Interludio - Conversación Secreta Bajo la Luz de la Luna
Interludio
Conversación Secreta Bajo la Luz de la Luna
1
La mañana en la que Subaru y Emilia intercambiaron su promesa... el tiempo avanzó aproximadamente medio día desde entonces.
—Para empezaaaar, apreciemos el arduo trabajo durante mi ausencia. Bien hecho al esforzarte en controlar la situacióooon.
La suave voz del hombre poseía el encanto particular de un varón que ha acumulado años de experiencia. Aunque su tono era frívolo, al escuchar el genuino eco de agradecimiento que contenía, la chica a la que se dirigía hizo temblar levemente sus hombros.
—Sus palabras son demasiado para mí. Además, al final le causamos molestias al señor Roswaal...
—No me importa en absolutoooo. Incinerar a las bestias nocivas del bosque tampoco me supuso tanto trabajoooo.
Roswaal agitó la mano, restándole importancia como si no hubiera sido nada.
La chica —Ram— sabía que esas palabras no eran una exageración, ni una muestra de ostentación, ni falsa modestia, sino que simplemente relataban la pura verdad. Por lo tanto, no se atrevió a interrumpir.
El lugar donde conversaban los dos era el último piso de la mansión Roswaal, el despacho de su amo.
Cuando allí se llevaban a cabo las charlas secretas nocturnas, los participantes eran invariablemente los mismos dos.
—Dejemos los asuntos pasados para máaaas tarde y tengamos una charla constructiva, ¿verdaaaad? Por ejemplo, ¿cómo ha sido la evolución del estado de Subaru?
—... Su cuerpo se ha curado casi sin problemas. La señorita Beatrice, aunque se quejaba, volcó todos sus esfuerzos en curarlo.
—Me pregunto de dónde habrá soplado ese vientoooo. Llevo mucho tiempo conociéndola, pero es la primera vez que veo a esa niña involucrarse tanto por alguien. ... Aunque la verdad, lo dudoooo.
Roswaal cerró su ojo azul y dejó el final de la frase en el aire. Aunque no pudo escuchar la última parte que murmuró, Ram no interrumpió los pensamientos de su señor y añadió:
—En cualquier caso, si la señorita Beatrice no hubiera estado aquí, no se sabe si Barusu se habría salvado.
—Podríííamos decir que eso se debe a la buena suerte de Subaruuu. De hecho, no hay muchos usuarios de magia de curación con el nivel de Beatrice. Hace que alguien como yo, que solo se le da bien herir, se sienta avergonzadoooo.
Roswaal bajó la mirada, negando con la cabeza. Sus labios dibujaron una débil sonrisa.
Era una sonrisa transparente, y desde fuera era imposible saber si se originaba en una emoción positiva o negativa.
—Peeero, a juzgar por la inquietud de tu preámbulo, el estado del chico no parece ser el mejoor, ¿verdaaaad?
—Sí. En un corto período de tiempo, Barusu forzó la activación de su Puerta desde un estado de agotamiento total dos veces. Además de eso, curamos heridas mortales con magia de sanación... Con los efectos de haber forzado y abusado tanto de su Puerta, quién sabe cuánto tiempo tardará en volver a funcionar correctamente.
—¿Ese es el diagnóstico del Gran Espíritu y de Beatrice?
—Sí.
Roswaal entrelazó sus manos, cerró los ojos y asimiló la información.
El daño en la Puerta era un obstáculo fatal para cualquier usuario de magia que manejara maná. Para Roswaal, en su posición como Mago de la Corte Imperial, la gravedad de la situación actual de Subaru le resultaba dolorosamente evidente.
—Aunque la reparación de la Puerta depende de cada individuo, probablemente le tomará años. Acabamos obligándolo a tomar una decisión muy cruel.
—El problema no es solo el daño en su Puerta, sino también los remanentes de la maldición.
Ram, asintiendo a la conclusión de Roswaal, añadió otro de los males que aquejaban a Subaru.
—Supongo que el peligro de que se active ya ha pasado, ¿nooo?
—El lanzador —en este caso los Ulgarm— ya no está debido a su exterminio. La maldición no se activará, pero... parece que la fórmula del hechizo sigue residiendo dentro del cuerpo de Barusu.
