Las Inquietas Vacaciones de la Criada Principal
Las Inquietas Vacaciones de la Criada Principal
1
No hubo ninguna razón especial que llevara a Subaru a darse cuenta de algo.
—¿Eh? ¿Qué pasó con la carreta que estaba aquí recién...?
—Ah, la recogí toda mientras estabas fuera, Subaru.
—Ah, vale. Gracias, Rem.
—¿Eh? ¿Dónde están las herramientas de jardinería? Juraría que las había sacado...
—Ah, como tenía un momento libre, me encargué de esa tarea por ti.
—¿En serio? Vaya, gracias por ayudarme siempre, Rem.
—¿Eh? Iba a ayudar a poner la mesa para la cena, pero...
—Ah, no te preocupes por eso, Subaru. Solo toma asiento.
—¿De verdad? Vaya, ni siquiera necesito estar en esta historia. Esa es mi Rem.
—¿Eh? ¿Dónde está la tarea de escritura que me asignó Ram...?
—Ah, no te preocupes, Subaru. Imité tu letra y la terminé por ti.
—... ¿L-Lo hiciste? Eso es... Mmm... Como que algo no cuadra. Digo, no es que no lo agradezca, por supuesto.
2
—Creo que deberíamos darle a Rem un día en el que simplemente pueda descansar y no hacer nada.
En la mesa del desayuno, Subaru esperó a que todos estuvieran presentes antes de hacer esta propuesta. Los otros cinco sentados a la mesa abrieron los ojos de par en par, sorprendidos. La más sorprendida de todos era la chica del distintivo cabello azul: Rem.
Se congeló en su lugar al lado del asiento de Subaru, donde estaba sirviendo la comida, y ladeó la cabeza con una confusión de lo más adorable.
—¿Un día... de descanso? Este... cielos, ¿hice algo que le molestara? ¿Así que quiere castigarme no dejándome traba...?
—Eh, no, Rem. No me refiero a eso para nada. Si acaso, no tengo ninguna queja sobre tu desempeño laboral; de hecho, eres casi demasiado perfecta.
—¿Mmm...?
Incluso tras la explicación de Subaru, los ojos de Rem seguían llenos de signos de interrogación. Su absoluta ignorancia sobre el concepto de sobretrabajo era un testimonio del nivel de explotación de su amo y de quienes la rodeaban.
Sintiendo lástima por Rem, Subaru extendió la mano y le dio palmaditas en la cabeza. A ella le había empezado a gustar esto recientemente y, aunque no entendía la razón de recibir tanto afecto, lo aceptó incondicionalmente con una suave sonrisa.
—Asíííí que déjame adivinar lo que estás diciendo. Tú, Subaru, deseas que reconsidere la forma en que trato a mi personal. ¿Entendí biee-en?
Mientras Subaru acariciaba la cabeza de Rem, Roswaal, el dueño de la casa, adivinó correctamente su intención. Esa mañana, el marqués llevaba su habitual maquillaje de payaso de base blanca, y sus labios morados se curvaban en una cálida sonrisa.
—Bueno, no es exactamente una queja, pero anda bastante cerca —respondió Subaru.
—Qué osado de tu parte, Barusu. ¿Cómo puedes ser tan grosero con el Señor Roswaal? Un sirviente es demasiado insignificante para quejarse con su amo. Y tú eres el doble de insignificante que eso, Barusu.
Irritada porque Subaru expresó su opinión directamente a Roswaal, la de por sí fría Ram le lanzó un regaño aún más gélido.
—Podría prescindir de tu trato especial, Ram. ¿Pero de verdad no tienes nada que decir al respecto? —Le frunció el ceño con tono crítico a la sirvienta, que adoraba el suelo por el que pisaba Roswaal, y continuó—: Rem trabaja demasiado... O mejor dicho, todo el personal de esta mansión depende demasiado de Rem. Es simplemente cruel.
—Oh, no me parece —dijo Ram, sacudiendo la cabeza con firmeza.
Subaru suspiró. —Bien, entonces... ¿quién preparó este desayuno?
—Rem.
—¿Quién se despertó primero esta mañana para hacer la limpieza básica y ventilar el lugar?
—Rem.
—¿Y quién te despierta, te ayuda a vestirte y te cepilla los dientes?
—Rem.
—¡¿Cómo has llegado tan lejos en esta conversación sin sentir vergüenza?! ¡¿Qué eres, de la realeza?!
—Oh, no soy tan excelsa.
—¡Eso no era un cumplido!
Subaru soltó un suspiro de cansancio ante la descarada insolencia de Ram y se llevó una mano a la frente. Fue entonces cuando alguien que no había participado en la conversación hasta ese momento levantó la mano desde su asiento al lado izquierdo de Subaru y preguntó:
—¿Puedo decir algo?
Era una hermosa chica de sedoso cabello plateado y una voz celestial como el repique de campanillas. Sus largas pestañas temblaron sobre sus ojos de color amatista mientras miraba a Subaru: era Emilia.
Miró a Subaru y a Rem y dijo:
—A ver, está muy claro que Rem trabaja durísimo... pero ¿acaso ustedes no trabajan duro también, Subaru? ¿Por qué quieres darle tiempo libre solo a Rem?
—Emilia-tan, agradezco tu preocupación, pero hablando en serio, esto es una cuestión de carga de trabajo y nivel de dificultad. Estaba pensando que, en ese aspecto, Rem trabaja mucho más duro que Ram y yo.
—Me sorprendes, Barusu. Puedo entenderlo de un inservible medio lelo como tú, pero yo cumplo con eficiencia cada tarea que se me asigna. No me metas en la misma bolsa.
—¡¿Cómo puedes decir eso cuando solo haces la misma carga de trabajo que un medio lelo como yo?! Para el caso, ¿cómo eran las cosas antes de que yo llegara? ¿Ustedes dos se repartían el trabajo que hago ahora?
—Vaya pregunta más estúpida, Barusu. Lo hacía Rem.
—Emm, tal vez no te das cuenta, pero nada de lo que acabas de decir está bien, ¿sabes?
Dejando de lado a Ram, con quien no se podía razonar, Subaru se giró para encarar a la persona que debería estar más involucrada en estas negociaciones: Roswaal. El dueño de la casa parecía divertido mientras le hacía un gesto a Subaru para que continuara.
—Si me permite retroceder un poco —dijo Subaru—, tengo más ejemplos de este “trato especial inverso” hacia Rem. Como el susto con las mabestias que acabamos de pasar. Ya sabe, esa crisis que evitamos sin bajas y sin ninguna ayuda de tu parte, ¿Ros-chi?
Subaru se refería a la crisis que había ocurrido no hacía mucho. Hubo un ataque en la Aldea Arlam por parte de unos wolgarm, mabestias que vivían en el bosque. Milagrosamente, habían salido adelante sin muertes y solo con unos pocos heridos.
En secreto, sin embargo, Subaru había probado la angustia de la muerte varias veces, pero eso podía omitirse convenientemente.
—Prometí una recompensa por resolver esa crisis —respondió el marqués—. Ahora bien, dado el contenido de la recompensa que pediste, Subaru, supongo que aúuun no se siente real para ti.
—Sí, y, bueno... la verdad es que lo agradezco.
