Sección 5
Sección 5
La agonía recorrió a Subaru cuando recuperó la conciencia después de conocer el origen de una Bruja con la que se había encontrado una vez antes.
—¡¡Aghhh!!
Era como si su conciencia estuviera siendo arrancada del libro con un tirón audible. Consumido por la sensación de sangre seca y pegajosa aferrándose a él, era como si lo desgarraran sin importar las capas externas que se llevaban en el proceso.
El dolor no estaba en su cabeza ni en su cuerpo. Estaba en su alma.
Su alma había sido arrastrada dentro del libro, y el dolor provenía de arrancarla de nuevo.
—¡Subaru!
La voz de Emilia resonó a su lado mientras el libro se le escapaba de las manos. Cayó boca abajo y abierto en el suelo mientras ella le sujetaba el hombro.
—¿S-sí…?
—¿E-estás bien? Sonaste reeealmente adolorido hace un momento…
—S-sí, conseguí que no me arrancara… ¿creo? Estoy aquí, ¿cierto?
Apretándose el pecho mientras su corazón latía con furia, Subaru respiró hondo varias veces. Sus ojos miraban a su alrededor hasta que por fin se detuvieron en Emilia.
—Ah, ver tu cara es un alivio. Déjame descansar un poco más en tu hombro.
—Está bien, pero… ¿Qué pasó?
Aceptando su petición, ella siguió sosteniéndolo. Escuchando eso, Beatrice se acercó para recoger el libro que había caído al suelo.
—Hace un momento, tu expresión se volvió extraña después de tocar este libro, supong―
—¡Espera, Beatrice! ¡No lo toques!
Subaru intentó detenerla antes de que recogiera el libro, pero antes de que pudiera decir algo, ella ya lo había levantado. No lo había abierto todavía, pero frunció el ceño ante la advertencia de Subaru mientras leía el título.
—Typhon. ¿Es el nombre de alguien que Subaru conoce, supongo?
—A-así es. ¿Acaso tú no…?
Subaru se contuvo antes de terminar la pregunta. Pero ella no respondió ni afirmativa ni negativamente. Su expresión se ensombreció, mostrando confusión por lo que Subaru había dicho. Mientras tanto, abrió el libro y miró sus páginas.
—¡Idiota!
—Decir “idiota” es bastante grosero, de hecho. Este libro no tiene nada especial, es igual que los demás, supongo.
Temía que ella recibiera el mismo impacto que él había sufrido, pero no mostró ninguna reacción particular ante el contenido. Para ella, era igual que cualquier otro.
—Pero, para Subaru, no luce igual a los demás libros… O eso parece, de hecho.
—… Exacto. Pero ¿por qué solo yo?
—¿Podría ser que, justo como el acertijo de la habitación, solo Subaru puede entenderlo? O que solo funciona para Subaru, quien resolvió el acertijo.
—Si es así, esto se está volviendo cada vez más desagradable…
Subaru negó con la cabeza, sintiendo un mal presentimiento.
Lo que había aparecido en su mente, lo que había experimentado, eran los recuerdos de esa mujer, con un detalle tan vívido y aterrador que resultaba sofocante.
El olor, el sabor, la sensación y el peso de todas las vidas destrozadas.
Subaru sentía que era un milagro haber regresado después de experimentar con tanta intensidad la vida de otra persona. Era perfectamente posible haberse visto arrastrado por completo a la vida de alguien más. Ese temor y repulsión lo había sentido en carne propia hace un momento.
—Subaru, ¿quién es esa Typhon?
—Sería difícil explicarlo… Un momento, ¿quizás no sea tan difícil a Emilia-tan? No sé si la viste, pero estaba en la Tumba.
Emilia y Beatrice se quedaron paralizadas por la sorpresa.
—Typhon fue una de las brujas históricas. La Bruja del Orgullo, que se veía como una pequeñaja como Beako, pero con piel bronceada. Sin embargo, ella era la personificación de la expresión “inocentemente cruel”.
Emilia y Beatrice negaron con la cabeza, sin tener idea de a quién describía.
Supongo que esa Fiesta del Té de las Brujas fue un espectáculo especial solo para mí. Incluso si todo fue para sus propios fines, realmente no escatimó en esfuerzos.
—Inocentemente cruel, ¿eh?
Al decirlo, recordó de forma automática a la Typhon con la que había pasado un corto tiempo. Aunque hubiera sido en un extraño plano espiritual, era difícil olvidar cómo le había roto los brazos y las piernas. Aunque se curaron de inmediato, el impacto de perder las cuatro extremidades no era algo que se desvaneciera fácilmente.
Pero sentía que, después de esa “sesión de lectura”, había tocado un pequeño fragmento de su naturaleza aberrante. Por supuesto, eso no significaba que pudiera entender de repente su forma de pensar.
