Lloré, Lloré y Lloré Hasta no Poder más
Capítulo 2
Lloré, Lloré y Lloré Hasta no Poder más
1
—Tomar prestado el regazo de una chica y tener un sueño tranquilo mientras me acaricia la cabeza... Visto así, por sí solo, ha sido un "evento" de primerísima calidad, peeeeero...
Diciéndolo una y otra vez y soltando un suspiro, Subaru, con las orejas rojas hasta las puntas, se rascaba la cabeza con fuerza.
Estaba recordando la escena de hacía unas horas, cuando había revelado sus sentimientos internos de forma estrepitosa.
—Llorar a gritos delante de la chica que me gusta, destrozarme la cara con lágrimas y mocos, y quedarme frito. Para colmo, monopolizar su regazo en ese estado durante horas... ¿qué clase de juego humillante es este?
Recordaba la sensación del regazo de Emilia, y el desastroso estado en el que había quedado a cambio de esa sensación.
El regazo de Emilia había terminado en un estado terrible a causa de los mocos de Subaru y demás, una situación imperdonable tanto desde el punto de vista de la higiene como del índice de hombría de Subaru.
A pesar de ello, Emilia no intentó despertar a Subaru hasta que él mismo se despertó, ni lo culpó mientras él se disculpaba profusamente por haberle ensuciado la ropa.
—Si pudiste descansar, aunque sea un poco, con eso me basta. Además, no estás entendiendo nada, Subaru.
—¿Eh?
—En lugar de decirme "lo siento" una y otra vez, la otra persona estará satisfecha si le dices "gracias" una sola vez. No lo hice porque quisiera que te disculparas, sino porque quería hacerlo, ¿entiendes?
No habría hombre en el mundo que no cayera rendido si le pusieran un dedo en los labios mientras se disculpaba y le dijeran eso con un guiño. De hecho, Subaru cayó rendido de la forma más fácil.
Incluyendo la conversación anterior, para Subaru, que se había dado cuenta en el verdadero sentido de la palabra de su amor por Emilia, todas las acciones y palabras de Emilia, absolutamente todo, parecía brillar con colores vivos.
Tras despedirse de Emilia, quien volvió a su habitación para cambiarse, Subaru deambuló por la mansión durante un rato sintiéndose como en un sueño y, tras volver en sí, ahora se encontraba agarrándose la cabeza torpemente.
—No puede ser, soy increíblemente patético. ¿De qué sirve decir "no quiero mostrar mis debilidades solo ante Emilia"? ¡Si le he mostrado mi lado más vergonzoso! Con esto ya no hay forma de que pueda mirarla a la cara...
—... Entrar en la habitación de alguien a altas horas de la noche para decir esas cosas.
Sentada en el escalón intermedio de una escalera de mano, la chica del vestido —Beatrice— soltó un insulto mientras miraba de reojo a un Subaru que se retorcía de agonía, con una expresión de molestia grabada en su adorable rostro.
Tras separarse de Emilia, Subaru, atormentado por la idea de no poder mirar a nadie a la cara, se dirigió a esta Biblioteca Prohibida, lejos del alcance de cualquiera. Aunque a la dueña del lugar probablemente no le hiciera ninguna gracia.
Sin embargo, no había venido aquí solo por ese motivo.
—No digas eso, Beako. Si tú y yo somos muy unidos, ¿no?
—Qué clase de relación crees que tiene Betty con... Un momento. ¿Cómo acabas de llamar a Betty?
Levantando una ceja y con la mejilla temblando, Beatrice miró a Subaru, quien dio una palmada.
—Ah, Beako, sí. Creo que los apodos son indispensables para expresar cercanía. Hasta ahora, de todos los de la mansión, tú eres la única con la que no había sentido en absoluto ese tipo de cercanía...
Recordaba el bucle anterior. Especialmente cuando estaba enterrado en la verdadera desesperación de la soledad.
Con sofismas y palabras que casi sonaban a amenaza, se podría decir que la había engañado a la fuerza para que cayera en su trampa. A pesar de haber empezado así, ciertamente se había forjado un contrato entre los dos.
Un contrato que, al final, Subaru rompió unilateralmente. Pero Beatrice se esforzó por proteger a Subaru, llegando incluso a difuminar los términos del contrato para hacerlo.
Aunque Beatrice lo hubiera olvidado, Subaru no podía olvidar los sentimientos que tuvo en aquel momento.
—Por eso... ¡Sin importar lo que pienses de mí, yo te llamaré Beako! ¡Esa es la mayor prueba de afecto que puedo ofrecerte!
—¡No me alegra para nada, supongo! ¡Qué clase de bondad tan insistente es esa! ¡Más que asqueroso, diría que es repugnante!
—¡¿Qué te pasa, por qué me hablas así?! ¡Aquí estoy intentando expresar mis sentimientos de gratitud desde el fondo de mi corazón, este no es el momento para tomarlo a broma!
—¡Si después de repasar lo que acabas de decir puedes afirmar que no estás bromeando, entonces lo que se ha establecido entre Betty y tú ya no es una conversación, sino otra cosa que solo parece una conversación, supongo!
Al decirle que lo que pretendía ser un intercambio de palabras se había convertido en una especie de partido de rugby a mitad de camino, Subaru se quedó sin palabras.
Era la forma de expresar afecto propio de Subaru, pero parecía que a Beatrice no le había calado mucho.
—Bueno, dejando eso de lado, yo te seguiré llamando Beako, que lo sepas.
—Es una dedicación innecesaria, supongo. Por su parte, Betty no contestará si la llaman por ese nombre, supongo.
—No seas tan fría, Beako.
—...
Ante la llamada de Subaru, Beatrice se quedó en silencio, con la vista clavada en el libro, sin responder. Al parecer, tenía la intención de poner en práctica lo que acababa de decir.
Subaru se acercó a la obstinada Beatrice y, sin más remedio, empezó a dar vueltas alrededor de la escalera de mano.
—¿Qué pasa, Beako? ¿Estás bien, Beako? Oye, oye, ¿estás segura, Beako? Si tienes algún problema, dime lo que sea, Beako. ¿Mmm? ¿Qué pasa, Beako? Que sí puedes, Beako. Oye, Beako, Beako.
—¡Es un tipo molesto como ningún otro, supongo! ¡¿Qué te pasa?!
Beatrice, con baja tolerancia a las provocaciones, era la presa perfecta para Subaru, que tenía el talento innato de sacar de quicio a los demás. Subaru apretó el puño en señal de victoria y, al ver a Beatrice enfurecida, torció la comisura de los labios.
—La verdad es que estoy acorralado y sin salida. Sinceramente, necesito tu ayuda.
Había llorado y gritado de forma patética, había perdido los papeles y, tras todo eso, le comunicaba la conclusión a la que había llegado a la chica de los tirabuzones verticales.
2
Después de derramar todos sus sentimientos internos sobre el regazo de Emilia, deshaciéndose de todos sus pensamientos oscuros y lágrimas, lo único que le quedó a Subaru fue su propia codicia en su forma más pura.
Le gusta Emilia. Ya pensaba que le gustaba antes, pero ahora realmente se había enamorado de ella.
Pensaba que le gustaba su aspecto. Solo escuchar su voz le alegraba el corazón. Solo intercambiar unas palabras con ella lo hacía sentir como en un sueño. Pensaba que no podía dejarla sola al ver cómo se perjudicaba a sí misma por los demás.
Por eso le gustaba. Esos sentimientos que creía tener, ahora los entendía con mucha más claridad.
Ella fue la primera en salvar a Subaru cuando fue invocado a un mundo paralelo y no tenía a nadie en quien confiar.
Y ella fue quien salvó su corazón, que estaba a punto de morir tras ser arrinconado en el callejón sin salida de la desesperación.
Le había salvado la vida y, también, el corazón.
Ya no podía imaginar seguir viviendo sin la presencia de Emilia.
Le gustaba la vida en la mansión que podía compartir con Emilia. Le gustaba el entorno donde podía aprender muchas cosas. Le gustaba Ram, que, aunque era un poco cortante, cuidaba de él de muchas maneras.
Emilia le gustaba muchísimo. Le gustaba Rem, que le enseñaba cosas mientras lo insultaba sutilmente de forma educada. Emilia-tan era un ángel, en serio.
Tenía una deuda de gratitud con Roswaal, quien le había proporcionado este paraíso. También había recibido favores de Beatrice que no podría terminar de pagar. Sentía afecto por las personas que vivían en la mansión. Subaru también quería quedarse allí para siempre.
Los sentimientos se desbordaban hasta el punto de oprimirle el pecho, sin poder detenerlos.
Pero, mientras pensaba en esa felicidad...
Le gusta Emilia. Se siente frustrado consigo mismo por no tener la fuerza suficiente para proteger a Emilia.
La vida en la mansión no le permite relajarse. No sabe en qué momento podrían abandonarlo.
Le aterra Ram, que controla las cuchillas de viento que atraviesan cuellos.
Le horroriza Rem, que destroza cráneos con su maza.
Le da asco la locura de Roswaal, capaz de ordenar a esas dos que eliminen a Subaru sin piedad.
El tiempo que pasa al despertar, teniendo que confirmar si sigue vivo o no, y dudando de si la desesperación se está acercando, le resulta doloroso y muy triste.
Esos también son los verdaderos sentimientos de Subaru que no pueden borrarse.
Emilia salvó a Subaru, quien estaba siendo quemado desde dentro por esas emociones contradictorias.
Fue Emilia quien consoló y recogió su corazón cuando estaba a punto de desgastarse.
Al pensar en Emilia, se llenaba de vitalidad. Emilia retenía sus deseos de huir.
—Es decir, E.M.T. Emilia-tan, Me encantas, Te amo como un ángel.
—¿Acabas de soltar alguna estupidez increíblemente inútil, supongo?
—Para nada. Solo estaba reafirmando lo que es más importante para mí.
Pudo responder eso inflando el pecho con confianza.
Ante las palabras de Subaru, Beatrice adoptó una expresión de molestia, como si incluso mostrar exasperación le diera pereza.
