Identidad de la espada
IDENTIDAD DE LA ESPADA
1
—…Que la conferencia comience.
La solemne y austera proclamación resonó en el lugar de la reunión.
No era de un volumen particularmente alto, pero esa voz tenía la fuerza necesaria para romper el tenso ambiente y sacudir de forma contundente los tímpanos de las personas reunidas.
Podría describirse con otras palabras como autoconęanza y ego. Nada de ello era a medias, pero eso era de esperar.
La razón era que el dueño de dicha voz era el líder de un país, el Emperador de un Imperio que vivía bajo la ley de la supervivencia del más apto.
…El Septuagésimo Séptimo Emperador del Sacro Imperio de Vollachia, Vincent Vollachia.
Una esbelta ęgura de un hombre, con un brillante cabello negro y solemnes ojos rasgados, su complexión delgada adornada con un atuendo ornamentado sin ser excesivamente extravagante. Poseía un brilló de inteligencia en sus oscuros ojos; era alabado como un Emperador Sabio que poseía ingenio y tenía cada rincón del Imperio bajo su consideración. Bajo su reinado como Emperador, el Imperio de Vollachia había entrado en su primera era de paz desde su fundación.En el conĚictivo Imperio de Vollachia, los siete años que siguieron a su ascensión al trono fueron considerados por la población como los más pacíęcos de la historia, día tras día.
No obstante, la capacidad como estadista no era proporcional a su carácter noble. El actual Emperador, al igual que todos los Emperadores de Vollachia anteriores, era despiadado.
El hecho de que esto fuera bien sabido se podía percibir en el ambiente de la sala de reuniones.
—…
Los Generales fueron reunidos en la sala para la conferencia. Estaban a cargo del poderoso ejército de la nación de Vollachia en sus distintas formas, y sus expresiones eran severas, manteniéndose alerta en todo momento.
Los Generales lo sabían. Si mostraban un comportamiento débil delante de los demás, y mucho peor, delante del Emperador, sería fatal para ellos.
—Ahora, en la orden del día, hay un número considerable de temas a discutir.
Una voz serena siguió las palabras de Vincent, dando de alguna manera una impresión de tranquilidad en el tenso y sofocante —cual situación de vida o muerte— ambiente de la sala de reuniones.
Era una ęgura completamente blanca, desde su cabello hasta su cara y en el traje que cubría todo su cuerpo, todo en blanco.
Se había colocado una gran mesa larga en la espaciosa sala de reuniones, con el Emperador en la cabecera, y se arregló de manera que los asientos se ocuparan por orden de rango, comenzando por la posición más cercana al Emperador.
Así, la ęgura completamente blanca estaba sentada directamente al lado del Emperador, nada menos que en la posición más conęable y valiosa para él.
Chisha Gold, ese era el nombre de la alta ęgura completamente blanca, el estratega en jefe en quien el emperador Vincent Vollachia conęaba profundamente.
Chisha, que había contribuido al reinado del Emperador con su extraordinario ingenio y profundo criterio, era al mismo tiempo uno de los Nueve Generales Divinos al frente del Ejército Imperial de Vollachia. Era una de las nueve personas a las que se les había otorgado el rango más alto de General de Primera Clase en el sistema de Generales del Imperio de Vollachia.Naturalmente, a diferencia de los de Segunda y Tercera Clase —algunos de los cuales habían sido invitados a la conferencia—, todos los Generales de Primera Clase fueron convocados ante el emperador…
—Para empezar, lo primero en la orden es… lo inquietante que la reunión de Generales de Primera Clase sea la peor de todas— que Chisha fuera el primero en mencionarlo también era un asunto serio.
…Que, de hecho, las palabras de Chisha no eran falsas.
Para quien debería ser el más estimado del Imperio, los asientos alrededor de Vincent estaban llamativamente vacíos. Eso signięcaba que era una prueba de que la tasa de asistencia de los Generales de Primera Clase —de los Nueve Generales Divinos— era baja.
—¡Qué deshonra! Si nosotros, que deberíamos ser el ejemplo para los Generales de Segunda Clase, hacemos esto, ¿cómo podemos darles la cara a los demás Generales?
—Yo, puntual. Siempre.
Los dos que expresaban su descontento —uno con ferocidad y el otro de forma mecánica— eran generales de Primera Clase que ocupaban los asientos vacantes además de Chisha: Goz Ralfon y Moguro Hagane.
Goz, un soldado veterano, y Moguro, quien era conocido como un Hombre de Acero de origen único, ambos eran altamente leales al Emperador y, como Chisha, asistieron a la conferencia por costumbre.
Por tanto, solo eran tres de ellos los que ocupaban correctamente los asientos de honor de los Nueve Generales Divinos.
—¡¿Qué le pasó a Groovy, que lideraba la campaña, o mejor aún, a Sir Olbart?!— con cada ausencia Goz alzó más la voz.
—He recibido una carta de ausencia de Sir Olbart. …Bueno, déjame decirlo así: el General Goz sabe lo que hace al dejar fuera a Cecilus y Arakiya.
—Expectativas, inútiles— cuando Chisha sonrió con amargura ante eso, Moguro lo aęrmó con un sentimiento conciso.
En el Imperio de Vollachia, donde se respetaba a los fuertes, los requisitos para ser elegido como uno de los Nueve Generales Divinos eran claros y sencillos. No había nada más que ser una persona poderosa con gran destreza militar. Como resultado, comparado con otros países, el Imperio tenía una fuerza militar sin parangón, pero a medida que se ascendía en el rango, la disciplina tendía a volverse laxa.
No era de extrañar que no se esperara la asistencia de los dos: Cecilus Segmunt y Arakiya, el Primero y la Segunda de los Nueve Generales Divinos respectivamente, quienes habían quedado fuera.
En cualquier caso…
—¡La conferencia ocupa el tiempo de Su Excelencia, ¿qué es lo creen todos que…?!
—…Son los mismos chirridos y lloriqueos de siempre.
—¡Su Excelencia…!
La cara severa de Goz se enrojeció de ira al ser reprendido por el apuesto hombre en la cabecera de la mesa: el emperador Vincent Vollachia. Vincent entrecerró sus ojos rasgados mientras veía los asientos vacíos de los Nueve Generales Divinos.
—Desde el principio, no tenía expectativa en su asistencia. Incluso en un tablero de Shatranj, cada pieza se mueve a su manera. Si uno desestima eso y las mueve como le plazca, el tablero se ha de volver frenético sin tener en cuenta la intención del movimiento. Por encima de todo…
—Su Excelencia no revivió el sistema de los Nueve Generales Divinos para exigir un buen comportamiento. Así es como yo lo entiendo, por ejemplo.
—Mhm. — a mitad de sus palabras, Vincent soltó un pequeño resoplido.
El que no temía la impiedad al interrumpir decididamente el discurso del Emperador, estaba sentado junto a Vincent: un anciano con el cabello canoso atado que se sentaba frente a los asientos vacíos.
Era una persona capaz que ocupaba el cargo más poderoso del Imperio de Vollachia después del Emperador. Así como los Nueve Generales Divinos eran el ápice del ejército, él era el ápice de la oęcina civil, el Primer Ministro Bersteĵ Fondalfon.
—Primer Ministro, el interrumpir las palabras de Su Excelencia es…— intentó decir Goz.
—Mis disculpas. No obstante, Su Excelencia también está ocupado con los asuntos gubernamentales. Consideré que era mi deber como leal súbdito agilizar la conferencia tanto como fuera posible— interrumpió el Primer Ministro.
—¡¿Está sugiriendo que interrumpamos la voluntad de Su Excelencia?!——No se exceda en su fervor, General Goz. Me temo que la mirada de Su Excelencia se está volviendo fría.
—Gu… hh.
Goz reprendió las acciones entrometidas de Bersteĵ, pero el experimentado Primer Ministro lo esquivó fácilmente. Desafortunadamente, Goz y Bersteĵ no estaban a la misma altura en una guerra de palabras. Goz contaba con la plena conęanza de los oęciales y los soldados como militar que había ascendido por méritos propios y, como era de esperar, su verdadero valor se demostraba en el campo de batalla.
Y el lugar donde se libraría la batalla dependía de la naturaleza de la persona en cuestión: Chisha también era más adecuado para un campo de batalla en el que pudiera usar su cabeza en lugar de empuñar una lanza.
—Cecilus, Arakiya, esos dos, ahora.
—Sí, es tal como Sir Moguro dice. Que los asientos de esos dos, Primero y Segunda, estarían vacíos ya se había tomado en cuenta… Creo que deberíamos abordar sin demora el tema principal de la conferencia— coincidió Bersteĵ.
—…No tiene importancia. Chisha, comienza— ordenó el Emperador.
Al ęnal, Goz no logró recuperarse después de ser acorralado, y la conferencia prosiguió.
Chisha suspiró, lanzando una mirada de reojo a Goz, quien parecía a punto de destrozar los guanteletes de su armadura dorada al apretarlos con tanta fuerza. Soltó un «Bueno, entonces…» e intentó pasar al tema en cuestión. Cada vez, antes del comienzo de una conferencia, el cuerpo y el espíritu ya estaban exhaustos.
…Esto también era parte de la realidad para los líderes actuales del Sacro Imperio de Vollachia.
2
El término «Golpe de Estado» era uno que aparecía con frecuencia en los libros de historia de Vollachia.
Como se mencionó previamente, en Vollachia, donde se respetaba como algo natural la ley del más fuerte, se fomentaba el valor inculcado de tomar lo que se quería por la fuerza bruta. Podía tratarse de tierras para oęcialesy soldados, o de saquear a un ser querido, o de luchar por la riqueza acumulada; las opciones son demasiadas para mencionarlas.
Por supuesto, también había algunas reglas para demostrar tal poder.
Sin ellas, un mundo en el que el poder reinara sin control no sería más que una tierra sin ley.
Hubo un tiempo en el que tal anarquía quedaba impune, pero el Imperio actual era diferente. …El Emperador de esta época, Vincent Vollachia, poseía una habilidad política excepcional.
Gobernaba con naturalidad todo el Imperio mediante la promulgación de leyes y buscaba la prudencia en cómo se demostraba el poder.
Como resultado, muchos ciudadanos imperiales se beneęciaban de esto y un alivio considerable se propagaba entre los débiles. Los débiles, que se esperaba que fueran oprimidos y usados, se habían salvado.
Pero al mismo tiempo, escuchó los lamentos de los fuertes que habían sido los opresores y mejoró las leyes ya establecidas.
Debido a que muchas partes relacionadas se detestaban entre sí, y los duelos y similares habían destruido repetidamente muchas casas en una cadena de represalias, las autoridades pertinentes intervinieron e idearon formas de detener la propagación de las llamas de la ira.
Se podría decir que fue el comienzo de una era en la que era más difícil morir y más fácil vivir, tanto para los fuertes como para los débiles.
Aun así, sería un error pensar que Vincent fue un Emperador compasivo por haberlo hecho posible.
—Aunque nuestra bandera nacional proclama al Lobo Espada, incluso entre los lobos hay superiores e inferiores. Y una manada no puede existir sin individuos de diversos tamaños. Es posible que los lobos se devoren entre sí. Mas el consumo de malos alimentos que puedan destruir la jauría ha de ser reprimido. Es imperativo darlo a conocer.
Esa era la política de Vincent y el propósito de la alteración de las leyes imperiales.
Las políticas de Vincent mantenían la superęcie del tablero tan ordenada como él consideraba conveniente. Por esa razón, no se resistía si eso distorsionaba las antiguas convenciones y formas de hacer las cosas del Imperio, o si las pisoteaba.
En cierta forma, era un Emperador de Vollachia muy inusual y, al mismo tiempo, un Emperador de Vollachia típico.
Siete años habían pasado desde que Vincent subió al trono: Vollachia había entrado en una era de paz desde su fundación. Por lo tanto, el término «Golpe de Estado» no era nada relevante.
Excluyendo el período inmediatamente posterior a su sucesión, el reinado de Vincent Vollachia solo había sufrido una situación que podría llamarse golpe de Estado una vez, que sería…—…El puesto vacante de los Nueve Generales Divinos, tenemos que cubrirlo— una vez que la conferencia comenzó y se habían digerido algunos de los puntos de la orden del día, Chisha sacó el tema.
—… En ese momento, el ambiente en la sala de reuniones se volvió frío y tenso.
Goz, que siempre se veía severo, tenía arrugas entre las cejas como una piedra escarpada, e incluso Moguro, cuya estructura facial no se podía entender fácilmente, parecía haber cambiado sutilmente de humor.
Los Generales de Segunda Clase y los de rango inferior sin asiento también sintieron la tensión. Los únicos dos, además de Chisha, cuyas expresiones no habían cambiado eran Vincent y Bersteĵ.
…Un puesto vacante entre los altos mandos militares, los Nueve Generales Divinos. Eso era algo que nunca debería haber ocurrido.
El único requisito para ser uno de los Nueve Generales Divinos era la fuerza, lo que signięcaba que el puesto era sinónimo de que la derrota era inadmisible. Estar ausente signięcaba la muerte por derrota.
Y la razón de la pérdida del Noveno Puesto no se limitaba a la muerte por derrota.
—Si tan solo Balleroy no hubiera sido tan estúpido— refunfuñó Goz con expresión de disgusto, cruzando sus musculosos brazos.
Nadie secundó su comentario, pero que nadie lo reprendiera demostraba que sus pensamientos internos eran los mismos.
Balleroy Temeglyph: el Noveno General faltante y uno de los protagonistas que provocó el Golpe de Estado en Vollachia.
Una conspiración de uno de los Nueve Generales Divinos, que involucró a los emisarios de un país extranjero, tenía como objetivo tomar la vida de Vincent. Esa era la realidad del mayor Golpe de Estado desde el inicio del reinado de Vincent.
Como consecuencia, Vincent recibió una herida casi mortal, pero el Golpe de Estado terminó con la derrota del principal culpable y perpetrador, Balleroy.
Eso había ocurrido dos meses antes y, desde entonces, uno de los puestos de los Nueve Generales Divinos había permanecido vacante.
Teniendo en cuenta el indiscutible regreso de Vincent al gobierno, el puesto no podía permanecer vacante indeęnidamente.
La tardía propuesta estaba justięcada.—Como hay una necesidad de mantener a raya al país vecino, es hora de que pensemos en ello— cuando el silencio se apoderó de la sala de reuniones, Chisha volvió a agitar las aguas.
Comprensiblemente, la atención de todos se centró en Vincent. Bajo sus miradas, Vincent echó un vistazo al asiento que en verdad estaba vacío.
El asiento vacío en cuyo respaldo Balleroy Temeglyph se había recargado despreocupadamente.
—Su Excelencia— llamó Chisha.
—No tiene importancia. No tengo tiempo que perder con los difuntos. Selecciona a tu personal con celeridad— en un instante, Vincent entrecerró sus ojos oscuros y dio su comentario ęnal.
—Sí. Estoy agradecido por su aprobación— tras escuchar sus palabras, Chisha hizo una reverencia ante el juicio del Emperador y continuó. Después, volteó hacia Goz, que cruzaba los brazos con mal humor.
—General Goz, ¿qué opina? ¿Hay algún General competente que le haya llamado la atención?
—Mhm, correcto… Se me ocurren varios que sobresalen en estrategia militar, pero si hablamos de aquellos que podrían clasięcar entre los Nueve Generales Divinos, ¿qué tal el General de Segunda Clase Kafma Irulux?— sugirió Goz.
—¿El General de Segunda Clase Kafma?
Goz, que estaba en contacto con una amplia gama de Generales, mencionó un nombre que, naturalmente, le resultaba familiar a Chisha.
Kafma Irulux había alcanzado el rango de General de Segunda Clase a una edad temprana debido a su excepcional talento. Era miembro del Clan de la Jaula de Insectos, algo poco común incluso en el racialmente vasto Imperio de Vollachia.
El Clan de la Jaula de Insectos albergaba parásitos dentro de sus cuerpos, a los que utilizaban desde una corta edad, y poseía una técnica especial para tomar prestadas las habilidades de los insectos en caso de emergencia. Pero el problema era…
—Parientes de Kafma, Balleroy, en conspiración.
—Como dice el General Moguro, el antedicho General de Segunda Clase Kafma se supone que está bajo arresto domiciliario, ¿no es así?— dijo Chisha tras el comentario de Moguro. El Clan de la Jaula de Insectos estaba entre quienes habían apoyado el magnicidio planięcado de Balleroy y, al mismo tiempo, era el clan de origen de Kafma.
El propio Kafma parecía no haber sido informado de la traición, pero se le había culpado por la participación de muchos de sus parientes y, actualmente, también se encontraba en conęnamiento.
—Tengo mis dudas sobre si es digno de ocupar el próximo puesto de los Nueve Generales Divinos— expresó Chisha.
—Si ese es el caso, ¡deberíamos darle la oportunidad de redimirse! ¡Él mismo se siente responsable de que sus parientes hayan participado en la traición! Tal y como están las cosas, está incluso dispuesto a quitarse la vida— abogó Goz.
—Mhm…— fue lo único que dijo Vincent.
—¡Su Excelencia! ¡Sé que ahora me estoy arriesgando, pero déjeme decir esto! ¡Kafma Irulux es un hombre demasiado leal a Su Excelencia como para perderlo! Por favor, ¡júzguelo con indulgencia!— Goz se levantó de un salto de su silla, se inclinó hacia delante y puso las manos sobre la mesa en una apelación directa.
De tratarse de cualquier otro, sin duda se le acusaría de falta de respeto, pero el fuego en la mirada y el pecho de Goz no eran más que llamas de lealtad e indignación justa.
—¡Su Excelencia!
—No me alces la voz, simple plebeyo. El volumen con el que hablas es vano. No te inclines tanto hacia delante, tu voz resuena no solo en la sala de reuniones, sino el palacio entero.— así, Vincent no reprendió a Goz, salvo por el volumen de su voz.
El propio Vincent se lo había dicho, y Goz tragó saliva débilmente con «¡Lo siento…!», pero su disculpa aún era demasiado estridente…
—¡Aún así! ¡Por favor, reconsidérelo! El puesto vacante de los Nueve Generales Divinos y la clemencia para un General leal y conęable, ¡los dos problemas deberían resolverse de un solo golpe!— dijo Goz, aún intentado abogar.
—… Chisha.
—Sí. Contribuyendo con mi opinión, la opción del General Goz no es mala.— a la petición de Vincent de que diera su opinión, Chisha se acarició la aęlada barbilla mientras respondía.
Las circunstancias predominantes habían resultado adversas, pero Chisha también conocía los distinguidos servicios militares de Kafma Irulux. Como Goz había dicho, perder a uno de los generales más destacados del Imperio solo podía representar una gran pérdida.
Por no mencionar el hecho de que el Imperio ya había perdido a Balleroy Temeglyph.
Días después del incidente, el Reino de Lugunica ęrmó un tratado de armisticio, pero había sido por un período de tres años, tras el cual nadie sabía qué pasaría.
Algo así como un período durante el cual sería permisible que el Imperio estuviera con fuerzas reducidas, siempre sería absurdo.
—Tengo certeza en que el General de Segunda Clase Kafma también tiene sus propias inclinaciones, pero no puedo imaginar que haya alguien en el Imperio que rechace un ascenso a los Nueve Generales Divinos cuando se le ofrezca— continuó Chisha.
—Jhm. Como era de esperar, ese es un argumento persuasivo viniendo de un hombre que ocupó su puesto de mala gana— recordó de forma tajante Vincent.
—…Mófese todo lo que quiera. Yo ya me resigné hace mucho tiempo.— ante el sarcasmo inesperado del Emperador, Chisha se encogió de hombros en autodesprecio.
Él sentiría una profunda empatía por ser abordado de esa manera, suponiendo que Kafma no estuviera preparado y aspirara al puesto de General de Primera Clase. Además, a Chisha le alegraría ver a más personas como él.
El propio Chisha se sentía muy agobiado al haber sido nombrado con un puesto tan alto como el de los Nueve Generales Divinos.
Sin duda, su naturaleza estaba más orientada a un cargo civil que a uno militar.
—…Su Excelencia, ¿también puedo decir algo?
Goz había dado una recomendación ęrme para que a una persona nueva y capaz se le ofreciera el puesto vacante de los Nueve Generales Divinos. En la sala de reuniones, donde parecía haberse alcanzado un consenso, el que levantó la mano humildemente fue Bersteĵ. El Primer Ministro Imperial, de ojos tan estrechos como hilos y cuyos sentimientos más profundos eran imposibles de adivinar, inclinó la cabeza reverentemente cuando Vincent le permitió expresar su opinión con solo una mirada, y continuó con:
—Como Sir Goz ha dado a Sir Kafma en recomendación, hay una persona que me gustaría recomendarle a usted también.
—¡¿Qué acaba de decir?!— Goz abrió ampliamente los ojos y miró con ira a Bersteĵ, que le había dado la vuelta a la discusión con su comentario.
Justo cuando Goz esperaba dar buenas noticias al General al que favorecía, Bersteĵ había intentado arrebatárselas. La reacción de Goz fue bastante normal.
—Primer Ministro… ¡¿Se atreve a entrometerse en los asuntos de los Nueve Generales Divinos que encabezan el Ejército Imperial?!— le grito Goz a Bersteĵ con furia.
—Con el debido respeto, en mi cargo como Primer Ministro, me obliga a dedicarme al mejoramiento del Imperio. Siendo ese el caso, permítame compartir mi opinión— en contraste con la indignación de Goz, Bersteĵ respondió con una compostura consistente.
—Usted…— poniéndose impaciente con esa respuesta, los ojos de Goz comenzaron a llenarse silenciosamente de una feroz hostilidad.
Como un depredador ante su presa, su postura mostraba que su capacidad de concentración se había elevado.
Eso signięcaba el aumento del espíritu de lucha de aquel conocido como «El Caballero León», Goz Ralfon.
No obstante…
—Cesa ya, plebeyo. Después de habituarse a ella, tu voz es aún más clamorosa. …Bersteĵ, dijiste que había alguien a quien deseabas recomendar. Habla— amonestó el Emperador a Goz para después indicarle a Bersteĵ que siguiera.
—¡Su Excelencia! Por favor, reconsidere…
—Ya te lo he dicho, cesa ya.
—…Tsk.—Pidiéndole de nuevo que cerrara la boca, Goz, con la cara roja, guardó silencio.
En respuesta, Bersteĵ asintió:
—Respeto su magnánimo juicio.
—Silencio. No he de decírtelo por tercera vez. Habla, con celeridad— amenazó Vincent.
—Sí. La persona que me gustaría recomendar para ser la próxima de los Nueve Generales Divinos es Madelyn Eschart.
Al oír el nombre tan esperado que le había sugerido Bersteĵ, Vincent frunció el ceño. Fue una sorpresa extraña, una reacción que habría sido demasiado modesta para cualquiera que no fuera él.
De hecho, Chisha, Goz y muchos otros Generales asistentes, tenían expresiones dubitativas idénticas.
El motivo era que, el nombre de la persona —Madelyn—, era uno del que nadie estaba enterado.
—Desconozco nombre. Primer Ministro, ¿quien ella?— el taciturno Moguro hizo la pregunta compartida por todos los presentes.
Sus oportunidades para hablar eran pocas y sus palabras vacilantes, pero de ningún modo Moguro dejó de escuchar la conversación ni era de poco entendimiento. En cierto sentido, comprendía las cosas con más Ěexibilidad que Goz, ya que era una persona capaz de ęltrar la información esencial.
Ante la interrogante de Moguro, Bersteĵ se tocó el bigote y dijo:
—Es normal que le resulte sorprendente. Dado que Madelyn Eschart… No tiene experiencia trabajando en el Ejército Imperial ni antecedentes de liderazgo de un grupo.
—Eso es, sin importar cómo lo vea…
—¡¡¡Inaceptable!!!
Chisha se convenció con las razones presentadas para explicar por qué no había oído hablar de ella, y Goz, a quien Vincent había ordenado permanecer en silencio, no pudo aguantar más y gritó enojado.
Pero, por una vez, nadie pudo culpar a Goz. Todos los Generales reunidos en la sala, incluidos los de Primer Clase sin excepción, se mostraron escépticos ante la idea de Bersteĵ.Sin experiencia militar y sin antecedentes de liderazgo. En otras palabras, era evidente que esta persona no había logrado nada tangible. ¿…Quién escucharía tal recomendación?
—¡¿Está ridiculizando el honor de nuestros Soldados Imperiales?!— continuó gritando Goz.
—No sea absurdo. Se lo he dicho. Como Primer Ministro del Imperio, me gustaría ofrecer mi opinión con respecto al futuro de la nación. Esa aęrmación no es una invención— se excusó Bersteĵ.
—¡¿Cómo puede decir tal cosa…?!
Con una vena azul sobresaliendo en su frente, la paciencia de Goz estaba llegando a un punto crítico. Pero antes de que pudiera explotar, la voz de Vincent sonó: «Aguarda».
Con los codos apoyados en los reposabrazos de su silla, Vincent descansó la barbilla en las manos y se volteó hacia Bersteĵ con una mirada evaluativa. Al atraer esa mirada, Bersteĵ lo llamó, «Su Excelencia» y…
—Una vez más, no tengo intención de conspirar contra usted ni de faltarle al respeto a la posición de los Nueve Generales Divinos. Tengo conęanza en que Madelyn Eschart podrá satisfacer con seguridad las expectativas de Su Excelencia.
—No hables de conęanza con tanta ligereza. ¿Cuáles son sus capacidades?— exigió saber Vincent.
—…Ella dirige dragones alados.
—…
En ese momento, el aire de la sala de reuniones se quedó en silencio.
Que, por cierto, mientras escuchaba, incluso Chisha se quedó sin aliento ante lo temeraria que esa declaración había sido.
La técnica conocida como la «Doma de dragones alados» era una habilidad especial que consistía en subyugar a los feroces y brutales dragones alados que solo se encontraban en Vollachia. Se necesitaba mucho tiempo y talento para poder someterlos, y los que podían convertirse en jinetes de dragones alados eran sumamente pocos.
Por tanto, los jinetes de dragones alados eran considerados útiles, pero ahí no es donde yacía el problema.
Uno de los Nueve Generales Divinos que había cometido traición, Balleroy Temeglyph, también había sido un jinete de dragones alados.
—…
Como reemplazo para el puesto del difunto Balleroy, se había sugerido a un jinete de dragones, tal como lo fue el ya mencionado.
Sin tomar en cuenta su intención, su propuesta solo se podía considerar como un acto de provocación.
Podría decirse que era normal que los Generales se quedaran sin habla, y que Vincent tampoco tuviera palabras para continuar.
Preguntándose qué estaría pensando, parecía que el área alrededor de Goz estaba a punto de hacer erupción.
Por otro lado…
—Es muy típico de ti. No obstante, no puedes avalar a un jinete de dragón alado para reemplazar a otro— expresó Vincent.
—Sí, tiene una perspicacia aguda. Desde luego, yo también lo creo, que por el mero hecho de ser un jinete de dragón alado… Aunque alguien poseyera una habilidad tan preciada, no lo consideraría cualięcado para clasięcar entre los Nueve Generales Divinos. Aun así…— así, el Primer Ministro interrumpió sus palabras.
—Qué.
—Solo tengo una corrección que hacer. …No describí a Madelyn Eschart como una jinete de dragones alados. «Ella dirige dragones alados», eso es lo que yo expresé.— con una sonrisa que no mostraba sus verdaderas emociones, el Primer Ministro respondió a la pregunta del Emperador.
Se podría decir que era típico de los bandos en la conferencia que ambos indagaran en los verdaderos motivos del otro sin revelar los propios. Por muy astutos que fueran sus oponentes, el hecho de que una persona así ocupara el cargo de Primer Ministro era en sí mismo una prueba de que Bersteĵ era un hombre competente.
…Seleccionar por el talento y aprovecharlo para crear el tablero.
Vincent no era de ningún modo un hombre de valor excepcional, pero ese era su método incuestionable para gobernar Vollachia, la tierra del Lobo Espada.
En consecuencia, Vincent volvería a ejercer al máximo sus propias habilidades, diciendo:
—Kafma Irulux y Madelyn Eschart, convóquenlos a ambos.
—No hay problema por mi parte, pero ¿todo eso le parece bien?— cuestionó Chisha.
—No tiene importancia. Es de mi conocimiento el potencial de Kafma. Si es posible, una constatación de la aptitud de Madelyn también es requerida. Si soy incapaz de verla, signięca que Bersteĵ se está volviendo senil. No soy tan benévolo como para proporcionar un puesto a un anciano incompetente. ¿Entendido?
—Entendido, Su Excelencia— a pesar de las miradas insensibles hacia él, Bersteĵ hizo una reverencia sin mostrar ningún atisbo de miedo.
No esperaba que Vincent mostrara piedad, ni que se lo tomara a la ligera. Tenía absoluta conęanza en su propio juicio, en cualquier caso…
—Que dirige dragones alados, dice… ¡A quién le importa! ¡Kafma también puede dirigir insectos!
—Goz, eso, no importante. Creo.
—¡No debemos depender de los dragones alados, incluso los insectos pueden transportar a Su Excelencia! ¿Me equivoco, Moguro?
—No equivocado. Pero, mí, no gustan insectos.
La opinión de Bersteĵ fue aceptada y Moguro apaciguó al irritado Goz.
De reojo, Chisha reordenó mentalmente las prioridades de los asuntos gubernamentales.
El nuevo reemplazo de los Nueve Generales Divinos era de alta prioridad. No estaba seguro de cuál sería la diferencia de méritos entre Kafma y Madelyn, pero supuso que había una alta probabilidad de que compitieran con fuerza.
Si ese fuera el caso, sería necesario establecer una fecha y un lugar…
—Santo cielo, parece que las cosas se van a poner ajetreadas. Justo cuando el asunto de la insurrección por ęn empezaba a calmarse— dándose una palmada en el hombro en previsión del duro trabajo que se avecinaba, Chisha aceptó la resolución de la discusión por el momento.
Sería necesario hacer algo para solucionarlo, quizás decirle algo a Goz después, pero pedirle eso a Vincent sería probablemente esperar demasiado.
Ya que Vincent había hecho más que suęciente con respecto al cumplimiento de su deber.
—… En un país donde los fuertes hacen lo que les plazca, el papel supremo de Emperador se impone y no se puede actuar libremente. Y encuentro eso bastante irónico— reĚexionó Chisha.
Aun así, era un puesto que había deseado y ganado, por lo que era un resultado que tenía que aceptar.
También había muchas formas de escapar si realmente se quería. Se le ocurrían algunos que habían escapado de los conęnes de la jaula, pero…
—…Oh, ¿están todos aquí? Por favor, perdónenme por esto— dijo alguien, justo cuando la conferencia estaba a punto de llegar a su conclusión.
Las puertas de la sala de reuniones se abrieron para revelar a una persona de un tono relajado de voz. El hombre, con una sonrisa despreocupada, se asomó al interior, usando una gran cuerda azul que le colgaba de la cabeza. Era un personaje demasiado alejado del ambiente tenso de la sala de reuniones.


Ante la entrada de esta persona, incluso Chisha mostró un tenue gesto de disgusto en su blanca cara.
—Señor Astrólogo, ¿verdad? ¿A qué tipo de asunto debemos su presencia?— cuestionó Chisha.
