El Palillero
Capítulo 4
El Palillero
Sección 1
Las escaleras hacia el segundo piso, Electra, eran lo bastante imponente como para ser llamadas una gran escalinata.
Comparadas con los distintos tramos de escaleras entre el sexto, quinto y cuarto piso, tanto el ancho como la altura de los peldaños estaban ampliados. Llenaban por completo la sala, así que lo desmesurado del asunto se explicaba por sí solo.
—No hay forma de que esto estuviera aquí antes… ¿verdad?
—Es difícil imaginar que hubiéramos pasado por alto una escalera tan evidente. Sin embargo, no puedo negar que no me percaté de la existencia de la sala en sí.
—En cuanto a esa sensación rara al buscar por aquí, creo que sé a qué te refieres totarmente.
Anastasia y Julius asintieron. Subaru estaba confundido por lo fácil que parecían aceptarlo, pero entonces Emilia levantó la mano.
—Más o menos cuando Subaru aún dormía, todos nos reunimos en el cuarto piso. Rem y Patrasche estaban descansando en la Sala verde, y nosotros estábamos intentando resolver el acertijo en el tercer piso, así que todos estuvimos dando vueltas tratando de ver en cuál habitación poner nuestro equipaje…
—En aquel momento, de alguna manera todos evitamos esta habitación, de hecho. Ahora que lo pienso, fue inconscientemente, pero…
—Puede ser que algo del exterior estuviese impidiendo que nuestras mentes procesaran que aquí había esta habitación, ¿o algo así?
Emilia y el resto del grupo, que habían sido los primeros en llegar al cuarto piso, asintieron todos. Era un punto ciego mental del que empezaron a darse cuenta una vez que se completó el examen del tercer piso. Y viéndolo así, la existencia de la gran escalera casi se sentía natural.
—Bueno, sin eso, cualquiera que estuviera aquí cuando se resolviera el rompecabezas de la losa de piedra en el tercer piso podría quedar aplastado…
—Subaru, no es una losa, sino un MONOLITH. Refirámonos a eso de la misma manera. Me gustaría evitar confusiones.
—¡MONOLITH, MONOLITH, MONOLITH! ¿Satisfecho? Continuemos.
Algo molesto, Subaru replicó de forma mecánica antes de volver a mirar la escalera.
Era larga y recta, lo suficiente como para saltarse el tercer piso y llegar directamente al segundo. Por la forma en que estaba construida, casi parecía que al seguirla uno saldría directamente de la torre—
—Tal vez es ahí donde entra en acción el POWER del misterio…
—O tal vez solo parece conducir al segundo piso, pero en realidad lleva a un sitio completamente distinto… ¿Sería eso demasiado ruin?
—Tengo miedo de que la pureza de Emilia-tan se vea manchada por la horrible personalidad del creador de la torre. Quiero conquistar este lugar lo más rápido posible.
Era de gran ayuda que Emilia colaborara para descifrar la disposición de esta torre tan sádicamente diseñada, pero Subaru no podía evitar preocuparse por si eso deformaba su personalidad.
—Aun así, nuestro PACE ha sido bastante bueno hasta ahora. He superado el examen del tercer piso en mi primer intento y ya hemos conquistado un tercio de la torre en menos de tres días.
—Es un ritmo bastante irrazonable si pensamos que no ha habido ningún progreso en más de cuatrocientos años.
—Dicho así, suena un poco loco… No, pero inesperadamente, soy un hombre que mueve la historia que ha permanecido inmutable durante siglos. “Un hombre que mueve la historia” … Eso suena bien.
—Si lo pienso, formé parte del grupo que derrotó a la Ballena Blanca, aplastó al Arzobispo de la Pereza y exterminó al Gran Conejo. Ayudé a superar las pruebas del Santuario de la Bruja de la Avaricia, vencí al Arzobispo de la Avaricia y llegué a la Atalaya Pléyades, donde nadie había llegado antes. Incluso superé el primer examen, que nunca antes se había enfrentado nadie, y ahora estamos a punto de afrontar el segundo.
—Si me limito a enumerar todos mis logros y saltarme el proceso, solo pareceré un idiota.
—En todo eso morí una y otra vez, así que no es que todo haya sido color de rosa, pero aun así, este último año ha estado lleno de momentos históricos para este mundo.