—Volviendo al tema... ¿Qué significa eso de que quieres pedir prestado el poder de Betty, supongo?
—Ah, la verdad es que hablo bastante en serio, casi como si estuviera rezando a un dios. No se me ocurre nadie más a quien recurrir.
En la actualidad, la persona de la mansión en la que Subaru podía depositar su total confianza era, por supuesto, Emilia, pero su existencia también era el factor más importante para Subaru.
En resumen, Subaru no quería que Emilia corriera peligro bajo ninguna circunstancia. Para Subaru, que normalmente priorizaría su propia vida, Emilia era alguien que podía poner en la balanza con su propia vida sin reservas.
Por lo tanto, recurrir a la ayuda de Emilia era una opción que no quería elegir hasta el último momento.
Llegados a ese punto, naturalmente, tampoco podía pedirle ayuda a Puck, y la única opción que le quedaba era...
—La verdad es que en el fondo eres bastante dulce, así de fácil caes, Beako.
—Aunque no entienda los detalles, puedo sentir que me estás insultando, ¿supongo?
—No es mi intención... La verdad es que, en la situación actual, eres la única en esta mansión en la que puedo confiar.
Evidentemente no podía decírselo a Ram o a Rem, y mucho menos a Roswaal.
Si había alguien en esta mansión en quien Subaru podía confiar aparte de Emilia, no era otra que Beatrice.
—Te lo pido... Te lo suplico de esta manera.
Por eso, Subaru se arrodilló en el suelo frente a Beatrice, inclinó la cabeza y le suplicó.
Le pidió que se convirtiera en la luz que iluminara su camino para acabar con la cadena de desesperación.
—Necesito tu poder. Quiero proteger el lugar donde puedo ser feliz, con todo lo que eso implica. Y no quiero que nadie falte allí.
—...
—...¿Beatrice?
Con la frente pegada al suelo, Subaru dirigió la mirada hacia Beatrice ante el prolongado silencio.
Involuntariamente, contuvo la respiración. Por las emociones tan complejas en los ojos de Beatrice al mirar a Subaru.
Beatrice, con el ceño fruncido y mordiéndose el labio, miraba fijamente a Subaru. Y, sin embargo, a pesar de que se suponía que lo estaba mirando con dureza, a Subaru le pareció ver en su rostro a alguien a punto de llorar.
—...
La chica estuvo a punto de abrir la boca, pero su mirada vaciló, como si dudara sobre qué palabras elegir.
Subaru supo que el corazón de Beatrice estaba vacilando. Y también supo que, en ese momento, no debía dejarla hablar.
—Escúchame, Beatrice. Entiendo que no quieras acceder a mi petición así como así. Desde tu punto de vista, solo soy un tipo desconocido al que trajeron aquí hace un día.
—...Si entiendes todo eso, también deberías saber la respuesta de Betty, supongo.
—Cerraste la herida de mi vientre, te lo agradezco. Tú no lo sabrás, pero tengo un sinfín de cosas que agradecerte y, aun así, si no dependo de ti, no puedo salir adelante. Es una historia patética. Soy irremediablemente miserable. Pero, solo te tengo a ti.
Ofreció todas las palabras que acudían a su mente, de forma abrumadora.
Era una petición forzada, egoísta y la peor posible, sin ninguna consideración por los sentimientos de Beatrice.
Bajar la cabeza era la única sinceridad de Subaru, y al ver a Subaru fingiendo una sinceridad superficial, Beatrice resopló como de costumbre.
—Lamentarse por tu falta de poder y arrastrarte por el suelo. ¿Acaso no tienes orgullo, supongo?
—Ahora veo claramente lo que es importante. Si golpear mi cabeza contra el suelo diez o cien veces es suficiente, lo haré las veces que haga falta.
No tenía un orgullo mezquino que se aferrara a su propia insignificancia.
Con la cabeza aún baja, Subaru no dejaba de suplicar con fervor.
Sabía que era un método cobarde. En los cinco mundos que había repetido, Subaru se había encontrado con Beatrice muchas veces, y en cada una de ellas habían discutido.
Por la relación que habían mantenido, lo sabía.
La chica llamada Beatrice, aunque por fuera mostrara una actitud distante...
—Levanta la cara, supongo.
Una voz suave llegó a sus oídos, y Subaru pensó que su cobarde súplica había surtido efecto.
Se dio cuenta una vez más de su propia insignificancia, y sintió indignación consigo mismo por su comportamiento poco sincero hacia Beatrice.
Todo eso era necesario para la decisión de la chica llamada Beatrice.
Sin embargo, Natsuki Subaru era una persona demasiado ingenua como para poder aceptarlo así de fácil.
—Bea...
—¿Quieres probar esto, supongo?
—¡Gagh!
Pero, la suela del zapato de la chica se hundió sin piedad en el rostro que albergaba tan tristes pensamientos.
Aún en la postura de postración, solo su cuello fue torcido hacia atrás, y un sonido indescriptible resonó sordamente en la Biblioteca Prohibida.
Subaru se retorcía en una postura arqueada, soltando un grito sordo.
—¡Tú... esto...!
—No entiendo esa mentalidad tan simple de creer que cien reverencias de alguien de tu calaña compensarán el esfuerzo de Betty, supongo. Por muchas monedas de cobre que reúnas, nunca alcanzarás el brillo de una moneda de oro sagrada. ¿Entiendes eso, supongo?
—No, aunque sean monedas de cobre, si reúnes miles, alcanzarás el valor de una moneda de oro sagrada. Si hablamos de valor, así funciona, ¿sabes? ¿Se te dan bien las matemáticas?
—¡Deja de mirarme como si fuera una niña digna de lástima, de hecho! ¡Esa no es la mirada de alguien que hasta hace un momento intentaba depender de Betty, supongo!
Los gritos de Subaru y Beatrice, inmersos en una batalla verbal, resonaban ruidosamente.
En los mundos repetidos una y otra vez, ni una sola vez esta disputa había comenzado por la misma razón.
Mientras continuaba la ya habitual discusión con Beatrice, Subaru empezó a pensar que su trágica resolución había sido una tontería.
—Entendido, jugaré mi carta de triunfo. Si accedes a cooperar conmigo, ¿te ofrezco una recompensa adecuada?
—¿Crees que a Betty le atraerá la recompensa que tú puedas ofrecer, supongo?
—Escucha y sorpréndete. Puck me debe una por haber salvado a Emilia en la capital. Y Puck me dijo que a cambio me concedería cualquier favor. ¿Entiendes lo que eso significa?
Beatrice cambió de expresión y cedió ante la técnica de negociación de Subaru, quien sonreía con malicia.
Subaru pensó que había sido un final estúpido, usando a Puck como excusa.
A fin de cuentas, Beatrice aceptó cooperar a regañadientes, justificándose en que lo hacía solo por la recompensa.
Aunque sabía que aquel pequeño mago había arreglado las cosas de esa manera para ayudarle
3
No se podía negar que había dependido en gran medida de la compasión de Beatrice, pero de una u otra forma, Subaru logró asegurar su cooperación.
Ya reflexionaría más tarde, cuando todos los problemas estuvieran resueltos, sobre el hecho de haber volcado su propia falta de capacidad en la chica.
—... ¿Quieres saber los detalles sobre los brujos, supongo?
Ante el inicio de la conversación por parte de Subaru, Beatrice frunció sus cejas bien formadas y mostró su desagrado.
La amenaza del chamán que atacaba la mansión era un asunto pendiente que debía resolverse lo antes posible. Su petición de ayuda a Beatrice se basaba en gran medida en la idea de contrarrestar los maleficios con magia.
El punto clave para Subaru era saber cuánto podía explicarle a Beatrice sin llegar a tocar el núcleo del asunto.
—Probablemente, si filtro demasiada información, habrá una sanción...
Cuando intentó revelarle el Retorno por Muerte a Emilia, en un mundo donde el tiempo se detuvo repentinamente, unas manos parecidas a una niebla negra le infligieron el máximo sufrimiento.
Los gritos ahogados y el intenso dolor de tener el corazón aplastado le arrebataron a Subaru su voluntad de resistir con facilidad.
Por lo tanto, manteniendo la máxima alerta hacia la niebla negra, Subaru eligió cuidadosamente sus palabras y continuó su explicación.
—Sé que existe la categoría de "hechicería", pero no entiendo muy bien en qué se diferencia de los usuarios de magia o de los usuarios de espíritus. Quiero saber más sobre eso.
—Qué cosas tan extrañas quieres saber, supongo. Por mucho que te preocupes por esa gentuza, no sacarás ningún beneficio, de hecho.
Al igual que cuando lo mencionó por encima anteriormente, el asco de Beatrice hacia la hechicería era bastante fuerte. Aquella vez no insistió en el tema para no meterse en problemas, pero esta vez no podía hacer lo mismo.
—Por lo que tengo entendido, es básicamente un tipo de magia que se basa en causarle problemas a los demás, ¿no? Había escuchado que se originó en los países del norte.
—Me parece que con saber eso ya es suficiente, de hecho. Invadir a un objetivo con una enfermedad a través de una maldición, prohibirle ciertas acciones o simplemente quitarle la vida... Es una disciplina de naturaleza perversa, supongo.
—Dicen que las cosas dependen de cómo se usen, pero ciertamente con eso solo se puede entorpecer a los demás.
Por esa misma razón se le llamaba, sin lugar a dudas, "Maldición".
Un poder sobrenatural para denigrar a los demás... En su mundo original, el ritual de la hora del buey también podría considerarse, según como se mire, dentro de la categoría de la hechicería. Aunque en su mundo original era escéptico respecto al ocultismo.
Mientras pensaba en esto, Subaru se inclinó hacia delante, intentando que Beatrice, que era reacia a hablar, hablara más.
—Entonces, quiero preguntarte... ¿Cómo se pueden prevenir las maldiciones?
Interceptar a un brujo era de por sí difícil a menos que se conociera la identidad del oponente.
La ventaja que tenía Subaru en ese momento era saber que iba a haber un ataque.
