Justicia muy, muy dura
JUSTICIA MUY, MUY DURA
1
—Ese día, en la Mansión Roswaal, estaba ocurriendo algo poco común.
—¿Eh? ¿Quieres decir que Emilia-tan va a salir… sin mí?
—Subaru, de verdad, no te sorprendas por algo así. Puedo salir sola, no hace falta que estés siempre conmigo.
Subaru, conmocionado, sintió que las rodillas le flaqueaban. Emilia, por su parte, hinchó los mofletes en señal de protesta.
La conversación tenía lugar en la entrada principal. Emilia, ya lista para salir, había detenido a Subaru cuando este intentó acompañarla, y así había empezado todo.
Desde la ceremonia de investidura, Subaru era oficialmente el caballero de Emilia, y por eso la acompañaba a todas partes cada vez que ella salía.
A Emilia le gustaba eso, en el fondo, pero…
—Y aun así, hoy me dejas atrás… ¿Acaso hice algo mal?
—¡A-ah, no, para nada! Es que… últimamente no te separas de mi lado, ¿verdad? Pensé que quizás te gustaría descansar un día…
—¡¿Eeeh?! ¡Pero si no hay descanso más reparador que absorber "emilianés" puro al lado de Emilia-tan!
—Lo siento, no entiendo ni una palabra de lo que dices.
Subaru tragó saliva, agitado. Emilia, con las cejas un poco caídas, suspiró.
En realidad, solo quería que Subaru se tomara un descanso de una vez, pero… ¿cómo hacérselo entender?
Mientras Emilia daba vueltas a eso…
—Ja. Vaya espectáculo más patético estás montando, Barusu.
—¡N-Nee-sama…!
La siempre confiable Ram hizo su entrada, con el taconeo de sus zapatos repiqueteando con energía. Tras mirar a Subaru de arriba abajo, alzó un dedo y declaró:
—Preocuparte ahora por si le has desagradado a Emilia-sama es absurdo. Si de verdad te inquietan tus errores, Barusu, deberías empezar a buscar desde que aún estabas atado por el cordón umbilical a tu madre.
—¡Ah, maldita sea! ¡O sea que tendría que arrepentirme de patear demasiado la barriga de mamá desde dentro! ¡Ni en sueños me arrepiento de lo que hice bañado en líquido amniótico!
—Un hombre que se niega a reflexionar… difícilmente llegará lejos, sin duda.
—¡Deja de clavarme el puñal en el corazón así!
Al observar el habitual y agresivo intercambio entre Ram y Subaru, Emilia soltó una risita. Desde que se conocieron, los dos habían conectado así, y su diálogo resultaba reconfortante incluso para un espectador.
Podría haberlos observado para siempre, o hasta que se les acabara la conversación, pero…
—Muy bien, fin de la charla. Subaru, ¿no le prometiste algo a Petra-chan y a Frederica hoy? ¿"Apliques6", creo que mencionaste? Dijiste que les enseñarías.
—¡Ughh! ¡Mi celo misionero como apóstol del bordado me ha estallado en la cara…!
Alzando la aguja e hilo que llevaba en la mano, Subaru cayó de rodillas. Aún con la cabeza gacha, la tela que sujetaba se iba llenando rápidamente con un lindo gato bordado.
Subaru siempre había sido hábil con las manos, pero su reciente mejora era suficiente para dejar boquiabierto a cualquiera.
Esa faceta trabajadora era algo de lo que Emilia podía estar orgullosa en su caballero, pero verlo tan abatido la dejaba sin palabras.
En cualquier caso…
—En serio, no tienes de qué preocuparte. ¿Recuerdas el alboroto de las luciérnagas de hace unos días? Solo voy a hablar con el jefe de la ciudad de Costuul para ver cómo va todo.
—El jefe de Costuul… ¿ese tipo enorme con cara de pocos amigos, cierto? Me miró desde allá arriba y me asustó bastante. ¿Estarás bien, Emilia-tan?
—Sí, estaré perfectamente. Después de todo, es reaaalmente una persona amable.
6: El aplique en bordado es una técnica que consiste en coser trozos de tela sobre una superficie base para añadir textura, color y
volumen a un diseño, ahorrando puntadas y tiempo en comparación con el bordado directo.
Al escuchar la razón de la ansiedad de Subaru, pero sin poder compartirla del todo, Emilia frunció el ceño, un poco perpleja.
Leno Rex, el jefe de Costuul —la ciudad industrial más cercana a la nueva Mansión Roswaal— era alto y daba miedo a primera vista, pero era un hombre admirable que anteponía la vida de los ciudadanos.
Recientemente, unas plagas naturales llamadas "luciérnagas" habían causado estragos en Costuul, provocando enormes daños. Emilia y los demás habían ayudado a sofocar el problema, y ahora sentía curiosidad por las consecuencias. La salida de hoy era para enterarse de cómo iba todo.
—Así que, repito, no hay nada de qué inquietarse. Ram viene conmigo, y…
—¡…Y com’ os aburr’s como ostr’s, es’e Garfiel ha decidido acompañar’s!
Mientras Emilia le explicaba, llegó el último miembro del grupo: un chico de cabello rubio corto, cuerpo entrenado y colmillos impresionantemente afilados: Garfiel.
Como Oficial Militar del bando de Emilia, él haría de escolta hoy, aunque nadie pensaba que tal despliegue fuera realmente necesario.
—A diferencia de Barusu, cualquier chusma de por aquí no tendría oportunidad contra Emilia-sama.
—¡Gnnn, no puedo negar eso, y eso duele…!
—¡Ja! Tranqui’o, Capitán. Es la ciudad d’ al lado, ¿no? Pase lo qu’ pas’, mi increíble yo, Garfiel pro’egerá a Ram y a Emilia-sama como ‘s debido.
—Bueno, ese lío de las luciérnagas en esa "ciudad de al lado" terminó con Frederica siendo secuestrada entre bastidores… ¡Ahh, es inútil! ¡Cuento contigo, Garfiel!
Garfiel se golpeó el pecho con una amplia sonrisa. Subaru le dio una palmada en el hombro y luego se volvió hacia Emilia.
—Sé que estarás bien, pero ten mucho cuidado, ¿vale? Con los carruajes, con los hombres… y con los malhechores también.
—Vamos, Subaru, eres tan preocupón. Pero está bien. ¡Aparte de carruajes y hombres, si nos encontramos con gente mala los venceré sin problema!
—Mmm, no era exactamente a eso a lo que me refería, pero… E-M-T.
Y así, ante la expresión complicada de Subaru, Emilia y los demás partieron de la mansión.
Subaru se quedó en la entrada, saludando con la mano a los tres hasta que se perdieron de vista.
2
Tras aquel intercambio antes de partir, los tres por fin abandonaron la mansión. Sin embargo…
—Oy’, ¿no ‘s raro que los tres andemos junt’s así?
—Ah, puede que tengas razón. Ram y tú siempre estáis tan unidos, pero yo suelo ir con Subaru. Esto sí que es poco común.
—Esa es una impresión que Ram preferiría corregir…
Con una Ram de semblante serio entre ellos, Emilia y Garfiel continuaban charlando animadamente.
