El Día en Que Dejé de Ser Una Estrella Seguidora
El Día en Que Dejé de Ser Una Estrella Seguidora
1
En este mundo, las naciones están distribuidas en un único continente continuo, formando los cuatro países conocidos como las Grandes Naciones.
Con sus territorios al este, oeste, sur y norte, y aunque existen otros países más pequeños, estos no son tratados más que como estados vasallos bajo la protección de alguna de las Grandes Naciones.
El poder relativo de las cuatro Grandes Naciones se mantiene en un delicado equilibrio y, con la excepción de la nación más recientemente surgida Kararagi, este punto muerto no había cambiado significativamente en casi mil años.
En el Reino Sagrado de Gusteko, al norte, el frío intenso se combina con montañas escarpadas, y tanto para los hombres como para las bestias, es una nación que requiere una fuerza dura. Nieva durante todo el año y todos sus productos, con excepción de unos pocos, están hechos para soportar el frío. A cambio, la cría de ganado, las vetas de mineral mágico que yacen en las escarpadas montañas, la minería y el manejo del mineral mágico preservan la fuerza de la nación.
Además, se enseña que la cima de la Sacrosanta Montaña de Pardochia es una de las moradas de los Cuatro Grandes Espíritus, gobernada por la Sacro Bestia Odglass, que ostenta un enorme poder.
En la fundación del Reino Sagrado de Gusteko, Odglass otorgó el título de «Rey Santo» y estableció un contrato con un usuario de artes espirituales que la seguía, y desde entonces siempre ha participado en la elección del «Rey Santo», que es quien gobierna la nación.
El «Rey Santo» que lidera el Reino Sagrado de Gusteko es elegido — independientemente de su linaje u origen— por la Sacro Bestia Odglass entre los ciudadanos para liderar la próxima generación.
Las Ciudades-Estado de Kararagi, en el oeste, es —comparada con las otras tres Grandes Naciones— un país recién formado con una historia breve. Hasta hace aproximadamente cuatrocientos años, la parte occidental del continente parecía un barril de pólvora de varias naciones pequeñas que se veían con ira entre sí. Había poca diferencia en el poder entre cualquiera de las pequeñas naciones y, como cada una temía ser atacada por las demás, se prolongó durante mucho tiempo una era improductiva de recelo mutuo. Quien puso fin a esa situación fue un comerciante común que se hacía llamar Hoshin.
Hoshin, de identidad y origen inciertos, ascendió en el mundo simplemente gracias a sus palabras, su talento para los negocios y su imaginación, y al final derrotó a los pequeños países que se habían enfrentado entre sí con fuerza militar, utilizando la magia llamada poder económico. Aunque no pertenecía a ninguna nación, sus tácticas diabólicas hicieron que hubiera personas en el centro de cada país con conexiones con Hoshin.
Como resultado, muchos países pequeños se postraron ante Hoshin, su posición como naciones se transformó en ciudades, y nacieron las Ciudades-Estado de Kararagi, con Hoshin como representante de todas ellas.
Desde entonces, el nombre de Hoshin se convirtió en una palabra que hacía referencia a alcanzar la prominencia, e incluso después de su muerte, muchas personas con talento se habían reunido para seguir sus pasos. Además, las Ciudades- Estado de Kararagi se convirtieron en un país fuerte con el que las otras tres Grandes Naciones no podían interferir fácilmente.
El meridional Imperio de Vollachia posee la historia más antigua y, con el razonamiento arraigado de «país próspero, ejército fuerte», la nación ha seguido estando dirigida por su Emperador.
Reinado desde el ápice, el Emperador ostenta autoridad absoluta y el gobierno del Imperio es completamente gestionado por él mismo.
Esa disposición no cambió nunca desde la fundación del país, y la razón por la que el Imperio no se hubiera derrumbado debido a un gobernante inepto era la ley sublime relativa al cambio de liderazgo.
La costumbre era que, mientras ocupaba el trono, el Emperador tenía hijos en todas partes del país, y estos competían por el puesto de próximo Emperador. Para un candidato a este puesto, el fracaso significaba la muerte, y tras pasar por este espantoso proceso que concentraba el odio y lo peor del mundo, se elegía a una sola persona como próximo Emperador. La actitud de respeto hacia este carácter nacional se filtraba también a los ciudadanos, y la doctrina imperial de aceptar la supremacía de los poderosos y de un Emperador poderoso se considera ampliamente como el estado natural de las cosas.
Existía cierta interacción con otros países, pero al estar bendecido con tierras fértiles y un clima estable, el país era básicamente capaz de sostenerse por sí mismo, y el contacto con el exterior no se veía con buenos ojos. En cambio, abrazaban continuamente la ambición de expandir su territorio, y su antiguo conflicto con Lugunica había continuado sin cesar.
En consecuencia, en la parte suroeste del Reino Dragón de Lugunica, la Baronía Barielle estaba continuamente expuesta a una sensación de peligro.
2
[Aunque no lo creas, he oído que su Señoría se consiguió una nueva esposa.]
Para los habitantes de la Baronía Barielle, no era más que un tema sarcástico que se comentaba durante los descansos de sus labores del campo.
En lo que respectaba al barón Leip Barielle, que administraba su territorio, la opinión de sus ciudadanos locales no era muy buena. De hecho, sería mejor decir que tenían una mala opinión de él.
Impuestos y leyes locales que carecían de consideración hacia los ciudadanos. No solo distaba mucho de ser un enfoque que produjera amistad, sino que era difícil esperar que la gente sintiera buena voluntad hacia una figura de autoridad que rara vez se dejaba ver.
Con una brecha tan grande entre la mentalidad del Señor y la de los vasallos, no era imposible que eso se convirtiera en la semilla de una rebelión. De hecho, se habían producido varios intentos en los últimos diez años.
En cambio, para un Señor que no prestaba suficiente atención a las buenas intenciones de sus ciudadanos, nunca dejaba de desconfiar de sus malas intenciones. Como resultado, los intentos fueron aplastados con crueles castigos públicos, y las relaciones empeoraban día a día.
Debido a eso, aunque el anuncio del Señor normalmente se habría celebrado, a los ciudadanos no les importaba. Ya que el Barón era de edad avanzada, tomar una segunda esposa a su edad no despertaba interés de otros.
Sin duda, esta segunda esposa o lo que fuera se llevaría la mayor parte de los frutos de su trabajo y resultaría ser un demonio que solo les dejaría lo justo para sobrevivir.
El final de la esperanza de vida del Señor Leip y la caída de la Casa Barielle, carente de herederos.
Estas eran las únicas esperanzas de los ciudadanos locales mientras vivían el día a día, y esa era su primera impresión de ella.
Su primera valoración antes de ver a la mujer pelirroja conocida como Priscilla Barielle.
[Juh. Qué lugar más tedioso y qué expresiones más sosas] eso fue lo primero que dijo ella mientras contemplaba el mejor campo de la aldea junto con su propietario.
Una voz llena de desprecio y palabras pronunciadas por alguien que los miraba muy por debajo de ella. Muchos de los que alzaron la vista sintieron una ira difícil de soportar, pero se quedaron sin palabras en cuanto la vieron.
La que ahí estaba era una mujer pelirroja.
Su cabello naranja parecía un reflejo de los rayos del sol y estaba recogido con una horquilla decorada, y su cuerpo más que voluptuoso estaba ataviado en un vestido carmesí que lo exponía generosamente. Sus labios de color claro esbozaron una sonrisa escarlata, y sus ojos ardieron en rojo mientras miraban a quienes la observaban.
Incluso el abanico que había elegido para refrescarse era rojo, por lo que, de la cabeza a los pies, era una mujer carmesí.
Ante ese tipo de ataque visual, resultaba evidente a simple vista que se trataba de alguien de alta posición, pero aun así, todos olvidaron reaccionar.
Además de todo lo anterior, hasta el punto de borrar la impresión que causaba su extravagante vestimenta, la mujer pelirroja era hermosa. Todos los presentes, hombres y mujeres, no pudieron evitar temblar ante la belleza que tenían ante sus ojos.
[¿A qué se debe que me miren con esos ojos tan patéticos? ¿Acaso no es ello una insolencia, miserables imbéciles?]
Sin embargo, ese sentimiento también quedó completamente anulado por los continuos comentarios burlones de la mujer. Tardaron en reconocer su desprecio y, aunque todos tenían ira en sus ojos, la guardaron y bajaron la cabeza.
Las palabras de la mujer pelirroja eran insultos humillantes. Pero, con solo mirarla, podían darse cuenta de que su posición en la vida era completamente diferente a la de ellos. En otras palabras, no ganaban nada intentando oponerse a ella. Tal y como hacían normalmente, ante la injusticia o el descontento, bajaron la cabeza; el esperar a que pasara la tormenta era el mejor plan.
[Ah, ya veo. Los largos años de resignación les han robado en su totalidad la entereza y los han vuelto apocados. Eso implica que el anciano debe de ser bastante noble. Veo que es diestro en el arte de ser opresivo.]
[U… Usted parece ser una noble. ¿Qué la trae hoy a esta aldea...?] mientras observaba las caras abatidas de los lugareños con expresión de comprensión, el propietario del campo se dirigió a ella con determinación.
Como propietario del mejor campo y terreno de la aldea —aunque no hubiera una gran competencia— él era el representante del poblado. Nadie más aquí era adecuado para preguntarle a un noble por sus asuntos.
[Has de no apresurarte tanto, plebeyo. Es de esperar que te sorprenda que una belleza como yo misma te visite súbitamente, mas yo hago lo que quiero y como quiero, y he de no dejar que nadie me apure. Deberías estar agradecido por tu inesperada buena fortuna. Mas has de limitarte a continuar contemplando mi grácil figura por el rabillo del ojo y olvídate del curso del tiempo] acercando su cara a la del propietario, la mujer pelirroja le habló de forma seductora, tan cerca que él podía sentir su aliento.
Ante eso, el propietario retrocedió, visiblemente aturullado. No se le podía culpar por ello.
Entre el propietario y la mujer pelirroja, la diferencia de edad era como la de un padre y una hija, pero el intenso encanto que ella desprendía era suficiente para hacerle olvidar la diferencia de años y provocar que un hombre pensara en ella como una mujer. Llamarlo hechizante sería apropiado.
[Juhm, jhm… Oh, ya veo] tras inquietar al propietario, la mujer contempló los campos cercanos como si fueran suyos.
Mientras eso sucedía, los lugareños estaban ocupados mirándola de reojo, tal y como ella había dicho. No tenían motivación para continuar el trabajo en los campos y que se quejaran más de ellos, pero a nadie se le ocurrió siquiera hacerlo.
Hacer algo diferente a los demás y llamar la atención de la mujer pelirroja era algo que todos temían.
[Mhmm, sí. Primero aquí y aquí, supongo que después esos dos de allí han de servir. No hay una gran diferencia entre ellos, así que deberían considerarlo como buena fortuna que hayan captado mi interés] después de dar un breve vistazo a los campos cercanos, la mujer asintió con expresión satisfecha.
Mirando fijamente al dueño, sonrió al verlo temblar. A pesar de que esa sonrisa era algo que hacía pensar en malicia, era demasiado hermosa como para apartar la vista.
[Tú, plebeyo. Tú posees el campo más extenso de la aldea, ¿no es así?] dijo la mujer pelirroja.
[Uhm, sí. Es correcto.]
[Con tan solo ver tu campo puedo decirlo. Es terrible, mas cuando menos la tierra es extensa. Tal como un árbol viejo y seco, posees ambiciones que no se ajustan a tus limitaciones, al igual que cierto Señor que podría mencionar.]
Los habitantes se dieron cuenta poco a poco de que esas palabras, llenas de desprecio y burla, iban dirigidas a nadie más que a Leip, ocasionando que sus caras se pusieran pálidas ante tal falta de respeto.
Para los habitantes de la Baronía, el Señor era alguien que los miraba desde arriba. Para ellos, que habían aceptado completamente esa idea, nunca se les llegó a ocurrir que la mujer pelirroja ocupara una posición aún más alta que su Señor. En realidad, eso habría sido pensar demasiado.
