura apareció.
Una joven de resplandeciente cabello plateado, ojos amatista como joyas y una belleza inolvidable. Shorty olvidó respirar al verla.
Bajo la mirada de todos, la chica señaló al bandido con autoridad.
—No voy a permitir más fechorías. Aléjate de Subaru y los demás.
—¡Ja! No m’ digas qu’ hacer, ¿quién diablos er’s? ……¡No puede s’r!
—S-sí, exacto, no, umm. Yo soy… yo soy…
—―?
El arrojo inicial de la chica se desvaneció frente al bandido, quien se preparaba para atacar. Se quedó petrięcada en su pose de señalar, frunciendo sus cejas perfectas.
Entonces, se acercó sigilosamente a Subaru.
—…Subaru, Subaru, ¿cuál era la siguiente parte?
—…Es "Emilia, la siguiente candidata al trono del Reino de Lugunica". Emilia-tan.
—…Ah, cierto. Sí, correcto. Umm.
Tras intercambiar esos murmullos con Subaru (quien seguía desplomado en el suelo), la chica volvió a su posición original como si nada, tosió levemente y continuó:
—¡Yo soy Emilia, candidata al trono de Lugunica! ¡En nombre de la luna, castigaré tu maldad!5
—¡AH, Aaaah! ¡Mierd’! ¡Es Emilia-sama, una candidat’ a la Selección Real! ¡Esto s’ acabó!
Al escuchar sus palabras, el bandido se postró de inmediato en el suelo. Al ver esto, la chica asintió satisfecha y miró a Shorty y los demás, quienes seguían atónitos.
5 Referencia a Sailor Moon.
—Bueno, problema resuelto. ¿Alguno de ustedes está herido?
La sonriente chica —no, si sus palabras eran ciertas, no había duda de su verdadera identidad. Sobre todo, su apariencia distintiva lo conęrmaba.
—¿E-Emilia-sama…?
――! Sí, exacto. Yo… casualmente pasaba por aquí muuuy cerca…
La chica —Emilia— respondió inĚando el pecho. Sin embargo, justo después, se agachó súbitamente llevándose las manos al estómago con un "ugh".
Subaru corrió hacia ella al instante, gritando:
—¡Emilia-tan! ¿Qué pasa, estás bien?
—N-no, estoy bien. Es solo que… me dolió el estómago de repente cuando mentí…
—Esto… es claramente porque la obligaste a hacer algo para lo que no está preparada, supongo. Subaru, basta ya…
—¡No te rindas, tonta! Hemos llegado hasta aquí. Hay que terminarlo…
Subaru y Beatrice entraban en pánico alrededor de Emilia. Shorty se preguntaba seriamente cómo debía reaccionar, ya que todo había sido escuchado claramente.
Pero la mejor solución a su dilema llegó de la mano de――
—¡No, no hay nada bueno en este desastre! ¡Esto es una farsa!
Era OĴo Suwen, quien no pudo resistirse a gritar. Se acercó rápidamente a Subaru, ante el asombro de todos los presentes.
—¡Natsuki-san! ¡Pensé que habías rechazado este plan! ¿Por qué insistes en continuarlo?
—¡Era demasiado bueno para descartarlo! ¡Que Emilia-tan nos rescate con estilo después de enredarnos con unos matones! ¡Es una recreación de cómo Emilia y yo nos conocimos!
—Oye, Subaru… No recuerdo haberte salvado así…
—¡Es Emilia-sama quien terminó afectada! ¿Podrías dejar de hablar de tus fantasías?
—Es cierto que conocer a Emilia-tan fue un sueño hecho realidad, pero eso no fue un sueño.
OĴo agarró a Subaru por el cuello y lo sacudió, mientras Emilia intervenía a su lado.
Mientras Shorty seguía aturdido, una cosa quedó clara: el carácter de Emilia coincidía exactamente con lo que Subaru y los demás le habían descrito antes de la reunión.
—¡Los dos, dejen de pelear! ¡OĴo-kun, Subaru lo pensó mucho, así que no te enojes tanto con él!
Mientras OĴo sacudía a Subaru de un lado a otro, Emilia le gritaba con sinceridad. De su actitud no emanaba ni rastro de la fría y cruel encarnación de una Bruja.
Más bien, daba la impresión de una chica común, arrastrada por los acontecimientos.
—Oy’, Beatrice… ¿seguro que est’ no fu’ un error?
—No hace falta decirlo, supongo. Desde el principio fue una idea tonta hacer que Emilia mintiera. Como era de esperar, el plan es un desastre, supongo.
—Maldici’n, ¿o sea qu’ est’ fue un "Gazzorena sobreactuado"?
