La Razón para Llevarte
Capítulo 1
La Razón para Llevarte
1
El largo viaje desde la Ciudad de Priestella —el cual sólo había durado 10 días— llegó a su final.
Ir a la Ciudad de las Compuertas de Agua llevaba casi el mismo tiempo, así que ya casi había pasado un mes desde que partieron.
No habían tenido trabajos que los alejaran de la mansión por tanto tiempo antes, así que para Subaru era un poco emotivo.
—¡Subaru!
—¡Oh, Petra! y de repente, ¡guao!
Bajando del carruaje, Subaru agradeció al cochero mientras una chica con uniforme de sirvienta corría desde la mansión y lo abrazaba de repente. Él intentó sujetarla mientras suspiraba aliviado y le acariciaba la cabeza.
—No me asustes así, Petra. Ha pasado un mes, pero veo que estás de buen humor.
—Ha sido mucho tiempo. Estoy muy feliz... Seguro que fue difícil para ti, Señor Subaru. Me preocupé después de recibir la carta. No estarás fingiendo estar bien cuando en realidad estás lastimado, ¿verdad?
—Eso me hace cosquillas.
El cabello anaranjado de Petra se movía mientras revisaba si Subaru tenía alguna herida. Él frunció un poco el ceño al ver que los demás también bajaban del carruaje.
—Vamos, Petra, es hora de trabajar, antes de que Ram se enoje contigo.
—...Está bien. Cuéntamelo todo después.
Con eso, Petra se alejó, pero su expresión de desconfianza no desapareció. Realmente no parecía creerle a Subaru. Para ser justos, su plan original era encontrar unos cristales mágicos, pero terminaron enfrentándose al Culto de la Bruja en una batalla enorme que arrasó la ciudad.
Aunque Subaru se declaraba inocente, no era de extrañar que ella no le creyera. Mientras pensaba eso, Petra saludaba a los invitados con un discurso ensayado.
—Bienvenidos, estimados invitados. Soy Petra Leyte, sirvienta de la Mansión Roswaal. Permítanme guiarlos al interior luego de su largo viaje.
Julius ayudaba a Anastasia a bajar del carruaje, y ambos parecían impresionados por la elegancia con la que Petra hablaba. Emilia y Beatrice lucían casi orgullosas de ella.
—Vaya, qué pequeña tan digna. Casi quiero contratarla yo misma.
—De hecho, parece una persona totalmente distinta a la chica que saltó encima de Subaru.
—...Disculpen por esa vergonzosa escena.
Las mejillas de Petra se tiñeron de rojo mientras Anastasia y Julius sonreían. Al notar eso, Julius asintió con la cabeza.
—Ya veo. Entiendo por qué la gente te llama el Nigromante de Niñas.
—¡Para que quede claro, Petra no es tan joven, y aunque deje pasar esa clasificación errónea, Beako es la única, así que no te hagas ideas equivocadas!
—Betty no escucha todo lo que dice Subaru, de hecho. Nadie ha domado a Betty, supongo.
Subaru respondió a la broma de Julius con un comentario punzante, solo para ser corregido rápidamente por Beatrice.
—Además, no hay tanta diferencia entre Betty y Pet… Espera. ¿P-Petra ha crecido un poco, supongo? ¿Y su pelo está un poco más largo también, de hecho…?
—Ha pasado un mes completo, después de todo. Soy una niña en crecimiento. Estoy más alta, y si no me corto el pelo, claro que crecerá. ¡Pero tú sigues siendo tan pequeña!
—¿C-cómo puede ser…?
Beatrice temblaba mientras Petra sonreía y la abrazaba. Disfrutando la cara de puchero de Beatrice, Petra cambió de tema.
—Debería mostrarles la mansión antes de que la señorita Ram se enfade…
—Si querías evitar eso, deberías haberte esforzado un poco más.
—¡Eep!
El rostro de Petra palideció cuando una voz familiar vino desde atrás. Una segunda sirvienta salió de la mansión, haciendo que la joven sirvienta temblara de miedo, era Ram.
Sus ojos rosados fijaron a Petra en su lugar por varios momentos antes de girar lentamente la mirada hacia Subaru y los demás.
—Justo cuando pensaba que tu trabajo había mejorado y que quizá merecías algún reconocimiento… qué decepción.
—L-lo siento… Eh, pero ¿qué querías decir con eso de mi trabajo…?
—Sí. Iba a decir que has mejorado en la cocina, eres más cuidadosa con la limpieza y mejor lavando la ropa, y te levantas antes que yo.
—¡Quizá deberías mirar tu propio trabajo!
¿Cuánto podría una sirvienta veterana ser superada por una chica que apenas llevaba un año en el oficio? Incluso considerando lo rápido que Petra aprendía, si la vara estaba tan baja, superarla no significaba mucho.