[Bueno, tu campo ha de servir. Es una base perfecta para emplear como punto de referencia. El poseedor de tan buena fortuna al que se le ha de conceder mi influencia será alguien más. El dueño de esos cuatro míseros campos al otro lado del camino.]
La mujer señaló unos campos que, en comparación con el terreno del propietario del gran campo, eran yermos y áridos. Al igual que los campos, sus propietarios también se veían débiles, y toda su familia parecía sobrevivir día a día gracias a la bondad de los demás aldeanos.
Cuando ese aldeano pasó al frente y dio su nombre, los ojos de la mujer pelirroja se tiñeron de una emoción amargamente cruel.
Era principalmente con sentimientos de desdén, odio y completa crueldad que ella lo miraba con desprecio.
[Bueno, es indistinto. Cuando se riega la hierba seca, cualquiera puede ver el cambio.]
Mientras los habitantes se quedaban rígidos como si los hubieran petrificado, la mujer apartó la mirada con aburrimiento. Después, señaló el campo árido y le dijo algo en voz baja al hombre.
La voz que le susurró al oído solo la pudo escuchar él, y los que estaban a su alrededor no sabían qué tipo de exigencia irrazonable le estaba haciendo. Simplemente sentían lástima por él mientras asentía como un muñeco.
Y cuando terminó de susurrar, la mujer cruzó los brazos con un gesto de satisfacción. Su abundante busto se sacudió con fuerza sobre los brazos cruzados, y las mujeres miraron con recelo a los hombres, que no pudieron evitar soltar un quejido ante eso.
[Olvidaba decirlo, soy Priscilla Barielle. La nueva Baronesa de todas las tierras de Barielle de por aquí. Que aquellos que no están aquí presentes también lo sepan. El que yo perdone generosamente una descortesía como la de hoy ha de solo suceder este día, en el que la ignorancia y la ceguera pueden ser perdonadas] y así, la mujer se marchó, dejando unas palabras que causaron desesperación entre los aldeanos cuando volvieron en sí.
Consecuentemente, los lugareños se percataron de que la persona que se hacía llamar Priscilla Barielle era la nueva segunda esposa que el barón Leip Barielle había tomado. No entendían por qué había venido a visitar el territorio sin ningún escolta, pero su insolente arrogancia les hizo recordar la tiranía de Leip.
De igual forma, el hecho de que fuera una mujer joven los llevó al desespero, ya que aplastó su esperanza de que la edad de Leip lo llevara a ser removido de su cargo.
Significaba que sufrirían bajo la misma cruel gobernanza de Leip durante mucho tiempo en el futuro.
Todos ellos sentían ese tipo de inquietud y temor por la visita de Priscilla, pero un mes después lo olvidaron.
…Porque, en el campo del hombre que Priscilla había seleccionado, apareció una cosecha increíblemente abundante.
3
[No sé qué decir; sinceramente, fue inesperado. Verlos tan apegados a ti, Princesa] la voz era despreocupada, pero un poco ahogada y, por ende, difícil de oír.
La voz se solapaba con el sonido áspero de los metales rozándose entre sí, y el hecho de que esta fuera ahogada se debía a la misma causa: la cabeza del propietario de la voz estaba completamente cubierta por un yelmo de acero negro azabache, y él tenía la costumbre de jugar con las juntas de metal mientras hablaba.
Era una persona con un atuendo terriblemente inusual; al que incluso se le podía llamar extravagante.
Tenía la cabeza cubierta con un yelmo de acero negro, tal y como se ha mencionado antes, pero solo le protegía desde el cuello hacia arriba. Su cuerpo bien tonificado estaba cubierto con ropa de aspecto rudo, como la de un bandido, y, curiosamente, llevaba botas de cuero trenzado en los pies. Una tela raída le colgaba de los hombros y le cubría el cuello, y una espada tosca de hoja ancha asomaba por detrás de su espalda, colgada horizontalmente.
En todos los sentidos era una colección de rasgos extraños, pero había uno que resaltaba más que todos los otros…
… Al hombre del yelmo le faltaba el brazo izquierdo por debajo del hombro.
El hombre, que tenía una pérdida particular que acompañaba a su extravagante atuendo, proyectaba una presencia anómala con solo estar allí. Más aún junto a la mujer pelirroja: Priscilla Barielle.
[¿Y a qué te refieres con inesperado? Han de contemplar mi belleza, que supera el entendimiento humano. Al igual que los polluelos anhelan ser alimentados, es completamente natural que los plebeyos me veneren, Al] respondió Priscilla a las palabras del hombre.
[Era solo algo que había imaginado por mi cuenta, pero aún así. Siempre pensé que eras del tipo que no haría nada para atraer más peces al estanque, Princesa.]
[Entonces no habría razón para que te diera la bienvenida. ¿No estás de acuerdo?]
[Ahora que lo dices, es cierto. Supongo que estaba confundido] aceptando las palabras de Priscilla sin quejarse, el hombre con yelmo, Al, se rascó la parte superior de la celada con su grueso brazo derecho.
Miró a su alrededor con curiosidad, pero no se le notaba la expresión ni el estado de ánimo.
Por su parte, Priscilla no reaccionó ante la actitud de su sirviente. Mientras seguía avanzando a un paso constante, las personas a su alrededor comenzaron a hablar al percatarse de su presencia…
[¡Ah, es Lady Priscilla!]
[¡Es la querida princesa concubina!]
[¡Larga vida a la Princesa del Sol!]
Cuando uno de ellos la vio, muchos otros reaccionaron a sus voces y salieron corriendo de sus casas. Los aldeanos, todos con caras alegres, honraron y alabaron a Priscilla al unísono.
[Mhmm. Muy bien. Han de esforzarse sin falta, plebeyos. Mientras sigan postrándose ante mi gloria y siguiéndome, he de no ser tan cruel como para privarlos de mi compasión. Han de asegurarse de no descuidar eso en lo venidero] las palabras de Priscilla no iban dirigidas a nadie en particular, sino a todos los que la aclamaban.
Ciertamente no era una voz fuerte, pero tenía el poder de penetrar y llegar a todas partes. Ante la arrogancia de esas poderosas palabras, Al no pudo evitar sentir vergüenza, pero…
[¡Entendido!]
[¡Solo si es por Lady Priscilla!]
[¡Larga vida a la Princesa del Sol!]
No solo los aldeanos no se lo tomaron a mal, sino que aceptaron con buena disposición su orgulloso discurso.
Al solo pudo sacudir la cabeza ante la discrepancia entre su impresión del carácter de su Señora y la actitud de los lugareños.
Solo unos días antes, el hombre del yelmo, Al, había sido reconocido como Caballero de Priscilla. Al encontrarse repentinamente en la necesidad de elegir un Caballero, Priscilla organizó un torneo de gladiadores para satisfacer esa necesidad, dando prioridad a sus propias preferencias.
El enfoque de buscar un Caballero para una Baronesa, sin tener en cuenta los orígenes de cada uno, hizo que se inscribieran un gran número de participantes, haciendo que el evento fuera un verdadero éxito. Allí, Al fue juzgado digno a los ojos de Priscilla y fue el hombre que obtuvo el puesto de Caballero.
Su relación aún era muy reciente, y los lazos demasiado débiles, para llamarlos Señora y sirviente. Durante el tiempo que se le había permitido permanecer a su lado, Al la había observado con atención, pero ella seguía siendo un misterio para él.
Aunque parecía reflexiva, inmediatamente llevaba sus impulsos a la acción. Uno podría pensar que era accesible para los lugareños, pero de repente se veía en su cara un gesto tan cruel que helaba la sangre. Incluso sus miembros, que parecían tan llenos de feminidad, tenían una ferocidad que había tomado a Al por sorpresa, arrebatándole la espada y estando a nada de que su cabeza saliera volando.
Como resultado, incluso después de pasar varios días juntos, su impresión actual era que no sabía nada sobre su Señora Feudal.
[Mira aquí, Al. ¿A qué se debe que te quedes ahí parado? Los plebeyos sienten una terrible curiosidad por ti. Se preguntan quién es ese hombre de tan raro tipo que se halla junto a una doncella tan hermosa como lo es mi persona] se escuchó la voz de Priscilla diciendo eso.
[¿Por qué no se lo explicas tú, Princesa?] respondió Al.
[Has de cuidar tu forma de hablar, Al. Aun si desconozco cuántas veces más puedo pasar por alto tu tosco comportamiento, puesto que es entretenido, has de tener cuidado de no causar mi disgusto innecesario] justo cuando su opinión sobre ella había mejorado un poco, sucedió esto.
El buen humor que se mostró en su cara hasta hace un segundo se había transformado en un instante en la mirada de alguien que observaba basura. [Ah, lo siento, fue mi culpa. Ahora que lo mencionas, ¿qué tipo de sirviente le deja el problema de las presentaciones a su Señora? Lo siento, lo siento, perdóname, chonmage1] se disculpó Al.
[Muy bien. Te perdono. No obstante, más tarde me has de decir qué significa «chonmage».]
La frase inesperada pareció surtir efecto, lo que permitió a Al escapar por poco de las muestras de descontento de Priscilla. Tras confirmarlo, Al colocó una mano en su pecho con alivio y explicó su situación a los lugareños, deleitándolos con la historia de cómo llegó a servir a Priscilla, llena de humor y una que otra exageración.
1 NTL: El «chonmage» es un moño de pelo tradicional japonés usado por luchadores de sumo y samuráis.
4
[Lady Priscilla es una persona mucho muy maravillosa. Muy en efecto, para mí, es la diosa que me salvó.]
Esa fue la respuesta a la pregunta de Al por parte del muchacho que nerviosamente había preparado el té, claramente sin estar familiarizado con la tarea. Su peculiar forma de hablar podría haber sido un intento de ganarse su favor.
El lugar era la sala de estar de la Mansión Barielle. Sentado casualmente en un sillón muy cómodo, Al disfrutaba al máximo de su descanso.
[Le tienes mucho cariño a la Princesa, así que pensé que dirías algo así, Schult] reprimiendo una pequeña risa ante la respuesta del muchacho, Al levantó la taza de té que le ofrecían.
Después, levantando ligeramente la cabeza, llevó hábilmente la bebida al hueco que se formaba bajo su yelmo.
No quitárselo nunca y jamás mostrar su verdadera cara era el comportamiento habitual de Al. Ser manco y no quitarse el yelmo significaba que sus hábitos alimenticios eran bastante descorteses. Como era imposible levantar el yelmo con una mano mientras comía, necesariamente se alimentaba de la misma manera en que bebía té.
[Mis modales te… ¿Mi mala educación te molesta?] al darse cuenta de que el muchacho se había quedado quieto mirándolo, Al le preguntó en voz baja mientras dejaba la taza sobre la mesa.
Schult contuvo ligeramente el aliento ante la pregunta.
Era un muchacho delgado. Tenía la piel blanca y un distintivo cabello de color melocotón. Sus ojos carmesí no eran muy expresivos y daba una impresión tan delicada que algunos que lo miraban lo confundían con una chica. Tenía quizás unos doce o trece años, pero su cuerpo no parecía lo suficientemente desarrollado para esa edad; aparentaba solo unos diez años.
El muchacho, al que fácilmente se podría llamar niño, vestía un traje de sirviente negro e imitaba a un mayordomo. Algunas personas probablemente encontrarían su apariencia más triste que divertida. En realidad, a Al le resultaba algo triste ver a Schult tratando de superar sus límites.
[No tengo ninguna educación. Por favor, pasa por alto mi falta de conocimientos sobre modales apropiados. Lo entiendes, ¿verdad?] doblando las piernas de forma grosera sobre la silla, Al demostró deliberadamente su comportamiento descortés.
Ante eso, Schult sacudió la cabeza de lado a lado mientras lo veía y dijo: [Yo tampoco recibí educación, muy en efecto al igual que el señor Al. Así que, no creo que yo sea lo suficientemente refinado como para quejarme muchísimo de su comportamiento.]
[La honestidad es una virtud, y ser franco es un privilegio de los niños. Creo que estás empezando a dominar las apariencias, pero lo que tienes dentro aún no está listo. ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que llegaste aquí, «superior» Schult?]