El bandido —o más bien, el joven que interpretaba el papel de bandido— levantó la cabeza, se rascó su cabello rubio y refunfuñó. A su lado, Beatrice cruzó sus pequeños brazos y suspiró.
—E-em… ¿Todos ustedes son del mismo campamento, verdad?
—Ya no ti’ne s’ntido ocultarlo, ¿eh? Así ‘s. Este asombroso yo es Garęel Tinsel, "El Escudo Más Fuerte". Para que qued’ claro: no soy un bandido.
El joven —Garęel— hizo chasquear sus aęlados colmillos y anunció su nombre con orgullo.
Su actuación como matón había sido convincente, pero como irradiaba un espíritu extraordinario, Shorty se sintió aliviado al conęrmar que su primera impresión no estaba equivocada.
En cualquier caso, todo esto era parte del plan de Emilia y los demás para causar una gran impresión――
—…Farsa.
—¡Shh! ¡Shh, Lululara! ¡Yo también lo pensé, pero me contuve!
Shorty miró a Lululara, alarmado por su franqueza, y luego volvió la vista hacia Emilia y los demás, quienes acababan de resolver su discusión.
Subaru, con la ropa desaliñada, había sido arrojado al suelo, donde Emilia lo recibió en su regazo. Con esa escena de fondo, OĴo lanzó una mirada lateral y luego se inclinó ante Shorty, ajustándose el sombrero.
—Bueno… lamento que hayas tenido que presenciar algo tan bochornoso. En cuanto a esto…
—¡No! Digo… ¡no vi nada! …Bueno, no puedo decir eso. Creo que debo responder de alguna manera…
—Es cierto. Lo único que puedo decir es que lamento la confusión que te haya causado.
Por enésima vez ese día, OĴo se lamentó profundamente mientras se frotaba la frente con los dedos.
Aunque llevaban poco tiempo de conocerse, Shorty ya podía intuir cuál era el papel de OĴo en este campamento. Es probable que los diversos rumores épicos que circulaban sobre él se hubieran difundido mientras defendía a quienes lo rodeaban.
—Aun así, es cierto que la mayoría de los prófugos y bandidos fueron aplastados…
—OĴo-nii, el Capit’n y Emilia-sama ya s’ disculparon, ¿no es hora d’ dejar d’ quejarse?
—Eso es egoísta… Para empezar, Garęel, tú y todos los que participaron en esto recibirán un sermón de mi parte después.
—¡Gah! Hablar d’ esto ‘s como provocar a una serpient’.
Garęel apretó los dientes, arrepentido por su error. Sus palabras sugerían que OĴo ejercía un rol de guía y consejero en el campamento.
Mientras Shorty consolidaba estas impresiones, aún faltaba por deęnir la más importante: la de――
—Umm, lamento todo el lío. Nadie tuvo malas intenciones…
—Eh, s-sí. Creo que lo entiendo.
—¿En serio? Me alegra mucho. Reaaalmente me quito un peso de encima.
Fue Emilia, quien sonrió y se palpó el pecho como si acabara de liberarse de una gran preocupación.
Hacía apenas unos minutos, Shorty había decidido que quería conocerla y hablar con ella en persona. Ahora, su mente se revolvía ante la realidad frente a sus ojos.
¿Dónde estaba la Bruja reencarnada en la era moderna, aquella que congeló los bosques de su tierra natal y trajo nieve al territorio Mathers por capricho? ¿Qué quedaba de la mujer con semejante reputación?
—Es exactamente cómo te dijeron antes… Una tonta sin fondo, supongo.
Beatrice, que se había acercado a Shorty, lo dijo con un mohín en los labios.
En su opinión actual, faltaban más piezas del rompecabezas que en evaluaciones previas, pero Shorty tampoco podía refutarlo.
――?
Emilia inclinó la cabeza con curiosidad, a pesar de ser el tema de conversación. Esto ocurría, sobre todo, porque Shorty estaba inmerso en la atmósfera despreocupada que ella irradiaba.
12
—Estimado invitado, por favor no se equivoque. Respecto a esa pequeña farsa, Ram y los demás les dijeron que no lo hicieran. Así que la responsabilidad recae enteramente en Emilia-sama y Barusu.
La mujer que sirvió el té era una doncella, quien les habló con un tono terriblemente frío.
Shorty y Lululara fueron conducidos nuevamente a la mansión donde se alojaba Emilia después de que terminara la farsa en el camino. Al ser recibidos en el salón, una doncella de cabello rosa les sirvió el té.
Las primeras palabras de la doncella fueron para Shorty y Lululara, sin siquiera un saludo de por medio.
Shorty se sintió tan intimidado que no pudo responderle, y el hecho de que el pincel de Lululara no dejara de retratarla era prueba de que no era una simple sirvienta de la mansión.
