Sección 3
Sección 3
Era una danza resplandeciente de luz azul pálida, pequeños fragmentos de hielo apenas visibles a simple vista: Icicle Line, una barrera de hielo nacida del abrumador poder mágico de Emilia.
—Quiero preguntar una cosa antes de empezar.
Desplegando un campo limitado de maná a través del cual canalizó su magia, Emilia creó una especie de barrera mientras llamaba al hombre en el centro, que se rascaba el parche que cubría su ojo izquierdo.
—¿Eh? Pregúntame, fermosísima.
—Mi nombre es Emilia. Solo Emilia. ¿No se suponía que con hacerte mover un paso era suficiente? Y hace un momento estuviste corriendo por todos lados.
Tras presentarse, Emilia planteó la pregunta obvia.
Antes de que empezara la pelea, el Palillero había dicho claramente: “Intenta hacerme mover, aunque sea un paso de este lugar.”
Técnicamente, ya había perdido. Durante el combate con Julius, se había movido por toda la sala en todas direcciones.
Pero el hombre solo se encogió de hombros.
—No tomes esas cosas tan en serio, oye; ocurrióseme en el momento. Eso pasa, ¿verdad? Querer lucir genial de vez en cuando, ¿verdad? Son esas cosas, oye. ¿De acuerdo? Quizás no lo entiendes por ser una mujer. Por ser fermosísima. Quédate conmigo esta noche, oye.
—Lo siento, pero no entiendo lo que dices. Y además, estoy segura de que no podría ganarte ni aunque luche.
—¿E-Emilia…?
A pesar de haber invocado todo su poder mágico y estar lista para combatir, Emilia soltó esa declaración sin la más mínima vacilación. Al oírla, los ojos del Palillero se abrieron con sorpresa, y Subaru se quedó helado, apenas logrando pronunciar su nombre.
Ella se disculpó con Subaru antes de continuar.
—Pareces muuuuy fuerte. Pude darme cuenta solo con mirarte. Pero de todos modos tenemos que superar esta prueba de alguna manera. Así que… ¿podrías darnos alguna forma de ganar?
—…
—Si conseguimos que te muevas, aunque solo sea un paso, será nuestra victoria. Podemos basar en eso nuestro combate… ¿O no?
El hombre guardó silencio ante la propuesta de Emilia. Subaru quedó boquiabierto con esas condiciones: eran absurdas, descaradas incluso.
El Palillero permaneció callado, pensándolo un momento, y luego—
—¡Já!
El Palillero rió, rechinando los dientes. Sus ojos azules se abrieron de par en par mientras miraba a Emilia.
—Bien, no me desagrada, oye. Demostraste muchas agallas diciendo todo eso a alguno como yo. Eres la mayor idiota que he visto desde Trisha, oye. Me gusta.
—¿Eso significa que pasamos la prueba?
—¡No voy a tratarte tan bien, oye! Mas está bien. Ya me he lucido delante de una bella mujer. Y ya que lo he fecho, debo seguir luciéndome fasta el final; no puedo morir, aunque muera. Lo faré como deseas.
—Entonces…
—¡Ganas si logras moverme, aunque sea un solo paso!
Al oírlo, Emilia asintió y luego dirigió la mirada hacia Subaru.
—Te dejo a Anastasia y a Julius. Por favor, atiéndelos.
—¡E-espera! ¡¿Viste lo que pasó recién, no?! Si entras sin un plan…
—Está bien. No parece que pretenda matarnos… Y yo también lo daré todo.
Ignorando la advertencia de Subaru, Emilia dio un paso al frente con mirada decidida y alzó los brazos hacia el Palillero.
Con esa distancia entre ellos, podía desatar su magia sin miedo a una represalia inmediata.
—Eh, fermosisíma, eso no es muy femenino que digamos.
—¡Haz lo que puedas lo mejor que puedas, es lo que he aprendido de mi gran caballero!
El Palillero cruzó sus fornidos brazos y sonrió de oreja a oreja, de pie en una posición que parecía increíblemente desventajosa.
Apuntando directo a esa sonrisa, Emilia alzó la voz en la última sílaba y liberó un torrente de armas de hielo dentro del campo de cristales resplandecientes, acompañadas por el sonido del aire congelándose.
Espadas, lanzas, hachas, alabardas, flechas, todo tipo de armas.
Ice Brand Arts: Icicle Line: Usando su inmenso poder mágico, Emilia podía provocar una destrucción inconmensurable en un espacio cerrado. Era una técnica poderosa que Subaru había ideado, y ahora ella la estaba ejecutando.
—¡¡Ei, ya!!
Fue un grito un tanto ridículo, pero el espectáculo que se desplegó a continuación fue cualquier cosa menos eso.
Con su grito, las armas de hielo afiladas se lanzaron hacia el Palillero desde todas direcciones.
Él respondió con una ráfaga de cortes—o más bien, de golpes de palillos—de una fuerza abrumadora.
—¡Ngh… Emilia…!
Mientras eso ocurría, Subaru corrió hacia Julius y Anastasia, como Emilia le había pedido.
