El León Dorado y el Santo de la Espada: Disturbio en Flanders









EL LEÓN DORADO Y EL SANTO DE LA ESPADA: DISTURBIO EN FLANDERS
Traducción Japonés-Inglés:
Eminent Translations
Traducción Inglés-Español:
Gergod Serenno
1
La habitación estaba impregnada de olor a sangre. Para ser precisos, más que el espeso hedor de la sangre fresca, era el de la mancha que dejaba tras de sí; un olor persistente que nunca podría lavarse. Sin excepción, cada una de las personas reunidas en esta sala había llevado una vida bañada en la sangre de sus víctimas. En consecuencia, su olor estaba arraigado en sus seres, y su persistente presencia dominaba la atmósfera. La forma en que se veían los unos a los otros dejaba entrever la hostilidad que había bajo sus miradas, el tipo de tensión que mantenía sus espadas envainadas pero sus manos en las empuñaduras.
En aquel lugar, donde se habían reunido hombres y mujeres imponentes, varios desprendían un olor a sangre especialmente intenso. Compartían un brillo imperturbable en sus ojos, prueba de que cargaban con las obligaciones y autoconciencias acordes de sus cargos.
Esto no debería sorprender a nadie, ya que, desde las sombras, el grupo aquí reunido controlaba Flanders, una de las cinco grandes ciudades del reino. En otras palabras, eran la élite secreta.
[Este es el sexto suceso este mes... denme un respiro... Ya he tenido suficiente de esto.]
Lo que había atravesado la atmósfera hirviente de sangre era el dulce aroma del humo del tabaco y la lánguida voz de una mujer. La mujer, joven y relajada en su asiento, se reclinaba para mostrar la abertura de su vestido ajustado a la piel, dejando al descubierto la mayor parte de su muslo, con una pipa de tabaco dorada entre los labios. Con la piel del color del trigo tostado por el sol, su voluptuoso cuerpo era abundante en encantos femeninos. Su belleza diabólica atraía a hombres y mujeres por igual, que se entregaban a sus pasiones con una sola mirada. También se la conocía como la Perversa Seductora, un nombre realmente apropiado.
Esta hermosa mujer, que, de hecho, era una de las que desprendían un hedor a sangre particularmente espeso, era Toto, la propietaria del Jardín Prisión de Flores.
Cuando Toto, que había iniciado la conversación, vio que nadie la secundaba, dio una larga bocanada a su pipa, miró de reojo a un hombre que estaba al fondo de la sala y le lanzó humo, seguido de sus palabras.
[Hoy no dices mucho, ¿verdad, Manfred? ¿Hacia dónde se inclina La Balanza? ¿Oportunismo cobarde? ¿O tal vez eres incapaz de hablar porque has decidido colocarte ese precioso tatuaje tuyo directamente en la lengua?]
[Cierra el pico, mujer sinvergüenza. Si insistes en hablar por trivialidades, reuniré a todas las mujeres de tu negocio y las convertiré en perras falderas. Luego te entrenaré por completo y te regalaré a mi jefe.]
El que había respondido con palabras despiadadas a la provocación de Toto era un hombre delgado apoyado contra la pared. Era alto, calvo y vestía largas túnicas, pero la piel expuesta de su cabeza, cuello e incluso rostro estaba densamente poblada de tatuajes con dibujos de balanzas. Era probable que se extendieran incluso por debajo de su túnica.
Una de las reglas de La Balanza era que todos los miembros debían tatuarse balanzas en lugares visibles, y él era el que más tatuajes tenía. Esto era una señal obvia de lealtad a los ojos de la organización; por lo tanto, se ganó su favor, y le dieron un puesto ejecutivo de la asociación en Flanders. El nombre de este joven lobo, que representaba a La Balanza, era Manfred “Cara de Tatuaje” Madison.
La propietaria del Jardín Prisión de Flores y el representante de La Balanza; entre los dos, hacían de embajadores de dos de las tres grandes facciones que operaban los sindicatos del bajo mundo en Flanders.
Entonces, el tercer y último líder del bajo mundo, el jefe de la Moneda de Plata Negra, tomó la palabra.
[¿Se reunieron aquí solo para tener una disputa infantil? Conozcan su lugar, cerdos.]
[…]
Una voz profunda y solemne reverberó por toda la sala, y los dos que habían estado discutiendo se callaron al instante. Lo que inspiraba el dueño de aquella voz no era miedo. Más bien, era una especie de sutil intimidación. Plenamente conscientes de ello, las expresiones de descontento se grabaron en los rostros de Toto y Manfred. A pesar de tener el poder de silenciar a los dos poderosos líderes del sindicato, el orador se limitó a sentarse impasible en una estrecha silla en la parte trasera de la sala.
[¿Qué, ninguna réplica ingeniosa? ¿Ni siquiera un “Tú eres el verdadero cerdo?”] dijo el hombre corpulento mientras se encogía de hombros, sonando aburrido.
[...Buena suerte para ti, si estás dispuesto a arriesgar tu vida para bromear con el Rey Cerdo] dijo Manfred.
[En cuanto a mí] añadió Toto, [simplemente no tengo intención de seguirle la corriente a una broma tan poco divertida, señor Doltero.]
Tras excusar su silencio ante la intervención de Doltero, Toto y Manfred parecieron tranquilizarse. Ante sus réplicas, el gigante juntó los dedos por encima de la mesa.
[Buena suerte a aquellos que hacen bromas, eh. Bien dicho.]
[¿…? Parece que te refieres a algo en concreto. ¿Algo que te gustaría compartir?]
A pesar de su queja, el corpulento hombre solo frunció el ceño en silencio ante la provocación de Manfred. Se aproximaba a los dos metros de altura, su anchura gruesa y poderosa se correspondía bien con su estatura. Sus miembros eran tan grandes y duros como los troncos, además, su físico era similar al de un gran árbol en comparación con el de Manfred, que era como uno que se hubiera marchitado. En contraste con su poderoso cuerpo, tenía el cabello rubio peinado hacia atrás y unos ojos azules que cualquiera encontraría atractivos, desprendiendo un cierto carácter distintivo dentro de la raza de los cerdos, conocidos por sus feas apariencias. Era el Rey Cerdo, Doltero Amule, líder de la Moneda de Plata Negra, la mayor facción de los sindicatos del bajo mundo en Flanders, y el hombre más temido de la ciudad.
Ni siquiera la Perversa Seductora y el Cara de Tatuaje se enfrentarían a la ligera al Rey Cerdo. Esto era un reflejo de lo duradero e influyente que era el poder de Doltero sobre la ciudad.
Los representantes de los tres principales sindicatos criminales de Flanders eligieron una taberna en un terreno neutral para reunirse cara a cara. No se podía desear un lugar más adecuado para celebrar reuniones secretas, y habían hecho un amplio uso de este lugar para celebrar estas reuniones habituales.
El objetivo de estas reuniones, centradas en los Tres Grandes y a las que asistía toda la sociedad del bajo mundo, era reafirmar los precarios tratados de paz y restablecer el equilibrio de poder. Aunque en un principio los tres sindicatos habían sido verdaderos enemigos en batalla, ahora eran rivales en los negocios, por lo que ni una sola vez habían intentado crear un ambiente amistoso en estas juntas. Sin embargo, incluso siguiendo las convenciones generales de una reunión ordinaria, la tensión que se respiraba hoy era anormal. La razón era...
[Deja de perder el tiempo. ¿Has averiguado la identidad del criminal... de esa escoria?]
Doltero lanzó esa pregunta, sacando a relucir el origen del ambiente sanguinario de esta reunión.
En los últimos dos meses, se habían producido varios heridos y muertos en Flanders, ninguno de los cuales era inusual si se analizaba individualmente. Aunque desafortunados, los incidentes que provocaban víctimas parecían ser algo bastante habitual; por otro lado, para los presentes, que entendían la conexión, no era algo que pudieran ignorar.
[Si todas las víctimas están relacionadas con nosotros, la situación es bastante grave. ¿Quién nos ataca?] preguntó Doltero.
[¿Quién sabe?] respondió Toto. [Por mi parte, estaba segura de que nos habían invitado a reunirnos aquí para aclararlo. Quizá para recibir una declaración formal de hostilidades. ¿Verdad, Manfred?]
[En general, nunca me fío de la palabra de una ramera, pero en este caso yo también lo creo] coincidió Manfred. [Esperaba algo parecido. Por eso puedo soportar el hedor femenino que hay aquí, que apesta más que de costumbre.]
Tras intercambiar miradas homicidas, Manfred y Toto volvieron a asentarse en una incómoda y silenciosa guerra. Entre los Tres Grandes, eran los únicos que se habían enfrentado con intenciones de matar, así que no se podían tolerar entre ellos. Por desgracia, cuando los líderes de dos sindicatos rivales y despiadados se enemistaban, era lógico que sus subordinados lo tomaran como una señal de que debían estar preparados para cualquier cosa.
Inquietos, los guerreros de La Balanza empezaron a moverse, y las flores del Jardín Prisión de Flores los observaron con miradas penetrantes. Aun así, antes de que se lanzaran irreflexivamente a ellos, Doltero aplastó el reposabrazos de su silla.
El reposabrazos de hierro se deformó, como si lo estuvieran moldeando cual caramelo, antes de ser arrancado de la silla. Después, sin el menor signo de angustia, Doltero arrojó al suelo el reposabrazos desprendido.
[Si quieren acabar como este reposabrazos, sigan titubeando. El tiempo es breve para los mayores. No lo malgasten.]
[¿Aunque estés tan nervioso como el resto de nosotros?] replicó Toto. [Qué hombre más insoportable, queriendo parecer el único adulto maduro de la sala... ¿No le parece a usted lo mismo, Lady Escarabajo Dorado?]
Tras sonreír dulcemente ante la advertencia de Doltero, Toto intentó sonsacar al tercero, con la pipa dorada aún anidada entre sus labios.
[¿Oh? ¿Quieres que tome un bando? No sería una gran conciliadora si hiciera eso. Más bien, encendería el fuego.]
La que había fruncido el ceño al ser llamada era una mujer pequeña que no había hablado ni una sola vez hasta ahora. Estaba sentada en la esquina de la mesa, evitando hábilmente ser detectada desde el comienzo de la reunión, vestida con un traje negro bien confeccionado. Junto con su traje, había sido lo suficientemente meticulosa como para llevar corbata, guantes, calcetines y zapatos negros. También tenía el cabello verde de un tono tan oscuro que parecía negro, según la luz. Era una mujer de edad ambigua, que llevaba el cabello recogido en un nudo a ambos lados de la cabeza, y su débil sonrisa permanente estaba claramente diseñada para ocultar sus intenciones. Al notarla, Manfred levantó un dedo y dijo:
[Es cierto. ¿Por qué demonios participa Helaine la Plaga Dorada en esta junta? Esta mujer ni siquiera debería tener los requisitos para participar en las reuniones habituales.]
Ante la correspondiente hostilidad de Manfred y Toto, ninguno de los cuales se molestó en ocultar sus sentimientos, la mujer del traje, Helaine, se rascó la mejilla distraídamente.
[A este pobre seguro que no le falla su lógica... Ah, y el nombre es Escarabajo Dorado, no Plaga Dorada, Sir Manfred.]
La que había dado una ayuda a Helaine no era otra que Toto, que seguía exhalando ligeramente humo de tabaco. Como si quisiera resaltar sus voluptuosos pechos, se cruzó de brazos. Miró de reojo a Helaine y se dirigió a la sala.
[Fui yo quien la invitó. Eso debería bastar para que se uniera a nosotros, ¿no?]
[No es más que desagradable ver a estas mujeres merodeando, una apestando a sangre y la otra a metal. Debías estar preparada para ser rechazada desde que te molestaste en aparecer por aquí.] Chasqueando la lengua, Manfred amenazó a Helaine mientras se tocaba el tatuaje de la cara. [Tienes algo que compartir, ¿verdad?]
Ante esta despiadada pero hipócrita amenaza, Helaine interrumpió el silencio con un: [En realidad...] Esto atrajo la atención de la sala. [Como estoy segura de que todo el mundo sabe, nuestra compañía ha recibido el patrocinio de esta ciudad durante mucho tiempo. Este regalo solo ha sido posible gracias a la ayuda diaria de todos los implicados...]
[Basta de cumplidos. Ve al grano.] ordenó Doltero.
[…La oficina de nuestra compañía ha sido atacada, y se han perdido las valiosas vidas de mis empleados. Dábamos por sentada la armonía que sus organizaciones otorgan a la ciudad, y por nuestra falta de preparación ante una crisis, solo puedo expresar mi vergüenza.]
[…]
Ninguno de los Tres Grandes se tomó al pie de la letra las humildes y autodespectivas palabras de Helaine.
Aunque Helaine se avergonzaba de no poder protegerla ella misma, no estaba para nada tan arrepentida como parecían sugerir sus palabras. Era lo que llamaban una “prestamista”, perteneciente a una compañía llamada el Escarabajo Dorado. El hecho de que pudiera participar en la reunión habitual se debía simplemente a que tenía muchos clientes del bajo mundo.
Por supuesto, entre sus clientes había personal relacionado con los Tres Grandes, y el Escarabajo Dorado era un terreno intocable gracias a su patrocinio. Nada de peleas ni agresiones contra ellos eran reglas no escritas, así que, si el Escarabajo Dorado se veía amenazado alguna vez, estos sindicatos, incluida la Moneda de Plata Negra, harían todo lo que estuviera en sus manos para aplastar al responsable. Y ahora, la garantía de seguridad implícita en ese silencioso acuerdo se había roto.
Ella continuó:
[Ya se trate de dinero o de vidas humanas, nos gustaría evitar más pérdidas. Y, como alguien que puede servir como representante de los ciudadanos comunes, me gustaría solicitar humildemente la rápida intervención de esta estimada junta.]
[Qué mentira más obvia] espetó Manfred. [Llamarse a sí misma representante de los ciudadanos comunes.]
[Les imploro que se apresuren a restablecer nuestra sensación de seguridad y tranquilidad] prosiguió Helaine. [De lo contrario, la confianza que se ha desarrollado entre nosotros y todos ustedes estará en peligro.]
Aunque Helaine agachaba educadamente la cabeza durante su explicación, ni siquiera Doltero pudo evitar sentirse disgustado por sus palabras. Después de todo, la existencia del Escarabajo Dorado era como un tipo de magia en Flanders.
El Escarabajo Dorado prestaba dinero a las organizaciones del bajo mundo para garantizar la seguridad de sus operaciones en la ciudad. Si no podían hacerlo, era razonable que recurrieran a métodos que les permitieran recuperar el dinero prestado.
Ni uno solo de los presentes era tan tonto como para tomar sus extravagantes comentarios por los de una simple prestamista.
[En resumen, el sinvergüenza en cuestión nos ha deshonrado y ha puesto sus manos sobre algo que nunca debería haber sido tocado] comenzó Toto. [La venganza debe ser despiadada y completa. ¿Alguna objeción?]
Mientras caía la ceniza de la pipa de Toto en el silencio de su sugerencia, Manfred tomó la iniciativa de la conversación para proponer un curso de acción.
[Me parece bien] dijo. [Los encontraremos y tallaremos balanzas en sus globos oculares. Y lo que es más importante, de verdad hay tales idiotas en el mundo para intentar algo así. En nuestro territorio; más aún, en el territorio del Rey Cerdo.]
Cuando terminó de hablar, Cara de Tatuaje dirigió una mirada expresiva a Doltero.
[... ¿Qué?]
[Nada. Es solo que ahora tenemos a un tipo que no teme ni al mismísimo Rey Cerdo, el cual hace temblar a los villanos. ¿Quizás los tiempos han cambiado? ¿Quizás ya no eres tan temido como antes?]
[Parece que tienes prisa por que te aplasten la cabeza antes de que se lo haga esa escoria.]
[A eso me refiero.] Manfred no se retractó ante la voz peligrosamente grave de Doltero, que lo miraba con desprecio. [Si de verdad siguieras siendo el mismo hombre de las leyendas, me habrías aplastado el cráneo antes de molestarte en amenazarme, ¿o no?]
A medida que la reunión se desviaba, el ceño de Toto seguía frunciéndose. Finalmente, ladró: [¡Ya basta!] La que levantó una mano enguantada de negro para incorporarse cortésmente en la conversación fue Helaine.
[Cálmense, por favor. Pelear así no nos supondrá beneficios a ninguno de nosotros. Por favor, considérenlo como algo que nos permita mantener las apariencias...]
Doltero rugió:
[¿Por qué debería permitirte mantener las apariencias y dejar que este cerdito insolente se salve?]
[Eso es... ah, cierto. Tengo buenas noticias. Puede que incluso tenga algo que ver con el incidente que ocurrió hace poco.]
Ante el aire cada vez más intimidatorio de Doltero, Helaine se llevó la mano al bolsillo del pecho y sacó un trozo de papel.
[¿Y qué sería eso?] preguntó Toto.
[Un informe de investigación] respondió Helaine. [Para hacer algo por los familiares de los empleados fallecidos, decidimos que no podíamos limitarnos a sumirnos en la desesperación. Trabajamos sin descanso para investigar lo ocurrido.]
[¿Encontraron algo?] preguntó Manfred.
[Esto aún no está confirmado, pero... existe la posibilidad de que este crimen haya sido cometido por alguien que no sabe cómo funciona la ciudad. Y esto me recordó al Santo de la Espada de Hakuchuri.]
[...Espera, no hablas en serio, ¿o sí?] murmuró Manfred.
En el momento en que esas palabras salieron de la boca de Helaine, el caos empezó a cundir entre los presentes. Incluso Manfred, Toto y Doltero no fueron una excepción. Sin embargo, aunque parecía que nadie se daba cuenta de ello, la sorpresa de Doltero tenía un aire claramente diferente al resto de los presentes.
El Santo de la Espada de Hakuchuri era un desastre que incluso la gente del bajo mundo temblaba al mencionarlo.
Al ver que existía la posibilidad de que este criminal tuviera algo que ver, todos se alborotaron, lo que hizo que Helaine agitara rápidamente las manos.
[Oh, por favor, no me malinterpreten. No tenemos que preocuparnos por el Santo de la Espada en sí, sino por la jovencita que trajo a casa con él.]
[Jovencita... Entonces, ¿es esa candidata a la Selección Real?] Toto preguntó.
[La batalla de selección al trono... ¿Te refieres a esa jovencita que solo está ahí para “hacer bulto”?]
Al darse cuenta de que el desastre no era el origen de lo que estaba ocurriendo, Toto y Manfred parecieron contentos de volver a la conversación.
La Selección Real era actualmente el mayor asunto de interés para el pueblo del Reino de Lugunica. Dado que todos los miembros de la familia real habían muerto a causa de una enfermedad, el reino había anunciado el inicio de la Selección Real para elegir a un nuevo gobernante. Una de las candidatas tenía su base de operaciones en Hakuchuri, una ciudad cercana a Flanders. Aun así, por desgracia para ella, ni siquiera tenía un benefactor apropiado. No era más que una lamentable pilluela a la que se había encontrado para completar los números con los que iniciar la selección, algo de sobra conocido por la gente del bajo mundo, que estaba muy atenta a ese tipo de información. Helaine, por otro lado, arrojó más leña al fuego, pues era un dato digno de causar revuelo.
[Si este informe es exacto, entonces parece que la mencionada joven se ha reunido con la Moneda de Plata Negra.]
[…]
Llevando las manos delante de su esbelto pecho, Helaine declaró alegremente:
[También reveló que había sido extremadamente descortés con usted, Lord Doltero. Si eso de verdad es cierto, entonces solo podría llamarla “tonta impaciente de ir a la tumba”, pero... ¿Quizá todo esto era una estratagema para ganarse algo de popularidad?]
En claro contraste con el contenido de su discurso, los que escuchaban eran incapaces de mantener un estado similar de calma. En particular, Doltero de repente se vio en la obligación de explicar la situación.
[¿Es cierto lo que acaba de decir, Lord Doltero?] preguntó Toto.
[...Tuvimos algunos altercados, sí. Como sea, ya me he ocupado de ello.]
No era diferente a decirles sin rodeos: [No tengo la responsabilidad de explicarles los detalles.] No obstante, al oír eso, los ojos de Toto y Manfred parpadearon con emoción oculta mientras intercambiaban miradas de cómplices.
[Si es cierto que tuvo una disputa con la Moneda de Plata Negra, las palabras de la Plaga Dorada no son algo de lo que podamos simplemente reírnos. Es posible que la presunta perdedora busque una última oportunidad de alcanzar la gloria y reavivar su candidatura limpiando el bajo mundo. Es posible.]
[Puede que solo sea la tierna e ingenua imprudencia de un niño, pero esta tiene la capacidad de llevarlo a cabo.]
[El Santo de la Espada...] pronunció alguien en voz baja, tragando saliva al hacerlo.
La atención de Toto y Manfred permaneció desviada hacia la joven candidata a la selección, ignorando a Doltero, que de pronto tenía poco que decir. No importaba si la veían como la responsable de sus actuales circunstancias, o si estaban interesados en ella a un nivel más personal.
[Credibilidad aparte, ¿no deberíamos hablar primero con la chica, al menos?] planteó Toto. [Sobre todo porque la chica en cuestión está a solo un pueblo de distancia, y... bueno... era bastante linda, si no mal recuerdo. Un diamante en bruto, apostaría.]
[Agh, aquí vamos de nuevo] replicó Manfred. [Tus deseos me repugnan. Dicho esto, seríamos descuidados si no le hiciéramos una visita, de nuevo, ¿cómo se llamaba?]
[Hmm, déjeme ver... Si no me equivoco...]
Manfred se tocó distraídamente el tatuaje de la cara mientras Toto esbozaba una sonrisa cautivadora, y luego miró a Helaine, que ladeó la cabeza al oír aquello, mirando furtivamente hacia Doltero. Solo con ese gesto, fue como si los zarcillos de la nefasta naturaleza de Helaine se hubieran abierto camino hasta su piel. Entonces, sin molestarse en mencionarlo por su nombre, Helaine sonrió suavemente y respondió: [… Lady Felt. Ese era su nombre, creo.]
2
[…¡Lady Felt!]
En el instante en que se dio cuenta de que no podría eludir la inevitable colisión, oyó los tonos dulces de una voz masculina que resonaba hacia ella. Sin embargo, antes de que pudiera reaccionar a aquel grito, algo chocó contra su frente. Con un ligero “plop”, le roció la frente con una lluvia de un líquido rojo.
Con el rocío rojo, su esbelta figura se desplomó hacia atrás. Entonces, sin nada que detuviera su caída, se estrelló contra las cajas de madera que tenía detrás, haciéndolas pedazos en una gran nube de polvo. Tras caer en las cajas de madera esparcidas, la chica aterrizó milagrosamente en el único lugar donde permanecería ilesa. De espaldas, con la mirada perdida en el cielo azul y despejado, sus ojos carmesíes no revelaban ninguna emoción. En cambio, su habitual aire de tenacidad implacable, así como sus rasgos delicados y refinados, se vieron superados por la masa de rojo que salpicaba su frente. Su cabello dorado, que parecía brillar como los rayos del mismísimo sol, también estaba manchado, y uno no podía evitar apartar la mirada ante tan terrible espectáculo.
De hecho, muchos ya habían desviado la mirada y sus hombros despedían un ligero temblor. Aun así, entre ellos, había uno que no podía apartar la mirada.
Una rápida ráfaga de viento saltó la reja para arremolinarse alrededor de la chica caída. No, no era exactamente el viento, sino un joven que había corrido hacia ella tan deprisa que era fácil confundirlo con él.
[Lady Felt...] dijo el joven arrodillado, mirando el rostro de la chica caída. Tenía un aspecto físico asombroso: un cabello rojo intenso que parecía arder de forma tan brillante como una llama, unos ojos azules que parecían tan claros como para haberse tragado todo el cielo azul en un solo instante y una belleza tan celestial que ni siquiera un escultor con toda una vida de experiencia podría reproducirla. Las perfiladas cejas del apuesto joven se distorsionaron por el remordimiento cuando se arrodilló junto a ella y murmuró:
[Mis más sinceras disculpas. Yo... no pude alcanzarla a tiempo...]
Su voz estaba teñida de tristeza, revelando sus sentimientos de arrepentimiento y responsabilidad por lo que había pasado. Tenía un aspecto tan excesivamente trágico que, si se pusiera en un cuadro, sería una obra maestra atemporal capaz de hacer llorar a cualquiera que la viera.
Dentro de esa escena, que parecía tan alejada de la realidad...
[…Reinhard.] Como si fuera un milagro, la chica consiguió murmurar la palabra en medio de su estado de angustia. El brazo, que antes había caído sin fuerza al suelo, comenzó a levantarse y, poco a poco, las yemas de sus dedos se acercaron al rostro del joven. Mientras el joven la observaba con la respiración contenida, los dedos de ella se acercaron de forma implacable hasta el momento en que... le pellizcó la nariz.
[¿Lady Felt?] sonó su voz ahora ligeramente nasal.
[¡Oye, tú! ¿No te he dicho que dejes de hacer esas cosas? ¡Me sacas de quicio!] replicó la chica, irritada, mientras seguía pellizcándole la nariz. Desde aquella posición, estiró las piernas, las levantó y las bajó con el impulso suficiente para enderezarse. Después, se limpió con la mano lo rojo que le había manchado la cara.
[Guau, qué dulce. Eso sí que es genial. No me lo esperaba en absoluto.]
[No estoy seguro de que sea higiénico lamer lo que tiene en la cara, mi Señora...]
[¿Qué demonios dices?] replicó ella. [¿Estás insinuando que mi cara está sucia? Te patearé el trasero por eso.]
[No, el semblante de mi Señora es extremadamente hermoso. Aunque belleza e higiene no son exactamente lo mismo...]
[¡Ugh, basta, basta!] dijo la chica con rudeza, tapándose los oídos. La chica, Felt, se levantó de un salto, se quitó la suciedad de la ropa y tarareó pensativa mientras miraba a su alrededor. [¿Entonces? Deduzco que la razón por la que irrumpiste así no fue solo porque eres un cabeza hueca.]
[Es correcto, mi Señora. Aunque me duela decirlo, su equipo ha perdido.]
Apoyando una mano en la cadera, Felt chasqueó los labios, aceptando su derrota.
[Hmph. No se puede evitar.]

El joven, Reinhard, esbozó una sonrisa irónica ante su comportamiento deportivo y le pasó un paño para que se limpiara la cara antes de entrar en el centro de la plaza.
Luego anunció con voz sonora:
[¡El ganador del juego del Festival de la Cosecha de este año es el equipo del Distrito Oeste!]
[¡…!]
Tras un pesado momento de silencio para asimilar este anuncio, la multitud estalló en una explosión de vítores. El pueblo de Hakuchuri no era tan grande, pero aun así, era sorprendente ver a casi todos los residentes reunidos en la plaza. Mientras se limpiaba la cabeza, la expresión de Felt se relajó al ver a todo el mundo abrazándose y vitoreando.
[¡Ah, perdí, perdí, maldita sea!] Y luego, tras una pausa, dijo: [¡Y algunos de ustedes todavía tienen el valor de apartar la vista!]
Felt frunció el ceño en dirección a los espectadores y los señaló con el dedo. Todos a los que apuntaba se apartaron, con los hombros temblorosos, cuando ella se había caído.
De repente, Felt entrecerró sus ojos carmesíes.
[No se molesten en contener la risa. Mírenme. Me veo ridícula, ¿cierto?] admitió, mostrándose orgullosa cubierta de tometes.
Y con eso, un estruendo de carcajadas pareció envolver la plaza, reverberando sin reparos por todo el pueblo.
3
Al sureste del reino de Lugunica se encontraba Hakuchuri, un pueblo gobernado por la Casa Astrea. La Casa Astrea era famosa por haber engendrado un gran número de Santos de la Espada, pero en contraste con el claro valor de los Santos de la Espada para el reino, su casa recibía muy pocas compensaciones de la familia real. La situación estaba relacionada con el estilo de gobierno del Jefe de cada generación, así como de quien llevara el poderoso título de Santo de la Espada.
En resumen, como muestra de su lealtad al reino, la Casa Astrea no utilizaría su poderío para otra cosa que no fuera servir al reino en tiempos de peligro y nunca obtendría más poder del necesario para ello. Por eso, aunque eran una fuerza marcial vital para el reino, en cuanto a nobleza, el territorio que gobernaban era más que nada insignificante. Hakuchuri era un pueblo corriente sin características especialmente llamativas. Sus principales industrias eran la agricultura y la ganadería. Dependía de los trabajos relacionados con los dragones de tierra, muy demandados en la cercana ciudad de Flanders. Ese día, en la ordinaria ciudad de Hakuchuri, como parte de la celebración de su exitosa cosecha, se conmemoraba el tradicional Festival Anual del Tomete.
Durante el Festival del Tomete, el pueblo se dividía en cuatro equipos: este, oeste, sur y norte. Tomaban tometes de las cestas colocadas en el centro del pueblo y se los lanzaban unos a otros. Los que eran alcanzados quedaban eliminados, y el juego continuaba hasta que solo quedara un equipo en pie. En otras palabras, este fue el origen de la desafortunada cara salpicada por tometes de Felt. Y así, Felt, que jugaba para el equipo del este, había sido derrotada en una última batalla decisiva contra el jugador del equipo del oeste, concluyendo el Festival del Tomete con el oeste siendo declarado el vencedor.
Felt, como la última que quedaba en pie de su equipo, no pudo evitar sentirse frustrada.
“Bueno, no es solo porque esté molesta por mi derrota, pero...”
[¿Qué crees que ha asegurado tu victoria de hoy?] preguntó el alcalde.
[El entrenamiento diario y la estricta devoción a una sana vida de servicio] se oyó la débil voz de una de las ganadoras del equipo oeste.
[Mientras tanto, usted se quedó despierta toda la noche, Lady Felt...] se lamentó Reinhard en voz baja.
[¡Oh, cállate!] replicó ella. [Era la noche anterior al festival; ¡no había forma de que pudiera dormir! ¿Y qué?]
En el podio de los ganadores, recibiendo la Medalla Tomete de manos del alcalde de la ciudad, estaban las gemelas que habían llevado al equipo del oeste a la victoria con la aplastante derrota de Felt. Tenían el cabello rosa y un físico aún más infantil que el pequeño cuerpo de Felt. Las dos chicas, aún adolescentes, se llamaban Flam y Grassis, chambelanes de la Casa Astrea, que había acogido a la irritada Felt. Para abreviar, fue un caso de “subordinados derrocando a sus amos”. Felt había estado a punto de ganar el Festival del Tomete al final utilizando sus talentos, pero había sufrido una derrota en el último momento gracias a la técnica asesina de las gemelas.
[¡¿Qué demonios fue ese último movimiento?!] Preguntó Felt. [¿Hay tres de ustedes?]
[Desde luego que no, mi Señora. Se trataba simplemente de moverme hacia delante y hacia atrás a gran velocidad, ya ve.]
[El Salto Hacia Atrás con Voltereta Lateral.]
[No puedo creer que perdí contra un movimiento tan ridículo...] Se lamentó Felt.
Después de ellas, Felt recibió una Medalla de Consolación de la tarima del segundo puesto con los hombros caídos, sintiéndose abatida. Aunque ahora mismo se sentía derrotada, sería justo decir que el Festival del Tomete en sí había sido un gran éxito. Se sintió complacida al mirar a la gente del pueblo desde lo alto del podio. El éxito del pequeño festival de la ciudad fue realmente un motivo de alegría. Al principio, había existido mucha controversia sobre si los miembros de la Casa Astrea, incluida Felt, participarían. Durante más de diez años, el gobierno del pueblo, la Casa Astrea, aparentemente se había distanciado de él, renunciando a toda participación en cualquiera de sus festividades. Y justo cuando parecía que todo iba a seguir como siempre...
[¿Hm? ¿Qué tiene de malo? Parece divertido. ¿Por qué no lo hacemos?] Dijo brevemente Felt cuando se lo explicaron. Y así, después de una ausencia de 10 años, la Casa Astrea decidió unirse a las festividades una vez más.
El festival en realidad no tenía reglas estrictas originalmente, pero, debido a que Felt y compañía participaban esta vez, tuvieron que hacer algunos cambios. En particular, la división de los equipos; normalmente, los participantes se dividían en cuatro grupos basados aproximadamente en el lugar donde vivían en el mapa del pueblo. No obstante, como la Casa Astrea no encajaba realmente en ninguno de ellos, los organizadores no estaban seguros de dónde colocarlos. Así que al final decidieron dividir a los miembros de la Casa Astrea entre cada uno de los cuatro equipos: Felt en el este, Flam y Grassis en el oeste, el Viejo Rom y Rachins en el norte, y Gaston y Camberley en el sur, por lo que era una división bastante justa para comenzar el festival.
[Bueno, la condición era que Reinhard no podía participar. Si lo hubiera hecho, nadie habría tenido ninguna oportunidad... Lo cual tiene sentido, teniendo en cuenta lo que hizo el año pasado.]
El Santo de la Espada, con su abrumador poder, habría aniquilado a cualquiera en su camino en el Festival del Tomete. Con él de por medio, los habitantes del pueblo se habrían cubierto rápidamente de tometes, poniendo fin al festival en un instante. Eso habría sido una gran desviación del objetivo principal del festival, que la gente se relajara y pasara un buen rato.
[De todos modos, después de todo el alboroto por participar o no, es bueno que lo hayamos hecho, ¿cierto?] preguntó Felt, mirando a un lado con una sonrisa irónica, quitándose al mismo tiempo la sensación de derrota y el tomete.
Reinhard asintió con acuerdo a la chica del prominente colmillo a su lado.
[Sinceramente, me preocupaba que las cosas se pusieran incómodas y a todos les causara problemas innecesarios...]
[Te preocupabas por nada] lo reprendió Felt. [Escúchame con más atención la próxima vez.]
[Sí. Pero la próxima vez... no, no importa.] Reinhard se detuvo a mitad de la frase, como si estuviera reconsiderando lo que iba a decir.
Inquieta, Felt fulminó con la mirada al hombre alto.
[¿Qué querías decir?] insistió. [Si tienes algo que decir, dilo. Es desagradable que te lo guardes para ti.]
[...Le agradecería que la próxima vez lo hiciéramos en un formato en el que yo también pudiera participar. Solo mirar me hace sentir un poco...]
[...¿solo?] Felt dio la respuesta con indiferencia, pero Reinhard seguía con la mirada baja. Sus ojos se abrieron de par en par al asimilar sus palabras. Era sorprendente porque era él quien lo había dicho.
“Aunque se hubiera mantenido al margen, se habría limitado a observar con una sonrisa”, pensó, reprochándose a sí misma haber tenido una impresión tan egoísta.
Sin embargo, como para contradecir directamente las reflexiones de Felt, Reinhard sacudió la cabeza y dijo:
[No, no soy el tipo de persona que puede conformarse solo con mirar. A mí también me gustaría mover el cuerpo.]
[Eres un mal perdedor, ¿verdad? Tú fuiste quien sugirió que no participaras. Así que la próxima vez, ¿quieres participar con las manos y pies atados con cadenas y poner como norma que no podrás tocar ningún tomete con las manos?]
[¿Eso es todo?]
[¿Qué quieres decir con “Eso es todo”? ¡Eso es una locura! Y si quieres participar, dímelo antes. El festival de este año está a punto de terminar, ¿o no?]
En todo caso, Felt estaba desorientada por lo mal que se le daba a Reinhard expresar sus deseos. Cuando se trataba de comentarios sarcásticos sobre su actitud cotidiana, no tenía ningún problema en soltarlos uno tras otro.
[¿Ah...?]
En medio de su mal humor, Felt enarcó las cejas al ver algo por el rabillo del ojo. Al fondo de la multitud de habitantes del pueblo que rodeaban el podio, había una madre y una hija que le resultaban familiares. La madre, hermosa y joven, sostenía en brazos a una bebé de rizos dorados. Eran Kalifa e Ilya, a quienes el grupo de Felt había conocido hacía dos meses a raíz de cierto incidente. La madre y la hija se habían trasladado a Hakuchuri para escapar de una situación difícil, y Felt había dispuesto que vivieran y trabajaran en un rancho de allí. Por su aspecto, parecía que no habían participado en el lanzamiento de tometes, pero sus expresiones sugerían que, a pesar de todo, estaban disfrutando del festival.
Aun así, lo que llamó la atención de Felt no fue esa visión tan reconfortante. Era...
[Ese Gaston... Parece que alguien se está divirtiendo] murmuró Felt.
No muy lejos de la agradable imagen de Kalifa acunando a Ilya en sus brazos había un hombre corpulento con una expresión eternamente feroz; Gaston. Era un hombre por debajo del rango laboral de Felt, pero su rostro mientras hablaba con Kalifa mostraba una devoción desvergonzada; su afición por ella era divertidamente evidente. Por otro lado, a Felt le pareció que Kalifa no se mostraba reacia con él.
[Ahora que lo pienso, hoy Gaston ha trabajado mucho para el equipo del sur.]
Reinhard se había percatado de la misma escena y dio su opinión, tras haber actuado como árbitro del festival.
[Por desgracia, no llegó hasta el final, pero lo hizo bastante bien. Está aprendiendo poco a poco el Método de Flujo, así que estoy deseando ver lo que puede hacer en el futuro.]
[¿Eso es lo que les has estado enseñando últimamente?] preguntó Felt. [¿Cómo le fue a Camberley? Estaban en el mismo equipo, ¿verdad?]
[Al poco de comenzar la prueba, Camberley fue lanzado de cabeza contra una caja de tometes. Es raro ver a alguien tan cubierto de jugo de tomete.]
[Oh. Cierto.]
Aunque en el mismo equipo, los resultados de Gaston y Camberley eran como la noche y el día. Pero la diferencia probablemente podría atribuirse a que uno tenía a alguien ante quien deseaba lucirse.
[Supongo que se podría decir que mi derrota se debió a que el Viejo Rom estaba en un equipo diferente] dijo Felt con modestia.
[Creo que le está dando demasiado crédito a Sir Rom... pero estoy seguro de que tenerlo en nuestra facción resultará beneficioso para la Selección Real.]
[Oh, sí, sí. El Viejo Rom es increíble. Estás empezando a entenderlo ahora, ¿no?]
Dejando a un lado el eje de la historia, Felt estaba de buen humor tras escuchar los elogios a su Viejo Rom.
“Si el Festival del Tomete pudiera terminar aquí, con tan buena nota, y pasar a la ceremonia de clausura, sería estupendo, pero...” La silenciosa voz de Reinhard advirtió:
[Lady Felt.]
[...lo sé. Puedo verlo.]
Felt cruzó los brazos y echó la barbilla hacia atrás en señal de desafío. En un instante, la atmósfera entre la Señora y el caballero cambió al ver algo.
Un visitante no invitado, fuera de lugar en este animado ambiente festivo.
[Vayamos a otra parte] ordenó Felt. [Dejen la clausura del festival al alcalde.]
[Como desee, mi Señora. Por favor, confíeme su seguridad personal.]
Poniendo los ojos en blanco, Felt bajó del estrado sin dejar evidenciar su frustración interior. Luego, con Reinhard tras ella, se dirigió a un lugar alejado del bullicio de la gente, llegando finalmente a un prado vacío.
[Mira, no hay nadie, así que date prisa y muéstrate.]
[Siento haber interrumpido su diversión. Pero cuanto antes hablemos, mejor.]
En el prado de las afueras de la ciudad, la figura apareció a la llamada de Felt.
El hombre del esbelto traje negro tenía una mirada aguda y serpentina; Felt reconoció aquellos ojos espeluznantes, similares a los de una serpiente.
[Eres de la Moneda de Plata Negra, ¿cierto? Tu nombre era...]
[Me llamo Safis, y siento mucho no haber tenido tiempo de saludarlos el otro día] los saludó cortésmente el hombre de ojos de serpiente, que decía ser Safis, haciendo que Felt resoplara. Se estaba burlando de él con bastante descaro, aunque en realidad, no se podían tolerar. Después de todo, este hombre era el cerebro detrás del incidente que involucró a Kalifa e Ilya hace dos meses.
[¿No te moriste cuando Nariz de Cerdo te apagó las luces de un puñetazo la última vez? Buen trabajo sobreviviendo.]
[Me salvó la generosidad del Jefe. Ahora trabajo como un perro para recuperar la confianza perdida. Naturalmente, también perdí mi puesto como oficial.]
[Eso es genial. Y habría sido aún mejor si hubieras perdido también la cabeza] ladró Felt sin remordimientos.
[Eso es ir demasiado lejos, mi Señora. Aunque yo también tengo mis propias opiniones sobre él] dijo Reinhard, siempre atento a reprender el discurso y la conducta de su Señora, aunque él mismo tenía pocas cosas positivas que decir sobre el intruso.
[Sir Safis, la relación entre usted y Lady Felt dista mucho de ser buena. Aunque Sir Rom y Sir Doltero estén en términos amistosos, personalmente no puedo consentir que mantenga una larga conversación con usted.]
[Ya soy consciente de que les caigo mal a ambos. Eso es obvio. Pero no he venido a hostigarlos. Tengo un mensaje del Jefe.]
[¿De Nariz de Cerdo...?] Felt meditó las palabras de Safis, cuyo velo de cortesía superficial aún no se había roto.
El Rey Cerdo Doltero, líder del sindicato de la Moneda de Plata Negra, era, de hecho, el padre biológico de Ilya. Aun así, para distanciarse de Kalifa e Ilya, el hombre declaró que no tenía mujer ni hija. Por eso Felt lo despreciaba lo suficiente como para no perdonarlo nunca. Pero esa era solo su opinión. Si él tenía algo que decirles, no tenía derecho a impedírselo.
