SS - La Nación del Dragón/Crónica de la Búsqueda del Niño Perdido (5)
SS
La Nación del Dragón/Crónica de la Búsqueda del Niño Perdido (5)
Parte 1
Diadora Regundra era la hija de una rica e ilustre familia de comerciantes de Piqtat.
Nacida en un hogar acaudalado y provista de buen físico, la joven creció tanto en edad como en egoísmo.
Cuanto quería, obtenía, pues nadie osaba contrariar a alguien designado con el apellido de aquella familia. Desde la infancia, las circunstancias dieron margen para que floreciera su arrogancia, respaldada por el poder de su casa, el cual la ingenua consideraba propiedad suya.
Por lo tanto, Diadora siguió sin conocer carencia alguna, hasta que un día, pasado su decimotercer cumpleaños, experimentó el fracaso por primera vez.
Llegó la etapa en que comenzaba a transformarse en una mujer bella, y con ella un profundo anhelo de romance que buscaba satisfacer armándose de su hermosura y estatus para cautivar al sexo opuesto.
Durante un tiempo, se consideraba casi un espectáculo cuando salía a desfilar por la ciudad, acompañada de los hombres que había atrapado.
Diadora estaba en la cúspide, sin duda…, hasta que tropezó de la forma más inesperada.
[???: Lo siento, Diadora. Tengo trabajo que atender en casa. Te agradezco la oferta, pero mejor para la próxima.]
Exhibiendo una sonrisa gentil pero incómoda, el hombre declinó la invitación de Diadora.
No lo podía creer. Para Diadora, el hecho de que perdió contra el rechazo de un hombre fue como una bomba caída del cielo.
Continuó invitándolo una y otra vez, asumiendo que él se había equivocado, pero la respuesta nunca cambió.
Eventualmente, la pena de esas derrotas acumuladas creó una grieta en la otrora perfecta vida de Diadora. Desesperada por llenar esa grieta, se propuso cubrir sus derrotas con victorias.
O más bien, cubrir su obsesión con aquel que la ignoraba, con la presencia de cien que la adoraban.
Pero mientras repetía ese ciclo, a veces entraba en razón. ¿Esto llenaría la grieta en su corazón? ¿O, al contrario, estaba empeorándola?
Ya que no podía obtener lo que en verdad anhelaba, se quedaba cuestionando el valor de lo que sí tenía en mano.
Diadora ignoró, desafió y descartó los lamentos de su voz interior, y así se mantuvo andando, con gran desvelo, por este arduo camino…
[Diadora: ¡Parece que tú eres el octavo novio!]
Y entonces llegó su segundo fracaso, acarreado por el hermano menor del mismo hombre que la había rechazado.
Parte 2
[???: ¿Ese hombre está en la ciudad de nuevo…?]
Un sirviente entró a la mansión y dio un reporte que pintó de amargura el perfil primoroso de Diadora.
Ya habían pasado algunos años desde aquella temporada de hielo ignominiosa, por lo que ella pensaba que el daño estaba reparado. Sin embargo, en el instante en que oyó su nombre, sintió sangre manar de la misma herida que creía sanada.
El color vívido y olor de la sangre la forzaron a recordar que nada había terminado en realidad.
[Diadora: Bueno, ya pasaron seis años desde eso.]
Poniendo una mano sobre la ventana de su habitación, Diadora rememoró aquel día terrible de antaño.
Durante la temporada de hielo de ese entonces, una ola de frío inusual había asaltado el sur del reino, y por ende Piqtat. Gracias al ambiente álgido, ella tenía más tiempo de lo habitual para interactuar con el sexo opuesto.
Diadora buscaba compañía, pero cierto hombre había juzgado eso como la manifestación de un deseo vil.
La diligencia fútil e insignificante de ese hombre había resultado en una asaz indiscreta divulgación de las relaciones de Diadora y herido a muchas personas, incluyendo a la susodicha.
Por lo tanto, ella había decidido eliminar al causante directamente. Él había tenido la suerte de escapar justo antes de que ella lo lograra.
[Diadora: Si tan solo no hubiera vuelto, lo hubiera dejado en paz… Qué hombre tan estúpido.]
De haber huido y aceptado que nunca más podría volver a pisar su tierra natal, ella lo habría exonerado. Pero el hombre había regresado a Piqtat, como si se creyera bienvenido.