A simple vista, el desmayo de Anastasia se debía a lo que Eridna había advertido: un esfuerzo excesivo para su cuerpo. Su sangrado nasal ya se había detenido y no presentaba heridas externas graves.
Y aunque Julius había sido golpeado de manera brutal, tampoco tenía heridas mortales.
Pero el hecho de que hubiera recibido tantos impactos era la prueba de que, si su rival hubiera usado una espada, ya estaría muerto cien veces.
—Ambos están bien, supongo. Pero…
—Lo sé.
Beatrice, que también había ido a revisarlos, fue interrumpida por Subaru.
Habían confirmado su seguridad. Pero la bestia que les había hecho eso era el mismo hombre contra el que Emilia estaba luchando en ese momento…
—¡Já!
El Palillero parecía divertirse mientras blandía sus palillos, atrapando un fragmento de hielo con la boca y mordiéndolo. De un solo golpe, partió a la mitad una espada y un hacha de hielo que volaban hacia él.
Las armas rotas brillaron por un instante antes de desvanecerse, creando un espectáculo de luces que no hacía más que enmarcar la salvaje y hermosa masacre de aquel hombre, como si fuera un sueño febril.
Pero incluso haciendo todo eso…
—… No se mueve…
—Una vez que empiezo, puedes estar seguro de que voy a lucirme hasta el final. Hay que tener modales. Si un hombre no puede presumir cuando camina en la cuerda floja entre la vida y la muerte, ¿entonces cuándo?
Riéndose con desprecio de las palabras de Subaru, el Palillero casi tarareaba para sí mismo mientras interceptaba toda la magia. Y aunque su torso se movía sin parar, sus piernas permanecían firmes, inamovibles como montañas.
Tanto Subaru como Emilia llegaron a la conclusión de que aquello se volvería un punto muerto.
—¡¡Uu… yah!!
Así que, para romper el estancamiento, Emilia se lanzó de frente con valentía.
Su figura esbelta danzó mientras alzaba los brazos, formando una enorme hacha de batalla de hielo. Con un giro, la dejó caer desde arriba sobre él.
—¡Jajah!
El Palillero clavó sus palillos hacia adelante en el descenso del hachazo. El golpe se desvió apenas unos centímetros y se incrustó en el suelo.
Hubo una violenta onda de choque al romperse el hacha de hielo bajo un palillo. Pero al mismo tiempo, Emilia soltó el hacha y encadenó de inmediato el siguiente ataque con una alabarda que ya estaba lista.
—¡Ei! ¡Yah! ¡Torya! ¡Urya! ¡Uryaurya! ¡Uyah!
Un golpe con la alabarda, un tajo de doble hoja, el corte de una espada larga, el desenvainado de una katana, el chasquido de un látigo, el hachazo de un hacha—lanzó todo tipo de ataques que se le ocurrieron, pero todos fueron neutralizados con facilidad.
Y no era porque Emilia careciera de técnica.
La combinación entre su inmenso poder mágico y su habilidad de combate había sido pensada por Subaru. Él mismo podía asegurar que ese estilo aprovechaba al máximo las capacidades de Emilia.
Que no funcionara no era culpa suya.
Subaru hubiera querido apoyarla de alguna forma, pero…
—… Subaru.
Beatrice le apretaba la mano con fuerza. Ella también lo sentía: no había hueco para intervenir. Era una prueba del nivel de saturación de armas y magia que Emilia había creado.
Y en el centro de esa explosión de violencia estaba el incomprensible monstruo que se hacía llamar Palillero, lidiando con todo lo que se le lanzaba sin mover un solo pie.
Si Subaru intentaba entrar a la fuerza, solo la distraería. Dolía aceptarlo, pero no podía moverse hasta que la resistencia de Emilia empezara a flaquear.
En ese punto muerto, ocurrió un cambio inesperado.
—¡Fun! ¡Ei! ¡Terya!
Emilia blandía dos espadas cortas, lanzando un tajo doble contra su cuello desde ambos lados. Él agachó la cabeza y, al intentar atraparlo en el regreso del movimiento, ella giró los filos de vuelta.
—¡Já!
El Palillero dobló las rodillas y arqueó la espalda casi hasta el suelo, sosteniendo todo su cuerpo solo con los tobillos. Emilia, al fallar el golpe, perdió el equilibrio.
Era la primera apertura crítica que mostraba en toda la pelea—y el hombre saltó hacia arriba, lanzando sus palillos en dirección a ella.
En ese instante, enseñó su sonrisa más afilada, inclinándose hacia delante.
—Estás indefensa.
Y con los palillos, levantó sus pechos hacia arriba.
—¿Eh…?
Sin la capa del desierto, Emilia vestía otra vez su atuendo blanco habitual. El Palillero sonrió con vulgaridad mientras manoseaba obscenamente su busto con los palillos.
—Ventajas de pelear con una chica. No te enojes por—
—¡Torya!
—¡¿Goagh…?!
Emilia entrelazó sus manos sobre la cabeza y formó un guante de hielo alrededor de ellas, descargándolo contra la coronilla del Palillero.
El golpe fue tan fuerte que el hielo se pulverizó en un solo impacto con un sonido seco y brutal. Él soltó un alarido, se agarró la cabeza y rodó por el suelo.
