Prólogo I - El Escudo del Santuario

Prólogo I
El Escudo del Santuario
――Rugiendo, él blandió sus garras hacia el enemigo que surgía de los alrededores.
???: 『 ¡¡Gaahhhh――!! 』
Sus suaves cuerpos reventaban al quedar atrapados en sus garras, su campo de visión teñido con sangre de un brillante tono carmesí.
La sensación de arrebatar la vida a una criatura viviente, a pesar de estar acostumbrado a ella, jamás podría haber sido placentera. Aunque sentía cómo se galvanizaban los instintos de caza arraigados en su interior, distaba mucho de ser una indulgencia.
Sin embargo, él se sumergía en esos momentos, olvidando dicho valor de la vida y las virtudes.
De no ser así, él será devorado por el enemigo―― no, por el monstruoso y multitudinario «Apetito» que avanzaba desde todas las direcciones, y no lograría aferrarse ni a su propia vida.
???: 『 ¡Shiiihk! 』
Un bramido iracundo, blandiendo sus garras sin un objetivo fijo, desatando patadas. Aun así, él acertaba. Les daba. Delante de sus brazos, junto a sus espinillas, rebotaba la sorda sensación de hacer añicos los huesos de un ser diminuto.
Nauseabundo. Sin embargo, abandonando todo sentimentalismo, él mostró sus colmillos con enemistad, perdiéndose a sí mismo.
???: 『 ―――― 』
Él se encontraba en un estado forjado. Durante todo el tiempo que le fue permitido, había atormentado su propio cuerpo con dolor.
La debilidad era un pecado. Su ser, una vez había perdido lo que más apreciaba en su corazón debido a este pecado. Tampoco fue capaz de aferrarse a la oportunidad de no soltar nunca lo que atesoraba. Por eso, para cuando una oportunidad idéntica regresara, o para no perder nada más, buscó los límites más extremos.
Él no podía, hacer que esos días fueran en vano. Su ser, ya no era su ser débil. Para demostrarlo, sobrellevando una emoción similar a vomitar sangre, aplastó, cortó, desgarró las diminutas vidas.
El oscuro bosque de la noche estaba manchado de sangre. Él sintió que el volumen de esta sangre derramada era el fruto de los días que había ido acumulando――,
???: 『 ――Urgh. 』
Un dolor agudo lo recorrió, su pantorrilla derecha se desgarró bajo un calor abrasador.
Miró allí y los colmillos de una bola de pelo blanca habían estado devorando su pierna, seccionando la carne sin un instante de vacilación. Él rechinó sus molares y bajó su brazo derecho como una espada, partiendo la bola de pelo en dos mitades.
Sin embargo, él no pudo terminar este combate por el dolor. A pesar de arrebatar la vida del enemigo, había perdido el firme apoyo de su pierna. La reducción de la movilidad, en este campo de batalla, significaba acortar inmediatamente la distancia hacia la Muerte.
――Muerte, en el instante en que se centró en esa palabra, los escalofríos recorrieron todo su cuerpo.
???: 『 ¡¡Esto no 's, una puta broma!! 』
Él no quería pensar en estos escalofríos como miedo o consternación.
Alzando la voz como si repudiara a su ser débil y apartando los pensamientos que acudían a su mente, elevó su pierna derecha herida por encima de su cabeza y la golpeó enérgicamente contra el suelo.
En ese momento, un poder inmenso fue invocado bajo sus pies, y el suelo y la tierra desnuda fueron vigorosamente volcados.
Hordas enteras de bolas de pelusa en un radio de cinco metros de las puntas de sus pies fueron derribadas por el suelo ascendente, muchas docenas de ellas lanzando gemidos de muerte mientras sus cuerpos eran aplastados y perecían.
???: 『 Ahora―― 』
???: 『 ――――Kyuuuhn. 』
Sin embargo, no se le concedió ni el tiempo para regocijarse en su triunfo. Sin prestar atención al entierro de docenas de sus compañeros en la horda, el fervor del enemigo no disminuyó ni un ápice. ――No, más que disminuir, decir que había aumentado también sería válido. Pero, él fue incapaz de identificar ningún cambio en la horda que cargaba hacia él.
Las bolas de pelusa blancas que avanzaban, no sentían ni ira, ni agitación, ni nada en absoluto por la muerte de sus camaradas. Con simplemente un destello ardiente concebido en sus ojos, propio de cumplir los deseos del individuo, entrechocaban sus colmillos.
