Sección 2
Sección 2
Ante la somnolienta súplica de Subaru de poner orden en la situación, todos decidieron cooperar. Al menos por el momento.
Se sentaron en círculo, lo cual era propicio para una conversación civilizada. Sin embargo, Shaula seguía negándose a soltar el brazo de Subaru e insistía en frotar su mejilla contra la de él mientras se sentaba a su lado.
—Mmm, ¡Gran Maestro! ¡Gran Maestro!
—Repulsivo.
—¿Acaso no viste la escena terrible de hace un momento? ¿Te parece que yo quería que le pasara esto a mi lado derecho? Mis huesos me duelen muchísimo. A este ritmo, mi brazo se va a necrosar.
En respuesta a la mirada de desprecio de Ram, Subaru dirigió la vista a su extremidad, ofrecida en sacrificio. Una mujer preciosa y medio desnuda estaba enroscada alrededor de ella.
Aunque a primera vista podía parecer una situación envidiable, el dolor muy real que sentía en las articulaciones y huesos hacía imposible disfrutar de cualquier sensación agradable provocada por ese cuerpo voluptuoso aplastado contra el suyo.
—En fin, me gustaría que avancemos antes de perder un brazo aquí… Pero, antes que nada, me alegra ver que todos están bien. Anastasia, Meili, me alivia saber que ustedes también están a salvo.
—Me alegra que hayas despertao’, Natsuki. Ya me estaba empezando a preocupa’ que no lo hicieras. Me habría sentido un poquillo culpable si eso pasaba.
—Oírte decir eso suena como si me estuvieras echando la sal, pero supongo que sí había una posibilidad de que terminara así, ¿no…? ¿Tú también te preocupaste por mí, Meili?
Dirigiéndose a las dos que se habían unido al grupo más tarde, Anastasia expresó un alivio cortés, mientras que Meili apartó la mirada por completo.
—¿¿Yooo?? ¿¿Preocuparme por ti?? Ni en sueños. No quiero que Petra o Beatrice me pongan en la mira.
—¡¿Qué significa eso?! ¡Beako y Petra no son tan rencorosas! ¿Verdad?
Beatrice estaba sentada sobre su regazo después de haber sido rescatada de su situación de indefensión. Su carita inflada se desinfló cuando él le pinchó las mejillas sonrojadas.
—Por supuesto que no. Betty no es tan voluble como para molestarse por algo tan insignificante. Meili puede preocuparse por Subaru todo lo que quiera, mientras sepa cuál es su lugar, supongo.
—¿Ves? Escucha a Beako. ¡Puedes preocuparte por mí todo lo que quieras!
—¿Sus cerebros dejaron de funcionar porque estuvieron separados demasiado tiempooo?
—¡¿Cómo te atreves?!
El rostro de Beatrice se llenó de furia cuando Meili respondió con un comentario totalmente opuesto a una muestra de cariño.
Dejando a un lado su entrañable discusión, Subaru echó un vistazo alrededor del círculo. Todos estaban a salvo.
Sin embargo…
—No tienes por qué preocuparte. Todos están presentes y a salvo. Por supuesto, tu preocupación es natural. Pero no te inquietes, te llevaré a verla a ella y a tu dragón una vez que terminemos aquí.
—¿Puedes no leer mi mente—? No, perdón. Gracias por preocuparte.
Adivinando el significado detrás de la mirada de Subaru, Julius respondió antes de que siquiera formulara la pregunta. Asintiendo, Subaru hizo un gesto hacia el carro y el dragón de tierra que habían sobrevivido a la travesía por las arenas.
—Gracias. Sabía que Joseph estaba bien, pero no vi a Patrasche… Y Rem tampoco estaba en el carro. ¿Dónde están?
—Arriba. Te explicaré más luego, pero por ahora… está recibiendo tratamiento.
Al escuchar esa respuesta inesperada de Julius, Subaru se centró instintivamente en un detalle.
—¿¡Tratamiento!? ¿¡Te refieres a Rem!? Entonces, ¿puede recibir tratamiento...? ¿¡Significa que por fin va a despertar!?
—Cálmate, Barusu. Estás sacando conclusiones apresuradas.
—…Ah…
Justo cuando Subaru comenzaba a inclinarse hacia adelante, las palabras de Ram le cayeron como un balde de agua fría. Recuperando el aliento bajo su mirada afilada, volvió a sentarse.
—…Perdón. No lo pensé bien.