Le echó una mirada de reojo a Emilia antes de murmurar su agradecimiento a Roswaal. Emilia le dirigió una mirada curiosa: no sabía cuál era la recompensa de Subaru. Él no quería que ella supiera todos los preparativos que había hecho para su cita. Pensaba que era importante aparentar que había preparado el campo de flores y la guirnalda él solo.
—Olvídate de mí recompensa. El punto es... sí me diste una recompensa a mí por resolver esa crisis, ¿no les debes una recompensa a Rem y a Ram también?
—¿Estás diciendo que debería darle el mismo trato especial a mi personal que le daría a un huésped como tú? Esa es una petición bastante ridííí-cula, si me lo preguntas.
—Está bien, dejando de lado mi estatus de huésped, ¿hay alguna razón para no recompensarlas? Además, esta es una oportunidad genial para ser generoso y aumentar tu nivel de simpatía con tus sirvientes. ¡Llevar sus estadísticas de lealtad al máximo! ¿No le suena tentador, Señor?
Cuando Subaru se inclinó para dar el golpe final, Roswaal sonrió y murmuró:
—¿Lealtad, eh? —mirando de reojo a Ram.
Al ver que esta se inclinaba en respuesta a su mirada, Subaru recordó que una de sus sirvientas ya tenía sus estadísticas de lealtad al máximo y se dio cuenta de que su elocuente discurso había fracasado estrepitosamente.
—Me frustras el plan en cada paso que doy, Ram.
—Ni intentes tambalear mi lealtad ni la de Rem hacia el Señor Roswaal, Barusu. Además, tras la declaración que acabas de hacer, sería perfectamente aceptable retenerte bajo la sospecha de ser un espía enviado para sembrar la discordia interna.
—¡Oye, ten un poco de piedad por tu compañero superviviente de ese maldito desastre!
A pesar de que habían logrado alcanzar unos niveles de cooperación impresionantes, eso no había influido en lo más mínimo en su nivel de simpatía con Ram. Si acaso, ella era francamente antagónica. Subaru no sabía qué responder. Sin embargo...
—Pero ya saaa-bes, tampoco veo ninguna razón en particular para descartar la opinión de Subaru.
—Señor Roswaal...
—No pongas esa cara de decepción, Ram. Nooo estoy cediendo el punto. Simplemente digo que el argumento de Subaru tiene mérito. Esa crisis en la aldea fue prácticamente un descuido de mi parte. Si no ofrezco al menos una pequeña recompensa a quienes resolvieron el problema tan hábilmente, la gente empezará a llamarme un noble desagradecido.
—¿Puedo tener su pluma favorita como recompensa, Señor Roswaal? —preguntó Ram de inmediato.
—¡Vaya que alguien cambió de opinión en un segundo! —se quejó Subaru.
Servicialmente, Roswaal le entregó a Ram la pluma del bolsillo de su pecho. Ram la tomó con reverencia, la abrazó suavemente contra su pecho y dio un paso atrás.
Aun así, Subaru había neutralizado uno de sus últimos obstáculos. Había obtenido la aprobación de Roswaal y Ram se había retirado. El resto sería pan comido. Todo lo que tenía que hacer ahora era convencer a la persona en cuestión: Rem.
—¿Subaru? —Rem, que se había pasado toda la conversación dejando que Subaru le diera palmaditas en la cabeza, parpadeó y lo miró.
—Parece que gané el derecho a una recompensa para nosotros los trabajadores. Muy bien, dime cualquier deseo que tengas. Mientras no sea algo que escape a la riqueza o al poder de Ros-chi, ¡él hará que suceda de alguna manera!
—Agradecería que no eleves taaan alto sus expectativas.
Subaru vio de reojo al payaso soltar una risita, pero se obligó a ignorarlo. En su lugar, se enfocó en Rem, cuyas mejillas estaban visiblemente sonrosadas mientras le sonreía con dulzura.
—Muchas gracias, Subaru. Pero me basta con trabajar aquí en esta hermosa mansión con mi hermana y contigo. No necesito nada más.
—¡Pero eso hace que toda esta conversación no tenga sentido!
Técnicamente, Ram había salido ganando con su pluma nueva.
La amabilidad y el desinterés eran virtudes, pero la incapacidad de expresar un deseo cuando se le daba la oportunidad tenía que ser un vicio. Un vicio de las personas que la habían vuelto así, y de la chica que no reconocía su propia soledad.
—A ver, ¿y si hacemos lo primero que sugirió Subaru? —Dando una palmada, Emilia rompió el estancamiento de la conversación con una idea—. Escuchar lo que decían recién me hizo reflexionar un poco sobre mis acciones. Estaba dependiendo demasiado de la ayuda de Rem. Y si yo me siento así, es natural que, como sus compañeros, Ram y Subaru sientan lo mismo.
Emilia miró a Subaru buscando apoyo, y él asintió con entusiasmo.
—Por eso estoy a favor de darle una recompensa a Rem —continuó Emilia—. Pero Rem dice que no quiere ninguna... y no puedo evitar pensar que eso no está bien.
—Vale, pero ¿qué vamos a hacer al respecto? —preguntó Subaru.
—Creo que al Señor Roswaal le duele mucho no darle una recompensa a Rem cuando se la merece. A ver, no es la intención de Rem herir sus sentimientos, ella es una buena persona, pero es importante que un amo recompense el buen trabajo... —dijo Emilia con aire profundo. Luego sacó la lengua, sonrió con timidez y añadió—: Lo leí en un libro una vez.
Cuando Rem la miró con ligera sorpresa, Emilia continuó:
—No nos digas que no quieres nada. Por favor, piensa en algo. Haces tanto por nosotros... Solo queremos devolverte el favor. Sé que puede ser difícil para ti, pero por favor inténtalo.
—Señorita Emilia...
A Rem se le abrieron los ojos, tanto en sentido figurado como literal. Y Subaru, que no había presentado sus argumentos con tanta precisión lógica, quedó completamente enamorado del discurso de Emilia.
—Bien, digamos que optamos por la sugerencia inicial de Barusu. ¿Cómo procedemos exactamente?
Guardando la pluma en su bolsillo, Ram recuperó la compostura y planteó la pregunta al grupo. Emilia levantó un dedo y respondió sencillamente:
—Ah, eso es fácil. Pedirle a Rem que piense en lo que quiere va a ser difícil para ella. Como siempre está tan ocupada con el trabajo, casi no tiene tiempo para detenerse a pensarlo. Por eso propongo que le demos un día libre para descansar y averiguar qué quiere como recompensa.
—Ooooh. Buena idea.
Encantado de escuchar que ella lo había pensado mejor que él, Subaru apoyó de inmediato la moción de Emilia. A juzgar por sus asentimientos, Ram y Roswaal también parecían estar de acuerdo. No había señales de objeción.
Solo quedaba conocer la opinión de Rem.
—Señorita Emilia... de verdad agradezco su consideración. Me avergüenza lo desconsiderada que he sido. Sin embargo, darme una recompensa y un día libre me parece excesivo. Lo único que he hecho es causarles preocupaciones día tras día. Además, esta mansión me necesita...
