Empezando una Vida en Otro Mundo Desde Cero
CAPÍTULO 5 Empezando una Vida en Otro Mundo Desde Cero
1
—Qué alivio que estés aquí… Esta vez no te dejaré escapar.
Ante la figura de la chica que acababa de irrumpir—la falsa Satella—, Felt retrocedió sin emitir sonido. La expresión de Felt era de frustración, torciendo los labios con evidente fastidio.
—De verdad que eres una mujer persistente. Ya te dije que te rindieras de una buena vez.
—Lamentablemente, es algo a lo que no puedo renunciar. Si te comportas, no te haré daño.
Frente a una Felt que parecía a punto de rechinar los dientes, la temperatura de la voz de la falsa Satella era terriblemente fría. Subaru no pudo evitar contener un escalofrío ante la atmósfera del bazar, que se estaba volviendo cada vez más amenazante.
—¡¿Por qué está aquí la falsa Satella?!
La hora apenas empezaba a acercarse al atardecer. En el primer mundo, a esta hora ni siquiera habían llegado a la entrada de los barrios bajos. Se suponía que había llegado al bazar completamente después del anochecer.
—Eso significa que, si no estuviera yo, esta chica habría llegado así de rápido por su cuenta.
Incluso sin el evento de curación de Subaru en el callejón, Satella habría llegado hasta aquí por sus propios medios.
Ver demostrada su propia inutilidad a través del espacio-tiempo le hizo sentir una sensación indescriptible.
Dejando atrás a un Subaru que experimentaba esa sensación de vacío, la situación avanzaba a cada segundo. Felt, retrocediendo, ya se había movido del centro de la habitación hacia el fondo, y la falsa Satella había cambiado de postura con un movimiento natural para bloquear la puerta, apuntando con la palma de la mano hacia ellos.
El ligero sonido del aire resquebrajándose se debía a que un hechizo mágico se estaba desplegando, tomando como punto de origen la palma de la falsa Satella.
Quizás su especialidad era la magia de tipo hielo, pues a medida que se creaban carámbanos en el aire, la temperatura de la habitación iba disminuyendo.
—Mi exigencia es una sola… Devuélveme la insignia. Es muy importante para mí.
Había seis carámbanos flotando en el aire. Sus puntas estaban redondeadas y aplastadas, enfocando su poder destructivo en el peso más que en el filo.
Sin embargo, no cabía duda de que, si acertaban, causarían un impacto incomparable al de una simple pedrada.
Naturalmente, mientras sudaba frío al verse incluido en su línea de fuego, a Subaru no le quedó más remedio que observar en silencio para no cometer ningún error.
—…Viejo Rom.
—No puedo moverme… Sí que trajiste un problema junto con alguien problemático, Felt.
Ante el llamado silencioso, el viejo Rom, con su enorme cuerpo en tensión, respondió negando con la cabeza.
Sin darse cuenta de en qué momento, el viejo Rom ya sostenía un garrote en la mano, pero el brazo musculoso que lo empuñaba se veía algo inseguro. Como si estuviera dudando, como si estuviera perplejo, abría y cerraba la mano repetidamente.
—¿Vas a aceptar la derrota incluso antes de empezar a pelear?
—Si se tratara de una simple usuaria de magia, tampoco me echaría para atrás… Pero esta oponente es un problema.
Reprendiendo a la provocativa Felt, el viejo Rom entrecerró sus ojos grises y miró a la falsa Satella. En los ojos del viejo Rom, que la miraban desde arriba, flotaba una fuerte cautela y un sentimiento de asombro y temor.
—Señorita… Usted es una elfa, ¿verdad?
La pregunta del viejo Rom salió de sus labios temblorosos. Al escuchar eso, Subaru levantó la cabeza instintivamente. La suposición del viejo Rom al pronunciar “elfa” solo era cierta a medias.
En el primer mundo, Subaru ya había escuchado sobre su origen de sus propios labios. Ante la pregunta, la falsa Satella cerró los ojos por un momento, dejó escapar un pequeño suspiro y respondió:
—Para ser exacta, no lo soy… Solo soy medio elfa.
Ante ese tono que parecía confesar un dolor profundo, Subaru frunció el ceño. Sin embargo, quienes reaccionaron fuertemente a la confesión de la falsa Satella fueron los otros dos. La reacción de Felt fue especialmente notable; retrocedió dando un gran respingo.
—Medio elfa… ¡¿Y encima de cabello plateado?! No me digas que…
—¡Es solo un parecido! …A mí también me causa muchos problemas.
Era un intercambio que Subaru no entendía, pero le transmitió hasta qué punto era una situación desagradable para la falsa Satella.
Sin embargo, esa negación no fue suficiente para disipar la cautela de Felt. Por el contrario, la chica giró la cabeza hacia Subaru, que hasta ahora había guardado silencio, y sus ojos carmesíes se llenaron de hostilidad.
—Chico. Conque me tendiste una trampa, ¿eh?
—¿Qué?
—Ya me parecía sospechoso que dijeras cosas tan raras como que querías devolvérsela a su dueña. No dejar que la gente del callejón se entrometiera también era parte de tu plan, ¿verdad? Estaban confabulados desde el principio.
Ante la acusación de Felt, que incluso estaba cargada de resentimiento, Subaru se dio cuenta de que se había generado un malentendido.
Pero, por otro lado, ahora entendía el trasfondo de cómo la falsa Satella había logrado llegar al bazar de objetos robados en tan poco tiempo.
Como era de esperar, en circunstancias normales sería imposible que la falsa Satella llegara aquí a esta hora. Originalmente, los habitantes de los barrios bajos contratados por Felt la habrían estorbado, y su llegada se habría retrasado.
Al Subaru haber apresurado a Felt, no se generó ninguna distracción y la falsa Satella pudo llegar directo hasta allí.
Las sospechas de Felt no eran ciertas, pero daban en el clavo en una parte. Y, de hecho, la situación se estaba inclinando hacia donde Subaru deseaba.
Siendo honesto, le habría gustado recuperar la insignia con sus propias manos y entregársela a la falsa Satella para ganarse sus elogios, pero si volvía a su dueña original, no podía ponerse exigente.
—Si logro que las cosas sigan esta corriente, podría considerarse como la segunda mejor opción. Sin embargo…
—¿…? ¿Qué significa esto? ¿Ustedes dos no son compañeros?
Al ver la discordia entre Felt y Subaru, la falsa Satella reaccionó. Felt soltó un “Ja”, riendo por la nariz ante una falsa Satella que se mostraba confundida.
—Déjate de teatros. Los que estamos arrinconados somos nosotros. Recupera la insignia de una vez y búrlate de mí estupidez si quieres.
—Estás siendo demasiado pesimista. Exageras solo porque la situación está un poco en nuestra contra.
—¡Tener el descaro de decir eso después de haber involucrado a esa chica! Ah, mierda. ¡Me engañaste!
Felt se rascó bruscamente su cabello rubio y chasqueó la lengua, y la falsa Satella frunció el ceño ante su actitud que carecía de toda feminidad. Subaru contuvo el aliento ante el sutil malentendido y la tensa atmósfera, paseando la mirada de un lado a otro.
Y entonces, Subaru se dio cuenta. …De que en el pecho izquierdo de la falsa Satella se balanceaba un adorno floral rojo.
—Ja…
Subaru se rió al sentir que todas sus dudas hasta ese momento habían sido una estupidez.
Ante la expresión y actitud severas de la falsa Satella, Subaru se había acobardado al recordar el bucle anterior en el que fue rechazado.
Sin embargo, la verdadera naturaleza de la falsa Satella no había cambiado, por más que el mundo se repitiera.
—La prueba de haber ayudado a esa niña perdida lo demuestra.
—Bueno, bueno, esto se va a complicar, así que dejémoslo así. Felt, devuélvele la insignia. Y Sate… digo, tú deberías irte rápido de aquí. Asegúrate de que no te la vuelvan a robar.
—¿Por qué de repente te portas tan amable conmigo? Esto me resulta muuuy incomprensible…
—Yo también estoy igual de insatisfecha. Chico, ¿qué rayos te pasa?
Intentó mediar con ánimos renovados, pero la persuasión fracasó tras recibir el fuego concentrado de las dos chicas involucradas. Subaru buscó ayuda con la mirada en el viejo Rom, pero…
—Tratándose de una usuaria de magia, no puedo hacer movimientos precipitados. No te apresures.
…El anciano le dio una advertencia que iba en contra de sus intenciones.
—Qué viejo tan inútil.
Al pensar eso, Subaru contuvo un chasquido de lengua interno, devanándose los sesos sobre cómo responder a las severas miradas del dúo femenino.
En ese momento… una sombra negra se deslizó suave y silenciosamente detrás de la chica de cabello plateado.
—¡Puck! ¡Defiéndela!
Una sonrisa seductora corrió como una sombra, y un destello plateado se abalanzó con un movimiento serpenteante hacia su nuca blanca.
En ese instante, frente a los ojos abiertos de par en par de Subaru, la cabeza de la chica salió volando.
—Ese, originalmente, habría sido el futuro que debió haber ocurrido.
Un sonido nítido. No era el ruido del acero cortando huesos, sino un eco como de acero rompiendo cristal que hizo vibrar sus tímpanos.
En la parte posterior de la cabeza de una falsa Satella que se inclinaba ligeramente, se desplegó un círculo mágico con un resplandor azul pálido.
El resplandor mágico detuvo la punta de la hoja, logrando a duras penas aferrar la vida de la chica plateada.
La falsa Satella saltó hacia atrás dándose la vuelta. Entre los huecos de su ondulante cabello plateado, estaba de pie un pequeño animal de pelaje gris. Haciendo sonar su nariz rosada con un “fufu” de orgullo, Puck miró de reojo a Subaru y dijo:
—Vaya que sí, fue por una fracción de segundo. Me salvaste.
—NICE, Puck. El que se salvó más bien fui yo. Gracias.
Ante el gesto del pequeño gato que parecía levantar el pulgar, Subaru también le devolvió un el gesto a pesar de su agitación.
Actualmente era antes del anochecer… es decir, la hora en la que el confiable respaldo de la falsa Satella todavía estaba de turno.
Aunque había alzado la voz por puro instinto, el cuerpo de la chica fue protegido gracias a un desempeño de Puck que superó las expectativas.
Y entonces, la atacante, cuyo asalto sorpresa había sido bloqueado magistralmente…
—Un espíritu, un espíritu, eh. Fufufu, qué maravilla. Todavía no he probado abrirle el
Levantó la hoja asesina frente a su rostro, mostrando una expresión de éxtasis. Era la asesina familiar… Elsa.