Al hacerlo, había restablecido aquella deuda insoluta. Y ella estaba decidida a cobrar su pago.
[Diadora: Óyeme bien. Habla con los mercenarios de la ciudad. Contacta a aquellos que estén interesados en congraciarse conmigo o con la familia Regundra. ¡Al fin, ese hombre va a…!]
[Sirviente: D-disculpe, señorita, eso tendrá que esperar.]
[Diadora: ¿Qué? No tenemos todo el día. Ese hombre no tarda en escabullirse. En serio, es igual de repugnante que esos bichos zodda con los que…]
Se había presentado la oportunidad para vengarse, y Diadora iba a asegurarse de aprovecharla. Su regaño al sirviente aclaró que no iba a tolerar impedimentos.
Pero…
[???: ¡Goaaah!]
[Diadora: ¡¿…?! ¡¿Q-qué fue eso?! ¡¿Y ese grito?!]
De repente, un grito bronco resonó fuera del cuarto, desde abajo, y dejó a Diadora estupefacta. Para complementar su sorpresa, el sirviente a su lado alzó los hombros, con la cara tensa también.
[Sirviente: ¡Escuche, por favor! ¡Tenemos problemas, señorita! Han llegado visitantes que dicen ser aliados de quien tanto detesta…]
[Diadora: ¿Aliados de ese hombre? ¿Y eso qué tiene que ver con…? ¡Ay, ya, a un lado!]
Cansada de la incoherencia del sirviente, Diadora empujó el pecho del hombre enjuto y salió aprisa de la habitación.
Cuando se asomó al vestíbulo en la planta baja, los ojos se le abrieron de más.
Ahí encontró al recio guardia de seguridad de la familia Regundra enfrentando a un visitante…
[???: ¡Ah, gh! ¡Ugogogogo!]
[???: ¡Bájale a tu escándalo! ¡Ya t' dije qu' no vinimo' a buscar bronca!]
Y vio cómo agitaba las piernas en el aire, mientras luchaba, a duras penas, por liberar su barbilla del agarre de su oponente.
El perpetrador era un hombre tosco de cabello dorado, casi dos cabezas más bajo que el guardia corpulento. Su acompañante, una mujer que estaba sujetándose los codos, dio un vistazo hacia el segundo piso.
Los ojos de la mujer, caracterizada por su traje de sirviente y cabello rosa, se cruzaron con los de Diadora…
[???: Tienes visita.]
Ese saludo, directo y descortés por completo, marcó el inicio del asunto por tratar.
Parte 3
[Diadora: ¿Esto es un ataque contra la familia Regundra? ¿Acaso no saben cuán grande es nuestra casa?]
[???: Si hay algo grande aquí, es tu actitud. Te veo tan firme ahora, que casi podría creer que no te estaban temblando las rodillas por la embestida de Garf hace un momento.]
[Diadora: ¡Silencio!]
Por más que le gritara, la mujer de cabello rosa, llamada Ram, no iba a abandonar su actitud arrogante.
Ciertamente, la escena en el vestíbulo había sido chocante. Costaba creer que Gomuz, el guardia cuyo único mérito era su fuerza, había sido superado por alguien más fuerte.
Y encima…
[???: Perdón por lo qu' le hice al tipo. Usé un poco d' magia curativa pa' arreglarlo, así qu' olvidemos qu' pasó, ¿sí?]
[Ram: Garf, de nada sirve disculparte si ya lo hiciste. A mí me daría pena pedir un favor así…]
[Garfiel: Grrr…]
Ese alguien era el mismo joven que ahora tenía los hombros caídos por el sermón de una niña aún menor.
[Diadora: … Qué curiosa combinación hacen.]
Diadora frunció el ceño ante los visitantes extraños que se habían internado en su sala.
Dos criadas y un hombre, un trío peculiar, habían irrumpido en la casa Regundra a pesar de la seguridad.
Sin embargo, no podía permitir que la sorpresa redundara en sumisión.
[Diadora: Según mi sirviente, están aquí para hablar de cierto hombre.]
[Ram: Es correcto. Podrá ser un hombre inútil, pero dado que su problemita podría resultar un obstáculo enorme, tenemos que quitarnos ese peso de encima.]
Ram cabeceó, serena, cuando se mencionó el reporte del sirviente. A juzgar por su afirmación genuina, se podía asumir que eran conocidos del hombre en cuestión, y quizás incluso lo habían ayudado a regresar.