Como había dicho Garfiel, realmente era un trío poco común. Daba la casualidad de que era justo el día en que Roswaal tenía asuntos fuera, Subaru había prometido pasar tiempo con Petra y los demás, y Otto —a quien no habían mencionado en absoluto— seguramente estaba siendo arrastrado por Roswaal en ese mismo momento.
—Parece que Roswaal le tiene mucho cariño a Otto, ¿no?
—Por irritante que sea, Otto es inesperadamente útil. Entre los extraviados que trae Barusu, es todo un hallazgo. Por irritante que sea.
—¿Llamar extraviado a Ottobro…? ¿Entonces el Capitán ha recogido otras cosas también?
—Petra también podría considerarse una extraviada de Barusu.
—Aaah, Petra sí que adora al Capitán…
Rascándose bruscamente la cabeza, Garfiel asintió al hilo de las palabras de Ram.
Gracias a Subaru, tanto Otto como Petra habían terminado uniéndose al campamento. Como los dos se llevaban reaaalmente bien con Subaru, Emilia los consideraba aliados bienvenidos.
—¡Si Subaru sigue trayendo más amigos a este paso, ¡todo se pondrá muy animado!
—Ram no encuentra eso especialmente recomendable. Aumenta el número de muestras, y entre las gemas se mezclan guijarros. Dudo mucho que dicha fortuna continúe.
—O sea qu’, en el fondo, Ram ‘stá admiti’ndo que Otto-nii y Petra fu’ron bu’nas e’ecciones, ¿eh? Apu’sto a que Otto-nii se emocionaría al oír’o… ¡Ay!
—¡¿Ram?! ¡¿Por qué le acabas de arrancar un pelo a Garfiel?!
Hablando así mientras avanzaban, Emilia y los demás llegaron a su destino: Costuul.
Como estaba planeado, se reunieron con el alcalde dentro de un edificio provisional que hacía las veces de ayuntamiento —el original se había derrumbado en el reciente incidente de las luciérnagas de mana y aún aguardaba reconstrucción.
—Les agradezco que hayan venido hasta aquí.
Saludándolos sin cambiar la expresión en la sala de recepción, Leno Rex habló de manera plana.
Leno era tan grande que, a primera vista, parecía más adecuado para la vida de mercenario que de alcalde. Pero no hay que juzgar por las apariencias. A pesar de su imponente presencia, era capaz de consideraciones delicadas, y Emilia pensaba que era bueno que él fuera quien llevara las riendas de la ciudad.
Sin prestar atención a las impresiones de sus visitantes, Leno abordó inmediatamente el asunto por el que habían venido.
—En cuanto al asunto del otro día, la conmoción dentro de la ciudad por fin se ha calmado, y la reconstrucción ha comenzado en varios lugares.
—Me alegra oír eso. Aunque nos hubiera gustado poder venir a ayudar antes.
—Ni se les ocurra pensarlo. Más bien, su principal guerrero, ese de ahí, fue de una ayuda inmensa para nosotros.
Habían sido Garfiel y Frederica quienes rescataron a Leno y al personal del ayuntamiento cuando el edificio se derrumbaba durante el alboroto. Al tener sus actos elogiados directamente, Garfiel se frotó la nariz, no del todo disgustado.
—Aún así, emp’zar la recon’trucción so’o ahora… s’ tomaron su ti’mpo, ¿eh? No ‘s como a’guna carrera de “Atrapa-el-Brahavac”. ¿Por qué ta’dó tanto?
—Hay varias razones. Primero, incluso después de eso, exterminar a las luciérnagas llevó tiempo. La otra razón principal—
—…sería que los talleres de herramientas de macreación sufrieron daños, y reconstruirlos costará tanto tiempo como dinero.
—Justo en el blanco.
Herramientas de macreación: esa misma tecnología era la mayor razón por la que Costuul llevaba el nombre de Ciudad Industrial, una fortaleza que ninguna otra ciudad poseía. Alimentadas por piedras mágicas, esas herramientas permitían tareas imposibles para manos humanas; podrían llamarse meteors modernos.
Sin embargo, los talleres que usaban esas herramientas, y las fábricas que las producían, habían sufrido graves daños en el incidente de las luciérnagas, asestando un severo golpe a la industria de Costuul. Con las luciérnagas finalmente erradicadas, había comenzado el trabajo de restauración para recuperar el título de Ciudad Industrial.
Pero…
—Ha salido a la luz un problema serio.
—¿Eh? ¿Un problema serio?
—Mientras los talleres dañados estuvieron cerrados, sus artesanos naturalmente no tenían trabajo. Muchos, sin empleo, fueron a otras ciudades para ganarse el sustento, pero…
—Bueno, hay que trabajar para comer. Ese no es el problema, ¿verdad?
—Trabajar en otro lugar no es problema… siempre que regresen. Si no lo hacen…
—¿No… están volviendo? ¿Esos artesanos que salieron?
En efecto, si eso fuera cierto, sería un enorme problema. Era normal que los artesanos buscaran trabajo en otros lugares mientras sus talleres estaban cerrados, pero a menos que esos artesanos regresaran…
—Incluso si se restauran los talleres, no habrá manos habilidosas para operarlos, ¿cierto?
—Manejar herramientas de macreación requiere considerable experiencia. Con la mayoría de artesanos experimentados idos, y si debemos entrenar nuevos desde cero…
—Las pérdidas durante ese tiempo serían inmensas. En el peor caso, Costuul, otrora llamada Ciudad Industrial, podría colapsar por completo.
—Ram, eso es un poco duro…
—Es la verdad. A este ritmo, la ciudad no puede sostenerse a sí misma.
—Entonces, ¿qué es lo que quiere que hagamos? Permítame recordarle: ni siquiera la familia Mathers puede cubrir el déficit financiero de una ciudad, ni estamos obligados a hacerlo.
—Esta ciudad se encuentra dentro del dominio occidental del Margrave, ¿no es así?
—La administración de sus tierras es responsabilidad de Lord Roswaal, pero el funcionamiento de la ciudad pone a prueba la habilidad del alcalde. ¿Acaso pretende dejar de lado su propia incompetencia y culpar a Lord Roswaal?
—¡Oye, Ram!
—Por favor, no se pongan así. El alcalde también está en una situación difícil. Además…
—¿Además?
—Deberíamos escucharlo hasta el final. Él no nos pediría simplemente que abramos nuestra bolsa sin tener un plan detrás, ¿verdad?
Leno hizo una profunda reverencia.
—Permítame disculparme por cualquier malentendido. Como dice Lady Emilia, no pretendo que el Margrave llene nuestras arcas; eso es, en efecto, mi deber.
—Entonces, ¿qué quiere de nosotros?
—De parte del Margrave Mathers… me gustaría solicitar mano de obra.
—¿Mano de obra? ¿Como… ayuda doméstica?
Estaba claro que la escasez de personal era grave, pero ¿podría cubrirse con sirvientes adicionales? Además, la mansión tenía sus propias tareas, así que enviar a Ram o a los demás sería difícil. Francamente, el único que podrían prestar sería Subaru.