Ante la repentina aparición de la visitante, Subaru y la falsa Satella se pusieron en guardia al mismo tiempo. Sin embargo, no fue ninguno de los dos quien reaccionó ante Elsa.
—¡Oye! ¡¿Qué significa esto?!
Quien gritó y dio un paso al frente alzando su furiosa voz fue Felt.
Felt señaló a Elsa con el dedo y sacó la insignia que llevaba guardada entre su ropa.
—¡Se suponía que tu trabajo era comprar esto! ¡Si planeas convertir este lugar en un mar de sangre, entonces la historia cambia!
—Mi trabajo es comprar la insignia robada. Si me traen hasta a la dueña, la negociación queda completamente arruinada. Por eso decidí cambiar de planes.
Felt, que tenía el rostro rojo de ira, contuvo el aliento al ser observada por los ojos de Elsa, empapados de intención asesina. Elsa miró con cariño el terror de Felt.
—Mataré a todos los involucrados presentes. Y después, recuperaré la insignia de ese mar de sangre.
Manteniendo la sonrisa de una madre afectuosa, lo anunció con crueldad y ladeó la cabeza.
—No pudiste cumplir con tu trabajo. Es normal que te desechen.
—¡…!
La expresión de Felt se retorció de dolor. Sin embargo, no parecía terror, sino una emoción distinta.
No sabía qué fibra sensible de la chica habían tocado las palabras de Elsa. No lo sabía, pero…
—¡No me jodas, maldita sea…!
…fue motivo suficiente para enfurecer a Subaru hasta el punto de gritarle, olvidando por completo la diferencia de poder entre ellos.
Elsa miró a Subaru con sorpresa. Felt, el viejo Rom y la falsa Satella no fueron la excepción. Pero el más sorprendido de todos no era otro más que el propio Subaru.
Ni él mismo sabía la razón por la que estaba tan enfurecido.
Como no lo sabía, se dejó llevar por la emoción que brotaba en su interior y decidió soltarlo todo.
—¡No te diviertas molestando a una niñita así! ¡Mujer SADISTIC amante de las entrañas! ¡¿Se te arruina el plan y por eso pateas el tablero y mandas todo al diablo como una niñita?! ¡Valora más la vida! ¡¿Acaso sabes cuánto duele que te abran el estómago?! ¡¡Yo sí lo sé!!
—… ¿De qué estás hablando?
—¡Estoy dejando que mi inesperado sentido de la justicia y mi espíritu caballeroso condenen la irracionalidad de este mundo! ¡La irracionalidad para mí, en otras palabras, eres tú en esta situación, así que no cambien de CHANNEL, por favor!
Ante los gritos incomprensibles de Subaru, Elsa dejó escapar un inusual suspiro de exasperación. Sintiéndose sutilmente herido por esa actitud de Elsa, Subaru continuó con el mismo ímpetu con el que escupía saliva.
—Bien, se acabó ganar tiempo… ¡Acaba con ella, Puck!
—Ha sido una demostración de patetismo tan espléndida que quiero dejarla para la posteridad… Vamos a cumplir con tus expectativas.
Una voz despreocupada respondió a Subaru, que pisaba el suelo con fuerza, haciendo que Elsa levantara la vista de golpe.
Rodeando a Elsa, que se quedó de pie en su lugar, en todas direcciones, había carámbanos de hielo con las puntas afiladas; eran más de veinte.
—Aún no me había presentado, señorita. Mi nombre es Puck… Al menos llévate mi nombre a la tumba.
Inmediatamente después, un bombardeo de carámbanos disparados desde todas las direcciones se estrelló contra el cuerpo entero de Elsa.
2
—¡…!
Los carámbanos entrecruzados levantaron una niebla blanca, ocultando la sombra de la capa negra dentro de una tormenta de baja temperatura.
La velocidad de los carámbanos superaba con creces la que había visto en el callejón, a un nivel en el que apenas podía seguir los impactos con la vista.
Sus puntas afiladas perforarían fácilmente un cuerpo humano, tiñendo sus cabezas transparentes con el rojo de la sangre fresca.
Además, eran nada menos que veinte carámbanos. Si acertaban, una herida fatal sería inevitable. Y sin embargo…
—¡¿La derrotó?!
—¡¿Por qué tenías que decir esa frase justo ahora, viejo?!
A pesar de haber mantenido el silencio hasta ahora, esa cabeza calva tuvo que abrir la boca y decir lo peor en el timing más crucial.
Como si respondiera al grito de Subaru…
—Siempre hay que estar preparada. Era pesada y la odiaba, pero fue la decisión correcta traerla puesta.
Cortando el humo blanco y haciendo ondear su cabello negro, Elsa salió saltando.
Con su cuchillo kukri en alto, su cuerpo no mostraba ninguna herida mientras daba unos ligeros pasos. Aparte de haber tirado la capa negra que llevaba puesta y de quedarse solo con el traje negro ajustado a su piel, no había ninguna diferencia en comparación con hace unos momentos.
—¡¿No me digas que es ese tipo de desarrollo donde el COAT en sí era pesado y, al quitártelo, te vuelves más ágil?!
—Eso también sería interesante, pero la realidad es mucho más simple… Mi capa tenía tejido un hechizo capaz de repeler la magia una sola vez. Parece que me he salvado por los pelos.
Respondiendo cortésmente a la inquietud de Subaru, Elsa lanzó su hoja hacia el frente desde una postura baja.
Quien se encontraba frente a la punta de su cuchillo era la falsa Satella, que acababa de lanzar un gran ataque.
La hoja intentaba clavarse directamente en el pecho de la falsa Satella. Subaru estuvo a punto de gritar sin pensar.
Sin embargo…
—No subestimes a una usuaria de artes espirituales. Si nos conviertes en tu enemiga, somos aterradoras.
La falsa Satella juntó las manos frente a su pecho. Un escudo de hielo desplegado en múltiples capas justo delante de ella detuvo fácilmente la hoja de Elsa. Al ver bloqueado su ataque, Elsa lo evadió de inmediato saltando hacia atrás con una voltereta.
Persiguiendo a Elsa, una ráfaga de carámbanos de tamaño un poco más pequeño se clavó en el suelo.
Ese ataque de seguimiento fue obra de Puck, que estaba justo al lado de la chica de cabello plateado, moviendo sus brazos como si fuera el director de una orquesta.
—Una división de roles entre ataque y defensa… En la práctica, es una situación de dos contra uno.
—Esa es la parte problemática de los usuarios de espíritus. Uno ataca y el otro defiende. Dependiendo de la situación, uno puede ganar tiempo con magia simple mientras el otro dispara un gran ataque… cosas así se pueden hacer. “Si te encuentras con un usuario de espíritus, tira tu arma, tu billetera y corre” es la regla de oro en el campo de batalla.
Al lado de un maravillado Subaru, el viejo Rom murmuró con voz pesada mientras empuñaba su garrote.
Subaru asintió con sinceridad ante sus palabras. Ciertamente, el trabajo en equipo de un usuario de artes espirituales no era algo fácil de romper.
—Por cierto, ¿qué estás intentando hacer, viejo?
—Busco la oportunidad para ayudar a la chica elfa. Parece que es más fácil razonar con ella.
—¡Espera, espera, espera, espera, espera, espera, espera! ¡Te digo que no lo hagas! ¡Definitivamente solo serás un estorbo! El resultado obvio será que te corten el brazo derecho y el cuello, ¡así que quédate quieto!
—¡No digas cosas tan ominosas! ¡Por alguna razón siento como si de verdad me hubieran cortado!
Era una afirmación que tenía cierto peso de realidad, ya que, de hecho, la había visto ser cortado un par de veces.
Como si la sensación de haber sido rebanado en otra dimensión se le transmitiera, el viejo Rom se llevó las manos al brazo y al cuello.
Incluso en medio de ese intercambio, el combate continuaba.
Aunque había reprendido al viejo Rom con un tono ligero, la realidad era que continuaba una batalla en la que no se veía ninguna apertura para intervenir.
Innumerables bloques de hielo se creaban uno tras otro, danzando frenéticamente por toda la habitación.
Sin embargo, mientras se encontraba inmersa en esa violencia de hielo, los movimientos de Elsa trascendían con creces los límites humanos.
Giraba sobre sí misma, se agachaba como si se arrastrara por el suelo y, a veces, incluso usaba las paredes como punto de apoyo para realizar maniobras evasivas que desafiaban la gravedad.
Cuando juzgaba que no podía esquivarlos por completo, destrozaba el hielo con su hoja flexible, pulverizando los cristales blancos y dispersándolos en la niebla. Era una técnica de combate asombrosa que compensaba la cantidad de ataques del oponente con una habilidad abrumadora.
—Parece que estás acostumbrada a pelear, a pesar de ser una chica.
Incluso Puck, quien estaba del lado atacante, se maravillaba ante el sentido de Elsa, que solo podía describirse como una habilidad divina.
—Vaya. Ha pasado mucho tiempo desde que me trataron como a una chica.
—Desde mi punto de vista, la mayoría de los oponentes son como bebés. Aun así, eres tan fuerte que hasta da lástima.
—Ser elogiada por un espíritu… me siento muy honrada.
Mientras aceptaba con sinceridad los halagos, la zumbante hoja de Elsa apartaba los bloques de hielo que la rodeaban.
La cantidad de hielo disparado ya debía acercarse a los cien, pero a excepción del primer ataque sorpresa, ni uno solo había alcanzado directamente el cuerpo de Elsa.
—Creo que si seguimos presionando con esta cantidad podremos ganar por guerra de desgaste, pero… no dejo de sentir ansiedad.
—Los movimientos de esa chica de negro están fuera de lo normal. Sin embargo, en un dos contra uno no creo que pierdan… Todo se reduce a cuánto tiempo más podrá manifestarse el espíritu. Sin el espíritu, la balanza se inclinará en nuestra contra en un instante.
—Ugh, ahora que lo mencionas, es verdad… ¡¿Ya casi son las cinco?!
—En el primer bucle, Puck se fue a dormir poco después del atardecer.
No había pasado mucho tiempo desde que comenzó la batalla al atardecer, pero al estar librando un combate mágico de esta magnitud, seguramente también estaba gastando el maná que había acumulado a lo grande.
—Justo cuando empezaba a divertirme. Eres muy fría por tener la mente en otro lado.
El murmullo de Elsa, tras retorcer su cuerpo para esquivar un carámbano, confirmó los temores de Subaru. Al escuchar las palabras de Elsa, Puck se sacudió ligeramente los bigotes con la mano.
—Es lo difícil de ser un chico popular. Las chicas no te dejan dormir. Pero, ya sabes, desvelarse es malo para el cutis.
