Sección 5
Sección 5
—Ya veo, así que por eso volviste arrastrándote con tan mal ánimo después del segundo examen.
—… Tan severa como siempre, ¿eh, hermana?
—No hables así. Hace que la teoría de esa chica desmayada sobre que eres su Gran Maestro suene demasiado plausible.
—Eso sí sería malo. Tendré más cuidado.
Subaru se encogió débilmente de hombros ante aquella advertencia tan intimidante. Ram suspiró apenas al ver su reacción.
Se encontraban en otra sala del cuarto piso, tras reunirse con Ram en el cuarto verde. Además de Subaru y Ram, estaban Emilia, Beatrice y Meili. Y Shaula, que yacía tirada en el suelo.
Su grupo se había retirado del segundo piso, bajando los larguísimos escalones para llevar a Julius y Anastasia hasta el cuarto verde, confiándolos al espíritu.
Después, pusieron a Ram al tanto de lo que habían aprendido en el tercer y segundo pisos.
—Parece un examinador bastante absurdo, pero… la señorita Emilia pasó la prueba, ¿no? ¿No podría haber ido ella sola a ver el archivo del siguiente piso?
—Ah, es cierto. Puede que hubiera podido seguir yo sola… ¿Debería preguntarle al señor Palillero?
—… No, no lo hagas. No conviene provocarlo cuando ya está de mal humor. Y aunque dijera que puedes subir sola, sería… peligroso.
—Pero prometo que tendría mucho, muchíííísimo cuidado.
—Demasiado peligroso.—Excesivamente peligroso.—Imposiblemente peligroso.
Subaru, Ram y Beatrice apagaron de inmediato las ganas de Emilia. No lo hacían por sobreprotección, sino por puro sentido común.
—Si el examen del segundo piso fue así, las probabilidades de que en el siguiente nos espere algo igual de letal son altísimas. Y dejarte ir sola cuando no hay garantía de que puedas regresar es…
—Entonces tendremos que esforzarnos hasta que podamos vencer todos juntos al señor Palillero.
—Sería genial, pero…
Quedaba la duda de si era siquiera posible. Su combatiente más fuerte apenas había superado la prueba rebajando la condición casi al mínimo. Y Julius seguía inconsciente…
—Espero que no se desanime demasiado.
—¿Estás preocupado por Julius?
—No estoy seguro. Preocupado preocupado… bueno, diría que sí, pero no es tan sencillo.
Tras perder por completo en un enfrentamiento directo contra el Palillero, la imagen del rostro de Julius cuando su espada se rompió se le quedó grabada a Subaru. Y pensándolo, sí, estaba preocupado.
El arte de la espada de Julius había fallado. Su oponente lo trató como a un niño y hasta le rompió la espada…
—Hay una espada de repuesto en el Carruaje de Dragón, pero supongo que ese no es el problema.
—Las espadas se pueden volver a forjar. Betty no entiende por qué tanta fijación con eso, supongo.
—Pero, Beako, tú cuidas mucho el pañuelo, las manoplas y el delantal que te hice, ¿no? Quiero decir, son cosas especiales, y no te gustaría que se rompieran.
—… Pido disculpas por decir algo tan insensible, de hecho.
Subaru suspiró y acarició la cabeza de Beatrice, que se retractó de su comentario tajante.
No podía imaginar cómo reaccionaría Julius al despertar. ¿Se hundiría en la depresión, o al menos fingiría ser el de siempre? De cualquier modo, Subaru no sabía qué decirle, y eso lo angustiaba.
Y Julius no era la única preocupación.
—¿Qué fue esa desesperación de Anastasia… o mejor dicho, de Eridna…?
Una gran duda rondaba en su cabeza: la decisión de Anastasia/Eridna de intervenir y apoyar directamente a Julius en el duelo.
En ese momento, todos estaban buscando la oportunidad de ayudarlo. Pero que Echidna fuera la primera en actuar era algo que Subaru no se habría esperado.
Durante todo el viaje, incluso después de llegar a la torre, Eridna nunca había dejado de actuar como Anastasia, y hasta donde Subaru podía ver, había mantenido su promesa de cuidar el cuerpo de Anastasia.