—Incluso Subaru podría no ser capaz de solucionar una escasez de mano de obra en una ciudad tan grande…
—Je, ¿qué ‘stá dijeci’ndo, Emilia-sama? ¡Estam’s hab’ando del Capitán!
—Garfiel… ¡tienes razón! Si es Subaru, tal vez realmente podría hacer algo.
—Emilia-sama, Garf, les ruego que dejen de esperar milagros de Barusu.
Ram volvió a mirar a Leno.
—La cabeza de Ram se ha enfriado un poco. La mano de obra que usted desea es…
—…para buscar. Deseo saber el paradero de aquellos artesanos que no han regresado.
—Si hay un elemento criminal, mantener el orden en el dominio cae bajo los deberes del señor… la jurisdicción de Lord Roswaal.
—Pero, ¿y si las personas que salieron encontraron trabajos reaalmente buenos y están trabajando tan duro que perdieron la noción del tiempo?
—Aun así, cualquier adulto debería al menos enviar una palabra a casa. Y el problema es que ni siquiera han contactado a sus familias. ¿Correcto?
—Exactamente.
Habiendo escuchado hasta aquí, Emilia quería resolver el problema de alguna manera y devolver a esos artesanos desaparecidos con sus familias.
—Después de todo, las familias deberían estar juntas siempre que sea posible.
—Aa, mí increíble yo no pu’de di’cutir eso. ¡De acu’rdo! ¡Hagámos’o, Emilia-sama!
Animada por el contundente acuerdo de Garfiel, Emilia se puso de pie.
—Muy bien, Señor Alcalde. Ayudaremos a buscar a los artesanos desaparecidos. No… insisto en ayudarle.
—Sería muy amable de su parte…
—¡Entonces empecemos a buscar de inmediato! Garfiel, tú tienes un olfato reaalmente agudo, ¿no? ¿Podemos contar contigo?
—¿Hmm?
Garfiel, sin notar la perplejidad de Leno, respondió a Emilia con vigor.
—Mí increíble persona ‘s medio tigre, ¿sab’? Y no l’ pi’rdo a ningún p’rro o gato cuando s’ trata de olfat’ar. ¡No impo’ta quién haya desapa’ecido, lo rastr’aré en un santiamén!
—¡Eso es reaalmente tranquilizador! Muy bien, entonces…
—¡Sí, emp’cemos con ‘sto!
Garfiel mostró sus colmillos en una sonrisa; Emilia apretó el puño con determinación. Luego, como liberados por un resorte, los dos giraron sobre sí mismos, fijando en Leno sus miradas llenas de brío.
—Espérennos… ¡definitivamente encontraremos a las personas desaparecidas!
—¡Las Alas de Mokkalka superan al vi’nto!
Dejando esas palabras atrás, Emilia y Garfiel asintieron el uno al otro y salieron corriendo de la sala de recepción.
Abrumado por su ímpetu, Leno solo pudo mirarlos alejarse con asombro. Una vez que pasó el shock inicial, lanzó una mirada hacia Ram, que se había quedado atrás.
—…Honestamente, solo necesitábamos que gestionaran algo de mano de obra.
—Ram piensa lo mismo, así que luego informaré a Lord Roswaal. Hasta entonces…
—¿Hasta entonces?
—Sería prudente complacer a esos dos hasta que se cansen.
Saboreando el té que le habían servido, Ram dejó escapar un silencioso "vaya, vaya" y sacudió la cabeza con elegante resignación.
3
—¡Ah, llegas tarde, Ram! Estaba a punto de dejarte atrás, ¿sabes?
—Mis disculpas, Lady Emilia. El té y los dulces eran demasiado buenos para abandonarlos a medio terminar… ¿Y? ¿Qué tal los resultados?
Ram alcanzó a Emilia y los demás solo después de que estos hubieran salido corriendo del ayuntamiento provisional y hubiera pasado un buen rato.
Tal como le había dicho a Emilia, ella había abandonado el edificio solo después de disfrutar por completo del té y los dulces de cortesía. Sin embargo, en ese tiempo, Emilia y Garfiel aparentemente habían estado recorriendo toda la ciudad.
Cuando preguntó por sus resultados, Emilia se inclinó hacia adelante y exclamó:
—¡Garfiel y yo hablamos con todo tipo de personas! No paraban de agradecernos por ayudar durante aquel alboroto de las luciérnagas…
—Ya veo. Eso es bueno. Parece que el escándalo de Garf no fue en vano.
—Bu’no, todo es’ lío fu’ montado por un b’stardo p’rvertido qu’ iba d’trás de Nee-san en prim’r lugar, así que no sé cuán’o deberíamos celebrar.
Ram y Garfiel intercambiaron impresiones mientras Emilia, luciendo un poco avergonzada, escuchaba.
Profundizar demasiado en la verdad de aquel incidente enredaría todo tipo de circunstancias problemáticas para el campamento de Emilia, así que no podían hablar abiertamente al respecto. Aun así, el hecho de que resolver el alboroto les hubiera ganado la buena voluntad de los ciudadanos era algo por lo que simplemente alegrarse.
—En otras palabras, sus resultados son cero. Muy bien, volvamos. Debemos solicitar a Lord Roswaal que gestione refuerzos.
—Jeje, eso es lo que cualquiera pensaría, ¿verdad? ¡Pero ese no es el caso en absoluto! ¿No es así, Garfiel?
—¡Claro que sí! Mi increíble olfato y ‘l recorrido d’ Lady Emilia di’ron fruto. E’to es lo qu’ s’ llama un comba’e de sumo en equ’po Jōten-y-Geten, ¿sab’s?
—¿Es así como se llama?
Emilia y Garfiel hincharon el pecho uno al lado del otro; observándolos, Ram permaneció en silencio. Al ver su reacción, los dos inclinaron la cabeza perplejos, pero impávidos continuaron.
Según los resultados de sus indagaciones…
—Una agencia que encuentra trabajo para jornaleros migrantes, ¿es eso…?
—No sabemos si esas personas son sospechosas, pero parece que estaban ofreciendo trabajos a los ciudadanos que han desaparecido.
—¡Si es’s tip’s resultan s’r los secu’stradores, entonces las cos’s avanzarán rápido, ¿no!
—Eso es lo que pienso. ¿Y tú, Ram?
Garfiel, luciendo triunfante, y Emilia, mirando a Ram en busca de su opinión… Al escucharlos, Ram luchó contra el impulso de llevarse las manos a la cabeza.
A decir verdad, no había esperado nada en absoluto de su recorrido, pero a juzgar por lo que acababa de escuchar, habían logrado más de lo que había imaginado.
—Jornaleros migrantes que nunca regresan, y una agencia turbia…
—…Sospechoso.
—¡Lo sabía! ¡Tú también lo crees, Ram!
Ante el murmullo involuntario de Ram, los ojos de Emilia brillaron. A su lado, Garfiel cruzó los brazos con un satisfecho "¿Ves?" estampado en su rostro.


—Están bastante animados, Garf. Ciertamente es un buen logro, pero…
—Oye, oye, Ram, p’nsar que hem’s terminado aquí s’ría demasiado fácil. ¡Demasiado dulc’, como e’ azúcar!