—¡QUÉ DOLOOOOOOR! ¡¿E-en qué demonios estabas pensando, mujer?! Normalmente, una mujer vacila si alguno face eso, ¡pero tú ni siquiera parpadeaste! ¡¿Qué demonios te pasa, mujer?!
—¿Eh? Solo has tocado mi cuerpo, ¿no? Además, estabas completamente desprevenido.
—¡¿Pero qué coño…?! ¡¿Qué clase de educación te han dado?! ¡¿Qué
demonios facían tus padres?!
Sobándose la cabeza, el Palillero se sentó de piernas cruzadas en el suelo, aullando.

Emilia parpadeó sorprendida y se tocó el lugar donde los palillos la habían alcanzado.
—… ¿Dije… algo raro?
—¡Oye! ¡Dale algo de sentido común a esta fermosísima! ¡Sácala a pasear o algo ansí! ¡Donnadie! ¡Se supone que debes cuidarla, coño! ¡Oye, faz algo, fazlo bien! ¡Duele, mierda…!
—¡Deja de hacer estupideces tú también! ¿¡Qué diablos crees que haces con Emilia?! ¡Pervertido! ¡Cerdo asqueroso! ¡Arzobispo!
Subaru rugió contra el Palillero por haberse propasado. En ese instante, al menos, estaba enfurecido, olvidando todo el miedo y el asombro que le provocaba aquel hombre salvaje y desmesuradamente poderoso.
—¡Subaru, cálmate! Betty entiende cómo te sientes, ¡pero mira mejor, supongo!
—¿Ahh?! ¿Mirar qué…?
—Sus pies.
Beatrice tiró de su manga, devolviendo a Subaru a la realidad. Y al hacer lo que Beatrice decía y fijarse en los pies del hombre, abrió los ojos de par en par.
—Se movió. Y no solo un paso, ¡sino más!
—¡Ah! ¡Es verdad! ¡Viva! ¡He ganado!
El hombre guardó silencio mientras Emilia juntaba las manos y saltaba de alegría.
En respuesta a su celebración, su magia de hielo se transformó en flores, floreciendo en celebración de su victoria.
Había cumplido la condición que él mismo había puesto: hacerlo mover un paso.
Era algo evidente para cualquiera. Siempre y cuando el propio hombre no lo negara.
—Sea como sea, una victoria es una victoria… Así que, ¿qué vas a hacer?
A diferencia de Emilia, Subaru no tenía muchas expectativas de que aquel hombre cumpliera su palabra. Con todo lo que había pasado, era difícil esperar algo de él.
Pero, a pesar de sus dudas…
—Vaya… Qué remedio. Mi palabra es mi palabra. Esta clase de derrota me convertirá en un fazmerreír, maldita sea mi alma lasciva, mas no tengo elección.
—¿D-de verdad lo aceptarás…?
—Oye, ¿qué coño piensas de mí? Si no cumpliere con mi palabra, todo lo que fice y faga para parecer genial y augmentar mi valía sería en vano, oye. Sería como tirar por la borda todo aquello por lo que trabajé, oye. Si ocurriere, ¿te farías responsable, donnadie? No podría dar un paso más hacia las mujeres, oye.
—En realidad, con la forma en que perdiste ahora, tu valía ya ha tocado fondo.
—¡Cállate, donnadie! ¡Ni siquiera llegas al nivel de donnadie, solo eres una mierdecilla pinchada en un palo! No te pongas a tirar mierda, mierdecilla. De todos modos, esa fermosísima de allí gana. Ganaste un pase. Esa es la condición. Qué remedio.
Restregándose la cabeza con violencia, el Palillero reconoció su derrota sin poner objeciones.
¿Era eso caballerosidad o pura miseria?
Fuera lo que fuese, Subaru no pensaba presionarlo más. Julius y Anastasia habían quedado inconscientes al enfrentarlo, pero seguramente con un descanso en la sala verde estarían bien.
En realidad, no había habido mucho examen en este piso, pero…
—… Bueno, ¿quién será el siguiente? ¿El mierdecilla? ¿O será una de esas enanas?
—¿Eh?
Justo cuando Subaru pensaba que ya podrían subir al siguiente piso, abrió los ojos como platos al oír lo que el hombre decía.
El instante siguiente, casi podía olerse el aire mismo ardiendo.
La presencia de aquel hombre no se podía ni comparar con antes. Subaru tardó en entender lo que estaba pasando mientras sus instintos le gritaban ante ese cambio dramático, como si todo lo anterior no hubiera sido más que un juego de niños.
—Hay alrededor de siete personas en esta torre… Tu chica es la única que puede pasar.
—…
—¿Entonces quién será el próximo en intentar superarme?
El examen de Electra, el segundo piso de la Gran Biblioteca Pleiades.
Tiempo: condicionalmente ilimitado.
Intentos: condicionalmente ilimitados.
Retadores: condicionalmente ilimitados.
Aprobada: Emilia.
Aún no aprobados: Subaru, Beatrice, Julius, Anastasia, Meili, Ram.
——El examen continúa.