Parte 8
— ¡No lo sé! La sangre salió de sus gargantas de la nada…
Ellos, asustados por la masacre de sus aliados, no podían ver lo que había causado sus muertes. En otras palabras, esta era la mayor prueba que estas eran las negras y malvadas manos que conocía Subaru.
Por lo tanto, Subaru puso a un lado sus sentimientos de incredulidad.
— ¡¡Son las Manos Invisibles!! —gritó.
Las manos negras que habían traído la muerte a sus aliados, estas no eran otras más que las Manos Invisibles de Petelgeuse.
Pero eso era imposible. El loco controlándolas había muerto con seguridad. Su torso había sido cortado a la mitad, y las únicas cosas que encontraron de su cuerpo eran fragmentos. Ferris había firmemente declarado que la recuperación era imposible.
— Así que, ¡¿quién demonios está usando las Manos Invisibles?!
La voz de Subaru estaba seca con sorpresa. Las manos de color negro que estaban bailando en el cielo reaccionaron. Múltiples manos se movieron como cabezas de serpientes, con sus dedos volviéndose amenazadores hacia él.
Sus números eran probablemente treinta, una amenaza invisible con mayores números de los que Petelgeuse había controlado.
— ¡Señor Subaru! ¡Indique las posiciones de los brazos!
Wilhelm gritó, con su espada lista, y con Ferris tumbado a sus pies. La petición del Demonio de la Espada causó que aquellos que inicialmente habían huido miraran a Subaru. Su moral apenas estaba rota, pero no tenían más contramedidas más allá de Subaru.
Entendiendo su deber, Subaru se concentró en las manos malvadas. Él no las dejaría que aumentara los cadáveres de sus aliados.
Sin embargo, como para burlarse de su determinación, las manos malvadas…
— ¡¿Desaparecieron…?!
Las manos hechas de niebla negra lentamente se disolvieron en polvo desde las puntas de los dedos hacia abajo. En un instante, las treinta manos se disiparon. Subaru, incapaz de discernir la intención de su oponente, miró con una cara tensa.
— ¡¿Chico, que pasó con el ataque?! ¡¿De dónde están viniendo?!
— ¡Desaparecieron! ¡Fueron retiradas! ¡No sé por qué!
Respondiendo al grito enojado de Ricardo con uno mismo, Subaru desesperadamente miró a sus alrededores.
Subaru era el único que podía detectar las Manos Invisibles, las cuales atacaban sin sonido ni presencia. La vida o muerte de sus aliados dependía de sus acciones. Ese hecho hizo que Subaru se esforzara.
En consecuencia, descuidó su propia seguridad.
— ¡¿Ugh…?!
El mal sentimiento repentinamente subiendo por la parte de atrás del cuello de Subaru le hizo dejar salir un grito de dolor. En el siguiente momento, sus huesos del cuello parecieron crujir por el poderoso agarre levantándolo, elevando sus pies del suelo. Flotando en el aire, no podía ni patear el suelo o pararse firmemente. Sus miembros se retorcieron y agitaron, pero el cuerpo de Subaru fue arrastrado dentro de la oscuridad con un solo movimiento.
— ¡No! ¡Subaru…!
— ¡Julius, no! ¡El enemigo está aquí!
Julius inmediatamente lo persiguió, pero fue interrumpido por el grito espeluznante de Ferris.
El instante antes que fueron separados, los ojos de Subaru divisaron un grupo de figuras negras saliendo del bosque, eran los Cultistas de la Bruja atacando a sus cautelosos aliados desde un lado.
— ¡Mierda! ¡Déjame ir, maldición…!
Mientras las espadas empezaban a chocar contra espadas, solo Subaru estaba siendo alejado del campo de batalla. Mientras movía sus miembros, fueron golpeados por ramas de árboles, consiguiendo dolorosas raspaduras en el proceso, pero no tenía tiempo para preocuparse por ello.
La mano sosteniéndolo poseía una fuerza física tremenda, cargando a Subaru con movimientos imposibles para cualquier dispositivo humano. Eso, y el hecho de que no podía liberarse, hizo que sea fácil para él suponer que lo estaba jalando. En ese mismo momento, Subaru estaba siendo alejado por las Manos Invisibles. Por lo tanto, su enemigo era….
— ¡Gu… aaah!
El impacto forzó una interrupción en sus pensamientos.
La fuerza faltando en medio del aire llegó a un fin cuando su espalda fue lanzada contra un árbol grande. Después de eso, Subaru fue presionado contra el tronco, con sus piernas aún lejos del suelo, suspendido en medio del aire mientras se encontraba cara a cara con su enemigo.
— ¡Geheh! ¡Mierda! ¿Quién demonios es…?
— Ahh… mi cerebro… está… temblando.
— …
Cuando Subaru tosió, volviendo sus ojos hacia sus alrededores, esa frase hizo que su corazón se congelara.
La línea sin sentido parecía fluir dentro de sus orejas como si estuviera probándolo, pero era demasiado malvado para ignorarlo.
Lentamente, la oscuridad parecía disolverse mientras una delgada figura salía de ella.
Hasta donde Subaru sabía, todos los Cultistas de la Bruja vestían las mismas túnicas negras con capucha, y esta figura no era la excepción. Pero este individuo dejó la capucha abajo, dejando su cara expuesta.
— …
Por un instante, Subaru alucinó que esta figura era el doble del cuerpo de Petelgeuse. Pero un instante después, rechazó la idea. La figura se parecía al loco, pero era diferente de alguna manera. Después de todo, la persona apareciendo frente a Subaru era una joven pelirroja mujer con pecas conspicuas.
— ¿Así que por qué…? ¿Qué estás…? ¡¿Qué… Qué demonios…?!
Con una fuerte presión sobre todo su cuerpo, Subaru se retorció, gimiendo de dolor mientras miraba hacia la mujer.
Las anteriores exterminaciones de dedos ya habían establecido que los Cultistas era hombres y mujeres, jóvenes y viejos. Tener a una mujer como su enemigo no era nada por lo que sorprenderse. Pero el miedo de Subaru no disminuiría.
El problema no era el género de su oponente, era que la mujer y el loco eran dos de la misma especie.
La mujer hizo que Subaru sintiera disgusto y terror rivalizando con aquellos causados por el mismo Petelgeuse Romanée-Conti. Absolutamente no tenían nada que ver con el hecho que las sombras retorciéndose a sus pies mantenían a Subaru atado.
— ¡¿Qué… eres… de Petelgeuse…?! ¡Quítame esas manos de encima…!
— … Un dedo, VES.
— ¿Ah?
Forzando su estremecimiento a calmarse, Subaru lanzó una voz ronca con la que hablarle. En el instante después que esa voz levantara las dudas de Subaru, la mujer sacudió la cabeza con fuerza como una muñeca accionada por un resorte.
Entonces levantó su mano derecha y se llevó un dedo a la boca; esto, ella mordió y aplastó violentamente. El sonido sordo, las gotas de sangre fresca, eran la autolesión blasfema de ese loco, de principio a fin.
— ¡Soy un dedo! ¡Una recompensada con Su favor! ¡Una discípula diligente llevando a cabo el juicio, fielmente obedeciendo la guía de Su amor! ¡Ahh! ¡¿Ahh, eres perezoso?!
— ¡Uu…!
La mujer agitó su dedo ensangrentado, esparciendo gotas de sangre alrededor mientras revelaba instintivamente su locura. La vista de la mujer rabiando furiosamente que se hacía llamar a sí misma dedo hizo que Subaru se retorciera, olvidando todo lo difícil que era respirar.