—Super dulce. Además, si esas personas realmente son los secuestradores, estaríamos en problemas si se escapan, ¿verdad? Por eso le pedí a Garfiel…
—¡Y mi increíble olfato iden’ificó la dirección ‘n que s’ fue e’ carruaje-dragón! ¿Lo ven?
—Exactamente.
Al decir eso, Garfiel, con un resoplido, señaló fuera de la ciudad. Esa debía ser la dirección en que había partido el carruaje de los agentes sospechosos.
—Ustedes dos están siendo demasiado eficientes… ¿De verdad son Lady Emilia y Garf?
—¿Qué se supone que significa eso? ¿Nos está alabando?
—No. Bueno, sí, en cierta forma. Los dos estaban pensando mucho más de lo que esperaba, y Ram está bastante sorprendida. Parece que han madurado.
—¿No ‘s raro dud’r d’ que crecer’mos, en v’z de admitir qu’ hemos crecido?
Los verdaderos sentimientos de Ram se le escaparon, pero la siempre ingenua Emilia no pareció darse cuenta, así que Ram simplemente le tiró de la mejilla a Garfiel para silenciarlo.
En cualquier caso, si la investigación se hubiera estancado sería una cosa, pero viendo que progresaba sin problemas, era difícil detenerse allí.
Por lo tanto…
—Por ahora, sigamos el rastro del carruaje hasta donde podamos. El olor podría cortarse en algún punto; si eso sucede, podremos retirarnos.
—Mmm, entendido. No te preocupes, estoy segura de que nos llevará directamente a su destino. Garfiel, será un trabajo duro, pero cuenta con nosotros.
—Pued’n dejar’o en mis mano’. El Capitán y Ottobro m’ dijer’n una y otra vez que cu’dara de Lady Emilia. No voy a ser negl’gente.
—¿Subaru y los demás dijeron eso?… Ah, pero en este caso lo que no será negligente es tu nariz, ¿verdad?
—¡Uy, es cierto! ¡Wajajaja!
—Jeje, qué gracioso.
Garfiel estalló en una risa franca, mientras Emilia reía suavemente.
Acompañando a esos dos investigadores despreocupados, Ram se devanaba los sesos pensando en cómo arreglar una salida elegante.
Ella también consideraba que la agencia que habían rastreado era muy sospechosa, pero los eventos avanzaban demasiado fácilmente. Era impensable que el otro lado estuviera filtrando información, así que la única explicación era que Emilia y Garfiel simplemente habían tenido demasiada suerte.
Personalmente, Ram creía que ya había cumplido su obligación con Leno en este punto, y que dejar el resto a las autoridades de Costuul sería perfectamente aceptable. Si resultaba que resolvían todo el problema a este ritmo, había riesgo de dejar en vergüenza a Leno, el alcalde de la ciudad.
Así pues, mientras Ram pensaba que lo mejor sería entregar la investigación a las autoridades de Costuul en alguna etapa, traer consigo a la extrañamente entusiasta Emilia y a Garfiel…
—¡Mira, Ram! Ese carruaje-dragón… ¿podría ser el que estamos persiguiendo?
Y así, cuando la persecución guiada por la nariz de Garfiel los condujo directamente a lo que parecía ser la base de los secuestradores, Ram sintió un impulso aún más fuerte de llevarse las manos a la cabeza.
4
Las cosas habían salido tan bien —un golpe de suerte tras otro— que dar un paso atrás ya no era una opción.
Arrastrada a una situación tan poco habitual, la expresión severa de Ram no mostraba señal alguna de suavizarse.
—Ese carruaje-dragón parece estar metiéndose en esa montaña… ¿Es una mina de mineral mágico?
—Eso parec’. Están reuniend’ gent’ de todas part’s. El olor del carruaje qu’ perseguíamos s’ mezcló con ‘os otros, p’ro es’ es el lugar, s’guro.
Emilia y Garfiel se agacharon, espiando desde los arbustos la escena de abajo.
Siguiendo el rastro del olor del carruaje-dragón del agente que había salido de Costuul, los tres —ignorando el deseo de Ram de dar la vuelta— habían llegado directamente a su destino: un yacimiento de mineral mágico.
—Sin embargo, hasta donde Ram sabe, no hay mina de piedras mágicas registrada en esta área.
—Tal vez ‘s qu’ simplement’ no lo sabías, Ra— ¡ay, ay, ay!
—¿Acaso imaginas que hay algo concerniente al dominio de Lord Roswaal que pueda escapar al conocimiento de Ram?
—U-uau, eso es increíblemente convincente…
Pellizcando la oreja de Garfiel para silenciarlo, Ram volvió su mirada hacia la misma escena que los otros dos.
Tal como acababa de decir, no existía declaración alguna de una mina de mineral mágico en esta área. En otras palabras, era una excavación oculta e ilegal —motivo suficiente para una redada por sí sola.
Pero el problema no se detenía allí.
—Carruajes-dragones sigu’n apareci’ndo uno tras otr’ de la nada.
—En serio, no paran.
Ese era el verdadero problema.
Tal como la pareja había observado, los carruajes-dragon se deslizaban dentro de la mina uno tras otro, cada uno modificado para que sus ventanas estuvieran selladas desde el exterior. Era prácticamente una admisión abierta de que algo turbio ocurría en su interior.
—…Descuidado.
Su trabajo, su ocultación —quizás incluso todo su plan— solo podía calificarse de descuidado. El hecho de que el grupo de Ram hubiera llegado hasta allí no era fruto de una investigación minuciosa.
Para decirlo sin rodeos, tanto Emilia como Garfiel tendían a actuar a grandes rasgos.
Eso se aplicaba también aquí; con perseguidores tan poco sutiles como esos dos acortando distancias, solo había sido cuestión de tiempo que los culpables fueran expuestos.
Sin embargo, cuanto más descuidada parecía la operación enemiga, más difícil se volvía decidir si retroceder.
A diferencia de un enemigo metódico, uno sin plan era imposible de leer; si daban un paso en falso, el otro lado podría equivocarse aún peor.
—Me gustaría ver qué está pasando adentro, pero… supongo que no hay más remedio.
—¿Ram? ¿Qué planeas hacer?
—Ram deseaba evitar el esfuerzo, pero estoy considerando usar Clarividencia. Si encuentro a alguien adentro cuya longitud de onda coincida, podremos confirmar la situación sin tanto trabajo.
—Eh… pero la Clarividencia te agota reaalmente, ¿verdad? ¿Estás segura de que estarás bien?
Ante la propuesta de sacrificio propio de Ram, Emilia expresó sus dudas.
—Si llega a eso, ¿no podríamos simplemente detener uno de esos carruajes y preguntar directamente? Si están tramando algo malo, lo mostrarán de inmediato.
—Si Lady Emilia fuera la única persona en este mundo, eso podría resolver el problema, pero las cosas no proceden tan simplemente. Por favor, piense con cuidado.
—Un mundo con solo yo dentro…
—Aunqu’ el Capitán probablement’ estar’a loco de a’egría con esa idea.
