El Archivo de Taygeta
Capítulo 3
El Archivo de Taygeta
Sección 1
—Aun así, esto es demasiadooo.
Murmuró Meili mientras miraba los estantes de libros y jugueteaba con su trenza.
Subaru se apartó del estante que había estado observando.
—¿Por qué? ¿Ahora que descubrimos el truco, te dio curiosidad?
—Difícil de decir… pero, entre más personas muertas conozcas, más libros puedes leer, ¿no? Eso podría ser bastante útil para mííí.
—...
La mano de Subaru se detuvo ante el comentario casual de Meili. Ella parecía casi confundida por su reacción, pero aquella idea lo inquietó.
Meili había matado a muchos con sus propias manos, así que conocía a muchas personas muertas. Subaru no sabía qué decirle a aquella chica que había sido entrenada como asesina desde pequeña.
—La compasión también es una forma unilateral de verlo…
Como alguien ajeno, ¿acaso estaba bien que la compadeciera o sintiera lástima por ella? Más que nada, lo que le entristecía era ver que ella ni siquiera lo consideraba un problema.
Tras finalmente desbloquear el archivo de Taygeta, su grupo se encontraba enfrentándose, a prueba y error, con la vasta riqueza de libros que este ofrecía.
Era una biblioteca que permitía a los lectores experimentar los recuerdos de los difuntos y aprender cosas que jamás podrían haber sabido. Solo por esa descripción, cualquiera pensaría que las posibilidades eran infinitas, pero…
—Si la señora de la bufanda tiene razón, entonces todos los que han muerto tienen un libro aquí, ¿ciertooo? Pero… ¿Será toda la gente que ha vivido alguna vez o solo los que han existido desde que se construyó la torre?
—Ni idea. Incluso si fuera solo desde que se construyó, eso significaría alrededor de cuatrocientos años de registros; de libros de muertos. No hay forma de que podamos revisarlos todos.
Incluso hojear solo los títulos llevaría una cantidad de tiempo enorme.
Desde que Subaru y Julius encontraron coincidencias, el grupo no había hallado nada más. Era una muestra de la magnitud de cuatrocientos años de historia.
—No es que me moleste no tener que pasar por eso otra vez…
—No te quejes tanto. Beatrice y la Hermana Mayor se preocuparán si te oyen. ¿Y qué pensará esa mujer medio desnuda?
—No hagas que parezca que tengo un montón de intereses amorosos… Quiero decir, tampoco puedo negarlo del todo, pero por pura apariencia, voy a hacerlo. Y sobre Shaula…
Subaru se encogió de hombros antes de mirar de reojo a Shaula. Un poco más lejos, Julius y Anastasia la estaban interrogando. En cuanto ella notó la mirada de Subaru, sus ojos brillaron y le lanzó un beso al aire. Él se tomó la molestia de apartarlo con la mano.
—Je, je… Eres un hombre malo, hermanitooo.
—Por alguna razón, oír eso de ti duele más que escucharlo de Ram o de Anastasia.
Que una niña pensara lo peor de él le dolía un poquito más de lo que esperaba. Sintiendo un leve pinchazo en el pecho, Subaru se rascó la cabeza.
—Oye, el momento quizá sea un poco raro, pero… ¿Puedo preguntarte algo?
—¿Ehhh? … ¿No tienes ya suficientes chicas, hermanito?
—¡Lo estás entendiendo mal! ¡¡No es nada de eso!!
—Es broma… Si quieres preguntar algo, pregúntalo.
Inclinando la cabeza, Meili entornó los ojos con coquetería. Había en ella un aire casi seductor.
—Si tú lo dices… Ahí va… ¿Cuándo te convertiste en asesina?
—¡Pfff… JAJAJAJA!
—¿¡Eh!? ¿¡Qué!? ¿Por qué te ríes de eso?
Había intentado preguntarlo con toda la seriedad que podía reunir, pero la forma en que ella rompió a reír dejó a Subaru desconcertado. Meili se secó las lágrimas de los ojos antes de responder.
—Perdóóón, es que parece una pregunta que deberías haber hecho mucho antes. O sea, he estado en tu mansión como un año ya, ¿no? ¿Cómo es que no te importó hasta que vinimos a esta torre arenosa?
—Visto así… supongo que no debería haberte estado regalando peluches nada más.
—Sabes, es porque me diste regalos que me gustas, hermanito, je, je.
Llevándose la mano a la boca, Meili lo miró con ojos juguetones.
Y tenía razón. Era ridículamente tarde para que Subaru se planteara eso ahora. La única razón por la que se le ocurrió en ese momento era porque estaban en un archivo lleno de recuerdos de muertos.
Porque aquí, la sensación de muerte estaba innegablemente presente…
—Simplemente me olvidé hasta que empezamos a husmear en un lugar como este…
—¿Te olvidaste?
—Este último año, para mí has estado en la categoría de niña-que-juega-con-muñecas. Y no creo que sea el único que te ve así.