—Oh, no. No sabía el hecho de que estuvieran a la mitad de una conferencia, lo siento. Verás, Su Excelencia amablemente me permitió estar en el Palacio de Cristal, pero soy básicamente un vividor bueno para nada.— sin prestar atención al ambiente hostil, el hombre… el Astrólogo respondió con frivolidad.
Ante eso, la respuesta de Chisha se limitó a un vacío: «Ya veo».
Astrólogo no era un cargo del Ejército Imperial como los Generales, ni uno civil como el de Bersteĵ, era algo inusual: era el único cargo de esa clase en el Imperio de Vollachia.
No era una persona bienvenida por nadie, ni siquiera por Chisha.
Pero…
—No recuerdo haberte convocado, bufón— excepto el mismo Emperador, que lo llamó de esa forma y no hizo ningún intento por mantenerlo alejado.
Mientras estaba expuesto a la cautela y el disgusto de quienes lo rodeaban, el Astrólogo se rascó la mejilla en respuesta a las palabras de Vincent. Su actitud era como la de un niño al que se le regañaba por hacer payasadas, pero las situaciones no tenían comparación.
Actuaba como si no supiera que estaba legítimamente sobre la línea entre la vida y la muerte.
—Estamos en plena mitad de una conferencia. Aquí no tienes ningún papel qué desempeñar. Has de retírate con celeridad— indicó Vincent.
—Por supuesto, tendré en cuenta mi propia posición. Ya que es por la misericordia de Su Excelencia que se me permite quedarme aquí. Pero tengo que desempeñar mi papel.
—Jeh— ante su negativa, Vincent cerró un ojo y soltó un suspiro de interés. Al mismo tiempo, Chisha y los demás Generales se pusieron en guardia a la vez.
…A nadie le agradaba ni conęaba en este Astrólogo.
Pero con respecto a la profecía que el Astrólogo traería era otra historia.—Ni siquiera pudiste vaticinar el traicionero plan de Balleroy, ¿qué has visto esta vez? Si no puedes decir algo beneęcioso, prepárate para que te estrujen tu delgado cuello— amenazó el Emperador.
—Por favor, no diga cosas tan aterradoras. Como puede ver, solo soy un hombre delgado. Si me amenaza así, mis rodillas se romperán de tanto temblar— expresó de forma poco seria el Astrólogo.
—¡Ya basta de tus tonterías! ¡Su Excelencia exige una respuesta! ¡Apresúrate y respóndele!
—¡Buah!
El astrólogo sufrió la amenaza de Vincent y los gritos furiosos de Goz. Dio un salto hacia atrás de forma exagerada y esbozó una sonrisa forzada bajo la mirada de los Generales.
—Parece que aquí no soy bienvenido. Así que haré lo que me dijeron… Su Excelencia, si tiene algunos problemas, parece que pronto terminarán— dijo el Astrólogo.
—… ¿A qué te reęeres?— cuestionó Vincent.
—Uhh, si alguien está compitiendo por la supremacía, esta es la mejor oportunidad para hacerlo. Es un poco confuso, pero creo que eso es todo lo que puedo decir…— con la cabeza inclinada en señal de reĚexión, el Astrólogo pronunció esas palabras
—¿Ah, sí? Moguro, aęla tu brazo— ante esa respuesta, Vincent asintió y dio una orden.
—Entendido— obedeciendo la orden, Moguro levantó su enorme brazo, y la extremidad lisa como un mineral se transformó lentamente y comenzó a aęlarse hasta convertirse en una punta similar a una lanza.
Incluso Chisha sabía que el brazo de Moguro era tan aęlado y peligroso como una espada. Con un brazo capaz de cortar fácilmente la piedra sólida, probablemente podría arrancar las cabezas de diez Astrólogos a la vez.
—¡¿Su Excelencia?! ¡¿En serio me van a ejecutar?!— dijo el Astrólogo con un dejo de miedo.
—Disparates, ¿por qué haría tal cosa? Primero, permítenos empezar por los dedos— explicó Vincent.
—¡Seguro que Su Excelencia también sabe que la información obtenida mediante tortura no tiene ningún valor!
—Con aquellos que resguardan su lengua como tú, primeramente, es fundamental el hacerlos hablar. Una vez que lo hagas, se puede examinar el contenido con detenimiento. ¿No es eso correcto?
La severa y racional conclusión de Vincent causó que el Astrólogo retrocediera y su espalda chocara contra la pared. Moguro, con más de tres metros de altura, se acercó al Astrólogo acorralado.
Bajo esa opresión, el Astrólogo miró a su alrededor como si buscara ayuda, pero…
—Mhm, no debemos permitir que la sala de reuniones se manche con sangre. ¡Que alguien traiga una sábana!— Goz, en particular, actuaba como si la tortura fuera un asunto decidido, y no había indicios de que alguien fuera a ayudar.
Por supuesto, Chisha estaba igual. No tenía ninguna razón para desaęar a Vincent y ponerse del lado del Astrólogo.
Tal y como estaban las cosas, el momento en que los dedos del Astrólogo se acortaran más que los de una persona normal estaba cerca…
—¡…Disculpen por interrumpir la reunión! ¡Hay algo que debo informar!
Así, sucediendo al Astrólogo, un mensajero irrumpió en la sala de reuniones y la sangrienta situación quedó temporalmente aplazada.
3
Mariposas blancas y amarillas revoloteaban delante de sus ojos.
—…
Contempló a las dos mariposas y sus movimientos irregulares, sin dirección, revoloteando en el aire, y se preguntó cuál era, en realidad, la relación entre ellas.
Sin darle muchas vueltas, ¿probablemente eran familia? Pero ¿cómo podían mariposas de colores distintos, blancas y amarillas, ser parientes de sangre? ¿Podrían haber heredado las características de sus padres, como los humanos con el color del cabello?—Pero siento que las mariposas básicamente se quedan con las de su propio tipo.—
Si se tratara de un humano y un semihumano, tendrían formas similares y podrían comunicarse con el lenguaje, por lo que podría surgir el amor entre ellos y, con ello, nacer un hijo. Lo mismo podría decirse de las mariposas, pero, curiosamente, no tenía la sensación de que ese tipo de criaturas vivientes se aparearan con especies diferentes a las suyas.
Así como las aves también se emparejaban con aves similares, no con las que fueran diferentes.
—Oh, pero los gatos y los perros no son así… ¿Lo estaré sobre pensando?— Absorto en sus pensamientos, llegó al límite de romperse la cabeza, para ęnalmente dejar de intentar responder la difícil pregunta sin solución.
¿Y si abandonaba la posibilidad de que las dos mariposas fueran familia y las veía como enemigas juradas?
Al pensarlo de esa forma, era curioso que la danza de las mariposas, cambiando de lugar entre sí de forma irregular, pareciera una batalla de vida o muerte en la que ninguna cedía ni un centímetro.
También sintió curiosidad por las técnicas utilizadas por las mariposas. Aunque los ojos humanos no podían ver su regularidad, ¿quizás las mariposas utilizaban algún tipo de arte marcial «mata insectos»?
Si lo aprendía, tal vez podría aprovecharlo en su propia técnica de espadachín.
—Hablando de eso, parece que el Clan de la Jaula de Insectos puede llegar a un entendimiento mutuo con sus propios insectos, aunque no creo que haya nadie que tenga una mariposa. Si lo hubiera, mis problemas se resolverían.—
Básicamente, había oído que los insectos que el Clan de la Jaula de Insectos permitía parasitar en sus cuerpos eran, en su mayoría, de tipo agresivo. Pero si se tratara de una mariposa que utilizara artes marciales «mata insectos», ¿no sería una cualięcación suęciente para considerarla una de las más fuertes?
Preferiblemente, quería observar más de cerca, y dirigió su atención hacia las mariposas…
…En un instante, llamas rojas cayeron desde lo alto y el campo de Ěores fue consumido al instante.
—…
La idílica escena de hace un momento desapareció sin dejar rastro, con las Ěores reducidas a cenizas por las lenguas de fuego.
El mundo que había estado pintado en agradables tonalidades azules, verdes y amarillas, fue consumido y repintado en un rojo infernal.
No fueron solo plantas y Ěores, empezando por las mariposas, varios insectos y animales fueron convertidos en cenizas en un instante.
Y, la razón detrás de eso era…
—Un saludo violento como de costumbre, ¿eh?
El joven de cabello azul ondulado miró hacia atrás, hacia el calcinado campo de Ěores, desde cierta distancia, encogiéndose de hombros. Ante sus ojos, en medio del campo incendiado, sin importarle las llamas abrasadoras, estaba una joven semidesnuda.
Su atuendo dejaba expuesta la mayor parte de su piel oscura, y ella misma tenía orejas de perro caídas y cabello plateado, además de un parche que le ocultaba el ojo izquierdo. Ella era la responsable del campo de Ěores quemado.
Su nombre era…
—…Anya.
—…No, es Arakiya. No me obligues a seguir repitiéndolo.
Cuando la llamaron Anya, fue inmediatamente refutado con una mirada descontenta por esta chica, Arakiya.
Él escuchó su respuesta, pero el joven respondió «No, no», sacudiendo la cabeza. Y así, sin dejar de sacudirla…
—Lo siento, pero así es como te he llamado desde que éramos niños, ¿no? No puedo corregirlo ahora, mi boca ya aprendió este movimiento de memoria.
—¡Y, desde siempre, te he estado diciendo que…!
—Sí, sí, lo sé. Así que yo también te lo he estado diciendo desde siempre, ¿no? Si me ganas, Anya, me corregiré humildemente. Y aun así…
—¿Y aun así?
—Y aun así, ¿no es tu culpa por no haberme ganado en todo este tiempo? Si dices que es mi culpa, solo puedo decir que lo siento por ser demasiado fuerte, ¿no?— Con eso, cerró un ojo y le sonrió de forma encantadora. Ante eso, la cara de Arakiya se llenó de ira, todo su cuerpo rezumaba espíritu de lucha y creaba una atmósfera aterradora.
Al ver eso, el joven soltó un «Oh, vaya» y volvió a abrir ambas manos frente a su pecho.
—Vamos, miren, aquí no es seguro— dijo el joven.
—¿…Mariposas?
Aleteando, las mariposas, blanca y amarilla, volaron desde sus manos abiertas.
Cuando Arakiya se abalanzó con sus llamas, él las cubrió rápidamente con las manos y protegió a las dos mariposas. Si las hubiera abandonado, probablemente habrían ardido junto con el campo de Ěores.
—Sería una lástima que un duelo uno a uno tan esperado se arruinara por una interrupción. Si se consideran en deuda conmigo, en verdad me gustaría saber quién gana…
Blanca y amarilla, el desenlace de la batalla de las dos mariposas y lo que la había provocado en primer lugar. Sin duda debía de ser una historia deleitante, y la curiosidad del joven era inagotable.
Pero parecía que sería difícil escuchar el resto de la historia, y el joven suspiró mientras cortaba una bola de fuego que se le acercaba.
—De verdad, Anya, has sido muy insensible desde que eras niña, ¿lo sabías?
—Para empezar, nunca he sido Anya.
—Di lo que quieras, pero estás bastante orgullosa de eso, ¿verdad?
Agitando su espada desenvainada, el joven sonrió a Arakiya, que tenía la mano apuntada hacia él. Ante su comentario, Arakiya puso una expresión de desconcierto, pero la respuesta era clara.
Por otro lado…
—Ya que yo, Cecilus Segmunt, la estrella principal de este mundo, te puse personalmente ese nombre, ¡puedes llamarte Anya en voz alta y con orgullo!
—Cecilus, te mataré.
—¡Jajajaja! ¡Ahí vas otra vez, hablando de algo que no puedes hacer!—Riendo ante el comentario directo, el joven… Cecilus Segmunt embistió ferozmente contra la fuerza destructiva de la naturaleza que caía incesantemente.
Por un lado, un mortífero espadachín que cortaba la destrucción con la ayuda de las dos katanas en su cintura.
Por el otro, una hermosa anormalidad que manipulaba la naturaleza a su voluntad y distorsionaba el orden del mundo.
…Estos eran dos de los Nueve Generales Divinos del Imperio de Vollachia, el Primero y Segundo rango.
4
—¡Guou, Anya, te has vuelto fuerte! ¡Mira, mi kimono tiene unas cuantas marcas de quemaduras aquí y aquí! ¡Esto va a ser super difícil de mandar a reparar!— dijo Cecilus.
—Sí, bueno…— comenzó Arakiya.
—Y, como de costumbre, ¡te dejo las reparaciones a ti! Vas a arreglar todo lo que quemaste y rompiste tú misma, así que ¡no te quejes!
—…Vete a la mierda y muérete, Cecilus— Arakiya, tumbada en el campo quemado, escupió una maldición. Pero quien era el objetivo del insulto parecía indiferente, como si no hubiera oído nada.
Más allá del efecto de la maldición, la hostilidad y la intención homicida rebosaban en el ambiente. Pero él permanecía en calma ante todo aquello, haciendo que las palabras de maldición fueran insignięcantes.
Después de todo…
—Da mala suerte decir frases triviales como «muérete» y «vete a la mierda». Si rebajas tu propio valor como actriz, los papeles que te ofrecerán serán irrelevantes.
—…Otra vez, lo que dices no tiene sentido.
—No creo que esté diciendo nada demasiado complicado, ¿o sí? Los importantes solo dicen cosas importantes. Los don nadie solo dicen cosas triviales. Así es como funciona el mundo, así que, paradójicamente, ¡las personas que pueden decir cosas geniales son geniales!— Cecilus levantó un dedo mientras hablaba de su propia ęlosofía. Se sentó con las piernas cruzadas junto a Arakiya, que estaba caída. Aunque estaba sucio de ceniza y hollín por todas partes, no presentaba heridas visibles.
Teniendo esto en cuenta, el área que los rodeaba parecía desolada hasta donde alcanzaba la vista, como si hubiera sido bombardeada con artillería de piedras mágicas, era difícil creer que ellos habían causado destrucción en el epicentro.
—Incluso puedo esquivar la lluvia si me esfuerzo, ¿lo sabías?
—…No importa cómo lo tome, eso es mentira.
—¡Y qué! Depende de ti si es mentira o no, digo yo. No puedes hacer lo que crees que no puedes hacer. Mientras pienses que no puedes, nunca serás capaz de cortar las nubes— criticando la débil objeción, Cecilus desenvainó la katana que estaba en su cintura mientras estaba sentado.
En un destello de rayo que dejó atrás hasta el sonido, la fuerza de la espada desenvainada se alzó hacia el cielo, y las densas nubes sobre la pareja quedaron partidas en dos justo por la mitad.
—…Cortar nubes— murmuró Arakiya.
—Bueno, es una hazaña un poco sorprendente, ¿no? Pero si hubiera dicho que no podía alcanzar las nubes o algo así, ¡nunca habría podido hacerlo!
—…
—Así que, Anya, en lugar de decir «muérete» o «te mataré», deberías hablar con un sentido más sólido del propósito. …Tienes una meta, ¿verdad?
Mientras él observaba su cara recostada en el suelo, ella se apartó como si su mirada la incomodara. Él se inclinó más para tratar de estudiar su expresión, y Arakiya ęnalmente se dio la vuelta.
Asombrado, Cecilus sonrió ampliamente ante la actitud extrema de la joven.
Un enfrentamiento entre dos de los Nueve Generales Divinos, que teniendo en cuenta el entorno, no era más que un inconveniente para los demás… y era algo común entre Cecilus y Arakiya.
Había varias razones para que los Nueve Generales Divinos pelearan entre sí, pero Arakiya luchaba contra Cecilus para desaęar el orden de clasięcación. Los Nueve Generales Divinos estaban clasięcados por orden de fuerza desde el número más bajo, por lo que la única persona por encima del Segundo Rango, Arakiya, era Cecilus… Es decir, Arakiya quería ocupar el puesto del Primero.
Al obtenerlo, podría hacer realidad su deseo o algo así.
—Yo también ansío que tu deseo se haga realidad. Aunque tampoco te lo voy a poner fácil— dijo Cecilus.
—…Todavía te odio.
—Oh, no, lo entiendo, lo entiendo. Pero no me importa que me odies, de hecho, me gusta— mientras hablaba, Cecilus se quitó la capa exterior de su kimono y la colocó con delicadeza sobre el cuerpo tendido de Arakiya.
Era consciente de que a ella no le gustaría, pero en medio de la batalla no podía preocuparse por la ropa que llevaba puesta. Dado que su vestimenta ligera era, por naturaleza, tentadora, sentiría pena por los demás si no se aseguraba de controlar la situación.
—Aunque Anya es una mujer especialmente hermosa, no tienes nada de consideración, ¿eh? Si los otros soldados empezaran a sentirse extraños y la situación cambiara, ¡ni siquiera te afectarían sus miradas!
—…Pero qué estás diciendo, no tengo ni idea.
—Que no lo entiendas es el problema, creo. ¿Es que la dueña de tu corazón te dejó sola todos estos años y nadie te ha enseñado nada? ¿Quieres que te entrene? Guau, guau, guau, guau.
—…
Con la prenda exterior de Cecilus envuelta alrededor de sus hombros, Arakiya se sentó y lo miró ęjamente con seriedad.
A cambio de su cortesía, Cecilus se quedó en el abandono. Aunque no sabía lo duro que era ser tratado con amabilidad por un oponente al que no podía vencer, podía imaginárselo.
—Me pregunto si ser consolado por el Santo de la Espada sería duro… Normalmente, si alguien que te agrada es amable contigo, te sentirías feliz, aunque estuvieras frustrado, ¿no?
—Te odio, Cecilus.
—Uf, qué obstinada. ¡Se lo dejaré a Chisha después de todo!
Cuando tenía problemas, Cecilus decidía dejárselo a Chisha, la persona en la que conęaba plenamente para resolver sus aprietos.
Una vez que se decidía, Cecilus actuaba con rapidez. Al igual que un rayo.
—Bueno, entonces te llevaré de vuelta a… ¿Oh? Ahora que lo pienso, parece que hoy ha pasado algo en el castillo…— recordó Cecilus.
—¡G-General Cecilus! ¡General Arakiya! ¡¿Están bien?!
—¡Oh, por aquí, aquí!— girando la cabeza, Cecilus saludó con la mano a la voz, sonriendo ampliamente.
Entonces, un soldado imperial pisó con cuidado el campo quemado. El joven soldado miró a su alrededor y…
—Qué demonios… ¿Qué pasó?— preguntó el soldado.
—¡Ahh, no hay por qué preocuparse! Esta zona es dominio de Anya, solo estamos utilizando un lugar que ha quedado intacto para nuestro duelo.
—Ah, ¿General Arakiya…?
Al oír esto, la cara del soldado se tensó y sus ojos se dirigieron hacia Arakiya, que no había respondido. Ella solo miraba al suelo haciendo pucheros, descontenta con su derrota.
Un yermo carbonizado y desolado, ese era el daño garantizado cada vez que Arakiya se metía con Cecilus. No era tanto por Cecilus, sino que cuando Arakiya se enojaba, era como si se produjera un desastre natural, por lo que los daños espectaculares eran inevitables.
El daño medioambiental era tan atroz que, excluyendo los campos de batalla, la actividad destructiva de Arakiya solo se permitía en terrenos privados que ella había adquirido por su trabajo.
—Es por orden directa de Su Excelencia. Por eso vivo en una choza en la propiedad de Anya— explicó Cecilus.
—Ya veo… ¡¿Eh?! ¿Una choza?— dijo el extrañado soldado.
—Síp, síp. Mira, ¿ves aquello de allá? Ahí es donde está— Cecilus señaló un lugar a cierta distancia al asombrado soldado imperial.Cerca de un bosque y un arroyo que corría, había una choza, esa era la vivienda de Cecilus.
Además, una choza similar se encontraba en el lado opuesto del terreno, que era la residencia de Arakiya, los dos mejores de los Nueve Generales Divinos vivían cada uno en su propia casucha.
—¿P-Por qué, los dos más fuertes del Imperio, viven en un lugar como este…?— aún incrédulo, preguntó el soldado.
—Porque compro todas las mejores y más preciadas espadas de todos los lugares y épocas a las que les puedo poner las manos encima, lo que requiere todo mi salario. En el caso de Anya es porque a ella no le importa— explicó Cecilus.
—¿…Y viven, juntos?— no estaba seguro de si estaba bien hacerlo, pero la curiosidad le ganó al soldado y le hizo la pregunta.
—NO…— Arakiya fue más rápida que Cecilus en negar su sospecha.
De hecho, aunque vivían en el mismo terreno, no vivían juntos, por lo que era la respuesta correcta.
En realidad, en cuanto a por qué Cecilus vivía en la propiedad de Arakiya…
—Eso también es orden de Su Excelencia. Verás, si viviera en un mal lugar y el temperamento de Anya explotara, causaría un gran daño, ¿verdad? Como ese es el caso, si siempre estoy al alcance de Anya, el único que estará en peligro seré yo, eso dijo…
—¡Disculpe, disculpe! Mi comprensión es mala, ¡así que no entiendo a lo que se reęere!— se excusó el soldado.
—Jajaja, el juicio de Su Excelencia parece malo, ¿verdad? Probablemente haya más detrás de sus palabras, pero no oí los detalles, así que no estoy seguro— con una alegre palmada en el hombro del desconcertado soldado, Cecilus le sonrió en disculpa.
Sinceramente, era comprensible que no lo entendiera. Era solo que Cecilus había vivido de esta forma durante muchos años, así que ahora no le molestaba.
—…Entonces, ¿qué quieres?— y justo cuando el soldado, desconcertado, parecía a punto de desmayarse, Arakiya le preguntó el motivo de su visita.A su pregunta, el soldado respondió «¡Cierto!», y recuperó la energía como si lo hubieran rescatado.
Y entonces…
—¡General Cecilus Segmunt y General Arakiya, han recibido una convocatoria urgente! ¡Por favor, acudan inmediatamente al Palacio de Cristal de la Capital Imperial!
—El Palacio de Cristal… ¡Ah! Por cierto, ¿hay alguna conferencia hoy? Siempre me quedo dormido cuando voy, así que últimamente no se me invita— dijo Cecilus.
—A mí tampoco…— comentó Arakiya.
—No sé mucho sobre esa situación, ¡pero esta vez es diferente!— ignorando las respuestas de Cecilus y Arakiya, el soldado se enderezó y su expresión se volvió dura.
Al ver la creciente tensión e inquietud en su cara, Cecilus se humedeció los labios con la lengua.
Por alguna razón, parecía que había surgido un problema.
—Sir Balleroy hizo todo eso hace no mucho, ¿qué está pasando en Vollachia de repente, eh? ¿Tal vez el comienzo de una guerra?— pensó Cecilus en voz alta.
—… Con el Rito de Selección del Emperador basta— comentó Arakiya.
—Mhm, supongo que entiendo el punto de vista de Anya, pero no estaré en mi mejor condición, ya sabes. Mi frustración acumulada fue liberada por el Santo de la Espada, así que… Lo siento.
Cuando dos Generales empezaban a conversar, no había razón para que un soldado de a pie los interrumpiera. Mientras se disculpaba por interferir, el soldado dijo «No» sacudiendo su cabeza y agregó:
—La situación requiere la fuerza de ambos.
—Oh-jo, ¿para qué?— preguntó Cecilus.
—Es…— el soldado hizo una pausa, tragó saliva de una vez y continuó.
La situación que presentó y que requería la fuerza tanto de Cecilus como de Arakiya era…
—¡La Séptima de los Nueve Generales Divinos, la General Yorna Mishigure, ha comenzado una rebelión!
5
Yorna Mishigure, de los Nueve Generales Divinos del Sacro Imperio de Vollachia, tenía un mal hábito.
En Vollachia era usual que las personas poderosas fueran ascendidas y ocuparan altos cargos.
El sistema de los Nueve Generales Divinos, revivido por el actual Emperador, Vincent Vollachia, era una representación de esto. Pero dado que la selección se basaba únicamente en el requisito de la fuerza, naturalmente, la humanidad no estaba garantizada.
La gente fuerte podía serlo porque no complacía a los demás ni se preocupaba por los débiles.
De acuerdo con esta ideología, no tenía sentido que aquellos con la fuerza deęnitiva, los Nueve Generales Divinos, tuvieran un mínimo de ética o espíritu de cooperación.
En consecuencia, muchos de los Nueve Generales Divinos tenían un escaso historial de concurrencia, incluso a las conferencias a las que asistía el Emperador, y esta situación no era castigada. Por supuesto, eso no signięcaba que el mero egoísmo fuera perdonado.
Para esas personas, había papeles que solo ellos podían desempeñar.
A condición de que cumplieran con sus deberes, a los Nueve Generales Divinos se les permitía un grado de libertad inimaginable.
Y, naturalmente, si se les juzgaba como no aptos para estos privilegios especiales, se les obligaría a ceder por una fuerza mayor que la suya.
Esa era la forma de actuar de los fuertes, la costumbre del Imperio de Vollachia, la Tierra del Lobo Espada.
…Además, volviendo al tema del pasaje inicial.
Una de los Nueve Generales Divinos del Sacro Imperio de Vollachia, Yorna Mishigure.
Situada en la cima del poder del Imperio de Vollachia, la gobernante de la Ciudad Demonio con un poder y unos privilegios sin igual, tenía un mal hábito incorregible.
Y ese era…
—¡La Séptima de los Nueve Generales Divinos, la General de Primera Clase Yorna Mishigure, ha comenzado una rebelión!
Un mensajero irrumpió por las puertas abiertas de la sala de reuniones y, al oír el grito entrecortado del soldado, al instante se hizo el silencio en la sala.
Duró lo que tardaron las palabras en llegar a sus tímpanos y penetrar en sus cerebros.
Después, la información fue procesada por sus cerebros y, tras un instante, la reacción de cada persona se hizo evidente.
La mayoría de los Generales presentes en la conferencia tenían los ojos ampliamente abiertos y la cara tensa, mientras que las reacciones de los que estaban sentados en el centro de la sala de reuniones eran diferentes a las de los oęciales ordinarios, sin excepción.
Algunos fruncieron el ceño, unos se quedaron pensativos y otros no se movieron en absoluto. Y el que tuvo la reacción más feroz, levantando los brazos cubiertos con guanteletes dorados…
—¡¡¡Maldita sea ella, esa zorra!!!— bajó sus robustos brazos con ira, pulverizando la gran mesa en astillas.
La fuerza del golpe provocó una ráfaga de viento, y la violenta onda expansiva hizo que el cabello y la ropa de los participantes se agitaran. El golpe, dado en un arranque de ira, tenía la fuerza suęciente para matar incluso a una gran mabestia de un solo impacto, lo que recordó a todos la fuerza del hombre temido como el Caballero León, Goz Ralfon.
Pero entonces…
—Tu estupidez no se limita a tu estruendosa boca, plebeyo— mientras la gran mesa era demolida, los ojos del Emperador eran fríos y su cabello negro se agitaba con el viento resultante.
Bajo la mirada de Vincent, la cara de quien había perdido la paciencia, Goz, se puso pálida. El color rojo que habían adquirido su cara y cuello al escuchar ese informe desapareció, y Goz arrodilló su enorme cuerpo en el acto.
—¡Su Excelencia! ¡Lo lamento tanto! ¡Por favor, castígame como usted crea que es conveniente…!— dijo Goz, intentando expiarse.
—Disparates. ¿Cuándo crees que habría tiempo para castigarte? Eres uno de mis Generales, ¿y es que eres tan tonto que no comprendes la situación? ¿O insinúas que yo soy el tonto?— dijo Vincent.
—¡Mis disculpas! ¡Todo es tal y como usted dice!— Goz estaba profundamente avergonzado de su error y se postró con fuerza.Para bien o para mal, era característico suyo ser propenso a arrebatos emocionales que podían inĚuir fácilmente en su propia capacidad, así como en su mando de grandes ejércitos. Quizás esto también debería considerarse un mal hábito.
Goz haría todo lo posible por rectięcarlo si se lo señalaran. Aun así, dependiendo de las circunstancias, eso conllevaría el riesgo de reducir la manifestación más poderosa de la fuerza del hombre de los Nueve Generales Divinos a la de un simple General común y corriente.
Por eso mismo, Vincent se limitó a dirigir una sola mirada al hombre arrodillado y no lo reprendió más. En lugar de eso, dijo:
—¿Es esto lo que tu profecía antelaba, Astrólogo?
—Probablemente… Pero estoy pensando que no tiene mucho sentido tener profecías si no puedo decírselas antes, ¿verdad?— comentó el Astrólogo.
—Jhm.
Pasando de Goz a buscar más información, y tras escuchar la respuesta del Astrólogo, cuya delgada cara quedaba oculta por su túnica, Vincent resopló con una expresión que no mostraba rastro alguno de emoción.
El informe sobre aquel complot de traición coincidía con la profecía traída por el Astrólogo que se encontraba en el Palacio de Cristal de la Capital Imperial. A la luz de esto, sumado a la situación derivada del tema de la conferencia, él supo ver lo que debía hacerse.
…Lo que debía hacer el que estaba en la cima del Imperio de Vollachia, el Emperador.
—Bersteĵ— apoyando la barbilla en las manos y los codos en los reposabrazos de su silla, Vincent se dirigió al anciano delgado, quien respondió en voz baja.
—Sí— el Primer Ministro inclinó la cabeza en reverencia y Vincent dirigió sus ojos negro azabache hacia él.
—El nombre que mencionaste hace no mucho.
—…Era Madelyn Eschart, Su Excelencia.
—Esa, ¿está dispuesta a acudir cuando se la convoque?
La pregunta del Emperador parecía ponerlo a prueba, y las arrugas de la cara de Bersteĵ se hicieron más profundas. Por otro lado, antes de que el viejo Primer Ministro pudiera responder, una voz llamó a Vincent con un «Su Excelencia». En el asiento frente a Bersteĵ estaba Chisha, que servía como consejero de Vincent.
Mientras la pálida cara de Chisha no revelaba ninguna emoción, miró a Vincent y dijo:
—¿Está convencido de que quiere hacer esto?
—No tiene importancia. Si no han de cumplir con las expectativas, hemos de decapitarlos, al tonto senil y al payaso, a los dos a la vez— sentenció el Emperador.
—… Yo también estoy de acuerdo, como usted desee— al recibir la respuesta de Vincent, Chisha se retiró obedientemente.
El Astrólogo bajó la cabeza y parecía querer decir algo, pero Vincent no le prestó atención.
—Ya me has oído, Bersteĵ. Mis intenciones son claras. Tú también debes hacerlo advirtió Vincent.
—Efectivamente, lo entiendo, Su Excelencia. Ciertamente, estoy dispuesto a sacrięcar mi vida por el bien del Imperio. ¿…A qué hay que temer en eso?—
—…
Vincent no dijo nada ante la respuesta de Bersteĵ, que era tan sincera que parecía falsa.
Sin más preámbulos, Vincent dirigió su mirada a la coronilla de la cabeza de la gran ęgura arrodillada.
Goz aún permanecía postrado, por lo que solo se le veía la parte superior de la cabeza.
Así…
—Plebeyo, asimismo, aquel a quien has nominado ha de actuar sin demora— advirtió Vincent, ahora dirigiéndose a Goz.
