Sección 2
Sección 2
—¿Dónde está el camino hacia el siguiente piso, de todos modos?
—Todavía no tenemos pistas sobre eso…
Emilia ladeó la cabeza, mientras Subaru la giraba en dirección opuesta.
Después de haber sido completamente y absolutamente superado por una niña pequeña, Subaru soportaba el amargo sabor que le quedó en la boca mientras él y Emilia se veían obligados a considerar un cambio de planes.
La nueva prioridad era superar cualquier desafío que se interpusiera en su camino y ascender al segundo piso de la Torre de Vigilancia de las Pléyades, en lugar de intentar usar los incontables libros de los muertos que llenaban Taygeta.
—Siento que este archivo es demasiado para nosotros en este momento…
—Mm-hmm… Incluso si logramos encontrar un nombre que conozcamos, las probabilidades de que sepa lo que queremos aprender… parecen muy bajas.
Los ojos de Emilia se entristecieron con pesar, pero tenía razón. Por desgracia, era difícil afirmar que los libros de los muertos fueran adecuados para encontrar la información que necesitaban.
Buscar los recuerdos de una persona muerta cuyo nombre y rostro pudieran identificar requeriría una enorme cantidad de tiempo y una suerte del tipo que se necesita para ganar la lotería. No podían darse el lujo de contar con ninguno de esos dos factores. El tiempo era obvio, pero depender de la suerte era básicamente un suicidio en opinión de Subaru.
—Lo más probable es que la información que queremos esté en otro piso.
—Pero no hay forma de llegar al siguiente piso. Salté encima de las estanterías, pero no funcionó.
—Emilia-tan, eres bastante intrépida, ¿verdad?
Cuando decidieron buscar las escaleras para subir, Emilia había saltado inmediatamente encima de una estantería para comprobar si había una escalera oculta en algún lugar. Por desgracia, no encontró ningún pasaje, así que su salto decidido no había dado frutos.
Por cierto, cuando saltó sobre la estantería, el dobladillo de su falda corta se balanceó de manera bastante dramática, causando una breve escena que dejó a Subaru visiblemente nervioso.
—Lo aprendí de Puck. Emm, ¿cómo era? ¿Una dama siempre debe ser elegante y moverse con gracia? No te preocupes, siempre tengo cuidado.
—Quiero elogiar a Puck, pero también quiero reprochárselo; qué dilema… En fin.
Dejando de lado esa revelación sorprendente, el intento fallido de Emilia era suficiente para decir que no podían abrirse paso por la fuerza hasta el siguiente piso. Por eso, su búsqueda de un camino hacia Electra estaba en serios aprietos. Era casi como una pregunta de seguimiento al examen anterior.
Ponerse demasiado complicado haría que los desafiantes simplemente se rindieran, pero probablemente Flugel había tenido eso en mente al diseñarlo. Vaya sujeto desagradable.
—Me encantaría ver la cara de sus padres cuando se den cuenta de que criaron a un monstruo… Aunque, ni de chiste, incluso su apariencia es un misterio.
—… Subaru, ¿me permites un momento?
Julius lo llamó.
Él y Anastasia habían afrontado la sala llena de libros desde otro ángulo, así que Subaru esperaba que tal vez hubieran descubierto algo, pero…
—Claro. ¿Has encontrado algo?
—Por desgracia, no puedo afirmar que haya resultados dignos de mención. A pesar de mis mejores esfuerzos, no logré discernir ningún sistema de organización que rija cómo están ordenados los libros. No parece que estén clasificados ni por nombre ni de forma cronológica.
—Ya estaba bastante claro que no están organizados por nombre, pero tampoco por tiempo, vaya.
Descifrar cómo estaban ordenados los libros de los muertos era su única esperanza para entender cómo usar el archivo de Taygeta. Si hubiera un método más sencillo para buscar libros específicos, podría resultar muy útil.
El tema de cómo se añadían los libros había salido en la conversación con Meili, pero si no estaban dispuestos en ningún orden cronológico discernible, entonces no tenía mucha relevancia.