[Desde que Lady Priscilla me rescató, muy en efecto solo han pasado tres meses.]
Schult ni siquiera respondió a la ironía de que lo llamaran «superior». Quizás era cruel esperar que un huérfano que creció en una aldea, dedicada a la agricultura, lo entendiera.
Este muchacho mayordomo, Schult, era un huérfano que Priscilla trajo de una aldea agrícola de la Baronía.
Cuando Priscilla llevó consigo al muchacho delgado y famélico, diciendo cosas como «si lo pules, ha de brillar», pareció que el dueño de la mansión, Leip, estuvo bastante furioso, pero al parecer Priscilla no le hizo caso.
De esta manera, Schult, protegido por la buena suerte de haber llamado la atención de Priscilla, tuvo garantizada la comida, la ropa y un techo, y el muchacho fue reconvertido en un mayordomo.
[Aunque es difícil decir si llamar la atención de la Princesa es buena o mala suerte] murmuró Al.
[Muy en efecto, estoy mucho muy agradecido con Lady Priscilla por haber tenido la amabilidad de rescatarme. Si hubiera seguido en la aldea, ahora ya estaría muerto y enterrado, después de todo.]
[Es una imagen bonita, síp. Cosas como esa me hacen sentir, cada vez más, que ignoro lo que piensa la Princesa, y me hacen preguntarme qué tipo de persona es.]
Su actitud parecía la de alguien que nunca sería caritativa y, aun así, salvó a un huérfano. Por otro lado, no solía tender la mano a cualquiera, y él no tenía ni idea del motivo por el que lo acogía.
¿Era Priscilla realmente la diosa que los lugareños y Schult creían que era? ¿O era una Bruja cruel que de vez en cuando le daba escalofríos a Al?
[Bruja. Una Bruja, sin duda…] al pronunciar en voz alta la palabra que había pensado, no pudo evitar sonreír ante el cliché.
La palabra «Bruja» era considerada tabú en este mundo. El propio Al sabía muy bien a qué amenaza se refería esa palabra.
[Señor Al, usted…]
[¿Jhm?]
Mientras Al estaba perdido en sus pensamientos, Schult lo llamó inesperadamente con una mirada inquieta en sus ojos.
El gesto de sostener la bandeja de plata contra su pecho era terriblemente femenino y fuera de lugar.
[¿Es muy en efecto cierto que se convirtió en el Caballero de Lady Priscilla? Usted la protege. Así que puedo confiar muchísimo en que es su aliado, ¿o no?] mientras Schult le preguntaba buscando alivio, Al cerró los ojos dentro de su yelmo.
Para calmar el miedo en su corazón, el muchacho buscaba palabras poderosas de Al. Por otro lado…
[Cuando me preguntas eso, si soy su aliado o si estoy tramando algo, por supuesto que voy a responder alegremente: «Seh, déjalo en mis manos. ¡Soy el increíble y más fuerte Caballero de la Princesa!». Verás, como pregunta, no es muy apropiada. Lo siento, por favor, vuelve a intentarlo] al decirlo, se dio cuenta de que Schult se había sentido herido por su respuesta.
A pesar de eso, ver esa expresión no provocó ningún remordimiento en el corazón de Al.
Al traicionar la mirada inocente que le dirigía el muchacho, Al no dudó ni por un momento. Por el bien de su objetivo, descartaba todo lo demás. En cierto sentido, algunos sacrificios eran necesarios para alcanzar su deseo. Repetir el mismo error una y otra vez, como había hecho en el pasado, era algo que, después de todo, no se podía permitir.
[¿…Qué es esto? Me preguntaba dónde te habías metido, ¿y te hallas celebrando una lúgubre fiesta de té en un lugar como este?] en la sala, que se había sumido en el silencio, una hermosa voz que los miraba con desdén desde lo alto se inmiscuyó de repente.
Abriendo violentamente la puerta sin tocar previamente, la dueña de la mansión entró balanceando las mangas de su elegante vestido. Cruzando los brazos como si intentara levantar su abundante busto, cerró un ojo y habló:
[Schult. Tu único rol como asistente es estar ahí cuando mi persona lo desee. Perder esa oportunidad en un lugar como este es inexcusable. Más aún, pasar tiempo con un excéntrico como Al es peor. Para alguien como tú, cuyo único mérito es ser adorable, si su desorden llegara a contagiarte, sería simplemente demasiado.]
[Decir que ese es su único mérito… Hablas de forma mucho más directa que yo, Princesa] comentó Al.
[Es un hecho, y cuando lo enuncio, se convierte en una verdad aún más sólida. ¿Qué otro valor ha de poseer Schult en este momento? Aun así, comparado con los demás plebeyos carentes de valor, él es cuando menos un poco mejor. Desde luego, ha de ser necesario incluso arrebatarle ese mérito si continúa traicionando mis expectativas] mirando al dúo que había estado conversando en la sala de estar, Priscilla resopló con desdén y se burló de ellos.
Ante eso, al no pudo evitar esbozar una sonrisa irónica y orgullosa, pero Schult palideció, diciendo:
[Tra… ¡Muy en efecto, trabajaré más duro! Así… así que, por favor... no me abandone...]
[Has de no llorar ni aferrarte a mí, pues es indecoroso. Puedo adorar incluso tu rostro lloroso, mas depender de esa lástima desde el principio es el colmo de la necedad. No necesito a una persona común como mi asistente. Has de seguir demostrándome tu valía] después de que Priscilla interrumpiera su tembloroso discurso, Schult se apresuró a secarse los ojos con su manga.
Tenía los ojos ligeramente enrojecidos, pero Priscilla asintió mientras él levantaba la cabeza con seriedad, para después dirigirse al muchacho con: [Eso ha de bastar. Si carecen de la entereza necesaria para cambiar su forma de actuar, entonces aquellos de tu semejanza no son mejores que los cadáveres. Los cadáveres pueden convertirse en abono si vuelven a la tierra, mas si permanecen sobre ella sin diferenciarse de los muertos, nada bueno se ha de conseguir. He de no permitir que malgastes mi aire. Respira cada vez como si fuera tu último aliento.]
[Eso es algo exagerado… Si Schult se esfuerza tanto por respirar, morirá de estrés, ¿sabes?] reprendiendo suavemente a Schult mientras este comenzaba a respirar con mirada decidida, Al se encogió de hombros ante Priscilla. [Princesa, estás tratando con un niño. Creo que estaría bien tener un poco más de cuidado y compasión.]
[La incertidumbre del mundo se cierne sobre todos, niños y adultos, hombres y mujeres. ¿Acaso el hambre y la inanición han de distinguir entre el grande y el pequeño? ¿Acaso la maldición de la plaga discrimina basándose en la posición social? Todos los que vivimos somos iguales. No es como si estuviéramos encerrados en una jaula de barrotes de hierro, por lo que intentar alcanzar la paz dejando que otros determinen cómo vivir es simplemente negligente] mientras Priscilla pronunciaba esas severas palabras, la irritación se manifestó en su hermosa cara.
[¿Princesa?] Al no pudo evitar pensar que la irritación estaba relacionada con la última parte de lo que acababa de decir.
En cambio, antes de que pudiera averiguar el motivo, la expresión de Priscilla cambió y dijo:
[Todos los seres vivos son iguales. …Desde luego, eso no incluye a mi persona.]
[Princesa…]
Una sonrisa. Mientras sonreía, Priscilla concluyó diciendo eso con la sonrisa más fría del mundo.
Era el mantra que Al la había oído repetir incontables veces desde que comenzó a servir como su Caballero.
[…Este mundo está hecho a mi conveniencia] ese era el fundamento de la confianza de Priscilla y las palabras que mejor definían su existencia.
Palabras de las que sería normal reírse, pero que de alguna manera tenían una magia de la que no se podía burlar.
[Vamos, Schult. Es exactamente como acabo de decir. Este mundo está hecho a mi conveniencia… De ser así, ¿qué sería lo más conveniente para mí, dado que tengo sed?] cuestionó Priscilla a Schult, tratando de poner en práctica su declaración.
[Ah… sí. ¡Muy en efecto, le serviré un poco de té enseguida!] contestó el muchacho.
[Imbécil. El contenido de esa tetera ya se halla tibio. Y si es tu intención decirme que beba el té sobrante de Al, eso es sobrepasar la insolencia, pasando al terreno de la rebelión. Te he de rebanar la cabeza.]
[¡Por favor, cualquier cosa menos eso! ¡Iré a preparar muchísimo más de inmediato!] abrazando la tetera entre sus brazos, Schult huyó de la sala.
Mientras escuchaba el sonido de los pequeños atenuarse en la distancia, Al sonrió a Priscilla y se encogió de hombros, diciendo:
[Princesa, sí que eres muy mala.]
[Un mayordomo que pueda hacer su trabajo con calma está bien, pero tener uno que se apresura nervioso como un niño asimismo es divertido. Si estuvieran buscando un sirviente adecuado, ¿quién se tomaría la molestia de acoger a un huérfano? Le he de conceder a Schult el honor de aliviar mi tedio de cuando en cuando] explicó Priscilla.
[Él también lo tiene difícil… Solo por tener la atención de la Princesa.]
[¿Y qué tiene de difícil? Puede hablar conmigo e incluso servirme regularmente. Tan buena fortuna es un honor por el que los hombres del mundo llorarían lágrimas de sangre y que ansiarían con tal intensidad que podrían saborearla. No podría haber otro niño tan afortunado como ese] mientras justificaba el trato duro que le daba a Schult, Priscilla insinuaba que también esperaba el mismo grado de gratitud por parte de Al.
Al respondió a esa mirada codiciosa con un evasivo «Seh, seh».
[Qué hombre más insolente. Parece que has olvidado que casi pierdes la cabeza por capricho mío. ... Bueno, está bien. Ahora, Al.]
[¿Qué pasa, Princesa?]
[¿…Cómo marcha tu conspiración?]
Ante esa voz fría, Al contuvo el aliento y miró a Priscilla.
No había duda de que ella había ahuyentado a Schult y esperó a que no hubiera nadie más alrededor para sacar el tema. Que le soltara una bomba así en medio de una conversación informal fue una sorpresa comparable al impacto de una explosión real cercana.
Si no hubiera simulado el desarrollo de los acontecimientos de antemano, probablemente lo habría tomado desprevenido.
[En realidad no es nada tan grandioso como una conspiración. Por ahora solo se trata de observar bien las cosas. ¿Así que te habías dado cuenta de que estaba husmeando discretamente?] dijo Al de forma casual.
[Mis ojos, mis oídos y todo mi ser no solo son más hermosos que los de la gente ordinaria, mas en virtud y potencia son más capaces. No solo eso, sino que este es mi territorio y mi jardín. Si deseo escuchar las pisadas de un ratón o el aleteo de un bicho, he de oírlos.]
[Si tratas todo como si fuera tuyo, tu marido, el Viejo Leip, llorará.]
[Si hago llorar o provoco que se marchite un anciano como ese, poco ha de interesarme. No me importa en lo más mínimo.]
Era una relación en la que no se esperaba que la pareja se quisiera mucho, pero que fuera tan dura era lamentable. Aun así, no era el momento de preocuparse por el futuro de la disfuncional pareja local.
[Si te molesta que merodee por ahí, ¿qué vas a hacer? ¿Me vas a azotar con un látigo?] preguntó Al.
No había razón para que el castigo fuera tan leve, pero que lo considerara como algo rebelde también era problemático. En el peor de los casos, tendría que considerar la opción de usar su carta de triunfo contra Priscilla, pero…
[¿Molesta? No he de hacer un berrinche por el simple hecho de que deambules por la casa. En serio, en el momento en que invité a un bandido como tú a entrar, esta clase de nimiedad ya se daba por hecha] en cambio, esa cautela resultó ser errónea por la inesperada respuesta de Priscilla.
[Eso… ¿De verdad te parece okay?] preguntó Al, confundido.