[Siento decepcionarlos, pero este mensaje no tiene nada que ver con cierta madre y su hija.]
Decepcionada e irritada en su nombre, Felt espetó:
[¡Tch! ¿Entonces de qué se trata? No tengo nada más que decirte.]
Safis parecía indiferente de su enfado y se limitó a continuar:
[Ya, ya, no diga eso. Lady Felt, ¿está al tanto de los acontecimientos que actualmente causan alboroto en Flanders?]
[Ni idea. No he estado en Flanders desde que estuve con ustedes.]
[Estoy al tanto de sus esfuerzos en las últimas semanas, Lady Felt. La forma en que los habitantes de Hakuchuri tratan a su Señor ha mejorado considerablemente. Para bien o para mal.]
Cruzándose de brazos, Felt curvó los labios con fastidio.
[Deja de hablar como si todo tuviera un significado profundo.]
Durante los últimos dos meses, había estado entablando contacto activamente con los habitantes de Hakuchuri y mostrando su voluntad de acercarse a ellos, no solo en el Festival del Tomete. Ciertamente sonaba como algo planeado cuando se decía así, pero, a fin de cuentas, ella solo estaba haciendo lo que quería, independientemente del impacto en su reputación.
[No es que tenga el corazón tan blando como para que me dé escalofríos, pero sigues siendo un cabrón depravado por espiar así, ¿lo sabías?]
[¿Espiar, dice? Difícilmente. Después de todo, si tuviera algún tipo de intención maliciosa, incluso una mirada indecente, no habría escapado a la atención del Santo de la Espada. ¿Me equivoco?]
[Exactamente] dijo Felt con arrogancia. [Así que, si ya has terminado de jugar, ¿puedo preguntarte qué está pasando exactamente en Flanders?]
[Hmmm... Solo puedo decir que varias organizaciones han sido blanco de ataques, entre ellas la Moneda de Plata Negra. Cualquier otra cosa, tendrá que averiguarla usted misma.]
A pesar de que la arrogancia de su discurso era un claro intento de irritarla, a Felt le ayudó a recuperar la compostura. Habiendo crecido en los barrios bajos de la Capital Real, era sensible a estos pequeños trucos. El hecho de que las palabras de Safis tuvieran un ligero matiz de ira y una pizca de verdad detrás también le resultaba bastante claro. En cualquier caso, no parecía que hubiera venido a charlar. Decidió investigar sus implicaciones por su cuenta en otro momento.
[Bien. “Voy a caer”. Entonces, ¿cuál es el mensaje?]
[Incluyendo el reciente contacto con la Moneda de Plata Negra, la reputación de Su Señoría no es muy buena dentro de nuestros círculos. En particular, además de la Moneda de Plata Negra, el Jardín Prisión de Flores y La Balanza han estado queriendo saber más sobre usted. El Jefe me ha dicho que le informe sobre una posible visita cortesía de ellos en breve.]
[Por “visita de cortesía” se refiere a…]
Safis se limitó a entrecerrar sus ojos de serpiente en respuesta a la pregunta de Reinhard, sin dar ninguna otra respuesta. Eso por sí solo bastaba para decirles que la “visita de cortesía” no era todo lo que parecía.
[Al final, ¿estás diciendo que los subordinados de Nariz de Cerdo vienen por mí porque no les caigo bien? No sé por qué me avisarían en vez de detenerlos.]
[El Jefe también tiene que pensar en su posición. Al igual que la última vez, no será una cosa sencilla para él dar su apoyo a la causa. Además, las dos organizaciones que acabo de mencionar no son grupos subordinados de la Moneda de Plata Negra. Aunque sea triste decirlo.]
[...Por ahora solo escucharé lo que tienes que decir.]
Felt agitó las manos vagamente en respuesta al razonamiento de Safis, tal vez porque era la forma en que se hacían las cosas en el bajo mundo. Entonces, mientras cerraba la mano en un puño, dijo:
[Aceptaré el consejo de Nariz de Cerdo... de Doltero. Vuelve a casa, a tu trabajo de baja categoría. Si algún imbécil viene a saludar, que venga.]
[Protegeré a Lady Felt, no importa las artimañas que nos lancen] anunció Reinhard audazmente al lado de Felt.
En respuesta a estas palabras, Felt se enderezó, convirtiéndose de repente en una figura imponente por derecho propio, aunque no hizo ningún movimiento para negar la promesa de Reinhard. A pesar de tener al Santo de la Espada más fuerte a su lado, su postura no indicaba el menor rastro de dependencia de la destreza marcial que él poseía.
[Ya veo. El número de grietas en tu armadura ciertamente ha disminuido. Parece que el jefe tenía razón] dijo el hombre, que miraba fijamente a las dos figuras mientras se relamía los labios con su larga y delgada lengua.
4
[Oh, ¿quieres saber lo que está pasando en Flanders? Todo el mundo lo sabe. Todos dicen que a los Moneda de Plata Negra o a los Tres Grandes o a lo que sean les están dando una paliza.]
El hombre que respondió a la pregunta de Felt con la lengua de fuera fue el esbelto Rachins. Como Gaston, Rachins estaba por debajo del rango laboral de Felt. Teniendo en cuenta la competencia, se le podía considerar bastante listo, pero solo si se le comparaba con Gaston y Camberley.
Esta conversación entre Rachins y Felt tuvo lugar en la mansión Astrea después de que se hubieran retirado del Festival del Tomete. De vuelta en la mansión, donde cada uno reanudó sus rutinas diarias, Felt llamó a Rachins a la sala de estar y comenzó su historia mientras jugaban al Shatranj.
Rachins, el más sabio de los Tres Idiotas y visitante frecuente de Flanders, cumplió de maravilla las expectativas de Felt. Satisfecha con su respuesta, movió una ficha en el tablero y lo animó a continuar su historia.
[¿Cuáles son los detalles?] le preguntó.
[Bueno, durante el último mes o así, los peces gordos de los sindicatos que dirigen Flanders han sido asesinados uno tras otro. Nadie sabe quién lo hizo ni por qué, pero se dice que cuando atrapen a los culpables, estarán en demasiados problemas. Cuesta creer que haya alguien tan loco como para agitar ese nido de víboras.]
[Así que a eso te refieres cuando dices que les están dando una paliza. Pero no entiendo por qué la Moneda de Plata Negra me advirtió sobre el incidente.]
[¿La Moneda de Plata Negra te advirtió?] repitió Rachins con una fuerte dosis de escepticismo.
Mueve tus piezas e intenta robar las de tu oponente. Gana invadiendo el campo del oponente y derribando a su rey. Estas eran las reglas básicas del Shatranj.
Mientras hablaban, Felt jugueteaba con las piezas que había tomado con la punta de los dedos, mientras Rachins contemplaba algo largamente. Lo más probable era que no tuviera nada que ver con su próximo movimiento en Shatranj, sino más bien con una cuidadosa deliberación sobre el contenido de su conversación. Sentada con las piernas cruzadas en su silla, Felt esperó pacientemente una respuesta. Después de unos minutos, Rachins se llevó la mano a la barbilla y dijo:
[Oye, Señora Jefa. Tienes un gran problema.]
[¿Un problema?]
[Si no tienes cuidado, sospecharán que has intentado tenderles una trampa la última vez. Ya has tenido problemas con los Monedas Negras antes. Es probable que piensen que vas tras ellos.]
[¿Eh? ¿Qué pasa con esa acusación...? Todo lo de esa vez fue sobre Ilya, ¿o no?]
[Sí, y Doltero probablemente lo sabe, pero no es algo que pueda hacerse público. Por eso trata de ser inteligente y te avisa.]
[Involucrarnos no es ser inteligente.]
Rascándose el cabello dorado con nerviosismo, Felt tuvo una repentina toma de conciencia de la horrible situación en la que la habían metido. Sorprendido, Rachins enarcó las cejas.
[¿Qué?] preguntó Felt.
[Oh, nada. Solo pensaba que realmente me creías. Entiendes que todo eso eran suposiciones mías, ¿verdad?]
[Fui yo quien te preguntó. Si te pidiera tu opinión y luego te echara pestes al respecto, eso significaría que tengo una muy mala personalidad... En fin, tiene sentido, ¿o no? Me sorprendería más que te lo estuvieras inventando todo al momento.]
“Si puede inventar al instante una historia tan convincente como esa, debería usar su talento para escribir un libro”. Pero viéndolo recostado en su silla y apoyando la mejilla en la mano, parecía seguro el creer que no se lo estaba inventando.
[Entonces, ¿qué vas a hacer? ¿Cómo nuestra candidata a la Selección Real va a explicárselo a estos tipos?]
[¿Por qué tengo que ser yo la que ponga excusas? En primer lugar, no tengo nada de qué excusarme. Tampoco puedo hablar sobre Ilya y su madre.]
[Por eso te advirtieron que encontraras la forma de alguna manera.]
[…]
Felt frunció los labios y puso la cara más desagradable que pudo reunir. Al ver esto, Rachins infló las mejillas y movió una ficha en el tablero.
[Aquí lo tienes, jaque mate.]
[¡Ah! Oh, tienes que estar bromeando. ¿Aunque iba ganando?]
[Solo estaba haciendo que así pareciera. Eres demasiado fácil de descifrar, Jefa; deberías intentar ocultar tus planes un poco mejor.]
Un ataque de Rachins había dejado al rey de Felt sin vía de escape. Levantándose, miró el tablero de Shatranj desde diferentes ángulos, pero estaba atrapada. Era una derrota completa.
[Como si fuera a admitir la derrota ante alguien que acaba de empezar a aprender. Aunque admito que aprendes rápido.]
[Je je je... Solo recuerda esto. La próxima vez, te tendré pidiendo clemencia.]
Mientras Felt lamentaba su derrota y se imaginaba ociosamente a su Rey siendo quemado en la hoguera, el ganador, Rachins, se levantó de su asiento de muy buen humor.
[Nunca diré que no a darte una golpiza en Shatranj, pero tienes que pensar cómo vas a superar esto. También debes tener en cuenta que sus “cortesías” son realmente peligrosas.]
Con estas palabras, Rachins hizo un ademán por encima del hombro y se marchó.
En la sala, abandonada con algunos consejos y una derrota, Felt se rascó la nariz.
[Si me mandan un saludo, entonces tendré algo que decirles: No nos arrastren a su jodida disputa.]
5
Tras reunir las pruebas relativas al incidente de Flanders y escuchar las opiniones de Rachins, Felt estaba prácticamente deseando recibir esta “visita de cortesía”.
Si se iba a ocurrir una pelea, Felt siempre prefería ser quien la provocara. Era algo que había aprendido en los barrios bajos; cuando se acosaba a los indefensos, había una razón para ello. En la mayoría de los casos, Felt había aprendido que era porque nunca ganaban. Por lo tanto, ella ganaría, sin importar qué.
Con una resolución tan firme, estaba ansiosa por acabar con esta “visita de cortesía”, pero...
[¡No hay nadie!]
En esta tranquila tarde, varios días después del Festival del Tomete, la ira de Felt finalmente explotó. En la habitación a la que había sido confinada, también conocida como su oficina, había una montaña de libros de consulta. Reinhard los elegía a mano cada día. Como candidata a la Selección Real, era innegable que sus conocimientos eran inferiores a los de las demás candidatas. Y era cierto que tendría que esforzarse mucho para ponerse al día. Sin embargo, por muchos libros que terminara de leer, siempre había otro. Era totalmente razonable que incluso la siempre ambiciosa Felt tirara la toalla. Pero precisamente porque la selección era tan importante, una “visita de cortesía” de una organización del bajo mundo era su mayor preocupación en ese momento. Y, aun así, por mucho que esperara, no había señales de que eso ocurriera.
[Día tras día, sentada en mi casa mirando libros... Me va a empezar a salir moho en la cabeza.]
Mientras Felt hacía un puchero de frustración, una voz suave sonó detrás de ella.
[Qué lenguaje. ¿Qué tienen de malo los días sin incidentes? Para mí, un día aburrido a uno lleno de sucesos es recibido con los brazos abiertos.]
En respuesta, Felt se apoyó en la mesa de su oficina y dejó escapar un ronroneo.
Normalmente, Felt, que era dura con todo el mundo, solo mostraba una respuesta más suave con los más jóvenes que ella o, en su defecto, con viejos conocidos de confianza. Y a excepción de los niños pequeños, los afortunados que recibían su favor eran, naturalmente, pocos. Sentada en su escritorio, Felt ladeó la cabeza y dijo:
[Ya sabes lo que dicen: si te aburres durante mucho tiempo, te vuelves senil. ¿Seguro que te parece bien, Viejo Rom?]
Incluso sentado en el suelo, su cabeza seguía más arriba de la altura de ella. El gigante calvo hizo un gesto despectivo con la mano.
[¿Me estás tomando el pelo?] preguntó con una ligera risa. [No te preocupes, he estado inundado de trabajo sin parar desde que llegué a esta casa. Parece que el alcalde se ha hecho cargo de la propiedad en ausencia del joven Santo de la Espada.]
[Te gusta irte por las ramas, Viejo Rom. ¿Intentas decir que está abusando de su posición, haciendo algo malo a escondidas?]
A Felt le vino a la mente la imagen del alcalde en la tarima del festival. Era un hombre corpulento, de rostro amable, y no el tipo de persona que se llenaría los bolsillos.
[Todo lo contrario. Al parecer, esa familia tiene un corazón demasiado amable y se aprovechan de ella por todas partes. Tampoco es la primera vez... tanto el Jefe de Familia previo como el anterior a ese parecen haber sido demasiado bondadosos para su propio bien.]
[El anterior, quieres decir... ¿el abuelo de Reinhard?]
[No, el anterior... su bisabuelo. Se supone que el Jefe de Familia sigue siendo el padre de ese joven. Eso me da dolor de cabeza...]
[Bisabuelo... Ahora que lo dices, Reinhard dijo algo sobre eso antes. Algo sobre respetarlo o algo así.]
Felt se sintió aliviada porque, según las palabras del Viejo Rom, no parecía haber necesidad de dudar de la buena voluntad del alcalde. Aun así, sería bastante terrible que se enterara de que en privado se referían a él como a un tapete.
Los documentos que el Viejo Rom revisaba uno tras otro estaban llenos de informes, cifras y demás, y no eran más que algarabía para ella. Ahora estaba trabajando con Reinhard y el alcalde, haciendo todo lo posible por mejorar la situación de alguna manera, pero...
[La Moneda de Plata Negra también es motivo de preocupación, por supuesto, pero nuestra propia casa necesita tu atención. Si no tenemos al menos una persona que pueda gestionar nuestros asuntos internos adecuadamente, solo va a ser más difícil de aquí en adelante.]
[¿Y por qué no tú?]
[Por desgracia, estoy muy poco cualificado. Aunque se trate de un trabajo de oficina, no es mi especialidad] respondió el Viejo Rom mientras acariciaba la cabeza de Felt con la palma de la mano.
Felt cerró los ojos complacida por el tacto familiar y se quedó pensativa. “Si el Viejo Rom se queja de ello, es obvio que hay un problema con la llamada administración interna”. Todo se reducía a la necesidad de más personal, pero Felt no sabía cómo abordarlo.
Sería un error reclutarlos a todos de la calle, como hizo con Rachins y el resto, aunque por un momento pensó que podría haber encontrado la respuesta correcta con la idea de la “calle”.
[¡Ah, no lo entiendo! Por qué mis problemas no pueden venir de uno en uno, ¡maldita sea!]
[Cuidado con lo que dices. Tendrás mucho en qué pensar a partir de ahora, pero al menos tu apetito nunca lo resiente. Eso no ha cambiado desde que estábamos en los barrios bajos.]
[Es cierto, pero... ¡Tengo una idea!]
Había estado haciendo pucheros ante el sermón del Viejo Rom antes de que sus ojos se iluminaran de repente. Pateó la silla con entusiasmo y saltó ligeramente por encima de la pila de libros que había sobre la mesa de su oficina. Su pequeño cuerpo aterrizó en el regazo del sorprendido Viejo Rom y le miró a la cara desde abajo.
[No me asustes así. Bueno, ¿qué brillante idea se te acaba de ocurrir?]
[¡Estoy hablando de que soy una idiota! No es el momento de quejarse de muchos problemas a la vez. ¿Por qué esperamos tan pacientemente? Todo lo que tengo que hacer es ir yo misma.]
Apretando la nuca contra el pecho del Viejo Rom, Felt se rio de su brillante idea.
Supuso que tenía que esperar porque le habían dicho de antemano que habría una “visita de cortesía”, pero ese fue su primer error. “¿Por qué debo esperar pacientemente a conveniencia de otra persona?” pensó.
[Si quieren “visitarme”, puedo acercarme yo misma. No querría hacer venir hasta aquí a esa gente tan ocupada, ¿verdad?]
El Viejo Rom hizo una mueca ante la agresiva idea de Felt.
[Hmm... Si fueras sola, te diría que lo reconsideraras.]
Puede que se opusiera emocionalmente a la idea, pero no encontraba ninguna razón para frenar a su atrevida nieta.
Entre la pena por causar preocupación y el sentimiento de satisfacción por ser cuidada, Felt dijo una última palabra para dar el toque final al Viejo Rom.
[Sé que no es seguro ir a su escondite. Por eso me llevo a Reinhard conmigo. Quiero decir, iré por mi cuenta si él se niega, pero...]
[Por todos los cielos... a veces me pregunto exactamente a quién le sacaste eso.]
Suspirando con resignación, el Viejo Rom volvió a posar afectuosamente su mano sobre la cabeza de Felt. Después de todo, se conocían desde hacía mucho tiempo. Cuando ella tenía esa expresión en la cara, él sabía que no se rendiría sin importar qué. Cuando eso ocurría, lo más que podía hacer el Viejo Rom era ayudarla a abrirse paso. En este caso, se trataba de persuadir a alguien para mantenerla fuera de peligro.
Como para expresar exactamente cuánto se oponía a la idea, el Viejo Rom suspiró larga y profundamente.
6
[Trate de evitar hacer algo peligroso. No se aleje de mi lado a menos que sea absolutamente necesario.]
[Entiendo, caray. Me están doliendo los oídos, por todos los cielos.]
Reinhard, su escolta, le había repetido la advertencia tantas veces que casi podía verla en sueños.
“Me dijo lo mismo cuando visitamos antes el escondite de la Moneda de Plata Negra, pero ¿dónde cree que me crié? Los barrios bajos de la Capital Real tampoco eran precisamente los lugares más seguros.”
[Cada ciudad, cada territorio tiene lugares donde las leyes habituales no se aplican. No estoy diciendo que deba evitar esos lugares específicamente, pero... por favor, absténgase de bajar la guardia solo porque está acostumbrada a ellos.]
Al ver lo poco que Felt parecía interesada en prestar atención a sus advertencias, Reinhard dejó que su sermón titubeara. No tenía intención de insultarla, por supuesto, y en sus ojos azules solo veía preocupación por ella. Felt, reprendida, gruñó de mala gana.
En ese momento, Felt y Reinhard se dirigían a la Capital del Dragón de Tierra, Flanders.
Después de seguir el consejo de Safis de esperar pacientemente en su residencia a esa esquiva “visita de cortesía”, se había cansado y decidió tomar cartas en el asunto.
Para ser sincera, tenía sus sospechas de que todo era una invención de Safis, y que esta era su forma de vengarse por haber desenmascarado sus complots previos. Pero después de indagar un poco, Felt descubrió que su reputación no era la mejor en el bajo mundo de la ciudad.
Para averiguar qué estaba pasando en la zona, intentó sondear en los alrededores de Flanders, pero...
[Oigaaan, ¿qué están haciendo? Un conocido de este lugar ha venido hasta aquí para mostrarles los alrededores. Dejen de perderse y síganme] exclamó Camberley, saludando con la mano mientras miraba a Felt y a los demás que se habían quedado atrás.
El último de los Tres Idiotas, el diminuto Camberley, era, en efecto, un visitante frecuente de la ciudad de Flanders. Él y Rachins viajaban con constancia a cierto distrito dentro de la ciudad, ya que estaba a solo medio día de distancia.
Y ese distrito era precisamente hacia donde se dirigían Felt y su equipo.
[Pero, vaya, nunca se sabe adónde te va a llevar la vida. Y pensar que llevaría a un caballero y a su Señora al Distrito Rojo] dijo Camberley despreocupadamente, con los brazos cruzados detrás de la cabeza.
[…]
Al oír su declaración, Reinhard esbozó una tensa sonrisa, que divirtió a Felt.
[...Lady Felt, ¿qué he hecho yo para merecer esa mirada?]
[¿Hm? Oh, nada. Solo pensé que era gracioso cómo el gran caballero entre los caballeros pone una expresión tan incómoda cada vez que se menciona el Distrito Rojo. Irónico, ya que apuesto a que esa cara tuya sería muy popular allí, después de todo.]
Ante la sonrisa pícara de Felt mostrando el colmillo, Reinhard se limitó a guardar silencio con un suspiro cansado de todo.
Camberley los llevó a una zona de Flanders clasificada como distrito de la vida nocturna, comúnmente conocida como el Distrito Rojo. Las calles estaban llenas de mujeres vestidas lascivamente y de hombres que las devoraban con la mirada además de entretenerse con ellas. En pocas palabras, el Distrito Rojo era una zona de burdeles, intercalado con escenas de clientes que deseaban tales servicios y las prostitutas que atendían sus necesidades, interactuando frente a sus locales.
La Hora del Fuego ya había terminado, y la Hora del Agua estaba a punto de comenzar. A medida que se acercaba la plena noche, las calles del Distrito Rojo se llenaban de la resplandeciente luz de las lámparas de cristal. Los hombres, intoxicados por el ambiente mágico, decadente y fuera de este mundo, eran atraídos a la cama para una sola noche de ensueño.
Sin embargo, no solo los clientes masculinos soñaban esta noche en el Distrito Rojo.
Ocioso, Reinhard murmuró:
[A menudo me preguntaba por qué Camberley y los demás se esfumaban con frecuencia a Flanders.]
[Bueno, eso es no ser muy observador] replicó Felt. [Puesto que Gaston nunca se fue con ellos, es fácil imaginar lo que vendrían a hacer aquí. Pero aun así...]
[¿…?]
El bien educado Reinhard parecía ajeno a ello, pero Felt ya se estaba hartando de todas las intensas miradas que les dirigían. Muchas de las miradas dirigidas a Reinhard eran de las mismas mujeres que eran las estrellas del Distrito Rojo. Cada día, estas mujeres cautivaban a muchos hombres con su belleza, pero, ante la aparición de Reinhard, repentinamente sus posiciones se habían invertido. La vista del paso pausado de Reinhard, que se adentraba en el ambiente a su ritmo, parecía tener un encanto que le hacía difícil a las veteranas flores nocturnas apartar los ojos. Y como estaba junto a Felt con una vigilancia aún mayor que de costumbre, las miradas de reproche que le dirigía también eran bastante intensas.
En raras ocasiones, Felt también parecía llamar la atención de hombres que habían venido a buscar una amante. Aun así, para esto tenía una respuesta sencilla.
[Grrrrrrr] gruñía.
Cuando vertía su repugnancia y enemistad en sus miradas, eso bastaba para ahuyentar a la mayoría. Pero como no había ningún daño real más allá de incomodar un poco a Reinhard, no tenía más remedio que aguantarse.
Con Reinhard en un estado tan complicado, Felt dejó que Camberley encabezara el avance y se dirigió hacia el interior del Distrito Rojo. Al fin y al cabo, no habían venido a esta calle a divertirse.
[¿Pero de verdad está en el Distrito Rojo el líder de una organización como la Moneda de Plata Negra?]
Camberley se burló:
[No lo entiendes, ¿verdad, Señora Jefa? En cualquier pueblo, es un hecho que los grandes del bajo mundo se encargan del mantenimiento de los burdeles. El Jardín Prisión de Flores es el encargado del Distrito Rojo, eso es todo.]
“Y este Jardín Prisión de Flores del que habla Camberley es uno de los Tres Grandes, igual que la Moneda de Plata Negra, ¿eh?” Aunque todavía estaba un poco incrédula ante esta explicación, Felt no tuvo más remedio que seguir la guía de Camberley por el momento. Después de todo, era un visitante frecuente y conocía bien el lugar. De hecho, sus alardes de ser un conocido del lugar no parecían mentiras, ya que a menudo se le acercaban prostitutas por la calle.
[Eres un enano, ¿verdad? No te ofendas, pero ¿puedes satisfacer a una compañera?]
[Por supuesto. Todo depende de tu técnica. No me llaman el Donjuán del Distrito Rojo por nada.]
[Y... ¿quieres que te llamen así?] Felt se quedó desconcertada cuando el fanfarrón de Camberley respondió de aquella manera, con su pequeña nariz levantada con orgullo.
Reinhard, por otro lado, permanecía en silencio con una expresión de dificultad en el rostro.
[Seguro que sabe mucho, Lady Felt. En los barrios bajos, usted...]
[Incluso en la Capital Real existen burdeles. Cuando era niña, las prostitutas solían darme comida y su amabilidad. Aunque... se me hizo más difícil estar cerca de ellas a medida que crecía.]
Aunque las mujeres del burdel no tuvieran ninguna intención de hacerlo, los dueños de los negocios llevaban en la mirada un brillo sospechoso por la carne fresca. Si las prostitutas que la habían tratado bien allí no le hubieran hablado en secreto del peligro implícito al que se enfrentaba, podría haberse visto obligada a unirse a sus filas. En ese sentido, el Distrito Rojo de Flanders estaba mucho más ordenado. En la Capital Real, quizá precisamente porque los dirigentes estaban demasiado preocupados por las apariencias como para ensuciarse nunca las manos, hacían la vista gorda y allí reinaba la anarquía.
[Ya veo. Si es así, me alegra oírlo] respondió Reinhard, que parecía aliviado por su respuesta.
“¿En qué demonios estaba pensando para que se sintiera aliviado?” pensó Felt.
[Hemos llegado] dijo Camberley después de detenerse, antes de que se pudiera sacar alguna otra conclusión. [Aquí es donde se instala la propietaria del Jardín Prisión de Flores.]
La vista que recibió a Felt y sus amigos era el burdel más lujoso del extremo más alejado del Distrito Rojo. Incluso desde el interior de la tienda, se podía decir que era de una clase diferente a los otros burdeles por la majestuosa disposición de su seductor exterior. Aunque la mujer en cuestión no podía verse desde fuera, era posible percibir la presencia del tipo de encanto perverso que podía seducir y cautivar fácilmente. Un hombre fuerte montaba guardia frente a la tienda, atento a las personas sin tacto que pudieran sentirse atraídas por ella.
[...Bien. Esto es realmente impresionante] comentó Felt. [¿Entramos directamente?]
[Somos visitantes no invitados] respondió Reinhard con cautela, aparentemente con la esperanza de apaciguar el entusiasmo de Felt. [Como es poco probable que nos den una cálida bienvenida, deberíamos tener cuidado...]
Pero su conversación se vio interrumpida al instante siguiente por una voz que se interpuso entre ellos.
[¿Qu... qu-qu-qué? ¡E-E-Eres tú! ¿Cómo puedes estar aquí?] La voz entrecortada temblaba de sorpresa, ira e, inexplicablemente, también de cierto grado de alegría.
Era aguda, en parte porque se había quebrado, pero aquella ligera gravedad de la voz era sin duda la de un hombre. Si bien la voz de un hombre sonando en la calle no era precisamente bien recibida en el Distrito Rojo, lo que era aún más indeseable era la acción que le siguió inmediatamente.
[…]
Ante su repentino grito, Felt se dio la vuelta para ver al hombre, o mejor dicho, enano, que había aparecido en la entrada del burdel. La figura era más o menos de la misma altura que Camberley, con el semblante afilado y un dedo extendido que apuntaba en su dirección. Felt vio que una tenue luz se concentraba en las puntas de sus dedos extendidos, distorsionando el aire a su alrededor. Fue en ese momento cuando se dio cuenta de que estaba usando magia.
[¡Lady Felt!] gritó Reinhard desde su lado, moviéndose rápidamente para colocarse entre ella y la amenaza.
Entonces, justo cuando el enano estaba fuera de la vista de Felt, estalló una luz.
El aire del Distrito Rojo de Flanders se llenó de una cacofonía de gritos de pánico y rabia.
7
En el momento en que la luz estalló, los tímpanos de Felt se vieron perturbados por gritos y alaridos procedentes de todas partes. Permaneciendo en el mismo sitio donde se agachó para evitar la explosión, chasqueó la lengua con irritación.
[¿Qué demonios acaba de pasar?]
Al forzar la vista en medio de la luz blanca y parpadeante, solo pudo ver una serie de figuras confusas que huían con la cabeza entre las manos, todos ellos hombres que habían acudido al Distrito Rojo a comprar un sueño de una noche.
En medio de la confusión provocada por el repentino estallido de luz, que hizo que los hombres se dispersaran por las calles iluminadas, las prostitutas que residían allí permanecieron sin inmutarse. Eran mujeres para las que los placeres sensuales eran herramientas del oficio y los problemas les eran habituales; ninguna de ellas siquiera pestañeó. Algunas se ponían a cuatro patas, otras corrían hacia los negocios y otras utilizaban hábilmente a los hombres cercanos como escudos. En este sentido, Felt veía diferencias evidentes entre los sexos en cuanto a su capacidad para comprender y reaccionar ante repentinas situaciones peligrosas.
De hecho, Felt también quiso elogiarse a sí misma por haber manejado la situación de forma mucho más admirable que su compañero Camberley, que se limitó a permanecer inmóvil como si esperara a ser arrollado. Sin embargo, sus logros se vieron degradados al compararlos con Reinhard, que tenía la fuente de luz agarrada en la palma de la mano, protegiéndola de un posible peligro.
[¿Se encuentra bien, mi Señora?]
Felt miró al caballero pelirrojo que tenía delante.
[Sí, estoy bien. Parece que has aprendido la lección del Festival del Tomete] dijo ella con una sonrisa burlona, refiriéndose a la forma en que él había reaccionado exageradamente ante el inofensivo tomete en el pasado.
Reinhard dejó escapar una sonrisa irónica, pero, a pesar de su aparente humildad, aquel movimiento era con diferencia el más rápido que Felt le había visto realizar. Aquella escena debía de ser así de impactante para él.
[Disculpe, mi Señora, por favor, espere aquí un momento] dijo, y al confirmar la seguridad de Felt, su figura se volvió poco clara al instante.
En un abrir y cerrar de ojos, el caballero apareció a diez metros de distancia y saltó sobre el enano de la entrada del burdel, el culpable del ataque mágico.
El pequeño hombre se quedó boquiabierto ante su aterradora velocidad.
[Esp-, ¿qué? ¡Ah! ¡E-Espere! Yo no he hecho nad...]
[Lo siento, pero has dado el primer paso. Así que voy a tener que derribarte] le informó Reinhard con una voz fría que nunca había usado con Felt.
[¡Gugh! Es verdad, pero... ¡Ei! ¡Entonces, al menos!]
Al ver la indiferencia de Reinhard ante sus súplicas, el rostro del pequeño hombre enrojeció y extendió ambas manos hacia Reinhard. Un instante después, un poderoso maná se arremolinó en torno a sus manos, intentando deformar el orden natural del mundo...
[¿Eh? Espera, ¿qué dem...? La formación de mi maná se está deshaciendo... ¡Aahhhh!]
Al no producirse el efecto deseado, Reinhard tiró al desconcertado hombre al suelo. Como era aún más bajo que Felt, a todos les pareció que se trataba de un adulto intimidando a un niño. Aun así, Reinhard siguió retorciendo sin piedad el brazo del pequeño hombre.
[¡Au! ¡Au, au, au! Espere, espere, espere, ¡se romperá! ¡Se va a romper!]
[En ese caso, preferiría que dejaras tus vanos intentos de resistencia. El hecho de que hayas intentado hacer daño a mi estimada Señora no cambiará, pero sigo sin tener ningún deseo de hacerte daño.]
[¡¿Cree que voy a creerle cuando me tiene inmovilizado por el codo, el cuello y la muñeca?! En primer lugar, lo que acaba de pasar con mi maná... ¡Ya veo! ¡¿Tiene una habilidad innata para neutralizar el exceso de maná...?!]
[…]
Reinhard se quedó sorprendido por la extraña y compleja terminología que salía del pequeño hombre mientras tenía los brazos bloqueados. Felt observó su reacción e intervino.
[Escuchémoslo] dijo. [Por ahora mantenlo inmovilizado, Reinhard. No le ha hecho daño a nadie, ¿cierto?]
[Cierto, y estoy seguro de que las cosas se calmarán momentáneamente, ya que su hechizo no era más que un truco barato de salón.]
Felt frunció un poco el ceño.
[Viniendo de ti, estoy segura de que fuera “solo un truco de salón”, pero no se lo digamos a la cara, ¿bien?]
Desde la perspectiva de Reinhard, era cierto que cualquiera con menos maná o fuerza que él podía parecer un insecto, pero incluso los insectos tenían su propio orgullo.
Aun ante la reprimenda de Felt, sacudió la cabeza.
[Discúlpeme, mi Señora, pero me refería a “truco de salón” en el sentido de que es una táctica común diseñada para confundir y engañar. No había intención de matar detrás de ese hechizo.]
[¿Quieres decir que esa luz brillante era solo una táctica para asustar?]
[Sí, mi Señora. Pero eso no significa que pueda ignorar el acto de malicia cometido en sus inmediaciones...]
Satisfecha con la explicación de Reinhard, Felt asintió en señal de aceptación. Con su asentimiento, el Santo de la Espada miró la nuca del pequeño hombre, dispuesto a hacerlo responsable de su imprudente acción.
[¡Sí, eso es! ¡No dejes que se salga con la suya, Reinhard! Haz que ese imbécil desagradecido se arrepienta de haberse levantado esta mañana. ¡Tras él!]
El que gritaba en su dirección de forma tan asertiva era Camberley, que por fin había conseguido recuperar la cordura tras el caos. A pesar de haber estado como un muñeco de trapo durante el ataque inicial, parecía haberse recuperado por completo. Aun así, Felt no podía aprobar que saltara directamente al conflicto solo para actuar como un insignificante maleante de poca monta. Entonces se dio cuenta de algo.
[Oye, Camberley. Acabas de llamar a este tipo “imbécil desagradecido”. Así que supongo que lo conoces.]
[¿Hmm? Oh, sí, le conozco. Eres muy lista, Señora Jefa] respondió Camberley con expresión amarga mientras se cruzaba de brazos. [Creo que fue, hmm... hace unos diez días. Vi a un tipo vagando por la ciudad, sin siquiera una moneda. Y los dos somos enanos, ¿no? Pensé, hey, esto es probablemente una especie de destino, ¿sabes? Así que le conseguí a este bueno para nada un lindo trabajo. Y luego, mira cómo actúa, ¡después de todo lo que hice! ¿Te lo puedes creer?]
Guardando claramente rencor, el pequeño hombre frunció el ceño implacablemente ante el amargado Camberley.
[¡Solo me quedé sin dinero porque me emborrachaste hasta que me desmayé y tomaste dinero de mi bolsillo para pagar las bebidas! Después de todo eso, me engañaste y me abandonaste aquí, en el Distrito Rojo.]
En cuanto a qué lado de la discusión era más creíble, no parecía necesario debatirlo; era una fibra sensible y compleja que Felt pensó que era mejor no tocar.
[En otras palabras, ¿ibas tras Camberley, no por mí?] adivinó Felt.
[Naturalmente, no tengo ni idea de quién es usted. Aunque, por supuesto, es culpa mía haberla sorprendido así. Fue poco cortés de mi parte...]
[Pues ya está] dijo Felt, frotándose distraídamente la nuca, pues no veía necesidad de castigar más a alguien tan manso y honesto. [Suéltalo, Reinhard.]
Reinhard pronunció un rápido [Mi Señora] en señal de asentimiento y soltó el brazo del pequeño hombre.
La actitud de la Señora y su siervo asombró tanto a Camberley como al pequeño hombre.
[¿Qué... ¿Van a dejarme ir?]
[¡Sí, hombre! ¿Qué les pasa a ustedes dos? ¿No oyeron lo que dije? Les estoy diciendo que él es un mal tipo.]
[Claramente tú eres el malo aquí. En realidad, siento lástima por este sujeto] le espetó Felt a su sirviente descarriado, indicando al pequeño hombre que se ponía de pie.
Felt simpatizaba con él. Camberley lo había extorsionado y le había ofrecido un trabajo que no quería en el Distrito Rojo. Su resentimiento se había ido acumulando desde entonces, así que no era de extrañar que perdiera la calma en cuanto Camberley apareció frente a él.
[Pero lo hecho, hecho está. Tú causaste todo este desastre, ¿qué piensas hacer al respecto?]
Aunque se había librado de un severo castigo por parte de Reinhard, el hecho de que había sido una molestia para la gente del Distrito Rojo no había cambiado. Naturalmente, era probable que también hubiera repercutido en el negocio de los burdeles cercanos.
[¡Ugh...! L-Lo entiendo. Yo también soy un adulto que puede responsabilizarse de sus acciones. ¡De algún modo arreglaré el desastre que he causado aquí y devolveré el lugar a su atmósfera habitual de deplorable lujuria hedonista y depravación!]
[¿Podrías moderar tu lengua? Qué maleducado eres] llegó una voz rítmica desde el interior del burdel.
[¡Qu...!]
El bullicioso entusiasmo del pequeño hombre se apagó en un instante. Fue la visión de la figura de pie en la entrada del burdel, la dueña de tan dulce voz, lo que lo detuvo en seco.
[...Guau.] Cuando Felt se dio la vuelta y vio a la persona, no pudo evitar soltar un murmullo inconsciente de atónito asombro.
El personaje que había aparecido era una joven despampanante, impregnada de un aura pecaminosamente seductora y poseedora de una belleza sin igual. Llevaba con total confianza en su exuberante y seductor cuerpo un vestido que dejaba al descubierto sus hombros, pecho y espalda. La combinación de los olores que emanaban de la pipa humeante que llevaba en la boca y el perfume que usaba, a Felt le parecieron veneno, por su buen sentido del olfato. Sentía que olerlo durante demasiado tiempo haría que se le derritiera el cerebro. Indiferente a la reacción de Felt, la hermosa mujer puso suavemente la mano en el hombro del petrificado hombre y dijo:
[Mimosa vino a verme con lágrimas en los ojos, diciendo que su Profesor había causado un alboroto en la calle.]
[Lo siento... no tengo ningún pretexto. Me disculpo.]
[Vaya, qué obediente] murmuró sorprendida.
Inclinando la cabeza de forma coqueta, la bella mujer enarcó una ceja bien formada hacia el pequeño y manso hombre. Después, aspirando profundamente de su pipa, sopló una bocanada de humo púrpura hacia el cielo casi nocturno y dijo:
[Chicas, les compraré dos velas. Vayan llamando a todos los invitados a sus habitaciones.]
Aunque no levantó la voz en absoluto y dio una impresión de indiferencia, la reacción de las prostitutas que estaban cerca fue dramática.
Una a una, se apoderaron de los hombres que tan descaradamente habían huido un momento antes. Cada una de las prostitutas utilizó los medios a su alcance, ya fuera un hábil juego de palabras o la aplicación igualmente diestra de artimañas femeninas, para persuadir a cada hombre a volver al burdel, topándose con una resistencia mínima en el camino.
En cuestión de segundos, todos los clientes masculinos involucrados en la conmoción habían sido absorbidos por el burdel.
[Estar demasiado ansioso por conseguir una venta hará que te odien... al menos, eso es lo que he oído] comentó Felt.
[Seguramente, eso se aplica a las flores que solo son capaces de proporcionar sueños marchitos. Desafortunadamente, en mi jardín tengo por norma arrancar cualquier flor de calidad tan baja.]
[¿Ah, sí?] dijo Felt con una sonrisa de envidia ante la destreza con la que aquella impresionante persona había cortado de raíz la conmoción. [Bueno, no me debería sorprender que la mujer que dirige un lugar como el Jardín Prisión de Flores sea de tan buen habla.]
Ante estas palabras, sus labios rojos se relajaron, e hizo una respetuosa reverencia.
[El sentimiento es mutuo.] Luego, con una sonrisa mágica que encantaría incluso al mismo sexo... [Es un honor conocerla, Lady Felt. Es un verdadero privilegio tratar con una de las cinco que ahora ocupan las posiciones más eminentes en el Reino de Lugunica.]
Al compartir sus identidades de esta forma, cada una había jugado su primera carta.
8
Tras ser guiada a una sala VIP en la parte trasera del burdel, los ojos de Felt se abrieron de par en par ante la suavidad del sofá. Desde su estancia en los barrios bajos, se había acostumbrado a la disparidad de condiciones de vida, primero en la mansión Astrea, en la capital, y después en la de Hakuchuri. Pero ahora todos sus esfuerzos se habían desvanecido.
La sensación de sus caderas hundiéndose, su espalda apoyada, y la parte posterior de su cabeza envuelta… esta era la silla del demonio. Si se convirtiera en la silla de oficina de Felt, no habría ninguna posibilidad de que pudiera volver a leer o estudiar. “Este es definitivamente el tipo de sofá que puede corromper a la gente”, pensó.
[Como era de esperar, no se escatiman gastos cuando se trata de la sala VIP de un burdel de clase alta.]
[Lady Felt, por favor no se quede dormida accidentalmente. Este es el edificio del Jardín Prisión de Flores, y estamos aquí para dar nuestros saludos.]
[Lo sé. Casi lo hago, pero no me voy a quedar dormida.]