—Todo lo que sabemos hasta ahora es que no sabemos nada. Queríamos saber qué encontraron ustedes dos.
—Mmmm, lo siento. Tampoco encontramos nada encima de las estanterías…
—Ah, así que por eso subiste antes. Me preguntaba a qué venía eso…—comentó Anastasia con una ligera sonrisa irónica.
—¿Puedo?—Julius alzó un dedo mirando a Emilia—. Sospecho que es la misma conclusión a la que ustedes llegaron, pero este archivo de Taygeta es demasiado para nosotros. No tenemos ni de lejos el tiempo suficiente para estudiar todo en un archivo tan enorme.
—Mm-hmm, pensábamos lo mismo. Por eso buscábamos las escaleras para el siguiente examen.
—Es una búsqueda valiosa. Sin embargo, al mismo tiempo, me gustaría encontrar alguna manera de aprovechar esto.
—… ¿Entonces tienes algo en mente?
—Sí, por supuesto. Como propuesta, podríamos levantar un ejército.
Aludiendo a la extrema falta de personal para la tarea, Julius respondió con la mayor seriedad.
—¿Un ejército…?
Emilia preguntó, abriendo los ojos con una confusión evidente.
Pero Subaru chasqueó los dedos.
—Ahhh, no lo había pensado así, pero es totalmente una opción ahora que la barrera que impedía que la gente llegara a la torre ha desaparecido. Y suponiendo que puedan atravesar el desierto infestado de mabestias…
—… Entonces podrían llegar a la torre. Aun así, sería toda una aventura. Sin embargo, con la opción de arrojar gente al problema ahora disponible, ya hay suficiente valor como para informar de lo que hemos descubierto al reino.
—Sin duda contiene información muy valiosa… Pero también estoy seguro de que aparecerían muchos fanáticos de la historia como tú, ¿no?
—Ese es un mero efecto secundario.
Julius respondió rápidamente a la broma de Subaru, pero luego negó con la cabeza.
—Estaría mintiendo si dijera que no lo esperaría. Me disculpo; solo pensaba en mis propios deseos.
—Vamos, no te desanimes así. ¿Y qué si eres egoísta? Si es tan malo, ¿qué dices de mí? Siempre me esfuerzo solo si es por mi propio beneficio.
En líneas generales, Subaru esperaba algún tipo de retorno por sus acciones, y no creía posible desprenderse por completo de los motivos egoístas para actuar solo por deber. Su filosofía de vida siempre había sido centrarse primero en sí mismo.
—No es necesario privarse de eso deliberadamente. Quiero decir, si mal no recuerdo, Anastasia quiere ser gobernante por motivos bastante egoístas. ¿Me equivoco?
—No, así es. Quiero ser gobernante pa’ satisfacer mi ambición. Cuando lo logre, ganaré musho má’ dinero. Eso es to’o.
Anastasia sonrió, sin mostrar molestia alguna por el comentario—bastante brusco, si no grosero—de Subaru. Con una mano, acarició la bufanda y amasó el pelaje blanco.
—Es por eso que me resurta tan curioso que Julius sea mi caballero. O ar menos eso pienso, pero… ¿No le suce’e lo mismo a Emilia y compañía?
—Personalmente opino que es mejor que su equipo no concuerde; si la falta de armonía entre ustedes hace que su facción se disuelva, para nosotros sería lo mejo—¡Auch! ¡Eso dolió, Emilia-tan!
—No digas cosas feas. Por mi parte, no estoy familiarizada con Anastasia y su facción, por lo que no puedo opinar demasiado. Pero no importa qué tan buenos sean mis oponentes, me esforzaré a mi manera, junto a mis caballeros.
Al decir mi caballero, Emilia tomó la manga de Subaru y alzó la cabeza con orgullo. Subaru, viéndola de reojo, sintió que el corazón se le calentaba y exhaló lentamente por la nariz.
—¡Quizá seamos bisoños, pero no perderemos!