—Una madeja de hilos tan enredada que incluso para Beatrice es difícil de deshacer... Vaya por Dios, esto sí que es una auténtica maldición, ¿verdaaaad? ... Cada vez resulta más evidente que debemos recompensarle por sus logrooos.
Un hechizo que ha perdido a su lanzador genera inquietud, pero es muy poco probable que se active.
Sin embargo, al poner su propio cuerpo en la línea de fuego, Subaru albergó esa bomba dentro de sí para evitar que lo peor se propagara a los de su alrededor.
Y entre esas personas estaban todos los involucrados y, sobre todo, Emilia.
El hecho de haber protegido a Emilia, quien estaba a punto de participar en la Selección Real, era un logro que debía ser recompensado por encima de cualquier otra cosa.
—Cambiando de tema, Ram... Aprovechaaaando que hablamos de las mabestias, ¿lograste confirmar lo que te pedí?
Ante la inusualmente seria pregunta de Roswaal, Ram asintió sin dudar. Y, hacia un Roswaal que esperaba la respuesta, Ram se tocó la frente y dijo:
—Limitándonos a los individuos cuyos cadáveres pudimos confirmar, a todas las bestias demoníacas se les había convertido en “Sin Cuernos”.
Las yemas de los dedos que tocaban su frente estimularon la vieja cicatriz escondida bajo su cofia. Siendo consciente del ligero dolor de la herida, Ram le entregó su informe a Roswaal.
Roswaal dejó escapar un suspiro ante la respuesta de Ram y luego hizo rechinar el respaldo de su silla.
—Los que yo vi durante el exterminio también estaban iguaaal. Peeero, si ese es el caso, la situación cambia radicalmente de ser un simple problema de bestias nocivaaaas.
—Las mabestias a las que se les ha roto el cuerno obedecen a quien se los rompió.
—Lo que significa que hay algún insensato que ha arrasado intencionalmente el pueblo, o incluso los dominios del señor Roswaal.
—Suponnnngo que otra vez acabará estando relacionado con la Selección Reaaaal. Entre esto y la emboscada hacia Garfiel, parece que resultamos ser una gran molestia.
—Garf... ¿Qué ha dicho Garfiel?
—¿Un rechazo tajaaaaante? Desde el principio era dudoso que pudiéramos contar con su ayuda.
Ante Ram, que levantó una ceja al escuchar un nombre conocido, Roswaal se encogió de hombros con una expresión de desconcierto.
Aunque su actitud era despreocupada, Ram era muy consciente de que el asunto no era algo que se pudiera tomar a la ligera.
Desde un principio era una batalla con escasas posibilidades de victoria. Siempre era mejor contar con la mayor cantidad de cartas posibles.
Ram, consciente de que ella misma era una de esas cartas, se sentía increíblemente frustrada al no poder hacer más que observar la solitaria batalla de Roswaal.
—Volvamos al tema principal. ¿Tienes alguna pista sobre el “padre” que les rompió los cuernos a esas mabestiaaas?
—... Más o menos. Sin embargo, su rastro ya ha desaparecido. Uno de los niños que Barusu y Rem trajeron del bosque desapareció al día siguiente.
Al preguntarles sobre la "chica de las trenzas" que los dos habían traído, todos los aldeanos respondieron al unísono que era una niña desconocida. Los propios niños testificaron que, sin darse cuenta, ella se había unido a su grupo.
Según contaban, fue esa chica quien primero llevó una cría de mabestia a la aldea, y quien después guió a los niños más allá de la barrera del bosque.
Nueve de cada diez posibilidades apuntaban a que esa niña era el "padre".
—En la capital la Cazadora de Entrañas, y en mi territorio la Domadora de Mabestias... Nos hemos cruzado con un elenco de lo más pintoresco.
—Por muchos bichos raros que se reúnan, el señor Roswaal no se dejaría vencer por algo así, ¿verdad?
—Vaya, vaya, te has vuelto un poco descarada. Veeeen.