Ram bufó ante la reacción de Subaru.
—¿De qué sirve dudar de uno mismo? No tengo más que confianza en mí misma y las más altas expectativas.
—Eso es lo único que realmente, de verdad respeto en ti.
Subaru se sorprendió por lo directa que fue.
Emilia le dio una palmada en el hombro congelado a Petra mientras decía,
—Gracias por venir a recibirnos, Ram. ¿Ha pasado algo en la mansión mientras estábamos fuera?
—No ha habido problemas. Estoy segura de que todos tienen mucho que contar. ¿Garf y Otto murieron?
—¡No los mates! ¿¡Qué rayos dices con esa cara tan seria!?
—Se te nota lo descompuesto a kilómetros. En tu caso, es tan obvio que parece que tienes un hueco en el pecho y se te están saliendo las entrañas. Mejor cuídate, porque andar por ahí vacío por dentro es de lo peor.
—Me vas a herir del corazón… ¿Puedes parar? Además, recibiste nuestra carta, ¿no?
Ram se encogió de hombros mientras Subaru le susurraba algo.
Habían enviado una carta antes de partir de Priestella. Si Ram la había leído, entonces sabía por qué habían regresado a la mansión.
Ram alzó un dedo:
—Relájense. Me contó todo el señor Roswaal. Tienen asuntos con la belleza dormida y con la cárcel de la mansión. Aunque… —Ram entornó los ojos con aire misterioso— las preparaciones de ambos temas fueron trabajo de Frederica y de Petra, no mío.
—¿Por qué te pones tan presumida con eso?
Incluso tras un mes de separación, Ram seguía igual de pícara.
Roswaal los saludó desde el sofá del salón:
2
—Vaya, vaya~. Bienvenidos de vuelta. Me alegra mucho que hayan regresado sanos y salvooos.
Subaru y Emilia intercambiaron una mirada al ver la sonrisa completa de Roswaal, con ese maquillaje de payaso.
—…Emilia-tan, ¿por casualidad pusiste algo raro en la carta?
—Oh, no creo… Pero tal vez le dijiste algo que lo puso de buenas. Ya sabes que tú y Roswaal tienen esas charlas secretas de vez en cuando…
—¿Yo? Si planeara decirle algo así a Ros-chi, preferiría gastar mi tiempo y mi dinero contigo, con Beako, con Petra, con Frederica y Patrasche, y supongo que también contigo, Ram.
—Eso sí que es un montón de nombres femeninos, supongo.
—¡Sería raro demostrar ese tipo de gratitud diaria con Otto o Garfiel, siendo chicos, ¿no?! —Beatrice suspiró, fastidiada, mientras Subaru la acariciaba en la cabeza y se unía a la confusión de Emilia. Él había evitado mencionar a Rem para no incomodar, pero aún se arrepentía discretamente.
Luego le lanzó a Roswaal una pregunta directa:
—Con esa sonrisa, seguro que traes nuevos planes maquiavélicos, ¿no? ¿O me equivoco, Roswaal?
—Qué~é reacción… Lo único que he hecho es mostrar lo feliz que estoy de verlos aquí, sanos y salvos. ¿Qué problema hay con esooo?
Roswaal cerró un ojo y lo miró fijamente con su iris azul.
—Este último año he tenido varios cambios de parecer. Mi cooperación es algo que, supongo, la señorita Emilia puede celebrar, ¿no?
—Pues… supongo que sí. Sí, gracias, Roswaal.
Emilia aceptó su descarado gesto con generosidad. Al verlo sonreír y hacer un gesto despreocupado con la mano, Subaru no pudo evitar preguntarse hasta qué punto era confiable aquel hombre.
—Es inútil tratar de entender qué está pensando, supongo. Su extrañeza es aún más inabarcable que la tuya, Subaru.
—Eso fue un poco… ambiguo. —El juicio de Beatrice casi la hacía sonar como una suegra muy habladora.
Tomando a Emilia de la mano, Subaru entró al salón junto a ella. Desconfiaba de que Roswaal mostrara tanto buen ánimo, pero también era lógico pensar que estaba sinceramente contento con su regreso. Sin su tomo de sabiduría, el grupo era esencial para sus planes.
—En ese caso, nos ayudaría que cooperaran de verdad un poco más…
—Lograrás lo que te propongas con o sin mi ayuda. Y como confío en tus capacidades, me esfuerzo en áreas donde tu fuerza no puede llegar. Una relación realmente justaaa, ¿no crees?
—Sí, de verdad tiene ese toque de RPG: un personaje de apoyo que la mayoría del tiempo no está disponible para ayudar.
Es un recurso clásico de los juegos: los personajes demasiado poderosos solo se unen al grupo en combates específicos.