Dado que sabía del ataque del chamán, buscar una forma de prevenirlo era, de hecho, una idea brillante. Sin embargo...
—No se puede, supongo.
—...¿Eh?
—Una vez que una maldición se activa, no existe método para prevenirla, supongo. Si se activa, es el final, eso es una maldición, supongo.
—¿A-anulación de resistencia a la muerte instantánea? ¿De verdad eso existe...?
Ante la declaración serena de Beatrice, los planes de Subaru se frustraron en seguida.
Un ataque sorpresa con un hechizo que anula la resistencia a la muerte instantánea... Es un nivel 1 Death, un efecto que podría provocar un motín.
Al sentir que la luz que creía ver se alejaba, Subaru se rascó la cabeza y exprimió su cerebro en busca de otra estrategia.
Su percepción de la gravedad de la situación había sido ingenua. La realidad estaba un poco por debajo de las imaginaciones más pesimistas de Subaru.
—... Sin embargo, eso es solo si hablamos de una maldición ya activada, supongo.
—...¿Eh?
Pero, tras un momento de pausa, las palabras que siguieron sorprendieron a Subaru, haciendo que abriera mucho los ojos.
Al ver la reacción de Subaru, el artífice, Beatrice, parecía muy complacida y sonreía levemente.
Al percibir en esa expresión que lo habían engañado, Subaru abrió y cerró la boca por la sorpresa y el enojo.
Y entonces, dirigiéndose a un Subaru que se había quedado sin palabras, Beatrice levantó un dedo con buen humor.
—Tal como dije antes, no hay forma de prevenir una maldición ya activada, de hecho. Sin embargo, si es una maldición antes de activarse, se puede interferir. Antes de activarse, solo es un hechizo, así que, si tienes la habilidad necesaria, romper la maldición es fácil, supongo.
—Dejaré mi enojo por esta conversación para después... Por ejemplo, ¿quién podría?
—En esta mansión, Betty para empezar. Por supuesto, mi cielo también. Además, Roswaal y.… como esas tres niñas no parecen tener experiencia, supongo que no pueden. Ah, y tú tampoco puedes, supongo.
—Eso lo sé por experiencia propia...
Sin poder resistirse, le había tocado sufrirlo en primera y segunda instancia, gracias por todo.
Dejando de lado los malos recuerdos, Subaru levantó la mano y le hizo una pregunta a Beatrice.
—Si dices "hechizo antes de activarse", ¿puedo entender que la hechicería requiere una preparación previa antes de activarse?
—Las maldiciones poderosas conllevan naturalmente una fuerte carga. Tanto la magia como la hechicería comparten ese aspecto, de hecho. En la hechicería, esa faceta es especialmente fuerte, supongo. Seguro que entenderás por qué Betty dice que está llena de defectos, supongo.
—Esa preparación previa... ¿Podríamos tener alguna idea de qué es?
Ante la pregunta desesperada de Subaru, Beatrice cerró los ojos por un momento, se lamió los labios y dijo:
—Depende del contenido, pero... en la hechicería existe una regla inquebrantable, supongo.
—Una regla inquebrantable...
Tragó saliva, instándola a continuar donde Beatrice había cortado sus palabras.
Ante la mirada suplicante de Subaru, Beatrice bajó ligeramente la barbilla y anunció:
—...El contacto físico con el objetivo de la maldición. Esa es una condición indispensable, supongo.
—...
En el momento en que esa información entró en su cabeza, el cerebro de Subaru comenzó a trabajar a toda velocidad.
La hechicería requiere contacto entre el lanzador y el objetivo. Es decir, tanto en la primera como en la segunda ocasión, el Subaru que sufrió los efectos de la maldición había entrado en contacto con el chamán. Las posibilidades eran...
—Si descartamos a la gente de la mansión... solo queda el pueblo que hay al pie de la montaña.
En las ocasiones anteriores de Retorno por Muerte en las que había sido afectado por la maldición, Subaru siempre había visitado aquel pueblo.
Y si lo recordaba, en ambas ocasiones había ido al pueblo durante el día del crucial cuarto día. El patrón era que recibía la maldición del chamán en el pueblo y, por la noche, en la mansión, la maldición se activaba... provocando su muerte.
Si el brujo estaba en el pueblo, tenía sentido que Rem hubiera caído víctima del brujo en el bucle anterior.
Dado que Subaru no había ido al pueblo, el objetivo del chamán había cambiado a Rem. En otras circunstancias, podría haber sido Ram, pero si Subaru hubiera estado allí, el objetivo probablemente habría sido Subaru.
Encajaba. Todo encajaba. Todo había encajado por fin.
El brujo estaba en el pueblo de Irlam. Si era un residente o un visitante, se desconocía.
Si era lo segundo, no sería muy difícil encontrarlo. Era un pueblo con poca población. Igual que le pasó a Subaru, las caras de los forasteros se conocían en seguida. Si era lo primero, sería un crimen tras una cuidadosa preparación, pero...
—Pero, esa posibilidad es, por el contrario, bastante baja.
Si este incidente era un acto de sabotaje contra Emilia, que participaba en la Selección Real, el inicio de esta, que fue la extinción de la familia real, ocurrió hace solo medio año.
Si se incluye el tiempo desde que el nombre de Emilia fue mencionado como candidata al trono, el tiempo de preparación real fue de tres a cuatro meses.
No era tiempo suficiente para que los aldeanos realizaran los preparativos necesarios para mantener oculto a un chamán durante un largo periodo.
—El brujo es alguien externo. Y encontrar a ese individuo no será difícil.
Al decirlo en voz alta, Subaru comenzó a buscar posibles agujeros en su teoría.
Aunque había algunos puntos que debían corregirse, como inferencia, el esquema general no era malo. Desde el punto de vista del brujo, este era el momento anterior a actuar. Que su existencia hubiera sido descubierta en este punto era imposible, a menos que estuviera enfrentando a Dios o al diablo.
Pensando hasta ahí, Subaru asimiló el hecho de que aún era la "noche del segundo día".
Frente al cuarto día, cuando la situación empezaba a empeorar de manera crítica, todavía le quedaba un día entero de margen.
Eso significaba que era posible lanzar un ataque preventivo contra el chamán desde su lado.
—Te he agarrado la cola, maldita sea. ¡No me han matado y asesinado dos veces en vano!
Al vislumbrar una luz que podría cambiar la situación, Subaru apretó los puños, su voz temblando de júbilo.
Subaru se alegraba por la mejora de la situación. Por otro lado, Beatrice, que se había quedado atrás en la conversación, parecía descontenta. La chica tenía las adorables mejillas enrojecidas, y su mirada subrayaba su enfado.
—Le pides ayuda a la gente y luego tomas esa actitud, qué te pasa, supongo. Si la información que te di te sirvió de ayuda, creo que deberías decirle algo a Betty, de hecho.
—¡Ah, sí, tienes razón! ¡Me has salvado, gracias a ti he visto la luz! ¡Te quiero, Beako!
—¡¿Qué…?!
Se abalanzó, levantando su ligero cuerpo en brazos, y Subaru comenzó a dar vueltas en el sitio con Beatrice.
A pesar de llevar un vestido suntuoso, el cuerpo de la chica era tan ligero como una pluma. Como Subaru estaba eufórico, por un efecto sinérgico, la velocidad de las vueltas no dejaba de aumentar.
—¡Suélta... ¡Bájame, supongo!
—¡Jajaja, ahora mismo siento que podría volar por el cielo! O mejor aún, ¡volemos juntos, Beako!

—¡Deberías volar tú solo, de hecho…!
—¡¿Abuba?!
Una fuerza mágica fue disparada directamente desde arriba, recibiendo Subaru un impacto directo que lo estrelló contra el suelo con la fuerza suficiente como para abrirle las piernas de golpe.
El impacto entró por la parte superior de su cabeza, recorrió todo su cuerpo y salió directamente por su trasero.
Con el maná descontrolado corriendo por su interior, Subaru se quedó con los ojos dando vueltas, sentado en el suelo.
Por su parte, Beatrice, que aterrizó elegantemente haciendo ondear el dobladillo de su vestido, resopló levemente hacia un Subaru que aún sacudía la cabeza.
—Por dejarte llevar y actuar con tanta confianza es que acabas sufriendo, supongo.
—No es lo único que he visto. ¡Eran blancas!
—¡...! ¡¿...?! ¡Toma esto, supongo!
—¡¿Dorowazu?!
El segundo disparo impactó directamente en el entrecejo de Subaru, mandándolo a volar con facilidad hacia el fondo de la biblioteca.
Rodó dando vueltas hasta estrellarse contra una estantería, quedando sepultado bajo los gruesos libros que le cayeron encima.
Subaru salió arrastrándose de aquella montaña de libros, con los ojos llorosos tras golpearse en todas las esquinas.
—¡¿Se llena un poco mi medidor de afecto y me haces esto?! ¿Qué es lo que no te ha gustado? ¡Dímelo!
—¡El que me abrazaras, que me levantaras como a una niña, que me dieras vueltas, que vieras mi ropa interior y que soltaras esas palabras de amor superficiales, todo eso, de hecho! ¡Tu mera existencia me parece irritante, supongo!
—¡Deja de negar toda mi existencia, que me pone triste! ¡Pensaba que ya había dejado atrás mi racha de autodesprecio!
Quería pensar que, al igual que se veía una luz de mejora en la situación general, también se reflejaba en su propia actitud.
Asintió para sí mismo a modo de advertencia, decidido a no arrastrar su incompetencia, aunque su impotencia siguiera siendo la misma.
—En fin, la situación ha mejorado bastante. Esta noche será dura, pero mañana iré al pueblo y...
Decidió que investigaría la verdadera identidad del chamán.
Probablemente la condición para ir sería que le acompañara Ram o Rem. Teniendo en cuenta la posibilidad de un enfrentamiento directo con el chamán allí mismo, contar con la fuerza de combate de alguna de las dos era, de hecho, indispensable.
Con suerte, si lograba derrotar al chamán y eso servía para llevar al máximo el medidor de confianza de ambas, todo se resolvería sin problemas en un gran final feliz. La conquista de la semana en la mansión Roswaal estaría completada.