—¡…Ah! ¡Desde luego, Su Excelencia! Actualmente se encuentra bajo custodia en los terrenos… ¡Con el permiso de Su Excelencia, procederemos en este mismo instante!
—No escupas sin pensar lo que no puedes hacer. Tenlo listo para el momento en que las tropas sean desplegadas.
—¡Sí, Señor!— dadas las condiciones equivalentes a las presentadas a Bersteĵ, Goz aceptó con una voz que retumbó como el rugir de la tierra.
Como Chisha también había aceptado, se decidió el curso de acción para los líderes del Imperio.
—La rebelión de Yorna Mishigure ha de ser reprimida. El sucesor para el puesto de Noveno de los Nueve Generales Divinos se ha de decidir en función del desempeño de esos dos, Kafma Irulux y Madelyn Eschart.
—Su Excelencia, supongo, ¿vacante siguiente ser Séptima?— tras recibir las órdenes de Vincent, Moguro planteó esta pregunta.
Como un Hombre de Acero, su voz sonaba rígida; los demás Generales presentes en la sala opinaban lo mismo. Naturalmente, si la traidora Yorna era ejecutada, se le privaría del puesto de Séptima que se le había otorgado.
—Una vez que eso pase, el General de Segunda Clase Kafma y la señorita Madelyn podrían unirse por igual a los Nueve Generales Divinos o quizá un nuevo nombre surja debido a sus espectaculares esfuerzos. Por supuesto, debemos considerar la posibilidad de que otro General Divino se pueda perder en la batalla— analizó Chisha.
—Preferiría evitar una situación tan espantosa. Aun así, creo que la preocupación de Sir Moguro es precipitada. Que la señorita Yorna sea destituida o no de su puesto depende de la voluntad de Su Excelencia, ¿no es así?— tras Chisha, la mirada penetrante de Bersteĵ se ęjó en Vincent.
Ante la inquisitiva mirada en los ojos del anciano, tan estrechos que uno podría pensar que sus párpados estaban cerrados, el Emperador cerró un solo ojo. Para los demás, probablemente no había mucho para interpretar de esa reacción, pero…
—No soy conmiserativo ni indulgente. Mas mientras ellos cumplan con su papel, yo tampoco he de revocar la posición que les concedí. No obstante…— haciendo una breve interrupción, Vincent sondeó con la mirada al personal que rodeaba la sala de reuniones, y continuó:
—Si una pieza del tablero no acata mi voluntad, ese ya no será más el caso. …Y para que sea de su conocimiento, eso igual se aplica para todos los aquí presentes.
Esas palabras de Vincent Vollachia dieron ęn a la actual conferencia.
6
…La rebelión de «La Extravagante» Yorna Mishigure.
La noticia de la rebelión de una General imperial de Primera Clase se propagó como el fuego por todo el Imperio, cuyo origen se encontraba en una gran ciudad situada al sureste del país: un incidente en la Ciudad Demonio de ChaosĚame.
Originalmente, era habitual que cada ciudad del Imperio se autogobernase mediante alcaldes que poseían ejércitos privados.
Por otro lado, había fortalezas con Soldados Imperiales posicionados en puntos estratégicos y a lo largo de las principales carreteras que conectaban todas las ciudades. Con el ęn de mantener el orden público en el Imperio, que contaba con el territorio más extenso de las Cuatro Grandes Naciones, poderosas tropas vigilaban día y noche.
Por lo tanto, la primera escena de este incidente también tuvo lugar en el asentamiento de soldados en la primera línea de defensa del reino. Quien destruyó todas las fuerzas allí presentes no fue otra que Yorna Mishigure.
—Dicen que, aunque había unos trescientos solda’os en la fortaleza, cada uno de ellos fue asesina’o. Hasta ahora había oído mucha puta mierda sobre la General de Primera Clase Yorna, pero esta vez no se va a salir con la suya.
—Ah, ¿sí?
En el ajetreado ambiente de un comedor barato, sentado a la misma mesa, un joven reaccionó con desgana al relato de su compañero y bajó la vista hacia la carne de su plato.
La carne, gruesa y asada a fuego lento, estaba sazonada mínimamente con sel y pamienta. El aroma de las hierbas le cosquilleaba la nariz y su saliva reĚejaba los gritos de alegría de su estómago vacío.
«Carne a la que le puedes hincar el diente a gusto» era el eslogan del local, y no había nada que objetar al respecto. Pero al joven le gustaba la carne que no estuviera bien cocida y que conservara un color más rojizo.
Todo esto era el resultado de dejar el asunto de ordenar completamente en manos de su vulgar compañero.
Era totalmente un descuido suyo, ya que sabía que su compañero tomaba decisiones sin cuidado.
Se prometió ęrmemente que nunca más dejaría que esa persona tomara ninguna decisión en su nombre.
Como sea…
—Oie, ¿qué con esa respuesta a medias? Esto es importante pa’ el Imperio. No es problema de alguien más.—Justo antes de que pudiera hincar el diente en la carne que no era del todo de su agrado, su compañero se inclinó hacia delante… con un parche en el ojo derecho, Jamal apagó el ánimo con una voz sombría.
Su compañero lo miró con el ceño fruncido y, bajo su mirada, el joven dejó el tenedor que tenía en la mano…
—No creo que en verdad sea problema de otra persona. Es solo que estamos a mitad de la comida, ¿sabes? Tú eres quien me trajo a este reputado restaurante y aun así me estás haciendo esperar, no es justo.
—Pendejo. Puedes comer carne casi cuando quieras. Pero ¿cuántas veces tienes una oportunidad como esta pa’ demostrar tu valía como Solda’o Imperial? Será mejor que también te lo tomes en serio.
—En serio, ¿eh? No lo pareces, pero tú sí que eres un tipo muy serio, ¿no?
—¿Qué coño?
Ante esa expresión involuntaria de pensamientos sinceros por parte del joven, la cara de Jamal se enrojeció de inmediato.
Contrariamente a su lenguaje y comportamiento groseros, lo extraño de Jamal era su profunda lealtad a los soldados imperiales. Aunque era un vizconde sin poder, el hecho de provenir de una familia aristocrática imperial pudo haber inĚuido en él de alguna manera.
Pero la realidad era que Jamal no tenía ni la autoconciencia ni la preparación necesaria para ser el próximo Jefe de la familia Aurélie, y su única obsesión era ascender en el mundo con solo sus propios méritos. Por decirlo de forma agradable, era un hombre honesto que no dependía del poder de su familia. Por decirlo de forma desagradable, se le podría llamar un completo idiota que tomó su privilegio ideal y lo tiró a la basura sin aprovecharlo.
De las dos cosas, se acercaba más a la segunda, precisamente porque seguía estando al mismo nivel que uno de los soldados rasos a pesar de haber nacido como vizconde. El joven no estaba en desacuerdo con la opinión de que Jamal era un idiota.
Aun así…
—Te felicito. Aunque las cosas parezcan así, tengo suęciente cerebro como para mostrar el debido respeto al tipo que pronto será mi cuñado.
—¿Me «felicitas»? Pu’s no noto nada de respeto en tu tono…
—No está en mi naturaleza poder elogiarte abiertamente. Si pudiera, a Katya también le resultaría más fácil conęar en mí.
—Seh, probablemente tengas razón. Es bastante testaru’a, diría yo.
El joven se encogió de hombros mientras Jamal se cruzaba de brazos y asentía al estar de acuerdo. Las palabras pudieron haber sido superęciales, pero parecían ser lo suęcientemente efectivas para Jamal.
No tenía intención de dejar que su relación se deteriorara. …Estaría en problemas si no pudiera seguir viendo a Katya.
Porque esa muchacha, pariente consanguínea de ese hombre grosero — Katya Aurélie—, era lo único que el joven no estaba dispuesto a perder.
—Seh, bueno. Dejando a un la’o el tema de Katya, regresemos al de la General de Primera Clase Yorna.
—¿No puedo comer la carne mientras lo hacemos?
—¿Qué eres, un glotón? No va a tardar tanto, solo escucha.
Lejos de comer la carne que olía tan tentadora, el joven frunció los labios y miró a Jamal.
Su descontento era evidente, pero Jamal pareció tomarlo como una señal de seriedad y levantó un dedo, diciendo «¿Ves?», con gran satisfacción.
—También he oído que se va a enviar al ejército pa’ reprimir la rebelión de la General de Primera Clase Yorna… Y que será una prueba pa’ decidir quién será el próximo miembro de los Nueve.
—¿Y eso por qué? Sé que se perdió un Generale Divino hace poco, pero ¿qué tiene que ver eso con lo que está pasando ahora?
—Creo que no pueden dejar vacante el puesto del Generale Divino pa’ siempre. Y dicen que, por eso, quienquiera que ayude a sofocar rápidamente la rebelión obtendrá el puesto vacante. ¡¿Pu’s qué te parece?!
—Pues que la verdad me da igual.
Jamal se había ido calentando cada vez más mientras hablaba y, profundamente decepcionado por esa respuesta, exclamó: «¡¿Qué coño?!». Su trasero se deslizó del banquillo y movió la cabeza con decepción.
Era como si le hubieran dicho idiota, y eso le molestaba.
—Aunque lo que dices sea cierto, ¿qué tiene eso que ver con nosotros? En serio, no me digas que vas a intentar hacer alguna hazaña extraordinaria ahora para que te asciendan a los Nueve Generales Divinos.
—Eh, ¡claro que seh!
—Sabía que eras un idiota, idiota, pero nunca pensé que lo fueras hasta tal punto.
Se quedó atónito al ver a Jamal mostrando sus dientes blancos, junto con un gesto de pulgar levantado hacia él.
El puesto de General Divino, el ápice del ejército del Imperio de Vollachia, era la aspiración de muchos oęciales. Jamal aún más; con el trasfondo de un vizconde, albergaba un fuerte orgullo como Soldado Imperial.
Era normal que aspirara a convertirse en uno de los Nueve Generales Divinos.
—Mira, Jamal… Tú y yo somos soldados rasos del Imperio. Puede que seas Soldado de Primera Clase, pero estás lejos de ser General, eres un soldado de a pie.
—Una razón más pa’ dar un paso y darle la vuelta…
—Así es la vida, no es posible que una oportunidad así caiga en nuestras manos. Además, lo de otorgar el puesto de próximo General Divino al que obtenga los mejores resultados reprimiendo la rebelión suena falso de todos modos. ¿De dónde sacaste eso?
Como hombre con un círculo de conocidos inesperadamente amplio, Jamal recopilaba todo tipo de rumores dudosos.
El joven era bastante cauteloso al respecto, ya que Jamal tenía un historial de dejarse llevar por noticias falsas. Para ser sinceros, el joven había asumido que era falso desde el principio.
No obstante, «Ahí ‘ta la cosa», respondió Jamal a la pregunta del joven con una sonrisa de conęanza.
—Bueno, en tu caso, el nivel de conęanza no tiene nada que ver con la autenticidad del asunto.
—Ya cállate de una puta vez, no voy a dejar que lo cuestiones. Digo, lo escuché de los que escaparon de la fortaleza que destruyó la General de Primera Clase Yorna.
—¿…Los tipos que escaparon de la fortaleza destruida?— reĚexionó sobre lo que había oído, mientras Jamal se agarraba la cabeza, habiéndolo soltado sin pensar.Pero, por ahora, el joven postergó cualquier alusión al grado de estupidez de Jamal y se puso a pensar. Esta vez, la información de Jamal podría no ser tan ridícula como había pensado.
—Habiendo escapado de la fortaleza, serían partes relacionadas con la situación… Dado que estarían informados de las circunstancias, ¿podrían estar conectados con los altos mandos? Y, si es ahí donde lo oíste…
—Oie, ¿qué coño es eso? ¿Qué pasa con todos esos murmullos?
—…Jamal. Puede que tu historia no sea cosa de risa, ¿sabes?
—…
Jamal, poniendo una expresión amarga ante su metedura de pata, tragó saliva tras ese comentario.
Pero rápidamente la cambió por una más animada…
—¿Pu’s qué coño se te ocurrió? Cuéntalo ya mismo, Todd.
—Espera un poco, no te apresures tanto. Tomémonos nuestro tiempo, calmémonos y reunamos información. De todos modos, nos van a llamar. No sería muy divertido si muriéramos— respondiendo al impaciente Jamal, el joven… Todd Fang, esbozó una sonrisa retorcida.
Sonriendo, ęnalmente hincó el diente en el enorme trozo de carne sobre su plato.
La carne casi se había enfriado, pero al ęnal sus aęlados colmillos la desgarraron sin piedad en pedazos.
7
La terrible escena de la fortaleza invadida no era muy distinta del informe sobre la masacre unilateral.
Al llegar al lugar y pisar el suelo donde varios Soldados Imperiales habían perdido la vida, Goz Ralfon sintió un tortuoso dolor no físico en su enorme pecho.
Los cadáveres ya habían sido retirados, por lo que no presenció las espeluznantes muertes.
Aun así, las consecuencias de la batalla habían quedado grabadas en cada rincón de la fortaleza: las numerosas armas rotas y los restos de sangre que no habían sido limpiados daban testimonio de la feroz batalla que había tenido lugar allí.Con el corazón doliendo por la terrible escena, Goz contempló los alrededores desde la azotea de la fortaleza.
Aquellos que habían sido asesinados sin piedad allí debían de ser soldados honorables dispuestos a defender el Imperio.
Ser masacrados sin poder hacer nada, incluso en el Imperio que ensalzaba la supervivencia del más apto, era una tragedia.
—¡Maldita seas, Yorna Mishigure…!
Su voz temblaba de justa indignación, y Goz apretó su puño, uno que era del tamaño de la cabeza de un niño.
Que quien había cometido tal alta traición fuera un General perteneciente a los Nueve Generales Divinos como él, signięcaba que Goz no podía reprimir la emoción que ardía en su interior.
¿Por qué, por qué un General Divino que debe ejercer su poder para la defensa del Imperio masacraría a soldados que empuñaban sus espadas bajo la misma voluntad? ¿Por qué de entre todas las cosas?
Sobre todo, ¿en qué momento Yorna Mishigure le juraría sincero vasallaje a Su Excelencia el Emperador?
—…
Goz era un veterano que había ascendido como Soldado Imperial; desde el resurgimiento del sistema de los Nueve Generales Divinos, había sido designado como uno de los miembros fundadores y había continuado ocupando ese puesto hasta el día de hoy.
No creía que sus propias habilidades fueran excepcionalmente superiores en comparación a las de los otros Generales Divinos, pero se enorgullecía de que su lealtad a Vincent, el Emperador de Vollachia, no tuviera comparación.
Desde el punto de vista de Goz, Yorna, quien había comenzado una rebelión contra Vincent una y otra vez, era difícil de comprender.
Cada vez que se reprimía la insurrección, Vincent protegía generosamente su cuello y su posición a pesar de ello, y una vez más se producía una situación como esta.
Ni el respeto por Vincent, ni la comprensión de su papel como General de Primera Clase, existían siquiera.
Por esa razón…
—Deęnitivamente, he de decapitar a la General de Primera Clase Yorna por esta rebelión.
—Bueeeno, eso será un poco difícil, ¿no? Aprecio tu entusiasmo, Goz, pero ya sabes, Yorna se ha refugiado en la Ciudad Demonio otra vez, ¿no es así?— La expresión solemne de Goz se volvió sombría, y una voz relajada llegó desde atrás, como para frenar su ardor.
Cuando Goz se dio la vuelta, ante él se encontraba un joven delgado de cabello azul que había aparecido en la azotea sin que nadie lo notara. Mientras observaba la devastación de la fortaleza, al igual que Goz lo hizo…
—Las excentricidades de Yorna son tan implacables como siempre, ¿eh? Dicen que todos los que permanecieron en la fortaleza fueron aniquilados por Yorna sola, pero…
—En efecto. Eso es lo que escuché de los que escaparon. De hecho, estoy seguro de ello. Con la fuerza de la General de Primera Clase Yorna, los aliados no son requeridos para derribar la fortaleza— contestó Goz al joven.
—Jaja, sí, en todo caso, Yorna es más fuerte cuando pelea sola. Mis condolencias a todas las personas con las que se cruzó y, a continuación, ¡me gustaría enviar mis agradecimientos al acto de apertura!
Con bastante buen humor, tal fue la declaración del joven… de Cecilus Segmunt, y Goz le lanzó una mirada de reproche. Eso era muy poco respeto hacia los muertos.
Cecilus respondió a la mirada crítica de Goz con un «¿Oh?» y levantó una ceja.
—¿Acaso estás disgustado?— preguntó Cecilus.
—Obviamente. Referirse a los soldados caídos como «acto de apertura»… Ellos tenían sus propias historias y vidas. Por decirlo con tus palabras, el escenario era suyo— explicó Goz en términos que Cecilus pudiera entender.
—Uy, mis disculpas. Pero déjame hacer una corrección, Goz.— con un chasquido, Cecilus levantó un dedo y miró hacia arriba a Goz, que era más alto. Con ese delgado dedo apuntando a su mandíbula, las gruesas cejas de Goz se fruncieron y Cecilus continuó.
—Ciertamente, hay un dicho... que cada persona es la protagonista de su propia historia, pero para mí eso es escapismo. Es imposible. En este mundo, solo hay un gran programa llamado «este mundo»… y solo hay una estrella brillante, un único actor principal en el escenario.
—… ¿Y aęrmas que ese eres tú?
—¡Síp, así es!— golpeándose el pecho, Cecilus lo aęrmó sin mostrar ninguna vergüenza. Esa era la ęlosofía de Cecilus, un credo que nadie podía refutar: ni Goz ni nadie más en el Imperio podía ridiculizarlo como un sueño imposible. ¿Por qué? …La razón era que se trataba del Imperio de Vollachia, donde se estimaba a los fuertes, y Cecilus Segmunt era incomparable, el espadachín más fuerte, y ostentaba el título de Primero. El más fuerte del Imperio.
De acuerdo con la forma de actuar del Imperio de Vollachia, para ridiculizar su lógica y negarla, uno debía ser más fuerte que él. Y no había nadie así en ninguna parte.
Por lo tanto, nadie podía negar la ęlosofía de Cecilus.
—…Otra vez. Cecilus, eres tan estúpido.
Inmediatamente después de su conclusión, apareció una excepción que tachó la ęlosofía de Cecilus de estúpida.
La excepción, envuelta en viento, descendió lentamente desde el aire y pisó la azotea de la fortaleza. Un viento invisible se arremolinaba a su alrededor, ondeando su corto cabello plateado, era la joven mujer perro, Arakiya. Esa era una alineación que consistía en el Primero, la Segunda y el Quinto de los Nueve Generales Divinos.
Si un soldado que desconocía esto se precipitaba a este lugar, entraría en una gran conmoción.
Pero entonces…
—Oh, llegas tarde, Anya. Empezamos a correr al mismo tiempo con la señal de «listos, fuera», pero yo llegué a la fortaleza bastante más rápido, ¿no?— saludo Cecilus a Arakiya.
—… En realidad no habíamos decidido adónde iríamos— le recordó ella.
—Ahora que lo mencionas, es cierto, pero como Goz estaba de pie en lo alto de la fortaleza como un faro dorado brillante, tampoco dudaste en venir aquí, ¿no? En ese caso, ¿no sería justo decir que gané porque llegué primero con Goz?
—Muérete, Cecilus.
—¡Tienes mal carácter porque no sabes discutir!— cuando Arakiya habló con una mirada despectiva, Cecilus también le respondió alzando la voz.
Si algún soldado hubiera presenciado esta infantil discusión, su conmoción iría más allá del simple hecho de ser una reunión de Generales Divinos, y se arraigaría en algo más profundo.Por naturaleza, tanto Cecilus como Arakiya tendían a carecer de autoconciencia como Generales Divinos, pero cuando se juntaban, esa tendencia se hacía cada vez más notable.
De los dos, Arakiya era la más seria, pero tendía a dejarse llevar por el ambiente de Cecilus y ser arrastrada al mismo nivel.
—General de Primera Clase Arakiya, será problemático si habla al mismo nivel que Cecilus. Debería tener más autoconciencia como una de los Nueve Generales Divinos, las propias manos y pies de Su Excelencia— expresó Goz.
—… Lo siento— dijo Arakiya.
—¡¿Guou, guou, guou?! Goz, ¿acaso te dio la impresión de que Anya es mejor persona para hablar que yo? Eso es muy hiriente, o mejor dicho, ¡me opongo! En serio, ¡Anya también está loca! ¡Por ejemplo, siempre cocina huevos fritos por un solo lado!— se quejó Cecilus.
—Si los quieres cocidos por ambos lados, hazlos tú mismo.
En respuesta a las palabras de Arakiya, que fruncía el ceño, Cecilus hizo un puchero y soltó un gruñido.
Con una mirada de reojo hacia ellos, Goz volvió a entrecerrar los ojos ante la terrible escena de la fortaleza y la brillante Ciudad Demonio que se podía ver más allá.
…A lo lejos, brillando en el corazón de la Ciudad Demonio, se encontraba el Castillo Lapislázuli Carmesí.
Hecho de cristales mágicos especiales llamados lapislázuli carmesí, era un castillo que igualaba en belleza al Palacio de Cristal de la Capital. Por otro lado, en su interior se encontraba la traicionera vasalla llamada Yorna Mishigure.
—Ahora que lo pienso, ese destello se parece al color de la sangre— comentó Goz.
—Bueno, creo que eso es pasarse un poco… Como sea, parece que Anya y yo estamos bajo tu mando esta vez, así que, ¿qué hacemos?— preguntó Cecilus a Goz.
—No voy a molestarlos limitándolos con lógica. Una vez que comience la batalla, los dejaré bajo su propio juicio.
—¡Tan propio de Goz! ¡Qué razonable!— encargado de actuar como agente libre, Cecilus aplaudió con los ojos brillantes y lleno de alegría.Las cualidades requeridas para los Generales del Imperio eran la fuerza individual y la capacidad de dirigir grupos.
Goz había alcanzado un cierto nivel de aptitud en ambas, mientras que las cualidades de Cecilus se concentraban completamente en la fuerza individual.
Asimismo, Arakiya también destacaba por poseer fuerza individual, en contraste con personas como Chisha, que por naturaleza mostraban una capacidad extraordinaria para dirigir grupos.
Diseñó campos de batalla adecuados para cada uno, donde su fuerza pudiera brillar plenamente.
Eso era lo que signięcaba desplegar fuerzas para la batalla, y también era una regla inquebrantable de las tácticas de Goz.
A decir verdad, tanto con Cecilus como con Arakiya, incluso si el oponente contaba con una fuerza considerable, no sería rival para ellos dos. Aun así, esa lógica ya no era válida en los casos en que el oponente era un General Divino.
—Mucho menos cuando el oponente es Yorna Mishigure… Debemos estar completamente seguros de que todo vaya a la perfección.
—Yorna Mishigure…— Arakiya inclinó la cabeza mientras escuchaba los murmullos de Goz, quien tenía sus gruesos brazos cruzados. A la vez se tocaba con el dedo el parche que le cubría el ojo izquierdo, dijo:
—Nunca la he conocido. ¿Cómo es ella?
—Mhm… Tiene sentido. Dado que la General Yorna nunca se ha aparecido en una conferencia, ¿verdad?— comentó Goz.
—Hablando de eso, ¡ni Anya ni yo somos invitados a las conferencias! «Las cosas proceden sin mayores contratiempos si no estamos ahí», eso dijo Su Excelencia, según lo que me contó Chisha,
—No puedo negarlo, a pesar del hecho de que a todos nos molesta un poco— dijo Goz tras las palabras de Cecilus.
El tema de la baja tasa de asistencia de los Nueve Generales Divinos acababa de surgir en la conferencia más reciente.
Sin embargo, dado que no se esperaba la asistencia de Cecilus, Arakiya y Yorna, la asistencia máxima se limitaba a seis personas. Y teniendo en cuenta que actualmente carecían de un Noveno, el límite era de cinco personas.
Tan solo en la conferencia del otro día, ni siquiera los cinco pudieron estar presentes.
En cualquier caso…
—La General Yorna es una mujer zorro que gobierna la Ciudad Demonio. Su conducta arrogante y su falta de respeto hacia Su Excelencia son evidentes, y me disgustan— dijo Goz al describir a Yorna.
—Es increíblemente hermosa, y su aura la hace atractiva como una actriz de teatro. Oh, e incluso yo traté de matarla dos veces, pero no pude— añadió Cecilus.
—…Aah, Cecilus, ¿fallaste en matarla?— Arakiya se quedó atónita ante el dato adicional, quedándose sin palabras.
La relación entre Cecilus y Arakiya, así como el hecho de que Arakiya había intentado matar a Cecilus muchas veces en su búsqueda por la posición de Primera, era bien conocida. Goz también había estado presente una vez en su batalla a muerte.
Arakiya debía de haber retado a Cecilus más de cien veces.
Desde su punto de vista, un oponente a quien Cecilus —que no tenía rival en el Imperio— no pudiera matar era algo inaudito.
Permaneciendo inmóvil, con su ojo ampliamente abierto, Arakiya miró a Cecilus de arriba abajo y dijo:
—Cecilus, ¿te contienes cuando tu oponente es una mujer hermosa…?
—¡Guou, guou, guou, no me contengo! No importa quién sea mi oponente, ¡no voy a tomar atajos intencionalmente! De todos modos, si no pudiera tomarme eso en serio porque la oponente es una mujer hermosa, ¿no te encontrarías tú en la misma situación?
—…
—Qué puedo decir, la fuerza de Yorna es peculiar. Creo que es algo similar a la de Olbart en ese aspecto. Bueno, ¡la fuerza de Olbart también es incomprensible, ¿verdad?
Mientras Cecilus seguía hablando de la fuerza de Yorna, la expresión de Arakiya mostraba sentimientos encontrados.
Goz también compartía la opinión de Cecilus en cuanto a que era difícil de explicar, ya que no se sabía mucho sobre los detalles del poder de Yorna. Pero Cecilus tenía razón en que, mientras el mecanismo no estuviera claro, sería difícil someterla; se podría considerar que su fuerza era similar a la del Tercero de los Nueve Generales Divinos: Olbart Dunkelkenn.
—Cada vez estoy más y más confundida. Al ęnal, ¿qué tan fuerte es ella?— dijo Arakiya con desconcierto.
—Ah, no culpe a Cecilus, General de Primera Clase Arakiya. A mí también me resultaría difícil explicar la fuerza de la General de Primera Clase Yorna. Aun así, si tuviera que expresarlo con palabras…
—¿Expresarlo con palabras?— con la cabeza inclinada hacia un lado, Arakiya buscó una respuesta a su pregunta, y Goz reĚexionó por un momento.
Pero al ęnal solo una respuesta le vino a la mente, así que habló.
—Supongo que se podría decir que es un poder que cambia de intensidad de vez en cuando, como su pseudónimo, «La Extravagante»— dijo Goz ęnalmente.
—…No lo entiendo— continuó Arakiya.
—¡Ya lo sé, claro!— Cecilus se carcajeó ante la explicación de Goz, y Arakiya inclinó la cabeza tratando de ver qué era tan gracioso.
Quizás molesta por su actitud, Arakiya le lanzó una mirada de reproche. Esto pasó por alto al espadachín como una brisa fresca, y su indignación fue en aumento.


En circunstancias normales, Goz no tenía la impresión de que Arakiya fuera de mal carácter, y estaba casi impresionado por el grado en que Cecilus había conseguido ponerla de los nervios.
El comportamiento del dúo no había cambiado con respecto a lo habitual antes de la batalla, pero si eso se consideraba una señal de conęabilidad era otro asunto…
—…Por el bien de Su Excelencia el Emperador, debemos llevar a cabo nuestra misión— anunció Goz.
—Es cierto, sí— lo apoyó Cecilus.
—No tengo ninguna objeción— mencionó Arakiya.
Para la represión de la rebelión actual, Goz era el oęcial al mando de las tropas enviadas. La respuesta de Cecilus y Arakiya a sus decididas palabras no fue ni vacilante ni titubeante.
Mientras no hubiera dudas sobre su voluntad o su capacidad, no habría deseo de cambio.
Así era la forma de actuar de Vollachia, y así eran las cosas bajo el reinado de Vincent Vollachia.
—¡General de Primera Clase Goz! ¡El General de Segunda Clase Kafma Irulux ha llegado!
—Así que vino.
Corriendo hacia la azotea de la fortaleza, su subordinado le entregó un informe, al que Goz respondió con un digno asentimiento.
El subordinado quedó estupefacto al ver a Cecilus y Arakiya, ya que no sabía de su llegada, pero rápidamente volvió en sí y continuó con su informe.
—Sobre el General de Segunda Clase Kafma, hay un pequeño problema.
—Jhm, ¿un problema, dices? No me digas que ha pasado algo durante su arresto domiciliario— al oír que su subordinado bajó el tono de voz, Goz hizo una mueca y le preguntó eso en respuesta.
Kafma Irulux… Un joven del Clan de la Jaula de Insectos, con un fuerte sentido de la responsabilidad, que lamentaba sinceramente las acciones imprudentes de su gente; quienes se habían rebelado contra el Emperador. Goz le había informado a Vincent que Kafma estaba incluso dispuesto a quitarse la vida, y eso no era una exageración. De hecho, Goz había intercambiado palabras con el arrepentido hombre y fue testigo con suspropios ojos de que este se había empujado a sí mismo hasta el punto de poner en peligro su vida por voluntad propia.
Tal cosa no era su deseo, pero si su sentido de culpa aumentaba más y más, se habría impuesto un castigo que acabaría con su futuro.
Si eso llegaba a pasar, como quien lo había recomendado como el próximo General Divino, Goz también sería considerado responsable.
A Goz no le importaba lo que le sucediera a él mismo, pero no quería decepcionar a Vincent.
En cambio, con respecto a su pregunta previa, su subordinado respondió «No, señor» sacudiendo la cabeza, y después añadió:
—Bueno, creo que será más rápido si lo ve de primera mano.
—¿Me estás diciendo, que no puedes saberlo?— preguntó Goz.
—A-Así es, señor…
Goz bajó la mirada, con la mano en la barbilla, y su subordinado asintió, intimidado.
La forma de expresarlo era algo preocupante, pero no parecía coincidir con el peor de los casos que Goz había temido.
—No es que sea muy importante, pero si le hablas a un «General de Primera Clase», no sabemos si te reęeres a Goz, a mí o a Anya. Verás, aquí casi todos somos Generales de Primera Clase— hizo notar Cecilus.
—¿Alguna vez has hecho algo propio de un General de Primera Clase?— cuestionó Arakiya.
—¡Así es! Con la dignidad del Imperio de Vollachia en juego, ¡peleé en un combate uno contra uno con el más fuerte del Reino, el Santo de la Espada!
—Escuché que te dieron una paliza.
—Bueno, cuando volvimos a pelear en el Reino, ¡fue un empate!— dando un pisotón, Cecilus respondió al comentario de Arakiya haciendo un puchero.
Lamentablemente, había órdenes estrictas de que nada relacionado con la ya mencionada incursión de Cecilus al Reino —incluido el incidente que provocó allí— debía ser comunicado a otros.