[Que un hombre huela y siga desesperadamente mi persistente aroma es una acción natural. No soy tan desconsiderada como para culpar a un hombre por seguir sus instintos y dejarse llevar por mi encanto. Además…] mientras Al permanecía desconcertado, Priscilla lo miró de reojo con suficiente seducción como para dejarlo inconsciente. [La gente en situaciones inciertas como la tuya no pueden sobrevivir sin intentar encontrar un refugio seguro. Si te culpara por mirar a izquierda y derecha para asegurarte de las cosas, sería tan necio como decirle a un pájaro que no emprenda ningún vuelo.]
[…]
[Un espadachín mercenario a quien solo conozco de unos días. Pensar que ya me ha entregado su lealtad con todo el corazón… tal creencia sería la necedad de un soñador, y grave demostración de irracionalidad.]
Cuando Priscilla terminó su discurso cargado de molestia, Al dejó suavemente su cautela, que había estado controlando su cuerpo.
Al menos, no había mentiras en lo que acababa de decir. Ya que lo había pensado lo suficiente como para llegar a esa conclusión.
[…Ahora estaba tan seguro de que dirías: «Compararme con los demás es de lo más irrespetuoso. Lo único a lo que todos han de limitarse es a mirarme y que su visión sea cautivada por mi gloria».]
[Nadie teme más apartar de sí las miradas ajenas que aquellos que no creen en sí mismos. Yo tengo la plena certeza de que mi persona es la más grande del mundo. Por ende, ese tipo de ansiedad no tiene poder sobre mí.]
Sacando un abanico plegable de su escote y abriéndolo con un golpe, continuó:
«Además,»…
[No hay duda de que soy la gema más hermosa del mundo; mas una superior solo puede apreciarse adecuadamente cuando se la compara con otras. Con el fin de comprender lo maravillosa que soy, es necesario compararme con las muchedumbres ordinarias. Asimismo, tu deambular al final no es más que un cumplido indirecto que confirma mi grandeza. ¿Qué opinas? ¿Acaso no es una obra maestra?] a pesar de ocultar su boca con el abanico abierto, Priscilla no pudo ocultar en su totalidad su sonrisa.
[…Seh, es una obra maestra] mientras ella hablaba de su propia arrogancia desenfrenada, Al se detuvo un momento y asintió.
Priscilla no señaló esa leve vacilación. Entendía que no tenía sentido hacerlo. Y Al se sintió conmocionado, hasta el punto de no captar la comprensión de Priscilla.
Fue un shock. Uno que le hizo sentir como si lo hubieran golpeado en la cabeza. La joven que tenía ante sus ojos, apenas mayor de edad, parecía algo distinto de lo que había sido antes.
¿A qué rayos se parecía…?
[¡Lady Priscilla! ¡Mis disculpas por tardar muchísimo! ¡Muy en efecto, he preparado más té!] antes de que pudiera encontrar la respuesta en la que estaba pensando profundamente, Schult abrió la puerta y entró volando a la habitación.
[¡¡¡Demasiado lento!!!] la voz enojada de Priscilla lo recibió, y Schult, con miedo, sirvió el té con manos temblorosas.
Priscilla se sentó en el sillón desocupado junto a él, cruzó descaradamente sus piernas blancas y esperó.
Y mientras contemplaba a su terriblemente desprevenida Señora y al mayordomo de cara enrojecida, Al volvió a sumirse en sus profundas reflexiones.
5
Al hizo una mueca de disgusto —que no podía ser vista— al percibir el olor que se filtraba a través de su yelmo.
Era la segunda vez que entraba en el estudio y le provocó las mismas emociones que la primera vez.
El aire viciado de una habitación con ventilación insuficiente y el olor característico de los libros antiguos llenaban el ambiente. Pensó que se había acostumbrado a esa combinación, pero cuando el aroma de la colonia con que alguien intentaba ocultar su hedor corporal se mezclaba con el olor, mal disimulado —del dueño de esa habitación—, era otra historia.
Como resultado, el estudio tenía un aire que hacía que la gente dudara en entrar sin necesidad de hacerlo.
[Llegas tarde.]
Con su entusiasmo ya mermado por el asqueroso olor que lo recibió, Al se desanimó aún más por esa voz triste. Desde el principio se había mostrado reacio a poner un pie en esa dirección, y ahora su motivación había caído por debajo de cero. Si la persona con la que se iba a reunir fuera de las que perdonaran la descortesía, habría escapado hacía tiempo por la puerta que tenía detrás.
En cambio, la persona que tenía ante sus ojos no era tan indulgente como para perdonar tal acción por considerarla graciosa.
[Llegas tarde] el mismo reclamo repetido, sin ningún cambio respecto al anterior.
La voz ronca transmitía desprecio e insulto, y buscaba una respuesta acorde por parte del desanimado Al.
No contento con simplemente culparlo, no estaría satisfecho sin aplastar su voluntad. Qué hombre tan despiadado.
[Llegas t…]
[Lo siento muchísimo. Con una mansión tan grande y como me llamaron de repente, terminé buscando por aquí, por allá y por todos partes. ¿Decías algo?]
Hablando deliberadamente por encima del reclamo, fue recompensado con un «tsk» lleno de un evidente mal humor.
Algo más relajado tras esa reacción, Al volvió a mirar directamente al dueño del estudio.
Era un anciano sentado en un escritorio de ébano, con las estanterías de la habitación a su izquierda y a su derecha. Le habían dicho que tenía cerca de setenta años, pero su enérgico cuerpo conservaba la juventud de alguien de cincuenta. Su expresión y sus ojos llenos de ambición contribuían a esa impresión, y su espalda erguida y su complexión bien definida también le daban un aspecto bastante singular.
En cambio, en contraposición a esa apariencia, su personalidad dura, egocéntrica y arrogante era un defecto fatal.

El nombre del anciano era Leip Barielle. Señor de la Baronía Barielle y dueño de la Mansión Barielle, quien había tomado a la Mujer Pelirroja, Priscilla, como esposa. En términos formales, como pareja de aquella a quien Al había ofrecido su espada, era alguien a quien debía respetar. Pero en realidad, Al no lo consideraba en absoluto digno de ese respeto.
[Parece que acompañas a «esa mujer» y deambulas por el territorio a diario] dijo Leip.
[¿Con «esa» te refieres a…?] intentó preguntar Al.
[…Tsk. «Esa mujer» significa «esa mujer». ¡Mi esposa, Priscilla, por supuesto!]
[Muy bien. Oh, solo quería asegurarme. Mi madre me enseñó que cuando dejan de llamarse por su nombre, es prueba de que el amor de una pareja se está enfriando.]
Mientras Leip se enfurecía, Al dio una respuesta adecuada, mientras sacaba la lengua por dentro.
[Escuché que eres gladiador, pero ¿tienes algún recuerdo de tus padres?] preguntó Leip.
[Oye, no es como que todos los gladiadores de Vollachia sean arrojados a la arena de recién nacidos. En realidad, hay muchos más que acaban allí porque se endeudaron al crecer o porque eran criminales. Bueno, el resultado final es que acabas siendo destrozado por alguien de tu edad que ha luchado para salir de abajo.]
[Jhmf. Parece el tipo de escenario que les gustaría a los salvajes del Imperio. Me imagino su mal gusto.]
Era algo poco habitual, pero Al estuvo de acuerdo con el prejuicio que Leip había escupido.
Sus días como gladiador eran algo que, sinceramente, no le gustaba recordar.
Pelear con su vida en juego en las batallas que se celebraban casi a diario, competir por la gloria o poner a prueba su fuerza no encajaba con la naturaleza de Al. Tras escapar apenas con vida, ahora podía pasar sus días así, relajado.
[Bueno, basta ya de hablar de ti. Se trata de Priscilla. ¿Qué opinas de que «esa mujer» deambule por el territorio todos los días, haciendo lo que le plazca?] preguntó Leip.
[Creo que es bastante curiosa. Es un poco diferente de la imagen… ah, de la forma en que pensaba que alguien relacionado con un Lord pasaría el tiempo, sí. Aunque parece ser muy bien recibida por los lugareños] respondió Al.
[¿Bien recibida, eh? Jhmf, simplemente sienten curiosidad por ella. Es solo una coincidencia que el capricho y la idea repentina de «esa mujer» trajeron abundancia al campo. Solo por eso, los campesinos tratan a «esa mujer» como si fuera el Dragón Divino. Lo entiendo perfectamente, ¡pero ese tipo de tonterías tienen un límite!] mientras golpeaba la mesa con el puño, Leip apretaba los dientes con rabia.
Probablemente, su popularidad entre los lugareños era lo que lo había puesto de mal humor. Al, que acompañaba a Priscilla día tras día y viajaba por la Baronía, podía imaginárselo. Dejando a un lado el asunto de Priscilla, la reputación de Leip en las distintas aldeas era mala, hasta el punto de que no sería exagerado decir que estaba por los suelos.
“No me habrá llamado aquí para escucharlo lloriquear, ¿o sí?”, pensó Al incrédulo.
[No es que intente salir a defender a la Princesa, pero el incidente del campo podría no haber sido algo espontáneo. No importa a cuál aldea vayamos, la Princesa siempre produce el mismo resultado. En todas partes, sin importar las condiciones del suelo. Bueno, aunque estoy de acuerdo en que es difícil creer que tenga ese tipo de discernimiento.]
[Es más una tontería pensar en eso como discernimiento. Lo que «esa mujer» trae es algo más que repulsivo. Si no fuera por eso, ¿por qué crees que se rumorea que es «La Novia Sangrienta»?]
Al se encogió de hombros, pero cuando escuchó el alias que mencionó Leip, se detuvo.
Ante esa reacción, Leip esbozó la fea sonrisa de quien finalmente había conseguido lo que buscaba.
«La Novia Sangrienta» era un nombre despectivo que acompañaba a Priscilla, que ahora llevaba el apellido de la Familia Barielle.
Priscilla era una doncella que aún no había cumplido los veinte años, pero, aunque ahora era la esposa de Leip, no era su primer matrimonio. Era el octavo.
Además, de los siete anteriores, todos los matrimonios habían fracasado. La causa era la muerte de su pareja; en otras palabras, Priscilla había acumulado la experiencia de separarse de siete maridos por muerte.
Las muertes de sus parejas, en la guerra, por enfermedad o por accidente, no se debían a una sola causa, y aunque se sospechaba que Priscilla estaba involucrada en todas ellas, esas sospechas no llegaron a nada y ella siguió adelante hasta llegar a donde estaba hoy.
Como resultado, su existencia era famosa, entre quienes la conocían, como «La Novia Sangrienta» que traía mala suerte. La razón por la que los hombres seguían buscándola a pesar de eso era que Priscilla era tan hermosa que les hacía olvidar los rumores de mala suerte. Eso también resultaba irónico.
Por otro lado, Al no creía que Leip encajara en ese patrón.
Una de las razones se debía a que era un anciano cuya lujuria se había extinguido hacía tiempo, pero más que nada era porque Leip no estaba loco ni cegado por el encanto de Priscilla. Eso quedaba claro por la forma en que la evitaba y por su actitud de hacía un momento.
En otras palabras, el anciano tenía otro objetivo al casarse con Priscilla. Y esa razón era…
[Si ella no fuera Candidata para la próxima Selección Real, ¿quién aceptaría a una mujer tan embustera? Ella cree que puede salirse con la suya solo porque tiene una cara bonita. Ese evento en el que te nombró su Caballero fue más de lo mismo, ¿no es así?]
[Debo decir que estás hablando con bastante franqueza. ¿No te preocupa que se lo cuente a la Princesa y se estropeen tus relaciones?] le advirtió Al al Barón.
Leip no solo hablaba con crudeza, sino que revelaba sus motivos sin vacilar. La Selección Real: el gran evento que sacudía el Reino de Lugunica. En lugar de la Familia Real, que había sido aniquilada por una enfermedad, el Dragón que elegiría al nuevo Rey había traído consigo la prueba que abriría el camino hacia el futuro. Leip era el hombre al que se le había confiado el cuidado de las placas proféticas en las que estaba escrito el futuro del Reino, por lo que poseía información sobre la Selección Real incluso antes de que la Familia Real enfermara.