Puck esquivó a la ligera la provocación de Elsa, pero esas no eran palabras de negación.
—¿Acaso su límite está cerca?
Subaru se consumía por la impaciencia, pero de repente, los movimientos de Elsa se detuvieron. Hacia una Elsa que había dejado de moverse, Puck le guiñó hábilmente su ojo negro.
—Creo que ya es hora de bajar el telón. Ya te aburriste de ver el mismo acto, ¿verdad?
—Mis pies…
En el momento en que intentó dar un paso, Elsa tropezó y apoyó las manos. Su pie derecho había quedado fijado al suelo congelado.
Los fragmentos de los bloques de hielo destrozados se habían acumulado, actuando como una cuña que atrapaba el pie de Elsa.
—No los estaba esparciendo sin ningún propósito, ¿miau?
—… ¿Significa que me has engañado?
—Puedes considerarlo una diferencia de experiencia y elogiarme con toda sinceridad. Buenas noches.
Sacando el pecho, el pequeño cuerpo de Puck tembló ligeramente sobre el hombro de la chica.
Adoptando una pose como si fuera a lanzar un ataque especial, extendió ambas manos hacia el frente, y Subaru pudo ver cómo se concentraba y disparaba desde allí el poder mágico más grande hasta el momento.
El poder mágico ya no adoptaba la forma de hielo, sino que fue disparado como pura energía de destrucción.
Una luz azul pálido congeló todo en su línea de fuego, tiñendo el bazar de objetos robados de blanco de un solo golpe.
La energía atravesó a Elsa y se estrelló contra la entrada del bazar. Fue un ataque a una escala tan colosal que hizo volar la puerta mal ajustada y extendió las secuelas de la congelación hasta el exterior.
Después de que la aurora pasó, solo quedó hielo; los objetos robados, los muebles y el mostrador… todos fueron arrojados por igual a un suelo congelado.
Por supuesto, si alguien recibía un impacto directo, incluso un humano no podría evitar convertirse en una estatua de hielo.
Sin embargo…
—Es una broma, ¿verdad…?
—No es ninguna broma. Ah, qué maravilloso. Creí que iba a morir.
Eso era en el caso de haber recibido un impacto directo.
—… Siendo una chica, esas cosas no me parecen admirables.
A pesar de que le habían esquivado su as bajo la manga, las palabras de Puck no contenían más enojo del que aparentaban. Era un tono que puramente expresaba insatisfacción por la acción de Elsa en sí.
Subaru también pudo ver cómo goteaba sangre, levantando un ligero vapor sobre el suelo congelado.
La fuente de la sangre era el pie derecho de Elsa. Alejada ligeramente de la línea de fuego del hechizo de congelación, se podía ver una abundante hemorragia del pie derecho de la chica, que estaba descalza.
Era natural. Después de todo, la planta de su pie derecho había sido rebanada de tajo.
—Me apresuré y casi me lo corto por completo, ha estado muy cerca.
—Incluso solo con eso, debe doler bastante.
—Sí, así es. Duele. Pero es maravilloso. Me hace sentir que estoy viva. Y además…
Asintiendo con una mirada de éxtasis ante las preocupadas palabras de Puck, Elsa presionó sin dudar su pie sangrante contra el bloque de hielo que tenía al lado.
La garganta de Elsa ronroneó seductoramente ante el sonido del aire resquebrajándose, e inmediatamente después, blandió su cuchillo raspando la superficie del hielo.
Con solo eso, completó una brutal forma de detener la hemorragia, sellando la planta de su pie con hielo.
—Es un poco difícil moverse, pero es suficiente.
Haciendo resonar unos pasos duros, Elsa, ahora usando un zapato de hielo, rió aún más divertida.
Ante esa adicción al combate que no escatimaba siquiera en autolesionarse, Subaru ya no tenía palabras. Pero lo que era aún más grave era la situación de la falsa Satella y Puck, que se enfrentaban a ella.
—Puck, ¿puedes seguir?
—Lo siento, tengo un suuupersueño. La subestimé un poco. Me estoy quedando sin maná y voy a desaparecer.
Al responder al murmullo de la chica, la voz de Puck había perdido su tranquilidad por primera vez.
Al lado de la chica de cabello plateado, el pequeño gato sobre su hombro… Su figura brillaba débil y borrosamente, desvaneciéndose tan efímera que parecía a punto de desaparecer. Significaba que se había acabado el tiempo.
—Yo me encargaré de todo a partir de ahora, así que descansa. Gracias.
—Si te pasa algo, actuaré de acuerdo con el contrato… Si llega el momento, invócame incluso si tienes que exprimir tu od.
Dejando ese consejo, el cuerpo de Puck se transformó de repente en niebla y desapareció.
Ante su retirada, Subaru se mordió el labio. Sin embargo, quien dejó caer los hombros sintiéndose aún más decepcionada que Subaru fue…
—Ah, así que se ha ido. Eso es terriblemente una lástima.
…precisamente Elsa, quien había estado jugando a matarse con él.
Reacomodando su cuchillo kukri, Elsa hizo sonar sus tacones con fuerza y se dirigió hacia la falsa Satella.
Al enfrentarla, carámbanos de hielo se generaron uno tras otro alrededor de la falsa Satella, pero la cantidad había disminuido considerablemente en comparación con los que Puck había lanzado.
Incluso si su oponente era una Elsa cuya movilidad había sido reducida, las probabilidades de victoria probablemente eran de cincuenta y cincuenta.
—Parece que ya no podemos limitarnos a solo mirar.
Tal vez viendo que la situación era desfavorable, fue el viejo Rom quien, empuñando su garrote, levantó su pesado cuerpo.
—Ya no sé cuáles son nuestras probabilidades de ganar. Por lo tanto, quedarnos mirando en silencio solo nos hará perder la oportunidad… Lo entiendes, ¿verdad, Felt?
—Ya te dije que lo sé. Incluso si vamos a huir, ya es hora de que empecemos a movernos.
Felt, quien no había dicho una sola palabra desde la amenaza inicial de Elsa hasta ahora, respondió.
Felt se paró junto al viejo Rom y, de repente, miró hacia Subaru.
—Lo de hace rato… me salvó un poco.
—¿Ah?
—Aunque solo fue un poco. Y oye, no me llames niñita. Aunque no lo parezca, tengo quince años. Casi no hay diferencia contigo, hermano.
—…Este año cumplo dieciocho. Ya puedo casarme e incluso conducir un auto.
—¡No se te nota! Tu cara es demasiado infantil. Deberías tener una vida que se note mucho más en tu cara.
—He vivido cómodamente en el seguro Japón, teniendo como “slogan” una vida cotidiana ordinaria.
Sintiendo como si se estuvieran riendo de su falta de preparación, Subaru miró hacia abajo frustrado por lo patético que era.
Él era el más débil en ese lugar. Sería una cosa si lo único que le faltara fuera fuerza de combate, pero…
—Me tiemblan las piernas y no puedo moverme… Y encima también me falta determinación.
Era un problema mucho antes de tener siquiera el derecho a participar; Subaru no podía involucrarse en esta batalla.
El viejo Rom con la fuerza de sus brazos, Felt con la fuerza de sus piernas, y la falsa Satella con su poder mágico, todos podían enfrentarse a la batalla. Sin embargo, la anormalidad de Elsa superaba todo eso con creces. De hecho…
—La están arrinconando.
La breve observación del viejo Rom lo decía todo.
La cortina de fuego de hielo se disparaba sin interrupción, pero era destrozada ante la danza de espadas de Elsa y no lograba alcanzarla.
La falsa Satella bloqueaba los ataques cortantes de Elsa, que parecían una danza, con un escudo de hielo, y evadía la ráfaga de golpes siguientes congelando el suelo bajo sus pies y deslizándose. La esquivaba por una fracción de segundo.
Volvía a abrir distancia con otra cortina de fuego de carámbanos, pero no se podía negar que estaba en desventaja.
Para cambiar la situación, era indispensable recibir ayuda.
—¡Aquí voy!
Seguramente imaginando lo mismo que Subaru, el viejo Rom dejó escapar un grito de guerra y se unió al frente de batalla.
El garrote alzado fue blandido envuelto en un fuerte vendaval, atrapando ligeramente el cabello trasero de Elsa, que se había agachado para esquivarlo.
—Vaya, interrumpir un baile ajeno es de muy mal gusto, ¿no crees?
—¡Si tantas ganas tienes de bailar, te daré el mejor baile de tu vida! ¡Toma, da vueltas!
Lanzando una estocada con su garrote con púas, cambió su rango de ataque de una línea a un punto. El repentino y sorpresivo ataque se dirigió hacia la garganta de Elsa… y el resultado hizo que la garganta del viejo Rom se helara.
—¡¿Qué demonios es eso?!
—Pude hacer algo como esto porque eres muy fuerte.
En la punta del garrote extendido, se encontraba la figura de Elsa, apoyando ligeramente la punta del pie.
Era una acrobacia que solo era posible gracias a su sentido del equilibrio divino. Antes de que esa exquisita estabilidad se rompiera, la hoja de Elsa fue blandida horizontalmente.
La altura era exactamente en la sien del viejo Rom. Si acertaba directamente, llevaba la fuerza suficiente para volarle la cabeza.
—¡No te dejaré!
¡Clang!, un pequeño cuchillo arrojado golpeó el corte horizontal.
Debido al impacto proveniente desde abajo, el movimiento de la hoja de Elsa se desvió levemente, y la parte plana de la cuchilla golpeó a alta velocidad la cabeza del enorme cuerpo.
Resonó el sonido sordo del acero golpeando hueso, y el cuerpo del viejo Rom cayó de costado como si hubiera rebotado.
—Niña mala.
—Ah…
Aterrizando ágilmente y mirando hacia atrás solo con la mirada, Elsa observó a Felt.
Lo que salvó al viejo Rom de la hoja mortal fue el pequeño cuchillo que Felt arrojó. Originalmente debió haber apuntado al brazo de Elsa, pero al haber sido un acto reflejo, la puntería fue pobre.
Más bien, en este caso, se podría decir que eso salvó a duras penas la vida del viejo Rom.
—No tienes ni la determinación ni la fuerza para luchar. Siendo así, al menos debiste haberte encogido en un rincón de la habitación.
El sonido de su paso fue agudo, y la sombra negra de Elsa se deslizó en un instante frente a los ojos de Felt.
El viejo Rom había sido golpeado en la cabeza y estaba inconsciente, y el hecho de que la falsa Satella hubiera tomado distancia fue contraproducente, quedando demasiado lejos. Y Felt, en un estado como el de una rana paralizada ante la mirada de una serpiente, no podía moverse…
—¡¡Haidaraaaaaa!!