Después de esto, al desconcertado subordinado, que había escuchado esto por casualidad, se le debería de decir que mantuviera la boca cerrada. Asegurándose de no olvidarlo, Goz le dijo a su subordinado «Entendido» y…
—Vayamos con Kafma. Guíanos hasta él.—
8
—Jajaa, bueno, bueno. Oh vaya, ya veo— con una mano en su delgada barbilla, Cecilus inspeccionó minuciosamente de cerca lo que estaba delante de él.
Observando desde unos cuantos pasos de distancia, Arakiya dudaba si lanzar un ataque por la espalda, que estaba llena de aperturas.
Vincent le había dado permiso para ir tras Cecilus bajo su propia discreción, pero ella pensó que debía elegir un momento oportuno durante la misión. Por no mencionar que, si luchaba contra Cecilus allí, terminaría causando problemas a Goz y al resto de soldados, sin tener en cuenta a él.
Goz tenía una complexión enorme y una cara aterradora, pero a Arakiya no le desagradaba.
Se preocupaba por las cosas e intentaba cuidar de ella, y si había algo que creía que era malo, le advertía. La intuición de Arakiya no era la mejor, por lo que le resultaba útil.
Por esa razón, aunque parecía una oportunidad perfecta, no atacó a Cecilus por la espalda.
—Eh, no has intentado tener una pelea conmigo, Anya. ¿Por ventura no has notado que acabo de dejar una apertura?
—Muérete.
Cecilus no parloteaba con lenguaje abusivo, pero lo parecía, y ella le respondió por reĚejo.
Ante esto, él solo esbozó una sonrisa burlona, lo cual dejó a Arakiya con un amargo regusto de irritación.
—Como sea, él nunca me ha sido un conocido, pero es una persona sorprendentemente inusual, ¿no? ¿Dijiste que se llama Kafma?— preguntó Cecilus.
—…Ciertamente, siempre ha sido diferente de los demás en algunos aspectos, pero no hasta tal extremo— respondió Goz.
—Ah, así que al ęnal es así. Me alegro. No esperaba que alguien aún más inhumano que Moguro se uniera a nosotros, así que me estaba preparando.—Sin prestar un mínimo de atención al estado de ánimo de Arakiya, tanto Cecilus como Goz estaban intercambiando palabras delante de… el objeto que habían llevado al sótano de la fortaleza.
Goz tenía el ceño fruncido y Arakiya no podía adivinar qué pasaba por su mente. En su corazón había resentimiento, pero también pensaba lo mismo que Cecilus.
Sería difícil llevarse bien con este objeto llamado Kafma
La razón era…
—Es como una crisálida, ¿no?— con una leve sonrisa en la cara, Cecilus expresó francamente su impresión.
Crisálida… Un estado que era uno de los procesos por los que los insectos cambiaban durante su etapa de crecimiento antes de emerger.
Había sido colocado allí, delante de todos, en el sótano, cubierto por un caparazón de color marrón rojizo, sin la más mínima señal de movimiento. Al saber que este era Kafma Irulux, Arakiya también se quedó desconcertada.
—¿Por qué, es así?— inclinando la cabeza, Arakiya le preguntó al soldado responsable de transportar la crisálida. En seguida, el soldado saludó con «¡S-Sí, señora!», retrocediendo.
—Durante el arresto domiciliario del General de Segunda Clase Kafma, introdujo un nuevo insecto en su cuerpo…— explicó el soldado.
—Un insecto…— repitió en voz baja Arakiya.
—Es una acción bastante arriesgada, o eso me han dicho.
Aunque asintió ante el comentario del rígido soldado, en realidad no lo comprendió.
Cuando Arakiya miró a Goz en busca de una respuesta, este murmuró «Así que es eso», con una mano en la frente.
—Inmediatamente después de nacer, la gente del Clan de la Jaula de Insectos toma un parásito, llamado insecto, que les ha sido transmitido por sus familiares y lo introducen en sus cuerpos. Coexisten con esos insectos y, a veces, toman prestado su poder, que es la característica especial del Clan de la Jaula de Insectos…— explicó Goz.
—Pero él se introdujo uno nuevo— dijo Arakiya.
—Sí, he oído hablar de eso. Los miembros del clan que sobresalen deben introducirse uno nuevo y desarrollar sus habilidades. Lo que signięca que el General de Segunda Clase Kafma…— añadió Goz, interrumpiendo ahí sus palabras.
—…Así que, en la búsqueda de un poder nuevo, ¿está llevando a cabo esta acción?— contemplando la crisálida con los ojos entrecerrados, Cecilus llegó a la conclusión de la conjetura de Goz.
Incluso Arakiya, que apenas se interesaba por los asuntos del mundo, se había enterado de la oposición del Clan de la Jaula de Insectos a Vincent y del consiguiente castigo impuesto a una parte considerable del clan. Kafma Irulux también, aunque no había participado en la rebelión, procedía de ese mismo clan, por lo que se le puso bajo arresto domiciliario.
Durante ese periodo, se introdujo el nuevo insecto en el cuerpo y él…
—¿Estaba enojado y quería desquitarse?— pensó Arakiya en voz alta.
—¡Ajajajajajajajajaja! ¡Por supuesto que no! ¡Si no eres tú, Anya!— se burlo Cecilus.
—…
—La razón por la que las personas con remordimientos quieren poder es clara y simple: para un regreso. Para matar a su incapaz yo y convertirse en uno diferente, subiendo al escenario de la muerte. ¿Qué más podría ser?
Arakiya pensaba que podía ser otra cosa, pero Cecilus tenía razón. Ella también había deseado alguna vez ese tipo de poder. No, todavía lo deseaba. En el momento en que su propio poder no fue suęciente para proteger a su persona más preciada, la vida de Arakiya dio un giro radical. La sensación de impotencia que había sentido entonces era enorme y todavía la afectaba en el presente.
¿Y si lo mismo le hubiera pasado a Kafma Irulux?
—Para convertirse, en una persona más fuerte— dijo Arakiya.
—Literalmente, está esperando cambiar emergiendo de la crisálida, ¿eh? No obstante, me pregunto cuánto tiempo tardará en salir de este estado. Goz, ¿tienes alguna idea?— preguntó Cecilus.
—… Lo desconozco, pero puedo decirte esto. No podemos esperar mucho tiempo— con una expresión angustiada, Goz respondió como si estuviera exprimiendo las palabras.Como quien había respaldado a Kafma como el próximo General Divino, Goz seguramente tenía un fuerte deseo de verlo participar activamente en esta batalla. En cambio, tal y como estaban las cosas, parecía que eso no iba a suceder.
Y, lamentablemente, no había tiempo para esperar.
—Ya veo, ya veo… Si ese es el caso, terminemos con esto sin demora.
—¿Cecilus?
Sintiendo lástima por él, Arakiya quería hacer algo por Goz.
Cecilus habló en voz baja frente a Arakiya y desenvainó lentamente su espada.
Preparó la espada de tenue color azul, apuntando con el ęlo hacia la crisálida de Kafma.
En su perfeccionada habilidad con la espada, no había rastro de chiste ni de broma.
—Cecilus, ¿qué rayos estás haciendo?— preguntó Goz preocupado.
—Bueno, si tuviera que decirlo, ¿quizás estoy cuestionando la determinación de Kafma? Si no podemos tardar mucho, entonces supongo que tendrá que demostrármelo. …Qué tan serio es— Cecilus respondió a la cautela de Goz, con sus ojos azules mezclándose con la energía de la espada.
A medida que la energía resonante de la espada aumentaba, Arakiya sintió que los espíritus menores que acechaban en el aire a su alrededor se asustaban. …Como la Devoradora de Espíritus, eso era aterrador.
Podía entender por qué los espíritus le tenían miedo, ya que se los comía. Por otro lado, estos temían al aura de la espada de Cecilus, porque ese poder transmitía la impresión de una muerte etérea.
Y lo mismo pasaba con el trágico ser del Clan de la Jaula de Insectos que se había convertido en crisálida…
—… Sh— Cecilus exhaló brevemente y la espada en su mano zumbó con poder.
Un ligero movimiento de muñeca que emitió un destello de la espada, era la técnica llamada Corta Nubes que Cecilus había mostrado como entretenimiento. Pero pocos podían reírse de ella como si fuera un espectáculo callejero.
En particular, aquellos con un coraje poco común, como la Señora de Arakiya y Vincent.Para aquellos que no lo tenían, bastaba con darles una sensación como si su propia carne fuera cortada en dos.
Como consecuencia…
—…Jaja, por supuesto— riendo, Cecilus inclinó la cabeza.
Algo parecido a espinas violetas salieron disparadas de las grietas de la crisálida y saltaron como si quisieran rasguñarle la mejilla. Probablemente se trataba de algún tipo de respuesta defensiva al aura de las espadas de Cecilus.
Las espinas brotaron del interior de la crisálida inmóvil, y Cecilus lidió con ellas hábilmente con una espada, protegiéndose a sí mismo.
Entonces…
—Creo que ya debería ser seguro romper la cáscara. Como reaccionó al aura de mi espada, ahora solo es cuestión de tiempo, creo— avisó Cecilus.
—Y-Ya veo… Sí, eso parece— al principio, Goz pareció sorprendido, pero se convenció al tocar las espinas extendidas.
Una vez que ejerció fuerza sobre la espina que había tocado, esta se rompió y se hizo pedazos. La siguiente, aunque Ěexible como una planta de ave del paraíso , tenía una dureza como si estuviera congelada.7
Se extendió por todas las espinas que salían de la crisálida, y conęrmó que todas se habían desmoronado. Entonces Goz volvió a llamar a sus soldados y les ordenó que removieran la crisálida de Kafma.
—No, podrían ser atacados por las espinas al removerla. Yo lo llevaré a cabo. Les dejo a ustedes la recuperación de la cáscara arrancada.
—E-Entendido, señor— respondieron y rápidamente se pusieron a trabajar en la crisálida, siguiendo las instrucciones de Goz.
7: Una planta sudafricana con Ěores que parecen grullas, también se le llama streliĵia.[¿Qué pasa con esa extraña conexión? Creo que sería más saludable para ti determinar tu propio humor sin depender de mí o de la dueña de tu corazón.]
Al ver el estado de las cosas, Cecilus envainó su espada y miró hacia atrás por encima del hombro con buen humor. Disgustada por su estado de ánimo optimista, la mirada de Arakiya se volvió bastante dura.
—Oh, estás de mal humor, ¿verdad, Anya?
—Tu buen humor es mi mal humor.
—…Tsk.
Los ojos de Arakiya ardían de ira, al haberle dicho algo que no quería oír. Pero Cecilus apartó el calor con la mano, y diciendo «En cualquier caso» continuó…
—El surgimiento de los insectos es un fenómeno increíblemente maravilloso, ¿no? Después de todo, las mariposas tienen un aspecto totalmente diferente cuando son larvas que cuando son adultas, ¿no? Las habilidades que utilizan para sobrevivir también parecen diferentes, ¿verdad?
—…Comer hojas y sorber néctar.
—¡Cierto, su comida también es diferente! De hecho, son cosas totalmente distintas. Incluso las crisálidas, si rompes la cáscara antes de que emerjan por sí solas, el interior es blando y se forma un terrible desastre…— así habló Cecilus, yendo muy lejos.
En el fondo, desde la dirección de la crisálida de Kafma, se oían la voz grave de Goz y las ruidosas voces de los soldados. Cada uno de ellos estaba pelando la cáscara de la crisálida, pero ella tenía un mal presentimiento sobre el ruido.
Como si estuviera relacionado con el tema que acababan de tratar.
—Cecilus.
—Pensé que estaba bien, pero ¿fui demasiado impulsivo?
Inclinando la cabeza de una manera que no daba señales de sentir ningún peligro en particular, Cecilus se rascó la mejilla con el dedo.
Aunque suspiró ante su actitud irresponsable, Arakiya dejó el asunto de la crisálida en manos de Goz.
En cambio, se quedó mirando ęjamente el peręl de Cecilus con su único ojo…
—¿…? ¿Qué?
—Esta misión consiste en decidir quién será el próximo General Divino.
—Sí, eso parece. Así que estaba pensando que al menos me gustaría dejar que Kafma también lo intentara, pero…
—…Me aseguraré de que me llames por mi nombre correctamente.
—¿Oh?
Arakiya anunció en silencio su determinación, y Cecilus abrió ampliamente los ojos.
Entonces, su expresión de sorpresa se convirtió en una sonrisa de satisfacción…
—Así que, en otras palabras, ¿lo que estás diciendo es que me sorprenderán los frutos de esta batalla?
—Ni siquiera tú, Cecilus, pudiste matar a Yorna. Así que yo lo haré.
—Así que intentarás matar a Yorna. Ya veo, ya veo… ¡Ya sé!
Arakiya asintió y Cecilus se adelantó frente a ella, mirándola con una gran sonrisa. Sin pausa, rápidamente tomó la mano de Arakiya y la sacudió violentamente de arriba a abajo.
—¡Suena genial, por favor, intenta demostrar que eres mejor que yo! Si el requisito es que me ganes, no importa cuánto tiempo pase, no podrás hacerlo, ¡así que este arreglo es perfecto, Anya!— anunció Cecilus con entusiasmo.
—…
—Oh, no, ¿qué pasa? Tu frente está formando unas feas arrugas. Como eres más débil que yo, creo que sería un buen plan que al menos mantuvieras tu belleza como mujer.
—Ya déjame— Arakiya apretó los dientes, quitándose el brazo de Cecilus, que había superado todo límite de lo irritante.
Lo había decidido en su corazón: absolutamente destrozaría esa actitud tranquila y la convertiría en una cara llena de lágrimas.
No por el propósito de usurpar el título de Primera a Cecilus, ni por los sentimientos que ardían en lo profundo de su corazón hacia su Señora. Era, simplemente, un rito necesario para que Arakiya se mantuviera fuerte como ella misma.
—Oh cielos… Anya, te enojas tan fácil… Como sea, recibo con gusto tal intento. Soy más amado por el mundo que el Santo de la Espada: ¡tengo a alguien que se atreve a retarme!— indiferente a la furia de Arakiya, Cecilus murmuró con las manos juntas tras la nuca.
El techo subterráneo no dejaba ver el cielo, y esos ojos azules que parecían mirar más allá de él, eran lo más molesto del día para Arakiya.
Ahí estaba la ęgura permanente de Cecilus Segmunt: comportándose como el más fuerte de todos, para colmo, sin siquiera considerar a Arakiya.
9
Al mismo tiempo que los Soldados Imperiales se estaban reuniendo en la fortaleza más cercana a la Ciudad Demonio…
—En cualquier caso, parece que tenemos un invitado inesperado.
Con un tono cómodo y cautivador, una voz dominante llenó la torre del castillo.
En una amplia sala cubierta por un suelo de madera, en lo más profundo, sentada en el asiento de honor, se encontraba la dueña del Castillo, la belleza celestial que tenía en su mano la Ciudad Demonio de ChaosĚame. Una mujer zorro que vestía un extravagante y colorido kimono, con numerosos adornos para el cabello y todo tipo de decoraciones: Yorna Mishigure.
Ahora era la mujer en la posición más peligrosa del Imperio de Vollachia, pero su comportamiento no lo mostraba en lo más mínimo.
Para todos los que la servían, era su tranquila presencia la que servía de soporte a sus corazones. Aunque todo el Imperio los estuviera observando, no se sentirían intimidados en absoluto.
Claramente, esa era la forma de actuar de la belleza que se había rebelado muchas veces contra el Imperio de Vollachia.
Por otro lado…
—Incluso el mejor puede fallar, pero no esperaba recibir a un invitado como usted confesó Yorna.
—¿Es esa la respuesta a mi pregunta, la del dragón?—Llevándose el kiseru de mango largo a la boca, dejando un rastro de humo púrpura, la voz de Yorna era ęrme.8
La otra voz provenía de una pequeña silueta sentada en un asiento bajo, mirada con desdén por Yorna.
Solo con ver su diminuta ęgura, que aún guardaba rasgos infantiles, sus palabras anteriores no eran más que pura irreverencia hacia la dueña del Castillo.
Aun así, no había muchos que pudieran presionar a la otra parte sobre este asunto.
Porque el Castillo Lapislázuli Carmesí, en el centro de la Ciudad Demonio, estaba recibiendo más invitados que la que estaba frente a los ojos de Yorna.
—…
Atentamente, muchos ojos dorados miraban con imperiosidad al interior de la fortaleza.
Los dueños de esos ojos eran conocidos por su ferocidad; ya fuera su oponente un humano o una mabestia, su naturaleza era abalanzarse y atacar sin piedad. Como para demostrar que tal historia no era ni mentira ni inventos…
—…Tanza, ahora no te muevas.
—S-Sí…
Con una mirada, los ojos azules de Yorna parpadearon en dirección a una persona en el balcón de la torre del castillo.
Una niña ciervo con grandes astas que le crecían en su pequeña cabeza… Con lágrimas en los ojos, toda su cabeza estaba dentro de la boca abierta de un dragón alado.
Si el dragón alado cerraba la boca por capricho, su cabeza se rompería tan fácilmente como un huevo.
Y había otros dragones alados además del que tenía la cabeza de la niña en la boca. Un gran número había aterrizado en el techo del Castillo Lapislázuli Carmesí, descansando sus alas mientras mantenían a raya a los ciudadanos de la Ciudad Demonio.
Los dragones alados no sentían ningún cariño por las personas, y las técnicas para hacerlos obedecer también eran extremadamente limitadas. A quien obedecían, cuyos ojos reĚejaban la cara de Yorna, era a una pequeña niña…
—Usted es…
—…Madelyn Eschart— respondió así la invitada a Yorna.
—…
8: Un kiseru —煙管— es una pipa tradicional japonesa usada para fumar una pequeña porción de kizami —刻みタバコ o más corto 刻み—, un tabaco ęnamente picado que se asemeja al cabello. Los modelos más robustos y largos a veces servían también como armas de autodefensa.
—Será mejor que escuches lo que yo, el dragón, dirá. Ya que no todo el mundo es tan amable como yo, el dragón— así habló la pequeña niña… Madelyn, cuyas estrechas pupilas doradas se ęjaron en Yorna.
Estaba sentada de forma educada, con cuernos negros y curvos, diferentes a los de un oni o un ciervo, que le salían de la cabeza. …Una raza que se suponía desaparecida, que había existido desde la antigüedad.
…Una niña dragonante con cuernos de dragón le estaba sugiriendo a Yorna que se rindiera.
10
…En el centro de la Ciudad Demonio de ChaosĚame, un extraño ambiente envolvía el Castillo Lapislázuli Carmesí.
—…
En lo profundo de la torre del piso más alto del castillo, la hermosa mujer, Yorna Mishigure, observaba a su visitante con desgano.
Era la gobernante de la Ciudad Demonio y una de los Nueve Generales Divinos que permanecían en la cima del ejército del Imperio de Vollachia… Y lo más importante, actualmente se encontraba en una posición en la que peligraba de ser revocada de su título. Sin embargo, incluso cuando se vio en una situación en la que sus cimientos se tambalearon, la elegante expresión de Yorna, que reinaba sobre la Ciudad Demonio, no se ensombreció en lo más mínimo.
Eso también era algo normal.
No era que lamentara los resultados de mantener su propia forma de ser, ni que se le permitiera hacerlo como General de Primera Clase del Ejército Imperial, donde no se toleraban los soldados cobardes. Así, la actitud de Yorna no tenía nada que ver con ideas tan débiles.
La forma de ser de Yorna consistía en distanciarse de todos los incidentes y mirar hacia abajo mientras avanzaba por un camino pavimentado por una ira violenta. Así pues, se trataba simplemente de la historia invariable de estar rodeada por todos lados de una hostilidad feroz.
—…Responde a este dragón. Responde con cuidado.
Una voz encantadora llamó a la silenciosa Yorna, quien jugaba con el kiseru dorado en la punta de sus dedos.
Frente a Yorna, sentada de rodillas sobre el suelo de madera, la dueña de la voz era una niñita de pequeña estatura. Sentada en el centro de la hostilidad que dominaba la torre del castillo, la niña tenía dos cuernos negros que le crecían de su brillante cabello azul cielo, y sus ojos dorados estaban directamente ęjos en Yorna.
No obstante, aquellos que juzgaran erróneamente a esta pequeña niña como una simple niñita eran tontos que apenas observaban la situación o pacięstas que, por naturaleza, no evaluaban la amenaza del oponente. Desafortunadamente, Yorna no era ninguna de esas cosas. Por lo que era imposible que juzgara erróneamente el nivel de peligro que representaba esta pequeña niña.
Por no mencionar que…
—Lady, Yorna…
En el balcón de la torre del castillo, la vida de su asistente, Tanza, seguía en peligro.
Sosteniendo la cabeza de Tanza en su boca, el enorme dragón alado los amenazaba con un feroz rugido. Los gobernantes del cielo, conocidos por no poseer ningún respeto por las personas, uno de ellos había tomado el control sobre la supervivencia de Tanza.
Además, no era solo ese dragón alado el que se había posado en la torre del castillo. Innumerables dragones alados utilizaban el tejado y el balcón de la torre del castillo para descansar sus alas, con sus ojos dorados ęjándose en Yorna. Idénticos a los de la pequeña niña del centro, con una tonalidad dorada…
—Usted, de nuevo, ¿cómo se llamaba?— preguntó Yorna.
—¿…? ¿El nombre de este dragón? Entonces, es Madelyn Eschart. Grábalo en tu memoria.
—Madelyn Eschart… mhmm, es un nombre de alta alcurnia, ¿no es así?
—…
La pequeña niña, tras responder «Madelyn», entrecerró sus ojos dorados, que combinaban con los de los dragones alados.Desde el punto de vista de Yorna, tenían un parecido sorprendente con los de un dragón, ese brillo en los ojos propio de las criaturas de temperamento rudo.
Por supuesto, al tomar la vida de Tanza como rehén y estar acompañados por innumerables dragones alados, eran un grupo bastante abrumador en las negociaciones. Nadie creería que esa era una naturaleza que evitaba el conĚicto.
En cualquier caso…
—No sería correcto decir que está por su cuenta, sino que fue por orden de Su Excelencia que vino a mis dominios, ¿no es así?— intentó averiguar Yorna.
—Su Excelencia… ¿Te reęeres al hombre más eminente de la superęcie?— respondió Madelyn.
—…En términos generales, sí.
—En ese caso, sí… Espera, ¿eso es incorrecto? El que se lo dijo directamente a este dragón no fue Su Excelencia. Me lo ordenó un tonto senil con bigote.
—Una persona con bigote…
Ante la sorprendentemente honesta respuesta de Madelyn, Yorna frunció su ęnamente atractivo ceño en reĚexión. Debido a que parecía haber dudado en responder, Madelyn Madelyn agudizó levemente la mirada y…
—Yo, el dragón, he respondido a tu pregunta. Ahora, decide de qué lado estás.
—Santo cielo, qué provocación tan apasionada. Por cierto, es una magníęca «domadora de dragones alados». Ni siquiera en mis recuerdos tengo presente a alguien a quien obedecieran tantos. ¿Por cuál medio ha conseguido domar a tantos dragones?
—¿…Es eso un insulto?— en ese momento, las pupilas de Madelyn se estrecharon y el ambiente de la amplia torre del castillo se volvió frío.
En Vollachia, donde el clima cálido persistía durante todo el año, no había muchas oportunidades de experimentar el frío. Si las había, eran una alarma para la propia vida, ajena a la temperatura, una llamada de los instintos al enfrentarse a un adversario fuerte.
—Los dragones, no obedecen a nadie. No confundas la benevolencia de los dragones con lealtad obediente hacia un amo— advirtió Madelyn.
—… Lo entiendo. Como se esperaba, los dragonantes no se parecen en nada a nosotros.
—…Respóndeme. Dueña del Castillo de piedra— con el brillo de sus ojos sin decir nada, Madelyn presionó a Yorna para que tomara una decisión.
Madelyn declaró su intención de no continuar con esta charla ociosa. Al observar eso, Yorna se quitó el kiseru de la boca y volvió a dirigir su mirada hacia Tanza en el balcón.
Los colmillos del dragón alado se clavaron en la vida de Tanza, y cuando sus ojos oscuros cruzaron la mirada con los de Yorna…
—Tanza.
—Sí.
—¿Me amas?
Ante la pregunta que parecía fuera de lugar, Tanza abrió más sus ojos oscuros.
Por otro lado, la voz de Yorna no sonaba como un chiste o una broma. Probablemente eso era algo que Tanza también entendía. Una tenue luz residía en los ojos abiertos de la niña, y asintió profundamente.
Al ver eso, Yorna sonrió en silencio y dijo:
—Ya está, ahora regrese a casa sin llevarse nada. …Este es mi castillo.
—…Has disgustado a este dragón— ante las provocadoras palabras de Yorna, Madelyn se puso de pie, volteó hacia los dragones alados y agitó la mano.
El contenido de sus instrucciones era claro y sencillo: era una orden de «Cierra tus fauces».
El dragón alado gigante cerró la boca y su fuerza aplastó la cabeza de Tanza como si fuera un huevo. Se oyó un ligero sonido y la cabeza de la pequeña niña quedó fácilmente destrozada… aunque eso no fue lo que en verdad pasó.
—…Kiryararahhh.
De repente, el dragón alado puso toda su fuerza en sus fauces y rugió mientras intentaba aplastar a Tanza. Sus colmillos eran como cuchillas aęladas, pero no perforaron la suave piel de Tanza, sino que la fuente comenzó a agrietarse. Ante esa escena tan absurda, Madelyn abrió ampliamente sus ojos con asombro.
—¡¿QUÉ’SLOQUE‘CISTE?!— se escuchó el grito de Madelyn.
—… Su elección de palabras en verdad que es encantadora— comentó Yorna divertida.
Tras la momentánea impresión que le recorrió la lengua, Madelyn contuvo el aliento ante lo que Yorna había señalado. Aun así, ante esas circunstancias imprevistas, la dragonante no se limitó a mostrar el ridículo encanto de quedarse paralizada.
—…Agh.
Conteniendo la respiración, Madelyn extendió las manos hacia la bolsa que llevaba a la espalda. Las blancas puntas de sus dedos desabrocharon el cierre de la bolsa, agarraron el mango que quedó al descubierto y giró la muñeca. …Justamente después, se escuchó el sonido del arma desplegándose.
Era un arma diseñada para ser lanzada, trazando suaves curvas al volar por los aires, y era conocida como el «Filo Volador Alado». Se trataba de una herramienta de caza que, al ser arrojada para girar a altas velocidades, describía un arco en el aire antes de regresar.
Por otro lado, cuando era empuñado por Madelyn, era demasiado grande para concordar con la estatura de la pequeña niña.
—¡RAHH…!— aferrándose con fuerza al Filo Volador Alado, Madelyn lanzó un ataque de barrido horizontal.
No era que lo hubiera lanzado, sino que una tremenda onda de choque acompañó el destello del barrido de la cuchilla, y la torre del Castillo Lapislázuli Carmesí se convirtió en una tormenta desatada. Avanzó directamente hacia Yorna, quien ocupaba el asiento principal.
No obstante…
—De verdad entró a mi castillo sin saber nada de nada, ¿verdad?
El ataque de Madelyn volteó las tablas del suelo como si estuviera desgarrando carne y hueso. Mientras permanecía sentada en la silla de tatami, fue abruptamente detenido frente a Yorna, quien no hizo ni el más mínimo movimiento.
El fenómeno inexplicable no permitió que el feroz ataque del Filo Volador Alado alcanzara a Yorna. La espada giratoria fue obstruida por una paredinvisible que protegía a Yorna, y la pared detrás de ella se rompió, atravesando la torre del castillo.
Madelyn abrió ampliamente los ojos ante la situación, e inmediatamente después, el rugido del dragón alado llegó a sus oídos. No, no era nada tan valiente como un rugido. Era el lamento de un dragón alado.
Lo que entró en el campo de visión de Madelyn cuando se dio la vuelta fue Tanza, que había levantado la mano mientras estaba en el balcón. Con una cara de silencioso asombro, la niña ciervo parecía haber arrancado el colmillo con su propia mano y ahora lo sostenía con fuerza.
Los papeles se habían invertido para el depredador deęnitivo, y el dragón alado se retorcía de dolor mientras la niña, literalmente, había tomado su colmillo como presa.
Ante los dos acontecimientos inusuales de esa realidad y la reacción de Tanza, Madelyn contuvo el aliento…
—Apartar la mirada cuando se está delante de mí es algo bastante frío— advirtió Yorna.
—¡¿…Ah?!
Inmediatamente después, el diente de las geta que Yorna llevaba en los pies se clavó en un lado de la cara de Madelyn.9
Empujada por el intenso impacto, el cuerpo de Madelyn salió volando hacia atrás. Después, tras rebotar en el suelo, Madelyn se estrelló contra la pared con una fuerza violenta, y la mitad de su cuerpo quedó incrustado en ella. Al recibir la patada sin poder defenderse, Madelyn no comprendió cómo planear una defensa contra su ataque. Por otro lado, Yorna, que había mandado a volar a Madelyn por los aires, también entrecerró los ojos ante esa reacción imprevista.
Por lo que parecía, Madelyn tenía aproximadamente la misma altura que Tanza. No obstante, lo que había recibido del impacto de la patada de Yorna era mucho más pesado que incluso un hombre tan grande que ella tuviera que mirar hacia arriba para verle la cara.
Era como si hubiera una inusual masa comprimida en ese pequeño cuerpo.
—¡RAYOS, ahora estoy REALMENTE ENOJADA…!
9: Un «Geta» es un tipo de calzado del este asiático que se asemeja a unas sandalias o chanclas.


Desenterrando la mitad de su cuerpo que estaba incrustada en la pared, la voz de Madelyn se estremecía de ira. Cualquier oportunidad de comentar el cambio en su tono destrozado ya se había esfumado.
Aun así, ahora que habían empezado, ninguna de las dos tenía la opción de tomar atajos.
—…
Yorna colocó el kiseru en sus labios y Madelyn respiró hondo con tanta fuerza que pareció llenar su pequeño cuerpo.
El humo púrpura y el aire, cada una llenando sus pulmones con algo diferente, las dos intercambiaron miradas y, en ese instante…
Una tremenda onda expansiva sacudió el interior de la torre del Castillo Lapislázuli Carmesí.
11
—Ahora, mi fracaso ha causado una gran carga, por lo que ofrezco mis más sinceras disculpas.
Diciendo esto, el joven se golpeó vigorosamente la frente contra la mesa que tenía delante… No, se inclinó con tal fuerza para que un sonido sólido resonara por todo el salón, ofreciendo una disculpa sincera con una profunda reverencia.
De piel morena y cabello verde, la persona tenía una cara intrépida y una intensa mirada decidida en sus ojos. Independientemente de los detalles que llevaron a esa disculpa, el hecho de que pudiera reunirse con ellos de forma segura fue un alivio para todos los presentes.
En cualquier caso…
—¡Me sobresalté bastante cuando ese limo salió de la crisálida! ¡Si no te hubieras endurecido así, habría sido difícil evitar las aprensiones sobre si pudieras servir como compañero!— riendo de forma honesta, Cecilus expresó un pensamiento algo inescrupuloso mientras recordaba el incidente de hacía un momento.