Rem bajó la mirada, murmurando una excusa tras otra. Pero Subaru percibió un destello de terquedad firme e inquebrantable en su voz. No se dejaría convencer. Así que, en su lugar, él dio una orden:
—Rem.
—¿Sí? Este... Subaru, yo no...
—Tómate el día libre.
—¡Está bien, Subaru, si insiste!
3
Como todavía estaban en el desayuno, el día libre de Rem no podía comenzar en ese preciso instante. Subaru le sugirió que se tomara libre todo el día siguiente, pero Rem se negó, diciendo que eso era demasiado.
—Así que vamos a repartirnos las tareas de hoy. Por un lado, Rem no tendrá un día libre muy tranquilo si arruinamos sus deberes, y por otro, al experimentar de primera mano las labores que Rem hace a diario, adquiriremos un nuevo aprecio y gratitud hacia ella de aquí en adelante. Este es un proyectito muy significativo.
Tras obligar a Rem a retirarse a sus aposentos, Subaru tomó las riendas y marchó al frente de la habitación para repasar su plan. Cuando terminó, Emilia fue la primera en levantar la mano.
—Subaru, ¿puedo hacer una pregunta?
—Por supuesto, Emilia-tan. Y me encanta la forma tan modesta en que levantaste la mano. ¿Qué pasa?
—A ver, estoy totalmente a favor de darle un día libre a Rem y de todo lo demás que sugeriste recién... pero puede que necesites dar unas cuantas explicaciones más para convencer a los demás aparte de mí.
Emilia se llevó un dedo al labio y miró de reojo. Todos los miembros de la Mansión Roswaal estaban reunidos allí, excepto Rem. En otras palabras, aparte de los sirvientes Subaru y Ram, también estaban los dueños de la casa.
Una de ellas en particular tenía una cara de pocos amigos.
—Oye, vas a tener que dejar de fruncir el ceño en algún momento. No quisiste participar en la conversación, así que ahora no se vale ser una aguafiestas.
—Me pregunto... ¿por qué asumiste que cooperaría en primer lugar, supongo? Eso me parece un misterio mucho mayor —dijo una figura diminuta sentada en una silla, mirando fijamente a Subaru. Sus tirabuzones de cabello color crema y su ostentoso vestido eran la prueba inconfundible de que se trataba de Beatrice.
Aunque había estado presente en la mesa en el desayuno, tenía por costumbre no involucrarse jamás en los asuntos domésticos. Subaru sabía que ella no cooperaría en este asunto, que era exactamente la razón por la que había decidido sacarlo a colación durante el desayuno, cuando no podía ignorarlo.
Y, tal como previó, Beatrice intentaba desligarse de cualquier responsabilidad.
—Vamos, sabes que Rem hace mucho por ti a diario. ¿Quién crees que te cambió las sábanas y las braguitas cuando te measte en la cama?
—¡¿Y qué te da derecho exactamente a decir eso, supongo?! ¡¿Cuándo cometí yo un error tan poco propio de una dama?! ¡Deberías ponerle freno a tus desvaríos delirantes!
—Qué curioso que lo niegues con tanta vehemencia. Conque de verdad...
—¡Quita esa cara! ¡Por supuesto que no me meé en la cama!
Solo había querido tomarle un poco el pelo, pero cuando su dardo provocó una pataleta inmediata, no pudo contener su curiosidad. Subaru dejó a Beatrice de lado por el momento y miró a su otra preocupación principal en la habitación.
—Barusu, si tienes una justificación para esta propuesta tan disparatada, más te vale compartirla ahora mismo.
Solo Ram podía tener unos ojos tan ardientes mientras el resto de su rostro permanecía frío como el hielo. En cierto modo, ella era la persona cuya cooperación Subaru más necesitaba para llevar a cabo su plan. Y la razón de su mal humor solo podía ser una cosa.
—Ninguna justificación. Es exactamente como expliqué antes. Darle un día libre a Rem dejará un hueco en nuestro horario de trabajo. Todos debemos trabajar juntos para ayudar a llenar ese hueco.
—Entonces desearía que al menos no involucraras al Señor Roswaal en esto. El Señor Roswaal ya trabaja más duro que Rem a diario.
—¿Es verdad lo que dice tu secretaria?
Subaru miró más allá de la elocuente sirvienta hacia Roswaal, que se mecía en su silla al lado de ella. El marqués cerró un ojo y usó el amarillo para mirar a Subaru antes de decir:
—Sí, supooon-go que sí. Para un hombre con tantas responsabilidades, ocuparme de pequeñas tareas domésticas no sería exactamente algo digno de elogio. Ram tiene razón. Puede que no lo parezca, pero soy una persona muuu-y ocupada.
—Mmm, ya veo.
—Sin embargo, experimentar las duras condiciones laborales del propio personal no tiene nada de malo. Para determinar si la carga de trabajo justifica la paga, ¿entiendes?
—¿Señor Roswaal, quiere decir...?
A diferencia de la terca Ram, el liberal Roswaal parecía bastante entusiasmado con este arreglo. Aunque en su caso, lo más probable era que pensara que sonaba entretenido.
—Ahí lo tienes, debes respetar los deseos de tu amo, Ram. “Un sirviente es demasiado insignificante para quejarse con su amo”, ¿recuerdas?
—Estúpido Barusu. No te creas la gran cosa solo porque las cosas salieron a tu favor una vez.
Mientras Ram retiraba su objeción a regañadientes, había un brillo anormal en sus ojos. Subaru le dirigió una sonrisa avergonzada a sus miradas asesinas y asintió reconociendo su opinión.
—Bien, volvamos al tema que nos ocupa. Primero, tenemos que repartir las tareas grandes: comidas, colada y limpieza...
—¡¿Es que no escuchaste ni una sola palabra de lo que dije?! ¡¿Supongo que no me oíste decir que no cooperaría?!
—Agh, cielos, qué molestos son todos —rezongó Subaru ante los quejidos de Beatrice—. Emilia-tan, ¿un poco de ayuda?
—Emm, ¿cómo era la frase? ¿Acaso tus ojos no ven este sello...?
Tras recitar parte de la famosa frase del drama histórico Mito Komon, Emilia extendió la mano. La bola de pelo gris sentada sobre ella presintió que era su turno de hablar y movió su nariz rosada. No se trataba de otro que el espíritu contratado de Emilia y el arma anti-Beatrice: el espíritu felino, Puck.
—Betty.
—Este... Hola, Nii-san. Te ves tan lindo hoy...
—Gracias. Verás, Betty, entiendo tu punto de vista, pero también entiendo el de Subaru. Además, creo que uno de nuestros deberes como espíritus es ser generosos con las personas de vez en cuando.
El tono sereno de Puck hizo que los ojos azules de Beatrice vacilaran un poco. Aunque obedecía a Puck por principio, después del alboroto que había montado, dañaría su orgullo ceder tan rápido.
—T-Tus palabras son sabias, supongo. P-Pero yo...
—Betty... ¿por favor?
—Bueno, ¡si insistes, Nii-san, supongo que no puedo decir que no!
—Cielos, qué fácil eres —dijo Subaru con incredulidad.
Ahora que el problema con Beatrice se había resuelto, toda oposición había sido eliminada. Solo quedaba repartir las tareas de Rem.
—Bien, ¿cómo deberíamos abordar su carga de trabajo?
