Historia de “Poltergeist”
Historia de “Poltergeist”5
1
Un trueno retumbó.
Los rayos brillaron al otro lado de la ventana y las lámparas mágicas que iluminaban la mansión se apagaron de golpe. Fue una broma pesada del destino que en el momento en que se cubrieron de oscuridad, la alacena se cayó y la vajilla se hizo pedazos, produciendo un estruendo al romperse.
Tras el apagón y el continuo sonido de destrucción, se oyó un grito agudo.
—¡¡¡Noooo…!!!
La que había gritado tras oír los agónicos sonidos finales de la vajilla era una sirvienta con un precioso y largo cabello rubio. Era esbelta y alta, pero tenía una atractiva figura abundante en encantos femeninos. Sus ojos rasgados parecían piedras preciosas de jade, y su boca, de donde se originó dicho grito, estaba adornada con una hilera de hermosos dientes blancos, aunque algunos de ellos eran afilados y le daban un aspecto bastante feroz…
—¡AAH! ¡AHHHH! ¡Es un Hollow! ¡Un Hollow está aquí! ¡¿Oye, Petra?! ¡¿Estás bien?! ¡Petra! ¡Ram!
Estaba temblando con lágrimas corriendo por su cara. Su aspecto era cualquier cosa menos feroz, más bien, destacaba su lado frágil y femenino.
En la oscuridad, la mujer agarró un trozo de tela a su alcance y lo acercó desesperadamente a su cuerpo.
—¿Pe-Pe-Pe-Petra...? ¿O eres tú, Ram? En cualquier caso, me alegro de que estés a salvo. Tenemos que salir de aquí antes de que sea demasiado tarde…
—¿Hermana Frederica?
—¡Ah! ¿Petra? ¿Eres tú?
La mujer —Frederica— volteó hacia la dirección de la voz, pero dicha voz procedía de la dirección opuesta de la persona a la que sujetaba.
Sus pupilas se entrecerraron en la oscuridad y apareció una chica joven y delicada. Era encantadora, vestida de sirvienta y con un gran listón en la cabeza: Petra, la chica a la que Frederica adoraba como a una hermana menor. Frederica se sintió aliviada al ver que Petra no había sufrido ningún daño.
5: Los Hollows son un tipo de seres que son combinaciones de los rencores de los muertos, dejados atrás en el mundo de los vivos y
que no pueden regresar a Od Laguna, con espíritus malignos.
—Oh, Petra… Me alegro de que estés a salvo —dijo—. Eso debe significar que tengo a Ram en mis brazos. Está siendo bastante dócil y…
—¿Qué estás diciendo, Frederica? Ram está aquí.
—¿Eh?
Después de escuchar una voz desvergonzada, la dueña de dicha voz apareció junto a Petra. Era una joven con el cabello corto y rosa, con una cara bonita y valerosa. Estar de pie con una postura perfecta le sentaba extrañamente bien, y se mantenía firme incluso en la oscuridad abisal.
—Oh, vaya, Ram… así que estabas con Petra. Bueno, en ese caso…
—Sí, Ram estaba con ella… ¿con qué confundiste a Ram?
—¡Estaba tratando de no pensar en eso…!
Frederica giró la cabeza con un crujido en respuesta a la despiadada pregunta de Ram. Después bajó la mirada hacia la persona que sostenía fuertemente entre sus brazos. Justo en ese momento, se produjo un rayo que iluminó intensamente a una misteriosa figura.
Era una muñeca del tamaño de un infante al que le faltaba un globo ocular. Cuando su único ojo se encontró con el de Frederica, la muñeca relajó los labios y sonrió.
—¡¡¡NOOOOOOO!!! —Frederica soltó un grito, que no era más que uno de los muchos que soltaría aquel día.
2
Todo empezó hace dos días...
—¿Limpiar la villa y cambiar los muebles? —preguntó Frederica.
—Sí, así eeees —respondió Roswaal con una sonrisa amable y las manos juntas sobre el escritorio—. Quería pedirleeee a las tres que lo hicieran.
Roswaal dirigió su amable sonrisa a las tres sirvientas que trabajaban en la mansión. Alineadas por estatura y ordenadas por tamaño empezando por la más grande, las tres chicas eran Frederica, Ram y Petra.
Entre las tres que había convocado a su habitación, fue Petra quien levantó la mano.
—Una villa… ¿Es diferente a la vieja mansión que se quemó?
—Ah, es difereeeente. Aunque me gustaba esa mansión, pero…
—Oh, no se lo pregunto a usted, mi Señor. Se lo pregunto a ellas.
Petra mandó a volar con una sonrisa a Roswaal, que intentaba responder a su pregunta, lo que hizo que Frederica se colocara una mano en su frente.
—Petra…
Incluso desde el punto de vista de Frederica, la relación entre Roswaal y Petra se había dañado bastante y sería difícil recuperarla. Como subordinada, su actitud no era muy buena, pero Roswaal era quien la había llevado a comportarse así.
Roswaal solía perdonar la actitud de Petra y estaba de buen humor a pesar de su grosera respuesta de hacía un momento. Eso significaba que Frederica no podía hacer nada para corregir su comportamiento.
Aun así, a Ram, que admiraba a Roswaal, no le hacía mucha gracia, pero…
—Ram no tolerará tal actitud hacia el Señor Roswaal, Petra.
—Lo siento, Hermana Ram. Pero, aunque me reprendan, quiero hacer sentir mal a nuestro Señor…
—Así que ya te has decidido. Entonces está bien. Ya que también crea un trabajo que solo Ram puede hacer, que es consolar al Señor Roswaal cada vez que hieras sus sentimientos.
—¡Ustedes dos, ya basta! ¡Ni siquiera yo sería capaz de tolerarlo! —las regañó Frederica.
A pesar de sus respuestas opuestas a Roswaal, que se encontraba entre ellas, de alguna manera se llevaban bastante bien.
Acercándose a sus disgustadas compañeras, Frederica dijo:
—Mi Señor, no se limite a divertirse, tiene que advertirle como es debido. De lo contrario, me causarán problemas al alterar la moral pública de la mansión. Y para empeorar las cosas…
—Y para empeorar las cosas, ¿queeeé?
—Para empeorar las cosas, Sir Subaru y Garf ya la están alterando…
Frederica pensó en su incompetente hermano menor y en el muchacho de cabello negro que vivía en la mansión. Si añadía al joven encargado de los asuntos internos, serían todos los hombres que trabajaban en la mansión Roswaal. Todos actuaban acorde a su edad, o, mejor dicho, eran un poco inmaduros.
—El señor Otto parece normal —dijo Frederica— pero se convierte en el más peligroso de los tres cuando los otros dos se involucran…
—Ah, ya entiendo lo que quieres decir —respondió Petra—. Otto tiene una cara que dice “soy perfectamente normal”, pero de repente dice cosas de lo más amenazantes.
—Todos están de acuerdo en que es el más peligroso del grupo —añadió Ram.
—Oh vaaaaya, no puedo permitir que Otto se entere de lo que hoy se habló aquiiií.
El joven, del que se hablaba en un lugar en el que no estaba presente, estornudó en su zona de trabajo.
Después de desviarse del tema…
—En fin.