Roswaal siempre observaba desde un costado mientras Subaru era llevado al límite absoluto, para que demostrara que su habilidad de Retorno por Muerte podía cambiar el destino.
Era un hombre astuto, alguien frente a quien Subaru no podía bajar la guardia. Esa evaluación no había cambiado.
—Entonce’, ¿no crees que ya es hora de que nos presentes?
—Ah, perdón, perdón. Roswaal, hemos traído invitados. ¿Podrías hacer espacio?
—Pues ya me lo han contado. Aun así, este es un grupito bastante interesanteee~.
Roswaal se levantó y le hizo señal a los invitados en la entrada para que tomaran asiento en el sofá, mientras él se acomodaba en un sillón.
—Bienvenidos. Han recorrido un largo camino. No habíamos hablado de esta forma desde la ceremonia.
—Así e’, y tampoco tuvimos musha oportunidad de hablar ahí, así que supongo que esta es la primera ve’.
Anastasia sonrió y respondió a la bienvenida diplomática de Roswaal con otra respuesta igual de diplomática.
La ceremonia a la que se referían fue la realizada en el palacio real para honrar a señorita Emilia, Crusch, Anastasia y sus seguidores por su labor al enfrentar a la Ballena Blanca. Ocurrió después de lo sucedido en el Santuario, con representantes de las tres facciones presentes.
Tenía agallas para presentarse ahí con cara seria después de todo lo que hizo.
De cualquier forma, esa era la primera vez que él y Anastasia se veían cara a cara desde entonces, y en el saludo también hubo cierta indagación. La conversación luego giró al tema central: informar lo que había ocurrido en Priestella.
—He leído su carta. Otto y Garfiel están recuperándose de sus heridas, pero, aun así, parece que el costo de lidiar con el Culto de la Bruja fue bastante bajo.
—Sí, gracias al trabajo duro que hicieron ambos... En realidad, también gracias a todos los que estaban en la ciudad. Subaru y Liliana incluidos.
—¿Por qué nos mencionas por separado a Liliana y a mí?
Probablemente porque estaban en la categoría de no combatientes. No porque fueran particularmente similares.
—Bueno, dejando de lado la autoconciencia de Subaru... Señorita Anastasia, fue usted quien invitó a la señorita Emilia a Priestellaaa~. ¿Tiene algún comentario al respecto?
—Lamento el incidente. Si quieren, toy’ dispuesta a ofrecer una disculpa apropiada. Sin embargo...
—Sin embargo, la señorita Emilia ya ha rechazado cualquier cosa más allá de eso, estoy segurísimooo~.
—Después de todo, fue el Culto de la Bruja el que se portó mal, así que ellos son los que están equivocados. Anastasia no tiene ninguna responsabilidad por lo que hicieron. Y aun así logramos cumplir con lo que fuimos a hacer.
Emilia tocó el colgante que llevaba en el cuello cuando Roswaal la miró. Un cristal mágico brillante reposaba ahí, acumulando poder para el gran espíritu que aún dormía profundamente.
La razón por la que fueron a Priestella era asegurar un cristal mágico que pudiera ayudar a Puck. En cuanto a ese objetivo específico, el viaje había sido un éxito.
—Además, el hecho de que estuviéramos ahí justo a tiempo quizá fue la razón por la que pudimos derrotar al Culto de la Bruja. Si es así, eso sería mérito de Anastasia—
—Eso ta’ muy por encima de lo que yo consideraba, así que mejor dejémoslo ahí.
Anastasia frunció un poco el ceño ante la perspectiva adelantada de Emilia y la detuvo.
—¿De verdad?
Por alguna razón, Anastasia parecía aliviada mientras Emilia inclinaba la cabeza.
Claro que toda esa línea fue solo un movimiento preventivo de Roswaal.
De hecho, había una buena posibilidad de que el ataque del Culto de la Bruja en Priestella estuviera dirigido principalmente a la Facción de Emilia. Roswaal estaba perfectamente al tanto de eso, ya que se había mencionado en la carta.
—La’ arciones del Culto de la Bruja son propia’. Todos podemo’ coincidir en que son lo peor y seguir adelante. Las otras facciones ya lo han aceptado, y no e’ que no se haya ganado nada en la pelea.
—Matar a un arzobispo y capturar a otrooo. Es un resultado magníííífico, sin duda. Sin embargo, esos cultistas no tienen sentido de trabajo en equipo ni solidaridad. Aunque quede solo uno, el peligro sigue siendo el mismo.
—No pue’ discutir eso…
El Culto de la Bruja era más un lugar para que se juntaran desviados que una organización formal. Por eso no era como si la Glotonería o la Lujuria fueran a detener sus atrocidades solo porque la Codicia y la Ira hayan sido derrotadas.
—De todas formas, tenemos una idea que podría solucionar eso.