—Era una doncella muy perspicaz… Hasta pensé que ella se parecía más a una Bruja que la propia Emilia-sama, por ese tono de voz.
—…Lo dibujé.
—Ah, ¿ya lo dibujaste? Eres increíble, qué rápida… y qué intimidante.
El retrato de la doncella, que ya había salido de la habitación, capturaba no solo la pulcritud de su apariencia, sino también esa opresiva presencia imposible de describir con palabras. Aunque probablemente no se usaría como ilustración para el periódico esta vez, era una obra de pura calidad que valía la pena preservar.
Mientras Shorty y Lululara disfrutaban de la hospitalidad…
—Lamento haberlos hecho esperar. Subaru tuvo que cambiarse de ropa.
Emilia apareció en el salón. Detrás de ella venía Subaru, ahora con ropa limpia, y Beatrice, tomada de su mano.
Era la combinación ideal, una candidata a la Selección Real y su caballero, uno al lado del otro.
—Pero, Beatrice-sama es…
—Sí, BeĴy y Subaru son uno solo. Nuestra relación es especial, imposible de romper, supongo.
—En realidad, sí. Sin bromas, si me alejo demasiado de Beako, estallaré y moriré. Ah, y por favor no lo publiquen. Podría ser mi…
—Oh, ya entiendo… mejor no hablemos de eso.
Beatrice se acomodó de inmediato en el regazo de Subaru en el sofá. Emilia, sentada junto a Subaru, no dijo nada al respecto, como si fuera algo completamente normal.
Shorty, por su parte, actuó como si no fuera nada fuera de lo común. Aunque el tono de Subaru era ligero, resultaba obvio que no mentía ni bromeaba.
Shorty lo aceptó. Con el escenario listo, inclinó la cabeza nuevamente ante Emilia y los demás.
—Una vez más, gracias por concedernos esta entrevista. Ya hemos hablado con los demás candidatos de la Selección Real y hemos recabado sus posturas…
—Sí, me enteré. Eso signięca que somos los últimos, ¿verdad?
—Sí. No quiero que haya malentendidos, no tuve motivos ocultos para el orden de las entrevistas――
Las palabras de Shorty se interrumpieron mientras intentaba explicar la situación.
Y fue porque quedó pasmado ante la escena frente a él.
―Antes que nada, gracias por venir a escuchar lo que tengo que decir. También estoy feliz de hablar con alguien que está dispuesto a escucharme adecuadamente, así que… gracias.
―…
Dicho esto, Emilia, sentada frente a él, se inclinó profundamente.
A su lado, Subaru, en lugar de reprenderla, hizo lo mismo.
Los demás candidatos a la Selección Real habían aceptado la entrevista de Shorty con relativa amabilidad y gracia. Sin embargo, esta era la primera vez que alguien se inclinaba ante ellos con gratitud.
Esto no solo hablaba de la modestia y cortesía de Emilia, sino que también reĚejaba sus difíciles circunstancias y las profundas nociones preconcebidas que existían sobre su situación.
De esta manera, conseguir entrevistas honestas era algo excepcional para Emilia.
—Emilia-sama…
—¿Sí? ¿Qué ocurre?
—Emilia-sama… ¿Por qué decidió unirse a la Selección Real?
La pregunta le salió de la boca casi sin pensarlo.
Quizás había sido demasiado directo e incluso grosero, especialmente después de que Emilia los hubiera recibido con tanta cortesía.
La intención detrás de la pregunta de Shorty era obvia sin necesidad de explicarla. ――La situación de Emilia, como semielfa, era terrible.
Aunque fuera una candidata a la Selección Real, cualquiera que la viera sabía que estaba destinada a la derrota. De hecho, incluso para una entrevista con un joven reportero sin experiencia, ella había tenido que inclinarse con humildad.
Las probabilidades eran casi nulas. Entonces, ¿por qué había aceptado el desafío? La pregunta de Shorty seguramente revelaría sus verdaderas intenciones.
Sin embargo――
―Al principio, no lo pensé mucho.
Emilia respondió, sin enojo e incluso con una sonrisa.
Ante un Shorty que contuvo la respiración, Emilia colocó suavemente una mano sobre su pecho y entornó sus ojos amatista, como si estuviera recordando ese "principio" que acababa de mencionar.
—Vivía en el bosque cuando Roswaal vino por mí. Fue la primera vez que escuché sobre la SelecciónReal y que el rey había desaparecido… Al principio, no sabía si podría asumir una responsabilidad tan grande. Solo lo acepté por una razón egoísta.
—¿Una razón egoísta?
—Tenía que ver con la familia. No era por el reino ni por la gente a mi alrededor.