—¿Quién dice “bisoños” hoy en día? … ¡Auch! ¡Duele!
—… A veces, ustedes dos pueden llegar a asustarme. Jamás sé cuándo están actuando, o cuándo hablan en serio.
—Dejando de lado mi caso, Emilia-tan siempre habla en serio. Eso es lo que la hace adorable, ¿verdad?
Julius frunció el ceño ante el guiño de Subaru, y con eso la conversación, que se había desviado bastante, llegó a su parada final. Fue Anastasia quien dio unas palmadas para volver al tema.
—Bueno, vorviendo ar tema anterior… Tenemo’ poco personal, así que proponen traer gente de afuera, ¿verdad?
—Sí, señorita Anatasia, así es. A estas alturas, debería ser posible enviar un equipo de investigadores dedicado a esta torre. Tal vez puedan encontrar no solo el camino al siguiente piso, sino también algo útil en este archivo…
—Es cierto, pero eso me inquieta musho.
—¿Le inquieta?
Anastasia negó lentamente con la cabeza, interrumpiendo la encendida explicación de Julius. Al ver que su caballero fruncía el ceño, ella alzó un dedo.
—Sin du’a yo también recibiría con los brazos abiertos traer má’ mano de obra. Dar vuertas buscando por esta biblioteca ya es un reto en sí mismo; pero si a eso le sumamo’ mi baja estatura, er resurta’o es que mirar to’as estas estanterías de libros me ‘tá matando er cuello.—Anastasia se dio un golpecito en la nuca—. Una de las bases en los negocios es conocer er punto de vista de la otra persona. Aunque diga bases de los negocios, en reali'ad es argo útir para la vida en generar. Así que intentemo’ analizarlo de esa forma.
—¿Conocer el punto de vista de la otra persona? Pero ¿quién sería?
—Aquer que construyó la torre, preparó los Exámenes y dejó atrás a Shaula. Esa persona. Pónganse en sus zapatos un momento, y entenderán.
—¿Que su personalidad es retorcida?
—Sí, creo que se le zafaron varios tornillos.
Anastasia asintió, de acuerdo con la respuesta de Subaru.
Emilia y Julius mostraron expresiones incómodas al oír eso, pues ambos eran sinceros y de buen corazón. Subaru y Anastasia, en cambio, estaban más cerca del extremo retorcido del espectro, por lo que naturalmente estaban en sintonía en ese punto.
Anastasia tenía razón. Si un desgraciado retorcido quisiera hacer todavía más difícil superar la torre, entonces…
—¡Shaula! Tengo una pregunta, ven.
—¿Gran Maestro? ¡¡Ya, ya; voy en camino!!
Sin nada más que hacer, Shaula había estado jugando con Meili cerca de las escaleras que llevaban hacia abajo, pero saltó en cuanto Subaru la llamó. Literalmente voló por el aire y se deslizó por el suelo, aterrizando en posición formal justo frente a Subaru.
—¿Qué pasa? ¡¿Qué pasa?! ¿Quiere que haga algo, Gran Maestro?
—Me siento culpable cuando me miras con tanta emoción… En fin, ¿sabes dónde están las escaleras hacia el segundo piso…?
—¡Ni idea! ¡Nunca he pasado del cuarto piso!
—¿En cuatrocientos años? Eso sí que es sorprendente…
Si lo que decía Shaula era cierto, llevaba cuatrocientos años en la torre. Y si de verdad se había pasado todo ese tiempo mirando las dunas afuera sin hacer otra cosa, su nivel de devoción era casi demasiado admirable…Tanto que hacía difícil para Subaru manejar el hecho de que ella lo tratara como a un maestro.
—Shaula, ¿te importa si yo también te pregunto algo?—intervino Anastasia, que estaba en medio de desarrollar su propia teoría.
—¿Qué cosa?
—Tú eres, ¿verdad?, la guardiana de la Gran Biblioteca Pleiades.
—Como ya dije.