—En cualquier caso, el libro que leí ahora era… ¿las memorias, la vida, el origen? de una niña llamada Typhon. En resumen, tuve la experiencia vicaria de su vida. No es algo fácil de digerir.
—¿Una experiencia vicaria con los recuerdos de otra persona? Esto recuerda cada vez más a las Pruebas de la Tumba.
—En aquel caso, solamente fue una lucha con tus propios recuerdos. Aunque, bueno, fue facilísimo.
—S-sí, facilísimo.
Ignorando convenientemente los episodios de llanto y colapsos mentales tras enfrentarse una y otra vez a los desafíos, Subaru y Emilia simplemente asintieron.
—Dejando de lado por el momento que ustedes dos quieran hacerse los duros, Un libro que provoca experiencias vicarias con los recuerdos de otra persona… En otras palabras, es una manera de acceder al pasado, supongo. En ese caso, el concepto de una biblioteca donde uno puede saber todo lo que quiera saber…
Beatrice estaba reflexionando sobre lo que le había pasado a Subaru, pero antes de que pudiera terminar, otra voz interrumpió.
—Agh…
El quejido provenía del estante donde Julius y Anastasia estaban investigando. Al mirar, vieron a Julius arrodillado en el suelo con un libro en las manos.
Justo detrás de él, Anastasia lo miraba sorprendida mientras le sacudía el hombro antes de quitarle el libro.
—¿Julius? ¡Julius, aguanta! ¿Pue’es oír mi voz?
—Señorita… Anastasia…
—Exacto, bien. Lento, respira profundo… Sí, así. ¿’Tas bien?
Con un aspecto similar al de Subaru momentos antes, la consciencia de Julius volvió a la realidad. Anastasia dejó ver un gesto de alivio. Incluso exhausto, parecía una figura sacada de una pintura.
—¿Te da vueltas la cabeza después de leer un libro difícil? Entiendo cómo te sientes.
—No te burles por instinto. Julius, ¿de verdad estás bien?
Emilia tiró suavemente, pero con firmeza, de la oreja de Subaru cuando este empezó a provocarlo. Él, con el rostro algo pálido, negó ante las palabras preocupadas de Emilia.
—Mis más humildes disculpas por preocuparla. Me avergüenza haber reaccionado de forma tan dramática… Sin embargo, realmente fue una experiencia que puso a prueba mi corazón.
Julius respondió con elegancia, ocultando su inquietud. Sin embargo, no podía ocultar el sudor frío que le perlaba la frente. Anastasia le secó suavemente la frente con un pañuelo.
—Aunque la terque’ad es parte de la naturaleza de un shico, habla cuando te sientas mal, ¿sí? Si insistes en hacer argo que te sobrepasa, también causarás problemas a los demá’.
—Sí, señorita Anastasia. Gracias por su preocupación.
—Ajá, Anastasia tiene toda la razón, Subaru.
—¡No sé por qué me lo recuerdas a mí, pero sí, la tiene!
Con ambas líderes y sus caballeros cerrando ese pequeño paréntesis, la atención volvió al libro que Anastasia sostenía. El mismo que Julius había visto y que, probablemente, le había hecho vivir algo similar a lo que Subaru experimentó. Al mirar el lomo, Subaru leyó el título:
—Balleroy Temeglyph. ¿Lo conoces?
—No es un nombre que haya oído. Creo que estoy seguro.
Emilia miró de reojo a Subaru después de leerlo, pero él negó con la cabeza. Y, pese a todo, tenía confianza en su memoria. Recordaba a cada persona que había conocido, desde la aldea Earlham hasta el comerciante de frutas en la capital.
—Ese nombre… me suena haberlo escusha’o. Creo que… sí, cierto. ¿No es ese er nombre de un generar der Imperio de Vollachia?
—… Más precisamente, es un antiguo general.
Julius completó el recuerdo vago de Anastasia. Eso bastaba para entender que era alguien con quien Julius había tenido alguna conexión.
—Vollachia… Es el país al sur, ¿no? ¿Incluso conoces a un general de ahí?
—Una vez más, es un antiguo general. ¿Es eso tan extraño? Después de todo, soy uno de los caballeros reales. Dado que Lugnica y el Imperio de Vollachia son vecinos, no debería ser inesperado que unilateralmente conozca su nombre.
—Ya veo, conque alguien conocido unilateralmente… eh.
Subaru entornó los ojos y asintió ante esa explicación. Miró a Anastasia y le tomó el libro de Balleroy de las manos. Tras vacilar un momento, lo abrió.
—También traté de leer el libro después de escuchar el nombre unilateralmente, pero nada sucedió.