..Frederica devolvió la conversación al tema principal.
—Han pasado un par de meses desde que nos mudamos a la residencia principal y por fin nos estamos instalando, ¿qué lo hizo querer trabajar en la villa?
—Una pregunta de lo más normal. Pero la razoooón no es tan complicada. Han pasado varios meses desde que comenzó oficialmente la Selección Real, y cada una de las candidatas ha comenzado a hacer sus jugadas, así que no podemos permitirnos quedarnos atrás. En cuanto a las negociaciones con personas influyentes de diversas áreas… Sé que no soy nadie para decirlo, pero hay un montón de personajes nefastos en el Marquesado Occidental. Las negociaciones no van a ser para nada fáciles.
—¿…? ¿Qué tiene que ver eso con la villa…? —se preguntó Petra.
—Es sencillo, Petra —comenzó Ram—. En pocas palabras, el Señor Roswaal y Lady Emilia pronto se desplazarán ellos mismos a distintos lugares para hacer actividades. Y para tales ocasiones, es mejor tener tantas opciones de alojamiento como sea posible… Afortunadamente, la Casa de Mathers posee villas en varias regiones, así que es bastante conveniente.
Ram retomó la explicación de Roswaal, y Petra asintió tras comprender lo que quería decir.
—Ah, así que eso era…
Mirando a Petra de reojo, Frederica continuó.
—Muy bien —dijo—. Empezaremos a contactar con las distintas villas por orden. ¿Estoy en lo cierto?
—Sí, así es. Por ahora, quiero tener al vizconde Torion Arus de nuestro lado. Así que lo mejor sería empezar por la más cercana a su mansión.
—En ese caso, ¿sería la mansión de San Fantrus? Aunque está un poco lejos…
Siguiendo la sugerencia de Roswaal, Frederica extendió el mapa de la pared sobre el escritorio e intentó confirmar la villa que Roswaal le había indicado, pero Ram, que la observaba de reojo, alzó una ceja.
—No, ahí no —declaró, y luego señaló un bosque no muy lejos de su objetivo—. Aquí está.
—¿Aquí? —preguntó Petra—. Pero es solo un bosque sin nada marcado allí, Hermana Ram.
—En un mapa normal, sí. Pero allí hay una vieja mansión propiedad de la Casa de Mathers. Es correcto, ¿no es así, Señor Roswaal?
—…Oh vaaaaya, parece que aún está presente en tu memoria a pesar de ser algo de hace unos 10 años.
—Eso es porque Ram tiene recuerdos de haber estado allí con usted, Señor Roswaal
—respondió Ram con su franca manera de hablar, haciendo que Roswaal bajara las cejas y esbozara una leve sonrisa irónica.
“La forma de hablar y la conducta de Ram no han cambiado con los años, pero parece que la respuesta del Señor sí lo ha hecho”, pensó Frederica. “Como alguien que los conoce personalmente desde hace mucho tiempo, esto me conmueve profundamente, pero… deberíamos hablar de la mansión que no aparece en el mapa.”
—Veo que es una mansión que ni siquiera yo conozco. Bueno, entonces, ¿qué es…?
—No la conoces, por supuesto; pues no es una villa, es un taller —explicó Roswaal—. Mi predecesor lo utilizaba… pero lleva ya varios años abandonado.
—Un taller, ya veo —repitió Frederica, tocándose la mejilla y pensando en ello.
El predecesor de Roswaal —Roswaal K. Mathers— fue el genio del siglo que se dedicó al desarrollo y la aplicación práctica de herramientas de macreación que utilizaban cristales mágicos como fuente de poder. Desde que el Jefe de la Familia Mathers adoptó el nombre de Roswaal generación tras generación, sus nombres nunca cambiaron, y cada uno de ellos era un genio que hacía gala de notables habilidades.
—Si ese es el caso, ¿dejaron algo sus predecesores? —preguntó Frederica.
—No, cualquier cosa útil se habrá sacado de ahiiií, por lo que debe estar completamente vacío. Pero su posición es ideal. Estaría muy agradecido si pudiera usarlo.
—Ya veo, entonces realmente no necesitemos a tres person… —Justo cuando iba a decir eso, Frederica adivinó cuál era el objetivo de Roswaal.
Si el trabajo era simplemente limpiar y reparar la vieja villa, claramente no había razón para que las tres sirvientas fueran allí, Frederica podía hacerlo sola. No obstante, como quería que lo hicieran juntas, la razón era obvia: era para que aprendieran a trabajar juntas.
Incluyendo las actitudes opuestas de Ram y Petra hacia Roswaal de hace un momento, la comunicación entre las tres sirvientas que trabajaban en la Mansión Roswaal aún no era perfecta. Aun así, como ya se ha dicho, la Selección Real ya había comenzado, así que no podían esperar a que su confianza se profundizara.
“Entonces, al completar la tarea que nos encomendó, las tres aprenderemos a trabajar juntas y fortaleceremos nuestra comunicación” pensó Frederica.
—Entiendo, mi Señor. Por favor, déjenos esta tarea a nosotras. Cumpliré sus deseos, tanto los aparentes como el secreto.
—¿Los aparentes y el secreto…?
—¡Sí, puede contar conmigo!
Roswaal frunció el ceño por un momento hacia Frederica, quien se había golpeado el pecho. Pero la entusiasta frase que siguió lo hizo decir:
—Supongo que está bien —antes de asentir—. Muy bieeeen, entonces, les haré saber mis órdenes una vez más: deben investigar la mansión que solía ser el taller de mi predecesor, hacer reparaciones y hacerla habitable sustituyendo los muebles y ordenándola.
—¡Sí, Señor! Déjelo en nuestras manos.
Con estas instrucciones de Roswaal, las tres chicas terminaron rápidamente sus preparativos y partieron hacia su destino: el taller.
3
—¿Así que esta es la mansión del anterior Señor?
Petra parpadeó al contemplar la mansión completamente derruida que tenía delante. Era normal que lo hiciera, ya que su aspecto contrastaba fuertemente con las demás villas propiedad de la Casa de Mathers. La mansión estaba en medio de un denso bosque, expuesta a la hiedra, la maleza y asolada por animales salvajes. A primera vista, no parecía apta actualmente para ser habitada por humanos.
No obstante, las tres tendrían que pasar la noche en dicha mansión.
—Pronto lloverá, así que volver al pueblo más cercano no es una opción realista —dijo Ram.
—Uuh, lo siento… —respondió Petra abatida.
—No es tu culpa, Petra —la consoló Frederica, acariciándole los hombros para limitar el alcance de su abatimiento—. La astucia de ese pájaro salvaje es la culpable.
Cuando las tres llegaron a la mansión, el sol ya se había puesto y había oscurecido. En principio estaba previsto que llegaran durante el día, pero la razón de que esto no sucediera de esa forma estaba escrita en la cara afligida de Petra.
—Si no hubiera dejado que el pájaro me robara el equipaje… —se lamentó la chica.
—Hablar del “hubiera…” no cambiará nada —afirmó Ram—. Tenemos que estar agradecidos de que no te secuestrara ese pájaro astuto. Pájaros como ese pueden secuestrar niños fácilmente.
—¡No lo soy! ¡No soy tan pequeña! ¡No hay mucha diferencia entre nosotras!