Esa locura, esa demencia, ese comportamiento irritable, repitiendo esa misma frase estúpida para denigrar a su oponente, no era sólo su habilidad para usar la autoridad. Incluso dejando de lado los gestos excéntricos, la mujer tenía demasiado en común con el loco como para ignorarla.
Confidente. Sucesora. Sacerdotisa de los Siete Pecados Capitales en vez de arzobispo. Varias posibilidades aparecieron dentro de su cabeza.
Pero ella no entraba en ninguna de ellas. Si tuviera que poner una etiqueta más adecuada y más precisa de lo que sentía…
— ¿Un doble… una copia? ¡Con la personalidad exacta de Petelgeuse…!
No pudo sino pensar de la mujer como Petelgeuse mismo en vez de alguien que simplemente se parecía. Quizás eso mismo era lo que el término dedo significaba.
Quizás los dedos habían sido literalmente parte de Petelgeuse…
— ¡Si es así, el peor de los casos ni siquiera se acerca…!
— ¡Ser capaz de recuperarme tan temprano es un gran alivio! ¡Eres problemático, eres peligroso, eres particularmente vil! ¿Tú puedes ver las Manos Invisibles, no es así?
— … Sin comentarios…
— ¡No puedes mantener tu SILENCIO conmigo! ¡Tú has sido capturado por Su favor, cuando por deeeerechos debiste ser descartado como basura! ¡Eeeeesto no puede ser casualiiiiiidad! ¡Cuando no es solo una, sino dos veces, no es una casualidad, sino algo inevitable! ¡Y algo inevitable INCULCA diligencia!
Su incapacidad de escuchar a otros era justo como el del original.
Mientras abría sus ojos lo suficiente para que sus ojos amenazaran con salirse, se esparció saliva de larga lengua de la loca. Ordinariamente, eso sería suficientemente malo, pero la fealdad de su furia iba mucho más allá de esa superficie.
— Ahora, ahora, entonces, entonces, entonces. Aunque ESTO es extremadamente lamentable, hay algo que DEBO SIMPLEMENTE confirmar. ¿Quién eres, y cuál es tu objetivo?
— ¿Qué estoy yo haciendo…?
Subaru hizo una mueca ante la pregunta, con disgusto hacia su desagradable oponente. Cuando repitió las palabas de vuelta, la loca estiró una mano hacia el cielo.
— ¡Sí! ¡Eso es precisamente lo que pregunto! ¡El favor que posees es mayor queeee el de un creyente ordinario, rivalizando con los mismos Arzobispos de los Siete Pecados Capitales! ¡Si es así, eres en efecto el Orgullo de esta generación! ¡¿Orgullo, que vino a este lugar para llevar a cabo el juicio en lugar de Pereza?!
— ¿Sacas esto tan pronto como me haces pensar que te lo tomarás con calma y me perdonaras la vida…? Y si crees que soy él, ¿por qué me haces esto…?
— Incluso si eres un Arzobispo, ¡es una regla sin escribir que no interfiramos entre nosotros! ¡Más allá de eso, si esto resulta en conflicto, solo hay mayor diligencia! ¡Seguir adelante y persistir contra cualquier obstáculo en EL camino del amor! ¡Después de todo, los enfrentamientos ilógicos están lejos de ser raros!
La loca mujer respondió a la pregunta de Subaru con una fuerte, burlona loca risa.
Seguro, avivar las flamas de competiciones internas sonaba genial en teoría, pero ella había orgullosamente expuesto su organización como una colección de maniacos egoístas. En otras palabras, en lo que a ella respectaba, si Subaru era Orgullo, eso lo convertía en su enemigo.
— ¡Si eres Orgullo, el asiento vacío entre los pecados ha siiiiido llenado! ¡Una vez que el juicio sea completado, debemos reunir a los pecados restantes para que la Bruja pueda demostrarnos su favor! Y por eso, entre otras cosas…
— …
— Debo comenzar el juicio temprano para que puedas cortar tus apegos persistentes. ¿Mañana? ¡No, empezando ahora! ¡Naturalmente, te pido que observes hasta el final!
La loca mujer lanzó alegremente su demanda al rostro de Subaru desde una posición de absoluta superioridad, este era el peor escenario posible. Ella intentaba mover el momento del juicio, en otras palabras, apresurar el plan de ataque. La loca mujer continuó exaltando en voz alta su malentendido, haciendo que sus impulsos asesinos fueran demasiado claros para Subaru.
Por supuesto, él no la dejaría llevarlo a cabo. Había poco mérito en intentar ganar tiempo, manteniendo a la loca mujer atada en ese lugar. El peor pensamiento que lo golpeó fue que era posible que esta copia femenina de Petelgeuse no era la única que podía usar la autoridad.
Por ello, Subaru tenía que transmitir esto a sus camaradas sin un segundo que perder.
— ¡Incluso así… mierda! ¡Incluso si los veo, no puedo hacer nada acerca de ellos desde aquí!
El gran obstáculo para conseguir su libertad eran las Manos invisibles manteniéndolo aún fijado. Cuando sintió que le agarraban el cuello y se estiró hacia atrás, los dedos de Subaru atravesaron las manos, incapaces de afectarlas.
Cuando Subaru maldijo el fenómeno completamente antinatural, la loca mujer asintió.
— Así que realmente puedes ver mis Manos Invisibles. ¡Estoy extremadamente insatisfecho, perturbado, consternado, descontento por lo absurdo de esto, pero esto prueba que eres Orgullo de verdad!
— No me hagas decirlo dos veces… Ahh, es la primera vez para ti, ¿no es así? ¡No soy tu Orgullo, ni siquiera he recibido mi libro de admisión especial todavía…!
— ¡Qué obstinación! Sin embargo, incluso tú te volverás más cooperativo, y…
Cuando Subaru continuó luchando, el rostro de la mujer se retorcía en perverso deleite mientras observaba la vista. Pero en el instante que su brazo inconscientemente palpó en uno de sus bolsillos, las palabras de la mujer se detuvieron, con su expresión desapareciendo.
— … Eso es cierto.
La mujer sacó su mano de su propio bolsillo mientras hablaba vacilando. No tenía nada en él. El hecho que no contenía nada hizo que la mujer se arañara su propia cara, arrancando la carne mientras gritaba—: ¡¡… Evangelio!!
— ¡¿…?!
El cuerpo de Subaru se puso rígido ante el resonar del desgarrador grito.
Era una repentina explosión de emoción. Sus heridas de arañazos no se ajustaban a la crudeza de la palabra, así que la mujer profundizó las laceraciones en sus mejillas mientras miraba hacia Subaru, el objeto de su ira, con carne bajo la uña del dedo que volvió hacia él
— ¡Incluso si este diminuto cuerpo ofrece diez mil palabras, diez mil vidas tomadas, diez mil lamentos humanos, no es suficiente! ¡Una guía es necesaria para que mi tonto e inmaduro yo PUEDA devolver Su favor debidamente! ¡Y por eso propósito, el Evangelio! ¡El cual está más allá de mi alcance!
— Uu…
— Si se perdió, ¡¿entonces dónde?! Ahh, pero entiendo. ¡Mi Evangelio, la guía de mi amor! ¡Tú, tú, tú, tú, tú, tú debes haberlo tomado!
Cuando ella dirigió su inestable furia hacia Subaru, la malicia paso a través de él, enfriando su columna vertebral. La loca mujer, heredera legítima del espíritu de Petelgeuse, acercó su sangriento rostro a Subaru.