Con una expresión amarga en el rostro, Felt se defendió de los regaños de Reinhard. Por desgracia, el hombre que esperaba a su lado no tenía ni idea del poder del sofá para corromper a la gente. Aun así, Felt se recompuso, comprendiendo lo problemático que podía resultar estar demasiado relajada en un territorio semihostil. La sala VIP no solo tenía el sofá, sino que estaba repleta de un gran número de muebles de alta gama. Podría ser beneficioso para ellos ser sermoneados sobre los principios de la austeridad, pero de nuevo, no era nada comparado con la Casa Astrea, un tanto sumida en la pobreza. Mientras observaba una habitación tan espléndidamente decorada, Felt, que se había hundido profundamente en el sofá, desvió la conversación hacia el pequeño hombre que se encontraba en la entrada de la estancia.
[Entonces, ¿vas a hacerme compañía en mis ratos libres hasta que vuelva la propietaria?]
Al mirarlo más de cerca, era una figura de aspecto bastante pulcro. Como enano, era media cabeza más bajo que Felt, pero sus cortas extremidades lo hacían bien proporcionado. Muchos de los enanos parecían jóvenes, y así, sin poder saber su edad real, él desprendía un aire de joven inteligente y apuesto. Tenía el cabello castaño grisáceo y largo hasta la nuca, destacaba por su forma de vestir más bien pretenciosa y su capa de gran tamaño.
Como ya se habían presentado al entrar en el burdel, ya sabían su nombre.
[Sir Ezzo Cadner, ¿verdad? Por favor, discúlpeme por lo de antes.]
[N-No, yo tuve la culpa de eso. Teniendo en cuenta la posición de la mujer que lo acompañaba, diría que su actitud estaba justificada. No tiene nada de qué disculparse.]
Reinhard le pidió disculpas por doblarle la espalda y trabarle el brazo, pero Ezzo no sintió más que vergüenza.
Llevándose una mano a la barbilla, dijo:
[Aun así, no creí que llegaría a conocer de esta forma a una candidata a la Selección Real. Me molesta, pero supongo que lo que dijo ese hombre no era del todo falso.]
[Umm, me da un poco de miedo preguntar esto, pero ¿qué dijo exactamente?]
[En resumen, todo lo que dijo fue que estaba trabajando para una gran persona. No me dio ningún detalle, pero cuando me enteré de que alguien así me ofrecía un trabajo, yo estuve... ¡yo estuveee...!]
[En serio, Camberley siempre me está preocupando.]
Felt y Reinhard suspiraron al unísono ante el testimonio de Ezzo, que temblaba violentamente.
Camberley no estaba presente en esta ocasión. Aprovechando la amabilidad de la propietaria, se había escabullido astutamente a otro burdel después de que se hubiera limpiado el desorden de la entrada. Aunque había cumplido con su deber cuando condujo a Felt al lugar, estaba claro que le sobraba energía. No obstante, era interesante observar que la alegría de las prostitutas al ser elegidas por él era diferente a la de las que ellas mismas habían elegido por su cuenta. Quizá su apodo de Donjuán del Distrito Rojo no era tan ridículo como podría pensarse.
[Así que te dejaste llevar por las palabras de Camberley y así es como acabaste trabajando en el Distrito Rojo. Pero si entras y sales de la habitación de la dueña del burdel, entonces ella debe confiar mucho en ti.]
[Es el resultado de la escasez de mano de obra y educación. Para empezar, ser guardia en un burdel no es algo que deba hacerse usando el noble poder de la magia. Pero a pesar de ello, ya que se me presentó como un trabajo, pensé que no debía ser tan arrogante como para dejar que mis habilidades se debilitaran con el tiempo, causando posiblemente problemas a los demás.]
[Ya veo... Qué diligente. Pareces muy diferente a cierta persona que conozco.]
En resumen, Ezzo tenía tendencia a asumir responsabilidades. De lo contrario, lo más probable era que hubiera salido corriendo en cuanto se hubiera dado cuenta de que lo habían metido un trabajo que no quería hacer.
Mientras murmuraba, Ezzo buscaba un compromiso entre su insatisfacción por las circunstancias y su sentido de la responsabilidad. A medida que las mejillas de Felt se relajaban ante tal visión, Reinhard también lo miraba con una expresión similar.
Y así, mientras pasaban el tiempo de aquella forma, una belleza diabólica apareció y abrió la puerta de la sala VIP.
[Me disculpo por haberlos hecho esperar] dijo. [He tardado un poco en arreglarme el maquillaje.]
La mujer, que se había puesto un vestido más lascivo y se cubrió en una nueva fragancia, era la propietaria del Jardín Prisión de Flores, Toto.
Miró a Felt, que se había hundido en el sofá, y a Reinhard, a su lado, con una sonrisa radiante.
[Son nuestros invitados especiales. Así que tengo que estar preparada para cuando los entretenga, ¿o no?]
[Bueno, soy yo quien ha venido a verte de improviso. Tuvimos suerte de que no nos rechazaran en la entrada. He oído que es difícil conocer a prostitutas populares en los burdeles.]
[Hmmm, eso es verdad. Pero no he trabajado en el negocio desde que llegué a mi puesto actual, ya ves, así que he estado sorprendentemente libre... ¡Hoy ha sido una agradable sorpresa!]
Con un fuerte encanto en su sonrisa, Toto se sentó en la silla frente a Felt. La forma en que cruzó sus largas piernas, el ángulo exacto de sus ojos y labios sonrientes; todo había sido hecho con un propósito. Para llegar tan lejos, cada movimiento del cuerpo de Toto había sido inconscientemente arraigado con las técnicas seductoras de ser una prostituta. Aunque dijo que no había estado trabajando en el negocio, sus habilidades laborales de primera clase como tal no habían disminuido en lo más mínimo.
[¿Pasa algo?]
[...Oh, no es nada. Me gusta la gente que ha vivido una vida dura. Así que estaba pensando que tú y yo podríamos llevarnos mejor de lo que pensaba.]
[...Vaya, y pensar que me estás seduciendo.]
Tal vez sorprendida por la respuesta de Felt, Toto se tapó la boca con la mano y soltó una pequeña risa. Entonces su mirada se desvió hacia Ezzo, que estaba de pie en la entrada.
[Ah, sí, me gustaría disculparme por la imprudencia de mi gente. Aunque, conociendo su carácter, creo que lo más probable es que ya se haya disculpado y expresado su arrepentimiento...]
[Sí, así es] dijo Felt. [Ha transmitido el mensaje: solo ha sido un desafortunado malentendido.]
[¡¡¡No!!!] gritó Ezzo. [Definitivamente hay razones para defenderme, pero en su mayor parte, la situación fue causada por mi decisión precipitada y mi temperamento corto. En vista de eso, me gustaría que decidiera cómo seré tratado de ahora en adelante.]
Para bien o para mal, la diligente actitud de Ezzo hizo que Felt pusiera cara de exasperación mientras vertía sus palabras.
[Eso que dices es tan molesto...]
[De todos modos, ahora que la brecha inicial entre nosotros se ha acortado... ¿puedo preguntar qué puedo hacer por usted?] inquirió Toto.
[…]
[Definitivamente, no es algo para ignorar que una de las candidatas que cargan con la responsabilidad del futuro del reino visite un lugar tan turbio. Más aún cuando van acompañadas del mejor caballero de todos los tiempos, el Santo de la Espada.]
La coqueta mirada de Toto se dirigió a Reinhard. Ante ella, el caballero pelirrojo miró hacia Felt, que estaba a su lado, para confirmar si debía hablar o no.
Felt soltó un suspiro y se removió en el asiento, levantando el cuerpo de la posición hundida. Entonces, sacó un objeto de su bolsillo, una insignia, y se la mostró a Toto. El emblema con la joya del dragón incrustada era la prueba de admisión para participar en la Selección Real, y la luz que emanaba de la joya, que solo brillaba cuando la sostenía cierta persona, era evidencia de la posición de Felt como candidata.
[No me gusta el método de tratar de indagar al otro, así que voy a ser sincera contigo. Como ya has dicho, soy una de las candidatas a la Selección Real. Y como resultado, estoy haciendo varias cosas por aquí en los territorios de Reinhard. El día de hoy solo era una visita de cortesía para decir hola.]
[...No le gusta mucho seguir las reglas, ¿o sí? Aun así, con que “varias cosas”, ¿eh?]
Toto ladeó la cabeza sugestivamente, haciendo rodar su pipa entre los dedos.
Estaba claro por la forma en que dijo “varias” que sospechaba de Felt, pero ese era exactamente el tipo de cosas que ella venía a disipar.
[Te lo dije, ¿o no? Sigo estando muy ocupada con este territorio. Es por eso que...]
[“¿Por eso que?]
[No me metas en tus problemas. No me interesan.]
[…]
Felt dejó claro que no tenía ninguna relación con el incidente que había causado tanto revuelo en Flanders, y los párpados de Toto se agitaron levemente ante aquella declaración. Lo más probable era que ella tuviera sus propios planes, pero Felt no era alguien que actuara según los designios de otro.
Habiendo declarado esto, Felt señaló a Reinhard a su lado y dijo:
[Para empezar, si realmente quisiera destruirte, podría haber enviado a Reinhard por ti. ¿No lo crees?]
[Si lo dice así, entonces no tengo nada que responder; soy una simple dueña de un burdel.]
Puede que sonara absurdo, pero las palabras de Toto no parecían estar en desacuerdo.
De hecho, si uno hubiera oído las historias sobre Reinhard, entonces sabría que sería ridículo tenerlo como enemigo y daría marcha atrás. Más aún si sabían que los rumores no le hacían justicia. Y eso era exactamente lo que había hecho Felt, que decidió la ausencia de su participación en el Festival del Tomete.
[Ummm, Lady Felt, ¿hay algún problema? Parece bastante alterada.]
[No es nada. Solo estoy enfadada conmigo misma por algo que no tiene nada que ver con esto. No tienes que preocuparte por ello. Quiero decir, no lo hagas.]
[Lady Felt, no quiero ser presuntuoso, pero creo que debería concentrarse más en esta situación...]
[¡Cállate! ¿De quién crees que es la culpa? ¡Es tuya, tarado!] Tras ser regañada por el hombre en cuestión, Felt perdió los estribos y mostró los dientes.
Reinhard estaba desconcertado.
[No lo entiendo...]
Toto entrecerró los ojos ante la conversación entre la Señora y su sirviente.
[...Ustedes dos tienen una relación interesante. No parece un vínculo normal entre Señora y sirviente.]
[Lo siento. Aún estoy aprendiendo lo que es “normal”.]
[Es un honor oírla decir eso... Sin embargo, le ruego que no tome a la ligera lo que Lady Felt acaba de decir.]
Tras dejar escapar una pequeña sonrisa, Reinhard se dirigió hacia Toto, con el rostro ya vacío. Aunque no parecía particularmente consciente de ello, la presión de su mirada era tan fuerte que cualquier persona normal podría fácilmente hiperventilar con solo verla. No obstante, la propietaria del Jardín Prisión de Flores no prestó atención a ese nivel de mirada.
[Sí, por supuesto. Es evidente que la opinión de Lady Felt es razonable... Además, no es que no reconozca nuestro valor... ¿cierto?]
[Hablar de si reconozco o no el valor de alguien me hace parecer una engreída. Pero todo lo que funciona bien tiene una razón detrás, y no soy tan infantil como para meter mis gustos personales en el asunto.]
Agitando las manos extendidas, Felt expresó su falta de hostilidad hacia Toto.
Como mencionó antes, Felt no odiaba a Toto. De hecho, si su relación persistía lo suficiente, estaba segura de que llegaría a agradarle, pero solo si persistía lo suficiente.
Al leer los pensamientos de Felt, Toto sonrió suavemente.
[Bien, entonces haré mi mejor esfuerzo cuando la entretenga para que eso sea posible.]
[En ese caso, me aseguraré de informarte con anticipación la próxima vez, así que asegúrate de tener preparados unos buenos bocadillos. Eso sería más fácil para ti, ¿o no?]
[Como quiera. De hecho, si lo desea, incluso podemos entretenerla con nuestros servicios de expertos... Aunque me da un poco de miedo el Santo de la Espada.]
A pesar de la valoración, la expresión de Reinhard no se alteró. Probablemente estaba acostumbrado a que lo calificaran de “dar miedo”.
Toto exhaló una nube de humo púrpura.
[Oh amable y hermoso señor. En tu presencia, las flores que se ganan la vida vendiendo fantasías pueden acabar atrapadas en sus propios sueños. Qué cruel, ¿no es así?]
[…Uhh.]
Golpeado de forma tan inesperada, Reinhard se atragantó con sus palabras y volvió sus ojos azules, llenos de desconcierto, hacia Felt. Parecían pedir ayuda.
Felt dirigió a Toto una amplia sonrisa.
[Como pensaba, creo que nos llevaremos bien.]
9
[Mi señora, puede que esto no sea algo que deba decir como caballero, pero...]
[Oh, ¿qué es? Dilo.]
[...no creo que yo sea muy bueno tratando con la dama que acabamos de conocer.]
[Jajajaja, ¡eso pensaba! Estabas perdiendo la calma por completo, ¡especialmente al final! Aunque fue satisfactorio ver algo tan raro como eso] replicó Felt, dándose palmadas en las rodillas por el buen humor.
Habiendo terminado de hablar con Toto, Felt se disponía a abandonar el burdel del Jardín Prisión de Flores. Parecía que Toto le había bajado los humos a Reinhard de forma muy eficaz, tanto que permaneció en silencio incluso cuando Felt estalló en carcajadas.
[Te hacía cumplidos diciendo que todas las prostitutas se enamorarían de ti, ¿sabes? Deberías alegrarte, mi querido Reinhard.]
[El sentimiento en sí es agradable, pero también tengo que pensar en mi posición. Es preocupante para mí.]
[¿Qué? ¿Estás menospreciando a las prostitutas?]
Como persona que había sido atendida por varias prostitutas durante sus días en los barrios bajos, a Felt no le hizo ninguna gracia las palabras de Reinhard. Pero después de que ella lo espetara, negó con la cabeza.
[Lo ha malinterpretado. No es porque sea la relación entre un caballero y una... mujer de burdel. Es porque provengo de una familia de Santos de la Espada y soy el actual poseedor de la Protección Divina del Santo de la Espada.]
[…]
Bajando las cejas, Reinhard explicó solemnemente su posición.
[La Protección Divina del Santo de la Espada es una Protección Divina que solo ha existido en el linaje de la familia Astrea durante generaciones. Existe la posibilidad de que se manifieste incluso en descendientes indirectos. Por lo tanto, no puedo hacer nada de forma descuidada.]
Felt entrecerró los ojos ante su relato y solo respondió con un seco [Así es].
“Cuanto más pregunto, más me doy cuenta de que está colocado en una posición problemática”. Según la historia, a Reinhard también se le prohibió viajar fuera del país; se le trataba más como a un desastre que como a un ser humano.
[Tch...]
Chasqueando la lengua con irritación, Felt decidió no profundizar más en el tema y salió del burdel. Como se habían separado de Toto en la sala VIP, su guía hasta ese momento era otra persona. La figura abrió las manos, dio un suspiro exagerado y se dio la vuelta para mirar a los dos.
[Bien, hemos llegado a la entrada. Este es el mejor burdel del Distrito Rojo. Si un hombre y una mujer se pelearan aquí, dañaría el nombre del establecimiento] dijo Ezzo, agitando su capa de forma exagerada.
Todo era muy dramático, pero Felt se encogió de hombros ante su preocupación y dijo:
[¿Dañar el nombre del establecimiento? ¿De verdad esas palabras vienen de un hombre que hace magia en la calle?]
[¡Ugh! Bueno... Sí... Como usted ha dicho...]
[Haciendo magia con tanta gente alrededor, supongo que esa señorita semielfa también era bastante culpable.]
Cruzándose de brazos ante el murmullo de Ezzo, Felt recordó un suceso de hacía unos meses.
“Esa semielfa de Emilia seguro que hizo algunas cosas imprudentes mientras me perseguía después de que le robara su insignia real”, pensó Felt para sí misma. Lanzar magia en la calle era uno de esos ejemplos.
Viendo en retrospectiva, fue ese encargo la que la había llevado a donde estaba en ese momento.
“El destino es algo tan extraño como para pensar que ahora estoy compitiendo con la mismísima Emilia en la Selección Real”.
[Aun así, fue una discusión muy interesante. Yo diría que fue el segundo acontecimiento más significativo para mí desde que empecé a trabajar en el Distrito Rojo.]
[Ahora que lo mencionas, ¿qué tipo de trabajo haces? ¿De verdad eres guardia?]
Felt comparó en su cabeza a Ezzo con el portero de complexión fuerte que estaba en la entrada. Por supuesto, la especialidad de Ezzo probablemente no era el combate cuerpo a cuerpo, por lo que su apariencia podría no ser un indicador correcto de su habilidad.
[Definitivamente hay quienes juzgan a la gente por su apariencia. Incluso yo recuerdo haber conocido a algunos.]
[Por supuesto, no hay fin para esa gente tan superficial. Pero pronto se dieron cuenta de que yo era un hombre con el que no había que meterse. Jajajaja, ¡Ja-ja-ja-ja!]
Ezzo sonreía ampliamente, hinchando al máximo su pequeño cuerpo, como si estuviera muy seguro de sus habilidades mágicas. Era estupendo que no reflexionara sobre su derrota contra Reinhard. Como prueba de ello, lo señaló con el dedo y le dijo:
[Usted tampoco debe dejarse llevar por una sola victoria. Que quede claro: no iba en serio y aún me queda mucho por recorrer. Además, cuanto más alto es el muro, más vale la pena escalarlo.]
[... Ya veo. Lo tendré en cuenta, Sir Ezzo.]
Sin el menor indicio de falsa bravuconería, Ezzo Cadner hablaba de su futuro como si fuera un hecho. Reinhard enderezó la postura ante la admirable actitud de Ezzo, y finalmente dejó escapar una leve sonrisa. Mientras lo observaba, Felt sonrió y cruzó las manos detrás de la cabeza.
[Bueno, estoy segura de que si eres un verdadero usuario de magia, hay un montón de empleadores que te querrían. Probablemente Toto también se sienta como si le hubiera tocado la lotería.]
[Aunque no me gusta que me traten como a un objeto, estoy de acuerdo usted. Pero quizá la razón de la actitud positiva de Lady Toto hacia mi contratación se deba a la identidad de la persona que me recomendó. Ella debe haber sabido de su relación con mi detestable pariente.]1
[¿Quieres decir que ella sabía que Camberley y yo éramos amigos? ¿Eso significa que fue indirectamente gracias a nosotros que te contrataran allí?]
[Solo digo que es posible. Aun así, no hay duda de que nunca habría visitado el Distrito Rojo sin esa persona. Ugh, me enfado solo de pensarlo.]
Los dedos de Ezzo temblaron al reavivarse su ira.
[¡Todos los inmorales, sean de mi raza o filiación, siempre me obstaculizan el camino...! ¡En serio! ¡Qué gente tan insolente...!]
[Parece que tienes muchas cosas reprimidas en tu interior. Da tu mejor esfuerzo.]
Ezzo se estaba poniendo morado de rabia mientras hablaba de Camberley y de varias cosas más, todas mezcladas. Felt simpatizaba con esta actitud, pero...
[…Señora, se olvida de algo.]
La voz que la interrumpió procedía de una mujer que había aparecido en la entrada del burdel.
Tendría unos 20 años y llevaba un vestido no tan revelador pero que dejaba ver claramente las curvas de su cuerpo. Parecía bastante inocente para ser una mujer que trabajaba en el Distrito Rojo, y sus ojos,
1 NdT: Ezzo suele referirse a Camberley como su “pariente” pero esto se debe a que ambos son de la raza de los enanos, no necesariamente familiares.
algo tímidos, tenían el tipo de tacto que hacía cosquillas en el corazón de los hombres.
[Hmm, eres tú, Mimosa. ¿Te ha enviado aquí la Señora Toto?]
[Sí, Profesor. Me dijo que le diera esto a nuestra invitada.]
La mujer llamada Mimosa saludó a Ezzo y luego se dirigió hacia Felt. Le entregó algo envuelto en un paño blanco. Lo que se escondía dentro era...
[Oh, la insignia. Lo olvidé.]
[¿Lady Felt? ¿Comprende lo importante que es ese objeto...?]
[Lo sé, lo sé, lo siento. Se me clavó en el trasero cuando estaba sentada en el sofá.]
Rascándose la cabeza, Felt aceptó la insignia que le traía Mimosa. Mientras se la guardaba en el bolsillo, de repente vio entre Mimosa y Ezzo.
[Ahora que lo dices, lo llamaste Profesor, ¿es así como se suele llamar a un guardia?]
[No, señora. Mi Profesor me enseña a leer, escribir, y a hacer cálculos. Por eso lo llamo Profesor.]
[Leer, escribir y hacer cálculos... ¿Eso también es trabajo de un guardia?]
Como Felt parecía perpleja ante su historia, Ezzo se llevó una mano al pecho y se explicó.
[Estoy contratado como guardia, pero esta zona ya está bien regulada por el Jardín Prisión de Flores. Al menos, no me he encontrado con ningún problema desde que empecé a trabajar aquí. Me sentía incómodo aceptando tanto dinero a pesar de eso, así que empecé a hacer esto para mantenerme ocupado.]
[Gracias al Profesor, algunas de nosotras ahora sabemos leer. Todo el mundo le está agradecido.]
En contraste con el presuntuoso Ezzo, la mirada de respeto de Mimosa era genuina. Al ver esto, Felt asintió para sí misma. Ezzo mencionó antes que su encuentro con Felt y los demás era la segunda cosa más significativa que había surgido de su llegada al Distrito Rojo. Lo primero y más importante estaba claro por su cara y su voz animada. La naturaleza lógica de Ezzo era bastante evidente. La presencia de sus alumnas debía de ser muy alentadora.
[Qué admirable. Sigue así, Profesor. Sin duda te sienta bien.]
[El deber de una buena persona es enseñar y guiar bien. También es mi vocación.]
[Jeh, tienes razón... Bien entonces, seguiremos nuestro camino.]
Levantando la mano, Felt y Reinhard se despidieron de Ezzo y los demás. Pero Ezzo extendió de pronto una mano.
[Esperen, esperen, esperen] dijo. [¿Qué pasa con mi pariente que estaba con ustedes? ¿Lo estás dejando atrás?]
[Sí, no voy a esperar a que pasen dos velas de tiempo. He hecho mi trabajo y probablemente volverá por su cuenta, aunque lo deje.]
Toto ofreció dos velas por las molestias causadas por Ezzo. Una vela en el Distrito Rojo era señal de que un cliente había comprado el tiempo que iba a pasar con una prostituta. La prostituta mostraría al cliente un “sueño” hasta que las velas se consumieran. Como mucho, solo había pasado el tiempo de una vela.
[Hablando de eso, Profesor. La Señora Toto dijo que iba a pagar la vela de esta noche con su salario.]
[¡Qué...! No, eso fue culpa mía. Pero el pago de ese documento antiguo es...]
Sorprendido por las palabras de Mimosa, Ezzo había pagado el precio de su mal genio. Esta vez, Felt y Reinhard saludaron y finalmente se despidieron del Jardín Prisión de Flores.
[Eran gente interesante, ¿cierto?]
[Te has recuperado bastante bien para alguien que decía que no era bueno con ellas. Bueno, mi impresión sigue siendo la misma. La gente del Jardín Prisión de Flores no es tan hostil como yo pensaba. Incluso me devolvieron mi insignia.]
Felt y Reinhard caminaban uno al lado del otro mientras la noche se acercaba al poco iluminado Distrito Rojo. Sonriendo, Felt se dio un ligero golpe en el bolsillo.
Ante este gesto, Reinhard pareció un poco sorprendido.
[¿Olvidó su insignia a propósito?]
[Me preguntaba qué harían. No me pareció que todo lo que dijeron en aquella sala mostrara sus verdaderas intenciones. Así que pensé en ponerlas un poco a prueba.]
Para demostrar que no había sido cambiada, Felt llevó la mano a la insignia que llevaba en el bolsillo. Un débil resplandor se filtró a través de su ropa.
“Ahora pensarán que soy una idiota o estarán más alerta”. Felt evaluó en silencio cómo la vería su oponente después de su pequeño truco. “Bueno, cualquiera de las dos cosas está bien”.
[Al fin y al cabo, fueron ellos los que empezaron la pelea. Además, al venir hoy hicimos nuestra parte para mostrar respeto. No van a provocar ninguna mierda en algún tiempo. Sigamos adelante. El siguiente es...]
[Es una organización llamada La Balanza que dirige el Distrito del Juego. Este lugar también requiere atención especial, por razones diferentes a las del Distrito Rojo. La Balanza junto con La Moneda de Plata Negra y el Jardín Prisión de Flores, tampoco tienen muy buena reputación. Por favor, tenga mucho cuidado de no separarse de mi lado.]
[Sí, sí. Como Sir Reinhard ordeneee.]
Felt respondió en tono relajado, pero los ojos de Reinhard estaban llenos de preocupación.
“No parece más nervioso o ansioso que de costumbre, pero me pregunto si habrá podido descansar desde que llegó a Flanders”, pensó.
[Parece como si fuera a desmayarse de preocupación en cualquier momento.]
Ante el tono de Felt, que parecía casi el de otra persona por completo, Reinhard esbozó la mayor sonrisa que pudo reunir.
10
El Distrito del Juego era otro nombre para la parte oriental de la ciudad de Flanders, una sección de la ciudad donde se permitían las actividades de juegos de azar. En primer lugar, en el Reino de Lugunica no había leyes estrictas sobre el juego, pero estas acciones solían asociarse con la delincuencia y la violencia. Antes de que fuera posible legalizarlo, el problema radicaba en mejorar el entorno en el que se desarrollaba. En consecuencia, esos problemas se abordaron con un elemento disuasorio organizativo que pesaba más que la violencia cometida por los individuos: una organización para gestionar las salas de juego.
Las licencias para las actividades de juego no las concedía el Reino, sino las organizaciones encargadas de las salas de juego en cada ciudad. Y en las cinco grandes ciudades del Reino de Lugunica, siempre era La Balanza la encargada de gestionar estos locales de juego, independientemente del tamaño o la forma que adoptaran. También en esta ciudad, La Balanza controlaba el Distrito del Juego. Junto con el Jardín Prisión de Flores, que controlaba el Distrito Rojo, y la Moneda de Plata Negra, que controlaba el resto, formaban los Tres Grandes.
Felt había decidido ir a saludar al representante de La Balanza.
[Por desgracia, el Jefe dice que no recibirá a nadie sin cita previa.]
El hombre corpulento tenía cara de rana aplastada e hizo una reverencia a Felt mientras hablaba.
El lugar era un gran edificio de una planta conocido como el Gran Casino, en el Distrito del Juego. A pesar de que era el momento del día en que la noche comenzaba a acercarse y la temperatura empezaba a refrescar, el ambiente en la zona se estaba calentando bastante. Con el horario comercial alcanzando su punto máximo, el tráfico que entraba y salía del garito había aumentado demasiado. Al igual que el Distrito Rojo, los locales que cobraban vida por la noche estaban abarrotados de gente, a la que se podía ver animando y gritando por todos lados mientras jugaban a diversos juegos.
En medio de todo esto, Felt y su acompañante atravesaron orgullosos este frenesí del juego para visitar al líder de La Balanza, sin ninguna cita previa. Por eso, no era de extrañar que llamaran la atención.
[…]
Lentamente, un grupo de hombres de presencia solemne rodearon a Felt y a Reinhard. Un hombre frente a ellos, que se presentó como Mozolite, permanecía en silencio, esperando a que ellos hablaran primero.
Entonces Felt se rascó su cabello dorado con brusquedad.
[Lo sé, lo sé. No tienes que estar tan tenso. No voy a hacer nada... Aunque...]
Felt estaba a punto de añadir: [Aceptaría una pelea si me van a rechazar] pero Reinhard la interrumpió mientras se colocaba frente a ella. Miró fijamente a Mozolite, con una Felt algo desconcertada detrás de él.
[Comprendo que se trata de una visita repentina. Pero si cuentan ahora con un representante, ¿podría hacernos un espacio? Esta persona de aquí es...]
[Una candidata a la Selección Real. El Jefe también lo sabe. Aun así, se niega a verla.]
[…]
Interrumpiendo las palabras de Reinhard, Mozolite se negó a ceder. Siendo consciente de la identidad de Felt, también debía saber que quien tenía delante era el Santo de la Espada. Sin duda tenía valor. Mirando el rostro inexpresivo de Mozolite, se podía ver un tatuaje de balanza en sus globos oculares; se rumoreaba que todos los miembros de La Balanza debían tener un tatuaje de una balanza en una parte visible de su cuerpo. De hecho, podían ver tatuajes en cada uno de los hombres que los rodeaban, ya fuera en sus brazos, cuellos u otras partes de sus cuerpos. Sin embargo, parecía ser una excepción especial tenerlos en los globos oculares, para bien o para mal. Solo eso demostraba la lealtad de Mozolite a la organización.
[Reinhard, detente. Tú eres el único que ha dicho que no seremos bienvenidos porque no hemos acordado ninguna cita previa.]
[Es cierto, pero ¿le parece bien, mi Señora?]
[Hemos venido a saludar. Aunque nos han rechazado, ya se ha avisado el hecho de que he venido. Así que no es tan grave. Le transmitirás mis palabras, ¿o no?]
Felt se encogió de hombros mientras Mozolite alzaba las cejas ligeramente sorprendido.
[Sí... Tu mensaje ha sido entregado, junto con el hecho de que saludaste a la propietaria del Distrito Rojo antes que al Jefe.]
[No me digas que esa es la razón por la que está siendo difícil. Si lo hubiera hecho al revés, ¿habría sido la propietaria la que se hubiera negado a recibirme?]
Los hombros de Felt se hundieron con decepción. “Lo primero que me viene a la mente es el hecho de que las dos organizaciones están en igualdad”.
El poder de cada organización se mantenía en un equilibrio perpetuo, pero la cooperación entre los Tres Grandes estaba en la cuerda floja. Ya había oído hablar bastante de esto al Viejo Rom y a Rachins. El desacuerdo entre Toto y Manfred, el hombre a cargo de La Balanza, también era una historia bien conocida.
[…]
Viendo que Mozolite guardaba silencio al respecto, Felt pensó que su conjetura no podría estar muy desencaminada. Sin embargo, su intuición le impedía querer continuar la conversación. “La Balanza sabía que estaba aquí. Entonces hemos terminado”.
[Me aseguraré de traer un regalo y de concertar una cita previa la próxima vez. Siento interrumpir tus asuntos.]
Dicho esto, Felt decidió poner fin a la conversación antes de tiempo. Reinhard se sorprendió de la facilidad con la que se retiró y la siguió rápidamente cuando se marchó. Siguiendo la mirada de Mozolite, los hombres a su alrededor también la dejaron pasar. Felt se abrió paso rápidamente entre la multitud y se dirigió hacia la salida.
[Ese lugar no era bueno. Olía mucho más siniestro que el Distrito Rojo.]
Reinhard, que caminaba a su lado, puso cara de extrañeza ante los murmullos de Felt.
[¿Un olor más siniestro?] preguntó.
Sorprendentemente, Reinhard no tenía olfato para el peligro. No había nadie que pudiera hacerlo sentir en riesgo en un sentido literal, así que no era de extrañar que careciera de esa habilidad. Pero más que la amenaza a la propia vida, el sentido del peligro podía dar cuenta del daño a los demás, a sus bienes o a una variedad de otras cosas. Este sentido exacto fue lo que alertó a Felt sobre el olor único y peligroso del Distrito del Juego.
[No es que esté muy asustada ni nada, solo tengo un mal presentimiento sobre este lugar. De cualquier forma, este tipo debe ser el menos cooperativo hasta ahora.]
[Confío en su intuición, mi Señora, y estoy de acuerdo usted en que no han sido los más cooperativos.]
Entonces Reinhard miró a su alrededor junto a Felt, que se había detenido en seco. En sus inmediaciones, en el Gran Casino, había varios espacios para el juego, y en todas partes parecía haber mucha gente. Había cierta locura en los ojos de los clientes que se sentaban a beber con mujeres a su entera disposición. Reinhard no estaba acostumbrado a este tipo de emoción en el ambiente, provocando que se volviera tímido.
Al mirarle a la cara, una sensación de malicia empezó a crecer en el corazón de Felt.
Desde el punto de vista de alguien sometido habitualmente a los regaños de Reinhard, era una agradable sorpresa que sus debilidades hubieran quedado al descubierto tanto en el Distrito Rojo como en el Distrito del Juego en rápida sucesión.
[Nunca pensé que llegaría el día en que disfrutaría viendo esa cara tuya...]
[Me honra oír eso, pero no creo que haya sido un proceso muy agradable.]
[¿No es solo tu imaginación? Además, sería una pena irnos tan pronto; echemos un vistazo.]
Afortunadamente, ya habían puesto bastante distancia entre ellos y La Balanza, Mozolite incluido. Por supuesto, había miembros del grupo desperdigados por el lugar, pero el siniestro aroma parecía haberse debilitado un poco.
Ante la sonrisa de Felt, Reinhard dudó un momento antes de asentir, y juntos decidieron dar una rápida vuelta por el Gran Casino. Aquí se seguía apostando principalmente con cartas que seguían unas reglas básicas. Felt no estaba familiarizada con algunos de los juegos, pero mientras observaba cómo jugaban los demás, pudo hacerse una vaga idea de lo que ocurría. Una vez que supo cómo se jugaba, observó las victorias, derrotas y las estrategias empleadas. Habiendo hecho todo eso, descubrió que el juego era sorprendentemente divertido. Uno en particular, llamó la atención de Felt.
[Oh, hay un tablero de Shatranj. ¿También puedes hacer una apuesta en eso?]
La mirada de Felt se posó en una partida que se estaba jugando en el borde del Gran Casino, con un tablero de Shatranj entre los dos jugadores. Por su aspecto, no había ninguna diferencia con el tablero que ella conocía, y comparado con los otros juegos de azar, parecía mucho más tranquilo y modesto. Aun así, allí definitivamente había una especie de intensidad silenciosa.
[…]
Los dos hombres enzarzados en una batalla en el tablero llevaban expresiones serias llenas de una sensación de urgencia, cada uno parecía a punto de alcanzar y cortar al otro. Los espectadores que los rodeaban también emitían un tipo diferente de atmósfera en comparación con el resto de las multitudes allí presentes.
[Supongo que eso significa que también hay apuestas uno contra uno como esa.]
[Su señoría también estudió Shatranj, ¿no es así? ¿Qué opina de esos dos?]
[Ah, es imposible para mí. No soy rival para ellos. La forma en que usan sus cabezas es muy diferente de cómo yo uso la mía. La yo de ahora no sería capaz de hacer nada. Estoy segura de que perdería.]
Encogiéndose de hombros, Felt sinceramente se dio por vencida. Al oír una declaración de derrota tan contundente, Reinhard dejó escapar una pequeña risa.
[¿De qué te ríes? Se supone que no te alegras si pierdo, ¿cierto?]
[Es verdad] dijo Reinhard. [Después de que se reuniera con el Lord Doltero, me sorprendió cuando declaró que habría ocasiones en las que perderíamos. Pero al igual que soy capaz de adquirir nuevas perspectivas, también lo soy de darme cuenta de cosas de los demás.]
[¿Como qué?]
[Su señoría dijo: “la yo de ahora”. Con eso me basta.]
Ante las alegres palabras de Reinhard, Felt frunció los labios y guardó silencio. Aunque le divertía su inusual debilidad, no le hacía ninguna gracia el inesperado contraataque. Con tales sentimientos, Felt apartó la mirada.
[¡Aaah, maldita sea, ya he terminado con el tour! Bien, volvamos a... ¿hm?]
Cuando se dio la vuelta y estaba a punto de dirigirse a la salida, sintió una dura sensación en la suela de su zapato. Después de levantar el pie, se dio cuenta de que lo que había pisado era una moneda.
[Una moneda falsa... ¿Una moneda usada en este garito?] murmuró Felt con cierta decepción ante la moneda falsa, que, por un momento, pudo confundirse con una moneda de oro.
[Bueno, mire eso. Es su día de suerte, pequeña señorita. ¿Por qué no prueba su fortuna en un juego?]
[¿Eh?]
La persona que se acercó a Felt con el objeto que había encontrado era uno de los propietarios encargados del local del juego. Era un hombre alto y delgado, de complexión enfermiza y poco saludable. El negocio del que se encargaba era un famoso juego de apuestas llamado [Oka] en la que los jugadores adivinaban números. Era un disco con agujeros y números que giraba antes de que el propietario lanzara una pequeña bola, del tamaño de la punta de un dedo, al disco. El juego era tan sencillo como adivinar en qué agujero del disco caería la bola. En una mesa separada de los discos había una tabla con números en la que los participantes hacían sus apuestas. No había límite máximo de participantes, y lo más interesante de Oka era que enfrentaba al propietario con un gran número de participantes.
[…]
Con tantos clientes ya en la mesa, no había razón para que se molestaran en traer a Felt, que solo tenía una moneda. Las mejillas de Felt se curvaron hacia arriba ante la farsa.
[¡Ja! Un juego raro con una moneda perdida. Qué divertido. Me apunto.]
Resoplando, se colocó orgullosa delante del hombre que la había invitado a jugar. Mirando fijamente los números de la mesa, con las opciones escritas del uno al cincuenta, Felt lo retó a una partida.
[Vamos.]
En respuesta a su entusiasmo, el hombre hizo girar el disco. Lanzó bruscamente una pequeña bola en dirección contraria a la rotación del disco, que era tan rápida que los números parecían fundirse unos con otros. Cuando tanto el disco como la bola tenían impulso y la bola caía en un agujero, se acababa el juego. Mientras el disco y la bola siguieran girando, el cliente podía hacer sus apuestas en la mesa.
[Lady Felt, con ese impulso, el lugar donde probablemente caiga es...]
[Espera; no me sorprendería que pudieras ver tanto la bola como la rotación del disco y supieras dónde caerá, así que cállate. Este es mi juego.]
[¿No se suponía que la moneda que había encontrado era una...? No importa. Lo siento, mantendré la boca cerrada.]
Reinhard mantuvo la boca cerrada, pero no negó que pudiera ver la rotación.
En cualquier caso, apartó el asunto de su mente y se quedó mirando el disco. Luego miró al hombre que, tras lanzar la bola, se cruzó de brazos y le dedicó una sonrisa sarcástica.
[Uno o cincuenta...]
[…]
[Pero cuál... ah, no lo sé, ¡entonces cincuenta!]
Y, tras mucho deliberar, Felt colocó con fuerza la moneda sobre el cincuenta de la mesa. Inmediatamente después, terminó el período de apuestas, y solo quedaba observar el destino del disco y la bola.
Lentamente, el disco disminuyó su velocidad, y finalmente, con un estruendo, el agujero en el que cayó la bola fue...
[¡…! ¡Maldita sea! ¡Era uno!]
[Qué lástima, mi Señora. Pero fue un juego muy reñido, y usted lo redujo a dos números. ¿Cómo lo consiguió?]
Al no acertar su predicción, Felt se agarró la cabeza con frustración. Cuando la pregunta de Reinhard la golpeó directamente, se aclaró la garganta y soltó un:
[¿Eh? Estaba indecisa entre elegir el número más favorable o el más grande. Si hay que elegir, tengo que ser la número uno o la más grande de todos; de cualquier forma, el medio no es para mí.]
[Ya veo. Lo tendré en cuenta.]
[¿Por qué estás tan serio? No hace falta recordar esas cosas.]
Frunciendo los labios ante la respuesta de Reinhard, Felt se levantó de la mesa con un simple:
[Oh, bueno.]
También era de etiqueta en un salón de juego marcharse inmediatamente después de perder una partida. Al ver la graciosa derrota de Felt, los clientes de alrededor la despidieron amablemente. Aunque no podía negar la sensación de que había contribuido al local de juego después de ver el entusiasmo del resto de los clientes por intentar ganar en lugar de Felt.
[Pero tengo que decir que, aunque he cumplido mi objetivo de enviar mis saludos, las cosas no van tan bien como esperaba. Aunque diga que está bien mientras al final gane, todavía necesito recuperar mi ventaja.]
[...Por cierto, Lady Felt. ¿Le gustaría saludar a la Moneda de Plata Negra?]
[Los recibimos muy bien antes. Eso debería ser suficiente. Sé que es culpa mía por desviarme, pero ya está oscureciendo, así que volvamos a la mansión.]
El pueblo de Hakuchuri, donde se encontraba la mansión Astrea, estaba a unas horas de Flanders en carruaje de dragón. “Si nos vamos ahora, me pregunto si podremos llegar a la mansión antes del amanecer”, se preguntó Felt.
[No, quedémonos aquí esta noche. Mañana podemos volver a la mansión durante el día.] Inesperadamente, Reinhard sacudió la cabeza ante la sugerencia de Felt.
[¿Aah? ¿Por qué? Admito que es un poco precipitado, pero no es demasiado tarde, y contigo por aquí, pasear por la noche no debería ser un impedimento. ¿Cuál es el problema?]
[Bueno... me preocupa su salud si se queda despierta hasta muy tarde...]
[Me voy a casa.]
Con la mirada, Felt afirmó con fuerza sus pensamientos a Reinhard, que sabía que estaba diciendo una mentira descarada. Siguió presionando a Reinhard con su mirada carmesí para que dijera la verdad, y tras unos momentos de aguante, él dejó escapar un suspiro y dijo:
[Se lo contaré mañana, se lo prometo. Así que, ¿podría escucharme solo por esta noche?]