Sacó un poco la lengua, como avergonzada. Su respuesta, demasiado honesta, claramente perjudicaría sus posibilidades en la SelecciónReal si alguien más la escuchara.
Ya había suęcientes cosas por las que criticarla.
Pero eso sería una forma miope de ver las cosas. Su tono de voz en ese momento iba más allá.
—En otras palabras… ¿ahora piensa distinto?
—Sí… Subaru y Beatrice, a mi lado, así como Ram, OĴo-kun, Garęel, Frederica, Petra-chan, Ryuzu-san y Roswaal. Son personas que esperan que sea fuerte y me empujan hacia adelante, incluso cuando soy insegura.
Mientras respondía, Emilia deslizó sus dedos sobre su pecho. Solo entonces Shorty notó que lo que tocaba era una piedra cristalina que colgaba de su cuello.
La piedra estaba agrietada y había perdido su brillo. Acariciándola con cariño, continuó:
—Todos han sido buenos conmigo. He aprendido mucho a mi manera y sé que es una posición difícil, como tú, Shorty-kun, y los demás se preocupan. Pero…
―…
—Pero no quiero rendirme. Quiero esforzarme para que la gente pueda ver exactamente cómo nací, cómo crecí y en qué creo.
―…
—No quiero que a alguien más le digan lo que puede o no hacer, o lo que no puede ser, por mi culpa o por la de cualquier otra persona. Eso es lo que pienso ahora.
Sus ojos amatista miraron directamente a Shorty mientras pronunciaba estas palabras con determinación, aunque con cierta torpeza al expresarse. Esa ęrmeza resonó profundamente en la mente de Shorty, quien, al mismo tiempo, sintió vergüenza por sus propios prejuicios.
A pesar de esforzarse por ser imparcial y de mente abierta, Shorty seguía atrapado en su pensamiento rígido.
Emilia, como semielfa de cabello plateado y ojos amatista, sin duda había enfrentado más prejuicios, nociones preconcebidas y obstáculos de los que Shorty podía imaginar. Sin embargo, ella no se lamentaba innecesariamente de su situación, sino que la explicaba con sencillez.
Esa explicación sencilla era su razón para seguir adelante: luchar del lado de quienes sufren discriminación injusta y comparten su destino.
Hay muchas formas en que las personas pueden categorizar y menospreciar a otras.
No es necesario compartir las características de la "Bruja de la Envidia", que una vez casi destruyó el mundo. Aquellos nacidos en zonas marginales, con padres criminales o simplemente en la pobreza pueden ser fácilmente etiquetados como "débiles".
Y la gente puede ser sorprendentemente cruel con los "débiles".
Shorty, quien creció en los barrios bajos, lo sabía demasiado bien.
—Entonces, Emilia-sama, ¿está diciendo que nos salvaría?
Fue una pregunta impropia de parte de Shorty, en representación de los "débiles". Hasta hace un momento, él no tenía relación alguna con los esfuerzos de Emilia en la Selección Real, pero ahora, sin pudor, intentaba ser el primero en alzarse bajo la bandera de salvación que ella sostenía.
¿Y si Emilia hubiera aęrmado rotundamente su apoyo?
Pero en este caso era imposible saber la respuesta, porque――
—Pero como no puedo prometer que salvaré a alguien, no puedo prometer algo tan grande.
―…
—Si dos personas desean algo, sería bueno que pudieran compartirlo, pero si no es posible, solo una podrá tenerlo, ¿verdad? No puedo ayudarlas a ambas.
—Entonces, ¿cómo se supone que seremos salvados?
—Eh… deęnitivamente no puedo ayudarte. Pero me parece extraño que digas que quieres ayuda cuando no puedes involucrarte en la competencia. Así que no dejaré que eso pase.
―…
—Sí, tienes razón. Dejemos las posibilidades abiertas. Para todos, de manera justa.
Asintió, como si conęrmara las palabras desesperadas de Shorty. Una vez que ordenó sus pensamientos y los expresó en voz alta, no intentó retractarse, sino que dio una respuesta directa a su pregunta.
Shorty, en respuesta, reescribió silenciosamente su impresión sobre Emilia una vez más.
Y junto a Emilia, que asentía con la cabeza――
—E-Emilia-tan, lo estás haciendo genial…
—¡Naah! ¡Subaru! ¡No seques tus lágrimas con el vestido de BeĴy, supongo!
—No son lágrimas, idiota, es moco… ¡Dah!
—¡Eso es aún peor, supongo!
Beatrice le dio un cabezazo a Subaru, quien se había limpiado los ojos y la nariz con su vestido.
El caballero de Emilia y su acompañante arruinaron el momento, pero quizás fue para bien. Después de escuchar a Emilia, Shorty quería saber algo más.