Cuando el sonriente Roswaal la llamó con la mano, Ram rodeó el escritorio de ébano para acercarse a su lado... y, la mano extendida de Roswaal atrajo el pequeño cuerpo de Ram, sentándola en su regazo. Y entonces,
—Ayer por la noche no pude prestarte atencióooon. ¿Acaso has vuelto a pasarlo mal?
—Soy consciente de lo ocupado que está, señor Roswaal. Asuntos sobre los que yo puedo dejar para más tarde...
—Ram, siempre te lo digoooo, ¿no?
Pasando un dedo por la barbilla de una Ram que bajaba la mirada, Roswaal le hizo levantar el rostro y le sonrió.
—Tú y Rem son, para mí, unas de las existencias más importantes que tengo. Sí, si por casualidad les hubiera pasado algo en esta ocasión, no estoy seguro de haber podido controlarme.
Aún con el dedo en su barbilla, Ram adoptó una expresión de embriaguez ante las palabras teatrales de Roswaal. Con ojos febriles, Ram miró fijamente al cercano Roswaal y dijo:
—Yo, Ram y Rem son importantes para el señor Roswaal...
—Sí, tú y Rem son importantes para mí, valiosas, y sobre todo, cruciales...
Repitiendo sus palabras y construyendo sobre los sentimientos del otro, Roswaal hizo una pausa, reflejó a Ram en sus ojos amarillos y declaró:
—... Una pieza indispensable, desde lueeeego.
Roswaal se lo dijo a Ram abiertamente.
No había ni un ápice de culpa en sus palabras; sonaban puramente como la exposición de un hecho.
Y así, tras escuchar claramente que su propia existencia era definida como una pieza, Ram lo aceptó.
—... Sí.
Respondió asintiendo y ruborizándose, con una expresión de total devoción.
Ante la actitud obediente e incluso embelesada de Ram, Roswaal la acercó aún más a su regazo y dijo:
—Bieeeen, entonces comencemos. Seguro que Ram también se ha esforzado mucho, ¿verdad? Te dije que te contuvieras, pero parece que has consumido bastante maná.
—Lo lamento mucho... Por favor.
Aceptando las palabras de Roswaal, Ram se quitó la cofia que adornaba su cabello rosa.
Debajo del adorno, cuando los dedos de Roswaal apartaron el cabello rosado, se reveló una leve cicatriz blanca un poco por encima de la frente.
—Un vestigio de la época en la que ella era considerada un prodigio entre la tribu de los demonios.
Roswaal deslizó sus dedos sobre esa cicatriz como si acariciara algo sumamente preciado.
—... Que las estrellas te protejan.
Un resplandor de cuatro colores recorrió el brazo de Roswaal, y en el instante en que se concentró en la punta de sus dedos, se transformó en una luz blanca, la cual pasó de sus yemas a la cicatriz de Ram.
—Transferir maná directamente a otra persona es un arte mágico que requiere un manejo de extrema complejidad.
A menos que la distribución del maná de cada elemento sea perfectamente equilibrada, el maná se convierte en fuerza bruta y daña el cuerpo físico del objetivo.
Este “acto de curación” solo era posible gracias a Roswaal, alguien capaz de adaptarse a los cuatro elementos y dominarlos a un nivel muy elevado.
Para la tribu de los demonios, el cuerno en la frente representaba la vía para dejar fluir el maná tanto hacia el interior como hacia el exterior.
Siendo similar al rol de una Puerta, el cuerno es un órgano que facilita este flujo de forma mucho más potente, y es la razón principal por la que los demonios se alzan como una raza tan robusta.
Sin embargo, Ram había perdido ese cuerno debido a factores externos, y la capacidad de su cuerpo para absorber y expulsar maná ya no estaba equilibrada.
Mucho menos considerando que el potencial físico de Ram era el más alto entre los de su especie.
Si lo dejaban desatendido, su cuerpo simplemente iría debilitándose; para mantenerlo estable, estas reuniones secretas nocturnas con Roswaal se llevaban a cabo como una rutina diaria.
Ram sentía cómo, a través de la cicatriz de su cuerno, el maná era inyectado, llenando su cuerpo de vitalidad. Mientras se dejaba llevar por la dulce y cálida sensación que inundaba su interior, Ram murmuró de pronto:
—Lo había olvidado. Tengo algo que informarle, señor Roswaal...