—Como decíamos, incluyendo a Puck, somos seis. Si nos dividimos en tres grupos de dos, deberíamos poder encargarnos de la mayor parte de su trabajo sin problemas. Veamos, las parejas serán...
Fue entonces cuando dos de los objetores le lanzaron a Subaru unas miradas terriblemente intensas. Él asintió, sabiendo lo que ambos querían decir.
—Ram con Ros-chi. Beako con Puck. Yo con Emilia-tan. ¿Qué tal suena eso?
—Bueno, por mí está bien, pero... ¿estás segura de que Puck y Beatrice estarán bien juntos?
—Aww, eres tan preocupona, Lia. No te preocupes por mí. Usaré cada ventaja que me ofrece mi diminuta estatura para rescatar todas las monedas caídas debajo de los muebles.
—Ese es un rol demasiado específico.
Subaru no sabía por qué Puck estaba tan entusiasmado con buscar cambio suelto, pero tampoco se iba a poner exigente. Era mejor que Puck se limitara a los muebles y se mantuviera alejado de la cocina. No quería pelos en su comida.
—Beako, ¿prefieres encargarte de sacudir el polvo o de la colada?
—Si esas son mis dos opciones, mi magia estará mejor adaptada para la colada, supongo.
—Buena elección. Ya que estás en eso, mejor lava todas esas braguitas sucias que escondiste por tu habitación.
—¡Por última vez, no me meé en la cama!
Tras ofrecer unas pocas palabras de consuelo, se decidió que Puck y Beatrice se encargarían de la colada.
Solo quedaban las comidas y quitar el polvo.
—El Señor Roswaal y yo nos encargaremos de la cocina —anunció Ram.
—Por mí bien, pero ¿por qué?
—Si trabajamos en la cocina, no tendré que preocuparme por molestar u incomodar al Señor Roswaal con mi ineptitud. En el peor de los casos, si te sirvieran restos de verduras para la cena, te los comerías, ¿verdad, Barusu?
—Nací en el Año del Conejo, pero no soy vegetariano —disputó Subaru. Ram se burló con un resoplido.
Aun así, con Rem fuera de juego, la siguiente persona más confiable de la mansión para las tareas del hogar era innegablemente Ram, especialmente cuando se trataba de cocinar, donde el éxito o el fracaso dependían en gran medida del sabor de la comida. Poner a Ram a cargo de los alimentos no era una decisión del todo descabellada. Al menos Ram tenía su arma secreta: ñames al vapor. Y aunque las habilidades culinarias de Roswaal eran preocupantes, Subaru estaba seguro de que habría algo comestible sobre la mesa.
—Vale, así que por descarte, eso significa que Emilia-tan y yo nos encargaremos de sacudir el polvo. Será una batalla larga y dura, pero ¿tendrán fe y me seguirán?
—Entendido. Me esforzaré mucho para no estorbarte, Subaru —dijo Emilia apretando el puño para mostrarle que estaba lista.
—Cielos, deja de ser tan linda y adorable —Subaru asintió, satisfecho con la actitud reconfortante de su compañera—. Bien, ahora que sabemos lo que hacemos, dividámonos y pongámonos manos a la obra. Puck y Beako, síganme, les mostraré dónde guardamos la ropa sucia. Y...
Antes de despedir a todos, Subaru se giró hacia la entrada del comedor. Desde una delgada rendija en la puerta, vio a una chica de cabello azul atisbando con cautela hacia el interior.
—... Rem, esto puede ser difícil para ti, pero tu tarea de hoy es un día intensivo de holgazanear y no hacer nada.
—Sí, lo entiendo, pero estoy... bueno, preocupada.
—Esa es la adicta al trabajo que hay en ti hablando, Rem. Hoy es tu día: el Día de Rem. Acepta el consejo de un vago profesional como yo: si no quieres hacer nada en todo el día, te recomiendo encarecidamente pasarte el día en la cama.
—¿Pero por qué? ¿Acaso eso no es una pérdida de tiempo? —intervino Emilia.
—¡Exacto! ¡Se supone que debes perder el tiempo en tu día libre! —respondió Subaru, sintiendo como si alguien le hubiera clavado un cuchillo en el pecho. Mientras tanto, Rem seguía merodeando junto a la puerta del comedor y no parecía dispuesta a irse pronto—. Vale, para empezar, no lleves uniforme de sirvienta en tu día libre. Si vas a holgazanear, tienes que vestirte para la ocasión. ¡Te ordeno que te pongas un pijama cómodo y te tires directo a la cama!
—Este... pero los uniformes de sirvienta son la única ropa que tengo...
—¡Ah! ¡Es verdad, lo mencionaste antes! ¡No puedo creer que lo dijeras completamente en serio! ¡Eres una chica adolescente! Esto es más que trágico.
Subaru se dio cuenta de que, en efecto, nunca había visto a Ram ni a Rem usar otra cosa que no fueran uniformes de sirvienta. Al parecer dormían con camisones, pero eso era algo que solo se usaba a puerta cerrada.
—Bueno, eso no está bien. Tendrás que conseguirte algo de ropa adecuada en algún momento. Por hoy, intenta elegir tu uniforme de sirvienta más cómodo.
—Entendido. Me pondré mi uniforme de sirvienta para días libres.
—¡¿Tienes un uniforme para días libres?!
Parecían tener un uniforme de sirvienta para cada ocasión (combate, trabajo, salidas), pero no había ninguna razón lógica por la que tuvieran que limitarse únicamente a los uniformes de sirvienta.
De todos modos, en el momento en que Rem salió de la habitación con visible desgana, dio comienzo el Día de Rem.
—¡Bien! ¡Equipos, a sus puestos y ejecuten sus tareas con todo el ánimo posible! Si le hacemos pensar a Rem que la casa se vendrá abajo en el momento en que deje de trabajar, ¡todo habrá sido en vano!
—¡A la orden, capitán! —exclamó Emilia con energía, levantando un puño.
Los demás respondieron a su manera tras un incómodo retraso, lo que auguraba un comienzo de día algo accidentado.
4
Y ahora que finalmente tenía un día libre, Rem lo pasaba en un estado de inquietud mayor que cualquier cosa que hubiera sentido antes.
—Ah, Nee-sama... Subaru... ¿De verdad estarán bien sin mi ayuda?
De vuelta en su habitación, Rem se cambió a su uniforme de día libre según las órdenes de Subaru y procedió a dar vueltas en círculos sin rumbo fijo. Sencillamente, no podía quedarse quieta.
Para Rem, el trabajo era básicamente todo el propósito de su vida. Y aunque sentía fatiga como cualquier otra persona, el hecho era que este inesperado día libre hacía cualquier cosa menos calmar su alma.
—Creo que iré a echarles un vistazo después de todo.
Aunque Rem parecía calmada y serena por fuera, en realidad había sido toda una hazaña de resistencia permanecer en su habitación tanto tiempo. Durante todo este tiempo, un mal presagio se había estado acumulando en su exuberante pecho. Pronto salió de su habitación, se aseguró de que no hubiera nadie a la vista y comenzó a deambular por la mansión.
—Si mal no recuerdo, Nee-sama y el Señor Roswaal están encargados de la cocina, así que sé dónde estarán...