—Um, Subaru. Cuando los encontramos, Patrasche estaba muy herida, así que la están curando arriba por ahora. Y Rem está en la misma habitación…
—…Ah, sí, entiendo. Está bien, Emilia-tan, gracias. Y no te preocupes, Julius. Solo me adelanté un poco.
Respirando hondo, Subaru se arrepintió de haber sacado conclusiones tan rápido. Luego de tomarse un momento para disipar el ambiente que se había ensombrecido, levantó la vista.
Estaban en un espacio cilíndrico tremendamente grande que parecía extenderse hacia arriba sin fin. Una enorme escalera en espiral recorría la pared interior de la torre, y aparentemente era el principal medio para desplazarse. Estaba diseñada de tal manera que era imposible alcanzar el último piso sin recorrer miles de metros de escaleras.
—Solo para confirmar… Rem y Patrasche están allá arriba, ¿verdad?
—Y te llevaré a donde están después de esto. Estoy seguro de que podrás relajarte más cuando las veas con tus propios ojos. Todos estábamos aterrados después de lo que pasó esta vez.
—Corriendo como locos bajo fuego enemigo, solo para que el cielo se partiera en mil pedazos… y luego eso…
Al recordar lo que ocurrió después de haberse separado, Subaru y Julius intercambiaron muecas sombrías. Sentada a la izquierda de Subaru, Emilia también asintió.
—Sí, fue un gran impacto cuando nos tragó esa grieta en el cielo… Pero fue reeealmente angustiante que tantas personas que no podían luchar quedaran separadas de nosotros.
—La hermana mayor estaba súper, súperalterada. Beatrice estaba llorando a mares, y yo también me puse mal.
—Ah, ya estás mintiendo otra vez, Meili. Es cierto que me puse nerviosa, pero Beatrice no estaba llorando a mares. Solo estaba a punto de hacerlo, ¿verdad?
—¡Si vas a intentar ser considerada, ¡al menos termina la frase con dignidad…!
—¿...?
Beatrice hizo un puchero cuando Emilia reveló tan casualmente que había estado al borde de las lágrimas, aunque Emilia no entendía por qué se había molestado.
Ese intercambio tan adorable dibujó una sonrisa en los labios de Subaru mientras se encogía de hombros ante Julius.
—Así que tú también debiste haberte asustao’ bastante, ¿no? Qué lástima que no pude verte así.
—Por supuesto que me estremecí. A diferencia de ti, Señorita Anastasia y la señorita Ram son mujeres delicadas. Me puse lívido al no poder encontrarlas por ningún lado. Incluso ahora, me alivia verlas bien.
—Estabas hecho un manojo de nervios, pero suena tan elegante cuando lo dices…
Julius respondió mientras se tocaba el cabello, como de costumbre, lo cual provocó una mueca de fastidio en Subaru. Aun así, era bueno ver que todos parecían volver a ser ellos mismos.
Solo quedaba una más—
—¿Qué? Por favor, deja de mirarme con esa cara tan desagradable.
Ram estaba sentada frente a él, con su típica expresión inexpresiva, y lanzó una puñalada verbal al notar que Subaru la observaba.
Piel de porcelana y ojos rosados.
Un rostro bien proporcionado y bellamente fresco. Una apariencia que se encontraba en algún punto entre lo adorable y lo refinado, como una fruta tentadora. Desde cualquier ángulo, era la misma Ram de siempre.
—Esto es una pérdida de tiempo.
—¡Ni siquiera he dicho nada todavía! Solo estaba pensando que era bonito que estemos ambos sanos y salvos. Ya sabes, después de todo lo que pasó allá abajo… Aún recuerdo cómo me protegiste al final.
—Y fue un esfuerzo desperdiciado.
—¡Te estoy dando las gracias!
La imagen que le vino a la mente era del instante justo antes de perder el conocimiento—Ram, magullada y ensangrentada, de pie en el camino de aquel grotesco monstruo, intentando protegerlo.
Esa figura delgada cubierta de heridas, enfrentando valientemente a un enemigo invencible. Su porte gallardo era inspirador, aunque también provocaba un miedo profundo a perderla.
—¿Ves? Por eso no sirve de nada darte las gracias, hermana…
—Está bien, Subaru. Lo que pasa es que Ram solo está un poco avergonzada, eso es todo. Seguro se siente incómoda porque estabas abrazándola cuando despertaste. Fue adorable.
—¡Señorita Emilia!