—… Subaru…
—Ahora mismo, lo que más importa entre nosotros es la confianza, ¿no? ¿Acaso yo era el único que pensaba que había confianza entre tú y yo?
—… Qué manera tan cruel de decirlo.
Julius apartó la mirada mientras Subaru le lanzaba una mirada acusadora.
—Fuera de las personas aquí presentes, no hay nadie en quien pueda confiar. Tú y la señorita Anastasia me brindan un apoyo mental que ni siquiera Reinhard me da.
—… Esa manera de decirlo me desagrada por algún motivo.
—Tampoco fue agradable decirlo en voz alta.
Subaru se frotó la nariz y Julius se acomodó el cabello antes de cerrar los ojos. Luego suspiró y se inclinó ante Anastasia y Emilia.
—Permítanme disculparme, señorita Anastasia, señorita Emilia. Dejé que un sentimiento personal y trivial se colara en mi respuesta. Fue una acción imperdonable y egoísta cuando debí haber compartido el contenido del libro.
—Que seas perdona’o o no depende de mi temperamento y der de Emilia. ¿Qué piensas?
—Lo que quiero decir, ya lo han dicho Subaru y Anastasia. Así que, piensa en lo que debes hacer ahora. Eso es todo.
Emilia y Anastasia aceptaron su disculpa sin dificultad, y Julius hizo una última reverencia profunda. Quien comete un error y se disculpa con todo su ser suele reaccionar con fuerza al ser perdonado. Era algo que Subaru conocía muy bien, una sensación demasiado familiar para él.
Mientras Subaru observaba la escena, Julius empezó a hablar lentamente, como si se arrancara una costra que ya casi había sanado.
—Balleroy Temeglyph. En el Imperio Volakiano, famoso por su despiadada meritocracia, existen nueve generales considerados los guerreros más fuertes del país: los Nueve Generales Divinos. Y él fue uno de esos nueve.
—Nueve Generales Divinos… Es un título bastante intenso. Aunque, no voy a mentir, me gusta el sentido para nombrar.
—Todos ellos son guerreros sin igual. En cuanto a fuerza pura a nivel nacional, el Imperio de Vollachia está a la par del Reino de Lugunica… o tal vez incluso sea más fuerte. En términos militares, dejando de lado el Pacto con el Dragón Divino y la existencia de Reinhard, a nuestro reino le costaría muchísimo enfrentarse a ellos en una guerra.
—Es un poco raro que lo primero que se te ocurra sea suponer que habría una pelea…
Subaru se rascó la mejilla, guardando en silencio la estimación de fuerza militar de Julius en un rincón de su mente.
Ahora que lo pensaba, no sabía demasiado sobre la situación en otros países fuera de Lugunica.
—Entonces, si hablas de este tal Balleroy en pasado, eso significa que…
—Sí, falleció. Fue un hombre con una fuerza excepcional, un guerrero noble y un maestro digno de respeto. Y quien le arrebató la vida… fui yo.
Julius tenía una expresión sombría al recordar el último momento de un general extranjero.
—Haber mata’o ar generar de otro país… Es bastante sorprendente.
—Señorita Anastasia, usted… No, claro, ahora no lo recordaría.
Julius bajó la mirada cuando Anastasia reaccionó como si fuera la primera vez que escuchaba esa historia. Por su reacción, probablemente se lo había contado antes de que ella olvidara su existencia y antes de que Eridna tomara su lugar.
—Ehm… si el libro que leí no está equivocado, ¿no es cierto que Lugunica y Vollachia se llevan reeealmente mal…?
—Entonces, ¿matar a un general de ellos no sería motivo para que empezara una guerra?
Julius asintió, pareciendo un poco aliviado ante esa duda honesta y directa.
—Fue el resultado de una situación bastante complicada. Reinhard y Ferris también estuvieron involucrados, pero… resumiendo, el exgeneral estaba planeando un golpe de Estado en el imperio. Yo terminé encontrándome con él porque justo me encontraba en el Imperio de Vollachia cuando ocurrió todo.
—Así que esos dos también estuvieron ahí. ¿No estaba prohibido exportar a Reinhard?
—Se le concedió un permiso especial. El emperador de Vollachia quería conocerlo… Y, aunque venga de ti, ¿no crees que la palabra “exportado” es bastante inapropiada en este caso?
—No se me ocurrió otra en ese momento. ¿Qué, mejor hubiera dicho “de contrabando”?
En cierto modo, tenía sentido: sacar del país algo que oficialmente no podía salir.
Después de lo que había vivido en Priestella, Subaru sabía muy bien lo aterrador que sería para cualquier ejército tener a Reinhard en su territorio. No le costaba imaginar por qué existían tratados que prácticamente prohibían que se acercara demasiado a la frontera.