—No lo hago a propósito, pero… cuidado, mundo, que aquí voy.
Esa era la sensación.
—Eh… ¿Uy? ¿Qué pasa, Emilia-tan? ¿Por qué de repente tomas mi mano?
—… No. Es solo que creo que Subaru debería ser un poco, solo un poco más amable consigo mismo.
—Al contrario; te costará encontrar a alguien que sea tan blando consigo mismo como yo. Ya es suficiente con Emilia-tan y Beako, más es demasiado.
Y si Rem despertara, estoy seguro de que también sería amable. Firme, pero amable.
Y Petra, Patrasche, Garfiel y Otto también. Con todos ellos alrededor, no había espacio para que Subaru se diera más indulgencia.
Los labios de Emilia temblaron como si quisiera decir algo, pero simplemente lo miró sin encontrar las palabras.
—... Creo que esto de Natsuki es un problema que viene de lo má’ profundo de su ser. No es argo que vaya a mejorar en un día o dos.
—Es porque siempre dices cosas así, Anastasia…
—Eeey, ¿cuándo vamo’ a dejar de perder er tiempo y subir? Lo que sea que esté esperando podría ser má’ difícir que er tercer piso… O tar vez Natsuki termine completándolo de inmediato.
—A decir verdad, si se trata de algo tan molesto como el acertijo del tercer piso, no me siento tan confiado.
Era pura casualidad que Subaru hubiera logrado resolver el examen del tercer piso.
Si Flugel era un viajero errante del mismo mundo que Subaru, como él sospechaba, entonces era posible que la prueba del segundo piso también requiriera conocimientos modernos de su mundo, pero…
—Si es algo que no sé, hasta ahí llegué… Se llama Flugel, así que, si sale algo de la historia alemana, no hay mucho que pueda hacer.
—Flugel significa “ala” en alemán, si no recuerdo mal. No tengo ni idea de si tiene alguna conexión, pero si Flugel realmente fuera alemán, estaríamos fritos.
—… No hay de otra. Las escaleras están justo enfrente. No puedo llamarme a mí mismo un hombre si doy un paso atrás ahora. Vamos a entrar ahí y superar el desafío.
—Por desgracia, aparte de ti y de mí, todos aquí son mujeres.
—¡Es solo un decir, no lo estropees! ¡Bien, vamos, Beako!
—¡Nkyah, de hecho!
Antes de que su ánimo decayera, Subaru alzó a Beatrice y empezó a subir corriendo las escaleras, decidido a tomarlas de un tirón.
—¡Dadadadadadadadadaaa!
—¡Ah, Subaru, espera!
Siguiendo la estela de su frenética carrera, Emilia y el resto del grupo tomaron las escaleras. Subaru y Beatrice iban en cabeza, guiando a los demás.
Beatrice se acomodó con destreza entre los brazos de Subaru, entornando sus ojos azules.
—Como pensaba, hay algo que altera la percepción del espacio aquí, supongo. No hemos salido de la torre aunque hayamos avanzado tanto en línea recta, de hecho.
—O tal vez la torre tenga realmente esa forma, pero no lo notáramos desde el exterior.
—¿Para que solo sobresalga esta escalera? Si fuera así, entonces tiene que haber algo que haga que la torre parezca una torre; de lo contrario, no tiene sentido ocultar la escalera, de hecho.
—Supongo que sí. Simplemente quise decirlo en voz alta.
De acuerdo con la teoría de Beatrice, Subaru levantó la vista mientras jadeaba un poco.
Era extraño. Incluso después de haber corrido tanto, no había señales del siguiente piso. Por más que avanzaba, se sentía como si estuviera subiendo por una escalera mecánica que bajaba.
—¡La idea de Emilia empieza a sonar mucho más probable…!
Ella había mencionado la posible existencia de una escalera que no conectara realmente con el piso superior. Justo cuando ese pensamiento hizo que Subaru se estremeciera, el espacio sobre su cabeza se abrió de repente.
—U… ¡¿Eh?!
La aparentemente interminable escalinata terminó de pronto en una luz blanca que envolvió a Subaru y Beatrice.
Las escaleras se cortaron de golpe, y Subaru se tambaleó al detenerse en lo que, en algún momento, se había convertido en una nueva sala.