Al escuchar la risita de Emilia, Ram reaccionó con fuerza, pero eso no bastó para borrar lo que Emilia acababa de decir. Pensando un poco más al respecto—
—Oh, cierto. Cuando desperté, había un espacio raro donde estaba acostado… Asumí que era Beako, pero…
—Olvídalo.
Mientras él recordaba el momento, la voz de Ram se volvió aún más fría que de costumbre.
—Pero…
—Dije. Que lo olvides.
—O-ok, ok. Lo olvido. Ya está, se me fue por completo.
—Eso será suficiente. Tú también deberías tener más cuidado, cabeza de chorlito… Digo, señorita Emilia.
—¿Cabeza de chorlito? ¿Cómo confundiste eso con mi nombre? ¡Ni siquiera suenan parecido…!
Emilia ladeó la cabeza, pero Ram fingió ignorancia, declarando que la conversación había terminado.
Al parecer, Ram no tenía intención de hablar sobre lo que había ocurrido allá abajo. Para seguir adelante, la opción natural era acudir a la otra persona que había estado allí con ellos.
—Ya que Ram no quiere responder, ¿recuerdas algo tú, Anastasia?
—¿Oh? ¿También formo parte de esta conversación? Pensé que se habían orvida’o de mí.
—Perdón por priorizar a los nuestros. Entonces, ¿qué pasó? Aún estaba medio consciente cuando esa Mabestia voló por los aires, pero…
—Despué’ de eso, estaba aterrada en medio de la oscurida’ tota’. Y como tú y Ram estaban fuera de combate, yo fui la única que pudo negociar con esa Sabia de ahí.
—¿La Sabia…? ¿Te refieres a ella?
Al oír eso, Subaru señaló a la mujer que aún seguía aferrada a su brazo derecho: Shaula, a quien había estado ignorando deliberadamente.
—Me cuesta imaginar que haya hecho algo lo suficientemente digno como para llamarlo “negociación”.
—Una forma muy sutil de decirlo. Pero también me desconcierta a mí. Por más que intenté sonsacarle algo, apenas soltó palabra. Y ahora está completamente enamora’a contigo.
—¿No hablaba? ¿Esta cosa de aquí?
—¡Arg! No me llame “esta cosa”, sino Shaula; Gran Maestro~.
Shaula lo fulminó con la mirada, claramente ofendida.
Pestañas largas, rostro bien proporcionado, un cuerpo espectacular que dejaba poco a la imaginación… tenía todas las características de una belleza, y en otras circunstancias, tenerla recostada contra él sería algo digno de presumir.
—Que alguien se te tire encima con todo el afecto del mundo cuando tú tienes el medidor en cero… es rarísimo, aunque esté buena.
—¡Ahh! ¡Lo dijiste! ¡Dijiste que estoy buena, ¿no es cierto?!
—Tienes unos oídos agudos cuando te interesa, eh…
Los ojos de Shaula brillaron mientras se apretaba aún más contra él, y Subaru intentaba en vano despegarla. Por más fuerza que hiciera, no lograba liberarse del monstruoso agarre de ella. Al final, Subaru suspiró, resignado a perder el control de su brazo.
—Supongo que ya está perdido. Mi brazo es causa perdida, así que mejor volvamos al tema. Oye tú, usa las palabras y habla.
—¡Sí, por supuesto! ¡Si eso es lo que quiere el Gran Maestro!
—Ya veo. Es útil que estés cooperando. Si no te importa, quisiera preguntarte si es correcto asumir que tú eres el Sabio que reside en la Atalaya Pléyades.
—Bleh.
—¡¡Respóndele como se debe!! ¡¡Literal acabas de decir que ibas a hablar!!
Justo cuando parecía dispuesta a responder con una sonrisa despreocupada, Shaula ignoró descaradamente la pregunta de Julius. Y cuando Subaru la presionó, ella infló las mejillas con fastidio.
—¿Quéee? ¡Fuiste tú quien dijo: “Si alguien te pregunta algo, no digas nada innecesario, ¡no hables con ellos y no les cuentes nada! Solo apuñálalos.”! ¡Estoy haciendo lo que me dijiste!
—Tu Gran Maestro es bastante extremo.
—Siiiiip. Eres súperextremo, Gran Maestro. O sea, exijo una disculpa sincera y una seria autorreflexión.
Aun mientras decía eso, Shaula frotaba su cabeza contra el cuello de Subaru con una actitud parecida a la de un cachorro. Subaru la ignoró y le dio un golpecito en la frente.