—Entiendo. En ese caso, mi suposición e’… cuatro. No, quizá cinco.
—¿Hmm?
—Las reglas secretas que te dijeron para proteger esta torre. Son cinco, ¿verdad?
—¿¡Eh!?
Anastasia mostró una sonrisa elegante y contenida al ver lo alterada que quedó Shaula.
La forma en que sus ojos se abrieron de par en par y sus hombros se estremecieron lo decía todo, confirmando que la sospecha de Anastasia era correcta. Sin embargo, Subaru y los demás no entendían a qué se estaba refiriendo.
—¿Reglas? ¿Y secretas? ¿De qué estás hablando?
—¡E-está equivocada, Gran Maestro! Además, no es que esté ocultando cosas… Es solo que no dije nada porque no lo preguntaron. ¡Quiero que conste en acta!
—Suéltalo de una vez.
Shaula intentó desesperadamente cubrirse después de que descubrieran su secreto, pero Subaru no le dio ninguna escapatoria. Al darse cuenta de que no podría escabullirse, Shaula juntó con pesar las puntas de los dedos de ambas manos.
—Hablando hipotéticamente, si todos intentaran irse de la torre a escondidas, a mis espaldas, tendría que matarles a todos sin piedad.
—¿¡De dónde salió eso!?
—¡No tiene nada que ver con querer hacerlo o no! ¡Es solo un caso hipotético! Además, es algo que no puedo desobedecer.
Los ojos de Subaru se abrieron ante la repentina declaración de hostilidad, y Shaula se encogió sobre sí misma mientras negaba con la cabeza. Sentada en el suelo, abrazó sus piernas, atrapando su voluptuoso pecho tras las rodillas.
—No hay forma de que pueda matar al Gran Maestro. Al final la que acabaría muerta sería yo, y ahí se acabaría todo. Es un fastidio enorme…
—Si no quieres hacerlo tanto, entonces simplemente rehúsate… No me digas que es por un contrato.
Subaru empezó a sentir un mal presentimiento mientras formulaba la pregunta.
Para cualquiera que pensara con un poco más de seriedad en la identidad de Shaula, era una sospecha natural. Una guardiana que vigilaba el santuario donde estaba sellada la Bruja en lugar del Sabio… y que llevaba cumpliendo ese papel varios siglos. Tanto por su vida útil como por su forma de pensar, no era algo propio de un ser humano.
—¿Tú también… eres un espíritu como Beako?
Beatrice había estado ligada al archivo de libros prohibidos por una promesa inexistente durante cuatrocientos años.
Podía ser exactamente igual que Beatrice—
—De ninguna manera. O sea, no toleraré que me comparen con esas bolas esponjosas a las que llaman espíritus. Me superrehúso… ¡Todos me están viendo con caras aterradoras de repente!
—¡Es porque el 80 % de los aquí presentes están relacionados con los espíritus!
Incluyendo a la novata, tres en su grupo eran invocadores de espíritus. Otra era una niña que en realidad era un espíritu, y otra más era alguien cuyo cuerpo había sido tomado por lo que provisionalmente se creía que era un espíritu. Los únicos sin relación con espíritus eran las chicas oni que esperaban abajo y Meili, que observaba divertida mientras Shaula se encogía bajo aquellas miradas.
—Dejando eso de lado, ¿qué demonios eres tú? Si no eres un espíritu, no entiendo por qué cumplirías con tu contrato con tanta desesperación.
—¿Cómo has dicho, Subaru? Aunque no seas un espíritu o un usuario de artes espirituales, si haces una promesa, debes cumplirla. Las promesas son importantes. Repítelo.
—Ah, lo siento, fue mi error, solo era una forma de hablar…
—Las promesas son importantes. Repítelo tres veces.
—Las promesas son importantes. Las promesas son importantes. Las promesas son importantes.
Recibiendo un regaño de Emilia desde un ángulo inesperado, Subaru consiguió su perdón repitiendo la frase tres veces.