— ¡Aléjate…!
Su acercamiento hizo a Subaru sentir la presencia de la muerte, algo que no había sentido en un buen tiempo.
Cuando la muerte se acercaba, tenía un aroma que solo Subaru podía distinguir. Fue esta muerte la que se envolvió sobre el cuerpo de la mujer mientras sellaba el destino de Subaru Natsuki.
— Es inútil luchar más. Esto es lo más lejos que…
Respondiendo a la voz burlona de la loca mujer, el agarre de la mano malvada hizo crujir los huesos del cuello de Subaru. Estaba a punto de perder el conocimiento, hundiéndose en un abismo letal.
— ¿… Qué es esto?
— … Aah…
La voz en pregunta condujo a un aflojamiento del agarre, permitiendo que Subaru respirara más fácil en ese instante. Subaru obligó a sus ojos brumosos a abrirse para ver por sí mismo lo que le había creado ese tiempo.
Entonces Subaru lo vio: un grupo vacilante y parpadeante de luces rojas, justo delante de sus ojos.
— ¿Qué…?
— ¡¡Espíritu…!!
Antes de que Subaru pudiera descubrir qué eran las luces, la loca mujer lanzó un vívido y odioso grito. Por su parte, la luz respondió con una claridad vibrante.
La luz surgió, como si fuera a explotar, quemando los ojos de Subaru y de la mujer con una luz blanca.
Parte 8
— …
Cuando la luz explotó sin ningún aviso, Subaru dejó salir un grito y se inclinó hacia atrás. El dolor, como agujas pinchando sus retinas, trajo un torrente de lágrimas, haciendo que cubriera sus manos con sus palmas, y en el siguiente momento, fue arrojado libre.
— ¡Whoaaa!
En el instante en que Subaru, sorprendido por la sensación flotante, se dio cuenta de que había escapado de la mano, se movió para detener su caída. Rodó después de caer de pie sobre la raíz de un gran árbol, minimizando el daño de la caída. Gracias a las lecciones del Demonio de la Espada, fue un experto en detener caídas después de ser enviado a volar. Se frotó los ojos con el dorso de las manos y levantó la cara.
— Eso fue… er, ¡uh-oh!
Cuando levantó la cabeza para comprobar la situación, la mano negra llegó a gran velocidad para derribarlo. Subaru se estremeció ante el ataque, que le habría arrancado la cabeza si lo hubiera golpeado, y miró furioso al culpable. Cuando lo hizo, la loca mujer en cuestión se estaba cubriendo la cara con las palmas de las manos mientras ciegamente se sacudía en el área circundante con innumerables manos malvadas.
— ¡Espíritu…! ¡¡Espírituuuu!!
La mujer vertió odio sobre el espíritu, tal vez simplemente molesto por el golpe que le había dado. Sin embargo, la luz no se veía por ninguna parte. La loca mujer estaba simplemente destrozando el bosque con ira, como si tratara de infligir incluso un golpe de mirada al espíritu ofensor.
Había quitado completamente su atención de Subaru. En ese momento, era libre de elegir si atacar o huir.
— ¡Entonces correré!
Una elección codiciosa, como evadir las manos agitadas y dar un solo golpe a los signos vitales de la loca mujer estaba más allá de los medios de Subaru. En lugar de participar, la mejor opción era asegurar la capacidad de combate.
— No podemos dejarla así. ¡Pero necesito a alguien del nivel de combate de Wilhelm aquí! Debería ser…
— … ¿Llamó, Señor Subaru?
En su prisa en reunirse con los otros, los tímpanos de Subaru fueron recibidos por la voz que más quería escuchar. Cuando se dio la vuelta, sus ojos se encontraron con la vista de un hombre mayor de pelo blanco, el Demonio de la Espada, pasando a través de un hueco en la arboleada y corriendo hacia él.
— ¡Wilhelm!
— Eso fue muy preocupante. Siento mucho no estar aquí mucho antes.
Wilhelm, llevando su atesorada espada en su búsqueda, suspiró de alivio cuando vio que Subaru estaba a salvo. Subaru, feliz ante los mejores refuerzos que podía esperar, parpadeó fuertemente cuando se dio cuenta de la luz roja flotando encima de la cabeza de Wilhelm.
Ese brillo no era otro que el del espíritu que acababa de salvar a Subaru del peligro.
— Ese es el espíritu de antes… ¡¿Wilhelm, no me digas que usas espíritus?!
— Desafortunadamente, no tengo más talentos además de la espada. Solamente lo he pedido prestado de su verdadero contratista. Sin embargo, parece ser que necesitas mi especialidad.
Wilhelm se había parado enfrente de Subaru para el momento en que terminó de decir esas palabras. La amenazadora aura radiando del Demonio de la Espada era suficiente para que la loca mujer, con sus ojos chamuscados por la luz, se diera cuenta y se volteara hacia ellos.
— Ahh, ASÍ que estás ahí… ¡Tú, tú no escaparas…!
La locura de la mujer manchada de sangre fue dirigida tanto a Wilhelm como al espíritu acompañándolo.
— ¡El enemigo está al mismo nivel de un Arzobispo de los Siete Pecados Capitales! Viste antes que tan fuertes son las Manos Invisibles. Incluso tú no puedes simplemente enfrentarte a ella desde el fren…
— No importa. Siempre que sepa que los brazos son invisibles, tengo formas de lidiar con ellos.
Cuando Subaru le advirtió de la hirviente locura de la mujer, el Demonio de la Espada hizo esa firme respuesta mientras daba un paso adelante. El repentino movimiento sorprendió a Subaru, e incluso dentro de su villanía, la mujer también tenía dudas.
— ¿Qué es eso? ¿Tu cabeza, tu vida… vienes a regalármelos? ¡Si es así, esa es una decisión SABIA y diligente! Me gustaría responder con el debido respeto. Sin embargo…
— ¿Manos Invisibles, es así? Un truco de salón muy interesante, debo experimentarlo al menos una vez.
— ¿… Lo llamaste truco de salón?
Por un momento, las palabras de Wilhelm hicieron que la locura de la mujer se desvaneciera. Wilhelm respondió a su declaración bajando su espada, haciéndole señas con la mano abierta: Ven, se burló.
— ¡…! ¡¡Este tonto esfuerzo es abandonar toda lógica! ¡Y descartar lógica es pereza!!
— Wil…
Loca de rabia, la mujer empujó sus dos manos hacia adelante; simultáneamente los brazos salieron de su sombra, asaltando al Demonio de la Espada.
Su ferocidad obligó a Subaru a instantáneamente gritar para que esquivara, pero no estuvo a tiempo. Las manos negras y malvadas debieron agarrar las extremidades de Wilhelm, cruelmente desgarrando su piel en pedazos.
Pero no lo hicieron.
Un brillo plateado cruzó el cielo, y gotas de sangre salieron del cuello de la mujer.
— Si el humano lanzando el ataque está a la vista ante ti, puede ser anticipado, invisible o no. Mirando el movimiento de sus ojos, sintiendo su hostilidad, leyendo como respira mientras apunta, todo estaba claro.
— …
El Demonio de la Espada hizo esa aterradora declaración habiendo anticipado completamente las manos completamente negras, golpeándolas con su espada. Sin exageración, su tiempo de evasión fue perfecto; su charla de leer su respiración no era un simple alarde. Su impactante habilidad de combate había denegado la ventaja poseída por las manos invisibles.
¿Cómo, cómo, cómo puede esto…?
