Un Cuento Heroico a Partir de Cero






Un Cuento Heroico a Partir de Cero
1
—¿Hay un bardo viajero en la aldea?
Una expresión de asombro cruzó el rostro de Natsuki Subaru al repetir aquella palabra inesperada. Se dio la vuelta con un trapo de limpiar en la mano, luciendo bastante torpe con el uniforme de mayordomo que llevaba puesto hoy (como de costumbre). Sus movimientos torpes al limpiar la ventana se debían a las heridas que aún le escocían del día anterior.
Las bestias demoníacas habían atacado la mansión del marqués Roswaal y la aldea más cercana, Arlam: una crisis que al final concluyó con muy pocas bajas, aunque una de ellas fue el propio Subaru, quien se había ganado más de una dolorosa condecoración.
Con aquel caos reciente dejado atrás, la vida en la mansión de Roswaal y en la aldea Arlam había vuelto en gran medida a la normalidad. Las heridas de Subaru estaban casi curadas del todo y ya comenzaba a ayudar de nuevo con las tareas domésticas, en parte como una forma de rehabilitación.
—¡Así es, un bardo! Escuché a Ram hablar de eso cuando volvió de la aldea hace un rato. ¿Alguna vez has visto a un bardo, Subaru?
La chica que le respondió tenía una voz encantadora y plateada, al igual que su larga cabellera. Era tan desconcertantemente hermosa que no habría parecido raro si los artistas de todas partes rompieran sus pinceles llenos de frustración. Sin embargo, bastaba una mirada a sus fascinantes ojos de color violeta, rebosantes de curiosidad, o al entusiasmo al descubierto que ardía en sus mejillas rosadas, para que esa frustración fuera reemplazada rápidamente por adoración.
Subaru sin duda pensaba lo mismo, en especial durante esos momentos de alegría infantil que ella mostraba de vez en cuando.
—E M T (Emilia-tan es un Gran Tesoro).
—¿Eh? ¿Dijiste algo?
La chica confundida se llamaba Emilia: la salvadora de Subaru y el deseo de su corazón.
Él se rió por la forma tan inocente en que ella ladeó la cabeza y dijo:
—No, yo tampoco he visto a ninguno en persona... Pero pareces súper emocionada, Emilia-tan.
—No es que lo parezca, ¡es que lo estoy! Los bardos cantan, bailan y cuentan historias, ¿verdad? Así que seguro conoce todo tipo de relatos... Oye, ¿Subaru?
Emilia juntó las manos y miró a Subaru con esperanza. La dulce manera en que pronunció su nombre, el brillo en sus ojos al mirarlo hacia arriba... Ningún hombre con vida podría negarse a la petición de una chica tan hermosa como Emilia. O, al menos, Subaru no podía.
—De acuerdo, entendí. Terminaré rápido aquí y pediré permiso para ir.
—Siento molestarte por un capricho mío.
—Qué va, no te preocupes. Dudo que alguien espere mucho de un convaleciente en rehabilitación como yo para la limpieza, así que nuestra cita tiene prioridad.
—Ah, es verdad. Ya que vamos a salir juntos a algún lado... supongo que esto contaría como una cita.
Con una mirada hacia Emilia —quien era felizmente inconsciente de la belleza pecaminosa de su sonrisa—, Subaru arrojó el trapo de vuelta al cubo de agua y salió de la habitación. A través de los ventanales del pasillo, podía ver a lo lejos la aldea Arlam.
—Un bardo, ¿eh?
Ninguna palabra transmitía tanto el ambiente de un mundo de fantasía como “bardo”. Aunque había logrado contener su emoción frente a Emilia, su corazón ya estaba latiendo a mil por hora.
La alegre voz de un bardo tejía historias sobre mundos y las personas que los habitaban. Mientras Subaru caminaba a solas por el pasillo, su ilusión crecía a cada paso apresurado.

2
—Y ahora, préstenme sus oídos, que les cantaré una canción: “Draffin, traicionado por el sol poniente”.
Una melodía oscura y trágica cayó sobre la plaza de la aldea como una lluvia a principios de verano. En el centro de la plaza, sobre un escenario improvisado hecho con tablas de madera apiladas, se encontraba una artista rasgueando un instrumento de cuerda que se asemejaba a una guitarra o un ukelele.
El simétrico instrumento gorjeaba con un timbre vivaz, pero la melancolía casi palpable en el ambiente era una prueba del talento de la música. El ambiente en la plaza de la aldea era espectacularmente sombrío.
Atraídos por la melancólica melodía y la cautivadora letra, los aldeanos acudieron a la plaza con la mirada perdida. En la multitud había varias ancianas con los ojos hinchados de tanto llorar, como si estuvieran de luto por el fin del mundo. Ni siquiera en los momentos más desoladores del ataque de las bestias demoníacas alguno de ellos se había visto tan abatido como ahora.
—Si la vida ha de ser tan dolorosa, prefiero morir. Pero no puedo morir. No se me permite morir...
En la historia, Draffin había sido traicionado por su mejor amigo y su prometida. De pie sobre el puente donde alguna vez habían intercambiado un juramento solemne, y mientras la luz del sol poniente lo iluminaba, consideraba lanzarse al vacío para poner fin a todo.
A pesar de estar cantando y tocando un instrumento, la postura y los gestos de la barda le daban a la actuación un realismo increíble, sumergiendo a sus oyentes en el relato. Cuando una sola lágrima rodó por su mejilla, nadie en el público pudo contenerse más. Algunos incluso comenzaron a gemir y sollozar.
—Burbujas brotando de sus pulmones, se hunde en el lecho del río en calma. ¡Oh, Draffin! ¡Oh, oh, Draffin!...
Mientras Draffin se rendía a su impulso más oscuro y alcanzaba el fondo del río, el viento y las flores, impotentes, lloraban su trágica muerte. Y entonces cayó el telón...
—¡Cielos, ¿no podías haber elegido una canción más deprimente?!
Antes de que la última nota de la barda se extinguiera, Subaru interrumpió con un comentario tajante por pura frustración.
—¡Eep!
La Barda de los Finales Trágicos dio un brinco, y el mundo de la historia que envolvía la plaza se desmoronó por completo. Los aldeanos volvieron en sí y se intercambiaron miradas.
— “¡Oh! Este...” “Cielos, ¿por qué estoy llorando?” “Vaya, a esta edad los grifos se abren tan fácilmente...” “¡Draffin, eres igualito a mí!” “¡Esa chica barda es realmente linda!”
Con lágrimas en los ojos, todos en la multitud comenzaron a compartir sus impresiones sobre la función. Y tras desahogarse, se giraron para mirar hacia la fila trasera, donde Subaru intentaba escabullirse...
—¡Gracias por arruinar el ambiente, Subaru!
—y le gritaron con tanta furia que Subaru también dio un brinco del susto.
3
—¡Permítanme presentarme de nuevo! ¡Soy Liliana, una barda viajera!
Había un toque de infantilismo en la forma en que inclinó la cabeza. Sus ojos vibrantes y curiosos, así como su cabello amarillo, encajaban a la perfección con su fogosa personalidad. Sus coletas, su fina capa y su atuendo de bailarina estaban adornados con adornos hechos de frutos secos y huesos de animales. Era de baja estatura, pero sus extremidades eran largas, y su piel era morena y saludable. Todo en ella irradiaba la esencia de una trotamundos.
—Bueno, encantado de conocerte. Soy Natsuki Subaru, un milusos estruendoso y barroco. Soy el todoterreno de las tareas domésticas que causa sensación en la mansión que ves más allá de aquel camino.
—¿Es... estruen qué...? ¿Mil... usos...? Eh... ¡quiero decir, hola! Sí, es un gran placer conocerte.
Incluso con una desconocida, Subaru arrolló en la conversación. Sus modales sociales carecían por completo de delicadeza. Liliana ocultó su ceño incrédulo tras una sonrisa falsa, intentando desesperadamente no ofender a las personas que acababan de presentarse como allegados del señor local.
Pero la guardia de Liliana no tardó en desmoronarse.
—¡La canción que acabas de cantar fue genial! Todavía siento que voy a llorar... — Embargada por la emoción, Emilia tomó la mano de Liliana y habló con entusiasmo desbordante. Al principio, su efusividad tomó por sorpresa a Liliana, pero pronto sonrió al darse cuenta de que la estaba elogiando.
—¡Ohhh, muchas gracias! ¡Es todo un honor tener a una oyente tan atenta! Todavía estoy lejos de la perfección, pero escuchar semejantes elogios es más que suficiente para... ¿¡Hueh?!
Liliana correspondió al entusiasmo de Emilia con una sonrisa al principio... pero cuando la barda observó bien a su admiradora, se le desencajó la mandíbula y se quedó helada.
El grupo de Subaru la miró sorprendido mientras Liliana murmuraba, aún con la mirada atontada:
—¿A-Acaso eres una diosa...?
—¿Eh? ¿Disculpa?
—¡Q-Quiero decir, jamás había visto a una chica tan rebonita como tú! ¡Por todos los cielos! Ese cabello, esa piel... ¿¡cómo le hiciste para tenerlos así!? ¿¡Acaso eres humana!?
Daba brincos en círculo alrededor de Emilia, adulando su belleza descaradamente. Aquella reacción tan extrema paralizó a Emilia por un instante, pero Subaru no podía estar más de acuerdo con la apreciación de Liliana. Emilia era demasiado inconsciente de su belleza de otro mundo (aunque eso formaba parte de su encanto).
Entonces, Liliana se detuvo en seco, tomó su instrumento e hizo una inclinación.
—¡La musa ha hablado! Les presento mi nueva canción: “Ohhh, mi Diosa”.
Liliana respiró hondo antes de que sus pies comenzaran a marcar un ritmo suave. Luego, las yemas de sus delicados dedos rasguearon una nueva melodía.
“Profundamente cautivadora eres, brillando como el suave matiz de un tesoro; tu mirada, una caverna de gemas violetas que centellean. Tu cabello plateado, fluyendo como lágrimas de la luna en pena. Tu delicado rostro, tallado por la mano de un artesano sin freno. Tu piel, blanca como la nieve recién caída, no conoce el peso de una bota al pasar. Largas y puntiagudas, tus orejas... Tus orejas... ¿Tus orejas...?”
—¡...!
El fluido canto de Liliana se interrumpió de golpe. Subaru observó cómo sus ojos dorados se llenaban de duda, luego de comprensión, y finalmente de pánico.
Conectó rápidamente los puntos en la letra de su propia canción.
—¡Cabello plateado y orejas puntiagudas...! ¡Tú... tú eres la Bruja de la Envidia!
Subaru le tapó la boca a Liliana con la mano.
—¡Bien, corte! Fue una bonita canción, ¡pero tenemos motivos para creer que violó los derechos de autor! Una vez que llevemos a cabo una investigación formal, emitiremos un comunicado, así que por favor olvida cualquier interacción que hayas tenido con nuestra firma y...
—Subaru.
Como era de esperarse, fue Emilia quien le puso alto a ese desesperado intento de encubrimiento. Le dirigió una mirada de desaprobación a Subaru, quien en ese momento sujetaba a Liliana con una llave articular.
—Agradezco tu preocupación, Subaru, ¡pero deberías saber que está mal atacar a una chica así! ¡Subaru Malo!
—¿Qué soy, un perro...? Digo, no te pongas así, Emilia-tan.
—Está bien, Subaru. Intentar ocultar la verdad no es la solución.
Emilia se mostraba firme y valiente, pero no se podía decir lo mismo de Subaru. Verla convertirse en víctima de una condena inmerecida le oprimía el corazón.
Emilia había nacido de la unión entre un elfo y una humana; en otras palabras, era una semielfa. Este mundo estaba lleno de todo tipo de personas no humanas, pero algunas eran objeto de prejuicios, en especial los semielfos. Debido a esto, Emilia había pasado por muchísimas dificultades.
Quizás Emilia hubiera perdonado a Liliana, pero Subaru no podía ignorar sus palabras, palabras que habían encadenado a Emilia durante tanto tiempo. A regañadientes, le soltó las muñecas y los codos a la joven, y luego le liberó los hombros y los brazos.
—¡Pffft! ¡Mis brazos! ¡Mis brazos! ¡Por favor no rompas mi herramienta de trabajo! Solo soy una joven doncella con piel suave y sedosa... ¡quita tus manos de encima, chico de los recados!
—Solo estaba usando todo mi poder para proteger a las personas importantes para mí; ese es el tipo de hombre que quiero ser. Además, lamento informarte, jovencita, que de todas las “pieles suaves y sedosas” que he conocido, la tuya ocupa casi el último lugar.
La proporción de chicas hermosas era anormalmente alta en este mundo, pero los encantos femeninos de Liliana ocupaban (según Subaru) un lugar muy cercano al fondo. El último puesto absoluto era para Beatrice, el penúltimo para Felt, y Liliana probablemente se llevaba el premio al tercer peor lugar.
—¡Hmph! Primero me inmovilizas y luego hieres mi delicado corazón. ¡Pero, pero, pero!
A pesar del resentimiento por las críticas de Subaru, Liliana bailó frente a Emilia con la insolencia de una rata. La expresión de Emilia se tensó bajo la mirada de la pequeña barda. Y entonces...
—¡No solo eres hermosa, sino que también eres digna hasta el tuétano! ¡Hiciste que mi corazón hiciera bum-bum!
—Eh... ah. De acuerdo... ¿de verdad?
—¡Sí, mi señora! Debo disculparme humildemente por mi grosera impertinencia de hace un momento. ¡Si su chico de los recados no me hubiera detenido, mi familia me habría desheredado por semejante conducta vergonzosa!
—Ah, ya entiendo. ¡Eres una barda desastrosa!
Subaru quedó asombrado por su impulsiva y descarada confesión de culpa, pero Liliana simplemente comenzó a rasguear su instrumento con alegría.
—¡Puede que no lo parezca, pero mis sentidos son afilados como navajas! Si la musa de la inspiración me deslumbra frente a los ojos, ¡la impaciencia simplemente me carcome! ¡Por eso, los motivos raciales que me prohibían hablar abiertamente de la belleza y valentía de la señorita Emilia se mezclaron en un revoltijo de locura!
—Vaya, eres como un soplo de aire fresco. No se ve mucho a gente de tu tipo en este mundo.
El entusiasmo innecesario de Liliana era escandaloso, pero, curiosamente, no resultaba desagradable. Había que agradecérselo a su sinceridad y a su voz. La hermosa voz de la barda le acariciaba el corazón a sus oyentes y se les metía en el pecho de una forma que sin duda era innata. Subaru comprendió que la actuación era, en verdad, su vocación.
—O eso, o su verdadera vocación es venderle edredones y purificadores de agua a los ancianos —murmuró Subaru maravillado.
—¿Qué, qué, qué? Solo guiándome por el ambiente, ¡siento que me acaban de insultar! —respondió Liliana de forma dramática, pero Subaru la ignoró magistralmente.
Ahora que Subaru estaba relajado y ya no se mostraba hostil, Emilia le sonrió a la chica de espíritu libre y dijo:
—Agradezco los elogios, pero no creo ser tan hermosa.
—¡Oye! ¡Oye! ¿Justo ahora? ¡Un sentimiento que no puedo tolerar como mujer acaba de explotar dentro de mí! La musa ha hablado. Les presento mi nueva canción:
“Ohhh, mi Maldita Diosa”.
—¡Cállate! Aunque, Emilia-tan, ¡de verdad creo que tienes que hacer algo con esa mentalidad tuya!
Con Subaru y Liliana en completo desacuerdo con ella, a Emilia no le quedó más remedio que agachar la cabeza con torpeza, luciendo una cara de incredulidad.
4
Mirando hacia atrás, la primera mañana en que Subaru fue invitado al comedor a desayunar, estuvo plagado de ansiedad y nerviosismo. No pudo evitar pensar en ello mientras sorbía su té en la sala de estar de la mansión Roswaal. Sus opiniones sobre el sabor eran las mismas de siempre: demasiado cargado y desagradable.
—¿Qué pasa, Subaru? Estás poniendo una cara muy peculiar.
Mientras Subaru se sumergía en recuerdos amargos y té cargado, Emilia le habló.
—Solo estaba recordando un poco. ¿Recuerdas cómo solía encerrarme en mi caparazón cuando vine por primera vez a esta mansión?
—¿De verdad? Pero, Subaru, ¿acaso la primera mañana no estabas mirándome de lo más descarado igual que lo haces ahora?
—¿”Descarado”? ¡Eso me hace sonar ridículamente sospechoso!
Sus perspectivas abismalmente diferentes sobre el asunto hicieron que a Subaru se le cayera la mandíbula. Cuando Emilia vio a Subaru rascarse la mejilla con ansiedad, se llevó un dedo a los labios y dijo:
—Es una broma. Parecías muy sumido en tus pensamientos, así que quise molestarte un poco.
—¿Es en serio? Bueno, ¡eso es un caso grave de E M A (Emilia-tan es Muy Atolondrada)!
—Sí, sí. Y tú también, Liliana. De verdad no necesitas estar tan nerviosa.
La respuesta impertinente de Subaru fue ignorada, ya que Emilia estaba más concentrada en calmar a Liliana, quien se estaba encogiendo como una bolita frente a ella. Olvidando la alegría que tenía en la aldea, la barda dio un brinco, pálida, y chilló:
—De acuerdo...
—Vaya, alguien se está muriendo de pánico. ¿Qué le pasó a toda esa confianza?
—P-Puede que pienses lo contrario, pero claro que estoy nerviosa. Una p-paleta del campo como yo llevada de la nada a la mansión del señor feudal... ¡y encima la de un marqués!... ¿Y-Y si meto la pata...?
—Aniquilarán a todo tu linaje familiar y no se detendrán ahí; ni siquiera la tierra en la que viven se salvará. Tierra quemada. Una muerte de perro.
Justo cuando los nervios de Liliana no podían empeorar, Subaru se pasó el pulgar por la garganta para rematar la idea. Liliana parecía a punto de vomitar, y Emilia de inmediato le dio un manotazo a Subaru en la rodilla.
—¡Subaru, ya basta! —lo regañó Emilia, con las mejillas infladas.
—Lo siento, mi culpa. No pensé que se tomara la broma tan a pecho —se disculpó Subaru avergonzado. Aun así, Subaru estaba secretamente satisfecho al ver la mirada de gatito perdido en los ojos de Liliana, considerando todo lo que le había hecho pasar en la plaza de la aldea.
Después de que Subaru y los demás regresaran de la aldea Arlam, ocuparon la sala de estar de la mansión Roswaal para una charla amigable... o más bien, incómoda. Estaban esperando a que el dueño de la casa estuviera libre para recibir a su invitada. Así fue como el trío terminó sentado con torpeza en los sofás.
—Pero oye, ¿viste la cara de amargada que puso Ram cuando nos vio? Parecía que éramos parásitos que traíamos un saco enorme de peste con nosotros.
—¡Eep! ¡Así que de verdad no soy bienvenida...! ¡Eh, mejor me escapo mientras pueda...!
—Liliana, todo está bien. Subaru, deja de incomodarla. ¿No sientes lástima por ella?
—No intentaba asustarla, solo le digo los hechos. Lo más probable es que Ram realmente esté molesta porque ahora tiene más trabajo que hacer.
Ram era una sirvienta que tenía una relación especial con Roswaal y una actitud altanera que parecía fuera de lugar dada su profesión. Cuando le pidieron que sirviera de intermediaria para meter a Liliana en la mansión Roswaal, ella soltó un suspiro nada sutil tras echarle un solo vistazo a la barda.
Apenas cabía duda de que en este momento estaba echando chispas de resentimiento mientras hablaba con su señor sobre la invitada.
—No hay forma de saber qué referencias tan terribles está escuchando Roswaal sobre Liliana en este preciso instante. Por lo que sabemos, tal vez piensa que un gigante imponente con voz ronca vino a pedir una audiencia.
Ni siquiera el infamemente excéntrico Roswaal se arriesgaría a reunirse con alguien de dudoso valor para él. Y qué lástima sería si eso destruyera las esperanzas de Liliana.
—No se preocupe, mi hermana no es tan injusta. Ella no priorizaría sus sentimientos al pedir la opinión del señor Roswaal.
Las preocupaciones de Subaru fueron respondidas por una chica de cabello azul que llevaba una tetera humeante. Esta hermosa joven, vestida con un provocativo uniforme de sirvienta que dejaba al descubierto parte de su espalda, pecho y hombros, se llamaba Rem. Había venido a colocar con elegancia una selección de dulces y rellenar las tazas de té vacías. Subaru extendió su taza, acercándola a Rem y a la tetera a la espera.
—Los dulces son una cosa, pero siempre pensé que servir el té era el trabajo de Ram.
—Bueno, ella ha estado bastante ocupada últimamente. Además... deseo preparar el té cuando lo vaya a beber usted, Subaru. Su Rem puede llenar el té con sus sentimientos... y otras cosas.
Su audaz declaración hizo que Subaru diera un respingo.
—¡Por el amor de todo lo sagrado, por favor limítate a las hojas de té y al agua caliente!
Rem hizo un pequeño puchero y murmuró:
—Si usted insiste.
Desde que terminó el problema con las bestias demoníacas, la actitud de Rem hacia Subaru había mejorado drásticamente. Él agradecía su nuevo afecto, pero también confundía profundamente su frágil corazón de muchacho. Ni él ni nadie a su alrededor se daba cuenta de que esta era la típica reacción de un chico que nunca había sido popular entre las mujeres.
—Bueno, se supone que la invitamos por unos bocadillos deliciosos y té. Técnicamente cumplimos esa promesa.
—Oh, por favor, Subaru... Si me dice que mi té y mis dulces son deliciosos y lo bonita sirvienta que soy... me voy a ruborizar —protestó Rem, presionando sus manos contra sus mejillas sonrosadas.
—Todo lo que dijiste es verdad, ¿pero no acabas de colar un elogio extra ahí? — Subaru no pudo resistirse a señalarlo.
Con una risita tímida, Rem dijo en voz baja:
—Además... escuché que era una barda ordinaria. ¿Por qué la trajeron aquí?
Subaru le susurró en respuesta:
—Ahh, cierto. A Emilia-tan le cayó bien y... Bueno, en realidad es un poco complicado. No sé cómo lo hizo, pero traspasó la Ocultación de Emilia-tan.
Los ojos de Rem se entrecerraron ligeramente al oír esto. La Ocultación de Identidad era un hechizo impregnado en la túnica que Emilia usaba en público para ocultar sus rasgos de semielfa. Sin el permiso expreso de Emilia o la habilidad para superar la magia encantada en la túnica, nadie debería haber sido capaz de reconocer quién era Emilia.
—Dice que lo traspasó, pero... el señor Roswaal tejió ese hechizo él mismo. Es difícil de creer que alguien pudiera hacer algo semejante.
—¿Verdad? Por eso hicimos que viniera con nosotros. No podíamos simplemente dejarla allí.
Habían usado el té de Ram y los dulces de Rem como un pretexto para llevarla a la mansión. Liliana se había mostrado reacia, pero había mordido el anzuelo obedientemente cuando se lo ofrecieron. Hasta cierto punto, Subaru estaba terriblemente preocupado por el futuro de la chica si siempre era así de ingenua.
En cualquier caso, no era un asunto que pudieran ignorar, así que Subaru y los demás llevaron a la barda de vuelta a la mansión.
