El RESTART de Natsuki Subaru
Capítulo 1
El RESTART de Natsuki Subaru
1
Desde la pérdida de conciencia hasta su resurrección, para la percepción del tiempo de Natsuki Subaru, solo había transcurrido un instante.
—...
Que su cabeza fuera destrozada contra el duro suelo y que el mundo se tiñera de rojo intenso había ocurrido apenas un parpadeo antes.
Justo después de sentir que perdía toda sensación en su cuerpo, Subaru se encontró sobre una suave cama.
—Ah...
Dejó escapar el aliento, relajando la rigidez de un cuerpo que aún arrastraba el impacto de la muerte hasta en el alma.
Sus pulmones se contraían, y su corazón estaba tan patéticamente encogido por el miedo que apenas lograba respirar con normalidad.
Era natural. Después de todo, arrojarse por un acantilado y quitarse la vida por voluntad propia era una experiencia completamente nueva.
Su cuarta muerte y su primer suicidio.
En una situación donde las condiciones del Retorno por Muerte aún no estaban del todo claras, con la acumulación de eventos jamás experimentados en esta ocasión, no habría sido extraño que la vida de Subaru hubiera llegado a su fin definitivo. Sin embargo...
—...Regresé.
Apretando sus puños temblorosos, Subaru torció las mejillas en una mueca mientras miraba el techo blanco frente a él.
Una cama suave, una almohada con buen aroma y sábanas perfectamente arregladas. Todos y cada uno de ellos eran los artículos para invitados que daban la bienvenida a Subaru en su primer día en la mansión Roswaal.
Y por encima de todo...
—Hermana, hermana. Parece que a nuestro honorable huésped todavía está medio dormido.
—Rem, Rem. Parece que, a nuestro honorable huésped, a su edad, lamentablemente ya está perdiendo la cabeza.
Las hermanas gemelas se tomaban de las manos, observando a Subaru frente a la cama con dos pares de ojos idénticos.
Llevaban vestidos oscuros con delantales blancos. Los inmaculados tocados sobre sus cabezas resultaban deslumbrantes, acompañando sus idénticos cortes bob en colores azul y rosa.
Sus rostros eran adorables y aún conservaban un toque infantil. Eran las hermanas que se encargaban por completo del mantenimiento de la mansión, y la razón misma por la que Subaru había utilizado el Retorno por Muerte.
Frente a esas voces familiares y gestos que ya conocía tan bien, el corazón de Subaru tembló al experimentar su quinto primer encuentro.
Tenía una montaña de cosas que quería decir. Sin embargo, las palabras no salían, como si se le hubieran atascado en la garganta.
Al ver a Rem sana y salva, al ver la actitud de Ram tan impertinente como siempre, y al sentir cómo ambas lo trataban con tanta naturalidad, una emoción incontenible brotó en su interior.
—Honorable huésped, honorable huésped. ¿Qué le ocurre? ¿Acaso se siente mal?
—Honorable huésped, honorable huésped. ¿Pasa algo? ¿Tuviste un ataque por alguna enfermedad crónica?
Las gemelas lo miraron perplejas mientras Subaru bajaba la mirada, llevándose una mano al pecho. Se separaron a izquierda y derecha frente a la cama y, flanqueándolo desde ambos lados, extendieron sus pequeñas palmas con la intención de tocarlo. Y esas dos manos...
—Me las prestan un segundo.
—¿Eh?
—Ah.
Aunque pidió permiso, no les dio tiempo a replicar. Subaru entrelazó los dedos de ambas manos con las suyas, agarrando una mano de cada una.
Ignorando a las hermanas que se habían quedado rígidas por la sorpresa, disfrutó de la calidez de sus palmas, de la delgadez de sus dedos y del simple tacto de su piel.
—Ah, lo sabía... no me había equivocado.
Subaru recordaba a la perfección la sensación de esas manos entrelazadas. Tenía el recuerdo latente de cómo esa calidez lo había salvado durante una noche asfixiante.
El motivo que lo impulsó a tomar la decisión de arrojarse por el acantilado no había sido un error.
—No, honorable huésped. Creo que absolutamente todo es un error.
—No, honorable huésped. Seguramente haber nacido ya fue un error.
Ante el comportamiento descortés y descarado de Subaru, las dos se soltaron de su agarre y le lanzaron palabras de reproche al unísono.
Sin embargo, Subaru asintió ante las palabras de ambas, como si estuviera escuchando una melodía agradable.
—Si pienso en lo que pasará después, siento que son palabras de las que no debería reírme... pero justo ahora, hasta eso me sienta de maravilla.

Ya estaban soltando comentarios que ni de broma le dirías a un invitado, pero él podía reírse y dejarlo pasar.
Si es que de verdad podía reiniciar su primer encuentro con las dos de esta forma.
Frente a las gemelas, que mostraban no tanto cautela sino una evidente aversión fisiológica, Subaru saltó de la cama. Hizo un par de flexiones para comprobar el estado de su cuerpo y, con una gran sonrisa, se volvió hacia ellas, que seguían mirándolo con desconfianza.
—Siento mucho lo de antes, haberlas agarrado de repente y sin saludar. Y, habiéndome disculpado, hay algo que quiero decir.
Subaru se cruzó de brazos y sacó pecho inútilmente, mientras Ram y Rem enderezaban su postura.
Al ver que la mirada de ambas se volvía un poco más afilada, Subaru percibió vagamente que ya habían empezado a evaluarlo.
Si no lograba ganarse la confianza de ambas y, por extensión, la de todos en la mansión, a Natsuki Subaru le volverían a arrebatar su tiempo de paz y se vería de nuevo cara a cara con la desesperación.
Por eso, en este nuevo bucle, tendría que prestar suma atención para no sembrar dudas y paranoia en ellas...
—Pero qué va. Si fuera capaz de hacer ese tipo de malabares en mis relaciones interpersonales, nunca me habría vuelto un nini que no va a la escuela.
Ante el murmullo de Subaru, las dos ladearon la cabeza al unísono, con un evidente signo de interrogación en el rostro.
Verlas sincronizarse hasta en ese tipo de gestos le resultó tan divertido que la tensión y la fuerza abandonaron su cuerpo.
Lo que tenía que decir, lo que tenía que hacer, ya estaba decidido.
—Yo confío en ustedes, así que llevémonos bien.
Al igual que en su primer mundo, se enfrentaría a ellas con todas sus fuerzas y total honestidad.
Por mucho que supiera un poco sobre el futuro o existiera la posibilidad de poder empezar de nuevo, la esencia de Subaru no cambiaba.
Solo le quedaba luchar con todas sus fuerzas en la situación que tenía delante.
Ante la propuesta de Subaru, las gemelas se miraron a la cara y conversaron en silencio, usando solo los ojos.
Mirando de reojo ese intercambio que solo ellas entendían, de pronto dirigió la vista hacia la puerta de la habitación, justo cuando una chica entraba.
Con un largo cabello plateado que le llegaba hasta la cintura y una piel blanca casi translúcida.
Una joven de belleza sobrehumana, con unos ojos color amatista que parecían absorberte como si emitieran un hechizo de encanto: Emilia.
Emilia, al notar la mirada de Subaru, sonrió con cierta ironía mientras miraba a los tres presentes en la habitación.
—Escuché mucho ruido y vine a ver qué pasaba... Me alegra ver que estás lleno de energía, Subaru.
—Hasta hace un momento tenía un montón de conflictos internos, pero al ver a Emilia-tan se me han pasado todos de golpe. El remedio perfecto para mi corazón resultó ser una pastilla de amor y compasión llamada Emilia-tan.
—Lo siento, pero no entiendo nada de lo que dices.
Al dejar que su lengua diera más vueltas de lo habitual diciendo tonterías, una expresión de confusión y complejidad apareció en el hermoso rostro de Emilia.
—Incluso con esa cara de preocupación eres linda... Emilia-tan siempre es refrescante, tu nivel de frescura es perfecto.