Y sin duda, la conmoción de la mujer era incluso mayor que la de Subaru. Ella presionó con una palma el lado derecho de su cuello, tomando la sensación de sangre manchándola por el corte fresco. El mismo hecho que la mujer había esquivado justo antes del corte de la espada de Wilhelm, la acción que le había salvado la vida, era anormal.
— Maldición, se lanzó a sí misma con su propio poder…
Debido al corte de la espada, la mujer había saltado hacia atrás en una pose no natural y con una velocidad incalculable. El brazo sombrío había agarrado y lanzado el cuerpo de la mujer, a las justas salvando su vida de la hoja del Demonio de la Espada.
Sin embargo, como consecuencia, el poder de agarre de la mano malvada había aplastado su hombro izquierdo. Era una maniobra evasiva de emergencia violenta sin espacio para sutilezas. Sin embargo, la mujer palmeó su hombro aplastado, mirando a Subaru mientras decía—: ¡Que… que concepto más diligente, que habilidad más diligente, unaaaa diligente manera de vivir!
Sus mejillas se sonrojaron, la mujer alabó a Wilhelm con deleite en sus ojos. Recibiendo lo que era, por sus estándares, adulación sin reservas, Wilhelm hizo una mueca de disgusto visible. Sin embargo, la mujer no le prestó atención a eso.
— ¡Nadie nunca ha desafiado mi amor con tal método, tal técnica, tal astucia! ¡Qué diligencia! ¡Ahh, espléndido!
— Incluso este mundo no es tan árido que desperdiciaría palabras de gente como tú.
— No digas cosas tan hirientes. ¡Quiero que me muestres más! ¡De ti! ¡Tú espada! ¡Todo DE ti! ¡¡Cautívame más!!
Con su cuerpo manchado a la mitad con sangre, la loca mujer estiró sus manos hacia Wilhelm como si buscara su afecto. El Demonio de la Espada no ocultó su disgusto ante su declaración, blandiendo su espada mientras cargaba una vez más.
— ¡Entonces, entonces, entooooonces! ¡¿QUÉ tal esto?!
Junto con su pronunciamiento, las Manos Invisibles brotaron del suelo, formando una pared negra frente a la mujer, era una pared que Wilhelm no podía ver. Si seguía embistiendo así, sería enredado en las manos malvadas, incapaz de evadir.
— ¡Ella hizo una pared de brazos al frente! ¡Ve alrededor!
— … Entendido.
Ante el grito de Subaru, Wilhelm pateó el suelo, evadiendo justo antes de la pared negra frente a sus ojos. El Demonio de la Espada procedió a saltar a los lados, escapando del alcance de los brazos, clavando su espada en el suelo y balanceándola hacia arriba.
— ¡…!
El corte angular de la espada salió de la tierra, enviando una lluvia de tierra hacia la loca mujer. Él había levantado una cortina de humo completamente mundana con polvo. Naturalmente, la mujer no mostró señal de daño de eso.
— ¿…? ¿Eso tenía un punto…?
— ¡Esperaba que no me decepcionaras! ¡Ven! ¡Ven, ven! ¡Huesos viejos y diligentes! ¡Tú, el amado niño que sabe que el amor es lo más grande de este mundo! ¡¡Demuéstrame tu diligencia!!
El comportamiento del Demonio de la Espada sacó comentarios de tanto Subaru como la loca mujer. Pero Wilhelm no dijo nada a ninguno de los conjuntos de palabras. El viejo espadachín simplemente continuó corriendo ágilmente mientras la tierra caía sobre la mujer una y otra vez.
Limpiándose la desagradable lluvia de tierra, la loca mujer volvió sus ojos hacia el Demonio de la Espada como una doncella enamorada. Los brazos de muerte golpeaban instantáneamente dondequiera que estuviera mirando.
— ¿Terminaste? ¿No hay más? ¡Si es así, mal! ¡Decepción! ¡Abatimiento del alma, desesperación! ¡Ahí, AHH! ¡Eres perezoso?
— ¡¿N-no puede ser?!
Ante el grito de la mujer, la sombra explotó; era una aterradora descarga de poder que bloqueó a Wilhelm. Las manos malvadas hasta ahora temporales ahora sumaban más de treinta, literalmente llenando el cielo en los estrechos espacios entre los árboles. Subaru se sintió mareado por la abrumadora cantidad de ellos.
Fatalmente, había treinta y algo de ellos, y Subaru solo podía señalar una o dos como máximo.
— ¡De cualquier forma, es malo, Wilhelm!
Al mismo tiempo que el llanto lamentablemente insuficiente de Subaru, las manos cayeron en cascada directamente sobre el Demonio de la Espada. Esta vez, la malicia que destruía todo lo que tocaba sin piedad aplastaría a Wilhelm.
Mientras corría por el suelo, Wilhelm miró por encima, con sus ojos azules estrechándose mientras decía—: Te dije.
La tranquila voz del Demonio de la Espada viajó con la cálida brisa del bosque mientras esquivaba fácilmente las manos invisibles atacantes.
— ¿Huh?
Ambos, Subaru y la mujer, se sorprendieron; ni siquiera ellos sabían quién había dicho la palabra.
Las manos malvadas cayeron en todos lados, dando vueltas para asaltar las extremidades del Demonio de la Espada. Con agilidad sobrehumana, Wilhelm esquivó, evadió, y las abrumó.
Cuando finalmente se sacudió todos los feroces ataques, una sonrisa viciosa apareció en las mejillas del Demonio de la Espada mientras miraba a la mujer.
— … Siempre que sepa que los brazos son invisibles, tengo formas de lidiar con ellos.
Ciertamente, acababa de probar que su proclamación anterior no era de ninguna manera falsa. Pero los resultados fueron tan majestuosos que Subaru apenas podía cerrar su boca abierta. Incluso Wilhelm no debería haber tenido los súper sentidos para detectar tantos brazos yendo por él.
— ¡Absurdo, absurdo, absurdo, absurdo, absurdo, absurdo, absurdo, absurdo, absurdo, absurdo, absurdo…!
Afligida como estaba por frustrar su mejor movimiento, los ojos de la mujer perdieron toda concentración. Temblando, la mujer aplastó sus dedos restantes al estilo de Petelgeuse, pero su arrebato emocional no cedió cuando la sangre fluyó de su nariz. La hemorragia nasal seguía goteando cuando la mujer empujó su mano derecha manchada de sangre hacia Wilhelm.
— ¡Imposible, imposible, imposible, imposible! ¡¿Cómo escapaste de mis Manos Invisibles?!
— Por supuesto, las evadí por vista. Una vez que supe su naturaleza, frustrarlas era un simple juego de niños.
Wilhelm tediosamente hizo esta declaración mientras una vez más hacía que tierra lloviera de la punta de su atesorada espada.
La tierra cayó sobre la loca mujer, con incomprensión en su cara roja como la remolacha. Pero después de verlo repetirse una y otra vez, Subaru finalmente entendió el objetivo de Wilhelm al hacer ese movimiento. Y al mismo tiempo, estaba en shock.
Las repetidas lluvias de tierra eran sus movimientos iniciales para hacer visibles a las Manos Invisibles.
Las manos por sí mismas eran invisibles a simple vista, interactuando con lo que sea que toquen destrozándolo. En otras palabras, las manos malvadas dejaban rastro mientras rasgaban el aire a través de las lluvias de tierra.
Por supuesto, incluso si pudiera ver los feroces ataques de treinta y algo manos, evadirlas no era una tarea fácil. Y, aun así, las capacidades sobrehumanas y divinas de Wilhelm hicieron que incluso esto pareciera un juego de niños.