—Y por eso se dirigen hacia la torre del Sabio. Es un camino peligroso. ¿Tienen alguna razón para creer que lo lograrán?
Roswaal era uno de los líderes del reino. No hacía falta decir que sabía que Reinhard ya había intentado cruzar las Dunas de Arena de Augria antes y había fracasado.
Entre el miasma y las incontables mabestias peligrosas, era natural preguntarse cómo lograrían superar esas barreras. Subaru simplemente miró la carta bajo la manga que habían preparado para ese problema.
—Ahí entro yo. Por suerte, conozco un camino secreto que nos llevará hasta la torre del Sabio. Así e’ como podemos lograrlo.
—Aunque me pidas que simplemente confíe en tiii... Algo como una ruta secreta por las dunas seguramente tendría un precio muy alto para cualquiera que la quisiera compraaar. ¿Por qué tú y solo tú la posees?
—Soy comerciante, ademá’ que claro que el dinero importa. Pero hay cosilla’ que el dinero no puede comprar. Y esta es una de ellas. ¿Estamos de acuerdo?
Anastasia, o mejor dicho Eridna, estaba respondiendo punto por punto a Roswaal.
A pesar de que ella era una impostora fingiendo ser Anastasia, sus palabras tenían una fuerza misteriosa, una fuerza que hasta impresionaba a Subaru, quien conocía la verdad.
Frente a la mirada intensa de Anastasia, Roswaal cerró un ojo.
—Ya veo cómo alguien tan joven puede manejar una empresa tan grande. Es todo un reto superar a alguien tan experimentado solo con palabras. Me imagino que la señorita Emilia ya aceptó tu propuestaa.
—Lamento haber decidio’ algo así por mi cuenta.
—No te arrepientes lo suficiente como para dejar de tomar decisiones imprudentes sin consultar a otros. Pero está bien. Eres alguien que elige tomar el camino espinoso. Y ese es el camino que él seguramente también se decidirá a seguiiir.
Roswaal parecía poco entusiasmado con la propuesta de Anastasia, pero ahí era donde residía su interés al final. Si Emilia elegía el camino más difícil, los obstáculos que Subaru tendría que superar serían naturalmente aún mayores. Para Roswaal, esa era la esperanza que había reemplazado su tomo de sabiduría.
—Básicamente, cruzaremos ese desierto que sea, con la guía de Anastasia. Esa es nuestra decisión.
—Las Dunas de Arena de Augria. Aprende el nombre de una vez.
Intervino Julius con un suspiro mientras Subaru usaba su vaga memoria para hacer una afirmación audaz. El caballero estaba sentado junto a Anastasia y hasta ahora había escuchado en silencio, pero dirigió su mirada intelectual hacia Roswaal.
—Me imagino que estarás bastante preocupado, Marqués Mathers. Sin embargo, hay mucha gente en la ciudad de Priestella que sufre física y mentalmente por las atrocidades del Culto de la Bruja. Te pido que nos permitas encargarnos de esta tarea, para que nuestras acciones puedan llevar a su salvación.
—Qué porte tan eleganteee. Considerando que no estás en mis recuerdos, supongo que eres una de esas víctimas, ¿cierto? —respondió Roswaal.
El hecho de que no conociera a Julius era suficiente para que Roswaal entendiera la situación. Julius desvió la mirada apenas un poco mientras Roswaal apoyaba la mejilla en su mano.
—La angustia de ser olvidado por la gente debido a la Autoridad de la Gula —de ser dejado atrás por el resto del mundo— buscando una esperanza tenue para ti mismo… No necesitas adornarlo con frases bonitas sobre ayudar a otros, ¿sabes?
—Agh. Nunca actuaría basado en un interés propio tan mezquino.
—No te estoy criticandoo~. Es natural. La gente siempre se desespera más por su propio bien que por el de los demás. No hay necesidad de negar esa sensación de satisfacción y logro, o incluso ese sentido de superioridad que viene de salvar a otros mientras te salvas a ti mismoo.
Las mejillas de Julius se tensaron mientras la sonrisa burlona de Roswaal se hacía más profunda.
—Más aún cuando hay una alta probabilidad de que otros también se salven si tú logras salvarte. Tienes una causa justa, y estás tomando acción. No hay razón para sentir esos remordimientos.
—Yo…
—Ya basta, ¿no cree’, Marqués Mathers?
Deteniendo a Julius que luchaba con cómo responder, Anastasia se volteó hacia Roswaal.
Ella sonreía con elegancia y ladeó la cabeza de manera encantadora.
—Honestamente, yo tampoco lo recuerdo. Pero, aun así, aparentemente él es mi caballero, y no e’ muy agradable verlo juguetear con algo que él no puede controlar.
—¿Aunque los recuerdos se hayan ido, la relación de dama y sirviente sigue intacta...?