—En fin, el nombre de ese exgeneral era Balleroy Temeglyph. Como resultado de nuestro duelo, yo sobreviví, como puedes ver… pero fue una pelea muy reñida. Un solo paso en falso y nuestras posiciones se habrían invertido. Su pérdida fue sentida profundamente.
—Lo estás poniendo en un pedestal bastante alto. Y eso que estamos hablando de alguien que planeó un golpe de Estado… y fracasó.
—No pregunté los detalles de la situación. Sin embargo, después de haber cruzado espadas con él, estoy bastante seguro de que no participó en el golpe por deseo de beneficio personal o ganancia propia.
La firmeza de ese argumento era prueba suficiente de que el asunto seguía siendo una espina clavada para Julius. Y, al sentirlo así, Subaru ladeó la cabeza.
—Entiendo que lo reconozcas como guerrero. Pero, en ese caso… y no sé bien cómo decirlo… No me imagino que le hiciera feliz saber que la persona que lo venció piensa como tú.
—¿A qué te refieres?
—Exactamente a lo que acabo de decir.
Con la personalidad de Julius, era natural que quisiera elogiar a un oponente verdaderamente poderoso, pero si ese oponente era un guerrero de verdad, entonces con más razón: el resultado de la batalla lo decidía todo.
—Creo que se sentiría mejor si quien lo derrotó estuviera simplemente orgulloso de la victoria, en lugar de llenarla de excusas y matices. Aunque, para ser sincero, no puedo dejar de pensar que, si hubieras perdido en aquel momento, yo no habría terminado convertido en saco de boxeo frente a toda una multitud cuando empezó la selección.
—… Si eso hubiera pasado, Reinhard habría tomado el papel de golpearte en el patio de entrenamiento.
—¡¡Él me habría destrozado!!
Julius dejó escapar por fin una leve sonrisa. Satisfecho con eso, Subaru guardó silencio y se encogió de hombros, mientras Julius retomaba la conversación.
—Nos hemos desviado un poco. Esa es la conexión entre el señor Balleroy y yo. Mis disculpas. Como regla, es un evento que está prohibido discutir en público, pero también es un recuerdo difícil para mí.
—Así que es algo que no se puede discutir abiertamente. Entiendo. Mantendré mi boca cerrada.
—Bien, entendido. También guardaré el secreto.
Con la explicación de Julius, Subaru y Emilia coincidieron en que guardarían el secreto. Y ahora que sabían la identidad de la persona cuyas memorias había experimentado Julius…
—Tiene sentido ahora, de hecho. En resumen, estos libros permiten al lector tener experiencias vicarias de personas que hayas conocido, supongo.
—Yo tuve a la bruja, y Julius tuvo al general. Creo que tienes razón
—Me parece haber escusha’o una palabra que no pue’o dejar pasar. Natsuki, ¿has conoci’o a una bruja? No me gusta ese círculo de amigos tuyo. ¿‘Tás de lleno en er Curto de la Bruja?
—A mí también me dan un montón de miedo, así que no te preocupes, no soy un CHARACTER así de profundo. De hecho, últimamente me preocupa ser alguien muy simplón.
Subaru se encogió de hombros con resignación. Ante su respuesta, Emilia, Beatrice e incluso Julius pusieron cara como si hubieran mordido algo agrio.
—Ya entiendo er significa’o de los libros de esta biblioteca. Pero, pa’ compartirlo tendré que decir argo aterra’or
—Preferiría no escucharlo, pero… ¿Qué?
—To’os los libros en esta biblioteca tienen un nombre inscrito, ¿sí?
Anastasia señaló los dos libros titulados Balleroy y Typhon.
Subaru los miró, temeroso de escuchar lo que vendría a continuación, y asintió.
—Exacto.
—Er punto en común entre er libro der generar der imperio y er de la amiga bruja de Natsuki.
—No es mi amiga.
—Y er de la amiga bruja es… que es er libro de arguien falleci’o.
No estoy seguro de si Typhon debería considerarse realmente fallecida, pero dado que la tumba donde se celebró la fiesta del té ya no existe, supongo que debería estar completamente muerta.
No puedo estar tan seguro con Echidna, considerando cuántos signos de interrogación siguen existiendo en torno a Eridna.
A pesar de esa pequeña espina en el fondo de su mente, Anastasia levantó las manos y señaló todo alrededor de la sala.
—¿Y si los libros aquí incluyen los nombres de ca’a persona desde er pasa’o ar presente en este mundo? Si es así… encontrar el libro de alguien en concreto, ¿cuánto tomaría?
Subaru miró los interminables estantes de libros que Anastasia señalaba y tuvo un pensamiento.
—Me retracto. El tipo que creó esta torre no es el peor.
—Es el absoluto peor.