—Auch… Aunque no duelaa, ¡¿no es esto un abuso?! ¡Es superabuso! ¡El Gran Maestro fue superviolento conmigo! ¡Le veré en el juzgado!
—¿Dónde aprendiste siquiera esa frase? …En fin, habla con ellos también, no solo conmigo. Si vas a tratarme como tu Gran maestro, entonces escúchame, por favor.
—…¿En serio? ¿Puedo?
—¿...? Claro. De hecho, preferiría que lo hicieras. Ya quiero avanzar con esta conversación.
Una expresión vacía y atónita cruzó el rostro de Shaula. Luego, su expresión pasó poco a poco de sorpresa, a comprensión, a aceptación, y finalmente a profunda emoción—
—¡Yuppiiiiiii! ¡Por fin~! ¡Obtuve permiso para hablar! ¡Ahora ya no tengo que seguir actuando como una MISTERIOUS mujer superhermosa que oculta algo~! ¡Vamooos!
—¡¡Si nunca estabas intentando hacer eso para empezar!!
Shaula sonreía ampliamente, emocionada. Su coleta se agitaba con fuerza, abofeteando a Subaru en la cara. Bloqueándola con la mano izquierda, Subaru continuó preguntando:
—En fin, ¿eres tú el Sabio del que tanto se habla?
Esa pregunta iba directo al núcleo del porqué habían venido a la Atalaya Pléyades.
El rostro de Shaula se torció como si acabara de morder algo ácido.
—Mmm… La respuesta a esa pregunta es superdifícil.
—¿Difícil? ¿Por qué?
—Si están buscando a Shaula, entonces sip, esa soy yo, ¡la que más ama al Maestro! Pero si están buscando al Sabio Shaula, entonces no estoy tan segura.
Frunció el ceño mientras, finalmente, comenzaba a responder de verdad. Pero había algo inquietante en su primera respuesta.
Una clara falta de familiaridad con el título de "Sabio". En otras palabras...
—Con su permiso, señorita Shaula.
Al parecer notando el mismo detalle, Julius levantó la mano.
—¿"Señorita"? Ay, me haces sonrojar. No estoy acostumbrada a títulos así. Solo di mi nombre. señorita Shaula suena como…je, je.
—Muy bien, entonces como usted prefiera, señorita Shaula—Hasta hoy, los logros de el Sabio Shaula se han transmitido de generación en generación entre innumerables personas. ¿Es correcto decir que esas leyendas se refieren a usted?
—Pueeesss, es difícil decirlo. No he salido de esta torre en uuuuuuun montón de tiempo. ¿Y si las historias se distorsionaron con el tiempo? Seguro que sí, si terminaron llamándome a mí un sabio, de entre todos…
Shaula ladeó la cabeza mientras se llevaba un dedo a los labios.
—Ah, a menos que el Maestro le haya puesto “Shaula” a otra persona también. Si esa otra Shaula hizo algo increíble, entonces tal vez no sea tan raro después de todo… ¿Fuiste tú, Gran Maestro?
—No me mires a mí. Esos son cargos falsos, por donde lo veas.
—Parece que el Gran Maestro no puede pensar en nadie más, así que supongo que realmente soy la única llamada Shaula. Es el nombre que me dio el Maestro, mío y solo mío… ¿Quién necesita otra Shaula, de todos modos?
—Ya veo. Así que una alborotadora fue quien esparció falsedades.
—¡¡No me mires cuando dices eso!! ¡¡Esos son cargos falsos!! ¡¡Soy inocente hasta que se demuestre lo contrario!!
Dejando de lado la payasada actual, Shaula no sonaba como si estuviera mintiendo. En el peor de los casos, eso significaba que las historias transmitidas a lo largo de los años podían estar equivocadas.
Mientras escuchaba el intercambio, Anastasia empezó a rebuscar en su enorme bolso y sacó una moneda.
—¿Vas a revisar tus libros de contabilidad de repente? ¿O no, por lo que parece…?
—Aun siendo mi afición, y aunque tocar mone’as me ayu’a a pensar mejor, no es esa mi intención. Aquí tienes, entenderás lo que quiero decir cuando te fijes en las mone’as der reino.
Anastasia lanzó las monedas que tenía en la mano hacia Subaru. Sorprendido, logró atraparlas y vio cuatro monedas: una de cobre, una de plata, una de oro y una de oro sagrado.