Era—
—¿Otra habitación blanca…?
—Sí, supongo.
Deteniéndose en seco, Subaru bajó suavemente a Beatrice al suelo.
Ante sus ojos se desplegaba un espacio blanco, idéntico al del examen del tercer piso. El suelo y el techo parecían infinitos, creando un entorno incomprensible que desorientaba por completo la percepción de la profundidad.
—Ah, ¿esta sala de nuevo?
Lo único que destacaba como diferente en ese mundo blanco era la escalera que acababan de subir. Emilia y el resto, que habían seguido a Subaru, comenzaron a aparecer uno tras otro desde ella.
Anastasia, que fue la última en llegar, miró a su alrededor con inquietud.
—¿Otra habitación blanca? No me digas que de arguna forma volvimo’ al tercer piso.
—No lo creo. Eran cincuenta y cuatro escalones para subir del cuarto piso al tercero, pero esta vez fueron cuatrocientos cuarenta y cuatro. Es casi diez veces más pasos.
—¿L-los contaste, Emilia-tan?
—Juju~, la verdad es que contar el número de escalones es un pasatiempo secreto que adopté hace poco… ¿Por qué me acaricias la cabeza?
—E-en fin, es una gran observación, Emilia-tan. Si esto realmente es el segundo piso, como esperamos, entonces…
—El Examen debería comenzar, de hecho. Quizás eso de ahí lo inicie, supongo.
Evitando responder a la pregunta de Emilia, Subaru miró hacia donde Beatrice estaba señalando: justo delante de donde terminaba la escalera. Allí había un objeto que imponía su presencia.
—…
En el tercer piso, Taygeta, también había algo así en el centro de la sala. Tocarlo había sido la señal para comenzar la prueba. Si el sistema era el mismo, entonces, lo más probable…
—No es un MONOLITH, sino… una espada.
Comentó Julius, entrecerrando sus ojos dorados mientras observaba el objeto clavado en el suelo blanco en medio de la habitación.
Tal como dijo, era distinto de la losa del tercer piso.
Una espada estaba plantada con la punta hundida en el suelo. La hoja desnuda, erguida hacia arriba, le resultaba terriblemente hermosa a Subaru.
No tenía adornos ostentosos. Y no podía opinar sobre la calidad de su forja o su material. Pero tal como estaba, sin ornamentos innecesarios, compuesta solo del mínimo acero necesario, le transmitía una belleza pura.
—Por la atmósfera que la rodea, debe ser una Espada de Selección.
—…
Julius alzó una ceja ante el comentario de Subaru, pero logró contenerse. Dejando de lado su sorpresa, Subaru miró primero hacia Shaula. Las palabras “¡Lo que me preguntes, no lo sé!” estaban escritas por todo su rostro, así que ni se molestó en abrir la boca.
—Subaru…
—Creo que irá bien. Considerando el del tercer piso, esto tampoco debería ser una trampa que provoque una muerte instantánea.
Asintiendo hacia Emilia, que lo miraba preocupada, Subaru se acercó lentamente a la espada. No había forma de saber qué ocurriría en el momento en que la tocara, así que se aseguró de advertir a todos con suficiente antelación.
—Ten cuidado si Anastasia sale huyendo. Son unas escaleras muy largas; así que, si la empujas accidentalmente, ella seguirá rodando hasta morir.
—Lo tendré en cuenta. También deberías estar atento por la señorita Emilia y la señorita Beatrice.
—No hay problema. Yo protegeré a Subaru.
—Sí, dejaré que me protejan.
Emilia le mostró a Subaru un pulgar arriba, y Julius dejó escapar un ligero suspiro ante lo entusiasmada que estaba. Viendo eso, Subaru se colocó frente a la espada.
Estaba lo bastante cerca como para tocarla. En ese momento, la situación empezó a sentirse real. A diferencia del monolito, no parecía ser algún objeto misterioso.
—Aun así… pensar que llegaría el día en que me enfrentara a algo tan clásico de una fantasía ortodoxa…
Murmuró Subaru frente a la espada clavada en el suelo.
Tomó aire y luego extendió la mano para agarrar la empuñadura.
Fue justo entonces cuando ocurrió.
—Gánate el permiso del tonto que ha alcanzado la Espada Celestial.