Y mientras Diadora trataba de precisar el motivo detrás de la visita…
—Eh, perdón por meterme. Estamos buscando a alguien importante.
Una niña tierna, la menor del grupo, sacó a Diadora de sus pensamientos. Su nombre era Petra, y sus ojos redondos brillaron con seriedad cuando suplicó a Diadora.
[Petra: Y para encontrarlo, tenemos que pasar por Piqtat sí o sí…]
[Garfiel: Lo qu' dijo ella. Así qu' vamo' a necesitar qu' su familia…, o, mejor dicho, usted, retire esa petición rara qu' envió.]
[Petra: ¡Por favor!]
El joven, apodado Garf, complementó la súplica de Petra. Diadora observó a Petra bajar la cabeza aún más, y luego movió los ojos hacia Ram.
Ahí, en el sillón, estaba sentada la mujer, con cero humildad en su postura.
"¿Qué? " —dijo, entrecerrando sus ojos rosados—.
[Ram: Ram no dirá nada, ni, aunque la mires así. Como mucho, puedo aportar un insulto.]
[Petra: ¡Hermana Ram! No seas así. Pidámoslo juntos. Sé que Subaru y Rem te importan tanto como a nosotros.]
[Ram: Por supuesto que Rem ocupa un espacio en mi corazón, pero Barusu no cabe ahí.]
[Petra: ¡Hermana Ram…!]
Sonrojada, Petra urgió a Ram, quien, en respuesta, suspiró y volteó otra vez hacia Diadora.
[Ram: Me retracto. Ram también te lo pide. Cancela aquello, por favor.]
[Diadora: …]
[Ram: Cancela la orden de asesinato que enviaste contra Otto Suwen.]
En el instante en que ese nombre salió por los labios de Ram, los ojos rasgados de Diadora se afilaron. Ese nombre pertenecía a aquel que había agrietado la vida de Diadora por segunda vez.
Por más que intentara olvidarlo, nunca podía.
[Diadora: ¿Debo hacerlo? De no haber venido, estaría completamente a salvo, para empezar.]
[Ram: Créeme, hasta él se resistía a la idea. Pero la necesidad llamó, y él respondió. Así es la naturaleza de ese hombre.]
[Diadora: Necesidad… Ah, ¿sí?]
Cada palabra de la réplica de Ram hacía enfadar a Diadora. Si aquel hombre de verdad actuaba por necesidad, entonces, ¿eso implicaba que avergonzarla también había sido necesario?
Él y su hermano la habían humillado, deshonrado sin piedad…
[Diadora: Lo deniego.]
[Petra: Señorita Diadora, no diga eso…]
[Diadora: Oh, no, ¡claro que lo diré! No me importa qué clase de vida haya tenido ese tipo afuera de esta ciudad. ¿Qué se ha convertido en una persona maravillosa? ¡Pues bien por él!]
[Petra: Señorita Diadora…]
[Diadora: Nunca, pero nunca, olvidaré lo que me hizo.]
Con el regusto de la desgracia en boca, Diadora declaró ante los visitantes.
Esa era su voluntad real, independiente del sirviente, Gomuz o la familia Regundra.
Al escucharla, Ram bajó la mirada un poco.
[Ram: Con permiso.]
[Garfiel: ¿Eeeh? Oye, Ram, aún no. ¿Qu' vamo' a hacer con Otto?]
[Ram: Ya intentamos todo. Ram tampoco quiere rendirse. No obstante, he concluido que, en este caso, el problema es solo de Otto. Si tenemos que arriesgarnos a que lo mate un asesino, mejor continuemos sin él.]
[Garfiel: ¡¿Pero qu' tonterías dices?! ¡Ni qu' fueran los "Malabares de Giyugri"!]
Ram se encogió de hombros y se dispuso a abandonar el lugar, a pesar de la insistencia de Garf. Diadora estaba desconcertada, pero de acuerdo con él.
Si iban a retirarse tan pronto, ¿para qué se habían molestado en visitar?
Por lo menos, para Diadora fue un alivio ver que Ram no desestimó su opinión.
[Petra: … Somos empleados del margrave Roswaal L. Mathers.]
[Diadora: Eh…]
[Petra: El señor Otto trabaja en su mansión, junto con nosotros.]
Mirando de reojo a Ram y Garf, Petra expuso un testimonio impactante.
Un golpe de sorpresa y confusión le robó el aliento a Diadora al enterarse de su inesperada ocupación.