Quien logró atrapar y abrazar ese cuerpo de lado en una fracción de segundo, fue solo el cobarde que había estado encogido a un lado.
3
Saltó hacia la cintura de Felt y rodó por el suelo mientras abrazaba su ligero cuerpo.
Justo antes de chocar contra el piso, la sensación del acero rozando la parte posterior de su cabeza le puso los pelos de punta. Sin embargo, usando como excusa el peso en sus brazos, se obligó a creer que solo había sido su imaginación y continuó rodando para tomar distancia.
Elsa miraba con sorpresa a un Subaru que se dio la vuelta apoyada sobre una rodilla. Sintiendo que le había ganado una a Elsa, se jactó de su victoria con una sonrisa tensa.
—¡¿Estás bien?! ¡Estaba desesperado, así que, si te toqué en algún lugar raro, pásalo por alto!
—Si no hubieras dicho eso, te lo habría agradecido con toda sinceridad… Más bien, ¿por qué?
—¡No lo sé! ¡Mi cuerpo se movió solo! Y si tengo que decir algo, aunque tú no lo sepas, ¡con esto ya estamos a mano! ¡Recuérdalo!
Subaru soltó a Felt y apretó los puños.
Felt, quien lo había protegido de la hoja asesina de Elsa en el segundo mundo. En este mundo era un recuerdo sin sentido, pero había podido devolverle el favor.
—La gratitud por un favor recibido no desaparece. Y lo que debo hacer tampoco.
—Escucha bien, ¿de acuerdo, Felt? Ahora voy a ganar tiempo casi de la misma forma que el viejo Rom, que cayó en combate. Voy a crear al menos una apertura de alguna manera, y mientras tanto, tú vas a huir con todas tus fuerzas. ¿Entendido?
—¡…! ¡Claro que no! ¿Qué es eso de pedirme que me dé la vuelta y salga huyendo?
Subaru acercó su rostro para recibir la mirada penetrante de esos ojos carmesí que lo observaban desde abajo.
Y no pasó por alto cómo, por un instante, el rostro de Felt pareció acobardarse ante la determinación de Subaru.
—Así es, date la vuelta, mete el rabo entre las patas y huye de aquí. La verdad es que a mí me gustaría hacer lo mismo. No quiero quedarme en este espacio de violencia ni un segundo más.
Subaru le alborotó el cabello rubio a la chica frente a él con fuerza y, tomando aire, dijo un “Pero”…
—Tú tienes quince y yo dieciocho. Probablemente, eres la más joven de todos aquí. Entonces, es natural elegir la opción en la que tengas la mayor probabilidad de sobrevivir. Es simplemente lo natural.
—¿Q-qué pasa con eso…? ¡No me jodas, si hasta hace un momento estabas temblando!
—¡Eso es eso! ¡Esto es esto! ¡Y ahora no estoy temblando, así que está bien! Más bien, tengo que hacerlo antes de que me acuerde y no pueda moverme. Así que, sal huyendo de una buena vez.
Empujando la frente de una Felt que todavía quería replicar para callarla, Subaru se levantó mientras estiraba las piernas. Rodando a sus pies estaba el garrote que había caído de las manos del viejo Rom. Era exageradamente pesado, pero no era imposible de blandir.
Al frente, los movimientos de Elsa bailando entre la cortina de fuego de hielo de la falsa Satella no mostraban ninguna duda.
Para empezar, Subaru, con nula experiencia en combate real, no podía saber si una superhumana tenía aperturas o no. Lo único que podía hacer era lanzar un ataque sorpresa sin siquiera alzar la voz en el timing exacto en el que estuviera seguro de que su atención se había apartado de él.
En el instante en que Elsa cortó y derribó un carámbano excepcionalmente grande, y su campo de visión dejó a Subaru completamente en un punto ciego, él se abalanzó hacia ella olvidando incluso respirar y dejó caer el garrote.
Quizás fue por la fuerza de la desesperación, pero la velocidad del garrote superó sus expectativas. Cortó el viento apuntando directamente a la nuca de Elsa…
—Tu puntería es excelente. Pero es una lástima que desprendas tanta intención asesina que se vuelve demasiado evidente.
—¡¿Intención asesina?! ¡No tengo ni idea de cómo ocultar eso!
Frente al golpe que venía justo desde atrás, Elsa golpeó el garrote con el lomo de su hoja, desviando la trayectoria para ejecutar una evasión. En ese instante, Subaru peló los dientes y gritó:
—¡Ahora! ¡Ve, Felt!
—¡…!
Como si hubiera sido disparada, el pequeño cuerpo de Felt salió corriendo montada en el viento.
Corriendo por la habitación a una velocidad que literalmente los ojos no podían seguir, la chica convertida en viento se precipitó hacia la salida.
—¿Crees que te dejaré ir?
Lo que bloqueó la carrera de Felt justo desde un lado fue un cuchillo arrojadizo que Elsa sacó de entre su ropa.
Quizás como represalia por lo que Felt había hecho antes, el cuchillo de decoración sencilla apuntaba directamente a la espalda de la chica. Sin embargo…
—¡Mi intención es que la dejes ir!
Subaru pateó la mesa que estaba justo a su lado. Los cuchillos arrojados rebotaron en el viejo escritorio que salió volando, abandonando su propósito por completo.
—¡Soy increíble! Pero me duele la punta del pie más de lo que pensaba… ¡¿Bfugh?!
¿Fue la fuerza sobrehumana de la desesperación, o acaso había llegado el momento del despertar que no se había manifestado ni siquiera después de haber muerto tres veces? Sin embargo, sus palabras de autoalabanza fueron interrumpidas al ser pateado en la sien por una larga pierna.
Fue estrellado contra la pared. Subaru escupió al sentir que la cabeza le daba vueltas por la tremenda potencia del golpe, y que el dolor y el sabor a sangre le llegaban con retraso.
—Para variar, me he sentido un poco irritada.
—¡Me importa nadota si te enojas! Jaja, ¡toma eso! ¡Logré que una se escapara magistralmente!
Levantándose y actuando con valentía, Subaru la provocó incitándola para atraer su atención. Como si adivinara las intenciones de Subaru, Elsa sonrió y sacó por completo de su mente a la fugitiva Felt.
—Está bien, te seguiré el juego. A cambio, no me aburras con tu baile.
—Te lo advierto, si vas a bailar conmigo, prepárate. Como no tengo educación, te voy a pisotear un montón.
Escupiendo sangre de su boca cortada a lo grande, Subaru volvió a empuñar el garrote que no había soltado. No tendría muchas oportunidades. Solo podía poner toda su alma y corazón en interceptar a Elsa, que se acercaba.
—¡No te olvides de que yo también soy tu oponente!
Una ráfaga de proyectiles de hielo atacó por sorpresa desde atrás. Sin siquiera mirar hacia atrás, Elsa blandió su hoja y derribó todos los proyectiles de hielo. Ante los súper sentidos de Elsa, que superaban el conocimiento humano, incluso Subaru no pudo seguir con sus bromas.
—Ya me estoy cansando de este jueguecito… ¿Todavía crees poder entretenerme?
Su pregunta fue en voz baja, y su sonrisa tenía el color de la sangre. Al ver la sonrisa de Elsa, que le provocaba un escalofrío por la espalda, Subaru hizo una rápida mirada con la falsa Satella.
—Si tienes algún tipo de poder verdadero oculto, creo que sería mejor que lo sacaras ahora.
—…Tengo una carta de triunfo, pero si la uso, no quedará nadie más que yo.
—Nada de ataques suicidas. Entendido, maldición. Te lo ruego, no te precipites, ¿sí?
Esa fue la respuesta sumamente seria de la falsa Satella a la broma de Subaru, quien intentaba sacudirse su propia cobardía. Al ver a Subaru, que exhaló profundamente y se preparó para lo peor, la falsa Satella relajó ligeramente los labios y dijo:
—No la voy a usar. No cuando tú te estás esforzando tanto. Hay que luchar, luchar y luchar hasta el final… Depender de los padres es el último recurso.
Al ver la expresión de la falsa Satella mientras decía eso como si no tuviera otra opción, algo se encendió de repente dentro de Subaru.
Era una expresión de alguien que parecía estar a punto de rendirse. Una cara que parecía dispuesta a aceptar su propia debilidad.
Para Subaru, la falsa Satella era una chica que nunca miraba hacia abajo, sin importar en qué tipo de aprieto se encontrara.
Y precisamente por ser ese tipo de chica, Subaru se había esforzado, deseando ver su rostro sonriente.
Había perdido la vida una y otra vez, y, aun así, Subaru había llegado hasta aquí para salvar a la falsa Satella. El camino hasta este punto no había sido para ver a esta chica poner una cara tan frágil.
—No he visto nada justo ahora.
—¿Eh?
—¡Lo de hace un momento no cuenta! ¡No cuenta para nada! Por fin recordé por qué estoy aquí. ¡Te voy a matar, maldita sea! ¡¡Definitivamente no dejaré que uses tu carta de triunfo!!
Señalando con el dedo, se lo declaró tanto a la falsa Satella como a Elsa. Pisando fuerte el suelo, escupiendo saliva, dejándose llevar por la emoción y dejando que su alma rugiera.
—Te mandaré a volar y tendremos un HAPPY END. ¡Nadie te llamó, así que lárgate ya!
—…Parece que te sobra la energía.
—Mi motivación acaba de desbordarse. Esta vez estoy en el clímax. Mi ímpetu es diferente.
Apuntó con su garrote a Elsa, que se inclinaba ligeramente hacia adelante, como si anunciara un home run.
La sonrisa seductora de Elsa se fundió en la oscuridad. Desde una postura baja y rastrera, Elsa se acercó con un movimiento deslizante. Con el cuchillo de brillo sordo en la mira, Subaru blandió su garrote con todas sus fuerzas.
Ese giro completo sin piedad era un golpe con todo su ser, dispuesto a matarla a palos.
Sin embargo, Elsa bajó aún más su postura con movimientos acostumbrados y lo evadió moviéndose literalmente como si lamiera el suelo.
—¡Mujer araña…!
—Aunque no hay duda de que serás tú quien termine atrapado en la telaraña.
Al ver la hoja que se alzaba, Subaru echó el cuerpo hacia atrás por instinto. Sin embargo, no pudo escapar del rango de ataque de la cuchilla que se aproximaba. El terror le recorrió la espalda. Sin pensar, levantó la rodilla de golpe.
Esa rodilla lanzada sin apuntar golpeó el torso de Elsa, que estaba justo frente a él. La trayectoria de la hoja se desvió ligeramente. Un resplandor azul pálido se interpuso allí. Resonó un sonido agudo.