—¡Ngh!
Una voz que evitó sus oídos y resonó directamente en su cabeza anunció la explicación de la prueba.
Esta vez, al esperarlo, Subaru logró evitar la vergüenza de dejar caer la espada, pero la comunicación misteriosa seguía resultándole desagradable.
—Probablemente porque la voz en mi cabeza suena tanto como la mía.
—Se siente como marearse en un carro… Supongo que todos se sienten igual.
—¿Solo fui yo o ellos también lo escucharon?
Con el monolito, había sido para todos, no solo para quien lo tocara, así que esperaba lo mismo. Pero al girarse, lo notó.
—…
Todos estaban mirando más allá de Subaru.
Atraído por sus miradas, volvió a girarse. Del suelo, justo frente al lugar donde había estado clavada la espada, emergía una única sombra.
—Gánate el permiso del tonto que ha alcanzado la Espada Celestial.
Se pronunció con un murmullo tranquilo, pero resonó con fuerza en los oídos de Subaru.
Era la misma línea que había escuchado al sacar la espada, pero ahora dicha con una voz real por la persona frente a él, en lugar de resonar directamente en su cabeza.
—Gánate el permiso del tonto que ha alcanzado la Espada Celestial.
Su cuerpo se estremeció al oírlo. No podía decir si era miedo, emoción, placer o tristeza. A nivel instintivo, percibía una diferencia de poder capaz de provocar pánico.
—A esta distancia, puedo decir que mi vida está en la palma de su mano solo por el sonido de su voz.
—Gánate el permiso del tonto que ha alcanzado la Espada Celestial
Era un hombre con una sencilla, pero larga, melena roja, que caía sobre su espalda.
Era bastante alto. Le sacaba una cabeza a Subaru, su cuerpo estaba lleno de grandes músculos acordes a su estatura.
No vestía armadura, sino un simple kinagashi carmesí que no le proporcionaba protección alguna y sin cubrir su hombro derecho, dejándolo a la vista junto con el lado derecho de su torso, y dejando ver que su cintura estaba rodeada con una banda blanca muy ceñida.
Su cabello rojo como las llamas llegaba hasta la mitad de su espalda, y su ojo izquierdo estaba cubierto por un parche negro tosco. Para terminar, su ojo derecho, que estaba descubierto, era azul como un cielo inalcanzable.
Sin duda, era una belleza tan absoluta que haría a cualquiera, sin excepción, girarse para echar un vistazo; una imagen digna de enmarcar, salvo por su sonrisa salvaje y cruel, llena de locura, que estropeaba toda la imagen.
Demasiado apuesto para un animal tan feroz.
La bestia feroz más hermosa que haya existido en este mundo haciendo que Subaru olvidara respirar en su presencia.
—Eep…
Lo que finalmente rompió el hechizo que hacía parecer que el tiempo estaba detenido fue un quejido. Hubo un leve thud y, enseguida, el grito de una niña pequeña.
—Ahhh…
Subaru no pudo apartar los ojos, pero, apenas con el rabillo de la vista, distinguió a una mujer de cabello negro caída de espaldas en el suelo—Shaula, desplomada junto a Meili, quien no tenía idea de lo que había pasado.
—N-nooo…
Shaula estaba tan afectada que parecía a punto de orinarse del miedo.
Si hubiese podido, Subaru habría obedecido a su instinto, que le gritaba que saliera corriendo de la habitación de inmediato.
La única razón por la que no lo hizo fue que sus piernas temblorosas no se lo permitieron.
—Ngh…
Tragando saliva, forzó sus párpados a cerrarse un instante para calmarse, y luego, sin apartar la vista del hombre, dio un solo paso atrás. Sujetando la espada con la mano derecha y la de Beatrice con la izquierda, tiró de ella para acercarla.
—E-Emilia…
—Lo… sé…
Cuidando de no dejarla atrás, Subaru llamó a Emilia, que también se encontraba paralizada. Su voz temblaba al asentir. Incapaz de controlar el temblor de sus rodillas, Subaru retrocedió lentamente al mismo ritmo que ella.
—Gánate el permiso del tonto que ha alcanzado la Espada Celestial.
A pesar de que pusieron distancia entre ellos, el hombre no se movió. Solo repitió esas palabras.