—Natsuki Subaru-dono, ¿por qué se convirtió en el caballero de Emilia-sama? ¿Es porque comparte sus creencias actuales?
—¿Yo? …Si miro atrás, todo empezó por un motivo egoísta.


—¿M-motivo egoísta...?
Subaru respondió alzando un dedo, sin rastro de arrepentimiento. Shorty abrió los ojos por la respuesta inesperada, mientras Beatrice negaba con la cabeza.
Pero Beatrice ni siquiera lo corrigió o calló.
—La vi a Emilia-tan en la calle y me enamoré perdidamente. Luego corrí con todo mi corazón para ayudarla.
—¿Y así llegó a su posición actual? P-pero, Subaru-dono, ¡usted derrotó a la Ballena Blanca y a Pereza!
—Eso también fue parte de intentar verme genial ante la chica que me gusta.
Subaru se rascó la mejilla con un dedo y sonrió con timidez. No había engaño en sus palabras, ni tampoco broma. En otras palabras, la razón por la que Subaru se convirtió en caballero y logró hazañas históricas una y otra vez era simplemente que se había enamorado de Emilia――
—¿No le sorprendió para nada la apariencia de Emilia?
—No, me sorprendió lo linda que era. Todavía me sorprende cuando la veo por las mañanas o cuando no estoy mentalmente preparado.
—Ay, otra vez con tus bromas...
Emilia estiró la mano y le tiró levemente de la oreja a Subaru, cuyos "¡au, au!" de ęngido dolor hicieron que sus mejillas se sonrosaran ligeramente.
—Eso sí que es una broma, por favor no lo escribas en el artículo. Subaru, siempre te dejas llevar.
—Creo que debería escribirse para ahuyentar rivales amorosos... No, pero esta vez el objetivo es mejorar la imagen de Emilia-tan, ¿no es bueno que coquetee conmigo?
—No estoy coqueteando. Además, no creo haberte salvado, Subaru...
—Si entro en detalles sobre eso, mi corazón crujirá...
Emilia frunció los labios mientras Subaru se defendía con la oreja aún estirada. Beatrice, sentada en su regazo, observaba el intercambio con exasperación.
En contraste con la atmósfera envenenada por el afecto, Shorty se sintió abrumado por una sacudida de realidad. Al mismo tiempo, apretó los puños con frustración.
Por un lado, se alegraba de escuchar la historia de Emilia aquí y ahora, pero también pensó:
――¿Por qué era él quien estaba aquí?
―…
Emilia había hablado con sinceridad sobre sus intenciones, y sus palabras ciertamente habían tocado el corazón de Shorty. Sin exagerar, podía asentir y decir que era una determinación, un pensamiento y una convicción maravillosos.
Sin embargo, esta impresión solo la sentía Shorty, quien había hablado directamente con Emilia y experimentado su voz y mirada en carne propia.
Era una tarea extraordinaria transmitir lo mismo a los lectores del Periódico del Reino Dragón.
Y no era culpa de Emilia, sino de la habilidad insuęciente de Shorty.
Si su escritura fuera tan buena que pudiera plasmar lo que veían sus ojos en quienes leyeran sus artículos, no sufriría esta agonía.
Lamentablemente, el talento actual de Shorty no alcanzaba. Quizás alguien como el jefe editor Morgan, en sus días activos, hubiera podido lograrlo.
Por sus propias limitaciones, no podía comunicar la información correctamente. Esta era la situación más temible para un reportero. La situación que deęniría el futuro de un periodista.
Entonces, ¿qué podía hacer Shorty Megan?
Consciente de sus propias deęciencias, el reportero del Periódico del Reino Dragón, aún tenía la verdad que necesitaba transmitir ante sus ojos.
¿Qué haría――?
――Ah.
En un momento crucial de su vida, Shorty miró a Lululara, quien a su lado se entregaba por completo a su pincel, como buscando salvación.
Como siempre, Lululara continuaba pintando las ilustraciones para el periódico sin prestar atención a su reportaje. Era su forma de trabajar, y Shorty no esperaba apoyo o consuelo de ella.
Pero Lululara era seria. Seguía enfrentándose a la escena frente a ella, manteniendo su pincel en movimiento.
Shorty tragó saliva al observar aquella vívida ilustración periodística.
Entonces, por impulso, arrebató el cuaderno de dibujo del regazo de Lululara.
—…¡Hk!
—¡Perdón, Lululara! ¡Déjame ver!
Lululara quedó paralizada, como si le hubieran arrancado la mitad de su cuerpo. Mientras ella se llevaba las manos a la cabeza, furiosa, Shorty revisó las decenas de dibujos creados desde que comenzó la entrevista —o más bien, desde que conoció a Subaru y los demás en la estación—.