—Ahora que lo pienso, me ha costado muchísimo...
Sabía que era demasiado pronto para cantar victoria, pero por fin veía una luz en aquella situación donde se sentía atrapado en un callejón sin salida y sin poder hacer nada. Nadie podría culpar a Subaru por estar tan animado.
¿No había nada más en lo que debiera pensar? No era bueno descuidar lo que tenía bajo los pies justo cuando empezaba a mirar hacia arriba. Subaru, avivando su cautela de cobarde, recordó algo de repente.
—El olor... de la Bruja...
—¿Qué pasa con eso, supongo?
—Es cierto, la Bruja. Rem lo mencionó, y Beako también.
Tan pronto como pronunció esa palabra que acudió a su mente, varias escenas resurgieron en su memoria.
La Bruja; una existencia frecuentemente mencionada en este mundo, tratada como algo abominable.
Subaru solo conocía superficialmente por qué era tan odiada a través del cuento infantil de La Bruja de los Celos. Sin embargo, ahora ese tema le preocupaba enormemente.
Porque la palabra "Bruja" había aparecido repetidamente en el camino de Natsuki Subaru.
Levantando la cabeza, Subaru miró fijamente a Beatrice, quien fruncía el ceño.
Tenía dudas de si le respondería. Ante esa misma pregunta, Ram se había negado a contestar, y Rem incluso lo había esgrimido como una de sus razones para atacar a Subaru.
Incluso Emilia parecía haber mostrado una fuerte resistencia hacia ese tema.
—Beako. ¿Sabes quién es la Bruja?
—...
No hubo una respuesta inmediata a su pregunta.
Beatrice cerró los ojos ante la palabra que había hecho vibrar sus tímpanos, y se quedó en silencio, como si estuviera sopesando el término.
Subaru, ante la reacción de Beatrice, solo pudo calmar su corazón impaciente y limitarse a esperar.
—Aquella que se bebió el mundo. La reina del Jardín de las Sombras. El peor de los desastres. La Bruja de los Celos.
Ante aquellas palabras murmuradas de repente, Subaru contuvo el aliento y abrió mucho los ojos.
Sin prestar atención a la reacción de Subaru, Beatrice dejó escapar un suspiro melancólico de sus labios.
—En este mundo, la palabra “Bruja” se refiere a una sola existencia, de hecho. Y se trata de un ser cuyo mero nombre se considera un tabú pronunciar, supongo.
—Todos la temen, todos se encogen ante ella, y nadie puede oponérsele.
—Sí, es eso, de hecho. Más bien, me parece raro que preguntes si la conozco, de hecho. En este mundo, después del nombre de tus padres y de tu familia, el nombre de esa Bruja es lo siguiente que te enseñan, supongo.
—Tampoco hay que exagerar...
Intentó reírse para restarle importancia, pero se tragó sus palabras al no encontrar ni una pizca de broma en la expresión de Beatrice.
Si lo que acababa de decir no era una broma, aquello representaba, literalmente, la pura oscuridad de ese mundo.
—La Bruja de los Celos, Satella. Devoró a las seis brujas que ostentaban los nombres de los pecados capitales que alguna vez existieron, y se bebió la mitad del mundo; es el peor de los desastres, de hecho.
Ante la voz gélida y carente de emociones de Beatrice, Subaru dejó escapar un breve suspiro.
Un nombre que le resultaba familiar y, sobre todo, el peso abrumador de las palabras de Beatrice.
—Se dice que ella deseaba amor. Se dice que no comprende las palabras humanas. Se dice que tenía celos de todo en este mundo. Se dice que nadie que haya visto su rostro ha sobrevivido. Se dice que su cuerpo nunca se pudre, nunca envejece y nunca perecerá por toda la eternidad. Se dice que, aunque fue sellada con el poder del Dragón, el Héroe y el Sabio, no fue posible destruir su cuerpo.
Beatrice relató todo eso fluidamente, sin darle a Subaru la oportunidad de interrumpirla.
Y, como para concluir toda la información enumerada...
—Se dice...
Agregó un último preámbulo y sentenció:
—Que era una medio elfa de cabello plateado.
4
—La Bruja de los Celos, Satella.
La bruja del desastre que aniquiló a las seis brujas que alguna vez hicieron gritar al mundo y que destruyó la mitad de este.
Se decía que su cuerpo fue sellado dentro de un cristal por las manos de un héroe, y que todavía seguía dormida en algún rincón del mundo.
Una historia completamente absurda, pensó Subaru con su mentalidad de chico moderno.
Que sus fechorías se hubieran transmitido de boca en boca durante cientos de años era una cosa, pero que una existencia así siguiera sellada en alguna parte del mundo en la actualidad era algo imposible según el sentido común de su mundo original.
—Bueno, vivimos en una época en la que la gente no sabe el nombre del Primer Ministro pero sí el de la chica más popular del grupo de idols nacional, así que tampoco es que sea muy de fiar.
Dando un ejemplo demasiado extremo, Subaru, sentado con las piernas cruzadas y apoyando la barbilla en la mano, miró hacia un extremo del jardín.
En el jardín bañado por el sol matutino, había una escena donde una luz tenue rodeaba a Emilia sobre el césped.
Una escena que, sin importar cuántas veces se repitiera, nunca perdía su misterio ni su atmósfera fantástica. Una de las vistas más hermosas de aquel mundo: la rutina matutina de Emilia.
Para no interrumpirla, Subaru la observaba desde cierta distancia. Aún con su traje de mayordomo, ahogó un bostezo y dejó escapar un largo suspiro, volviendo a sumergirse en el mar de sus pensamientos.
Había pasado una noche desde su reunión con Beatrice en la Biblioteca Prohibida, y ahora estaban en la mañana del tercer día.
—Es malo para la piel, así que ya me voy a dormir, de hecho. Obligarme a trasnochar es una gran molestia, supongo.
Beatrice, a quien Subaru había retenido desde altas horas de la noche hasta la madrugada, estaba furiosa.
Tras ser echado bruscamente de la Biblioteca Prohibida y tomarse un baño matutino, Subaru se había reunido con Emilia en el jardín. Al ver a la chica concentrada seriamente en su rutina, apretó el puño, renovando su motivación una vez más.
—Parece que hoy tienes mucha mejor cara.
Al escuchar la voz, Subaru levantó la cabeza y vio una bola de pelo gris frente a sus ojos. O, mejor dicho, a Puck.
Puck, flotando en el aire y lavándose la cara con sus patitas cortas como haría un gato normal, dijo:
—La verdad es que ayer no había quién te viera. Me dejas un poquito más tranquilo.
—Ya veo, siento haberte preocupado. Pero mi corazón ingenuo todavía no se ha recuperado del todo, así que quiero que me consueles a base de bien con tu pelaje. Fuaaah.
—Bueno, si tienes energía para hacerte el fuerte, supongo que estarás bien. Así también valió la pena que Lia te prestara su regazo.
Atrajo hacia sí al gato del tamaño de la palma de su mano y, buscando una sensación que superara la del pelaje de sus orejas que tanto le había sorprendido antes, se fijó en la cola de Puck. Ante el tacto de la base y la punta, que superaba con creces sus expectativas, Subaru contuvo el aliento involuntariamente.
Con una expresión embobada ante aquel tacto supremo, Subaru cruzó miradas con el Puck que tenía entre las manos y dijo:
—Oye, ¿por casualidad tú también estuviste viendo lo de la almohada de regazo?
—Con todo el tiempo que duró, pues claro. Estar arrodillada durante horas es muy cansado, así que le sugerí un par de veces que nos turnáramos, pero... puedes estar tranquilo. Lia no me cedió su puesto hasta el final.
Ante el sello de garantía de Puck, Subaru se sonrojó sin poder evitarlo, abrumado por sus sentimientos y por la vergüenza.
Al ver la reacción tan inexperta de Subaru, Puck asintió. Y entonces...
—¡Toma!
—¡Ay! ¡¿Por qué me acabas de arañar?!
—El complejo amor hacia mi hija ha explotado. Ya que estamos, ¿puedo hacer explotar a Subaru también?
—¡Claro que no! ¡Los sentimientos de un padre son realmente complicados!
Puck hacía estallar su dilema de padre mientras intentaba sutilmente alejar a Subaru de Emilia. Postrándose y suplicando, Subaru logró de alguna manera mantener la distancia en la que estaban.
Tras terminar la cómica discusión, miró de reojo a Emilia; parecía estar absorta en su charla con los espíritus, y no se había dado cuenta de la rutina entre un humano y un gato que estaba arruinando la tranquilidad matutina.
—Una medio elfa... de cabello plateado.
Murmuró de pronto Subaru, mientras miraba aquel perfil que lucía una sonrisa tan serena y hermosamente cautivadora.
Ese era uno de los orígenes de la Bruja de los Celos que le había contado Beatrice.
Una bruja que había hecho temblar al mundo y que aún hoy era tratada como el mismísimo sinónimo del terror. Cuánto debía de suponer una carga vivir teniendo rasgos en común con una existencia así.
Incluso para Subaru, que no estaba familiarizado con ese tipo de prejuicios en su mundo, era fácil deducir que no era un camino sencillo.
A pesar de ello, Emilia había crecido con una personalidad tan honesta y llena de compasión.
Esa forma de vivir como una flor digna que no pierde su encanto, probablemente era posible gracias a que...
—O tuvo mucha suerte con las personas de su entorno. O tal vez...
—O fue porque tuvo a un buen padre que la crio. Fufun.
Puck rio, poniéndose las manos en las caderas e inclinándose hacia atrás mientras se acariciaba los bigotes.
Era un gato capaz de leer las emociones. Seguramente había leído las ondas del corazón de Subaru y había adivinado qué estaba pensando cuando soltó ese monólogo interno.
—Bueno, la naturaleza bondadosa con la que nació esa niña influye mucho. No tengo intención de contártelo todo, pero ella ha sufrido diez mil veces más de lo que te imaginas. —Aunque precisamente por mantener esa forma de ser a pesar de todo, es por lo que la hace tan adorable.