—¡Escudo de hielo! ¡NICE COVER!
—¡No soy buena creándolos exactamente donde apunto! ¡Estuve a punto de hacer una estatua de hielo!
—¡De ella y no de mí, ¿verdad?!
Dando las gracias y bromeando, Subaru saltó hacia atrás. La falsa Satella reanudó su fuego de contención de hielo hacia Elsa.
—Los insectos ya me están resultando una molestia… Me pregunto si ya es hora de acabar con esto.
—Oye, oye, no subestimes a los insectos. ¡Si te pican y te sale un sarpullido, no será mi culpa!
—Para estar en la zona segura, te comportas muuuy arrogante.
Elsa se concentraba en evadir la cortina de fuego, y Subaru la provocaba intentando perturbar esa concentración.
Originalmente, le habría gustado aprovechar la lluvia de ataques para apuntar a la espalda de Elsa, pero si intentaba mezclarse en la ofensiva descuidadamente, parecía que habría fuego amigo por lo que le costaba dar un paso adelante.
Seguramente esa también era la razón por la que el apoyo de la falsa Satella era escaso cuando Subaru pasaba a la ofensiva. Era el típico problema de un equipo improvisado.
Siguiendo con la mirada los movimientos de Elsa al repeler los bloques de hielo, y repitiendo ataques de entrar y salir de vez en cuando, Subaru rechinaba los dientes ante la situación que empeoraba gradualmente.
Sin embargo, estaba más claro que el agua que, si Elsa se lo proponía, Subaru también sería derribado tan fácilmente como el viejo Rom.
Si parecía que de alguna manera estaban logrando “intercambiar golpes”, era porque la conciencia de Elsa no estaba completamente centrada en Subaru.
La atención de Elsa estaba dirigida hacia la reaparición del espíritu que había desaparecido. La influencia de la cautela que destinaba hacia eso era bastante grande.
Si hubiera que añadir algo más, el hecho de que la cobardía de Subaru le impidiera dar un paso más hacia el rango letal también podría citarse como uno de los factores.
Si Subaru hubiera sido un novato valiente y temerario, este equilibrio habría terminado de un solo tajo. Dicho esto, el hecho de que su cobardía jugara a su favor tampoco iba a durar mucho.
Poco a poco, la intensidad de los cortes aumentó, y las evasiones de emergencia de Subaru no lograban llegar a tiempo, por lo que sus heridas comenzaron a multiplicarse.
En los bíceps, las pantorrillas, las axilas, y a duras penas en la nuca; los cortes superficiales empezaron a aumentar, y las manchas de sangre comenzaron a notarse cada vez más en su chaqueta deportiva gris.
—¡Duele, mierda! … ¡Toma esto, a ver qué te parece!
A pesar de tener los ojos llorosos por el dolor, justo después de lanzar ese insulto, soltó una patada giratoria. Un cambio radical respecto al patrón del garrote de hasta ahora, un movimiento de artes marciales para tomarla por sorpresa. Sin embargo…
—Bien, te atrapé.
—Geh.
Su patada fue esquivada tranquilamente, y para colmo, Elsa agarró su pierna con ligereza. El cuchillo kukri que alzaba apuntaba a la ingle de Subaru.
El impulso llevaba la velocidad y el filo más que suficientes para cortarle la pierna de tajo.
Muerte por shock a causa del dolor y la hemorragia por la amputación del muslo… Ya podía ver las letras de BAD END 4.
—¡Me equivoqué de decisión!
Por instinto intentó usar el garrote para cubrirse, pero con la desventaja de estar parado sobre un solo pie, no iba a llegar a tiempo.
El grito mudo de la falsa Satella se extendió, y el tajo llegó sin piedad a la pierna de Subaru. Ante la premonición de la sangre fresca y el dolor agonizante, se alzó un grito desgarrador como si literalmente estuviera escupiendo sangre, y entonces…
—Hasta aquí.
…Atravesando el techo, unas llamas ardientes descendieron en el centro del bazar de objetos robados.
Las llamas envolvieron la habitación con un aura imponente, y hasta Elsa detuvo su atrocidad.
Su pierna fue liberada y Subaru, que retrocedió tambaleándose, cayó de sentón sin poder evitarlo.
Frente a sus ojos, en medio de la densa humareda que se arremolinaba, vio un resplandor ardiente de color rojo.
—Parece que fue por los pelos, pero me alegra haber llegado a tiempo. Ahora…
—T-tú eres…
Las llamas parpadearon y él dio un paso al frente.
Una presencia que congeló las expresiones de Subaru, de la falsa Satella e incluso de Elsa.
Reuniendo en sí mismo todas las miradas de la habitación, una voluntad absoluta y consolidada que no vacilaba ni un ápice.
El joven, que reflejaba un purísimo y absoluto “sentido de la justicia” en sus ojos color cielo, sonrió levemente y dijo:
—¡Bajemos el telón de este escenario!
Echándose el cabello rojo hacia atrás, un héroe lo proclamó a los cuatro vientos.
4
En el instante en que atravesó la entrada como el viento, Felt sintió que se había liberado de la desesperación.
Desde atrás, el sonido del aire congelándose y el acero rebotando salpicaban el entorno. Un objeto contundente golpeaba el aire, y de vez en cuando también resonaban voces patéticas de evasión como “¡Hyoe!” o “¡Fuwa!”.
La batalla aún continuaba.
Sus piernas, que huían a toda velocidad, parecieron flaquear por un momento, pero Felt sacudió la cabeza para negar el desorden de sus pensamientos.
Era evidente que, de haberse quedado allí, habría perdido la vida.
No había ninguna posibilidad de que Felt pudiera vengarse de una oponente que había derrotado al viejo Rom de un solo golpe.
Lo mismo ocurría con la medio elfa de cabello plateado; ¿cómo iba a poder hacerle frente sin el apoyo de su espíritu?
Y en cuanto a Subaru, era obvio que era un caso perdido.
Su apariencia era claramente la de un aficionado, sin el más mínimo rastro de estar acostumbrado a ese tipo de situaciones. Sus dedos y manos lucían impecables, como si nunca hubiera empuñado un arma, y, además, por su hermoso cabello negro y su piel, probablemente nunca había experimentado estar herido.
En otras palabras, era alguien que vivía entre algodones. Su posición era la de alguien que ni siquiera necesitaba pensar en entrar en una batalla.
Incluso el hecho de que hubiera traído consigo un “Metia” ridículamente caro tenía sentido si se pensaba de esa manera.
Solo tenía que pensar que se lo tenía merecido. Que un ignorante del mundo, motivado por un poquito de espíritu caballeroso, había hecho una estupidez sin conocer su lugar; solo tenía que burlarse de su imprudencia.
Incluso Subaru se había hecho el genial por su cuenta para dejarla escapar, así que seguro él se sentiría más en paz si ella lograba huir con éxito. Debería ser así, y sin embargo…
—¡Alguien! ¡¿No hay nadie aquí?!
Aunque su cerebro le suplicaba que eligiera callejones estrechos, las piernas de Felt corrían por la calle principal de los barrios bajos que conectaba con la gran avenida. Con un rostro desesperado y sin aliento, la mirada de Felt no lograba quedarse quieta.
Era un sentimiento extraño. Felt se frotó desesperadamente los párpados para evitar llorar. El viejo Rom era una cosa, pero ¿qué tenía de malo que muriera un chico que apenas acababa de conocer?
Pero él se había enfurecido por las palabras de Elsa en su lugar, e incluso ahora se estaba convirtiendo en un peón de sacrificio solo para mantenerla con vida.
Era una sensación incomprensible. Sin embargo, el corazón de Felt le exigía seguir corriendo precisamente por eso.
Se había dado cuenta de que, dentro de ella, había sentido algo ante las acciones de ese muchacho. Como ese sentimiento estaba ahí, como no dejaba de buscar desesperadamente ese calor, Felt corrió cargando con una pasión que le daba ganas de gritar.
Y, después de atravesar corriendo varias calles, ella…
—Por favor, ayúdame.
—Entendido. Te ayudaré.
Se encontró con un joven que parecía una llama roja… y cambió el destino del mundo.

5
—… ¿Reinhard?
—Así es, Subaru. Nos vemos de nuevo. Siento llegar tarde.
Mirando hacia atrás a un Subaru que seguía sin fuerzas en las piernas, el apuesto joven pelirrojo, Reinhard, sonrió levemente con aspecto de disculpa.
Sintiendo algo refinado incluso en la simple acción de sacudirse el polvo, Subaru sintió que había vislumbrado una parte de su verdadera naturaleza, muy diferente de su enfrentamiento con los matones en el callejón.
Reinhard miró hacia adelante con una actitud vigilante y observó a la hermosa mujer vestida de negro que le dirigía su hostilidad. De repente, entrecerró sus ojos azules como si recordara algo.
—Cabello negro y atuendo negro. Y una espada curva característica del norte… con tantas características, no hay forma de confundirte. Eres la Cazadora de Entrañas, ¿verdad?
—Qué apodo tan perturbador…
—Es un apodo que se le dio por su forma característica de matar. Es una celebridad cuyo nombre resuena incluso en la capital real como alguien peligroso. Aunque se dice que en realidad es solo una mercenaria.
Respondiendo cortésmente al murmullo de Subaru, Reinhard fijó sus claros ojos azules en Elsa.
—Reinhard… Claro, el caballero de los caballeros. Del linaje de los “Santos de la Espada”. Increíble, tener puros oponentes tan divertidos hoy. Tendré que agradecerle a mi cliente.
—Tengo varias cosas que me gustaría preguntarte. Te recomiendo que te rindas.
—¿Crees que una bestia carnívora hambrienta se va a contener frente a una presa de primera calidad goteando sangre?
Lamiendo seductoramente sus delgados labios con su lengua roja, Elsa miró a Reinhard con ojos extasiados. Reinhard recibió la mirada de Elsa y se rascó la mejilla con un gesto de apuro.
—Ya veo…
—Subaru, aléjate un poco. Y lleva a ese anciano a una zona segura. Te agradecería que después te quedaras al lado de ella.
—ROGER… Es una mujer que parece un monstruo, así que no bajes la guardia, ¿de acuerdo?
—Afortunadamente, cazar monstruos es también mi especialidad.
Dejando esas confiables palabras, Reinhard comenzó a caminar sin parecer estar bajo ninguna presión.
Avanzaba con las manos vacías, sin siquiera tocar la espada que colgaba de su cintura.
—¡Tsh!
Soltando una respiración aguda, Elsa lanzó un tajo con el cuchillo kukri apuntando a su cuello.