Al mirar cada una de las imágenes, murmuró: "Sí, lo sabía".
—Esta expresión en el rostro de Emilia-sama…
Tomó una de las ilustraciones y asintió, con los ojos entrecerrados. Luego, de pronto, se giró hacia Lululara —quien aún intentaba recuperar sus herramientas— y abrazó su pequeño cuerpo frente a él.
—…¿Por qué?
—¡Lululara, gracias, gracias! ¡Gracias a ti! ¡Gracias a ti he visto la luz! ¡Yo solo no sirvo para nada! ¡Sin ti, sería completamente inútil!
Shorty agradeció a Lululara, cuyos ojos se quedaron helados de sorpresa.
Gracias a ella, había tenido una epifanía. Aunque aún maldecía su propia ineptitud, bendecía el cielo por tener a Lululara como compañera.
Shorty Megan ęnalmente había descubierto lo que debía hacer como reportero.
—¡Emilia-sama, Subaru-dono! Por favor, ¡cuéntenme mucho sobre ustedes dos! …¡No, no solo de ustedes, sino de todos!
—¿Quieres saber de nosotros? ¿No de la Selección Real?
Tanto Subaru como Beatrice, sentada en su regazo, inclinaron la cabeza al unísono. Shorty no pudo evitar sonreír ante sus rostros confundidos. Asintió con vigor.
Shorty había comprendido los ideales y convicciones por los que luchaba Emilia.
Ahora solo necesitaba asegurarse de que los demás también lo entendieran――
―¡Primero que nada, déjenme enamorarme de todos ustedes!
13
―¡Shorty! ¡Shorty! ¿Está Shorty Megan aquí?
Una voz estruendosa y pasos pesados resonaron antes de que la puerta de la oęcina se abriera violentamente.
Al instante, los documentos en la habitación volaron por el aire, y Shorty, quien había estado sumergido en ellos, se levantó de un salto. Miró alrededor y alzó la vista para ver a una ęgura alta y de nariz aguileña en la entrada.
—¡Uah, jefe editor Morgan! ¡Sí! ¡Sí, sí, sí! ¡Shorty Megan, presente! ¡Estoy aquí, estoy despierto!
—¡Correcto, soy Morgan Franĵ, jefe editor del Periódico del Reino Dragón! ¡Y tú, idiota! ¡Claro que estás despierto! ¡Ya sonó la campana de inicio! ¡Estamos trabajando!
—¡Uhh, disculpas!
Debido a la diferencia de altura, Shorty gritó hacia arriba, sujetando su gorra. Mentalmente, intentó ahuyentar el sueño y organizar el trabajo del día――
—¿Eh? ¡Mis disculpas! ¡Estaba recordando mi asignación de hoy!
—¿Qué te pasa, Shorty? ¿No sabes lo que tienes que hacer?
—¡Lo siento! Eh, ¿qué se suponía que debía cubrir hoy?
—¡Idiota! ¡Tu trabajo hoy es descansar! Después de un gran reportaje, necesitas recuperarte. Porque...
Morgan le acercó algo a la cara mientras Shorty ponía ojos de pez. Su nariz fue empujada bruscamente, haciendo que cayera hacia atrás, y entonces algo apareció en su campo visual.
—Esto, esto, esto, esto es...
—¡Por supuesto que es una copia del Periódico del Reino Dragón! ¡Y más importante, es un artículo! ¿Qué hay en él?
—¡Mi reportaje sobre la Selección Real!
Arrebatando rápidamente el periódico de las manos de Morgan, ――los ojos de Shorty brillaron, jadeó y cayó de rodillas.
—¡Has estado ocupado, Shorty Megan!
—Porque, porque, porque... ¡Por ęn, por ęn, por ęn mi artículo está...!
—¡Bueno, no te derrumbes! ¡Shorty Megan! ¡El lema del Dragon Periódico del Reino Dragón...!
―¡No se publicará a menos que sea un artículo que haga temblar tu corazón!
Shorty respondió por reĚejo condicionado a las palabras de Morgan, de nariz aguileña y rostro enrojecido. Incluso se puso ęrme, enderezando la espalda.
Morgan, satisfecho con la reacción, se acarició la nariz y asintió con aprobación.
―Fue un buen artículo.
—Oh...
—Aunque aborda las posturas de cada candidata a la Selección Real, se enfoca en sus personalidades, algo nunca explorado a profundidad. Puede que no satisfaga a quienes buscan un análisis minucioso del evento, pero...
Se interrumpió y dio una palmada fuerte en el hombro a Shorty, quien seguía congelado.
—¡Incluso esos lectores quedarán impactados por la última frase! "Próximamente: más sobre las candidatas a la Selección Real"... ¿Así que piensas continuar?