—Gánate el permiso del tonto que ha alcanzado la Espada Celestial.
Retrocediendo con cada fibra de su atención puesta en aquel hombre, Subaru llegó junto a Shaula, que seguía desplomada en el suelo con el rostro torcido por el miedo, mientras Meili le sostenía el brazo sin poder moverse.
—Gánate el permiso del tonto que ha alcanzado la Espada Celestial.
El pareado que repetía era la señal para el examen de Electra.
—Tenía que haber una razón para que lo repitiera. Las palabras que escuché al sacar la espada, y él repitiéndolas… Insensato, sanción…
—Gánate el permiso del tonto que ha alcanzado… El Tonto… Celestial…
—¿Eh?
Los pensamientos de Subaru se aceleraron mientras una conclusión aterradora comenzaba a tomar forma. Y justo en ese momento, la voz del hombre cambió.
Un cambio lo bastante potente como para sacudir a Subaru y a los demás.
—El permiso… del tonto… Espada Celestia… aa… o… ooa… ooh… a…
—¿Qu… qué? ¿Qué… qué… qué va a pasar?
—A… ah… ¡¡AAAAAAH… GH!!
—¡Eeeek!—¿Ah?!
El habla del hombre comenzó a descomponerse, hasta que de pronto explotó en un grito repentino.
Ante ese estallido, Shaula soltó un quejido ahogado y, incapaz de soportarlo, saltó sobre Subaru.
Se aferró a él como si le fuera la vida en ello, y Subaru, sin poder sostenerla bien, cayó rodando.
—¡Eso duele! Shaula, ¿qué—?
—¡Hyaaaaaaa! ¡GranMaestroGranMaestroGranMaestro, sálvemeee! ¡Nooo! ¡Sálvemeee!
—¡¡CALLEN DE UNA VEZ!! ¡Mi cabeza de por sí está matándome! ¡PAREN DE GRITAR!
—Ah…
Antes de que Subaru pudiera calmarla, Shaula alcanzó su límite mental.
Se desmayó y quedó completamente inmóvil, un giro total respecto a lo mucho que había forcejeado antes. Sus brazos seguían aferrados con fuerza a la cintura de Subaru, pero estaba fuera de combate.
—No puede ser… ¿Tú…?
—Bukubukubukubuku…
Con ese murmullo, convenientemente dejaba claro que había perdido el conocimiento. Una retirada total de la primera línea.
Su reacción estaba completamente fuera de las expectativas de Subaru. La fuerza de combate de Shaula era real, así que que estuviera tan aterrada…
—Parece justo asumir que no eres una persona común.
—¿Ah?
Un solo paso resonó mientras el hombre, molesto, gruñía.
Era la suela de un zapato blanco golpeando el suelo, al avanzar un elegante caballero. En su mano estaba la espada que Subaru había dejado caer cuando Shaula lo derribó. Era Julius, con el rostro tenso.
—Oye, tú, ¿qué acontece? ¿Qué es este lugar? Estás jodiendo, ¿eh?
—No, en lo más mínimo. Nosotros también estamos bastante confundidos. Apareciste aquí de repente. Espero que comprendas que no podamos evitar estar en guardia.
—¿Qué mierda? No fables tan raro. No fables como si fueras mi seguidor, oye. ¿Eres mi seguidor? No lo eres, ¿cierto? Y ya que no lo eres, no fables como él, faces que esta mierda sea confusa, oye.

El hombre respondió con fastidio a la mirada educada pero cautelosa de Julius.
Se sentía mucho más humano que antes, cuando solo repetía el pareado del examen, pero era innegable que tampoco estaban logrando comunicarse del todo.
—… Preciosa, preciosa, chica sexy, enana, enana, seguidor, mindundi.
—Por desgracia, no soy tu seguidor.
—¡Jah! Tu manera de fablar es de la misma jaez que mi seguidor; deja de copiarlo.
Al oír la réplica de Julius, el hombre sonrió por primera vez, como si se pusiera de buen humor… Una sonrisa como la de un tiburón.
Al fin, esa sonrisa al menos le hacía parecer un poco más humano. O quizá era la confirmación de que era una forma de vida con la que podían comunicarse.