—No me gusta mucho que me digan eso. Pero, buenos días. Me alegra que estés a salvo.
Aunque hizo una mueca, de inmediato le dedicó a Subaru una suave sonrisa.
En la línea de tiempo de Emilia, este era su primer reencuentro después de los incidentes en la capital. Subaru aceptó sinceramente las palabras de Emilia, quien seguramente estaba aliviada por su recuperación tras haber estado al borde de la muerte.
—Sí, buenos días. Bueno, pues... vamos a empezar.
Sin entender la intención detrás de las palabras de Subaru, que le devolvió la sonrisa, las tres mujeres de la habitación ladearon la cabeza.
Ante aquella reacción sincronizada, casi como si fueran tres hermanas, Subaru no pudo evitar reír en voz alta y dijo:
—Me refiero al START de mi estrategia para superar la semana en la mansión Roswaal.
Lo declaró no para los demás, sino principalmente para convencerse a sí mismo.
Bien, era hora de hacer que la historia avanzara.
Para poder contemplar el amanecer que Subaru deseaba, junto a todos los habitantes de esa mansión.
El primer día de la quinta vez. La mañana en la mansión Roswaal había comenzado.
2
Para sobrevivir a esa semana en la mansión Roswaal, había dos grandes obstáculos que necesitaba superar.
El primero era ganarse la confianza de los miembros de la mansión.
Esto no se limitaba solo a Ram y Rem, sino que también incluía al amo de ambas, Roswaal.
Si no lograba estar a la altura de sus expectativas, la posibilidad de que Subaru fuera asesinado para silenciarlo era extremadamente alta.
Y el segundo obstáculo era... derrotar al hechicero que atacaría la mansión Roswaal.
Sin embargo, todavía no tenía ni la más mínima pista de cómo resolver ese problema.
Ese usuario de maldiciones que había atacado la mansión en múltiples ocasiones y que les había arrebatado la vida a Subaru y a Rem.
Pero el enemigo era un rival tan formidable que, incluso en este quinto mundo, aún no había mostrado ni un atisbo de su verdadera identidad.
Si lograba obtener la confianza de Ram y Rem, y además lograba derrotar a ese mago malvado de identidad desconocida, podría superar este bucle. Esas eran las condiciones de victoria que Subaru había descubierto tras morir cuatro veces.
No obstante, había muchas partes inciertas en los elementos necesarios para cumplir con esas condiciones cruciales, y aunque había utilizado su Retorno por Muerte, todavía no estaba seguro de por dónde empezar.
Sentía ganas de agarrarse la cabeza ante lo difícil que pintaba el futuro, pero Subaru se sacudió esas emociones negativas y miró hacia adelante.
Por muy alto que fuera el muro que se alzara ante él, no podía simplemente no intentar escalarlo.
Después de todo, Subaru había regresado eligiendo el suicidio, un método con el que ni siquiera sabía si lograría volver.
Puesto que ya había muerto una vez por voluntad propia, debía enfrentarse a esto como si ya estuviera muerto de todos modos.
Eso era lo que Subaru había decidido.
3
—Y bieeeen, ¿Ram? Desde tu punto de vista, ¿cuáaaal sería la evaluación de ese chico?
Cuando la luna ya colgaba en el cielo nocturno, aquella conversación secreta se llevaba a cabo en el despacho del último piso de la mansión Roswaal.
Quien planteó la pregunta con ese característico tono arrastrado fue un hombre sentado sobre un escritorio de ébano.
Un hombre apuesto de presencia casi etérea, con el pelo largo de color índigo y una piel pálida y enfermiza. Sin embargo, llevaba un maquillaje que recordaba al de un arlequín, lo cual, sumado a su peculiar forma de hablar, hacía imposible borrar la impresión de frivolidad que desprendía.
Aquel hombre no era otro que el dueño de la mansión, Roswaal L. Mathers en persona.
Los participantes de aquella charla secreta eran dos: el propio Roswaal y la sirvienta que estaba frente a él al otro lado del escritorio, Ram.
Ante la pregunta de Roswaal, que tenía las manos entrelazadas sobre el escritorio y esbozaba una leve sonrisa, Ram ladeó la cabeza, pensativa.
Al verla dudar sobre qué informar, Roswaal levantó una ceja, como si estuviera presenciando algo insólito.
—Hmmmmm. Que Ram, quien suele tomar decisiones de forma inmediiiita, esté dudando, sí que es algo raaaaro. ¿Acaaaaso un día no fue suficiente para medir su carácter?
—No es que se trate exactamente de eso.
Aunque su respuesta negativa fue rápida, el contenido carecía de claridad. Ram se tocó los labios con un dedo, mostrando un ligero atisbo de desconcierto.
—Él... Barusu, en términos de habilidades, no tiene nada destacable. En cuanto a su trabajo como sirviente, apenas pasa de ser un aficionado. Era un problema incluso antes de poder evaluarlo.
—Vaya, vaya... Para alguien que pidió asumir ese rol por sí mismo, resulta un taaaanto extraño.
Roswaal soltó una risita ahogada al recordar el intercambio que tuvieron esa mañana en el comedor.
Recordaba haber invitado al huésped recién despierto a la mesa para hablar de sus hazañas y de la recompensa pertinente.
La conclusión a la que Roswaal había llegado era que Subaru era "un chico que había recibido una educación decente, con una inteligencia nada despreciable y cierta capacidad para protegerse a sí mismo".
No era una mala evaluación, lo que, en otro sentido, significaba que era alguien de quien debían desconfiar.
Por eso le había dado a Ram el papel de instructora, ordenándole implícitamente que vigilara los movimientos de Subaru, y también había organizado esa reunión para recibir su informe.
No esperaba que el chico diera grandes resultados o metiera la pata de forma estrepitosa desde el primer día, pero que lograra hacer dudar a Ram a la hora de dar su informe también resultaba ser un problema.
Tras un breve silencio, Ram abrió la boca, dirigiéndose a Roswaal, quien descansaba la barbilla sobre una mano y tenía un ojo cerrado.
—Hay un par de cosas extrañas con respecto a Barusu.
—Sí, sí, te escuuuuucho. Dime cualquier cosa que te haya llamado la atención.
—En cuanto a habilidades, raya en la incompetencia, pero... por algún motivo, Barusu es demasiado perspicaz en momentos clave.
—¿A qué te refieres exactameeeente con que es demasiado perspicaz?
—Son detalles realmente insignificantes... pero mientras trabajaba, demostró estar demasiado familiarizado con pequeñas partes de la mansión. El lugar donde guardamos utensilios que aún no le habíamos enseñado. El orden y la forma en que colocamos los platos en los estantes al recogerlos. Y también... mis preferencias de té y las de Rem.
—...
Roswaal respondió con silencio a las palabras de Ram, pasándose un dedo por la barbilla. Ante la actitud de su señor, Ram se apresuró a añadir un detalle más.
—Por supuesto, todos son detalles menores. Podría haberse dado cuenta de esas cosas si hubiera prestado mucha atención desde el desayuno y durante la breve visita guiada y la explicación por la mansión que hicimos después. Sin embargo...
—Si no es una gran acumulación de casualidades... ya veeeo, resulta un poooooco preocupante.
Cualquier sospecha siempre comienza con un pequeño desgarro. Si no lo estaban pensando demasiado, cabía la posibilidad de que Subaru hubiera estado investigando la mansión incluso antes de adentrarse en ella.
Sin embargo, en ese caso, resultaba muy difícil de explicar una cosa:
—Sus méritos protegiendo a la señorita Emilia en la capital, ¿verdaaaad?
—Sería un plan demasiado elaborado solo para lograr entrar en la mansión. Por encima de todo, existía la enorme posibilidad de que hubiera perdido la vida si la señorita Beatrice no hubiera estado allí.
El momento en que Subaru fue traído a la mansión seguía fresco en la memoria de Roswaal.
