Sección 3
Sección 3
—¡Guau! ¡Qué miedo! Está muy alto. No tener una barandilla da pavor.
—¡Waah, detente, Subaru! ¡Es peligroso acercarse al borde, supongo!
Beatrice tiró frenéticamente de Subaru hacia atrás cuando él se asomó al borde de la escalera en espiral.
Joseph y el carruaje que esperaban en el piso inferior parecían puntos diminutos. Las escaleras subían en espiral en el sentido de las agujas del reloj por el interior de la torre, y aunque solo habían subido hasta la mitad, ya hacía bastante frío a esa altura.
—Desde el fondo hasta el siguiente piso hay unas pocas docenas de yardas, pero debido a la forma de espiral de las escaleras, la caminata es de un par de millas… Qué fastidio. ¿En qué estaba pensando el tipo que construyó este lugar?
—Según la conversación reciente, ¿no fue Flugel? Ocurrió hace cuatrocientos años. Tal vez pensaban diferente en aquella época.
—Hay límites a lo que se puede explicar por una brecha generacional. Además…
Mientras Subaru y Beatrice caminaban tomados de la mano, Emilia los seguía un poco más atrás. Subaru miró más allá de ella, hacia la parte final de la procesión—
—No te sacudas tanto.
—¿Ah? Estoy montada en tu espalda, así que agradece.
—Es demasiado trabajo subir y bajar estos cientos de escalones.
—Me haces cosquillas pateando así en mi espalda… ¡Oye! ¡No me jales el cabello!
Shaula fruncía el ceño ante Meili, quien iba montada en su espalda. Pero no había hostilidad en su intercambio. Misteriosamente, parecían llevarse bastante bien.
En ese momento, Subaru y su grupo estaban subiendo la escalera en espiral, yendo del piso más bajo al siguiente.
Julius y Anastasia iban al frente de la procesión, seguidos por Ram, Subaru, Beatrice y Emilia, con la dupla Meili–Shaula cerrando la marcha.
La razón de esa pareja fue que Meili se había quejado de estar cansada y de no querer subir las escaleras, por lo que Shaula se ofreció a cargarla.
—No parece del tipo que suele ganarse el cariño de los niños, pero…
—Si tú también te cansas, Subaru, solo dilo, de hecho. Si hace falta, al menos puedo darte un paseo en la espalda, supongo.
—Jamás llegaremos a eso porque soy un hombre.
Se lo agradecía de corazón, pero, como joven con algo de orgullo, tenía que rechazarlo educadamente. Solo la idea era demasiado. Prefería pedirle un favor a Julius antes que recurrir a eso.
—De todos modos…
—¿Eh? ¿Qué pasa, Gran Maestro? Me estás mirando con ojos muy intensos… ¿¡Por fin te diste cuenta de mis encantos después de cuatrocientos años!?
—¡Qué paciencia tan loca! Y perdona por molestarte mientras Meili juega con tu PONYTAIL…
—No es una PONYTAIL, sino una SCORPIONTAIL.
—¿Eh?
—SCORPIONTAIL.
—Ah, claro, como digas. En fin…
—SCORPIONTAIL…
—¡OK, ya entendí! ¡Qué cosa tan rara para obsesionarse! SCORPIONTAIL entonces, ¡SCORPY! PIONTAIL… CORPY… ¡Qué difícil de abreviar!
Ella estaba extrañamente insistente con el tema, así que Subaru cedió antes de cambiar rápidamente de tema. Lo que quería abordar, por supuesto, era el nombre que Emilia acababa de mencionar.
—Así que quizá sea repetir algo que ya dijiste, pero… ¿estás segura de que tu maestro es Flugel?
—Sip, sip. Ese es tu nombre, Gran Maestro, así que, ¿puedes dejar de actuar raro al respecto? ¡Oh! ¿O es que me estás coqueteando al hacerme repetirlo una y otra vez?
Sus ojos brillaban mientras miraba a Subaru con timidez.
—No tienes que hacer eso. Mi corazón siempre te ha pertenecido, Gran Maestro. ¡Te amooo!
—Nooo, gracias.
—¡¿Tiraste mi amor a la basura?!
Sin perder el ritmo, Subaru tomó los sentimientos que Shaula acababa de expresar y, con dramatismo, hizo como si los arrojara por el borde de las escaleras antes de carraspear. Si dejaba que Shaula llevara el ritmo de la conversación, nunca terminaría.
—Entonces, ¿este Flugel es el mismo que está detrás del Gran Árbol de Flugel, cierto?
—¿Qué es eso? ¿Un árbol enorme en algún lado?
Mientras Shaula se deprimía porque habían despreciado sus sentimientos, Meili ladeó la cabeza y preguntó con inocencia.
Subaru asintió.
—Sí, en las llanuras de Lifaus. Había un árbol que llegaba hasta las nubes, y lo llamaban el Gran Árbol de Flugel. Verlo hizo latir con fuerza mi joven corazón.