— Ahora entonces, ambos de nuestros trucos han sido suficientemente expuestos. Obtendré venganza por mis camaradas.
Lanzando la punta de su preciada espada hacia adelante, Wilhelm amenazó con ira reprimida. La hostilidad que irradiaba de la punta de su espada hizo temblar a Subaru, ni siquiera el objetivo directo de esa espada. Naturalmente, su miedo no era nada comparado con el de la loca mujer en el extremo receptor de esa punta de espada.
A pesar de esto, la loca mujer extendió sus brazos manchados de sangre, riendo como si le diera una cálida bienvenida a su sed de sangre.
— ¡Ahh, ahh, es espléndido! ¡Tus acciones son la diligencia personificada! ¡Para infligir esta situación, este desarrollo, este predicamento sobre míii…! ¡Yo, siempre esforzándome para ser la primera entre Sus adeptos para pagar su favor y amor con diligencia! ¡Y, aun así, tú has…!
— Repetir diligencia y pereza una y otra vez es una tontería.
Exhalando una vez frente a los horrendos llantos de la mujer, el Demonio de la Espada la miró con enemistad ganando contra la sed de sangre en sus ojos.
— “… Si hago esto, seré amada. Si hago lo suficiente, seré amada”. La frivolidad con las que dices tus palabras pudre mis oídos. No es amor de lo que hablas. Es tu propia presunción.
— ¡¿Qué sabes tú de amor?! ¡¡El amor es tooooodo para mí!!
Wilhelm no respondió al chillido de la mujer; en su lugar puso su espada abajo y avanzó. La lluvia de tierra comenzó, y el Demonio de la Espada pisó con fuerza, dejando una huella en el suelo mientras su cuerpo se disparaba como una bala.
A pesar que, como un látigo, como una lanza, como un mazo, como una espada, las malvadas manos de la loca mujer corrieron para derribar a Wilhelm; él vio a través de todas ellas, y fue así capaz de acercarse.
Y entonces…
— Se acabó, hereje.
Mientras declaraba esto, la atesorada espada en la mano de Wilhelm se hundió hasta la empuñadura, profundamente en el vientre de la loca. La espada la atravesó, saliendo por su espalda; cuando tiró de la espada con un giro, una gran cantidad de sangre y entrañas se derramaron.
Cuando Wilhelm retrocedió, la mujer cayó sobre sus rodillas y se dobló hacia adelante mientras tocaba la herida con una mano.
— Ahh, esto no puede…
Su palma era incapaz de detener su sangre de salir a borbotones, con sus intestinos derramándose.
Wilhelm miró silenciosamente a la loca mujer, incapaz de detener el derrame de su vida. Habiendo cortado tantas vidas, el Demonio de la Espada sabía que ella tenía poco tiempo restante para vivir.
— ¿Parece que requieres un golpe de misericordia?
— … La misericordia es innecesaria. Mi vida se drena, mi sangre desaparece… Mi diligencia, el latido del corazón que me sostiene, se detiene, desa… pare… ciendo…
Negándose a la piedad del Demonio de la Espada, la mujer cayó de lado con una sonrisa en sus labios. La luz procedió a desvanecerse de los ojos de la mujer. Subaru se mantuvo clavado en el lugar mientras observaba sus últimos momentos.
— ¡…!
— Ahh, mi cerebro se estreee…
Mientras Subaru miraba, la mujer dejó solo esas palabras finales antes que su respiración cesara completamente.
Era la muerte de la segundo usuaria de las Manos Invisibles, la segunda Pereza…
Observando hasta el final, Subaru dejó salir su aliento. La conclusión de la batalla le hizo prácticamente olvidar respirar. Su cuerpo reanudó sus funciones vitales, como si recordara lo que se le había olvidado.
— ¿S-se… acabó?
— … Al menos, esta mujer sin duda ha dejado de respirar.
Limpiando la sangre de su espada, Wilhelm respondió así a Subaru, quien estaba mirando nerviosamente al cuerpo. Subaru mordió su labio, sintiendo como si el significado de sus palabras reforzara su deducción anterior.
Pero Subaru sacudió su cabeza inmediatamente, cambiando su mentalidad. Sabía que no había tiempo para hundirse en la contemplación.
— Dejándola de lado… de todas formas, ¡debemos regresar! ¡Estoy preocupado acerca de todos los demás! ¡Si no nos reunimos con ellos…!
— … No, Señor Subaru. Me acaban de informar que terminaron su parte.
— ¿Informar…?
Con Subaru agitado, Wilhelm le ofreció una mano. Una pálida luz estaba flotando encima de su mano. El espíritu se balanceó de derecha a izquierda, emitiendo una débil luz roja, afirmando su propia existencia.
— ¿Ese es el espíritu de… er, un espíritu menor? ¡De todas formas, dices que este espíritu te dijo que los otros están a salvo en su lado?
Subaru habló hacia la luz parpadeante en la mano de Wilhelm en esperanza a una respuesta, sin embargo, el espíritu no respondió con palabras; simplemente flotó en el aire, entrando al bosque como para señalar el camino.
— ¿Eso significa Sígueme, no es así?
— … Vayamos, Señor Subaru.
Entendiendo que deseaba guiarlos, Subaru y Wilhelm persiguieron al espíritu.
Ellos volvieron con sus camaradas después de repeler un enemigo rivalizando con un Arzobispo de los Siete Pecados Capitales; considerando las circunstancias, era buenas noticias con las que regresar, pero emociones graves estaban grabadas en las caras del par.
— … Mierda.
Pero en ese momento, la única cosa en la mente de Subaru era el estado de los aliados con los que se había reunido.
Parte 9
— ¿… Quién está ahí?
— ¡Espera! ¡Somos nosotros! ¡Siento alarmarte!
Comprobado por un grito agudo, Subaru salió del matorral, mostrándose con las manos en alto.
Los caballeros que los habían sentido regresar de las profundidades del bosque y, por lo tanto, apuntaron con sus espadas, inmediatamente relajaron su guardia, aliviados en sus rostros mientras bajaban sus espadas. Pero ese alivio se vio empañado por tristeza y arrepentimiento.
Subaru tenía la sensación de que el resultado de la lucha en el bosque no había sido una victoria pura, algo de lo que alegrarse.
— Parece que ambos regresaron.
— Julius…
Mientras Subaru y Wilhelm revisaban el área, Julius vino corriendo. Viendo que Subaru y Wilhelm estaban sin ninguna herida, se mantuvo firme sin ningún cambio en su expresión.
— Al menos, es bueno que ustedes dos están a salvo… ¿Debo hacer el reporte de daños?
— … Sí, por favor hazlo.
Habiendo confirmado que el otro estaba sano y salvo, Subaru le dio permiso a Julius de cambiar al reporte de daños.
Aceptando, Julius indicó el bosque vuelto un campo de batalla con su mano.
… Un bosque cubierto de árboles caídos y rastros de derramamiento de sangre, las secuelas del combate.
— Cinco murieron instantáneamente por el ataque inicial invisible. Dos más murieron mientras estaban en combate con el Culto de la Bruja en el ataque que siguió inmediatamente, nuestro total de bajas de este encuentro han sido siete.
— Siete…
Subaru había esperado eso, pero el número golpeó pesadamente dentro su corazón.
Habían perdido cinco en la emboscada inicial de la Manos Invisibles. Era una pérdida muy cruel
— ¿… Los Cultistas de la Bruja que intentaron derribarlos?