[Hmph, pomposo imbécil. De acuerdo, entonces mañana. Ya que está decidido, es hora de encontrar una posada. ¡Busquemos un lugar con buena comida!]
[Por favor, quédese tranquila, ya he encontrado un lugar donde quedarnos.]
[¡Planeabas pasar la noche desde el principio, ¿verdad?!]
Efectivamente, había estado planeando algo antes de venir a Flanders. Felt miró el perfil de Reinhard, tratando de hacerse una idea de él, pero de alguna manera solo captó un atisbo de alivio y expectativa en su rostro, y allí se detuvo.
[Bueno, supongo que está bien.]
A diferencia de la vida en los barrios bajos, lo que Reinhard estuviera tramando no afectaría directamente a la vida o la muerte de Felt, ni atentaría a su dignidad.
En ese sentido, Felt confiaba en su caballero.
11
Mozolite despidió a Felt y a su acompañante y se dio la vuelta hacia la sala de Oka.
[¿Le parece bien que se vayan así, Jefe?]
[Me parece bien. Solo quería echarle un vistazo por hoy. También, al arruinar su suerte en el juego, me he cobrado que se reuniera con esa zorra antes que conmigo] dijo el hombre de rostro delgado mientras se levantaba del asiento del repartidor en la mesa que Felt acababa de dejar. [Además, conseguimos lo que necesitábamos, ¿o no?]
Cuando otra persona entró en la sala de juego para ocupar ese asiento, el hombre de rostro delgado se pasó una mano por la cara mientras caminaba tranquilamente por el Gran Casino. Y con eso, su rostro se desprendió. Lo que apareció por debajo fue un extraño rostro cubierto de tatuajes. Era el dueño del Gran Casino, Manfred “Cara de Tatuaje” Madison.
[Así que ese guardaespaldas es el Santo de la Espada. No es tan grande como sugieren los rumores. No se da cuenta de otras cosas que no sean pura hostilidad... No debería ser difícil engañarlo con un poco de astucia.]
Mozolite, su mano derecha, lo siguió sin decir ni una palabra. No buscaba una respuesta ni ningún tipo de reacción: el monólogo del joven lobo iba dirigido a sí mismo.
[Pero, la chica candidata tiene una corazonada mejor. Además, fue capaz de reducir correctamente las opciones a solo dos.]
[…¿Está diciendo que si ella hubiera tenido dos monedas entonces habría ganado de casualidad?]
[…No. Si esa chica hubiera tenido dos monedas, las habría colocado las dos veces en el mismo sitio. El dinero no es asunto suyo, sino su forma de comportarse.]
El murmullo de Manfred tenía un matiz de alegría y expectación. Era como un niño que recibía un juguete nuevo o como un depredador que encontraba una presa fácil. Su voz estaba prácticamente rezumando sed de sangre.
[Parece que está de buen humor, Jefe.]
[Sí, no me siento mal para variar; no los pierdas de vista, Mozolite] ordenó Manfred, con una sonrisa amenazante en el rostro.
[Sí, señor] respondió Mozolite en voz baja mientras inclinaba la cabeza.
En la mano del hombre grande e inclinado había una moneda. Mirándola con el rabillo del ojo, Manfred se humedeció los labios.
[Muy bien, muéstrame lo que tienes, candidata a la Selección Real. Tanto si acabas siendo un simple insecto en una ciénaga como si te conviertes en algo más, valdrá la pena verlo.]
12
Cuando salió el sol, dando paso a un nuevo día, Reinhard condujo a Felt a cierto lugar.
Tras pasar la noche en Flanders por la obstinada petición de su caballero, Felt disfrutó de la comida servida en la posada y durmió en una cama suave. A la mañana siguiente, temprano, Reinhard la despertó y ella osciló entre el buen y el mal humor. No obstante, se fue con él sin oponer resistencia, pero...
[Estarás muerto si esto termina siendo una pérdida de tiempo.]
[Muy bien. Si es así, puede reprenderme todo lo que quiera. Después de todo, sería un fracaso por mi parte.]
La actitud de Reinhard al responder a Felt era algo brusca, lo que a Felt le pareció sospechoso, pero pronto llegaron a su destino. Y, lo que le esperaba allí a Felt era...
[Es el dragón de tierra del que le hablé antes. Pertenece a la brillante especie Diana.]
[¡Guoh, guoah, guoaaaaaaah-ah!]
Los ojos de Felt chispearon de emoción al ver al brillante dragón de tierra rojo que estaba al otro lado de la valla de madera. El sitio al que Reinhard la había llevado era un rancho situado al sur de la ciudad de Flanders, un lugar con muchos dragones de tierra que vagaban libremente por las praderas de los alrededores. Reinhard había conseguido que el ranchero trajera un dragón de tierra carmesí en particular, que ahora era objeto de la asombrada mirada de Felt mientras su galante figura se alzaba ante ella.
[Los dragones de tierra de la especie Diana son raros; son una especie de dragones de tierra curtidos que pueden dar lo mejor de sí mismos, sin importar el terreno o el clima. Como es un regalo para Su Señoría, me tomé mi tiempo, pero...]
[¡Asombroso! Es grande, ¡geniaaal! Este, ¿estaría bien que me lo quedara?]
Aunque Reinhard se lo explicaba educadamente, Felt cantaba como un gallo sin enterarse de nada. Reinhard sonrió y asintió.
[Sí] dijo. [Lo he arreglado para usted, Lady Felt. Por favor, acéptelo.]
[No me gusta cuando son tus planes de mierda los que me hacen feliz, pero bueno, eso en realidad no importa. De acuerdo, entonces.]
Sus emociones cambiaron precipitadamente y Felt saltó al otro lado de la valla. Sin más, la chica se puso delante del dragón carmesí. La aguda mirada del dragón apuntaba a su candidata a dueña. Sí, todavía era solo una candidata a ser su dueña.
Todos los dragones de tierra eran amistosos con los humanos, y había ocasiones en las que incluso un niño podía montar fácilmente en ellos, pero la especie Diana era una excepción. Junto con su habilidad superior, su orgullo y obstinación eran grandes, y rara vez aceptaban a otros como su amo.
El que Reinhard había dispuesto para Felt era especialmente difícil de complacer.
[…]
El ranchero se asustó al ver a Felt frente al dragón de tierra e intentó decir algo, pero Reinhard hizo un ademán para que se detuviera, asintiendo para asegurarle que intervendría si era necesario. Cuando Felt se acercó al dragón de tierra, la observaron con la respiración contenida.
[Es muy repentino] empezó, [así que sería difícil que me aceptaras de inmediato, pero desde hoy eres mi dragón de tierra. Vamos a llevarnos bien.]
[…]
Mientras Felt hablaba y extendía la mano en su dirección, el dragón de tierra bajó su largo cuello y empezó a olisquear a su alrededor como si quisiera hacerle cosquillas.
[¡Oh... jaja, hace cosquillas! Eres amistoso, ¿verdad?]
Reinhard dio un pequeño suspiro al mirar a Felt que sacudía su cuerpo entre risas.
[Me desconcierta que esa chica esté siendo tan dócil... en su primer encuentro.]
Incluso el ranchero no pudo ocultar su asombro al ver a Felt y al dragón de tierra interactuando.
Después de eso, Felt se llevó al dragón de tierra ya que este la aceptó como su dueña y se dispuso a regresar triunfante a Flanders. Sin embargo, su camino de regreso no fue nada fácil. Ya que...
[¿Uh, guoh?]
Dejando escapar un pequeño grito, Felt entró en pánico, habiendo perdido el equilibrio encima del dragón de tierra. Reinhard corrió a su lado y la sostuvo con la mano, empujándola hacia atrás. De algún modo, Felt consiguió colocarse en la posición correcta y dejó escapar un suspiro de alivio. Después miró a Reinhard.
[¡A qué demonios te referías con eso de que son fáciles de montar! ¡Es complicado incluso sentado en él! ¿Dónde está la Protección Divina del dragón de tierra?]
[Por favor, tenga paciencia, mi Señora. Si bien es cierto que la Protección Divina de la Evasión del Viento del dragón de tierra es excelente, perderá el control una vez expire.]
[Argh, puede que tengas razón, pero...]
[Creo que será capaz de montar inmediatamente si se acostumbra a hacerlo. Pero hasta entonces...]
Antes de que Reinhard dijera algo como que “la práctica hace al maestro”, Felt gritó emocionada como si fuera una idea brillante.
[¡Oh, sí, Reinhard! Enséñame cómo se hace.]
Reinhard frunció el ceño para averiguar sus intenciones.
[Vamooos.] Felt golpeó la silla de montar en el dragón de tierra y continuó. [Montar sola es peligroso, y no es posible que pueda acostumbrarme de esa forma, ¿verdad? Pero tampoco puedo aprender viendo cabalgar a otras personas... así que creo que sería más rápido hacerlo aquí.]
[Eso es... ya veo, tiene razón.]
[¿Verdad? Pues date prisa y trae tu trasero aquí.]
Reinhard siguió respetuosamente las instrucciones de Felt, que le había levantado la barbilla. Hizo un breve contacto visual con el dragón de tierra y saltó sobre su lomo.
Reinhard se sentó detrás de Felt, abrazando inevitablemente a la pequeña chica por detrás. Mientras estaba en esa posición, sostuvo las riendas en sus manos.
[Ahora, con el debido respeto, permítame que le haga una demostración. Por favor, observe atentamente, memorice la sensación de mover las riendas en sus manos y cómo enfoca la vista.]
[Muy bien, dependeré de ti. Quiero ser capaz de montar a Romy aquí y allá lo antes posible.]
[Entonces, es Romy... Creo que debería discutir el nombre con Sir Rom antes de nombrarlo así.]
[¡Cállate! ¡Está bien! ¡Oye, date prisa y enséñame cómo se hace!]
Las mejillas de Felt se pusieron rojas y gritó para ocultar su vergüenza ya que el origen del nombre fue descubierto en un instante. Mientras escuchaba esa voz, Reinhard agitó las riendas con vigor.
[De acuerdo.]
Lentamente, Romy el dragón de tierra comenzó a correr hacia el Territorio Astrea. Apagando intencionadamente la Protección Divina, sintiendo el agradable viento contra ella, Felt soltó un grito de alegría.
[…]
Al oírlo de cerca, Reinhard también sonrió feliz. Y sin más, la facción de Felt había terminado de presentar sus respetos al bajo mundo de la ciudad de Flanders. Dejando claro su punto de vista, habían mostrado su postura de que no estaban relacionados de ninguna forma con los incidentes ocurridos en la Capital del Dragón de Tierra, pero una llama encendida en el pasado no iba a dejarlos marcharse tan fácilmente.
Las cosas dieron un giro drástico pocos días después de la visita de Felt a Flanders.
Todo comenzó con las malas noticias que Safis de la Moneda de Plata Negra, que una vez más había acudido a ellos como mensajero, trajo a la mansión Astrea...
La noticia era que Ezzo “El Gris” Cadner había huido tras quemar un burdel y que Camberley había sido detenido como su cómplice, por lo que se trataba de una emergencia sin precedentes.
13
La paz, es decir, que su vida rutinaria no se viera interrumpida por sucesos extraños, nunca duraba mucho para Felt. Los líderes del bajo mundo sospechaban que estaba detrás de cosas que ni siquiera hacía, así que, para demostrar su inocencia, les hizo una visita a todos, yendo de aquí para allá durante varios días, aunque no quisiera. No es que estuviera relajada pensando que todo iba bien, pero al menos había dejado claro su punto de vista. Con esto, esperaba poder disfrutar de un breve tiempo de tranquilidad. Sin embargo, las cosas parecían haber empeorado mucho más rápido de lo que ella esperaba.
[…¿Qué acabas de decir?] preguntó Felt con el codo apoyado en la mesa y la mejilla apoyada en la palma de la mano. Su colmillo se asomó mientras hacía una mueca ante lo que acababa de oír.
A quien iba dirigida su pregunta era a Safis, el hombre de ojos de serpiente que había sido conducido a su oficina, el mensajero de la Moneda de Plata Negra.
Safis era también quien los había visitado durante el Festival del Tomete como mensajero de su líder, Doltero. Sin embargo, esta vez los visitó a primera hora de la mañana sin previo aviso. Por lo general, Felt mandaba a volar a un visitante tan grosero como este por estar de mal humor y con falta de sueño, pero había una razón por la que no podía hacerlo durante esta mañana. Y era...
[…Lo siento. Esta estupidez ha sido nuestra.]
Rachins reunió las palabras con frustración junto a su visitante, Safis. Estaba en muy mal estado. Tenía moretones por todas partes y, por lo que tenía en la cara, era evidente que había intentado frotarse la sangre de la nariz. Su ropa estaba cubierta de sangre y suciedad, como si le hubieran dado una paliza... no, no es que se la hubieran dado, es que tenía el aspecto de haber sido golpeado y pateado por una turba. Dejando a Rachins a su lado, Safis se inclinó respetuosamente.
[Lady Felt, permítame que le informe una vez más. Anoche hubo un incendio en Flanders y un edificio propiedad del Jardín Prisión de Flores quedó parcialmente calcinado; algunos de los guardias y prostitutas no pudieron escapar y murieron quemados. Sabemos quién es el pirómano, pero en cuanto al que colaboró en su escape...]
[¿Intentas decir que fue Camberley, verdad?] interrumpió Felt mientras se revolvía el pelo con semblante serio.
Tenía la sensación de que la explicación de Safis no era más que desprecio disfrazado de cortesía. Sus nervios habían empezado a calmarse desde que se enteró de la increíble noticia, pero no era algo que pudiera aceptar fácilmente. Entonces dirigió sus ojos carmesíes a Rachins, que agachaba la cabeza.
[Y, tú también ayudaste al culpable en su huida... ¿Es eso cierto?]
[No sé si es el culpable o no, pero es cierto que ayudé a Camberley a que alguien escapara. Y cuando estaba siendo golpeado por esa turba que nos perseguía...]
[Nosotros, la Moneda de Plata Negra, lo acogimos. Podría haber sido asesinado por los rufianes si no hubiéramos intervenido a tiempo. Sin embargo, al enano se lo llevó el Jardín Prisión de Flores.]
Como resultado, Camberley permaneció cautivo en Flanders, y solo Rachins fue llevada de vuelta a la Mansión Astrea para informar de las noticias a Felt.
Todavía estaba somnolienta y no del todo despierta, pero después de escuchar el informe tuvo una idea aproximada de lo que estaba pasando. Sin embargo, todavía faltaban algunas piezas del rompecabezas.
[¿Qué vamos a hacer, mi Señora?] preguntó el caballero a su lado. Felt estaba pensativa, con los brazos cruzados. Sentado a su lado, Reinhard no daba muestras de tener sueño ni de estar agotado a pesar de ser bastante temprano. El majestuoso Santo de la Espada dirigió sus ojos azules hacia Rachins, que agachaba la cabeza.
[La situación exige que hagamos una visita al Jardín Prisión de Flores para explicarnos.]
[¿Por qué tenemos que dar explicaciones? ¿Y en primer lugar, por qué demonios Camberley y tú intentaron ayudar a alguien que estaba tratando de escapar? ¿Cuál es la relación entre tú y...?]
[Ezzo Cadner.] Safis cortó el interrogatorio de Felt mientras esbozaba una fría sonrisa.
Tanto las mejillas de Felt como las de Reinhard se endurecieron al oír el nombre que pronunció.
A Felt le sonó de inmediato. Además, era un nombre estrechamente relacionado con Camberley.
[¿No es el nombre del profesor y guardia que Camberley llevó al Distrito Rojo?] preguntó.
[Y si esa es la persona que cometió el incendio provocado en los territorios del Jardín Prisión de Flores, entonces... es comprensible que Camberley se viera envuelto en el incidente] añadió Reinhard.
A Felt le vino a la mente el rostro serio del enano usuario de la magia. “Camberley le robó todas sus pertenencias y cayó al puesto de guardia en el Distrito Rojo, pero si se sospecha de él como pirómano”, pensó Felt, “debe de haber algún asunto complicado en juego”.
[¿Camberley está a salvo?] preguntó.
[Ni siquiera nosotros estamos seguros de cómo lo está tratando el Jardín Prisión de Flores] respondió Safis. [Pero la propietaria del Distrito
Rojo no es una persona de visión limitada. Es difícil imaginar que haría algo que la hiciera perder la única pista que la conecta con el culpable.]
[Sigues creyendo que existe la posibilidad de que lo haga, solo que piensas que no lo hará.]
Safis, que estaba complicando las cosas, sonrió suavemente a Felt. Pero podía deducir lo mal que estaba Camberley por su actitud. Siendo la patrona de Camberley, no podía simplemente ignorar el peligroso aprieto en el que se había metido.
[Por supuesto, en la Moneda de Plata Negra no creemos que Su Señoría tenga relación con esto. Pero no será tan fácil calmar a las otras dos organizaciones... especialmente al Jardín Prisión de Flores, cuya reputación sufrió un golpe.]
Felt balanceó las piernas y saltó de la silla, luego miró a Safis al otro lado del escritorio. El hombre parecido a una serpiente que vivía en el bajo mundo mostró su larga lengua en respuesta a su mirada.
[No se preocupe. Estoy seguro de que su petición es sencilla] dijo con una sonrisa provocadora, como si disfrutara viéndolos acorralados.
14
[Mi demanda es simple, Lady Felt... Solo tiene que entregar al pirómano que su subordinado ayudó a escapar.]
[...Eso pensé.]
Felt resopló ante el aroma lo suficientemente dulce como para derretir la racionalidad de cualquier hombre y se hundió en el suave sofá con una mirada amarga en el rostro. Estaba descontenta, ya que la demanda de Toto era tal y como el hombre de ojos de serpiente había esperado.
Ahora se encontraban en la habitación del gerente del principal burdel del Jardín Prisión de Flores. Estaba situado en el Distrito Rojo donde habían ido a recibirla el día anterior, pero el ambiente había dado un giro dramático; el paraíso de flores que se suponía que debía proporcionar a los hombres una noche de ensueño tenía una sombra oscura proyectada sobre él.
Pero las flores nocturnas no eran mentalmente tan frágiles como para rendirse porque sí. Si el Distrito Rojo se volvía sombrío, las mujeres se ocupaban de ello cambiando su maquillaje y su atuendo para adaptarse al tono. Como resultado, los hombres que venían a disfrutar de la noche seguían haciéndolo y el negocio en el Distrito Rojo era tan próspero como siempre. Sin embargo, esto era solo una fachada para los que miraban desde el exterior.
[El edificio que se quemó estaba en la calle que cruzamos de camino aquí, ¿verdad?]
[Sí. El edificio parcialmente quemado sigue allí, ¿correcto? El culpable aún no ha sido detenido, así que todavía no tenemos tiempo de repararlo... Qué lamentable, mi capacidad para juzgar el carácter de una persona se ha debilitado. Me odio por ello] murmuró con desgana la propietaria del Jardín Prisión de Flores antes de expulsar el humo púrpura de su pipa.
[Lady Toto, ¿usted también comparte la opinión de que fue Sir Ezzo el pirómano?] inquirió Reinhard, con una expresión de dolor en el rostro debido al trágico suceso.
[Obviamente] respondió Toto, con un ojo cerrado ante la expresión angustiada del Santo de la Espada. [Si Ezzo era inocente, debería haberse quedado ayudando a apagar el fuego y esforzándose por demostrar su inocencia. No soy tan tonta como para negarle a alguien su derecho a dar su versión de los hechos. Ezzo probablemente también lo sabe. Sin embargo, huyó de la escena.]
[¿Por eso cree que Ezzo es el responsable de incendiar el edificio y de que muchas personas perdieran la vida?]
[Sí, así es. Ezzo Cadner es un asesino... y un cobarde que huyó después de convertir a su alumna que lo admiraba como profesor en un cadáver carbonizado.]
[…]
Reinhard frunció las cejas ante las duras palabras de denuncia de Toto contra Ezzo. Felt también tomó sus palabras con una sensación de amargura.
Se había confirmado que estaban unas cuantas prostitutas y guardias, así como clientes masculinos, dentro del burdel cuando se incendió. Una de las lamentables víctimas fue la prostituta con la que Felt había hablado, Mimosa. Aunque carente de seducción, era una chica que daba muestras de ser una inocente trabajadora... Se había dirigido a Ezzo como “Profesor” y había aprendido a leer y escribir con él, pero ahora su futuro estaba perdido para siempre, robado por el infierno. Normalmente, las prostitutas eran contratadas con un límite de tiempo. Una vez cumplido el plazo, eran liberadas de sus obligaciones. La mayoría de las prostitutas entraban en esta profesión para saldar una deuda, o para resolver algún tipo de trato de diversa índole, y cuando esto también se cumplía, la mayoría llevaba después una vida normal. Así que, después de aprender a leer y escribir, a Mimosa sin duda le esperaría una vida diferente en cuanto terminara su periodo, pero esto ya no sería posible.
[Los clientes habituales tanto de la Moneda de Plata Negra como de La Balanza estaban dentro del edificio cuando se incendió. Así que, por el momento, creo que Ezzo está trabajando como peón de alguien no relacionado con los Tres Grandes.]
[Lo que nos lleva a quien encabeza la lista de sospechosos, ¿verdad? No puedo culparte] dijo Felt.
Por el momento, la conclusión más lógica sería que la Facción de Felt había enviado a su peón, Ezzo, al Jardín Prisión de Flores y había conseguido manchar su reputación. Y el hecho de que Camberley y Rachins hubieran ayudado en la fuga de Ezzo hacía casi imposible rebatir esta acusación.
[Pero eso no tiene nada que ver con nosotros] declaró Reinhard. [¿No deberían ustedes, los ciudadanos de Flanders, resolver los problemas de la ciudad por sí mismos?]
[No puedo creer que esas frías palabras hayan sido pronunciadas por el caballero entre caballeros, el Santo de la Espada. Aun así, no puedo negarlo después de que se causara tal error. Ya que es un hecho que dejamos que alguien conspirara y hemos sido incapaces de atraparlo hasta el día de hoy.]
Toto sonrió encantadoramente y se dio por vencida ante la afirmación de Reinhard, ya que no tenía nada que objetar.
[Pero entonces] continuó ella, permaneciendo aún en una posición sumisa. [¿Qué van a hacer con Sir Camberley? No estarán pensando en abandonarlo, ¿verdad? ¿O me equivoco? ¿Están diciendo que ese rufián enano, que es solo un hablador, no tiene nada que ver con ustedes? ¿Que les es completamente ajeno?]
[…]
El aura de Reinhard se agudizó un poco ante la cruel decisión que había sugerido Toto. Felt la miró de reojo y dio un pequeño suspiro. “Ya veo, la dueña del Jardín Prisión de Flores es lista. En pocas palabras, está diciendo que no tenemos que pasar por todo el trabajo de probar nuestra inocencia por una mierda que no hicimos si sacrificamos a Camberley, que no es más que un mero rufián sin ningún signo de productividad y que no ha hecho ninguna contribución hasta ahora”.
Si Felt hiciera eso, entonces quedaría libre de cualquier sospecha y todo sería agua pasada.
[Ja, parece que nos han subestimado.]
[En mi opinión, he pensado en su posición como candidata a la Selección Real y he hecho una gran concesión.]
[¿Y con qué voy a pagar a cambio de poder escapar de los problemas? Endeudarme contigo, ser menospreciada por mi caballero, despreciada por mi estúpido compañero al que abandoné, y lo que es peor, convertirme en una cobarde, lo mismo que odia mi familia a la que tanto respeto... No te metas conmigo.]
Felt se levantó del sofá en el que estaba hundida y miró a Toto, que cruzaba las piernas con elegancia. Los ojos de Toto se abrieron ligeramente bajo sus largas pestañas tras ver aquellos ojos carmesíes clavarse en ella.
[Recuerda esto.] Señaló con el dedo la nariz bien definida de Toto y declaró: [Camberley me pertenece. Soy su “Señora”. También la mitad de sus responsabilidades son mías. Y yo soy mi propia Jefa. No pienso dejarme mangonear por nadie.]
[…]
[Además, yo también soy su Señora. Y él está dispuesto a morder a cualquiera si pasa algo] dijo Felt con vigor mientras señalaba a Reinhard, que estaba justo detrás de ella.
Reinhard hizo una profunda reverencia tras oír sus palabras y dijo: [Sí] antes de asentir. [Si es por orden de Lady Felt, entonces estoy siempre dispuesto a morder la garganta que ella elija.]
[Estaba pensando en una oreja o un dedo. Eres... bastante aterrador... mencionando la garganta...]
[Mi Señora...]
Reinhard dejó caer los hombros como si acabaran de traicionarlo. Toto guardó silencio un momento ante su conversación y luego puso su mano sobre la boca. Fue un gesto elegante, moverse de tal manera que no se manchara la mano de carmín, pero sin duda fue un movimiento que obedecía al impulso de sonreír.
[...Fufufu. Vaya, qué grosera soy, y llamarme a mí misma la propietaria del Distrito Rojo... Mis disculpas, Lady Felt. Parece que la he subestimado.]
[¡Sí, y no lo olvides!] dijo Felt, hinchando el pecho con orgullo.
Toto asintió sin dejar de sonreír.
[Entendido.]
Después, agitando la pipa entre sus dedos, dejó que el humo púrpura revoloteara en la habitación.
[Si esa es la resolución de Su Señoría, entonces no tengo nada que decir... Aunque tenemos bajo nuestra custodia al enano que ayudó a Ezzo Cadner en su huida.]
[No vas a dejar que nos reunamos con él fácilmente, ¿verdad?]
[Al menos no hasta que consigamos que empiece a hablar. Estamos bastante desesperados] respondió Toto con una expresión que no mostraba signos de estarlo.
Camberley estaba vivo, al menos si había que creer sus palabras, pero estaba claro que no quedaba mucho tiempo. Las condiciones de su liberación ya habían quedado claras y las tensiones eran elevadas.
[Si descubrimos quién quemó tu burdel, ¿nos escucharás?]
[Sí, por supuesto, ya que creo que ese culpable sería el mismo que está detrás de estos numerosos incidentes ocurridos en los últimos meses. Me sería de gran ayuda como uno de los representantes de esta metrópolis para arreglar dicha situación.]
[No digas algo que no quieres decir.] Felt se alborotó el pelo tras escuchar las palabras de Toto y sonrió. [Estoy deseando ver cómo me lo agradecerás después de que resolvamos toda esta situación] declaró con una sonrisa feroz sin el menor atisbo de miedo.
15
[No pudimos reunirnos con Camberley, así que ¿qué va a hacer ahora?]
[Supongo que podríamos vagar por la ciudad o algo así, pero... ¿de qué serviría?]
Tras terminar las conversaciones con Toto en el Jardín Prisión de Flores, Felt reflexionó mientras paseaba por la ciudad con Reinhard. “Para convencer a Toto y hacer que libere a Camberley, tenemos que capturar al pirómano. Por ahora, Ezzo es el principal sospechoso y los Tres Grandes lo buscan desesperadamente. Sin embargo, no puedo imaginar que nosotros, como forasteros, seamos capaces de llegar a él antes que ellos”.
[¿Tienes una Protección Divina que te ayude a encontrar a alguien que estás buscando? Si es así, escúpelo ahora mismo.]
[De verdad que quiero ser de ayuda, mi Señora, pero no puedo afirmar que tengo una Protección Divina que no existe. No obstante, si su Señoría me ordena que busque por la ciudad sin nada más que hacer, no tendré otra opción que obedecerla...]
[Eso sería desperdiciar tu existencia. Parece que nosotros solos no podemos dar con una solución.]
Decepcionada y algo aliviada al saber que Reinhard no era todopoderoso, Felt cruzó rápidamente la calle y se dirigió hacia el punto de encuentro. Solo a ella y a Reinhard se les permitió entrar en el Jardín Prisión de Flores para reunirse con Toto. El resto de sus compañeros que no pudieron acompañarlos al burdel esperaban junto a los restos carbonizados de un edificio, la escena del crimen en cuestión.
[Lady Felt, Joven Señor, los hemos estado esperando.]
La que se había apresurado a cruzar la calle para recibirlos era una chica de pelo rosado y aspecto tímido, Flam, una de las chambelanes gemelas de la mansión Astrea. Normalmente se movía con su otra mitad, Grassis, pero las hermanas estaban actuando por separado hoy por una cierta razón. Que era...
[¿Cómo te fue? ¿Pudiste reunirte con Camberley en el burdel?] dijo la persona que se inclinaba hacia delante y preguntaba por el resultado; un hombre de aspecto sospechoso que se cubría la cabeza con un pañuelo y la boca con un trozo de tela.
[Cálmate.] Felt hizo un ademán ante la pregunta precipitada del hombre sospechoso. [Deja de hacer tanto ruido. Vas a arruinar tu coartada. Prometiste que no me causarías problemas, ¿recuerdas?]
[Sí, sí, ¡pero cómo esperas que me quede tranquilo...!] espetó el hombre, Rachins, pisando el suelo por la frustración, antes de mirar al cielo. Iba disfrazado, ocultando su identidad porque también era sospechoso de haber atacado a los Tres Grandes junto con Ezzo y Camberley.
Había ayudado a Ezzo a escapar y casi lo mataban a golpes unos rufianes. Así pues, llevar o no a Rachins a Flanders era un tema muy debatido en la mansión. De hecho, el Viejo Rom y Reinhard estaban en contra de que acompañara a Felt. Sin embargo, Rachins insistió en que se le permitiera acompañarlos y no se retractó en lo más mínimo. Felt no pudo más que respetar esa tenacidad y empeño en ver a su amigo. En consecuencia, Rachins acompañó a Felt a Flanders, pero le impuso algunas condiciones. La primera era que, disfrazado, mantuviera oculta su identidad; además, debía permanecer siempre con un escolta, ya que no podía luchar muy bien por sí solo. Ese escolta era Flam, que permaneció a su lado.
[A fin de cuentas, Sir Rachins, ¿no le da vergüenza que lo proteja una joven como esta?] preguntó Flam encogiéndose de hombros.
[¡Cállate! No tenía elección, ¿sabes? No podía estar aquí sin ti] Rachins le gritó enfadado.
De todos modos, ella era más fuerte que él, así que su grito de rabia no tuvo mucho impacto.
Como era de esperar de alguien al servicio de la familia Astrea, las habilidades de lucha de Flam y Grassis eran extraordinarias a pesar de su aspecto. Incluso Felt no sería rival para las gemelas en un combate serio.
Felt los interrumpió.
[Bueno, podemos dejar eso a un lado. En cuanto a todo lo que hemos aprendido... ah, Reinhard, te lo dejo a ti.]
[Como desee. Flam, Rachins, quiero que se calmen y escuchen.]
Así, Felt dejó de lado la larga explicación y Reinhard les informó a ambos con detalle de las cosas discutidas en el Jardín Prisión de Flores. Al oír eso, Rachins entrecerró sus ojos sanpaku con fastidio y dijo:
[Así que tengo que atrapar al tipo al que ayudé a escapar...]
Reinhard asintió.
[La seguridad de Camberley no estará garantizada si no lo hacemos. Pero no es buena idea buscar a ciegas por toda la ciudad. ¿Se les ocurre algo? Ustedes conocen la ciudad mejor que nosotros.]
[¿Qué se supone que significa eso...? nah, supongo que no intentabas empezar nada. Mierda, por esto odio a la gente con buena educación...] Rachins chasqueó la lengua ante la pregunta de Reinhard y se puso a reflexionar sobre algo. [No es que no se me ocurra nada] continuó después de ponerse la mano en la delgada mandíbula. [Es muy raro que la gente de aquí siga sin encontrarlo después de buscarlo por todas partes. No es posible que no se tomen en serio la búsqueda después de haber sido tan jodidamente humillados por todo esto.]
[Sí, claro] dijo Felt. [El Jardín Prisión de Flores probablemente lo está cazando mientras hablamos. Así que no tiene sentido que lo busquemos nosotros.]
[Sí. Otros ya lo están haciendo y no pueden encontrarlo, lo que significa que...]
[¿Podría ser que ya haya abandonado la ciudad?] murmuró la joven tras escuchar la deducción de Rachins.
[No] respondió Rachins, negando con la cabeza ante sus palabras. [¿Recuerdas cómo encontraron a la mujer con la que Gaston anda y a su hija en Hakuchuri? Escapar de ellos no es tarea fácil con la influencia que tienen. Es imposible que huya por su cuenta. Y si es posible que no esté solo, entonces...]
[...Existe la posibilidad de que alguien le esté dando asilo] soltó Reinhard.
[Bingo] dijo Rachins chasqueando los dedos antes de señalar a Reinhard.
[Ahora lo entiendo] añadió Felt, sintiéndose también satisfecha con la conclusión.
[Es alguien que ha causado un gran desastre.] Rachins miró hacia los restos carbonizados del edificio y continuó. [Así que darle asilo requeriría una gran determinación... Pero creo que conozco a alguien que sería lo suficientemente estúpido como para hacerlo.]
[¿Es alguien lo suficientemente cercano a Ezzo como para querer protegerlo?] preguntó Felt.
[No del todo. Si hablamos de lo unidos que están, no es para tanto. Es simplemente que no es tan difícil recibir su protección] respondió Rachins mientras se daba aires de grandeza y miraba a todos a su alrededor. Luego asintió a los tres, que fruncían el ceño, y continuó. [...En esta ciudad hay unos prestamistas conocidos como el Escarabajo Dorado.]
17
[Vaya, vaya... si es la persona de la que más se habla ahora mismo en el Reino. Me honra bastante que haya venido a visitar a alguien como nosotros.]
Felt recibió los saludos de la mujer de cabello verde y entrecerró sus ojos carmesíes. Traje negro, coletas gemelas y un comportamiento educado. La mujer, armada de cualidades que la hacían parecer una verdadera profesional, hizo que Felt se tensara como lo había hecho al enfrentarse a Toto. Había venido anteriormente a esta ciudad para saludar al Jardín Prisión de Flores y a La Balanza, pero olvidarse de visitar este lugar era algo que lamentaba profundamente.
[Mis disculpas por no haber podido ir a saludarlos... Decir que estábamos extremadamente ocupados no sería más que una excusa, pero aun así, me avergüenzo de mis carencias.]
Mencionó disimuladamente el otro día como si hubiera leído su mente. Felt sintió un sabor amargo y sacudió la cabeza.
[Basta de cumplidos. Mi nombre es...]
[...Lady Felt, ¿cierto? Somos el Escarabajo Dorado, yo soy Helaine, la encargada de la oficina en Flanders. Encantada de conocerla.]
La mujer que se presentó como Helaine hizo varias reverencias y acompañó a sus visitantes al salón.
“Según Rachins, el Escarabajo Dorado es el mayor usurero de Flanders, además de estar activo en todo el Reino. En esta ciudad, han podido funcionar sin problemas y maliciosamente bajo la protección de los Tres Grandes”.
Protección o no, el Escarabajo Dorado también había sido un objetivo durante los últimos meses. Una oficina de ventas, distinta de la que Felt y su grupo estaban visitando, había sido atacada justo el otro día. Con todos estos disturbios, sin duda también estaban en posición de querer que esto se resolviera rápidamente. Felt aprendió esta vez de Safis y visitó a Helaine sin cita previa. Sin embargo, su respuesta fue rápida y flexible, casi como si hubiera esperado su visita. Flam habló de repente.
[Joven Señor, parece que hay un problema.]
[Lo sé] dijo Reinhard. [Aquí estamos a oscuras, sin tener ni idea de lo que puede estar planeando esta mujer. Debemos estar preparados para cualquier cosa...]
[No es eso. El coste de esta taza de té equivale al de todo un mes de nuestro té en la mansión.]
[...Flam, me alegro de que disfrutes de estos lujos, pero por favor, mantente en guardia.]
Mientras escuchaba la pausada conversación entre los dos que estaban detrás de ella en el salón, Felt miró con odio a Helaine, que estaba sentada frente a ella.
Helaine se encogió de hombros tras recibir la mirada de Felt.
[¿Qué la trae a este lugar? Teniendo en cuenta que no somos nadie por aquí, no sé cómo podríamos cumplir las expectativas de una candidata a la Selección Real, Lady Felt.]
[¿Estás escondiendo a un tipo llamado Ezzo Cadner?] preguntó Felt.
[…]
[Me disculpo por eso. No se me da muy bien negociar.]
Helaine se quedó callada ante tan contundente pregunta. La leve sonrisa que había lucido desde el principio ahora se ensombreció ligeramente. Aunque normalmente ocultaba sus intenciones, Felt vislumbró la verdadera naturaleza de Helaine bajo esa sonrisa.
[Vaya, qué pregunta más extraña. Si no me equivoco, ese es el nombre del peligroso criminal que ha estado asolando las calles de nuestra bella metrópolis. Para nosotros, esconder a alguien así sin duda sería algo arriesgado para nuestra posición...]
[Déjame aclarar esto] interrumpió Felt. [No estamos aquí para delatarte. Y el tipo, Ezzo, puede que ni siquiera sea el culpable detrás de todo esto.]
[¿Así que Su Señoría cree que la realidad del incidente es otra?] preguntó Helaine.
[No, no digo que sepa lo que pasó en realidad, pero la persona a la que atraparon después de que pasara todo es de mi bando. Así que eso es algo que no puedo ignorar.]
[Ya veo. Así que su fuerza motriz reside en su subordinado capturado...] Helaine se detuvo allí y se frotó la barbilla con su mano enguantada de negro.
[Hablando de eso.] Miró detrás de Felt. [Esa persona lleva un rato mirándome fijamente. ¿Sabe por qué lo hace?]
Su pregunta iba dirigida a Rachins, que estaba junto a Reinhard y Flam. Su mirada era más aguda que de costumbre, sin poder disimular en absoluto su hostilidad. Felt agitó la mano entre Rachins y Helaine como si intentara bloquear su mirada.
[No es nada. Solo está de malhumor, así que no te preocupes por él. Pero si quieres, puedo hacerlo esperar fuera.]
[No, está bien. Solo me preocupaba si había ocurrido alguna descortesía por nuestra parte. Mientras no sea así, no hay problema.]
[Parece que estás acostumbrada a que te miren mal, ¿eh?]
Helaine asintió.
[Sí, ya que nuestra reputación es inmensamente mala entre la gente prudente y que no atraviesa una grave crisis financiera.]
Más que simples prestamistas, eran usureros con profundos vínculos con el bajo mundo. La violencia y los intereses excesivos eran habituales en su trabajo. No obstante, Felt no tenía intención de criticar su negocio.
“La mayoría de las veces, los que piden dinero prestado son los culpables”, pensó.
Felt continuó.
[Aún no he recibido tu respuesta. ¿Dónde está Ezzo Cadner?]
[¿No le he dado una respuesta?] replicó Helaine. [Se dice que la persona que está en el centro de todo esto se ha opuesto a los Tres Grandes. Nuestra posición estaría en riesgo si protegiéramos a alguien como él.]
[Estoy segura de que eso es cierto, pero si crees que el riesgo merece la pena, ya es otra historia. ¿Cierto?]
[…]
[No tengo intención de meterme en cómo funcionan los prestamistas, y tú puedes dedicarte a cualquier negocio secundario que tengas. Pero si me estorba, entonces soy libre de intentar apartarlo de mi camino, ¿o no?] Felt se separó del respaldo de la silla y juntó los puños frente a su delgado pecho.
Por primera vez, la sonrisa de Helaine desapareció por completo. Las palabras de Felt podían tomarse fácilmente como una declaración de guerra. El ambiente en el salón se volvió tenso, ya que ahora todas las miradas se centraban en Helaine. Sin ninguna posibilidad de ayuda por parte de otros miembros del Escarabajo Dorado, estaba completamente sola. Era bastante obvio que un altercado físico sería inútil para ella, pero no todos tenían que ganarse por medios físicos.
[Somos prestamistas... así que la forma en que resolvemos las cosas por aquí debería estar suficientemente clara] dijo, llevándose una mano al bolsillo.
[Alto. Si intenta algo...] advirtió Reinhard.
Felt detuvo a Reinhard, que ahora estaba en alerta máxima.
[No te muevas, Reinhard. No es tan estúpida.]
Helaine asintió a su conversación y sacó una misiva del bolsillo. La extendió sobre la mesa baja, frente a Felt. El contenido de ella era...
[...Esto, sería el pagaré de Sir Camberley.]
[¡Espera, espera, espera! ¿Ese sinvergüenza tenía deudas en esta ciudad?] gritó Felt ante este sorprendente giro de los acontecimientos.
[Sí, y es una buena suma... sería un duro golpe financiero para nosotros si no somos capaces de recuperarla. Y ahora que ha sido capturado en medio de toda esta conmoción, nos encontramos con numerosas opciones sobre cómo recuperar el dinero endeudado.]
A simple vista, el pagaré parecía auténtico y sin errores. Odiaba tener que admitirse a sí misma que todo lo que había estudiado para la Selección Real le resultaba útil ahora mismo; como resultado, sabía que si el sello de sangre de Camberley en la misiva era real, entonces sería válida.
Flam frunció el ceño ante la sugerencia de Helaine de métodos horripilantes de recuperación.
[...¿Numerosas opciones, dice?]
[Convertir el cuerpo humano en capital no es solo a través del Distrito Rojo o de los traficantes de esclavos, jovencita.]
Flam murmuró para sí misma:
[...no puedo dejar que Grassis oiga esto.]
“Parece que Flam decidió mantener esta desagradable lección de estudios sociales en secreto para su hermana”.
Mirando eso con el rabillo del ojo, Felt especuló la razón detrás de que Helaine sacara el pagaré en este momento en particular. “Si las cosas siguen igual, Camberley será literalmente desmembrado para pagar su deuda. A Helaine eso no le remorderá la conciencia, ya que su trabajo consiste en recuperar el dinero que han prestado. En ese caso, hacerla desistir de desmembrar a Camberley con otro medio que no fuera la culpa sería...”