Claro que Subaru no era tan ingenuo como para olvidar completamente lo peligrosa que podía ser Meili. De hecho, justo después de capturarla y encerrarla en la mansión, habían estado muy atentos. Pero como nunca intentó escapar ni lastimar a nadie allí, con el tiempo, se relajaron.
—Fue complicado, pero te llevaste bastante bien con Petra, ¿no?
—Ayy… Sabes que Petra era muuuuy terca, ¿verdad?
—¿En serio?
—Ajá. Dijo que no sabía si yo era amiga o enemigaaa, así que podía hacerle lo que quisiera. Después de eso, no podía traicionarla.
—Guau, eso es increíble. Petra es una pequeña diablilla…
Al oír que Petra había estado trabajando tanto tras bambalinas, Subaru se sorprendió. No tenía idea de que la cálida amistad entre Petra y Meili tuviera ese tipo de trasfondo.
—No pensé que estuviera haciendo trabajar así a alguien que no fueran Otto o Roswaal…
—Creo que todos están dando lo mejor para que tú y la Chica Grande… sobre todo ella… puedan seguir siendo como son.
Subaru asintió ante el análisis de Meili mientras ella abrazaba sus piernas y apoyaba la barbilla en las rodillas.
Actuar para proteger a Emilia. Ese era el deber de Subaru como su caballero, pero todos en su grupo compartían de algún modo ese sentimiento. Subaru pretendía estar más atento a eso, pero en estas cosas siempre terminaba yendo un paso detrás de los más perceptivos. Jamás habría imaginado que Petra también estaba en esa lista.
Dejar que Emilia sea Emilia. Aunque no se comportaban de forma sobreprotectora, eso era lo que todos en su grupo deseaban.
—… Empecé a trabajar hace cinco o seis años.
—… ¿Estás dispuesta a hablar de ello?
—Fui yo quien dijo que, si querías saber algo, lo preguntaraaas. No es como si estuviera empeñada en esconderlo.
Meili inclinó la cabeza, su cabello azul cayendo de los hombros mientras mostraba un gesto de ligera exasperación. El vaivén de su trenza atrapó la atención de Subaru mientras ella comenzaba a explicar con total naturalidad.
—Como dije antes, en mi caso era más bien obedecer a Mamá que trabajar. Se ponía realmente, realmente aterradora si no hacías lo que decía.
—Mamá, ¿eh?
Subaru entendió que Meili no se refería a su madre biológica. En cierto sentido, era algo así como una madre adoptiva, aunque para él no era más que la responsable de las distorsiones en el carácter de Meili y no merecía ningún respeto.
Usar el terror para obligar a una niña a cumplir órdenes y moldearla como asesina…
—Ella sabía desde el principio que podía hacer que las mabestias me obedecieran, así que esa parte no fue un problema. Por eso me recogió en primer lugar.
—Espera un momento. ¿Te recogió? Entonces…
—¿Hum? Ah, sí, fui abandonada. Me dejaron en un bosque antes de que pudiera recordar nada y fui criada por mabestias.
Lo dijo como si no tuviera importancia, pero era una historia bastante impactante. Ser criada por mabestias desde bebé…
—No es momento de hacer comentarios sobre que literalmente fuiste criada por lobos. Además, ¿las mabestias siquiera pueden criar a un bebé?
—Sería imposible para un niño normaaal. Pero yo tenía la habilidad de llevarme bien con las mabestias desde que nací… Por eso, al parecer, me salvaron.
Meili se detuvo un momento mientras Subaru la miraba sin palabras.
—Bueno, de todas formas, esta bendición probablemente también sea la razón por la que me abandonaron… Así que es difícil decir si fue algo bueno o malo. je, je.
—Meili…
—¿Hmm? ¿No fue graciosooo? Pensé que eso sacaría una risa.
Meili fingió estar dolida mientras Subaru luchaba por decidir qué decirle. ¿Debería mantener la expresión apenada o era el momento para un poco de humor negro?
En cualquier caso, el corazón de Subaru no estaba lo suficientemente blindado para elegir lo segundo.
—No me mires así, hermanito. A mí no me molesta en lo más mínimo.
—¿No te… molesta?
—Mucha gente que nace con bendiciones sufre. El señor consejero y el señor colmillos también… Seguro que ellos lo entenderían.
Mencionó a Otto y a Garfiel como ejemplos de las dificultades inevitables para quienes nacían con bendiciones.
Otto ya había dicho algo parecido antes. Incluso las bendiciones que a primera vista podían parecer convenientes, traían consigo problemas que solo podían comprender de verdad quienes las sufrían en carne propia.
—Me abandonaron por mi bendición, luego me recogieron por ella. Hice el trabajo que hice, y así fue como terminé aquí, con todos ustedes… Es curioso cómo funciona todo.
—… Sin duda, ha sido una vida movida…
—Si me preguntas, terminar no matando habría parecido mucho más antinatural.
—Ese debate ya está cerrado. No lo vuelvas a hacer. No importa cuántas veces lo hayas hecho antes. Nada ha cambiado… En fin, solo como hipótesis…
—¿Qué?
