La Gran Biblioteca Pleiades




Capítulo 1
La Gran Biblioteca Pleiades
Sección 1
Después de lograr una costosa victoria sobre el Culto de la Bruja en la Ciudad de las Compuertas de Agua, Natsuki Subaru y compañía partieron hacia las Dunas de Arena de Augria, una tierra peligrosa y desalentadora que se encontraba en la lejana frontera oriental de Lugunica.
Hogar de incontables de mabestias, era un mar de arena infranqueable que repelía a todos los que intentaban atravesarlo, incluido el Santo de la Espada, Reinhard.
Su grupo soportó poderosas tormentas de arena y feroces mabestias que les cerraban el paso antes de llegar finalmente a su destino: La Atalaya Pléyades, donde encontrarían a el gran Sabio Shaula, de quien se decía que lo sabía todo.
Todo lo que hacían era por el bien de las personas que esperaban ser salvadas en Priestella.
Era un intento desesperado por recuperar lo que habían perdido: recuerdos, nombres e incluso cuerpos…
—¡¿Después de todo lo que pasamos, por qué me miras así?! ¡¿Estás diciendo que yo soy el malo aquí?! ¡Soy inocente! ¡Inocente, te digo!
—No traiciones nuestras expectativas así. Por favor, Subaru.
—Justo cuando pensaba que quizá tenía alguna cualidad redimible. Al final, Barusu es solo Barusu.
La vital misión del grupo los había llevado hasta esa torre, la cual ahora se llenaba con los gritos de Subaru. Sus súplicas desesperadas no recibieron
respuesta, y sus compañeros no le ofrecieron más que miradas frías y comentarios afilados.
Subaru había dormido durante dos días seguidos después de que todos se reunieran de nuevo. Estaban preocupados por su estado, y naturalmente corrieron a su lado tras enterarse de que había recuperado la conciencia… solo para descubrirlo atrapado bajo una mujer medio desnuda. No era nada sorprendente que cualquier alivio que sintieran se viera eclipsado por la decepción, o incluso el desprecio.
Las miradas frías de Julius y Ram eran totalmente razonables.
—¡¿Puedes soltarme ya…?! ¡¿Qué pasa con ese agarre tan loco?!
—¡No! ¡Voy! ¡A soltar!
Bajo las miradas llenas de desprecio, Subaru luchaba desesperadamente por zafarse del abrazo de la mujer escasamente vestida—Shaula, si tenía que adivinar—que se aferraba a su brazo.
No era precisamente de buena educación comportarse así con la Sabia a la que tanto habían querido conocer, pero ella ya se había saltado todas las normas de cortesía, así que Subaru no tenía intención de contenerse.
—¡No puedo quitármela de encima...! ¡No se queden ahí parados, ¡alguien ayúdeme!
—Tienes una cara lasciva, Perverusu.
—¡No es cierto! ¡Y no cambies mi nombre así! ¡Eso duele, Emilia! ¡Jalarme el cabello no va a ayudar en nada!
—Ah, lo siento. No estaba tratando de ayudar.
—¡¿¡¿¡Te estás disculpando por eso!?!?
Shaula se negaba obstinadamente a soltar el brazo de Subaru, y Emilia le tiraba del cabello con una expresión gélida. Mientras tanto, Beatrice estaba completamente sonrojada y con los ojos girándole, principalmente porque ella también había caído en las garras de Shaula.
—¡Deee acuerdo! ¡¡Todos cálmense!! ¡¡Yo también!! ¡¡Vamos a hablar como personas civilizadas!!