En realidad, en lo que respecta al tratamiento de la crisálida, hubo un gran alboroto en la fortaleza por un rato. Incluso Goz les había informado a duras penas de que la muerte de una persona con posibilidad de convertirse en un «General» del Imperio sería una deshonra para el Emperador, digna de gran vergüenza.
Afortunadamente, dentro de la crisálida que rebosaba de un líquido viscoso, se encontraba la forma original del joven en cuestión.
—Bueno, solo para conęrmarlo, ¿en efecto eres Kafma Irulux, no?— preguntó Cecilus al joven.
—¡Sí! ¡Soy el General de Segunda Clase Kafma Irulux! Después de que se pasara por alto la gran deslealtad que mi clan tuvo hacia Su Excelencia el Emperador, el hecho de que perdiera la oportunidad que se me había concedido para redimirme… ¡Me avergüenzo de mi propia falta de virtud!— en voz alta, se disculpó por su propio descuido, el joven… Kafma Irulux.
—Uguau, eres uno de esos tipos terriblemente serios. Esa personalidad probablemente no sea santo de mi devoción. ¿Qué opinas, Anya?— ante su situación, Cecilus pidió la opinión de Arakiya, que estaba sentada a su lado.
—Muérete— y fue por eso que recibió una respuesta tal y como había pedido.
Aparte de Cecilus, que hizo un puchero ante su habitual conversación, Goz dijo un «¡Sí!» con voz audaz. Pisando con fuerza el suelo de la sala de reuniones, le dio una palmada en el hombro a Kafma con su gran mano.
—¡Levante la cabeza, General de Segunda Clase Kafma! No estoy muy versado en las costumbres y modales del «Clan de la Jaula de Insectos», pero escuché que adoptó un nuevo insecto. Eso es asunto suyo. Aun así, probablemente sea con el ęn de limpiar el nombre de su clan— dijo Goz en un intento de comprender las acciones de Kafma.
—General de Primera Clase Goz, pero… yo…
—No dudo de su conciencia, ni de tu lealtad hacia Su Excelencia el Emperador. Es algo que no solo yo, sino también los Generales de Primera Clase Cecilus y Arakiya hemos reconocido. Así es como parece— reprendiendo al persistente Kafma, Goz volteó hacia Arakiya y Cecilus en busca de su conęrmación.
En cambio, Arakiya no respondió tan fácilmente. Al encontrarse con Kafma por primera vez, Arakiya no tenía la respuesta que Goz buscaba. Y aunque pensó que ella al menos iba a decir algo…
—…
—Ay vaya, tu pobre elocuencia no parece mejorar nunca. Anya, en esas condiciones, ¿cómo te cuidarás cuando ni Chisha ni yo estemos allí? No puedo evitar preocuparme por las dięcultades que te encontrarás.—Lanzando una mirada de reojo a Arakiya, que era incapaz de elegir sus palabras en ese momento, Cecilus se rio con cara despreocupada. Después, con una mirada bastante indiferente, aplaudió y dijo: «¡Claro, claro, no hay duda!», y…
—Es tal y como dijo Goz, el arduo trabajo de Kafma es algo bastante importante. No podría hacerlo, aunque me lo ordenaran. ¡Me reęero a un acto como dejar que un insecto entre en tu propio cuerpo!
—… Es eso, ¿un insulto al «Clan de la Jaula de Insectos»?— frunciendo el ceño, Kafma investigó las verdaderas intenciones de Cecilus.
—¡¿Ehhh?! ¡Pero si fui muy directo en mi intención de elogiarte!— levantando ambas manos ante la mirada dudosa de Kafma, Cecilus sacudió la cabeza en negación.
—No lo malinterpretes. Las formas de dominar la fuerza varían según la persona, y hay escuelas de pensamiento para todo tipo de aptitudes diferentes. Soy un espadachín autodidacta, pero si la forma de ser del «Clan de la Jaula de Insectos» es coexistir con los insectos, no hay nada incorrecto en desarrollar tu fuerza en esa dirección. Después de todo, creo que no hay nada particularmente bueno o malo en mis métodos de entrenamiento.
—Entonces es… mis disculpas. Había tomado un punto de vista descabellado— se excusó Kafma por malinterpretarlo.
—No se puede evitar. Después de todo, la forma de hablar y la conducta de Cecilus son siempre insolentes— comentó Goz ante la situación.
—Concuerdo— añadió Arakiya.
—¿Qué, qué, qué? Aun cuando tenía la intención de tener una conversación considerablemente seria, ¿nadie se pone de mi lado?— siendo apuñalado por la espalda por Goz y Arakiya, Cecilus parecía estar haciendo una cara de sorpresa.
Por otro lado, desde la perspectiva de Arakiya, lo que en verdad le era sorprendente fue que él pensara que ella se pondría de su lado.
Algo como Arakiya apoyando a Cecilus era completamente imposible. Especialmente si, durante una gran batalla, Cecilus dejaba expuesta su indefensa espalda…
—No dudarás en atacarme. Bueno, aun suponiendo que tengas una oportunidad, dado que no serías capaz de hacer nada, es una ideaimposible… algo así como un contrato para la venta de la piel de un dragón que no se puede despellejar— comento Cecilus.
—Hablas mucho— dijo Arakiya.
—Pues, ¿por qué no haces tu mejor esfuerzo por callarme?
Ante una sonrisa provocadora, Arakiya apartó la mirada mientras soportaba la irritación. ReĚejada en el rabillo del ojo, podía ver a Cecilus encogerse de hombros con las manos metidas en sus mangas.
Se estaba convirtiendo en una fuente de creciente disgusto para Arakiya.
—Bueno, sigamos adelante— con eso, al ver que la conversación llegaba a un ęn, Goz se aclaró la garganta y corrigió el tema.
Colocó su mano a su cara severa y llena de cicatrices, y miró hacia abajo, con dirección a Kafma. Enderezando la postura ante esa mirada, la tensión permaneció en la cara de Kafma, y…
—Sí. ¿Qué sucede, General de Primera Clase Goz?
—¿Entiende por qué lo han convocado al frente oriental de esta manera?
—… Mis oídos lo habían oído vagamente mientras estaba en la crisálida.
—Guau, puede oír correctamente incluso estando en ese líquido limoso— colocando su mano sobre su boca, Cecilus empezó a hablar en secreto con Arakiya. Ignorándolo, Arakiya observó atentamente el desarrollo del asunto.
Cruzando sus grandes brazos, Goz respondió con un «ya veo» y un serio asentimiento a la respuesta de Kafma, y…
—Si ya lo ha oído, entonces esta discusión será rápida. El objetivo de esta campaña militar es reprimir la insurrección de Yorna Mishigure con base en ChaosĚame. Entonces, dependiendo de su participación allí…
—El puesto vacante de «Noveno», se decidirá la siguiente persona adecuada— complementó Kafma a las palabras de Goz.
—Es correcto. Lo he recomendado a Su Excelencia como un individuo digno— vestido con una armadura dorada y con el pecho levantado de orgullo, Goz se jactó como si lo hiciera en nombre de Kafma.El apoyo de Goz, que era un «General Divino» en funciones, dado que había demanda para el puesto vacante de «Noveno», sin duda lo presionaría a desearlo desesperadamente.
Por otro lado, la expresión de Kafma no se aclaró al escuchar eso, y Arakiya inclinó la cabeza en confusión, preguntando:
—¿No lo quieres?
—… No, debo decir claramente que eso es incorrecto. Solo que, si realmente soy tan adecuado, hay motivos más que suęcientes para dudarlo.
—Si realmente eres tan adecuado…
—No he expiado el hecho de que los hermanos de mi clan se revelarán contra Su Excelencia. A pesar de eso, se me solicita que ocupe el puesto de uno de los «Nueve Generales Divinos» que sirven como dagas de Su Excelencia el Emperador…
—… Aunque lo deseas, ¿te rindes?— incapaz de comprender el pensamiento de Kafma, quien agachó la cabeza, Arakiya interrumpió sin querer.
Tanto si su voz había transmitido su duda como si no, el cuestionamiento de Kafma tensó sus mejillas como si le hubieran reprochado algo. Sin embargo, para Arakiya, que no tenía la opción de rendirse, su vacilación era verdaderamente incomprensible.
Había algo que quería y un puesto necesario para ese propósito, por lo que tenía la oportunidad de conseguirlo.
En ese caso, no había razón para no intentarlo al menos. Inténtalo y, si no se conseguía…
—Entonces, lo único que puedes hacer es morir— concluyó Arakiya.
—…Por supuesto, no le tema a la muerte. Si ocupa el puesto vacante de los «Nueve Generales Divinos», supongo que la General de Primera Clase Arakiya no tendrá ninguna objeción, ¿cierto?— intervino Goz.
—La persona que lo ocupe, lo ocupará. ¿No es eso todo?— al ser pedida su opinión, Arakiya respondió honestamente lo que pensaba.
En realidad, a Arakiya no le importaba si Kafma se convertía en el «Noveno» o no. Por supuesto, sería otra historia si estuviera aspirando a lo mismo que Arakiya, e intentara robarle el puesto a Cecilus.
—La lista actual lleva mucho tiempo en vigor, pero incluso los «Nueve Generales Divinos» han tenido sustitutos… Aunque, ciertamente no esperaba que Balleroy se retirara— comentó Goz.
—Después de todo, Balleroy era una buena persona. Prácticamente nunca ponía cara de disgusto cuando socializaba conmigo, ni siquiera con las cosas que yo decía, y como era una buena persona, es normal que muriera— añadió Cecilus al ser mencionado el Exgeneral Divino.
—Balleroy apoyó una rebelión contra Su Excelencia. No se puede decir que era «bueno».
—Bien, supongo que es así para alguien como tú, Goz— poniéndose las manos detrás de la cabeza, Cecilus hizo una sonrisa burlona ante el tono agresivo de Goz.
El anterior «Noveno» era Balleroy Temeglyph, que conspiró para rebelarse contra Vincent y perdió la vida con valentía, pero Arakiya tampoco lo odiaba.
Era un hombre elocuente y se tomaba la molestia de adaptar su actitud según con quién tratara. Con Arakiya, que era de pocas palabras, supo mantener una distancia adecuada, y, la verdad, era un interlocutor bastante agradable.
Teniendo en cuenta que, usualmente, quien la acompañaba era un hombre que no tenía consideración por ni uno solo de sus sentimientos, pensaba eso de Balleroy aún más.
Es por eso que le sorprendió mucho saber que Balleroy había participado en una rebelión y perdido la vida.
—Nunca pensé que Balleroy sería derrotado por un Caballero del Reino. Si le corto la cabeza a Julius, puede que Balleroy descanse un poco en paz— dijo Cecilus al reĚexionar en lo sucedido.
—¿La cabeza de un Caballero del Reino, mhm? Seguro que esa no es tu verdadera intención— discernió Goz.
—Muy cierto. Aunque decapitara a Julius, probablemente Balleroy no estaría especialmente contento. …Aunque probablemente sería distinto si se tratara de la cabeza del Santo de la Espada— en ese instante, Arakiya, Goz y Kafma se tensaron por reĚejo, al sonar las alarmas que despertaron sus instintos.
El origen era Cecilus, que contemplaba el cielo despejado, y el aura clara de su destreza con la espada que desbordaba de todo su cuerpo.El espadachín más fuerte de Vollachia imaginó a alguien en el cielo, y las ondas restantes del aura de su destreza con la espada se dirigieron hacia ellos…
—…
No le gustaba la expresión de la cara de Cecilus mientras pensaba en el oponente que se encontraba más allá de la frontera nacional.
Arakiya albergaba una extraña indignación hacia tipos como Cecilus y ese Santo de la Espada. Ella sería quien mataría a Cecilus y tomaría su puesto como la Primera.
Era como si él ignorara por completo su alrededor, un comportamiento que solo podía describirse como irritante.
En cualquier caso…
—General de Segunda Clase Kafma, entiendo sus pensamientos y que sienta que lleva un gran peso sobre sus hombros. Sin embargo, esta oportunidad no tiene en cuenta sus circunstancias. Así son las cosas— le recordó Goz.
—… Lo entiendo, General de Primera Clase Goz. ¿Qué hay de los demás candidatos?
—… Hay alguien en la misma situación que usted; ha sido respaldado por el Primer Ministro Bersteĵ.
La expresión de Kafma denotaba aprensión ante la seria respuesta de Goz, que cruzaba sus grandes brazos. El hecho de que el respaldo viniera de un encargado civil en lugar de uno militar era, probablemente, algo que lo molestaba.
—Ya hemos superado considerablemente la hora acordada para la reunión. Su Excelencia llega a ser más indulgente con quienes demuestran capacidad, pero mi corazón no es tan grande como el suyo. Si no ponemos todo nuestro corazón y alma en librar a Su Excelencia de sus problemas lo más pronto posible…— les hizo saber Goz antes de ser interrumpido.
—Ya, ya, ¿no es la forma de actuar de Vollachia no quejarse si se consiguen resultados? Cosas como el retraso, las considerarás un defecto bastante gracioso si las recuerdas más adelante— dijo Cecilus con despreocupación.
—En ese caso, si ambas partes producen resultados, aquel que es puntual recibirá una valoración más alta.
—Si que eres muy bueno con las alegorías, Goz.—
Disconforme debido a la tardanza del otro candidato, la lengua aęlada de Goz provocó que Cecilus cediera.
Probablemente no trataba de discutir sobre el comportamiento de otros. En cuanto Cecilus dejó de abogar por su postura, dirigió la mirada hacia la ventana de la sala de reuniones y abandonó toda intención de compartir más opiniones.
Al ver eso, Arakiya volvió a mirar a Kafma y…
—Entonces ¿qué harás?— le cuestionó ella.
—… Por «¿qué harás?», ¿a qué se reęere?
—¿Te convertirás en un General Divino? ¿Escogerás que no?
No era Cecilus, pero, al ęnal, a Arakiya no le interesaba cómo procedería Kafma.
No obstante, dado que Goz era el oęcial al mando de esta operación, la decisión de Kafma probablemente inĚuiría en los pensamientos de Goz. Por eso era mejor que decidiera rápidamente.
Ceder a pesar de que había algo que quería. Ella no podía apoyar ni un poco ese tipo de pensamiento, pero…
—Está bien si haces lo que te plazca— comentó Arakiya.
—…Ah. Anya, Anya, ¿tienes un momento?
—…No.
Con eso, la voz del obstinado Cecilus llamó a Arakiya, que estaba instando a Kafma a decidirse.
Era algo que ella deseaba ignorar, pero sabía que, si no respondía, él era un hombre que seguiría llamándola hasta que lo hiciera. Por lo tanto, Arakiya, a regañadientes, dirigió su atención hacia Cecilus.
Cuando lo hizo, Cecilus apoyó la barbilla en la mano sobre la mesa y, mientras señalaba fuera de la ventana con la mano libre…
—Una bandada de dragones alados ha venido del cielo, pero no son algo que se me permita matar, ¿verdad?
Así, con una actitud despreocupada, dio un informe bastante indiferente sobre la situación anómala.
12
—…
—Guou, hay una abrumadora sed de sangre. Sabes, no es frecuente ver tantos dragones alados, ni siquiera en Mezoreia.
—Cállate y muérete.
Dentro del torbellino, rodeado por intensas miradas doradas por todas partes, el tono de la conversación entre Cecilus y Arakiya no había cambiado con respecto al habitual.
Por otro lado, estaban los soldados de la fortaleza que empuñaban sus armas, con una tensión creciente al ver la situación de estar rodeados a distancia.
Como eran personas del Imperio, habían tenido demasiadas ocasiones para darse cuenta de la ferocidad de los dragones alados. Ocasionalmente llamados Cataclismos de dragones alados, había casos en los que esas criaturas devastaban completamente un asentamiento cuando se reunían para la temporada de reproducción.
De repente, había aparecido una bandada de más de treinta dragones alados. Debido a eso, la cautela de los soldados era comprensible.
—¡Cálmense! ¡No son enemigos! ¡Son aliados!— apelando en voz alta, Goz siguió adelante mientras mantenía a raya a los soldados.
En el centro del patio de la fortaleza, la bandada de dragones alados se había posado majestuosamente en las murallas exteriores y las plataformas de vigilancia. En medio del ambiente tenso, estaba una sola niña de pie en el centro de la bandada de dragones.
La pequeña niña había bajado lentamente de la espalda de un dragón alado y estaba de pie sobre tierra ęrme; esa niña debía de ser…
—…Debe de ser Madelyn Eschart. He oído hablar de usted.
—¿…De este dragón?
—¿«Este dragón…»?— en ese momento, incapaz de comprender su respuesta, Goz frunció el ceño.
La niña que respondió a Goz no podía medir más de la mitad de su altura. Su aspecto exterior también era joven y lindo. Aun así, no había ningún tipo de timidez en su mirada mientras observaba el enorme cuerpo de Goz.Solo que él podía sentir que ella estaba tratando de evaluar qué era ese «Ser Vivo» conocido como Goz.
Por otro lado, Goz también intentaba evaluar a la pequeña niña. Podía aęrmar que, basándose en el gran número de dragones alados que la obedecían, no era simplemente la pequeña niña que parecía ser.
Que ella fuera amada por los dragones alados sin ningún motivo, algo así era imposible. La prueba de ello era…
—No debería ser posible, pero esos cuernos… ¿podría ser que sea una dragonante?
—…Correcto— respondió Madelyn a Goz.
—¡ASÍ QUE HABÍA SUPERVIVIENTES…!
Los dos cuernos negros que brotaban de su cabeza conmocionaron a Goz, pues la conęrmación de la verdad estaba relacionada a ellos. Sin embargo, esa conmoción de Goz no era compartida por los dos «Generales Divinos» que estaban detrás de él, que inclinaban la cabeza por la confusión.
En cambio, quien compartía el asombro de Goz era Kafma, que estaba sondeando la bandada de dragones alados.
—General de Primera Clase Goz, una dragonante… ¿es eso cierto?— dijo el joven.
—Al menos, es cierto según la persona en cuestión… son una raza que ya ha desaparecido, pero he escuchado que los dragonantes eran capaces de establecer vínculos con los dragones de tierra, de agua y los alados.
—Establecer vínculos con dragones alados… eso es increíblemente difícil de creer.
—Aunque, ¿cómo si no se explicaría lo que tenemos frente a nuestros ojos?— ante Kafma, que se quedó sin palabras, Goz señaló con la barbilla a los dragones alados.
Descansando sus alas en la fortaleza, los dragones alados contenían su ferocidad mientras esperaban pacientemente. Incluso si se utilizara la «Doma de dragones alados» para que uno obedeciera, solo se podría establecer un vínculo con un solo dragón alado. En otras palabras, al liderar a tantos, el secreto de Madelyn no podía explicarse con la «Doma de dragones alados».
En ese caso, era normal que la niña… No, que las posibilidades sobre la verdadera identidad de Madelyn Eschart fueran limitadas.
—¿Dónde diantres encontró el Primer Ministro Bersteĵ a una niña así…?— mientras los escalofríos le recorrían la lengua, Goz apretó los molares al pensar en que Bersteĵ era un hombre con conexiones ilimitadas.
Como Bersteĵ lo había divulgado en la conferencia unos días antes, Madelyn no tenía ninguna experiencia militar ni garantías sobre su linaje. No obstante, era completamente increíble que hubiera encontrado un talento que aún no estuviera en el poder.
“Los dragonantes eran una existencia con una historia tan extraordinaria. Entonces, ¿de dónde rayos había eclosionado esa niña de un huevo…?” justo cuando Goz pensaba eso, la situación comenzó a avanzar.
—¡…Ah, General de Primera Clase Goz!
A su lado, Kafma abrió ampliamente los ojos y extendió los brazos hacia delante, que estaban marcados con los tatuajes únicos del Clan de la Jaula de Insectos. Delante de esos brazos, Madelyn desenvainó el Filo Volador Alado de la bolsa que llevaba a la espalda.
El Filo Volador Alado era demasiado grande para el cuerpo de la niña, y ella centró su aęlada hoja en el grueso cuello de Goz.
Entonces, Madelyn lo miró con sus ojos de la misma tonalidad que la armadura de Goz y dijo:
—No insultes a este dragón. Esos ojos tuyos son una afrenta para este dragón.
—…
Como si hubiera adivinado sus verdaderos pensamientos tras los ojos y la expresión de Goz de hacía unos instantes, su voz estaba llena de rabia.
La orgullosa dragonante nunca toleraría ningún desprecio o desdén hacia su persona. Estaba dispuesta a borrar cualquier deshonra de su propia vida. Fue precisamente esa forma de ser la que concluyó en la perdición de su especie.
En la era previa a que los dragonantes desaparecieran, habían llevado a otras diez razas a su extinción. Aunque, por la existencia de Madelyn, quizá debería decirse que los dragonantes en realidad no habían desaparecido. En cualquier caso, su destino también podría depender de las acciones de Madelyn en este sitio.
—…Suęciente de tonterías infantiles. Yo tampoco estoy familiarizado a mostrar piedad— anunció Kafma.Ante la suave advertencia de Kafma, Madelyn bajó la mirada hacia su propio cuello.
Por el pálido cuello de la niña se extendían unas espinas verdes que salían del brazo de Kafma. Las enredaderas espinosas que habían brotado mientras él estaba en estado de crisálida se enroscaban alrededor del cuello de Madelyn.
Parecía que esas espinas eran el poder del nuevo insecto que Kafma había tomado cuando se convirtió en crisálida. Por otro lado, tal y como él mismo había dicho, aún estaba lejos de dominar el control de las temblorosas enredaderas.
—¡…Kiryararahhhhh!
Además, se produjo un abrupto alboroto entre los dragones alados, ya que se había producido una amenaza hacia su estimada hija.
Los dragones alados que rodeaban la fortaleza se comenzaron a animar, sus feroces rugidos a resonar y los soldados que Goz había calmado anteriormente empezaron a ponerse tensos; el ambiente que parecía que iban a desenfundar sus armas incluso en ese momento seguía propagándose.
A este ritmo, no era improbable que se derramara sangre entre los soldados que llevaban a cabo el ataque a la Ciudad Demonio.
Antes de que eso pudiera suceder, Goz se preocupó por la necesidad de restaurar el ambiente en ese lugar.
—Ya, ya, todos, cálmense. ¿No creen que están inquietando a Goz?— y, diciendo eso mientras entraba con sus zori puestos, el breve comentario de la ęgura engulló el ambiente de toda la fortaleza.
Vestido con un kimono y tranquilamente preparado, la conducta del joven, Cecilus, no había cambiado a cómo era antes. Solo que, si había algo diferente, era que llevaba el mango de su espada en la mano.
…Solo con eso, Cecilus Segmunt dominó el ambiente de toda la fortaleza.
—…Aah.— mientras el espadachín avanzaba, Madelyn abrió ampliamente los ojos.
Más aún que las espinas que amenazaban directamente su vida, más aún que Goz, que había deshonrado el orgullo de los dragonantes, los ojos de Madelyn quedaron cautivados por la ęgura de Cecilus, que simplemente caminaba a su ritmo, dejándola incapaz de moverse.
Entonces, Kafma también se dio cuenta del miedo que se extendía entre sus espinas, y lo mismo ocurrió con la bandada de dragones alados, que habían dejado de rugir y retraído sus alas.Para el joven héroe del Clan de la Jaula de Insectos, para la superviviente de los dragonantes, para los feroces gobernantes del cielo, todos ellos se protegían ante el desastre natural y no podían hacer nada más que rezar por que sus vidas se salvaran. …En esa situación, Cecilus era el desastre natural en sí mismo.
El desastre natural andante conocido como el «Rayo Azul», ese era el espadachín llamado Cecilus Segmunt.
—¡¿Pe-Per’qu’ray’s, tú…!?
—¿«Per’qu’ray’s»? ¿Acabas de decir «Per’qu’ray’s»? ¿Es algún tipo de dialecto dragonante?— dijo Cecilus ante la torpe forma de hablar de Madelyn.
—¡¡La gente como tú es jodi’amente rara!!— levantando una voz aguda que parecía un chillido, Madelyn retrocedió considerablemente.
Quitándole las espinas de su pálido cuello y guardando los insectos dentro de su cuerpo, Kafma también recuperó el aliento mientras miraba a Cecilus. Con las miradas de ambos… No, con todas las miradas dentro de la fortaleza convergiendo en él, Cecilus inclinó la cabeza.
—Uhmm, no es que odie recibir toda esta atención, pero ¿no es este enfoque un poco diferente al que deseo?
—Escucharé personalmente tu insatisfacción más tarde. Afortunadamente, parece que ella se ha calmado— mostrando gratitud al insatisfecho Cecilus mientras le daba una palmada en el hombro, Goz miró a Madelyn mientras ella entrecerraba sus ojos. Aunque todo su cuerpo estaba en guardia hacia Cecilus, reaccionó a la mirada de Goz.
—Me disculpo si mi mirada fue descortés, Madelyn Eschart.
—… No dejes que ese monstruo se acerque a este dragón.
—Muy bien— ante la exigencia de Madelyn, que miraba con ira a Cecilus, Goz asintió con su barbilla tal y como ella quería.
Cecilus solía causar problemas, pero esta vez había actuado de forma correcta. Que él fuera útil en aspectos distintos a la pelea en el campo de batalla era algo que Goz recordó como una experiencia poco habitual.
—Sobre todo, hay casos en los que las cosas se complican solo por la presencia de Cecilus, pero…
—¡Vamos, si vas a elogiarme, hazlo por completo, Goz! ¡Me pondré de mal humor si no me elogias apropiadamente, ¿lo sabías? No debes ser demasiado estricto… ¿no, Anya?.
—Eres una molestia con solo estar aquí…— arruinando inmediatamente la parte en la que era útil, Arakiya agarró el cuello del atuendo de Cecilus mientras ella retrocedía.
Aprovechando la consideración de Arakiya, Goz se puso las manos en las caderas y miró a Madelyn.
Como habían cumplido con lo que querían, Goz señaló con la barbilla a los alrededores, como para indicarlo, y dijo:
—Bueno, entonces, por favor, calme a sus dragones alados. Los soldados de la fortaleza no bajarán sus armas. Quiero evitar más riñas innecesarias entre aliados. ¿Entiende?
—… Entendido— con un asentimiento, Madelyn señaló con sus ojos a los dragones alados que la rodeaban.
No era que los hubiera llamado para controlarlos mediante una señal, sino que era la forma de su vínculo lo que les permitía comunicarse a través de los ojos.
Como lo hacía de forma natural, Goz pudo reconocerla fácilmente como una verdadera dragonante. Ante la mirada de Goz, Madelyn entrecerró los ojos con un «¿Qué?» y…
—Dirigidos hacia este dragón, esos ojos son groseros.
—Me disculpo por mi descortesía. Eso y, parece que aún no me he presentado. Soy Goz Ralfon, y con esta fortaleza como base, Su Excelencia el Emperador me ha nombrado oęcial al mando para el ataque a la Ciudad Demonio.
—…Yo, el dragón, soy Madelyn Eschart.
—Ahh, estoy al tanto. En cuanto a los demás… se lo explicaré más tarde.
Arakiya se había tomado la molestia de mantener al niño problemático a distancia. No había necesidad de volver a mencionar expresamente a Cecilus y provocar a Madelyn.
Madelyn miraba repetidamente a Cecilus con preocupación, y con el ęn de obstaculizar su mirada, Goz cambió de lugar y dijo:
—Entonces, ¿por qué llegó tarde? En el ejército, muchas tropas pretenden moverse como un solo ser vivo. Si hay alguien que altere esa paz en desorden, ese cuerpo se volverá incapaz de funcionar.
—…
—Sería problemático si las alas se movieran independientemente de las extremidades y la cola. ¿Lo entiende?— mientras decía eso, Goz lo explicó reęriéndose al cuerpo de Madelyn; las características de su cuerpo como dragonante, además de sus cuernos negros y las pequeñas alas que le brotaban de la espalda.
Había intentado que su explicación fuera fácil de entender, pero el sentido común de Goz era simplemente otra cosa forjada dentro del Ejército Imperial. Al menos, Goz no creía que eso fuera todo. Solo que, dado que la obedecía la bandada de dragones alados, Madelyn debía comprender la importancia de actuar en grupo.
Y en realidad, ante la explicación de Goz, Madelyn asintió ligeramente.
—Ya veo. Es bueno que lo entienda. Bien, déjeme preguntarle una vez más. ¿Qué rayos estaba haciendo? Si es solo que se perdió por el camino, entonces…
—…Yo, el dragón, estaba en la Ciudad Demonio.
—¿…Qué?
Habría estado todo bien si simplemente no estuviera familiarizada con la geografía y se hubiera retrasado en la convergencia.
En cambio, su respuesta traicionó sus expectativas, y mirando hacia arriba a Goz — quien no podía creerle a sus oídos—, Madelyn repitió la misma explicación una vez más.
—Yo, el dragón, estaba en la Ciudad Demonio. Esa mujer me pidió que les transmitiera algo.
—…
En ese instante, Goz dudó si debía reprender a Madelyn.
Aun así, lo que debía priorizarse aquí no era corregir el sentido común de Madelyn, ni sus acciones arbitrarias que ignoraban el plan estratégico. La máxima prioridad era examinar cuidadosamente la información con la que había regresado.
Al mencionar «esa mujer», Goz adivinó inmediatamente a quién se refería.Por eso…
—Escuchémoslo. ¿Qué rayos te dijo esa vieja zorra?
—…Las vidas de los soldados que huyeron de la fortaleza.
—…
—Los soldados que huyeron de la fortaleza, hasta que todos ellos pierdan la vida, ella no tiene intención de detenerse.
Goz entrecerró los ojos ante las palabras que Madelyn transmitió con indiferencia y se llevó la mano a la boca. Mientras sentía la sensación de su barba en la palma de la mano, reĚexionó en silencio.
—Los soldados de la fortaleza… ¡No puede ser, General de Primera Clase Goz!
—Lo entiendo. …Aunque tengo mis dudas sobre cuál era el propósito de iniciar esta rebelión— Goz respondió en voz baja a Kafma, que alzó la voz al escuchar el mismo informe.
Al matar a todos los soldados de la fortaleza, Yorna Mishigure estaba perturbando el reinado de Vincent, el Emperador. ¿En qué rayos estaba pensando cuando inició esta insurrección, y qué diablos pretendía utilizar para concluirla?
No fue otra que Madelyn quien habló sobre una parte de eso, pero…
—…Antes de invadir la Ciudad Demonio, ahora es necesario que consultemos a Su Excelencia.
Así, con un estado de ánimo avergonzado, Goz miró con ira hacia la Ciudad Demonio visible en la distancia.
13
—…Las vidas de los soldados de la fortaleza, ¿dices?
—Tendría que decir que eso es simplemente inaceptable, ¿o no? Una exigencia así… ni siquiera merece llamarse de tal forma.—Al escuchar la información enviada desde la fortaleza en el frente de la Ciudad Demonio, incluso el Palacio de Cristal de la Capital Imperial vaciló en silencio.
Sentado en el escritorio que amueblaba la oęcina, bastante insípida, Vincent apartó la mirada de la cara severa de Goz, que se veía a través del espejo, y se sumió en una profunda reĚexión.
Poniéndose frente al espejo en lugar de él, Chisha Gold se dirigió a Goz.
