Sección 3
Sección 3
El espacio blanco que los rodeaba desapareció, sustituido por incontables estanterías llenas de libros que se alzaban hasta el techo.
Al confirmar que el monolito que había tocado también había desaparecido, Subaru sintió alivio: su respuesta había sido correcta. Pero—
—¡Lo has conseguido! ¡Subaru, eres increíb―!
—¡Quien haya pensado en esto es lo peor!
—¿¡Eh!? ¿Esa es tu primera reacción?
Al ver que el tercer piso, Taygeta, había sido desbloqueado, los vítores de Emilia se convirtieron en sorpresa ante la queja de Subaru. Su rostro estaba fruncido mientras su protesta resonaba.
—Acertar la respuesta es un logro, eso no lo niego, pero la solución es un problema enorme. Esto no fue justo para nada.
—¿E-en serio? Yo solo pienso que es genial que sepas tanto.
—El problema no es cuánto sé yo, sino que cualquiera que no fuera como yo nunca habría podido resolverlo. Ese es el asunto.
Subaru se rascó la cabeza, pero Emilia solo lo miró confundida.
Trató de pensar cómo explicarlo, aunque entrar en detalles podía ser un poco peligroso también.
El examen había sido una prueba sobre la constelación de Orión y el mito que la rodeaba. Le encantaría poder quejarse libremente de lo que sea que estuviera pensando la persona que inventó esto, como si fuera listo por saber la respuesta, pero el problema principal era que en este mundo era imposible aprender sobre la constelación de Orión.
La constelación de Orión, la estrella Shaula y cómo se alineaban las constelaciones eran fragmentos de conocimiento del mundo del que Subaru venía.
Lo que significaba que quien diseñó la prueba conocía el mismo cielo nocturno que Subaru.
Más claro aún: la persona que creó una pregunta que solo podía responder alguien con conocimientos sobre el cielo de otro universo era un completo desgraciado. Y, por ahora, el candidato más probable era el Sabio Flugel.
—Por lo que se ve, su Gran Maestro tiene una personalidad bien retorcida.
—Nononono, ¿por qué diría eso? ¡No es propio del Gran Maestro ser autodespectivo! Aunque lo de la personalidad perversa no se puede negar, ¡aún es superrazonable que el acertijo pueda ser resuelto! Si fuera Reid, definitivamente sería irresoluble… O sea, algo acerca de revelar al otro yo y ser incapaz de pasar sin victoria en la batalla.
—Eso también es espantoso; me pregunto cuál ofrece más probabilidades de superarlo.
Fuera como fuera, todo apuntaba a que los héroes que derrotaron a la Bruja de la Envidia en el pasado tenían problemas de carácter. Viéndolo así, quizá hasta era mejor que lo único que se pusiera a prueba fuera un conocimiento de otro universo.
—Aun así, sí que hay muchísimo’ libros aquí.
Ignorando la revisión que hacían después de la prueba, Anastasia examinó las estanterías que los rodeaban. Acariciando el pelaje de su bufanda, fijó la vista en una fila de libros.
—Gracias a la gran labor de Natsuki, er Examen fue resuerto. Eso es excelente, pero ¿cuár es er senti’o de esta biblioteca? ¿Qué clase de libro’ se guardan acá?
—Según lo que explicó la señorita Shaula, es un tesoro de conocimiento, pero…
—Por esa reacción, parece que es la primera vez que Taygeta ha sido abierta, de hecho. Caminemos y echemos un vistazo, supongo.
—Ciertamente… Oye, pareces animada, ¿no?
—Eso… Bueno, quizá un poco.
Situándose al lado de Subaru y sujetándole la manga, Beatrice hablaba más rápido de lo habitual. Había un destello en sus ojos mientras observaba con gran interés el archivo que tenían ante sí. Al darse cuenta del motivo, Subaru lo encontró encantador a pesar de la situación.
—Pensé que no tenías buenos recuerdos del archivo prohibido.
—… No todo fueron buenos recuerdos, supongo. Sin embargo, en cualquier caso, es donde Betty pasó cuatrocientos años, de hecho. Además…
—¿Además?
—Es donde Subaru le dijo a Betty “elígeme”, supongo. No es un lugar que pueda ser tan fácilmente olvidado, de hecho.
—Eres… ¡demasiado linda!
—¡Mukya~, supongo!
Con el afecto creciendo en su interior, Subaru le acarició la cabeza. Beatrice dejó escapar un sonido felino de satisfacción antes de alejarse rápidamente para lanzarse a revisar las estanterías.
Con el examen terminado y los monolitos desaparecidos, el tercer piso aparecía como una única planta circular. En estructura, era una extensión de los pisos inferiores, y la impresión de que se extendía eternamente no era más que una ilusión óptica.
El lugar estaba lleno de estantes abarrotados de libros. El archivo prohibido había albergado una colección considerable, pero ni siquiera se acercaba a lo que tenían frente a ellos.
—Ojalá pudiéramos usar una COMPUTER para encontrar el libro que queramos.
—En la Biblioteca Prohibida, Betty sabía exactamente dónde estaba cada libro, de hecho.
—Eres increíble. ¡Una prodigio!