Felt empezó a hablar [...Este pagaré.]
[Es una gran suma de dinero de uso desconocido. Sir Camberley mencionó a menudo que servía a una persona en una posición prominente... ¿Qué va a hacer?] inquirió Helaine, mirando a Felt, que había recogido el pagaré.
La pregunta daba pocos detalles, pero las intenciones de Helaine quedaban claras como el agua.
“Para ser sincera, esto se parece a repetir la negociación con Toto en el Jardín Prisión de Flores. Camberley de verdad me está cansando. Me han dicho continuamente que lo deje ir, que lo abandone, que no es bueno, que es un bulto de deudas y un mujeriego. No podría negar si alguien me dijera que es la carga de mi facción. Pero...”
[Por favor] imploró Rachins. [Te lo ruego, no lo abandones.]
A pesar de la reputación de Camberley, el hombre que suplicaba por su salvación poniendo la frente sobre la mesa con el pagaré no hablaba mal de él. Felt pudo darse cuenta de que Reinhard y Flam habían jadeado ligeramente ante aquella visión. El disfrazado Rachins había puesto la frente sobre la mesa entre Felt y Helaine, arrodillado y suplicando por Camberley. Era evidente por su postura que hablaba en serio sobre lo que deseaba.
“Ahora que lo pienso, Rachins ha estado desesperado desde el principio. Dando todo lo que tiene por Camberley”.
[Es mi amigo. ¡Solo Gaston y Camberley me ayudaron cuando estaba al borde de la muerte y no podía hacer nada! Así que, por favor...] Las palabras de Rachins se interrumpieron con desesperación.
[...¿Y?] replicó Felt. [¿Entonces eso qué tiene que ver conmigo?]
[¡Nada! No hace falta que me lo digas. ¡Sé que no tiene nada que ver contigo!]
Rachins levantó la cara y gritó ante la fría pregunta de Felt.
[¡Sé que solo hemos sido una carga para ti! Tampoco te sería una pérdida el abandonarnos aquí. Pero es lo mismo que en aquel callejón. También pudiste habernos dejado allí, ¡pero nos acogiste!]
Rachins se refería al momento en que Felt conoció a los tres amigos en un callejón cualquiera. Volvía de los restos del almacén de objetos robados tras haber declarado que participaría en la Selección Real cuando los encontró. Los tres estaban de mala suerte y huyendo cuando ella los recibió en su facción. Por aquel entonces, incluso Rachins se mofó de ella al principio. Reinhard se quejó de que debería reconsiderarlo, y el Viejo Rom se limitó a reírse a carcajadas. Pero ahora Rachins estaba aquí, suplicando desesperadamente por clemencia para su amigo, con la cara a punto de supurar mocos. Reinhard no había cambiado su postura de esperar la decisión de Felt, y el Viejo Rom se había quedado en Hakuchuri, así que no estaba aquí. “…Parece que las tornas han cambiado en solo unos meses”, pensó Felt, asombrada.
[Una suma tan grande no se puede arreglar de inmediato. Mi cartera ambulante no tiene tanto, ¿o sí? ¿Estoy en lo cierto?] se burló Felt.
[Si por cartera ambulante se refiere a mí, entonces es como usted dice] replicó Reinhard, sin inmutarse.
Felt cerró un ojo y miró a Helaine por encima de la cabeza de Rachins. La dama del Escarabajo Dorado sonrió débilmente y señaló el pagaré que había sobre la mesa.
[Por supuesto, no le pido que devuelva todo el dinero inmediatamente. Nos sería de gran utilidad si pudiera hacerlo, pero tengo entendido que la suma es bastante elevada. Así que, para empezar, ¿qué tal un anticipo?]
[Anticipo...]
[Será una garantía para demostrarme que tiene intención de pagarme la deuda, aunque no tendría ningún peso a menos que valga algo para usted. Así que...]
[¿Así que?]
“¿Qué va a decir?” Felt tenía un mal presentimiento sobre lo que Helaine estaba a punto de decir, pero la instó a continuar. Helaine, del Escarabajo Dorado, era una negociadora sin rival a pesar de su corta edad. Profundizó su sonrisa como si estuviera poniendo a prueba la determinación de Felt y dijo:
[El dragón de tierra rojo, atado al carruaje de dragón de fuera... parece que vale una suma bastante considerable, ¿estoy en lo cierto?]
16
[Aprovechándose de mi situación, esa maldita Plaga Dorada... la haré pagar la próxima vez.]
Sin pretenderlo, Felt utilizó correctamente el habitual término despectivo para referirse al Escarabajo Dorado, y chasqueó la lengua ante el contenido de su negociación. Por duro que fuera decirlo, habían logrado su objetivo sanos y salvos. Pensando en su dragón, no pudo evitar protestar por lo seguro que había sido, pero aun así, habían recibido una respuesta casi perfecta.
Tuvo que hacer un gran sacrificio, aunque esto les aportó mucho a cambio de sus esfuerzos; como tal, no había tiempo para que aflojaran el paso o se detuvieran ahora. Sin embargo...
[¿Por qué estás tan atolondrado?] escupió Felt por encima del hombro. [Estás tan metido en esta mierda como yo. Reacciona.]
Confundido y sobresaltado, Rachins respondió mansamente:
[Oh, sí... lo sé, pero...]
Rachins había estado actuando así desde las negociaciones con el Escarabajo Dorado. No era como si no pudieran entender la confusión de Rachins.
[Disculpe.]
Viendo que a Rachins le costaba expresarlo con palabras, Flam intervino para hablar en su nombre. Luego se irguió y miró hacia la oficina del Escarabajo Dorado.
[¿De verdad le parece bien? Romy fue un regalo del Joven Señor, por no mencionar que usted le tenía un profundo cariño.]
[No, no está bien. ¡No está bien en absoluto!] Felt gritó de vuelta. [¡Se llevaron a mi precioso dragón de tierra como garantía! Eso no tiene nada de bueno. Definitivamente no voy a dejar pasar esto.]
Su cara se acercaba cada vez más a la de Flam mientras balbuceaba hasta el punto de que la chica se doblaba hacia atrás. Felt agarró a Flam por los hombros para evitar que se cayera y dejó escapar un profundo suspiro. Su enfado era comprensible ya que la garantía que exigía Helaine era Romy, su dragón de tierra carmesí. Hacía solo unos días que Reinhard le había regalado el dragón de tierra a Felt, pero estaba claro que Romy se había encariñado completamente con ella. Los dos estaban deseando pasar más tiempo juntos. “Eso sí que era un preciso hostigamiento”, pensó Felt. “Podría haber rechazado la oferta, diciendo que las condiciones no eran algo con lo que pudiera estar de acuerdo, pero...”
[Ella no sería tan amable como para dejarnos ir tan fácilmente. Si dijera que no, probablemente también sería mucho más irrazonable, así que lo que tenemos es lo mejor que conseguiremos.]
Reinhard asintió.
[Pero seguro que lo recuperará. Eso es lo que creeré, mi Señora.]
[Evidentemente. Y no lo digo porque sea un regalo tuyo. Es porque Romy ya es mi precioso dragón de tierra. No pienso apoyar el trasero en otro sitio que no sea la espalda de Romy] declaró Felt.
Reinhard esbozó una profunda sonrisa de confianza y asintió. Probablemente no se opuso a su decisión porque realmente confiaba en ella. Al fin y al cabo, la única persona que no se opuso a que Felt aceptara inmediatamente la condición de Helaine no fue ni Flam ni Rachins, sino Reinhard.
Y continuó:
[Realmente ha sido bastante inesperado que estuviera escondiendo a Sir Ezzo.]
Felt estuvo de acuerdo.
[Pensé que ella podría saber dónde se escondía, pero me asustó un poco lo implicada que era. Rachins tenía razón al decir que debíamos ir a verla primero.]
Reinhard asintió. Que le dieran a Romy como garantía sin oponer resistencia parecía satisfacer profundamente el código de honor de Helaine como prestamista. Lo confesó todo, dejando de lado si era cierto o no, pero dio tanta información a Felt y al resto que les pareció que había compartido todo lo que sabía. Detalló explícitamente dónde encontrar a Ezzo Cadner, que llevaba escondido desde la noche anterior tras quemar el burdel.
[“Actuamos junto a los Tres Grandes de Flanders, pero no somos sus completos aliados. Nuestros beneficios son prioritarios”.]
Eso era lo que Helaine tenía que decir, y no pensaban contárselo a nadie.
[¿Por qué Helaine va por un camino tan peligroso?] se preguntó Felt.
[...A ella solo le importa alcanzar su objetivo final, pase lo que pase.]
Miró a Rachins. [¿Su objetivo final?]
[La postura pública del Escarabajo Dorado es que no son aliados de nadie. Así que, si lo miras desde otra perspectiva, significa que quieren darle una buena imagen a todos. Tú, siendo candidata, estás incluido en ese todos.]
Rachins no había salido por completo del estado de ánimo en el que se encontraba, pero su explicación mostraba que estaba volviendo a la normalidad. Después de oír eso, Felt se dio cuenta tarde de que Helaine había considerado su posición como candidata. En resumen, quería tener algo sobre la candidata para la Selección Real, así que recopiló información sobre Camberley y Ezzo por si acaso. La razón detrás de eso era...
Felt estaba confundida.
[¿Están sospechando que planeamos eliminar a la gente del bajo mundo?]
[Ni idea. Pero supongo que sus dudas van en aumento. Ni siquiera los visitamos la última vez que vinimos, así que no podían saber qué hacíamos a menos que alguien hablara.]
[Ah, mierda, qué molestia.]
Felt estaba harta de todas las sospechas injustificadas que le dirigían y del montón de consideraciones que no pedía. Habían pasado dos meses desde que decidió participar en la Selección Real. Frente al escritorio de su oficina, tenía la sensación de haber aprendido mucho desde entonces, pero en realidad le faltaba experiencia en la aplicación práctica de sus nuevos conocimientos. Estaba irritada por su complicada posición.
[¿Ahora qué debería hacer con esta irritación...?]
[Con el debido respeto, estaría bien que se sintiera cómoda conmigo en la misión.]
Reinhard bromeó con Felt, cuyo rostro malhumorado no cedía. La esbelta figura que los guiaba se había detenido, lo que significaba que habían llegado a su destino.
Delante de ellos había una vieja casa de estilo occidental en las afueras de Flanders. Según Helaine, el edificio fue confiscado como garantía de una deuda de otro hombre. No se había enterado de lo que le había pasado después de que le confiscaran la mansión, pero eso tampoco le interesaba demasiado. En ese momento solo le preocupaba una cosa. Reinhard se adelantó.
[Flam, por favor, protege a Lady Felt y a Rachins en mi lugar. Yo entraré.]
[Entendido, Joven Señor. Por favor, tenga cuidado... cuidado de no matarlo.]
Reinhard sonrió irónicamente a Flam, que había reformulado sus palabras en algo más considerado para su oponente. El Santo de la Espada se arrodilló ante Felt y miró a su Señora.
[Mi Señora, me iré de su lado por poco tiempo. Por favor, perdóneme.]
[Bien, bien, pero no lo dejes escapar. Y tampoco lo mates. Quiero oír lo que tiene que decir.]
Reinhard se dirigió a la mansión tras escuchar las apáticas instrucciones de Felt. Con su grácil perfil y su mirada heroica, una mera búsqueda en esta mansión en ruinas parecía un acto sacado de una gran epopeya. Reinhard, con un aire como el de una escena épica que marca el comienzo de un gran relato, caminó hacia la mansión. Llevaba consigo la gran Espada del Dragón, que no podía desenvainar. Al llegar a la puerta principal, respiró hondo y, sin vacilar, la abrió de una patada directa.
Felt soltó una pequeña risa.
[Es ajeno a palabras como “sigilo” e “infiltración”.]
[Así es el Joven Señor.]
Felt y Flam intercambiaron sus comentarios mientras Reinhard irrumpía en la mansión y entraba rápidamente. Justo cuando pensaban que comenzaría su búsqueda, inesperadamente gritó…
[¡Sir Ezzo Cadner, sé que está aquí! Por favor, preséntese.]
Incluso Felt y Flam estaban desconcertadas por su ridículo acto. “De ninguna manera alguien que es sospechoso de un incendio provocado, huyendo por la ciudad aparecería solo por ser llamado”. Pero la suposición de Felt se vino abajo de inmediato por el enano que salió de una de las habitaciones traseras de la mansión.
[...¿Quién iba a pensar que el mismísimo Santo de la Espada me perseguiría? Parece que soy bastante popular.]
[¿Eh, es en serio?] Murmuró Felt con voz ronca, habiendo presenciado algo inesperado.
La persona que había aparecido allí era sin duda el mismo Ezzo Cadner, que se distinguía por su pelo castaño grisáceo, su mirada inteligente y su estatura claramente baja. Su aspecto era un poco desaliñado debido a estar huyendo, pero el fuego de sus ojos no se había desvanecido ni un poco.
Reinhard observó el aspecto de Ezzo y lo señaló con la palma de la mano vacía.
[Sir Ezzo... le sugiero que se rinda por su propio bien. Teniendo en cuenta que se ha mostrado tan rápido, ¿puede confirmar que los cargos que se le imputan son algún tipo de malentendido?]
[¿Está diciendo que me dará la oportunidad de explicarme si me rindo? No soy tan optimista como para creer algo así. Tampoco soy un tonto ajeno a sus propios pecados] murmuró Ezzo abatido, sacudiendo lentamente la cabeza.
Reinhard arrugó la frente.
[¿Sus propios... pecados?]
[Así es] respondió Ezzo antes de levantar los brazos. [Un pecado imperdonable que exige expiación. Este magro tributo a Mimosa es todo lo que puedo hacer, lo que debo hacer, para expiar el futuro truncado de una joven brillante que me admiraba…]
[¡Sir Ezzo!] gritó Reinhard, percibiendo un cambio en el aire.
Ezzo, por otro lado, mantenía los brazos levantados a la altura de los hombros, sin dar muestras de ceder. De sus dos palmas levantadas se proyectaba una compleja fórmula mágica que se mezclaba en rojo y azul...
[¡Le agradezco mucho su consideración! Sin embargo, ¡hay algo que debo hacer! Me niego a entregarme a usted antes de haberlo hecho. Aunque el que se interponga en mi camino sea usted, Santo de la Espada.]
Reinhard miró brevemente a Felt a su espalda. La razón estaba clara: era para preguntarle si debía contener a Ezzo por la fuerza o no. Por supuesto, no tenía ninguna esperanza de superar a Reinhard, pero, aun así, era cierto que tenía cierto nivel de habilidad, así que...
[...¡Reinhard! ¡Hazlo!]
[Como quiera...] Reinhard dio una breve respuesta a la orden de Felt.
Entonces, en un abrir y cerrar de ojos, el Santo de la Espada se lanzó hacia delante mientras el suelo de la entrada de la mansión estalló tras él. Inmediatamente, Reinhard, con las manos vacías, estuvo lo bastante cerca como para alcanzar el hombro de Ezzo. Todo estaba sucediendo igual que aquella noche en el Distrito Rojo, con un Ezzo indefenso inmovilizado en el suelo...
[...Me ha subestimado, Santo de la Espada.]
[¿Qué?] exclamó Reinhard sorprendido cuando una descarga púrpura le estalló en el pecho, haciéndolo volar hacia atrás.
Reinhard abrió los ojos ante el inesperado impacto. Miró hacia abajo y vio que le habían volado dos botones de su camisa blanca.
[¡Observen! ¡Una contramedida a su Capacidad Innata de Neutralizar el Exceso de Maná!] gritó Ezzo con una sonrisa de satisfacción en el rostro, con ambas manos extendidas, de las que goteaba sangre.
El retroceso del lanzamiento sobre Reinhard parecía ser grande; había perdido unas cuantas uñas y ahora tenía cortes a lo largo de los brazos donde se había arremangado.
No obstante, había conseguido lanzar un ataque. Era la primera vez que Felt veía a Reinhard ser golpeado por algo, por no hablar de la magia.
[¿De verdad creía que ningún usuario de magia podría hacerle daño? ¡Eso sí que sería verdadera arrogancia, Santo de la Espada!]
[…]
[¡He creado una distorsión en la conducción normal del maná reordenando la composición mágica! No se equivoque, ¡no es una hazaña fácil! ¡Un usuario medio de magia tardaría toda una vida en ser capaz siquiera de cambiar la composición de un hechizo mientras lo ejecuta! Pero yo lo he conseguido] gritó Ezzo mientras se arrancaba una uña apenas adherida, ignorando el dolor.
Aunque no hizo gran cosa, no dejaba de ser un golpe. Reinhard no tenía igual en destrezas para el combate, pero su fuerza no solo provenía de sus extraordinarias capacidades físicas. El Santo de la Espada poseía una habilidad innata que, según se decía, anulaba casi por completo los ataques entrantes, sobre todo los mágicos. Se acababa de demostrar lo contrario.
[¡Permítame darle las gracias, Santo de la Espada Reinhard van Astrea! ¡Gracias a usted, he demostrado que mi duro trabajo puede superar incluso una habilidad innata para neutralizar el exceso de maná como la suya! Ahora solo queda practicar.]
La hemorragia de Ezzo aún no había cesado, ni tampoco su ataque elemental. De sus manos extendidas brotaron una ráfaga tormentosa y un torrente de agua a borbotones, que chocaron en un arroyo fangoso ante los ojos de Reinhard. La zona se cubrió entonces de una espesa niebla. Para protegerse, Ezzo optó por huir. Dar un golpe preventivo, impedir que su adversario hiciera un movimiento y huir era la mejor jugada posible para cualquiera en su situación. ...Desafortunadamente para él, este oponente no podía ser detenido tan fácilmente.
[…]
Reinhard dio un paso al frente. La onda expansiva de este simple movimiento despejó instantáneamente la niebla con tal fuerza que las gotas de agua agujerearon las paredes de la mansión. Se lanzó hacia delante e inmediatamente alcanzó a Ezzo, sin darle oportunidad de huir. Reinhard ya había subestimado a este enano una vez. No habría una segunda,
[¡Ga-ah!]
Agarró a Ezzo por el cuello y lo estampó contra el suelo mojado con una combinación de fuerza y habilidad. La intensidad lo dejó sin aliento y lo desconcentró, impidiéndole componer otra fórmula al instante.
[Se acabó. Continuar sería...]
[¡No! ¡Aún no hemos terminado!] gritó Ezzo.
Se negaba a admitir la derrota incluso en esta posición. Se miró el hombro derecho inmovilizado y una ráfaga rápida y afilada lo cortó directamente, haciendo que la sangre salpicara y brotara. Reinhard se quedó sin habla, sorprendido por la espantosa escena. Aprovechando la sorpresa, Ezzo pudo zafarse y poner distancia entre ellos, con el brazo apenas colgando del hombro. El miembro se habría desprendido por completo si Reinhard no lo hubiera soltado inmediatamente.
[Es blando, Santo de la Espada. Dudo mucho que fuera capaz de proteger así a su noble dama.]
Atónito, Reinhard pronunció:
[Esa herida... necesita tratamiento inmediato. Por qué hacer algo tan imprudente...]
[Ya se lo he dicho. Es por mi expiación.]
Ezzo apretó los dientes, agarrándose lo que quedaba de su hombro con la mano que le restaba. La sangre emanaba de su herida, sin inmutarse por su pequeña palma. Debido a su baja estatura, estaba claro que los enanos no tenían mucha sangre para empezar. Su pérdida era fatal. Ezzo, con el rostro pálido, les rugió sin importarle el peligro en el que estaba.
[¡Ustedes tienen sus propios planes! Ya lo sé. Pero hay algo que tengo que hacer.] Su voz temblaba de rabia, dolor y pena. [...Debo vengar a mi alumna y responder por su futuro arrebatado.]
Esto no le cuadraba a Felt. Los gritos trágicos de este enano no concordaban con la confesión de un pecado. Lo que significaba que...
[Mimosa no era una chica inteligente... Era una analfabeta, tenía malos modales y tampoco aprendía rápido. ¡Pero era seria! Podía ser lenta, pero eso no le restaba su noble voluntad de aprender. Y no tuvo elección, sus padres la vendieron al Distrito Rojo. Después de todo eso, me escribió su primera carta con palabras que acababa de aprender. Me preguntó si era raro que una chica que vendía flores por la noche soñara con ser florista. Ese era el tipo de chica era ella...]
Su voz, antes retumbante, se había convertido en un leve susurro, apenas audible para su público.
Los pesados ojos de Ezzo se clavaron en el suelo luchando por mantenerse abiertos mientras levantaba la cabeza. Vio la silueta de una chica delgada ante él y la miró profundamente a los ojos.
[Mimosa...] murmuró con voz ronca. [Nadie tiene derecho a reírse de tu sueño. Ni la sangre que corre por las venas ni el lugar donde uno crece son relevantes. Yo, el Gris, lo demostraré. Así que...]
[…]
[Algún día, el día que consiga los títulos, me colocaré una flor de tu tienda en el pecho...]
Su débil voz se fue apagando a medida que las fuerzas abandonaban su cuerpo, cayendo inerte en los brazos que lo esperaban. Pero no era su querida Mimosa quien lo sostenía suavemente, abrazando su cuerpo cansado; era Felt.
[Se ha desmayado. Se esforzó demasiado y perdió demasiada sangre] dijo ella.
Frunciendo los labios, miró al inconsciente Ezzo. La sangre seguía brotando de su herida. Le arrancó la capa de la espalda y se la ató con fuerza al hombro para detener la hemorragia.
Flam se acercó a la chica.
[Lady Felt, tiene sangre en la ropa.]
[Siempre puedo conseguir ropa nueva, eso no importa. Flam, ¿puedes curarlo?]
[Sí. Como chambelán de la Casa Astrea, he aprendido bien de mi abuela.]
Con eso, Flam suavemente tomó a Ezzo de Felt y rápidamente comenzó a curar sus heridas. Sus movimientos y su técnica eran brillantes, como era de esperarse por haber entrenado con su abuela Carol.
“Supongo que no hay necesidad de preocuparse ahora que Flam está cuidando de él. En cuanto a este tipo...”
[Te ves súper sombrío. Me parece que últimamente te veo muy seguido de esa forma.]
[Me avergüenzo de mí mismo] murmuró Reinhard. [Sinceramente, no pensaba que pudiera llegar a contrarrestarme de ese modo...]
Felt asintió:
[Sí, ha sido inesperado para todos. Es más impresionante de lo que pensaba.]
“Ganarle la partida a Reinhard, aunque solo sea por un momento, no es algo que puedan conseguir ni cien personas normales juntas. Ezzo demostró definitivamente que es algo más que palabras. Y eso no es lo único extraño aquí”.
[Rachins, ¿no vas a decir: “Vamos a entregarlo?”] dijo burlándose de él.
[...No tienes por qué ser así. Hasta yo veo que es más complicado después de todo eso.]
Molesto, le chasqueó la lengua con el pañuelo aún enrollado en su cabeza. Su mirada estaba fija en el espeso charco de sangre que Ezzo había derramado en el suelo. Solo alguien con extrema determinación podía hacerse algo así.
Delirante y al borde de la muerte, Ezzo seguía aullando agudamente como si aún estuviese librando una batalla. Felt no podía imaginar que todo aquello fuera una mera actuación.
[Mi Señora.]
Felt respondió con una sombría inclinación de cabeza.
[Lo sé.]
Podía oír la preocupación en la voz de Reinhard por el enano inconsciente. El estado crítico de Ezzo y el misterio que rodeaba sus acciones solo les dejaba una respuesta.
[Alguien más está detrás de esto, y Ezzo se está llevando la peor parte.]
“Parece que esto es algo más que un simple incendio provocado”. Felt miró al cielo, lamentando la terrible situación en la que se habían visto envueltos. Molestas y pequeñas nubes brillantes cubrían el cielo en marcado contraste con la sombría sensación de hundimiento en su corazón.
18
De pie en el prado, Gaston sintió una mezcla de emociones tras percatarse de que algo andaba mal. Ese mismo día se había enterado de que Rachins y Camberley se habían metido en problemas con unos sindicatos del bajo mundo tras una salida nocturna en Flanders. Gaston se maldijo por no haber estado en contacto con ellos últimamente.
Sabía que Rachins y Camberley tenían tendencias a pasarse de la raya y perder el control, pero él siempre había estado ahí para guiarlos en la dirección correcta. Sin embargo, ahora que había bajado la guardia, se encontraron en una situación peligrosa. Estaba claro que debían permanecer unidos si querían evitar más problemas.
[…]
[Oh, aah, perdona por eso, Kalifa. Me distraje un poco.]
Gaston sintió de pronto una mirada de desaprobación clavada en él desde un lado, y se disculpó rápidamente con una expresión que rezumaba cariño hacia la persona que lo miraba. Después de recibir sus disculpas, la dama de cabello gris, Kalifa, sonrió amablemente. Había conocido a esta madre y a su hija hacía poco más de dos meses por un curioso giro del destino. Kalifa era una mujer admirable que, a pesar de su juventud, criaba a su hija con diligencia. Gaston se había llevado bien con ella y la había cuidado durante todo este tiempo. Perdió la voz debido a una herida que recibió en cierto incidente. Esto hacía que sus tareas cotidianas fueran mucho más difíciles de llevar a cabo. Se habían hecho tan amigos que ella no se molestaba con él aunque la llamara “Kalifa” sin ningún honorífico.
Irónicamente, fue la relación de Gaston con ella y con su querida hija Ilya lo que le impidió unirse a la salida nocturna de Rachins y Camberley. Por si fuera poco, su pasada relación con el bajo mundo le impedía marcharse de su lado, lo que aumentaba aún más la ironía.
[...Puede que hayan sido arrastrados al problema de la Moneda de Plata Negra, ¿eh?] reflexionó.
Era algo en lo que Gaston no quería pensar, pero esa era la razón por la que no los acompañó a Flanders. Gaston y Camberley eran amigos de la infancia y habían crecido juntos en la Capital Real. Obviamente, él quería participar en salvar a su amigo de una situación desesperada, pero le aconsejaron que se mantuviera al margen. Según Felt, no había garantías de que Kalifa no se viera arrastrada a los problemas si la situación de Camberley estaba relacionada con el incidente que la hirió. Si eso ocurriera, le correspondería a Gaston proteger a las dos, teniendo en cuenta su posición y sus habilidades. Respecto a su lugar, Gaston era un sirviente de la mansión Astrea, pero continuamente le enseñaban a realizar diversas tareas y nuevas habilidades, como si estar inactivo allí fuera imperdonable. Entre ellas, Gaston tenía mucho talento para aprender una técnica sistematizada conocida como el “Método del Flujo” y estaba siendo entrenado rigurosamente por Reinhard.
Al principio solía rendirse rápidamente, pero las cosas cambiaron cuando conoció a Kalifa y encontró una razón para motivarse. Ahora podía enorgullecerse de haber mejorado un poco como persona.
[No es que crea de verdad a Felt cuando dice que los habitantes de lo más bajo como nosotros vamos a poner el reino de cabeza, pero...]
Felt había hecho esa afirmación con una gran sonrisa el día que recogió a Gaston y a los otros dos mientras eran perseguidos por provocar un gran fiasco. Tuvieron la opción de huir, burlándose de ella por considerar que era una ambición estúpida. Pero al final, no lo hicieron y se vieron involucrados poco a poco. Antes de darse cuenta, tenía más razones para quedarse que para marcharse.
De repente, Kalifa empujó a la bebé que llevaba en brazos contra el grueso pecho del pensativo Gaston.
[¿...? Guoh, guoah, ¿te parece bien que la sostenga? ¿Vas a volver al trabajo?]
Se había convertido en su rutina almorzar con Kalifa, una trabajadora que vivía en un rancho de Hakuchuri. Después de esto, Gaston normalmente llevaría a Ilya al ranchero mientras Kalifa cuidaba del ganado para finalmente irse después de una pequeña charla, pero Felt le había dado la orden de pasar desapercibido por hoy, sin importar lo preocupado que estuviera por Camberley, así que quiso quedarse allí por un rato.
[Nos quedaremos aquí y los veremos trabajar. Ilya, puedes animar a tu mami mientras trabaja. Puedes hacerlo, ¿verdad?]
Gaston tomó la pequeña mano de Ilya y se la agitó a Kalifa, que soltó una suave carcajada. Él sonrió dulcemente y suspiró. Era feliz aquí con ellas dos y deseaba que estos pequeños momentos nunca terminaran. Y entonces, todo cambió...
[...Kalifa, sujeta a Ilya y retrocede.]
Se dio cuenta de que de repente estaban rodeados de hombres sospechosos. Gaston apretó sus grandes puños y se mantuvo firme, protegiendo a la madre y a la hija detrás de él.
Podía ver a once hombres, todos con sus identidades ocultas por trapos que les envolvían la cara. Pero el aire que los rodeaba no era el de un aficionado y no se molestaron en proferir amenazas inútiles. Aquellos hombres sabían exactamente lo que habían venido a hacer y no iban a andarse con juegos.
[…]
Gaston dejó escapar un profundo suspiro de concentración. Extendió su conciencia hasta los rincones de su cuerpo y visualizó un control total sobre sí mismo. Los fundamentos del Método de Flujo consistían, en primer lugar, en controlar por completo el propio cuerpo. A pesar de lo que muchos creían, los humanos eran terriblemente ineficaces a la hora de controlar su propio cuerpo. Comprender esa limitación y superarla era el primer reto para adquirir el Método del Flujo. Había pasado infernales días de entrenamiento llenos de indescriptible dolor y tortura.
“Pero me alegro de haber podido sobrevivir a ese infierno. Me alegro de ser capaz de mantenerme firme aquí. Si hubiera sido el mismo cobarde de siempre, entonces no habría sido capaz de luchar por Kalifa e Ilya de esta manera. Así que, me alegro... Todo lo que tengo que hacer ahora es probarme a mí mismo”.
[Me he quedado aquí mientras mis compañeros están en problemas, así que tengo que hacer creer a los que me mantuvieron aquí que tomaron la decisión correcta.]
Empujó su puño fuertemente cerrado hacia delante y dio un paso hacia los hombres. La suela de su zapato, impregnada del Método de Flujo, talló la tierra bajo él mientras los hombres se tensaban a la espera. Con tremenda fuerza, Gaston golpeó con su poderoso puño delante de él.
[¡Hraaah!]
Con el grito de guerra de Gaston, un hombre fue lanzado al cielo.

19
[¿Por qué no me cuentas lo que ha pasado? Tal vez podamos ayudar] dijo Felt mientras tomaba asiento en los polvorientos peldaños de la escalera, con la ropa aún cubierta de sangre.
Sin embargo, el pequeño hombre de cabello castaño grisáceo al que iba dirigida la pregunta, puso una mala cara.
[Gracias. Aprecio el gesto, pero...]
[¿Pero?] Felt ladeó la cabeza ante la vacilante respuesta. [Pero, ¿qué? ¿Tienes algo que decir?]
[¡Claro que sí! Le agradezco que no me haya denunciado a nadie antes de darme la oportunidad de contar mi versión de la historia, pero ¿qué pasa con este trato? ¿Qué he hecho yo para merecer esto?] exclamó el pequeño hombre mientras balanceaba las piernas.
Podía mover las piernas así porque no tocaban el suelo. Lo habían atado y suspendido del segundo piso de la mansión.
[Bueno, todavía tenemos que ser precavidos. No se sabe lo que un usuario de magia podría intentar hacer si tiene la oportunidad. Pero si intentas algo ahí arriba, al menos caerás al suelo antes de poder hacer nada. Así nos será más fácil encargarnos de ti.]
[¿De qué tiene que preocuparse cuando cuenta con el Santo de la Espada? ¡Solo se está divirtiendo al colgarme!]
[Sí.]
[¿Sí?]
El nombre del hombre que respondía a las palabras de Felt era Ezzo Cadner, un enano usuario de magia y actualmente el sujeto más buscado por tres de los mayores sindicatos clandestinos de la ciudad de Flanders. Sus cargos iban desde incendio provocado, asesinato y varios otros delitos.
[¡Soy consciente de que soy un criminal a la espera de juicio, pero este trato es demasiado cruel! Exijo mi liberación inmediata.]
[Sir Ezzo, por favor, mantenga la calma. Encontramos la cuerda en esta vieja mansión, que podría romperse en cualquier momento, y usted mismo está gravemente herido.]
Girando su pálido rostro, Ezzo miró a Reinhard, que sujetaba la cuerda.
[Eso es... algo que debería decirle a su Señora, Sir Santo de la Espada...]
[Buena observación.] El Santo de la Espada asintió. [Lady Felt, debo estar de acuerdo, este trato es un poco inapropiado. Tampoco me siento cómodo tratando así a un usuario de magia tan hábil como Sir Ezzo. Si solo está bromeando, tal vez sea hora de que paremos...]
[No digas nada más, Reinhard. Felt no está jugando. Justo como dijiste, es un hábil usuario de magia, y ya que no podemos taparle la boca, al menos tenemos que atarlo para que no pueda moverse. Solo porque puedas enfrentarte a él, no significa que debas subestimar a tu enemigo.]
[Rachins...]
El que se opuso a la petición de Reinhard en nombre de Felt era un hombre con aspecto de delincuente: Rachins. Se relamió los dientes al ver a Ezzo colgando bajo sus pies.
[Pasé por un infierno por tu culpa. Camberley lo está pasando mientras hablamos. Será mejor que empieces a hablar ahora, o te juro que te haré sufrir por lo mismo.]
[Camberley... Ya veo, mi hermano enano está...]
La vejación y el cansancio de Ezzo parecieron desvanecerse al escuchar las rencorosas palabras de Rachins. Su rostro recuperó algo de color y mostró más compostura mientras dejaba escapar un profundo suspiro.
[Lo comprendo. Aunque muchas partes puedan parecer increíbles, les contaré todo lo que sé.]
[¿Por qué tan cooperativo de repente?] preguntó Felt.
[Está en peligro como consecuencia de haberme ayudado. Si no hago nada para devolverle el favor, aunque sea un poco, no podría vivir conmigo mismo.]
Felt entrecerró los ojos ante esta dramática afirmación, al principio escéptica, pudo oír la seriedad en su tono. Hizo una señal con los ojos a Reinhard, que bajó a Ezzo al suelo y lo desató. Finalmente, libre de sus ataduras, Ezzo examinó la herida de su brazo derecho. Aunque tenía una gasa alrededor, podía ver que la herida era grave.
[Este es un tratamiento hecho por un individuo muy hábil. ¿Quién lo hizo?]
[Una de nuestras gemelas. Salió a comprarme ropa nueva, así que ahora no está aquí. Si quieres darle las gracias, hazlo más tarde.]
[Ropa nueva... Cierto, esa sangre en usted es mía. Mis disculpas.]
[No te preocupes por eso] dijo ella, pasando por alto su disculpa. [Dijiste que nos contarías todo lo que sabes, ¿verdad?]
El rostro de Ezzo se tornó solemne.
[En primer lugar, puede que no me crean cuando digo esto, pero hay algo que necesito que sepan. El pirómano que quemó el burdel del Jardín Prisión de Flores y mató a tantos... ¡ese... ese no fui yo!]
[Oh, sí, lo sé. Puedes saltarte esa parte.]
[¿Lo sabe?] Ezzo se quedó helado ante las contundentes palabras de Felt.
Reinhard se acercó a Felt y parecía a punto de criticarla por su brusquedad.
[Mi Señora...]
[¿Qué?] Felt enseñó el colmillo ante la presencia del caballero. [No tenemos tiempo para perder con algo que ya ha pasado. Ya hemos decidido que vamos a investigar este asunto basándonos en su inocencia, ¿cierto? Entonces tenemos que seguir adelante con eso.]
[Estoy de acuerdo con su espléndida decisión, Lady Felt, pero... cómo decirlo... Ha pasado por alto una parte bastante grande de nuestra versión de la historia, que ha causado a Sir Ezzo un poco de confusión.]
Ante el comentario de Reinhard, Felt miró a Ezzo con decepción.
[¿Confusión? ¿Qué hay que lo confunda? Creía que todos los usuarios de la magia debían ser inteligentes.]
Al recibir la atención de ambos, Ezzo se llevó la mano a la cabeza.
[Esperen, esperen, esperen. ¿Así que lo que están diciendo es que me piden mi versión de la historia y no mi defensa? ¿Y que ya han decidido confiar en mí además de estar dispuestos a ayudarme a atrapar al verdadero culpable?]
Felt ensanchó los ojos.
[Ah, uhm... Sí, supongo...] respondió, perpleja ante la rápida evaluación racional que Ezzo hacía de su propia situación. A Reinhard también le asombró su certera capacidad para ver objetivamente todo el panorama.
Ezzo, por otro lado, empezó a sospechar de aquella historia que le sonaba demasiado buena para ser verdad.
[¿Por qué? ¿Por qué confían en mí tan fácilmente?]
[…]
[Ustedes y yo solo nos hemos visto una vez en el pasado. Ni siquiera puedo decir que se llevaran especialmente bien con mi pariente que me ayudó. Así que, ¿por qué me escuchan, incluso cuando desafían la voluntad de los Tres Grandes?]
“Nada de esto tiene sentido”. Los ojos escépticos de Ezzo se clavaron en Felt.
Desde su perspectiva, no se sabía quién estaba de su lado o no… no, no debía haber nadie de su lado. Solo había enemigos. Era obvio que se mostraría escéptico de inmediato si alguien aparecía y decía confiar en él.
Al principio, Felt tampoco tenía intención de husmear para averiguar la verdad de aquel desastre en el Distrito Rojo, pero cuando llegó y vio a Ezzo en persona...
[Debe haber una parte de usted que aún piensa... que soy un despiadado asesino que quemó viva a mucha gente.]
[No, no la hay. Al menos no después de oír tu grito desesperado.]
[¿Grito... desesperado...?]
Ezzo frunció las cejas, aparentemente inconsciente de lo que Felt decía. La pérdida de sangre parecía haberlo hecho olvidar lo que dijo antes de perder el conocimiento: su iracundo voto de vengar a su alumna. “…Es estúpido siquiera sospechar de él después de oír algo así”, pensó Felt.
Así que, si había algo que debía preguntarle a Ezzo, era una sola cosa.
[No me interesan las cosas complicadas. Ya hemos tomado una decisión. Así que solo quedas tú. ¿Estás dentro o no?]
[Estoy...]
[Puedo adivinar la mierda en la que estás ahora mismo. No eres capaz de hacer un movimiento mientras te persigue el Jardín Prisión de Flores o la Moneda de Plata Negra y todo eso, ¿verdad? También entiendo que probablemente todavía estás nervioso por haber sido atrapado por nosotros con todo lo que está pasando, pero si no aceptas nuestra ayuda aquí y ahora, entonces esta discusión ha terminado.]
[¡…!]
[Para que lo sepas, me da igual cualquier cosa.]
La expresión de Ezzo cambió de golpe cuando escuchó la firme postura de Felt al respecto. Ella ya había tomado una decisión. Con Camberley atrapado, Felt se vio impulsada a resolver el caso. Solo faltaba que Ezzo decidiera si estaría allí para presenciar cómo ella lo haría o no.
Aun así, si las angustiadas palabras que aulló desde un charco de su propia sangre eran auténticas, solo podía haber una única respuesta para Ezzo...
[...Me arrodillo ante usted y le pido su fuerza, Lady Felt. Yo, el usuario de magia Ezzo “El Gris” Cadner, juro por mi vida que le devolveré mi gratitud.]
Ezzo se arrodilló ante Felt en la base de la escalera. Ella intentó disimular su alivio al ver su rostro completamente sincero que la miraba. Reinhard, por otro lado, de reojo contemplaba con admiración el rostro de su Señora. Comprendiera o no su confianza en él, aceptaba su ayuda. Arrodillado ante la Señora y el sirviente, Ezzo continuó con su voz atronadora.
[…Por favor, ayúdeme a vengar la muerte de mi querida alumna, Mimosa.]
Dicho esto, Ezzo Cadner inclinó la cabeza y comenzó a hablar. Les contó todo lo que sabía sobre lo que les había ocurrido a él y a su alumna la noche del incendio.
20
[Como ya sabrán, estuve trabajando como guardia en el Distrito Rojo después de ser engañado por su camarada... mi pariente. Pues bien, aquella noche, tras terminar mi patrulla habitual, me dirigí a las habitaciones de mis alumnas, las chicas a las que había estado enseñando a leer y escribir, para recoger sus tareas. Luego las llevé todas a mi dormitorio para calificarlas.]
El otro día, Felt y Reinhard ya habían oído hablar de este trabajo secundario suyo, cuando se encontraron en el Jardín Prisión de Flores, que era completamente aparte de su contrato allí. Insatisfecho con su carga de trabajo como guardia, Ezzo había empezado voluntariamente a enseñar a algunas de las prostitutas. Se hizo muy popular por ello y una vez dijo que le producía una gran satisfacción. También mencionó a una alumna suya que soñaba con abrir una florería algún día, la joven Mimosa.
[Mi dormitorio estaba en el edificio que se quemó. Aunque funcionaba con el nombre de Jardín Prisión de Flores, ese burdel era relativamente barato en comparación con otros lugares... Así que también atraía a clientes maleducados que causaban problemas.]
Ezzo fue colocado en este burdel por si surgían tales problemas. Evidentemente, su sola presencia tuvo un efecto disuasorio importante, y los altercados habituales casi desaparecieron. Irónicamente, menos problemas significaba menos trabajo para mantenerlo ocupado, pero no era de los que se quejaban de la paz. Así que, una vez que terminó de corregir todos los deberes, se dispuso a acostarse tarde, como de costumbre, y fue entonces cuando se dio cuenta de algo.