Y, actuando con rapidez, tomó a Priscilla —que era elegible para ser Candidata Real— como esposa, con la intención de hacerse con el poder de todo el país colocándola en el trono.
Era una conspiración obvia, y una conclusión a la que cualquiera que conociera a Leip podía averiguar. Pero, escuchar al hombre hablar tan abiertamente de ello. ¿No imaginaba la posibilidad de que Al, en una muestra de lealtad, pudiera desenvainar su espada por Priscilla aquí? Mirando a Al, que estaba sentado en estado de shock, Leip esbozó una fea sonrisa.
[Espero que no hagas nada tan estúpido, ¿o sí? Nada es más típico de un mercenario que buscar sin piedad su propio beneficio. Tú, que te criaste como gladiador, nunca desperdiciarías tu vida por una emoción barata como la indignación] dijo Leip, burlándose de los orígenes de Al.
[…Sí que lo entiendes muy bien] apartando la mano que había estado tocando la empuñadura de su espada, fingió no mostrar hostilidad. [Aun así, en ese caso, ¿qué es lo que deseas? Francamente, señor, pienso que lo que estás haciendo es impresionante, pero no creo que haya nada que yo pueda hacer para ayudarte.]
[Oh, eso no es cierto. Originalmente, alguien que trabajaba para mí debía ocupar tu puesto. En realidad, en esa reunión de vulgares individuos, los cuatro mejores, excepto tú, estaban bajo mi control.]
[Oh, vaya, una carrera amañada.]
[Y eso también quedó en nada debido al capricho de «esa mujer». Necesito mantener a «esa mujer» rodeada de personas que piensen como yo. Estoy seguro de que entiendes por qué.]
Si no se podía tener en cuenta la impulsividad de Priscilla, entonces, como mínimo, para corregir su rumbo, necesitaba estar rodeada de personas predecibles. Era lo más obvio. En ese caso…
[¿Qué hay del sirviente, Schult? Ese niño es otro de los que la Princesa ha acogido, ¿no?]
[Ya le he dado a ese mocoso la misma charla que te estoy dando a ti. El lujo que nunca podría tener como huérfano; la promesa de eso lo trajo a mi lado sin pensarlo dos veces. Al final, «esa mujer» no sabe leer a las personas mejor que eso.]
[Jhmm] recordó que Schult hablaba con orgullo de trabajar para Priscilla.
Dicho esto, no le dio mucha importancia. Ponerse a uno mismo en primer lugar era el instinto de los seres vivos. Si la lealtad era el resultado de ser tratado bien, entonces era natural que los sentimientos de uno se inclinaran más hacia quien lo trataba mejor. Al no era una excepción.
[Entiendo lo que quieres de mí, señor. Dicho esto, me gustaría que habláramos sobre cómo me tratarán y cómo debo actuar en el futuro.] […Jeje. Así es, eso estará bien. No te preocupes, no haré que te arrepientas. Por supuesto, lo mismo va para Priscilla. Por el bien de mis propios deseos, «esa mujer» debe mantenerse sana. «Esa mujer», el mocoso y tú también, ¡después de todo, todos ustedes solo tienen que recibir felicidad bajo mi liderazgo! ¡BUAJAJAJAAJAJAJAJA!] cuando Al aceptó su sugerencia, Leip soltó una risa profunda y de buen ánimo.
Ante esa carcajada, Al susurró «Lo siento, Princesa» a la Señora a la que había decidido traicionar.
…Incluso en ese momento tan emotivo, el fantasma de Priscilla en el fondo de su mente sonreía victorioso.
6
Un Caballero que se hacía llamar Gilian Endymion visitó la Baronía Barielle. Era un hombre apuesto, con una cara intrépida y una mirada digna. Su brillante cabello rubio resplandecía al sol y, aunque era delgado, la belleza de su cuerpo bien definido contrastaba con la forma tosca de la complexión de Al. Su uniforme de Caballero, perfectamente confeccionado, resaltaba el encanto del joven, e incluso un ojo inexperto podría darse cuenta de que la preciada espada que colgaba de su cintura no era obra de un aficionado. De la cabeza a los pies, un Caballero auténtico y superior, esa era la impresión que daba el joven llamado Gilian.
[Es el tercer hijo de la Familia Endymion. Como sus dos hermanos mayores ayudan a su padre a administrar su territorio, él, que tiene talento para la espada, se embarcó en un viaje para labrarse una fama marcial como Caballero. Hoy le he impuesto que pase tiempo con nosotros] diciendo esto, de pie junto al apuesto joven y presentándolo, estaba el propio Leip Barielle.
Y, obviamente, el anciano no iba a presentar al invitado a Al o a Schult. Justo delante de Leip, mirando con indiferencia a Gilian, estaba la baronesa, Priscilla.
[Entiendo lo que has dicho sobre el plebeyo, mas no comprendo tu intención al presentarme a ese tipo de hombre. Estoy segura de que no has perdido el juicio hasta el punto de que, como sería apropiado para alguien como tú —con pocos años por delante—, pretendas darme otro hombre] opinó Priscilla de la presentación del Caballero.
[No seas tonta. ¿Quién dejaría escapar a una esposa tan hermosa como tú? Piensa en el día de hoy como una contribución a su esperanza y una pequeña muestra de mi consideración] refutó Leip.
[Ser considerado, eso no es propio de ti] por la forma en que Priscilla resopló, estaba claro que no tenía intención de creer la petición de Leip.
Aunque Leip mantuvo la compostura en apariencia, casi se podía ver que se mordía el labio por dentro.
No obstante, antes de que Leip explotara, Gilian pasó lentamente al frente y dijo:
[Mis humildes disculpas por esta visita repentina y por imponerme de forma tan descortés] fue un gesto elegante, y el tipo de voz baja y suave que hacía suspirar a las mujeres. Gilian se arrodilló ante Priscilla y continuó: [Sin embargo, desde que oí los rumores sobre Lady Priscilla en la Baronía Barielle, he estado esperando con ansias el día en que pudiera conocerla. Sinceramente, siento que usted es la encarnación de la belleza celestial.] [Joh. Entonces sí que sabes hablar correctamente. En efecto, mi belleza no es de este mundo. Y a pesar de eso, la contradicción de haber descendido a este mundo… en verdad, soy una mujer pecadora.]
Mientras Gilian seguía hilando palabras floridas, Priscilla, muy animada, miró hacia Al. De pie detrás de ella y cumpliendo con su deber de sirviente, él se encogió de hombros en lugar de esbozar una sonrisa irónica.
[Muy bien. Te he de permitir tocar mi piel y he de ofrecerte el respeto de un Caballero. Entiende bien que esto es una felicidad más allá de tus expectativas] hablando con dureza, Priscilla extendió ligeramente su mano. [Sí. Mi humilde agradecimiento] Gilian tomó los dedos blancos como si se tratara de algo frágil y realizó el saludo de un Caballero al besar el dorso de su mano.
Y si eso hubiera sido todo, no habría sido más que una escena de un cuento de hadas. No obstante…
[Y bien, anciano. El hombre que has traído ha aprobado mi primera inspección, mas ¿qué buscas tras esto? Mencionaste algo sobre consideración] cuestionó Priscilla.
[Es algo sencillo. Día tras día, estoy ocupado con el trabajo oficial y no puedo acompañarte en tus viajes por el territorio. Que vayas sola de aquí para allá siempre me tiene preocupado] explicó Leip.
[Aunque no sea mucho más que un bufón, Al está ahí, y si te llevara conmigo no harías más que estorbar. No tengo intención alguna de hacer de niñera. Realmente no había ninguna necesidad de esto] en respuesta a las cuidadosas palabras de Leip, Priscilla se negó a mostrarle algo de piedad.
Una vena se le marcó en la frente de Leip, hace tiempo abandonada por su cabello. Pero, a pesar de eso, el anciano logró mantener una sonrisa en su cara, y continuó con:
[No digas eso. Es solo que hoy quería regalarte un joven apuesto por lo que te hago soportar día tras día. Él también es un caballero con las damas. Estoy seguro de que te resultará interesante.]
[Puede que espere demasiado de mí, pero daré mi mejor esfuerzo para estar a la altura. Lady Priscilla, si le parece bien, por favor, permítame el honor] en lugar de Leip, que estaba llegando al límite de su autocontrol, fue el propio Gilian quien continuó con la petición.
Leip era una cosa, pero en el caso de Gilian, no había nada antinatural en su actitud sincera. Pensando profundamente, Priscilla inclinó la cabeza de un lado a otro, miró a Al y después dijo:
[Bueno, ¿por qué no? En lugar de mirar siempre un yelmo de hierro tosco, puede que no esté mal pasar el tiempo contemplando el rostro de un hombre que no es desagradable a la vista. La consideración es una virtud, sin duda.]
[…Sí, hazlo. Sir Gilian, por favor, cuida de mi esposa] añadió Leip en petición a Gilian.
[¡Sí! Aun si me cueste la vida] era una forma un poco exagerada y teatral de decirlo, pero a Priscilla le gustó aún más por eso.
Gilian había traído su dragón de tierra particular, una montura excepcional y famosa con una piel azul. El excelente dragón de tierra, que probablemente tenía pedigrí, complació aún más el ojo de Priscilla por la belleza.
Guiando de forma experta a su dragón de tierra y montándolo junto con Priscilla por insistencia de ella, Gilian mostró sus dientes blancos y se alejó galantemente de la mansión.
[Por fin se fue. Maldita sea por hacerme pasar por todo ese teatro. Es una mujer detestable] y, viendo cómo se alejaba la pareja, Leip escupió esas palabras mientras relajaba los hombros.
Al soltó una pequeña risa ante la rapidez del cambio y después miró en la dirección en la que había desaparecido Priscilla.
[Gilian Endymion, ¿eh? ¿Así que es otro de tus peones?] expresó Al su sospecha.
[Por supuesto. Sin embargo, el esfuerzo que he dedicado a él es diferente al de los demás. Dependiendo deliberadamente de la lejana Familia Endymion, he pasado mucho tiempo preparándolo. En comparación con el torneo de lucha, en el que no te preguntan tus orígenes siempre que tengas habilidad, el esfuerzo que he dedicado a ocultar mi conexión con él es bastante diferente.]
[Siempre lo das todo en tus complots. En ese sentido, sinceramente te admiro, señor.]
[Jhmf. Por la forma en que estás involucrado en esto, no eres diferente… Sígueme. Hablaremos sobre la razón por la que presenté a Gilian a «esa mujer», y nuestro plan para lo que está por venir] señalando con la barbilla, Leip regresó a la mansión, balanceando las mangas de su túnica.
Mientras lo seguía, Al se detuvo de repente y volteó hacia la dirección en la que había desaparecido Priscilla.
Por supuesto, no se la veía por ninguna parte.
7
Las conversaciones de intriga siempre se llevaban a cabo en el estudio. “Si tuviera que adivinar, quizás es algo en lo que Leip estaba obsesionado” respirando por la boca debido al asqueroso olor al que no estaba acostumbrado, Al pensó en eso distraídamente.
[Incluso en mi oficina, puede que las paredes tengan oídos; solo este estudio es seguro. Después de todo, es la habitación que nuestra Familia Barielle ha preparado para mantener conversaciones secretas durante generaciones] el cambio en su expresión debería haber quedado oculto por su yelmo, pero Leip captó astutamente los pensamientos de Al y respondió a ellos.
Al llegar aquí, la mente del anciano se agudizó. Esto se debía en gran parte al hecho de que se acercaba rápidamente la fecha de inicio de la Selección Real, la etapa en la que se cumplirían sus deseos.
[En la capital, probablemente las cosas se estarán poniendo bastante serias ahora, supongo] imaginó Al.
[A estas alturas, el Castillo Real está en un gran revuelo. Hace tiempo que deben saber perfectamente que el Rey y su linaje no pueden salvarse. Ignorar el problema y seguir posponiendo la preocupación por la continuidad del Reino ha dado lugar a esto. ¡Esa bola de incompetentes no entienden nada!] poniéndose nervioso mientras hablaba, las venas comenzaron a sobresalir en la frente de Leip.