—No creo que estés tratando de sobornar a Shaula, pero…
—Si eso funcionara, no me opondría, pero no. Solo míralas. Tienen imágenes grabadas, ¿verda’? No se pue’ separar el dinero de la historia. Todo país digno de ese nombre tiene su legado grabado en sus mone’as.
Tomando en serio sus palabras, Subaru examinó las monedas. Nunca había tenido una razón para observarlas tan de cerca, pero ahora que lo hacía, cada una tenía una imagen diferente.
—La de oro sagrado tiene al Dragón Divino, la de oro al primer Santo de la Espada, la de plata al Sabio y la de cobre al Castillo de Lugunica. ¿No lo sabías?
—¿Eh? ¡¿Ahora Emilia está dando exposición como un NPC…?!
—Pero eso es conocimiento común. ¿No prestaste atención cuando salías de compras?
Subaru silbó, tratando de esquivar el comentario incisivo de Emilia. Era cierto: las marcas en las monedas eran tal y como ella las describía. Había un dragón en la moneda de oro sagrado, un hombre de mirada intensa en la de oro, y el castillo en la de cobre. Y en la de plata…
—Un tipo joven y guapo, más o menos. Supongo que se parece vagamente a Shaula, pero también no mucho.
—Pero, el tipo en ese dibujo es como se supone que es Shaula para el resto del mundo, de hecho.
La imagen en la moneda mostraba a un hombre apuesto, con el cabello largo y rasgos marcadamente masculinos. Naturalmente, no importaba el ángulo: no era alguien que pudiera confundirse con una mujer hermosa medio desnuda.
—O~h, parece superbien hecho, ¿no? O sea, se ve igual que el Gran Maestro.
Observando la moneda plateada desde un lado, Shaula lanzó una ofensa terrible sin una pizca de malicia.
—¡¿Dónde ves tú eso?! Ah, no, si el Sabio que está grabado es tu Gran Maestro, entonces ¿a qué te refieres con que yo me parezco al Gran Maestro de tus recuerdos?
—Cielos, ¿de qué está hablando? Mi Gran Maestro es el único Gran Maestro.
—Entonces, deja que me repita de nuevo. ¡¿DÓNDE ESTÁS VIENDO ESO?!
Shaula parecía molesta por su reacción irritada.
—¿Ehhh? Desde mi punto de vista, tiene muchas similitudes. Tiene cabello, dos ojos y orejas, una boca y una nariz.
—¡¿Ese es el LEVEL de tu comparación?! ¡¡Con ese estándar, el Señor Cara de Papa también se parece!!
—Ni siquiera yo diría que la persona en la moneda se parece a Subaru…
Era un nivel de comparación de jardín de infancia. Subaru y Emilia no podían creerlo. Era el tipo de comentario que hizo que todos, excepto Shaula, fruncieran el ceño.
—Es que… no se me da bien comparar los rostros de la gente. O sea, los hombres y las mujeres son diferentes, pero después de eso, ¿no son básicamente lo mismo? … Después de eso, se reduce al tamaño, ¿no?
—Ella acaba de mirar a Betty y se le ocurre esa respuesta, supongo; detestable.
—Está bien, porque Beako es pequeña y linda y es única. Dejando eso a un lado, tienes semejante sentido de la estética y, aun así, ¡me llamas a mí, de todas las personas, tu Gran Maestro! ¡Me estás confundiendo completamente por otra persona!
Aprovechando la excusa de Shaula, Subaru saltó a la oportunidad de limpiar su nombre. Desafortunadamente, eso no lo llevó a donde esperaba.
—Ah. Que le encontrara, Gran Maestro, no fue por una cuestión de apariencia, o sea que eso no es un problema.
—¿No fue debido a la apariencia? ¿Entonces cómo? ¿Por el AURA?
—Por el olor. Bueno, no, es que el Gran Maestro es la única persona que dejaría un mal olor superoscuro y superagrio y quedarse tan a gusto.
—¡¡Jamás me han insultado tanto!! ¡¿Huelo así de mal?!
Al oír la palabra “olor”, se había preparado para lo peor, pero su resolución se desvaneció en el viento cuando Shaula lo remató con una selección impensable de palabras.
—¿Por qué se enfada? Ah, ¿es porque dije «superagrio»? ¡Está bien! ¡O sea, el olor del Gran Maestro es supermalo, pero es el tipo de olor que quiero seguir oliendo para siempre!