—Entiendo —dijo Rem—. En otras palabras, deberíamos silenciarla antes de que tenga la oportunidad de decir algo, ¿verdad?
—No entiendes un carajo. Oye, ¡frases como “deberíamos silenciarla” suenan demasiado reales viniendo de ti!
—Oh, por favor, Subaru, su Rem jamás caerá tan bajo.
Rem sacó la lengua en broma... pero ciertas circunstancias previas hacían que esto no fuera en absoluto convincente. (Para ser justos, esas circunstancias previas solo existían en un fragmento de la memoria de Subaru).
—Vaya, tus dulces son como una droga milagrosa, Rem —dijo Subaru.
Sin importar lo rígida y nerviosa que hubiera estado al principio, en el momento en que Liliana probó uno de los fragantes bocadillos horneados, no hubo espacio en su mente para nada más. Rem era innegablemente habilidosa con los deberes de la casa, pero su verdadero talento era la repostería.
—Déjame probar... Oh, sí. Están increíbles, Rem.
—¡Muchas gracias, Subaru! Puse mi corazón y mi alma en estos aperitivos... Lo di todo... para poder estar en paz si nunca más pudiera volver a hornear.
—Es solo repostería. ¡¿Acaso te lo tomas como un duelo a muerte cada vez?!
Mientras Subaru saboreaba la obra maestra de Rem, se estremeció un poco cuando ella prácticamente lo declaró como un asunto de vida o muerte.
Mientras tanto, Liliana se reclinó en el suave abrazo del sofá, acomodándose en una postura confortable mientras se frotaba el vientre.
—Mmm... Zzzzz...
—A ver, me gusta pensar que soy un tipo hospitalario, ¡pero no tanto como para dejar que te me quedes dormida en la cara!
—¡Ah! ¡No estoy dormida! ¡No estoy dormida, lo juro! ¡Solo fingía dormir para atraer a los asesinos que me persiguen y sacarlos de su escondite para acabar con ellos de un solo golpe!
—...¿¡Qué!? ¡Cielos, no! ¿Alguien está intentando matarte...?
—¡Ahora mira lo que has hecho! ¡Engañaste a nuestra inocente ángel!
Un montón de excusas salieron atropelladamente de la boca de Liliana, y Emilia, tan confiada como siempre, se las tomó totalmente en serio. Mientras Liliana se limpiaba un hilo de baba de la comisura de la boca, Subaru pensó que tal vez era una chica de extremos, alguien que solo podía responder con cero o con cien. Un suspiro se le escapó al darse cuenta de que no iba a ser una persona fácil de cuidar.
Entonces Rem sorprendió a todos y cambió de tema:
—Tengo entendido que es una barda.
Mientras Rem miraba el instrumento de Liliana apoyado contra el sofá —su lyulyre—, la artista tomó su instrumento, lo abrazó fuerte y tartamudeó con nerviosismo:
—¡S-Sí! ¡Mis disculpas, no soy más que una imprudente perseguidora de sueños que busca desafiar al mundo con una sola cuerda de su lyulyre!
—¡De verdad te arrastras ante cualquiera que parezca estar al mando, ¿verdad?! — exclamó Subaru.
La actitud sumisa de Liliana era casi refrescante, pero Rem la ignoró y dio una palmadita. El brillo en sus ojos azul claro era muy parecido al de Emilia la primera vez que escuchó cantar a Liliana.
—Entonces supongo que conoce varias historias famosas, ¿no? —preguntó Rem.
—¡...! ¡Sí... sí! ¡Definitivamente sí! —Los ojos de Liliana ardieron mientras rasgueaba su lyulyre—. ¡Emprendí mi viaje a solas hace más de una década, y con esta lyulyre me gano la vida! Con ella, enloquezco a la gente de pasión, la arrastro a vórtices de caos y la hago llorar en las calles... ¡esa es mi especialidad!
—¡Oye, aguanta! ¿Llevas haciendo esto por tu cuenta más de una década? ¿Cuántos años tienes?!
—Cumplo veintiuno este año. ¿Por qué?
—¡¿Veintiuno?! ¡¿Con ese aspecto y ese cerebro tuyo?!
Tenía cara de bebé y le faltaba bastante en el apartado de pecho, trasero y caderas. Subaru pensaba que era bastante vergonzoso llevar ropa tan reveladora cuando no había mucho que presumir, pero ahora que sabía su edad, sintió aún más pena por ella.
Subaru suspiró:
—Es básicamente una loli legal, pero dejemos eso de lado por ahora... Además, tampoco es que no haya visto un ejemplo más escandaloso...
—¡Oh, cállate! Para que lo sepas, ¡soy bastante popular entre ciertos círculos! ¡Pero más importante aún!
Tras pasar de largo de Subaru (quien estaba en un punto medio entre la simpatía y el asombro), Liliana devolvió la mirada entusiasta de Rem. Con su lyulyre firme en mano, subió un pie al sofá y puso una pose.
—¡Ahora! Dejadme hacer realidad sus deseos. ¿Qué le gustaría? ¿Qué famoso relato se le antoja? Si, por ejemplo, busca una obra maestra atemporal, ¡¿qué tal la “Balada del Demonio de la Espada”?!
—Ese sí que es un título de canción intimidante...
—¡Cómo te atreves! ¡La “Balada del Demonio de la Espada” es una obra maestra moderna que se canta no solo en Lugunica, ¡sino también en otras naciones! ¡El romance del torpe pero dedicado guerrero ha hecho que a más de una bella doncella le tiemblen las piernas, anhelando ser amada de la misma manera!
—¿D-De verdad...?
—¡Pues claro que sí! Especialmente en la mismísima última estrofa, cuando el demonio cruza espadas con nada menos que su amada, y la batalla resultante embelesa a todo aquel que la presencie... ¡No puedo cantar esa parte sin llorar!
—¡Eso no es romance, es un asesinato!
La sinopsis lo hacía sonar como un baño de sangre. El cliché de “enemigos a amantes” no era algo desconocido en el antiguo mundo de Subaru, pero él no estaba muy familiarizado con cosas estilo Love of Kill. (Solo era un título que le vino a la mente y poco más).
—¿De qué habla, Subaru? —protestó Rem—. La “Balada del Demonio de la Espada” es una de las canciones más famosas de Lugunica. Yo misma la he oído bastantes veces.
—¿En serio? ¡¿Hablas en serio?! Emilia-tan, no me digas que a ti también te temblaron las piernas...
—Eh... lo siento, pero no sé mucho sobre este tema, así que probablemente no pueda darte la respuesta que quieres.
—¡No, no, esa es la respuesta perfecta! ¡Eso es exactamente lo que esperaba que dijeras, Emilia-tan!
En todo caso, esto solo convenció a Subaru de que los gustos de Rem eran sorprendentemente fuera de lo común. Mientras el trío alborotaba, Liliana parecía estar buscando en su repertorio mental.
—También puedo interpretar otras canciones, como “El Rayo Azul de Vollachia”, “Monumento en la Colina de la Espada”, y más. Y no olviden el himno del padre fundador de Kararagi que se ha convertido en sinónimo de hacerse rico a lo grande:
“Hoshin del Páramo”.
—Vaya, qué ecléctico. Aun así, ¿no tratan la mayoría sobre grandes figuras históricas? ¿O es solo el tipo de canciones que te gusta añadir a tu colección?
—En parte es cuestión de gusto personal, es verdad, pero a las masas también les encantan las epopeyas heroicas y las biografías de grandes figuras históricas. Todo el mundo anhela un espectáculo. Yo solo doy un paso más allá y pinto estos relatos con música.
Con las mejillas teñidas de rosa por la timidez, Liliana confesó uno de los pilares de su misión a los presentes. Parecía esperar que Subaru se burlara, pero él sacudió la cabeza y dijo:
—Esa es una noble vocación, sobre todo para tu edad... Espera, me acabo de acordar. Tienes veintiuno.
—Esto va a sonar duro, pero ¿por qué un chico de los recados como tú tiene un problema con mi edad? Si me sigues molestando, te llevaré a los tribunales.
—¿Acaso este mundo tiene esa clase de tribunales...?
Ignorante de las costumbres de este mundo, Subaru no sabía la respuesta a su pregunta.
—Entonces, si entendí bien, señorita... ¿su misión es viajar por el mundo y compartir canciones sobre héroes famosos de la historia? —preguntó Rem.
Liliana se recompuso y respondió:
—Nooo, es mucho más que eso. Por supuesto, considero que compartir canciones es mi sagrado deber, pero tengo una meta más personal. Y esa es...
Pero antes de que pudiera explayarse, la barda fue interrumpida.
—Siento interrumpir su conversación...
Sonó un golpe en la puerta. Se abrió para revelar a una sirvienta que inclinó la cabeza educadamente. Era la viva imagen de Rem, excepto por el cabello rosado y los ojos rojo claro. La sirvienta —Ram— levantó la vista y dijo con elegancia:
—Disculpen la espera. El señor Roswaal está listo para recibir a su invitada.
5
—¡Soy yo! ¡Roswaal L. Mathers, marqués del Reino de Lugunica y dueño de esta maravillooo-sa mansión!
—...
Al contemplar al hombre sentado frente a ella presentándose, Liliana se quedó sin voz y se petrificó como una estatua. Subaru le dirigió una mirada de simpatía. No podía culparla por sentirse intimidada: un marqués era uno de los nobles de más alto rango, y se lo habían presentado sin previo aviso. De por sí ya habría sido una situación desquiciante, pero lo era aún más con este marqués en particular...
—Dudo que esperara encontrarse con un bicho raro rematado con maquillaje de payaso.
—Barusu, no se tolerará tal insolencia contra el señor Roswaal. Te apretaremos las tuercas.
—El hecho de que supieras que estaba hablando de Ros-chi te hace tan culpable como yo. Además, ¿apretarle las tuercas a qué exactamente?
—A qué será, en efecto...
Cualquier fingimiento de amabilidad desapareció cuando Ram le dirigió a Subaru una mirada espeluznante.
Mientras tanto, Roswaal se reclinó pausadamente en el sofá de cuero al lado de ella y cruzó las piernas. Estaba bendecido con una complexión perfecta y un título prestigioso, pero lo arruinaba todo con su extravagante personalidad y apariencia. A pesar de esto, seguía siendo muy estimado como señor feudal. Cualquiera que lo conociera en persona por primera vez seguro la pasaría fatal tratando de procesar el abismo entre el hombre y la reputación que le precedía.
—Ooooh, sííí. La cara de sorpresa de un visitante la primera vez que me ve es siempre mi mayor alegría. Las reacciones de Subaru tampoco están maa-aal, pero este tipo de reacción da justo en el blanco. ¿No te parece, Subaru?
—¿Podrías no meterme en esto? A diferencia de ti, jugar con la gente no es mi idea de un buen rato. Solo una pequeña parte de mi personalidad está así de retorcida.
La verdad era que Subaru realmente sentía una satisfacción particular al llevarle la contraria a la gente. Para un observador externo, Subaru apenas era diferente de Roswaal, pero ambos pensaban que eran mejores que el otro. Eran un caso perdido.
—Estoy t-terriblemente honrada de que se me c-conceda una audiencia con usted, mi señor. No soy m-más que una humilde barda, Liliana. Espero que mi visita lo encuentre con el ánimo en alto.
—Oh-ho. Bien dicho, querida. Hablar de forma tan elegante bajo tanta presión emocional... ahora sé que acepté verte por una bueeee-na razón. No temas, querida. Mi naturaleza magnánima es muuu-uy conocida por estos rumbos.
Aunque el discurso de Roswaal era bastante presuntuoso, cada palabra era cierta. Si fuera el típico noble malvado y cascarrabias, la cabeza de Subaru se habría despedido de sus hombros en su primerísimo encuentro.
Emilia le explicó a Roswaal:
—Oímos que había una barda en la aldea, así que Subaru y yo fuimos a verla. Nos dijo que estaba buscando historias únicas, y pensamos que tú podrías ayudarla.
—Ajaaa, ya entiendo. Bueno, si tienes expectativas tan altas en ella, Emilia, entonces supongo que me corresponderííí-a compartir un poco de los poderes que suelo mantener ocultos.
Con una ligera risita, Roswaal se echó hacia atrás. El sofá crujió debajo de él mientras cruzaba los brazos y cerraba los ojos sumido en sus pensamientos. Tras unos momentos, abrió su único ojo amarillo y se le quedó viendo a Liliana. Bajo su mirada cautivadora, la barda se estremeció.
—Ooooh, no hay necesidad de asustarse, querida. Yo soo-oy tu amigo. ¡Ya que Emilia ha decidido hacerte su amiga, simplemente debo hacer tooo-do el esfuerzo para hacer lo mismo!
—M-Muy bien. M-M-Muchas gracias.
—Pero válgame el cielo, una barda. Una barda... ¡Qué oportunidad tan impecaaa-ble!
Mientras Liliana se encogía de miedo, la sonrisa de Roswaal se profundizó. Subaru tuvo un mal presagio ante la sonrisa de labios rojos del marqués. Seguro estaba tramando algo.
—Liliana... ese es tu nombre, ¿verdaa-ad? Bueno, Liliana, tu deseo... tengo el poder de hacerlo realidad. Sin embargo, agradecería un pooo-co más de información antes de acceder.
—¿M-Más información, mi señor? No sé por dónde empezar...
—Sí, déjame ver... ¿Cuál es el objetivo de tu viaje? Francamente, eee-so es lo que deseo saber.
Al escuchar que la voz de Roswaal se volvía más grave, la expresión tensa de Liliana cambió drásticamente. Cerró los ojos para reflexionar por un instante y, al volver a abrirlos, miró directamente a los ojos de Roswaal mientras respondía:
—Viajo por el mundo en busca de las leyendas más recientes.
No importaba que estuviera hablando con una de las personas más poderosas del reino. La luz de determinación en los ojos de Liliana no vaciló ni un instante. Las palabras “leyendas más recientes” resonaron en el corazón de Subaru. Después de todo, era un muchacho. Era evidente que esas palabras tan poderosas encenderían su corazón.
—Las leyendas más recientes... —murmuró Emilia.
—Así es. Por eso viajo: para encontrar estas leyendas recientes y así poder cantar sobre ellas.
Había un tono cautivador en la voz de Liliana. Un encanto casi diabólico que se filtraba en el corazón de cualquiera que la escuchara. Liliana le dedicó un leve asentimiento a Emilia, notando lo profundo que le habían calado sus palabras. Luego, tomó su instrumento y lo rasgueó.
—Los bardos nos ganamos la vida con nuestras canciones. Nuestras canciones se hunden en lo más profundo del corazón de las masas, grabando en sus almas verdaderas historias del pasado, de la historia misma. Las canciones con una larga trayectoria poseen un poder en su interior... un poder que permanece en este mundo mucho después de que sus compositores mueren.
Liliana continuó explicando con una voz clara. Nadie se atrevió a interrumpirla.
—Mi gente es incapaz de dejar algo tangible atrás. No construimos cosas y no escribimos. Por instinto nos resistimos a echar raíces. Vagamos por la tierra sobre nuestros propios pies, cantando a dondequiera que lleguemos, y una vez que nuestras canciones conmueven el corazón de la gente que habita ese lugar, partimos en busca de una nueva tierra. Hacemos esto una y otra vez hasta que un día, a solas en un páramo desierto, nos llega el fin abrazando nuestros instrumentos. Eso es lo que somos.
En su voz, en sus palabras, en sus ojos, en sus gestos... había un poder. Era el mismo poder que emanaba de su canto.
—Y dado que no podemos dejar nada material, todo lo que queda de nosotros reside en el corazón de las personas. Por eso anhelamos crear un arte que permanezca en nuestro público. Queremos dejar tras de nosotros la prueba de que vivimos, grabando nuestro espíritu en la historia. Si hay algo que deseo, es esa gloria y nada más.
A pesar de que no estaba cantando, algo en sus palabras resonó en el alma de Subaru de una manera que rivalizaba con la música. La visión de la vida que tenía Liliana estaba claramente definida. De forma casi trágica. Nadie en la habitación fue capaz de articular palabra, ni siquiera Subaru.

Habría sido fácil descartar la misión de Liliana como terquedad y arrogancia. Pero eso habría sido negar la existencia de Liliana y de todos los bardos como ella. Subaru no tenía ningún derecho ni motivo para juzgar el estilo de vida de Liliana.
—Aha, iiiin-teresante… Conque por eso estás buscando nuevas leyendas.
El primero en romper el silencio fue Roswaal. Elogió sus agallas y asintió con comprensión, como un hombre que había tomado más decisiones difíciles que cualquier otro en la habitación.
Agradeciendo el gesto de aprobación de Roswaal, Liliana se enderezó y dijo:
—La historia es un tapiz vibrante, tan resistente como extenso, transmitido de generación en generación en el corazón de las personas. Los bardos nos sentimos muy orgullosos de dedicar nuestras vidas a heredar y preservar estas canciones. Sin embargo… si es posible, quiero ser la primera. Quiero ser la primera en interpretar una nueva canción que viva para siempre en el corazón de la gente. Quiero compartir los momentos históricos más recientes y deslumbrantes que este mundo tiene para ofrecer con mi garganta, mi lengua, mi canto… ¡Ese es mi deseo!
—……Vaya.
Por eso Liliana había hablado de las leyendas más recientes. Nadie había cantado sobre ellas todavía. Nadie las conocía aún, pero aun así formaban parte de la historia del mundo. Convertir esas leyendas en canciones era lo que la motivaba a vagar sin rumbo, a pesar de la solitaria muerte que le aguardaba. Su más anhelado deseo era cumplir con su verdadera vocación.
—Tu búsqueda es noooo-ble. Pero ¿qué clase de folclore buscas exactamente? Perseguir algo intangible es como intentar atrapar una nube. A menos que ese anhelo intangible tenga una forma tangible en tu corazón, pueee-de que pierdas de vista tu verdadero deseo.
—Lo que realmente deseo, de ser posible… es escribir una epopeya heroica.
—Una epopeya heroica…
La pregunta de Roswaal. La respuesta de Liliana. El murmullo atónito de Emilia. El significado detrás de sus tres reacciones y el resonar particular de “epopeya heroica” tentaron a Subaru. Eran palabras electrizantes que danzaban en cada alma y tenían el poder de inspirar una pasión al borde de la locura.
Incluso en el mundo original de Subaru, la mayoría de las figuras históricas famosas que se hicieron un nombre eran héroes de guerra. En cualquier mundo, en cualquier época, una epopeya heroica tenía el poder de cautivar el corazón de todos.
—Entonces supongo que eso significa que deseas escuchar nuevos relatos heroicos, ¿cierto, Liliana? —preguntó Emilia—. Sé que no es una tarea fácil… una nueva historia de héroes en esta época. Si retrocedieras varios siglos, cuando las brujas campaban a sus anchas y el mundo estaba plagado de peligros, esa sí era una época para el nacimiento de héroes… pero ahora, cuando el mundo está mayormente en paz, es difícil encontrar nuevos héroes.
Había poco espacio para los héroes en tiempos de paz. Un mundo sin héroes era un mundo que no los priorizaba. Liliana parecía entender esto, y tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para reprimir la agonía que le causaba ese problema sin solución.
Sin embargo…
—…Tentador.
Fue un murmullo tenue, pero llegó a todos los oídos de la habitación. La confusión nubló el rostro de Subaru; no entendía qué podía haber provocado semejante reacción. Sin prestarle atención al muchacho, Roswaal esbozó una sonrisa mientras sus ojos de distinto color se abrían de par en par.
—Una barda que desea descubrir la epopeya de un héroe desconocido ha venido a nuestra tierra. ¿Quéee otra palabra podría expresar un encuentro tan fatídico si no es “tentador”? Vaya, vaya… ¡qué teeen-tador!
—Roswaal, por favor. ¿De qué estás hablando? —reprendió Emilia al alegre Roswaal—. Estás confundiendo a todos, especialmente a Liliana. No te lo guardes para ti solo, explícate, por favor.
—Oh, es bastante simple, Emilia. Estoy seguro de que la señorita Liliana cumplirá su sueño.
—¡¿Qué?! E-Espera, ¿eso significa que tienes en mente a un nuevo héroe?
—Pero por supuesto que sí. Y este nuevo héroe tiene una conexión contigo, Emilia.
—¿Conmigo…? —preguntó Emilia desconcertada.
Él le dedicó una sonrisa con doble sentido. Fue entonces cuando Subaru comprendió de golpe lo que Roswaal estaba insinuando. Y si su corazonada era correcta, significaba que sabía qué nueva leyenda quería Roswaal que Liliana encontrara.
—¡¿Conoce la epopeya de un nuevo héroe, marqués?! ¡Entonces, por favor, ¿no me la diría…?!
—Uuups, no puedo decírtelo tooo-davía.
—¡Eeeep!
A Liliana se le iluminó el rostro ante la posibilidad de acercarse a su objetivo, pero Roswaal destruyó esa esperanza sin piedad. Mientras Liliana soltaba un desgarrador lamento de pena, Emilia miró fijamente al marqués y le espetó:
—¡Roswaal!
—No te enojes tanto. Esa no es forma de tratar a un rostro tan lindo. Además, ciertamente no tenía la intención de atormentar a Liliana. ¿De verdad parezco tan malvado?
—Si pasa algo de ese tipo, siempre sospecho de ti y de Subaru primero.
—¡Calumnias! —gritó Subaru.
Al ver que el dardo rozó a Subaru de rebote, Emilia agitó las manos y balbuceó frenéticamente:
—¡No, no quise decirlo de esa manera!
Tras el torpe intento de disculpa de Emilia, la derrotada Liliana volvió a mirar a Roswaal y dijo:
—E-Entonces… ¿qué debo hacer para escuchar su historia?
—Esta nueva leyenda… bueno, no es algo de lo que podamos hablar a la ligera. Así que primero debes demostraaar que eres alguien en quien podemos confiar.
—¡¿H-Haciendo qué?! ¡N-No puede quedarse con mis manos, pero estoy dispuesta a sacrificar un dedo del pie o dos como garantía!
—Oye, despacio. Y aprecia más tu cuerpo, niña —Subaru cortó de raíz la extrema propuesta de Liliana y suspiró. En cierto modo, era difícil diferenciar a un bardo vagabundo de un mendigo cualquiera. Sus sospechosos orígenes solo eran superados, tal vez, por los del propio Subaru, quien había sido invocado de otro mundo y no tenía registros familiares de los que hablar.
Aun así, Roswaal había tomado una decisión sensata. Si Subaru había adivinado correctamente lo que pensaba el marqués, no sería nada inteligente involucrar a Liliana sin pensarlo bien.
Los hombros de Liliana se desmoronaron. El hecho de que su identidad como barda itinerante se hubiera convertido en el obstáculo que le impedía cumplir la razón por la cual era una barda itinerante era la cúspide de la ironía.
—En to-dooo caso, necesitaremos algo de tiempo para tomar una decisión. Tengo una propuesta para ti: ¿por qué no te permito quedarte aquí en mi mansión durante unos días? Si en ese plazo podemos determinar si eres de confiar, entonces te divulgaré lo que sé sobre esta nueva epopeya heroica.