Él no lo había curado personalmente, pero era imposible que Beatrice formara parte de un complot así.
Es más, la propia Ram había estado al lado del malherido Subaru en el camino de regreso desde la capital. Era casi impensable que los hubiera engañado a ambos de esa forma.
—Teniendo todo eso en cuenta, me parece queeeeee estamos dándole demasiadas vueltas al asunto.
—Estaba esa tal... ¿Cazadora de Entrañas? La que atacó a la señorita Emilia en la capital. Cabe la posibilidad de que estuvieran compinchados y orquestaran todo esto para que él pudiera infiltrarse en la mansión, pero...
Las palabras de Ram carecían de fuerza, como si ella misma supiera que esa posibilidad era minúscula. Roswaal también negó con la cabeza ante la sugerencia.
—Noooooo, esa posibilidad está descartada. Podemos dejar de dudar sobre si está o no aliado con la Cazadora de Entrañas.
—...Ya veo.
—Cambiando de teeeeema, ¿hay algo más que te haya llamado la atención?
Ante la incitación de Roswaal, Ram bajó la mirada y dijo: "Déjeme pensar".
—Si dejamos a un lado lo perspicaz que resulta... Barusu es optimista hasta el punto de dar grima.
—¿Eeeh?
Roswaal frunció el ceño. Más que elegir sus palabras, daba la sensación de que Ram las estaba buscando.
Ram también debía ser consciente de que lo que decía no tenía mucho sentido. Con una expresión de frustración por no poder encontrar las palabras precisas, continuó hablando:
—Se pasó todo el tiempo hablando sin parar de esa forma suya, y aunque se equivocaba a veces, no dejaba de sonreír. Al contrario, se comportaba con nosotras con una devoción extrema...
—...¿Y qué oooopinas de eso?
—Que eso difiere bastante de la impresión que me dio la señorita Emilia, de que era "como un niño honesto con sus propios deseos, sincero y alguien imposible de odiar".
Ante la pregunta en tono grave, Ram respondió brevemente.
Roswaal, que apenas había tenido contacto con Subaru, no podía comprender las dudas que albergaba Ram.
Sin embargo, aquellas eran las palabras de una vasalla leal que llevaba mucho tiempo a su servicio. Tras asimilar su consejo, Roswaal asintió levemente con la barbilla.
—Parece que, sin duda alguna, es alguien a quien debemoooos vigilar de cerca durante un tiempo. Que sea difícil leer su carácter en el primer día eeeeees inevitable. Además, el hecho de que tenemos que devolverle el favor de manera adecuada por salvar a la señorita Emilia es indudable.
—...En caso de que fuera necesario.
Ram dejó la frase en el aire, con la clara intención de no querer escuchar lo que venía a continuación.
El hecho de poder leer los pensamientos de una chica que jamás cambiaba su expresión facial se debía a la gran cantidad de tiempo que llevaban juntos. Roswaal fijó su ojo amarillo en aquella debilidad de Ram y negó levemente con la cabeza.
—Este asunto debemos tratarlo cooooon extremada cautela. Asegúrate de advertirle a Rem, como su hermana mayor, para que no actúe por su cueeeenta.
Ram asintió solemnemente ante las instrucciones de Roswaal.
La otra sirvienta que no estaba presente en la reunión confidencial, Rem, tenía tendencia a actuar por cuenta propia al interpretar las intenciones de sus superiores.
Aún sería pasable si solo se tratara de saltar a conclusiones precipitadas y terminara con una linda reprimenda.
Pero en una situación tan crucial como esa, la posibilidad de que su comportamiento arbitrario los condujera a un mal desenlace era demasiado alta.
Eliminar un peligro antes de que ocurriera, pero arruinar la relación con Emilia en el proceso no era un escenario del que pudieran reírse.
—Incluso a mis ojos, es evidente la desconfianza que Rem siente hacia Barusu... Sí, me aseguraré de advertírselo.
—Te lo ennnncargo. Ahora estamos en un momento crucial... Así es, es el momento donde se pondrá a prueba la culminación de todo el esfuerzo que hemos hecho hasta ahoraaaa.
Murmuró Roswaal con voz cansada, haciendo rechinar el respaldo de la silla.
Ram, queriendo decirle algo, terminó cerrando la boca sin pronunciar palabra. Y así, el silencio y el aire frío de la noche fluyeron entre ambos.
—Cambiando de tema, Ram. ¿Eso es todo por el inforrrrme de hoy?
—...Sí. Lamento no haber podido transmitirle nada de gran importancia.
—Nooo te culparía por algo así. Más importante, terminemos con tu verdaderoooo deber. Han pasado dos noches enteras. Debe de dolerte baaaastante, ¿no es así?
—Ah... Sí.
Con un semblante un tanto embriagado, Ram obedeció el movimiento de los dedos con el que Roswaal la incitaba.
La sirvienta, que estaba de pie frente al escritorio, se acercó a Roswaal con pasos vacilantes y se sentó tímidamente sobre sus rodillas.
—Esta noche también... con su permiso.
—Es el ejercicio de un derecho naaaatural. Te lo digo siempre, no tienes de quéeee avergonzarte. Es un cuerpo muy importante. Y recuerda que no te pertenece solo a tiiii.
Le trazó la mejilla con una mano y levantó el rostro de Ram, quien cerró levemente los ojos. Mientras peinaba sus cabellos de color rosa con la otra mano, Roswaal cerró un ojo y bajó la mirada para ver a Ram con su pupila amarilla.
—Yyyy bien, viendo lo que significas paaaaara nosotros... me gustaría pensar que somos amistooooosos, ¿verdad?
Aquello lo murmuró apenas dentro de su boca, y tras eso, Roswaal cambió por completo su enfoque.
Contemplando únicamente a la Ram que tenía delante, concentrando su atención por completo en ella.
La primera noche en la mansión Roswaal se volvía más profunda.
Para concluir con la misteriosa y secreta reunión entre el amo de la casa y su sirvienta.
4
—¡GOOD MORNING! ¡Hoy también hay buen tiempo, el clima perfecto para tender la ropa! ¡Hagamos que sea un día lleno de HAPINESS!
Recibiendo el sol naciente con tres "¡Banzai!", Subaru gritaba su ovación a viva voz.
Era la quinta vuelta en la mansión Roswaal, la mañana del segundo día.
De pie en medio del jardín y bañado por la luz del sol matutino, giraba su torso en grandes círculos con todas sus fuerzas.
Haciendo su sesión de gimnasia matutina a primera hora, hacía circular la sangre por todo su cuerpo y convertía la energía acumulada al dormir en pura vitalidad.
—¡Y, VICTORY!
Para terminar, alzó ambas manos hacia el cielo y soltó un grito de victoria, dando por finalizado el comienzo de su día.
Mientras se secaba el sudor de la frente con frescura, Subaru se dio la vuelta con una gran sonrisa. Entonces...
—Hoy también estás lleno de energía desde temprano...
—Oye, oye, no hables como si la cosa no fuera contigo, Emilia-tan. ¡Emilia-tan también debería ponerse las pilas!
En el extremo del jardín, a la sombra de los árboles, Emilia, que estaba realizando su rutina matutina de conversar con los espíritus menores, sonrió con ironía.
A su lado flotaba Pack, el espíritu con forma de gatito, que se estaba lavando la cara frotándola con las patitas.
—Al verte lavarte la cara así, pareces un gato de verdad. Pero bueno, dejando eso de lado, ¿los espíritus también tienen sueño? ¿O se quedan dormidos?
—Ustedes también tienen sueño cuando se les acumula el cansancio, ¿no? A los espíritus les pasa algo parecido cuando su maná, que es la fuente de su energía, disminuye. Si no tienes suficientes reservas de maná... funyaa.
Contagiada por el bostezo de Pack, Emilia también se llevó una mano a los labios y soltó un pequeño bostezo.
Al verlos a los dos quejándose de sueño, Subaru se encogió de hombros.