Al ver a Puck entrecerrar los ojos con tanto cariño, a Subaru no se le ocurrió ni una sola réplica.
Era un hecho que Subaru no sabía nada sobre Emilia, y Puck había compartido con ella todos esos días de su pasado que él desconocía. Subaru jamás podría comprender la dureza de esa realidad más allá del nivel superficial.
Puck le estaba advirtiendo sutilmente a Subaru que no creyera saberlo todo.
Cuando las personas son zarandeadas por el destino, son demasiado impotentes. Subaru también conocía esa amarga sensación de impotencia.
—Oye, Puck. ¿Tú sabes algo sobre la Bruja de los Celos?
—No hay demasiadas cosas en este mundo que yo no sepa.
—Entonces quiero preguntarte algo... ¿En qué tipo de situaciones alguien usurparía el nombre de la Bruja de los Celos? No, decir "usurpar" suena muy mal. ¿Cuándo se tomaría prestado el nombre de la Bruja de los Celos?
Lo que acudió a su mente fue lo ocurrido durante el bucle de su primer día, tras ser invocado en la capital.
En la primera vuelta de todas, Emilia, frente a un Subaru que aún era un absoluto ignorante del mundo, se presentó diciendo que su nombre era "Satella".
Tenía una vaga idea de cuáles habían sido sus verdaderas intenciones en ese momento. Pero Subaru quería que alguien más se lo confirmara. Y aún más si ese alguien era el mayor confidente de Emilia.
Sin comprender la intención real detrás de la pregunta de Subaru, Puck balanceó su larga cola y ladeó la cabeza.
—Sea cual sea el caso, creo que sería algo de suicidas, ¿sabes? Todavía hay un sinfín de personas que le guardan un profundo rencor a la Bruja, y el terror y la desesperación grabados en sus almas aún no han desaparecido. En una situación así, atreverse a usar el nombre de la Bruja... solo se podría decir que están mal de la cabeza.
—Me quedo con eso.
—¿Nya nya?
Puck puso cara de interrogación al ser señalado con el dedo.
Dejando de lado su confusión, Subaru chasqueó los dedos, sintiendo que Puck acababa de respaldar su teoría.
En aquel mundo, usar falsamente el nombre de la Bruja era un acto que lógicamente te catalogaría como alguien demente.
Casualmente Subaru carecía de tanto sentido común que la ignorancia lo salvó, pero normalmente esa sería la reacción estándar de cualquier persona.
En ese caso, ¿por qué Emilia se había presentado con el nombre de la Bruja, sabiendo que eso pasaría?
—Si logras asustar al otro haciéndole creer que eres alguien rara, evitarás involucrarlo en los líos relacionados con la Selección Real, claro.
Seguro que había intentado alejar del peligro a aquel chico con el que se había topado por mera casualidad.
Los sentimientos de la Emilia que había usado ese nombre falso ya habían desaparecido en una línea temporal distante, y Subaru era el único que conocía aquel intercambio. Y a Subaru tampoco le llegaría jamás la oportunidad de preguntarle sus verdaderas intenciones.
Sin embargo, no podía pensar en otra razón que no fuera esa.
Una vez asimilado esto, Subaru ya había recibido suficientes pruebas para creer firmemente que esa era la única conclusión posible.
—Tienes una cara como de estar flotando en las nubes, ¿qué te pasa?
Mientras Subaru estaba embelesado pensando en lo compasiva que era Emilia a través de las diferentes líneas temporales, la persona en cuestión se sentó a su lado con una sonrisa irónica.
Parecía que había terminado su charla con los espíritus, pues ya no estaban las tenues luces que la rodeaban. En su lugar, Puck, que había estado revoloteando cerca de Subaru, aterrizó sobre el delgado hombro de ella.
—Mi sitio de siempre, mi sitio de siempre. Definitivamente, aquí es donde estoy más cómodo. No hay nada como el hogar.
—¿Eres un padre volviendo de las vacaciones o qué? Buen trabajo al volante a pesar del cansancio.
—Tengo que tener los ojos bien abiertos para proteger a mi hija de los colmillos venenosos de los lobos. No dejaré que se acerque ningún colmillo.
—No digas “colmillos venenosos” mirándome fijamente tantas veces, que vas a arruinar mi imagen pública.
Sonrió con ironía ante Puck, que lo reflejaba en sus redondos ojos negros. Jugando de aquella forma con el pequeño gato, Subaru intentaba posponer, aunque fuera un par de segundos la inminente oportunidad de hablar a solas con Emilia.
No es que le desagradara hablar con Emilia. Simplemente sentía que no podía mirarla a la cara.
Después de todo, había llorado a mares en su regazo y ella le había estado acariciando la cabeza durante horas.
Apenas había pasado una noche desde entonces; ¿con qué cara de dignidad se suponía que iba a presentarse ante ella?
El hecho de que aun así hubiera venido a verla demostraba que el estado patológico de Subaru era un caso grave de "adicción a Emilia".
Frente a un Subaru sumido en la confusión, Emilia también balbuceaba mientras se pasaba los dedos por su largo cabello plateado de forma inquieta. Tras un breve silencio, se llenó de determinación y Emilia sonrió.
—Bueno, esto es un poco vergonzoso... ¿Cómo te sientes? ¿Estás bien?
—Hasta hace un momento, antes de oír la voz de Emilia-tan, estaba en peligro crítico, pero... este, quiero decir, siento mucho lo de...
Estuvo a punto de disculparse, pero se detuvo. Tragándose las palabras de disculpa que iban a salir, Subaru se corrigió.
—Por todo, gracias. Creo que mi cabeza, que estaba a punto de explotar, está un poco mejor ahora.
—No parece que lo hayas superado del todo, pero me alegra ver que al menos quieres intentarlo. Sí, si pude ayudarte, aunque fuera un poquito, con eso me basta. Si vuelves a sentir que estás a punto de romperte, dímelo cuando quieras. Tu hermana mayor te consolará con dulzura.
Poniéndose una mano en el pecho, Emilia le guiñó un ojo en un intento de bromear.
Esa actitud también debía ser una muestra de empatía para aligerar la culpa de Subaru. Al ver su cara de felicidad por actuar como la figura mayor, parecía tan genuina que la idea de Subaru comenzaba a tambalearse un poco.
—Si estás lleno de energía, eso es lo mejor. Hoy tienes que esforzarte mucho en el trabajo, ¿verdad? Te dormiste a una hora muy rara, ¿no tienes sueño?
—Por eso no te preocupes. Los candidatos a hikikomori como yo llevamos por norma un estilo de dormir de día y estar despiertos de noche. Últimamente estaba siendo demasiado sano para mi gusto.
—A veces lo mencionas, pero ¿qué es eso de hikikomori?
—Un guardián de la civilización que, para proteger su hogar día y noche, acumula constantemente conocimientos sobre la situación mundial y la economía global navegando en el mar de la información... Los de nivel avanzado pueden incluso celebrar aniversarios con su pareja a través de una pantalla sin salir de su cuarto.
Sinceramente, eso último ya era terreno de tipos que estaban un nivel muy superior en el plano espiritual.
Ante lo bizarro del relato de Subaru, Emilia forzó una sonrisa, apartándose ligeramente de él.
Al ver esa reacción de Emilia, Subaru pensó de repente en algo.
—Hablando de magia, ¿qué tipo de magia puedes usar tú, Emilia-tan?
—Bueno, hablando con propiedad, yo no soy exactamente una maga. En mi caso, al igual que por mi contrato con Puck, soy una usuaria de espíritus. Lo que uso no es magia, sino artes espirituales. Aunque en el fondo, el principio es casi el mismo.
—Así que los magos y los usuarios de espíritus son diferentes, eh.
Ladeó la cabeza y miró a Puck, que estaba sobre el hombro de Emilia. Al notar que la conversación se centraba de pronto en él, el gatito se acarició el pelaje de su vientre y dijo:
—Los magos usan el maná de su propio interior para lanzar magia. Por el contrario, los usuarios de espíritus usan el maná de la atmósfera para realizar sus artes. Aunque los efectos que producen puedan ser los mismos, el proceso intermedio es bastante distinto.
—¿Y qué tipo de diferencia vital supone eso, profesor?
Al levantar la mano y hacerle la pregunta a Puck en su papel de instructor, el gato sonrió, muy complacido.
—En pocas palabras: si se usa o no la Puerta. Las aptitudes de un mago dependen directamente del tamaño y la cantidad de sus puertas individuales, pero para un usuario de espíritus eso no importa mucho. Porque nosotros usamos el maná de fuera del cuerpo.
—Ya veo. El mago absorbe el maná del exterior a través de la Puerta, y luego usa el maná almacenado en su interior lanzándolo de nuevo a través de la Puerta en forma de magia. Y el usuario de espíritus puede omitir ese molesto paso intermedio.
Masticando internamente la explicación técnica que acababa de recibir, Subaru de repente murmuró “¿Mmm?”, ladeó la cabeza y añadió:
—Espera, eso haría a los usuarios de espíritus demasiado rotos. Los magos tienen un límite por su combustible interno, pero los usuarios de espíritus lo toman de la calle y tienen barra libre... Ni siquiera sería un combate equilibrado.
—Aprendes muy rápido. Pero el mundo no es tan conveniente. El maná que llena la atmósfera no es infinito, y...
Cortando la frase, Puck miró hacia arriba para observar a Emilia. Ante su mirada, la chica asintió y retomó la explicación.
—El poder del arte espiritual que un usuario de espíritus puede manejar depende de la fuerza del espíritu con el que hace el contrato. Y tener la aptitud para poder hacer un contrato con un espíritu de por sí es algo raro, y los espíritus poderosos son todavía menos. Por eso, quizás sea difícil decir quién de los dos es mejor.
—Mmm... pero si haces un contrato con un espíritu poderoso, ¿significa que te va bastante bien, no? ¿Emilia-tan en realidad es muy fuerte? Parece que Puck es bastante increíble, la verdad.
—Bueno, no negaré que estoy entre los primeros lugares, ¿sabes?