— Los nueve Cultistas de la Bruja aquí perecieron. Dos fueron capturados vivos, pero se suicidaron como en todos los casos anteriores hasta este punto… a pesar de los arduos esfuerzos de Ferris.
— Así que el enemigo fue eliminado completamente. En nuestro lado, si incluimos a los cinco exploradores, nuestras pérdidas son doce en total…
— No puedo decir que dividir nuestras fuerzas fue… un movimiento pobre. Si hubiéramos hecho lo contrario, es muy probable que hubiéramos simplemente incrementado nuestras bajas iniciales. Por supuesto, también es posible que el enemigo hubiera dudado en atacar a tantos números, pero…
Aunque las bajas dolieron profundamente, ni Julius ni Wilhelm dieron pistas de perder la calma. Por su parte, Subaru se había mordido el labio lo suficiente como para extraer sangre desde que comenzó el informe de daños.
— Con eso concluye mi reporte. ¿Y el tuyo?
— ¡…! ¿No tienes algo más que decirme?
— Los informes necesarios son lo primero. Había pensado pedirle su informe antes de todos los demás asuntos, pero…
En contraste con el emocional Subaru, Julius tenía un comportamiento muy tranquilo. Pero cuando respondió, sus mechones estaban ligeramente torcidos, y había rastros de sangre en su uniforme de guardia real. Por supuesto, incluso él no había salido ileso.
Mirando los vestigios del intenso combate, Subaru contuvo sus emociones dispersas.
— … Al menos, vencimos a la Pereza que nos atacó justo ahora.
— “La Pereza que nos atacó justo ahora” … dices. No parece un informe para consolar.
La sombría respuesta de Subaru contenía buenas noticias, pero Julius inmediatamente se centró en el problema. La loca mujer que usaba la autoridad y había lanzado un ataque sorpresa contra la fuerza de expedición, alejando a Subaru del campo de batalla, era un mal a la par con el Arzobispo de los Siete Pecados Capitales asesinado, un ser digno del título de Pereza.
— El primer escenario de esta operación debió haber acabado con el Arzobispo de la Pereza. Tú estabas más confiado de eso que nadie… ¿y, aun así, llamas al anterior enemigo Pereza?
— … Sí, es verdad. El de ahora era una Pereza, un segundo Pereza.
La última parte de su declaración, “un segundo Pereza”, hizo que Julius frunciera el ceño preocupado. Pero dada la seriedad de la mirada de Subaru, combinado con los eventos que había realmente tomado lugar, no refutó.
— Así que el primer Pereza vencido era una persona diferente de esta Pereza. ¿Estás absolutamente seguro de esto?
— Nunca olvidaría la mirada en la cara muerta de ese bastardo pedazo de mierda. Además, la segunda Pereza era una mujer. No hay manera en que podrías confundirlos. No hay manera que podrías, pero…
Cuando Subaru se había encontrado con la mujer por primera vez, había alucinado que era Petelgeuse. Eso fue porque sintió cosas más allá de sus apariencias que unieron a Petelgeuse y a la mujer juntos. Se sintió como si su locura había surgido de una misma raíz.
— La autoridad era la misma, las palabras y acciones eran las mismas. Tengo un sentimiento realmente malo sobre esto.
— Quizás el primer Pereza que vencimos era un doble, y la segunda Pereza era el real Arzobispo de los Siete Pecados… No, no hay manera de asegurarnos de eso. Además, en este caso, el verdadero problema…
— … Podría estar en una liga completamente diferente de cuál era el verdadero.
Cuando Julius pensó que había especulado demasiado lejos, Subaru agarró su conclusión y la continuó. La declaración hizo que brotara sudor de la frente de Subaru; incluso la cara de Julius se tensó un poco. Era una posibilidad aterradora. Sin embargo, en vista de las circunstancias actuales, era también una conclusión lógica.
Dada la aparición de Petelgeuse la primera vez, y de la mujer loca en el segundo, era inevitable que llegaran a la misma posibilidad.
— En otras palabras, hay múltiples Arzobispos de la Pereza… ¿o quizás el Arzobispo de la Pereza es en realidad un grupo con el mismo poder, actuando hacia un mismo objetivo?
— … La única Pereza que conocía era el bastardo enfermo que apareció primero. Pero ahora que he visto a la siguiente mujer, no puedo decirte que estás equivocado.
La mujer se había llamado a sí misma un dedo e identificado con el Arzobispo de la Pereza.
Encajaba. Es por eso que irían con ello: que Pereza eran múltiples Arzobispo de los Siete Pecados Capitales trabajando juntos.
— Así que, sin exageración, los dedos son partes del Arzobispo de los Siete Pecados Capitales. Si es un grupo compuesto de múltiples arzobispos llamándose a sí mismo Pereza, explicaría la amplitud de la agitación que han causado en cada nación.
— Así que Pereza es la parte del Culto de la Bruja llevando a cabo la doctrina de su fe. Solo el pensar me produce escalofríos.
Que fuera el brazo práctico de un grupo religioso más grande era en gran medida algo de fantasía. Subaru quería reír, pero incluso una risa seca no pudo surgir.
Si Petelgeuse Romanée-Conti no era más que un perezoso entre muchos, su avance agradable y ordenado no había sido más que una farsa. Esa era una perspectiva aterradora de hecho.
— Al final, esto no es más que una especulación. Preferiría evitar esparcir descuidadamente inquietud y malestar entre los demás.
Cuando el desagradable pensamiento cerró la boca de Subaru, Julius volvió sus ojos hacia la fuerza de expedición, amontonados en un grupo.
— Perdimos doce hombres, con tres dedos restantes… Esta es una tasa de desgaste que no podemos ignorar.
— … No doce, once.
Cuando una voz corrigió el número de sus pérdidas, Subaru y Julius se voltearon para ver a Ferris caminando hacia ellos. Su abrigo blanco estaba manchado con sangre mientras secaba el sudor de su frente y señalaba detrás de él.
— Logré salvar a uno de los heridos gravemente de la muerte. Aunque estuvo muy, muy cerca…
— Esas son buenas noticias. Estabilizar a alguien en esas condiciones… como se esperaba de ti, Ferris.
— Lo dije yo mismo, puedo traer a cualquiera que no esté muerto.
Cuando Julius dijo las palabras buenas noticias, Ferris esbozó una sonrisa irónica. Pero su sonrisa pronto se desvaneció cuando cambió su mirada en una dirección diferente.
Los ojos de Subaru, también atraídos hacia allí, fueron recibidos al ver a alguien cubierto con una tela delgada.
— No puedo salvar a todos… Ahora realmente entiendo el significado de las palabras del capitán.
— Lo has hecho bien. No es un papel que ninguno de nosotros podría esperar lograr.
— Mmm, gracias.
Ferris respondió brevemente a las palabras de consuelo de Julius, pero ahí sabían que eran de pequeño consuelo.
Con la cabeza inclinada, Ferris se lamió los labios y, después de una breve pausa, miró a Subaru.
— Entonces, sobre lo que dijiste antes, ¿dónde está el cuerpo de la segunda Pereza?
Inmediatamente después, Subaru hizo una mueca ante el repentino cambio en la conversación.
— En el bosque por ese camino, ¿pero por qué quieres saberlo?
Ferris debe haber escuchado el intercambio anterior con Julius. Miró en la dirección en que apuntaba Subaru, entrecerrando sus ojos amarillos.
— Solo quizás, si lo examino, puede que encuentre algunas diferencias.