Leip, que estaba tan indignado que casi le estallaba una vena, había revelado la profecía sobre este asunto hacía solo unos días.
Los rumores sobre la muerte del Rey se habían extendido por la ciudad y los nobles más importantes estaban comenzando los preparativos para la Selección Real. En realidad, todos sus movimientos iniciales iban más de uno o dos pasos por detrás de Leip.
[Convertir en peones a aquellos a quienes odiabas, ¿no has llegado a disfrutar de eso?] preguntó Al.
[Solía pensar que lo haría. En cambio, al mirar atrás cómo me trataban esos incompetentes, simplemente me he disgustado más. El Consejo de Sabios, claro. No es más que un club de viejos decrépitos elegidos únicamente por la posición de su casa y su edad. El líder incompetente Miklotov, el insufrible idiota Bordeaux… No hay nada que me gustaría más que echarlos y dejar que las mabestias se comieran sus entrañas.]
[Vaya, sí estás enojado] aunque él mismo hubiera conducido la conversación a ese camino, era bastante aburrido escuchar el odio interior de otra persona.
Mientras daba una respuesta evasiva, Al miró hacia Schult, que se encogía en un rincón de la habitación. El muchacho no parecía saber por qué estaba allí, tenía la cara pálida y había mantenido la cabeza agachada.
[Ya basta por ahora de los imbéciles de la capital. Es una pérdida de tiempo. Lo más importante es que por fin ha llegado el momento de la tan esperada Selección Real. Tengo que hablar contigo sobre eso] declaró Leip, dejando de lado su odio por el momento.
[Ya has anunciado que la Princesa es Candidata, ¿cierto?]
[Obviamente. En primer lugar, es necesario que sepan que lo que estaba escrito en la Piedra del Dragón es cierto. Para demostrar que una Candidata puede hacer brillar el emblema de Lugunica, ¿sabes? Originalmente, esperaba que Priscilla asumiera el papel de hacerlo brillar y declararla la primera participante en la Selección Real, pero…] Leip dejó de hablar por un momento, con una expresión amarga. [En el lugar donde anunciaron la profecía, una de los nobles de clase alta hizo brillar el emblema. Mi único error de cálculo fue que ya había una Candidata allí.]
[Jeh. Qué suertuda fue. ¿Quién era?] preguntó Al movido por la curiosidad. [La duquesa Karsten… Crusch Karsten. Una simple mujer que ostenta sin vergüenza el cargo que le cedió su padre. Una salvaje y loca con la espada, famosa también por ser una excéntrica a la que sigue un sirviente extraño. ¿En qué pensaba el emblema al elegirla? …Por supuesto, en el momento en que Priscilla ha sido elegida, no tiene sentido preocuparse por eso.]
En respuesta a un suspiro sincero, Al no pudo evitar estar de acuerdo y esbozar una sonrisa irónica.
Los Candidatos a la Selección Real podían hacer brillar la gema del emblema, transmitida en el Reino de Lugunica. Encontrar a los cinco que cumplían esa condición y hacerlos competir por el trono era el objetivo de la Selección Real.
Lo único era que los criterios de selección de esos Candidatos aún no estaban claros. Por el momento, las cosas que tenían en común, su linaje, incluso sus Protecciones Divinas, no parecían explicarlo.
[Por cierto, señor, ¿cómo descubriste que la Princesa es una Candidata?] indagó Al.
[No tengo la obligación de contártelo. Puede que haya hablado demasiado, pero no metas las narices en lo que no te importa. Lo único que tienes que hacer es seguir mis instrucciones.]
[…Como digas] mientras Leip pasó a finalizar la conversación, Al se retiró dócilmente.
Cuando Al demostró que obedecería en silencio, Leip dejó escapar un largo suspiro por la nariz. Después, el anciano chasqueó la lengua en dirección a Schult, que estaba en un rincón de la habitación.
[¿Hasta cuándo piensas seguir así? Me tomé la molestia de reservar un momento para hablar con ustedes. Si tienes tiempo para quedarte ahí sentado y acobardado, demuéstrame que tienes intención de contribuir al menos un poco] le informó Leip a Schult.
[S-Sí… Mis disculpas…]
Leip se sentó detrás del escritorio de ébano al fondo de la habitación y Schult se colocó justo delante de él. Al vio que algunos libros sacados de las estanterías estaban apilados en el suelo y se dejó caer sobre ellos.
[No pretendo alargar innecesariamente esta discusión. Vayamos al grano. …Se trata de Gilian; pretendo que actúe como Caballero de Priscilla.] [Alto, alto, espera un minuto. Si haces eso, ¿qué pasará conmigo?] levantando la mano ante la declaración de Leip, Al preguntó eso mientras pedía una pausa. [Es porque me tratan como Caballero de la Princesa por lo que se me permite quedarme en la mansión.]
[No te preocupes. No voy a rebajarme a echarte. No desperdicio peones valiosos, y también sería una molestia tener que silenciarte. No será como Caballero, pero te buscaré algún puesto en la mansión. No hay por qué preocuparse] dijo Leip para tranquilizarlo.
[No me preocupa tanto ese punto, pero ¿qué sentido tiene llegar tan lejos para sustituir a su Caballero? Por supuesto, probablemente sea importante que sea uno de tus peones, señor.]
[Es una cuestión simple. A la gente le encanta imaginar a una Señora y un sirviente donde el segundo sea un Caballero apropiado. Dado que las cosas han salido de tal manera que alguien que no es de la Familia Real ocupará el trono, el apoyo de los ciudadanos no será incondicional como lo ha sido hasta ahora. Los ciudadanos simples y tontos necesitan una imagen fácil de entender que los emocione] ante las fervientes palabras de Leip, Al levantó las cejas con un interés inusual.
En otras palabras, se trataba de una estrategia de relaciones públicas. Al preparar a un Caballero y a una princesa llamativos, alteró la facilidad con la que serían aceptados desde el momento en que se les llegara a ver por primera vez. Dado que los Candidatos competirían entre sí en la Selección Real, se convertiría en algo con una influencia que no podría ignorarse. Algunos podrían considerarlo una atención excesiva a los detalles, pero… [Sinceramente, respeto tu disposición a hacer cualquier cosa que mejore, aunque sea ligeramente, tus posibilidades de ganar] comentó Al.
[No estoy seguro de que me guste cómo lo expresas, pero da igual. Como la imagen popular de un Caballero, no debería haber quejas con Gilian. Con Priscilla, también
—si solo hablamos de su aspecto— es fácil de reconocer como alguien que llama la atención hasta un punto bastante desagradable. Mis preparativos previos son sólidos como una roca.]
[Ah, solo hay un pequeño problema.]
Sería como aguarle la fiesta a un anciano que se estaba jactando, pero Al albergaba ciertas dudas acerca de la estrategia de la que tan orgulloso se mostraba. Mientras recibía una mirada de desagrado, Al jugueteaba con los accesorios metálicos de su yelmo.
[¿Entonces la Princesa va a cambiar su propia decisión? En un evento que ella misma inauguró, fui elegido su Caballero por orden suya. No estoy seguro de que vaya a cambiar de opinión al respecto.]
[¿Qué, eso es todo? No te preocupes por cosas tan insignificantes] desestimando la preocupación de Al con un resoplido, Leip continuó mientras golpeaba el escritorio con un dedo. [Un Caballero agradable a la vista y un hombre excéntrico con un yelmo de acero. No hay duda de cuál elegiría una mujer. ¿O acaso confías en que las mujeres te preferirían a ti en lugar de a Gilian?]
[Bueno, supongo que no. En un concurso de coqueteo, perdería siempre. Y no solo eso, incluso en un duelo de espadas, tal vez no sería capaz de vencerlo] reconoció Al.
[Entonces ya está] asintiendo con satisfacción ante la patética respuesta de Al, Leip se reclinó en su silla, haciéndola crujir.
Con eso, más o menos entendió los planes del anciano. De hecho, sintió que era algo con lo que podía estar de acuerdo. Solo que…
[Ah, umm…] a diferencia de Al, que podía ver la racionalidad en todo eso, estaba Schult, que había permanecido en silencio, pero ahora levantó tímidamente la mano.
[¿Qué? ¿También pretendes difamar mis pensamientos?] dijo Leip con desdén.
[¡No, en absoluto! Yo, uhm, bien… bueno, sobre Lady Priscilla…] mientras se encogía bajo la dura mirada de Leip, Schult tragó saliva y continuó. [Muy en efecto, no le hará nada cruel a Lady Priscilla, ¿verdad? Para convertir a Lady Priscilla en Reina, señor… Para ello, ha pensado en muchísimas cosas, ¿no?]
[…Ya fue suficiente. No me molestes con tus tonterías. He declarado mi objetivo incontables veces. Dado que Priscilla es necesaria para eso, ¿por qué iba a hacerle daño?] Leip chasqueó la lengua ante la preocupación infantil de Schult y le escupió esa respuesta. [Preparar el camino para que «esa mujer» llegue al trono es mi función. De hecho, aunque ella rechazara la Selección Real, la obligaría a participar. Consideren que ustedes tienen el mismo deber.]
[Bueno, con la personalidad de la Princesa, es imposible que rechace la Selección Real] comentó Al.
Ella nunca rehuía de una pelea y, de hecho, nunca dudaba en presumir de que todo en este mundo le pertenecía. Si un país llegaba a ser legítimamente suyo, lo haría como si no hubiera otra opción.
Sin darse cuenta, mientras imaginaba la carrera desenfrenada de Priscilla por el trono, Al sonrió.
[Muy en efecto, así es. Es… Eso está mucho muy bien…] Schult también se colocó una mano en su pecho, aliviado por la respuesta de Leip.
Aunque había cambiado de bando por el pago de Leip, aún no había olvidado su gratitud hacia Priscilla por acogerlo. Priscilla ocuparía el trono y él sería recompensado. Para él, era el mejor resultado posible.
Sin embargo, el alivio que ambos sentían…
[Es una chica difícil de controlar, pero una vez que use un hechizo para convertirla en un títere, hará lo que yo quiera. Con una muñeca en el trono, el país habrá caído prácticamente en mis manos.]
…se vio destrozado por las siguientes palabras de Leip, cuando explicó el último paso de su plan.
[¿…Eh?] incapaz de respirar, Schult soltó una voz ronca.
El anciano dejó que una sonrisa malvada se contorsionara en su cara y se encogió de hombros ante la reacción de Schult, diciendo:
[¿Qué, no me oíste? La obstinación problemática de esa chica es un obstáculo. Pude pasar por alto eso antes del comienzo de la Selección Real, pero ahora que la importancia de toda acción es cada vez mayor, no puedo permitirlo. Una vez que termine su debut en el Castillo Real, le quitaré su voluntad y la convertiré en mi títere.]
[¿…De verdad puedes hacer eso tan fácilmente?] preguntó Al.
[Estoy seguro de que para las dos es algo que va más allá de su imaginación. En este mundo, hay mucha demanda de actos oscuros inimaginables. Hace tiempo que establecí contacto con un tipo muy útil que actúa como intermediario de un «chamán».]
Más que un sueño, el complot de Leip era realista. A través de una maldición de un chamán, le quitaría la voluntad a Priscilla. Esto, también, era algo realista y probablemente posible.
[Es… ¡Eso muy en efecto no es lo que usted dijo!] a diferencia de Al, que fue capaz de aceptar los hechos con calma, la voz de Schult se quebró al hablar. [¡Señor, usted no le iba a hacer nada a Lady Priscilla, muy en efecto, eso es lo que usted dijo!]
[Nunca dije que no haría nada. Dije que no le haría daño. Si esa mujer no está ilesa, no puede aspirar al trono. Por lo tanto, no haré nada que afecte su salud. ¿Cuál es el problema?] clarificó Leip.
[Si Lady Priscilla deja de ser ella misma… entonces, ¿qué sentido tiene…?] mientras Schult hablaba con voz temblorosa, Leip le lanzó una mirada de disgusto.
El tinte cruel que comenzaba a aparecer en sus ojos era prueba de que estaba empezando a sopesar la utilidad del muchacho que tenía delante contra el peso de su descontento.