La frase “un milagro en el último segundo” parecía hecha para momentos como este. Habría sido perfecta si Liliana hubiera querido expresar con palabras el estado actual de su corazón. (A Subaru le parecía irónico que Roswaal fuera quien encendiera la llama de la esperanza en los ojos de Liliana, considerando que había sido él mismo quien la había sumergido en las profundidades de la desesperación en primer lugar).
—¡E-Entendido, señor! ¡Soy una mujer de integridad! Si se toma la molestia de ofrecerme semejante oportunidad, ¡¿qué clase de barda sería si me negara?! ¡Venga de ahí, digo yo, venga de ahí!
Mientras Subaru veía a la chica bailar en la palma de la mano de Roswaal, se le pasó un pensamiento por la cabeza:
Vaya, puede que Liliana se haya equivocado de vocación y debió ser bailarina.
6
—¿Qué es esto…? ¿Podría ser… que estuvieron jugando conmigo? ¿Será culpa de mi imaginación? —preguntó Liliana.
—Eh, no. La culpa es tuya —replicó Subaru.
Ambos caminaban de regreso a la aldea Arlam.
Cuando Subaru le señaló lo despistada que era, Liliana le dirigió una mirada herida y dijo:
—¡Qu-Qué cosa tan horrible por decir! No creo que esa sea forma de tratar a una pobre doncella devastada al darse cuenta de que ha sido engañada… ¿No estás de acuerdo?
—Oh, no, Subaru siempre es un caballero muy atento.
—¡¿Cómo se supone que lidie con semejante devoción ciega?!
Liliana estuvo a punto de romper en llanto después de que Rem discrepara educadamente. Mientras Subaru la veía sufrir, suspiró, dándose cuenta de que sus días estarían bastante ajetreados durante un tiempo.
Liliana había caído en la astuta trampa de Roswaal y había aceptado quedarse en la mansión bajo vigilancia. En ese momento se dirigían de regreso a la aldea Arlam para recoger sus cosas. En la superficie, Subaru y Rem estaban allí para ayudarla, pero en realidad, estaban para vigilarla y asegurarse de que no intentara escapar.
Roswaal le había dado a Subaru instrucciones estrictas de no perder a Liliana de vista, y Subaru asumió que Rem estaba allí porque él no era de fiar. En otras palabras, ni Subaru ni Liliana gozaban de confianza.
En realidad, Subaru estaba pensando demasiado las cosas, y Rem solo estaba allí porque había querido acompañarlo.
—Pero vaya, Ros-chi es muy malo a veces… Aunque no es como si no entendiera lo que intenta hacer.
—Chico de los recados, ¿tienes alguna idea de lo que piensa el marqués?
—A grandes rasgos, sí. Pero por razones parecidas, mis labios están sellados. Ese es el único punto en el que él y yo estamos de acuerdo. Aunque me da una rabia terrible.
—Mmmgrrr.
Al no lograr que Subaru hablara, Liliana soltó un rugido digno de una bestia mítica. Subaru se sintió algo mal por ella. Estaba tan cerca de cumplir su misión, pero lo que buscaba no aparecía por ninguna parte.
—Mira, dejar tu marca en la historia no es tan fácil —refunfuñó Subaru—. Y en cuanto a esa epopeya heroica que buscas, no tengo la menor idea de cómo se supone que alguien encuentre historia en el presente.
—¡Exacto! Es muy difícil. Lo ideal sería encontrar a un héroe que aún no se haya hecho famoso, seguirlo a todas partes y convertir su vida en una canción… ¡pero sin una forma de ver el futuro, eso nunca va a pasar!
—¡P-P-P-Pero no hay… no hay absolutamente ninguna forma de ver el futuro! ¡Tonta!
En cierto modo, no era una exageración describir el Regreso por Muerte como echar un vistazo al futuro. Así que cuando la conversación pareció tocar su habilidad única, Subaru entró en pánico visiblemente. Liliana le lanzó una mirada sospechosa, pero Rem intervino. Sonrió, aplaudió y dijo:
—Bueno, tengo excelentes noticias para ti. Resulta que tengo una pista sobre esta nueva leyenda.
—¡¿Qué?! ¿D-De verdad…?! —El rostro de Liliana se deformó en una expresión de sorpresa y alegría por la inesperada noticia. Dado el comportamiento siempre afable de Rem, resultaba muy creíble cuando se ofrecía a ayudar.
Por supuesto, Subaru no podía dejar pasar eso sin decir nada. Si Rem estaba pensando lo mismo que Roswaal, sería prematuro divulgarle ese secreto a Liliana. Al final, servía de poco preocuparse por lo que diría Rem, porque sonrió con orgullo y señaló a la persona que tenía al lado.
—Es Subaru.
—Eh… ¡¿qué?!
—Aquí tienes a tu nueva leyenda. El héroe cuyo nombre resonará en la historia es Subaru.
Subaru y Liliana soltaron un gruñido desconcertado al unísono. Rem dejó clara su postura empujando a Subaru hacia adelante. Su recomendación era tan segura de sí misma que a Subaru se le olvidó intervenir para preguntar: ¿Esto es una broma?
—Es Subaru.
Rem lo repitió una vez más. Era difícil saber si hablaba en serio o si estaba usando algún tipo de artimaña. Pero al menos Liliana ya tenía su respuesta. Miró alternadamente a Rem y a Subaru y dijo:
—¡La musa ha hablado! Les presento mi nueva canción: “La nueva leyenda del picaflor”.
—¡Cállate!
Tras espetarle eso a Liliana (quien no mostraba señal alguna de creerle a Rem), Subaru soltó un ruidoso suspiro. El sirviente de un marqués había previsto el desastre que estaba por caer sobre la aldea, había arriesgado su vida para detener a las bestias mágicas, manteniendo a los aldeanos a salvo y ganándose su confianza… ¿quién demonios se creería semejante historia?
—Hablaba muy en serio, ¿sabes?… Es triste que no me creas.
A juzgar por la forma en que decayeron los hombros de Rem, realmente parecía triste. Subaru empezaba a sentirse culpable. Tenía la suficiente autoconciencia como para saber que no merecía una fe tan pura.
El Regreso por Muerte era la única habilidad especial que Subaru había obtenido al llegar a este nuevo mundo. Incluso armado con ese poder, Subaru había fracasado incontables veces al intentar proteger a la aldea y la mansión de Roswaal de la tragedia.
Cualquier otro habría hecho un mejor trabajo con este poder. Sus dudas sobre sí mismo eran profundas.
—Sin importar cómo mueras, siempre duele lo mismo… Qué bueno sería si tuviera una forma más fácil y menos dolorosa de recargar mi punto de guardado.
Su habilidad siempre se activaba de la misma manera. El detonante era nada menos que la muerte. No solo nunca había pedido ese poder, sino que tampoco era una habilidad que pudiera recibir con los brazos abiertos. Si alguna vez conociera al ser sobrenatural que le otorgó ese regalo no deseado, preferiría darle un puñetazo en el rostro antes que darle las gracias.
Entonces, el ambiente cambió repentinamente.
—Subaru… —La voz de Rem era baja y estaba llena de precaución; su mano se había extendido para cerrarle el paso. El tono grave en la voz de Rem sacó a Subaru de sus pensamientos y lo trajo de vuelta a la realidad. Rápidamente comprendió por qué Rem le había llamado la atención.
—¿Quiénes demonios son estos sujetos…? —murmuró.
En el camino por delante, interponiéndose entre ellos y la aldea, había cuatro siluetas. Eran claramente una mala señal: todos estaban envueltos en túnicas blancas. Sus rostros estaban ocultos, al igual que sus extremidades y el resto de sus cuerpos. Era imposible saber quiénes eran bajo esos capuchones blancos, máscaras blancas y vestimentas blancas. Los desconocidos estaban cubiertos de blanco de la cabeza a los pies.
—Vaya, qué suerte la mía. Y yo que pensaba que Roswaal era el único pervertido que vería hoy… —Subaru hizo un pequeño chiste mientras sus ojos escudriñaban rápidamente los alrededores. Para empezar, no había señales de otro grupo listo para atacar mientras las cuatro figuras encapuchadas los distraían. Aun así, por la forma en que bloqueaban el camino en silencio, era difícil confundirlos con cómicos itinerantes.
—Si están perdidos, miren sus pies —dijo Subaru dirigiéndose al grupo—. La tierra sin pasto es lo que la mayoría de la gente llama camino. Por cierto, la mansión del señor de estas tierras está detrás de nosotros, y pasando a ustedes hay una pequeña aldea…
—…
—Aha. Conque no son un grupo de viajeros perdidos pidiendo direcciones —dijo Subaru de forma provocativa.
El cuarteto respondió a la burla de Subaru levantando en silencio sus largas mangas blancas para revelar el destello de las puntas de sus espadas. A medida que los desconocidos se deslizaban hacia adelante con las armas parcialmente ocultas en las manos, Subaru contuvo el aliento. Sin previo aviso, los cuatro alzaron sus hojas en alto, listos para arremeter contra Subaru y su atónito grupo.
—No sé quiénes son ni de dónde vienen, pero los he considerado hostiles.
Tan pronto como Rem terminó de decir eso, su puño hizo impacto contra el rostro con capucha blanca que lideraba el grupo. Con el sonido claro de algo duro estrellándose contra la carne, el desconocido salió volando hacia atrás y se estampó contra el suelo de cabeza. La víctima de Rem quedó boca arriba, con las extremidades abiertas y la máscara blanca manchada de rojo.
La atroz escena hizo que Subaru apretara los dientes. Murmuró:
—Eso tuvo que doler…
—¡¿Eh…?!
Los hombres de túnica blanca acababan de romper el silencio con un gruñido de incredulidad. La forma en que retrocedieron tras ver lo sucedido a su apaleado compañero de pronto los hizo parecer muy humanos.
No es que eso fuera a cambiar lo que estaba por suceder.
—Perdí mi arma en el bosque el otro día, así que me temo que tendré que luchar a mano limpia hasta encontrar un reemplazo. ¿Está bien?
Rem lo había dicho de forma bastante adorable, pero el arma que había extraviado era un mazo de púas demoníacamente colosal, y sus brazos pálidos y delgados desmentían lo letal que era al blandirlo. Había belleza en su destreza marcial, tal como acababa de demostrar con aquel demoledor puñetazo.
En cuanto Rem alzó los puños amenazadoramente hacia los hombres de blanco, estos se pusieron en movimiento de inmediato.
—¡Retirada!
Los hombres se escurrieron con movimientos escurridizos, del mismo modo en que habían atacado, cargando a su compañero inconsciente a cuestas mientras se daban a la fuga a toda prisa. Los ojos de Rem los siguieron mientras desaparecían entre los árboles. No se relajó hasta que dejó de sentir su presencia.
—Estaba un poco nerviosa. Cada vez que me encuentro con rufianes así estando desarmada, siempre temo no ser capaz de protegerte, Subaru.
—Para estar nerviosa, ese gancho de derecha fue bastante brutal.
—Oh, Subaru, me haces sonrojar.
Tras asentir hacia Rem, quien mantenía las manos presionadas contra sus mejillas sonrosadas, Subaru miró hacia los árboles por donde habían huido los hombres de túnica blanca. No le parecían los típicos bandidos.
—¿Cuál es tu teoría? ¿Estaban aquí para obstaculizar el reclamo de Emilia al trono?
—Es una posibilidad. El señor Roswaal también es un hombre que tiene muchos enemigos. Aunque esta clase de incidentes no es exactamente frecuente, sí llega a ocurrir.
—¡¿Me estás tomando el pelo?! Menuda forma de hacer que uno se cuestione la seguridad de su lugar de trabajo. Además, una cosa más…
Rem había dicho algo bastante preocupante con total naturalidad, pero la atención de Subaru estaba en otra parte. Le clavó la mirada a la chica que había permanecido en silencio todo este tiempo y que ya estaba en proceso de escabullirse.
Agarrándole los hombros desde atrás, Subaru forzó la sonrisa más amable que pudo plasmar en su rostro y dijo:
—¿Y a dónde crees que te estás escapando, Liliana?
—¡Eeeep! ¡Lo siento por favor perdóname me disculparé pero por favor deja de mirarme de esa forma tan maliciosa me estás asustando!
—¡No es una mirada maliciosa! Sonrío para aliviar la tensión. ¿Ves?
—¡Eeeep!
Liliana solo se encogió aún más al ver la enorme sonrisa de Subaru. A Subaru le sorprendió su reacción, pero Rem apartó a Liliana de él y le dio palmaditas en la espalda como si estuviera consolando a un cachorro llorón.
—Ya, ya, a Subaru no hay que tenerle miedo. Es solo que sus ojos son más encantadores que los de la persona promedio.
—E-Esa es una opinión bastante subjetiva… pero ya estoy bien. Me he calmado. Sí.
—Vale, me siento raro por un montón de razones… pero como sea. En fin, ¿por qué intentaste abandonarnos? Tal vez esté siendo paranoico, ¿pero estás…?
¿Acaso estás aliada con esos tipos de túnica blanca y tu verdadero objetivo es frenar la candidatura de Emilia a la corona? Subaru había sospechado que esa podía ser la razón por la que se les había acercado. Pero antes de que pudiera formular su pregunta, Liliana cayó de rodillas en el acto.
—¡Lo shiento mucho! ¡Pero-pero-pero yo no hice nada malo! Esos tipos han estado persiguiéndome desde siempre… así que pensé: “Vaya, sería genial ponerle fin a esto”… luego empecé a pensar: “Vaya, tal vez podría pedir ayuda a la gente de la mansión del marqués”, ¡y una cosa llevó a la otra y…!
Los ojos de Subaru se quedaron en blanco al ver a Liliana postrarse y suplicar perdón. Basándose en su pura desesperación, decidió que era seguro asumir que no era su enemiga.
—¡¿Así que esa excusa que diste sobre ser el objetivo de asesinos durante esa siesta… no era una mentira?!
Un problema mucho más considerable acababa de salir a la luz. Lo único que Subaru pudo hacer fue sostenerse la cabeza y gemir de frustración.
7
—En resumen, una banda misteriosa está persiguiendo a Liliana.
Subaru hojeó el informe mientras se hundía en el sofá. Estaban de vuelta en el estudio de la mansión Roswaal. En la habitación había cuatro personas en total, incluyendo a Subaru. Hizo un gesto hacia Rem, que estaba sentada a su lado, y dijo:
—Para ser honesto, que Rem estuviera allí nos salvó. Odio admitirlo, pero si solo hubiéramos estado Liliana y yo, estaríamos muertos.
—Yo también me alegro de haber estado contigo —dijo Rem—. Aunque habría sido de más ayuda si hubiera tenido mi lucero del alba conmigo.
—Si lo hubieras tenido, esos tipos serían abono para el bosque en este momento… Pero sí, creo que la forma en que los manejaste fue muy linda y elegante.
Subaru dio un suspiro de alivio al pensar en el baño de sangre que habían evitado por poco. El hombre al que Rem le había propinado una paliza descomunal probablemente ni siquiera contempló la posibilidad de ser masacrado por una sirvienta tan linda. Subaru conocía ese sentimiento mejor que nadie.
—¿Y dónde está nuestra barda ahora mismo? ¿En la habitación de invitados? — preguntó Ram.
—Está con Emilia-tan. Oficialmente es por su seguridad. No queremos asustarla y hacer que salga huyendo. Pensamos que Emilia-tan era la ideal para la tarea, ya que es felizmente ignorante de la situación.
—Ya veo. Sí, puedo entender por qué el señor Roswaal querría mantener a esa poeta aquí. —Ram inclinó el rostro y le lanzó una mirada gélida a Subaru. Él se encogió de hombros y dijo—: Queremos convertir a Liliana en la encargada de relaciones públicas de Emilia-tan o algo así, ¿no? Liliana quiere escribir la epopeya de un nuevo héroe por sí misma. La biografía del nuevo monarca del reino me parece el tema perfecto.
—Sorprendentemente rápido para entender, Barusu. Eso aclara las dudas que tenía de estar hablando con alguien que tiene una calabaza hueca por cabeza.
—¡Oye! ¿Me estás llamando calabaza de Halloween?
Las críticas de Ram eran tan afiladas como siempre. Dejando eso de lado, la línea de pensamiento de Roswaal era probablemente similar a la suya. Sin televisión ni periódicos, este era un mundo que carecía de infraestructura para los medios de comunicación masivos. La influencia de los bardos itinerantes, que cantaban sobre historia y eventos actuales al público, era probablemente aún mayor de lo que Subaru imaginaba.
Las canciones de Liliana podían ser un gran impulso para Emilia en la selección real.
—A míii también me complace muuuucho que Subaru sea tan rápido para entender. Describiste hermooosamente mi postura sobre el asunto. Para detallar un poco más, quiero asegurarme de que los pros y los contras de todos sean tomados en consideración.
—Pros y contras, eh…
Roswaal esbozó una leve sonrisa de satisfacción que a Subaru le pareció un poco sospechosa. Al ver su reacción, Rem respondió por Roswaal, con la mirada baja:
—Es difícil de decir… pero la señorita Emilia es una medio elfa. La mayoría de los bardos rechazarían nuestra propuesta solo por esa razón, así que no podemos descartar esa posibilidad. Sin embargo, como Liliana parece haberle tomado cariño a la señorita Emilia, creemos que es muy probable que acepte, bajo ciertas condiciones.
—En otras palabras… —comenzó Subaru—, si nos ofrecemos a resolver ese problema descabellado que no puede solucionar sola, no podrá negarse… Vaya, ¿de verdad me veo tan malvado ahora mismo?
—Siempre te ves malvado.
—Siempre te ves encantador.
Al recibir respuestas tan contradictorias por parte de las gemelas, Subaru puso cara de pocos amigos ante Roswaal y su podrida personalidad. Le lanzó una mirada severa al marqués y se alejó un poco, solo para que el hombre le sonriera radiante y le saludara con la mano. Subaru suspiró.
—En fin, supongo que el plan es vigilar a Liliana e intentar resolver su problema. Fue una lástima que dejáramos escapar a sus agresores. Si tan solo hubiéramos capturado a uno de ellos…
—Sí, si le hubiéramos roto cincuenta o sesenta huesos, tal vez lo habría confesado todo.
—Si lo torturaras tan salvajemente, lo único que derramaría sería sangre, psicópata.
A veces, la lealtad de Ram era tan aterradora que Subaru no podía saber si estaba bromeando o no.
—Yo también mantendré la guardia alta, pero si me atacan, lo único que puedo hacer es chillarle a alguien pidiendo ayuda en falsete. Aunque lo dudo, esos tipos no deben tener las agallas para colarse en la fuertemente custodiada mansión de un marqués.
—Si escucho tu voz, Subaru, iré volando a tu rescate. Ya esté limpiando, cocinando o incluso bañándome, por favor no dudes en pedir la ayuda de tu Rem.
—Desvergonzado asqueroso.
—¡¿Podrías por favor no condenar a un sujeto antes de que diga algo?!
Subaru prácticamente podía ver a Rem en su versión sirvienta-perrito moviendo su cola invisible, mientras Ram en versión sirvienta-gatito lo atravesaba con una mirada profundamente juzgadora. Las bromas habituales entre ellos se interrumpieron a medida que la conversación llegaba a su fin.
—De todos modos, me gustaríaaa esperar y ver —intervino Roswaal—. Le haremos preguntas más minuciosas a Liliana para saber más sobre su situación mientras buscamos una solución a su problema… ¿quéee tal suena eso?
—De acuerdo, lo tendré en cuenta cuando hable con ella. Aunque, para ser honesto, creo que ahora mismo todavía está aterrorizada —dijo Subaru.
—Trajo un problema que molesta al señor Roswaal. Se merece sufrir un poco.
—Es algo bastante insolente de decir sobre una invitada, Ram.
Con una sonrisa cínica ante el descaro de Ram, Subaru se levantó para irse.
Pero justo cuando puso la mano en el pomo de la puerta, Roswaal dijo:
—Mientras esté en mi casa, garantizaré su seguridad. Asegúúú-rate de decírselo, ¿de acuerdo?
Subaru simplemente suspiró ante semejante declaración con doble intención.
8
—A-Azhí que… ¿ashumo que no hay necesidad de preocuparse por laz cozaz imperdonablemente i-i-inzolentes que dije?
—Oye, ¿en qué idioma se supone que hablas?
Después de que Subaru le comunicara el veredicto del marqués, Liliana se desinfló por completo y se resbaló de la silla aliviada. Era un espectáculo lamentable, pero Subaru tuvo la amabilidad de pasarlo por alto. Después de todo, mientras esperaba escuchar las noticias, probablemente estuvo más ansiosa de lo que había estado en toda su vida.
—Ahora que estás fuera de peligro, no vayas a tener ideas raras de que puedes enredar al señor de estas tierras en tus problemas. El hecho es que fuiste imperdonablemente insolente; no es una hipérbole.
—¡Ugh! L-Lo siento. ¡Me esfuerzo por hacer que mi conciencia sea más ligera que la brisa, más clara que un torrente caudaloso!
—Vale, quedan prohibidas tus ocurrencias absurdas. Están opacando las mías.
Liliana no tuvo fuerzas para protestar. Sus acciones habían expuesto directamente al personal del señor de la región a un peligro mortal. Había sido innegablemente irreflexivo e ingenuo.
Subaru halló reconfortante que Liliana se mostrara tan evidentemente devastada y arrepentida. Pero alguien más infló las mejillas con molestia tras escuchar su conversación, concretamente, Emilia.
—Subaru. Liliana está claramente muy arrepentida por lo que hizo. ¿No puedes ser más blando con ella?
—No, no puedo, Emilia-tan. Hay que ser directo con idiotas como ella; de lo contrario, nunca adquieren el don de la autoconciencia. Tiene que entender en esa cabeza dura cómo guardar secretos puede poner en peligro a los demás… Emilia-tan, ¿por qué me miras así?
—Por nada. Solo pensaba en lo horrible que debe ser carecer de autoconciencia.
Por alguna razón inexplicable, Subaru se sintió muy incómodo bajo la mirada sorprendentemente despectiva de Emilia. Presintiendo que estaba en desventaja, apartó la vista de Emilia y volvió a dirigirse a Liliana.
—Ahora, nos encantaría escuchar tu versión de la historia otra vez, en detalle… ¿Desde hace cuánto tiempo te siguen esos vagabundos vestidos de blanco?
—No tengo ni la menor idea. Solo descubrí que me estaban siguiendo hace unos pocos días… No me pidas que sea más específica que eso.
—¿Dices que no notaste nada que pudiera darnos una pista?
—Nop. Solo cositas sin importancia, como que mi pluma favorita desapareciera, que mi ropa limpia no estuviera cuando salía del baño, y que mi instrumento se esfumara de la posada…
—Eh… ¡¿eso suena como un acosador clásico?!
Exclamó Subaru al caer en la cuenta, solo para que Emilia y Liliana le dirigieran miradas confundidas. Al parecer, ninguna de las dos sabía lo que era un acosador. Emilia era un ser perfecto, y Liliana era hermosa mientras mantuviera la boca cerrada; esperaba que fueran especialmente cuidadosas con ese tipo de cosas.
Subaru sacudió la cabeza con fuerza mientras recordaba el aspecto de los atacantes.
—Que tus cosas desaparezcan probablemente no tenga nada que ver con la banda que te ha estado acosando. Probablemente solo sean fanáticos empedernidos. ¿Alguien te ha perseguido alguna vez con un objeto afilado antes?
