PRÓLOGO: Empieza el Camino Hacia la Redención



PRÓLOGO:
Empieza el Camino Hacia la Redención
… Incluso ahora, recordaba profundamente los sentimientos que tuvo en aquel momento.
A su alrededor había llamas familiares; personas que ella conocía se habían convertido en cadáveres silenciosos.
Un mundo que se acababa. Un mundo cerrado. Un mundo ingrato.
Un mundo que era duro, sin sentido y que sólo traía dolor.
Aun así, extendió la mano, movió los dedos, estremeció los labios y suplicó.
Al fin y al cabo, aunque era un mundo insalvable, seguía siendo el único que tenía.
Era un mundo que siempre le daba la espalda, encerrado ante sus ojos, un mundo que sólo podía contemplar desde lejos.
Quería derribar bruscamente aquel muro; entrecerrar los ojos ante el amplio y deslumbrante mundo que tenía delante; y grabar en sus ojos sin abrir el color de la piel tostada por el sol, el color y el olor de la carne quemada, el color de los hermosos «cuernos» que danzaban en el cielo…
Aquí estaba el mundo a punto de acabarse, ¿y en qué estaba pensando?
Porque incluso entonces, todavía podía recordar los sentimientos que tenía en ese momento…
A partir de entonces, dedicó todos y cada uno de sus días a expurgar su culpa por esos sentimientos por encima de todo lo demás.