Ese destello plateado no tenía la misma contención que usó contra Subaru; matando incluso el aire, se abalanzó sobre el delgado cuello de Reinhard. Por otro lado, Reinhard estaba completamente indefenso, sin siquiera una postura de evasión, y mucho menos de defensa.
Subaru tuvo la visión ilusoria de que la cabeza de Reinhard saldría volando sin más. Sin embargo…
—No me gusta ser tan brusco con las mujeres, pero…
Bajando ligeramente el tono de su voz, Reinhard hizo una advertencia caballerosa.
—Disculpa.
Con solo un pisotón de avance el suelo estalló, y una patada capaz de generar una onda de choque mandó a volar a Elsa.
Las secuelas de la onda expansiva alcanzaron incluso a Subaru. Subaru se quedó sin palabras.
Una simple patada frontal había generado un viento capaz de sacudir la casa. Elsa, que recibió el impacto directo, salió volando como una hoja de árbol, pero utilizó la pared como punto de apoyo para frenar su impulso. Tras aterrizar, el rostro de Elsa también estaba petrificado por el asombro.
—No, no, no, no, no, ¿es en serio? … ¿Qué demonios es eso?
Había usado la expresión “fuera de toda norma” muchas veces hasta ahora, pero aquí y ahora, Subaru se convenció por primera vez de que su definición había estado completamente equivocada.
La expresión “fuera de toda norma” existía precisamente para el héroe que tenía frente a sus ojos.
Ante su presencia, todos los fenómenos que había presenciado en este otro mundo palidecían.
—Tal como dicen los rumores… no. Eres un ser que supera los rumores.
—Me pregunto si podré estar a la altura de sus expectativas.
—¿No vas a usar esa espada en tu cintura? Me encantaría probar su legendario filo.
Elsa señaló la espada de Reinhard, deseando enfrentarse a él yendo en serio. Sin embargo, Reinhard negó con la cabeza ante el deseo de Elsa.
—Esta espada está hecha para no poder desenvainarse excepto cuando debe ser desenvainada. Que la hoja no haya salido de su vaina significa que este no es el momento.
—Vaya, me has subestimado.
—Personalmente, es una decisión que me pone en un aprieto. Por lo tanto…
Apartando la mirada un momento, Reinhard examinó el interior del bazar de objetos robados. Entonces, se fijó en una vieja espada de a dos manos apoyada contra la pared. Reinhard levantó la empuñadura pateándola, atrapó fácilmente la espada giratoria y la balanceó suavemente para comprobar su estado.
—Seré su oponente con esta. ¿Tiene alguna objeción?
—No. Ah, qué maravilloso. Es maravilloso. ¡Por favor, diviérteme!
Frente a un Reinhard que ya empuñaba su arma, quien dio el primer golpe fue Elsa girando su cuerpo.
Elsa sumó la velocidad de su salto a su tajo. Reinhard, para recibir el ataque, adoptó una postura para blandir su espada de abajo hacia arriba. Subaru pudo captar claramente ese instante de ataque y defensa.
El tajo refinado de Reinhard, que parecía una técnica demoníaca y a la vez transmitía una sensación de divinidad.
En sus manos, incluso una espada de mala calidad que había estado acumulando polvo en un bazar de mala muerte, brillaba como si fuera una espada sagrada de las que se hablan en las leyendas.
Era verdaderamente una técnica de espada que exprimía hasta la última gota del potencial de dicha arma.
La hoja de Reinhard golpeó justo como apuntó en la base de la cuchilla del cuchillo kukri; a pesar de ser un choque entre acero y acero, con un poder de corte imposible, le arrebató la hoja de las manos a Elsa como si la hubiera lamido.
Ante el trágico final del arma en sus manos, Elsa se quedó sin palabras.
Del cuchillo al que le habían cortado la hoja, solo le quedó el mango, y la hoja cortada…
—Si ha perdido su arma, le recomiendo que se rinda.
…había sido atrapada por una de las manos de Reinhard, que se daba la vuelta.
Lanzando la hoja que había atrapado con un giro de muñeca, Reinhard la clavó en la pared con un sonido agudo. Subaru incluso pudo escuchar el sonido de la garganta de Elsa al tragar saliva.
—Definitivamente esto no es normal. Ya ni siquiera tengo energía para burlarme de la situación.
Soltando su impresión con voz ahogada, Subaru se apresuró a alejarse del campo de batalla.
Se acercó al viejo Rom, que seguía tirado allí, y arrastrando su enorme cuerpo, logró llevarlo hasta la pared.
—Viejo Rom, viejo Rom. Oye, calvo, oye, ¿estás vivo?
—Ugh… Quién es… calvo…
—Pues tú, quién más va a ser. Mi único objetivo en la vida es no terminar calvo y gordo. Eres mi mal ejemplo número uno.
Dándole unos golpecitos en la frente a quien respondía, aunque de forma débil, Subaru dejó escapar un suspiro de alivio.
Aparte de haberse golpeado la cabeza un poco fuerte, el cuerpo del viejo Rom no parecía tener ningún problema. Tal vez su memoria quedaría un poco afectada, pero mientras tuviera vida, podía considerarse un problema menor.
—¿Parece que él está bien?
La falsa Satella, que se había acercado corriendo, le habló a Subaru.
Dejando caer su largo cabello plateado por la espalda, la falsa Satella comprobó la gravedad de las heridas del desmayado viejo Rom. Murmuró: “Tengo que curar esto”, y un pálido resplandor azul comenzó a envolver las palmas de sus manos.
—Oye, oye. Te lo advierto, este anciano es cómplice de los que te robaron la insignia, ¿sabes?
—Por eso mismo. Si logro que se recupere, usaré esa deuda a mi favor para sacarle información. Seguramente no le mentirá a la persona que le salvó la vida. Esto también es un acto por mi propio bien.
—¿Acaso no puede justificar sus propias acciones sin tener que dar ese tipo de excusas cada vez?
Sonriendo con ironía ante lo inmensamente retorcida que era la falsa Satella, Subaru dirigió su mirada hacia la situación de la batalla.
No podía ver la expresión de Elsa, que seguía con la rodilla en el suelo. ¿Acaso Reinhard había juzgado que ella había perdido la voluntad de luchar? Mantuvo abajo la mano que sostenía la espada vieja y se acercó a Elsa estando completamente indefenso.
Esa acción debía provenir de la confianza en la diferencia de habilidades, pero el exceso de confianza siempre trae los peores resultados. Algún tipo de campana de alarma sonó en el interior de Subaru.
—¡Tiene un segundo cuchillo, Reinhard!
El segundo cuchillo kukri desenvainado desde la cintura de Elsa cortó ligeramente el flequillo rojo de Reinhard, que se inclinó hacia atrás para esquivarlo. Al ver que su ataque sorpresa fue evadido, Elsa dirigió sus oscuros ojos hacia Subaru.
—Te diste cuenta muy bien.
—¡Es que tengo experiencia de primera mano!
Subaru levantó el dedo medio en un alarde del cual no había razón para estar orgulloso. Elsa pareció juzgarlo como una tontería y lo ignoró diciendo:
—Sin embargo, no solo tengo dos colmillos… ¿Me harías el favor de acompañarme a reanudar esto?
—Me pregunto si te darás por satisfecha si corto todas tus armas.
—Si me quedo sin colmillos, usaré mis garras. Si me quedo sin garras, usaré mis huesos. Si me quedo sin huesos, usaré mi vida… Esa es la manera de actuar de la Cazadora de Entrañas.
—En ese caso, me encargaré de destrozar ese título tuyo.
Sacando un tercer cuchillo de su cintura, Elsa, ahora empuñando dos armas, volvió a saltar. Tal como la había insultado llamándola mujer araña, Elsa volaba por toda la habitación con una movilidad que ignoraba la gravedad.
Las hojas flexibles se cruzaron, y chispas volaron en el choque de acero contra acero. Pateando las paredes y el techo, Elsa repetía tácticas de hit and run. Reinhard las interceptaba.
Una batalla de ida y vuelta se desarrollaba ante sus ojos. A Subaru no le quedó más remedio que observar conteniendo el aliento.
—No me digas que incluso a Reinhard le falta el golpe de gracia…
La habilidad de Elsa había pisado el territorio de lo inhumano, y ya era difícil siquiera seguirla con los ojos. Sin embargo, su oponente, Reinhard, poseía una fuerza que desde su misma base era de nivel legendario.
Sin duda era un choque entre seres celestiales, pero, aun así, Subaru veía que Reinhard era superior en habilidad. Precisamente por eso, inclinaba la cabeza ante la situación actual de Reinhard, pero…
—…Él está siendo considerado con nosotros.
Como si respondiera a la duda de Subaru, la falsa Satella, que estaba curando al viejo Rom, murmuró. Mirando de reojo a un Subaru que soltó un “¿Eh?”, ella se mordió el labio con frustración.
—Como estoy usando artes espirituales, él no puede pelear en serio. Al menos hasta que termine el tratamiento.
—¿Qué tiene que ver una cosa con la otra?
—Si Reinhard realmente tiene la intención de pelear, el maná en la atmósfera me dará la espalda. …El tratamiento está a punto de terminar. Cuando te dé la señal, avísale.
—A-ah.
Fue una explicación que no terminaba de entender, pero al ser de lo pedido, Subaru aceptó, aunque desconcertado.
El pálido resplandor azul continuaba curando los golpes que habían aparecido en la cabeza del viejo Rom y las heridas con pequeños sangrados.
Poco a poco, las marcas de sangre y las heridas fueron desapareciendo, y frente a un Subaru maravillado, la falsa Satella dejó escapar un profundo suspiro.
—Por favor.
—¡Considéralo hecho! … ¡Reinhard! ¡No entiendo muy bien qué pasa, pero acaba con ella!
Hacia Reinhard, que había estado a la defensiva, Subaru le lanzó el aviso de que el tratamiento había concluido.
Reinhard miró hacia atrás solo con la mirada. Al cruzar miradas con Subaru, respondió bajando levemente la barbilla.
—… ¿Qué me vas a mostrar?
—El ataque de espada de la familia Astrea…
Ante la pregunta de la saltarina Elsa, Reinhard respondió breve y solemnemente.
…Inmediatamente después, Subaru tuvo la sensación de que el espacio dentro del bazar de objetos robados se distorsionaba y se tensaba.
6
—¿Ah?
El aire en su campo de visión se distorsionó, y sintió como si la luminosidad de la habitación hubiera disminuido un nivel.
Por si fuera poco, la temperatura, que había estado bajando debido a la sucesión de hechizos de congelación, descendió aún más. Ante el escalofrío que le recorrió el cuerpo, Subaru se abrazó a sí mismo.