—Je, eso es cierto. Somos como una mota de polvo comparadas con Frederica.
—¡Una mota de polvo es algo excesivo! ¿Pues qué crees que soy?
Frederica alzó la voz en respuesta a la absurda afirmación, que Ram desestimó esto diciendo:
—Ya, ya.
“Sé que aquella conversación era para que Petra no sintiera remordimientos innecesarios, pero sigo pensando que había otras formas de manejarlo.”
—Eso no ha cambiado para nada desde los viejos tiempos…
—Pero la Hermana Ram tiene razón. No podemos volver al pueblo, ¿verdad? Entonces, ¿vamos a quedarnos en esta mansión… o, mejor dicho, en lo que solía ser una?
—Eso creo. En este lugar que solía ser una mansión, tendremos que… — Frederica se detuvo cuando estuvo a punto de decir que tendrían que pasar la noche allí.
—¿…? ¿Hermana Frederica? —dijo Petra mientras miraba a Frederica a su lado, que se había quedado callada.
Pero Frederica no pudo responderle a Petra de inmediato. Había recuperado el sentido de repente mientras miraba fijamente la ruinosa mansión que tenía delante.
—... ¿Una noche en esta mansión?
“Así que tengo que pasar la noche aquí”. Frederica se enfrentó a la realidad que no quería aceptar y se congeló. Pensando que decirlo en voz alta solo lo grabaría en piedra, tragó saliva con amargura.
—Sí, no tenemos otra opción que quedarnos aquí —declaró Ram—. Démonos prisa y entremos.
—…R-Ram… ¿Cómo puedes decirlo tan bruscamente…?
—¿Por qué estás haciendo tanto alboroto? ¿No será que estás… asustada? — bromeó Ram, entrecerrando los ojos mientras bajaba la voz.
A Frederica se le puso la piel de gallina.
—¡Gh!
Mientras se atragantaba involuntariamente....
—¿Hermana? —dijo Petra, tirando de su manga—. No tienes miedo, ¿verdad? ¿Hermana Frederica?
—¡N-no tengo miedo! Para nada, ¡no es nada de eso! Es solo que… Umm, solo quería decir que no parece muy seguro.
…Mentira. Estaba asustada.
Frederica estaba fingiendo delante de su querida hermana.
Frederica era básicamente alguien que evitaba fanfarronear o fingir ser alguien que no era, pero cuando se trataba de Petra, a quien adoraba, era diferente. Quería ser una figura fraterna admirable para ella.
“Ram y Garfiel son niños que no son para nada adorables comparados con Petra”, pensaba. Por eso quería que la linda Petra viera su lado genial.
—No estoy segura de que podamos sobrevivir una noche en una mansión en ruinas que lleva décadas abandonada. Sería más sensato buscar una cueva en el bosque que esté frente a un acantilado.
—¿Buscar una cueva, que ni siquiera sabemos si existe, es más sensato? — cuestionó Ram—. Frederica, ¿tienes fiebre o algo?
—¡L-lo sé! ¡Solo era una broma! ¡No lo decía en serio! Empecemos a talar los árboles de allí y construyamos una cabaña para que vivamos las tres durante un tiempo y…
—¿He-hermana? ¿Segura que estás bien? Creo que te sentirías mejor si te sientas y descansas un…
—¡Arrrgh…! —A su cerebro, dominado por el miedo y la vergüenza, no se le ocurría una buena idea—. Es verdad que no soy buena construyendo cosas. Que ni siquiera pudiera darme cuenta de eso, es tan…
—Ram cree que el problema está en otra parte, pero no importa. —Ignoró a Frederica reflexionando sobre sus palabras y se quedó mirando el exterior de la mansión. Después se encogió ligeramente de hombros y volvió a mirar a Petra, no a Frederica, que era inútil—. Tras un rápido vistazo, no luce tan irreparable como parecía al principio. Ram se encargará del equipaje, así que ¿podrías ir por detrás y echar un vistazo?
—Sí, de acuerdo, Hermana Ram. Entonces, ¿vas a quedarte aquí a descansar, Hermana Frederica…?
—No-no, no puedo dejarte sola. Te acompañaré.
“Agradezco su preocupación, pero no puedo permitirme perder el valor aquí”, pensó. “Tampoco puedo dejar que Petra vaya sola en un lugar que me da tan mala espina.”
—… ¿Puedes moverte?
—Puedo moverme. ¿Quién crees que soy? Soy la sirvienta principal del marqués Mathers, ¡Frederica Baumann! —declaró orgullosa, con una mano sobre su bien dotado pecho.
Petra aplaudió, exclamando:
—¡Eres tan genial, Hermana Mayor!
Por una fracción de segundo sintió una mirada interrogante de Ram, como si dijera:
“¿Era necesario presentarse así aquí...?”, pero Frederica prefirió ignorarla y se compuso.
—Bueno, pues vamos, Petra. Tomémonos de la mano.
—¿Eh? Ah, bueno, está bien. Vamos, Hermana Frederica.
Frederica empezó a caminar con Petra, que la había tomado de la mano y parecía emocionada. Ram suspiró mirando a las dos por detrás y se puso manos a la obra.
Así que, habiendo dejado a Ram en el frente, las dos se dirigieron a la parte trasera, solo para encontrarse en un lugar complicado. La parte trasera de la mansión estaba mucho más deteriorada que la delantera, y la ropa de Frederica solo estaba pensada para limpiar la villa vacía; no servía en absoluto para esto.
—No pensé que sería tan grave. ¿Qué deberíamos hacer…?
—¡Oh, Hermana! ¡Hermana! —gritó Petra—. La hiedra es débil por aquí, así que podemos empujarla a un lado y pasar.
—Oh vaya, me sorprende que hayas sido capaz de darte cuenta de eso.
Petra estaba bastante orgullosa de sí misma por haber analizado su entorno justo cuando estaban a punto de perderse. “Ejeje” soltó una ligera y tierna risa ante el halago.
—Es porque solía jugar en el bosque con Lucas y los demás… con mis amigos… cuando estaba en la aldea.
—Es una experiencia tan diferente… Hacía mucho tiempo que no jugaba en un bosque.
—Frederica había dejado el Santuario y había empezado a trabajar a las órdenes de Roswaal hacía más de una década. Antes de eso, solía jugar en el bosque con su hermano menor, Garfiel, pero aquello era ya un recuerdo lejano.
“Solía llevarlo por ahí y jugar con él cuando lo único que podía hacer era tambalearse.”
—No deberíamos estar recordando ahora. Movámosla y hagamos un camino. Ah, pero asegúrate de no tocar la hiedra ni los árboles con las manos descubiertas…
—Estaré bien. Me aseguré de usar guantes —dijo Petra, presentando sus manos enguantadas a Frederica, que luego le dio una palmadita en la cabeza.
—Eres muy lista. Estoy impresionada.
Con ese entusiasmo, Petra apartó rápidamente la hiedra del camino y creó un sendero hacia la parte trasera de la mansión. “Ah” exclamó al llegar al lugar.
—… Las paredes de la mansión se dañaron con el tiempo, formando un agujero por aquí.
—Tienes razón… El tamaño es un poco desconcertante.