Chasqueando, rechinando, golpeando, tintineando, una armonía infinita del sonido de devorar la vida, desgastando su espíritu.
???: 『 ――~hk. 』
Aclarándose la garganta débilmente, él golpeó sus piernas mientras buscaba retroceder. ¿Qué pasaría si retrocediera ahora? Al retroceder y afianzar su postura, ¿A qué equivaldría eso――,
???: 『 ――Supongo que a estas alturas, ya te habrás dado cuenta de lo loco que es el enemigo, ¿verdad, Garfiel? 』
Garfiel: 『 ¡――~hk! ¡Cierra la boca! ¡Cállate la puta boca ~hk! 』
Él gritó de vuelta por reflejo a la voz que le fue lanzada abruptamente desde atrás.
Encendido con la llama de la rebeldía estaba el espíritu de lucha que momentáneamente cedía a la razón, repeliendo a continuación la vanguardia de bolas de pelo con una andanada de puñetazos, mientras el bosque se teñía una vez más con el rocío de sangre. Teñido. Teñido――.
???: 『 Eso no equivale a nada más que ganar tiempo. Hay que ocuparse de ellos desde la raíz. 』
Garfiel: 『 ¡Por última puta vez, te ‘toy diciendo que te calles la puta boca! ¡No ‘toy ‘scuchando tus indicaciones, bastardo! 』
Al ser sermoneado por un semblante que indicaba conocimiento y experiencia, él aulló de vuelta que nadie prestaría oídos a sus palabras. Incluso si ese consejo fuera acertado, jamás podría albergar la fe de confiar su vida a quien le ofreció el consejo.
Jamás podría hacerlo, al menos, por el joven de pelo negro que observaba la batalla desde atrás.
Garfiel: 『 ――Pedazo de mierda. 』
Con la mirada al borde de un suspiro a su espalda, la batalla con las bolas de pelo blancas se reanudó.
Lo que él sentía por el joven espectador en la retaguardia era desconfianza, y una sensación de derrota que le arañaba el pecho y que no deseaba admitir. El resentimiento que dirigía hacia su propio ser por haber llegado a un estado acorde a la anticipación del joven, acorde a sus palabras, un torbellino de rabia.
――La crisis inminente sobre el Santuario, una de las Tres Grandes Mabestias, era algo que superaba lo que sus manos podían manejar.
Repudiando tal aparente locura, había entrado en la subyugación sin prestar atención.
Sin embargo, los esclavos del incesante «Apetito», sus números abrumadores y su crueldad habían librado una guerra de desgaste como si se burlaran de su imprudencia.
Sus heridas eran profundas. La Protección Divina de los Espíritus de la Tierra que moraba en su cuerpo le otorgaba fuerza, pero no podía curar sus heridas. No poseía tiempo para usar magia curativa. Tampoco poseía camaradas que le compraran dicho tiempo, ni poseía medio alguno para mantener al enemigo a raya.
Estaba solo. Se sentía solo. Y eso era algo deseado por nadie más que él.
Que si solo él fuera fuerte, sería capaz de protegerlo todo hasta el final. Para hacer realidad esa ilusión infantil, él había seguido entrenando estos colmillos, estas garras, este cuerpo.
Y aun así, y aun así, y aun así――
???: 『 Está más allá de ti el poder hacerlo todo solo, Garfiel. 』
Delegando incluso la rabia para replicar con un "Cállate" a sus colmillos, golpeó a los enemigos ante él.
Sus suaves cuerpos se hicieron añicos, flores de sangre brotaron ante sus ojos. Comiéndose la bola de pelusa ahora convertida en un trozo de carne, otra bola de pelusa se acercó. Las bolas de pelusa que había aplastado con seguridad temblaron, y se multiplicaron en dos como por arte de magia.
De manera idéntica, cuanto más aplastaba las bolas de pelusa, más se multiplicaban. No importaba cuánto las redujera, cuánto las disminuyera, no decrecían.
La desesperación, se hinchó en su pecho. Se sentía como si se le estuviera sentenciando, que la totalidad de los días que había pasado hasta ahora habían sido en vano, que las ilusiones no eran más que ilusiones.
――Cálidas lágrimas de amargura cayeron por sus ojos, mientras los atravesaba con sus colmillos temblorosos, y desgarraba su carne.