Al tener su sugerencia rechazada, Emilia guardó silencio, mientras a su lado Garfiel inclinó la cabeza. Manteniéndola en ese ángulo, continuó:
—Pero, sab’n… Mí increíble yo, concu’rda cont’go en no presiona’ demasiado a Ram. Y solo para qu’ qued’ claro, no es porqu’ esté enamorado d’ ti. Aunque lo esté.
—Silencio. En ese caso, ¿qué piensas hacer?
—No pod’mos simplemente asa’tar el lugar, ¿verdad? No hay forma d’ saber qué podrían hac’r esos tipos de ad’ntro.
Mostrando, sorprendentemente, más perspicacia que Emilia, Garfiel dijo eso. Recibiéndolo, Ram entrecerró sus ojos carmesí claro, y él volvió su mirada esmeralda hacia la entrada de la mina.
Lo que sus ojos seguían eran los carruajes-dragón entrando y saliendo—
—…Garf, seguramente no estarás pensando…
—Oh, claro que sí. "Platos, agua y Gezigelei", ¿sabes?
—Emm, ¿qué vamos a hacer?
Entendiendo su intención, Ram exhaló. A diferencia de ella, Emilia no tenía idea de a qué se refería. Mostrando sus colmillos en una sonrisa dirigida a ella, Garfiel declaró:
—No tien’ sentido qu’darnos hablando de’de aquí. —Infiltrémonos.
5
—…Descuidado.
Mientras se bajaba más la capucha y examinaba su entorno, Ram no pudo evitar murmurar eso.
El plan de infiltración en un carruajes-dragón que Garfiel había propuesto había tenido éxito mucho más fácilmente de lo esperado.
Simplemente se habían deslizado en la cama de uno de los carruajes-dragón que entraban y salían de la mina; sin embargo, ninguno de los vigilantes los revisó, así que pasaron directamente y lograron entrar.
Por si acaso eran descubiertos, se habían puesto túnicas de trabajadores como disfraz, pero nadie detuvo su mirada en ellos, así que la medida resultó inútil.
En fin…
—Logramos entrar sin problemas. Me estoy poniendo reaalmente nerviosa…
Al decir eso, Emilia miraba alrededor del interior de la mina con rápidas ojeadas.
No podía verse desde fuera, pero a pesar de ser un sitio de excavación ilegal, los trabajos de extracción avanzaban sin problemas, y se había hecho un pasaje bastante espacioso dentro del túnel. Los carruajes-dragón que iban y venían también se usaban para sacar la tierra excavada, y quizás por eso las inspecciones eran tan laxas.
Aun así, no había excusa para tal descuido y brechas en la seguridad.
—Pensar que hicieron todo esto justo bajo las narices de Roswaal-sama.
Lo que brotó en el pecho de Ram fue ira por la falta de respeto hacia su señor.
Normalmente, ahora que la situación estaba clara hasta este punto, Ram contactaría de inmediato a Leno, haría despachar guardias para cerrar la mina, y luego castigaría severamente a las personas involucradas —ese era el procedimiento formal.
Solo había una razón por la que no estaba haciendo eso: quería castigar a estos insolentes con sus propias manos.
Y…
—Estamos a solo un paso del culpable ahora, ¿verdad?
—Oye, oye, Emilia-sama. Es’ "un paso" es la pa’te peligrosa, ¿oy’s? De aquí ‘n adelant’, trátenlo como ‘l "Tesoro del Paso Karakari", ¿entendido?
—¿Quieres decir "ten cuidado sin importar qué"? Mmm, entendido.
Con rostros llenos de espíritu de lucha, Emilia y Garfiel presionaban hacia adelante; su presencia y su ímpetu empujaban la espalda de Ram. —En cualquier empresa existe algo llamado impulso.
En términos de capacidad para resolver problemas, Ram ni sobreestimaba ni subestimaba a Emilia y Garfiel. Dejando de lado la pelea brusca, su habilidad para lidiar con otros asuntos era promedio.
Sin embargo, a veces el impulso podía producir resultados más allá de la propia capacidad.
En ese sentido, ellos dos ahora tenían un impulso tremendo. ¿De qué otra manera todo habría salido tan bien hasta este punto?
—Afortunadamente, no hay guardias pasando… Vayamos más adentro.
—¡Ja! Tú también ‘stás d’cidida, ¿eh, Ram? D’ acuerdo, hagámo’lo.
—En efecto, los mataremos a todos.
—¿¡No dij’ que no llegaríamo’ tan l’jos!?
Guiando a los dos que tenían todo ese impulso, Ram avanzó alegremente hacia las profundidades de la mina.
Quizás por efecto de su buena suerte, en el camino no se toparon ni con un solo guardia. Confiando en los tenues sonidos que resonaban desde dentro, los tres se acercaron al núcleo de la mina.
Y…
—¡Esto es…!
Demasiado sorprendida para hablar, Emilia abrió mucho sus ojos amatista.
Extendido debajo de ellos había un espacio de excavación de múltiples niveles, y allí había personas balanceando picos contra las paredes, dedicadas al trabajo minero.
Por supuesto, si fuera simplemente trabajo de excavación, no sería tan sorprendente. Sin embargo, si esos trabajadores estaban vestidos con ropas harapientas, y si toscos collares estaban sujetos a sus cuellos, eso era otro asunto.
—…Esos son "Collares de Sujeción".
—¿"Collares de Sujeción", del tipo que se les ponía a los esclavos en el pasado?
—Fueron abolidos en Lugunica hace bastante tiempo, pero en Vollachia y Kararagi la práctica aún persiste. Incluso en Lugunica y Gusteko, probablemente sobrevive en el bajo mundo.
Al escuchar la respuesta de Ram, Emilia guardó silencio.
El "Collar de Sujeción" era un tipo de meteor que forzaba a la persona que lo llevaba a la servidumbre. Se decía que desobedecer al amo causaba un dolor terrible; esta era la primera vez que Ram veía uno en persona.
En cualquier caso, un entorno donde la gente era obligada a trabajar con "Collares de Sujeción" difícilmente podía llamarse un lugar de trabajo ideal.
—Más podrido de lo que imaginaba…
—Apu’sto a qu’ algunos d’ los tipos ‘n esa multitud son lo’ de Costuul. ¿Qué hacemos? ¿Irrumpimos, de’trozamos todo y los d’jamos escapa’…?
—No, no podemos. Si el "Collar de Sujeción" se activa, les dolerá reaalmente fuerte. Si usan eso como palanca, algunas personas podrían negarse a huir con nosotros.
Garfiel chasqueó la lengua, pero no dijo nada más.
La preocupación de Emilia efectivamente podía hacerse realidad. Incluso si Garfiel causara estragos aquí, eso no les daría control sobre los collares. Los esclavos también eran rehenes.
El enemigo podría incluso empujar a los esclavos hacia ellos con la condición de que los collares no se activaran. Eso sería poner el carro delante del caballo.
—Así que tenemos que encontrar una manera de lidiar con los collares. Ehm, ¿tal vez deberíamos hablar con la persona a cargo aquí?
—Por favor, no vuelva de repente a ser ingenua cuando estábamos progresando tan bien.
—…Ingenua.
—Como dije antes, no todos en el mundo son como Emilia-sama. No espere resolver todo a través de la discusión.