—Así parece. Tampoco puedo decir que lo entiendo der todo. Pero el tiempo que pasé con Julius mientras viajábamos aquí no estuvo tan mar… y ademá’…
Anastasia señaló el sofá frente a ella.
—Si sigues haciendo cosas indeseables todo er tiempo… Solo causará división en su facción con ese tipo de actitud.
—Bueno, querida mía…
Roswaal se encogió de hombros ante el punto de Anastasia —o más bien, ante Subaru, que estaba a punto de explotar—.
No era ninguna sorpresa que Subaru estuviera a punto de estallar de enojo, pero incluso Emilia y Beatrice estaban tensas.
Viéndolo, Roswaal levantó la mano como en señal de rendición.
—Muy bien, estaba equivocado. Solo señalaba que esa perspectiva también existeee.
—Solo lo molestabas por diversión. No te metas con nosotros.
—Por tu actitud, parece que no fueron solo unos días los que compartieron tú y él.
Roswaal cerró un ojo, encontrándose con la mirada afilada de Subaru con su ojo amarillo. Luego se lamió los labios, como si pudiera ver directamente a través de Subaru.
—De nuevo, solo tú eres el único que recuerdaa. Igual que Rem.
—Ni idea de por qué.
—Eso es prueba de que eres especial. Deberías cuidar eso muy bien. Hay muchos que no pueden tener eso, por más que lo deseeen~.
La última parte la murmuró suavemente, solo para sí mismo, sin que Subaru la escuchara.
Solo Beatrice tenía una mirada pensativa en sus ojos.
Con ese intercambio, Subaru soltó un suspiro pesado.
—Lo demás es como mencionamos en la carta. La habitación de confinamiento y...
—Rem. Una decisión bastante audaz. Aunque seas tan reacio a mencionarlaa.
—…Quizás haya una forma de despertarla. Voy a arriesgarme. Es lo natural, ¿no?
—Es sorprendente que la elijas el primer sujeto para ese posible métodooo. Te gusta fingir ser egoísta, pero en realidad eres terriblemente autodestructivo. ¿No hay algún rincón en tu corazón o en tu mente que te diga que no tienes derecho a ser el primero en ser salvadoo?
Subaru quedó en silencio mientras Roswaal daba en el clavo.
Había estado preocupado durante todo el viaje sobre si debían llevar a Rem con ellos.
No porque quisiera evitar despertarla, sino porque si había alguna posibilidad de despertarla, quería que pasara lo antes posible. Pero eso era diferente de que Natsuki Subaru fuera quien se salvara.
En Priestella, había mucha gente, aparte de Subaru, que estaba sufriendo lo mismo. Entonces, ¿por qué él tenía que ser el primero?
Ese sentimiento de culpa lo había hecho dudar hasta el último momento, pero—
—Si eso es lo que quieres decir, ya hablé con Subaru sobre eso, así que no hay problema.
—…Eso es aún más sorprendente. —Emilia habló en lugar de Subaru cuando él guardó silencio.
Roswaal la miró con desconfianza mientras ella inflaba el pecho y le guiñaba un ojo.
—Quizá no me corresponde decir esto, pero sería bastante inconveniente para ti si Rem despertara, ¿no es así, señorita Emilia? No importa cómo lo veas, Subaru tiene sentimientos bastante fuertes hacia esa chica. Incluso podrían rivalizar con sus sentimientos hacia ti…
—Sí, probablemente sea cierto. Me imagino que, si Rem despierta, Subaru pasará todo su tiempo con ella por un rato. Quizá hasta deje de prestarme atención.
—No, eso no es…
Subaru podía decir con confianza que eso no era verdad. No había forma de que sus sentimientos hacia Emilia vacilaran. Pero el hecho de que se preocupara mucho por Rem tampoco era mentira. Y Emilia tenía razón. Si Rem despertaba, sin duda le dedicaría mucho tiempo para compensar el año que habían perdido.
Pero, aun así, Emilia le había dicho que estaba bien.
—Si Subaru le presta mucha atención, entonces tendré que esforzarme para que me mire a mí otra vez. Sería un problema si Subaru desapareciera, así que no importa lo linda que sea Rem o lo especial que sea para él, también voy a convencerlo de que se quede conmigo.
—¡¿E-Emilia-tan?!
—Esa es mi decisión y lo que he resuelto. Nadie se va a quejar de que Subaru sea salvado. Así que está bien. Vamos a despertar a Rem.
Emilia apoyó la decisión de Subaru.
Subaru jadeó y sus rodillas temblaron un poco ante lo que sonaba mucho a una confesión.
Emilia había dicho cosas con tono cariñoso muchas veces antes. Pero incluso entonces, todo seguía siendo una especie de atracción suave—
—Ya sea conmigo, con Rem, con Beatrice, con Petra y Patrasche, o Frederica y Ram, o incluso Otto y Garfiel. ¡Quiero que Subaru sea muuuy, muuuy feliz!