"Petra" —intervino Ram, entrecerrando los ojos—,
[Ram: Este es un hogar acaudalado de Piqtat. El nombre del señor Roswaal no debe usarse de forma tan…]
[Petra: Hermana Ram, eres demasiado suave con el amo. Además, creo que, si él me pidió ir con ustedes, fue precisamente para que hiciera esto.]
[Ram: …]
Ram aguantó el contraargumento de Petra en silencio incómodo. Tras bloquear la oposición de Ram, Petra se dirigió de nuevo a Diadora, cuya boca estaba cerrada de igual modo.
[Petra: Señorita Diadora, no fingiré que entiendo cómo se siente. Pero lo que sí entiendo es que el señor Otto actuó mal. Así que tengo una idea.]
[Diadora: … Dila.]
[Petra: Yo me haré responsable de traer al señor Otto y hacer que se disculpe. Puede hacer con él lo que quiera…, mientras no sea grave, pero que le sirva para desquitarse un poco.]
Diadora escuchaba mientras Petra levantaba un dedo y elaboraba sin vacilar. ¿Quién hubiera pensado que una niña de cara y maneras tan lindas podría decir algo tan aterrador?
Pero daba más miedo que nada la propuesta en sí.
Porque a nadie se le ocurriría sugerir eso, a menos que supiera sobre las grietas en el corazón de Diadora.
[Petra: El señor Otto la lastimó. Y como mujer, la comprendo.]
[Diadora: …]
[Petra: Ya que ya mencioné el nombre de nuestro amo, podríamos pasar por encima de usted y resolver esto. Pero la verdad es que no quiero hacer eso.]
Buscaba un punto medio que satisficiera su propia preocupación y los sentimientos de Diadora.
Al final, Diadora se vería obligada a cancelar la orden de asesinato, quisiera o no. Y, aun así, se le estaba ofreciendo la oportunidad de llenar esa grieta.
[Petra: ¿Qué le parece?] preguntó Petra con ojos inocentes.
El futuro de la niña parecía prometedor a un grado escalofriante.
[Diadora: … ¿Realmente puedes hacer eso?]
[Petra: Cuente con ello. La gente en la mansión siempre me hace caso]
Alardeó Petra, flexionando su delgado brazo, gesto reconfortante.
Detrás de ella, Garf lucía una expresión afligida, prueba de la inquietud que estaba surgiendo dentro de su mente.
Diadora posó una mano sobre su pecho y pensó en la grieta invisible.
[Diadora: ¿Puedo preguntar una sola cosa?]
[Petra: ¿Sí?]
Tras aceptar su derrota, Diadora habló en un tono suave, ante lo cual Petra inclinó la cabeza. Ram y Garf permanecieron detrás, esperando a que Diadora continuara.
Ante tres espectadores diferentes, Diadora pausó un segundo, y luego abrió la boca:
[Diadora: ¿Qué le ven de bueno a ese loco de los bichos zodda?]
En cuanto dijo eso, los semblantes de Ram y Petra se transformaron en expresiones disgustadas, para diversión de Diadora.
Parte 4
Petra mantuvo su promesa hasta el final. Y con mucha firmeza, cabía mencionar.
[???: Le ofrezco disculpas sinceras por lo que hice ese día. Era demasiado inmaduro en aquellos tiempos, pero he reflexionado mucho desde entonces.]
Al ver al hombre agachar la cabeza y pedir perdón por aquella humillación pasada, Diadora dio un largo suspiro. Guardar un rencor hacia alguien por la eternidad terminaría agotándola. Por lo tanto, sería más sabio redireccionar ese fervor y aplicarlo en la búsqueda de su propia felicidad. Petra le había enseñado eso.
Era envidiable el hecho de que, al preguntarle por qué venía, la niña fuera capaz de responder, "porque es alguien importante", sin dudar.
Tan envidiable como ser alguien a quien esa niña pudiera apreciar así.
Mientras sentía la segunda grieta cerrarse, Diadora se armó de valor una vez más…
[Diadora: Si tanto lo sientes, hazme un pequeño favor. Bien, ¿podrías decirme qué le gusta a tu hermano…, al señor Oslo?]
El mismo hombre que, años atrás, se había escabullido casi muriéndose ahora estaba frente a Diadora, con ojos llenos de un resplandor vivo que la incitó a volver a enfrentarse a la primera grieta.