—¡Mmm! La forma en que dijiste eso suena vagamente mal de alguna manera… pero no, señor, le hago saber que hoy fue la primera vez que vi algo afilado y brillante. De lo contrario, tendría una expresión mucho más solemne en el rostro ahora mismo.
—Tampoco te ves muy solemne que digamos… Pero en fin, lo que estás diciendo es que su modus operandi cambió repentinamente.
La mente de Subaru trabajaba a mil por hora, intentando encontrar un motivo para los hombres de blanco tras escuchar el testimonio de Liliana. Pero la única anormalidad que le ocurrió directamente a Liliana —la única pista que tenía— era un solo evento.
—Que vinieras aquí… y te reunieras directamente con el marqués… ¿Crees que eso puso nerviosos a los hombres de blanco?
Si el encuentro de Liliana con Roswaal les había dado un susto a sus agresores, entonces todo comenzaba a encajar. Eso significaría que sus perseguidores tenían una razón específica por la cual no querían que Liliana entrara en contacto con una de las candidatas reales.
—Oye, no me digas que no tienes la menor idea. Apestas a algo seriamente turbio. Si sabes algo, más vale que lo escupas ahora. De lo contrario, no podemos garantizar que podamos protegerte.
—¡Cómo te atreves a decir una palabra como “escupir” frente a una delicada doncella! ¡Juro por mis ancestros y por mi lyulyre que no estoy ocultando nada! En realidad, espera, ¡dejemos a mi lyulyre fuera de esto!
—¡Oye, no te me eches para atrás ahora que nos estamos quedando sin tiempo!
Subaru le gritó a la barda mientras esta estrechaba su sustento contra el pecho. Pero por lo que podía ver, ella se estaba devanando los sesos sinceramente en busca de una pista. Tras refunfuñar y asentir para sí misma unas cuantas veces, finalmente dijo:
—¡No tengo ni la más mínima intención de ocultarles ningún secreto, simplemente mi cerebro no está funcionando! ¿Saben lo que se siente tener una espina de pescado encajada entre cada diente? ¡Esa sensación de incomodidad es una tortura, se los digo yo!
—Eh, probablemente deberías quitarle las espinas al pescado antes de comértelo, entonces.
¿Cómo se las arreglaba Liliana para tener las intenciones más serias y aun así ser la persona más tonta en la práctica? Subaru se volvió hacia Emilia con la esperanza de encauzar la conversación.
—Así que, dejando de lado las metáforas de espinas de pescado… ¿descubriste algo, Emilia-tan? Estoy seguro de que estuvo parloteando sin parar mientras esperaban juntas aquí, ¿verdad?
—En realidad no. Según Liliana, no sintió nada extraño hasta hace un par de semanas… Comenzó antes de que llegara a la aldea Arlam. Fue más o menos por la época en que dejó un pueblo llamado Wawer. Si algo en particular causó esto, entonces…
—Entonces sucedió allí. Podemos estar noventa y nueve por ciento seguros de que lo que sea que pasó allí fue la causa de todo esto. O pasó algo de gran impacto, o ella metió la pata, o… Oye.
—¡¿Por qué das por sentado que yo metí la pata?! ¡Debo protestar contra esta difamación absoluta! —chilló Liliana.
Subaru respondió a sus alaridos con un golpe tipo chop en la cara. Ella infló los labios, se agarró las dos coletas y sacudió la cabeza.
—Aunque insistan… no hubo nada fuera de lo común. Ese pueblo era un poco frío con los desconocidos, así que no me sentí exactamente bienvenida. Eso es todo, de ver… dad… ¡Oh! ¡¡Ohhh!! ¡Mis canciones! ¡Por favor no suspiren cuando termine…! ¡Por favor no me miren de esa forma…!
—Eh, lamento hacerte revivir algo traumatizante, pero ¿podrías dar más detalles? Creo que finalmente estamos llegando a alguna parte.
Emilia intervino:
—Lo que me gustaría saber es, ¿por qué te quedarías en un lugar tan terrible aunque fuera solo por un día? Yo he experimentado lo mismo, y no es una buena sensación para ninguna de las dos partes.
—Vaya, acabo de entrever un fragmento del doloroso pasado de Emilia-tan.
Mientras Liliana se estremecía y se sujetaba la cabeza, las bienintencionadas palabras de sabiduría de Emilia hurgaron en la herida. Sin embargo, era una observación razonable. Los bardos viajaban por el mundo hacia donde los llevara el viento. No había razón para que alguien tan libre e independiente como Liliana tuviera que quedarse en un lugar donde se sintiera incómoda.
—¡Oh! Verán, sí tengo una razón para eso. Sí, los pueblerinos eran un poco distantes y fue simplemente horrible, pero quiso la suerte que el anciano más rico del pueblo se encariñara conmigo.
—Oho… un anciano rico, ¿eh?
—¡Siiií! Me consentía como si fuera su propia y adorada nieta. ¡Incluso me compró una lyulyre nueva! ¡Por eso esta está nuevecita de paquete!
En cuanto Liliana le mostró su lyulyre con orgullo, Subaru se la quitó por impulso. En parte porque Liliana se estaba dejando llevar demasiado, pero también porque le pareció que sonaba a que Liliana había engañado a un anciano solitario para quitarle un montón de dinero.
—Me daba comida deliciosa, me dejaba dormir en una cama suave, me compró ropa nueva y una lyulyre nueva… Era como un sueño. Ji-ji-ji.
—Sabes, no vendría mal que tuvieras un poco más de elegancia fuera de tus actuaciones…
Liliana estaba babeando y riéndose como una borracha. Pero no solo ignoró el consejo de Subaru, sino que además ocultó repentinamente su tonta cara y dijo:
—Pero aunque me duela decirlo, mi momento feliz allí fue efímero. No sé qué hice mal, pero un día el anciano me echó de su casa de repente. Ahí terminó mi racha.
—Y… ¿rompiste un jarrón, comiste a escondidas entre comidas o tuviste un “accidente” en la cama?
—¡Q-Qué grosero! ¡No he tenido un accidente en cinco años, muchas gracias!
Hace cinco años… Eso la haría de dieciséis… Subaru se detuvo ahí y decidió que no quería tomarse la molestia de profundizar en eso. Al final, parecía que ella realmente no tenía ni la menor idea de por qué la habían echado. Incluso ahora, Liliana se veía completamente perpleja.
Las palabras “anciano rico” sonaban bastante sospechosas por sí solas… pero era muy descabellado asumir que esa fuera la raíz del acoso. A menos que las personas que la acosaban tuvieran algún malentendido sobre lo que había sucedido entre Liliana y el anciano.
—De cualquier manera, nuestras dos pistas son el pueblo de Wawer y el anciano que vive allí. Le comentaré esto a Roswaal por si acaso… Me pregunto si investigará al respecto.
—¡Oh, pero-pero-pero! Lo único que hizo el anciano fue cuidarme y enseñarme la canción que nunca debe ser cantada… Simplemente no se me ocurre nada que pueda ser importante.
Emilia suspiró.
—¿De verdad…? Sí, supongo que nada de eso serviría como pista. Qué problema…
—Oigan, esperen un segundo.
Subaru se metió frenéticamente en la conversación al escuchar algo que no podía ignorar. Ambas señoritas le dirigieron miradas inquisitivas, por lo que parecía que ninguna de las dos estaba bromeando.
Por esto es que las despistadas me asustan a veces. Emilia-tan, eres un ángel.
—Disculpen, esto… ¿Qué es exactamente esa “canción que nunca debe ser cantada”?
—¿Eh…? Bueno, es una canción que me enseñó el anciano. Contiene el secreto de cómo amasó su fortuna. Si soy sincera, tanto en composición como en letra, no es muy de mi estilo.
—Liliana, no deberías hablar así de una canción que te regalaron —protestó Emilia—. ¿Nos cantarías un poco?
—¡Ooh, sí, me encantaría! De paso, ¡me encantaría interpretar todas las canciones que me sé para ustedes!
Liliana le recuperó la lyulyre a Subaru y comenzó a rasguear con gran entusiasmo. Los ojos de Emilia brillaron, con el corazón bailándole de alegría ante la oferta de la barda.
Y mientras Subaru las observaba a las dos, se pellizcó el entrecejo. Luego inhaló profundamente y gritó:
—¡La canción! ¡¡¡Es la canción, pedazo de tonta!!!
—e interrumpió abruptamente el feliz momento del felizmente inocente dúo.
9
—Pero sabes, todavía tengo preguntas…
—¿Mzhí? ¿Ké keré' hapér?
—No hables con la boca llena. No es propio de una dama.
—¡Ji-ji-ji! ¡Parece que incluso el chico de los recados al fin reconoce mis encantos femeninos!
Por alguna razón, Liliana lucía bastante orgullosa de sí misma. Probablemente por la forma en que decidió interpretar el regaño de Subaru. Por desgracia, la manera en que se atiborraba los cachetes de bocadillos como una ardilla hacía difícil que pudiera llamarse dama a sí misma.
En ese momento, Liliana estaba llenando el pozo sin fondo que tenía por estómago con los aperitivos especiales que Rem había horneado para el té de la tarde. Mientras Subaru sorbía su té y disfrutaba de sus dulces en lo que debería haber sido un agradable y pacífico momento vespertino, soltó un suspiro.
—Ya llevas tres días aquí…
—Sí, en efecto. Cómo vuela el tiempo… ¿Y?
—Esos atacantes no es que hayan estado persiguiéndote de forma incesante, pero… en serio, ¡¿qué demonios hiciste?!
Mientras el grito de Subaru resonaba haciendo un repaso de los últimos tres días, los ojos redondos de Liliana se abrieron aún más por la sorpresa. A lo largo de su estancia en la mansión, sus perseguidores habían perpetrado múltiples ataques, apareciendo de mañana, tarde y noche, para un total de diez veces y contando.
Hasta ahí llegó la esperanza de que los agresores de Liliana dieran un paso atrás si ella estaba bajo el cuidado de un marqués.
—Rem los está manteniendo a raya ella sola por ahora, pero si hay algo en lo que esos tipos son extrañamente buenos, es en huir. Todavía no hemos atrapado ni a uno solo. ¿Cómo es eso posible siquiera?
Liliana agitó una mano despectivamente.
—Ay, vamos, si supiéramos eso, no estaríamos en este lío. Por favor, no me hagas señalar lo evidente a estas alturas.
—¡Sé que eres una anomalía, pero ¿cómo perdiste cualquier atisbo de dignidad en solo tres días?!
Liliana simplemente se rió para restarle importancia. Realmente se había acomodado demasiado durante los últimos tres días. Solo había mantenido su faceta dócil y timorata durante unas pocas horas el primer día. Ahora se paseaba audazmente por la mansión como si todo el lugar y cuanto había dentro le perteneciera. (O eso, o simplemente le daba igual lo que Subaru pensara de ella).
—Dicen que las cosas buenas les llegan a quienes saben esperar. Aunque Ram no se quedará tranquila si tenemos que esperar mucho más.
—Pido disculpas por los inconvenientes… Por cierto, ¿te vas a comer eso? ¿Me lo das?
—¡Tu gratitud es puramente superficial, ¿verdad?!
Tomando el arrebato de Subaru como un “sí”, Liliana se sirvió el último trozo de pastel de Subaru. Subaru sintió lástima por Ram, quien había estado trabajando arduamente por el bien de Liliana.
La hermana de Rem se encontraba en ese momento en Wawer, el pueblo donde se había hospedado Liliana. Gracias a sus investigaciones allí, habían determinado que el acoso hacia Liliana efectivamente estaba relacionado con el anciano rico.
Lo principal en la mente de Subaru era la genuina mirada de disgusto en el rostro de Ram mientras cruzaba la puerta. Puede que hubiera dejado la mansión por órdenes de Roswaal, pero era casi seguro que se desquitaría con él tan pronto como regresara.
—A pesar de todo —dijo Subaru—, parece que casi todos, excepto Ram, te han tomado cariño.

—A las canciones no les importa la nacionalidad, el idioma ni la raza. Tan solo se calan en los corazones endurecidos de la gente y los ablandan. Claro que el poder de una canción depende de la sabiduría mundana del bardo que la canta. Un corazón puro... eso es lo que conmueve a la gente. Ji, ji, ji.
—Que eso salga de tu boca resulta cero convincente...
Mientras Subaru observaba a la hermosa jovencita (de veintiún años) soltar risitas para sus adentros, sintió una clara sensación de derrota. Aunque sin duda tenía la apariencia física y el talento... estaba muy lejos de ser pura e inocente.
En opinión de Subaru, un alma hermosa era fundamental para que una mujer tuviera encanto.
—En ese sentido, Emilia-tan realmente merece ser mi estrella brillante número uno.
—¿Alguien dijo mi nombre?
—¡Iip!
Cuando Emilia entró en la habitación justo en el momento en que hablaba de ella, a Subaru casi se le sale el corazón del pecho. Emilia soltó una risita al ver al chico firme como un soldado en una posición rarísima. Señaló encima de la puerta, donde brillaba el cristal mágico del tiempo. La gente de este mundo lo usaba para saber la hora según los cambios de color.
—Ya casi es la hora. Como no podía esperar, terminé viniendo antes.
—Preferiría oírte decir eso en la puerta de mi habitación cuando todos estén dormidos... Rem también dijo que vendría tan pronto como terminara de recoger los platos.
—Ji, ji, seguro que Rem también está emocionada. Me muero por continuar donde lo dejamos ayer.
Las mejillas de Emilia estaban visiblemente rosadas por la emoción juvenil. Subaru estaba seguro de que podía enamorarse con solo echarle un vistazo a su rostro, pero sentía celos porque ella no lo estaba mirando a él. Subaru le lanzó una mirada fulminante e impulsiva a Liliana.
—¡La musa ha hablado! Les presento mi nueva canción: “El corazón enamorado del otro sabe a miel”.
—¡Cállate! —le gritó Subaru a la barda, quien se limpiaba la crema del pastel de una mano mientras agarraba su lyulyre con la otra. Pero como él solo estaba siendo un mal perdedor, la sonrisa engreída de victoria permaneció en el rostro de Liliana (lo que solo lo amargaba aún más).
—Ah, ¿empezaron sin mí? —preguntó Rem, asomándose a la habitación.
—No, llegas justo a tiempo —respondió Emilia, haciéndose a un lado y dando palmaditas en el espacio junto a ella—. Liliana solo estaba molestando a Subaru, como de costumbre.
—¿Así es como lo ves, Emilia-tan? ¡¿Me está molestando?!
Con un silencioso “Con su permiso”, Rem se sentó al lado de Emilia, dejando solo un asiento vacío...
—Me uniré a su pequeña velada, supongo.
La puerta se abrió por tercera vez. En esta ocasión, reveló un paisaje completamente diferente.
Al otro lado de la puerta, que se suponía daba al pasillo de la mansión, había ahora una biblioteca en penumbras. La espaciosa habitación estaba repleta de estanterías de pared a pared. Una chica solitaria emergió del portal.
Su cabello color crema estaba recogido en elaborados tirabuzones. Su precioso rostro de muñeca carecía por completo de expresión. El ruedo de su ostentoso vestido ondeó mientras entraba a la habitación. Echó un vistazo a su alrededor con un ceño engreído y soltó un delicado resoplido.
—Bueno, gracias por guardarme un lugar. Se los reconoceré, supongo.
—¡Ay, Beatrice, qué boba eres! ¡Por supuesto que no empezaríamos sin ti! Vamos, para hacer algo tan deshonroso, ¡yo, Liliana, deshonraría el nombre de todas las mujeres!
—Ya veo. Buena actitud. Me pregunto si cierto individuo podría aprender una que otra cosa de ti —Beatrice le lanzó a Subaru una mirada afilada. Aun así, la pequeña, que no era más alta que Subaru incluso cuando él estaba sentado, resultaba sorprendentemente encantadora una vez que superabas su actitud descarada.
—Beako, todavía no puedo creer que dejes tu Biblioteca de los Libros Prohibidos solo para venir a escuchar las canciones de Liliana.
—Interactuar con el mundo a través de un medio que no sean los libros no es algo malo, supongo. Las interpretaciones de esa chica tienen cierta cualidad. Me pregunto si su voz al cantar valdrá más que diez de las tuyas.
—¿Podrías parar antes de que empiece a dudar en serio de mi autoestima?
Ignorando a Subaru, Beatrice se acomodó en un asiento vacío. Ahora todos los fans de Liliana en la mansión Roswaal estaban presentes. Fue una sorpresa para todos en la mansión que no solo Emilia y Rem, sino incluso Beatrice se hubiera convertido en fan de la música de la barda.
—Muy bien, bueno, gracias por reunirse de nuevo hoy para escuchar mi música. Para dar color a este pequeño momento con canciones e historias está su servidora: su cantante, Liliana.
Ante su público de cuatro personas, Liliana se plantó en el centro de la habitación y dio su introducción. Lucía audaz y orgullosa mientras recitaba sus líneas. Sin importar cómo fuera el resto del tiempo, era la barda perfecta cuando actuaba. (Y ese resto de migaja de pastel pegado en su labio inferior era más encantador que cualquier otra cosa).
—Ahora, para mi primera canción, interpretaré un clásico moderno: la “Balada de batalla del Demonio de la Espada”, acto dos. El telón se abre sobre los años de juventud del Demonio de la Espada, cuando lo único que conocía era la espada... y su encuentro fortuito con las flores y una hermosa chica.
Mientras Liliana se inclinaba, fue recibida con los delicados aplausos de las damas y el ruidoso aplauso que provenía de nadie menos que Subaru. Él era muy consciente de que, al fin y al cabo, en el fondo estaba tan emocionado como las demás por escuchar la continuación de la historia. Era frustrante, pero el corazón de Subaru también había sido robado por la voz de la pequeñísima cantante.
—Y ahora cantaré, si me hacen el favor de escuchar: la “Balada de batalla del Demonio de la Espada”.
A medida que Liliana rasgueaba las cuerdas de su lyulyre, su voz etérea se unió a la música y comenzó a cantar. De pronto, la habitación cedió el paso al mundo que ella entretejía con sus letras. Se sentía increíblemente real.
—...
Cada gesto y movimiento remodelaba el mundo a su alrededor hasta que lo único que podían ver era el universo de la historia. Con la piel de gallina, a Subaru le costó todo su esfuerzo contener un gemido de admiración. No podía permitirse arruinar este momento increíble.
La historia seguía a un espadachín tan consagrado a la espada que llegó a ser conocido como el Demonio de la Espada. Se abrió con su traslado a la capital real, convirtiéndose en soldado y recibiendo su propio mando.
Y entonces conoció a una chica.
La canción estalló en colores mientras el Demonio de la Espada —ajeno al nuevo romance que brotaba en su corazón— blandía su hoja blanca en el campo de batalla. El segundo acto concluyó con el Demonio de la Espada sintiendo surgir en su interior algo que rivalizaba con su amor por la espada cada vez que hablaba con la joven.
—Gracias por escuchar. Han sido un público maravilloso.
La lyulyre concluyó su melodía estremecedora. Las reverberaciones se prolongaron en la habitación mientras Liliana se inclinaba. Subaru se levantó de golpe mientras la aplaudía. Emilia y Rem aplaudían con igual solemnidad a su lado. Beatrice era la única que no aplaudía, pero la tenue sonrisa en su rostro demostraba que la música de Liliana la había dejado satisfecha.
—Es tan hermosa... Siento que la historia se va a poner realmente buena.
—Ya conozco la “Balada de batalla del Demonio de la Espada” de principio a fin, pero siento como si la estuviera escuchando por primera vez —coincidió Rem—. Estoy maravillada con su música, señorita Liliana. Fue sencillamente inspiradora.
—Estuvo aceptable, supongo. Puedes tocarme más de la canción más tarde si lo deseas.
—Una loli emocionalmente atrofiada lo dice...
Mientras Emilia y Rem le daban sus elogios puros y sinceros, Beatrice se mantenía distante. Subaru se burló de ella para ahorrarse la molestia de ofrecer sus impresiones honestas.
—Y bien, chico de los recados, ¿qué te pareció?
La barda lucía una sonrisa diabólica y arrugaba la nariz. Se negaba a darle a Subaru la oportunidad de quedar bien. Él se mordió el labio y suspiró derrotado.
—Agh... Odio admitirlo, pero estuvo increíblemente buena. Cuando no estás cantando, la verdad no eres la gran cosa como persona ni como chica, pero cuando cantas, eres especial. Tal vez deberías cantar todo el tiempo, por el bien del mundo, de la humanidad y de ti misma.
—¡¿Acaso me engañan mis oídos?! ¡Creo que estoy escuchando un elogio, pero algo en él no me cuadra del todo! ¡Qué extraño!
Demasiado amargado para hacerle un cumplido sincero, Subaru soltó una burla pasivo-agresiva. Eso le valió una risita de Beatrice y una mirada tibia de Emilia.
—La “Balada de batalla del Demonio de la Espada” consta de cinco actos en total — dijo Rem—. Naturalmente, el quinto y último acto es mi favorito, pero el tercer acto de mañana no hay que perdérselo. Prometo que bajaré corriendo tan pronto como termine mis deberes.
—Eres súper fan de esta historia, ¿verdad, Rem? En lo personal, encuentro el canto de Liliana increíblemente bueno, aunque me cuesta sumergirme en la historia. ¿Crees que mi opinión cambie cuando escuche el resto? —preguntó Subaru.
—Sí, estoy segura de ello. El estilo de vida del Demonio de la Espada todavía se idolatra hoy en día. Espero que algún día, Subaru, vengas por tu Rem justo como lo hizo el Demonio de la Espada.
—Si los spoilers que escuché son correctos, ¿eso no termina en que tú y yo luchemos a muerte, Rem? —se preguntó Subaru en voz alta. A pesar de sus recelos, su expresión se suavizó en una sonrisa al ver cómo las mejillas de Rem brillaban de emoción. No todos los días mostraba sus emociones de forma tan abierta. Eso, sumado a la presencia de Beatrice, era un testimonio del talento vocal de Liliana. Y si Subaru era honesto consigo mismo, tenía que admitir que le daba un poco de celos.
Para hacerse amigo de Rem, Subaru tuvo que esforzarse como si su vida dependiera de ello... literalmente.
—Y miren nada más, tú encajando como si nada. Qué mala onda.
—¿A qué viene esa cara de pocos amigos, chico de los recados? Mírame con esos ojos tristes todo lo que quieras. No voy a encontrarte ni tierno ni adorable. Tienes que ser más objetivo, echarte un buen vistazo al espejo y actuar en consecuencia.
—Grandioso consejo, considerando cómo te comportas tú. Espera, ¿no será que todo es una actuación para bajar nuestras expectativas y así parecer mucho más impresionante cuando cantas? ¿Qué es esto, gap moe?
—No tengo la más mínima idea de qué estás hablando. El epítome del ñam-ñam- ñam...
—¡No comas a mitad de tu monólogo!
Y así, el comentario sorprendentemente perspicaz terminó de una manera igual de inesperada. Ahora que su canción había terminado y su lyulyre estaba apoyada de forma segura contra la pared, las manos de Liliana estaban llenas de aperitivos una vez más. En un abrir y cerrar de ojos, la majestuosa y elegante diosa de la música quedó manchada de azúcar, transformándose en un ángel caído.