Si se observaba detenidamente, el agujero en la parte trasera de la mansión era tan grande como un niño, así que era lo suficientemente grande para Petra, e incluso Frederica pudiera pasar por él si se agachaba. No estaba claro si se debía simplemente a que el material de construcción estaba dañado o a que los animales salvajes lo utilizaban para entrar.
—Es una casa en medio del bosque, así que seguro que nadie la usa… Espera, ¿Petra?
Mientras Frederica examinaba el agujero en la mansión, Petra se agachó de repente y pasó por él.
—Espera, ¡¿estás bien, Petra?!
—Lo siento, Hermana Frederica —se disculpó Petra—. ¡Estoy bien! Simplemente tenía ganas de pasar…
—Simplemente tenías ganas… Cielos, esto no es un juego.
Oír eso desde el otro lado del agujero hizo que Frederica se sintiera aliviada. Pero era problemático para ella perderla de vista.
—Cerraremos el agujero más tarde, así que por ahora vuelve…
—¡Oh! ¿Qué fue eso? —exclamó Petra—. Voy a echar un vistazo rápido.
—¡Ah, Petra, no vayas! ¡Oh, no! —gritó Frederica.
Al encontrar algo de interés, Petra lanzó una exclamación de sorpresa y desapareció en el interior. Frederica admiró su valentía, pero se olvidó de que estaba trabajando.
—Supongo que no se puede evitar. Pero no puedo dejar que le pase nada a Petra…
Si hubiera sido más pequeño, habría tenido que limitarse a aceptar la situación, pero el agujero tenía el tamaño justo para que Frederica también pudiera pasar por él. Tras una ligera vacilación, se decidió y siguió a Petra a través del agujero. No había ninguna fuente de luz, así que estaba tan oscuro como el bosque, pero…
—¿…? ¿Qué pasa aquí?
En cuanto entró, Frederica sintió al instante que la temperatura cambió e inclinó la cabeza. Era una sensación extraña, como si hubiera algo gélido en el polvoriento aire. No podía hacerse a la idea de la anomalía, ya que oyó crujir el suelo antes de poder investigarla. Supuso que lo que estaba haciendo ese sonido era alguien ligero y por lo tanto asumió que obviamente sería Petra.
—Petra, no hagas nada precipitado —gritó Frederica—. Mi corazón no podrá soportarlo.
—…
—¿Puedes oírme, Petra? Por qué no me respond...
El crujido se oía cada vez más cerca, pero Petra no respondía en absoluto. Frederica frunció el ceño y se quedó mirando en silencio a la oscuridad. Frederica tenía gente- gato de antepasados, por lo que poseía una buena visión nocturna. No había nada que no pudiera ver —incluso en la oscuridad de la noche— si se concentraba. Por consiguiente, podía ver claramente que lo que estaba dando los pasos no era Petra, sino otro ser completamente distinto.
—¿Eh?
—…
Por un momento, pensó que estaba alucinando… o, más bien, eso esperaba. Justo después, la cegó una luz blanca. “Argh” se quejó con agonía, sintiendo un dolor paralizante en los ojos.
La causa era la luz, en específico, la luz de las lámparas mágicas. Las lámparas instaladas en la mansión se habían encendido todas a la vez.
—E-esto es…
—¡Hermana Frederica! ¡Las luces están encendidas!
Mientras Frederica se frotaba los ojos debido a la repentina luminosidad, Petra vino corriendo hacia ella. Se sintió aliviada por un momento al oír su voz, pero enseguida volvió a la cautela.
—¡Petra! ¡Ten cuidado! ¡Había algo dentro de la mansión!
—¡¿Qué?!
Petra fue corriendo hacia ella, agrandando los ojos en sorpresa. Frederica le rodeó los hombros con los brazos y tiró de ella para acercarla, luego escudriñó la habitación brillantemente iluminada. Parecía que el agujero de la pared estaba conectado con la habitación de invitados.
Echó un vistazo al cuarto abandonado. Había un viejo armario y una cama, pero lo que buscaba era la figura que acababa de ver.
—Una muñeca… ¡Tenía que ser una muñeca! Una muñeca caminando sola…
—¿Hermana? ¿Una muñeca…?
—¡Había una muñeca caminando! ¿No la viste? —exclamó Frederica mientras zarandeaba a Petra, que respondió sacudiendo su cabeza de un lado a otro.
“Eso es imposible”, pensó para sí misma. Sorprendida, Frederica escudriñó rápidamente la habitación en busca de la muñeca que estaba segura de haber observado hace un momento. Sin duda había visto una muñeca cerca de donde oyó los pasos. No podía convencerse de que estaba equivocada.
—¿Se habrá escondido en algún sitio? ¿Debajo de la cama? ¿O detrás del armario?
Frederica intentó buscarla con el olfato, pero no conocía su olor. Por no hablar de la habitación, pero toda la mansión estaba llena de olor a polvo. Pero era posible olvidar haber visto algo así. En un esfuerzo por encontrar la muñeca, buscó desordenadamente por la habitación.
—¡Hermana Frederica, hay demasiado polvo! —balbuceó Petra mientras tosía.
—¡Aguanta por ahora! Y lo que es más importante, quédate cerca. Te protegeré sin importar lo que…
—¿Qué estás haciendo?
En medio de la explicación de la importancia de la situación a Petra, cuyos ojos seguían llorosos por la tos, fue interrumpida por una voz familiar. Al mirar hacia la entrada, sus ojos se encontraron con los de Ram. Desconcertada, miró a Frederica de arriba abajo. Al no comprender su mirada de desconcierto, Frederica se miró a sí misma y soltó un ligero grito de asombro. Durante su aterrorizada búsqueda por la habitación, se había cubierto de una gruesa capa de polvo y suciedad.
—En serio, ¿qué estás haciendo, Frederica? —preguntó Ram, repitiendo su pregunta.
—Umm… Bueno…
—Se supone que estás dando el ejemplo a Petra. Qué vergüenza.
Sin palabras debido a su sólido razonamiento, la cara de Frederica enrojeció, y bajó la mirada.
4
—¡Estaba realmente allí! La vi con mis propios ojos. Por lo tanto, estoy completamente segura de que esa muñeca es…
—Está bien, está bien, Ram entiende. La muñeca estaba allí. Pero ahora no está. Eso lo explica.
—¡No me crees! ¡No me crees en absoluto!
Tras avanzar hacia el vestíbulo, Frederica trató frenéticamente de explicar lo que había sucedido antes. Ram escuchaba, pero no parecía creerle para nada.
—Umm. Petra… Petra, tú me crees, ¿verdad?
—Sí, te creo. Pero por ahora, tenemos que hacer algo con tu ropa y cabello en lugar de preocuparnos por esa muñeca…
Petra se le limpió suavemente el cabello sucio y pasó un peine por él. Frederica se alegró de que le creyera y le dirigió una mirada fulminante a Ram.
—¿Entonces qué era? —preguntó Ram.
—No lo sé, pero supongamos que confundí otra cosa con una muñeca. Probablemente era un animal salvaje o una…
—O una muñeca que se mueve sola.
—¡Eres una…!
Frederica se sintió frustrada porque Ram se burlaba de ella e intentó darle un golpe, pero Ram se apartó rápidamente de su alcance.