Dejando de lado aquel intercambio tonto, Subaru seguía sin aceptar la obstinación de Shaula. No parecía que se contuviera solo por un reverente sentido del deber.
—¡Mira, ahora Emilia está enfadada conmigo! ¡Esto es culpa tuya! ¡Maldita sea! ¡Anda, empieza a hablar de una vez!
—Vaya, ¿cómo lo descubriste, Sherlock? Pero eso es muy propio de ti, Gran Maestro. ¡Hablaré!
Aún de rodillas, Shaula levantó las manos mientras Subaru descargaba su frustración contra ella.
—Indigna como pueda ser, permíteme exponer de forma breve y simple lo que me dijeron. Primero: cualquiera que desafíe la Gran Biblioteca Pleiades no podrá marcharse jamás.
—Bueno, eso ya no tiene remedio.
—No pasa nada! ¡Hay una forma de salir! Sin em-bar-go, una vez superen los Exámenes de la Gran Biblioteca y alcancen el primer piso ―Maia―, podrán irse sin problemas. ALL OK.
Shaula levantó el pulgar con entusiasmo al decirlo.
—Por cierto, si incumplen esa condición, me transformaré superrápidamente en una KILLING MACHINE a sangre fría, por lo que romperé la promesa con el Gran Maestro, y me interpondré en su camino.
—Así que eso tiene más prioridad que nuestra promesa, ¿eh? Eso duele un poco.
—Woow, si pude herir al Gran Maestro, ¡significa que me he vuelto más fuerte! ¡Es un claro progreso! ¡Los frutos de cuatrocientos años!
—¡Solo bromeaba!
—¡Yo también!
Tras un intercambio de pullas afiladas, Shaula levantó un segundo dedo y lo movió rítmicamente.
—Prosigo. Ya me estoy cansando de esto, así que los diré de carrerilla. Primero, está prohibido irse sin completar los Exámenes; segundo, está prohibido romper las reglas de los Exámenes; tercero, está prohibido faltar al respeto a la biblioteca; cuarto, está prohibido dañar la torre; quinto, eh… el quinto era… ah, no hay quinta regla.
—Así que en total son cuatro reglas, pero…
Emilia aceptó las explicaciones de Shaula y miró a Subaru, que fruncía el ceño. Él compartía su inquietud y preocupación.
Las reglas que Shaula había enumerado, suponiendo que fuera posible llegar hasta el final sin romperlas…
—…La de que está prohibido romper las reglas de los exámenes me molesta.
—Parece haber una regla escondida que desconocemos.
Julius parecía opinar lo mismo que Subaru, que se llevó la mano al mentón, pensativo.
Al menos, cuando estuvieron en el espacio blanco con el asterismo formado por monolitos durante el examen de Taygeta, no se les había anunciado ninguna regla. Como mucho se podía decir que tocar el monolito equivocado contaba como un fallo, pero…
—… La Prueba allí en el Santuario se bloqueaba por un día para el retador que no pudiera pasarla. De alguna forma me resulta similar a los reintentos que hicimos en el Examen anterior, puede que—
Emilia dudó en continuar, así que Subaru asintió.
—Si tienes algo en mente, dilo. No te preocupes, no me burlaré de ti sin importar lo que digas.
—Sí, entendido. Verán, Subaru y Anastasia decían que la persona que hizo esta torre es muuuy mala, ¿verdad?
—Usas palabras adorables, pero es cierto. ¿Qué pasa con eso?
—Es importante ponerse en el lugar de otros. Así que intenté pensar como alguien que es muuy malo y, basándome en lo que acaba de decir Shaula, se me ocurrió algo…—Con todas las miradas puestas en ella, Emilia se humedeció los labios. Luego juntó las manos y apuntó los dedos hacia el techo—. … No conocemos las reglas que tenemos que seguir… Eso no es nada agradable, ¿verdad?
—… Es decir que…
—Significa que tenemos que avanzar imaginando cuáles podrían ser las reglas y cuidando no romperlas. Si fuera Echidna… ¿qué haría?