—Los dos se quedaron despiertos hasta tarde... Seguro que estuvieron hablando hasta las tantas de la persona que les gusta, ¿verdad? Yo también quiero unirme a la charla. ¿Eh, que quién me gusta? Bueno, la verdad es que me da un poco de vergüenza...
Subaru entrelazó las manos, bajó la mirada y espió a Emilia de reojo.
Ante esa actitud de Subaru, Emilia agitó la mano vagamente y dijo: "Sí, sí".
—El que me gusta es Pack, y a Pack le gusto yo. Fin de la historia.
—¡¿Amor correspondido?! ¡¿Y yo dónde quedo en todo esto?!
—Nya en ninguna parte. Lia está locamente enamorada de mis encantos. Puede que no seas un mal chico, Subaru, pero si te comparas conmigo, no tienes nada que hacer. Ríndete con Lia de una veeeez... ¡Nyan, nyan, nyan!
Subaru se acercó amenazante, y Pack intentó sermoniarle con un tono de superioridad, pero los dedos de Emilia, que se habían extendido desde un lado, pellizcaron las orejas de los dos bromistas.
—Dejen de pasarse de la raya ustedes dos. Si siguen con esas cosas, yo también me voy a enojar.
—¡Duele, duele, se enojó, se enojó!
Al unísono, Subaru y Pack mostraron sumisión ante el castigo de Emilia.
Cuando les soltaron las orejas, ambos se frotaron las zonas doloridas frente a Emilia, que se puso las manos en las caderas.
—Es bueno que se lleven bien, pero no me usen como excusa para jugar. Si lo entienden, digan "sí".
—Sííí...
Bajo la presión de su mano extendida, Subaru terminó asintiendo por pura inercia.
Tenía la sensación de que lo estaban tratando como a un niño y que lo tenían comiendo de la palma de su mano, pero al ver a Emilia sonreír satisfecha, todo lo demás dejaba de importarle. Era algo extraño.
Sin darse cuenta de que Subaru estaba embelesado con su sonrisa, Emilia dio una palmada repentinamente.
—Ah, justo a tiempo. Oye, Subaru, ven aquí y siéntate.
Emilia, que estaba sentada de lado sobre el césped, palmeó suavemente el suelo a su lado para invitar a Subaru.
La reacción de Subaru al comprender que le pedía que se sentara fue instantánea. Se deslizó inmediatamente y exclamó:
—¡Llamado, saltando y deslizándome, aquí estoy yo! ¿Qué, qué? ¿Qué momento es el ideal? ¡Si la honorable Emilia-tan tiene picazón en un lugar de la espalda al que no llega, el hombre que llega a donde pica, Natsuki Subaru, rascará justo donde se le ordene!
—Yo solo te dije que vinieras a sentarte a mi lado... ¿qué hago si me respondes con tanto entusiasmo?
Ante el ímpetu abrumador de Subaru, incluso Emilia sonrió con cierta ironía.
—Bueno... ayer fue tu primer día de trabajo, ¿cómo te fue? ¿Pudiste hacerlo bien?
—¡Ah, fui un desastre en un ochenta por ciento!
—Ah, rebosante de confian... ¿Eh? ¿Fuiste un desastre? ¿Un ochenta por ciento?
—Bueno, ochenta por ciento quizá es exagerar... un sesenta, no, un setenta y cinco por ciento...
—Sigues teniendo más cosas malas que buenas...
Quizá porque la autoevaluación de Subaru era más baja de lo esperado, Emilia se encogió, como sintiéndose responsable. Sin embargo, en seguida levantó la cara, intentando no preocupar a Subaru.
—Ah, pero, mira, es tu primer trabajo y te salió bien un veinte por ciento, ¿no? Entonces no pasa nada, seguro que lograrás hacerlo bien. Venga, ten confianza.
—¡Tienes razón! Siendo mi primera vez, un veinte por ciento es más que aceptable. ¡A partir de aquí comienza mi camino con el viento a favor!
—Tampoco te dejes llevar tanto, tienes que reflexionar sobre tus errores.
—¡Si me vas a consentir, consiénteme hasta el final! Ah, no es cierto, no pasa nada, lo siento.
Ante la intimidación de Emilia, que lo miraba fijamente, Subaru se encogió y agachó la cabeza.
En cualquier caso...
—La verdad es que, con la ayuda de Ram y Rem, siento que al menos estoy saliendo del paso. Esforzándome al máximo solo logro un veinte por ciento, pero esa es mi capacidad actual, así que no se puede evitar. Lo importante es que yo confío en el yo del futuro.
—Si tú mismo eres tan optimista, no diré nada, pero...
Ante las palabras positivas de Subaru, Emilia frunció los labios en un puchero, como si estuviera un poco resentida.
Esos pequeños gestos infantiles que mostraba de vez en cuando eran tan adorables que provocaron un impulso ardiente en el pecho de Subaru.
Pero, reuniendo todo su autocontrol, reprimió ese impulso.
Subaru hizo un movimiento cómico y señaló a Emilia con los dedos de ambas manos.
—Bue-no, bue-no, por eso mismo, hoy me dedicaré también a mi vida como sirviente mientras sigo recibiendo órdenes y lecciones de las hermanas sirvientas. Y cuando esté agotado de esta vida, iré corriendo a echarme en el regazo de Emilia-tan, ¡así que tenlo isto9!
—... Creo que será mejor si me tomo la mitad de lo que dices en broma.
—¡Qué evaluación tan dura para una cara tan linda! Pero si te lo tomas a la mitad, ¡eso significa que puedo usar una de tus rodillas! Bien, ya tengo reservada el regazo de Emilia-tan para esta noche... ¡No me lo quites, Pack!
Subaru cambió el dedo con el que señalaba y lo dirigió a Pack para declararle la guerra, pero el espíritu mantuvo su actitud relajada y se acarició los bigotes.
—Je, je, no importa lo que digas, tú acabas de llegar. Lia ya me ha entregado cuerpo y alma mediante nuestro contrato. A estas alturas, entrometerse en esta relación es... nyan, nyan, nyan.
—Oye, no cambies los términos de nuestro contrato sin mi permiso. De verdad...
Emilia agarró las orejas del incorregible Pack y lo dejó colgando en el aire para que reflexionara.
Sin embargo, como si ya estuviera acostumbrado, Pack mantenía una expresión plácida, dejándose mecer felizmente en las manos de Emilia. Subaru sintió envidia sincera de la relación que tenían esos dos.
—Bueno, ya que he recargado mi vitalidad matutina, creo que iré a trabajar.
—Vitalidad matutina... ¿Hiciste algo?
—Claro, coquetear con Emilia-tan.
—Ya estás diciendo tonterías otra vez. Si te pasas el día tomando el pelo a la gente, cuando digas algo en serio nadie te creerá.
—Conozco un cuento parecido, pero creo que en ese caso el tipo se lo tenía merecido...
—¿Eres tú el que lo dice, Subaru...?
Subaru respondió a la mirada de exasperación de Emilia con una sonrisa tímida, y se levantó mientras se sacudía el polvo de la parte trasera.
—Tengo que irme ya o me van a regañar de verdad. El plan de esta mañana es empezar con la preparación del desayuno. No te gustaban los pimeri, ¿verdad, Emilia-tan? Si hay, te los quitaré.
—Aunque no me gusten, tengo que comerlos... Espera, ¿yo te he dicho que no me gustan los pimeri?
Emilia ladeó la cabeza, confundida, y Subaru se despidió de ella con una pequeña sonrisa.
No solo se lo había contado, sino que también la había visto aborrecerlos en persona.
Balanceándose exageradamente a izquierda y derecha, Subaru se hizo el gracioso, consciente de que Emilia lo estaba observando.
Y se esforzó... se esforzó todo lo que pudo para mantener su sonrisa sin que desapareciera.