—¡Hermana! —exclamó Petra mientras cepillaba el pelo cubierto de polvo de Frederica—. Por favor, quédate quieta. Arruinarás tu bonito cabello…
Ocurrió justo después de que Petra dijera eso.
—¡¿AHHH?!
Desde lejos, en el primer piso de la mansión, oyó algo que sonó como una explosión, haciendo saltar los hombros de Frederica.
El ruido no era el de pasos ni el de un edificio crujiendo por el viento. Era más claro. Sonaba como una ráfaga de aire.
—¿Qu-qué fue ese ruido? —exclamó Frederica, mirando hacia el lugar de donde provenía el sonido.
—Eso sonó un poco raro —dijo Petra.
Frederica agarró inmediatamente a Petra por los hombros y dio un paso atrás.
—¿Ahora me crees? —dijo con voz temblorosa, mirando a Ram—. Parece que definitivamente hay algo más aquí. Tenemos que…
—¿…? ¿Qué estás diciendo, Frederica? Ya tómatelo en serio.
—¡¿Qué…?! T-tú tómatelo en serio. En un momento como este… —Las palabras de Ram hicieron dudar a Frederica.
Ram, por otro lado, inclinó la cabeza. Lucía tan indiferente como siempre, y no parecía que estuviera haciéndole una broma.
—Ah, umm… Petra, lo oíste, ¿verdad?
—¿Eh? Ah, sí, lo oí. Fue un extraño sonido como de pum.
—¡Ves! ¡Petra también lo oyó! Ram, debes haber…
—Ram no escuchó nada de eso. Ram tampoco tiene motivos para decir mentiras triviales. Pero si realmente insistes, entonces podemos ir a comprobarlo.
Diciendo eso, Ram respiró un poco y puso el pie en las escaleras que llevaban al primer piso desde el vestíbulo.
—¡Espera! —gritó Frederica, agarrándola de la manga para impedir que hiciera algo imprudente—. N-no tenemos ni idea de lo que puede haber ahí arriba. Si te pasa algo, ¿qué le voy a decir a Garf ?
—Puedes decirle a Garf que Ram se fue a un lugar muy, muy lejano. En cuanto al Señor Roswaal, Ram todavía está pensando en eso… Frederica, estás exagerando.
—¡No, no lo estoy haciendo! Mira, ¡incluso Petra no deja de temblar!
—Hermana, detente, me duelen los brazos… Ah. A-así está mejor.
Se quejó Petra ya que estaba a punto de morir abrazada. Frederica la soltó de mala gana y en su lugar abrazó a Ram.
—… ¿Qué estás haciendo?
—Definitivamente hay algo en esta mansión. El bosque es oscuro por la noche, pero debemos salir de aquí por ahora. Es necesario para la seguridad de todas.
—Eso no responde a la pregunta de Ram. ¿Por qué estás abrazando a Ram?
—¡N-n-no es lo que piensas! —tartamudeó Frederica—. ¡No tengo miedo!
Frederica no era consciente de que se estaba delatando a sí misma. Mientras enterraba a Ram en su prominente pecho, retrocedió lentamente y se dirigió hacia la entrada.
—No tengo miedo —dijo Frederica, tratando de convencerse a sí misma y fracasando— pero deberíamos regresar ya. Vamos, Petra, no ganaremos nada quedándonos aquí mucho tiempo.
Al decir esto, Frederica empujó la puerta de forma impropia utilizando el costado de sus caderas.
Y entonces…
—…
Afuera llovía a cántaros.
—Sí que está lloviendo —observó Ram.
—…
—El camino al pueblo va a estar bastante enlodado con esta lluvia —añadió.
—No, podemos llegar en un instante si me bestifico y corro con ustedes dos encima.
—¡¿Hermana Frederica?! —Cuando Frederica empezó a desabrocharse el uniforme para prepararse para su bestificación, Petra la agarró del brazo—. ¡No, no lo hagas! ¡Por favor, cálmate!
—S-suéltame, Petra. No me gusta bestializarme sin quitarme la ropa. Me causa problemas más tarde, ya que me quedo sin nada qué ponerme.
—¡No, no te transformes! ¡No pasa nada, no tienes de qué preocuparte!
Al oír a Petra, que la sujetaba con fuerza, Frederica no pudo soportar recurrir al uso de la fuerza. Después de ver cómo Petra le volvía a abrochar la ropa, suspiró profundamente.
—¿Qué deberíamos hacer…? —se preguntó.
—Sigamos adelante y averigüemos qué ha hecho ese ruido —sugirió Petra.
—¿E-ese ruido? Petra, ¿hablas en serio?
—¡Sí!
A diferencia de Ram, que parecía tener un oído selectivo, Petra debía de haber escuchado el mismo sonido que Frederica. Solo que, a diferencia de ella, Petra no mostró miedo.
—Supongo que esto es lo que se siente al ser superado por alguien más joven que tú…
—Esa es una declaración de derrota muy rápida —dijo Ram—. ¿No hace solo dos meses que eres su mentora?
—¡Sí, sí, tienes razón! ¡También están las que no respetan a sus mayores y ni siquiera intentan mejorar por muchos años que se les enseñe! —replicó Frederica, fulminando a Ram con la mirada, antes de voltear hacia Petra para confirmar su resolución.
—Pero… ¿estás segura, Petra?
Petra no cambió de opinión tras ser cuestionada por segunda vez, diciendo:
—Sí, puedes dejármelo a mí —con un enérgico golpe en su pequeño pecho. Miró hacia el primer piso de la mansión con ojos llenos de entusiasmo—. ¿El ruido de hace rato procedía de un animal? O lo hizo un Hollow… Pero también podría ser una muñeca que se mueve sola. Sería bastante asombroso si lo fuera…
—¿Petra? ¿Petra? Eh, ¿por qué tienes esa mirada?
Los ojos de Petra brillaron de curiosidad al deducir que el sonido venía de arriba.
—¡Espera! ¡No lo hagas, Petra! ¡¿Q-qué estás haciendo Ram?! Rápido, ¡tenemos que ir por ella!
—Con lo que pesas, solo retrasarás a Ram, Frederica.
—¡Eso no es cierto! ¡Simplemente estás siendo grosera!
Siguiendo a Petra escaleras arriba, Frederica y una Ram poco cooperativa se dirigieron al primer piso. La inquietud hizo dudar a Frederica por un momento, pero su cariño por Petra fue más fuerte. Subió las escaleras con fuerza y, con un fuerte golpe, la escalera cedió.
—¡AH-HHH! —Con un grito, Frederica cayó por la mitad de las escaleras.
La cara de Frederica se puso roja al instante, y Ram la miró desde arriba.
—Pesas mucho, Frederica.
—¡No, no fue por eso! —gritó, con la cara roja, a Ram, que la miraba desde arriba, antes de levantarse violentamente.
Pero al caer por el suelo se había quedado rezagada detrás de Petra, que había subido rápidamente las escaleras.
—Todo esto y lo demás está pasando porque… Ahh…
—¡Volviste a suspirar! ¡Te he dicho muchas veces que no peso tanto! —gritó Frederica sonrojándose.
—Ram no ha dicho tal cosa —replicó Ram, encogiéndose de hombros y restándole importancia—. Hay un límite para lo insegura que puede ser una persona.