[Una vez que la flor y su cliente entran en su habitación, esta se convierte en un lugar casi desvinculado del mundo real, por así decirlo. Normalmente, sería una insolencia que un extraño se entrometiera en un lugar así, pero aquella noche tuve una sensación inquietante que no pude evitar y, antes de darme cuenta, entré corriendo en una de las habitaciones. Por desgracia, cuando llegué, el cliente ya estaba muerto, y Mimosa, que se suponía que debía atenderlo, estaba...] Ezzo detuvo sus palabras y frunció el ceño. Se quedó en silencio, pero no fue más que unos segundos. Rápidamente volvió a poner cara seria, con el pesar y la pena mostrándose solo en sus ojos, y continuó. […Mimosa estaba tendida de lado, jadeando. Corrí hacia ella e intenté curarle la herida del pecho. Pero mi magia curativa no se activó... Lo único que pude hacer fue presionar sobre la herida para detener la hemorragia... pero ya era demasiado tarde para ella.] Hizo una pausa.
[Su pulmón estaba roto y el aire se escapaba] añadió, débilmente.
Agregó que encontró una espada corta y delgada como una aguja tendida junto a ella, que creía que había sido utilizada para empalarla.
[No pude hacer nada por Mimosa. No paraba de pedir perdón delirantemente. Esa chica estuvo agonizando hasta el final. Lo único que pudo hacer fue seguir arañando el pecho de su patético profesor hasta que... dejó de moverse.]
[Fue una muerte miserable. Mimosa murió, jadeando por su último aliento] añadió Ezzo. [Fue un espectáculo imperdonable. Pero lo más imperdonable fue lo que vino después. Estaba demasiado distraído con la muerte de Mimosa y no me di cuenta de que había un asesino escondido en la habitación.]
Como resultado, Ezzo no pudo esquivar el golpe del asesino por la espalda y recibió un impacto en la nuca. Intentó devolver el golpe, pero su magia volvió a estar inactiva y perdió el conocimiento. Cuando recobró el sentido…
[El edificio estaba en llamas y yo me encontraba justo en medio del incendio. Instintivamente cargué con el cuerpo de Mimosa y la fina espada corta, y escapé al exterior. Fue entonces cuando...]
[…La gente del Jardín Prisión de Flores te encontró] Felt terminó su frase.
[Puede pensar que podría haberme rendido y esperar mi oportunidad para explicarme... pero no podía. Si lo hubiera hecho, el asesino podría haber escapado mientras yo perdía el tiempo intentando demostrar mi inocencia. No podía permitirlo.]
Ezzo, con la cara cubierta de hollín negro por el humo, analizó rápidamente el terrible aprieto en el que se encontraba. El cliente que murió en la habitación era un miembro de la Moneda de Plata Negra. Muchos miembros de La Balanza también estaban en el edificio esa noche. Dedujo que quienquiera que estuviera detrás de esto iba a inculparlo tanto del asesinato de Mimosa como de haber prendido fuego al burdel.
[Si me quedaba, temía que no habría forma de vengar a Mimosa] dijo Ezzo, recordando sus sentimientos de aquella noche. [Simplemente, no podía permitirlo.]
“…Un pecador debe ser castigado adecuadamente”. Este era un código no escrito entre los semihumanos; un juramento sangriento grabado profundamente en el alma de cualquiera con sangre impura corriendo por sus venas. Ezzo siempre había despreciado esa filosofía, por considerarla bárbara, pero aquella noche no podía negar la irrefrenable sed de sangre que sentía.
“¡Represalia!” gritaba su sangre. “¡Represalia!” su alma se lo ordenó. “¡Represalia!” aulló.
[Antes de darme cuenta, me libré de la gente que me rodeaba y escapé del Distrito Rojo. Fue entonces cuando allí mismo me encontré con mi pariente y con él] dijo Ezzo, refiriéndose a Rachins. [Hoy estoy aquí gracias a ellos.]
[Entonces, pediste ayuda a ese sospechoso grupo del Escarabajo Dorado y acabaste escondiéndote aquí. ¿Estoy en lo cierto?]
[Exacto. Se puede confiar en la señorita Helaine del Escarabajo Dorado siempre que compartamos un interés común. Además...]
[...¿Además?] inquirió Felt a Ezzo al detener súbitamente sus palabras. Ezzo, por otro lado, dudó en continuar.
Irritada por una actitud tan indecisa, Felt estaba dispuesta a abrir la boca, pero antes de que pudiera tener la oportunidad...
[Sir Ezzo, ya hemos tomado una decisión. No vamos a arrepentirnos ahora, nos diga lo que nos diga] intervino Reinhard, utilizando las palabras de Felt. Luego miró a su Señora, que resopló por la nariz y asintió.
[Tiene razón...] Ezzo suspiró ante la inquebrantable resolución de aquella Señora y sirviente, y continuó. [No podía confiar en nadie más que en el Escarabajo Dorado. El asesino es alguien de uno de los Tres Grandes... Y también está relacionado con los recientes incidentes ocurridos en la ciudad.]
[¡…! ¿Hablas en serio? Más vale que no sea mentira.] La cara de Rachins se torció de asombro al procesar lo que Ezzo acababa de decir.
La reacción de Rachins era natural para cualquiera. En la ciudad de Flanders se creía generalmente que los Tres Grandes estaban siendo atacados por un extraño. El testimonio de Ezzo, de ser cierto, derribaría esta premisa e incluso cambiaría el equilibrio de poder dentro de la metrópolis.
Rachins, confuso, se sostuvo la cabeza.
[Pero, todos creen que es un tercero, ¿no? ¿Desde que los tres grupos fueron atacados?]
[Es para que ellos también puedan actuar como víctimas] dijo Felt. Empezó a sentirse enferma ante la turbia táctica de los culpables. [¿Quién es tu fuente?]
[Mimosa] respondió Ezzo.
Su respuesta corta y con un solo nombre solo la hizo sentirse peor. Ezzo puso una cara de amargura.
[Mimosa seguía disculpándose incluso cuando la muerte se cernía ante ella. Dijo que ayudó en un plan que podía ponerme en peligro a mí, a sus colegas cercanas... e incluso a la propia ciudad.]
[Ayudar en un plan... ¿Crees que la mataron para que no hablara?] Preguntó Felt.
[Ella no era de las que mienten. Me gustaría creer que la estaban utilizando sin siquiera saberlo.]
[Fuera lo que fuera, la gente murió por su culpa] replicó. [Está más allá del punto de solo ser usada... pero...]
“…¿Cómo una simple prostituta como Mimosa conseguía información tan delicada como esa?” Su rostro se amargó ante estas nuevas revelaciones. “No es que vaya a desertar ahora después de todo esto, pero...”
[Realmente no me gusta que las cosas estén resultando exactamente como predijo ese imbécil ojos de serpiente de Safis. Acabaremos yendo contra el bajo mundo por ayudar a Ezzo, ¿no?]
[Supongo que no hay forma de evitarlo] convino Reinhard. [Sin embargo, si hemos de tener en cuenta la advertencia de Sir Doltero y de Safis...]
[Podemos tachar a la Moneda de Plata Negra de la lista de sospechosos] replicó Felt, terminando la reflexión de Reinhard. [También quiero tachar el nombre del Jardín Prisión de Flores, ya que fue su edificio el que se incendió...]
[Me temo que no sería prudente. El Jardín Prisión de Flores habría tenido la mayor oportunidad de utilizar a Mimosa y, por mucho que me duela decirlo... Ella era... prescindible] dijo Reinhard con dolor.
Parecía angustiado ante la idea de tratar la vida humana como una mera herramienta. Felt y Rachins, en cambio, no se inmutaron tanto. Comprendían mejor que Reinhard que la muerte de Mimosa era perfecta para que el Jardín Prisión de Flores obtuviera el estatus de víctima, y que la vida de una simple prostituta solo era un juguete para ciertas personas siniestras.
Rachins pareció procesar por fin la situación.
[Ahora lo entiendo] dijo mientras volteaba hacia Ezzo. [Pero, ¿cómo puedes vengarla estando encerrado en un basurero como este?] Luego señaló la mansión y entrecerró sus ojos sanpaku. [Esconderse está bien y todo eso, pero ¿cómo vas a buscar a alguien aquí?]
[Para eso también pedí la colaboración del Escarabajo Dorado] respondió Ezzo. [El enemigo ha matado a su confidente para ocultar su secreto y me ha encontrado a mí para echarme la culpa de todo. Lo más probable es que su próximo movimiento sea escapar de la ciudad, así que les pedí que me avisaran si veían a alguien de los Tres Grandes intentando abandonar la metrópolis.]
[Esa perra no nos dijo nada de eso...] Felt se hartó cuando la condescendiente y falsa sonrisa de Helaine apareció en su cabeza.
[Helaine la del Escarabajo Dorado, ¿eh...?] murmuró Rachins para sí mismo, con cara de estar sumido en sus pensamientos.
Felt lo miró de reojo y se rascó la cabeza, frustrada.
[Eso es una cosa más que tenemos que ir a preguntarle.]
[Probablemente nos exigirá una tarifa de información cuando lo hagamos...] añadió Reinhard.
[Si lo hace, le ofreceré un Santo de Espada y recuperaré a Romy como cambio.]
Reinhard dejó escapar una risa vacilante, inseguro de si Felt estaba bromeando o no. Y en ese preciso momento…
[…]
La expresión de Reinhard cambió por completo. Sus penetrantes ojos azules se centraron en la entrada principal de la mansión, como si quisiera mirar más allá de la puerta. Entrecerró los ojos y habló en voz baja.
[Lady Felt, nos están rodeando. Son al menos cien.]
La puerta estaba cerrada y el exterior quedaba fuera de su vista, pero Felt abrió completamente los ojos ante el informe de su caballero.
[¿Qué?]
Rachins se relamió los dientes y corrió hacia la ventana.
[¡Mierda! ¡No está mintiendo! No puedo decir el número, pero... ¡son miembros de los Tres Grandes!]
[¿Miembros de los Tres Grandes? ¿Quieres decir que es un grupo combinado? Por qué hay tanta gente aquí...]
[Deben haber descubierto que estaba escondido aquí] murmuró Ezzo ante la pregunta de Felt.
La mente de Felt vagó hacia Flam, que había salido a hacer un mandado. “¿Algo le habrá pasado? ¿Abandonó el lugar?”
[Lady Felt, Flam es bastante competente.] Como si hubiera leído su mente, Reinhard salió a defender a la joven chambelán. [De haberlo sabido, no habría permitido que nos tendieran una emboscada así. Creo que esto no tiene nada que ver con ella.]
[Entonces, ¿quién demonios...?] De golpe, un pensamiento sacudió a Felt antes de que pudiera terminar su pregunta. La cara de una mujer sospechosa vestida de negro apareció en su cabeza. [¡¡¡Esa perra desleal!!!]
Era el tipo de mujer que vendería cualquier cosa por el precio justo. Si alguien le hubiera pedido información sobre Ezzo, lo primero que ella habría considerado era el análisis coste-beneficio.
[¿Qué demonios vamos a hacer? ¡Los Tres Grandes están ahí fuera! ¡No es posible que podamos convencernos de salir de esto si nos encuentran!] gritó Rachins, presa del pánico.
Felt empezó a pensar en formas de escapar.
Independientemente de las intenciones de Helaine, la situación era desfavorable. El grupo de Felt no tenía ninguna posibilidad de persuadir a todo ese escuadrón del bajo mundo para que se retiraran, no una vez que los vieran junto a Ezzo. Serían apresados en el acto y, lo peor de todo, el verdadero culpable escaparía de la ciudad mientras ellos trataban de demostrar su inocencia; el destino que Ezzo más había temido.
“¿Deberíamos salir antes de que irrumpan e intentar negociar con ellos?” Felt se planteó un movimiento preventivo. “No, ni siquiera considerarían una negociación a menos que los amenacemos con algo igual o más dañino que dejarnos ir...”
[Lady Felt.] Reinhard pronunció su nombre desde un lado mientras ella se rompía la cabeza.
No dijo nada más, pero Felt comprendió enseguida lo que quería decir:
“usa mi nombre y mi reputación”.
El poderío marcial de Reinhard era conocido por todos. Lo único que Felt tenía que hacer era esconderse detrás de su estatus y la gente de fuera estaría más que dispuesta a negociar.
En pocas palabras, Felt siempre había tenido las de ganar. Una simple orden suya y Reinhard habría desmantelado todo el bajo mundo en menos de un día. Su nombre era más que suficiente para salir por la fuerza de esta situación.
…Eso si estaba dispuesta a aprovechar el abrumador poder de Reinhard para sus propios fines y seguir el camino de un tirano.
[Jeh, como si fuera a pasar. De ninguna manera voy a hacer algo tan patético.] Felt se irguió en los escalones y miró a Reinhard. Esto era algo inusual para ambos por su diferencia de estatura.
Reinhard tenía una expresión de desconcierto en la cara, esperando lo que creía que sería una orden de Felt. Ella disfrutaba secretamente con esta expresión suya.
[No podemos dejar que nos encuentren junto con Ezzo, ahora mismo. Tenemos que hacer algo para salir de este problema] declaró Felt.
[¡Dices hacer algo, pero ese es exactamente el problema! ¿Qué demonios vamos a hacer? Son profesionales cuando se trata de acorralar a su objetivo. No se les escapa ni un gato.]
[Rachins tiene razón. Lady Felt, por favor use mi nombre esta vez...]
[Y yo digo que no quiero hacer eso... ¡Espera, eso es!] Felt chasqueó los dedos.
Era cierto que, si utilizaba la reputación de Reinhard, la gente de fuera no tendría más remedio que recapacitar. Lo que ella temía era que, si se permitía recurrir a este método una vez, lo haría una y otra vez hasta que viera a aquel joven pelirrojo como nada más que un objeto. Así que, cuando se le ocurrió una idea que evitaría el uso de este método, no pudo ocultar su emoción.
[¡Oye, Gris! Eres un usuario de magia avanzado, ¿verdad?] Preguntó Felt con una amplia sonrisa que dejaba ver su colmillo. Escépticos, los hombres la miraron.
[Entonces, ¿puedes hacer una máscara lo suficientemente fuerte como para que no se rompa en una pelea?] Sus ojos brillaban de entusiasmo.
21
…Este fue el momento exacto en que, de repente, la muerte se hizo demasiado real para los hombres que rodeaban la vieja mansión. Todos y cada uno de los hombres que allí se encontraban empuñaban un arma y estaban preparados para atacar y capturar al enano buscado que supuestamente se ocultaba en el edificio. Se habían reunido más de 200 miembros para esta misión. Ese enano había manchado los nombres y la reputación de los Tres Grandes que dirigían la ciudad. Normalmente nunca estarían codo con codo, pero en esta ocasión en particular, estaban juntos con un objetivo en mente. Ninguno de los 200 miembros esperaba que la captura de un solo enano fuera una tarea difícil. Lo único que tenían en mente era quién capturaría al fugitivo y qué sindicato se llevaría el mérito.
…Pero ahora se quedaron congelados en el sitio, olvidándose incluso de respirar.
[No deseo herir a nadie... No quiero hacerle daño a nadie, pero tengo un favor que pedir... Será mejor que hagan lo que les digo] dijo el joven que se alzaba erguido y orgulloso en la entrada de la mansión.
Su voz resonó en toda la zona para los allí reunidos. No empuñaba ningún arma ni llevaba armadura pesada, solo vestía ropas blancas y ligeras que mostraban un cuerpo esbelto y tonificado... De no ser por la máscara de aspecto gracioso que cubría fuertemente su rostro, no había nada fuera de lo común en el joven.
[…]
El extraño aspecto del joven y su torpe forma de hablar habrían sido normalmente una invitación para que los hombres atacaran, pero ninguno de ellos se atrevió a hacer un movimiento. Vivieron en el mundo de la violencia el tiempo suficiente para saber que no debían convertir al joven en un enemigo.
“Un error y estamos muertos”. Comprendieron instintivamente el monstruoso peligro que representaba el joven.
[¿Esta presencia... y el cabello rojo...? ¿Tú eres...?] Uno de los hombres habló con voz temblorosa.
El joven asintió a su pregunta.
[Permítame que me presente. Me llamo... Soy...]
Los hombres tragaron saliva, ansiosos por escuchar sus siguientes palabras.
[Soy el Caballero Enmascarado Bertol] proclamó el joven, llevándose una mano a la máscara. Una presencia abrumadora emanaba de él mientras hablaba.

[...¿Qué?] Uno de los hombres expresó exactamente lo que todos sentían.
Todos los hombres estaban desconcertados por el inesperado nombre que se les había dado. Con su presencia y apariencia, solo había un nombre que esperaban.
[¡Espera! ¿No eres... no eres el Santo de la Espada?]
[No, soy el Caballero Enmascarado Bertol.]
[¿El Caballero... Enmascarado?]
[No tengo ni idea de a qué te refieres. Aun así, si quieren confirmar mi identidad, vengan e intenten desenmascararme.]
Los hombres se quedaron en silencio. En parte por la confusión ante la incoherencia del discurso del joven, y en gran medida por su mirada; se sentían completamente paralizados, como atrapados en una pesadilla interminable.
El Caballero Enmascarado se encogió de hombros ante los hombres paralizados por su mirada.
[Una cosa más: aunque me siento mal por hacer esto, voy a tener que noquearlos a todos y cada uno de ustedes... Espero que lo entiendan.]
[¿Qué demonios estás diciendo...?]
Cuando uno de los hombres expresó su objeción a la absurda declaración del Caballero Enmascarado, de repente sintió que perdía el conocimiento.
[¿Pero qué...?]
Aunque el hombre consiguió recobrar la compostura antes de desmayarse por completo, no podía decirse lo mismo de la persona que estaba a su lado, en el suelo con los ojos en blanco; de hecho, no era el único. Uno tras otro, los hombres se desplomaban a su alrededor, y al final solo quedaban en pie poco más de la mitad de los 200 hombres.
[…Quedan más de la mitad. Estoy impresionado. Poseen una mayor fortaleza de lo que esperaba] murmuró para sí mismo el Caballero Enmascarado, sorprendido después de dejar inconscientes a casi 100 personas solo con mirarlas fijamente mientras observaba a los hombres que aún quedaban de pie.
[¡U-Uwahhhhhhh!] De repente, uno de los hombres se lanzó contra el Caballero Enmascarado con el arma en alto.
Este último comentario actuó como el empujón final para que perdiera la cabeza, junto con varios otros que siguieron esta locura.
[¡Chicos, al menos vayan con un plan...!] gritó uno de los miembros que consiguió mantener la compostura, pero ya era demasiado tarde.
El hombre que cargaba al frente blandió su espada contra el Caballero Enmascarado, solo para ser detenida por una mano descubierta. Los hombres que observaban no podían comprender lo que acababan de presenciar. El resto de los hombres que se lanzaron siguieron su ejemplo y blandieron sus armas uno tras otro. Ecos de acero chocando y rompiéndose cortaron el aire cuando sus armas se hicieron pedazos. De nuevo, ninguno de ellos fue capaz de comprender lo que acababa de ocurrir.
[¡Hmph!]
El Caballero Enmascarado exhaló bruscamente mientras pisaba con fuerza el suelo. La onda expansiva de su pisada hizo volar por los aires a sus atacantes, dejando inconscientes a una docena de hombres. Los hombres a los lados miraron al Caballero Enmascarado, que no se había movido ni un paso de donde había empezado. Intentaron procesar la idea de que lo único que había hecho hasta entonces era pisar el suelo con cierta fuerza.
[La verdad es que me he estado sintiendo culpable] murmuró de repente el Caballero Enmascarado de forma sugerente.
“¿Sintiéndose culpable de qué?” se preguntaron los hombres. “¿Por su fuerza absurdamente excesiva e injusta? ¿O por usar un alias ridículo como “Caballero Enmascarado”?”
[Últimamente han ocurrido muchos momentos en los que mi existencia ha causado muchos problemas a mis amigos. Estoy profundamente avergonzado por mi impotencia para hacer algo al respecto. Debo reflexionar sobre ello como corresponde.]
Los hombres se desanimaron al comprobar que sus especulaciones estaban muy lejos de la realidad. Su vergüenza no tenía nada que ver con ellos. Más que nada, les desanimó el hecho de que se llamara a sí mismo “impotente” tras esta dominación. Estaba entre más de cien hombres a los que había noqueado mientras apenas movía el cuerpo. Ya nada tenía sentido.
[...Hey, todos ustedes, atáquenlo a mi señal] llamó uno de los miembros a los demás.
No se sabía quién pertenecía a qué sindicato en ese momento, pero eso ya no importaba. Estaban todos juntos en esto.
[¿Hablas en serio? ¿No es mejor buscar una salida...?] preguntó otro miembro.
Sin embargo, el hombre que sugirió un ataque total puso cara de amargura.
[¿De verdad crees que podemos huir de este monstruo?]
[Imposible] respondió otro. [Pero tampoco es que podamos hacerle nada a esa cosa aunque atacáramos todos juntos.]
Solo quedaban en pie los miembros más resistentes, que podían evaluar con precisión lo que estaba ocurriendo. Sabían muy bien que era el momento de dejar sus egos a un lado. Esta era una guerra entre un grupo de ratas y un tigre monstruoso.
[Sí.] El primer hombre asintió, muy consciente de la situación. [Pero imagínate... imagínate si conseguimos asestarle aunque solo sea un corte y vivimos para contarlo... Sería una historia para recordarla el resto de nuestras vidas.]
[Bien... Me gusta... Cuenta conmigo] contestó uno de los miembros; todos los hombres sonrieron vulgarmente y asintieron con la cabeza.
Un momento después, todos se lanzaron.
[¡Uwaahhhhhhhhhh!]
Innumerables ataques se dirigieron hacia el Caballero Enmascarado, que se vio rápidamente rodeado. Dejó escapar una leve sonrisa y se preparó para contraatacar.
…Unos días más tarde, uno de los supervivientes habló sobre el suceso en un bar.
[Caminar en el aire es demasiado injusto, hombre.]
22
[No quieres usarlo como método de negociación, pero no tienes problema en utilizarlo para noquear a todo el mundo, ¿eh? De verdad que a veces no te entiendo, Señora Jefa] murmuró Rachins mientras corría con expresión horrorizada.
Se quedó estupefacto al ver las consecuencias de las acciones de Reinhard. Todo el conjunto de doscientos enemigos yacía derrotado en el suelo, desmayado, mientras el grupo huía. Habían estado corriendo desde que escaparon de la mansión.
[Está bien] respondió Felt mientras sacaba la lengua. [Ahora, aunque nos acusen de algo, podemos decir que lo hizo el Caballero Enmascarado. No pueden demostrar que estuvimos allí o que Reinhard hizo todo eso.]
[¿Y si dicen que solo Reinhard es capaz de hacer algo así?]
[Pueden decir lo que quieran. Como he dicho, no tienen pruebas ni testigos. ¿Por qué crees que lo hice llevar una máscara? ¿Verdad, Sir Caballero Enmascarado?]
[Sí, creo que pude solucionar el problema sin que nadie me viera la cara] respondió Reinhard, jugueteando con la máscara que tenía en la palma de la mano mientras hablaba. Era una máscara creada por la magia de Ezzo, que ocultaba eficazmente su identidad.
Felt se había aprovechado de las abrumadoras habilidades de Reinhard, pero sin confiar en su reputación.
[Es patético amenazar a la gente con Reinhard sin más, pero seguro que sienta bien negar haberlo utilizado.] A Felt le hizo gracia toda esta situación y miró a Reinhard, que corría a su lado. [Tú también parecías estarlo disfrutando. Quizá deberíamos volver a sacar al Caballero Enmascarado de vez en cuando.]
Reinhard sacudió la cabeza ante la propuesta de Felt.
[Me alegro de haber colaborado en su plan, mi Señora, pero no habrá próxima vez: mis poderes son demasiado peligrosos para usarlos de forma anónima. Es una forma de pensar peligrosa.]
[…]
Felt se dio cuenta de que se estaba dejando llevar y se contuvo.
[...Entonces, ¿adónde vamos ahora? ¿Hay algún sitio que tenga en mente?] Ezzo intervino desde atrás. Su rostro se puso más pálido mientras luchaba por seguirles el paso.
Aunque lograron escapar de la mansión rodeada gracias al duro trabajo de Reinhard, el Caballero Enmascarado, su situación seguía siendo desfavorable. Su primer curso de acción era encontrar un nuevo escondite para Ezzo lo antes posible y evitar ser vistos en público con él.
[Supongo que el lugar más seguro ahora mismo es la Moneda de Plata Negra] respondió Felt a la pregunta de Ezzo. [Digámosles lo que sabemos, pidámosles que te escondan y luego vayamos a hablar de nuevo con esa Plaga Dorada.]
[Un poco incómodo ir a pedirles ayuda después de todo lo que hicimos...] murmuró Rachins.
[Cállateee] escupió Felt con frustración. [Lo hizo el Caballero Enmascarado. Así que discúlpate, Reinhard.]
Reinhard asintió.
[Claro. Me disculparé en nombre de ese señor enmascarado.]
A pesar de haberse desviado un poco del tema principal, siguieron planeando su próximo movimiento. Cuando la discusión llegó a su fin y decidieron visitar a la Moneda de Plata Negra, se detuvieron en un callejón, ocultos a la vista del público.
De repente...
[¡Lady Felt! Joven Señor!] alguien los llamó desde atrás.
Rápidamente se dieron la vuelta y vieron la silueta de una chica acercándose a ellos. Flam los había encontrado una vez más después de que huyeran de la caótica escena de la mansión.
[¡Flam!] Reinhard la llamó por su nombre. [Me alegro de que estés bien. ¿Estás ilesa?]
[Sí, yo también me alegro de ver que esté bien, Joven Señor... Pero hay noticias urgentes que tienen que oír.]
Estaba claramente asustada y cortó los saludos. Felt se sorprendió de verla tan nerviosa. A pesar de su edad, Flam siempre había mantenido la compostura en todas las situaciones.
Reinhard le puso las manos en los hombros y bajó la mirada hasta encontrarse con la de ella.
[Flam, cálmate. Cuéntanos qué ha pasado, ¿bien?]
Flam respiró más despacio y se tranquilizó al oír sus palabras. Como era de esperar de alguien que la conocía desde hacía mucho tiempo, Reinhard sabía exactamente cómo calmar a la joven chambelán. Cuando su respiración se normalizó, su expresión se volvió solemne.
[He recibido un mensaje telepático de Grassis, que está en la mansión. Dice que Gaston y los demás han sido atacados por un desconocido y que se llevaron a la señorita Kalifa.]
23
La Protección Divina del Habla Mental es el poder único que poseen las chambelanes gemelas de la Mansión Astrea, Flam y Grassis. Esta Protección Divina les permitía enviarse un mensaje verbal una vez al día, sin que lo impidiera la distancia física que las separaba. Así, la emergencia en la mansión fue transmitida a Felt y a los demás. Felt apretó los dientes ante el informe de Flam. “Siempre vamos un paso por detrás”.
Según el mensaje de Grassis, aunque no corría peligro su vida, Gaston estaba gravemente herido e inconsciente. Resistió ferozmente a los asaltantes y consiguió proteger a Ilya, pero Kalifa fue secuestrada. “Es imposible que este asalto y el reciente ataque a la Moneda de Plata Negra no estén relacionados”. Felt interpretó rápidamente que se trataba de un ataque a la Moneda de Plata Negra. Era evidente para ella que Ilya y Kalifa eran los objetivos, y no necesariamente el grupo de Felt. Pero estas dos eran familia para ella, y no tenía intención de quedarse de brazos cruzados sin hacer nada. Su paciencia había llegado oficialmente a su límite y su motivación alcanzó su punto máximo.
[...Sus nervios de acero realmente me asombran] dijo Safis en cuanto entró en el salón para saludar a los visitantes de los que había sido informado. Había una pizca de conmoción en su tono y su comportamiento, un marcado contraste con su habitual impresión de frialdad. [Después de acoger a un fugitivo, desmanteló sin ayuda a un gran número de nuestras fuerzas. Ahora viene a vernos como si nada hubiera pasado. Por favor, ¿sería tan amable de contarme su secreto sobre cómo ser tan audaz... guoh?!]
Mientras terminaba el venenosamente sarcástico desglose de los acontecimientos, Felt agarró a Safis por el cuello y lo empujó contra la pared. No estaba de humor para seguirle la corriente a su lengua afilada.
[¿Qué estás... haciendo...?]
[Ahora mismo no tengo tiempo para tus tonterías sarcásticas. Así que escucha con atención y responde a mi pregunta. ¿Eres tú el que está persiguiendo a Ilya y Kalifa, otra vez?]
Safis hizo una pausa.
[Ya veo. No me extraña que esté tan alterada.] A pesar de lo sofocante que era ser interrogado así, la pregunta de Felt le permitió atar cabos. [Me temo que no estoy relacionado con este asunto. Por muy atractiva que sea la idea de volver a ser el blanco de la ira del Jefe... no tiene sentido si además estoy poniendo en peligro su estatus.]
Felt siguió mirando a Safis, evaluando la autenticidad de sus palabras.
[Mi deseo es que el Jefe reine sobre la metrópolis el mayor tiempo posible. Ni más ni menos.]
Felt apretó los dientes.
[Maldito depravado.] Escupió sus palabras con asco y lo soltó.
[A ver] empezó el hombre de ojos de serpiente mientras se frotaba el cuello y se arreglaba el traje. [Basándome en su pequeño arrebato, ¿supongo que la madre y la hija en cuestión fueron atacadas? ¿Y qué, les ha pasado algo?]
[Es realmente entusiasta] dijo Reinhard. [Tanto que hace sospechoso su último testimonio.]
[Si tan solo tuviera el valor de intentar engañar al Santo de la Espada después de todo esto.] Safis levantó las manos ante la sugerencia incriminatoria de Reinhard. [Pero, ya veo... que madre e hija han... Por eso le dije muchas veces al Jefe que serían un estorbo.]
Felt permaneció en silencio mientras Safis seguía balbuceando. A pesar de saber que Ilya y Kalifa estarían constantemente en peligro, había elegido acogerlas y juró protegerlas de todo daño. Pero ahora, había incumplido su promesa.
[Así que esto significaría que el verdadero objetivo del enemigo es la Moneda de Plata Negra... ¿Fueron los ataques a los otros sindicatos una mera distracción?] Safis especuló. [Por cierto, ¿cómo pretenden explicar el alboroto que han causado en la mansión?]
[¿La mansión? No sé de qué me estás hablando. No tenemos nada que ver con el Caballero Enmascarado.]
[No me puedo creer que estén usando eso como defensa... ¿Significa también que no tienen intención de explicar su relación con el fugitivo? Y, si ese es el caso, ¿debo asumir que están trabajando en nuestra contra?] preguntó Safis con voz fría e impasible mientras miraba fijamente a Felt y a Reinhard.
Sus ojos carecían de cualquier rastro de la alegría que había en ellos hace un momento. Solo quedaba hostilidad pura en esta evaluación de su lealtad.
Felt frunció los labios ante su mirada.
[No empieces. Recuerda que podemos patearte el trasero cualquier día si lucháramos cara a cara.]
[Su Señoría desea mantener el equilibrio] dijo Reinhard. [Piense en el Caballero Enmascarado como un gesto de su intención. Imagínese que no estuviera allí y fuera yo quien hubiera luchado...]
[Una guerra total habría sido inevitable, ¿no?] Safis terminó la reflexión de Reinhard. [Pero seguro que debía haber otros métodos...]
[Estoy bastante segura de que elegí el método más eficaz y a la vez pacífico.] Felt se cruzó de brazos y sonrió sin disculparse.
Safis suspiró y sacudió la cabeza, habiendo perdido su hostilidad al ver esa sonrisa descarada.
[Si tanto se esfuerza por encubrir a ese enano... Debe de creer de verdad que es inocente.]
[Le tendió una trampa el verdadero culpable de todo esto. Ahora mismo está bajo nuestra custodia y está dispuesto a castigar al responsable de todo esto.]
[Interesante. ¿Por ser incriminado?]
Felt hizo una pausa.
[Al parecer, su prostituta favorita fue asesinada antes de que el edificio ardiera en llamas.]
Respondió de una manera que podría causar un malentendido, pero explicar la relación de Ezzo y Mimosa sería demasiado complicado en una sola ocasión. Pensó que esta simple explicación sería suficiente.
[Venganza.] Safis dejó escapar una sonrisa inquietante. [Qué bien, es mi tipo favorito de motivación.]
[Lo entendemos, eres un depravado] dijo Felt. [De todos modos, eso es todo.]
[Entiendo. Me aseguraré de mantener a mis subordinados alejados del fugitivo. Con respecto a la madre y la hija, ¿están...?]
[La hija está a salvo. La madre fue secuestrada.]
Felt decidió compartir toda la información que tenía en ese momento con Safis. Por mucho que odiara admitirlo, él era la única persona de la Moneda de Plata Negra que tenía un conocimiento más actualizado y exacto de la vida de Doltero. Comprendió que Ilya y Kalifa eran los puntos para meter presión en Doltero, y que debían ser rescatadas de inmediato.
[Qué extraño] murmuró Safis tras escuchar el informe de Felt.
[¿Extraño? ¿Hay algo que le moleste?] preguntó Reinhard.
[Considerando su objetivo, no hay duda de que el secuestrador va a por el Jefe, pero la información sobre ellos no es conocida por el público.
Tampoco he oído hablar de ninguna filtración, así que ¿por qué eran el objetivo?]
[Eso es... cierto] dijo Felt.
[Además, si consiguieron hacerse con la madre, de inmediato deberían haberle hecho algún tipo de amenaza a la Moneda de Plata Negra. El hecho de que no hayamos recibido tal cosa es extraño.]
A pesar de su personalidad enfermiza, Safis era un hombre inteligente. Felt estuvo de acuerdo con su razonamiento y frunció el ceño ante las intenciones poco claras del oponente. Cada uno reflexionó un momento sobre por qué los secuestradores no habían aprovechado su primer movimiento.
[Es casi como si no conocieran la relación entre Doltero y ellas dos] murmuró Reinhard.
No era más que un comentario irreflexivo, pero Felt ensanchó los ojos.
[Quizá sea eso.]
[¿Qué?] Reinhard alzó las cejas ante la inesperada respuesta. Felt levantó la vista hacia él. [Si los secuestradores supieran que Kalifa e Ilya eran la mujer y la hija de Doltero, las utilizarían para chantajearlo. Pero no lo han hecho porque no conocen su relación.]
[Pero entonces, ¿por qué atacarlas en primer lugar?] preguntó Safis.
[Puede que no conocieran los detalles exactos de su relación, pero era suficiente mientras supieran que Ilya y Kalifa tenían algo que ver con Doltero] respondió Felt. [Dime, Safis, ¿no murió uno de tus miembros en el incendio?]
Safis hizo una pausa.
[Sí. Uno de los antiguos miembros lo hizo. He oído que fue a comprar a una mujer y lo atrapó el fuego.]
[¿Sabes el nombre de la mujer que compró?]
Safis permaneció escéptico ante la interrogante de Felt, pero, intuyendo que ella suponía algo, refrescó sus recuerdos para encontrar la respuesta a su pregunta.
[Dijo algo de recibir una carta de ella. Algo que acababa de aprender a hacer. Creo que se llamaba...]
[Mimosa.] Sin esperar a que Safis respondiera, Reinhard llegó a la misma conclusión y dijo su nombre.
[Ah.] Safis asintió. [Sí, así se llamaba la prostituta. He oído que también murió, pero... ya veo] dijo, pues aquello le sonaba.
Felt y Reinhard lo miraron fijamente. Safis dejó escapar un pequeño suspiro.
[El hombre que murió no conocía la relación del Jefe con la madre y la hija. Sin embargo, estaba de guardia en la mansión la misma noche en que usted llegó y visitó al Jefe junto con ellas.]
[En otras palabras, puede que no conociera la naturaleza exacta de su relación, pero...]
[Sabía que estaban relacionadas con el Jefe de una forma u otra. Es ciertamente posible que se lo haya contado a alguna prostituta durante su charla de almohada. Qué pena que no pueda matarlo dos veces] dijo Safis con fría rabia, maldiciendo a su subordinado que imperdonablemente filtró información clasificada.
“Ese tipo habría experimentado algo mucho peor que la muerte si no hubiera fallecido aquella noche”. Al ver de cerca la cara de Safis mientras hablaba de su subordinado, Felt no pudo evitar alabar la suerte del muerto.
[En cualquier caso, ahora sabemos por qué Mimosa seguía disculpándose con Ezzo] dijo Felt, recordando el relato de Ezzo sobre su último momento.
[Probablemente estaba recopilando información de sus clientes de esa manera y compartiéndola con alguien.]
[Tendríamos que hablar con la jefa de Mimosa... la dueña del Jardín Prisión de Flores para conocer más detalles] dijo Reinhard.
[Es casi como andar dando vueltas, ¿o no? Aunque no me imagino que sean más fáciles de ver que la gente de aquí.]
A medida que iba comprendiendo mejor todo el panorama, Felt consideró la posibilidad de no poder conseguir una reunión con ellos. A diferencia de la Moneda de Plata Negra, con la que compartían un secreto, se mantenían neutrales con el Jardín Prisión de Flores; de hecho, su relación empeoró tras el incidente en la vieja mansión.
[Por cierto, hoy solo están ustedes dos aquí... ¿Dónde está el fugitivo en cuestión? Ahora mismo debe ser casi imposible encontrar un escondite en la ciudad.]
[Ah cierto, también está eso. Quiero hablarte de ese asunto más tarde, pero él está bien por ahora.]
Al notar que solo Felt y Reinhard habían ido a verlo a la sede de la Moneda de Plata Negra, Safis empezó a sospechar del paradero del enano en medio de todo esto. Felt coincidió con su sentimiento. Habiendo perdido la vieja mansión como escondite, Ezzo necesitaba un nuevo refugio.
[No podíamos traerlo aquí mientras siguiéramos sospechando que tenías como objetivo a Ilya y Kalifa, pero ahora podemos] dijo Felt.
[Bueno... siento mucho haber sido tan sospechoso] se disculpó Safis a medias.
[Si vas a disculparte, mejor vete] replicó Felt mientras lo fulminaba con la mirada. [De todos modos, por ahora nos dividimos en grupos para mantener la discreción.]
Felt miró por la ventana. Ezzo estaba escondido con Rachins en algún lugar por el momento, gracias a algunas de las conexiones de este último.
[No hay nada de qué preocuparse, al menos por ahora. Antes él también vivía en los barrios bajos. Seguro que le va bien] dijo Felt sobre el enano ausente. Una pequeña sonrisa se dibujó en su cara, mostrando su colmillo.
24
[Vaya, vaya... Qué inesperado verlo aquí.] La mujer de negro con el cabello verde oscuro recogido en coletas sonrió débilmente sorprendida; se dio la vuelta para mirar a quien la llamaba por detrás.
[Sí, estoy seguro de que ni siquiera una mujer de su calibre podía anticiparse a que yo viniera a verla, Lady Helaine.]
Al oír su nombre, Helaine del Escarabajo Dorado entrecerró los ojos. La persona que estaba frente a ella era el hombre más buscado de la ciudad...
[Sir Ezzo Cadner, ¿no es peligroso para usted andar así en público?] dijo Helaine mientras miraba cautelosamente a su alrededor. [Me temo que es bastante difícil, incluso para nosotros, proporcionarle un inmueble tan discreto como el que ya le habíamos brindado.]
Los dos se encontraban en un bullicioso rincón del ajetreado Distrito del Juego. Aunque no era infrecuente ver allí a gente de pie conversando, las llamativas apariciones de Helaine y Ezzo atraían inevitablemente la atención de los transeúntes.
[No hay de qué preocuparse] dijo Ezzo. [He alterado mágicamente mis rasgos faciales y controlado el viento para desviar la atención de mí. Es casi imposible reconocerme sin un esfuerzo consciente.]
[...Vaya, vaya. Como era de esperarse de Ezzo el Gris.]
[Tomaré eso como un cumplido. Además, sobre la propiedad que me proporcionó... Por desgracia, un grupo de invitados con los que no recuerdo haber compartido mi dirección decidieron pasarse por allí, acortando mi residencia en el lugar. He sentido mucha curiosidad por saber de dónde pudieron enterarse...]
[Oh, si eso es lo que quiere saber, le tengo una gran noticia. Puedo darle esa información de inmediato: fuimos nosotros] dijo Helaine sin disculparse, haciendo que las mejillas de Ezzo se pusieran rígidas.
Un momento de potente ira pasó por Ezzo, pero rápidamente soltó un profundo suspiro y recuperó la compostura.
[¿Así que ha decidido que ya no valgo nada para usted?]
[Su valor no ha cambiado. Es solo que, como mujer de negocios, cuando tengo que elegir, tengo que tomar la decisión que me produzca menos pérdidas. ¿Ha llegado a guardarme rencor?]
[Siempre he sabido que era ese tipo de persona. Para ser honesto, en el pasado le he pedido ayuda, confiando en ese rasgo en particular. Sería un hipócrita si la criticara solo porque ahora soy yo quien la recibe.]
[Ciertamente es una actitud admirable. Pero debería saber que ya no podemos prestarle ninguna ayuda, Sir Ezzo, así que ¿por qué está aquí?] Helaine ladeó la cabeza confundida al saber que Ezzo no estaba allí con malas intenciones.
[De acuerdo.] Ezzo asintió ligeramente. [Estoy aquí como intermediario y seguro. Ese será mi único papel por hoy.]
Tras las palabras de Ezzo, un joven apareció a su lado.