Primero, decidió comprobar cómo le iba a su otra mitad, la persona en la que más confiaba para hacer las cosas: Ram. Aunque tenía tendencia a ser perezosa, Ram era en realidad más detallista y responsable que Rem en lo que respecta al trabajo. Al menos, eso era lo que pensaba Rem. Y no había cuestionado el criterio de Ram cuando esta decidió hacerse cargo de la cocina.
Se insistía a sí misma en que seguía sin cuestionar el criterio de Ram... Solo estaba cien veces más preocupada por su hermana de lo habitual.
Con cuidado de no hacer ningún ruido, caminó sobre la alfombra que cubría el pasillo de la planta baja del ala principal de la mansión. Unos apetitosos aromas flotaban desde la cocina al final del pasillo. Rem se deslizó en silencio hacia la entrada.
—Señor Roswaal, lamento todo lo que ha sucedido hoy. Hablaré seriamente con Barusu más tarde... Sí, muy seriamente.
Justo antes de inclinarse para echar un vistazo dentro, la voz amenazante de Ram la detuvo en seco. Ram evitaba estrictamente mostrar emociones frente a otros, pero como se conocían desde el nacimiento, Rem podía deducir el estado emocional de su hermana a partir de las más mínimas fluctuaciones en su voz.
Y tras largos años perfeccionando su “radar de hermana”, Rem supo que Ram estaba furiosa. Rem no había visto algo así en años.
Arriesgándose a echar una rápida mirada al interior, Rem sorprendió a Ram pelando verduras con una ira ardiente en sus ojos. A medida que las diestras manos de Ram manejaban el cuchillo, las verduras perdían su piel como por arte de magia.
—Oh, no tieee-nes por qué exagerar, mi querida Ram. Creo que es bastante importante para mí experimentar cómo es la jornada laboral típica de mi personal. Y Subaru ciertaaa-mente no me obligó a esto.
Roswaal estaba reclinado perezosamente contra la pared de la cocina mientras observaba trabajar a Ram por detrás. Con un movimiento de sus dedos, la olla sobre la superficie impulsada por una piedra mágica de fuego se agitó, llenando la cocina con un aroma a vapor que se derramó por el pasillo.
Ram cortaba los ingredientes mientras Roswaal vigilaba la olla. Claramente Ram estaba haciendo más trabajo, pero considerando sus posiciones, Roswaal ya había cedido bastante. Rem sabía que Ram probablemente se moría por encargarse de todo ella misma y dejar que Roswaal se sentara.
—Es demasiado blando con Barusu, Señor. Si complace sus ideas descarriadas, le dará problemas. Mire lo que hizo hoy...
—Bueee-no, Ram, ¿crees que fue una idea descarriada dejar que Rem tuviera el día libre?
—Yo... solo creo que deberíamos dejar que Rem haga lo que quiera.
—He notado que ha estado bastante entusiasmada con su trabaaa-jo últimamente. Pero hay una delgada línea entre el entusiasmo y la sobrecarga. Además, creo que vamos en la dirección correcta aquí.
Mientras Roswaal hablaba, Ram guardó silencio y Rem aguzó el oído. Escuchar cómo hablaban de ella la hizo sentirse curiosamente cohibida. No había tenido la intención de espiarlos. Esto no la hacía mejor que a una vulgar ladrona.
—Debería irme...
Ram y Roswaal formaban un equipo confiable, especialmente considerando sus muchos años juntos. No había por qué preocuparse de que chocaran. Rem se apartó de la puerta de la cocina para irse. Pero entonces...
—Rem siempre será mi dulce hermana menor. Solo porque su forma de pensar haya cambiado, eso no cambiará cómo actúo con ella... ni lo mucho que la querré siempre.
—Bueno, dejeee-mos las cosas así entonces, ¿te parece?
Rem se presionó suavemente el pecho con la mano al escuchar lo que dijo Ram. Echó una última mirada a la cocina y se encontró con que Roswaal la estaba mirando.
No dijo nada, solo le guiñó un ojo en silencio antes de darse la vuelta.
Su amo estaba siendo discreto por su bien, así que Rem regresó en silencio al pasillo y dejó atrás la cocina. Quizá Roswaal sabía que ella había estado afuera todo el tiempo. Si era así, tal vez había redirigido la conversación para que Rem escuchara lo que Ram sentía verdaderamente por ella.
—Gracias... Señor Roswaal.
Tras pronunciar unas palabras de gratitud hacia Roswaal, Rem se dirigió a su siguiente destino.
A continuación, iría a revisar cómo les iba a Puck y a Beatrice en el cuarto de lavado. En cierto modo, ellos eran la pareja más inesperada de todas.
—Por lo general, esperaría encontrarlos junto a la fuente...
La ropa sucia se recogía por la mañana y se llevaba al gran baño. Como mojarse no era un problema y allí había agua de sobra, la fuente del baño era el lugar habitual para lavar la ropa en la mansión.
Guiándose por esa lógica, allí era donde Rem esperaba encontrar a la pareja...
—Me acabo de dar cuenta de que no estoy segura de que sepan cómo tratar telas delicadas...
El pánico embargó a Rem al encontrar un nuevo motivo de preocupación.
Los pañuelos eran una cosa, pero los uniformes de sirvienta, los elaborados trajes de Roswaal, la mayor parte de la ropa de Emilia y la delicada ropa interior femenina no eran cosas que se pudieran lavar con la colada habitual. El riesgo de que los colores se destiñeran o simplemente se dañara la tela era especialmente alto.

—¡¿Cómo pude ser tan descuidada?! ¡Nee-sama o yo siempre nos encargamos de la colada...!
Rem se recriminó por el descuido y corrió hacia el gran baño en el ala oeste. Mientras corría, el sonido del agua y de voces hablando llegó a sus oídos, haciéndole saber que la pareja ya estaba allí. Solo tendría que llegar allí y quitarles la ropa antes de que la manipularan mal y...
—Escucha, Betty, esto es importante. La ropa interior femenina no se puede lavar de forma brusca. Se le van los colores y también puede perder su forma. Puedes arruinarla en un solo lavado, así que siempre hay que tratarla con mucho cuidado. Es tentador simplemente arrojar a la colada todo lo que la gente no ve junto con lo demás, pero hay que darles un trato especial porque son especiales.
—Entiendo, vale. Así se habla, Nii-san; eres tan sabio. Estoy aprendiendo muchísimo.
Mientras Rem recuperaba el aliento en silencio en el vestidor, observó a Beatrice meter las manos en un cubo de agua para lavar cuidadosamente una prenda interior. Puck flotaba cerca, agitando su larga cola mientras contemplaba una pequeña tina de baño.
Había algo extraño en la forma en que se movía. Rem se puso de puntillas para ver qué hacía Puck. Cuando vio la causa, ahogó un leve jadeo. En la tina, había un montón de ropa girando en el agua con burbujas. Probablemente era magia de viento y agua. Al invertir el sentido del remolino de vez en cuando, Puck podía lavar una enorme cantidad de ropa de una sola vez.
Y al mirar más de cerca, Beatrice tampoco estaba tocando el agua directamente con las manos. Usaba las yemas de sus dedos para darle forma al agua; así era como lavaba la ropa interior.