Frederica miró hacia el pasillo del primer piso y buscó a Petra, que había llegado antes que ellas. Pero no la encontró. Era posible que se hubiera metido en una de las habitaciones, ya que no aparecía por ninguna parte.
—Cielos, ¿está en una de las habitaciones? ¡Petra! ¿Dónde est… ahh?
Frederica oyó la explosión de nuevo en el momento en que pronunció el nombre de Petra. Esta vez estaba más cerca, justo detrás de ella. Se giró rápidamente y sus ojos se encontraron con los de Ram, que la sujetaba por el codo. Completamente imperturbable, entrecerró sus rosados ojos.
—¿Qué pasa?
—¿D-d-de verdad no oyes nada? ¿O estás actuando así a propósito para hacerme sentir nerviosa?
—Esa es una acusación falsa. Ram no sabe de lo que estás hablando.
—Uuh… ¡No sé si estás hablando en serio o no ya que sueles actuar así!
A pesar de conocerla desde hacía mucho tiempo, no podía saber si Ram estaba siendo sincera o intentaba engañarla. Eso la hizo sentirse miserable, y le produjo un odio momentáneo hacia ella.
—¡Fuera!
—¡AHHH!
Esta vez, Frederica oyó claramente una voz desconocida justo después de quejarse con Ram. Giró lentamente el cuello, tan lentamente que parecía que crujía, hacia la fuente de la voz. Pero todo lo que vio fue una ventana de la mansión, expuesta al viento y la lluvia, que se mecía ligeramente.
—¡Ahora! ¡J-justo ahora! —tartamudeó Frederica—. Oíste una voz extraña, ¿verdad? Decía “¡fuera!”.
—… Qué abusivo de tu parte. ¿Con este clima? ¿Quieres que Ram se empape?
—¡No fui yo! ¡Algo más dijo eso!
—Probablemente lo confundiste con el viento o algo así. Estás siendo muy insensible.
—¿Y tú no lo estás siendo ahora? ¿Parece que estoy mintiendo?
A pesar de su mejor esfuerzo por transmitir su mensaje, las palabras de Frederica no lograron hacer cambiar de opinión a Ram.
Incapaz de soportar la mirada desconfiada de Ram, Frederica dijo:
—Pues bien —dándose por vencida—. ¡Si tanto te gusta, puedes pasar la noche aquí sola! ¡Me iré con Petra lo antes posible!
—Ram no sabe por qué estás tan molesta…
—¡Jum! ¡Es por…! Como sea, tengo que… ¡¿Aaaahhhh?!
Impulsada por su furia hacia Ram, Frederica rechazó el miedo cada vez mayor y abrió la puerta más cercana a ella. Una enorme cantidad de agua de lluvia se había derramado desde el interior, arrastrándola.
Tomada por sorpresa, Frederica no pudo oponer resistencia a tiempo y cayó al pasillo, empapándose al instante de pies a cabeza de agua de lluvia.
—¿Qu-qu-qu-qué acaba de…?
—El agua de lluvia debe haberse filtrado y acumulado en esta habitación.
—¿Algo así es posible?
—¿Qué otra cosa podría ser?
Ram tendió una mano a la empapada Frederica y la ayudó a levantarse. Mientras estaba de pie, oyó el sonido de cerámica rompiéndose desde la habitación que se encontraba al final del pasillo.
—¡¿AHH?! ¡¿Y ahora eso qué es?!
—Solo el viento. Seguramente habrá volcado un jarrón o algo así —dijo Ram.
Y entonces…
—Te maldigo.
Una voz pasó por los oídos de Frederica.
—¡¿E-esta vez dijo “te maldigo”?! ¡Ra-Ra-Ra-Ram! ¿Qué era esa voz…?
—Solo es el viento. Viene de todas partes ya que es un edificio antiguo.
—¡¡¡El viento no suena así!!! —gritó Frederica.
Después de exprimir el agua de las mangas y la falda, Frederica salió de nuevo al pasillo, con la mente llena de preocupación por Petra. “Petra también podría estar pasando por la misma experiencia aterradora que yo”. Creyendo que podría ser así, no pudo evitar ponerse inquieta y pensar en rescatarla de inmediato. “Así que…”
—¡¡¡AHH!!!
En el momento en que retumbó el trueno, cuando la habitación se quedó a oscuras, e incluso cuando la alacena se cayó y los platos se hicieron pedazos produciendo un fuerte ruido, que parecía una especie de broma mal hecha, el primer pensamiento de Frederica fue sobre Petra.
Entonces…
—¡¡¡NOOOOOOO!!!
…La historia volvió al principio en el momento en que ella gritó mientras abrazaba a la muñeca sonriente.
5
En el momento en que Frederica soltó un grito, sintió que se le iba la conciencia.
—…
Por reflejo soltó la muñeca, y parecía que estaba a punto de desmayarse en ese mismo instante. No obstante, en el momento en que la soltó, volvió a retumbar un trueno, y un rayo iluminó su entorno.
La muñeca que había salido volando fue rápidamente atrapada por Petra. En sus delgados brazos, antes de que la muñeca pudiera reaccionar…
—¡¡¡No te lo permitiré!!!
Frederica se recompuso y desplegó su instinto de supervivencia. En ese momento, su uniforme de sirvienta estalló desde el interior, del que emergió el hermoso pelaje dorado de una leopardo. Se transformó en una bestia a una velocidad aterradora, y una vez que emergieron sus patas traseras, la transformación fue completa. Entonces cargó hacia delante como el viento y arrebató a Ram y a Petra.
—…
Arrastrando sus ligeros cuerpos, la transformada Frederica se desplazó hasta el otro extremo del pasillo en un solo instante. Ni siquiera Garfiel podía alcanzarla cuando corría a toda velocidad.
Sin ninguna duda, tenía las piernas más fuertes de la Facción de Emilia. No obstante…
—…Fuera.
—AHH.
Una vez más escuchó a la muñeca que había dejado en el camino. Frederica miró hacia atrás y contuvo un grito. La muñeca se había sujetado de su cola después de que ella se hubiera bestificado.
Mordisqueó sus colmillos.
—¡Ram! ¡Cuida de Petra!
—¡Eh!
Sin esperar respuesta, Frederica las dejó en el pasillo y luego saltó hacia arriba, rompiendo el techo y yendo por encima del tejado de golpe. Se elevó rápidamente bajo la lluvia, en dirección a las nubes negras. La muñeca seguía sujeta a su cola a pesar de estar en el aire, pero como las dos personas a las que quería proteger estaban a salvo en la mansión, no sintió que tuviera que contenerse. Lanzó su cola con fuerza, haciendo que la muñeca perdiera su agarre y cayera estrellándose contra el techo.
—Seguro que…
“Esta vez daré el golpe final”, pensó Frederica, girando en el aire. Estaba a punto de atacar y sacrificarse, pero entonces se dio cuenta de algo: muñecas prácticamente idénticas se arrastraban una tras otra hasta el tejado de la mansión.
—¿Qu…?