—Al final metiste un dragón de tierra y un par de tipos más.
Pero Beatrice, que estaba sentada a su lado, le dio un codazo. Al mirar, notó que Beatrice tenía una expresión indignada.
—Después de tanto tiempo, Betty no se quejará de lo voluble que eres… Pero siempre mantén una mano abierta, de hecho. Ese es el privilegio especial de Betty, supongo.
—Eres ridículamente adorable…
—Por supuesto. La ternura de Betty resuena en todos los reinos.
Subaru no podía hablar por los dioses y diosas que gobernaban la tierra y los cielos, pero ciertamente eso resonaba fuerte en su corazón.
Con Emilia y Beatrice apoyándolo completamente, Subaru podía dedicarse a despertar a Rem sin preocupaciones. Ya no había dudas.
—Perdona que todos me quieran tanto, Roswaal. Parece que nos llevaremos a Rem con nosotros.
—Estoy bastante sorprendido por todos ustedes… pero hagan lo que quieran. En primer lugar, nunca tuve la intención de detenerlooos~.
—¿Entonces para qué mierda hiciste esa pregunta?
—Solo quería asegurarme de que sabes bien lo que haces, por ser demasiado pensativo. También fui un poco grosero con el caballero sin nombree, eh.
Roswaal no dejó de bromear hasta el final.
Julius negó con la cabeza y miró a Subaru y Anastasia.
—No, mi nombre es Julius Juukulius. Ahora, Subaru puede ser la única persona que me recuerda, pero soy un caballero de la guardia real del Reino de Lugunica. No soy tan inmaduro como para que algo así me haga dudar.
Dicho eso, ignoró con elegancia las provocaciones de ese mago tan molesto.
—...Aunque estuviste medio tambaleante.
—¿De qué lado estás? Se siente casi como si me hubieran apuñalado por la espalda.
Subaru y Julius tuvieron una pequeña charla entre ellos al final.
Con la discusión terminada, salieron del salón.
3
—Bueno, ¿será que ahora soy uno de sus amigoos? ¿Qué crees?
—…Que puedes decir algunas cosas repugnantes, supongo; eso es lo que pienso, de hecho. En tu caso, no hay nada que no puedas hacer en serio, y eso sólo puede describirse como aterrador, supongo.
—No es como si perdiera honor cuanto más se acerca a su fin e~este cuerpo.
—También fuiste una mujer, de hecho. Serás suficientemente precavido, supongo.
La sonrisa de Roswaal se hizo más profunda mientras Beatrice se mantenía tranquila jugando con sus tirabuzones. Era un hábito que tenía cuando necesitaba hacer algo con las manos, o quizás señal de que estaba molesta.
—Ese hábito tuyo nunca cambia. Pero parece que tus sentimientos sí. Yo no puedo mover la cola tan fácil por alguien como tú. Me da envidia.
—Comparado contigo, que nunca pudiste tocar a Mamá a pesar de tu terquedad, Betty sí puede agarrar la mano de Subaru, y eso es mil veces mejor, de hecho. A Betty no la vas a provocar, supongo.
—Mírateee, ya estás bastante decidida.
Roswaal estaba sentado mientras Beatrice estaba parada frente a él, poniéndolos a la altura de los ojos. Chispas empezaron a volar, pero de repente la expresión de Roswaal se suavizó.
—Derrotó a un arzobispo. Ese debe ser el segundo dentro de Subaru ahora.
—Debería haber otros candidatos aparte de Subaru, de hecho.
—Pero ninguno de ellos le supera o siquiera rozan su nivel. Me aburre que hagas parecer que ellos hayan hecho más de lo que en realidad hicieron, así que déjalo ya
—No te permitiré ir más allá, supongo...
Había una firme resolución en su voz al responderle a Roswaal.
—Betty es de Subaru, de hecho. Por lo tanto, Subaru seguirá siendo Subaru, supongo.
Lo miró fijamente y luego se fue hacia la puerta. Se quedó para hablar un poco más, pero decidió que no iba a decir nada más.
—Beatrice.
Roswaal la llamó cuando ella se alejaba. Se detuvo, pero no volteó.
—Quiero que seas feliz. Eres como una hermanita para mí. Te aprecio muchísimo.
—…No es precisamente un pensamiento muy halagador. Y supongo que no tanto como lo que sientes por Madre
— ¿Acaso no es eso el a~amor?
Beatrice no respondió.
El único sonido que rompió el silencio fue el de la puerta abriéndose… y luego cerrándose.
Después de eso, no hubo nada más que decir entre Roswaal y Beatrice.
4
—¿Te fue bien hablando con el amo? —preguntó Frederica.