Esta ya era una escena familiar después de los últimos tres días. Una vez terminada la función, convivían y tomaban el té.
Pero las cosas no saldrían tan bien hoy...
—Con permiso —dijo Rem de repente, poniéndose de pie de un salto y corriendo hacia la ventana. Luego, sin hacer el menor ruido, abrió la ventana y entrecerró sus ojos azules para inspeccionar el exterior. Su mirada se detuvo en la entrada principal de la mansión. Momentos después, sacó algo de su bolsillo.
—Rem, ¿qué es eso?
—Una pequeña estrella del alba. No tengo nada más a la mano que pueda usar fácilmente.
Haciendo rodar en su mano la esfera de metal del tamaño de una pelota de golf con una expresión tímida en el rostro, Rem lanzó el proyectil improvisado hacia afuera. Un segundo después, se oyó a lo lejos un impacto seco seguido de un chillido salvaje.
Rem miró hacia afuera y levantó el pulgar.
—Di en el blanco.
Subaru le dirigió una sonrisa burlona a Rem y se unió a ella en la ventana para mirar hacia afuera. Y allí vio a los hombres de blanco, cargando a su compañero inconsciente lejos del jardín delantero.
—Nunca aprenden, ¿verdad...? ¿Cuántas veces tienes que romperles el cráneo antes de que se vuelvan listos?
—Tal vez cada vez que les rompo el cráneo, las lecciones que aprendieron se les escapan.
La falta de desmentido por parte de Rem daba escalofríos. Subaru suspiró mientras observaba a los hombres de blanco huir. Durante los últimos tres días, Rem los había ahuyentado de esa misma manera.
—Esta vez fueron los hombres de blanco.
—Cierto... Espera un segundo, ¿escuché bien? ¿Esta vez van vestidos de blanco?
—Bueno, las bandas que tienen en la mira a la señorita Liliana parecen alternarse entre grupos de hombres vestidos de blanco y grupos de hombres con ropas desparejadas. Mi teoría es que los hombres de blanco se dieron cuenta de que no tenían la cantidad suficiente y contrataron a algunos matones extra.
—Espera, ¿en serio? ¿Estás segura de que son la misma gente? ¿No será que son dos bandas separadas?
—No parece muy probable que dos grupos indefensos y sin relación ataquen al mismo tiempo por razones diferentes.
Subaru asintió cuando Rem señaló esto. Sería más que mala suerte si otro escuadrón suicida, aparte de los hombres de blanco, fuera tras Liliana. Pero si la teoría de Rem era cierta, el hecho es que algo en todo esto no cuadraba.
—¿Quizás deberíamos ponernos serios e intentar atrapar a uno de ellos?
—Lo consideré, pero esta gente corre increíblemente rápido. Si los persiguiera a toda velocidad, probablemente podría atrapar a uno... pero me preocupa que eso me aleje demasiado de la mansión.
—Rem, no olvides que hay un par de personajes nivel jefe en esta mansión aparte de ti.
En cuanto a combate, Rem estaba en la media dentro de la mansión Roswaal. Por encima de ella estaban Emilia con Puck, además de Beatrice y Roswaal, quienes eran tan poderosos como un ejército entero por sí solos. Hablando objetivamente, esta mansión estaba tan fuertemente defendida que la idea de asaltarla era completamente absurda.
—Pero entiendo por qué te preocuparía dejar la mansión por mucho tiempo. Si esa gente se impacienta y arremete contra nosotros de forma imprudente, eso podría ser realmente problemático —dijo Emilia.
—Sí, queremos resolver esto lo antes posible. Estos solo son matones sin cerebro desquitándose a lo tonto, así que no representan una amenaza real para nosotros... pero si se desesperan, en el peor de los casos, podrían empezar a ir tras la gente de fuera de la mansión.
Por ejemplo, la aldea Arlam. Sufrir bajas allí sería un escenario de pesadilla: Roswaal condenaría a cualquiera que se atreviera a tocar a su gente a una muerte dolorosísima en el fuego.
—Solo espero que Ram encuentre rápido las pistas que necesitamos para que eso no ocurra —dijo Subaru.
—Ram es lista, así que estoy segura de que descubrirá algo de inmediato —lo tranquilizó Emilia.
—Por otra parte, ni siquiera escuchar esa canción nos dio buenas ideas...
La canción en cuestión era la canción que nunca debía ser cantada, la cual era la razón más probable por la que estaban persiguiendo a Liliana en primer lugar. Subaru la había escuchado muchas veces (haciendo que su nombre careciera de sentido), pero no percibió ningún significado oculto en absoluto. Era una idílica canción folclórica campesina que revelaba el secreto de cómo cierto hombre rico había amasado su fortuna en una sola generación. Las afirmaciones eran tan descaradas que cualquiera se tomaría la letra con reservas. Por eso habían enviado a Ram a la aldea a verificar lo que decía.
—¿Me pregunto si estaremos atrapados por limitaciones triviales? —meditó Beatrice sin emoción, con la taza de té en la mano—. Maleantes ordinarios y molestos como ellos deberían ser desarraigados y exterminados rápidamente. Nos sentiremos mucho mejor una vez que nos hayamos encargado de ellos.
—Oye, lee el ambiente. Estamos intentando encontrar una solución pacífica aquí.
A fin de cuentas, las cosas podrían salir como sugería Beatrice, pero obliterar a sus atacantes sin dejar rastro le dejaría un mal sabor de boca a Subaru. Había aprendido eso durante el incidente de las mabestias. En todo caso, la apuesta era aún mayor ahora, ya que esta vez sus oponentes eran humanos.
—Admitiré que tienes un punto. Mientras estemos atrapados defendiendo, nuestras opciones son limitadas... Si pudiéramos encontrar una forma de pasar a la ofensiva, tal vez podríamos resolver este caso de un solo golpe.
—Pero no tenemos suficientes miembros en el grupo ni inteligencia para eso — Liliana completó el pensamiento de Subaru—. Es un punto muerto. Siempre podríamos taparnos los oídos y esperar a que pase la tormenta... Sí, hagamos eso.
—¿Cómo puedes estar tan desentendida? Todos estamos haciendo esto por ti, ¿sabes?
Probablemente se sentía más segura que nunca ahora que estaba bajo el cuidado de un marqués. Al ver lo relajada que lucía Liliana en ese momento, Subaru se dio cuenta de que no tendrían que preocuparse por cómo podría cambiar su relación con ella después de resolver su problema.
El único inconveniente era que todavía no sabían cómo resolver dicho problema.
—Ajá. Atacarlos nosotros... —Subaru repitió sus propias palabras y cerró los ojos pensativo.
Las perfectas cejas de Emilia se juntaron en un fruncimiento de ceño mientras lo observaba.
—Oh-oh, Subaru. Estás tramando un plan malévolo otra vez, ¿verdad?
—¿Otra vez? Dame algo de crédito... Aunque no te equivocas. Sí es malévolo —Con una sonrisa malvada en los labios, Subaru se giró para mirar a las cuatro damas en la habitación. Y mientras todas lo miraban fijamente, Subaru levantó un dedo antes de proponer—: Hay una pequeña estrategia que me gustaría probar... ¿Me pueden ayudar chicas?
10
—Vaya, de verdad que hiciste una estupidez. ¡Aunque nos vino de maravilla!
Mientras el hombre escupía y se reía, a Subaru le costó todo su esfuerzo no soltar una sonrisa. Estaban en una choza en penumbras con las ventanas cerradas para ocultar el exterior. La única fuente de luz en la habitación provenía del mineral de lagmita, y apenas iluminaba tenuemente sus alrededores.
Esta banda claramente estaba acostumbrada a jugar sucio. Esa era la evaluación de Subaru, al menos.
—Si te hubieras quedado atrincherado en esa mansión, esa sirvienta rara tuya podría haberte mantenido a salvo. Para nuestra suerte, saliste a campo abierto. Te confiaste un poco, ¿eh?
El hombre de aspecto rudo le dio una patada a Subaru. Él y el resto de su grupo lucían un comportamiento salvaje que prácticamente gritaba: ¡Somos unos matones! Había ocho en total, algunos dentro y otros fuera de la choza. Incluso si Subaru diera una pelea en serio, ellos tenían la ventaja numérica para matarlo a golpes fácilmente si quisieran.
—¿Pero qué es esto? Aww, qué ternura. Alguien está temblando. Vamos, galán, consuélala.
Al lado del abatido Subaru había una chica temblorosa con la cabeza gacha. Un matón se burló de ella, y Subaru le agarró la mano protectoramente mientras los demás hombres se reían.
—No te preocupes, estaremos bien. Escaparemos de alguna forma... —la tranquilizó Subaru.
—Eso es muy valiente de tu parte. Pero no hay forma de que salgan de aquí. Tomamos muchas precauciones para asegurarnos de que esa sirvienta loca no nos encuentre. Aunque bueno, ya tenemos a la chica, así que no te necesitamos. Después de darte una buena paliza, te dejaremos ir.
El hombre hizo un espectáculo tronándose los nudillos. Subaru tragó saliva en silencio y apretó con firmeza la mano de la chica temblorosa.
El vestido de campesina apenas cubría su cuerpo. Sus hombros descubiertos lucían tan frágiles. Subaru la rodeó suavemente con un brazo para protegerla de las miradas mironas de los matones. Cuando ella se estremeció, los hombres silbaron. Pero entonces—
—¡¿Es verdad?! ¡¿De verdad recuperaron a la chica?!
Tras el grito, la puerta se abrió violentamente de par en par, dejando entrar la luz del exterior a la choza oscura. Subaru entrecerró los ojos por reflejo al contemplar la silueta a contraluz en la puerta, que jadeaba y luchaba por tomar aire.
Tras parpadear varias veces, el recién llegado quedó a la vista. Subaru pudo ver que era un hombre joven. Estaba bien vestido y su cabello estaba peinado de forma impecable. El joven miró alrededor de la habitación, abriendo mucho los ojos cuando divisó a Subaru y a la chica. Gritó:
—¡Ohh, Liliana! Al fin te he encontra— Espera, ¿quién es este hombre?
—Es el sirviente de un ricachón que la estuvo escondiendo. Los atrapamos juntos y—este, ¿joven amo?
La mirada del joven permaneció fija en Subaru, y sus mejillas se enrojecieron en un abrir y cerrar de ojos. Por la forma en que sus matones tanteaban cautelosamente el estado de ánimo del joven, estaba claro que él era su patrón: el cerebro de todo esto.
Cuando Subaru llegó a esta conclusión, el joven resopló con fuerza y chilló:
—¡Miserableee...! ¡¿Qu-Quién... te dio permiso de t-tocarlaaa?!
—¡¿Ehh-ahh?!
La patada del hombre rugiente mandó a Subaru a volar contra la pared. Mientras a Subaru se le desorbitaban los ojos por el ataque repentino, los matones llenaron el silencio con sus propios gritos.
—¡J-Joven amo, ¿a qué vino eso?!
—¡P-P-Porque! ¡Ese infeliz se estaba tomando demasiadas libertades con mi Liliana!
Quitándose de encima a los matones que intentaban sujetarlo, el joven se arrodilló ante Liliana. Manteniendo los ojos fijos en el suelo, extendió una mano y dijo:
—Ohh, mi queridísima Liliana. Por fin nos conocemos. Soy yo, Kiritaka, tu esclavo del amor. Cuando me enteré de que ese infame amante de los semihumanos te llevó a su mansión, una cascada de pura ansiedad casi me destroza el pecho. ¡Ohh... ohh... Liliana...!
Al parecer, al hombre llamado Kiritaka le encantaba oírse hablar. Sin embargo, Subaru no podía refutar la acusación: era consciente de la terrible reputación del marqués, así que lo único que pudo hacer fue poner cara de pocos amigos. En lugar de responderle a Kiritaka, Subaru se sobó los hombros doloridos, se giró hacia los matones y dijo:
—Oigan, ¿no les molesta trabajar para este imbécil?
—Nos paga bien. Con solo atrapar a esta chiquilla vamos a tener dinero de sobra por un buen rato. Así que podemos pasar por alto sus... ya sabes.
Por la forma en que hablaban los matones, parecía que sí sabían de qué pie cojeaba su jefe. Ahora que era consciente de la turbia situación, Subaru previó un final desacertado para todo el alboroto alrededor de Liliana.
Él simplemente había asumido que Liliana era el objetivo debido a cierta canción, pero era Liliana en sí misma la que hacía que Kiritaka ardiera de deseo. La forma en que expresaba su amor era maniática, pero Subaru no podía ver nada más guiando a Kiritaka aparte de eso.
—¡¿Qué pasó, Liliana?! ¡¿Por qué tus preciosos ojos no me miran?! —Cuando Kiritaka se enfrentó al ininterrumpido silencio de la chica, sus obsesivos gritos de pasión se detuvieron. Frunció el ceño y preguntó—: ¿Por qué no hablas...? ¡¿Acaso te hicieron cosas innombrables cuando te trajeron aquí?!
—¡Deténgase, joven amo! Hicimos exactamente lo que nos dijo. Y no debería tener que decir esto, pero nadie en su sano juicio haría nada con una chica plana y preadolescente como—
—Me pregunto cuándo se irán estas moscas molestas.
La voz de una chica gruñó justo cuando Kiritaka y sus hombres empezaban a discutir. En el momento en que la escuchó, Kiritaka levantó la vista, con el rostro enrojeciendo por la impresión. Él fue el único que se dio cuenta de que la voz de la chica frente a ellos no pertenecía a la que estaban buscando.
—¡¿Qu-Quién demonios eres tú?! ¡Tú no eres mi Liliana!
—No mereces saber el nombre de Betty.
Justo cuando Subaru pensaba en silencio: Pero si les acabas de decir tu nombre, la chica de las coletas se puso de pie. A diferencia del pelo de Liliana, el suyo estaba recogido en dos apretados tirabuzones.
—Afuera y adentro, tenemos a nueve personas. Me pregunto... ¿serán suficientes todos esos dedos para darnos lo que necesitamos?
Un instante después, los gritos roncos de los hombres resonaron en las paredes de la choza.
11
Subaru había propuesto un plan sencillo para pasar a la ofensiva contra los matones que iban tras Liliana.
—No era práctico seguirlos de vuelta a su base, así que obedientemente nos dejamos secuestrar y dejamos que nos llevaran directo con su cerebro. Para nuestra suerte, ustedes no son de gatillo fácil.
—Con todo lo que me hiciste pasar, el éxito era inevitable, supongo —Con un suspiro, Beatrice se limpió la cara y las extremidades con la toalla que Subaru le tendió. El maquillaje se fue quitando gradualmente, revelando su tono de piel original.
Mientras observaba a Beatrice limpiarse minuciosamente todo el cuerpo, Subaru se cruzó de brazos y dijo:
—Pero cielos, entre más te pareces a Beako, más raro se te ve ese atuendo.
—¿Y exactamente de quién fue el plan que me obligó a vestirme así en primer lugar?
—Bueno, mi plan, obviamente... Solo que no me di cuenta de que me daría tanta pena ajena.
Mientras Subaru se encogía de hombros decepcionado, las venas le saltaron en la frente a Beatrice. En ese momento estaba vestida con un disfraz para engañar a sus atacantes; en otras palabras, el atuendo de baile muy revelador de Liliana. Ni Liliana ni Beatrice parecían particularmente maduras, pero por una razón que Subaru no podía explicar, ver a Beatrice con ese atuendo tan escaso era de alguna manera peor.

(Se preguntaba si se debía a que la conocía mejor y sabía cómo se vestía normalmente). —Si no me lo hubieras pedido y si esa chica no necesitara ayuda, me pregunto qué en el mundo habría podido hacer que realizara semejante locura.
—Cuando se me ocurrió la idea de usarte como carnada... Hasta yo me sorprendo de lo podrido que puedo llegar a ser a veces... Aun así, al final del día, eres una especie de despistada.
—Sonó como si me hubieras dicho la cosa más insultante posible en este preciso momento.
—Ah, no, era un cumplido. Es la expresión de moe más vanguardista de la era actual. Aunque no sé si se mantenga de aquí a diez años.
Ignorando la mirada agria de Beatrice, Subaru examinó la carnicería en la choza. Todos los matones estaban tirados en el suelo tras haber sido golpeados sin piedad por Beatrice. Kiritaka estaba fuera de combate como el resto y, al parecer, le había amortiguado la caída a un matón enorme. Subaru juntó las manos y murmuró una rápida oración por el hombre.
Una condición para la treta del secuestro era que Liliana no corriera peligro. Tampoco era una opción llevar a Rem como protección, ya que los hombres sabían guardar su distancia de ella. Y como poner a Emilia en algo que tuviera el más mínimo parecido con el peligro era inaceptable, solo quedaban Subaru y Beatrice.
Para hacer que funcionara, le pidieron a Puck que persuadiera a Beatrice, quien se había mostrado muy reacia. Tras una rápida sesión de cambio de imagen por parte de las chicas entre risitas, Subaru se llevó a Beatrice para iniciar su treta.
Ni siquiera Subaru, el gran arquitecto de esta estratagema, soñó que saldría tan bien.
—Mi propia astucia me asusta a veces —murmuró—. Pero el hecho de que hayamos llegado hasta el cerebro de todo significa que Ram está haciendo un viaje en vano. Ahora es aún más probable que me dé una regañina cuando vuelva. Qué patético.
—Si tienes tiempo para refunfuñar, deberías atarlos para que no puedan escapar, supongo. La gemela menor llegará en breve y tendrá que llevarlos de vuelta a la mansión.
—Y allí les aguarda el interrogatorio del terror de Roswaal... Me dan lástima, muchachos... aunque se lo buscaron ustedes mismos.
Esto es lo que pasa cuando dejas que el capricho se te salga de control. Subaru reflexionó que los acosadores eran probablemente igual de aterradores en cualquier mundo. Aunque en cuanto a qué era exactamente lo tan atractivo de Liliana cuando no estaba cantando... solo Kiritaka, actualmente inconsciente y echando espuma por la boca, lo sabría.
—Bueno, de cualquier forma, este fue un desenlace inesperado. Cuando los hombres de blanco se enteren de que atraparon a su cerebro, se rendirán o se retirarán. Así que... caso cerrado, supongo.
Aunque sentía que el final era un poco anticlimático, Subaru se permitió relajarse por el momento. Entonces estiró la mano para alcanzar la lyulyre en su funda, la cual había salido volando al otro lado de la habitación. Beatrice la había traído consigo como accesorio para su disfraz de Liliana.
—¿Espero que esté bien? Si se rompió, no sé qué me haría Liliana.
Recuperó cuidadosamente la lyulyre de su funda y pasó los dedos por las cuerdas. Una vez que escuchó su suave sonido, comenzó a improvisar una canción.
Beatrice le lanzó una mirada sorprendida y dijo: —Oye... ¿de verdad puedes tocar ese instrumento, me pregunto?
—Sí, no es muy diferente de una guitarra acústica. La tomé prestada de vez en cuando durante los últimos tres días; así que mientras sea música folk de los setenta, puedo apañármelas a tropezones.
En su mundo anterior, a veces tomaba prestada la guitarra de su padre y mataba el tiempo tocando canciones folk. Era un ejercicio inútil, ya que no había nadie alrededor para escucharlo, pero ahora, en otro mundo, su esfuerzo por fin estaba dando frutos.
—Como los titulares de los derechos no pueden caerme con una orden de cese y desista aquí... tal vez sea hora de que traiga una revolución musical a este mundo.
—Por lo que sé de ti, cuando se trata de habilidades inútiles, no tienes rival. Me pregunto, ¿qué sentido tiene volverse tan diestro en afanes inútiles?
—Oye, arder de pasión por afanes inútiles es de lo que se trata el romance, mi estimada.
Beatrice sacudió la cabeza y lanzó un resoplido de frustración desde el fondo de su corazón. Luego, de forma inexplicable, cerró los ojos y escuchó la música. Su expresión era extrañamente pacífica.
—Cielos, ¿qué voy a hacer contigo?
A medida que Beatrice se tranquilizaba y lo escuchaba tocar con respeto, Subaru se sentía reacio a parar. Y poniéndose esas pequeñas excusas a sí mismo, Subaru continuó tocando en un concierto privado para dos... hasta que Rem entró corriendo a la choza con una mirada de preocupación en el rostro.
12
—Espera. ¿Estás diciendo que las canciones de Liliana no tenían nada que ver con los intentos de secuestro? —murmuró Emilia, abriendo mucho los ojos por el asombro después de que Subaru le contara lo sucedido.
El plan había concluido sin inconvenientes. Los matones y su cerebro habían sido llevados de vuelta a la mansión y se encontraban en medio de un suave interrogatorio con Rem y Roswaal.
Mientras esperaba a que terminaran, Subaru había ido a ver a Emilia y a Liliana para informar a las dos nerviosas chicas de que la situación había concluido. Después de contarles todo en el jardín, ambas chicas se sintieron aliviadas al saber que todo se había resuelto de forma pacífica.
—Eso sí que son buenas noticias. Subaru, ¿espero que no estés herido? ¿Beatrice también está bien?
—Casi lloro cuando me maltrataron, pero me mantengo firme por ti, Emilia-tan. En cuanto a Beako, tan pronto como regresó, se cambió de ropa y se encerró en su habitación como de costumbre.
—Ah, ya veo... Es una lástima, porque Beatrice se veía muy linda así.
Subaru sonrió con suficiencia ante la decepción de Emilia. Para Beatrice, todo el calvario de ser una muñeca de vestir probablemente había sido bastante agonizante. Tan pronto como regresó, se quitó el disfraz, se lo arrojó a Subaru y desapareció en la Biblioteca Prohibida.
—¿Conque es así...? —murmuró Liliana dócilmente tras romper su silencio—. Qué lástima. Quería agradecerle adecuadamente a la señorita Beatrice.
Era comprensible que, como alguien que había sido el centro de un crimen que acababa de resolverse, Liliana tuviera muchas emociones que procesar. Especialmente la parte en la que había sido víctima de un insidioso acosador.
—Así que ese cerebro, Kiritaka... ¿alguien lo conoce? Por lo que se ve, estaba bastante prendado de ti. A lo mejor no ve bien.
—Ignorando las últimas palabras que dijiste... bueno, sí, lo conozco. Antes de venir aquí y antes de visitar Wawer, había un pequeño pueblo mercantil. Creo que es el heredero de un famoso comerciante que vive allí.
—A mí me parecía asquerosamente rico, así que supongo que cuadra... Así que, este, sobre el asunto de que te acosara... dime que al menos eras parcialmente consciente de eso.
—Bueno, le encantaban mis canciones y me invitó a algunos banquetes deliciosos... pero sentí que le di una despedida satisfactoria.
—¿No me digas que estafas a un rico ingenuo en cada pueblo que visitas?
Entre el viejo rico de Wawer y el heredero comerciante pervertido, empezaba a darse cuenta de que Liliana debía ser considerada una belleza en este mundo. Para Subaru, cuyo ideal era Emilia, era una preferencia incomprensible.
Subaru la miró descaradamente de arriba abajo, haciendo que Liliana se abrazara el pecho plano con sus delgados brazos y dijera: —¡¿Qu-Qué estás haciendo?! ¡Deja de desvestirme con la mirada! ¿Qué, acaso por fin te diste cuenta de mi atractivo ahora que has visto a otros obsesionarse conmigo? ¡¿Te has vuelto loco de amor?!