—… Emilia-tan, quién diría que pensaríamos en la misma persona cuando se trata de personalidades horribles. Pensamos de forma parecida.
La reformulación adicional le dio mucha más credibilidad a Subaru.
El concepto de una personalidad sádica le era ajeno a Emilia, pero a Subaru le resultaba muy familiar.
Poner reglas que no se pueden romper y luego no decirle al retador cuáles son.
—Malos gustos y mala personalidad… Por cierto, ¿eres tú quien va a juzgar si las reglas se rompen o no?
—Parece que empieza a comprenderlo. Supuestamente me daré cuenta en el momento que haya alguna violación a las condiciones que acabo de mencionar. Y por eso, engañar no es posible; ya sea yo o el Gran Maestro y sus amigos; es superimposible.
La última parte sonó más suave, pero había una fuerza inquebrantable detrás.
No por lo fuerte que era Shaula. Más bien, al contrario.
—Porque había un poder mayor que podía hacer que alguien tan fuerte como Shaula dijera eso.
—…Ya era bastante peligroso. Solo significa otra capa de peligro. Sin problema.
—A veces, me da un poco de envidia lo fácil que puedes decir algo así—la expresión de Julius se suavizó, y se encogió de hombros ante el murmullo de Subaru—. Supongo que es una mentalidad que se debe haber cultivado al tener que enfrentarte siempre a oponentes de un calibre mucho mayor. En ese caso, es una diferencia de experiencia que me resultará difícil igualar.
—Tienes que tener más miedo de lo que hay alrededor de tus pies. Tu meñique se va a golpear contra la esquina de un escritorio. Golpéate.
—Sí, sí; que los buenos amigos discutan ‘tá bien y to’o eso, pero no orvidemo’ er tema principar.—interrumpió Anastasia, llevando la mano a la cadera mientras miraba hacia abajo a Shaula—. ¿De verdad eso es to’o entonces? A parte de eso, ¿no hay na’ má’ de que preocuparse?
—Lo superjuro; esta vez digo la verdad. Además, mientras no se rompan las reglas, mi cuerpo seguirá siendo mío. No, espera. Seguirá siendo del Gran Maestro.
—No lo quiero.
—¡Me rechazó! ¡Pero mi corazón siempre estará con el Gran Maestro!
—Tampoco quiero eso.
Shaula expresó su posición con claridad, aunque con algo de información extra sin sentido. Hubo añadidos problemáticos aquí y allá, pero, en lo esencial, parecía que cumpliría la promesa que le había hecho a Subaru abajo: que no les haría daño.
Claro que, eso solo era cierto mientras no rompieran ninguna de las reglas.
—En cualquier caso, que no podamos salir a menos que completemos el Examen… Empieza a parecerse bastante a las Pruebas del Santuario.
—Nah, en el peor de los casos, mientras venzamos aquí, todos podremos irnos a casa, ¿verdad? Es más laxo que en el Santuario.
—¡El Gran Maestro nunca haría algo así! ¡Era el más superbondadoso! ¡Tenía el corazón más supergrande de todos! ¡Oh no, me pica el cuerpo porque he mentido!
Mientras Emilia y Subaru suspiraban, Shaula sufría un justo castigo por su mentira.
Aun así, probablemente había dicho la verdad, más o menos. Habíamos sacado suficiente de ella por ahora.
—Muy bien, encárgate tú, Meili. Mantén sus riendas bien sujetas por nosotros.
—Déjamelo a mí… Aunque, ¿no es una forma un poco rara de decirlooo?
Meili, a la que Subaru había endosado la tarea de encargarse de Shaula, infló las mejillas en un puchero. Pero obedientemente se subió a la espalda de Shaula, así que era solo para aparentar.
Aun así, viniendo de Subaru, resultaba un poco irónico, pero…
—Te ves sorprendentemente cómoda ahí. ¿Le has tomado tanto cariño?
—Es como que nuestras ondas encajan, ¿sabes? Estar junto a la señora medio desnuda es bastante relajante.