[Y yo soy el que hoy tiene asuntos contigo] dijo el joven con voz enérgica.
Mirando de frente a este recién llegado, los ojos de Helaine se abrieron ligeramente. Tenía el pelo pigmentado claro, unos desagradables ojos sanpaku y la estatura estándar de un rufián que podría encontrarse en cualquier parte.
[Vaya, es usted. Lo recuerdo de la oficina del otro día] dijo Helaine. Sonrió débilmente, levantó un dedo de cada mano y los agitó divertida. [Después de que se fuera, me dio curiosidad e investigué un poco sobre usted. Es uno de los sirvientes que Lady Felt trajo del Reino de Lugunica... Hay al menos dos sirvientes más que se le parecen, pero a diferencia de ellos, usted tiene un pasado oculto.]
El rufián se quedó mirando en silencio a Helaine mientras le desvelaba su vida. Ezzo no tenía ni idea de lo que estaba pasando, así que simplemente se apartó y siguió evaluando la situación.
[Rachins Hoffman. El hijo mayor de Rickert Hoffman, Jefe de la Casa Hoffman y Mentor Real del Reino de Lugunica] declaró Helaine. [¿Qué hace un noble fugitivo como usted en un lugar como este?]
[El Mentor Real...] Ezzo pronunció en voz baja ante la sorprendente revelación.
Estaba desconcertado por el significado de esta narración casual de Helaine.
El Mentor Real era un título otorgado a quienes tenían autoridad para educar a la realeza. Este cargo solía transmitirse de generación en generación dentro de una familia noble. El ser el hijo mayor de una familia así, le garantizaba el derecho a heredar el título.
[Eres una mujer muy habladora. ¿Qué se siente al ser tan jodidamente condescendiente hablando de la familia de otra persona con la que cortó lazos?] El hijo mayor se relamió los dientes irritado y puso mala cara. [Además, ¿de qué sirve un mentor cuando toda la realeza está muerta? Es ridículo. Ahora es solo un título vacío.]
[...Ya veo. No le tiene mucho cariño a su familia. Entonces eso fue bastante insensible de mi parte al mencionarlo. Bueno, ¿qué asuntos tiene hoy conmigo?]
[¿Pues qué carajos crees? Si estoy hablando con una sucia prestamista como tú, obviamente estoy aquí para hacer un trato] dijo Rachins, con la intención de intimidar a su oponente.
Sin embargo, la actitud agresiva de Rachins no provocó ningún cambio aparente en la expresión de Helaine. Como prestamista, estaba acostumbrada a tratar con individuos hostiles.
[Muy bien] dijo Helaine con indiferencia, y luego inclinó la cabeza. [Sin embargo, en estos momentos se encuentra fuera de nuestro horario comercial. Estaremos encantados de concertarle una cita y tenerlo en nuestra oficina en otro momento...]
[No puedo decir que sea una sabia elección.] interrumpió Rachins. [¿Segura que la gerente de la sucursal del Escarabajo Dorado está dispuesta a ignorar una oportunidad única en la vida?]
Helaine hizo una pausa.
[¿Una oportunidad única en la vida, dice?]
Sus ojos, ya entrecerrados, se contrajeron aún más ante la propuesta de Rachins. Frunció el ceño al comprobar que su Señora y su respectivo caballero no aparecían por ningún lado.
[La señorita Candidata y su caballero no están aquí... ¿Puede ser que su los involucre a ellos?]
[La verdad es que ya me tienen harto. Nada ha ido bien desde que estoy con ellos. Ahora mis dos amigos han sido arrastrados a su desastre, y estoy realmente cansado de ello. Quiero irme.]
[¿Me está diciendo que quiere venderlos? No soy tan ingenua para creer fácilmente una historia como es...]
[Por eso estoy aquí como seguro] saltó Ezzo en defensa de Rachins cuando Helaine estaba a punto de declinar su oferta. [También temo por mi vida. Es cierto que una vez deseé castigar a quien me incriminó, pero veo que eso no va a suceder. Afortunadamente, con su ayuda, aún puedo encontrar la forma de escapar.]
Con esto quería explicar su razonamiento para cooperar con Rachins.
[¿Y por qué cree que yo lo ayudaría? Es más sabio simplemente entregarlo a los Tres Grandes. Por no mencionar que también es el curso de acción más natural.]
[En ese caso, Rachins se negará a negociar usted. Por lo tanto, perderá una gran oportunidad al optar por la opción más segura. Una decisión vergonzosa para el Escarabajo Dorado, debo decir.]
A pesar de su pequeña estatura, Ezzo sacó pecho con valentía, a lo que Helaine se tapó la boca con la mano.
[Oh, es usted bueno.]
Con eso, se quedó completamente callada y sumida en sus pensamientos. Todo signo de emoción desapareció de sus ojos rasgados. El sonido de las cuentas resonaba en su cabeza mientras calculaba los pros y los contras. Exploró multitud de caminos divergentes en una compleja red para evaluar si aceptaba el trato o no. Tras considerar todas las posibilidades, volvió al mundo real y se enfrentó a sus oponentes.
[Sin duda es una propuesta interesante, pero aún no estoy segura de si merece la pena correr el riesgo.]
[...Entonces, ¿eso es un no?] preguntó Ezzo.
[Es más bien que estoy oscilando entre las dos opciones...] Dijo Helaine con picardía. [Entonces, Sir Rachins, ¿estaría dispuesto a subir la apuesta?] sugirió con voz suave y juntó las manos delante del pecho.
[¿Subir la apuesta?] Rachins apretó los labios.
[¡Sí, sí!] Helaine alzó la voz. [Quiere hacer un trato conmigo y vender a su actual Señora, ya que no ve ningún futuro con ella. ¿Estaría dispuesto a añadir a la familia con la que cortó lazos como parte de ese trato?]
[...No sé mucho sobre ellos.]
[Eso está bien. No pido mucho en esta parte del trato. Veamos... ¿Qué tal una carta? Enviar a su familia solo una carta de lo que le pida que escriba.]
“Solo una, pero más que ninguna”, pensó Rachins. Aunque había cortado lazos con ellos, seguía ansioso por saber cómo afectaría la carta a su familia. No podía ni imaginarse lo cruel que sería una carta escrita por alguien del Escarabajo Dorado.
[…]
El rostro de Rachins comenzó a nublarse al considerar su nueva condición. Al ver su duda, Ezzo intentó hablar, pero antes de que pudiera...
[¡Por supuesto!] intervino Helaine. [Sería una vergüenza como prestamista si no ofreciera ningún interés después de pedir tanto. Así que permítame ofrecerle otra condición, que juega mucho a su favor, Sir Rachins.]
[¿Otra condición?]
[Sí. Por un golpe de suerte, casualmente estamos en el Distrito del Juego, así que...]
Helaine extendió los brazos y señaló a su alrededor. La demencia del Distrito del Juego, envuelto por el dinero, la violencia y la locura, profundizó su insidiosa sonrisa. [Juegue una partida conmigo. Si usted gana, Sir Rachins, haré un trato que incluya solo la primera condición. Pero si gano yo...] Helaine acortó tranquilamente la distancia entre ellos hasta que pudieron sentir la respiración del otro. [Usted cumple mi segunda condición. ¿Qué le parece, Sir Rachins Hoffman?]
Helaine lo miró fijamente con ojos de demencia. Rachins, haciendo todo lo posible por no sentirse intimidado, forzó una sonrisa.
[Parece interesante. Me apunto] respondió.
25
El repentino resurgir del ánimo en la ciudad de Flanders indicaba que la noche estaba cerca.
[Se acerca la noche. La hora de que las flores brotemos y bailemos...]
La encantadora belleza de Toto, jefa del Jardín Prisión de Flores, se apoyaba en el alféizar de una ventana con vista al Distrito Rojo. Sostenía su pipa en la boca mientras soplaba una bocanada de humo púrpura, deleitándose con el aire nocturno. Mujeres con encantadores atuendos se alineaban en la calle, iluminadas por las parpadeantes lámparas mágicas que despertaban la esperanza y el entusiasmo en la oscura ciudad. Pronto, hombres con los ojos inyectados en sangre de deseos lujuriosos llenarían el Distrito Rojo, buscando despedazar las aromáticas flores con sus propias manos. A Toto tal visión le parecía increíblemente patética.
“Los hombres deben creer que están liberando a las flores”, pensó Toto. Sin embargo, ella sabía que no era así. La mayoría de los hombres eran manipulados por los pétalos de estas flores, cautivados por su miel y explotados.
Toto había sido una vez una de las muchas flores que brotaban en estas calles. La única diferencia era que ella poseía una cantidad inconmensurable de talento como mujer, casi hasta el punto de que resultaba triste. Aunque sus talentos no le daban la felicidad, sí permitían que una chica salida de la nada se alzara y gobernara un sector de la ciudad.
Ignoraba la felicidad y la infelicidad habituales. Nació con una insensibilidad connatural que hacía que su cuerpo casi anulara el dolor, la agonía, el placer, la fatiga, las drogas o incluso el veneno. Todos eran ajenos a Toto. Sin embargo, esto le permitía tener siempre el control en el dormitorio, sin tener que parar nunca.
[Señorita Toto, tiene un invitado] llamó una prostituta que había entrado en la habitación del gerente. [Son la señorita Candidata y Sir Santo de la Espada.]
[Pídeles que se vayan. Ya tengo una cita esta noche] ordenó Toto.
Ya se había enterado del incidente en la mansión donde una gran fuerza de los Tres Grandes fue aniquilada.
“Puede que hayan venido a explicarse, pero no puedo dejarles la iniciativa. El Jardín Prisión de Flores también debe hacer su jugada”.
[Si no quieren cooperar, entonces haré lo que mejor sabemos hacer.]
Apagó la ceniza de su pipa y se puso un vestido hecho a medida para recibir invitados. Este vestido no estaba pensado para enfrentarse a los invitados como la dueña, sino explícitamente para explotar a alguien, ya fuera hombre o mujer.
Mientras se preparaba, la mujer alguna vez aclamada como la Cien Flores del Distrito Rojo comenzó a abrirse paso.
[…]
“Necesito plantar veneno. Para que el Jardín Prisión de Flores y yo salgamos siempre victoriosos, pase lo que pase. Protegeré a mis flores para que no vuelvan a doblegarse. Debo estar preparada para todo. Y si asumir el doloroso papel de una mujer es lo que se necesita, entonces que así sea”.
[¿Está listo, mi querido cliente? Yo, Toto del Jardín Prisión de Flores, seré su acompañante esta noche.]
Cuando abrió la puerta y entró en la habitación con un movimiento fluido, el hombre atado a la cama sacudió enérgicamente su cuerpo, consternado.
Tenía el característico cuerpo pequeño de un enano. Era sirviente de una candidata a la Selección Real y un blanco perfecto para plantar veneno en él.
La encantadora mujer llamada en otro tiempo la Cien Flores sonreía con cruel seducción, como la de una irresistible flor venenosa.
26
El Distrito del Juego, con su variedad de tentadoras actividades y apuestas de alto riesgo, estaba supervisado por La Balanza, una presencia formidable entre las tres principales organizaciones del juego.
Un decreto implícito prevalecía incluso entre organizaciones de similar categoría, como la Moneda de Plata Negra y el Jardín Prisión de Flores, quienes seguían de manera estricta su código no escrito. Ni siquiera el Escarabajo Dorado estaba exento, a pesar de su privilegiada posición dentro de la ciudad de Flanders.
[Por eso puedo asegurarles, sin la menor duda, que pueden apostar con confianza, incluso contra nosotros.] Así se expresó Helaine, la enigmática mujer de coletas verde oscuro, mientras entrecerraba los ojos y hacía una profunda reverencia.
Rachins chasqueó la lengua ante su actitud condescendiente. Desde que su familia salió a relucir en la conversación, el humor de Rachins había empeorado notablemente. Y lo que lo hacía aún peor era que habían sacado el tema para aprovecharse de él y minar el acuerdo. No obstante, si el trato se desmoronara a la luz de tales circunstancias...
[Si ese fuera el caso, no habría razón para que no entregáramos al hombre buscado, Ezzo, a La Balanza aquí y ahora] comentó secamente.
[Desgraciada...] murmuró Rachins en voz baja.
[Entonces, Sir Rachins, no le quedaría nada, ¿correcto? Nunca sabría si su amigo está a salvo o no. Solo le quedaría el perverso rumor de que traicionó a su Señora. Una posición dolorosa para usted, debo mencionar] dijo con un dejo de satisfacción.
Helaine anunciaba el peor resultado posible con un estilo audaz. Su actitud desvergonzada, carente de cualquier rastro de remordimiento por la calamidad que sus palabras podían provocar, revelaba una escalofriante falta de humanidad. Todo se reducía a la posición. Hacía tiempo que Rachins había previsto que aquello apenas llegaría a ser una negociación entre iguales.
[Eres una perra codiciosa, ¿o no?] escupió Rachins con evidente desdén. [Espero que no cuentes una muerte decente.]
[La gente no tiene el privilegio de dictar su propia muerte] replicó ella con frialdad. [Sin embargo, en este momento, hay una disparidad innegable entre usted y yo respecto a cuál de los dos está más cerca de su fallecimiento. Ahora, una vez más, pregunto: ¿qué le gustaría hacer?]
Rachins levantó la mirada y entrecerró los ojos al observar a las figuras que lo flanqueaban. Entre ellos se encontraba Ezzo Cadner, un hombre del clan de los enanos, y tema de ferviente discusión en la ciudad. Su destino estaba ahora únicamente en manos de Rachins. “Debe sentirse entre la espada y la pared”. Con eso en mente, Rachins trató de medir la tensión del hombre con semblante intelectual y de mandíbula abierta.
[Déjese de amenazas injustificadas, Lady Helaine] advirtió Ezzo, cruzándose de brazos, sin mostrar ningún atisbo de vulnerabilidad. [Solo disminuye su dignidad. Para alguien a quien se le han confiado asuntos financieros, menoscabar su propio valor es totalmente inaceptable.] Se hizo un silencio momentáneo mientras Helaine asimilaba sus palabras.
[Qué palabras tan dolorosas de escuchar. Las tendré en cuenta como valiosas lecciones de sabiduría.]
Si la razón de su intrepidez era la confianza en su propia decisión, la fe en el juicio de Rachins o la convicción en algo totalmente distinto, permanecía envuelta en la incertidumbre. Sin embargo, Rachins no pudo evitar soltar un moderado suspiro de expectación.
[El retractarse no era una opción desde el principio] afirmó Rachins. [E incluso si acabamos perdiendo, me importa un comino hacia dónde se incline la casa, siempre y cuando el imbécil de mi padre esté allí. Mi respuesta es la misma: aceptaré la maldita apuesta.]
[Creo que debería tener más consideración por su familia] respondió Helaine. [No obstante, acepto con gusto su apuesta. Ahora asegurémonos de que nuestros términos sean justos.]
[¿Justos? ¿Cómo?]
[Este es el Distrito del Juego, Sir Rachins] explicó Helaine. [Se hacen apuestas de todo tipo hasta donde se puede ver, así que solo usted puede decidir por qué apuesta. Yo lo complaceré al instante.]
Helaine hizo un gesto hacia la sombría y bulliciosa vista del Distrito del Juego, dejando en manos de Rachins la tarea de seleccionar un método de apuesta. Tras echar un rápido vistazo a la escena de juego circundante, los ojos sanpaku de Rachins, heredados de sus padres, divisaron un rincón del centro de atracciones.
Entre los juegos de azar que dominaban el distrito, había un puñado que dependían de la habilidad de cada uno. Fue dentro de este subconjunto donde un juego en particular captó la atención de Rachins.
[¿Qué tal una partida de Shatranj?] sugirió, señalando el juego en el que dos jugadores competían por capturar el rey del otro.
27
“Un movimiento mediocre”. Esa fue la valoración de Helaine al observar los movimientos de Rachins contra ella. Ubicados en extremos opuestos del tablero Shatranj, maniobraban hábilmente las piezas del otro, con el objetivo de alcanzar al rey de su oponente. Con la atenta presencia del supervisor de La Balanza, los dos jugadores navegaron de forma diestra por las fases iniciales de la partida.
Los movimientos ofensivos de Rachins parecían bastante simplistas por lo que había mostrado hasta entonces. No es que fueran malos. Al contrario, basarse en los fundamentos podía abrumar fácilmente a los rivales menos familiarizados con la complejidad del juego. Al fin y al cabo, la mejor forma de mejorar era aprender del libro. Sin embargo, cuando se enfrentaba a rivales más avanzados, atenerse a los fundamentos equivalía a anunciar su estrategia. Y Helaine era una jugadora extraordinaria que dominaba un sinfín de técnicas.
[…]
Desde detrás de su mirada entrecerrada, Helaine sintió una profunda lástima por Rachins, sentado ante el tablero sin expresión alguna. “Priorizar la autoconservación sobre el altruismo al abandonar a su Señora sin futuro aparente es una decisión natural para un plebeyo como él”, supuso Helaine.
Pero para un hombre con la mano para dominar la junta de la ciudad de Flanders, involucrado con la candidata a la Selección Real y el crimen organizado, sus acciones eran mediocres, por no decir algo más. “Esto es lo mejor a lo que puede aspirar un hombre que nació en un hogar rico pero acabó en los barrios bajos, supongo”. Se trataba de un hombre que, a pesar de haber tenido la suerte de adquirir diversos talentos mediante la educación formal, no supo aprovechar sus pequeños pero privilegiados dones. A cambio de divulgar información sobre la candidata a la Selección Real, Rachins exigió a Helaine que cumpliera su deseo. Aunque al principio la tomó desprevenida su inesperado acercamiento en el Distrito del Juego, Helaine comprendió rápidamente que las implicaciones de su proposición hablaban por sí solas de su mediocridad, y que debía de haberse quedado sin opciones. Así que, sin dudarlo un instante, Helaine optó por explotar a Rachins. Suplicó a Helaine una modesta fortuna, y ese fue el final de su suerte. Helaine lo había atraído al juego con el pretexto de la igualdad. Sin embargo, la verdad era que nadie podía superar a Helaine en los juegos de azar. Era una jugadora extraordinaria que conocía a la perfección todos los que había en la ciudad.
Esto no se atribuía a la experiencia pasada. Helaine nunca había sido una ávida jugadora. Ella simplemente invertía su sangre, sudor y lágrimas, combinados con una meticulosa investigación, en el arte de apostar, todo en anticipación del día en que una gran partida finalmente se revelara ante ella.
Fue esta mentalidad inflexible, al borde de la locura, sin las limitaciones de los esfuerzos convencionales, lo que llevó a los superiores de Helaine a reconocer sus extraordinarias habilidades y a confiarle la administración del Escarabajo Dorado en esta bulliciosa metrópolis, dominada por los tristemente célebres Tres Grandes del bajo mundo. Poco a poco, Rachins se vio superado en el tablero, acorralado en un rincón del que no veía escapatoria.
“Seré fiel a mis palabras”, pensó Helaine. “Te proporcionaré un refugio, incluso te prepararé un fondo de escape. A cambio, me darás información valiosa sobre la candidata a la Selección real, así como los medios para contactar con la familia del Mentor Real. Casi puedo ver el deleite en las caras de mis superiores con este logro inesperado...”
[Intrigante giro de los acontecimientos] interrumpió una voz. [Me haré cargo de la supervisión de este juego.]
En ese momento, un hombre adornado con una serie de innumerables tatuajes en la cara y el cuerpo se inclinó, observando el juego a medida que avanzaba.
[Sir Manfred...]
[Parece que estás de buen humor, Plaga Dorada. Si vas a ser traviesa, al menos déjame sacar algo de esto, de sinvergüenza a sinvergüenza] replicó con una mueca Manfred “Cara de Tatuaje” Madison, el líder de La Balanza.
A Helaine se le quedó la voz en la garganta cuando la expresión de Manfred distorsionó las innumerables balanzas grabadas en su rostro, creando la ilusión de que se inclinaban hacia atrás. Luciendo una sonrisa maliciosa, Manfred relevó a su subordinado de sus funciones, en las que había estado presidiendo la partida. Ocupó su lugar y se colocó estratégicamente para tener una vista despejada del tablero de Shatranj. Justo a su lado estaba Ezzo, que había transformado su rostro con magia.
[…]
Ante este espectáculo, el corazón de Helaine bailó con un ritmo frenético. Si Manfred descubría el disfraz de Ezzo, la partida llegaría a un final rápido y desastroso. Ezzo sería capturado sin demora, y el acuerdo con Rachins quedaría descartado. Aunque la propia Helaine tenía poco que perder, había un tentador premio en juego, demasiado valioso para rendirse sin luchar.
[Tu turno, perra] se mofó Rachins, señalando el tablero de juego.
Helaine, que estaba absorta en sus cálculos para proteger sus ganancias, volvió a centrar su atención en su oponente.
[Vaya, sí que tiene facilidad de palabra, ¿cierto?] comentó con calma, acercando su pieza un paso más a la victoria.

Con un golpe, hizo avanzar la pieza de cerámica hasta el territorio de su oponente. Al ver esto, Manfred habló con una pizca de intriga.
[Al continuar, significa que reconoces mi posición aquí. Entonces, ¿por qué compiten exactamente?]
[No tengo ninguna queja con respecto al cambio en la supervisión] declaró Helaine calmadamente, [Nadie es más confiable que Manfred para un juego de azar en el Distrito del Juego. En cuanto a nuestra apuesta, hemos hecho un trato.]
[Un trato, ¿eh?] preguntó Manfred con curiosidad. [¿Qué clase de trato podría ser?]
Abriendo ligeramente los ojos, Helaine observó a Manfred mientras seguía trazando los tatuajes de su cara. La función del supervisor de juego era garantizar un partido justo y ordenado. No tenía necesidad de profundizar en los detalles de la paga de los participantes. Su única responsabilidad era delimitar entre el ganador y el perdedor. Helaine tenía derecho a guardar silencio sobre esa respuesta. Sin embargo, a pesar de su silencio...
[Es sencillo, señor. El ganador tiene la oportunidad de conocer al protector del perdedor] respondió Rachins en su lugar.
[Ya veo] comentó Manfred, interesado. [Un encuentro de protectores. A mí también me parece una propuesta bastante interesante.]
[…]
La sonrisa de Helaine se congeló ante el tono casual de su voz y el contenido de la conversación. Normalmente hacía un esfuerzo consciente por disimular sus emociones tras una máscara de estoicismo. No obstante, bajo esa fachada, ahora a punto de romperse, casi podía oírse cómo empezaba a resquebrajarse. Qué demonios acababan de… no, ¿qué acababa de decir Rachins Hoffman?
[Sir Rachins] empezó Helaine, con voz firme, [¿las condiciones del trato con nosotros no eran una petición de dinero?]
[Espera un segundo] respondió Rachins [¿En qué momento te pedí dinero? Yo dije, tengo un favor que pedirte, ¿sabes? Como sea, independientemente de cómo interpretaras esas palabras, no es de mi incumbencia… Pero ahora ya es muy tarde para que te arrepientas.]
[…]
Helaine se quedó en silencio.
[Se te ha borrado la sonrisa, ¿verdad, perra?] Rachins se mofó. [¿Qué es lo que te carcome? ¿Te pasa algo? ¿Eh?]
Mientras hablaba, Rachins mostró su larga lengua y jugueteó con el adorno que decoraba su punta. Un débil chasquido resonó en el aire. Un chasquido, luego otro, un total de seis chasquidos. Seis chasquidos de lengua. En ese momento, Helaine se dio cuenta de golpe: le habían tendido una trampa, y lo sabía.
[Odio tener que decir esto] intervino Ezzo, moviendo la cabeza con simpatía ante la expresión severa de Helaine, [pero fue usted, Lady Helaine, la que empezó primero la batalla fuera del tablero.]
Aunque llevaba poco tiempo en contacto con ellos, Helaine tenía buen ojo para la gente. En su opinión, Ezzo parecía un hombre decente. Incluso podría decirse que era demasiado bueno, con la capacidad de actuar como un hombre recto.
Sin embargo, había algo más que lo impulsaba. La venganza perduraba en su corazón, aunque ello supusiera comprometer sus principios.
[…]
Había trazado el rumbo, elegido sus tácticas, frustrado acciones y clavado la esperanza en el suelo, confiado en la victoria. De hecho, el tablero de Shatranj mostraba la victoria como irrefutable. En el mismo momento en que permitió a Rachins elegir su apuesta, la victoria de Helaine estaba prácticamente garantizada. Aun así, quedaba un último movimiento antes de poder cerrar esa brecha. Fue entonces cuando...
[El castillo real está lleno de poder y engaño] explicó Rachins. [Allí, tienes que formar a tu oponente. Aunque sepas lo básico, los que saben usarlo son los que ganan. Ahora, tu turno, perra.]
[Ah] chilló Helaine cuando Rachins deslizó una de sus piezas por el tablero, derribando una de las de ella.
Como ahora le tocaba, Helaine vio con los ojos muy abiertos cómo sus labios temblaban involuntariamente. Rachins, Ezzo y Manfred fijaron sus miradas en ella.
Rachins y Manfred se comunicaron un entendimiento silencioso a través de su sincronización y su comportamiento entrecortado. Casi como si ambos hubieran llegado a un acuerdo antes de encontrarse con Helaine en la sala de juego.
Fue Helaine, no Rachins, quien dio el primer paso en falso. Debería haber aprovechado la oportunidad de escapar sin dudarlo en cuanto se cruzó con él. En lugar de eso, había subestimado la desesperada petición del plebeyo por una pequeña fortuna, que ahora utilizaban como palanca para bloquear su huida. El resultado del juego de Shatranj ya no tenía ningún significado.
[Puedes ganar y que se descubran tus secretos, o perder y sufrir una gran pérdida] se burló Rachins. [Elige.]
[Espe...] Helaine vaciló, sopesando sus opciones.
Al presentársele esos términos, Helaine se dio cuenta de que lo había subestimado; subestimó la amplitud de sus conocimientos y experiencia. No solo como consejero real, sino también con la influencia y autoridad que conllevaba el cargo.
Así que Helaine inclinó la cabeza, con la frente derribando las piezas del tablero al presionarla contra la mesa. Moliendo su cabeza contra su superficie, hizo una súplica desesperada, rogándole que no persiguiera la derrota de nadie más que la de ella misma.
[He perdido, he perdido. Hemos... no, he perdido] confesó. Se ofreció a divulgar todo lo que sabía sobre la implosión de la ciudad, asumiendo toda la responsabilidad de sus actos.
28
[¡Ya regresé y gané!] exclamó Rachins con una sonrisa perversa en la cara mientras volvía pavoneándose a la mansión de estilo occidental.
Felt aplaudió al verlo tan feliz.
[Has conseguido mantener tus miembros intactos] lo felicitó, [¡y no has perdido ni un solo dedo! Estoy impresionada.]
[¡No digas tonterías tan aterradoras, caray! De ninguna manera cruzaré por un camino tan peligroso.] protestó Rachins, rechazando las palabras de admiración de Felt.
[Quiero decir, el camino que acabas de cruzar era bastante cercano a eso] dijo Felt, rascándose la cabeza, decepcionado por su reacción. [Solo te estaba haciendo un cumplido.]
El lugar era una mansión de estilo occidental en las afueras de Flanders, antaño un feroz campo de batalla. Afortunadamente, todas las fuerzas de los Tres Grandes fueron enviadas a un centro de tratamiento, por lo que ahora era uno de los lugares más tranquilos y seguros de los alrededores. En ese paraíso de tranquilidad, Felt esperaba ansiosamente. Su exasperación fue barrida por el informe triunfante de Rachins. Al conocer el resultado de la partida en el garito, Felt asintió profundamente y preguntó:
[¿Así que dices que esa mujer de ojos entrecerrados confesó su participación en el incidente?]
[Me refiero a que ella acaba de confesar que conectó al principal sospechoso y al sicario] respondió Rachins. [Intentando jugar limpio y empaparse de los dulces jugos de la ciudad... eso es lo que dice.]
[Así que se inventó una excusa mientras su propia gente moría. Qué mujer más desagradable.] Cruzándose de brazos, Felt despreció la actitud de Helaine.
Al mismo tiempo, no pudo evitar admirar la astucia de Rachins al sospechar la implicación de Helaine e informarla de ello.
Rachins, que se había enfrentado audazmente a Helaine, había cumplido su promesa idealista. Aunque Felt se sorprendió cuando propuso utilizar a Ezzo como cebo para su plan.
[Así que lo has conseguido de verdad] lo felicitó Reinhard. [Estoy impresionado, Rachins.]
[Podría decir lo mismo de ti] respondió Rachins. [¡Me dejaste seguir adelante sin molestarte en preguntarme qué demonios tenía en mente! ¿No consideraste la posibilidad de que me hubiera vendido y cambiado de bando?]
[No diría que esa posibilidad nunca se me pasó por la mente, pero] dijo Felt, mirando a Reinhard, que estaba a su lado, [la gente de los barrios bajos tiene un olfato muy agudo, ¿sabes? ¿Por qué se desviarían para tomar un camino peligroso solo para hacerse daño? Eso es absurdo.]
[Te lo juro. Con Reinhard aquí, no tienes de qué preocuparte] expresó Rachins con frustración, cubriéndose la cabeza con las manos, a lo que Reinhard dejó escapar una amarga sonrisa.
“Si solo se trata de ganar o perder, no tiene sentido enemistarse con Reinhard”.
Felt, observando la conversación, giró la cabeza y dijo:
[Bueno... Aunque Reinhard no hubiera estado en el acto, te lo habría dejado a ti.]
[¿Por qué?] preguntó Rachins, perplejo.
[Te inclinaste ante mí y dijiste que la vida de tu amigo estaba en juego] respondió ella. [¿No es eso suficiente?]
En un principio, Felt y su equipo se vieron profundamente enredados en este caso porque Camberley había sido capturado por el Jardín Prisión de Flores. Fue en esta urgencia por atrapar al verdadero culpable y salvarlo que Rachins se inclinó ante Felt. Eso fue suficiente para dejar claras sus verdaderas intenciones.
Reconociendo su sinceridad, Felt no vio la necesidad de preguntar sobre la carta de triunfo que tenía para sonsacarle la verdad al Escarabajo Dorado. Hizo una promesa y la cumplió.
[Bueno, entonces supongo que no tiene sentido seguir indagando] comentó Felt. [No soy tan terca como para necesitar cada maldito detalle para confiar en alguien. Solo dime lo necesario.]
[En ese caso, Rachins, bastaba con que fueras un amigo.]
Al oír la conversación entre Señora y sirviente, Rachins se quedó atónito, con la boca abierta. Felt cerró un solo ojo carmesí, sin prestar atención a su reacción. Justo entonces, se percató que Rachins había regresado solo a la mansión de estilo occidental.
[Entonces, supongo que eso significa que no está Ezzo...] dijo con un suspiro.
[No] respondió Rachins. [El idiota fue a conseguir lo que vino a buscar. Incluso Manfred de La Balanza, que fue el que hizo la mayor parte, nos prometió al mejor precursor.]
[Ya veo. Entonces, olvídate de la venganza de Ezzo, ¿qué pasa con nosotros?] Preguntó Felt.
[No los dejaremos escapar, eso seguro] respondió Rachins, mostrando su larga lengua y una sonrisa traviesa.
Al verla, Felt también sonrió, mostrando su colmillo.
[¡Super. Flam, ¡te toca!] gritó, invocando a Flam desde las reservas. La joven sirvienta emergió en silencio y se inclinó ante la mirada carmesí de Felt.
[Como desee] respondió Flam, mirando a su Señora con ojos carentes de emoción.
[Solo podemos realizarlo una vez al día, pero me aseguraré de que lo completemos.]
[Qué bonito. Bueno, contamos con que hagas tu trabajo. Házselo saber a Grassis.]
Flam inclinó la cabeza reverentemente ante la orden de Felt. Con el poder de su Protección Divina, las gemelas Flam y Grassis podían comunicarse sus palabras una vez al día, independientemente de la distancia. A través de su poder, Grassis envió la noticia de que Gaston, Ilya y los demás habían sido atacados en el pueblo de Hakuchuri. Y ahora, era el momento del contraataque.
[Entonces, ¿cuál es el mensaje?] Flam preguntó.
[Dile al Viejo Rom quién está con ellos] empezó Felt, [y que hay alguien con quien quiero que contacte.] Una vez dichas esas palabras, Felt volvió a centrar su atención en el hombre de cabello ardiente que estaba a su lado, Reinhard. Encontrándose con su mirada, se arrodilló para ese momento tan esperado. Felt no pudo evitar soltar una pequeña risa ante su gesto dramático que le pareció algo excesivo. Con las manos en las caderas, hinchó el pecho y declaró:
[Y ahora nos toca a nosotros. ¡Así que vamos a darlo todo!]
29
En cuanto regresó a su base, los del hombre se activaron y notó un inquietante cambio en el aire, haciendo que se le estrechara la garganta. Para sobrevivir en este negocio, había que tener un olfato agudo para el peligro. Abundaban los rencores y, a tal efecto, la base estaba fortificada con varias trampas que garantizaban que solo él pudiera acceder a ella.
Pero esas trampas habían sido desarmadas. La presencia de un intruso era evidente. Pero, lo que más lo inquietó fue la hostilidad desenmascarada que se abalanzó sobre él cuando se encontraba en la entrada.
La voz de otro hombre atravesó la oscuridad en el otro extremo del pasillo, con un toque de inteligencia y arrogancia.
[Me he tomado la libertad egoísta de hacerte esta visita inoportuna. Pero no te debe importar, ya que fuiste tú quien jugó sucio en mi establecimiento el otro día. Incluso podría llamarse un descarado acto de hurto.]
El sonido de aquella voz le resultaba familiar, aunque la última vez estaba teñido de una sensación de urgencia y enfado. Lentamente, la figura del otro hombre se hizo visible desde el otro extremo del pasillo. No había duda.
[¿El guardia del Jardín Prisión de Flores?] exclamó sorprendido.
Era el enano que encontró en el burdel incendiado. Los rumores decían que era un formidable guardia experto en el arte de la magia, lo que significaba que no suponía una amenaza real para el hombre. Después de todo, poseía un talento natural para manipular la esencia del maná que lo rodeaba.
[No soy más que un insensato que no supo salvaguardar lo que debía] confesó el enano. [El otro día, ni siquiera pude luchar contra ti.]
[¿Y crees que puedes vencerme hoy, usuario de magia?] replicó el hombre.
[¿Es esa... la habilidad innata de neutralizar el exceso de maná?]
[Como usuario de magia, no tienes ninguna posibilidad. Encima, soy solo un empleado.]
[Es cierto. La Capacidad Innata de Neutralizar el Exceso de Maná es un enemigo natural de los usuarios de magia] continuó el enano. [Y no estaría bien que tomara represalias contra ti por simplemente hacer tu trabajo, mientras que yo ni siquiera pude cumplir con mis propias obligaciones. Lo entiendo.]
[…]
En la oscuridad del frente, el usuario de magia asintió. Sin embargo, a pesar de afirmar que las represalias estaban descartadas, sus ojos, su hostilidad y su determinación para luchar no hacían más que crecer. Su maná prácticamente gritaba que no tenía intención de retroceder.
Sin esperar a las siguientes palabras del enano, el hombre tomó la iniciativa e hizo su jugada. Aunque el usuario de magia no tenía nada que hacer, era mejor no darle la oportunidad de reaccionar. En su anterior encuentro en el burdel, el hombre solo le había perdonado la vida al enano para incriminarlo como responsable. Pero esta vez, no había más remedio que acabar con él. Blandiendo la pequeña espada que llevaba oculta en el bolsillo, el hombre intentó degollar al usuario de magia de un solo y escurridizo golpe.
[No lograste acabar conmigo aquella noche. Perdiste tu oportunidad, y por eso ahora vas a perder.]
[¿¡Gah... guuuhh...!?]
Al momento siguiente, un calor abrasador surgió de la nada y estalló contra el torso del hombre, lanzándolo hacia atrás con un grito adolorido. Una agonía abrasadora le recorrió el pecho, entumeciéndole los miembros. Incapaz de moverse, se desplomó. Sus pensamientos vacilaron y la claridad se desvaneció. Con los ojos abiertos de par en par y los miembros crispados, se esforzó por comprender lo que acababa de pasar.
[Es la capacidad de neutralizar el exceso de maná, patrones y contramedidas... además de mucha práctica y perfeccionamiento.]
La visión del hombre caído reflejó el rostro del enano que lo miraba. Mostraba sus manos manchadas de sangre como prueba de su ataque a la habilidad de neutralizar el exceso de maná, llevado a cabo mediante algún método misterioso. Cómo y dónde había adquirido este método en particular seguía sin estar claro.
[Es una venganza fuera de lugar. Los muertos no sentirán nada, aunque se tomen represalias. Pero mi alma clama justicia. Así que decidí comprometerme a ello.]
[…]
[No se trata de venganza; se trata de demostrar algo. Que uno puede lograr lo imposible si sigue adelante. Que incluso un enano inferior en
Odo podía ganar un título de “color”. Y que una chica que vendía flores en el Distrito Rojo podía labrarse un futuro con su propia florería.]
Era la prueba de que lo que se consideraba imposible, era realmente posible. El vencido exhaló al darse cuenta de que había perdido precisamente por eso. “Ridículo. ¿Por eso quería superar ese obstáculo? Uno que nadie se había atrevido a desafiar antes, ¿todo por esa razón?”
[Mi nombre es Ezzo Cadner, el Gris, y por fin he vengado a Mimosa.]
[No estoy... muerto aún... no...] jadeó el hombre, aferrándose desesperadamente a la vida.
[No te quitaré la vida] dijo el usuario de magia, Ezzo, con un movimiento de su capa. [Tampoco creo que ella quisiera eso, pues conocía la alegría de plantar flores.]
Ante sus palabras, el hombre captó un atisbo de esperanza, aferrándose a la posibilidad de sobrevivir. No obstante, en ese momento de esperanza, surgió otra figura.
[Desgraciadamente, nosotros no somos de ese tipo] llegó la escalofriante respuesta. [Somos un poco más salvajes.]
Al hombre se le hizo un nudo en la garganta de dolor cuando su mirada se cruzó con el rostro entintado del Cara de Tatuaje de La Balanza, que le impedía ver el reflejo de Ezzo. En rápida sucesión, varios individuos aparecieron y agarraron las extremidades del hombre, arrastrándolo a la fuerza hacia el exterior. A pesar de sus inútiles forcejeos, su cuerpo, debilitado por el golpe, se negó a obedecer.
Los interrogatorios llevados a cabo por La Balanza y Cara de Tatuaje eran notoriamente despiadados. En el bajo mundo se sabía que nadie salía ileso, y mucho menos con la boca cerrada. Así pues, el hombre gritó, aferrándose desesperadamente a una pizca de esperanza.
[E-Espera... te c-contaré... todo lo que quieras saber... sobre quien me contrató] suplicó desesperado.
[Vaya, vaya, sí que hablas rápido] replicó Cara de Tatuaje, y sus facciones se contorsionaron en una sonrisa retorcida... [Eso es muy útil. Muy útil.] Los ojos del hombre se abrieron de puro horror cuando el sutil cambio de expresión inclinó las balanzas al unísono.
[Lo siento] continuó Cara de Tatuaje, [pero, por desgracia, no me fío de los cuentos de gente a la que no he tenido el placer de torturar.]
[…]
[Llévatelo. Me ocuparé personalmente de él más tarde.]
El subordinado de Cara de Tatuaje acató rápida y silenciosamente sus órdenes. Incapaz de resistirse, el hombre indefenso fue arrastrado fuera, para no volver a ver la luz del día. Solo dejó tras de sí una cacofonía de desesperación, en la que resonaba una desesperanza que lo destrozaba hasta la médula.
[¿Así que estás satisfecho, vengador?] Manfred llamó a Ezzo, con la mirada fija en el sicario que se marchaba, antes de atender su propia mano herida. Ezzo se examinó los dedos y suspiró, negando con la cabeza. Solo había una manera de responder.
[No puedo alegar ninguna sensación de logro. ¿Cómo puedo llenar este vacío en mi alma sabiendo que la dejé perecer? Fue mi propia insensatez la que provocó su muerte. Un remordimiento que me perseguirá para siempre.]
[Eres todo un poeta] comentó Manfred. [No es que no esté de acuerdo. Pero entonces, ¿por qué continuaste con ese plan?]
[Ya te lo he dicho] respondió Ezzo. [Lo hice para demostrar algo. Nada más.]
Manfred se encogió de hombros, sin insistir más en el asunto. En lugar de eso, continuó con su tono característico.
[Aun así, tienes mucho talento. Es una pena que te contrate la dama del veneno del Jardín Prisión de Flores.]
[Como era de esperar] continuó Ezzo tras una breve pausa, [no puedo encarar a la señorita Toto después de lo que ha ocurrido. Ya no puedo llamarme guardia del Jardín Prisión de Flores.]
[En ese caso] ofreció Manfred, [¿estás dispuesto a aceptar una invitación de La Balanza? Cualquiera con resentimientos es bienvenido.]
Los ojos de Ezzo se abrieron ligeramente ante las tentadoras palabras de Manfred. Entonces, el Gris usuario de magia sacudió su cabeza y contestó:
[Siento decirlo... pero aquel a quien he confiado mi lealtad ya tiene compromisos previos.]
[Ya veo] respondió Manfred con algo de pesar. [Es una lástima. Si es así, lamento oírlo.]
Ante el rechazo de su invitación, Manfred se tocó el tatuaje de la cara como si quisiera dar a entender que se había adelantado a la respuesta de Ezzo. Ezzo entornó los ojos ante el gesto, cuando Manfred torció una vez más su expresión, ladeando las balanzas de su rostro.
