Sección 4
Sección 4
El Palillero sonrió mientras anunciaba la continuación del examen.
—¡¿Las reglas no dicen que es suficiente con que solo uno pase?!
—¿Eh? ¿Quién demonios dijo eso? Deja de sacar cosas de la galera, oye. ¿Por qué pasarían todos si solo una persona aprobó? ¡Usa un poco el sentido común, el sentido común! ¿O es que tu cerebro es ansí de diminuto, mierdecilla?
—¡Se-se lo dices a la persona que menos quiere que le hablen de usar el sentido común!
Subaru gimió mientras el hombre frotaba sus palillos, destrozando su argumento.
En realidad, Subaru era quien había sacado conclusiones apresuradas, asumiendo la condición de victoria en el examen del segundo piso. En el tercer piso, la prueba había terminado en cuanto resolvieron el acertijo, así que Subaru asumió que, si alguien pasaba el segundo piso, todos tendrían acceso al siguiente archivo.
Si cada uno tenía que superarlo por su cuenta, entonces la cosa era prácticamente imposible. Más aún después de ver lo difícil que había sido incluso para Emilia, que había conseguido negociar una condición más fácil.
Hablando claro, Emilia tenía la mayor fuerza de combate de todos los presentes. Con los contratos de Julius rotos, ella era indudablemente la más fuerte de su grupo.
Entonces, ¿cómo se supone que los demás iban a derrotar a este tipo por sí solos?
—… Espera un momento, de hecho. Hay un error clave en lo que dices, supongo.
—¿Un error?
Subaru temblaba, buscando desesperadamente una salida en esa situación tan desigual. Entonces Beatrice habló, sujetándole fuerte la mano, como si quisiera obligarlo a calmarse.
—Qué intentas decir, ¿eh? Llegas diez años demasiado pronto, o al menos cinco, oye. Torna cuando tus piernas, brazos y cuerpo hubieren crecido y tuvieres algo de TETAS CULO, oye.
—… Betty no tenía intención de seguir tus sinsentidos, pero ahora me has puesto de mal humor, de hecho. Así que te lo diré STRAIGHT, supongo.
—¿STRAIGHT…? ¿Qué?
—Ya está decidido, de hecho. Emilia dijo que, si dabas tan solo un paso, entonces nosotros ganábamos, supongo. ¡En otras palabras, la victoria de Emilia fue la victoria de todos nosotros, de hecho!
Subaru contuvo la respiración y miró a Emilia.
Se sorprendió de aquel truco escondido, de que esa hubiera sido su intención desde el principio en su atrevida propuesta. Pero Emilia se llevó la mano a la boca y dejó escapar un pequeño suspiro. No, espera.
—¡Cierto, sí lo dije! ¡Dije “nuestra”! ¿Entonces? ¿No significa que todos pasamos el examen?
—Eso es solo un asunto de palabras. No voy a dejarlo pasar, oye.
—Ya… Entiendo. Lo siento, Subaru, Beatrice. No funcionó…
—¡¡TE RINDES DEMASIADO RÁPIDO, SUPONGO!!
Beatrice rugió cuando Emilia bajó la mirada con un gesto apenado. Pero, pensándolo bien, era una ocurrencia sin mucho peso. Eso solo mostraba lo desesperanzadora que se veía la muralla delante de ellos.
—Bueno, lo que la enana dice tiene algo de sentido; también recuerdo que originalmente podrían enfrentarme tantos como quisieran para intentar pasarme, más seguir las reglas es aburrido, así que obligueme a despertarme.
—Cuando dices obligueme a despertarme… ¡¿Quieres decir que lo que ocurrió al principio eras tú hackeando el SYSTEM?!
—¿De qué demonios estás fablando, cachomierda? Usa palabras que entienda, oye. Deja de fablar como aquel tipo al que le salieron canas siendo muy joven, oye.
El humor del hombre cambiaba entre bueno y malo, pero con lo que dijo, Subaru empezó poco a poco a entender qué era él y qué había pasado con el sistema del examen.
—¿O sea, que debió haber sido un Examen en la que todos pudiésemos trabajar juntos para superarlo, pero debido a que “despertaste” ahora cada uno debe pasarla por su cuenta?
—¡Já, como si fuere a saberlo, oye! Aunque tampoco sé cuál habriales sido más fácil, si atacarme combinando todos vuestros ataques, o dejarme tocar sus tetotas y golpearme de una ve― ¡Epa!
—Ten cuidado con lo que dices, maldito pervertido acosador, o te cerraré la boca yo mismo.
De inmediato Subaru lanzó un latigazo contra él al oír esas palabras. Por supuesto, incluso un ataque sorpresa no lo tomó desprevenido, y lo detuvo con facilidad con sus palillos.
—¡Jah! No pensaba que fueras de los que atacan usando bastones, pero ¿un látigo? ¿En serio, cachomierda? Tienes gustos muy raros. Los látigos solo sirven para azotar a tus enemigos o a tu mujer.