Entonces, ¿por qué lo hizo?
Cuando se reveló en Priestella, Eridna había explicado su conexión con Anastasia y el problema con su cuerpo.
Su puerta estaba incompleta, así que no podía absorber maná del exterior y solo podía usar magia quemando su propio Odo, acortando su vida.
—¿Por qué estaba tan desesperada por ayudar a Julius?
No parecía un cálculo frío con segundas intenciones. Lo que había debajo de esa desesperación era preocupación genuina.
—La señorita Anastasia solo estaba preocupada por el señor Julius. Hay problemas más importantes que atender primero.
—El examinador, el Palillero.
—Sí. Quizá parezca un poco fría, pero me resulta más importante saber qué haremos con el Examen; si no logramos superarlo, no podremos recuperar a Rem.
Interrumpiendo sus pensamientos, Ram dejó escapar una opinión que sonaba cruel. Ella misma reconocía que era poco considerada, pero Subaru no pudo reprocharselo.
La expresión de Ram era la misma de siempre, pero había un rastro de impaciencia tras ella. La irritación y la ansiedad de estar al borde de una respuesta para recuperar a su hermana, pero quedarse a un paso de conseguirlo.
—Un kimono y un parche. Cabello rojo y un ojo azul… Vaya apariencia fastuosa y desagradable.
—¿Alguna idea de quién podría ser? Sé que es difícil imaginarlo sin verlo, pero siendo claros: era monstruosamente fuerte. Nivel Reinhard, quizás.
—Suena como una pesadilla.
Ram no parecía del todo convencida, pero Emilia intervino para confirmarlo.
—Subaru no miente. Nunca he visto a Reinhard pelear en serio, pero… mhmm, probablemente era así de fuerte.
—Entonces, si confiamos en la descripción de Barusu y la tuya, si hablamos de un enemigo al nivel del más fuerte del mundo… Ahora mismo cada país tiene uno.
—¿Reinhard es el más fuerte del reino, y los otros tres países también tienen al suyo?
—En el Imperio de Vollachia está el General de Primera Clase, el “Relámpago Azul” Cecilus Segmunt; en el Reino Sagrado de Gusteko está el “Príncipe Loco”; y en las Ciudades-Estado de Kararagi, el “Admirador” Halibel. Cada uno de ellos con sus rasgos distintivos.
—¿Ninguno de ellos tiene pelo rojo y largo?
—No podría asegurarlo, porque no conocemos la apariencia del “Príncipe Loco” del Reino Sagrado de Gusteko.
—Príncipe, un príncipe… Creo que no daba la impresión de ser un príncipe.
La parte de “loco” hacía difícil asegurarlo, pero aunque era guapo, no daba la impresión de ser de la realeza.
Era más bien una belleza salvaje, la que solo se acepta porque existe en la naturaleza.
—Por otro lado, es un maestro desconocido de las artes marciales…
—Su vestimenta era la típica de Kararagi, de hecho. También usaba palillos con gran maestría, supongo.
—No los usaba para lo que deberían usarse, pero sí que los usaba con absoluta maestría.
Y Subaru tampoco podía imaginarlo como un gran luchador desconocido. Con lo fuerte que era y lo grandilocuente que se comportaba, parecía imposible que pasara desapercibido.
Y estando ligado a esta torre, la cuestión era si era un tipo fuerte al azar o si había una conexión más profunda…
—Ah… ¿Puedo interrumpir un momentooo?
—¿Hmm?
—Me parece que la medio desnuda está por despertaaar.
Meili, que seguía sirviéndole de regazo a Shaula en la esquina de la sala, levantó la mano. Como dijo, Shaula seguía apoyada, pero su cuerpo comenzó a agitarse casi de forma seductora mientras soltaba gemidos.
Y cuando todos dirigieron la mirada hacia ella, sus párpados se abrieron lentamente…
—Gran Maestro~… No me deje supersola, por favor… Ya no quiero estar supersola…
—¡No digas cosas desgarradoras de buenas a primeras! ¡Estuviste despierta todo este tiempo, ¿no es así?!