—Eh, espera, oye.
—Lo siento… préstame tu hombro un momento.
Subaru sostuvo torpe y apresuradamente a la chica de cabello plateado que se apoyaba en él.
Su cuerpo esbelto estaba terriblemente caliente, y Subaru fue consciente de que su corazón latía con fuerza por una razón diferente a las anteriores. Sin embargo, al ver la expresión de la falsa Satella, esos sentimientos de chico se desvanecieron en un instante.
Respirando superficialmente y de forma entrecortada, la chica parecía sufrir. Era como una enferma con fiebre alta.
—¿Qué pasa? ¿Te sientes mal de repente…?
—No es eso. Es el maná… Lo sientes, ¿verdad?
—No entiendo absolutamente nada.
Le habría gustado cruzar los brazos y decírselo con firmeza, pero no era el ambiente para eso.
Más que nada, lo que silenció las palabras de Subaru no fue el peso en su hombro, sino la atmósfera transformada de la habitación… y la existencia que era la raíz de todo ello.
En el centro de la habitación, Reinhard adoptó una postura baja con la espada de a dos manos.
No, se suponía que había mantenido esa postura desde que comenzó la batalla. Se suponía que así era, pero Subaru sintió en su piel que esa escena era digna de llamarse “la primera vez que empuñaba su espada”.
—Cazadora de Entrañas, Elsa Granhiert.
—Del linaje de los Santos de la Espada, Reinhard van Astrea.
Una tremenda aura de espada envolvió la habitación, y la voluntad de lucha de los dos que se enfrentaban hizo temblar el aire.
Ante Elsa, que se presentó lamiéndose los labios, Reinhard respondió asintiendo solemnemente.
En este lugar casi convertido en ruinas, una asesina vestida de negro y un héroe con armadura ligera se enfrentaban; el acero que chocaría era una daga manchada de sangre y una vieja espada de a dos manos que incluso tenía óxido… A pesar de ello, Subaru contuvo el aliento.
Ambos habían dicho sus nombres y estaban a punto de enfrentarse en un combate singular.
Fue porque sus figuras le parecieron tan radiantes como un pasaje de un cuento de héroes.
—¡…!
Un grito ahogado; no estaba claro si era de Elsa, de Reinhard, o incluso del propio Subaru.
Una aurora rasgó el almacén de objetos robados, que ya había perdido el techo, y cortó el espacio mismo en dos.
En una escena que solo podía hacer pensar que el mundo se había desfasado, la aurora liberada pintó el interior de blanco por un instante, pero justo después de que la luz se disipara, el mundo cambió drásticamente.
El espacio desfasado comenzó a converger para volver a la normalidad, y las secuelas de una fuerza capaz de distorsionar la atmósfera se desataron dentro de la habitación como una tempestad violenta.
El viento arremolinado arrasó con todo, arrastrando los objetos robados, los muebles y los escombros, y Subaru protegió desesperadamente a la falsa Satella y el enorme cuerpo del viejo Rom de ese desastre secundario.
—¡¿Qué…?! ¡Oye, oye, oye!
No entendía el significado de esa onda violenta. No lo entendía, pero sabía la causa.
El Santo de la Espada había blandido su espada con todas sus fuerzas en un solo movimiento… y solo con eso había provocado todo esto.
Alzando la voz, soportó el dolor y el viento. Finalmente, la tiranía del ataque debilitó su fuerza, y el sonido de los escombros y objetos robados dispersos cayendo al suelo, junto con el sonido sordo de la casa crujiendo, anunciaron su fin en cadena.
Tirando los restos de lo que parecía ser un pergamino que le había caído en la cabeza, Subaru confirmó que los dos a los que había protegido con su propio cuerpo estaban a salvo. Quizás su cover no fue suficiente, porque le pareció que el viejo Rom estaba un poco manchado de leche y otras cosas, pero tendría que perdonárselo.
—¿Qué es eso de que cazar monstruos es tu especialidad? ¡Tú ya eres un monstruo!
—Si me lo dices así, hasta yo me siento herido, Subaru.
Sonriendo con ironía, Reinhard, la causa de la destrucción, se dio la vuelta y dijo.
Su cabello rojo fuego estaba alborotado por el vendaval, e incluso en su rostro siempre fresco aparecía un poco de sudor. Y en sus manos, la espada de a dos manos…
—Te he forzado demasiado. Descansa en paz.
La espada de a dos manos se desmoronaba en sus manos. Con su construcción de mala calidad, no había podido soportar un solo golpe de Reinhard. Un golpe capaz de marchitar una hoja de acero; y Elsa, quien lo había recibido de lleno…
—No queda ni la sombra, mucho menos un cadáver… ¿Esta es de verdad la escena que dejó con solo blandir una espada?
Después de un tajo que parecía rasgar el mundo mismo, en el verdadero sentido de la palabra, no quedaba nada.
La destrucción había volado el área cerca de la entrada del almacén, incluyendo el mostrador, y las secuelas alcanzaron hasta la plaza frente al edificio. La violenta tormenta había derrumbado los materiales de construcción por todas partes, y parecía que el edificio estaba a punto de colapsar.
El lugar donde Elsa debería haber estado estaba, naturalmente, dentro del alcance del tajo, y la alta figura vestida de negro no se veía por ninguna parte.
—Pero con esto…
Estirando su cuerpo, que se había puesto rígido por la tensión, Subaru soltó un gran suspiro.
Y, como para confirmar un hecho que de alguna manera aún no sentía real, pensó en la presencia a su lado.
La chica plateada que se apoyaba en el hombro de Subaru, la falsa Satella, aunque seguía respirando de forma superficial, se dio cuenta de la mirada de Subaru y cruzó sus ojos color violeta azulado con los de él.
—¿Terminó… todo bien?
—Sí, de alguna manera, en el verdadero sentido de la palabra.
Respondiendo a su débil pregunta, Subaru sostuvo a la chica que intentaba levantarse. La chica, ya de pie, se peinó su cabello plateado y, con pasos aún inseguros, se apartó de la protección de Subaru.
Subaru observó fijamente a la falsa Satella que se alejaba de sus manos.
—¿Por qué me miras tanto? Creo que es muuuy de mala educación.
—Aparte de tus brazos y piernas, tu cabeza también sigue en su sitio, ¿verdad?
—… Eso es obvio, ¿no? ¿Podrías no decir cosas aterradoras?
La impresión de Subaru probablemente no tenía sentido para la falsa Satella.
Hacia la falsa Satella que lo miraba con recelo, Subaru levantó el pulgar y mostró una sonrisa brillante mostrando los dientes.
—Sí, es obvio, ¿verdad? ¡Por supuesto, mis brazos y piernas también están en su lugar, no me ha crecido ningún cuchillo en la espalda ni tengo un enorme agujero en el estómago!
—Lo dices como si hubiera habido una época en la que te hubieran crecido o tuvieras agujeros.
—De hecho, hubo una época así.
Por culpa de lo inútil que era Subaru, a la falsa Satella le habían arrebatado la vida, al viejo Rom le habían volado el brazo y la cabeza, y Felt había sido cortada de tajo; había sido un verdadero desastre.
—Por cierto, Reinhard. Aún no te había dado las gracias. Me salvaste en serio. Entre lo del callejón de hace rato y esto, ¿acaso escuchaste el grito de mi corazón, amigo mío?
—Si hubiera podido hacer eso, también sacaría pecho por orgullo, mi amigo.
Reinhard, encogiéndose de hombros, puso una cara de disculpa y señaló hacia una dirección con un movimiento de su barbilla.
Siguiendo su gesto y mirando hacia allí…
—Oh.
Al ver la figura de la persona que estaba allí, Subaru sintió que en su boca se formaba una sonrisa inesperada.
En la entrada del almacén de objetos robados, que ahora ya no existía, quien los miraba tímidamente desde la sombra de un pilar que apenas quedaba en pie, era una chica rubia con un colmillo sobresaliente.
—Ella corría desesperadamente por los callejones. Y me pidió ayuda. Pude llegar aquí gracias a ella. Después de eso, solo cumplí con mi deber como caballero.
—¿Y tu deber como caballero incluye aplanar una casa en ruinas?
—Eso es ser demasiado malo de tu parte, ¿no crees, Subaru?
Reinhard se llevó la mano al pecho, como si le hubieran dado justo en el clavo. A pesar de haber provocado tal desastre, esa inalterable amigabilidad suya era de alguna manera aterradora.
—Esa chica…
La falsa Satella, con sus pasos tambaleantes, también se dio cuenta de la presencia de Felt.
Subaru se interpuso frente a la falsa Satella, como para proteger a Felt.
—Espera, espera. Si ella no hubiera llamado a Reinhard, seguro habríamos sido aniquilados por completo, ¿sabes? Hazlo por mí, por favor pasa por alto el castigo de convertirla en estatua de hielo.
—No haré nada tan violento. Más bien, ¿qué es eso de “hacerlo por ti”…?
La falsa Satella se frotó el entrecejo con aspecto cansado.
Incluso ese simple gesto le pareció de alguna manera reconfortante a Subaru.
Estando ambos vivos de esta manera, podían darse el lujo de intercambiar bromas.
—¡Supongo que el resto depende de MYNEGOTIATION… y esa es la parte menos confiable de todas!
—¿Qué te pasa desde hace rato? Estás todo alterado y te ves muuuy patético.
Fue un comentario que le dolió en el alma. Subaru también se llevó la mano al pecho, haciendo la misma reacción que Reinhard. Claro que en su caso solo había comicidad, y ni una pizca de la dignidad de él.
Al ver este intercambio, Reinhard rió suavemente sin malicia. Luego, levantando una mano, se acercó a recibir a Felt, quien los observaba en silencio.
Ante esa elegante figura de espaldas, a Subaru no le quedó más remedio que dejar caer los hombros sin siquiera sentir celos.
¿Era esa la diferencia entre los que lo tienen todo y los que no tienen nada? Aunque cautelosa, tal vez sintiendo gratitud por haber acudido a su pedido de ayuda, Felt no intentó huir de Reinhard mientras él se acercaba.
Subaru los observó con una sensación ligeramente conmovedora…
—¡Subaru!
Ante el grito de Reinhard, que de repente se había dado la vuelta hacia él, comprendió que aún no habían salido del aprieto.
—¡…!
Los escombros saltaron por los aires y desde debajo apareció una sombra negra.
La sombra, haciendo ondear su cabello negro y goteando sangre, pisó con fuerza el suelo y aceleró.
Empuñando un cuchillo kukri deformado y corriendo en silencio, era una Elsa ensangrentada.
—¡Maldita sea…!