Mientras lo decía, Meili dejó caer todo su peso sobre la cabeza de Shaula. Si se lo hiciera a Subaru, le partiría el cuello, pero para alguien con la fuerza monstruosa necesaria para tirar de un carruaje, probablemente no era nada.
Y Shaula se levantó sin esfuerzo incluso con Meili encima.
—Bueno, a mí me da igual. O sea, puedo cuidar de la pequeñaja número dos sin problemas.
—¿Número dos?
—Pequeñaja número dos es esta, y la número uno es aquella de ahí.
Shaula señaló a Beatrice para aclarar.
Beatrice estaba deambulando sola por las estanterías. Debía de estar tan concentrada que ni oyó ni reaccionó al apodo grosero de Shaula.
—Es raro que Beako deje pasar algo así.
Subaru caminó hacia ella, que parecía sumida en sus pensamientos. Deteniéndose a su lado, la miró a la cara.
—Beako, estamos todos hablando ahora, ven tú también.
—…
—¿Beako? Oye, Beatrice. Pon atención, vamos. Te besaré la frente si no lo haces.
—… Haz lo que quieras…
—Muaah.
—¡¿Ngyah― supongo?!
Como empezaba a molestarlo, decidió cumplir la amenaza. A mitad de camino, Beatrice reaccionó y dio un salto hacia atrás al sentir sus labios en la frente. Luego rodó, se puso de pie… y volvió a caer.
—Estás demasiado agitada.
—¡¿Qu-, qu-, ¡¿qué, qué haces de repente, de hecho?! ¡Tu forma de pensar no tiene sentido, supongo!
—Mi forma de pensar tiene perfecto sentido, hasta conseguí tu permiso. ¿De verdad estás bien?
Verla frotarse la frente desesperadamente le dolía un poco a Subaru, pero también lo preocupaba.
Pensándolo bien, estaban en una torre en medio de un desierto con un pasado misterioso. Además, un miasma que no entendía bien llenaba el aire; quizá esa era la causa.
—Si no te sientes bien, solo toma mi mano. Así te sentirás mejor, ¿verdad?
—¡Eso no sucederá, de hecho! ¡Dale a Betty tiempo para calmarse, supongo!
Con el rostro rojo, Beatrice gritó. Fue un golpe que le rechazara incluso darle la mano, pero al menos estaba de vuelta a la normalidad. Le molestaba un poco, pero decidió dejarlo para más tarde.
—En fin, en ese caso, el otro problema es…
—Es si no nos queda otra que buscar las escaleras al segundo piso al azar.
Frente a las estanterías, Julius terminó la frase.
Su expresión estaba algo tensa. Él había sido quien pensó en informar de sus hallazgos al reino y reunir más gente para explorar la torre, pero las reglas que mencionó Shaula cerraban por completo esa vía.
Tenían que completar los exámenes para poder marcharse. Por eso, no les quedaba otra que arreglárselas con la gente que tenían ahí.
—¿Lo entenderías si te digo que “es como buscar un grano de oro en una montaña de arena”?
—Es una expresión inusualmente poética para ti, pero con la que concuerdo totalmente.
Por una vez, Subaru y Julius estaban en sintonía ante la difícil tarea que tenían por delante.
Por el momento, decidieron seguir buscando las escaleras al segundo piso. Pero justo cuando Subaru decidió olvidarse del archivo de Taygeta…
—E~y, he pensado un poco en ello, y…
Mientras ambos se mentalizaban para afrontar una nueva etapa, Emilia levantó un poco la mano.
Al girarse hacia ella, ladeó la cabeza y llevó un dedo a sus labios.
—He estado pensando desde hace un rato que quien construyó la torre tiene una personalidad deshonesta.
—Tu elección de palabras se está volviendo adorable, pero tienes razón. ¿A dónde quieres llegar?
Casi como una repetición de la última vez, pero esta vez Emilia prosiguió:
—Es sobre dónde podría estar la escalera; ¿podría ser en…?