—¡Estoy bastante seguro de que eres mi enemigo! ¡Además, pienso ir paso a paso con Emilia, por lo que el látigo será mi última opción!
—Subaru, Subaru, cálmate, de hecho. Apenas entiendo de lo que hablas, supongo, ¡y hasta te estás dejando llevar por el enemigo, de hecho!
—¡Es cierto, Subaru; no te alteres tanto! Solo tocó mi pecho, no es que haya hecho algo malo.
—¡Eso SÍ es algo malo, Emilia-tan!
—Se supone que deberías estar molesta, ricura fermosísima.
Emilia intentó calmarlo, pero tanto Subaru como el Palillero la interrumpieron. Los ojos de Emilia se abrieron al verlos coincidir, y Beatrice soltó un suspiro pesado.
Entonces…
—¿Me permiten decir algo breveee?
Una voz que hasta entonces había estado en silencio interrumpió aquella extraña conversación.
—No me gusta decir estooo, pero creo que deberíamos regresaaar.
Meili levantó su pequeña mano. Tenía la cabeza de Shaula apoyada en su regazo mientras negaba lentamente. Sus ojos amarillos dejaban claro su miedo.
—No sé cómo puedes hablar con él tan normal, señor… El caballero y la señora de la bufanda ya están caídos, y la medio desnuda tambiééén.
—De ellos tres, Shaula se desmayó por otra razón, pero sin duda fue raro.
La tímida opinión de Meili era la conclusión natural, viendo la situación.
De hecho, Subaru, que aún pensaba en seguir peleando, estaba lejos de ser objetivo. Estaba claramente influenciado por la presencia abrumadora del Palillero. Sumado a eso lo de Emilia, y que Julius y Anastasia habían quedado fuera de combate, se entendía por qué no podía pensar con claridad.
—… Solo es algo hipotético, pero si dejáramos la sala ahora y luego regresáramos, ¿todavía contarías su victoria?
La fuerza del Palillero estaba en un nivel completamente distinto.
Con solo dos palillos había destrozado a Julius, enfrentado a Emilia de igual a igual y todavía parecía sobrarle energía. No era exagerado decir que estaba al nivel de Reinhard. No tenían absolutamente ninguna posibilidad de ganar.
Finalmente, Subaru decidió que lo mejor era retirarse. Y entonces…
—… Ya basta.
—¿Eh?
—¡YA BAS-TA! ¡Ya basta, ya basta, ya basta, ya basta, basta, basta, basta! ¡Ya me cansé de esto!
Viendo que ellos se enfocaban en retroceder, el hombre respondió como un niño haciendo berrinche.
—Se cierra el local. Largo de aquí. Ya me cansé de esto, largo de una vez.
Se dejó caer en el suelo, con una rodilla levantada, y los despidió.
—… ¡E-espera un momento! ¿¡Qué mierda significa eso!? ¿¡Decides lo que quieres de este examen como se te da la gana?!
—De verdad eres ruidoso, cachomierda. Tuve el poder de decisión desde el principio, oye. Si digo que no, es no.
Era una barbaridad, y Subaru no sabía cómo responder. El hombre siguió.
—Si no tengo ganas de facer algo, no le doy más vueltas al asunto. Así que, ¿qué farás?
Un frío mortal recorrió el cuerpo de Subaru.
Los labios del hombre se curvaron mientras guardaba los palillos, abandonando toda arma. Todavía sonreía, pero ahora era distinto.
Por muy feroz que hubiese sido antes, había tenido cierta calidez. Ahora era la oscura, sangrienta y asesina sonrisa de una mabestia.
—…… Ah.
Un leve gemido.
No fue Subaru, sino Emilia a su lado. Ella llevó la mano a su blanca garganta, y sus ojos de joya se abrieron de par en par, horrorizados.
Sus rodillas flaquearon y cayó al suelo. Solo entonces se dio cuenta de que había olvidado respirar…
—Haaah…
Y al ver a Emilia, Subaru recordó respirar también. Se llevó la mano a la garganta, cayó de rodillas y luchó por llenar sus pulmones de aire y oxigenar su sangre.
De no haber tenido ese recordatorio visceral, bien podría haber muerto sofocado. La mera presencia de ese hombre era capaz de matar.
—Rompanse la cabeza buscando una forma de vencerme. El mismo truco que usó esa fermosísima no tornará a funcionar. Y tampoco la tipa buenota durmiente. Salgan de mi jodida vista, voy a dormir.
Su voz fue grave y seria al dar ese último mensaje antes de bajar la cabeza.
Después de un momento, se quedó dormido, pero era igual de molesto dormido que despierto.
En cierto modo, roncaba exactamente como Subaru se imaginaba… pero nadie en la sala tenía fuerzas para reírse.
—Vayámonos de aquí lo antes posibleee. Quiero alejarme de aquí lo antes posible.
Meili no luchó contra sus instintos. Y sus palabras fueron el impulso que los demás necesitaban.
Cargando a los heridos, no les quedó más remedio que retirarse del examen.