—¡S-sí, ese es el plan! Bueno, quiero decir, con su permiso, jefe... ¡Hkya!
—¡Idiota! ¡No seas tan indeciso! ¿Quién podría detenerte ahora?
El pequeño cuerpo de Shorty fue lanzado fácilmente hacia atrás por la palmada de Morgan, hundiéndose en una pila de documentos. Pero Morgan, demasiado eufórico, ni siquiera pestañeó.
—¡Bien hecho, Shorty! ¡Te has ganado tu lugar en la mesa! De hecho, he recibido cartas de agradecimiento de las candidatas a la Selección Real. ¡Te dejo a cargo de seguir entrevistando a estas damas!
—Oh, gracias… Pero, jefe, esta entrevista es…
—Mmm… Sí, sé a qué te reęeres. ¡Te lo dejo a ti y a Lululara!
Tras corregir su declaración anterior, Morgan clavó el artículo en la pared de la oęcina con un gesto contundente. Echó otro vistazo al reportaje y luego dirigió su mirada a una esquina de la habitación.
—Buenas ilustraciones periodísticas. ¡Sabía que no me equivoqué al reclutarlos!
Dicho esto, el jefe editor Morgan abandonó la habitación, sus pasos resonando con fuerza.
Era un hombre de personalidad arrolladora como una tormenta, verdaderamente digno de liderar un grupo de reporteros.
—Vaya, no tengo nada que hacer contra él… Oh, Lululara, gracias.
—…Bien hecho.
Lululara luchó por sacar a Shorty de la pila de papeles, lográndolo al ęnal. Una vez libres, ambos miraron hacia el artículo en la pared.
―El reportaje de Shorty sobre lo que observó y escuchó durante sus visitas a las cinco candidatas a la Selección Real. Incluía una selección de las ilustraciones de Lululara:
―Crusch con una sonrisa serena.
―Anastasia y Priscilla una al lado de la otra.
―Felt junto al "Santo de la Espada", una obra ambiciosa.
Pero el favorito de Shorty era――
—…Tuvo buena respuesta.
—Mmm, ya veo. Sí, supongo que sí. Me alegra.
Shorty sonrió con orgullo ante las palabras de Lululara mientras se alineaban junto al artículo.
La ilustración que recibió la mayor reacción fue un retrato grupal de Emilia, Subaru y todos los miembros de su campamento reunidos.
Shorty no podía juzgar el valor artístico de la pintura, pero sabía que era una obra maestra invaluable. Así de poderosa era.
—…¿Y esto?
—Eso fue porque no fui lo suęcientemente bueno.
――?
—Mi habilidad para escribir no fue suęciente para transmitir la determinación, la convicción y todo lo que Emilia-sama quería decir. Había demasiados obstáculos en la mente de los lectores para aceptarlo.
Preconcepciones, prejuicios y muchas otras cosas que han afectado a Emilia hasta ahora también inĚuyeron negativamente incluso en los escritos que hablaban de ella.
Lamentablemente, la pluma de Shorty no tenía el poder necesario para disipar eso.
Entonces, Shorty pensó: ――¿Cómo eliminar esos obstáculos?
—Esa farsa fue realmente mala. Pero logré quitarme eso de encima.
—…La farsa.
—Me lo tomé en serio. Pensé que ese era el punto de partida… que Emilia-sama era alguien completamente distinto a la "Bruja de la Envidia".
―…
El prejuicio de Shorty contra Emilia, al compararla con la "Bruja de la Envidia", se rompió por primera vez con aquella torpe farsa en el camino.
El campamento había ideado ese plan mal concebido para disipar las nociones preconcebidas sobre Emilia―― pero ese era justo el punto.
Emilia toma estas cosas muy en serio. Es la Emilia directa y honesta quien necesita ser conocida por los muchos habitantes del Reino que aún no están involucrados con la Selección Real.
Emilia, buscando equidad, no abraza ni aęrma completamente sus propias declaraciones.
Los prejuicios y preconcepciones, aunque a veces útiles, deben valorarse tanto por no nublar el juicio como por no dejarse engañar por ellos.
Por eso, Shorty no tomó completamente el lado de Emilia. Sin embargo, su respuesta periodística fue apelar a su imparcialidad, señalando que sus argumentos también merecían ser escuchados.
Para lograrlo, el primer paso era asegurarse de que Emilia fuera alguien distinto a la "Bruja de la Envidia".
—Así que este artículo se centró en los objetivos y personalidades de las candidatas. Por supuesto, profundizaré más en las próximas coberturas.
—…¿Lo harás?
—Sí, así es. ¿No te alegra, Lululara? Tienes a todos estos personajes como buenos temas para tus ilustraciones.