5
Mientras veía cómo Subaru se alejaba y desaparecía de su vista con su peculiar forma de caminar, Emilia dejó escapar un pequeño suspiro.
En el lugar al que se dirigió el suspiro, Pack, desde la palma de su mano, también observaba la espalda de Subaru mientras este se alejaba.
De repente, Pack notó una mirada posada sobre él y miró hacia arriba, encontrándose con los ojos de Emilia.
—¿Qué pasa? Tienes cara de preocupación.
—No sé, me siento un poco... inquieta. No sé cómo explicarlo con palabras.
Emilia balbuceó, tratando de encontrar las palabras adecuadas para expresar el desconcierto que sentía en su interior.
Sin embargo, las palabras se atascaron en su garganta y terminaron convirtiéndose en un suspiro que se desvaneció en el aire.
Mientras observaba la lucha interna de Emilia, Pack movió su nariz rosada.
—¿Te preocupa Subaru? Es raro que Lia se preocupe tanto por los demás.
—No me trates como a alguien a la que se le da mal relacionarse con la gente. No es que se me dé mal relacionarme con los demás, simplemente... es que no he tenido muchas oportunidades de hacerlo.
Emilia infló las mejillas, mostrándole a Pack una expresión que no le mostraba a nadie más.
Esa actitud y esos gestos, propios de una niña mimada, eran una prueba de la absoluta confianza que Emilia depositaba en él. Pack, recibiendo esa confianza, también observaba a la chica, que era como una hija para él, con una expresión apacible.
Sea como fuere, Pack percibió las emociones que Emilia no había podido expresar con palabras y asintió.
—Bueno, es normal que estés desconcertada, Lia. Porque la situación se ha vuelto un poco... problemática.
—¿Problemática...?
Aunque el tono de Pack era relajado, el ambiente no permitía ignorar sus palabras, y la expresión de Emilia se tensó.
Por lo general, la actitud de Pack siempre era la misma, sin importar lo crítica que fuera la situación. Ya fuera por su naturaleza de espíritu o por su propia personalidad, resultaba difícil percibir la gravedad de sus palabras a partir de su tono, por lo que todo dependía del juicio de quien lo escuchaba.
En otras palabras, del juicio de Emilia.
Ante una Emilia que contenía el aliento, Pack se acarició los bigotes con calma y dijo:
—Lo he tocado un poco por encima, y resulta que la mente de Subaru es un gran desastre ahora mismo. Su apariencia exterior y su interior son un caos absoluto. Si sigue así, es probable que se acabe rompiendo en poco tiempo.
Y así lo dijo, con ese tono inalterable que lo caracterizaba.
6
Al escuchar el agudo sonido de la cerámica rompiéndose, Rem se sobresaltó y levantó la cabeza.
—¡DON'T MIND! ¡DON'T MIND! ¡No le des importancia! ¡Todo está bien!
Se escuchó esa voz y Subaru, el chico con traje de sirviente, se acercó con pasos ligeros tras agarrar los utensilios de limpieza.
Rápidamente recogió los restos de cerámica esparcidos por el suelo y luego se secó el sudor de la frente.
Entonces, se volvió hacia Rem, que había estado observando la escena sin decir nada, y esbozó una sonrisa macabra, mostrando los dientes.
—Tranquila. Gracias a mi rápida limpieza, no habrá ni un solo herido.
—Me parece muy loable tu actitud, pero fuiste tú quien tiró el jarrón en primer lugar, ¿verdad, Subaru? Traeré un jarrón de repuesto, así que limpia el suelo y arregla las flores...
—¡No, no te preocupes! ¡Yo me encargo del jarrón y de las flores! ¡Senior, sigue con tu trabajo!
Subaru pasó por delante de Rem, que intentaba darle instrucciones, y se dirigió al almacén de suministros. Regresó unos minutos después con el jarrón adecuado.
Enseguida lo colocó en su sitio, lo llenó de agua y acomodó las flores, devolviendo el paisaje a la normalidad.
—Uf. Da gusto terminar el trabajo bien hecho, ¿eh, Rem-rin?
—Aunque fuiste tú mismo quien se buscó el trabajo adicional y luego lo terminó… Subaru, ¿cuándo le preguntaste a mi hermana dónde estaban los jarrones? ¿A mi hermana?
—¡Ah, eh, oh...! ¡Sí, a tu hermana! "Conociéndome, seguro que algún día se me caerá un jarrón, así que, por si acaso, te diré dónde están", ¡me dijo!
—"Como era de esperar de mi hermana, siempre tiene tanta visión de futuro"... Esa fue una excusa tan mala que ni siquiera Rem pudo pensar algo así.
Además, a Rem le llamó más la atención la forma en que Subaru había utilizado los utensilios de limpieza para recoger los trozos del jarrón roto y cómo se movió por la mansión, deshaciéndose de la cerámica rota sin vacilar.
Para Rem, esos movimientos no parecían en absoluto los de alguien que llevara trabajando allí solo uno o dos días.
Y cuando pensaba en mirarlo con suspicacia...
—¿Estás bien? No cargues con tanto trabajo sola, compártelo un poco. Yo lo haré, haré lo que haga falta.
Se acercaba con tanta simpatía que ella ya no sabía qué pensar.
No era la actitud de una persona con malas intenciones ni un enemigo, pero tampoco eran los movimientos de alguien sin una cara oculta.
Sin embargo, para ser alguien con algo que esconder, su comportamiento y sus palabras eran demasiado directos y, sobre todo, estaba lleno de puntos débiles.
Parecía que se esforzaba por acostumbrarse al trabajo. Parecía que se esforzaba por acercarse a Rem y a Ram.
Pero por alguna razón, ese esfuerzo parecía estar impulsado por unas emociones apremiantes que Rem no lograba comprender, lo que la hizo fruncir el ceño.
Al ver a Subaru con esa actitud, casi como si estuviera exigiendo ser reconocido, sintió una fuerte punzada en el pecho.
—Suba...
—¡Uy, se me olvidó que Ram-chi me había encargado algo! ¡Iré a terminarlo rápido, perdona un momento! ¡Enseguida vuelvo, nos vemos luego!
Antes de que pudiera detenerlo, Subaru salió corriendo y desapareció al final del pasillo. Rem retiró la mano que había extendido para llamarlo, y a punto estuvo de darse la vuelta para consultar con su hermana este desconcierto...
—... No, no es necesario molestar a mi hermana por esto.
Como si la punzada en el pecho que llevaba sintiendo desde hacía un rato la estuviera reteniendo, Rem dio un paso hacia su puesto de trabajo para terminar sus tareas restantes.
7
—Qué asco…
—¡Oh, Ram-chi! ¿Has visto eso? ¿No crees que mi manejo del cuchillo se ha vuelto bastante refinado en un solo día? ¡Quizá mi talento ha florecido!
—Qué repugnante, qué asco, qué horror .
—¡Rem-rin, mira, mira! ¡Esta habilidad que hace posible un trabajo tan delicado, ahora mismo en las yemas de mis dedos reside un milagro! ¡Una ilusión!
—Qué asco, qué asco, qué repugnante, qué repugnante, qué mal, qué horror.
—¡Emilia-tan, no revuelvas mi corazón cada vez que nos vemos! ¡Eres tan pecadora que es un QUILTY total!
—Qué repugnante, qué asco, qué repugnante, qué asco, qué repugnante, qué asco, qué repugnante, qué horror, qué mierda, qué maldito asco, puta mierda, qué asco, qué repugnante, qué jodido asco.
Con una sonrisa en el rostro, bromeaba y soltaba frivolidades de forma bufonesca.
Se esforzaba al máximo en el trabajo que se le asignaba, se enfrentaba con valentía sin miedo a fracasar, y cuando tenía las manos libres, vagaba en busca de algún "evento".
Movilizando todos sus recuerdos, desenterrando los cuatro días que había repetido cuatro veces hasta quemarlos en su mente, se aseguraba de estar presente en todos los acontecimientos posibles, por muy insignificantes que fueran.