Meili ladeó la cabeza y miró hacia arriba, hacia Subaru, mientras él señalaba las estanterías. Había incontables libros. Si realmente eran los rastros de todos los que habían vivido en ese mundo…
—Si los libros de tus padres estuvieran en algún lugar de estas estanterías… ¿querrías leerlos?
—¿Mis padres? ¿No Mamá, sino mis padres de verdad?
Subaru asintió mientras Meili mostraba una expresión de sorpresa.
No era imposible. Meili había dicho que sus padres la abandonaron de bebé, pero no tenía forma de saberlo con certeza. Era totalmente posible que hubiera alguna circunstancia atenuante que los obligara a hacerlo, y que la respuesta a esa pregunta estuviera en esos libros.
—La verdad es que no me importa en lo más mínimo.
Respondió con una expresión de desconcierto.
No estaba fingiendo fortaleza ni tratando de aparentar. Esos eran sus sentimientos sinceros. Ni siquiera sentía odio u hostilidad. Simple y llanamente, le era indiferente.
—Ya veo…
—No me malinterprete, hermanito. No les guardo rencor por haberme abandonado. Simplemente, no importan lo suficiente para eso.
En la vida de Meili, los padres que la habían abandonado no tenían ningún peso. Desde su punto de vista, aparte del acto inicial de traerla al mundo, jamás habían tenido relación con ella.
—Supongo que así es cómo es.
Subaru exhaló.
Un viaje para encontrarse a uno mismo era una forma muy cliché de describirlo, pero Subaru sentía que había un valor real en descubrir las propias raíces.
Al mismo tiempo, esa era solo la opinión de un espectador. Si Meili no lo sentía así, él no tenía más remedio que aceptarlo.
—En ese caso, el valor de que existan estas estanterías me está pareciendo cada vez más dudoso…
—Por cierto, ¿qué ibas a hacer si yo decía que sí quería leerlos?
—¿…? Pues buscarlos, obviamente. Quiero decir, hacerlo de inmediato sería imposible, pero podríamos investigar tu pasado y, si lográramos descubrir un nombre, hacer tiempo para—
—De verdad eres un tonto, hermanito.
—¡¿Y ahora qué hice para merecer eso?!
Era un insulto tan simple que lo único que Subaru pudo hacer fue alzar la voz. Meili simplemente negó con la cabeza y se puso de pie. Sacudiéndose el polvo de la ropa, echó un vistazo hacia las estanterías.
—Quiero decir, no hay manera de que encuentres el libro que buscas entre todos estos.
—Si me preguntas, mientras haya una posibilidad, vale la pena intentarlo.
—Pues qué lástima. Porque no hay ningún libro de alguien que yo quiera leer…
Fue tenue, pero su voz se apagó ligeramente al final. Subaru frunció el ceño.
—¿Hmm?
—Solo pensaba…—Meili se dio la vuelta—. Aquí aparecen más libros cuando la gente muere, ¿verdaaad?
—Sí. O al menos eso creo.
—Me pregunto cómo funcionará esooo. Si murieras aquí y ahora, ¿tu libro aparecería de repente? Me da curiosidad.
—¡Ya veo! Lamentablemente, ¡no pienso probar esa hipótesis por ti!
A Subaru le parecía casi insultante que ella pudiera haber pensado que aceptaría algo así sin más. Para él, no había manera de jugarse la vida en eso.
Meili frunció los labios en un puchero.
—Parece que se están divirtiendo. ¿Encontraron algo?
Al escuchar su intercambio, Emilia, que había estado revisando las estanterías, se acercó para ver cómo estaban. Había expectación en sus ojos, pero por desgracia, no tenían nada más que conversación para compartir.
Subaru se sintió mal por no tener algo más concreto que ofrecer cuando…
—Ah, hermana mayor, escucha, escucha. El hermanito estaba coqueteando conmigo.
—¡No estaba! ¡De hecho, hablamos de lo preciosa que eres, Emilia!
—Eso me hace muuuy feliz, pero no deberías negarlo tan fuerte. Si reaccionas así, harás que Meili se sienta triste, ¿verdad?
Emilia ni siquiera fingió estar avergonzada mientras desestimaba con naturalidad la reafirmación de amor de Subaru. Tras regañarlo suavemente, se volvió hacia Meili y se disculpó.
—Lo siento, Subaru tiene la costumbre de querer presumir. Hablaré seriamente con él, así que solo dile que es genial y perdónalo por ahora.
—… ¿Qué piensas del hermanito?
—¿…? Subaru es mi caballero especial e importante…
Los ojos de Emilia se abrieron un poco, sin captar el sentido de la pregunta.
Al ver eso, Meili sonrió débilmente y miró a Subaru, que había encorvado los hombros.
—Parece que tienes un camino difícil por delante, hermanito.
Un silencio grave y apesadumbrado fue todo lo que Subaru pudo ofrecer como respuesta.