—¿Ehh? Ya veoo. Si lo describes así, me dan muchas ganas de verloo.
—Perdón… lo derribé.
—¡Eres muy cruel, hermanitooo!
Subaru solo pudo responder con una sonrisa incómoda cuando destrozó instantáneamente el pequeño sueño de Meili.
—El Gran Árbol de Flugel.
Poco más de un año atrás, ese colosal árbol se convirtió en la carta bajo la manga de Subaru durante la batalla contra la Ballena Blanca. Tras aplastar a la gran Mabestia de la niebla con el tronco caído, el Demonio de la Espada acorraló a la criatura que había buscado durante catorce largos años y le dio el golpe final con su hoja.
—Es difícil de creer que me encontrara con el Flugel que plantó ese árbol en un lugar como este… Aunque ahora que lo pienso, sí recuerdo que alguien lo llamó sabio en algún momento.
—Pero era un sabio cuyos logros son en gran parte desconocidos… Que se le considere un sabio a pesar de eso es algo extraño, supongo
—Solo guiándonos por los pocos logros que se le atribuyen, ciertamente no parecen justificar un título tan elevado como el de Sabio. Quizá simplemente era muy bueno haciendo alarde de sus hazañas… como Barusu.
—¡¿Cuándo he exagerado yo las cosas que hice?!
Esa evaluación grosera le tocó un nervio a Subaru, pero Ram no se mostró afectada por su reacción.
Mientras eso ocurría, Anastasia asentía para sí misma en la parte delantera del grupo. Con Julius guiándola de la mano, giró la cabeza hacia ellos para intervenir.
—Por lo que parece, las hazaña’ de Shaula y Flugel se mezclaron con el paso de las generacione’… O, má’ probablemente, se le atribuyeron toda’ a ella, ¿no?
—¿Quieres decir que Flugel hizo que pareciera que Shaula fue quien logró lo que él hizo?
Los ojos de Emilia se abrieron con sorpresa ante esa teoría tan descabellada. Anastasia asintió y volvió a mirar a Shaula.
—O al menos eso pensaba yo. Pero dime, ¿crees que tu Gran Maestro sería capaz de hacer argo así?
—Mmm, siendo honesta, muchas veces no entendía lo que el Gran Maestro estaba pensando. Pero no le gustaba mucho llamar la atención. O sea, que cargarme a mí con rumores molestos para evitarlos suena totalmente a algo que haría.
No era precisamente la respuesta más inspiradora, pero en líneas generales, Shaula parecía apoyar la teoría de Anastasia. Al mismo tiempo, había algo que molestaba a Subaru.
—Si de verdad quería ocultarse tanto… ¿cómo es que su nombre se transmitió durante siglos como el de un gran sabio?
—Hum, según un libro que leí, la razón por la que conocemos el nombre de Flugel es… porque la frase “Flugel estuvo aquí” fue grabada en el Gran Árbol, ¿verdad?
—¿¡Qué?! ¿Era un niño en una excursión escolar o qué?!
Subaru no podía creer lo que oía. ¿Cómo podía eso considerarse pasar desapercibido?
—Para ser sincero, yo pensé en hacer lo mismo… pero Rem me detuvo. Para que Flugel realmente lo hiciera… debió de ser un tremendo idiota.
—Su nombre cobró vida propia, y por eso el Sabio Flugel se volvió una figura misteriosa y célebre a través de los tiempos. Y ahora, después de tantos años, escuchar de boca de otro Sabio que ese hombre realmente estuvo a la altura de las leyendas… Es algo que hace pensar. Qué emocionante es estar en posición de llenar un vacío en la historia.
—No empieces a hablar como si te obsesionara la historia, por favor…
Julius parecía entusiasmado por aprender un poco de historia oculta de hace cuatrocientos años.
Tenía opiniones fuertes sobre la magia, y además tendía a dar explicaciones largas y enredadas. ¿Quizá tenía un lado nerd bien escondido?
—Dicen que los filósofos tienen muchos amores… Así que este cerebrito debe de ser igual…
—Perdón por interrumpir tus pensamientos, pero mira por dónde pisas. Ya casi llegamos arriba.
—¿Oh?
Al mirar hacia arriba, Subaru vio que el final de la escalera en espiral estaba justo frente a él.
Julius y Anastasia llegaron al rellano unos pasos por delante, seguidos pronto por Ram y el resto del grupo. Fueron recibidos por un espacio abierto que se notaba diferente al del piso inferior.
—Vaya... Esa puerta es ridículamente enorme…—fue lo primero que llamó la atención de Subaru.
La puerta medía más de diez metros de alto y diez de ancho. Estaba hecha de un material extraño que parecía piedra.
—Esta e’ la entrada oficial a la torre. E’ innecesariamente grande, pero en realidad se abrió y cerró cuando entramo’.
—Ya veo. ¿Así que ya han entrado, entonces? …Espera, ¿qué?