Tenía que ser así. Tenía que hacerlo.
No podía desperdiciar ni un segundo. Debía examinar todas las posibilidades que pudieran ocurrir y simular el éxito o fracaso de todos los "eventos" necesarios.
Podía pensar en ello como un juego. Era una gestión exhaustiva de las rutas. Se suponía que se le daba bien. Cuanto más interactuara con ellas, más aumentarían las posibilidades.
—Seguro que puedo sonreír mejor. Seguro que puedo hacerlas sonreír mejor.
Acciones sin sentido, inútiles y exageradas. Hazles creer que eres un idiota que no merece la pena vigilar.
Evita que te juzguen tan inútil como para desecharte. Haz girar tu cabeza, no dejes de pensar.
Presta siempre atención a que no resulte antinatural. No bajes la guardia ni un segundo, ni siquiera un instante.
—No puedo fallar. No puedo. Porque no puedo fallar.
Una y otra vez, una alarma sonaba en su cabeza sin descanso.
Era una alerta que le advertía del peligro.
A pesar de no haber progresado ni un ápice desde que llegó a aquel mundo distinto, sentía que solo esa percepción se había agudizado.
—Vaya, Ram-chi. No me estoy escaqueando, ¿sabes? Terminaré mi trabajo como es debido. ¿La senior preferiría relajarse en su habitación, quedarse en STAY y tomarse una siesta?
Ante un acercamiento irregular, lo evitaba con frivolidad y una sonrisa superficial.
¿Lo había hecho bien? ¿Había interpretado correctamente a Natsuki Subaru? ¿No había despertado sospechas? No solo ante Ram, sino que debía tener diez, cien veces más cuidado ante Rem.
Actúa con naturalidad, borra la antinaturalidad y finge ser Natsuki Subaru.
Era fácil. Se trataba de él mismo. Solo tenía que volver a ser el cerdo perezoso que no se daba cuenta en absoluto de los verdaderos sentimientos de las personas que vivían en la mansión, y que simplemente disfrutaba inocente y descaradamente de lo que se le daba.
No saber nada, no poder hacer nada, no darse cuenta de nada; eso era todo lo que se suponía que podía hacer.
Caminaba con la máscara de una sonrisa tonta pegada a la cara.
Estaba dentro de la mansión. No sabía dónde o con quién se encontraría. No había libertad en su tiempo libre. Todo su tiempo en blanco lo dedicaba a repasar el pasado y a hacer planes de acción para el futuro.
—Oh, u, e...
Repentinamente, le sobrevino una arcada.
Solo un gemido se escapó de la comisura de sus labios, pero Subaru nunca dejó de sonreír.
Manteniendo ese paso ligero, casi bailando, se coló en la habitación de invitados más cercana. Luego, se acercó al lavabo de la habitación y...
—... Obuahh. Uee, ouee... ¡Agh!
Vomitó todo el contenido ya vacío de su estómago en el lavabo.
Había estado vomitando todo lo que ingería casi de inmediato. Lo único que salía era un jugo gástrico amarillento. Y ahora, sus órganos internos habían sido castigados hasta el punto de que ni siquiera eso le quedaba.
Las arcadas no desaparecían. Bebía agua del grifo a grandes tragos para llenar su estómago y luego la vomitaba inmediatamente. Lo hizo una y otra vez, repitiendo el proceso como si estuviera intentando limpiar el interior de su estómago.
—Haa... Haa, haa...
Limpiándose bruscamente la boca con la manga, Subaru respiraba con dificultad, con el rostro completamente pálido.
La abrumadora presión amenazaba con matarlo. Sentía que, si aquel tiempo sin descanso continuaba, podría morir simplemente de debilidad.
Se burlaba de sí mismo por estar perdiendo el norte con su propio estado, pero ni siquiera una sonrisa seca acudió a sus labios.
Lo único que emergía era la pura ansiedad y desesperación que brotaban de su pecho.
—¿Lo estaré haciendo bien?
Pensándolo bien, creía que había tenido la mejor relación con la gente de la mansión en su primera e ignorante vez.
A partir del segundo intento, sus interacciones y su enfoque hacia el trabajo habían sido problemáticos debido a que era demasiado consciente de los acontecimientos de su primera vida.
Probablemente esa fuera también la razón principal por la que no había podido ganarse la confianza de las hermanas.
Por lo tanto, en esta ocasión, Subaru estaba tomando como referencia el bucle inicial. Dicho esto, simplemente seguir los pasos de la primera vez sería repetir los errores de su segundo mundo. Lo importante era hacerlo mejor que la primera vez.
Es decir, debía dedicarse en cuerpo y alma al trabajo que tenía delante y producir resultados tangibles.
Si lo hacía, ni Ram ni Rem abandonarían a Subaru. Con solo salirse de la ruta en la que las hermanas lo purgaban, Subaru eliminaría una de sus preocupaciones.
—Pero, eso aún es un cincuenta... para la nota perfecta, tengo que descubrir la verdadera identidad del brujo...
Simplemente lograr que las hermanas no lo mataran no lo libraría de la amenaza de aquel hechicero.
Ya fuera Subaru o Rem, los gritos resonarían en la mansión antes de la mañana del quinto día.
Si pudiera, le gustaría compartir inmediatamente la información sobre el chamán con los involucrados y trazar un plan.
Sin embargo, eso le era imposible a Subaru. No tenía la credibilidad suficiente para que aceptaran sus sugerencias, y había una razón por la que no podía revelar su fuente de información.
El tabú de revelar el Retorno por Muerte a otros; si lo rompía, Subaru sufriría los tormentos del infierno.
Le aterraba el dolor. Pero más que eso, le aterraba encontrarse con aquellas yemas de los dedos de un negro intenso.
Ganarse la confianza de los involucrados y descubrir la identidad del chamán.
El tiempo era abrumadoramente insuficiente. Era desesperante, enloquecedoramente insuficiente.
Atrapado en un callejón sin salida, donde pensaba que tenía que hacer algo, pero sentía que nada se podía hacer.
La noche anterior tampoco había podido pegar ojo, tragado por aquella espiral sin respuesta.
La impotencia de intentar ahuyentar a ciegas una ansiedad cuyas razones estaban claras, pero para la que no veía solución.
Subaru había pagado con su vida para regresar, y aun así seguía siendo impotente, estúpido e insuficiente.
—Ah, mierda... Qué patético.
No podía fallar. No había marcha atrás.
Le aterraba volver a perder la vida que se suponía que ya había desechado, que se suponía que había terminado.
El quinto mundo. Sin embargo, Subaru no tenía la personalidad para creer de manera optimista que podría volver de nuevo.
Esta vez había podido volver. Pero la próxima vez tal vez no. Esta podría ser la última.
Tener constantemente presente que estaba al borde del precipicio desgastaba su mente.
Si no era capaz de decidirse a llegar al extremo de la desesperación, no podría tomar la determinación de ofrecerlo todo para resistir.
Le faltaba valor. Era un tipo corriente y vulgar hasta la médula.
Se daba cuenta de lo poca cosa que era, hasta el punto de odiarse a sí mismo.
—¿Acaso tienes tiempo de soltar debilidades, idiota...?
Si tenía tiempo para quejarse, era más importante ganar puntos diciendo cualquier tontería.
Sacudiéndose las náuseas, Subaru se golpeó las mejillas tensas para darse ánimos y salió de la habitación de invitados.
En ese momento tenía tiempo libre, pero no era tiempo de descanso. Incluso el tiempo de descanso le parecía un lujo que no podía permitirse.
En cualquier caso, tenía que buscar a Ram o a Rem y...
—Por fin te encuentro.
Justo cuando intentaba ordenar sus pensamientos, una voz lo llamó desde atrás.
Al darse la vuelta, vio a Emilia recuperando el aliento.
En cuanto sus ojos se posaron en ella, la conciencia de Subaru cambió de golpe.