Frederica se quedó sin palabras. Ante aquella visión. Ante el horror que tenía delante. Todas parecían idénticas, incluso algunas que no llevaban ropa; casi un centenar de ellas la habían seguido hasta el tejado. Todos sus ojos se posaron en ella por encima de sus cabezas, brillando intensamente.
—…Ah.
Su miedo, que había sido sustituido por su respuesta de pelear o huir, resurgió en ese momento. Le temblaron las piernas, le castañetearon los colmillos, sus ojos ardientes se humedecieron y, a continuación, la fuerza se agotó en todo su cuerpo. La bestificación de Frederica se deshizo y se desplomó en caída libre hacia el enjambre de muñecas.
Y así de simple, la pobre Frederica se convirtió en su presa…
—¡Atrápenla!
—…
Justo cuando pensaba que estaban a punto de machacarla a golpes, Frederica oyó una voz firme y entonces agrandó los ojos con sorpresa. Justo debajo de ella, a centímetros incluso, las muñecas tenían las manos extendidas en su dirección, y se imaginó a sí misma siendo desgarrada miembro a miembro por aquellas pequeñas manos. Pero no fue así.
Las muñecas atraparon suavemente a Frederica con sus manos extendidas.
—¿…Eh?
Usando sus numerosos brazos, las muñecas trataron de aminorar el impacto de la caída lo mejor que pudieron. Frederica abrió los ojos sorprendida, ya que el impacto fue más suave de lo que esperaba. Cuando giró la cabeza, se encontró con la mirada de la muñeca con grietas en la cara. Era la misma que había encontrado en el pasillo…
—Tú eres…
—…
Frederica no pudo detectar malicia alguna en la cara de la muñeca. Justo cuando se dio cuenta de eso y fue a decirle algo a la muñeca…
—¡¿AAHHH?!
...cayó por el techo de la mansión que no había podido soportar el impacto ni el peso de las muñecas para luego estrellarse contra el pasillo.
Ram se paró frente a Frederica sacudiendo la cabeza de un lado a otro y dijo:
—Esto lo confirma. Pesas mucho, Frederica —repitiéndolo sin disculparse por tercera vez.
6
—¿Y qué son todas estas muñecas?
Petra sacó el tema después de sellar toscamente el agujero en el techo que Frederica había hecho para evitar que entrara agua. Muchas muñecas estaban alineadas en el suelo de la entrada ante sus ojos. Eran el origen de la conmoción que Frederica decía haber visto y parecían ser cien veces más de las que había supuesto. Ahora estaban calladas, pero si la historia de Frederica era cierta, habían sido vengativas en sus intentos de deshacerse de ella, diciendo y haciendo cosas en su intento de lograrlo.
Las muñecas, que medían treinta centímetros menos que Petra, parecían tan reales que uno se sorprendería si se cruzara con una en la oscuridad.
—Esta es una herramienta de macreación que dejaron en la mansión— reveló Ram, poniendo la mano sobre las cabezas de las muñecas.
Petra murmuró:
—Herramienta de macreación —y, sorprendida, agrandó los ojos.
Una herramienta de macreación es un instrumento especial que funciona con un cristal mágico. Se pueden utilizar de diversas maneras, como una placa de hierro que emite calor al cocinar o para ayudar a crear viento sin utilizar magia propia.
Aun así, el hecho de que una muñeca móvil fuera una herramienta de macreación estaba fuera del conocimiento común de Petra.
—No sabía que existieran herramientas de macreación tan bonitas —dijo.
—Pero no son muy comunes. El predecesor del Señor Roswaal fue un pionero en la invención de herramientas de macreación, así que dejó muchos prototipos como estos. Tal vez estas sean algunos de ellos.
—¿Son herramientas de ma-macreación…?
—Oh, Hermana Frederica.
Mientras hablaban de herramientas de macreación, Frederica regresó. Estaba completamente empapada, por no hablar de desnuda ya que su bestificación destruyó su ropa, así que recogió cualquier tela que pudo encontrar en su equipaje y en la mansión para crear algún tipo de vestimenta.
—Qué apariencia tan desvergonzada.
—¿Qué se supone que tenía que hacer? —gritó Frederica enojada—. La muda que traje y todo lo demás que había allí se empapó a causa de la fuerte lluvia, así que no puedo ponerme nada… pero eso no habría sido un problema si lo hubieras secado todo con magia.
—¿Quieres que Ram use su preciada vitalidad solo para secar un poco de ropa? Al menos tú puedes seguir trabajando a pesar de tu desvergonzada apariencia, a diferencia de Ram que sería incapaz de moverse. Supéralo.


—Deja de decirme eso una y otra vez —dijo Frederica, frunciendo el ceño.
—¡Cielos! ¡Dejen de pelearse! —exclamó Petra, interponiéndose entre sus dos figuras fraternales que discutían y haciendo de mediadora—. Y lo que es más importante…
Señaló a las muñecas que estaban alineadas.
Las muñecas movieron la cabeza al unísono y miraron a Frederica amenazadoramente.
—¡AHH! P-Por qué, ¡por qué soy la única a la que tratan como a una enemiga…!
—No es justo —se quejó Petra—. A mí me emocionaba más la idea de conocer a un Hollow, pero solo la Hermana Frederica sale favorecida…
—No es exactamente así. Ram admite que no sabe mucho sobre esta herramienta de macreación, pero puede adivinar por qué nos trató de forma diferente.
Ram comenzó su explicación mientras Frederica y Petra se miraron e inclinaron la cabeza, haciendo que parecieran auténticas hermanas. Era un espectáculo encantador, pero Ram no sonrió en absoluto.
—Escuchen —dijo levantando un dedo mientras se colocaba delante de las muñecas—. Lo más probable es que el trabajo de estas muñecas sea proteger la mansión. Aunque lleve abandonada mucho tiempo, siguen cumpliendo las órdenes que les dieron. Así que solo intentaban ahuyentar a los intrusos.
—P-pero, ¿por qué solo a mí? Dejando de lado a Petra, ¡es injusto que tú no estés empapada!
—Esto no es una cuestión de justicia. Y la razón por la que nos trataron diferente no fue por favoritismo.
Dicho esto, Ram atravesó lentamente el vestíbulo y se detuvo frente a la puerta. Era, literalmente, la entrada principal que conectaba el interior de la mansión con el exterior…
—La gente que entra por la puerta principal son invitados, mientras que la que entra por otros sitios son intrusos.
—Ah.
Frederica jadeó sorprendida al oír la conjetura de Ram. Ciertamente, ella no había entrado por la puerta principal, sino que lo había hecho por un agujero en la parte trasera de la mansión. Pero si esa era la condición para atraer la ira de las muñecas, entonces…
—¡Pregunta! —externó Petra una ocurrencia—. Yo también entré por el agujero. Pero no intentaron asustarme.
—Pero oíste el sonido que Ram no pudo oír, ¿verdad? Si es así, entonces hay una diferencia en el trato.
—Una diferencia de trato… entonces, ¿diferencian entre adultos y niños?
—Ram cree que sí. Los intrusos adultos son tratados como ladrones, mientras que los infantes son tratados con más clemencia… Tal vez utilizan algo así como la diferencia de tamaño.
—Argggh…
Las cosas no pintaban bien para Frederica una vez que cuestiones como la altura y la complexión entraban en juego.