—Más o menos como siempre. Ya sabes cómo es él. Dejé a Beako allá atrás, ya que puede hablar con libertad con él, así que imagino que reflexionará un poco sobre lo que ha hecho.
—Ya veo. Después de todo, el amo no puede oponerse a la señorita Beatrice.
Después de terminar la conversación con Roswaal en el salón, Frederica se había encargado de guiar a Subaru y a los demás hacia el ala este de la mansión. Con eso, Subaru se había reunido nuevamente con las tres sirvientas del lugar.
La sirvienta de rostro severo, con un largo y hermoso cabello rubio y un uniforme impecablemente arreglado, saludó a Anastasia y a Julius con una cortesía ejemplar, y luego se dirigió a Emilia.
—¿Garf fue de ayuda durante el viaje? Le dejé instrucciones detalladas antes de irme, pero no pude evitar preocuparme de que les haya causado algún inconveniente.
—No tienes que preocuparte. Garfiel trabajó muuuy duro durante el viaje. Está comportándose bien y recuperándose junto con Otto ahora mismo... ¿creo? Al menos eso espero. Le pedí que descansara.
—Lamento que mi torpe hermanito les haya causado problemas.
Frederica bajó la cabeza en señal de disculpa.
Emilia no logró tranquilizar del todo a Frederica, quien se disculpaba en nombre de su familia.
Al final, aunque Petra, Ram, Roswaal y la misma Frederica estaban preocupados por Garfiel, no cabía duda de que había habido un cambio en su actitud durante su tiempo en Priestella.
Había resultado herido, sí, pero usó ese dolor como impulso para crecer aún más. Para Subaru, eso era precisamente el tipo de desarrollo que uno esperaría de un chico de quince años.
—Parece que Garfiel tenía muchas cosas en la cabeza…
—¿Mm? ¿Quería decirme algo, señor Subaru?
—No, nada por mi parte. La verdad, no es algo que yo deba estar contando.
Subaru desvió la pregunta, pero en su mente imaginaba claramente lo que podría estar pasando por la cabeza de Garfiel.
En Priestella, hubo una familia que captó la atención del chico… especialmente un par de hermanos de cabello rubio y ojos verdes que recordaban a Frederica y a él mismo.
La conexión entre ellos y Garfiel, seguramente, también tenía algo que ver con Frederica. Pero esa era una conversación que le correspondía a Garfiel tener con su familia, con Frederica y Ryuzu.
—No diré nada. Natsuki Subaru simplemente se retirará con estilo.
—Cierto, cierto hablando de Garfiel, había unos niños con los que se llevaba muuuuy bien en Priestella. Esos chicos y...
—¡Emilia-tan, no dejes que mi monólogo se desperdicie!
Subaru frenó a Emilia con urgencia antes de que su natural distracción arruinara su intento de actuar con soltura. Frederica los miraba con confusión, pero Julius necesitaba su atención.
—Señorita Frederica, lamento interrumpir su agradable conversación, pero ¿ese es el lugar que tenemos más adelante?
—Sí, señor. La habitación de confinamiento, como la ha llamado el amo Subaru.
—Entonces la persona en cuestión está aquí, ¿verdad? Espero que la charla salga correctamente.
—Diría que es un poco una cuestión de suerte. De verdad, si logramos obtener algo siquiera remotamente útil, ya sería todo un éxito.
Julius parecía estar meditando mientras Subaru se rascaba la mejilla, haciendo su mejor análisis de la situación.
Aunque había sido él quien sugirió venir, Subaru no esperaba demasiado, ya que no sabían si la persona que iban a ver estaría dispuesta a ayudar.
—Pero ella está bastante apegada a ti, así que debería estar dispuesta a contarnos muchas cosas, ¿no? —preguntó Emilia.
—No se sabe cuánto o qué tan poco influirá ese nivel de afecto en la conversación... Ah, ya llegamos.
Mientras frenaba el optimismo de Emilia, el grupo alcanzó su destino. Frente a una escalera que descendía al subsuelo, Anastasia frunció el ceño.
—No e’ precisamente el lugar má’ acogedor que he visto.
A simple vista parecía una escalera cualquiera que lleva a un sótano, pero Anastasia, como siempre, notó el sutil cambio en la atmósfera. Los zorros son caninos, así que tal vez algún olor la alertó. De cualquier modo, el aura que flotaba en el aire no tenía que ver con olor alguno.
—¿E’ miasma? No, parece diferente, pero tampoco e’ una sensación agra’able.
—Esa es el aura que emite la persona que está encerrada en esa habitación. Los guiaré, así que cuiden sus pasos.
Frederica tomó la delantera bajando por la oscura escalera en la que Anastasia miraba, y Subaru con los demás la siguieron rápidamente al subsuelo. Al llegar al fondo, sus pasos resonaban fuerte sobre el piso de piedra. El aire frío del subsuelo les enfrió los pulmones mientras Frederica abría con llave la robusta puerta metálica al final del pasillo. Se sentía una tensión casi palpable cuando la puerta de metal chirrió al abrirse—
—¡Guau, guau! ¡¡Te voy a comer!!