Olvidó todo el dolor de estómago, el dolor de pecho y la sensación de asfixia, para centrar toda su atención en Emilia. Retorció las mejillas en una sonrisa,
—¡Vaya, qué sorpresa tan agradable y vergonzosa que Emilia-tan me llame a mí! ¡Pídeme lo que quieras, ordéname lo que sea! ¡Por ti me meteré en el fuego, en el agua, o incluso bucearé en un bazar de objetos robados!
Bromeando más de lo necesario, Subaru ocultó sus verdaderos sentimientos frente a Emilia.
Fue una transformación tan rápida que él mismo habría querido elogiarse. Sin embargo, la reacción de Emilia no fue la que esperaba.
Él había dado por sentado que pondría cara de exasperación o que soltaría un suspiro, pero en su lugar...
—Subaru...
—Oye, oye, conociendo a la Emilia-tan que yo conozco, aquí es donde... ¡Ja! ¡¿Acaso eres una impostora?! ¡Pero, pero, es posible que otra persona pueda reproducir a una chica tan hermosa y adorable que dan ganas de abrazarla?!
Intentó provocar su exasperación con comentarios absurdos, pero la reacción de Emilia siguió siendo escasa.
Contrariamente a todas las expectativas, Emilia miraba a Subaru con unos ojos llenos de tristeza y dolor.
Esto es malo, le advirtió su instinto, poniéndolo en guardia.
—Eh, ¿Emilia-tan se ha quedado callada, qué pasa? ¿Si te pones así, alguien malo pensará que no harás ruido pase lo que pase y te gastará una broma? Por ejemplo, ¡alguien como yo!
Extraño, gritaba la voz en su cabeza una y otra vez.
Lejos de estar exasperada o enfadada, Emilia lo miraba con ojos compasivos.
—La máscara de bufón inexperto que llevo puesta, ¿habrá sido descubierta?
En el momento en que la ansiedad lo asaltó, Subaru recordó al pequeño gato que siempre acompañaba a Emilia.
Aquel gato que se llamaba a sí mismo espíritu, podía leer las emociones de los demás, la superficie de sus corazones.
Las acciones de Subaru, que solo trataban de mantener las apariencias, habían sido descubiertas hace mucho tiempo.
Al darse cuenta de eso en aquel momento, la bravuconería de Subaru se desmoronó por completo.
La sonrisa que llevaba pegada desapareció, dando paso a la expresión de un niño pequeño que teme ser regañado.
Qué ridículo había sido seguir bailando y creyendo que podía esconderse frente a alguien que ya lo había visto todo.
Por encima de todo, su pequeño orgullo, aquel que le dictaba que no quería que Emilia supiera lo que sentía, quedó hecho jirones.
Un momento de silencio cayó entre los dos.
Subaru ya no podía elegir sus palabras, y los ojos de Emilia vacilaban como si ella también buscara qué decir.
—Emilia se va a decepcionar de mí. Eso es lo único que no quiero.
Sin embargo, ni siquiera sabía qué excusas dar.
Intentó abrir la boca varias veces, pero no fue capaz de dar el paso al no encontrar las palabras adecuadas.
Observando a Subaru que balbuceaba, Emilia murmuró de repente "Bien" y dijo:
—Subaru, ven.
—...¿Eh?
—Solo ven.
Tirándole del brazo, Emilia arrastró a Subaru a la habitación de invitados más cercana.
Al ser devuelto a la misma habitación de la que acababa de salir, a Subaru se le dibujó un signo de interrogación en la cara.
Pero Emilia, sin hacerle caso, se puso las manos en las caderas y echó un vistazo a la habitación antes de decir:
—Entonces, siéntate, Subaru.
Señalando al suelo, se lo ordenó con su inalterable voz de campana de plata.
Siguió su dedo y miró hacia abajo. El suelo estaba cubierto con una alfombra, y aunque nadie usaba la habitación, la limpieza era impecable. Desde luego, estaba en condiciones de que se pudieran tumbar allí sin problemas.
—Si me voy a sentar, ¿no podría ser en la cama o en la silla? ¿Por qué en el suelo...?
—No importa, solo siéntate.
—¡Sí, con mucho gusto!
Al oírla hablar con un tono inusualmente fuerte, saltó y se arrodilló al instante sin pensarlo.
Tras comprobar que Subaru se había sentado, Emilia asintió con satisfacción y se paró justo a su lado.
Naturalmente, él la miraba desde una posición inferior, pero no albergaba ningún pensamiento impuro.
Simplemente, estaba desesperado por descubrir las verdaderas intenciones de Emilia.
—...Sí.
Fue Emilia la que hizo un pequeño ruido con la garganta.
Conteniendo la respiración como para darse valor a sí misma, Emilia se sentó sobre sus rodillas al estilo formal, igual que él, junto a Subaru.
Sintiéndose nervioso de que Emilia se sentara a una distancia en la que casi se tocaban, Subaru la miró de reojo para ver si podía adivinar sus emociones en su blanco perfil. De repente, notó que sus mejillas estaban sonrojadas y que tenía las orejas rojas.
—Esto es especial, ¿de acuerdo?
—...¿Eh?
Antes de que la duda pudiera salir de sus labios, Subaru fue empujado en la nuca. Su cuerpo arrodillado fue incapaz de resistir la fuerza y cayó hacia adelante impulsado por la inercia... siendo recibido por una suave sensación.
—La postura es un poco incómoda. Y, mm... pica.
Algo se movió inquietamente debajo de su cabeza, y la voz avergonzada de Emilia cayó desde justo arriba.
Sorprendido, levantó la mirada y la vista frente a él lo asombró aún más, haciendo que abriera mucho los ojos.
Justo encima, tan cerca que sus caras casi se tocaban, estaba el rostro de Emilia. Ante su belleza invertida, Subaru comprendió vagamente: "Ah, resulta que estoy del revés".
A esa distancia, boca abajo, con una suave sensación bajo la cabeza.
Reuniendo estas pistas clave, Subaru llegó a una respuesta:
—¿Un... regazo?
—No lo digas tan claro porque me da vergüenza. Además, tienes prohibido mirar hacia aquí. Cierra los ojos.
Le golpeó suavemente la frente y le cubrió los párpados con la palma de la mano, bloqueándole la vista.
Sin embargo, Subaru apartó la resistencia de Emilia con la mano y obligó a salir a sus palabras.
—Emilia-tan avergonzada es lo mejor, pero... ¿Qué clase de situación es esta, en primer lugar? ¿Cuándo hice algún mérito digno de este premio?
—No hace falta que te hagas el fuerte ahora.
Le golpeó la frente de nuevo. Pero esta vez, Emilia deslizó la mano desde su frente y le peinó el flequillo al revés con los dedos.
Subaru entornó los ojos ante esa sensación que le hacía cosquillas.
—Te lo dije, Subaru. Si te cansabas, te dejaría dormir en mi regazo. Por eso lo hago. No podré hacerlo siempre, pero hoy es especial.
—"Especial", pero si es solo el segundo día, ¿sabes? Y si ya estoy agotado con eso, significaría que mi constitución es demasiado débil...
—Se nota con solo mirarte que estás destrozado. Seguro que no me contarás los detalles, ¿verdad? No creo que algo así te vaya a consolar... pero esto es todo lo que puedo hacer por ti.
La mirada llena de compasión le impidió intentar ocultarlo. Los dedos que peinaban su flequillo pasaron a apartar su cabello negro, comenzando a acariciar lentamente su cabeza como si intentaran calmar a un niño pequeño.
Riéndose, Subaru intentó apartar las puntas de los dedos de Emilia.
Él pensaba seguir fingiendo frente a Emilia, creyendo que eso estaba fuera de lugar, que él no estaba haciendo algo tan patético.
—Jaja... Emilia-tan, eso es... Yo...
Y, sin embargo, su voz se quebró, su garganta se atascó y no pudo pronunciar las siguientes palabras.