El hombre completamente blanco trabajaba como Asesor Militar del Emperador y, mientras se acariciaba la aęlada barbilla con la mano dijo: —Es la forma de actuar del Imperio el valorar a aquellos que son fuertes… Sea como fuere, sería preocupante que la gente pensará que todo tipo de imprudencia satisfará su egoísmo. Primero que nada, hablando de esa lógica…
—¡Sería extraño que no se cumplieran todos mis deseos, ¿cierto?!— dijo una voz que interrumpió a Chisha.
—…
—Goz, haz callar a ese mentecato. Es un incordio para la discusión— en lugar del silencioso Chisha, Vincent dio instrucciones al otro lado del espejo.
Entonces, hubo una respuesta de «Como usted desee», y posteriormente comprendió que la voz frívola se había alejado.
El «Espejo Comunicante» era un «Meteor» indispensable para la comunicación a larga distancia, pero su único defecto era que incluso los completos idiotas —a quienes se había tomado la molestia de mantener lejos— podían intercambiar palabras con él por este medio.
En cualquier caso…
—…Puede que sea un poco imprudente desestimar las demandas de la General de Primera Clase Yorna como una simple broma— intervino otra voz.
—Joh, aun cuando esa información la ha traído alguien a quien tú has respaldado, eres bastante devoto— comentó Vincent.
—En esta situación, la fuente sería más importante que quien la trajo, ¿no? Desde luego, no puedo decir que no lo vea tan favorablemente como quien lo recomendó.
—Mhm. Más que aquel quien la trajo, quien la envió con ella sería más pertinente— resoplando, la mirada penetrante de Vincent fue recibida conuna reverencia por Bersteĵ, cuya cara estaba marcada por profundas arrugas.
Reunidos en una sala del Palacio de Cristal estaban el Primer Ministro, el Asesor Militar y el Emperador. Examinando cuidadosamente la información enviada a través del Espejo Comunicante, se podía decir que había suęcientes intelectuales para informar al grupo que atacaba la Ciudad Demonio sobre su próximo curso de acción.
Naturalmente, lo primero en la agenda era determinar las intenciones de Yorna Mishugure, que había utilizado a Madelyn Eschart para entregar un mensaje.
—Me resulta difícil tomarlo a risa como un simple acto de perturbación. Después de todo, si no fuera porque la señorita Madelyn actuó de forma independiente, esa exigencia no habría tenido oportunidad de ser transmitida— resaltó Chisha.
—Me pregunto eso. En la guerra, la forma de terminarla habría sido algo pensado en el momento de su inicio. Puede que me falte conocimiento, pero ¿no sería lo mismo para una insurrección? En otras palabras…— dijo Bersteĵ, interrumpiendo ahí sus palabras.
—Desde el comienzo, ella había planeado presentar un compromiso para ęnalizar la batalla, ¿jhm?— concluyó el Emperador.
Los tres se miraron y conjeturaron cuáles eran las verdaderas intenciones detrás de la clara exigencia de Yorna.
Por supuesto, la peor respuesta siempre sería que se trataba de algo aleatorio y sin sentido, pero Vincent no lo consideraba una posibilidad seria. Para los «Nueve Generales Divinos», elegidos como la cúspide del poder militar, él fue constante en sus planes para hacer realidad las ambiciones de cada uno de ellos.
La única excepción a eso era el «Primero», Cecilus Segmunt.
El problema era que…
—¿…Qué tiene esto que ver con las vidas de los soldados de la fortaleza?— se preguntó Vincent.
Al comienzo de esta insurrección, la forma deęnitiva de ponerle ęn era la exigencia de las tropas de la fortaleza. Solo que no habían sido elegidos como sacrięcio para interferir con Vincent y la Capital Imperial.
Había una razón por la que debían ser sacrięcados. Ese era el curso previsto de los acontecimientos.—Estado de Groovy Gumlet, quien fue enviado al oeste— exigió saber el Emperador.
—Hay yesca para una revuelta en la zona. No es una situación donde podamos intervenir— informó Chisha.
—Olbart Dunkelkenn, quien se abstuvo de la asamblea.
—Escuché que está lidiando con una epidemia en su aldea. También dijo que se estaba haciendo viejo, pero lleva trabajando más de veinte años que yo. No creo que yo pueda decir nada demasiado imprudente— respondió esta vez el Primer Ministro.
—¿Está la fortaleza en las proximidades directas de la Ciudad Demonio, gobernada por Yorna Mishigure, ChaosĚame?— continuó indagando Vincent.
—En efecto. Se trata de los conęnes más lejanos del Imperio, uno de los pocos lugares a los que los semihumanos y clanes eligen emigrar deliberadamente. A pesar de ello, dado que nadie —excepto la señorita Yorna— causa problemas como para hacerlo parecer un lugar conĚictivo, permítame decir que se trata de una tierra anómala— informó Bersteĵ.
—Trecientos de los soldados de la fortaleza perecieron, y quedaron diez individuos desaparecidos— reĚexionó el Emperador.
—La horríęca situación era suęciente para hacerlos apartar la mirada. Sin excepción alguna, parece que a todos ellos se les aplastó la cabeza meticulosamente. ¿…Su Excelencia?— añadió Bersteĵ.
Vincent, que captaba con indiferencia la información que debía seguir considerando, tuvo un pensamiento inusualmente largo.
Aunque lo llamara «pensamiento largo», para Vincent no superaría los diez segundos. El cerebro del Emperador sacaba la mejor conclusión para todo en un instante, por lo que era inusual que un pensamiento le llevara diez segundos.
Entonces…
—…La superviviente de los dragonantes, hiciste bien en hallarla— lanzó un tema que habría desconcertado a Bersteĵ, aun así, la expresión del Primer Ministro no se inmutó.
Con un «No, no», el anciano de cabello canoso sacudió su cabeza y dijo:
—El descubrimiento y la asignación de talentos difíciles de encontrar es, después de todo, un factor indispensable para la prosperidad del Imperio. Yo también me siento muy aliviado de haber podido cumplir con parte de mi deber como Primer Ministro al recomendar a Su Excelencia un individuo con tanto talento.
—Mhm, dices cosas tan sagaces. Sea como fuere, esta vez he de dejar que me seas de uso.
—Como desee.
Mostrando una lealtad que llegaba a la transparencia, Bersteĵ hizo una profunda reverencia. Al verlo con sus propios ojos, Vincent llamó a su mano derecha diciendo: «Chisha».
—Sí. ¿Qué sucede, Su Excelencia?— respondió Chisha.
—Has de dirigirte a la ubicación. Ya deberías haberte percatado de lo que deseo— lo informó Vincent.
—Me está sobrevalorando. Con solo darme una orden clara, podré completar esto sin preocupaciones innecesarias.
—Si muestras una expresión indecisa, se han de aprovechar de ello. Cuando mucho, deberías preocuparte por eso.
Al no recibir un informe completo, Chisha se cubrió la cara con las manos en un gesto ostentoso que mostraba que sus esperanzas habían sido frustradas. Por supuesto, Vincent no se retractó de su opinión, ni llegó a mirar al abatimiento de la mano derecha del Emperador.
En cambio, Vincent volvió a dirigir su atención al Espejo Comunicante diciendo:
—Como has oído. Aquello que debes hacer no ha cambiado. Captura la Ciudad Demonio e informa a Yorna Mishigure que se ha propasado de los límites de sus derechos.
—¡Sí, Señor! ¡Entendido! …Eso y, Su Excelencia…— al otro lado del Espejo Comunicante, la actitud del vigoroso Goz se suavizó.
—¿Qué?
Ante Vincent, que frunció el ceño ante esa apariencia, Goz hinchó su grueso pecho y dijo:—Perdone mi descortesía al robarle su tiempo. El general de Segunda Clase Kafma Irulux ha solicitado mantener un intercambio de palabras directo con Su Excelencia.
—¿Kafma Irulux? No tiene importancia. Sería mejor para él que se acercara ante el espejo.—
—¡Sí, inmediatamente! Mientras tanto…
—¡Hola, hola! ¡Su Excelencia, Su Excelencia! ¡Hay algo que quiero preguntarle!— apareciendo para reemplazar a Goz, estaba Cecilus, quien debía haber sido retirado.
Calculando mal la distancia del Espejo Comunicante, el espadachín más fuerte de Vollachia vio su cara reĚejada en gran parte de la superęcie del espejo y, literalmente, ignoró la distancia adecuada con el Emperador mientras le lanzaba palabras.
—Si hubiese alguien que pudiese decapitarte, serías castigado bajo cargos de insolencia.
—¡Otra vez está hablando de cosas que no pueden suceder! Así que esto es algo que quiero oír, y aunque parece que pronto nos enfrentaremos directamente a Yorna, ¿hay algo que quiere que le diga?
—…
—Vamos, Su Excelencia, ¿no es cierto que Yorna solo quiere que le dé algo de espacio en su mente? Esta puede ser la última oportunidad en esta vida, y pensaba que quizá le alegraría que le dijera algunas palabras para que podamos pelear sin remordimientos.
Por una razón en un aspecto completamente diferente a las preocupaciones de una persona normal, Cecilus declaró que quería que le transmitieran las palabras del Emperador. Debido al contraste con el tono formal que Goz había usado momentos antes, Vincent dejó escapar una risa involuntaria. Por supuesto, limitándose a ese pequeño desliz, no permitió que nadie viera su ęgura con los labios relajados, aunque…
—Bien, hay algunas palabras que quiero que le entregues. Harías bien en consumar meticulosamente tu papel de mensajero.
—¡Sale y vale, puede dejármelo a mí! Qué extravagante, esto es indudablemente la sensación de ser un mensajero para Su Excelencia el Emperador.
—No lo arruines. Después, cuando eso termine, podrás regresar con celeridad a tu deber original. Tú eres…
—…La espada desenvainada de Su Excelencia. Por supuesto, lo tendré muy presente en mi mente.
Normalmente era un hombre desesperantemente insensible, pero para que su juicio fuera tan acertado en este caso, debió de haber exprimido hasta la última parte de su cerebro. Lamentablemente, había demasiadas cosas que Vincent tenía que hacer, por lo que no pudo investigar el asunto a fondo. Mientras recibían las miradas de ambos —del Consejero Militar y del Primer Ministro—, Vincent eligió solemnemente sus palabras.
Las palabras que debía pronunciar serían directas y, sobre todo, dejarían clara su intención, por lo que, mostrando cierto desdén hacia la forma de ser del rebelde en cuestión, serían…
—Transmitan mis palabras junto con una espada. Puesto que precisamente ese es el signięcado que debe residir en ellas.
14
…Al disparar el primer tiro de la batalla decisiva, un rayo atravesó el vecindario que se había convertido en un campo de batalla.
Donde muchos semihumanos coexistían caóticamente unos con otros, la Ciudad Demonio de ChaosĚame era acertadamente llamada, en tono de burla, la Ciudad Caótica.
Los edięcios, sin ningún sentido de unidad, amontonados unos contra otros, y el paisaje urbano estaba repleto de andamios y ampliaciones de edięcios que se repetían caprichosamente unos sobre otros, por lo que el nombre de «Caótica» era una encarnación adecuadamente extraña para ella.
Incluso si uno no tenía el más mínimo interés en el paisaje de la ciudad, esa sensación de desorden cautivaba la mirada durante un rato. Sin embargo, esa atención no duraba mucho debido a la contaminación acústica de la sombra que corría directamente debajo.
—Bueno, ¡qué bien sienta ser el primero en llegar, como era de esperar! La rara oportunidad de pelear contra un compañero «General Divino», ¡no hay forma de que la deje escapar! Ah, aunque jugar contigo es un caso distinto,¡Anya!— pateando el suelo con la suela de su zori, la insolente forma de hablar de Cecilus, mientras cortaba ferozmente el viento, descongeló la ciudad.
—Muérete— manteniendo esa velocidad, Arakiya respondió frunciendo sus cejas ęnamente formadas.
Puede que pareciera una conversación terriblemente tranquila, pero ambos se encontraban entre los más fuertes del Imperio, y los acontecimientos que ocurrieron a su alrededor en este periodo fueron lo suęcientemente extraordinarios como para estar a la altura de su valor.
—Guo-guou, todos ustedes, personajes secundarios, discúlpenme. El acto principal está por delante, ¡así que resolvamos esto en el entretiempo!—
Entonces, acompañando una lógica incomprensible para una persona normal, un ataque cortante atravesó el cielo.
Un rayo que podía pasarse por alto si se parpadeaba golpeó una tras otra a las ęguras que bloqueaban el camino, y al ser imposible de tocar por nadie, ni siquiera su resplandor podía alcanzarse mientras esparcía un aire sangriento.
Y, para aquellos que tuvieron la suęciente suerte de no estar en el camino del rayo…
—En el camino.
El incesante diluvio de orbes de fuego que acompañó a esa frase directa quemó por completo cada rastro de hostilidad que se había ęltrado.
La encargada de lograrlo, con sus propias piernas envueltas en llamas, era «La Devoradora de Espíritus», que volaba sin necesidad de batir unas alas como lo haría un pájaro o un dragón alado.
Cecilus y Arakiya, los dos «Generales Divinos», eran invencibles y atravesaban el paisaje urbano de la Ciudad Demonio con un vigor tremendo. No obstante…
—Aunque se trata de una rara revancha con Yorna, ¡no entiendo por qué tenía que acompañarme una niña como tú, Anya!
—Yo debería ser la que dijera eso.
—Seguro que Goz no confía en nosotros. Si las cosas salen mal ahora y Yorna se pasa al otro lado, ¡entonces realmente no entiendo por qué has venido conmigo, caray!
Discutiendo sin ninguna intención de cooperar, Arakiya suspiró mientras se enfrentaba a Cecilus.
Que Arakiya fuera con Cecilus era el resultado de obedecer a Goz, el oęcial al mando. Sinceramente, dado que Arakiya no tenía cerebro para pensar en tácticas, solo era capaz de poner objeciones basadas en sus emociones. En cualquier caso, si las tácticas eran para ganar, aceptaría de mala gana el papel de acompañante de Cecilus. Lo ideal sería que la victoria fuera de tal manera que Cecilus se sintiera amargado.
Para ese propósito, lo más fácil sería terminar con un golpe fallido como este, pero…
—…Se han estado comportando de forma muy inquieta, ¿no?
Al salir por las puertas de la ciudad, Cecilus se frenó de golpe mientras corría descaradamente por la calle principal.
La dueña de esa voz estaba de pie, de forma abrumadora, en medio de la calle principal, con la mirada ęja en ellos, una mujer glamurosa vestida con un kimono. …Con solo una mirada, Arakiya comprendió que era una enemiga formidable y dijo:
—Esa es…
—Síp, así es, Anya. ¡…Saludos, saludos! ¡Mucho tiempo sin verte, Yorna!
Con las piernas transformadas en llamas, Arakiya controló su postura en el aire. Cecilus se adelantó a la chica Ěotante y sacudió exageradamente su mano saludando a la mujer que les bloqueaba el paso: Yorna Mishigure. Ante el alegre saludo de Cecilus, Yorna agitó el kiseru que tenía en la mano y dijo:
—Al igual que siempre, es un hombre con una gran voz. Para que lo envíen de nuevo a mí, Su Excelencia debe de tenerle mucho aprecio, ¿no?
—¿Su Excelencia, por mí? No, no, no es eso, no es eso. Que a él le caiga bien o mal alguien no es algo que puedas estimar. ¡Por eso está todo el año con el ceño fruncido! ¡Es el colmo del pesimismo!
Yorna entrecerró los ojos al mirar a Cecilus, que se llevó el dedo a la frente mientras expresaba sus pensamientos.
Desde la perspectiva de Arakiya, eran palabras desconsideradas que no valían la pena ser escuchadas, pero con una cara que recibía seriamente esa respuesta, Yorna miró hacia Arakiya.
Era como si esos ojos le pidieran la opinión de Arakiya y estuvieran un poco conĚictuados.—Creo que es la primera vez que la veo. ¿Sabe algo de mí?— preguntó Yorna.
—He oído algo. Arakiya. Un cordial saludo, de momento.
—Fue breve, pero se presentó correctamente. Qué educado de su parte.
Agitando el brazo y arremangándose su kimono, Yorna se arrodilló en el acto e hizo una suave reverencia. Había respondido cortésmente a esa educada presentación y continuó hablando con un «Entonces», y…
—Discúlpeme, hace un tiempo apareció aquí una niña dragonante, ¿les pasó el mensaje?— dijo Yorna, buscando conęrmación.
—¿Mensaje…?— repitió Arakiya.
—¡Ah, sí, sí, lo escuchamos! Es la cosa que nos contó Madelyn. Por supuesto, Goz lo consultó debidamente con Su Excelencia— Cecilus se dio una vigorosa palmada en el pecho y respondió con ęrmeza a la pregunta de Yorna. Las cejas de Yorna se estremecieron ante esa respuesta, y una ligera emoción brilló en su mirada.
Para los ojos de Arakiya, parecía entreverse un atisbo de sus esperanzas. De ser así, Yorna probablemente estaría decepcionada.
La razón era…
—¿Cuál es la respuesta de Su Excelencia?
—Era sobre la vida de todos los soldados de la fortaleza, ¿verdad? Ejem… «Es irrelevante tomarlo a consideración. Has de poder expiar tus necias esperanzas con tu propia sangre». Eso fue lo que dijo. ¿Soné parecido?— después de aclararse la garganta, Cecilus hizo una imitación del Emperador Vincent. Aquello era atrevido y no se parecía a él en lo más mínimo. Era dudoso si siquiera estaba tratando de imitarlo.
Arakiya se sorprendió ante tal imprudencia, y Yorna, cuyas esperanzas se habían desvanecido, suspiró ligeramente y dijo:
—Entonces, mi respuesta es clara y sencilla… la expiación se conseguirá con sangre. De la sangre derramada de aquellos a quienes amo, se derramará multiplicada por mil.
—Eh, parece como que la hicimos enojar. Anya, ¿crees que es mi culpa?
—En mayor parte, es culpa de Cecilus y de Su Excelencia.
Sintiendo cómo el calor en el ambiente se elevaba, Arakiya agarró con fuerza la larga y estrecha vara de madera que tenía en la mano.
Al ver a Yorna sacudir tranquilamente la cabeza mientras elevaba silenciosamente su espíritu de lucha, Cecilus se hizo el inocente diciendo «Vaya, vaya, estoy derrotado», y desenvainó su katana de hoja blanca azulada.
—Bueno, tenía intención de luchar desde el principio, así que creo que esto me ahorra un gran engorro. Muy bien, ¡te tomaré como mi oponente, Yorna! …«El Rayo Azul», Cecilus Segmunt.
—…«La Devoradora de Espíritus», Arakiya.
Cecilus se inclinó hacia delante y Arakiya aumentó el vigor de las llamas que cubrían sus piernas.
Frente al espíritu de lucha de ambos, Yorna sonrió sin mostrar ni un poco de miedo.
—…«La Extravagante», Yorna Mishigure. ¿Acaso no harán su mejor esfuerzo por entretenerme con pasión?
15
Se podía oír el choque de las armas procedente del centro de la ciudad y, dada la intensidad, Goz supo que la verdadera batalla había comenzado. Como era de esperar, Yorna se había dirigido a la puerta principal; esa decisión razonable no era sorprendente. Por supuesto, incluso si ella se acercaba a ellos, él la enfrentaría como uno de los «Nueve Generales Divinos» usando todo su poder.
—Parece que los Generales de Primera Clase Cecilus y Arakiya se han encontrado con Yorna Mishigure— comentó Goz.
—Uhm, ¿en verdad? ¿Cómo es que lo…?
—Puede saberlo si agudiza el oído. El choque de las armas se puede oír.
Ante las palabras de Goz, Kafma, que corría a su lado, abrió ampliamente los ojos por la sorpresa. Colocó las manos en sus oídos y los agudizó, tal y como le había dicho Goz, pero…
—¿De verdad lo oyó? ¿Incluso en medio de esta refriega?
—El sonido tiene todo tipo de peculiaridades. Puede que me vea así, pero tengo un gran aprecio por los instrumentos musicales.
A menudo le decían que no iba con él, pero a Goz le gustaba la música. Tanto escucharla como tocarla, él guardaba ambas cosas con mucho cariño. Además, la ocasión en la que conoció a su esposa fue en un recital.
La música era algo que enriquecía la vida de Goz. Por eso mismo, Goz podía ser de apoyo cuando se trataba de los sonidos del campo de batalla.
El hecho de haber nacido con unos oídos capaces de reconocer los sonidos a un nivel superior al promedio podría considerarse uno de los pocos tesoros que Goz poseía.
—Aunque, esta ciudad es más problemática de lo que había oído— comentó Goz a Kafma.
—Sí, yo opino lo mismo.
Mientras hablaban, los dos avanzaron hacia la Ciudad Demonio en la vanguardia de los Soldados Imperiales. Al encontrarse con ellos mientras irrumpían por la puerta trasera, la estructura de la monstruosa ciudad de ChaosĚame parecía llevar a los invasores por el mal camino.
Lo más probable era que el arquitecto no la diseñara con intenciones de obstaculizar a los invasores. No obstante, ese paisaje urbano se había construido a partir de ideas diversas y del estado de ánimo de ese día. Así que, la gente que vivía en una ciudad tan caóticamente revuelta, eran residentes acordes al término «caos».
—¡OOOOOOOOHHHHH…!
Y, mientras gritaban al cargar, los habitantes de la Ciudad Demonio no parecían empuñar armas típicas.
Sin llevar una armadura completa, estas personas no eran menos poderosas que los soldados normales, solo con su vigor y moral. Eso no era simple imprudencia, el poder deęnitivo que los respaldaba era…
—…El arte secreto controlado por la General de Primera Clase Yorna— mencionó Kafma.
—No estoy familiarizado con los detalles de la técnica, pero todos los residentes de la Ciudad Demonio poseen una fuerza inusual. Por lo tanto…—Interrumpiendo sus propias palabras, Goz señaló con la barbilla hacia el grupo de soldados que interceptaron directamente la carga de los residentes. …No, ellos no intentaron interceptarla.
—¡¿Uaaaaaa…?!
Al instante siguiente, cinco de los residentes de la Ciudad Demonio, cada uno con una llama roja encendida en un solo ojo, mandaron a volar por los aires a algunos soldados preparados con un gran escudo. Incluso después de eso, la carga del hombre que avanzaba no pudo detenerse.
Tal escena se vio en cada formación de batalla que atacaba la ciudad.
—¡Esa es la fuente de la inexpugnabilidad de la Ciudad Demonio…!
—Sí, es correcto. Puede variar ligeramente en cada individuo, pero parece que todos los residentes de ChaosĚame tienen una fuerza equivalente a la de diez soldados. Por lo tanto, General de Segunda Clase Kafma, se requiere el poder tanto suyo como mío.
—…
Apretando fuertemente los molares, Kafma se tocó los brazos tatuados con expresión de temor. Al percibir la inquietud difusa en ese gesto, Goz lo cuestionó con «¿Tiene algún miedo?».
Al escuchar eso, Kafma levantó repentinamente la cara y dijo:
—Algo como el miedo, ¡es algo que no tengo!
—Y, en ese caso, ¿por qué le dijo a Su Excelencia que no estaba cualięcado para ser un General Divino?
—Eso…
Deteniendo sus palabras, una mueca se dibujó en la seria cara de Kafma. Antes de que comenzara la batalla, Kafma habló directamente con Vincent a través del Espejo Comunicante y rechazó el ascenso a «General Divino» recomendado por Goz.
Como quien lo recomendó, sin duda se sentía avergonzado. Aun así, Goz no le estaba pidiendo una disculpa a Kafma. Eso era algo que Kafma entendía. Lo que quería no eran palabras de disculpa, sino las razones de Kafma, que había tomado esa decisión.
—Pensé que era por el bien de Su Excelencia… no solo eso, sino por el bien del Imperio de Vollachia. En momentos importantes, sería difícil para un General insuęciente actuar de acuerdo con la voluntad de Su Excelencia.
—…Entonces, ¿no pretende aspirar a nada más allá de esto?
—No, se trata solo de mi yo actual de mente débil— con una luz alojada en sus dignos ojos, Kafma habló mientras miraba directamente a la cara de Goz.
Declinando el puesto de los gloriosos «Nueve Generales Divinos», esa era la resolución del General de Segunda Clase que tomó el camino de la rectitud y trajo la desgracia a Goz Ralfon, Kafma Irulux.
Si no lo reconocía, el honor de Goz, que había sido nombrado General de Primera Clase, se derrumbaría.
—¡…Sin dudarlo, por el glorioso bien del Sacro Imperio de Vollachia y de quien lo gobierna, Su Excelencia el Emperador!
Ante la grandilocuente declaración de Kafma, Goz se rio con un «¡PuĦajajajajaja!», y…
—En ese caso, levante el pecho con orgullo, General de Segunda Clase Kafma. ¡Solo cuando logre un servicio militar con el que usted y los que lo rodean estén satisfechos, podré recuperar mi honor al recomendarlo como «Noveno»!
—¡Sí! ¡Por supuesto!
Dando eso en respuesta, unas alas transparentes de insecto salieron de la espalda de Kafma, y su esbelto cuerpo se elevó alto hacia el cielo.
Viendo eso por el rabillo de su ojo, Goz levantó su arma en la que se especializaba… su maza dorada, y se unió magníęcamente al campo de batalla. Embistiendo violentamente, para demostrar la eminencia de Su Excelencia el Emperador, hizo sonar su instrumento a todo volumen.
Y lo que quedó fue…
—…Ahora, ustedes están a merced de Su Excelencia. No importan las consecuencias, si eso es lo que Su Excelencia desea, nosotras, las tropas, hemos de obedecer y jugarnos la vida.
16Ante el sofocante olor de la ardiente batalla, Madelyn Eschart resopló por la nariz.
La lucha había estallado en la lejana Ciudad Demonio, se derramaba una gran cantidad de sangre y se perdían vidas en vano.
Aun así, eso no era algo raro. Sin importaba el lugar, se perderían vidas, y sin importaba el lugar, se derramaría sangre. Eso no era diferente en la fortaleza donde permanecía Madelyn.
—…
Había un hedor terriblemente intenso a sangre Ěotando en el aire de la fortaleza.
Como si hubiera sido expuesta a un feroz ataque, toda la fortaleza parecía estar parcialmente destruida. Los soldados reunidos habían partido a la batalla y los que quedaban eran los mínimos requeridos, por lo que era probable que este edięcio fuera abandonado.
Aunque, pasó Ěotando por su mente que sería preferible derribarlo para distraerla de sus preocupaciones.
—Estoy siendo jodi’amente estúpida, ¿verdad? Yo, el dragón, debería actuar de forma más digna— advirtiéndose a sí misma, calmó su corazón, que se había emocionado.
Dejarse llevar por sus emociones y darle una mordida a cualquiera eran cosas que no debía hacer. No es que fuera algo malo, pero había oído que eso le impediría ser bienvenida en el mundo de los humanos.
En realidad, no tenía intención de complacer a los humanos, pero sería problemático que la rechazaran, ya que eran muy numerosos.
Además…
—…Nadie me dijo que allí habría un jodi’o humano así— mientras murmuraba, Madelyn pensó en el hombre de cabello azul que llevaba una katana en la cadera.
Era una persona con una actitud despreocupada y una sonrisa que no se borraba, pero Madelyn comprendió que ese hombre era un monstruo aberrante con solo mirarlo. Esa superęcialidad también debía de ser un mimetismo.
Esa era una emoción negativa que Madelyn, descendiente de los dragonantes, nunca debería haber experimentado.
Los dragones siempre eran poderosos y magníęcos, y debían reinar en la cima de todos los seres vivos. A pesar de eso, se sentía intimidada por esa sola persona.—Es porque yo, el dragón, sigo siendo jodi’amente pequeña— mirando ęjamente su mano, el murmullo de Madelyn estaba lleno de frustración.
Si mostrara el poder intrínseco de los dragonantes, no tendría motivos para temer a un simple humano. Sin embargo, Madelyn aún era joven y, como dragonante, aún estaba verde. Por esa razón, había deshonrado el honor de su raza.
Con el ęn de limpiar esa deshonra, tarde o temprano tendría que confrontar a ese usuario de katana…
—…Aja, ya veo. Esa es, en verdad, una ęgura que se reconoce a simple vista. Incluso tiene alas brotando de su espalda, estoy realmente impresionado— se escuchó una voz.
—¡Aahhh!
Apoyada contra la pared derruida de la fortaleza, absorta en sus pensamientos, Madelyn recibió una sacudida en sus hombros. Su expresión se volvió amarga al dirigirle una voz desagradable a la persona que la había llamado por detrás.
Madelyn frunció el ceño al hombre considerablemente más alto que ella, quien había mencionado con insolencia sus alas.
—¿Estás evaluando abiertamente las alas de este dragón? No te dejes llevar, insignięcante humano.
—Oh, vaya, he sido terriblemente descortés, permítame disculparme. Parece que un poco de mi curiosidad habitual pasó por mi mente— haciendo una reverencia por cortesía, un hombre prominente, de apariencia completamente blanca, le respondió a Madelyn.
Más bien, su extraña apariencia se describiría mejor como si no tuviera nada más que blanco. Su cabello y su cara eran blancos, su ropa y sus zapatos también, su apariencia era como si hubiera abandonado deliberadamente su propio «color».
Se podría decir que el hombre ataviado en la brillante armadura dorada se entendía a simple vista, y sin duda, con este su apariencia externa también transmitía una imagen clara de un solo vistazo. Sin ninguna duda, esa persona era precisamente con quien Madelyn debía reunirse en la fortaleza.
—…— entrecerrando las pupilas, la actitud tranquila del hombre irritó a Madelyn.Una vez más, se trataba de alguien que poseía el coraje para no vacilar con Madelyn como su oponente. La reluciente dueña de ese castillo de piedra, el hombre de la armadura dorada que conoció en la fortaleza, ese hombre que olía a bosque y esa mujer desnuda, con todo ellos era lo mismo. Incluso dejando de lado a ese anormal usuario de katana, había una gran cantidad de personas desagradables.
Probablemente había dragones a los que los alababan como valientes guerreros. En cambio, Madelyn no había madurado hasta ese punto. Ella creía que los dragones debían ser temidos y respetados.
Por
eso…
—Tú, híncate.
—…«Híncate», eso es algo bastante extraño. ¿Por qué debería hacer tal cosa?
—Eso no importa, solo híncate. ¿No vas a escuchar a este dragón?— señalando la tierra expuesta en el suelo, Madelyn dio una orden inĚexible.
El hombre dudó un momento ante esa orden y luego se hincó obedientemente sobre una rodilla. Entonces, como ęnalmente parecía que ella lo estaba mirando desde arriba, Madelyn cruzó los brazos y se puso arrogante.
—No hables como si estuvieras por encima de este dragón. Ni tú ni todos esos tipos entienden la grandeza de este dragón.
—… Por cierto, ¿quiénes son esas personas de las que habla?
—Los tipos que estaban en esta fortaleza. El hombre con la brillante armadura dorada y la mujer desnuda. También estaba ese usuario de katana.