En los ojos de la asesina que había sobrevivido esquivando ese feroz tajo, habitaba una profunda oscuridad.
Desprendía la intención asesina más escalofriante que había sentido en todo su enfrentamiento, como si le clavaran hielo en la columna vertebral.
En los escasos segundos antes del contacto, los pensamientos de Subaru giraron vertiginosamente.
—Un encuentro de una fracción de segundo. Lo está apostando todo a un solo ataque. Reinhard no llegará a tiempo. Si sobrevivo a un solo golpe, Reinhard hará algo. La falsa Satella no tiene tiempo ni de darse la vuelta. ¿A quién apunta? Dos experiencias. Dos muertes. Terror. Dolor. Esta tercera vez, yo la protegeré.
—¡Tengo que protegerla!
—¡Apunta al estómagoooo!
Empujando a la falsa Satella para protegerla, levantó el garrote que aún tenía en las manos y por puro instinto se cubrió el estómago… Impacto.
La fuerza de ese golpe horizontal se sintió más como el impacto de un objeto contundente y pesado que como un corte.
Ante el golpe en el estómago, sus pies se separaron del suelo y Subaru experimentó la sensación de que el mundo giraba ciento ochenta grados mientras escupía sangre. Su campo de visión daba vueltas. Su cuerpo, que había salido volando, estaba girando en realidad.
Sin saber siquiera qué tan lejos había volado, se estrelló contra la pared sin poder amortiguar la caída.
—Este chico vuelve a interponerse…
Mirando al Subaru que había salido volando, Elsa chasqueó la lengua con frustración.
—¡Hasta aquí, Elsa!
Ante un Reinhard que volvía corriendo, ella comprendió que continuar el combate no tenía sentido.
Elsa arrojó hacia Reinhard el cuchillo kukri, que se había deformado por completo en su mano tras el último golpe a Subaru. Aunque falló por mucho, cumplió a la perfección su propósito como distracción.
—Algún día, les abriré el estómago a todos los presentes. Hasta entonces, cuiden bien de sus entrañas.
Usando los escombros como punto de apoyo, fue suficiente para ganar tiempo para que Elsa saltara.
Perseguir a una figura esbelta que salta ágilmente sobre los edificios pisando los techos sería demasiado trabajo. Reinhard, que no deseaba más combates, no persiguió a Elsa.
Observando su espalda que se alejaba, Reinhard corrió hacia la chica de cabello plateado.
—¿Se encuentra bien…?
—¡Mi estado no importa ahora! Más bien…
La falsa Satella regañó a sus piernas temblorosas y se dirigió hacia la pared… al lado de un Subaru que había caído patas arriba.
—¡Oye, ¿estás bien?! Has sido demasiado imprudente.
—O-oooh… P-pan comido, pan comido. Ese era el momento exacto para ser imprudente, ¿no? Yo era el único que podía moverse, y, además, tenía una pequeña corazonada de adónde apuntaría ella en ese instante.
Levantando la mano hacia la falsa Satella, que acercaba su rostro con preocupación, Subaru se frotó suavemente el estómago que había recibido el golpe.
Al levantar su ropa, pudo ver que la piel debajo se había vuelto completamente morada por la tremenda contusión.
“Ugh”, sacó la lengua al ver lo feo que se veía, y luego Subaru usó el impulso de su cuerpo invertido para darse la vuelta y ponerse de pie.
—Esta vez ya se ha ido por completo, ¿verdad?
—Lo siento, Subaru. Eso de hace un momento fue un descuido de mi parte. Si no hubiera sido por ti, habría sido peligroso. Si esta persona hubiera resultado herida, habría sido un desastre…
—¡Espera, espera, espera, espera, no lo digas, no lo digas, no lo digas, no lo digas! Tienes prohibido hablar a partir de ahí. Después de todo el misterio, si me entero de todo por tu boca, no sentiré que todo este esfuerzo haya valido la pena.
Deteniendo a Reinhard, que estaba a punto de disculparse, Subaru le dirigió una sonrisa al caballero que se quedó en silencio. Luego, con un movimiento lento, se dio la vuelta y cruzó la mirada con la chica de cabello plateado que lo miraba desde abajo.
Ella se inquietó y luego se puso de pie. La distancia entre los dos era de unos dos pasos, lo suficientemente cerca como para alcanzarla si estiraba la mano. Subaru recordó con profunda emoción el largo desvío que había tomado para llegar a este punto.
Ante un Subaru que repentinamente cerró los ojos y se quedó en silencio, la chica puso una cara como si quisiera decir algo.
Sin embargo, antes de que la chica abriera la boca, Subaru fue más rápido en apuntar con su dedo hacia el cielo.
Con la mano izquierda en la cintura y la mano derecha estirada hacia las alturas, excluyendo por completo de su mente las miradas sorprendidas de su entorno, Subaru alzó la voz con fuerza.
—¡Mi nombre es Natsuki Subaru! Sé que hay un montón de cosas que quieres decir y preguntar, ¡pero dejándolas a un lado por ahora, primero déjame preguntar algo!
—Q-qué pasa…
—¡Yo soy el salvador que te acaba de proteger de la hoja asesina! Hasta aquí, ¿todo OK?
—¿OK?
—Significa “¿está bien?”. Así que, ¿OK?
Ante un Subaru que expresaba una O y una K con los movimientos de su torso, la chica de cabello plateado, aunque con el rostro tenso, respondió con un “O-OK”.
—Tu salvador, el RESCUE Subaru. Y la heroína salvada por él eres tú. En ese caso, ¿no crees que debería haber una recompensa acorde? ¿No lo crees?
—…Lo sé. Pero bajo la condición de que sea algo que yo pueda hacer.
—¡Entonces! Mi deseo es ONLY ONE, solamente uno.
Levantando solo un dedo y apuntándolo hacia ella, enfatizándolo casi hasta el cansancio.
Ante las palabras de Subaru, aunque los ojos de la chica vacilaron con ansiedad, asintió con determinación en su mirada.
—Así es, mi deseo es…
—Sí…
Mostrando una sonrisa brillante, chasqueando los dedos y levantando el pulgar en una pose confiada,
—Quiero que me digas tu nombre.
Con una expresión de asombro, los ojos violetas azulado de la chica se abrieron de par en par.
Un breve silencio cayó entre los dos. La mirada de Subaru no vaciló. Simplemente miraba fijamente a la chica plateada que estaba frente a él. Y entonces,
—Fufu.
Llevándose la mano a la boca, la chica rió haciendo ondear su cabello plateado y con un rubor en sus blancas mejillas.
No era una sonrisa de resignación, ni una sonrisa efímera, ni tampoco una sonrisa trágica de alguien que se ha preparado para lo peor. Sonrió pura y simplemente porque estaba feliz. Era solo esa clase de sonrisa.
—Emilia.
—Eh…
Ante la palabra pronunciada después de su risa, Subaru dejó escapar un pequeño suspiro.
Al ver la reacción de Subaru, ella se enderezó y, llevándose un dedo a los labios, sonrió con picardía.
—Mi nombre es Emilia. Solo Emilia. Gracias, Subaru. Por haberme salvado.
Dijo ella, tendiéndole la mano.
Subaru bajó la mirada hacia esa mano blanca que le ofrecía y la tocó tímidamente. Sus dedos eran delgados, su palma pequeña; era la mano delicada y muy cálida de una chica llena de vida.
—Gracias por salvarme.
No era solo ella quien quería decir eso, sino también Subaru. Subaru había recibido un favor de ella primero. Así que esto era simplemente él devolviéndoselo por fin.
Un total de tres veces perdiendo la vida en incidentes sangrientos para llegar a este desenlace.
Habiendo sido herido de esa manera, habiendo lamentado tanto, habiendo sentido tanto dolor, habiendo luchado arriesgando su vida de esa forma, y su única recompensa era el nombre de ella y una sonrisa.
—Ah, qué…
—Ah, cielos, qué difíciles son estas cosas.
Mientras lo decía, Subaru también sonrió, y apretó con fuerza la mano de la chica… de Emilia.

7
—Y, habría sido una bonita historia si hubiera terminado aquí.
—Aun así, Subaru, me sorprende que hayas salido ileso.
Seguramente había estado esperando el momento en que terminaran su intercambio de palabras con Emilia.
Reinhard, a quien se le había obligado a callar, se mostró sorprendido con pocas palabras por la seguridad de Subaru. ¿Significaba que, incluso a los ojos de un experto como él, el último ataque de Elsa había sido de esa magnitud?
Subaru se tocó ligeramente el dolorido abdomen y luego señaló el garrote que rodaba por el suelo.
El garrote con púas, tal como sugería su aspecto grueso y robusto, había funcionado como un excelente escudo. Aunque era diferente a su propósito original, quería que lo comprendieran.
—Me cubrí por puro instinto con eso. Si no fuera por él, ahora mismo tendría el torso partido a la mitad.
—Así es. Si no hubiera sido por esto…
“No habría podido evadir el BAD END 4”, se rio Subaru de forma despreocupada. Riendo como para seguirle la corriente, Reinhard recogió casualmente el garrote del suelo, y…
—Eh.
En sus manos, el garrote expuso un corte limpio y cayó al suelo con un sonido sordo.
Partido en dos, justo por la mitad, había terminado su función por completo.
Lentamente, Reinhard miró a Subaru con una expresión incómoda.
Subaru también siguió su mirada y, con un mal presentimiento, se levantó el dobladillo de la chaqueta deportiva. Su torso seguía igual que antes, en un estado de súper decoloración completamente morado por la contusión, pero algo cambió allí.
…De repente, se dibujó una línea roja horizontal.
—Ah, mierda, esto… hasta yo puedo predecir lo que viene.
Justo después de su broma, un dolor agudo llegó como vanguardia.
Y al instante siguiente, el abdomen de Subaru se abrió de lado a lado, y una enorme cantidad de sangre fresca brotó a borbotones.
—¡E-espera, Subaru!
Muy cerca, se escuchó la voz desesperada de Emilia.
—Ah, justo cuando por fin pude escuchar su verdadero nombre, si tengo mala suerte, ¿este será el final de nuevo?
Su campo de visión se inclinó drásticamente. Probablemente su cuerpo se había desplomado.
—Incluso si ese es el caso, volveré aquí otra vez.
Reinhard mostraba una expresión de pánico, y Emilia, que se asomaba muy de cerca, dibujaba una expresión de dolor en su hermoso rostro.
—Ah, incluso cuando está desesperada es superlinda… bendita sea la fantasía isekai.
Con esa última impresión, casi idéntica a una que tuvo alguna vez, el dolor agonizante y el shock arrastraron la conciencia de Subaru como un oleaje furioso.