—¿Mmm? ¿De quée se trata?
Mientras continuaba con el proceso de curación, Roswaal cerró un ojo. Ram se quedó pensativa un instante y, dudando sobre cómo decírselo, apretó los labios antes de hablar:
—Rem se ha encariñado con Barusu.
—¿Mmm?
—Parece que algo en Barusu ha tocado el lado débil de Rem.
Hablaba de su hermana gemela. Como hermana mayor, Ram comprendía perfectamente el estado psicológico de Rem. También sabía que su hermanita, de naturaleza honesta, jamás sería capaz de ocultárselo.
—Rem, eh. Bueeeno, tampoco es algo tan extraño. A diferencia de Ram, esa niña no me sirve por lealtad, despueeeés de todo.
Ram no refutó la evaluación que su amo hizo de su hermana y respondió con silencio. Eso era, en efecto, una afirmación tácita.
A diferencia de Ram, que servía a Roswaal con una lealtad desinteresada, la motivación de Rem nacía de la autodefensa.
Para Rem, Roswaal era visto ante todo como “la existencia que protege a mi hermana Ram”. Esta manera de pensar era producto de la dependencia de una Rem cuya mentalidad se había obsesionado hasta el punto de creer que la existencia de su hermana mayor era la única razón de su propia vida.
Por eso mismo, las acciones de Rem para proteger su pequeño mundo tendían a ser precipitadas e imprudentes.
Si uno apartaba la vista de ella un segundo, era capaz de deshacerse por su cuenta de cualquiera que pareciera ser una amenaza.
Ram pensaba que Subaru había salvado la vida precisamente porque logró establecer confianza antes de ser atacado.
Por supuesto, aunque tuviera esa valoración objetiva de ella, para Ram, Rem seguía siendo la hermanita más linda del mundo, y la prioridad de su existencia estaba por encima incluso de la suya propia.
Sin embargo, si le preguntaran si ella era lo primero, ahora mismo no podría asentir con sinceridad.
—Poco importa cómo se sienta Rem; Ram seguirá permaneciendo en mis manos. Y si es asiiiií, entonces inevitablemente Rem tendrá que hacer lo mismo. Yaaaa verás, todo seguirá igual que hasta ahora, y nadaaaa cambiará.
—Sí, supongo que sí. También se podría decir que, como resultado de que Rem tenga a más personas que le importen, las posibilidades de que la niña saque conclusiones precipitadas han aumentado.
—Ah, de eso tendré que advertirle de antemano. Será un trabajo crucial que haré mañaaana.
Roswaal lo dijo en tono de broma, y al mismo tiempo, la luz desapareció de su palma. El tratamiento había terminado.
Sintiéndose llena de vitalidad, Ram se bajó a regañadientes del regazo de Roswaal al suelo. Roswaal, al dejar a Ram, también se levantó de la silla.
—A partir de ahora volveremos a estar ocupados. Las haré trabajar duro, pero cuento con ustedes, tanto con Ram como con Rem, ¿entendidoooo?
—A sus órdenes. Desde aquella noche en llamas, este cuerpo le pertenece únicamente al señor Roswaal.
Levantando el dobladillo de su falda, Ram flexionó las rodillas y le dedicó una profunda y reverente reverencia.
Recibiendo su lealtad, Roswaal se cruzó de brazos tras la espalda y caminó hacia la ventana. Mirando de reojo a Ram, que aguardaba a su lado, descorrió las cortinas.
Mirando hacia el cielo —un cielo donde flotaba la sombra de una luna redonda y llena—, Roswaal entornó sus ojos de distinto color y dijo:
—En esta Selección Real, debemos salir victoriosos a toda costa. Por el bien de mi... objetivo.
Murmuró, y el brazo que había extendido abrazó los hombros de Ram atrayéndola hacia él.
Sintiendo de nuevo de cerca el calor de su alta figura, Ram cerró los ojos en silencio y bajó la mirada.
Mientras escuchaba la voz del hombre a su lado, la de su propio amo, la voz de aquel a quien le había entregado su alma,
—Para el día en que matemos al Dragón.
《FIN》