—…Ingenua.
—Entonce’ seguimo’ bu’cando una llav’ para los collar’s, ¿sí?
—Eso sería lo más sensato. Para eso debemos…
Ram estaba a punto de decir "quitarles los collares a los esclavos y luego colgar al cabecilla", cuando…
—¿Eh? ¿Qué están haciendo aquí, ustedes?
Ante la voz áspera proveniente de atrás, Ram y los demás se voltearon lentamente. Al mirar, vieron a un hombre de aspecto rudo observándolos desde el extremo opuesto del pasillo por el que habían venido.
Una sola mirada a su cuello lo hacía obvio: el hombre no estaba del lado de los usados, sino del que usa. Seguramente era parte del grupo que forzaba a los trabajadores a usar los "Collares de Sujeción".
Derrotar a este hombre solo no sería ningún problema, pero si lo hacían, volverían al problema anterior.
Mientras Ram fruncía ligeramente el ceño, preguntándose qué hacer…
—¡Ehm! ¡La verdad es que acabamos de ser traídos aquí como nuevos reclutas!
Antes de que Ram pudiera elegir algún plan de acción, Emilia alzó la voz. Volviéndose hacia el hombre con cierta tensión, continuó:
—¡Correcto! ¡Los collares! No podemos trabajar aquí a menos que nos pongamos esos collares, ¿verdad? Pero esta persona no pudo encontrar uno de repuesto, así que está en problemas.
—¿Eh? ¿¡Yo?! …S-Sí, eso ‘s ci’rto. Sin un collar, estoy en grav’s problem’s, pero soy nuevo aquí. Así que no pud’ encontrar uno.
—¿Nuevo, eh?
Ante la pequeña actuación montada por Emilia y Garfiel, el rostro del hombre se torció de manera desagradable.
Al ver eso, Ram deslizó una mano hacia el bastón escondido bajo su falda. Si el hombre mostraba una apertura, lo sepultaría hacia la pared de inmediato.
Hombre: —Tch, bastardo inútil. Aquí es el sitio de trabajo; los collares se guardan en el almacén, obviamente. Esto es lo que pasa porque no recuerdan después de que se les dice una vez.
Pero ignorando la determinación de Ram, el hombre se tragó fácilmente la historia de Emilia.
Por un momento Ram sospechó un juego psicológico de alto nivel, pero como él les dio la espalda sin dudar, juzgó que no lo era.
—Vengan, por aquí.
—De acuerdo, gracias. Vamos.
Respondiendo a su guía, Emilia le guiñó un ojo a Ram. Su mirada parecía decir:
"Funcionó", y Ram se encontró demasiado exhausta para responder.
Pero los dolores de cabeza de Ram no terminaron allí…
—Sí, ya saben, cuando salí del campo por primera vez, quería ser alguien importante. Y ahora mírenme, haciendo trabajos de poca monta en un lugar como este…
—Ya veo. …Pero si ese es el caso, entonces puedes tener esperanzas.
—¿Esperanzas? ¿Esperanzas de qué…?
—Si estás reaalmente abajo ahora, eso significa que mañana puedes estar mejor que hoy. Si esto es el fondo, solo queda subir la cuesta.
—…¡Señorita…! Sí, tienes razón. Supongo que lo intentaré…
Así terminó la conversación entre el hombre que iba adelante y Emilia, prometiéndose mutuamente esfuerzo para el futuro.
Emilia había iniciado conversación con él sin temor en el camino, y gracias a una coincidencia extrañamente buena de personalidades, la charla permaneció pacífica hasta el final.
Estaba bien que no se volviera sospechosa, pero tampoco hubo una cosecha particular.
—Esperaba obtener algo de información…
—Lo que aprendiste es que el Sr. Zaksen aquí tiene cuatro hermanas menores en casa y lucha por enviarles dinero.
—Esa no es la información a la que me refería.
Todo lo que Emilia había ganado era conocimiento sobre el hombre —Zaksen—, su personalidad y su situación familiar, lo que solo hacía más difícil noquearlo.
—Aquí. Este es el almacén de collares.
Guiados por Zaksen, los tres llegaron frente al almacén donde se guardaban los collares.
En el flujo habitual, probablemente traían aquí a los nuevos reclutas, les colocaban los collares, y luego los forzaban a un trabajo duro interminable.
Sin embargo…
— …
—¿Sr. Zaksen? ¿Qué sucede?
Zaksen se volteó, agarró los hombros de Emilia y habló con seriedad.
—¡Huyan! ¡Ahora mismo, en este instante!
—Pero—
—¡Nada de peros! Si se quedan aquí, también los harán trabajar hasta los huesos. Una vez que un collar está puesto, no hay escape. Así que huyan mientras puedan. ¡Sí, tomen esto, golpéenme y escapen!
—¡¿Eh?!
Mientras hablaba, Zaksen presionó la porra en su cintura en las manos de Emilia.
—¡Si hago eso, usted quedará—!
—Si me golpean y huyen, solo significará que fui un tonto que los dejó escapar. Así que—
—¡Hmph!
—¡Gwah!
Como las cosas estaban a punto de complicarse, Ram arrebató la porra a mitad del camino y golpeó a Zaksen una vez. Con ese único golpe, cayó inconsciente al suelo del pasillo.
—¡R-Ram! ¿Qué haces de repente! Oh, ese golpe se ve doloroso…
—Este no es momento para hacerse amigos. Sí, es cierto que sus acciones produjeron un efecto considerable, pero eso y esto son asuntos separados. ¡Garf!
—¡Sí! El cont’nido del almacén. Si encontramo’ una llav’ para l’s collar’s, eso haría la’ cosas rápida’…
Mientras Emilia atendía al caído Zaksen, Ram y Garfiel registraron el almacén.
Como había dicho Garfiel, encontrar una forma de desbloquear los collares sería lo mejor. Incluso si fallaban, algún tipo de elemento de negociación serviría…
—Oye, Ram. ¿Estos no son los collares?
Al decir eso, Garfiel bajó una caja grande de un estante. Dentro de la tosca caja había objetos que ciertamente se parecían a collares, lo cual era extraño.
—Aunque no son especialmente raros, el "Collar de Sujeción" sigue siendo un meteor. Pensar que los almacenarían tan descuidadamente… No puedo decir que sea imposible, considerando lo chapucero que ha sido todo hasta ahora.
Recordando la dejadez hasta este punto, Ram negó su propia preconcepción. Al oír su respuesta, Garfiel tomó un collar de la caja.
—Pero estos no se parecen a los collares que llevaban esas personas, ¿verdad?
—Estoy empezando a pensar que ese podría ser el caso. Sin embargo… Espera, un momento.
—¿Eh?
Ram agarró el collar que Garfiel colgaba de su dedo, lo miró fijamente —y entonces…
—…Esto es…
6
—¡¿Qué está pasando?! ¡¿Qué ocurre?!
Al escuchar el alboroto en la cantera, un hombre calvo de mediana edad rugió de ira. Era el dueño de la mina, el cerebro que había estado forzando a muchísimas personas a trabajar aquí. Su vil plan estaba ahora al borde de derrumbarse ante sus propios ojos.