—Son un grupo bastante memorable, pero tener que limpiar después de su paso, de esta forma, me hace querer resentir la alineación de las estrellas. Sobre todo…
—…
Madelyn frunció el ceño cuando el hombre, que había adoptado un aire de importancia, interrumpió sus palabras. Después, el hombre miró a Madelyn mientras se arrodillaba, y en esa cara blanca, el único color de sus ojos dorados vaciló, y dijo:
—De alguna manera, parece que mi trabajo es ir limpiando su rastro. En cuanto a su enojo, me pregunto tontamente si debería ceder ante él.
—…
Madelyn comprendió que el hombre, que la miraba directamente a los ojos, no parecía estar arrodillado de corazón, por lo que sintió que ya no tenía sentido para ella menospreciarlo físicamente.
A diferencia de los dragones, los humanos eran mentirosos. …Incluso sin ningún vasallaje en sus corazones, podían arrodillarse ante alguien sin dudarlo.
—…Suęciente. Levántate.
—Oh, ¿ya está satisfecha?
—Entendí que hincarte no signięca nada para ti. A partir de ahora, te enseñaré la grandeza de este dragón.
—Si lo hace, en verdad me sentiré muy agradecido. Uuups, casi se me olvida decirlo.
Tras obtener el permiso de Madelyn, el hombre se limpió las rodillas mientras se levantaba y volvió a hacer una reverencia. Ella estaba harta de ese gesto, pero su dignidad le impedía enojarse por esa actitud de cortesía. Con una sonrisa dubitativa, el hombre comenzó a presentarse mientras miraba hacia abajo a Madelyn.
—Mi nombre es Chisha Gold. He recibido las órdenes de Su Excelencia el Emperador, sabio y arrogante, y las he obedecido directamente para llegar a este lugar tan lejano. Por favor, espero con ansias trabajar con usted.
—Entendido. Este dragón no se presentará.
—Eso me preocuparía de no conocerla, pero ciertamente ya he escuchado de usted, señorita Madelyn. …Bien, ¿por dónde empezamos? No nos queda mucho tiempo— mirando por todas las inmediaciones, el hombre blanco… Chisha, explícitamente preguntó.
Madelyn resopló ante esas palabras y luego señaló su propia nariz. Ahí yacía la razón por la que se habían tomado tantas molestias en mantenerla lejos del campo de batalla.
Así…
—La nariz de este dragón cumplirá su propósito. Les demostraré que soy simplemente de una calidad distinta a la de todos ustedes— mostrando sus ęlosos colmillos, acorde al orgullo de los dragonantes, Madelyn declaró eso.
17
—Ella dijo que no ha de detenerse hasta que todos los soldados de la fortaleza hayan sido erradicados. He instruido a Cecilus para que responda con «expiar con tu sangre», pero tú deberías saber lo que tienes que hacer.
Con eso, se preguntó si el hecho de que le ordenaran acudir al lugar de los hechos debía considerarse una prueba de conęanza. O quizás, debería lamentarse por la presión inmerecida que estaba recibiendo de una persona poderosa a la que no debía desobedecer; le costaba decidirse. Aunque quisiera consultar a alguien sobre este asunto, había ascendido a un puesto en el que no había nadie por encima de él con quien pudiera asesorarse. Con un puesto que no había deseado especialmente, se sentía terriblemente asęxiado.
En cualquier caso, había responsabilidades que venían con el puesto que ocupaba. Debía llevar a cabo el trabajo necesario.
Por lo menos, esa era la ética profesional del hombre conocido como Chisha Gold.
—Aunque parece que la situación no es muy buena.
—¿…? ¿Le dijiste algo a este dragón?
—No, simplemente estaba hablando conmigo mismo. No se preocupe por mí.
Encogiéndose de hombros, las respuestas de Chisha provocaron un seco «¿Ah, sí?» por parte de Madelyn. A continuación, ella apoyó las manos en el suelo y volvió rápidamente a olfatear con la nariz para seguir el rastro del olor.
Esa ética de trabajo tan diligente era algo que había aprendido siguiendo el ejemplo de muchos otros «Generales Divinos». Sin embargo, Chisha pensó que, viéndolo desde una pura perspectiva externa, probablemente recibiría las peores respuestas. Al ęn y al cabo, Madelyn, que parecía joven, estaba olfateando la tierra despejada, y Chisha la seguía por detrás mientras ella reptaba.
Los dragonantes tenían un fuerte sentido de la importancia propia y no mostraban piedad con aquellos que deshonraban su orgullo.Ese rumor no difería de su primera impresión, pero eso cambió inmediatamente cuando llegaron aquí.
Madelyn se ofendía cuando la gente miraba sus cuernos y alas con ojos curiosos, no obstante, no parecía que su orgullo se viera especialmente dañado cuando se la veía reptar por la tierra despejada.
Probablemente, esa parte podría llamarse una diferencia en la sensibilidad de los humanos y los dragonantes. Gracias a eso, se podría decir que esta cacería humana procedería bien si Chisha ignorara la falta de respetabilidad.
—Si Groovy estuviera aquí, esa falta de respetabilidad probablemente se olvidaría, pero… Su Excelencia también es persistentemente de mal carácter. No creo que haya diseñado esta expedición con este propósito, pero…
Como uno de los «Nueve Generales Divinos», el sentido del olfato del hombre hiena Groovy Gumlet era preeminente, incluso entre sus compañeros de linajes semihumanos y media bestias. Probablemente podría atrapar a alguien si huyera de un extremo al otro del Imperio, hasta tal punto que circulaba esa anécdota graciosa que no tenía tanta gracia.
Y, contrario a las expectativas, Chisha sabía que iba más allá de una simple broma.
—Incluso cuando sustituyo a Su Excelencia, si no me dedico al cien por ciento, él se dará cuenta.
Desde la perspectiva de Chisha, que en momentos de emergencia trabajaba como doble de Vincent, el sentido del olfato de Groovy era el indicador deęnitivo de si había tenido éxito en la sustitución.
Tal y como uno esperaría de la persona que Vincent había nombrado para ser la primera en unirse a los «Nueve Generales Divinos», además de Chisha y Cecilus, que eran piezas bajo su control desde el principio.
Como sustituto para llevar a cabo la función de Groovy, Chisha estaba ligeramente escéptico sobre la capacidad de Madelyn. Los deberes de un «General Divino» no se pueden cumplir simplemente por ser un raro dragonante.
…Ahora, Chisha y Madelyn se encontraban persiguiendo a los supervivientes de la fortaleza —que estaba en un estado catastróęco— tras experimentar un ataque por parte de Yorna Mishigur.
Aun así, no buscaban a terceros que reportaran la destrucción de la fortaleza, sino a los diez nombres desaparecidos que realmente parecían haber escapado de la desastrosa escena: los supervivientes del inęerno.
—La fortaleza sufrió una aniquilación y se informó de que trescientos soldados fueron masacrados. Sin embargo…
En terminología militar, la palabra «aniquilación» tenía un signięcado ligeramente diferente al que se le da por lo general.
Entre las tropas, la palabra «aniquilación» signięcaba un estado en el que resultaba difícil continuar con el combate. Esa deęnición variaba de nación a nación, pero en el Imperio de Vollachia, si mueren noventa de cien personas, se puede considerar una aniquilación.
En otras palabras…
—Hay diez supervivientes. Eso es lo que tú y el hombre más eminente de la superęcie piensan— olfateando, Madelyn captó el ęnal de los pensamientos de Chisha mientras seguía el rastro del olor.
Ante sus palabras, Chisha respondió: «Así es», se llevó el dedo a la barbilla, y…
—Teniendo en cuenta la desastrosa escena de la fortaleza y el hecho de que su oponente era la General de Primera Clase Yorna, uno esperaría una cifra menor, pero me pregunto quiénes son los que quedan. Además…
—¿Además?
—Puede que le sorprenda viniendo de la General de Primera Clase Yorna, pero tiene el hábito de relajarse en su movimiento ęnal. Como sabe, incluso llegó tan lejos como para hacerla huir y a conęarle un mensaje, señorita Madelyn.
—¡N-No es que yo huyera, jo’er!
—¿«Jo’er»?
En su estado nervioso, el cambio en la forma de hablar de Madelyn hizo que Chisha inclinara la cabeza. Aunque, Madelyn corrigió inmediatamente su expresión y mostró los aęlados colmillos de su boca…
—No jodi’amente husmees… No husmees en cosas innecesarias. Intentar ęsgonear tras las escamas de este dragón solo servirá para acortar tu vida.
—Santo cielo, guardaré su consejo en mi corazón… Entiendo perfectamente su signięcado, pero ¿puedo preguntarle algo rápidamente?
—…
De repente, volteando la cara hacia adelante, Madelyn reanudó la cacería humana a cuatro patas. Considerando el hecho de que su petición no fuera rechazada verbalmente era algo positivo, Chisha soltó un «Ahora…» y se sumió en sus pensamientos.
Madelyn Eschart había sido recomendada para los «Nueve Generales Divinos» por Bersteĵ. Dadas sus peculiares características como dragonante, los detalles de cómo entró en contacto con Bersteĵ no estaban claros.
En primer lugar…
—Señorita Madelyn, ¿cuáles fueron los detalles de que usted asumiera este deber en esta ocasión?
—…Escuché la petición de ese tonto senil. Si la aceptaba, dijo que se convertiría en aliado de este dragón.
—¿Un aliado, dice? ¿Eso haría el Primer Ministro Bersteĵ?
—¿Ese era su nombre? Si te reęeres al segundo hombre más eminente de la superęcie, entonces sí.
Si al Emperador se le consideraba el hombre más eminente de la superęcie, entonces llamar al Primer Ministro Imperial el segundo hombre más eminente no se consideraría un error, al menos dentro del Imperio de Vollachia.
En cuanto a los «Nueve Generales Divinos», que tenían la misma inĚuencia que el Primer Ministro en asuntos militares, Cecilus, que ocupaba el puesto de «Primero», había dejado que su propia inĚuencia se debilitara.
Por no mencionar que nadie pensaba que Cecilus fuera el segundo hombre más eminente dentro del Imperio.
“¿Ehh? ¿Que soy eminente? Por favor, deja de decir eso, Chisha. ¿Crees que me preocupan los títulos que dicen que soy eminente o no? Mi puesto de General de Primera Clase también me fue otorgado solo porque soy fuerte y, en primer lugar, ser una persona eminente no le sienta bien al actor principal. Más bien, ¡ese tipo de persona parece a la que va a ser eliminada!” y, claramente, imaginó la respuesta de la persona en cuestión dentro de su mente.
Como era de esperar en una relación que había durado diez años, estaba harto de haberlo recreado más de lo necesario.
—Pero es tal y como ese tonto senil dijo— dejando de lado los pensamientos de Chisha, de repente Madelyn murmuró eso.Chisha arqueó una ceja ante ese murmullo, y Madelyn olfateó mientras seguía mirando al frente.
—La sangre de este dragón es rara. Los que me encuentro en la superęcie probablemente mirarían a este dragón de forma extraña. Me cuestionarían para saber esto y lo otro, pero me han dicho que no me ofenda ni les mastique la cabeza.
—Ya veo. Yo también preęero evitar que me mastiquen la cabeza.
—¿Hay algo más que quieras preguntarle a este dragón?
—Mhm, ciertamente es el caso.
Dado que ella divulgó que Berseĵ le había metido una idea en la cabeza, y también la advertencia que él le dio, Madelyn quería delimitar a Chisha que no tenía intención de responder más preguntas.
Mientras que para Chisha, no era como si Vincent le hubiera ordenado expresamente que la investigara.
Por lo tanto, no importaría en absoluto si ahora renunciaba a la oportunidad de indagar en ella.
No obstante…
—Sí, todavía hay cosas que me gustaría preguntar. Contrariamente a las expectativas, tengo un temperamento bastante nervioso, así que, con el ęn de calmar mi pequeño corazón, creo que con solo reunir conocimiento sería suęciente.
—Dices cosas algo astutas. No molestes a este dragón con preguntas inútiles.
—Eso es algo evidente. …Su origen, educación, estructura familiar, creencias, libro favorito, estilo de pelea, la ecología de los dragonantes, su lugar de origen, lo que le gusta, lo que le disgusta, su sentido de la justicia, su sentido del odio, el número de veces que come al día, sus horas de sueño, comida favorita, brazo dominante, ojo dominante, si es diurna o nocturna, así como muchas otras cosas más.
—…
—Aunque, si tuviera que elegir lo que más me gustaría preguntarle de entre todas esas cosas…— Chisha enumeró de forma extensa las cosas que quería saber, entonces Madelyn se detuvo de golpe y volteó para mirarlo como sifuera un bicho raro. Eso fue un poco lamentable, pero él pensó que era una respuesta normal y continuó.
Dirigiéndose hacia Madelyn, que estaba inmóvil con odio en sus ojos…
—…Su nombre, me pregunto, ¿quién se lo puso?
—… ¿Eh?
—Me reęero a su nombre. Madelyn Eschart, su nombre.
Eso pareció ser bastante inesperado, ya que los ojos de Madelyn vacilaron enormemente con desconcierto y sorpresa.
De acuerdo con su apariencia, fue una reacción infantil. Bersteĵ estaba preparado para hacer que ella odiara su entorno y mantenerla ignorante como medio para evitar que se revelaran secretos.
En realidad, Chisha no creía que estuviera obteniendo información difícil de conseguir.
Solo que…
—Hay leyendas sobre los dragonantes, quienes se creían desaparecidos, que solían vivir junto a los Dragones. He oído que entre los Dragones hay algunos que pueden entender las palabras. Señorita Madelyn, sospecho que recibió su nombre de un Dragón…
—Te equ’vocas.
—¿Mh?
—El nombre de este dragón es al’o que recibió de su familia— apretando fuertemente su pequeña mano contra su pecho, Madelyn respondió como si estuviera ocultando algo.
Chisha entrecerró los ojos al oír el suave sonido de esas palabras, como si estuvieran manejando con delicadeza algo frágil, y creyó fácilmente que no era una mentira. En primer lugar, ella probablemente no mentiría.
Las mentiras eran las armas de los débiles, las garras y los colmillos invisibles con el propósito de oponerse a los fuertes.
Como un individuo fuerte, ella poseía garras y colmillos visibles, y no tenía motivos para mentir como descendiente de los dragonantes.
—…
Por otro lado, independientemente del nombre de Madelyn, al mencionar el apellido Eschart, ¿qué tipo de beneęcios se podrían obtener? Chisha se hartó de sí mismo mientras pensaba tranquilamente en ello.
Aunque, por el tono de su voz y su peręl, Chisha pudo percibir que la «Familia» en la que pensaba Madelyn era probablemente algo verdaderamente irremplazable para ella.
En ese sentido, no había diferencia entre los humanos y los dragonantes. Aunque…
—…Por esa razón, este dragón salió a la superęcie.
En las palabras en voz baja que siguieron, había un fuego frío en el que los demás no debían indagar en absoluto.
Al oír eso, Chisha volvió a concluir que no había diferencia entre humanos y dragonantes.
No importaba qué sangre corriera por sus venas, ni qué estilo de vida llevaran, la forma de ser de un «Vengador» era la misma para todos.
El odio que no se desvanecía de los ojos de Madelyn era como si intentara que Chisha se diera cuenta de eso.
—…Estamos aquí.
Cuando Chisha llegó a su conclusión, Madelyn se puso de pie después de reptar a cuatro patas. Se sacudió el polvo de las manos y asintió hacia la entrada del sendero de montaña, que conducía a las profundidades montañosas, densas de árboles.
Dando un vistazo rápido a los alrededores, la tierra no se encontraba en un lugar conveniente para habitar.
—Hay humanos que huelen como la fortaleza, y un hedor a sangre mezclado. Las personas que buscamos están aquí.
—Mhm, ya veo. No obstante, adentrarse en las montañas requeriría mucho esfuerzo. Personalmente, no tengo mucha conęanza en mis piernas.
—A este dragón no le importan tales cosas. Entonces, ¿te rendirás?
—No, no. Solo que los árboles y la tierra aquí son silvestres, y parece ser una montaña donde nunca se llama a nadie para que la cuide… Si la señorita Madelyn pudiera ahuyentar de la montaña a las personas que buscamos, sería de gran ayuda.
—…Ahuyentarlos de la montaña.
Las personas que buscaban se ocultaban en las montañas, por lo que una cacería en la serranía era inevitable.
Desafortunadamente, esta vez no había ningún colaborador, aparte de Madelyn, que pudiera ayudar a Chisha con su tarea. Quería lamentarse por las duras condiciones de trabajo, pero la mayor parte del personal estaba destinado al ataque a la Ciudad Demonio, por lo que no podía permitirse ser impulsivo con sus palabras.
En ese caso, Chisha puso a trabajar frenéticamente su cabeza, ya que debía tomar las mejores medidas posibles.
Con los extraordinarios sentidos de su única colaboradora, Madelyn, descubrieron el escondite de las personas que buscaban. Lo siguiente era ahuyentar rápidamente del bosque a las personas que buscaban utilizando su predominio.
Y aceptando la petición de Chisha…
—¿…Te parecen bruscos los métodos de este dragón?— sus ojos dorados se iluminaron con un destello y la niña volteó hacia Chisha con la boca formando un semicírculo.
En ese momento, como si la sonrisa de la niña lo hubiera atraído, el sonido de unas magníęcas alas batiéndose descendió desde las alturas. Muchas de ellas se amontonaban unas sobre otras, era una vista más grandiosa que los rumores que Chisha había oído, y hacían un sonido que parecía partir el mismo viento.
Una bandada de dragones alados, más de treinta en total, que habían descendido para posarse alrededor de Madelyn.
—La cacería de este dragón es feroz. No te quejes después
Madelyn le dio un recordatorio a Chisha mientras acariciaba el cuello del dragón alado que había descendido para posarse a su lado. Aceptando la demostración de fuerza de esa dragonante, Chisha asintió con un «Sí».
Después, dando un paso hacia el lado de Madelyn, volteó hacia el bosque.
—No está claro hasta qué punto los soldados de la fortaleza comprenden la situación, pero los que escaparon de la General de Primera Clase Yorna y los que se esconden en el bosque no pueden ser ajenos. En consecuencia…— —¿…?—
Interrumpiendo sus palabras, Chisha cerró los ojos. Después, respirando hondo…
—¡¡¡…SOLDADOS DEL IMPERIO, ESCONDIDOS EN LA MONTAÑA!!! ¡¡¡SI SE ENORGULLECEN DE SER LOBOS ESPADA, SALGAN DE AHÍ Y EXPLÍQUENSE!!!
—¿…?
La fuerte voz de Chisha sacudió el ambiente y reverberó incluso más allá de las montañas.
No se trataba de piedad ni de tolerancia, sino de un rito necesario. Darles la oportunidad de explicarse, al menos para que se aclararan como soldados, con el ęn de que tuvieran la oportunidad de proteger su honor. Si ofrecerles esa oportunidad era algo que debía hacer, la balanza dentro de Chisha no se inclinaba hacia ningún lado. Solo que, lo que había sucedido en esa fortaleza, lo que había llevado a la insurrección de Yorna, Chisha tenía una conjetura.
Si su conjetura era correcta, entonces Chisha pensaba que no habría necesidad de mostrarles piedad.
—Señorita Madelyn, esperemos un momento. Si sigue sin haber movimiento, dejaré que usted se encargue.
Mientras escuchaba el eco de su propia voz en las montañas, Chisha se sentó debajo de un árbol cercano. Al ver el comportamiento de Chisha, Madelyn exhaló en silencio.
—Los humanos son tan vagos… Déjame preguntarte una cosa.
—Lo que usted quiera.
—… «Un momento», ¿qué es eso?— Madelyn frunció el ceño mientras hacía su pregunta, y todos los dragones alados que habían descendido también inclinaron la cabeza.
Mientras observaba el liderazgo de la niña a la que obedecían los dragones alados, Chisha se frotó la frente ante la insensible imposición de Bersteĵ. «Un momento». Aunque se lo había indicado a Madelyn, ella no esperó «un momento».
Entonces, exactamente un instante después, los dragones alados atacaron la montaña donde se escondían los cobardes. Probablemente ellos lo saborearon allí. La ferocidad de los dragones alados y el terror de los dragonantes.
…Según la ley del hierro y la sangre, nunca mostrarían piedad hacia aquellos que traicionaron su orgullo.
18
Con un elegante giro del brazo, sus blancas puntas de los dedos desgarraron el aire.
Sus movimientos parecían una danza reęnada, sin embargo, provocaron un fenómeno inusual que parecía un sueño o una ilusión.
—Baila.
…La calle rebotaba como un ser vivo y los edięcios se movían apresuradamente de un lado a otro como si se hubieran liberado de sus restricciones.
—Canta.
…Los andamios que se habían extendido por toda la ciudad perdieron su seguridad y llovieron, se liberaron de la falta de libertad en una caída libre y comenzaron a volar libremente por el aire.
—Destruye.
…Los edięcios de ladrillo, la colorida cristalería, así como los árboles y Ěores sembradas, su forma original se dobló y se transformó libremente en un caos desenfrenado.
Justo en medio de la amplia y gran calle, en los alrededores de Yorna mientras agitaba el kiseru en su mano y bailaba, el paisaje urbano cambió de forma, los edięcios y andamios bailaban en el aire, mientras que los árboles y Ěores bloqueaban el camino como soldados.
—Esto es…— dijo Arakiya.
—Bueno, siempre es lo mismo, ¡es desagradable no tener ni idea de lo que estás haciendo! Pero al mismo tiempo, ¡es una obra de arte de la que no puedo quitarle los ojos de encima! ¡Ciertamente es bastante espléndido!
Con la siniestra visión ante sus ojos, Arakiya estaba considerablemente asombrada. Aun así, al ver a Cecilus actuar como de costumbre a su lado, inmediatamente descartó su desconcierto.
Comprendió que «La Extravagante», Yorna Mishigure, era una persona poderosa a la que no se debía subestimar.
—Además, si se trata de una técnica extraña, el viejo también es así— usando a alguien que conocía como ejemplo, Arakiya suprimió su propio desconcierto.
Al ver a Arakiya recomponerse a su lado, Cecilus dio un paso al frente… y desapareció.
—…Ah.
Después, el extraviado Cecilus apareció delante de los ojos de Yorna, y su katana — desenvainada a la velocidad del rayo— rápidamente atravesó los numerosos obstáculos que surgieron para bloquear trayectoria, hasta ęnalmente llegar al delgado cuello Yorna, lista para rebanarlo.
No obstante…
—Ahhh, siempre es lo mismo, tu cuello tiene una protección bastante sólida— comentó Cecilus.
—Más bien, es su forma de hacer las cosas la que siempre la misma. ¿No ha aprendido de nuestro encuentro anterior que no puede cortarme el cuello?— le recordó Yorna.
—Nah, es porque el yo de la última vez y el yo de ahora somos diferentes. Desarrollarse constantemente cada segundo de cada día es el privilegio especial del actor principal. O más bien, cada vez que subo al escenario, ¡me vuelvo más guapo!—
—Es un hombre cuya insolente forma de hablar nunca cesa.—
Al recibir la espada de Cecilus en la nuca, esta no le cortó ni siquiera una ęna capa de piel, y mucho menos todo el cuello. El resultado del ataque fue una leve marca roja.
Cuando Cecilus mencionó que no había podido matarla en el pasado, lo dijo literalmente.
—¡Shi !— inmediatamente después, Yorna repelió la katana con su kiseru y lanzó un codazo al cuerpo giratorio de Cecilus.
Cecilus se agachó en un parpadeo para esquivarlo, pero tras su estela — como Ěechas— lo perseguían incontables ladrillos: fragmentos de las casas desintegradas, disparados contra él, uno tras otro.
Al fallar, dejaron grandes agujeros en el suelo, como si se tratara de una tormenta de balas de cañón. Entonces, entre esos objetos voladores que llovían sin cesar, quedó claro que los ladrillos eran solo el principio.
—¡Guou, esto se ha convertido en un desarrollo bastante llamativo!— dijo Cecilus.
—En esta rara oportunidad de entretener al más fuerte del Imperio, no tengo intención de escatimar esfuerzos— explicó Yorna.
Los innumerables andamios que se extendían por toda la ciudad cayeron sobre Cecilus, que miraba hacia arriba.
Uno por uno, la gran masa se acercó repentinamente a él, con el propósito de aplastar al solitario Cecilus, la estructura de la ciudad cambió y cayó sin piedad sobre él, cayó y cayó…
—¡Ta-ta-ta-ta-ta-ta-ta-ta-ta-ta-ta…!— mientras llovían los gigantescos ataques, Cecilus no actuó con cautela, sino que aceleró sin miedo y los esquivó.
La tierra temblaba cada vez que los andamios se estrellaban contra el suelo, mientras los rayos atravesaban y pisoteaban los escombros dispersos. Entonces, mientras Cecilus arriesgaba su vida desaęando esta carrera a pie…
—También estoy aquí— blandiendo la vara que tenía en la mano, Arakiya sintió el calor de la muerte del espíritu menor que había capturado dentro de su cuerpo.
La habilidad de «La Devorador de Espíritus» consistía en quemar las vidas de los espíritus capturados y manifestarlos. El espíritu menor que había capturado en preparación para la batalla con Yorna, liberaría aquí el destello de su muerte.
La Ciudad Demonio, alabada por su inexpugnabilidad, sería conquistada de un solo golpe para derrotar a la Señora de aquel territorio.
…Instantáneamente, con Arakiya en el centro, un inęerno que abarcaba cientos de metros comenzó a desbordarse.
—Esto es…— quemada por el calor y el vigor del inęerno desbordante, Yorna levantó las cejas con sorpresa.
Normalmente, las llamas se propagaban gradualmente y el alcance de esa propagación se ampliaba un poco, pero las llamas de Arakiya no ardían lentamente.
Había capturado un espíritu menor de fuego y, usando su poder acumulado, prendió en llamas a la vez a todos los espíritus menores presentes en elrango que ella era capaz de percibir; era una técnica para quemarlo todo de un solo golpe.
Con la alta velocidad de expansión del inęerno y su tremenda potencia de fuego, la propia Arakiya se transformó en llamas y se lanzó contra el enemigo.
Este era el estilo de pelea de Arakiya tras capturar al espíritu menor de fuego…
—No había sentido que debiera despreciarla por ser solo una niña, pero…— dijo Yorna.
—Soy buena asando cosas por completo.
En medio de la estruendosa propagación de las llamas, un rojo radiante brillaba en los ojos de Yorna, que albergaban cautela. Al recibir esa mirada, Arakiya no sintió resistencia alguna a su explosivo inęerno.
La ciudad y los objetos, entre todo tipo de cosas que ardían, el calor abrasador de las llamas no alcanzaba a Yorna.
La espada de Cecilus no había podido cortarle la cabeza, como si su piel blanca la hubiera repelido, y las llamas tampoco funcionaban…
—¡Anya! ¡Oye! ¡Yo también voy a terminar frito, ¿lo sabías?!
—…Aprovecharé esa oportunidad.
—¡Argh, caray, no entiendes el mensaje! ¡Estoy harto!
Mientras se veía envuelto en el mismo inęerno, la espada de Cecilus zumbaba mientras corría, cortando el edięcio que tenía delante por la mitad en un abrir y cerrar de ojos. Saltando sobre esa intersección, corrió escalando, evadiendo las llamas que calcinaban el suelo y alcanzaban los cielos de la ciudad.
Saltando al ojo de la tormenta de andamios y materiales de construcción que llovían, los ataques cortantes surgieron como un rayo.
…Al instante, todos los objetos quedaron destrozados e inservibles.
En ese momento, Arakiya, que se había transformado en llamas, se acercó a Yorna y le dio una patada con una enorme potencia de fuego.
—…Ah.
Trazando un arco de fuego que se extendía más allá de la longitud de las piernas de Arakiya, arrasó la ciudad como si las lenguas de fuego la lamieran. Rozando los edięcios y los árboles laterales a la calle, la patada seacercó a Yorna mientras quemaba todo a su paso y convertía la Ciudad Demonio en un auténtico inęerno.
No obstante…
—¿No hay nadie aquí?— ante el espectáculo de reducir la Ciudad Demonio a cenizas, Arakiya se dio cuenta de que no había ni una sola víctima.
Tampoco sintió ninguna Ěuctuación en las vidas de los espíritus menores de los alrededores. Por lo que podía ver, no había realmente nadie en el rango de Arakiya además de Yorna.
Es decir, esto era una prueba de que los residentes de la ciudad habían depositado toda su conęanza en Yorna y creían que ella podría defenderlos del enemigo que los atacaba directamente.
—Todos sabían que vendrían directamente. Por lo que es lógico que conęara a esos niños la retaguardia de la ciudad. …Uno o dos miembros de los «Nueve Generales Divinos», puedo detenerlos yo sola— explicó Yorna.
—Qué conęanza tan increíble— dijo Arakiya sorprendida.
—Esa es mi naturaleza. Sus ojos dudan, ¿o no es así?
El tacón de su calzado de suela gruesa atravesó la cortina de llamas y se clavó en el pecho del cuerpo amorfo de Arakiya. Los faldones de su kimono ondeantes cortaron las llamas al pasar, y su contraataque partió a Arakiya en dos con un tajo vertical.
Por supuesto, Arakiya, que se había asimilado a las llamas, no era vulnerable a los ataques físicos. Incluso si una espada atravesara las llamas, estas no se extinguirían. Aun así…
—¿Estoy dudando?
—Si es tan fuerte, lo que se debe hacer a la forma de actuar de Vollachia es justo lo que desea hacer, pero, verá, no parece que lo esté disfrutando. De hecho, todo lo contrario.
—…
—Parece que está perdida, dudando sobre por qué está aquí.
Yorna avanzó por la calle y el empuje de la palma de su mano destruyó un lado de la cara de Arakiya. Las llamas dispersas se reunieron y su cabeza desaparecida volvió inmediatamente a la normalidad.Aunque, más que lo primero, fueron las palabras lo que infringieron un daño considerable en el pecho de Arakiya.
La forma de hablar de Yorna parecía como si hubiera visto a través de Arakiya, haciéndola sentir un estremecimiento en su corazón…
—Por favor, basta de eso, Yorna. El corazón de Anya se sentirá incómodo rápidamente— en ese momento, la voz de Cecilus interrumpió, y la suela de su zori se deslizó y se aferró al abdomen de Yorna.
Inmediatamente después, Cecilus puso fuerza en sus rodillas con un «Ey», y la alta ęgura de Yorna fue empujada fácilmente hacia arriba, lanzada ferozmente por los aires.
Después, saltando para perseguirla, el incomparable ataque cortante de Cecilus se precipitó hacia Yorna.
Un ataque de espada despiadado, mientras los puntos vitales del cuerpo de Yorna quedaban expuestos a él.
—Es usted un hombre que nunca aprende— comentó Yorna con un dejo de hartazgo.
—¡Bua, ni siquiera esto funciona! Pensé que seguramente era algo así como la «Protección Divina de los Espíritus de Tierra» y que conectaría si te separabas del suelo, pero…
—…En realidad, es sorprendente que parezca dispuesto a aprender.
—Por supuesto, la verdadera emoción es concentrarme mientras intento buscar una oportunidad para ganar. Algo como pelear sin pensar en nada, eso sería más propio de Anya.