— ¿Diferencias? ¿Qué tipo de diferencias?
— Entre los dedos que te preocupan y los otros Cultistas, Subaru.
Cuando Ferris señaló eso, el aliento de Subaru se detuvo—. Espera un poco, ¿okay? —dijo Ferris, tomando a varios acompañantes con él mientras iba a examinar el cadáver.
Quizás examinando a la mujer, la segunda Pereza, podría darles una pista sobre los repugnantes Arzobispos de los Siete Pecados Capitales, permitiéndoles formar un plan de ataque. Subaru quería creer que eso era posible.
— Y además de eso…
Después de ver a Ferris irse, Subaru se dirigió hacia los miembros de la fuerza de expedición agrupados. Subaru no podía mirar directamente a la hilera de bajas que se encontraba justo a su lado. Los restos alineados estaban cubiertos con telas finas, lo menos que podían hacer por aquellos que nunca volverían a despertarse.
No había nada que nadie hubiera podido hacer por las cinco bajas iniciales que habían sido destrozadas. Sin embargo, las cinco vidas perdidas en el ataque sorpresa fueron otra historia. Subaru debería haberse dado cuenta, y nadie más.
— Debería haberlo sabido tan pronto como escuché que los primeros cinco fueron destrozados con las manos desnudas. Yo era el que conocía el poder con el que estábamos tratando. Debí haberlo notado.
Subaru, de todas las personas, debió haber reconocido la causa de muerte de aquellos que habían sido asesinados sin ningún signo de resistencia. Pero Subaru, sacudido por la muerte de sus aliados, dejó la oportunidad de escapar, llevándolo a más bajas.
Encima de eso, su propio alejamiento por el enemigo había forzado a sus aliados a dividir su fuerza de pelea, prolongando el combate. Si Wilhelm no se hubiera retirado, aquellos perdidos durante el encuentro podrían haber vivido.
— Incluso si fue un ataque sorpresa, el oponente era pequeño en números. Salvo una excepción, como la autoridad de un Arzobispo de los Siete Pecados Capitales, no había posibilidad de derrota. Era precisamente por esta razón que envié al Maestro Wilhelm hacia ti.
— …
— Sin duda, esa autoridad, desafiando toda lógica, es una preocupación mucho mayor. Cumpliste con tu deber, ayudándonos a evadirlo. El resto era nuestro deber… como caballeros.
Al escuchar los murmullos de Subaru, Julius ordenó su cabello despeinado mientras ofrecía su propio punto de vista. Incluso Subaru no era tan insensible como para perder la consideración que le ofrecían las palabras.
Pero también fue un hecho que ninguna palabra de consuelo disminuyó el dolor en el corazón de Subaru.
La gente también había muerto en la lucha contra la Ballena Blanca.
Recordaba llorar por esas muertes, pero no tanto. Había lamentado el hecho de que, en comparación con sus propias muertes, las muertes de otros habían conmovido su corazón tan poco, pero estas muertes pesaban mucho sobre él.
La muerte era la misma sin importar la forma que tomara, ¿así que por qué estas muertes le afectaban tanto?
Eso era obvio.
— … Porque conocía a estas personas.
Solo entonces Subaru Natsuki se dio cuenta que cargaba con la responsabilidad de esas pérdidas.
Cuando desafiaron a la Ballena Blanca, ellos se habían parado en el campo de batalla contra la bestia demoníaca como resultado de su propia voluntad. Pero la batalla contra el Culto de la Bruja era diferente. Estas personas habían acudido al llamado de Subaru, compartiendo el deseo de Subaru de salvar a Emilia y a los otros; ellos habían estado cooperando con Subaru, nada más.
— … Muy pesado.
Subaru había usado la información recogida por Regreso de la Muerte para cooperar con Crusch y los otros en subyugar a la Ballena Blanca. Sin embargo, dicho diferente, fue la información de Subaru la que desencadenó el estallido de la batalla también. Un campo de batalla fue creado, y numerosas vidas humanas encontraron su final. Muchas vidas fueron borradas de las memorias de otros.
Subaru compartía esa pesada responsabilidad. No era solo porque inconscientemente había alejado sus ojos de la carga que no había notado. Era más porque Crusch había sido magnífica.
Ella dirigió la batalla contra la Ballena Blanca, compartiendo la responsabilidad de todo en ese campo de batalla. Ella estaba consciente de sus propias obligaciones, pero su desempeño fue tan grandioso, que hacía que te olvidaras de todo eso. Y así, Subaru no se había dado cuenta.
Regreso de la Muerte no era simplemente un asunto de cambiar el destino. Naturalmente, si Subaru tomaba acción por el bien de una decisión, alguna esperanza, algún propósito, él alteraba el mundo a su alrededor.
— …
Con esa realización demasiado tardía, él estaba furiosamente enfadado con sí mismo por ser tan tonto y sin valor.
Había sido descuidado. Se había dejado a sí mismo completamente abierto. El hecho de que todo haya ido demasiado bien debió haber activado las alarmas en su cabeza. Se había hablado mucho de asegurarse que todos salieran vivos, pero había subestimado el esfuerzo requerido para que eso suceda, y este era el resultado.
Y como resultado, once preciadas vidas se habían perdido, las vidas de personas que se pusieron de su lado.
El arrepentimiento llenó su cabeza hasta el borde. El remordimiento se hundió profundamente en sus entrañas. El pensamiento de que tenía que haber algo más que pudo haber hecho hizo que golpeara una ira sin fundamento contra su alma. Lo suficiente para que quisiera morir en un ataque de ira que…
— Señor Subaru.
— ¡…!
Subaru estaba envuelto por la rabia lo suficiente para que su visión se volviera roja cuando esa voz lo trajo de vuelta a sus sentidos.
Wilhelm estaba parado frente a Subaru, mirándolo directamente. Por un instante, el corazón de Subaru tembló mientras se preguntaba si Wilhelm lo regañaría por su ignorancia. Pero los ojos del Demonio de la Espada inmediatamente le dijeron lo contrario.
Los ojos del Demonio de la Espada estaban tan tranquilos como la superficie de un lago mientras miraba a través de los oscuros ojos de Subaru.
— Probablemente tienes un número de cosas pasando por tu cabeza en este momento, ninguno de ellas emociones triviales… pero perdona mi extremadamente grande rudeza y permíteme decir esto.
— …
Las palabras de Wilhelm hicieron que enderezara su espalda sin darse cuenta. No sabía lo que se le iba a decir, pero lo que sea que pudiera ser, necesita darle toda su atención.
Entonces, con Subaru vigorizándose a sí mismo, Wilhelm dijo…
— … Pelea.
Dicho en un tono grave, esa palabra hizo que el mismo aire temblara.
Pero también lo recibió como una espada, una que cortó su cuerpo, corazón y su propia alma.
La aterradora aura que brotaba de Wilhelm llenó el bosque convertido en campo de batalla, abriéndose paso en la mente y el cuerpo de Subaru. La hostilidad se extendió por toda el área y, naturalmente, los ojos de los caballeros cayeron sobre los dos.
En el centro de ese vórtice de miradas, Wilhelm continuó—: Ya sea que sientas arrepentimiento o estés afectado por el remordimiento, lucha. Si está destinado que debes luchar, que debes resistir, lucha con todo tu cuerpo y alma. No cedas por un segundo, un momento, una sola fracción de tiempo. Contempla la victoria y anhélala con cada fibra de su ser. Si aún puedes ponerte en pie, si aún puedes mover un solo dedo, si tus colmillos aún no están rotos, párate, párate, párate, párate, pelea, pelea”.