—¡Jefe! ¡La mano de obra está huyendo! ¡Ni uno solo hace caso!
—¡Entonces activemos los "collares de sujeción"! ¡Que sirva de ejemplo… no, que sufran todos hasta el último! ¡Cuando sientan el dolor, se les quitarán las ganas de luchar!
Incapaces de contener el caos, los subalternos renunciaron a apaciguar e hicieron esa propuesta.
Su reacción era natural: la cantera albergaba esclavos traídos de todas partes —unas cien personas. Si todos se sublevaban a la vez, su mero ímpetu los aplastaría. Para eso, al fin y al cabo, existían los "collares de sujeción".
—¡Jefe, tenemos que darnos prisa!
Los trabajadores arrojaban sus picos y se agolpaban hacia la entrada de la mina. Observándolos, un subalterno instó a activar los collares.
El cerebro inspiró, alzó ostentosamente un bastón viejo y gritó:
—¡Oigan, ustedes! ¡Dejen de moverse! ¡Paren ahora mismo o se arrepentirán!
Los trabajadores que forcejeaban por escapar se quedaron inmóviles ante el rugido del capataz. En las miradas que le volvieron brillaba la ansiedad, el miedo… y la duda.
Ese destello de duda secó la boca del cerebro.
—…Vaya, qué fanfarrón.
Tres figuras salieron de entre la fila de trabajadores, atrayendo su mirada: dos personas con capuchas bajas y un chico de cabello dorado erizado que irradiaba una intensidad extraña. La que hablaba era una de las encapuchadas, y por la voz supo que era una mujer.
—No tengo mujeres en mi cuadrilla. Una esclava fanfarroneándome… qué risa.
—Dada la situación, es increíble que aún puedas darte aires de grandeza. ¿Debo recordarte que los números están abrumadoramente de nuestro lado?
—Los números quizás, pero la calidad es diferente. Echen un vistazo a los collares que llevan en el cuello.
Señaló con el dedo las argollas de los trabajadores. Ante eso, los obreros intercambiaron miradas inquietas.
—El poder de un "collar de sujeción" es otra cosa, ¿saben? Una vez que lo sienten, nunca más querrán desafiarme. Los huesos crujen, la carne estalla, la orina se vuelve roja brillante de sangre. A menos que les apetezca eso…
—¿A menos que lo hagamos?
—Entonces tomen a sus compinches y vuelvan a sus puestos. Pero primero, quítense las capuchas.
—…¿Nuestras capuchas? ¿Por qué?
—Dependiendo de la apariencia, podrían valer más vendiéndolas en otro lado que picando roca, por eso.
Suspirando ante su exigencia, la mujer encapuchada habló por encima del hombro.
—Parece que insiste, Lady Emilia.
—¿Eh? Si tú lo dices, entonces… está bien.
—…¿Eh?
Lentamente, las dos mujeres se quitaron las coberturas blancas, y el capataz solo pudo quedarse boquiabierto.
No solo el capataz —sus subalternos e incluso los trabajadores las miraron, petrificados.
Allí estaban una chica de pelo melocotón-rosado y una chica de pelo plateado — ambas de una belleza asombrosa. Pero eso no era todo.
—Pelo plateado… ojos amatista… una semielfa… ¿y dijo Emilia…?
—Sí, correcto. Oh, ¿usted sabe quién soy?
—¿Que si lo sé? ¡Es una de las alborotadoras más sonadas de todo el reino! ¿Qué hace una candidata real aquí como esclava? ¡Vaya ocupación!
—Je-je, en realidad no soy una esclava. ¡Solo estaba fingiendo serlo!
Al lanzar hacia atrás su pelo plateado, Emilia lo declaró con una confianza temeraria. Por dentro, el cerebro gritaba: ¡Esto es malo —muy malo!
Había logrado engañar a muchos y trabajarlos como mulas, pero enfrentarse a una candidata real estaba muy por encima de su nivel. Alguien a quien se le confía el futuro del reino es demasiado para un villano de poca monta como él.
—Ya deberías rendirte. Puedes ver que no tienes posibilidades de ganar.
—¿¿N-No tengo posibilidades?? ¿¿Y en qué se basa eso…?? ¡¡Todavía tenemos los collares!! ¡O-Oigan! ¡Si no quieren ser castigados, agarren a estos tres…!
—Basta. El truco ya ha sido expuesto.
—¿Qué ha dicho?
—¿Todavía no lo entiende? Entonces, ¿qué le parece esto?
Con un tono helado, la chica de pelo melocotón sacó el brazo de su capa.
Ante los ojos recelosos del capataz, extrajo un collar —idéntico a los de los cuellos de los trabajadores, probablemente tomado del almacén— y se lo ajustó alrededor de su propia garganta sin dudar.
—Ahí lo tiene. Me he puesto uno. ¿Por qué no activa el "collar de sujeción"?
El capataz tragó saliva con fuerza.
—Ahora mismo podría hacerle daño a la pobre y delicada Ram cuanto quiera. Si Emilia o Garf me ven sufrir, no podrán resistírsele, ¿no es así?
Con un dedo golpeó suavemente el collar mientras exponía con calma el escenario de victoria del capataz.
Probablemente era cierto. Emilia la miraba con ojos ansiosos, y la furia del chico de pelo dorado distorsionaba el aire a su alrededor. Sin embargo, ambos respetaban la determinación de la chica y no actuaban con precipitación.
—J-Jefe… la chica tiene razón. ¡Es ahora o nunca…!
Pero el cerebro, bañado en sudor frío, no podía responder.
Por supuesto que no: la acción de la chica lo había demostrado. El truco había sido descubierto.
—Acumulaste un montón de collares y se los pusiste a esclavos, haciéndoles creer que eran "collares de sujeción". Y he aquí el resultado…
—Ah…
—Pensaban que podrían ganar en una revuelta, pero alguien sería el primero en sufrir. Nadie deseaba ser esa primera víctima. Usted explotó ese miedo de manera hermosa.
Su mirada fría atravesó todo el esquema del cerebro.
La esperanza llenó los ojos de los trabajadores, mientras sus subalternos se volvieron hacia él con asombro e ira. Sin embargo, en medio de esa tormenta de miradas, el capataz soltó una risotada.
—¡Así que has descubierto mi plan y te sientes satisfecha! ¡Qué nimiedad de la que enorgullecerse, candidata real!
—¿Eh? ¿Yo?
—¡Las palabras de esa chica… usted se las dijo, ¿verdad? Impresionante! ¡Pero no me equivoco, ¿oyen?! ¡El mundo está lleno de estafadores y estafados! ¡Vive sin pensar y te arrepentirás —así es como va! ¡Así que qué hay de malo en que yo use ese hecho!
Emilia dio un paso al frente y le señaló con el dedo.
—¡Obviamente el que miente es el malo!
La réplica extrema encontró una refutación extrema, pero el cerebro no retrocedió; al contrario, dio un paso adelante.
—¡Escuchen! Este tipo de cosas pasan en todas partes. Ustedes, las candidatas reales, pueden estar agitando el reino, pero quienquiera que obtenga el trono, nuestras vidas no cambiarán. Alguien siempre paga el precio. ¡Ningún rey puede ver cada rincón del reino!