Subaru no podía separar su conciencia de la sensación de los suaves dedos que acariciaban su cabeza.
—¿Estás cansado?
—A-aún me queda, puedo seguir. Estoy, totalmente bien...
—¿Tienes problemas?
—Si eres tan amable conmigo, mira, me voy a enamorar, ¿sabes? Hacer eso, de nuevo... eso... jaja.
Ante sus breves preguntas, las respuestas de Subaru solo sonaron huecas.
Una serie de palabras vacías que él mismo podía reconocer como insustanciales.
Y Emilia, acercando suavemente su rostro a aquel Subaru, dijo:
—...Ha sido muy duro, ¿verdad?
—¡...!
Se lo dijo como si sintiera compasión por él. Se lo dijo como si lo estuviera consolando. Se lo dijo como si le tuviera un profundo afecto.
Solo por eso, con esa única y simple frase, el dique en el interior de Subaru se rompió.
Aquel dique desgastado se hizo pedazos, se desgarró, y todo lo que había estado acumulando fluyó hacia el exterior de una sola vez.
Era un pozo de emociones intensas que creía haber reprimido, pero del que no había podido borrar ni el más mínimo fragmento.
—Fue... muy duro. Fue demasiado doloroso. Tuve muchísimo miedo. Estuve increíblemente triste. ¡Me dolió tanto que pensé que me iba a morir...!
—Sí.
—¡Me esforcé mucho! Me estaba esforzando un montón. Estaba desesperado. ¡Me esforcé desesperadamente por intentar arreglarlo todo...! ¡Es verdad! ¡De verdad que sí, tanto que nunca en mi vida me había esforzado tanto por algo!
—Sí, lo sé.
—Porque me gustaba, este lugar... ¡Porque me parecía importante, este lugar...! Por eso, estaba desesperado por recuperarlo. Tenía miedo. Tenía muchísimo miedo. De que, otra vez, me miraran con esos ojos... ¡Me odiaba a mí mismo, no podía evitar odiarme por pensar de esa manera...!
No podía controlar sus emociones.
Habiendo estallado una vez, se desbordaron como si se hubiera roto una presa, manchando profusamente con lágrimas el rostro de un cobarde que llevaba puesta la máscara de una sonrisa.
No podía dejar de llorar. Se le caían los mocos. Su boca se llenó de un líquido incomprensible, haciendo que el llanto de Subaru, mezclado con sollozos, sonara aún más lastimero.
Era vergonzoso. Patético. Un hombre hecho y derecho llorando a lágrima viva sobre el regazo de una chica mientras ella le acariciaba la cabeza.
Era tan patético que le daban ganas de morirse. Y, al mismo tiempo, se sentía tan cálidamente lleno que pensaba que iba a morir.
Las breves respuestas de Emilia, que escuchaba los lamentos de Subaru, eran amables.
Era obvio que no le estaba llegando el significado de aquella retahíla de palabras incoherentes que soltaba Subaru.
Y, sin embargo, la voz de Emilia iba deshaciendo suavemente los nudos en su corazón.
No sabía la razón. Quizás él solo quería creer que era así.
Pero era un hecho que Subaru, en ese momento, sentía que aquel calor lo había salvado.
Derramando un mar de lágrimas, Subaru continuó llorando en el regazo de Emilia.
Lloró, lloró y gritó de llanto, y antes de darse cuenta, sus lastimeros sollozos se desvanecieron en la distancia.
Solo el sonido de una respiración tranquila y dormida quedó flotando en la habitación de invitados.
8
Mientras caía en el sueño, Subaru sentía la presencia de algo cálido que respiraba en lo más profundo de su pecho.
Qué era esto, qué era esta emoción... el Subaru de ahora lo sabía.
Qué era esa cosa sin nombre que, cada vez que veía a Emilia, cada vez que intercambiaba palabras con ella, cada vez que sus dedos se rozaban, no hacía más que fortalecer sus latidos en el interior de su pecho.
Si era consciente de Emilia, aquello que generaba calor en su cuerpo era una molesta enfermedad llamada "amor".
Una vez que te vuelves consciente de ello, una persona ya no puede resistirse al poder que posee esa fiebre.
Subaru tampoco era la excepción. Por eso...
Una y otra vez, una y otra vez, sin importar cuánto le hirieran, sin importar cuánto sufriera, sin importar cuánto llorara, sin importar cuánta desesperación tuviera que saborear, todo sería para salvarla a ella, a Emilia.
Para poder seguir caminando junto a ella en estos días.
Natsuki Subaru moriría tantas veces como hiciera falta para salvarla, y viviría por este amor.
9
Cuando Rem visitó la habitación de invitados, Emilia estaba acariciando suavemente el cabello negro de un Subaru que dormía.
Rem, que había abierto la puerta de la habitación sin hacer ruido, estuvo a punto de abrir la boca al ver a Emilia en el interior, pero...
—Shh.
Con ese gesto de Emilia llevándose un dedo a los labios, volvió a cerrarla.
Entrecerrando los ojos al verlos a los dos sentados directamente en el suelo y acurrucados el uno junto al otro, Rem se acercó a su lado.
—¿Subaru solo está durmiendo?
—Sí. Je, je, parece un niño, ¿verdad? Cuando le acaricio la cabeza, pone una cara de mucho alivio.
Acariciando a Subaru como si se estuviera divirtiendo, Emilia buscó la aprobación de Rem.
Rem respondió a la petición de Emilia simplemente negando en silencio con la cabeza.
—Parece que hoy Subaru no podrá hacer nada más de trabajo.
—Tienes razón, hoy se toma el día libre. Descansar cuando apenas lleva dos días trabajando... es un chico muuuuy malo. Cuando se recupere, asegúrate de castigarlo.
Con una pequeña risa, Emilia volvió a su tarea de juguetear con el rostro de Subaru.
No parecía tener intención de apartar al muchacho dormido para liberar sus piernas.
Rem interpretó así la actitud de Emilia y miró en silencio a Subaru, profundamente dormido.
Era un rostro dormido e inocente. Como el de un niño, sin rastro alguno de tensión o frivolidad.
Había un mundo de diferencia con la sonrisa forzada y tensa de cuando se separaron diciendo que tenía trabajo. Era tan diferente que parecía estúpido haber sospechado que tramaba algo.
—Verlo dormir de esta manera hace que a una se le quiten las ganas.
Imitando a Emilia, Rem rozó ligeramente el flequillo de Subaru con la punta de los dedos y murmuró.
Estaba tan indefenso como un bebé que ignoraba todo acerca del mundo, y Rem relajó levemente los labios.
—Iré a decirle a mi hermana que Subaru será un inútil por el resto del día. Tendremos que reasignar sus tareas.
Haciendo una reverencia, Rem se despidió con cortesía y se dio la vuelta.
Su destino era donde estaba su hermana. A esa hora, Ram probablemente seguía recogiendo el comedor.
Se reuniría con ella y reorganizarían el plan para el día.
—Rem.
Ante esa llamada repentina, detuvo sus pasos y se giró lentamente por completo.
Había una gran diferencia en la altura de sus miradas, ya que Emilia estaba sentada en el suelo. Sin embargo, aun así, Rem sintió una extraña y misteriosa presión, como si Emilia la estuviera mirando desde arriba.
Sin darse cuenta de la ligera sorpresa de Rem, Emilia dijo en voz baja:
—Subaru es un buen chico, ¿sabes?
—...
Ante esas palabras, Rem respondió con una profunda reverencia.
Y luego, sin dirigirles ni una sola mirada más, se dirigió a la puerta y salió de la habitación de invitados, dejando solos a Subaru y Emilia.
Mientras caminaba por el pasillo, asimilaba las palabras que Emilia acababa de pronunciar.
Ni siquiera ella misma se dio cuenta del leve temblor que recorrió su inexpresivo perfil.
Sin embargo, solo aquel tenue hedor a maldad dejaba un ligero nudo de duda en el corazón de Rem.