Era un despliegue de magia abrumadoramente cotidiano y casi excesivo que solo podía ser realizado por seres poderosos como ellos. Aunque lo que hacían era de un nivel increíblemente alto, se adaptaba perfectamente a la vulgar tarea de la colada. Lo que sorprendió aún más a Rem fue lo extrañamente informado que estaba Puck sobre la vida cotidiana en la sociedad humana.
—Una vez que terminas de lavar la ropa con agua jabonosa, la enjuagas en agua tibia. Tienes que enjuagarla bien. De lo contrario, las telas blancas pueden volverse amarillas. Cuando sea hora de secar la ropa, cuélgala en un lugar con brisa, pero no a la luz directa del sol. Esto protegerá la ropa interior, que es lo más importante.
En todo caso, resultaba casi espeluznante lo mucho que sabía Puck. ¿Lo habrá aprendido por el bien de Emilia? ¿Dónde lo habría aprendido? Era un absoluto misterio.
“Al menos ya no necesito preocuparme por ellos”.
La mayor fuente del temor de Rem —la falta de conocimientos— había resultado ser completamente infundada. Rem suspiró aliviada y decidió que esta pareja estaría bien, aunque se marchaba con varias preguntas nuevas.
—Aun así, la colada es un gran fastidio. Me pregunto si a los humanos les resulta frustrante tener que hacer tanto para cuidar cosas que se ensucian simplemente por el hecho de existir.
—Sí, a nosotros nos basta con alejarnos y volver a aparecer para renovar nuestro aspecto. Ah, cierto, tus circunstancias son un poco diferentes, Betty.
—Solo un poco diferentes... Tampoco me ensucio, igual que tú, supongo —el tono de Beatrice decayó un poco mientras miraba dentro de su cubo de ropa interior y dijo— : Ya es bastante pesado hacer la colada con magia de por sí... Lavar todas y cada una de las prendas a mano es una auténtica locura. Hacer esto durante un rato ya me ha dejado terriblemente aburrida.
—Pero esos niños hacen tareas como esta todos los días. Nosotros no necesitamos que nos laven la ropa, pero sí necesitamos comer y tener un espacio limpio para vivir. Y ellos se encargan de esas tareas todos los días también, así que es normal que se cansen. Ahora entiendo por qué Subaru quería darle a Rem un día libre.
—B-Bueno... supongo que entiendo tu punto. Solo un poco.
En comparación con el constantemente sarcástico y emocionalmente enigmático Puck, Beatrice era fácil de leer. Aunque Rem ya estaba saliendo del vestidor, sabía lo rojas que debían de estar las mejillas de Beatrice en ese preciso instante.
Mientras Rem salía del vestidor, se giró hacia el baño, hizo una reverencia y dijo:
—Gracias a ambos por su amabilidad.
Luego fue a ver a la última pareja que trabajaba en su lugar ese día. Estos dos eran los que más preocupaban a Rem y, en cierto modo, era de quienes más temía no poder mantenerse callada o escondida cerca de ellos.
Subaru y Emilia estaban en el ala oeste ese día, sacudiendo el polvo.
—Nada me pone más de humor para limpiar que atarme un pañuelo a la cabeza — comentó Emilia.
—Vaya, eso sí que es algo que no se ve hacer a la gente hoy en día...
Mientras subía las escaleras hacia el tercer piso del ala oeste, Rem guardó silencio al oír a los dos hablar. Pegó la espalda a la pared y miró por el pasillo. Allí vio a Subaru y Emilia limpiando las ventanas.
El cabello de Emilia estaba recogido hacia atrás y llevaba un pañuelo blanco envuelto en la cabeza. La forma en que Subaru le lanzaba miradas disimuladas hizo que Rem soltara una risita.
—Pero sabes, no está tan sucio aquí arriba. Parece que alguien hace un buen trabajo manteniéndolo ordenado.
—Bueno, limpiamos las tres alas por turnos. Además, el ala oeste se usa mucho menos que las otras alas. Como el salón de baile. Ese pobre salón ya lleva demasiado tiempo esperando algo de compañía.
Emilia echó aliento sobre las ventanas y luego las limpió con su trapo hasta dejarlas relucientes. Subaru estaba en una escalera de mano a su lado, revisando la parte superior de las ventanas y puertas. Se encogió de hombros con apatía y dijo:
—¡Agh, nada de suerte! ¡Este sitio también está limpio! Vaya, mírame, lamentando lo limpio que está todo. ¡Nunca pensé que vería llegar este día!
—De verdad es sorprendente. Pero eso solo demuestra lo duro que trabaja Rem. No estoy segura de sí me habría dado cuenta de esto si no hubiera recorrido todo y mirado en detalle —Emilia soltó una pequeña risita mientras veía a Subaru tomarse la cabeza en señal de rendición. Miró a lo largo del pasillo y soltó un leve suspiro—. Realmente no deberíamos tomarnos todo esto a la ligera. A ver, yo intentaba ayudar a Rem y terminé aprendiendo una lección valiosa. Gracias, Subaru.
—¿Eh? Ah, este... sí, eso era exactamente lo que buscaba. Quería que entendieras lo duro que trabaja Rem y darle el día libre a ella. Dos pájaros de un tiro, ¿sabes?
—Lo siento, creo que no entendí eso.
A veces, cuando Subaru se cohibía y empezaba a hablar muy rápido, Rem no podía entender lo que decía, y Emilia parecía tener problemas parecidos. Los hombros de Subaru se cayeron de desánimo.
—Pero limpiar la casa así... Me trae algunos recuerdos.
—¿A qué te refieres exactamente?
—Hubo un tiempo en que trabajé como Ram y Rem. Solo por un breve tiempo, cabe aclarar. Una serie de malentendidos me llevó a eso... Pero ahora es un recuerdo divertido, je, je.
—¿Eh? No sabía eso. Espera, ¿no me digas que usaste un uniforme de sirviente? Ja, ja, sí, claro.
—Sí que lo usé. Aunque no era corto como el de Rem.
—Un momento, ¡¿en serio?! ¡¿Por qué no estuve allí para ver eso?!
—¿Eh? ¿Tal vez porque aún no te conocía?
Mientras Subaru se mordía el labio en la más absoluta desesperación, Emilia le dirigió una mirada de perplejidad. Los sentimientos de Subaru eran dolorosamente evidentes, y era un crimen que Emilia no se diera cuenta. Una parte de Rem sentía lástima por Subaru, pero otra parte de ella se sentía aliviada de que los dos avanzaran tan poco.
—¿Eh? Espera un minuto, ¿acaso hoy no es...? Uno, dos, tres...
Mientras Rem asimilaba sus sentimientos, Subaru de pronto empezó a contar algo con los dedos. Una vez que llegó a cierto número, murmuró en voz baja: “Rayos”, mientras miraba por la ventana.
—¿Subaru? ¿Pasa algo?
—Olvidé un trabajo muy importante que tenemos que hacer. Si nos saltamos ese trabajo, habrá un gran problema.
—Un trabajo muy importante... ¿Es un trabajo que tiene que hacerse a una hora determinada o requiere un número específico de personas?
—No, una sola persona puede hacerlo perfectamente. La cosa es que... es el tipo de trabajo que jamás te puedes olvidar de hacer.