Sorprendido por el orgullo personal de Beatrice, Subaru se acercó a una estantería cercana. Mirando alrededor, vio que Emilia y los demás se dirigían a varias filas de libros, aunque no parecían dispuestos a tomar uno todavía.
—¿No fue Subaru quien lo resolvió? Quizás ocurra algo malo si lo toca otra persona aparte de Subaru.
—Ah, es cierto que cualquier cosa podría pasar; pero, si solo el que resolvió el acertijo tuviera permitido leer los libros, ¿no sería raro que Emilia-tan y el resto tuvieran permitido entrar en la biblioteca habiendo únicamente visto cómo se resuelve?
—Ah, ya veo. Entonces se puede considerar que uno tiene permiso si ya ha podido entrar.
—Sí, eso es lo que creo― ¡Pero ¿Emilia-tan?!
Convencida por esa explicación, Emilia sacó un libro de la estantería frente a ella. Y antes de que Subaru pudiera decir algo más, empezó a hojearlo.
—Mmm, parece un libro normal… ¿Qué ocurre, Subaru?
—Nada, solo que me volví a enamorar de ti después de esa locura de valentía… Lo dije, pero era solo yo diciendo cosas.
—¿…? Si fuiste tú quien lo dijo, Subaru, entonces no debería haber problema, ¿verdad? Eh… ¿Es tan raro decir eso?
Emilia parecía genuinamente confundida, dejando a Subaru sin palabras. Él se cubrió el rostro con la mano, atrapado por una emoción difícil de describir mientras dejaba escapar un gemido.
—Tú la creaste poco a poco, las cosas como son. Además, resolviste el acertijo de Taygeta, cosa que nadie más pudo. Tal logro es innegable.
—Eso fue como si un gato ciego atrapara un ratón muerto. Que lo resolviera fue solamente coincidencia.
Julius se encogió de hombros ante su desconcierto, pero Subaru apartó la mirada del caballero.
La confianza de Emilia, el afecto de Beatrice, la sinceridad de Julius… eran cosas que Subaru deseaba tener, pero que, al tenerlas, le dejaban una sensación persistente de que no las merecía.
Subaru siempre dudaba si de verdad se merecía todo eso.
—Justo como dijo Emilia, solo es un libro ordinario. No es arguna clase de objeto extraño que inme’iatamente incendiaría tu cuerpo ar tocarlo.
—De lo que está hecho el libro es… difícil de discernir. Así como su antigüedad. Pero el contenido… ¿…?
Con la actitud proactiva de Emilia, casi como una catadora de venenos, los demás también se animaron a tomar un libro. Pero el mundo no era tan simple como para aprenderlo todo con uno o dos ejemplares.
—Beako, ¿qué piensas?
—A simple vista, parece que todos los libros son del mismo tamaño, supongo. Pero los títulos son todos distintos, de hecho. Este es Noah Libertas, este otro Aegon Voller… El orden tampoco tiene sentido, supongo.
Tal vez era el instinto de bibliotecaria, pero a Beatrice no le agradaba que los libros parecieran organizados de forma aleatoria. Por lo que recordaba Subaru, el archivo prohibido no era tan ordenado, aunque quizá tenía su propio sistema.
Dejando de lado su indignación, Subaru notó algo mientras miraba los lomos de los libros.
—Los títulos de estos libros… ¿podría ser que todos son nombres de personas?
—Mmm… así parece. Este es Palma Eule, y aquí está Coyote.
—No parecen nombres conocidos. No es que tenga un gran conocimiento, pero ninguno de estos nombres me resulta familiar. Naturalmente, si buscamos lo suficiente caminando y leyendo los títulos, tarde o temprano hallaríamos algo, pero…
—Si tú no los reconoces, quizás ninguno de nosotros lo haga.
Julius, que últimamente había mostrado su lado más entusiasta por la historia, tampoco los conocía. En ese caso, tal vez no fueran nombres de personas.
Subaru tomó un libro de la estantería; la espiral de letras era la típica combinación de escrituras del idioma de este mundo.
—Solo para asegurarme… Anastasia, ¿algún nombre que reconozcas?
—Mmmm… Nop.
Con ese pretexto, Subaru comprobó también con Eridna. Siendo un espíritu artificial, era posible que supiera más que Julius. Pero esa esperanza se desvaneció, y no había motivo para que le mintiera a menos que se hubiera puesto completamente en su contra.
—Todavía es muy pronto para rendirse. El mejor lugar para esconder un árbol es un bosque… Puede que los libros llenos de conocimientos estén ocultos, enterrados en las estanterías. Aunque sería un dolor de cabeza enorme.
—No te rindas a mitad de camino. Estás siendo mucho menos positivo que cuando resuelves acertijos imposibles. ¡Tienes que esforzarte!
Frente a la enorme pared de libros, Emilia apretó sus pequeños puños, llena de determinación. Y, como si ese gesto diera resultado, cuando Subaru volteó la vista a las estanterías y trazó con el dedo un título, notó algo.
Mientras lo recorría, su dedo se detuvo de repente. Enganchando la parte superior del lomo y tirando, lo deslizó fuera del estante. El título del libro era un nombre que conocía.
—…
Tomándolo sin pensar demasiado, Subaru lo abrió. Y, al empezar a ojearlo, lo sintió.
Se desmayó.