—Ya, ya. Solo me alegra ver que volviste a ser la de siempre. Y sabes, nunca es culpa de la víctima cuando la acosan, así que arriba ese ánimo. Y aquí tienes tu lyulyre de vuelta.
—¡Ja! ¡No estoy del todo satisfecha con eso! Aunque gracias por la lyulyre.
Liliana seguía frunciendo el ceño mientras tomaba la funda de la lyulyre. Pero una alegría forzada seguía siendo alegría. Cualquier pizca de agallas que pudiera sacarle era mejor que nada.
—¿Qué pasa, Emilia-tan? ¿Por qué me contemplas con esos ojos tan bonitos y gentiles?
—Mmm, ¿por ninguna razón? Solo pensaba que a veces eres casi tan honesto como Beatrice —Emilia soltó una risita cubriéndose la boca con la mano mientras Subaru ladeaba la cabeza confundido.
—Pero, pero, pero, me temo que ahora estoy aún más en deuda con ustedes — suspiró Liliana—. Ahora no estoy en posición de pedirle al señor de la casa la epopeya de un héroe. Qué desesperación. ¡Mis esperanzas se han chafado!
Mientras tanto, a pesar de que la crisis frente a sus narices se había resuelto, a Liliana se le cayó la mandíbula de la desesperación al analizar objetivamente la situación en la que se encontraba ahora. Desde su perspectiva, no había hecho más que causarle problema tras problema a los residentes de la mansión Roswaal.
Ni siquiera Liliana, un faro de desfachatez, podía soportar ser tan desagradecida.
Pero conociendo las verdaderas intenciones de Roswaal, Subaru sabía que la ansiedad de Liliana era innecesaria. En todo caso, las cartas habían caído a favor de Roswaal, ya que ahora Liliana la barda estaba muy en deuda con él y tendría que participar en la selección real.
—Bueno, estoy seguro de que Roswaal se te acercará con los detalles cuando llegue el momento. Es más, hasta podría darte un abrazo de oso por estar en deuda con él.
—¿Eh...? ¿Qué se supone que significa eso?
—Ya te enterarás muy pronto.
Tanto Emilia como Liliana estaban confundidas por lo que dijo Subaru. Dejando a Liliana de lado, la incapacidad de Emilia para captar la información oculta realmente resaltaba su inocencia de una manera adorable.
Con un pequeño “¡Bien pues!”, Subaru se puso de pie y miró hacia la mansión. El interrogatorio había durado cerca de una hora. Sin duda, debían de haber extraído alguna información.
—Dudo que Roswaal deje que el acosador y la víctima tengan un enfrentamiento directo, pero me gustaría saber su opinión de todos modos. Vamos a verlo.
—Ah, este, antes de irnos, ¿podríamos dejar mi instrumento y mi ropa de cambio en mi habitación?
Al oír que iban a donde estaba el cerebro del plan, Liliana le pidió un favor con una expresión sombría en el rostro. Y, en efecto, la ropa que le había hecho vestir a Beatrice y su lyulyre no serían exactamente lo más adecuado para llevar a un enfrentamiento.
—Está bien, supongo que haremos eso primero. Emilia-tan, adelántate al estudio sin mí.
—Entendido. Tengo que asegurarme de que los malhechores reciban su merecido castigo —musitó la dulce y amigable Emilia con enfado mientras apretaba sus delgadas manos en puños.
Aunque la escena le pareció encantadora, caminó con Liliana en la dirección opuesta a Emilia. En lugar de ir al estudio de Roswaal con ella, se dirigieron al ala este, al lado contrario, donde estaba la habitación de huéspedes de Liliana.
Y entonces—
13
Emilia regresó a la mansión desde el jardín central y subía las escaleras del ala principal cuando levantó la vista de repente, presintiendo a alguien. Y justo frente a ella, en el descanso de las escaleras que conducían al tercer piso, apareció Rem, con la falda ondeando a su alrededor.
Pestañeando sorprendida ante la corta falda que se agitaba ante sus ojos, Emilia dijo:
—Rem, no corras por los pasillos. Es peligroso.
—Ah, señorita Emilia. Perdone, pero tengo un asunto urgente que atender.
—¿Está todo bien?
Emilia arqueó una ceja hacia Rem, quien estaba atípicamente aturdida. Rem corrió hacia Emilia, miró hacia abajo por las escaleras detrás de ella y preguntó: —¿No están Subaru y Liliana con usted?
—Este, pasaron por su habitación a dejar algunas cosas... ¿Acaso descubriste algo?
—Sí, obtuve la mayor parte del señor Roswaal. Kiritaka Muse, heredero de la Compañía Muse, estaba detrás del complot. Al parecer, se encaprichó con Liliana.
—Sí, Subaru también me dijo eso...
Y Liliana había parecido confundida, sin pensar que Kiritaka estuviera tan obsesionado con ella. Pero Rem simplemente sacudió la cabeza hacia Emilia y dijo:
—Lo siento muchísimo, pero ese no es el verdadero problema. Kiritaka sí contrató a esos matones para que le devolvieran a la señorita Liliana. Y gracias a la treta de Subaru, ese plan fracasó. Sin embargo...
—¿Eso no fue todo?
—Según Kiritaka, no recuerda haber contratado a los hombres de blanco. Insistió en que no tenía nada que ver con ellos.
En el momento en que escuchó esto, Emilia se dio cuenta de por qué Rem tenía tanta prisa y bajó corriendo las escaleras. Rem se le unió, y las dos corrieron a toda velocidad hacia el ala este, a donde habían ido Subaru y Liliana: a la habitación de Liliana.
Al no poder ver a nadie detrás de la puerta entreabierta, Emilia habló, con la voz temblando de vergüenza por su error.
—Nunca regresaron.
14
Subaru estaba atado de pies y manos, tirado sobre la carreta, cuyas ruedas chirriaban contra el suelo. Lo único que podía hacer era mirar fijamente al cielo.
Liliana y él habían sido emboscados en su camino de regreso a la mansión. Lo siguiente que supo fue que estaba allí, boca arriba, sin ver nada más que el cielo azul.
Estaba envuelto firmemente en tela y luego atado con una cuerda, inmovilizado de la peor manera posible. Había un tenue dolor persistente en su cabeza por haber sido golpeado y, a juzgar por la forma en que lo habían atado—
—Aja, parece que el jovencito también despertó. Siento que hayamos sido tan rudos contigo, chico.
La voz retumbante provino de alguien que notó que Subaru estaba consciente. Subaru estiró el cuello para mirar en dirección a la voz, y allí vio una figura sentada y cubierta con una túnica blanca. Al notar el inquietante atuendo blanco de pies a cabeza, Subaru por fin comprendió la situación en la que se encontraba.
Los hombres de blanco no habían cesado sus actividades, a pesar de que su jefe había sido capturado. Tenían que ser un bando no relacionado.
—Espera, ¡¿eso significa que ser fan de Liliana y querer su canción eran dos motivos separados?! ¡¿Es que no podían complicar más las cosas?!
—La musa ha hablado. Les presento mi nueva canción: “Liliana, una flor pecaminosa”.
—¡Cállate! ¡No es momento para cantar! —le gritó Subaru a la chica, que estaba atada igual que él. No podía ver a Liliana por la posición en la que estaba, pero dado que todavía era capaz de pronunciar su tontita coletilla habitual, parecía que su ánimo no estaba completamente roto. Dejando escapar un suspiro de alivio para sus adentros, Subaru giró la cabeza para mirar al hombre de blanco.
—Entonces... ¿hay alguna probabilidad de que hablemos sin patadas ni puñetazos?
—Sí... nosotros también preferiríamos eso. Quizás sea demasiado tarde, pero queremos moverlos sin demasiada brusquedad.
—¿Demasiado tarde? No me digas. Vaya credibilidad que tienes.
El hombre soltó una risita con un silencioso “Buen punto”. Luego se quitó la capucha blanca, revelando un rostro con barba. Parecía rondar los cuarenta y tantos años.
—Somos las Escamas del Dragón Blanco, mercenarios a sueldo.
Al exponer su rostro y ofrecer su nombre, era evidente que el hombre intentaba negociar. Era un gesto sorprendentemente cordial, considerando lo bruscamente que había tratado a Subaru antes. Subaru sintió que el intento de buena voluntad del hombre era tan torpe como las ruedas de la carreta sobre el suelo debajo de ellos.
—Agh, voy a vomitar. ¿Al menos podrías dejar que uno se siente mientras le hablas?
—Nada me daría más gusto que eso... pero por desgracia, te atamos tan bien y tan apretado que ahora mismo estás tieso como una tabla de madera, y tratar de sentarte sería todo un problema. Lo siento, pero tendrás que seguir acostado.
—Bueno, si me mareo en la carreta, ya sé a dónde apuntar. Tiemblen ante mi poderoso ataque de vómito de mayonesa.
Debido a su pequeña treta de más temprano ese día, todo lo que Subaru había comido era el equivalente de este mundo a la mayonesa, así que eso era lo único que saldría si surgía la necesidad.
La ocurrencia de Subaru pareció ganarse al hombre. Mientras levantaba los brazos en un gesto de derrota, otra voz se interpuso en su conversación.
—Espera, ¿esta carreta la arrastra esa cosa parecida a un buey en lugar de un dragón de tierra? Cielos, ustedes sí que usan animales de la vieja escuela. Prácticamente vamos montando una reliquia, ¿saben?
—No sé si dices eso por la impresión, por sarcasmo, por asombro o por intimidación, pero nada de eso ayuda en este momento, así que cállate un minuto.
Subaru giró la cabeza y agarró el pie atado que apenas alcanzaba a ver en su campo de visión, y un juego de dedos le respondió moviéndose. Al parecer, habían acostado a Liliana y a Subaru uno al lado del otro, cruzados de cabeza a pies.
—Supongo que este es un caso clásico de salir de la sartén para caer en el fuego. No lo vimos venir.
—¡Sí, parece que el éxito de nuestra estrategia de secuestro nos salió el tiro por la culata de forma épica! Ahora, chico de los recados, como arquitecto de este plan maestro, ¡me encantaría saber qué estás pensando en este preciso momento!
—Estoy pensando que si tan solo pudiera darle una bofetada a tu descarada cara ahora mismo, nada más importaría.
Gracias a las tonterías habituales de Liliana, Subaru fue capaz de mantener la compostura de alguna manera. Aunque en realidad, los hombres de blanco los tenían en la palma de su mano. Y Liliana tenía razón; la emboscada de las Escamas del Dragón Blanco solo había funcionado porque Subaru había bajado la guardia tras el éxito de su treta. Aunque los hombres de blanco no lo hubieran planeado así, las circunstancias habían vinculado a los dos grupos y dejado a la barda servida en bandeja de plata.
—Estoy bastante seguro de que nuestros compañeros en la mansión ya se dieron cuenta de que no estamos...
Sin embargo, era dolorosamente evidente que la falta de personal afectaría la rapidez con la que sus amigos podrían encontrarlos. Su lista de aliados ya era bastante corta de por sí, pero Ram seguía fuera en una investigación. Ni Emilia ni Roswaal podían actuar directamente, y Subaru no estaba seguro de si Beatrice ayudaría.
Eso significaba que la única que podía buscarlos activamente era Rem.
Leyéndole el pensamiento, Liliana intervino: —Nuestros amigos tienen que vigilar a la gente que acabamos de atrapar, así que nuestras probabilidades de rescate son bastante escasas, ¿eh?
—Sí... me temo que sí.
Las palabras de Liliana fueron una puñalada. Con su situación siendo desalentadora en todos los sentidos posibles, ¿cómo podrían Subaru y Liliana mantenerse a salvo?
—Parece que estamos por nuestra cuenta. Solo nosotros y la diplomacia.
Elaborarían con destreza y elocuencia una súplica que no alterara a sus captores y que diera como resultado su liberación. Por suerte, sus captores habían dado señales de que sí querían negociar. La única opción de Subaru era enfrascarse en un poco de esgrima diplomática, buscando puntos medios y asegurando su liberación sanos y salvos.
—Tú puedes, chico de los recados.
—Si quieres que esto funcione, mantén esa boca cerrada. No me respondas a esto... solo toma nota.
—¿Ya terminaron ustedes dos?
Al ver que sus cautivos estaban concluyendo su conversación, el hombre regresó, se dejó caer sobre la plataforma de la carreta con un golpe seco y cruzó las piernas.
—Ahora, permítanme presentarme de nuevo... Somos una banda de mercenarios llamada las Escamas del Dragón Blanco.
—Lo siento, pero soy nuevo en la ciudad, así que no estoy al tanto de los chismes locales. Por su parte, ella es una barda itinerante sin raíces que valgan... y, bendito sea su corazón, es medio tonta y lenta para entender las cosas.
—¡Oye, chico de los recados! ¡No bendigas mi corazón! ¡Este no es momento para propuestas románticas!
En favor de que las negociaciones avanzaran sin problemas, Subaru ignoró el pequeño exabrupto de Liliana. El hombre barbudo siguió su ejemplo e ignoró a Liliana también, acariciándose la barbilla pensativo.
—Bueno, no puedo culparte por no haber oído de nosotros. Solo una parte de Lugunica sabe de nuestra existencia, y eso fue hace unos diez años. Ya no tenemos precisamente tanta reputación.
—Antes... ¿se disolvieron y se volvieron a juntar? De verdad deberían considerar su edad si van a andar haciendo travesuras.
—No, no nos disolvimos. Aunque sí le bajamos un poco al ritmo. Pero luego nos salió este trabajo que teníamos que terminar. No podemos colgar las túnicas definitivamente hasta que lo hagamos.
La voz del hombre barbudo era baja, y sus ojos estaban llenos de determinación. Entre el ambiente de orgullo y el toque de tragedia en la actitud del hombre, Subaru presintió que había circunstancias extraordinarias en juego.
Tumbado boca arriba, Subaru dejó escapar un suspiro y dijo: —Así que... ¿están haciendo un último trabajo antes de retirarse por fin?
—Nuestro tesorero nos traicionó... se escapó a escondidas con hasta el último centavo que teníamos a nuestro nombre. Solo queremos recuperar todo lo que nos robó. No podemos retirarnos hasta que lo hagamos.
—Espera, ¿qué...? ¿Qué tiene que ver eso con Liliana?
Guiándose solo por la edad, era imposible creer que Liliana fuera la tesorera en cuestión.
—El traidor se construyó una enorme mansión en la ciudad con la fortuna que robó. Estamos seguros de que ha estado dándose la gran vida, el miserable... De todos modos, lo encontramos. Íbamos a recuperar el dinero y cerrar ese capítulo... ¡pero ese viejo astuto!
Subaru esperó a que el hombre continuara.
—Se dio cuenta de que le seguíamos la pista. Fue entonces cuando escondió el dinero en una cueva y la cerró con un meteor. Y la llave para abrirla es una canción, de entre todas las cosas.
—¡Una canción...! Ahora lo entiendo. Así es como ella está conectada.
Mientras escuchaba hablar al hombre barbudo, la palabra canción atravesó su cerebro como un rayo. El viejo que había recibido a Liliana en su casa y le había enseñado la canción que nunca debía ser cantada... ese era el tesorero que había traicionado a las Escamas del Dragón Blanco. Y esa canción era la llave para romper el sello que el viejo había usado para esconder su tesoro.
El viejo le había encajado la llave a Liliana, una viajera. Luego la había echado de su casa y enviado muy lejos de la ciudad donde estaba escondido su tesoro. Después, cuando los miembros de las Escamas del Dragón Blanco se enteraron de que Liliana se sabía la canción, intentaron atraparla. Kiritaka solo era un imbécil cualquiera. Un poco de ruido blanco que hacía que todo fuera menos claro.
—¿Y el hombre rico de Wawer es su traidor? Cielos, ¿todo este tiempo se trató de una trama de venganza?
—Sí que le guardamos rencor por traicionarnos. Pero a estas alturas, no nos importa realmente lo que le pase. Solo queremos nuestra fortuna... Solo queremos recuperar lo que nos ganamos por derecho. Tenemos que recuperarlo.
El hombre bajó la mirada, con voz firme y llena de cruda determinación. Subaru presintió que tenían una razón para necesitar tanto dinero. Una razón que apremiaba.
—Esta cueva donde está escondido el dinero... ¿saben dónde está?
—Lo sabemos. Así que todo lo que necesitamos ahora es la canción para abrirla. En otras palabras...
—Si Liliana canta y abre la cueva, habrá un motivo de gran alegría.
El asunto se resolvería, y Subaru y Liliana serían puestos en libertad.
El rostro de Subaru se iluminó. Había encontrado un punto medio en el que ambas partes podían estar de acuerdo y una forma de salir libres en paz. Buscando la aprobación de Liliana, se giró hacia la chica, cuyos dedos estaban temblando.
—Oye, Liliana, escuchaste eso, ¿verdad? Lo único que tienes que hacer es cantarle esa canción que nunca debe ser cantada a la cueva y todo estará bien. Así que—
—...me niego.
—¿Eh? —tanto Subaru como el hombre barbudo gruñeron al unísono. A tal punto pareció salir de la nada la respuesta de Liliana. Sus dedos se proyectaron rectos como garras. Era como una expresión física de la naturaleza inquebrantable de su voluntad.
—Encantamientos para abrir cuevas... jamás cantaré para semejante propósito. La música no es... ¡La música no es ningún sustituto del dinero ni del tesoro, ni de cosas que con el tiempo desaparecerán! ¡Me niego! No se burlen de la música... no se burlen de las historias... ¡y no se atrevan a mirar hacia abajo a los bardos!
15
Sobre el suelo frío y duro, Subaru cambió el ángulo de su trasero para aliviar el dolor.
Mientras se frotaba las rodillas para combatir el frío de la cueva, se preguntó qué hora sería. Quizás porque antes, cuando estaban afuera, ya se veían señales del atardecer, supuso que a esas alturas ya debía de estar completamente oscuro.
De vez en cuando, una ráfaga de viento soplaba a través de la cueva, haciendo eco en las paredes como los gemidos de espíritus perdidos o necrófagos. Si no fuera por las linternas que se reflejaban tímidamente en las paredes y el sonido de la gente hablando, este lugar podría confundirse fácilmente con una dimensión alejada de los vivos y los muertos.
Entre el viento aullante y el frío diurno, nadie por aquí se atrevería a hacer sus necesidades cerca de un lugar como este. El sitio perfecto para esconder una fortuna.
El hombre barbudo reforzó las impresiones de Subaru con su pequeño comentario mientras se apoyaba contra la pared, con una sonrisa salvaje en el rostro. Aunque su lenguaje y su tono eran vulgares, su intento de entablar conversación con sus cautivos demostraba que era un hombre reflexivo y lógico. Acercó su rostro barbudo y al descubierto a Subaru y Liliana.
—Oí que no es una buena idea que un secuestrador dejé que sus cautivos le vean la cara —argumentó Subaru.
—Sí, lamento que te hayas visto envuelto en esto, muchacho. Es solo que habría sido un dolor de cabeza si montabas un escándalo, ¿sabes? No me odies. Es tu culpa por estar con esa chica en el lugar equivocado en el momento equivocado.
—Eh, no, sí los voy a odiar. No me eches la culpa a mí.
—Lo justo es lo justo —El hombre barbudo soltó una carcajada desde el vientre. Parecía divertido con su charlatán rehén.
Subaru pensó que el tipo tenía mucho descaro para reírse en un momento como este. Después de todo—
—¡Córtenle a sus estupideces de superiores! ¡¿Acaso intentan hacernos enojar?!
Desde lo más profundo de la cueva, un rugido furioso atravesó el aire y rebotó en las paredes. La voz estaba llena de intimidación, rabia y amenaza. La furia en ella era genuina. Para cualquiera que escuchara esa voz, estaba claro que su indignado dueño podría irrumpir y desatar su violenta ira sobre todos los presentes. Y aun así—
—¡Nooo! ¡Me niego! Mis canciones solo se cantan de una manera divertida que esté a su altura. ¡No cantaré para ningún otro propósito! ¡No se burlen de un bardo, o se van a arrepentirrr!
La réplica estaba tan cargada de rabia que resultaba evidente que su conversación no estaba siendo muy productiva. La chica rechazaba la exigencia con cada fibra de su ser, lo que reflejaba lo mucho que estimaba su profesión.
—Esto no va a ninguna parte... —El hombre barbudo se rascó su corta cabellera despeinada. Subaru no podía estar más de acuerdo. Ambos bandos tenían una línea que no estaban dispuestos a cruzar, y no había ningún puente a la vista que pudiera unirlos.
Tras varias horas de los cáusticos gritos de Liliana, la disputa había continuado incluso después de llegar a la cueva en cuestión. Las Escamas del Dragón Blanco eran un grupo pequeño formado por unos diez hombres, incluido el barbudo. El hombre barbudo que vigilaba a Subaru parecía ser el líder del grupo. Como había demostrado ser alguien moderado, Subaru y Liliana habían evitado los maltratos hasta ese momento.
Pero muchos de los miembros del grupo favorecían un enfoque más radical. El hombre que ahora intercambiaba duras palabras con Liliana era uno de ellos: un joven de cabello castaño corto y voz infantil. El joven llevaba un vendaje en la nariz. La herida debajo era probablemente la razón principal de su terquedad.
—Se rompió la nariz la primera vez que visitamos su pequeña mansión. La mujer de cabello azul se la dejó así. Se la aplastó como si lo disfrutara. Por eso está tan enfurecido —explicó el hombre barbudo.
Subaru respondió con un comprensivo “Ahhh”, sintiendo pura simpatía por el hombre. Había otras tres personas, además del hombre de la nariz rota, que estaban enojadas por haber sido también víctimas de Rem.
—Pero Liliana está siendo igual de terca... demasiado terca —murmuró Subaru—. Su devoción por su profesión es admirable, pero... ¿de verdad es tan importante? ¿De verdad vale la pena morir por ello?
A pesar de la incesante lluvia de insultos de los hombres, Liliana juró que nunca se doblegaría ante su voluntad. Justo cuando Subaru la había calificado como una despistada sin carácter, le dio por demostrar una entereza e inflexibilidad absolutas. No podía imaginar a nadie más molesto y difícil de tratar que ella en ese momento.
—Sí... ten por seguro que es importante. Tiene que haber algo ahí afuera por lo que valga la pena sacrificar la vida...
Sorprendentemente, quien estuvo de acuerdo con la declaración de Liliana no fue otro que el hombre barbudo. Cuando Subaru le dirigió una mirada dudosa, el hombre barbudo lanzó una mirada inquieta hacia lo profundo de la cueva y dijo:
—Vivir es fácil si lo único que haces es comer, dormir y respirar; cualquiera puede hacer eso. Pero si quieres hacer algo con tu vida... bueno, ahí es cuando empiezas a encontrar cosas en las que no puedes dar el brazo a torcer.
—Palabras muy nobles viniendo de ti, amigo. ¿No había alguna razón por la que tenías que terminar el trabajo rápido?
—Los otros muchachos sí la tienen, sí. Pero yo... esa razón ya no existe. La razón por la que sigo aquí es porque quería demostrar que hay algo más en mi vida que solo comer, dormir y respirar.
El hombre barbudo bajó la mirada, tomó una botella de licor cercana y le dio un trago. Se limpió bruscamente el chorro de licor de la cara con la manga y, al mirar hacia la oscuridad de la cueva, había un vacío en sus ojos.