—Oye, pareces muy amable, pero no te cortas un pelo al hablar y no tienes ninguna duda a la hora de autoevaluarte, eh.
Subaru tenía sus propias ideas sobre tener un ego fuerte, pero en cuanto a no inmutarse, estaba un paso por detrás de Puck.
Seguramente era la diferencia de edad. Entre un novato y un Gran Espíritu, los años de experiencia acumulados no tenían comparación.
A pesar de eso, el Gran Espíritu se reía tímidamente y con bastante alegría, como si no estuviera acostumbrado a que lo elogiaran.
—Por cierto, ¿de qué elemento es Puck? En el bazar de objetos robados sacaba hielo como si nada, pero... si no recuerdo mal, creía que el elemento hielo no existía.
En aquella clase en el baño hace algún tiempo, Roswaal le había enseñado que los elementos mágicos ortodoxos eran cuatro: fuego, agua, viento y tierra. Y a esos se sumaban únicamente los dos del ominoso sistema de luz y oscuridad. Eran seis en total.
Ante esa duda de Subaru, quien le respondió no fue el avergonzado Puck, sino Emilia.
—A mí también se me da bien el hielo, pero en realidad, esto pertenece al maná del elemento fuego. Como el fuego es el maná que se encarga principalmente de la temperatura, parece que tanto el calor como el frío se clasifican a gran escala dentro del elemento fuego.
—Vaya, así que es eso. Qué barbaridad, la teoría de la magia... magia, magia, eh.
Mientras escuchaba la explicación de Emilia, el anhelo de Subaru por la magia comenzó a arder de nuevo en su interior. Cuando esa ilusión que una vez había descartado empezó a asomar la cabeza otra vez, Puck movió las orejas y asintió.
—Mmm. ¿Acaso quieres usar magia?
—¡¿Se puede?! ¡Oye! ¡Si se puede, entonces...! ¡Algo mega poderoso como hacer llover meteoritos o.…!
—No, no se puede. Tanto en la magia como en las artes espirituales, lo más importante son las bases. La magia no se domina en un día.
Puck aplastó de un golpe la curiosidad de Subaru que se había encendido de repente. Aunque Subaru se desanimó al ver su entusiasmo truncado, Puck añadió "Pero", mientras se acariciaba los bigotes con la pata, y dijo:
—Creo que podría dejarte experimentar algo sencillo.
—¿Y eso sería...?
—Básicamente, si quieres usar magia, solo hace falta que Lia o yo te ayudemos. Utilizando el maná del interior de Subaru, lanzaríamos la magia a través de ti. Para nosotros, la única diferencia es si tomamos el maná de la atmósfera o de Subaru, y la magia en sí misma saldrá por tu Puerta. ¿Qué te parece?
—Espera, Puck. No asumas cosas tan a la ligera. ¿Y si es peligroso?
Emilia le llamó la atención a Puck por su tentadora oferta. Sin embargo, Subaru ya había tomado una decisión.
—Perdona, Emilia-tan. Me alegra muchísimo que te preocupes por mí... ¡Pero, lo voy a hacer!
Levantando el pulgar y con una sonrisa brillante que mostraba los dientes, Subaru le dedicó su mejor sonrisa a Emilia.
Ante la actitud de Subaru, que parecía haber borrado cualquier duda o preocupación, Emilia se quedó perpleja.
—¿P-por qué quieres llegar a tanto...?
—Está más que claro. ¡Porque nací hombre, y porque viviré como un hombre!
Apretando los puños, Subaru rugió con valentía.
Puesto que había nacido hombre, si no perseguía el romance y la fantasía, sería lo mismo que estar muerto. Desde que había llegado a aquel mundo paralelo, Subaru estaba mostrando su lado más varonil en aquella situación.
—Además, si logro tener una herramienta más como la magia, podré hacer más cosas. En este bucle, tal vez aumenten las posibilidades de poder proteger a Emilia y a los demás.
Ante la determinación de Subaru, Emilia negó con la cabeza como rindiéndose a intentar detenerlo, y dijo:
—Si veo que es peligroso, te detendré inmediatamente, ¿entendido?
Se lo advirtió con firmeza, y decidió observar el desafío de Subaru.
Subaru aceptó el consejo de Emilia con una gran sonrisa y, respirando con entusiasmo, se volvió hacia Puck.
—¿Qué tengo que hacer primero? ¿Tengo que dibujar un círculo mágico o sacrificar a Beako como ofrenda?
—Me alegra ver que te llevas tan bien con Betty. Bueno, primero vamos a investigar tu afinidad elemental. Si no sabemos qué tipo de magia puedes usar, no podemos empezar.
Al escuchar la sugerencia de Puck, la expresión alegre que Subaru había tenido hasta el momento murió en un instante.
Mientras Puck y Emilia se sorprendían al unísono, Subaru comenzó a negar con la cabeza de forma mecánica.
—M-Mi a-Fi-Ni-Dad Es Se-Gu-Ra-Men-Te el Fue-Go, ¿Ver-Dad?
—¿Por qué de repente hablas así de cortado?
Ante la pregunta de Emilia, Subaru simplemente bajó la mirada. No quería recordar nada más.
Pero Puck saltó del hombro de Emilia, flotó frente a la cara de Subaru y estiró su cola.
—Bueno, voy a examinarte. Myon, myon, myon, myon.
—Un noble pervertido también me hizo eso una vez, ¿es un proceso realmente necesario?
La punta de la larga cola de Puck tocó la frente de Subaru, y Puck se balanceaba frente a sus ojos mientras hacía efectos de sonido con la boca. Subaru, que estaba siendo diagnosticado, sentía miedo por el resultado, pero pensó:
—No, venga, voy a pensar en esto de forma positiva. ¿Si lo recuerdo bien, la actitud de Roswaal aquella vez no fue un poco antinatural? Eso es. Ese tipo estaba celoso de mi talento latente como mago. Sí, estaba celoso. Por eso intentó meterme cosas raras en la cabeza para que me rindiera...
—Vaya, qué raro. Vas directo a la afinidad “Sombra”.
—¡Adiós a mi vida como mago…!
Subaru cayó en la desesperación al recibir la misma confirmación oficial por parte de alguien distinto tras cruzar dimensiones.
Su brillante futuro se había cerrado, dando paso al inicio de los días de Subaru como un mago especializado en debilidades debuffs.
—¡"¡Ahora, he reducido la defensa del enemigo a papel!"... ¿Supongo que tendré que conformarme con hacer ese tipo de cosas? Je, je, je.
—Ah, y tampoco tienes nada de talento. Tu Puerta es pequeña, ¿quizá el número de ellas es lo único decentemente pasable? Pero la mayoría ni siquiera están abiertas del todo, y parece que tienen mala ventilación.
—¡Ya lo sé, cállate! Por cierto, si tuvieras que cuantificar mi talento, ¿cuánto sería?
—Si te dedicas únicamente a entrenar tu magia durante veinte años, a lo mejor podrías llegar a ser un mago de segunda clase...
—Más de media vida para no llegar ni a primera clase... Creo que me rindo con este camino...
Ante la declaración de Subaru rindiéndose a su sueño y aguantando las lágrimas, Emilia finalmente puso cara de exasperación. Pero no se podía hacer nada. Palabras como "esfuerzo" o "dar lo mejor" estaban casi tachadas en el diccionario de Subaru.
Sin embargo, independientemente de si abandonaba su sueño o no...
—Me gustaría probar la clase de experiencia mágica, por favor. ¿Qué debo hacer?
—Como eres del elemento Sombra, a Lia le será un poco imposible. Si es algo fácil, quizás Shamak.
—Si mal no recuerdo, es la magia para cegar, ¿verdad? Creo que yo tampoco la he visto nunca.
Era tan poco común que ni siquiera los profesionales de la magia la recordaban de inmediato.
Dejando a un lado a Subaru, que cada vez veía más desesperanzadora su afinidad, los otros dos seguían con su charla sobre magia.
—Es injusto que se encierren en su propio mundo. Digo, el tema principal es mi magia, ¿no? La verdad, ¿ese tal Shamak es útil? Eso es lo más importante.
—Tienes razón. Ciertamente, una magia que no conoces puede dar miedo. Bueno, este es Shamak.
—¿Eh...?
Puck, asintiendo como si la queja de Subaru tuviera sentido, pronunció un breve cántico y agitó su pequeña pata.
Inmediatamente después, el campo de visión de Subaru se vio cubierto por la oscuridad.
En el instante de un parpadeo, la oscuridad absoluta había llenado el paisaje frente a él.
Involuntariamente, soltó un grito de sorpresa. Sin embargo, ni siquiera su propia voz llegó a sus oídos. La oscuridad que había surgido no solo lo privó de la vista, sino que lo aisló de cualquier conexión con el mundo exterior. Un escalofrío le recorrió la espalda ante la sensación de estar completamente aislado del mundo.
—Y, se acabó.
Se escuchó el sonido de una palmada, y Subaru se dio cuenta de que había vuelto a la realidad.
—Ha sido solo un momento, pero estás sudando mucho... ¿Subaru, estás bien? ¿Quieres que te tome de la mano?
—E-Estoy bien. Solo perdí un poco la noción de mis sentidos... Ah, perdí mi oportunidad de tomar tu mano.
Su visión volvió, y al ver que Emilia estaba frente a él, sintió un gran alivio.
Bromeando un poco, se tocó los párpados para comprobar que no había sufrido ningún cambio, y luego dijo:
—Así que eso fue Shamak, ¿eh? Es discreto, pero su efecto es bastante fuerte, ¿no?
—Tampoco creas. Si el oponente no es de menor nivel que tú, te lo rechazará por la diferencia de poder, y además no dura mucho. Aunque, si te lo lanzo yo a ti, Subaru, podría dejarte en la oscuridad de por vida.
—¡Da miedo que se te ocurran esas cosas! ¡De por vida no, en un solo día me volvería loco por la soledad de estar así!
Forzando una sonrisa, Subaru escondió discretamente sus puños temblorosos en la espalda.