Shorty se encogió de hombros, y Lululara guardó silencio con expresión inexpresiva. Aun así, Shorty sonrió al percibir un atisbo de pasión en su rostro.
Se conocían desde hacía mucho tiempo. ――Más de diez años, desde los barrios bajos.
Sin Lululara, Shorty no se habría convertido en reportero del Periódico del Reino Dragón, habría llevado una vida mucho más pobre, o quizás habría muerto hace tiempo.
Fue una pared blanca y ordinaria, pero Lululara había pintado un gran mural en ella. ――El poder de esa pintura lo cautivó, impulsándolo a asegurarse de que ella no terminara atrapada en ese lugar.
Quizás era una pasión similar a la de Subaru, quien luchaba por amor.
Así que, cuando se trata de periodismo, hay demasiadas cosas en el mundo que encienden un fuego dentro de Shorty y que serían un desperdicio si solo corriera sin rumbo. Por eso――
—Aún nos queda un largo camino, así que sigamos trabajando juntos en el futuro, Lululara.
—…No hay remedio.
—Sí, no hay remedio. Sin ti, seguiría siendo un reportero novato.
Shorty sonrió mientras Lululara dejaba caer los hombros y él se ajustaba el sombrero.
Sí, esto era solo el principio.
Afortunadamente, les resultaría fácil solicitar más entrevistas con las candidatas gracias a la buena recepción de su artículo. En particular, el campamento Emilia respondió positivamente.
Uno de los motivos principales fue que el caballero de Emilia, Subaru, reconoció el valor del Periódico del Reino Dragón.
Él estuvo muy involucrado en el artículo sobre Emilia esta vez. Esto aplica a sus muchos logros históricos, pero sobre todo――
—No pensé que habría tanta reacción por lo del "Lolimancer".6
—…Misterio.
—¿N-no crees que estén enojados conmigo, verdad?
Todos los caballeros asociados a las candidatas de la Selección Real llevan títulos acordes a sus espectaculares logros. Por eso, tras mucho pensarlo, Shorty decidió que Subaru también merecía uno apropiado.
Esto se debió en gran parte a la relación de Subaru con Beatrice ――él mismo aseguró que no podía cumplir sus deberes como caballero sin su compañía.
Así que Shorty lo bautizó como "Lolimancer", y la respuesta fue tremenda.
Quizás en el futuro, los nombres Natsuki Subaru y "Lolimancer" sean inseparables.
—¿Q-qué hago si se niegan a más entrevistas por esto…?
—…Ya es tarde.
—¡Sí, lo sé! Es un trabajo que no quiero dejar en manos de nadie ahora...
Cuanto más lo pensaba con calma, más sentía que había cometido un error, y un escalofrío le recorrió la espalda. Al ver el rostro pálido de Shorty sumido en preocupación, Lululara tomó su pincel.
Entonces, como de costumbre, comenzó a ilustrar el caos interno de Shorty.
6 El título de "Lolimancer" proviene de 童女使い, que signięca usuario de niña.
—Oye, Lululara... ¿por qué dibujas tantas imágenes mías en primer lugar? ¡Si solo pintas lo que te interesa!
—…bueno, ya sabes.
—¡No lo sé! ¡Es raro tener un montón de pinturas de mí hechas por ti!
La voz de Shorty decayó ante la actitud excéntrica de su compañera, quien inclinó la cabeza.
Mientras tanto, su pincel no se detuvo. Al ęnal, su problema inicial seguía sin resolverse.
—Entonces, ¿qué debo hacer...? ¿Debería llevarles un regalo de disculpa? Pero si no están enojados, solo causaré molestias... ¡Ay, me aterra lo que pueda pasar!
—…inténtalo.
—¡Sabes, Lululara, tú tampoco eres ajena a esto!
Lululara agitó su pequeña mano, y Shorty gritó al verlo.
Detrás de ellos, entre una pila de documentos, el reportaje escrito de Shorty permanecía desordenado y comenzó a inclinarse lentamente.
Los nombres de Shorty y Lululara quedarían grabados como los primeros en entrevistar a las candidatas de la Selección Real, un evento que involucraría no solo al Reino de Lugunica, sino también a los países vecinos durante mucho, mucho tiempo――
—¿Waaah...?
—…Kyuu.
Para ellos, aplastados por la pila de documentos que se derrumbaba y felizmente perdidos en los conęnes de la oęcina, eso era otra historia. ――Una historia para otro momento y otro lugar.
Como nota al margen: El número del Periódico del Reino Dragón que incluía este artículo se convirtió en el más vendido de todos los tiempos, y gran parte del público esperó con ansias las siguientes noticias sobre las candidatas a la Selección Real.