Subaru no conocía su historia, y no iba a preguntársela. Probablemente el hombre tampoco se la diría. Pero cuanto más tiempo pasara, más difícil sería para todos los involucrados.
—Oye, caballero barbudo... Lo siento, pero ¿podrías aflojarme un poco las cuerdas?
—No te confundas, muchacho. Queremos resolver esto de forma pacífica, así que no te estamos dando una paliza, pero tampoco te vamos a liberar. Si tan solo sueñas con escaparte, las cosas se van a poner feas.
—Sí, sí, lo sé. Prometo que no voy a huir. Puedes dejarme las manos atadas. Solo déjame caminar más profundo en la cueva. Quiero hablar de unas cosas con Liliana.
El hombre barbudo miró a Subaru y sopesó la propuesta durante un momento. Luego suspiró y dijo:
—Sí, de lo contrario esto es un callejón sin salida... Está bien. Siempre es más fácil convencer a una persona si pones a su amigo a hacerlo. Es mejor para todos.
El hombre barbudo desató los pies de Subaru. Por fin libre de moverse otra vez, estiró sus extremidades entumecidas, dejando que la sangre fluyera por ellas antes de ponerse de pie.
—Tú vienes conmigo, ¿de acuerdo? Nada bueno saldrá de quedarse aquí bebiendo.
Haciéndole una seña al hombre con la barbilla por encima del hombro, Subaru empezó a adentrarse en la cueva, todavía con las manos atadas. Mientras caminaba, con la brisa fría agitándole el cabello, Subaru entrecerró los ojos ante la luz de la piedra de luz. Luego los abrió con cuidado hacia la iluminación y lo vio.
—Conque esto es... el estúpido meteor que se desbloquea con una canción.
Ante los ojos de Subaru se alzaba un muro negro que bloqueaba el camino hacia lo más profundo de la cueva. La pared que obstruía el pasadizo de piedra tenía grabados geométricos y, en el centro, había incrustado un cristal azul. El muro en sí parecía estar hecho de un material similar al hierro, pero era un poco demasiado negro y un poco demasiado misteriosamente imponente para eso.
—Está preparado para moverse solo cuando se cumplen ciertas condiciones — explicó el hombre barbudo—. No siempre tiene que ser una canción, pero esta puerta está configurada para abrirse solo cuando esa chica de allá cante la canción.
—¿Estás seguro de que Liliana tiene que cantarla? —preguntó Subaru.
—No se abrirá si la canta cualquier otro. Nuestro traidor la hizo cantar hacia el meteor y usó eso para poner el sello mágico en esta cueva. Por eso solo la canción de esa chica puede abrirla.
Al escuchar la explicación del hombre barbudo, Subaru se acercó de nuevo al meteor. Y ante el muro negro estaba Liliana, que ahora se negaba rotundamente a cooperar, y los hombres de blanco, intentando furiosamente hacerla cantar.
—¡Esto es una estupidez, estamos tan cerca! ¡Solo canta un poquitito y todo habrá terminado!
—Me niego. Y no puedo tolerar que se burlen de mi música ni un poquitito. La musa ha hablado. Les presento mi nueva canción: “Tu corazón —a diferencia de tu ropa— es negro como el carbón”.
—¡Cállate, pedazo de terca! ¡No los provoques! —le gritó Subaru a Liliana, quien ignoraba a los hombres mientras estos continuaban amenazándola. Sobresaltada por la entrada de un tercero, Liliana abrió un ojo y miró a Subaru.
—Oh, ¿qué pasa, chico de los recados? ¿Llegamos a la parte en la que te torturan desalmadamente frente a mí para hacerme hablar? Bueno, lo siento, pero aunque el chico de los recados se convierta en un pedazo de carne, no voy a dar mi brazo a torcer.
—Para con eso, no me hace ninguna gracia. Además, si estos tipos se desesperan, por ser chica a ti te va a ir muchísimo peor que a mí. Entiendes a lo que me refiero, ¿verdad? Espero que sí.
—¡¿Qu-Qué estás fantaseando, enfermo?! ¡C-Cállate, perro estúpido...!
Con el rostro completamente rojo, Liliana mostró vergüenza por el giro oscuro de la conversación, el cual ella misma había provocado en gran medida. Suspirando por su falta de previsión, Subaru volvió a mirar a los mercenarios.
—Empatizo con su problema, pero se dan cuenta de que no les va a hacer caso, ¿verdad? me da pena decirlo, pero ella no va a transigir con sus principios, incluso si le hacen mucho daño.
Al escuchar la súplica frustrada de Subaru, los hombres intercambiaron miradas incómodas.
—Y tú... no vas a cantar sin importar qué. No importa lo desesperados que estén estos tipos para que cantes, no vas a cantar.
—Chico de los recados... —Liliana miró a Subaru con una mirada cargada de significado—. Si mi canción es necesaria, entonces cantaré. Pero no es mi canción lo que estos hombres quieren; son los resultados de mi canción. Jamás cantaría por una razón así. Aunque me corten la garganta y me arranquen la lengua, no cantaré.
—¿Así que ni siquiera cantarás si tu vida depende de ello?
—Ni aunque mi vida dependa de ello, no. Si doblego mis principios por miedo a perder la vida una sola vez, mi orgullo se agrietará y podrá romperse fácilmente una y otra vez. Y una vez que esté lleno de grietas, mi orgullo será invisible para todos. Y cuando me mire al espejo, tendré que verme a mí misma sin nada de orgullo... y antes de eso prefiero morir.
Con esa última palabra, Liliana se mordió el labio. Era la expresión de alguien que sabía que era muy probable que su declaración enfureciera a sus captores. Tenía una dedicación inquebrantable hacia su profesión. Dicho de forma sencilla, así era el estilo de vida de Liliana.
Subaru había perdido la cuenta de cuántas veces había soltado un suspiro de frustración por culpa de su obstinación.
—Si no cantas, mi vida también corre peligro —La miró fijamente—. ¿Eso no cambia nada?
Pero Liliana solo agonizó en silencio como respuesta, con los ojos moviéndose de un lado a lado por un momento en pleno conflicto interno. Subaru sonrió ampliamente con resignación. Si esta fuera una chica dispuesta a lanzar a alguien más a los leones con tal de proteger su ego, Subaru habría tenido el placer de abandonarla para salvarse a sí mismo.
Pero en ese momento de conflicto, ella consideró entregar su orgullo, y eso fue suficiente para convencer a Subaru.
—Ya escucharon a la señorita. No va a cantar. Y yo tampoco voy a hacer que cante.
—Oye, eso no es...
Eso no fue lo que prometiste, completaron los ojos atónitos del hombre barbudo. Sintió que el ambiente entre los demás hombres también se había vuelto aún más peligroso.
—Chico de los recados... ¿por qué...?
—Si no quieres cantar, entonces no lo hagas. Estoy de tu lado, eso es todo — respondió, interponiéndose de forma protectora entre Liliana y las miradas amenazantes de los hombres. La voz de Liliana tembló detrás de él. Al oír esto, Subaru supo que había tomado la decisión correcta. Volviéndose hacia los hombres, dijo—: Su canción no es una herramienta para andar usándola. Si la escucharan cantar aunque sea una vez, lo entenderían.
—Muchacho, deja de jugar si sabes lo que te conviene...
—¡Si ella no quiere cantar, entonces yo tampoco quiero obligarla a cantar! ¡Me molesta admitirlo, pero sus canciones son increíbles! Cualquiera que la escuche cantar lo sabe. ¡Y no quiero hacer que cante en vano, no voy a dejar que la obliguen!
Mientras los hombres lo recorrían con la mirada, Subaru se mantuvo protectoramente frente a Liliana con una declaración desafiante.
El hombre barbudo miró con nerviosismo a sus compañeros. Todos los hombres de blanco, aparte de él, vieron la declaración de Subaru como un punto de no retorno. A medida que daban un paso al frente, la tensión atravesó el aire.
—¡Chico de los recados...! —le gritó Liliana a Subaru, con los labios temblando por la malicia en los ojos de los hombres. Había un nudo en su voz, sonando tan cercano a la culpa—
Los mercenarios se inclinaron hacia adelante, listos para abalanzarse sobre la barda.
—Oigan, muchachos, enseñémosle una lección a este imbécil y hagamos cantar a este pajarito a la fuerza...
—¡Tengo una propuesta!
—¿Ah?
La voz potente de Subaru detuvo sus posturas amenazantes de forma torpe. Mientras los hombres trastabillaban para recuperar el equilibrio, Subaru se inclinó hacia sus rostros desconcertados y dijo:
—Usemos un atajo rodeando ese meteor y consigamos esa fortuna de otra manera.
16
Todo lo que necesitaban era un simple cambio de perspectiva.
La fortuna estaba escondida entre las rocas de la cueva. No por la enorme pared de hierro, ni por una pirámide gigante ensamblada con piedras masivas. El único obstáculo real ante ellos era la puerta mágica que bloqueaba su camino.
—Lo único que tenemos que hacer es cavar un hoyo por un lado y rodearla. Y como la roca madre no es demasiado dura aquí, un pico puede atravesar eso sin problema.
—Y yo que pensaba que nadie era tan estúpido como para enterrar la fortuna de su vida en una cueva tan endeble —murmuró el hombre barbudo con cansancio mientras Subaru se cruzaba de brazos y examinaba la excavación ante ellos. Mientras la frente del hombre barbudo, ennegrecida por el polvo, se cubría de gotas de sudor, se giró pensativo hacia Subaru y dijo—: Aún así... ¿por qué ni siquiera consideramos una idea tan simple?
—Bueno, si tienes una visión de túnel, es fácil olvidar el resto de tus opciones. Yo, por otro lado, me paso la vida buscándole tres pies al gato a todo lo que todos dicen y hacen. Esa es la diferencia.
—Tampoco es que sea algo de lo que presumir... —Sonriendo cínicamente por la falsa modestia de Subaru, el hombre barbudo se irguió y volvió al trabajo. Los otros hombres de blanco se turnaban usando las herramientas que habían traído para profundizar el túnel.
El tesoro estaba ahora al alcance de la mano, y esto les había dado un enorme impulso de motivación. En poco tiempo, su túnel alrededor del meteor estaría terminado.
—Al final, tendrás ese brillante retiro que siempre quisiste. Y yo solo me vi atrapado en el fuego cruzado.
—Este... ¿chico de los recados?
Mientras Subaru se sentaba en una roca, entrando ya en modo epílogo, Liliana le habló con timidez. Las extremidades de ambos estaban desatadas ahora, y ambos eran libres. Podrían haber salido de la cueva si hubieran querido, pero al sentirse extraños por no quedarse hasta que desenterraran la fortuna, habían decidido permanecer por allí.
Además, aunque sus captores los habían liberado enteros, tampoco eran exactamente inocentes.
—¿Por qué tan sumisa? De verdad que no te pega para nada. Hay una roca afilada ahí, ¿por qué no te sientas?
—Está bien... entonces, si me disculpas, voy a— ¡¿Eeeep?! ¡Ay! ¡Ay, ay! ¡Esa roca! ¡Esa roca estaba afilada! ¡La punta me p-pinchó el trasero! ¡Ay, mi trasero...!
—¡¿No digas que no te lo advertí, de acuerdo?! ¡No es mi culpa, ¿vale?!
Mientras Liliana se agarraba el trasero y daba saltitos en círculos, Subaru se cubría el suyo desesperadamente. Después de un rato, Liliana regresó con lágrimas en los ojos, se sentó en una roca que no estaba afilada y miró fijamente a Subaru.
—Me duele. Hazte responsable y dame mucho dinero.
—¿Hacerme responsable de qué? Además, ¿no dijiste algo sobre que las cosas que con el tiempo desaparecen no tienen un valor real?
—Pero necesito dinero para vivir mi vida ahora —vino su snob respuesta—. ¡Sabes que la panza no se llena solo con sueños!
Subaru suspiró con cansancio.
—Oye, ¿qué le pasó a la mujer noble que estaba aquí hace un minuto? Deberías traerla de vuelta.
Entonces Liliana bajó la mirada y dijo:
—Chico de los recados... este... ¿por qué saliste en mi defensa antes?
—¿Porque soy un hombre y tú eres una mujer, por supuesto? Claro, podría haber fantaseado fácilmente con usarte como escudo, hacerme una bolita y pretender que no sabía qué estaba pasando... pero resultó que no quería hacer eso.
—¡E-Eso no es lo que quise decir! Digo, dejando de lado la parte de protegerme... dijiste que estaba bien que no cantara... Solo me pregunto por qué.
Su voz en un susurro era sumisa, como si pudiera desaparecer en cualquier segundo. El toque de vulnerabilidad en la voz apenas audible de Liliana hizo que Subaru tarareara pensativo por un momento antes de responder:
—Si quieres saber por qué, entonces todo lo que tienes que hacer es recordar lo que dije. No querías cantar, así que yo no quería obligarte. De todos modos se me habría ocurrido un plan alternativo.
—...
—Pero sin un plan alternativo, probablemente te habría hecho cantar. Me encantaría estar de tu lado a muerte, pero no soy lo suficientemente fuerte para eso, y además tú y yo ni siquiera somos tan cercanos. Ambas opciones nos habrían abierto un camino, así que elegí ambas. Eso es todo.
Subaru habló de forma brusca mientras observaba a los hombres blandir sus picos. Liliana siguió su mirada, murmurando las palabras “eligió ambas...”
—Estos mercenarios son un poco empujones. Tampoco es que sean los más respetables... pero parecen estar en un aprieto. Necesitan ese dinero para algo. Y no me da la impresión de que sea una razón egoísta.
La forma en que hablaba el hombre barbudo y la fogosa impaciencia de los más jóvenes... Estaba claro que todos en el grupo se sentían atrapados por algo y necesitaban el dinero para salir de ello.
Mientras los picos golpeaban las rocas con un chasquido agudo, Subaru esperaba con ansiedad a que el camino se despejara. Sin darse cuenta durante todo ese tiempo del torbellino de emociones complejas que nadaban en los ojos de Liliana a su lado.
Todo lo que quedaba era esperar a que los hombres vitorearan la victoria... pero justo antes de que eso sucediera:
—Después de escuchar todo lo que acabas de decir, envidio lo sereno que estás ahora mismo, Barusu.
Una voz familiar pronunció su nombre de una forma demasiado familiar. Subaru se sobresaltó y se dio la vuelta. Allí, de pie en la entrada de la cueva con un vestido de sirvienta y cubriendo la iluminación de la piedra de luz con una mano, estaba Ram.
Cuando vio a Subaru y a Liliana mirándola en shock, suspiró, se encogió de hombros y dijo:
—Metiste la pata, Barusu. Y solo porque Rem vino tan rápido a avisarme pude tomarme la molestia de arrastrarme hasta aquí, e ignorar las órdenes del señor Roswaal, además.
—De verdad lo siento por eso... pero ¿qué estás haciendo aquí?
—Investigué la mansión del hombre rico donde se hospedó esa cantora. Tuve que acortar mi investigación cuando Rem me trajo la noticia urgente, pero ya había deducido que los hombres de blanco eran las Escamas del Dragón Blanco.
Ram caminó hacia Subaru y Liliana, miró las siluetas de los hombres excavando la cueva y soltó un resoplido.
—El rico en cuestión murió hace unos días de una enfermedad. En vida se hizo de muchos enemigos, así que su mansión y su fortuna fueron embargadas por aquí y por allá. Ahí fue donde me enteré de su implicación con las Escamas del Dragón
Blanco. Y esta cueva podría considerarse una especie de... residencia de verano que el difunto visitó varias veces en vida.
—Sí, y la fortuna que escondió aquí antes de morir está siendo reclamada literalmente en este momento por los compañeros a los que traicionó en el pasado. El karma es algo curioso.
Subaru puso a Ram al tanto de lo sucedido por su parte, para conectar la información de ella con el punto en el que se encontraban en ese momento. Al oír esto, Ram llegó a la misma conclusión que él. Mirando a los hombres que trabajaban, dijo:
—Es probable que existan circunstancias atenuantes... pero las acciones de las Escamas del Dragón Blanco siguen constituyendo un ataque contra el señor Roswaal, el señor de estas tierras. Todos tendrán que ser castigados severamente.
—Oye, no tan rápido. Estoy de acuerdo con lo que dijiste, pero primero deberíamos escucharlos...
Ignorando la petición de deferencia de Subaru, Ram le apuntó con un dedo a la cara y dijo:
—Además, tu seguridad y la de Liliana no son lo único que necesito comprobar aquí, Barusu.
Los ojos de Subaru se agrandaron mientras ella explicaba:
—Había dos fortunas que no fueron embargadas de la mansión del difunto. La primera fue la fortuna que el difunto cerró bajo llave con un meteor. Al parecer, tomó la forma de una puerta o pared.
—Sí, está justo ahí. La hemos estado ignorando ya que no la vamos a abrir.
—Bueno, no importa. En cuanto a la segunda fortuna... el difunto tomó medidas para esconderla antes de su muerte, y será algo terriblemente problemático si no la encontramos.
—¿”Problemático” en qué sentido?
Ram bajó la barbilla. Y en el fragmento de segundo que pasó antes de que pudiera responder—
—¡…!
Un rugido sacudió la cueva, y los hombres que la excavaban gritaron en respuesta.
Una nube de polvo se elevó en lo alto y parte de la pared se derrumbó ruidosamente, cambiando la forma del terreno ante sus propios ojos.
Subaru se quedó sin aliento, congelándose de terror. Sus ojos registraron algo con brazos gruesos cubiertos de pelaje negro aplastando las rocas.
—¿No te dije que la otra cosa era problemática? —dijo Ram con desdén a su lado, con su rostro inexpresivo habitual en todo su esplendor—. El difunto encargó en el mercado negro una lauda, una mabestia conocida como el Mono Robusto, y desapareció.
Un rugido como el claxon de un camión con remolque: a eso le sonaba a Subaru el rugido de la lauda. La silueta de la lauda se parecía un poco a un mono, como cualquiera podría adivinar por el nombre de “Mono Robusto”. Pero su cuerpo era lo suficientemente grande como para llenar toda la cueva, y sus brazos tenían fácilmente el doble de circunferencia que el torso de Subaru. Si la lauda te agarraba con suavidad, sus brazos probablemente seguirían siendo lo suficientemente fuertes como para arrancarte las extremidades una a una.
—¡¡¡Atrás, atrás, atrás, atrás!!!
Captando la situación, el hombre barbudo ladró una apresurada orden de retirada. Mientras los hombres de blanco corrían con la mirada hacia el frente, la lauda rugía detrás de ellos persiguiéndolos... pero su gigantesco cuerpo se enganchó en el pasadizo y a la criatura le resultaba difícil moverse.
—¡Si dejamos que esta cosa salga a campo abierto, estamos fritos!
—Este es un guardia para proteger su tesoro incluso después de su muerte. Pensar que el tesorero que traicionó a sus aliados iría tan lejos como para usar un meteor e incluso una mabestia para proteger su fortuna... Ridículo.
—¡Deja de narrar y ponte a correr!
Agarrando a Ram del brazo mientras ella refunfuñaba con mirada aburrida, Subaru se giró para liderar la retirada. Pero justo antes de dar el primer paso, notó algo.
—¡¿Liliana?! ¡¿A dónde se fue?!
Estaba justo a su lado hace un minuto, pero ahora había desaparecido. ¿Acaso había salido corriendo de la cueva primero, abandonando a todos los demás? Si Subaru pensara que era así de desalmada, no se habría detenido en seco. Sin embargo—
—¡Esa idiota! ¡¿Qué está haciendo allá?!
Tras un frenético escaneo de la cueva, Subaru se agarró la cabeza cuando localizó a Liliana. Mientras el rugido de la lauda rebotaba en las paredes de la cueva, Liliana corría, con su diminuto cuerpo dando tumbos por la caverna mientras se acercaba al pasadizo donde la lauda estaba haciendo estragos... al lugar donde los hombres de blanco habían tirado sus pertenencias para huir.
Liliana estaba rodeada por el estruendoso grito de la bestia y por fragmentos de roca que salían volando y amenazaban con matarla de un golpe en la cabeza. Se zambulló en la pila de pertenencias y las revolvió desesperadamente, buscando algo.
—¡Ram! ¡Sígueme!
En el momento en que se dio cuenta de lo que estaba haciendo, Subaru abandonó la duda y empezó a correr. Y con una orden a viva voz para Ram, Subaru salió volando hacia donde estaban Liliana y las pertenencias. La lauda se retorcía justo ante sus ojos: su gigantesco cuerpo parecía a punto de estallar a través del estrecho pasadizo en cualquier segundo.
Y en esta carrera contra el tiempo donde cada segundo contaba, ¿qué podía estar buscando Liliana?
—¡Liliana, idiota! ¡¿Acaso quieres morir?! Vamos, tenemos que irnos—
—¡No encuentro mi lyulyre! ¡Sin ella, no puedo...!
—La que acabas de afinar, ¿verdad? Si sobrevivimos a esto, ¡le rogaré a Roswaal que te consiga otra, así que concentrémonos en salir de aquí primero!
—¡El instrumento no... la funda! Esa funda... ¡Es un recuerdo de mi madre!
Cuando escuchó el dolor en el grito de Liliana, Subaru reprimió todo impulso de maldecirla y recorrió las pertenencias con la mirada. Pero ni Liliana, que estaba volteando todos los objetos, ni Subaru, cuyos ojos estaban abiertos como platos, pudieron dar con la funda de la lyulyre. Debieron haber traído la lyulyre con ellos en la carreta cuando los capturaron.
—¡Idiotas! ¡¿Qué demonios están haciendo?! —gritó el hombre barbudo, corriendo hacia ellos.
Subaru se dio la vuelta, le lanzó una mirada nerviosa al hombre barbudo, luego señaló a Liliana y dijo:
—¡¿Dónde está su instrumento?! Está en una funda... ustedes la agarraron cuando nos llevaron, ¿verdad?
—¿Su instrumento...? ¡O-Oh! ¡Creo que lo sé!
El rostro del hombre barbudo se descoloró. Luego se giró para mirar... exactamente al punto del suelo bajo los pies de la lauda. No estaba mirando al túnel excavado, sino al meteor. Subaru lo entendió de inmediato.
La lyulyre había sido dejada justo en frente del meteor para que Liliana pudiera cantar en el minuto en que la doblegaran. Y ahí era donde todavía estaba.
—¡Mierda, esto es lo peor! ¡Liliana, quédate atrás! ¡Yo iré por la lyulyre!
—¡No, e-espera un minuto, chico de los recados! ¡Es mía, así que yo...!
—¡Escucha, imbécil! ¡Yo me encargo de esto! ¡Tú quédate atrás! ¡Ah, y mi nombre es Natsuki Subaru!
Ya no soportaba que lo llamara chico de los recados. Levantó a Liliana sobre sus hombros a pesar de que ella se resistía y se la arrojó al hombre barbudo, que había corrido hacia él. Subaru señaló hacia afuera mientras el hombre barbudo la atrapaba a toda prisa, y luego volvió a correr hacia el interior de la cueva.
Justo al lado del pasadizo hacia el que se dirigía, la lauda medio libre balanceaba salvajemente sus brazos hacia él.
—Lo juro, ¿por qué siempre me toca la peor suerte...?