No quería que se dieran cuenta de que todo su cuerpo se había tensado ante la sensación de ser desconectado del mundo por un instante.
Aquel tiempo en el que creyó que estaba completamente solo en el mundo, que no tenía a nadie de su lado... al recordar esa soledad, el corazón de Subaru tembló de debilidad.
Mordiéndose las muelas al sentirse tan patético, Subaru ocultó sus verdaderos sentimientos con una sonrisa.
—En fin, dejando de lado si funciona o no, ¿dices que yo también puedo usar esa magia? ¡Quiero probarla ahora mismo! Quisiera probarla, peeeero...
—Claro, no hay problema. Entonces, yo seré tu apoyo. Lia, aléjate por si acaso las cosas salen mal, el maná se descontrola y Subaru explota, para que no te ensucies la ropa.
—¡¿De verdad existe esa posibilidad?! ¡¿Ese es el peor de los casos si fracasamos?!
Puck sonrió en silencio, y Emilia, con una expresión un tanto afligida, le dijo: "No hagas ninguna locura, por favor", y de verdad se alejó. La tensión previa al momento era inquietante.
En medio de una situación que generaba una gran ansiedad, los acontecimientos siguieron su curso dejando atrás a un Subaru que empezaba a echarse para atrás.
Puck se sentó sobre el corto cabello negro de Subaru y, acomodando su postura, dijo:
—Tu pelo pincha y no es muy cómodo para sentarse.
—No pensé que llegaría el día en el que alguien se montaría en mí. No puedo ofrecerte un cojín, pero relájate como en tu casa.
—Tranquilo, ya echo de menos el pelo de Lia, así que terminaré esto rápido. Entonces, ¿estás listo?
Ante la pregunta, Subaru dudó por un momento, pero pronto sonrió y asintió.
Había muchos elementos que le daban miedo, pero aun así no podía resistirse a su curiosidad.
Puck tomó el asentimiento de Subaru como una afirmación y también asintió una vez con firmeza.
Y de pronto, Subaru sintió como si todo su cuerpo se calentara. Sintió algo distinto a la sangre circulando por su interior; aquel torrente sin forma que rugía en su cuerpo debía de ser el maná.
Con la pata de Puck sobre su cabeza, pudo sentir cómo la energía de su interior se movía con dirección.
—Subaru, imagínalo. Ahora, el flujo de maná en tu interior se moverá según tu voluntad a través de mí. Expulsa una parte de él hacia fuera de tu cuerpo a través de la Puerta. Visualiza una nube negra.
—Imaginar, visualizar, eh. Déjamelo a mí. Se me dan muy bien las fantasías.
Malinterpretando sutilmente el consejo de Puck, Subaru buscó en su imaginación un destino para la energía que se retorcía en su interior.
La Puerta... visualizó eso en el centro de su cuerpo. La puerta abrió sus pesadas hojas y dejó que la energía se desbordara desde dentro hacia afuera. La energía salió, y por la voluntad de Subaru se sublimó en un fenómeno...
—Uy, qué problema. De repente la Puerta...
Al llegar a la fase final, Puck murmuró eso de pronto.
No le dio tiempo de preguntar "¿Qué...?".
Justo después...
—¡¿Ustedes dos?!
El grito de Emilia resonó, y unos segundos después, una niebla negra que brotó explosivamente cubrió por completo una parte del jardín de la mansión Roswaal.
Aunque no había explotado como tal, el resultado fue un fracaso absoluto.
5
—Yendo al grano, el control de la Puerta de Subaru es demasiado deficiente, así que será mejor que no te esfuerces demasiado.
—¿Son esas las primeras palabras que dices al ver este estado, bastardo?
—Tehehe.
—¡Ese sonido no te hace más lindo!
Maldiciendo a Puck, que se golpeaba la cabeza y sacaba la lengua en un gesto cómico, Subaru sentía el tacto del césped en todo su cuerpo.
Boca abajo sobre la hierba, Subaru respiraba con dificultad y sentía todo su cuerpo anormalmente pesado. Una fatiga similar a la de tener fiebre alta se había extendido por todo su cuerpo, y no sentía ninguna señal de espíritu de lucha llegando a sus extremidades.
Era una sensación que le resultaba familiar.
La misma fatiga que experimentó en su verdadero primer día en la mansión, cuando Beatrice le extrajo el maná.
En resumen, Subaru se encontraba en ese momento completamente vacío, sin gasolina.
—Para bien o para mal, la Puerta de Subaru no está acostumbrada a ser utilizada. Por eso, ignorando las intenciones de quien la usa, el contenido salió de golpe.
—No he cerrado bien... la tapa... ¿Soy acaso una botella de salsa de soja...?
Incluso decir una excusa le suponía un gasto de energía desmesurado.
A duras penas intentó ponerse en pie, pero no tenía fuerza en ninguna parte de su cuerpo, ni siquiera en brazos o piernas.
Emilia se arrodilló frente a un Subaru que seguía tendido en el suelo y, cruzando miradas con él, le dijo:
—No te muevas. Has expulsado todo el maná de tu cuerpo, así que tienes que quedarte quieto. A lo mejor hoy tampoco vas a poder trabajar.
—¡Eso sería un problema!
Ante la actitud de Emilia, que parecía estar regañando a un niño travieso, Subaru levantó la voz sin darse cuenta.
Mientras Emilia parpadeaba sorprendida a su lado, Subaru maldecía de verdad su propia imprudencia.
Si realmente echaba a perder el día de esa forma, significaría que estaría desperdiciando inútilmente el día de margen que había ganado para este bucle.
Era demasiado estúpido. Sería fatal.
No podía permitir que un error causado por su propia culpa lo hiciera tropezar de aquella manera.
—Nugugu...
—Oye, te dije que no te esfuerces demasiado.
—Ahora es cuando tengo que esforzarme. Si no lo hago ahora, me arrepentiré por el resto de mis días...
No era raro que sufriera las consecuencias de sus propios actos, pero en este caso el momento no podía ser peor.
Al ver el aspecto aterrador de Subaru, que se retorcía y sudaba por la frente, Emilia se encogió de hombros.
—De verdad, no hay quien pueda contigo.
De nuevo en cuclillas, Emilia frunció los labios como si estuviera enfadada.
Sin entender a qué venían sus palabras, Subaru se limitó a mirarla de reojo.
—¿...? Emilia-tan, ¿qué est... ¡Mmm!
De repente, Emilia le metió algo a la fuerza en la boca que tenía hacia arriba.
Algo redondo y de textura suave estaba sobre su lengua.
Mientras Subaru estaba perplejo, Emilia asintió, tapándole la boca con la mano.
—Mastica.
—¿...?
—Mastica y traga. Un, dos, tres.
Ante su actitud que no admitía rechazos, Subaru se armó de valor y mordió la textura que tenía en la boca.
Un sabor agridulce se extendió lentamente por su boca. Entornó los ojos ante el sabor, que se parecía al de una fruta, y justo después... llegó.
—¡¡¡¡¡FUAAAAAA…!!!!!!!!
Un calor abrasador que parecía haberle prendido fuego a todo su cuerpo lo invadió, y Subaru se puso en pie de un salto en ese mismo instante.
La sangre hervía ruidosamente en su interior, y sus extremidades estaban tan calientes que sentía que le iban a quemar hasta las puntas de los dedos y las uñas. El exceso de calor salía en forma de aliento ardiente, y sus piernas subían y bajaban involuntariamente.
Pero, al llegar a ese punto, Subaru por fin se dio cuenta de que estaba sosteniéndose sobre sus propias piernas.
Todavía le quedaba algo de pesadez en algunas partes del cuerpo, pero la fatiga que le impedía moverse había desaparecido.
—¿Q-qué fue eso de ahora...?
—Es una fruta que se llama fruto de Bocco. Si la comes, activa el maná de tu cuerpo y, aunque sea solo un alivio temporal, la Puerta recupera su poder.
Resulta que aquella misteriosa fruta era algún tipo de objeto para recuperar los MP.
Subaru movió los hombros ampliamente y, tras confirmar que no había más alteraciones aparte de la fatiga que había desaparecido, dejó escapar un suspiro de alivio.
—Uf, qué alivio. Si hubiera entrado en la ruta del final malo, así como así, no me lo habría perdonado nunca. Gracias, Emilia-tan.
—Como no nos quedan muchas y no son buenas para el cuerpo, no quería usarlas, pero... lo que dijiste antes no era solo para hacerte el duro, ¿verdad?
Seguramente, la determinación de Subaru había sido tan genuina que la hizo decidirse a usar un objeto tan valioso.
Ante las palabras de Emilia, que parecían querer ponerlo a prueba, Subaru hinchó el pecho y declaró:
—Por supuesto. No te haré arrepentirte.
Inmediatamente después de decirlo, se secó la frente con un gesto y añadió:
—Sin embargo, he sido un idiota... Si hubiera muerto así, habría muerto de frustración e indignación conmigo mismo más que la vez anterior.
Tenía el orgullo de haber acumulado varias experiencias que nadie más podría tener, en el sentido de haber experimentado diferentes formas de morir, pero sinceramente prefería no experimentar la muerte por humillación.
Para empezar, le gustaría que la última vez que murió, tirándose al vacío, fuera la última muerte que sufriera.
La decisión de quitarse la vida había dejado profundas cicatrices en Subaru. No quería volver a hacerlo.
Con morir una vez era suficiente. Y además, lo ideal sería que el final de su vida fuera de vejez y en una cama. O tal vez, la mejor opción sería ser atendido en sus últimos momentos en los brazos de Emilia después de un evento heroico...
—Aunque, el hecho de no poder imaginarme algo así es lo que demuestra mi insignificancia.
Incluso en broma, no parecía que fuera a poder mencionar la palabra "muerte" a la ligera nunca más.
Que ahora se riera de sí mismo por haberse vuelto cobarde, era algo que solo podría hacer alguien que hubiera pasado por la misma experiencia que él en el verdadero sentido de la palabra.
—¿Estás bien? ¿Seguro que podrás trabajar?