—¡Una chica no debería decir algo así! ¡¡Y si eso pretendía hacerme sentir mejor, hiciste un pésimo trabajo!!
Subaru se cubrió la cara, avergonzado, y se desplomó llorando en el acto.
—¿Qué demonios…? Pensé que ya me había acostumbrado a oír estas cosas, ¡pero eso fue demasiado! ¿Qué hice yo para merecer esto…?
—E-está bien, Subaru. Lo entiendo perfectamente. Así que, ¿deberías tomar un buen baño después?
—¡¡No entendiste nada!!
Mientras Subaru lloriqueaba, Emilia intentaba consolarlo, solo para que Ram interviniera, molesta por toda la situación.
—En cualquier caso, si el permiso de Barusu es suficiente para convencerte, entonces responde nuestras preguntas. Eres Shaula, pero no el Sabio. Entonces, me pregunto, ¿te suenan el Santo de la Espada y el Dragón Divino?
—¿El Santo de la Espada y el Dragón Divino?
—Sus nombres son Reid y Volcanica.
—Ugh.
Al oír eso, el rostro de Shaula se torció como si acabara de tragar algo amargo.
—¿Los conoces?
—Los conozco. O sea, Reid el Palillero y Volcanica el Cínico son viejos amigos míos. No los he visto desde que nos separamos, pero deben de irles muy bien, ¿verdad?
—Reid ya murió.
—¡¿En serio?! ¡¿Está muerto, aunque era un tipo superinvencible?! ¡¿Cómo murió?! ¡¿Comió algo superraro del suelo o algo así?!
—Su esperanza de vida. Nadie puede ir contra el destino.
—Su esperanza de vida… Ah, ya veo. Ciertamente. O sea, Reid era un ser humano.
Shaula bajó la mirada, triste al escuchar que un viejo amigo había muerto. Incluso su coleta parecía haber perdido energía, y lucía abatida con los hombros caídos.
—Entonces, ¿a Volcanica le va bien?
—Volcanica es un dragón, así que sigue con vida.
—Ya veo. Aunque hubiera sido mejor que Volcanica muriera en lugar de Reid.
—Qué bocota la tuya, carajo.
Pero esa tristeza duró poco, y rápidamente cambió de actitud, despedazando verbalmente a su otro viejo amigo sin ningún remordimiento.
Y mientras Shaula parecía casi aliviada después de eso, Ram tenía una expresión pensativa mientras cerraba un ojo.
—Déjame preguntar de nuevo. El Sabio que debería haber existido—tu Gran Maestro—¿exactamente quién era?
—¿…? Qué pregunta tan rara. Ustedes están viajando con él, ¿y no lo saben?
—Lamentablemente, tu Gran Maestro se golpeó la cabeza con la taza del váter y olvidó un montón de cosas.
—¿Por qué específicamente con el váter?
—¿Otra vez, Gran Maestro…?
—¡¿Cómo que otra vez?!
Recibido por la mirada compasiva de Shaula, Subaru sufrió una humillación que no parecía para nada merecida. Pero, aparentemente aceptando la explicación de Ram, Shaula dio un salto para ponerse de pie.
—Entonces lo escuchará de mí. El nombre del Gran Maestro… Cierto, incluso ese nombre es del famoso gran erudito. ¡Por supuesto, el título de Sabio solo le quedaría bien al Gran Maestro!
—¡Ve al grano!
—¿Cuándo más voy a tener esta oportunidad? Pero eso es taaaan~ típico de ti.
Shaula montó todo un espectáculo para su anuncio y sacó la lengua de manera traviesa cuando Subaru trató de apurarla. Luego se llevó un dedo a la mejilla, actuando un poco como una niña pequeña mientras continuaba.
Y el nombre era—
—Flugel.
—¿…Eh?
—El nombre del Gran Maestro es Flugel. O sea, el gran erudito Flugel es el Gran Maestro de Shaula.
Inflando con orgullo su amplio pecho, Shaula dijo el nombre con un profundo afecto. Había una mezcla de respeto sincero y gratitud en su voz que hacía imposible pensar que estaba mintiendo. Y precisamente porque estaban seguros de que no mentía, las reacciones variaron.
Porque ese nombre les resultaba inconfundiblemente familiar.
—… ¿No es ese el nombre de la persona que plantó el árbol?
Era el nombre de la gran figura con quien sus destinos ya se habían cruzado hace bastante tiempo.