[Deja de intentar parecer inocente, chico. Ya te has dejado seducir por la recompensa y has traicionado a «esa mujer». Ya no estás en posición de preocuparte por su bienestar. ¿…O es eso? ¿Te has enamorado de sus encantos? Dejarte vencer por la seducción de una puta… qué vergüenza para un chico… Bueno, entonces] con una mirada lasciva y repugnante, Leip se levantó y se inclinó sobre el escritorio, acercando su cara a la de Schult. [Si quieres hacer lo que quieras con ella, te lo permitiré después de que haya tomado el trono. No sé qué le ves a ese montón de grasa, pero estás babeando por ella, ¿no?]
Fue una inigualable falta de respeto hacia las mujeres y una humillación hacia Priscilla.
[…] la cara de Schult se puso roja por esa declaración, y sus delicados brazos se extendieron hacia Leip.
No obstante, Leip los esquivó con facilidad y, en su lugar, lo golpeó en el pecho con un tubo corto que estaba sobre el escritorio. Con un grito de dolor, Schult cayó al suelo del estudio.
[Levantar la mano en mi contra, el dueño de la mansión; ese es el problema con todos los perros salvajes y maleducados de hoy en día] Leip, que acababa de golpear sin piedad a un niño, miró a Schult mientras este se retorcía en el suelo.
El movimiento de Leip acababa de tener una agilidad inesperada para alguien cercano a los setenta años. Una ambición largamente anhelada y no cumplida era capaz de llenar un cuerpo de vitalidad hasta tal punto.
[Ahora arderás hasta morir. Tus entrañas se carbonizarán y saldrá humo por todos los orificios de tu cuerpo. Aceptaré la visión de tu miserable estado como recompensa por tu desgracia] apuntando con el extremo del tubo corto que tenía en la mano a Schult, Leip ejecutó el castigo con la mirada de alguien que aplastaba a un insecto.
El maná, cada vez más intenso, hizo que el aire del estudio brillara, la destrucción manifestada se apoderó del joven cuerpo, el ser conocido como Schult se convirtió en polvo en el infierno, pero…
[¿…Qué significa esto?]
[De pronto tocó mi turno, así que ni modo.]
Justo antes de que Schult se convirtiera en cenizas, Al desató su espada, apuntando al tubo corto. Esquivando al instante la espada que se balanceaba desde abajo, la cara de Leip se contorsionó de fastidio.
[¿Qué motivo tienes para proteger a ese niño? Lo único que tienes que hacer es observar en silencio. ¡Sabías que ese era el papel que aceptaste, ¿no?!]
[Si te enojas tanto, se te va a reventar una vena, señor. Seh, aunque, en realidad, yo tampoco sé muy bien por qué lo hice…] ante la ira de Leip, Al bromeó mientras expresaba sus sinceros pensamientos.
Ni siquiera él entendía por qué había actuado para proteger a Schult. Pensándolo racionalmente, lo mejor habría sido utilizar lo que Leip decía en su propio beneficio.
A pesar de eso, Al protegió a Schult tras su objeción a Leip y había provocado la hostilidad del anciano. Por qué, para qué, él no lo sabía.
[Señor Al, usted…] desde detrás de Al, que estaba payaseando, Schult lo miró mientras se quejaba por el dolor.
[Schult, si te duele, no pasa nada si lloras, ¿sabes? Lo mantendré en secreto] dijo Al, manteniendo la misma actitud de hacía un momento.
[Señor Al… usted también tiene muchísimo aprecio por Lady Priscilla, ¿verdad…?] ignorando las burlas de Al, Schult habló como si tuviera que sacar las palabras de sí mismo.
[…] y en el momento en que escuchó esas palabras, una conmoción recorrió todo el cuerpo de Al.
Tras soltar un muy, muy largo suspiro, Al lo entendió, y dijo:
[Ah, hombre, qué tonto soy. ¿Cómo no me di cuenta de algo tan simple?] Al comprender eso, pudo explicar toda su confusión hasta ese momento.
[¿Te has dado cuenta de que tu juicio estaba nublado? Si es así, sal de…] intentó decir Leip.
[Lo entiendo. Por fin lo entiendo. Estaba siendo un estúpido. Debería haberlo visto enseguida] inclinando la cabeza hacia un lado, Al se encogió de hombros mientras seguía sujetando su espada con una mano. [¡De ninguna forma voy a conspirar alegremente con un viejo cascarrabias que no se da cuenta de lo sexy y linda que es la Princesa!]
[¡¡¡Eres… un idiota!!!] inmediatamente después de su maldición, Leip sacó uno de los cajones del escritorio con la mano izquierda y se lo lanzó a Al.
Al lo partió en dos con su espada cuando se acercaba, pateó los libros que tenía a sus pies hacia Leip y gritó:
[¡Schult! ¡Sal ahora mismo de la habitación! ¡Yo me encargaré del resto!] [Ahh… gh, muy en efecto, lo entiendo] haciendo una mueca de dolor, Schult corrió con gran esfuerzo hacia la puerta y salió de la habitación sin mirar atrás.
Fue una buena decisión. En cambio, Leip se burló de ella, diciendo:
[¡Sí que son unos completos idiotas! ¿Por qué creen que solo los llamé a los dos al estudio? Todos los demás sirvientes de la mansión son mis partidarios. ¡No hay duda de lo que le pasará al chico ahora que salió de la habitación!]
[Muy prudente de tu parte. Pero nunca se sabe, ¿verdad? Si yo te tomara como rehén…]
[Seguramente no crees que puedes contenerme tan fácilmente, jovenzuelo. En mi juventud, no era alguien del cuál burlarse en el campo de batalla. ¡Mi historial bélico no es menor que el del propio Bordeaux!] el espíritu marcial que emanaba Leip mientras rugía era prueba de que no se trataba de un engaño.
El tubo corto que sostenía el anciano era un Meteor. Su efecto era, muy probablemente, aumentar el poder mágico del usuario, un efecto sencillo, pero precisamente por eso no había forma de contrarrestarlo. Comparándolo con su propia fuerza de combate, Al juzgó rápidamente que estaba en desventaja. En otras palabras…
[Las condiciones se cumplen. …No hay por qué dudar en jugar mi carta de triunfo.]
[Idiota…] gritó Leip.
[No lo voy a negar. No es nada personal. Tuviste mala suerte… Nah…] deteniendo sus palabras en ese punto, Al continuó con un dejo de una sonrisa cínica en su voz. […Tus estrellas eran malas.]
[¡…!] justo después de terminar de hablar, Leip dejó todas las pretensiones y levantó el tubo corto, liberando su magia.
Transmitida desde la palma de Leip, el maná que pasaba por el tubo ganó un poder abrumador. La fuerza de la magia que surgía del extremo del Meteor se había multiplicado por más de cinco veces su nivel normal.
Esa magia impactó directamente en el torso del hombre del yelmo de hierro que había estado diciendo tonterías, doblando su cuerpo hacia atrás y explotando en el centro del mismo. Las estanterías se cubrieron con el horrible hedor de un cuerpo humano quemado por el intenso calor, y la carne, la sangre y los órganos que habían sido destrozados.
El yelmo y la espada sin cuerpo cayeron al suelo con un estrepitoso ruido, mientras Leip contempló la terrible escena con aburrimiento.
[¿Qué clase de carta de triunfo era esa? Qué tontería. Sinceramente, todo eso son tonterías] atravesando el estudio empapado de sangre, Leip comenzó a salir de la habitación.
Solo había una pequeña posibilidad, pero si el muchacho que había huido lograba reunirse con Priscilla, eso significaría problemas. Tenía que encontrarlo de inmediato y acabar con él.
Pensando eso, extendió la mano hacia la perilla de la puerta del estudio y… […Tus estrellas eran malas.]
[¡¿…?!] Leip se quedó sin palabras por un momento, después miró detrás de él.
Cuando lo hizo, vio a un hombre dándole la espalda a Leip. Era un hombre manco que llevaba un yelmo de acero y empuñaba una espada en la mano… [¿Eh? ¿Adónde t…?]
[¡¡¡Go~a!!!] sin interés en escuchar la voz del tonto, Leip lanzó su magia a través del tubo corto y lo quemó hasta matarlo una vez más.
Las llamas desatadas lo calcinaron, y el hombre del yelmo de acero, sin palabras, se hizo pedazos una vez más.
El suelo del estudio se manchó una vez más con el desastre, y Leip retrocedió, incapaz de comprender el significado de la situación.
[Qué… ¿qué fue eso? ¿Qué acaba de pasar…?] Al darse cuenta de que estaba temblando, Leip respiró hondo.
Tenía la frente cubierta de sudor frío. Mientras se lo limpiaba bruscamente con la manga, el anciano levantó la vista e intentó encontrarle sentido.
[…Tus estrellas eran malas.]
Una vez más, se escuchó la voz del hombre.
8
[…Tus estrellas eran malas.]
Lo oyó. Esa voz volvió a golpear sus oídos.
[¿Eh? ¿Adónde te fuiste?]
Ante sus ojos, el hombre que había perdido de vista a su enemigo miró a izquierda y derecha. Después se dio la vuelta y, al darse cuenta de que había alguien sentado detrás de él, rápidamente volvió a preparar su espada. Así…
[Oh, oye. Te quedaste sin fuerzas. Por lo que parece… ahora soy yo el «Agresor». Ah, ya veo. Tú también tienes bastante mala suerte] hablando como si tuviera lástima, el hombre se agachó frente al anciano desanimado.
El anciano, que babeaba, ni siquiera levantó la vista para mirar al hombre a la cara.
[Hace un momento estabas lleno de energía, pero de repente has empezado a lucir acorde a tu edad. No sé cuántas veces hemos hecho esto, pero no te rendiste después de unas cuantas docenas, ¿verdad? Bueno, no hay forma de saberlo, claro.]
[…tame.]
[¿Eh?] la voz era como un susurro, y el hombre del yelmo inclinó la cabeza. Para que el hombre lo oyera, el anciano levantó la cabeza temblorosamente. [Por favor… mátame] como si fuera su única salvación, el anciano lo pidió seriamente.
Ante esa súplica, los hombros del hombre se hundieron como si hubiera recordado algo desafortunado.
[Qué lástima. Solo porque alguien no puede comprender lo que es sexy y la ternura, al final la gente no puede llegar a entenderse] de pie, el hombre del yelmo apoyó ligeramente la espada en su hombro y apuntó al cuello del anciano.
Después, la hoja trazó un arco mortal y la cabeza del anciano salpicó sangre al volar por los aires.
Por fin, la pesadilla del anciano…
[…Tus estrellas eran malas.]
…no había terminado.
9
Leip tenía el cabello completamente revuelto y los ojos hundidos cuando Al lo sacó del estudio.
Hablando de delirios y babeando, el anciano había perdido por completo la cabeza.
[Aun así, incluso yo me siento algo mal por esto, ¿por qué será?] mientras arrastraba el pesado cuerpo del anciano, Al sentía una leve repulsión por lo que hizo.
Dejarlo impotente sin matarlo, y aunque podría decirse que, a largo plazo, realmente dejarlo así era la mejor opción, ¿en qué difería esto exactamente del propio complot de Leip, en términos de crueldad?
[Bueno, la sensación de culpa es diferente entre un viejo de mierda y una joven belleza. Si lo piensas así, te sientes mejor] mientras imaginaba rápidamente algo para justificarse, Al siguió hacia el vestíbulo de entrada de la mansión.
Sin nadie en quien confiar, Schult solo pudo huir al exterior de la mansión, pero…
[¡Señor Al!] en el vestíbulo de entrada, cuando Al se acercó a la gran escalera que conectaba el primer y el segundo piso, una voz lo llamó desde abajo.
Al mirar, vio a muchos de los sirvientes de la mansión y a Schult de pie ante la puerta. Además, a su lado estaba…
[Parece que has causado un gran alboroto en mi ausencia] habiendo regresado con su Caballero tras ella, Priscilla afirmó con arrogancia eso con una mano en su cadera. Mirando a Al en el piso superior, Priscilla resopló, hizo un puchero y dijo: [Vamos, Al. ¿Hasta cuándo piensas seguir mirándome desde arriba? ¿No es eso descortés? Has de bajar ahora mismo y explícame exactamente qué ha ocurrido en el tiempo de mi ausencia.] [Ah, claro. Bajaría si pudiera] respondió él.