Al ver el cambio de expresión de Subaru, Emilia, con rostro preocupado, le preguntó eso.
—Trabajaré, y también terminaré todo lo demás. Piensa que vas a bordo del Acorazado Inhundible Subaru Modificado, y siéntete segura, Emilia-tan.
—Acorahundillado... no sé qué es eso, pero...
—Esa forma de hablar me excita sutilmente. Emilia-tan, ¿me lo repites?
—Que Subaru me mire con ojos de pervertido me da un poco de asco.
Tras su intercambio habitual, Subaru se rio mientras flexionaba las rodillas en su sitio. Luego se estiró hacia arriba y dijo:
—¡Bueno, pues afrontemos a nuestras compañeras con ánimos renovados!
—Tienes razón. Creo que desde ayer no has hablado nada con ellas dos...
—¡Ah!
Al escuchar eso mientras se estiraba, la espalda de Subaru crujió haciendo un ruido sordo.
6
—Hermana, hermana. Ha llegado el tipo desalmado llamado Subaru.
—Rem, Rem. Ha aparecido el ladrón de sueldos llamado Barusu.
—¡De verdad, siento mucho lo de ayer! Así que, por favor, perdónenme.
Inclinando la cabeza y disculpándose profusamente, Subaru rogó perdón.
Tenía la sensación de que se había pasado el último medio día haciendo reverencias. A todos en la mansión, menos a Roswaal. Y encima, había completado el grupo femenino.
—Ya he desbloqueado la ruta donde las chicas me miran por encima del hombro... mis pecados son demasiado grandes.
—Hermana, hermana. Subaru es un completo pervertido.
—Rem, Rem. Barusu es un masoquista despreciable.
—¡Se están pasando, sobre todo tú, hermana!
Gritó Subaru ante la feroz condena de las hermanas y, apoyándose en los brazos desde su postura de disculpa arrodillada en el suelo, se impulsó para hacer el pino. Girando su cuerpo verticalmente, se puso en pie con un movimiento fluido.
—En fin, siento haber sido un patético ayer y un pesado anteayer. ...Bueno, pasaron muchas cosas y estaba un poco deprimido, pero hoy he renovado mi mentalidad y empiezo como un Nuevo Yo.
—Por el regazo, ¿verdad?
—Por el regazo, sí.
—¿Acaso todo el mundo lo sabe ya? ¡Qué vergüenza!
Las doncellas gemelas se miraron entre sí mientras Subaru se desplomaba, tapándose la cara roja.
—¿Empezamos ya con el trabajo matutino, hermana?
—Ya va siendo hora de empezar con nuestras tareas matutinas, Rem.
—¡Que no digan nada me deprime a su manera!
Las dos ignoraron las quejas de Subaru con un gesto de la mano y se dispusieron a empezar a trabajar tal y como habían dicho. Entonces, Subaru las detuvo rápidamente.
—Tiempo, tiempo. Tengo que pedirles un favor antes de empezar con el trabajo matutino.
Ambas se detuvieron ante la llamada de Subaru y, dándose la vuelta, ladearon la cabeza al unísono.
—¿Un favor?
—¿Algo molesto?
—Me alegra ver que la hermana vuelve a ser sincera después de un tiempo, pero me pregunto qué será esta pasión que arde dentro de mí, qué extraño.
Aunque se alegraba de poder tener este tipo de interacción, no pudo evitar sonreír con cierta ironía y rigidez ante la actitud de la hermana mayor, que, a diferencia de la menor, mostraba su desagrado de forma bastante evidente.
Dejó escapar un suspiro para disipar un poco esa sensación de injusticia que le había invadido y dijo:
—La verdad es que me gustaría ir al pueblo. Está cerca, ¿verdad? ¿No tienen pensado ir a comprar provisiones o algo así?
Quería ir al pueblo hoy mismo para confirmar las deducciones que había hecho la noche anterior en la Biblioteca Prohibida.
Ante la intención de Subaru, Rem se llevó la mano al pecho y se quedó pensativa.
—Es cierto que nos estamos quedando sin especias, así que tenía pensado ir al pueblo mañana, pero...
—Entonces, ¿qué tal si adelantas esos planes para hoy? Si nos estamos quedando sin provisiones, cuanto antes vayamos, mejor. Y no estamos precisamente en un entorno en el que podamos ir a pedirle pasta de miso a los vecinos, ¿verdad?
Aunque quisieran relacionarse con los vecinos, ni siquiera había casas contiguas a las que pudieran ir.
Rem pareció dudar un poco ante la propuesta de Subaru. Pero...
—¿No te parece bien adelantarlo un poco?
—¿Hermana?
En lugar de la hermana menor, que dudaba, Ram, acariciando su cabello rosa, respondió con despreocupación.
—De todos modos, tenemos que ir a comprar, y no hay ningún asunto urgente. Como Barusu está aquí para hacer de porteador, deberíamos aprovechar la oportunidad para explotarlo.
—¡Ten un poco de consideración con el hecho de que me abrieron el estómago y apenas llevo tres días de convalecencia!
Mientras esperaba algo de piedad por parte de la implacable Ram, Subaru ladeaba internamente la cabeza ante ese fuego de apoyo.
Porque sentía que, llegados a este punto, las opiniones de las doncellas gemelas no estaban unificadas.
Recordó que, en la vez que Rem lo asesinó hace dos bucles, el crimen había sido una decisión unilateral de ella.
Tal vez, en contra de lo que Subaru suponía, las voluntades de ambas no siempre fueran una sola.
Sea como fuere...
—... Si tú lo dices, hermana.
Tras un breve momento de reflexión, Rem también expresó una opinión afirmativa.
Sabía por la experiencia de sus bucles anteriores que, aunque el peso de las tareas de la mansión recaía principalmente sobre Rem, ella, a pesar de ser la encargada de realizarlas, solía delegar el poder de decisión en Ram.
Aunque fuera por casualidad, el resultado de la negociación estaba prácticamente decidido en el momento en que Ram accedió.
Ante un Subaru que apretaba los puños en señal de victoria, el rostro de Rem, hasta entonces pensativo, volvió a su expresión habitual.
—Pero, en cualquier caso, iremos al pueblo después del almuerzo. Después de las dos de la tarde del Sol Brillante. Para entonces, terminemos al menos con nuestras tareas habituales.
—No te preocupes. Barusu, que ha sido el que lo ha propuesto, trabajará hasta hacerse polvo. ¿Verdad?
—Por supuesto, verán el poder de mi nuevo yo. Me esforzaré hasta hacer polvo mis huesos o algo así.
—Deslomarte.
—Eso, eso.
Al ser corregido en estéreo por su frase incompleta, Subaru se rascó la cabeza y sintió que su negociación había dado frutos.
Una vez acordada la visita al pueblo, por fin empezaba su horario como sirviente.
Mientras Rem se alejaba caminando a paso rápido, tal vez reorganizando el orden de las tareas en su cabeza, Subaru dirigió su mirada hacia Ram, que estaba a su lado.
Por supuesto, esta vez también era obligatorio que Subaru estuviera acompañado de Ram, que había sido nombrada su instructora.
Debería evitar actuar con esa energía que rozaba la desesperación que había mostrado ayer... o, más exactamente, anteayer. Más bien, ahora que había vuelto en sí, resultaba demasiado doloroso y le era imposible reproducirlo.
—Darme cuenta en tan poco tiempo de mi oscuro pasado... Esto ya no es cuestión de que los hombres cambien en tres días.
—Antes de que te desvíes del tema principal...
Mientras Subaru reflexionaba sobre sus errores, Ram se cruzó de brazos y lo miró fríamente.
Por alguna razón, la mirada de Ram le hizo sentir que debía enderezarse, y Subaru corrigió su postura.
—Sobre la magia de antes en el jardín...
—Ah, siento el patético espectáculo. No sirvo para eso en absoluto. Lo dejaré aparcado durante un tiempo. Concretamente, me han dicho que tardaría veinte años en dominarla.
—Aparte de tu patético espectáculo, te pediría que no provoques demasiado a Rem.
—¿...?
Al no entender el significado de las palabras de Ram, un signo de interrogación apareció en la cara de Subaru.
Ante esa cara de desconcierto, Ram soltó una breve carcajada por la nariz, como hacía de vez en cuando.
—Causar disturbios con magia en una parte del jardín, involucrando a la señorita Emilia... Deberías estar agradecido de que yo detuviera a Rem.
—Ah... ah, sí, ah, claro, claro.
Estaba tan en shock por su fracaso mágico que no se dio cuenta, pero visto desde fuera, aquella situación podría haber parecido “ese tipo de situación”.
En ese sentido, agradecía sinceramente que Ram no se hubiera precipitado. Por el contrario, la tendencia de Rem a sacar conclusiones precipitadas en base a eso le producía escalofríos.
—Soy demasiado descuidado... Incluso después de cuatro "CONTINUE", si sigo así, no sé qué me depara el futuro.
—¿Qué estás murmurando...? Si no nos ponemos a trabajar ya, no llegaremos a tiempo ni para el desayuno ni para la comida.
—No, estaba pensando en la visita al pueblo de esta tarde. Me preguntaba si vendría Ram o Rem conmigo.
Pensando en el desgaste mental de ahora, que Rem lo acompañara le pesaba un poco.
En cualquier caso, si pensaba en su objetivo en el pueblo, era un hecho que era más conveniente que Rem lo acompañara.
En las dos visitas al pueblo en el pasado, Rem había sido su acompañante, por lo que Subaru pensaba que esta vez también sería así. Pero...
—¿Qué estupidez estás diciendo?
—¿Eh?
Ante un Subaru que ladeaba la cabeza, la inexpresiva Ram esbozó una inusual sonrisa.
Una sonrisa diabólica, increíblemente maliciosa y capaz de helar la sangre.
—Iremos las dos, Ram y Rem. Como dice el dicho, Barusu, tendrás una flor en cada mano.
—Ojalá esas flores no tengan veneno...
Subaru, que no había previsto la posibilidad de que la negociación saliera tan bien, se cubrió la cara con las manos, miró al techo y se limitó a murmurar eso en su mente.