Los ojos de Emilia se abrieron ante su rugido.
Desde atrás, la chica de pelo melocotón puso una mano en su hombro y negó con la cabeza.
—Por favor, Lady Emilia, no escuche. Son solo palabras agrias —palabras destinadas solo a nublar su corazón.
—¡Incluso si lo son… no puedo ignorarlas!
Al retirar suavemente la mano, el bello rostro de Emilia se endureció con firme resolución.
Su mirada amatista dejó sin aliento al cerebro. Luego lo presionó.
—Tiene razón: incluso para un rey sería difícil cuidar cada rincón. Pero si yo me convierto en reina, recordaré lo de hoy. Haré lo posible para poder escuchar la voz de todos.
—¿Desde ese trono elevado? ¡No me haga reír!
—¡Entonces bajaré del trono y hablaré con la gente —¡como hoy!
—Guh…
Ella clavó un dedo justo bajo su nariz, silenciándolo. Él buscó a tientas una réplica, pero antes de que pudiera…
—Parece que hemos perdido, jefe.
Un hombre con expresión cómplice le dio unas palmaditas en el hombro desde atrás.
—¡Sr. Zaksen!
Emilia pronunció su nombre antes de que pudiera hacerlo el capataz. El hombre asintió con alegría al ser reconocido.
Algo se rompió dentro del cerebro. Ni en sueños aceptaría la derrota aquí.
—¡No digas tonterías! ¡Todavía no he terminado! ¡No en un basurero como est—
—Ya veo. Lady Emilia habló extensamente, pero usted persiste. Entonces no hay nada más que decir.
Ante la vista del capataz tembloroso y furioso, la voz de la chica de pelo melocotón contenía lástima.
Quien avanzaba ahora era el chico de pelo dorado que había observado el desarrollo de los acontecimientos. Crujiendo los nudillos y mostrando sus afilados colmillos, preguntó:
—Oye, Ram. ¿Ya podemos actuar?
—Sí. Lady Emilia, Garf —acaben con esto.
En el instante en que se dio esa orden final, el joven de pelo dorado se convirtió en un viento salvaje que arrasó la cantera, mientras Emilia liberaba aire gélido de sus manos para inmovilizar a los subalternos.
Abrumado por su poder, el cerebro comprendió el vasto abismo que los separaba.
Sin embargo…
—¡Incluso un villano tiene su orgullo —¡raaah!
Sabiendo que no podía ganar, aún así apretó los puños y saltó hacia el chico—
—y al instante siguiente, el cuerpo del cerebro salió volando, alto y ligero, con una facilidad ridícula.
7
—Voy a conseguirme un trabajo nuevo, honesto, y volveré a casa. Hasta entonces, cuídense mucho, Señorita.
—Claro. Cuídese usted también, Sr. Zaksen.
Y así, con ese encuentro y despedida tan humildes, el yacimiento minero ilegal fue clausurado.
El cerebro y sus compinches, que habían hecho la vista gorda a todo, fueron arrestados, mientras que las personas engañadas para usar collares fueron liberadas con seguridad y enviadas de vuelta a sus respectivas ciudades natales.
Por supuesto, eso incluía también a las personas desaparecidas de Costuul.
—…Jamás imaginé que todo se resolvería en un solo día.
—Eran tipos que eligieron cometer maldad en el dominio de Lord Roswaal. Naturalmente, fueron eliminados con rapidez.
Leno Rex, el alcalde de la ciudad, observaba a Ram y a los demás que habían terminado la gran redada, con una rara expresión de aturdimiento. Si Roswaal se enteraba, sin duda sería una anécdota deliciosa para contar.
Así, el caso de fraude a gran escala que había envuelto a la Ciudad Industrial de Costuul y sus pueblos aledaños llegó a su fin —tan fácilmente, de hecho, que apenas parecía real.
—Aún así, sí qu’ hub’ alguno’ verdadero’ loc’s cocinando plan’s descabellados, ¿eh?
—En efecto… Planear algo tan tonto en el territorio de Lord Roswaal.
—Nah, no m’ refi’ro a dónde lo hici’ron sino a lo que hicier’n. Supongo que ‘l m’ndo fuera del bosqu’ está repl’to de más peligros d’ lo que pensab’.
Rascándose vigorosamente la cabeza, Garfiel reflexionaba sobre los eventos del día mientras regresaban a casa. Para él, que había pasado su vida dentro del Santuario, cada costumbre y suceso del mundo exterior era novedoso; la experiencia de hoy seguramente quedaría registrada como otra página más en su historia.
Si fuera posible, también merecía experiencias más brillantes y alentadoras.
—¿Hmm? Ram, ¿t’ngo algo en mi increíble rostro?
—Tus ojos, nariz y colmillos están pegados en los lugares más ridículos.
—¡No hay nad’ ridículo en ell’s!
Ram esquivó la pregunta sobre haber estado mirando su perfil, y Garfiel soltó un profundo suspiro. Luego continuó:
—Aún así, es’ último comentar’o de Lady Emilia all’ atrá’ fue bastante bueno, ¿no?
—…Cierto. Su declaración no estuvo nada mal.
—Lo de baj’r del trono así ‘s genial. Un rey así ‘s realmente interesant’, si le preguntan a mí increíble yo.
Al ver a Garfiel mostrar sus colmillos en una sonrisa, Ram permitió que sus labios se suavizaran ligeramente. En efecto, para callar al cerebro y todo, había sido una observación satisfactoria. Sobre todo, resonaba con la determinación y la promesa características de Emilia.
Arrancar el mal de raíz y escuchar la proclamación de Emilia hizo que la agitada vorágine del día valiera la pena —Ram podía admitir eso, al menos para sí misma.
—Sin embargo,
—¿Qué? Mirar tan fijamente es indecente.
—Nah, bueno, ‘s que… estoy p’nsando que Ram ‘s una mujer fina incluso con un collar pu’sto, créalo o no.
—…
—¡Ay-ay-ay-ay-ay!
Le pellizcó la mejilla que había pronunciado palabras innecesarias, obligando a que sus ojos se llenaran de lágrimas y arrancándole un grito. Alrededor de su propio cuello había un tosco collar de hierro —la llave había desaparecido cuando el cerebro salió volando, haciendo imposible quitárselo.
Al final, después de que todos en la mansión la molestaran sin fin por el collar, Roswaal se lo quitó con sus propias manos, haciendo que los sentimientos de Ram por su maestro se avivaran aún más.
Como nota al margen, cabe mencionar—
—¡Ah, Emilia-tan, llegas terriblemente tarde! Las habilidades de apliques de Petra y Frederica han subido de nivel como locas por aquí, pero ¿pasó algo en su lado?
—¡Mhm! ¡Golpeamos a los malos y ayudamos a muuuucha gente que estaba en problemas!
—¿¡Todo en el único día que no estuve!?
Así, hubo incluso una escena en la que el caballero encargado de cuidar la casa se quedó horrorizado por el inocente informe de su señora, pero, a su manera, eso también sirvió como un final adecuado para ese día caótico y vagamente esbozado.
FIN