—Rayitos… Pensé que, si decía algo encantador, me mostraría algo de cariño, Gran Maestro; qué frío. ¡Pero, pero, también amo eso de usted!
—Me haces preocuparme por nada…
Con un movimiento ágil de sus largas piernas, Shaula se levantó de un salto. Su melena se agitó mientras miraba alrededor de la sala y ladeaba la cabeza.
—¿Uy? ¿Qué estamos haciendo aquí? O sea, si no me equivoco, pasamos el Examen gracias a una superocurrencia repentina del Gran Maestro, y subimos…
—Sí, eso pasó, no fue un sueño.
—Y entonces el Gran Maestro me abrazó y sonrió diciéndome que nunca lo soltara…
—¡Eso sí fue un sueño! ¡Te desmayaste apenas comenzó el segundo Examen!
Subaru le gritó a Shaula, intentando que recordara lo ocurrido justo antes de que cayera inconsciente. Pero Shaula resopló, como riéndose de la idea.
—¿Yo, desmayada? Jamás haría algo tan supervergonzoso. Ni siquiera me desmayé después de reencontrarme con el Gran Maestro tras varios siglos, ¿sabe? Y aun así dicen que yo me desmayé… ¡Es tan gracioso que mi ombligo sudará de tanto reír!
—Emm… Entiendo que te resulte raro, pero en serio te desmayaste; Subaru y Meili estaban muuuy preocupados por ti, créeme.
—¡¿Eh?! ¡¿El Gran Maestro preocupado por mí?! Dejejeje, te creeré.
—Eso fue fácil.
—Debí haber visto venir que me tratarían como a un extraaa.
Shaula ladeó la cabeza.
—¿Por qué me desmayé? O sea, no es normal que me pase, y en esas situaciones lo superprobable es que todos terminen muertos, a excepción del Gran Maestro…
—Creo que sobreestimas a Barusu… digo, a tu Gran Maestro. Pero parece que eso fue lo que sucedió. Tómate un momento y recuerda… Recuerda la larga, larga escalera frente a ti.
—La larga, larga escalera…
La voz de Ram sonaba casi hipnótica, como si intentara llevar la mente de Shaula de vuelta a sus recuerdos.
—Al final de ella había una sala blanca, y una espada de acero clavada en el suelo. Y cuando la tomaron, una voz extraña resonó en la cabeza de todos…
—Mm-hmm, mm-hmm…
Shaula y Emilia se dejaban llevar por las palabras evocadoras y sensuales de Ram. Shaula estaba perdida en ellas, y Emilia, aunque ya sabía qué había pasado, permaneció callada para no romper el momento.
—Justo entonces, apareció una figura al fondo de la sala. Un hombre con ropa extranjera, cabello rojo largo y un ojo azul…
—¡¡HIAAAAAAHHH!!
Al llegar al punto crítico, Shaula soltó un grito y saltó hacia atrás. Intentó aferrarse a Subaru, pero él, previéndolo, bajó su centro de gravedad y usó todo su cuerpo para atraparla. Esta vez no cayó al suelo.
En su lugar, terminó sepultado bajo la piel suave de Shaula.
—¡AY AY AY AY! ¡¿Pu-pudiste recordar?! ¡Recordaste, ¿verdad?!
—¡¿Po-po-po-porqué está él aquí?! ¡O sea, ustedes me dijeron que había muerto! ¡Está supervivo! ¡Sabía que era alguien superimposible de matar!
—¡¿Qué?! ¡Oye, ¿qué estás di…?!
Con los ojos llorosos de dolor, Subaru intentaba entender lo que Shaula decía, hasta que de golpe lo comprendió.
Entendió lo que quería decir.
Solo había una persona que encajaba con esa descripción de la que habían hablado desde que llegaron a la torre.
Ese era…
—¡El Palillero! ¡Reid, el Palillero! ¡Ese superbruto! ¡Demonio! ¡Ha vuelto a la vida para toquetear mis tetas de nuevo!