Al escuchar que ya habían usado la entrada, Subaru giró la cabeza rápidamente. En el inmenso espacio que los rodeaba, no había nada aparte de las escaleras en espiral que acababan de subir.
—¿Entonces cómo bajaron Joseph y el carruaje hasta allá abajo? No hay forma de que el carruaje bajara por unas escaleras tan estrechas…
—Ah, Shaula cargó el carruaje y al dragón de tierra. Simplemente los levantó sobre su cabeza
—… ¿Pardon?
Pensando que había oído mal, Subaru miró a Emilia, que seguía gesticulando con toda tranquilidad. Y nadie la contradecía.
Al ver la reacción de Subaru, Shaula sacó pecho con orgullo, resoplando ligeramente por la nariz.
—Como ella dijo, los cargué. Sin problema.
—Estoy más impactado que agradecido… Eso suena como algo que ni siquiera Reinhard podría hacer.
En la cabeza de Subaru, Reinhard era sin duda la persona más propensa a hacer cosas absurdas, pero ni él imaginaba que levantar un carruaje entero fuera posible. Podía partir el mundo con su espada, caminar sobre el agua o incluso revivir una vez… pero esa fuerza bruta era…
—De hecho… ¿podría hacerlo? Ya no estoy tan seguro. ¿Es siquiera humano?
Dejando de lado sus confusos pensamientos sobre su amigo, Subaru por fin había entendido cómo había llegado el carruaje hasta abajo. En ese caso, ¿sería que las puertas gigantes frente a ellos también se movían con la fuerza bruta de Shaula?
—Lo único que puedo decir es que no se movieron ni un poco cuando las empujé. Por eso no pudimos hacer mucho para buscar a la señorita Anastasia o a ustedes después de que nos separamos.
—Entiendo. Así que son tan pesadas como parecen. Admito que toda esta estética de ruinas antiguas me emociona, pero…
A Subaru no le disgustaban este tipo de construcciones que parecían sacadas de una novela de fantasía. Desafortunadamente, no estaba en una situación en la que pudiera detenerse a admirar cada detalle.
Al mirar la puerta, sintió una ligera textura arenosa en la lengua. Probablemente porque ese piso estaba conectado con el exterior. Al observar con atención, vio arena amarilla esparcida por el suelo.
—La tormenta de arena e’ fuerte, pero tengan cuidado con la arena que se filtra ar interior. Si respiran demasiao’ sin darse cuenta, su cuerpo no lo va a agradece’.
—Las dunas están llenas de miasma. Sería imprudente subestimarlas solo porque la concentración es baja.
—Sí. Estoy de acuerdo. Pero…
Subaru asintió ante las advertencias mientras alzaba la vista al techo.
Habían llegado a ese piso tras una larga subida por las escaleras en espiral, pero las altísimas paredes de la Atalaya Pléyades seguían elevándose. Al menos, el siguiente piso también estaba conectado por otra escalera en espiral.
—Ver otra vez escaleras es realmente desmoralizante… Pero también hace que todo esto se sienta real.
—¿"Se sienta real"?
—Sí. Esta es definitivamente la Atalaya Pléyades que estábamos buscando.
El resto de sus compañeros asintieron ante su declaración tranquila.
No era que hubieran alcanzado sus objetivos todavía. Aún no habían encontrado una forma de salvar a todas las personas que esperaban su regreso. Pero, aun así, habían superado el primer obstáculo.
Habían llegado a la Atalaya Pléyades, en el borde de las dunas de Auguria, una tierra considerada impenetrable.
—Tsk, tsk, tsk. Ahí tengo que corregirte, Gran Maestro.
Él se volteó a verla, y ella tenía una sonrisa pícara y arrogante.
—Ese nivel de comprensión solo te da noventa y nueve puntos.
—¿¡Eso no es básicamente perfecto!?
—¡Pero te faltó el concepto principal! Y esa puntuación tan alta solo la lograste porque añadí muchos puntos extra por lo mucho que te amo, amo, amo.
Llevando una mano a la frente, Shaula parecía estar reflexionando sobre lo generosa que había sido con su calificación. Luego, aún cargando a Meili en la espalda, corrió al frente del grupo, giró sobre sí misma con estilo y extendió los brazos, teniendo la enorme puerta a su espalda.
—La Atalaya Pléyades es solo un nombre temporal para una función temporal. Ahora que el Maestro ha vuelto, puede cumplir su propósito original.
—¿Original…?
—¡Así es! Esta es una gran biblioteca donde puedes encontrar todo lo que quieras saber y todo lo que quieras descubrir.
El rostro de Subaru se estremeció al escuchar eso.
Porque era exactamente lo que ellos—lo que él—deseaba desesperadamente. Un método de omnisciencia para conceder la salvación a los ignorantes. Eso era lo que habían venido a buscar.
Y el nombre de esa salvación era:
—¡La Gran Biblioteca Pleiades da una muy, muy, muy feliz bienvenida a tu regreso, Gran Maestro!