Se arrepintió de inmediato de haber hablado en grande y haber montado un espectáculo. Después de todo, la chica para la que más quería dar un espectáculo ni siquiera estaba cerca. Y aun así, allí estaba él, jugándose la vida.
Las gruesas yemas de los dedos de la lauda arañaban las paredes de piedra, intentando destrozar a Subaru mientras corría a su lado. Pasando justo fuera de su alcance, esquivó su camino a través de las rocas del tamaño de un puño y se deslizó hasta el meteor.
—¡Te encontré!
La lyulyre estaba justo donde Subaru aterrizó. Y mientras la cueva comenzaba a colapsar en algunos puntos, el meteor cumplió obedientemente con su deber sin quejarse. Subaru suspiró aliviado al ver que la lyulyre a sus pies no había sufrido daños y que había llegado allí sin romperse ningún hueso.
Recogió la funda y se dio la vuelta para salir corriendo de la cueva.
—¡Uff—!
De repente le falló la espalda y cayó de rodillas. Por suerte para Subaru, esto le salvó la vida. Un brazo gigante atravesó el espacio donde había estado su cabeza hace unos momentos, estrellándose contra el meteor. Mientras el meteor repelía la inercia del ataque devolviéndosela a la lauda, su aullido de dolor resonó por la cueva.
Despertado por la sensación de que se le reventaban los oídos, Subaru afianzó sus rodillas temblorosas y corrió. Agachó la cabeza por el espacio entre las patas de la lauda, rozando el pelaje en forma de agujas mientras escapaba del rincón de la cueva.
—¡¿Bwah?!
Pero justo cuando pensó que estaba a salvo del gigantesco cuerpo, una larga cola le aplastó la cara de lado.
Dió tumbos y se estrelló contra una roca, gimiendo de dolor. La funda... está bien. Subaru, eres un pedazo de imbécil.
—Esta cosa estúpida no vale la pena como para morir por ella...
¿Por qué estaba tan triste? ¿Por qué estaba arriesgando su vida para salvar el recuerdo de alguien más? Maldiciendo entre dientes, Subaru escupió la sangre que se le acumulaba en la boca. Su mejilla había sufrido un profundo corte por esa cola. Le dolía muchísimo. El dolor en realidad era bienvenido: agudizaba sus sentidos.
—¡El Fulla!
Cuando la cola volvió a balancearse hacia Subaru, una cuchilla de viento la cercenó desde la base. Chorreando sangre negra, la cola se retorció como una serpiente al lado de Subaru mientras corría.
Gracias por el tiro de cobertura, Ram.
Ahora podía ver la entrada de la cueva, a la que Liliana y el hombre barbudo acababan de llegar. Todo lo que Subaru necesitaba hacer era unirse a ellos y cumpliría la condición de victoria para este nivel.
Ojalá fuera así de fácil.
—¡En serio, qué patético!
La lauda, ardiendo de rabia por su cola mutilada, le bloqueaba el paso a Subaru.
Ahora libre del estrecho pasadizo con las cuatro extremidades balanceándose, la mabestia estaba lista para la acción. De pie y erguida, medía cerca de tres metros de altura, lo suficientemente alta como para que su cabeza rozara el techo de la cueva.
Incluso con la magia de Ram ayudándolo, las perspectivas del Subaru ordinario eran nefastas.
Mientras Subaru abrazaba con fuerza la funda de la lyulyre, sus pensamientos iban a mil por hora. ¿Debería usar su magia de último recurso? Podría perturbar a la mabestia lanzando Shamak, apostando a que Ram lo recogería después de que se desmayara. Odiaba esas probabilidades, pero tenía más esperanzas en que eso funcionara que en meterse en una pelea a puñetazos con ese monstruo.
Subaru se giró hacia la entrada de la cueva y miró fijamente a Ram para comunicarle su plan suicida. Cuando sus miradas se cruzaron, el cabello azul de la chica se agitó mientras levantaba su brazo bien alto por encima de su cabeza—
—¿Hweh?
Su maza de picos giró horriblemente mientras se estrellaba contra el costado de la cara de la mabestia. El golpe había tomado a la lauda completamente por sorpresa porque había estado concentrada en Subaru.
Con la cabeza medio hundida por el ataque, la mabestia sangraba profusamente por la cara. Se dio la vuelta a tirones, gimoteando en voz baja como si preguntara quién la había matado.
—Siento esto —Una voz plateada respondió al último grito de la mabestia con un eco efímero.
Una luz azul pálido destelló a través de la cueva, y Subaru vio a la chica de cabello plateado extender ambos brazos hacia arriba. Apareciendo en sus palmas había un pequeño gato, con su larga cola agitándose—
—Buenas noches, pequeño mono. Que tengas un buen y apacible viaje.
La voz andrógina se despidió mientras la luz azul pálido se convertía en un bosque de carámbanos que danzaban en el aire. La ráfaga de luz vino de todas direcciones, arrojándose contra la lauda que se erguía.
Empalada por incontables carámbanos, la lauda rugió hacia el techo. Luego abrió de par en par la boca en un estertor de muerte. Un chasquido estruendoso resonó mientras se transformaba en una estatua de hielo.
Durante varios segundos, la ráfaga de aire frío en la cueva impuso silencio.
Incapaz de creer lo que acababa de ver, Subaru miró hacia arriba a la mabestia congelada. La lauda estaba muerta en el hielo y la vida de Subaru se había salvado.
—¡Subaru!
Una voz que lo llamaba por su nombre sacó a Subaru de su estupor. Se giró hacia la voz y vio a una hermosa chica familiar saludándolo con la mano. Emilia. Con los ojos llenos de alivio, se presionó una mano abierta contra el pecho y sonrió con dulzura.
—¡Subaru! ¿Estás bien? ¿Estás herido? ¡Iré a revisarte de inmediato!
Y entonces vino Rem, tropezando por el suelo irregular de la cueva, con el dobladillo de su falda corta ondeando mientras volaba hacia él. Al notar un arma familiar colgando de su mano, finalmente juntó todas las piezas del rompecabezas.
Al parecer, Rem y Emilia habían sacado un deus ex machina para salvarlo.
—¿Cómo le hacen para llegar siempre justo a tiempo...?
Su puntualidad le había salvado la vida una vez más. Subaru arrastró su magullado cuerpo hacia Rem mientras ella corría hacia él—
—entonces las grietas atravesaron el techo de la cueva, el suelo y cada una de las paredes.
Las fisuras se extendieron a medida que la cueva comenzaba a desmoronarse. Al ver esto, a Subaru se le pusieron todos los pelos de punta mientras señalaba la entrada de la cueva.
—¡Todos, salgan corriendo ahora—!
Menos de un minuto después, la cueva del tesoro colapsó por completo.

17
—Nos preocupamos muchísimo cuando nos enteramos de que tú y Liliana habían desaparecido, pero él amablemente nos dijo dónde estarían. Dijo que lo sabía.
Emilia sonrió con timidez y señaló a un joven solitario que daba vueltas en círculos. Era el acosador de Liliana, Kiritaka, quien se suponía que debía estar atado, pero en su lugar se había puesto de rodillas para presentarle un ramo de flores (¿quién sabía de dónde lo había sacado?) a Liliana.
—Soy Kiritaka, tu esclavo del amor. Por ti, mi amada, correría a través del fuego, nadaría por los océanos o me enfrentaría a cualquier cueva de mabestias. ¡Ohh, alabados sean los cielos porque estás a salvo!
—Corrígeme si me equivoco, pero tú no corriste hacia la cueva, ¿verdad?
—¡Mrrrf! E-Eso fue solo porque esas señoritas me tenían atado afuera... —Kiritaka balbuceó una excusa mientras Liliana lo miraba fríamente desde arriba.
¿Quién hubiera imaginado que él, entre todas las personas, jugaría un papel en la resolución de la crisis?
—El adorno de cabello que le dio a la señorita Liliana como prueba de su afecto forma parte de un meteor en pareja —explicó Rem—. Al parecer, si cada persona tiene uno de los dos, sabrán dónde está el otro, sin importar qué tan lejos se encuentren.
—Así que es un transmisor —Subaru resopló—. Nada grita “acosador” más que eso.
En parte, la obsesiva infatuación del hombre los había salvado. Escalofriante.
Después de que descubrieran que Subaru y Liliana habían desaparecido, Emilia y los demás iniciaron una búsqueda de inmediato. Pero fueron Kiritaka y Ram quienes les dieron los avances decisivos que necesitaban.
Había una conexión entre el meteor de Kiritaka y los hallazgos de la investigación de Ram. El grupo se reunió en el escondite secreto y luego en la cueva, donde se toparon con esa escena de vida o muerte.
—El señor Roswaal dijo que, dada su cooperación, Kiritaka podría ser absuelto... siempre y cuando acepte no volver a molestar a otros con sus cortejos románticos. Aunque por la forma en que le impone sus sentimientos a la señorita Liliana, no veo que eso vaya a pasar —explicó Rem.
—Me da rabia, pero sí nos salvó... Aunque de todos modos no quiero darle las gracias
—refunfuñó Subaru.
Rem estaba ocupada curando las heridas de Subaru. Pero entre su extrema cercanía y el suave tacto de sus manos, a Subaru le costaba concentrarse en la curación.
—Pero nuestro verdadero problema son esas personas de allá, ¿no?
Mientras Subaru sonreía con timidez por los no tan sutiles intentos de Rem de tocarlo, Emilia miró hacia la cueva. Allí estaban los magullados hombres de blanco.
La cueva estaba completamente sepultada bajo la tierra, por lo que sacar la fortuna era ahora imposible. La lauda había sido la causa del derrumbe. Incluso si hubieran desactivado el meteor, el resultado habría sido el mismo. De hecho, sin Subaru y sus aliados allí, los hombres de blanco no habrían podido acabar con la mabestia. En el peor de los casos, habrían sido aniquilados. El hecho de que estuvieran vivos ahora era tal vez motivo de cierta celebración.
—Pero la realidad es que... les resulta muy difícil estar agradecidos por estar vivos.
El hombre barbudo finalmente le había confesado a Subaru por qué los miembros de las Escamas del Dragón Blanco necesitaban ese dinero. El pueblo natal de los miembros fundadores de las Escamas del Dragón Blanco estaba plagado por una enfermedad endémica. Necesitaban el dinero para purificar el suelo contaminado que la causaba.
La enfermedad brotó por primera vez hace varios años, y los infectados se convertían lentamente en piedra. Era una enfermedad rara, una plaga demoníaca causada por una mabestia que había contaminado la tierra.
—Rastros de la Serpiente Negra... sembrando enfermedades sin control... —musitó Emilia con amargura. Subaru se sintió igualmente destrozado.
La plaga de la mabestia solo podía curarse purificando el suelo que había contaminado. El proceso requería una gran cantidad de piedras mágicas incoloras, cuya compra costaría una fortuna.
Los hombres de blanco habían logrado ganar esa fortuna solo para que un traidor se la robara, y su última esperanza estaba ahora enterrada bajo los escombros.
Los mercenarios tenían familia en ese pueblo. Esta era la causa de la desesperación y la rabia que ardían en los corazones de los jóvenes. Y la mirada distante en los ojos del hombre barbudo era por su familia, que ya había fallecido.
Pero ya era demasiado tarde. Sus esperanzas se habían esfumado y no había forma de que pudieran salvar a su comunidad ahora...
—¿Qué tal esto? Yo tomaré a los caballeros de las Escamas del Dragón Blanco a mi servicio. Y en cuanto al suelo contaminado, la Compañía Muse proporcionará los fondos y materiales necesarios para purificar la tierra.
—¡¿Qué?! —Con un grito histérico, a Subaru se le cayó la mandíbula de la impresión ante la propuesta que venía de la última persona de la que lo habría esperado.
Emilia, Rem y los miembros de las Escamas del Dragón Blanco en cuestión estaban igualmente estupefactos.
Kiritaka contempló el cielo, se acarició el bigote y dijo:
—Por suerte, el producto principal de mi Compañía Muse son las piedras mágicas. Las incoloras son bastante caras, pero no sería muy difícil reunir las suficientes para sus necesidades. Además, mi firma busca actualmente seguridad extra para proteger nuestros intereses, así que creo que esto es algo beneficioso para todos.
—O... o... oye... ¿cuántos puntos intentas ganarte aquí?
—Si la mujer que ama le ruega por ayuda, ayudarla es el deseo más apreciado de un hombre. Y siento mucha simpatía por la situación de estos hombres. Como dicen por ahí, quien hace el bien, recibe el bien.
Creo que el dicho es: “El que ayuda a otros se ayuda a sí mismo”.
A pesar de lo despreocupado que se mostraba al ayudar a los demás, Kiritaka parecía en ese momento un mesías. Resultaba curioso cómo al principio no parecía más que un idiota enamorado. (Bueno, no es que haya dejado de ser un idiota).
Pero algo en el discurso de Kiritaka hizo sonar una campana en la mente de Subaru.
—¿Tú le pediste que hiciera esto, Liliana?
—...Sí —respondió Liliana dócilmente, bajando la mirada y abrazando la funda de su lyulyre—. Me sentí mal por rechazarlos antes sin siquiera escucharlos.
En la carreta, en la cueva, cuando los hombres la amenazaban desesperadamente, Liliana se había negado a cooperar. Pero si ella se sentía culpable por eso, Subaru era igual de culpable. Además, incluso si ella hubiera cantado y desbloqueado el meteor, todavía habría que haberse encargado de la mabestia. La cueva también se habría derrumbado de todos modos.
—Chico de los recados... me di cuenta de algo. Toda mi vida asumí que, como barda, viajaría por el mundo sola, viviría sola, cantaría sola y moriría sola. Pero no debería ser así. Cada vez que paso por un lugar, alguien que escucha mis canciones siente algo. Y ese sentimiento nunca desaparecerá... Me he dado cuenta de que el mundo no me dejará atrás.
—¿Te arrepientes de no haber comprometido tu orgullo? —preguntó Subaru.
Liliana levantó la vista y respondió sonriendo:
—Me arrepiento de no haberme dado cuenta de que hay cosas más importantes en este mundo que el orgullo —Sostuvo la lyulyre para que Subaru la admirara, acariciando con cariño la funda mientras decía—: Muchas gracias por salvar mi lyulyre.
—De nada. Me la debes.
—Por supuesto que sí. Me encantaría pagártelo de alguna manera...
Mientras Liliana lo miraba con ojos de ciervo, Subaru se quedó pensando. Subaru había arriesgado su vida para salvar algo valioso para ella. Su recompensa tendría que estar a esa misma altura.
Y así, Subaru se decidió.
—Canta para mí, Liliana.
—¿Eh...?
—Estoy exhausto y pensé que me iba a morir, pero todos sobrevivieron. La mayoría de los problemas están resueltos. Así que necesitamos una escena melodramática de créditos. Y no puedes tener créditos sin una canción.
—La musa ha hablado. Les presento mi nueva canción: “El día que me golpeé la cabeza, mi último día como una persona cuerda”.
—¡Cállate!
Había deslizado un comentario extraño en el título de su canción, pero él ya lo veía venir. Había dicho que arriesgar su vida valía tanto como una canción. Sonaba como una locura, y lo era, pero a él no le importaba estar loco.
—Está bien, entonces. Te cantaré una melodía: “El cielo dejando atrás al amanecer”.
Punteando las cuerdas de su lyulyre, Liliana le dio la bienvenida al sol matutino que salía sobre la montaña distante, trayendo consigo un nuevo día.
La alta cadena de notas tejió una melodía que sacudió el alma. La introducción se derritió en el frío aire de la mañana. Y a medida que comenzaba la fantasía, los ojos de los oyentes se gravitaban naturalmente hacia la cantante. Y entonces—
—Su voz se elevó muy alto, muy alto en el cielo.
Una mañana nueva y ajetreada apartó a la noche. Fue recibida por la melodía y la voz cantante de Liliana. Los pájaros armonizaban con ella, e incluso el viento parecía unirse.
Antes de que Subaru se diera cuenta, unos sentimientos insoportables se habían acumulado en su interior, escapando en forma de una sola lágrima que le rodó por la mejilla.
Ocurrió lo mismo con Emilia... con Rem... y con Kiritaka, que se retorcía en el suelo.
Y los miembros de las Escamas del Dragón Blanco que habían intentado usar su canción como una herramienta para romper el meteor también rompieron a llorar cuando la escucharon cantar.
Eso debería enseñarles, pensó Subaru. Y su mensaje probablemente les llegó.
Para ser una historia llena de coincidencias ridículas, una canción supuso un final adecuadamente ridículo.
¿Acaso la conmoción de sus almas y las lágrimas calientes que rodaban por sus mejillas eran un equivalente adecuado para una vida arriesgada?
Esa pregunta carecía de sentido: no era necesario hacérsela a nadie allí presente.
18
—¿Estás segura de que quieres irte con Kiritaka y compañía?
—Sí, estoy segura. Soy responsable, al menos en parte, de la deuda que tienen los mercenarios de las Escamas del Dragón Blanco. Así que pensé... que debería quedarme con ellos, al menos hasta que hayan saldado su deuda.
Dos días después de que se resolvieran la serie de crisis, Liliana había hecho sus maletas y anunciado alegremente su próximo destino. Todos en la mansión Roswaal le rogaron muchas veces que se quedara con ellos, pero Liliana se negó rotundamente.
Había sido sugerencia de Liliana que Kiritaka empleara a las Escamas del Dragón Blanco, por lo que sentía que era su deber llevar el arreglo hasta el final. Nadie podía cambiar su firme resolución.
—Bueno, me imagino que Kiritaka estaba dando saltos de alegría cuando tomaste esa decisión, pero no necesitas martirizarte de esa manera... No puedo garantizar tu castidad. Mejor deja que el barbudo te proteja.
—¡Oh, ese es el plan, se lo aseguro! Cuando vives con una bestia hambrienta, siempre ven preparado. ¡Menos mal que los mercenarios de las Escamas del Dragón Blanco son todos esclavos de mi música ahora!
La Liliana que aplaudía y bailaba tenía razón: se había ganado por completo a los mercenarios con sus canciones. Así de impactante había sido su recital junto a la cueva. Liliana también había tenido un papel importante en conseguirles los fondos que necesitaban para salvar su pueblo natal. Para los miembros de las Escamas del Dragón Blanco, Liliana era básicamente su diosa. La trataron con un respeto abrumador después de que les hizo su promesa.
Subaru había visto cómo se le dilataban las fosas nasales a su diosa cada vez que la colmaban de adoración; no podía evitar sentir que el título de diosa le quedaba un poquitito grande.
—Bueno, te voy a extrañar mucho, Liliana. Ven a visitarnos de nuevo en algún momento.
—¡Por supuesto, señorita Emilia! Les debo una gran deuda a usted y a su gente. Cuando nos volvamos a ver, insisto en cantarles una nueva canción. Y también espero con ansias probar algunos pasteles nuevos. Ji-ji-ji...
—¿Podrías ser un poco menos ordinaria? —le recriminó Subaru a la chica mientras ella se reía entre dientes y le caía baba por la barbilla.
Todos se habían reunido frente a la mansión Roswaal para despedirse de Liliana. Como en particular a Rem y a Emilia les encantaban las canciones de Liliana, se estaban tomando la despedida bastante mal. Incluso Beatrice, para sorpresa de Subaru, había salido un momento de la mansión para despedirse.
Liliana solo se había quedado con ellos unos pocos días, pero esos días habían sido una experiencia muy rica (aunque ajetreada). Tan rica que todos sintieron una punzada de soledad ante la idea de que no la escucharían cantar al día siguiente.
—Aún así, siento que Roswaal no dio en el blanco. Como no insistió en mantener a Liliana aquí, solo puedo asumir que eso significa que ha renunciado a la idea de usarla para la campaña de Emilia-tan.
Era extrañamente satisfactorio ver que las cosas no salían según los planes de Roswaal, pero Subaru estaba un poco molesto por no escuchar a Liliana cantar las alabanzas de Emilia. Tal vez más que un poco.
Mientras Subaru refunfuñaba para sus adentros por eso, Liliana murmuró: “Ven aquí, ven aquí”, y le hizo una seña.
—¿Qué pasa? Beako quería decirte algo, pero todavía está inquietándose por allá. Ve a echarle una mano.
—Por supuesto que lo haré, pero quería hablar contigo primero.
Dejando de lado a la inquieta Beatrice por el momento, Liliana se puso de puntillas para susurrarle al oído a Subaru:
—Verás, el marqués me hizo una propuesta directa. Dice que Emilia va a estar en el centro de atención durante esto de la selección real. ¡Por eso dejaron que me quedara con ustedes, eh!
—S-Sí... ¿así que sabías de eso todo este tiempo? Bueno, supongo que lo sabrías. ¿Por qué sacas esto a relucir ahora?
En respuesta a los astutos arreglos de Roswaal, Liliana se golpeó el pecho con valentía y anunció:
—¡Buuueno! ¡He aceptado el trabajo, por supuesto! No hace falta decir lo hermoso, lo noble que es el corazón de la señorita Emilia. Y sobre todo, cuando ves a ese Gran Espíritu suyo, ¡¿cómo podrías no romper a cantar?!
—Espera, ¿ese hada felina fue lo que cerró el trato? Si solo es el típico gato que duerme todo el día.
A Subaru le costaba aceptar que Puck fuera el factor más importante, pero se alegró de saber que Liliana había dicho que sí. Esperaba con ansias el día en que pudiera escucharla tocar la epopeya de su nuevo héroe.
—Así que supongo que esto es un adiós por ahora —dijo.
—Sí, parece que sí. Pero prepárate: ¡te voy a cantar la mejor canción de la historia!
—Tocando la funda de su lyulyre, Liliana le dirigió una sonrisa rebosante de confianza. Verla tan dedicada a su meta personal era algo verdaderamente hermoso.
—Ah, una cosa más...
Justo cuando pensaba que su conversación había llegado a una conclusión satisfactoria, las mejillas de Liliana se pusieron rojas. Podía sentir claramente el entusiasmo que irradiaba de ella por la forma en que lo miraba fijamente. Luego, tras un momento de vacilación, Liliana dijo:
—Algún día, espero que me dejes cantar tu epopeya heroica... Natsuki Subaru.
Subaru dejó de respirar.
—Siento haberme reído y haber fingido que no lo escuché la primera vez que me dijiste tu nombre. Rem tenía toda la razón. Estás destinado a convertirte en un héroe algún día.
Con una sonrisa dirigida a Subaru, Liliana le dio la espalda con timidez y se alejó al trote. Mientras Subaru la veía intercambiar palabras de despedida con Beatrice, finalmente exhaló el aire que había estado reteniendo.
—Subaru... ¿qué pasa? Tienes la cara muy roja —dijo Emilia, apareciendo de repente al lado de Subaru y mirándole el rostro.
Subaru se llevó una mano nerviosa a la mejilla. Odiando el hecho de que su mejilla todavía estuviera caliente, sacudió la cabeza y gritó:
—¡Ngha!
—Ji, ji, estás siendo un tonto —Emilia se río entre dientes cubriéndose la boca con la mano.
Los dos permanecieron uno al lado del otro, intercambiando sonrisas. Sus historias algún día serían cantadas por Liliana la Cantora.
Pero por hoy, solo eran Natsuki Subaru y Emilia.
FIN