[Qué desalentador perder tanto a un individuo prometedor como al precursor de la venganza a manos de esa joven] murmuró con sus palabras teñidas de un sentimiento de resignación.
30
Mozolite era plenamente consciente de que La Balanza se había inclinado en una dirección desfavorable. Como confidente de Manfred “Cara de Tatuaje”, era segundo al mando de La Balanza, ni él mismo sabía qué había hecho mal para ser llevado a semejante posición. “Con mis ojos especiales, debí haber sido capaz de discernir los movimientos de toda la gente importantes que estaba implicada”. Mozolite fue bendecido con una extraordinaria habilidad ocular conocida como la Protección Divina de la Visión Distante, que le otorgaba unos ojos únicos. Estos ojos le permitían ver la ubicación precisa de un objetivo, o determinar y observar de cerca objetivos que cumplían condiciones específicas.
Se suponía que Mozolite había utilizado su poder para observar a los líderes de los Tres Grandes y sus séquitos, a la joven candidata a la Selección Real junto con su caballero el Santo de la Espada, al enano que había ocupado su lugar, e incluso a la intrigante mujer del Escarabajo Dorado, con la que mantenía una tenue alianza. Nunca bajaba la guardia y, aun así, las tornas habían cambiado. Un colapso irreversible fue todo lo que lo recibió.
[Ahora no es el momento de pensar en la causa de este fracaso] pensó. [Más importante aún, es hora de salir de aquí.]
Aunque aún no se había descubierto su implicación, sabía que era solo cuestión de tiempo. Y, a menudo, el éxito o el fracaso de la huida dependía de la rapidez con que se diera el primer paso. Con eso en mente, Mozolite abandonó la ciudad antes de que los que lo rodeaban tuvieran la oportunidad de levantar sospechas. Aliándose con el Escarabajo Dorado, orquestó ataques de asesinos contra los Tres Grandes. Aprovechando su posición como directivo dentro de La Balanza, le resultó sencillo facilitar tales maniobras. El resto era un ardid para hacer avanzar estratégicamente la situación, socavando la influencia de la Moneda de Plata Negra y el Jardín Prisión de Flores. Y, en última instancia, para responsabilizar a Manfred, que durante mucho tiempo había sido una molestia, y así sustituirlo. Para ello, Mozolite había dedicado mucho tiempo a elaborar y ejecutar meticulosamente esta estrategia tan bien ideada.
[¿Dónde se extraviaron los engranajes de mi plan...?] reflexionó Mozolite en voz alta, con un tono de frustración.
Utilizando el plan de huida que preparó para casos de emergencia, ya había partido de Flanders, y pretendía huir del país por completo. Se quitaría los tatuajes de la organización, modificaría su rostro y se refugiaría en el campo hasta que todo se calmara. Desde allí, se embarcaría en un nuevo comienzo entre las sombras del bajo mundo.
[Snif, snif, snif...] En la parada del carruaje de dragón, donde Mozolite esperaba la llegada de uno, sintió algo contra su hombro.
[¿Eh?] Sobresaltado, miró por encima de su hombro, solo para descubrir a una chica gato que frotaba su nariz contra su brazo, olfateando con curiosidad. A Mozolite le hirvió la sangre de irritación por la repentina intrusión, pero logró contenerse. No era el momento de armar una escena.
[¡Oye, pequeña señorita! No sé qué te traes entre manos, pero estoy ocupado. ¿Dónde están tus padres?] preguntó.
[Hmm, nada bien, para nada bien. Viejito, ¡hueles a tipo malo! Uno muyy maloo] se burló la chica mientras lo miraba con sus ojos tiernos, a lo que Mozolite solo tragó saliva en respuesta.
Al mismo tiempo, se dio cuenta de que la chica gato que tenía delante llevaba un bastón finamente elaborado y desprendía un fuerte espíritu de lucha. Al notarlo, sintió un escalofrío.
[Mimi mala. Te dije que te callarash y vigilarash.] Una chica de cabello morado claro se materializó en la entrada de la estación. Adornada con un atuendo blanco, peludo y con cuello, era una chica hermosa con una presencia que parecía bastante fuera de lugar.
[¡Ahh, Señorita!] Mimi saludó a la chica conocida. [Lo había olvidado. ¡Lo dijiste! ¡Lo dijiste!] La chica conocida no era otra que una de las candidatas a la Selección Real que recientemente se habían convertido en el centro de atención del reino.
[Eshpero que seas lo bashtante lishtillo como para darte cuenta de que no es una coincidencia que nos hayamosh cruzado por casualidad] dijo con un brillo en sus ojos azul claro, lo que hizo que Mozolite se sobresaltara instintivamente.
La chica gato intentó agarrarlo de la manga, pero Mozolite se zafó y la tela se rasgó mientras se alejaba a tropiezos. Se dio la vuelta y salió corriendo con todo su impulso.
[¡Ahhhh! ¡Se ha escapado! ¡Hetaro! ¡Tivey! ¡Corran, corran, corran, corran, corran!] gritó la chica gato detrás de él.
Mozolite activó sus ojos, buscando la mirada hostil mientras se movía por las sinuosas calles, al evadirla.
Era como mirar un mapa. Mozolite podía percibir la ubicación real de cualquier persona que lo buscara. Con este poder, localizar objetivos y huir de perseguidores era pan comido. Era precisamente esta habilidad lo que lo hacía valioso para Manfred y, al mismo tiempo, lo que alimentaba sus propios deseos ambiciosos.
Claro que había habido algunos contratiempos menores, pero Mozolite seguía decidido a empezar de nuevo una vez que pudiera eludir a sus perseguidores. “Reflexionaré sobre lo que he hecho esta vez y lo haré mejor la próxima. Me vengaré de los que se interpusieron en mi camino. Si tan solo pudiera escapar de los subordinados de esa candidata a la Selección Real en la ciudad e ir a otro lado...”
[¿Eh?] Un momento después, Mozolite fue bruscamente derribado y enviado rodando con un gran impacto.
[…]
“Tengo la espalda magullada y no puedo recuperar el aliento. ¿Qué demonios acaba de pasar?” Se miró los pies, solo para encontrarlos empapados de un vibrante tono rojo. Su pierna derecha también emitía un resplandor ardiente justo alrededor de la rodilla.
[Ugh... ah...] La herida tenía un aspecto terrible, pero no sentía dolor. Quizás su cerebro simplemente se había resignado a la incomprensible herida.
“En ese caso, valió la pena. Priorizaré la huida por ahora, mientras mis piernas me lo permitan”. Con esto en mente, dio un paso adelante, cuando una repentina sacudida golpeó su cintura, haciéndolo desplomarse. De nuevo, la herida desató un estallido de rojo. Luchando por recuperar su equilibrio, recibió una embestida implacable “mi hombro, mi costado, mi pierna, mi cadera, mi pie, mi brazo, mi pierna, mi cadera, mi hombro, mi estómago, mi cintura, mi pecho, mi pierna, mi brazo, me golpearon, me golpearon, me golpearon”.
[Eh, ¿q-qué... eh? ¿Qué demonios...?] exclamó Mozolite, con todo el cuerpo ahora inflamado de rojo.
No podía comprender la agresión que estaba sufriendo. Abriendo los ojos desesperadamente, buscó a la persona que estaba pendiente de él... o más bien, a la persona que lo estaba atacando sin piedad. Y al poco tiempo, su oponente apareció.
A lo lejos, al otro lado de la ciudad, un joven levantó el brazo hacia Mozolite. Allí estaba el pelirrojo Santo de la Espada, con un brillante tomete rojo en la mano.
[Esto es ridículo] murmuró Mozolite con incredulidad. Nada más hablar, otro tomete le estalló en la cara, con un impacto que le hizo perder la conciencia.
[Lady Felt, parece que se ha desmayado] informó Reinhard.
[Hmm, ya veo. Pero mira...] Felt hizo un gesto de curiosidad.
[¿Hm? ¿Qué ocurre?] preguntó Reinhard, con una cesta de tometes rojos a su lado, de la que los tomaba continuamente y los lanzaba a lo lejos.
Felt frunció el ceño al ver la escena. Tomó un tomete de la cesta, se lo acercó a los labios y le dio un mordisco, saboreando su fresco sabor. Con un brillo en los ojos, volteó hacia Reinhard y sugirió:
[Para el Festival del Tomete del año que viene, hagamos una competición entre tú y todos los demás del pueblo.]
“Al fin y al cabo, tendría que ser exagerado para ser siquiera una competición”.
31
Mozolite se despertó en la oscuridad, con un nudo en la garganta al darse cuenta de su estado de inmovilidad. Estaba sentado en una silla rígida, con los miembros retenidos. Con cautela, intentó comprender lo que había ocurrido con su mente confusa. Entonces, surgió una presencia.
[Veo que te has recuperado] llegó la voz del hombre más aterrador que existía, resonando a través del oscuro vacío.
Los recuerdos de Mozolite se amontonaban en su memoria: la invasión de los tometes, su fallida huida de los perseguidores y la revelación de su plan. Estaba huyendo de los cazadores de la organización cuando se descubrió su plan. Sin embargo, su huida había fracasado y de nuevo se encontró atrapado.
[Oh, Jefe...] Mozolite pronunció débilmente.
[Oh, ¿todavía tienes la audacia de dirigirte a mí como “Jefe”? Qué sorpresa.] La carcajada de Manfred hizo que Mozolite sintiera escalofríos.
Mozolite intentó abrir los ojos, buscando un atisbo de escape en la oscuridad. Buscaba una forma de sobrevivir, aunque su vida fuera escasa. No obstante, se encontró con la decepción. Sus ojos no se abrían. Permaneció envuelto en la oscuridad, incapaz de ver nada.
[Tus ojos eran muy valiosos] dijo Manfred divertido, [pero quizá confiaste demasiado en ellos. Incluso yo cometí algunos errores de juicio, pero... Esta vez, tu vista estaba demasiado fuera de lugar.]
La desesperación llenó la voz de Mozolite mientras suplicaba:
[¡Oiga, no veo nada! Jefe... ¡No veo nada! Por favor, déjeme explicarle...]
[El Rey Cerdo, la Cien Flores, yo mismo y la candidata a la Selección Real, incluso el Santo de la Espada] continuó Manfred. [También tenías el ojo puesto en el “Gris” y el Escarabajo Dorado. Fuiste precavido. Aun así, fuiste derrotado por un simple soldado de infantería.]
Mozolite podía oír los pasos de Manfred acercándose. Sin embargo, no podía verlo. “¿Tengo los ojos vendados? No puedo verlo. Debería estar a mi lado”.
Para Mozolite, que había vivido toda su vida confiando en sus Ojos, este era un miedo insoportable. Por otro lado, a pesar del miedo de Mozolite, había un rastro de retorcida satisfacción en la voz de Manfred.
[Para ser sincero] continuó Manfred, [el reciente incidente ha arruinado la reputación de La Balanza. Fui traicionado por mi consejero de confianza y mi nombre ha quedado ridículo. Aun así, en medio de todo esto, hay una luz de esperanza. Esa chica de cabello dorado es realmente un hallazgo extraordinario.]
Las palabras de Manfred resonaron a tal distancia que Mozolite podía sentir su aliento recorrerle la nuca. Justo entonces, Mozolite sintió que le ponían algo en la mano, aún sujeta a la silla. Era un objeto blando y redondo, desconocido para él.
[Gah... Jefe, ¿esto es...? Ugh...]
[No lo dejes caer, Mozolite] le advirtió Manfred. [Ese objeto representa el riesgo que has corrido. Que has apostado tu vida y la has perdido.]
Mozolite, incapaz de hablar debido al objeto extraño en su boca, abrió los ojos de par en par, solo para encontrarse con la oscuridad. Unas cuencas vacías, sin ojos. Y los que antes ocupaban esas cuencas, estaban ahora anidados en la palma de su mano.
[La venganza de La Balanza es dura] explicó Manfred. [Has traído la desgracia a nuestra organización y le has robado la vida a seis camaradas en la búsqueda de tus ambiciones egoístas. Tus crímenes deben rendir cuentas, en nombre de Typhon, la portadora de la balanza.]
[¡Nn-n-n-n!] Los intentos de protesta de Mozolite fueron inútiles.
Manfred agarró la mandíbula del aterrorizado hombre mientras se retorcía en su asiento. Un dedo delgado, con la fuerza de un tornillo de banco, aplastó la mandíbula de Mozolite en el acto. Adolorido, Mozolite lanzó gritos de agonía, arrancándose sangre de la garganta. Sus lamentos continuaron, en una lucha agónica que persistió hasta que la vida de Mozolite llegó a su fin.
Y así, la vida de la mente detrás del incidente en la Capital del Dragón de Tierra, llegó a su fin.
32
[Así que, shupongo que podemosh decir que tu problema está finalmente reshuelto, ¿eh, Felt?]
[Sí, eso es genial] dijo Felt, respondiendo con una sonrisa. [Siento haberte presionado tanto, mi amiga escandalosa.]
Anastasia Hoshin, la invitada sentada frente a ella, le devolvió la sonrisa. Se encontraban en el salón de la mansión Astrea, en Hakuchuri, adonde habían regresado tras el ataque de los Tres Grandes a Flanders, Capital de los Dragones de Tierra en el mundo.
Con el incidente resuelto y varios asuntos solucionados, Felt por fin se sentía a gusto en la residencia. Y ahora, habiendo invitado a la mansión a la gente que los había ayudado, podían relajarse, disfrutar de los frutos de su trabajo y apreciar el duro trabajo de todos.
[Pero sheamos realishtash, no hicimos la gran maravilla hashta el final] comentó Anastasia. [Esa no es una gran contribución... Pero, Felt, shiento oír todos los problemash por los que has pashado.]
[Ni me lo digas] respondió Felt. [Me he estado preguntando, ¿todas las candidatas a la Selección Real tienen que pasar por locuras como esta?]
[No lo sé. Al menos en mi casa no ha habido tanto trabajo] admitió Anastasia riendo, inclinando la cabeza hacia Felt. Felt frunció el ceño mientras Anastasia continuaba:
[Pero inclusho si es cierto que la shituación era grave, ¿cómo decidishte que neceshitabash nueshtra ayuda? Normalmente, no se shupone que muestresh debilidad ante tus contrincantesh.]
[No me asusta arriesgarme mientras no esté en juego la vida de mi gente] dijo Felt. [Además, te elegí a ti, ¿no? Supuse que serías la más sensata de todas las candidatas.]
[¿Así que pienshash bien de noshotrosh?] preguntó Anastasia.
[Nah] respondió Felt. [Solo pensé que, si íbamos a hacer un trato, no sería demasiado complicado y desordenado.]
[Bueno, ¿no eres muy honeshta?] respondió Anastasia, ahora de buen humor gracias a la respuesta de Felt.
A decir verdad, cuando Felt consideró a las cuatro candidatas a la Selección Real como posibles aliadas, pensó que Anastasia sería la mejor persona a la que acercarse. Creyó que las otras tres serían difíciles de convencer por varias razones. Así que, a través de Flam y Grassis, se comunicó con el Viejo Rom para establecer contacto con la Compañía Comercial Hoshin. Después de eso, Anastasia y su equipo actuaron con rapidez y eficacia, lo que les permitió dar caza y capturar con éxito a Mozolite, el criminal fugitivo, gracias a sus maniobras tácticas.
[Pero cuando me enteré de que la mitad del grupo de mercenarios con el que contábamos no podía moverse, me puse un poco nerviosa] admitió Felt.
[Lo shiento] se disculpó Anastasia. [Creo que nuestrosh chicosh se dejaron llevar un poco antes. Ahora los tengo cuidando de la compañía comercial, así que estoy un poco falta de pershonal.]
[No me extraña] dijo Felt encogiéndose de hombros. [Has estado lidiando con toda clase de malos como la Ballena Blanca y el Culto a la Bruja, ¿no?] Felt recordó los temas más recientes que habían sacudido el reino hacía poco.
Esta misma chica, Anastasia, que estaba sentada ante ella, también había logrado derrotar a la Ballena Blanca, una molesta mabestia que asoló el mundo durante años, así como a un líder del nefasto Culto de la Bruja; esto con la ayuda de las facciones de otras dos candidatas a la Selección Real.
La Selección Real acababa de empezar, pero Felt, que había estado preocupada por asuntos internos, se había quedado atrás.
[Pero parece que tú acabash de empezar] dijo Anastasia.
[Pues, ¿no es así?] respondió Felt. [Si le arrebatas la cartera a alguien y sales corriendo, te quedarás sin fuerzas muy rápido si vas con todo desde el principio. Se trata de saber cómo hacer una huida limpia y cuándo recuperar el aliento.]
[Quizá no shea la mejor analogía, pero creo que te entiendo] asintió Anastasia repetidamente.
Felt, sentada con las piernas cruzadas en la silla, observó su reacción perpleja. Entonces, Anastasia extendió tímidamente la mano, a lo que Felt se mostró más reacia al contemplar sus blancos y delgados dedos.
[¡Felt, volvámonosh amigash! Sé que te he llamado contrincante, pero la verdad es que me caesh bien.]
[No quiero ser grosera, pero eso suena bastante falso] respondió Felt sin rodeos.
[¡No sheash tan mala, lo digo en sherio!] insistió Anastasia, con la mano aún extendida. [Todavía estoy en el negocio de la honestidad, ¿entiendesh?]
“Es difícil saber si habla en serio o en broma. Como mínimo, no puedo imaginarme a una persona honesta teniendo éxito en los negocios, así que sus palabras de ahora obviamente no son sinceras, pero...”
[Bueno, está bien entonces. Vamos a intentarlo] concedió Felt. [De acuerdo, escandalosa... digo... Anastasia.]
[Entonces, ¿nos damosh la mano?]
[Bueno, no es que esté perdiendo nada, y tú me ayudaste mucho... y tampoco es que te odie, así que...] Felt cedió y le tomó la mano.
Al soltarse, Anastasia miró su propia mano y dejó escapar un leve suspiro de alivio.
[Me alegro muchíshimo] dijo Anastasia. [No tengo muchosh amigosh de mi edad. Sheamosh buenash amigash, ¿bien?]
[La misma edad, ¿eh?] se rió Felt. [Por lo que he oído, eres una de las candidatas de mayor edad...]
[¡Oh, oh, no puedo oírte! No te oigo. No te oigo nadita. No, ¡no te oigo nada de nada!] Tapándose los oídos como una niña, Anastasia bloqueó la conversación que menos quería oír.
Riéndose de su gesto infantil, algo que normalmente no se esperaría que hiciera una adulta, Felt tomó un bollo para el té y lo masticó. “No está mal. Flam y los demás debían de haber puesto todo su empeño cuando se enteraron de quién era la invitada. Aunque no hubiera sido así, recibimos muchos regalos de la gente a la que ayudamos. Eso es lo único que ganamos con este incidente”.
[Por cierto, ¿la dama de tu grupito que fue shecuestrada, volvió shana y shalva?] Anastasia preguntó
[Sí, está bien] confirmó Felt. [No sabían qué hacer con ella, así que la encerraron en el escondite de los malos, pero... entonces el Rey Cerdo llamó a la puerta.] En efecto, cualquiera que ofendiera al Rey Cerdo, el único hombre de Flanders al que uno debía evitar ofender por cualquier cosa, se encontraba con un boleto de ida al más allá, cortesía de su puño de hierro.
Así que Kalifa fue rescatada y regresó sana y salva con Ilya. Sin embargo, Felt tenía sentimientos encontrados sobre el hecho de que se hubiera producido otro encuentro entre Doltero, Kalifa y su hija.
[Bueno, Gaston dio un paso al frente para proteger a Ilya, así que me gustaría pensar que tiene una buena oportunidad] comentó Felt.
“Quiero decir, lo hizo todo, arriesgando su propia vida y lo demás. Incluso me sentiría mal por él si nada sale bien después de todo esto. Aunque probablemente no haya nada de qué preocuparse, ya que Kalifa ha estado visitándolo casi todos los días desde que regresó”.
[Gaston se ha puesto las pilas, y Rachins también ha hecho un trabajo inteligente.]
[Oye, eshpera un shegundo] interrumpió Anastasia, [¿no nos estamosh perdiendo de alguien? ¿No se shupone que tú y tu extraña servidumbre se forma de un equipo de tresh hombresh?]
[Oh, esa es la mejor parte] dijo Felt riendo, levantándose de la silla con indignación.
Se acercó a la ventana y le hizo señas a Anastasia para que la acompañara. Curiosa, Anastasia la siguió y se asomó a la ventana junto a ella, contemplando el jardín bien cuidado que había debajo, con la sombra de los árboles que lo rodeaban.
[¡Oh, ahí va!] señaló Anastasia. [En un rinconcillo del jardín con una dama de ashpecto muy elegante.]
[Oh, es la propietaria que administra el Distrito Rojo de Flanders] explicó Felt, levantando el dedo meñique con una sonrisa pícara. [De todas las personas, ella terminó con Camberley.]
[¿La propietaria del Jardín Prisión de Flores? ¿No es esho increíble?] exclamó Anastasia, sorprendida por la inesperada revelación.
Porque allí, en el jardín de la mansión, sentados uno al lado del otro a la sombra de un árbol, había una pareja poco convencional, muy lejos de lo que uno llamaría una imagen perfecta.
En un tiempo, Camberley estuvo recluido en el burdel del Jardín Prisión de Flores, aferrándose a la vida por un hilo. Rachins hizo todo lo posible por rescatarlo, incluso haciendo una apuesta de alto riesgo con Helaine. Por otro lado, mientras Rachins libraba esa batalla por su cuenta, Camberley logró escapar de su confinamiento por sus propios medios. Pero quedaba una pregunta. ¿Cómo demonios había logrado una fuga tan audaz?
[¿Cómo es que una de las chicash más experimentadash de las calles se ha puesto así?] preguntó Anastasia.
[La Protección Divina de las Artimañas de Dormitorio] respondió Felt con naturalidad.
[¿Qué?] La breve respuesta de Felt dejó atónita a Anastasia.
Respondiendo a la reacción de Anastasia, Felt continuó.
[¡Como he dicho! Fue su Protección Divina de las Artimañas de Dormitorio. Su infamia como Donjuán del Distrito Rojo no era por nada. Nunca había oído que una prostituta de un burdel le devolviera el dinero a un cliente.]
[Felt, eres una de esas chicash que coleccionan todo tipo de shubordinadosh peculiaresh, ¿a que sí?] preguntó Anastasia, llevándose la mano a la cabeza y sacudiéndola con incredulidad. Pero era demasiado cierto.
Una vez que Camberley había escapado de las garras del veneno de Toto y regresó del Distrito Rojo, pidió que la perdonaran. Incluso prometió compensar cualquier pérdida con su propio trabajo si era necesario.
Al oír esta historia, Toto también contó más cosas sobre Mimosa, la desafortunada prostituta que había tenido un final abrazador. Al parecer, Mimosa, la joven que soñaba con ser florista, procedía del mismo pueblo que Mozolite, la mente detrás del incidente. La historia era la siguiente: La chica había abandonado su pueblo natal en busca de sus sueños, y encontró consuelo en un hombre de su lugar de origen con el que había entablado una amistad en el pasado, adentrándose en el Distrito Rojo de esta gran ciudad. Inocentemente, accedió a sus peticiones y, sin saberlo, ella misma se convirtió en una fuente de información. Así fue como cayó víctima de las ambiciones de aquel hombre, encontrando un trágico final antes de alcanzar sus propios sueños. Tal fue la verdad de la muerte de la desafortunada mujer, y el final de su sueño insalvable. Una vez explicado todo, Anastasia le preguntó a Felt:
[¿Te shientesh arrepentida?]
[¿Yo? No seas idiota] replicó Felt. [Crecí en los barrios bajos. He visto morir a muchas personas de las maneras más jodidas. Y a muchas otras perecer después de que se aprovecharan de ellas. Así que...]
[¿Así que?] Anastasia la animó a continuar.
[Estoy frustrada y molesta] continuó Felt, con las cejas fruncidas por la ira. [Estoy tan malditamente frustrada y furiosa... que me voy a volver loca.]
“Sí, sí. Eso es exactamente. Estoy furiosa. Estoy molesta. ¡Estoy absolutamente furiosa! Que me condenen si voy por ahí tratando de salvar a cada alma ingenua y despistada. Pero te aseguro que no me quedaré de brazos cruzados viendo cómo se aprovechan de la buena gente”.
A Felt nunca le gustaron los bienhechores. Se sentía como si estuviera explotando su bondad y aprovechándose de ellos. “Por eso voy a cambiarlo. Voy a cambiarlo todo. Y por eso...”
[Jejeje...] Anastasia soltó una risa traviesa.
[¿Qué demonios te pasa?] Preguntó Felt con sorpresa. [Deja de actuar de forma espeluznante. ¿Por qué me sonríes?]
[Oh, nada] respondió Anastasia. [Solo estoy penshando que, deshpuésh de todo, en verdad me agradash, Felt.]
La expresión de Anastasia se relajó y, divertida, balanceó los hombros. Felt apoyó la mejilla en su mano. Aunque antes se habían dado la mano y hecho un pacto verbal para ser amigas, con aquella actitud tan poco convencional, Felt tenía la sensación de que podría arrepentirse de aquella promesa más pronto que tarde.
[Oh, pero no pienshesh ni por un shegundo que estoy renunciando a la Selección Real] afirmó Anastasia. [No voy a conceder mi victoria en eshta contienda.]
[No podría estar más de acuerdo] dijo Felt asintiendo con la cabeza.
Felt y Anastasia intercambiaron sonrisas de complicidad, creando un destello de camaradería entre las dos candidatas a la Selección Real.
33
Mientras las dos candidatas a la Selección Real se dedicaban a bromear amistosamente en el piso de abajo, una habitación del piso superior de la mansión servía de oficina improvisada, donde un individuo se agarraba la cabeza con gran angustia. Este hombre, de baja estatura, se encontraba rodeado de libros de contabilidad y cartas dispersas. Tras echarles un rápido vistazo, su perfil, normalmente inteligente, enrojeció y sus ojos prácticamente sangraron de frustración.
[¿Q-Q-Qué demonios está pasando? ¿Cómo se está gestionando este territorio?] tartamudeó Ezzo, con la agitación desbordando.
“Debe de tratarse de algún tipo de error. Y a pesar de lo desordenado de su contenido, los detalles de estos registros están escritos con una letra tan pulcra y meticulosa. En esencia, ¡su apariencia ordenada solo oculta un enfoque ridículamente desordenado de la gestión de la tierra!”
[¡Espera, espera, espera, espera! ¡Esto es lo más absurdo que me he encontrado nunca!] exclamó Ezzo. [Antes de trasladar la base aquí... no, ¡espera! ¿No era esta la residencia principal Astrea desde el principio?]
[Sí] confirmó Rom con un movimiento de cabeza, [pero parece que siempre estuvo en este estado. Desde mi punto de vista, era evidente que la economía estaba en una situación desesperada, pero controlar la situación no era fácil.]
El Viejo Rom encorvó su enorme cuerpo, acariciándose la calva mientras permanecía de pie ante Ezzo, cuyos ojos se abrieron de par en par con incredulidad.
[Pero, veterano, dejarlo en esas condiciones parece del todo inútil] comentó Ezzo, con la voz llena de frustración y preocupación.
En el inusual marco de una sala en la que se habían reunido un gigante y un enano, el ambiente era ciertamente un poco peculiar. Sin embargo, el asunto en cuestión exigía su atención.
[P-Pero, ciertamente no anticipé un estado del asunto tan agusanado...] dijo Ezzo. [¿Es posible que todo esto sean documentos falsos fabricados para poner a prueba mis habilidades?]
[Me temo que no tengo tiempo para perder tanto esfuerzo por ti] afirmó Rom sin rodeos. [Esta es la cruda realidad de esta mansión... o mejor dicho, de nuestra facción.]

[…]
El estado mental de Ezzo pareció desmoronarse mientras se hundía de rodillas, permaneciendo sentado por un momento. Luego levantó el rostro para encontrarse con la severa mirada del Viejo Rom, que se alzaba sobre él.
[De todos modos, me gustaría escuchar a la persona que ha estado a cargo de estos asuntos de ingresos fiscales] continuó Ezzo, recuperando la compostura. [Estos registros indican una falta total de comprensión. Sin embargo, mientras uno posea la voluntad de aprender, eso puede cambiar. ¿Quién era el responsable de estos asuntos en la mansión?]
[Bueno sobre eso, parece que la gente del pueblo de Hakuchuri estaba a cargo] explicó Rom.
[¿Ingresos fiscales gestionados por los mismos ciudadanos a los que se les cobraban impuestos? ¿Por qué demonios?] Cuestionó Ezzo, perplejo.
[Quién sabe...] Rom se encogió de hombros, con sus gruesos brazos cruzados mientras ladeaba la cabeza.
Ezzo cayó de rodillas al suelo, con cara de frustración e incredulidad. “Una gestión chapucera en su máxima expresión. Lo que es aún más sorprendente es la ausencia de cualquier intento por parte de los ciudadanos de fraude con sus impuestos. En otras palabras, se trata de una milagrosa escasez de gestión de asuntos internos por parte de un grupo de ignorantes buena gente que se apoyan los unos a los otros.”
[Pe-Pe-Pe-Pero, ahora que me he unido a la facción, ¡me niego a aceptar un estado de asunto tan mediocre!] protestó Ezzo. [En primer lugar, tenemos que establecer normas adecuadas y contratar a la gente apropiada... ¡Sí, Sir Rachins parecía tener la cabeza en su sitio! Subámoslo a bordo. Muy bien, ¡está decidido!] Ezzo se echó a reír histéricamente, dando saltos de alegría.
Esta repentina oleada de energía disipó el anterior aire de frustración, dejando al Viejo Rom enarcando las cejas ante el rápido cambio. Con una exhalación, dejó escapar un contemplativo [Hmmm.]
[Positivo y capaz es exactamente lo que necesitamos ahora] reconoció Rom. [Si puedes hacer eso, estarás muy demandado. Pero, ¿por qué elegiste Felt?]
[Parece que tienes muchas cosas en la cabeza, veterano] respondió Ezzo a la pregunta de Rom, con expresión rígida al girarse para verlo.
Sus miradas se cruzaron, una baja y otra alta. Entonces, Ezzo extendió su capa e hinchó el pecho con confianza, mirando al enorme hombre que tenía delante.
[Le estoy muy agradecido a Lady Felt, al Santo de la Espada, Sir Rachins y a todos los demás que me ayudaron en este asunto] comenzó. [Me ayudaron a buscar justicia para Mimosa. Quiero devolverles su amabilidad. Tal es mi principio.]
[Bueno, si ese es tu principio, ¿cuáles son tus verdaderas intenciones?]
[Veo un gran talento en Felt, uno que es digno de servir. En parte tiene que ver con su actual título de candidata a la Selección Real, por supuesto, pero Lady Felt tiene la capacidad de liderar a otros y la flexibilidad para utilizar sus puntos fuertes. También ha demostrado una preocupación genuina por las personas. Creo que esto también fue un encuentro casual.] Ezzo extendió sus pequeñas palmas. [Estoy en deuda con usted por ayudarme a salir de este estancamiento] dijo con sinceridad.
Sin embargo, fueron los ojos de Felt lo más significativo. Entrelazando miradas con ella, bajó la cabeza y encontró determinación. Si iba a luchar, si iba a desafiar, si iba a enfrentarse, este era el lugar adecuado para hacerlo.
[Al igual que Lady Felt compite en la Selección Real, yo también tengo un oponente al que debo enfrentarme] reveló Ezzo. [Casualmente, ese oponente también está en una posición estrechamente relacionada con la selección. Una circunstancia inevitable también para mí.]
[Entonces, ¿estás insinuando que quieres a Felt por conveniencia?] preguntó Rom.
[No, considero que ha sido el destino] afirmó Ezzo sin dudarlo un instante.
Tranquilizado por la decidida respuesta de Ezzo, el Viejo Rom pareció ligeramente sorprendido. Se rascó la calva con el dedo y comentó:
[Ya veo, así que tú también eres una persona excéntrica.]
[Una chica de los barrios bajos con el Santo de la Espada como caballero; ¿cómo esperar que se reúna una multitud normal cuando el núcleo de la relación Señora-sirviente es tan extraño? ¿No es emocionante?]
[Hay una cosa que debo mencionar] advirtió Rom. [Felt odia la palabra “destino”, así que ten cuidado de no juntarla con esos términos.]
[¡Agradezco el consejo! Estaré encantado de aprender cualquier otra cosa que puedas contarme, veterano.]
El Viejo Rom se encogió de hombros en respuesta a la sincera explicación de Ezzo, con los movimientos limitados por la estrechez del espacio. Empezó a ordenar los libros de contabilidad y otros objetos dispersos por el suelo. Fue entonces cuando se le ocurrió otra idea.
[Hablando de eso] comenzó Rom, [oí que mencionaste unas condiciones peculiares para unirte a la facción... ¿Qué demonios pediste?]
[Oh, eso] respondió Ezzo con una pequeña risa. [Simplemente pedí permiso para visitar el Distrito Rojo de Flanders dos veces al mes. Tengo un grupo de alumnas que actualmente están aprendiendo a leer y escribir.]
[…]
[La voluntad de aprender es preciosa] continuó. [No quiero que eso cese. Esa es mi venganza.] Ezzo se acercó a la ventana, y al fijar su mirada en el paisaje exterior, su expresión se suavizó. En lo alto, las mejillas del anciano Rom también esbozaron una sonrisa, reflejando el sentimiento de Ezzo.
Al otro lado de la ventana, Reinhard ascendía por la colina hacia la mansión, acompañado por un dragón de tierra carmesí. El regreso del dragón de tierra, que previamente les había sido confiscado tras ofrecérselo como el precio de su acuerdo, fue un espectáculo notable. Una chica de cabello dorado corrió hacia el caballero y el dragón de tierra. La inquebrantable figura de Felt, corriendo en línea recta sin vacilar, trajo una inesperada sensación de tranquilidad.
34
Y así, los problemas en torno a la Capital del Dragón de Tierra llegaron a su fin. A excepción de una cosa. La escena final se desarrollaba en una habitación de piedra, austera y fría. Helaine supuso que se encontraba en el sótano de un edificio desconocido en algún lugar oscuro de Lugunica. La pérdida del Escarabajo Dorado en Flanders, unida a su propio fracaso, era demasiado para compensar. El prestigio del Escarabajo Dorado en aquella ciudad cayó en picada, y Helaine, despojada de su función administrativa, fue relegada de nuevo a la Capital Real.
La razón por la que no había sido entregada a los Tres Grandes de la ciudad no se debía a la misericordia que le había otorgado su superior. No recibió una compensación tan generosa. En cierto sentido, incluso podría haber preferido que su destino hubiera sido confiado a la Moneda de Plata Negra, La Balanza o al Jardín Prisión de Flores. Por supuesto, de ser el caso, se habría enfrentado a severas torturas o habría sido sometida a los insaciables deseos de una mujer y su grupo. Sin embargo, para Helaine, incluso esos resultados podrían haber sido preferibles a que la persona que tenía delante la mirara con tanta indiferencia.
[Escuchemos tu explicación, Helaine Gatness.]
[Sí, por supuesto] asintió ella. [Las circunstancias imprevistas han infligido un duro golpe a nuestros planes de infiltrarnos en la ciudad de Flanders. La... falsa identidad del Escarabajo Dorado también ha debilitado gravemente su voz dentro de la ciudad.]
Con la cabeza baja, la mirada de Helaine se ensombreció al enfrentarse a las consecuencias de sus propios actos. Aun así, no podía permitirse el lujo de vacilar y hacer caso omiso de lo que la otra parte tenía que decir.
La magnitud de su error no podía borrarse. “Por eso, como mínimo, debo expiarlo con cada fibra de mi ser”.
[…]
Al escuchar la explicación de Helaine, un hombre se sentó ante ella en una silla, con la mejilla apoyada en la mano, que a su vez descansaba en el reposabrazos. Incluso sus gestos desprendían un aire de sofisticación, y la forma en que la miraba removió algo en lo más profundo de su ser.
Helaine estaba tan cautivada por el hombre que tenía delante que la misma palabra por sí sola no alcanzaba a describir lo que sentía en su totalidad. Estaba tan enamorada de aquel sujeto que renunciaría voluntariamente a su vida si él le pidiera que muriera. Sin embargo, esa idea parecía importarle poco al hombre. Desperdiciar recursos valiosos no era una opción.
[Dijiste que planeabas infiltrarte en Flanders. Pero ¿alguna vez te lo ordené?] habló el hombre. [Existía un delicado equilibrio entre las tres organizaciones de esa ciudad. Si hubieras permanecido en silencio, no habría habido ningún problema.]
[Había un hombre ambicioso, fácilmente influenciable, que poseía un talento injustificado...] Helaine habló con un atisbo de frustración. [Creía que si lo colocaba en un puesto de liderazgo en esa organización, habría sido mucho más manejable.]
[Tuviste que lidiar con la interferencia de la candidata a la Selección Real, y tu plan fracasó] amonestó el hombre. [Encima, tu propia implicación quedó al descubierto, casi llegando a las altas esferas. Un completo fiasco.]
[¡El hijo mayor de la Casa Hoffman está ahora a las órdenes de Lady Felt!] Las palabras de Helaine se volvieron cada vez más frenéticas a medida que alzaba la voz, tropezando con sus palabras. [Así que nuestro...]
El hombre se levantó de su silla, interrumpiéndola mientras se acercaba lentamente a ella.
[El hijo de Rickert Hoffman, ¿eh?]
En la oscuridad del sótano, apareció un hombre alto, iluminado por la titilante luz de las velas. Era de unos 30 años, con el cabello largo y dorado, con una barba cuidadosamente recortada. Sus ojos azules estaban llenos de inteligencia y razón, era conocido por su extraordinaria capacidad, que contradecía su aspecto. La mayoría de la gente probablemente percibía su posición como la de un representante del Gremio de Comerciantes de la Capital Real. Sin embargo, la realidad de su posición era mucho más significativa que algo tan trivial. Sus decisiones, acciones y declaraciones tenían el poder de influir en todo el reino, y la importancia de su papel era comparable a la del Consejo de Sabios.
Si era el Consejo de Sabios el que dirigía el gobierno del reino, a él le correspondía proteger y apoyar a la columna vertebral del reino. Hace cuarenta años, tras la Guerra Semihumana, se creó por necesidad un mecanismo de defensa secreto para defender el Reino Aliado del Dragón de Lugunica desde dentro.
Las Seis Lenguas. Una organización de la que el hombre que estaba ante ella, Russell Fellow, ocupaba el estimado puesto de líder. Y así, Russell avanzó y se colocó ante la arrodillada Helaine, que jadeó cuando el hombre alto la miró, anticipando sus palabras mientras todos sus nervios se ponían de punta.
[Con la incorporación del León Dorado, el equilibrio en Flanders se ha fortificado] comenzó. [Aunque contamos con menos medios para intervenir de nuestro lado, no cabe duda de que hemos resuelto una serie de asuntos apremiantes.]
[…]
Helaine permaneció en silencio. Russell continuó:
[Aun así, con el reino tambaleándose por la selección real, el León Dorado, la Valquiria, la Medio Demonio, la Novia Sangrienta, y la Comerciante del Oeste, debemos ser precavidos en nuestra respuesta. Lamentablemente, tú has demostrado carecer en este sentido. Por lo tanto, debes ser castigada.]
[¡Sí, señor!] Helaine bajó la cabeza al suelo con tal fuerza, que su frente chocó violentamente con el suelo. Se desabrochó el traje en el acto, dejando al descubierto su ondulante piel blanca. La palma de la mano de Russell se arrastró lentamente por su espalda desnuda. Al hacerlo, la marca de la maldición grabada en su piel le hizo hervir la sangre, el intenso dolor tiñó de blanco su visión.
[¡Kaa... ku... aah!]
[Tener que retirar a los peones competentes es realmente problemático] comentó Russell, sin siquiera dar una mirada a Helaine, que se retorcía y lloraba lágrimas de sangre. Perdido en su propia contemplación, continuó. [Sin embargo, ¿debemos considerarlo como una ganancia el haber evaluado el potencial del León Dorado, inicialmente envuelto en la incertidumbre al comienzo de la Selección Real? No, es inaceptable que el hijo de los Hoffman conozca nuestra implicación. ¿Quizá ha llegado el momento de revisar algunos de nuestros planes?]
La mente de Russell bullía con una serie de estrategias y un ejército de peones, los cuales había utilizado con la máxima eficacia sin una pizca de deseos egoístas. Su máximo altruismo era precisamente la cualidad que permitía a Helaine prometerle una lealtad inquebrantable. “Sí, en efecto, por eso debo superar todo este sufrimiento para pronto poder servirle de nuevo”, ella pensó.
[¡Ah, ah!] Los gritos de angustia de Helaine atravesaron el aire, y mientras Russell escuchaba la agonía en su voz, un tinte de preocupación lo invadió por el futuro del reino. La Selección Real ya había comenzado, y fuera cual fuera el resultado, sin duda traería una resolución. Russell esperaba que los días venideros albergaran un rayo de esperanza.
“Para realizarlo... Ese es el único propósito de la existencia de Russell Fellow de las Seis Lenguas”, pensó con convicción.
FIN

Créditos:
Traducción Japonés-Inglés:
[Eminent Translations]
https://www.eminenttranslations.com/
https://www.eminenttranslations.com/reader/rezero-side- content/comic-alive-collection-10/the-golden-lion-and-the-
sword-saint-riot-in-flanders
Traducción Inglés-Español:
[Evil Eye Translations]
https://www.facebook.com/profile.php?id=100093851355454
1.0.3.3.2