El ataque cortante de Cecilus, con la velocidad de un rayo, rugió, y Yorna recibió ese golpe en el pecho sin detenerlo. En cambio, sus voluptuosos pechos rechazaron la capacidad cortante de la katana, y Cecilus se protegió del contraataque utilizando su funda. Esta crujió al recibir el golpe de revés, y el cuerpo de Cecilus se elevó furiosamente a través del cielo rojo.
—¡Cecilus!— gritó Arakiya.
Siguiendo con la mirada a Cecilus mientras volaba, Arakiya inmediatamente miró hacia atrás, en dirección a Yorna. Sin embargo, un brazo se extendió y agarró el cuello de Arakiya. Era Yorna, que había regresado después de ser lanzada por los aires.
Con sus dedos blancos, se aferró a la delgada garganta de Arakiya, la que no debería haber tenido su forma real.
—Ack…
—Es porque usted está dudando. Su apariencia se volvió borrosa y su verdadera forma cambió a un estado que se puede sujetar. …Usted, ¿con qué propósito pelea?— la cuestionó Yorna.
—…
—Personalmente, yo peleo por amor. ¿Qué hay de usted, por qué razón ha incendiado esta ciudad?
Si la fuerza pudiera conectarse directamente con algo que uno poseyera, eso sería prueba de la fuerza de Yorna.
Sintiendo como si le hubieran preguntado, la boca de Arakiya jadeó repetidamente y visiones de días pasados aparecieron detrás de sus párpados… le recordaron la existencia de lo más importante para ella.
No importaba cuándo ni dónde, la existencia en el corazón de Arakiya no cambiaría. Aun así, ¿se podía decir que Arakiya quemaba la ciudad de esa forma por el bien de «ella»?
—…Como dije, por favor, no hagas que Anya piense en estas cosas, Yorna.
Con un destello, el ataque cortante se abatió directamente delante de ella y se deslizó hacia el brazo de Yorna, que sujetaba el cuello de Arakiya.
Al igual que su cuello, su brazo no fue cortado. En cambio, un sonido sordo provino del brazo de Yorna con ese golpe aplastante, y el cuerpo de Arakiya fue arrebatado cuando su agarre se aĚojó. Mirando la espalda caída de Arakiya, mientras se sostenía la cintura, su salvador había sido Cecilus, cuya expresión indiferente resultaba lo suęcientemente repulsiva.
Aunque abrazar a Arakiya, que todavía estaba asimilada por las llamas, era lo mismo que sostener fuego en los brazos, su expresión indiferente no se alteró.
—…Personalmente, las personas que me resultan más difíciles de comprender son los caballeros como usted— comentó Yorna.
—Ehh, ¿de verdad soy tan difícil de comprender? Me enorgullecería que Su Excelencia y Chisha me consideraran complicado y fácil de tratar a la vez, pero…— dijo Cecilus.
—Sus brazos están ardiendo, ¿no siente dolor?
Con el sonido y el olor de la carne quemándose, las llamas atravesaron el kimono para quemarle los brazos, aun así, la sonrisa de Cecilus no titubeó. Incluso ante la pregunta de Yorna, bromeó con un «Mmmmm» y…
—En lugar de entrar en pánico por el dolor, ¿no sería mucho más genial sonreír audazmente?
—…
Con la piel y la carne ardiendo, mientras un olor similar al calor que le llegaba hasta los huesos se desprendía, Cecilus no sintió vergüenza ni miedo, sino que hizo una aęrmación acorde con su propia ęlosofía. Después, mientras mantenía una sonrisa, acarició suavemente la cabeza de Arakiya, a quien sostenía entre sus brazos…
—Eso y que te pido que te abstengas de darle ideas innecesarias a Anya. No niego que haya quienes concedan gran importancia a las razones y el signięcado de pelear, pero…
—¿Cree que esas cosas son innecesarias para los individuos fuertes?— preguntó Yorna a Cecilus.
—No, no, mi propia fuerza y la fuerza de los demás son cosas diferentes, después de todo. La razón por la que no quiero que Anya piense en eso es porque, lamentablemente, Anya se vuelve débil cuando piensa en esas cosas.
—…Agh.— al ser mencionada de una manera increíblemente directa, Arakiya trató de objetar de inmediato.
En cambio, su voz no salió. La razón de ello era probablemente la relación entre Yorna y los residentes de la ciudad: Yorna, que sola mantenía a raya el frente, conęaba en todos los residentes que protegían los lugares a los que ella no podía llegar. Era porque envidiaba esa relación tan sólida.
La conęanza mutua entre ella y su antigua Señora, mentiría si dijera que no había pensado en ello.
No obstante…
—Anya, no te diré que no pienses en ello. Pero hay un momento y un lugar para eso. Si te conviertes en protagonista o en un papel secundario, eso depende totalmente de ti, Anya.
—…No lo, entiendo.
—Por ahora, actúa como una simple espada. O es que, ¿la dueña de tu corazón desearía que murieras aquí, Anya?
—…
Mientras sus brazos en llamas seguían haciendo un sonido ardiente, Cecilus le planteó esa pregunta con una sonrisa en la cara.
A ella no le gustaba esa expresión suya, pensó que debía seguir quemándole seriamente los brazos, pero ella se detuvo. Era un tema muy doloroso, pero la verdadera Señora de Arakiya no lo desearía.
Además, no quería que Cecilus se riera de ella y le dijera: «¡Sabía que lo harías!».
—Anya, ¿cuántos espíritus menores has capturado?
—…Ciento veinticuatro.
—Muy bien. Entonces, por favor, mata a Yorna ciento veinticuatro veces. …Como los dos miembros de más alto rango de los Nueve Generales Divinos, ese es el propósito que se nos ha encomendado.
Dando una razón directa para pelear, Cecilus enfundó su katana. Después, con un «Ey», levantó el cuerpo de Arakiya, metió los brazos dentro de sus mangas quemadas y adoptó una postura de vigilancia desde atrás.
Al ver la serie de movimientos de Cecilus, Yorna se llevó el kiseru a la boca y dijo:
—Pensaba sin ninguna duda que era un hombre que solo servía para matar, pero…
—¿Sí?— respondió Cecilus, esperando sus siguientes palabras.
—Me sorprendió que, sin usar una katana, fuera tan bueno devolviéndola a la vida— mientras exhalaba humo púrpura y entrecerraba los ojos, Yorna hizo que Cecilus levantara las cejas. A partir de ahí, el hombre más fuerte del Imperio se dobló de risa con «Jajaja» y dijo:
—Al ęnal, no soy más que un espadachín. No puedo lograr una hazaña como revivir a alguien. Si Anya volvió a la vida, es únicamente gracias a nuestra larga relación. Eso y…
—¿Eso y?— los instó Yorna a continuar.
—Anya es realmente muy fuerte. ¡Después de todo, incluso «me» da escalofríos de vez en cuando!
El decir eso con una cara completamente libre de mala intención hacía que Cecilus resultara detestable. Tanto, que Arakiya pensó que hubiera sido mejor calcinarle la cabeza en lugar de los brazos.
Pero no lo haría. Y debido a eso, en su lugar tendría algo que decir…
—Cecilus.
—¿Sí?
—…Muérete.
—¿No puede decir honestamente «gracias»?
Como antes, pensando que ella lo quería muerto, todo el cuerpo de Arakiya comenzó a emitir una deslumbrante luz.
Sin pensar en las consecuencias, ella realizó el poderoso movimiento de estimular a todos los espíritus menores capturados dentro de su cuerpo… Al posar su mirada en eso, Yorna sacudió lentamente la cabeza y dijo:
—También pelea por amor, ¿no es así?
—¡…Puede que estés completamente equivocada!— diciendo eso mientras miraba a Cecilus, Arakiya gritó y cargó hacia adelante.
Al momento siguiente, con el ataque y la defensa de la Ciudad Demonio de ChaosĚame, la mayor destrucción y luz envolvieron el campo de batalla. Y después…


19
Al recibir la fuerza desatada de una patada frontal, su cuerpo salió volando y se estrelló contra la pared. Entonces, junto con sus gritos de dolor, la suela de un zapato se balanceó hacia abajo y golpeó la cabeza del hombre tumbado contra el suelo.
Su diente delantero se astilló contra las tablas del suelo y, mientras se escuchaban los chillidos del tipo que vomitaba sangre, el hombre con un parche en el ojo que hizo eso inclinó la cabeza y comentó «Esto no es ningún reto».
El escenario era una habitación en unas barracas de los Soldados Imperiales, y los dos hombres que habían discutido eran de ese mismo oęcio, vestidos de rojo.
Sea como fuere, todo se desarrolló de forma bastante unilateral. No fue un ataque sorpresa ni uno en sigilo. Ambos empuñaron armas y comenzaron a cruzar espadas al mismo tiempo. La diferencia en el poder con la espada era clara como el agua.
Generalmente, no había enemigos entre los Soldados Rasos y los Soldados Rasos de Primera Clase. …Esa era la verdadera fuerza del hombre llamado Jamal.
—Si fueras un poco más listo, probablemente te ascenderían a «General» sin complicaciones.
—¡Cállate de una puta vez, Todd! ¡Ahora solo deberías elogiar honestamente mi fuerza!
—Creía que ya había elogiado tu fuerza. Nadie duda de tu destreza con la espada, hombre. Bueno, entonces…
Encogiéndose de hombros ante la voz ronca y descontenta, la persona a la que Jamal llamaba Todd dio un paso adelante. Agachado en ese lugar, mirándolos, estaba el hombre lamentable que no podía moverse después de que Jamal le pisoteara la cabeza.
Por encima de todo, si este hombre podía considerarse realmente lamentable o no, dependería por completo de su siguiente respuesta.
—Uste-ustedes… este tipo de conducta hacia un compañero soldado…— se quejó una voz.
—Oye, oye, ¿no fuiste tú quien atacó primero? Hasta donde yo veo, Jamal simplemente respondió a tu ataque. Que sintamos compasión por ti en tu estado lamentable después de eso es… Supongo que se puede decir que nuestras preguntas no te parecieron convenientes.
—…Aah.
—Oie, no intentes huir. Si la cagas, tendrás que enfrentarte a mí, ¿sabes?
Mirando con desprecio al hombre, cuya cara se había puesto pálida, Jamal se tocó el parche que cubría su ojo derecho. Era una obvia táctica de intimidación, pero los resultados fueron inmediatos. Pues, probablemente pensó que Jamal era capaz de cualquier cosa.
El ánimo del hombre se desvaneció ante sus ojos, y Todd asintió con un «Gracias».
—Bueno, continuemos con la pregunta anterior. …Eres un superviviente de la fortaleza que destruyó la General de Primera Clase Yorna, ¿verdad? ¿Por qué ella hizo tal cosa?— preguntó Todd.
—¡Po-Porque está loca! ¡Debes haber escuchado los rumores! Incluso antes, esa mujer era… ¡Gah!— comenzó el hombre cuando de pronto se quejó por el dolor.
—Es una General de Primera Clase, muestra algo de respeto. ¿Pu’s crees que esto es un bar y yo tu buen compa?
La espada larga en la mano de Jamal bailó, y el hombre, que ahora tenía una oreja menos, gritó de dolor. Los comentarios vulgares eran la especialidad de Jamal, pero esta era su excepción, ser exigente con la jerarquía.
Gracias a eso, el hombre probablemente sería aún más cuidadoso con sus respuestas.
—«Porque está loca», ciertamente lo entiendo. Es solo que, esta es mi teoría, no importa qué tan loco pueda parecer alguien, incluso ellos tienen su propia lógica. Hasta las acciones que parezcan sin sentido para otros, serían lógicas para ellos. ¿Entiendes?
—Ah… ah…— jadeó el hombre mientras Todd continuó hablando.
—En otras palabras, incluso la violencia de la General de Primera Clase Yorna en esta ocasión, supongo que tenía su razón en la lógica de un General de Primera
Clase. Por eso, sospecho que la masacre de los soldados de una fortaleza se basó en el resentimiento.
Para que no fuera solo una masacre, sino una masacre exhaustiva, se necesitarían motivos más profundos. Cuando comenzó a investigar, descubrió que Yorna probablemente exigió a los soldados fugados. El Emperador se negó a ello, y el resultado fue un conĚicto militar que se desarrolló en la Ciudad Demonio.
No obstante…
—S-Si tú… sabes eso… ¿qué va a pasar?— preguntó el hombre.
—¿Ah? Si te preocupa eso…
—Bueno, espera un momento, Jamal. No me importa que hables con él. …Dependiendo de la situación, creo que puedo ponerle ęn a esta guerra— Todd detuvo a Jamal poniéndole una mano en el pecho y se enfrentó al hombre con una sonrisa.
Mientras el hombre jadeaba y luchaba contra el dolor en su pecho y oreja, miró a Todd con ojos suplicantes.
—Si el origen fue el resentimiento, entonces la forma de disculparse cambia. No hay nada que moleste más a una persona que recibir una disculpa de alguien que no sabe por qué se está disculpando. Además, quizá podamos ofrecerte una forma de salvarte— explicó Todd.
—¿D-De… qué manera…?
—No es nada difícil. Una vez que entendamos lo que pasó, haremos un informe a los oęciales superiores. Después, a medida que avance la mediación de la lucha interna, podemos pasar por alto si ocurre que desapareces en algún lugar.—
Al recuperar el aliento ante la propuesta de Todd, el hombre lo miró con curiosidad. Sin embargo, aunque había actuado de forma sospechosa, Todd no tenía ningún plan más concreto que el que había dicho.
A ęn de cuentas, no le interesaba la supervivencia ni las acciones de este hombre. En ese momento, lo que le interesaba a Todd era averiguar qué había provocado la insurrección de Yorna Mishigure y obtener la información que pudiera ponerle ęn.
Es más, al utilizar esa información para conseguir un objetivo, podría sacar provecho de la situación.
Con ese ęn, se había tomado la molestia de cruzar un camino peligroso y buscar a los supervivientes de la fortaleza, y había despejado las barracas para crear una situación en la que pudieran hablar directamente con la gente. Sería problemático si no fuera útil.
—…Al principio, solo estábamos pasando el tiempo— como si la sinceridad de Todd le hubiera llegado, el hombre lo aceptó y comenzó a hablar poco a poco.
Ese había sido el impulso de esta rebelión, la causa que llevó a Yorna a masacrar a los soldados de la fortaleza y la razón por la que exigió las cabezas de los supervivientes y de todos los involucrados.
Al escuchar el contenido de eso, Todd comprendió que era justo lo que había imaginado.
Como se esperaba, el origen de la violencia de Yorna Mishigure era el resentimiento, y era una indignación justięcada.
—E-Eso es todo. Bueno, ¿estás satisfecho?— su tono se volvió áspero a mitad de frase, y el hombre que terminó su discurso con un lenguaje acalorado lanzó una pregunta a Todd.
Bajo la mirada de ese hombre, Todd se pasó la mano por la barbilla mientras respondía «Sí» con un asentimiento.
—Sí, estoy satisfecho. Si hablo de tal situación, creo que los oęciales superiores también me prestarán atención— le dijo Todd al hombre.
—¡En ese caso…!
—Solo que tuviste un poco de mala suerte, hombre.
Ante la aęrmación adicional de Todd, el hombre se quedó estupefacto mientras abría ampliamente los ojos.
Probablemente no comprendió el signięcado de las palabras de Todd. Debido a su escasa percepción, el hombre terminó pagando con su propia vida. Debió haberse dado cuenta antes.
Junto a Todd, Jamal —al haber escuchado la misma historia— había estado mirando al hombre con ojos llenos de desprecio desde lo más profundo de su corazón.
—Aunque pensaba que podría terminar así, perdón, perdón.
Todd se levantó encogiéndose de hombros, y la cabeza cortada del hombre rodó a sus pies. Era trivial. Jamal blandió su espada y decapitó al hombre en un abrir y cerrar de ojos.
—Puto cabrón. Qué vergüenza pa’ los orgullosos soldados del Imperio.
—Sabes, no tengo la menor idea de cuál es tu sistema de autoevaluación.— inclinando la cabeza, Todd estiró ęrmemente el cuerpo.
De forma bastante literal, el hombre no tuvo nada de suerte. Al igual que su descuido verbal a los pies de Jamal, y lo mismo con el hecho de que Todd y Jamal hubieran conseguido su paradero en primer lugar.
Había otros soldados fugados que fueron localizados, pero él se encontraba en la posición más fácil de atraer.
Sobre todo…
—Aunque, no puedo decir que los otros dos vayan a tener suerte por mucho tiempo.
—Seh, destrocémoslos.
—Espera, no mates solo para distraerte de tus propias preocupaciones. Tenemos que dejarlo en manos de un oęcial superior y se convertirá en uno de nuestros logros más destacados.
Ante esa identięcación, toda la cara de Jamal exclamó que no le gustaba. Reprimiendo esa cara molesta con la mano, Todd suspiró ante la imprudencia de su futuro cuñado.
Actuando de una forma impropia para su persona al cruzar un camino peligroso como este, todo era para hacer una acción meritoria con el ęn de regresar a la Capital Imperial. No era más que por el bien de regresar con la encantadora mujer que lo esperaba allí.
Para ese propósito…
—…Al menos debo ocuparme de este cuñado tan difícil de manejar. A cambio, cuando termine con él, tu corazón me lo agradecerá… después de todo.
20
—…El incidente de esta ocasión comenzó cuando los soldados de la fortaleza torturaron hasta la muerte a una chica ciervo y luego procedieron a profanar el cadáver. Si matan a la gente bestia que están bajo la protección10 de la Ciudad Demonio, ¿qué tan enojada se pondría la dueña de esa ciudad? De alguna manera, eso estaba completamente fuera de sus expectativas.
No esperaba palabras para mostrar su apreciación por el arduo trabajo. Más bien, esperaba pragmáticamente más instrucciones.
Con Chisha ante él, Vincent detuvo la mano con la que pasaba las páginas de los documentos y, sin levantar la mirada, dijo:
—¿Así que ese fue el origen de la masacre de los soldados que estaban presentes en la fortaleza? ¿Quién desveló esto?
—Tres de los soldados prófugos lo revelaron a una unidad de soldados que se había reunido. Un Soldado de Primera Clase que comprendió la situación detuvo a uno de ellos e informó a sus superiores. Uno de ellos murió y los otros dos han sido capturados.
—Envía a los dos que fueron capturados a la Ciudad Demonio, a Yorna Mishigure— sin mostrar vacilación momentánea, Vincent controló el destino de los soldados prófugos, y Chisha obedeció en silencio.
Ellos fueron parte del impulso para la insurrección de Yorna de esta ocasión. En el mejor de los casos, morirían de forma violenta y se convertirían en un consuelo por la sangre derramada durante esta batalla. Ante esa forma brutal de pensar, Chisha se sintió personalmente disgustado consigo mismo. Aunque debería tener un carácter más amable y tranquilo.
Dejando a un lado el conĚicto en el corazón de Chisha, Vincent continuó mientras sus ojos recorrían los documentos oęciales.
—Adicionalmente, localicen a aquel que nombró al «General» de esa fortaleza, así como a todos sus familiares. Hemos de emitir las noticias a su debido tiempo.
10: La palabra para lo que le hicieron al cadáver de la chica ciervo es «辱める», que puede signięcar profanar, deshonrar, humillar, pero también puede signięcar agredida, mancillada o violada.Enderezando la espalda, ocupado con el papeleo en su oęcina, el apuesto hombre de cabello negro, el emperador Vincent Vollachia, recibió tal informe, y Chisha, que había regresado, esperaba que él respondiera con palabras.
—También soy consciente de ello. Por cierto, Su Excelencia, se trata del soldado que capturó a los soldados prófugos, pero…
—Ha de haber una recompensa. Puedes conceder cualquier recompensa que él desee.
—Pensé que diría eso, así que le pregunté directamente. Desde luego, no con esta cara— al oír esas palabras, Vincent levantó la vista de sus documentos y miró a Chisha por primera vez.Le fue agradable el haber captado su interés, y Chisha imaginó a los dos soldados que había conocido directamente en su mente. La pareja formada por el hombre con parche en el ojo y aspecto rudo, y el hombre amable que daba una impresión amigable.
Con poca información, habían llegado hasta los soldados prófugos, decididos que debían informar de esa cobardía a sus superiores y actuando adecuadamente, todos esos puntos eran dignos de elogio. Por supuesto, pensaba que debían recibir una compensación apropiada, pero…
—… «En el Imperio triunfan los fuertes».
—¿…Qué?
—Eso es lo que me dijo uno de los soldados cuando le pregunté qué querían como recompensa. La ideología del Imperio de Vollachia, dijo que no hacía más que seguirla.
Era extraño, ya que quien lo declaró fue el soldado rudo que parecía ser ambicioso.
Los soldados se dedicaban con fervor a la ley de hierro y sangre del Imperio, y, lo que es más, detestaban a los soldados cobardes que iban en contra de ella. Tanto que decían que no necesitaban recompensas por su sangre.
Por supuesto, de forma contraria, el compañero a su lado puso una cara confundida después de que él dijera eso.
—En el Imperio triunfan los fuertes, ¿no es así?
Para los súbditos del Imperio de Vollachia, era normal que todos conocieran el principio del Lobo Espada.
Al oírlo de nuevo y repetirlo con su lengua, Vincent entrecerró ligeramente los ojos. Dentro de esos ojos negros entrecerrados se encontraban todos los profundos pensamientos de Su Excelencia el Emperador, que incluso Chisha era incapaz de leerlos.
Quizás lo más cercano a esa verdadera esencia, con principios en lugar de palabras, era un espadachín que no pensaba en las cosas con lógica y que estaba completamente separado de su sentido de la responsabilidad y las obligaciones a su disposición.
En cualquier caso, el origen del asunto en esta ocasión, la gestión de su conclusión, había terminado en cierta medida. Para los otros puntos que debían ser reportados, Chisha aplaudió diciendo «Por cierto».
—Acompañé a Madelyn Eschart y no tengo ninguna crítica sobre su capacidad o fuerza, es de un calibre digno de ser nombrada «General». Soloque, sin experiencia militar y como es respaldada por el Primer Ministro Bersteĵ, es complicado; tengo mis preocupaciones al respecto.
—Dado que Kafma Irulux, a quien recomendó Goz, declinó, no tenemos la potestad de dejar de lado a aquellos con capacidad y temple. Incluso si ella cuenta con el apoyo de «esa persona».
—…Es solo que creo que no hay necesidad de beber veneno deliberadamente.
—Este es tu propósito, el propósito de los «Generales Divinos», mi propósito— mientras hablaba, Vincent volvió a dirigir la mirada hacia su escritorio y su mano comenzó a pasar las páginas de los documentos de nuevo.
Demostrando su actitud de no tener ya ninguna intención de continuar la conversación, la obstinación de Vincent y su audacia al ser el primero en meter la mano en las cenizas donde aún quedaba calor, hicieron que Chisha suspirara.
Que él fuera ese tipo de persona, se había dado cuenta completamente de ello a lo largo de su larga relación, pero…
—…A más tardar, dos años más.
—Su Excelencia.
Antes de excusarse de aquel lugar, Chisha fue detenido por las tranquilas palabras de Vincent. Sin embargo, sin responder a la llamada de Chisha, Vincent permaneció inmerso en su papeleo.
¿Había hablado solo o había sido una pregunta dirigida a Chisha?
Fuera lo que fuera, no dijo nada más. Para sí mismo, que lo entendía, él mismo que lo comprendía y no podía hacer nada al respecto, cuán terriblemente aberrante era.
¿Con qué propósito estaba allí? Se preguntó a sí mismo.
—…No es propio de mí. Por todos los cielos, empiezo a pensar que estoy maldito.
Mientras recordaba esas cosas, como una daga del Emperador de Vollachia… No, las espadas eran las otras. Por lo tanto, Chisha se reconoció a sí mismo no como una espada, sino como un amigo conęable, y salió de la oęcina.
—…
El cielo que se vislumbraba por la ventana del corredor era de un azul detestablemente intenso, y parecía como si la magnitud de las vidas arrasadas cada día bajo aquel espléndido paisaje no pesaran en su mente.
—Por todos los cielos…
…Como miembro de los Lobos Espada, no podía evitar sentir que estaba terriblemente maldito.
21
—¡Ah! ¡Anya, cocinaste los huevos fritos de un solo lado otra vez!
—…Si los quieres por ambos lados, cocínalos tú mismo.
Dentro de la choza, Arakiya miró con ira a Cecilus mientras él se quejaba de la comida que había sobre la mesa.
Había una comida para dos sobre la humilde mesa, cada uno con vajilla de diferentes colores. Con el ęn de distinguirlos uno del otro, la alacena se había organizado con vajilla de diferentes colores.
Ella deęnitivamente no quería usar por error la vajilla de Cecilus. Aun así, como Cecilus no lavaba sus platos, era imposible evitar tocarlos por completo.
Por no mencionar que hoy le resultaría difícil minimizar la cantidad de veces que tendría que manipularlos.
La razón era…
—Ahhhhhhh~
—…
—Anya, vamos ya, tengo la boca muy abierta. Ahhhhhh~
Molesta por eso, Arakiya agarró el tenedor de Cecilus con irritación. Después, pinchó los huevos fritos en su plato y, literalmente, se los metió en la boca, que esperaba la comida como un polluelo. Lo hizo con suęciente fuerza como para fracturarle los dientes frontales, pero Cecilus agarró fácilmente los huevos fritos con los dientes y se sació.
Si era tan hábil, probablemente no necesitaba ayuda para comer, y también era bueno para molestar.
Dado que Arakiya le quemó los brazos a Cecilus, esas molestias continuarían hasta que la herida se curara.
Como vivían juntos, se le ordenó que se ocupara de esos problemas.—Ñam ñam… mm, sabe rico. Si se excluye el hecho de que solo fríes un lado, tu habilidad culinaria no es nada despreciable. Puedo asegurarlo como alguien que sabe cómo has mejorado a lo largo de los años.
—Con Chisha sería distinto, pero ¿es garantía de Cecilus…?
—¡Ah! ¡Tu cara no tiene fe en mí! Sabes, tengo buen ojo para estas cosas, Anya. Sin eso, no podría distinguir entre espadas viejas y espadas excelentes. También tengo buen ojo para la gente, ¿lo sabías?
—…Parece mentira.
Como no podía mover los brazos con el cabestrillo, Cecilus puso una expresión desagradable de «Ehhh» mientras se balanceaba de izquierda a derecha.
Ignorando eso, Arakiya intentó terminar rápidamente la sesión de «parte comida y parte tortura», así que le llevó la ardiente y recién hecha comida a la boca de Cecilus, una tras otra. Era desagradable que él lo hubiera manejado con tanta habilidad.
Y para pasar el rato durante ese brutal desayuno, también…
—Aunque, ¿la insurrección de Yorna también terminó en fracaso esta vez? Bueno, incluso Su Excelencia y compañía están dudosos de qué tan en serio iba ella para empezar, pero…
—…La causa fue la persona ciervo que murió.
—Ciertamente, sí, sí. ChaosĚame es el destino de aquellos con circunstancias especiales, así que, si los provocas juguetonamente, recibirás una represalia acorde. Aunque no creas que vas a perder los dedos por meterlos en el nido, eso es algo que debes comprender—
Cecilus rio burlonamente y comentó con indiferencia sobre la insurrección. En cambio, Arakiya bajó la mirada ante sus palabras, lo que hizo que Cecilus levantara las cejas con un «¿Oh?».
—¿Qué pasa, Anya? ¿Hay algo que te molesta?
—Yorna, era fuerte.
—Lo era, ¿verdad? Nah, esta vez tampoco entendí ese truco. Aunque pensé que sería capaz de cortarle la cabeza, volví a arruinarlo.
—Aunque es lo mismo con ese poder ridículo.
La ciudad que podía cambiar de forma rápidamente y la abrumadora y resistente salud de Yorna, que no sabía lo que era ser destruida. Por supuesto, eso también era una anomalía, pero era su forma de ser lo que hacía que el corazón de Arakiya dudara.
Le molestaba, pero tal y como Cecilus había dicho en medio de la batalla, dejó de lado los pensamientos ociosos y luchó. Sin embargo, al ęnal, la vacilación de Arakiya… ese problema aún no se había resuelto.
¿Por qué razón peleaba? Al ser cuestionada con eso, Arakiya pensó de repente…
—Cecilus, ¿por qué peleas?
—…
—¿…Por qué esa cara?
Intentando afrontar sus propios problemas, Arakiya hizo una pregunta y recibió una extraña respuesta de Cecilus. Después de un breve instante, se dio cuenta de que era la cara de sorpresa de Cecilus.
Con esa extraña cara de sorpresa, Cecilus sacudió la cabeza diciendo «No, no», y
—Es extremadamente sorprendente que quieras saber algo sobre mí, Anya. Así que, cuando lo preguntaste, me quedé atónito. Si no me equivoco, es la primera vez que lo haces desde que éramos niños, ¿o no?
—… Al ęn y al cabo, aunque no te lo preguntara, habrías hablado a tu antojo.
—Ciertamente. Ya te habría contado muchas cosas, como la comida que me gusta, mis creencias o mi determinación como actor principal, pero ahora me preguntas por el propósito por el cual peleo. Jajaja.
—¿No vas a responder?—
—No, responderé. …Es porque aspiro a la Espada Celestial Cecilus respondió en voz baja y, con tranquilidad en sus ojos, dio una impresión completamente diferente a la persona que solía ser dos o tres veces más ruidosa.
De vez en cuando, el hombre llamado Cecilus Segmunt mostraba una cara como esta.
Difícil de descifrar, como un rayo que no tiene forma real, era un carácter que los ojos no pueden seguir. Eso era algo que ella también sentía en su Señora de toda la vida, y en el Emperador de este país, Vincent. Lo que Arakiya sentía era la peculiar forma de ser de aquellos que se encuentran en una dimensión completamente diferente a la de las personas comunes.
Sus posiciones y lo que podían ver eran diferentes; parecía como si estuvieran tratando de darlo a conocer.
—Cecilus.
—¿Sí?
—Muérete.
—¿Por qué dices eso? ¡Acabo de responder a tu pregunta con sinceridad, sin tener ninguna obligación de hacerlo!
El ruido que hizo Cecilus provocó que ese ambiente desapareciera, y que Arakiya suspirara.
Entonces, sintiendo que había obtenido un ligero alivio, Arakiya hizo una mueca.
La Señora a la que Arakiya amaba tanto, y el Emperador, que estaba esencialmente al mismo nivel. Probablemente era un alivio no tener que ver a esas personas y a Cecilus en la misma dimensión.
Sin duda, eso era una condición suęciente para irritarla.
—No obstante, parece que voy a seguir llamándote Anya durante un tiempo.
—… Dentro de poco, haré que te retractes.
—Aunque, en el tiempo que llevas diciendo eso, ya han pasado siete años. Jaja.
Riendo con tono despreocupado, Cecilus volvió a abrir la boca con un «Ahhhh~». Con una apariencia amarga, Arakiya le arrojó a la boca un pescado asado al que no le habían quitado los huesos.
Mientras separaba hábilmente la carne y los huesos con la lengua y los dientes, el Lobo Espada más fuerte del Imperio se rio.
…La existencia en la cima de la manada de los Lobos Espada, a la vez que pensaba en la lejana Espada Celestial, comía el pescado que había sido capturado, asado y colocado en la mesa, mientras se reía en buen humor.