—Oye, tú. Explica qué sucede acá. ¿Do estamos? ¿Qué diablos me ficieron, oye? No te guardes detalles, oye. Fabla con presteza, oye.
—¿No te parece que estás siendo muy mandón tras aparecer de repente?
Subaru, llevándose una mano al pecho, respondió como pudo al hombre altivo que tenían delante. El otro resopló con molestia.
—¿Qué te pasa? Oye, ¿qué faces durmiendo? Ese es un buen lugar, oye. Tienes esa chica sexy con un buen par de tetas para ser tu aperitivo en la cama, oye. Intercambiemos lugares, oye.
—Gracias, pero… por respeto hacia ella, me niego.
Exigiendo al máximo a sus rodillas temblorosas, Subaru consiguió ponerse en pie. En el proceso, no cuidó bien a Shaula y su cabeza resbaló hasta el suelo, pero no podía permitirse repartir su atención.
Pero…
—Ah… eh… ¿Qué? ¿Qué te pasa, oye? ¿Eres de esos? ¿Perdiste la cabeza?
—… Oye tú, ¿tan pronto como ves la cara de alguien, le hablas groseramente?
—¡Já!
Se oyó un chasquido seco, como de dientes apretados, cuando el hombre sonrió de forma feroz.
Luego, ignorando a Subaru y su desconcierto, giró su único ojo para observar todo el espacio blanco. Y entonces—
—Entiendo… Entonces, comencemos.
Asintió para sí mismo, como si entendiera lo que ocurría.
—Entiendo, entiendo. Bueno, ¿empezamos?
—Comenzar… ¡Espera! ¡¿Por qué desde hace rato estás llevando la conversación como te da la gana?! ¡Es mucho para procesar!
—Cállate, oye. Lo expliqué ha un momento, mientras estaba dormido, ¿no es ansí? Atiende a lo que digo.
—¿Hace un momento…?
—Gánate el permiso del tonto que ha alcanzado la Espada Celestial.
Los ojos de Subaru giraron intentando seguir el hilo de lo que pasaba. En su lugar, Emilia murmuró palabra por palabra el pareado que ya habían escuchado incontables veces.
Las chicas empezaban a recuperarse del impacto. Emilia, Beatrice, Anastasia y Meili volvían en sí. Todos menos Shaula.
—¡Jah! Esa preciosa de allá es diferente deste mindundi de acá. Si estuviera vivo, tendríamos sexo esta noche, oye. Agora que me fijo bien, no estás nada mal. Menudo rostro, eres fermosísima, oye.
—¿Fermo…?
—¡Oye, tú! ¡Tú eres esa persona! Eres el examinador de aquí, ¿no?
El hombre tenía un brillo casi lujurioso en los ojos mientras miraba a Emilia. Interponiéndose entre los dos, Subaru lo señaló con el dedo. La sonrisa de tiburón del hombre se ensanchó al escuchar la pregunta.
—… Ni idea, coño. No me interesa un título que otra persona haya puesto. Yo soy yo, tú eres tú. No hay nada aparte de eso. Si quieres fablar conmigo apropiadamente, faz que me mueva un solo paso de acá, oye.
Estaba de pie con calma, completamente indefenso.
Pero no podían tomárselo a la ligera, porque entendían que el requisito que había impuesto era lo bastante difícil como para llamarse examen.
—Gánate el permiso del tonto que ha alcanzado la Espada Celestial.
—Si él es el “tonto que ha alcanzado la Espada Celestial”, entonces que esa sea la manera de recibir su sanción es casi un alivio. Ahora la única pregunta es si moverlo siquiera es posible.
—Caballero de la Orden Real del Reino de Lugnica, Julius Juukulius.
Antes de que comenzara la batalla—o más bien, el examen—, Julius se presentó, como dictaban las normas de etiqueta.
Era lo justo y el mínimo respeto que debía mostrarse a un oponente antes del combate.
El ojo azul del hombre se iluminó. Parecía divertirse, y su cuerpo emanaba un aura anormal.
—No tengo un nombre apropiado para darte; solo soy un simple Palillero.
El examen de Electra, el segundo piso de la Gran Biblioteca Pleiades.
Tiempo: condicionalmente ilimitado.
Intentos: condicionalmente ilimitados.
Retadores: condicionalmente ilimitados.
——El Examen… había comenzado.