[Tu respuesta no parece indicar que tengas intención de moverte en absoluto.]
Mientras Al bromeaba en lo alto de la gran escalera, Priscilla le guiñó un ojo y perdonó su insolencia. Por otro lado, un hombre enfurecido interrumpió esa interacción entre Señora y su seguidor.
[¡Por favor, espere, Lady Priscilla! Ese hombre con yelmo, ¿no parece que le hizo algo a Lord Leip?] declaró Gilian.
[¿Jhmm? Ooh. Ahora que lo veo más de cerca, es ese viejo saco de huesos que Al arrastra consigo. ¿Qué es esto, entonces? ¿Es acaso que el viejo finalmente se desesperó por su propia idiotez y se colgó?] la respuesta de Priscilla a lo que Gilian había señalado fue imprudente.
Gilian se quedó horrorizado, pero Al sonrió irónicamente ante su actitud mientras levantaba a Leip, y dijo:
[Nah, no está muerto. Bueno, al menos su cuerpo no lo está. Pero, de alguna manera, su espíritu murió de repente.]
[¿Muerte repentina, dices? Bueno, después de todo, ya está en esa edad. Es algo que les pasa a los viejos árboles] razonó Priscilla.
[¡No puede insinuar que se le permita salirse con la suya gracias a ese tipo de explicación!] Priscilla intentaba aparentar que lo aceptaba, pero Gilian protestó ferozmente. Se colocó delante de Priscilla, desenvainó la Espada de Caballero que llevaba a su lado y la apuntó hacia Al, que se encontraba en el piso superior. [Eres un tipo de apariencia verdaderamente sospechosa, pero al oír que eras el sirviente de Lady Priscilla, lo he pasado por alto hasta ahora. Sin embargo, ahora parece que eres un villano al que no debí hacer de la vista gorda. Has tratado a Lord Leip de forma tan salvaje.]
[Como ya dije, no está muerto] repitió Al.
[¡No obstante! No permitiré que apuntes tus colmillos venenosos contra Lady Priscilla. ¡A partir de ahora, asumiré el papel de protegerla!]
El vociferante Gilian era un Caballero de la justicia, y lo parecía en tal situación. Por otro lado, debido a su propio aspecto y al medio muerto Leip, Al se veía como un completo villano.
El vestíbulo estaba lleno de sirvientes que contenían el aliento y observaban la situación. Dicho esto, probablemente el único que estaba realmente preocupado por Al era Schult. Los demás sirvientes eran todos partidarios de Leip, por lo que, aunque lograra superar a Gilian, el panorama después de eso era bastante sombrío.
Las condiciones para su carta de triunfo tampoco se cumplían. «Bueno, ¿cómo terminará esto?», se preocupó Al.
[Parece que has comprendido tu desventaja. Entonces mantén tu posición mientras te reduzco. No sé qué tipo de plan vil tenías, pero protegeré la seguridad de Lady Priscilla a partir de ahora. ¡Que sus días estén llenos de serenidad invariable y que el camino que siga sea bendecido!] Gilian, lleno de entusiasmo, comenzó a avanzar, con la intención de cargar contra Al con su espada sin más demora.
Pero, justo antes de que pudiera dar ese primer paso enardecido…
[¿Días de serenidad invariable, dices? …Pero qué soso] dijo Priscilla con una voz terriblemente aburrida.
Y con la «Espada Carmesí» que sacó de detrás de ella, derribó a Gilian de un solo golpe.
[¡¿Qu…?!] gritando en shock por el inesperado corte, Gilian cayó en los escalones con una grave herida en la espalda.
Priscilla le dio la vuelta con el pie y —estando boca arriba— le colocó la punta de la espada en la nariz al apuesto hombre que jadeaba y declaró: [Ahora me preguntaba qué tipo de palabras dulces usarías para convencerme, mas has demostrado ser un hombre tedioso no solo en el trayecto, sino también cuando estás en el centro de atención. Más aún, ¿has de brindarme días de serenidad invariable, dices? Aquí vemos el epítome del pensamiento de un plebeyo.]
[¿Qué va… a…?]
[¿Qué valor posee lo mismo que ayer? Lo invariable es llanamente tedioso. Siempre has de mostrarme algo nuevo. Si no eres capaz de hacerlo, entonces al menos conviértete en un cadáver, púdrete, vuélvete estiércol y desaparece de mi vista. Cretino] a aquel hombre que se tenía a sí mismo en tan alta estima, Priscilla le lanzó sin piedad una lluvia de palabras crueles.
De la mitad de lo que decía la mujer pelirroja que tenía delante, Gilian seguramente entendió menos. Y antes de que eso cambiara, su oportunidad de comprenderlo se esfumó para siempre.
[¿Qu…?] el cuerpo de Gilian, que yacía desplomado en las escaleras, de repente echó llamas.
Para el apuesto hombre llamado Gilian Endymion, el calor abrasador de las llamas que se extendían desde su herida no le permitiría escapar de su fiero abrazo.
Con la garganta quemada, Gilian ni siquiera pudo gritar mientras ardía. [Princesa, tal vez sería mejor apagar el incendio antes de que a la mansión se le propague el fuego] se dirigió Al a Priscilla.
[Idiota. Es una llama nacida de mi Espada Yang. Obviamente, solo quemará lo que yo haya elegido.]
Su lógica era incomprensible, pero las llamas de Gilian no se extendieron a la alfombra de los escalones. Tras confirmar que, de alguna manera, parecía ser cierto, Al se sorprendió por la poca convencionalidad de Priscilla, a pesar de sí mismo.
Por cierto, en algún momento durante eso, la espada carmesí que ella estuvo empuñando desapareció una vez más de la vista.
[Bueno, sería bastante tonto sorprenderse por los trucos de magia de la Princesa después de todo esto. Más importante aún, ¿qué vas a hacer con todo esto, incluido el tipo en llamas?] preguntó Al.
[No importa cuántas veces uno lo huela, la peste de una persona quemándose es desagradable. Ustedes, han de limpiar esto con celeridad.]
Siguiendo las instrucciones de Priscilla, los sirvientes se pusieron en marcha sin dudarlo y limpiaron rápidamente los restos completamente carbonizados de Gilian. Al observar esto, Al llegó a una conclusión. Que era…
[Bueno, Princesa, ¿entonces descubriste los planes del viejo hace mucho tiempo?]
[Desde el principio, no ocultó su intención de utilizarme para hacerse con el poder de la nación. Dado eso, era trivial imaginar cómo procedería. Antes de que uno sienta molestia por el bicho que zumba alrededor de su oído, es natural quitarle las alas y las patas.]
[Eso es demasiado. Él no estaba a tu nivel] Al no pudo evitar reírse al pensar que la ambición que el viejo había anhelado durante tanto tiempo fuera tratada como los actos de un payaso y bailara en la palma de su mano.
No hacía falta decir que ella se había ganado el corazón de la gente, e incluso en la mansión no había nadie que fuera realmente su aliado. Su único aliado que no había sido arrebatado por Priscilla ahora estaba reducido a cenizas. Si se pensaba de esa forma, quizá era más feliz perdiendo la cordura mientras aún conservaba sus ambiciones.
[Por cierto, si tenías tu venganza planeada con tanto detalle, ¿por qué no nos dijiste nada? Hicimos una pequeña y extraña actuación por eso] preguntó Al.
[No posees talento para ese tipo de cosas, puedo verlo simple vista. Lo mismo aplica a Schult. Los dos se ponen visiblemente nerviosos cada vez que han de mirarme. Ambos no tienen idea alguna de lo complicado que es no reírse.]
[Ah, umm… L, Lady Priscilla…] mientras Al y Priscilla continuaban con su amistosa charla, con Leip tirado en los escalones, Schult llegó debajo de ellos.
Cuando Priscilla cruzó los brazos para resaltar su busto, Schult vaciló, sin saber adónde dirigir la mirada.
Quizás tenía la intención de disculparse por haberse unido alguna vez al bando que pretendía traicionar a Priscilla. Aun así, para hacerlo, si no elegía las palabras adecuadas, podría provocar su ira.
“Si sale mal, tendré que respaldarlo”, pensaba Al, un poco preocupado, pero…
[Muy en efecto, me alegro de que esté ilesa… Yo … Yo estaba mucho muy preocupado…] dijo Schult, mientras su voz temblaba.
[Mhmm] mientras Al miraba a Schult, hecho un desastre por las lágrimas, se sorprendió de su propia estupidez.
¿Cuánto sentido común «sin sentido» había tratado de imponer en el corazón de un niño de apenas diez años, para luego juzgar la situación en base a eso?
¿No acababa de ver a un anciano lamentable decidir qué era esto y aquello sin intentar verlo por sí mismo, y sufrir una solitaria caída sin nadie que acudiera en su ayuda?
[Schult, eres tan adorable. Muy bien, he de concederte permiso para que ensucies mi vestido.]
[Uum.]

Priscilla abrazó al sollozante Schult y después, con expresión complacida, le limpió la cara con su vestido. Luego, con el joven aturdido aún entre sus pechos, volteó hacia Al.
[Vaya, qué posición tan envidiable] comentó el hombre manco.
[Es algo de lo más evidente para decir, mas fuiste sabio en elegirme. Mis felicitaciones.]
[Si tienes que escoger entre un viejo y una chica linda y sexy, hay que elegir a la chica. Cualquiera haría lo mismo. Yo también lo haría.]
[Tu franqueza no es de mi disgusto. Bien, ahora…] Priscilla miró a Leip, que yacía en el suelo con la mirada perdida, y resopló suavemente. [Pero qué, mhm, lamentable es que mi marido por conveniencia haya perdido la capacidad para gobernar su territorio. En este estado, el futuro de la Baronía Barielle se ve amenazado. Dado que a tal situación se ha llegado, parece inevitable que mi persona tome toda la autoridad en calidad de representante de la familia. ¿No es así?]
[Continuar con la voluntad de tu amado esposo y hacer todo lo posible en el papel poco familiarizado de administradora, como una buena esposa. Las acciones ciegas de una hermosa joven; es un escenario que invita a las lágrimas, ¿no es así? Creo que voy a llorar.]
[Qué cómico eres.]
[Tú también, Princesa.]
La Señora y el sirviente, bien compenetrados, se rieron juntos y parecían satisfechos de que, por el momento, los asuntos de la casa estuvieran en orden.
Y eso dejó a Schult, todavía con los ojos ampliamente abiertos entre los pechos de Priscilla. Tomando la cabeza del muchacho con ambas manos, Priscilla lo despeinó y le dijo:
[Bueno, ¿qué te pasa, Schult? Deberías reír. Yo, tu persona favorita, me hallo de buen humor. Entiendes lo que ha de hacer un asistente en ese caso, ¿cierto?]
[S… sí. ¡Muy en efecto, lo entiendo!] siguiendo las instrucciones de Priscilla, enderezó la espalda, controló obedientemente su respiración y se carcajeó. Obligó a su cara a sonreír con las manos en las mejillas y con una voz tan fuerte que se le quebró. [Muy en efecto, ¡JAJAJAJAJAJAJAJA!]
[Eso ha de servir. Una vez finalizado, ya sabes lo siguiente que he de pedir, ¿correcto?]
[¡Muy en efecto, que vaya a preparar muchísimo té fresco!] respondió Schult.
[¡Mmmm!] sacando un abanico de su escote y abriéndolo de un golpe, Priscilla bajó las escaleras. Al la siguió y Schult caminó junto a ellos, aún riéndose. [Estoy bastante complacida. Esto ha de servir. Después de todo…]
Al escuchar la voz de la joven que reía, Al se dio cuenta de por qué la había elegido.
No era nada, en realidad. Una simple cuestión. Nada más que el hecho de que, una vez más, había sido cautivado por los encantos de esta joven.
[…este mundo está hecho a mi conveniencia.]
FIN