Subaru se rascó la mejilla mientras se lamentaba de su descuido. Emilia se llevó un dedo a los labios pensando... y una vez que dedujo a qué se refería Subaru, asintió con la cabeza:
—Está bien. En ese caso, deberías ir a hacer ese trabajo, Subaru. Estoy segura de que puedo encargarme de limpiar esta ala yo sola. Ya casi está terminada.
—Emilia-tan... ¿segura de que estarás bien sin mí? ¿No te sentirás sola?
—Ni un poquito. No te preocupes.
—¿Por qué tienes que sonar tan segura de eso?
Tras una ronda de las bromas habituales, Subaru se alejó a regañadientes del lado de Emilia. Ella le agitó la mano en silencio hasta que él desapareció de la vista, y luego, con un pequeño “¡Bien!” para darse ánimos, dijo:
—Bueno, después de tanto alardear frente a Subaru, más me vale cumplir. Tengo que demostrarle que puedo encargarme de esto sin ningún problema yo sola... De lo contrario, se burlará de mí más tarde.
Aunque Subaru jamás se burlaría de Emilia, ella parecía tomarse muy en serio lo que decía y llevó su cubo y su trapo a otra habitación. Parecía que no tendría problemas para limpiar el resto del ala ella sola. Si había algo que preocupaba a Rem...
“¿A dónde se habrá ido Subaru...?”.
¿Cuál era ese trabajo tan importante aparte de las comidas, la colada y sacudir el polvo?
“Ah”.
Al recordar cómo Subaru se había quedado mirando por la ventana poco antes, Rem finalmente dio con la respuesta.
5
—¿Está bien si me uno a ti, Subaru?
Cuando Subaru se escurrió por el portón principal de la mansión y vio a Rem de pie allí, sus ojos se abrieron de par en par por la sorpresa. Se rascó la mejilla con torpeza mientras respondía:
—Caramba. Conque me descubriste.
—No, descubrí que se me había pasado por alto hasta hace poco. Es probable que lo haya recordado al mismo tiempo que tú, Subaru.
Con una leve sonrisa, Rem sacudió la cabeza con aire tranquilizador hacia Subaru, que se mostraba apenado. La verdad era que, si Subaru no lo hubiera recordado, lo más probable es que Rem lo hubiera hecho. Así de presente estaba ese asunto en su mente, incluso en un día libre inesperado.
—Este es el tercer día desde la última vez que lo revisamos... Es el día en que debemos ir a la barrera de la montaña para ver si sigue intacta. Sería una lástima que no fuera así, ya que hace muy poco logramos contener a las mabestias.
La tarea que Rem había olvidado y que Subaru recordó era revisar la barrera. La causa del susto con las mabestias unos días atrás fue una barrera descuidada en las montañas que mantenía a la población de mabestias alejada de la aldea. Debido a esto, se había erigido una nueva barrera, y debía recibir mantenimiento con regularidad hasta que quedara bien establecida. Y hoy resultaba ser uno de esos días. Rem había interceptado a Subaru justo cuando él estaba a punto de ir a la montaña.
—Todo lo que tengo que hacer es comprobar si el cristal sigue brillando. Puedo hacerlo fácilmente yo solo. ¿De verdad te preocupa tanto la idea de que camine solo por las montañas?
—Siempre me preocupo por ti, Subaru, pero esa no es la única razón. Solo quiero ir contigo... ¿Acaso no está bien?
Subaru evitó la mirada de Rem y se rascó la punta de la nariz. Rem mantuvo la vista fija en él hasta que soltó un suspiro de resignación y respondió:
—Hacer senderismo en tu día libre... De verdad te gusta el aire libre, ¿eh, Rem?
—Cada vez que estoy contigo, está bien que me apoye en ti tanto como desee. Me dijiste eso, ¿recuerdas?
—Y yo soy fácilmente manipulable con esa oferta... Está bien, puedes venir conmigo. Como dicen por ahí, ningún camino es largo con buena compañía.
—De acuerdo.
Y con eso, Subaru empezó a caminar, mientras Rem lo seguía ligeramente detrás a su lado. Esa proximidad y velocidad le daban a Rem la sensación de cercanía más reconfortante. No estaban al lado el uno del otro, pero ella tampoco estaba totalmente detrás de él. Sin embargo, a veces, Subaru miraba por encima del hombro para ver cómo estaba, como asegurándose de que Rem todavía lo seguía.
Y cuando Rem se dio cuenta de lo reconfortante que era ese gesto suyo, ese lugar justo detrás de Subaru se convirtió en su sitio favorito. Se sentía mejor cuando estaba allí. Los ojos del chico de cabello negro eran tan amables que casi podía sentir su tacto cálido y atento.
—Escucha, Rem... como que hoy me pasé de la raya y te obligué a hacer un montón de cosas... ¿Te molestó eso?
—¿Por qué... lo preguntas?
—Me di cuenta de nuevo cuando me estabas esperando en el portón antes, pero me preocupa que no hayas podido relajarte exactamente hoy. Lo sé, es un poco demasiado tarde y debería haberme dado cuenta antes, pero aun así.
Mientras Subaru intentaba con torpeza evaluar el estado emocional de Rem, ella no pudo evitar soltar una suave risita. Él tenía razón: ya era demasiado tarde para preocuparse por eso ahora, y ni siquiera era algo que debiera preguntarle por preocupación. Sin embargo, en Rem surgió el deseo de tomarle un poco el pelo al respecto.
—Sí, supongo que sí. A decir verdad, me habría gustado organizar y asignar las tareas de trabajo yo misma, así que en ese aspecto, me diste bastante de qué preocuparme.
—Ugh... Lo siento por eso.
—Tenía bastantes planes propios para hoy. Y como me tomé el día libre, eso podría afectar mi carga de trabajo mañana. No puedo negar que tu plan me ha puesto en un pequeño aprieto.
—Gurg... Una pequeña amabilidad puede convertirse en una gran molestia para los demás...
Con una mirada de reojo a Subaru, que se sujetaba el pecho y tambaleaba al caminar, Rem sacó la lengua a escondidas y sonrió de oreja a oreja. Él le había dado un susto, así que esta pequeña venganza estaba justificada. Aunque, si bien él le había dado un susto, haber obtenido un día libre no se sentía para nada mal.
—Pero estuve muy feliz por lo amable y atento que fuiste conmigo hoy, y durante este día libre pude ver lo que la Señorita Emilia, el Señor Roswaal y todos los demás piensan de mí. Y por eso, quiero darte las gracias.
También estaba el inusual pozo de datos curiosos de Puck y el resuelto uso de la magia por parte de Beatrice. La forma en que hacía girar la colada para lavarla era algo que Rem quería adoptar.
Subaru se detuvo en seco, boquiabierto. Luego, sus labios se curvaron en una sonrisa al darse cuenta de que Rem se la había jugado.
—Cielos, Rem, me alegra que nos hayamos vuelto lo bastante cercanos como para que hagas bromas a mi costa.
—Lo siento. Pero decía la verdad cuando dije que la repentina situación me dio un susto. Y, en cierto modo, ver que la casa podía funcionar perfectamente sin mí me hizo sentir un poco triste.