— …
Esas palabras eran muy similares a las que Wilhelm le había dicho antes a Subaru.
Cuando lo apaliaron con una espada de madera en el patio de la mansión de Crusch, Wilhelm había pronunciado palabras sobre cómo ceñir el corazón para la batalla; ese fue el único momento en que Subaru fue capaz de ver un poco del Demonio de la Espada.
En ese momento, después de que Subaru había escuchado esas palabras, Wilhelm lo consideró como una persona sin impulso para volverse más fuerte. De hecho, Subaru no lo había enfrentado con verdadera seriedad. Privado de fuerza de voluntad, Subaru no tenía idea en ese momento de lo que el Demonio de la Espada pensaba o estaba tratando de decirle.
Pero esta vez era diferente, y esta vez, pensó que el mensaje era diferente también.
— ¿Me estás diciendo que… me vuelva fuerte?
— No… te estoy diciendo que seas fuerte.
Esa demanda terriblemente elevada y aguda atravesó su pecho.
Subaru siempre había pensado, Quiero ser como Wilhelm, quiero ser como el acero.
Pero ahora, con el arrepentimiento y remordimiento golpeándose contra su corazón, no pensaba que esas palabras eran la respuesta.
— Quiero ser de esa manera también. Pero es difícil. No quería que nadie más muriera de esta manera, pero lo hicieron… ¡porque no fui lo suficientemente bueno!
Una vez más, había cometido el error de llenarse de sí mismo tan pronto como las cosas iban un poco bien. Como resultado de su error, algunas personas habían muerto. Si cometía más errores, nadie sabía quién sería el siguiente en morir.
Había desesperadamente pensado en una manera de evitar eso, y sin embargo nada vino. Estaba sin ideas.
— Si no lo hago… ¡Soy quien empezó esto!
— Hiciste que se involucraran, los llevaste contigo, y murieron, ¿es así? Te equivocas.
Con el remordimiento amenazando con arrancar el corazón de Subaru de su pecho, Wilhelm extendió ambos brazos.
— Ninguna persona aquí cree que nos involucraste en esto. Incluso si proporcionaste la chispa, elegimos esta batalla nosotros mismos. Todos están aquí por su propia voluntad.
— …
— Por favor, deja de responsabilizarte solo de las muertes. Ellos no desean que te sientas agobiado por esto. Simplemente haz espacio en tu corazón para que no los olvides. Eso es todo lo que necesitas hacer.
— ¿No olvidar que…?
¿Sus muertes? Se preguntó. Pero Wilhelm sacudió su cabeza, poniendo fin a la noción de Subaru.
—… Que ellos compartían esta carga contigo. Eso es todo.
Esta vez, sus palabras entumecieron todo el cuerpo de Subaru, como si hubiera sido alcanzado por un rayo. Con Subaru en estado de shock, Wilhelm asintió hacia él y tocó la espada en su propia cadera.
— Prestar la fuerza de uno no solo significa blandir la espada. Significa desafiar a los mismos enemigos, preocuparse por los mismos obstáculos, compartir las heridas y el peso de las cargas. Esto lo podemos hacer. Esta es la lección que aprendí en el pasado.
Wilhelm pronunció esas palabras y movió su barbilla. Abrumado, Subaru hizo lo indicado, notando que las miradas de todos los presentes estaban enfocadas en él.
Todos y cada uno de esos pares de ojos ardían con las mismas emociones que los de Wilhelm.
Sintió que alguien le había dicho una vez que no intentara luchar solo.
En desventaja contra un oponente misterioso, ni una sola persona parecía lista para cortar y correr. Ni una sola mirada le decía a Subaru, Este no era el trato, ni las voces más sabias lo condenaron.
— … Aunque tener al menos una persona más sabia parece algo bueno…
Dejó escapar un suspiro. Simultáneamente, las oscuras nubes que habitaban dentro de la cabeza de Subaru se iluminaron rápidamente. Esto no significaba liberarse de la angustia. Pero había dejado el callejón sin salida en el que se había quedado atrapado detrás de él.
A Subaru se le había sido recordado de los límites de su propia cabeza.
— ¡Mierda…!
Subaru rascó fuertemente su cabeza, apretó sus dientes, e impulsivamente pisó el suelo, y se volvió hacia todos, bajando su cabeza.
— Esta es la única cabeza que puedo bajar. Es de mala calidad, así que la bajaré cuantas veces sea necesario.
Subaru suplicó a sus camaradas, de quienes sus miradas se mantuvieron sin cambio, diciendo: Pelearemos.
De alguna manera, en algún lugar, había escapado de la resignación y el remordimiento.
— Un montón de cosas… en serio, un montón de cosas han cambiado. La Pereza del Culto de la Bruja es realmente dura. Poniéndolo simple, ni siquiera podemos ver el fondo. Entiendo por qué son tratados como dioses de la pestilencia por todo el mundo. Me chocó cuánto daño tomamos solo acabando con ellos. Me chocó, pero…
Le había chocado porque había erróneamente pensado que necesitaba pensar, oponerse, y pelear todo por sí mismo. Gracias a todos aquí, sus miembros habían finalmente parado de temblar.
Porque ellos pensaron: Luchemos.
— Aún no tengo ninguna idea firme de que deberíamos hacer. Pero sé que tenemos que hacer esto. Tenemos que derrotarlos. Tenemos que derrotar a Pereza, aquí y ahora.
Por misterioso que sea el oponente, era el lado de Subaru el que lo había iniciado. Todo lo que podían hacer era vencer al enemigo, sin importar lo que tomara, hasta que la batalla estuviera decidida.
— …
Volteándose, Subaru miró a los restos de los camaradas que habían fallecido en el bosque, restos que habían inculcado tal remordimiento y tal sentido de responsabilidad que había sido incapaz de mirar directamente a ellos todo ese tiempo.
Este era el pecado inescapable de Subaru. Como sea que quisieras disfrazarlo, Subaru era responsable por sus muertes. Y él no se permitiría seguir corriendo de sus pecados. Subaru se preguntó si había sido arrogante al pensar que tomar prestado la asistencia de alguien no era algo pesado.
Subaru había empezado esta batalla, así que él debía terminarla. Pero no pensó de ello como una carga muy pesada.
Y así, él estaba determinado a llevarlo a cabo, incluso si él mismo no sabía que tan grande sería.
— Salvaremos a Emilia y a los otros. Aplastaremos al Culto de la Bruja. Y para hacer ambas cosas…
— Hagamos lo que sea necesario… no por nadie más, sino porque ustedes lo quisieron.
Y por eso, nuestra fuerza es tuya, dijo el asentimiento de Wilhelm, y los de los miembros de la fuerza de expedición.
Él aún tenía una montaña de cosas sobre las que pensar, y el número de obstáculos bloqueando su camino era aún desconocido. Sin embargo, estos los podía superar, porque no necesitaba enfrentarlos solo.
Si Subaru hubiera sido lo suficientemente fuerte para pararse solo, nunca hubiera salido de ese callejón sin salida. Por lo tanto, por un momento, pensó…
— … Qué bueno que soy débil y cobarde.
— ¿… Deberíamos ir?
— Sí, vayamos. Y préstenme su fuerza e ingenio.
La muerte no se aligeró. Se mantuvo pesada. Mientras lo supiera, podría luchar contra ello con la cabeza bien alta.
Subaru Natsuki avanzó, continuando la batalla.
Y así, su batalla continuó.