“De cualquier forma, la hipótesis de Ram probablemente sea correcta”, pensó. “De hecho, las muñecas son sorprendentemente receptivas a sus órdenes desde que es una invitada. Y la imagen de ella dándoles órdenes le sienta realmente bien”.
—No sé por qué, pero hacer que las muñecas te obedezcan realmente te sienta bien, Hermana Ram.
Mientras Frederica pensaba eso, Petra expresó lo mismo.
—Obviamente —contestó Ram, pasándose la mano por su cabello rosa con una expresión algo complacida.
—Pero me siento aliviada. Si en realidad hubieran provocado a uno Hollows, habría corrido lo más rápido que hubiera podido bajo la lluvia, completamente empapada contigo y con Ram a cuestas…
“Menos mal que solo una de nosotras se empapó”, pensó. Aunque no estaba segura de si debía creerlo, se obligó a aceptarlo.
—Pero esto es genial —dijo Petra—. Si las muñecas ayudan, no tardaremos nada en arreglar la mansión. Por cierto, qué adorable has estado, Hermana Frederica.
—¡¿Pe-Petra?! ¿Qué quiere decir con “adorable”…?
—Se refiere a la forma en que tiemblas y corres como un pollo sin cabeza. Parece que Ram no es la única con una personalidad retorcida.
—¡La personalidad de mi Petra no se parece en nada a la tuya!
Ram ignoró la iracunda protesta de Frederica y respondió tapándose los oídos. Por otra parte, la conversación se desvió, así que Petra no se esforzó en contestar. Miró a las muñecas que parecían esperar las órdenes de su “Señor” y, con un brillo en los ojos, dijo:
—Oigan, Hermana Federica, Hermana Ram, tengo que pedirles un favor…
Se dirigió hacia sus dos hermanas y decidió convencerlas de que le siguieran la corriente a su repentina idea.
7
—Ahh, esto me trae recuerdos. Me pregunto cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que estuve aquiiií —murmuró Roswaal con profunda emoción mientras entrecerraba sus ojos bicolores.
Después de decirle que tenían algo que querían enseñarle, el habitualmente ocupado Roswaal voló, de forma muy literal, hasta la villa para verlas.
A Frederica le resultaba desagradable su retorcida personalidad, pensando que lo más probable era que Petra se ablandara un poco si él mostrara ese lado suyo más a menudo.
En fin...
—Tenemos algo que mostrarle dentro de la villa.
—Jum, fue Petra quien hizo el esfuerzo de llamarme. Me preguuuunto si no está mal emocionarse.
—Que molesto, fue mi idea. Pero de aquí en adelante solo somos personajes secundarios.
—¿Personajes secundarios? —Roswaal repitió sus palabras, inclinando la cabeza ante la molesta expresión de Petra.
Obligada a pararse frente a la entrada rota, Frederica le abrió respetuosamente la puerta. Dentro, Ram esperaba su llegada, pero eso no era todo.
Los ojos de Roswaal se abrieron ampliamente al ver tantas figuras que venían a recibirlo.
—Este es…
—…
Dándole la bienvenida había ciento once muñecas pulcramente cuidadas, con ropa y maquillaje por cortesía de Petra.
—Llevan mucho tiempo custodiando la mansión… Me parecía justo que se les reconociera su labor. Deben de llevar mucho tiempo esperando el regreso de su “alguien” —le dijo Petra a Roswaal, que se quedó allí de pie.
Ese era el deseo de Petra, que Frederica y Ram habían aceptado. La amabilidad de Petra fue recibida desde el principio con un gesto de aprobación por parte de Frederica, y aunque Ram no dijo que no, actuó como si fuera una molestia. Las tres compartieron la carga de cambiar la ropa y el maquillaje de las muñecas. Ninguna de ellas se planteó siquiera hacer recortes. Porque, por supuesto, todas las muñecas habían sido creadas por el anterior Roswaal K. Mathers. Y cuando se trataba de servir a la familia Mathers, ellas habían cumplido con su deber durante mucho más tiempo que Frederica y las demás. Eran sus superiores.
Asimilando la cálida bienvenida de las muñecas, Roswaal se acercó un paso.
—¿Se quedaron aquí todo este tiempo? —preguntó mirando el mar de muñecas.
—…
—Ya veo… Han aumentado su número para cumplir con su deber. Todo este tiempo han estado protegiendo esta mansión y anhelando el día en que su Señor regresara.
Sus ojos estaban fijos en su Señor, Roswaal, como si estuvieran pendientes de todas y cada una de sus palabras. Pareciendo conmovido por su mirada, Roswaal acarició suavemente la cabeza de la muñeca de delante.
—Ya he vuelto. Siento haberlas hecho esperar.
Las muñecas inclinaron la cabeza reverentemente en respuesta a las palabras de gratitud de Roswaal.
—… Bienvenido a casa, Señor.
Mientras Frederica, Ram y Petra sentían diversas emociones al contemplar aquella escena, de repente se dieron cuenta de algo.
—¿Qué…? ¿No se… mueven…?
Las muñecas habían dejado de moverse tras bajar la cabeza. Al ver esto, Petra refunfuñó, y Roswaal sacudió lentamente la cabeza de un lado a otro.
—Han cumplido con su deber con la mansión. Después de dedicarse incansablemente a él, ahora por fin pueden descansar.
—Pero…
—Gracias. Por darme la oportunidad de enmendar un error —continuó, antes de darse la vuelta para encarar a una llorosa Petra y ponerle la mano en el hombro.
En ese momento, Petra se mordió el labio con fuerza y se apartó del contacto de Roswaal. Se escondió detrás de Frederica. Y mientras se escondía detrás de ella, se inclinó hacia un lado y lo miró con odio.
—¡Señor, es un tonto! ¡Un egoísta! ¡Usted siempre es así!
—Tienes razón. Siempre soy así. Puedes esperar que estarás muuuuy ocupada ahora que estoy aquí.
Ignoró el rugido de ira de Petra y sonrió irónicamente mientras contemplaba la escena a su alrededor. Todo lo que él veía eran muñecas sin vida y una mansión aún sin renovar. Al final, no podían contar con la ayuda de las muñecas, así que tuvieron que restaurar la mansión ellas mismas.
Pero…
—Creo que haré algo yo mismo para variar… ¿Por dónde empezamos? — preguntó Roswaal.
—Juum, ¿está seguro? —preguntó Frederica—. Se lo advierto; esto no será fácil.
—Desde luego, puedes contaaaar conmigo.
Frederica sonrió y dijo:
—De acuerdo. Entonces adelante, trabaja con él como si fuera un dragón de tierra, Petra.
—¡Sí, señora! Con gusto.
Su Señor se arremangó las mangas, lo que no le sentaba bien, y la furiosa Petra le dijo lo que tenía que hacer. Al contemplar la cómica escena que se desarrollaba ante ella, Frederica sonrió y se dio la vuelta hacia Ram. Estaba arrodillada junto a la muñeca que había cumplido con su deber, cuyo tiempo ya se había detenido, y le acariciaba suavemente la mejilla.
—Gracias por sus servicios, maestras… ya puede dejarnos al Señor Roswaal — dijo Ram amablemente.
Para Frederica, ver a Ram hacer algo así era más raro que ver un Hollow.