—Eh, sí, pero no siempre podemos enfocar todo nuestro poder de combate en las tareas del hogar como hicimos hoy. Además, si tomamos en cuenta tus recados de primera hora de la mañana, dudo que logremos gestionar con éxito un día entero de tareas.
—Creo firmemente que eso es una exageración.
—Lo dice la chica que hace el trabajo de cinco personas ella sola. Creo que ya va siendo hora de que revises la opinión que tienes de ti misma, Rem. Nadie pestañearía si te echaras flores de vez en cuando.
Al recibir los elogios de Subaru, Rem no sintió más que pura dicha. Escucharlo decir eso hizo que todos esos días de arduo trabajo valieran la pena. No tenía más que gratitud hacia Subaru por promover el experimento, y el deseo de recompensarlo por su consideración la consumió por completo.
—¿Subaru?
—¿Mmm? ¿Qué pasa? ¿Lista para echarte flores ahora?
—Gracias por todo.
—¡¿Por qué me das las gracias?! ¡¿Cuándo hice algo para merecerlo?! —titubeó Subaru, atolondrado por la inesperada respuesta.
Rem soltó una risita tapándose la boca con la mano.
Era la falta de autoconciencia de aquel generoso chico lo que hacía que lo amara tanto.
6
A la mañana siguiente, Rem se despertó más temprano de lo habitual, puso especial cuidado en su arreglo personal, realizó las tareas matutinas con más alegría que de costumbre y llegó a la habitación de Ram a la misma hora de siempre.
—Nee-sama, Nee-sama, ya es de mañana. Y una mañana de lo más encantadora.
—Mnn... cinco minutos más —dijo Ram con un gemido, como hacía todas las mañanas.
Mientras ella se acurrucaba en su manta, Rem la levantó hasta ponerla de pie. Ram se tambaleó mientras Rem se sentaba detrás de ella y le pasaba un cepillo por su cabello rosado.
—Nee-sama, aquí tienes una toalla caliente.
Bostezando, Ram tomó la toalla caliente de su hermana. Mientras se limpiaba la cara, sus sentidos se fueron despertando gradualmente. Mientras tanto, Rem sacó su ropa, le quitó el camisón a Ram y la ayudó a ponerse su uniforme. Era toda una experta en ese trabajo.
Rem tarareaba mientras vestía a su hermana, quien, ahora completamente despierta, esbozó una sonrisa.
—Rem... pareces estar de muy buen humor esta mañana.
—¿Ah, sí? Bueno... sí, supongo que sí. Tuve un día libre muy significativo ayer. Y se lo debo en parte a todo tu arduo trabajo, Nee-sama.
—Entonces... ¿descansaste bien? —preguntó Ram con sencillez.
Rem pensó en el día anterior: el almuerzo y la cena que Ram y Roswaal habían preparado, la forma en que Beatrice tomaba el sol con la barriga al descubierto mientras secaba la colada, la forma en que Puck salía volando con una ráfaga de viento repentina, la forma en que Emilia rompió una maceta mientras sacudía el polvo y daba vueltas en círculos al borde de las lágrimas... y, por supuesto, las palabras que ella y Subaru intercambiaron en su paseo por las montañas...
Todos y cada uno de los recuerdos le dejaban la respuesta bastante clara a Rem.
—Sí, Nee-sama. Ayer tuve el día libre más feliz de todos.
—Bien. Eso era todo lo que necesitaba escuchar.
Ram cerró los ojos y asintió con satisfacción tras ver la sonrisa de Rem. Esta era una expresión de sincera satisfacción que ni siquiera Rem podía ver muy a menudo. Ram dirigió su apacible mirada hacia la ventana y dijo:
—Supongo que Barusu sí tiene ideas útiles de vez en cuando.
—¡Ah, sí! Subaru es increíble. Tú también lo sientes así, ¿verdad, Nee-sama?

—Estaba a punto de sentirme así, pero ahora he cambiado de opinión.
Rem infló las mejillas de forma infantil ante la sarcástica respuesta de su hermana. Era un lado de sí misma que solo le permitía ver a su hermana. (Aunque esa lista se había ampliado para incluir a otra persona ahora).
Una vez que Ram estuvo vestida, Rem le aplaudió mientras esta posaba frente al espejo. Luego salieron al pasillo justo a tiempo para ver a Subaru, que caminaba por allí bostezando. Al divisar a las gemelas, reprimió el bostezo y saludó con la mano:
—Buenos días a las dos... Esperen, ¿por qué la mayor de ustedes me mira con tanto odio a primera hora de la mañana?
—¿Como si no lo supieras? Esta es la cara que pone una dama cuando encuentra una rata muerta a primera hora de la mañana.
—Este... ¡espero que esa no haya sido una respuesta directa a mi pregunta!
Condicionada por la conversación en su habitación, Ram estuvo especialmente gélida con Subaru esa mañana. Con una sonrisa avergonzada, Rem decidió en secreto que sería especialmente amable con Subaru para compensarlo.
—No le hagas caso, Subaru. Solo está siendo honesta con sus sentimientos.
—¡Esa es una forma muy curiosa de decir: “Lo siento, mi hermana te llamó rata muerta”!
Rem no estaba segura de por qué, pero había fallado. A veces, sus intentos de amabilidad no daban en el blanco, y eso siempre la confundía. Aun así, Subaru dejó de lado sus frustraciones y respiró hondo. Luego miró a Rem y dijo:
—Por cierto, Rem, ¿lograste descansar y disfrutar de tu día libre sorpresa ayer?
—Sí, por supuesto. Y se lo debo todo a ti, Subaru.
—¡Tch!
—Nee-sama, acabas de chistar entre dientes, ¿verdad? —Subaru miró fijamente a Ram, quien miró hacia otro lado enfurruñada. Aunque envidiaba la buena relación que tenían, Rem hallaba satisfacción en el hecho de haber encontrado una alegría aún mayor que esa.
—Bueno, me alegra ver esa gran sonrisa en tu rostro, Rem —dijo Subaru, rascándose la mejilla con timidez al observar la sonrisa inesperadamente amplia en la cara de la sirvienta—. Así que, Rem... tuviste todo un día para pensarlo. ¿Ya elegiste una recompensa? Y no me digas que estabas demasiado concentrada en relajarte como para pensar en una.
—Ah, no le diré eso. Pero no necesitan darme una recompensa, porque ya la recibí.
—Vaya, ¿en serio? Esa sí que es una novedad para mí. Estúpido Ros-chi, pensé que éramos amigos —Ladeando la cabeza, Subaru se quejó del ausente dueño de la casa. Pero era un simple malentendido. Y una flagrante acusación falsa hacia Roswaal.
Porque Rem ya había recibido su recompensa por completo gracias a la sugerencia de Subaru. Todos en la casa se habían preocupado por Rem y habían ayudado con gusto para que ella pudiera aprovechar al máximo su día libre.
Todos creían que ella era merecedora de eso. Y ahora ella también creía que era merecedora... ¿qué mayor recompensa podía haber que esa?
—¡Su Rem espera con ansias entregarse a otro día de arduo trabajo!
Y por eso la sonrisa de Rem fue mucho más dulce ese día mientras miraba a sus dos seres queridos.
FIN