—¡Kyaah! ¡Sálvame! ¡Nooo!
— Gujejejeje, súplica cuanto quieras, ¡pero nadie vendrá a salvartee!
Una luz brillante salió del interior, y escucharon una voz aguda.
Dentro, había una figura pequeña, una niña con la espalda hacia la puerta. Tenía varios peluches alrededor y jugaba con muñecas en ambas manos.
Iba cambiando de voces, representando todos los papeles en su pequeña historia.
—No, seguro que vendrá. El príncipe promi... ¿Hmm?
La niña se incorporó de golpe, apretando la muñeca de niña mientras sentía que algo andaba mal. Luego se giró lentamente y nerviosamente, y vio a Subaru y los demás en la entrada de la habitación. Sus grandes ojos redondos se abrieron de par en par y su boca quedó abierta.
Su cabello azul profundo caía suelto, y su rostro simple y adorable poco a poco se sonrojó.
—H-hola. Ha pasado un tiempo. ¿Cómo has estado?
Subaru decidió actuar como si nada hubiera pasado y levantó la mano para saludarla. Echó un vistazo al resto, intentando que no dijeran nada.
Pero…


Coloreado realizado por: @Set0wi
—Oh, eres tan linda, Meili. Yo solía hacer lo mismo con los muñecos de nieve…
—¡S-solo son unos malos! ¡Argh! ¡Lo que sea!
Como era de esperarse, Emilia no captó el mensaje y dijo justo lo que se le ocurrió, así que la niña pequeña se derrumbó.
5
—Vamos, Meili. Dijimos que lo sentimos.
—No los escucho.
—Ya dije que no quise ser malo, ¿verdad? Vamos, Meili.
—Lo que sea.
Meili estaba sentada en el centro de la habitación abrazando una de sus muñecas y haciendo pucheros, dejando a Subaru y a los demás que la habían molestado parados ahí, incómodos.
Subaru quería hablar con ella, pero sería difícil mientras siguiera resistiéndose a cualquier intento de calmarla.
Julius preguntó:
—Señorita Frederica, ¿habló con ella antes de que llegáramos?
—No, el amo Subaru dijo que era una historia larga, así que él mismo le hablaría directamente…
—Subaru...
—¡No quise que saliera así! ¡Pensé que sería mejor de esta manera nada más! ¡Ah, maldita sea! Si esto llegó a este punto, entonces...
Subaru no podía negar que su plan inicial le había salido mal, pero se negó a cargar con toda la culpa. Rápidamente decidió jugar su carta definitiva. Había estado preparándola durante el viaje de regreso en el carruaje desde Priestella—
—Mira, Meili. Te traje un regalo de nuestro viaje, ¿puedes animarte, por favor? Es un diseño nuevo, un osito panda con las orejas caídas.
—¡Uaaah, ¡qué lindoo!
Al ver el peluche blanco y negro que Subaru sostenía, los ojos de Meili se iluminaron de repente.
En el último año, Subaru había estado ayudando con varias tareas, y sus habilidades de costura habían mejorado muchísimo. Finalmente podía hacer peluches y ropa para mujer.
La ropa de Meili y todos los peluches y muñecas con los que jugaba mientras estaba encerrada habían sido hechos a mano por Subaru.
—Uf, me hiciste sacar mi arma secreta tan rápido. Vaya princesa complicada... ¿Qué pasa?
—...Nada, solo estaba maravillado por el nivel de preparación que tienes.
—Creo que estoy más perturbada que otra cosa. Beatrice, luego Petra, ¿y ahora esto? No tienes mucha’ excusas para esto, ¿verda’, Natsuki?
—¡Estás equivocada! ¡No estoy reuniendo niñas porque yo quiera!
De repente, el título de Lolimancer empezaba a parecer un poco demasiado real, pero Subaru quiso dejar claro que era por alguna extraña fuerza externa que no tenía nada que ver con él.
De cualquier modo, después de conseguir el nuevo peluche —un panda con las orejas caídas por el calor—, el ánimo de Meili mejoró rápido. Lo frotaba contra su mejilla.
—Ummm, um, ¡sí! ¡Decidí que lo voy a llamar Gran Pandaa!
—Así que un nombre que es literalmente “panda”. Pero bueno, va directo al grano.
—… ¿Oh? ¿Cuándo entraste, hermanitooo?
Ignorando los comentarios de Subaru sobre su poco talento para poner nombres, Meili ladeó la cabeza con curiosidad. Al parecer, había decidido dejar atrás el enojo y fingir que nada había pasado. Subaru no tuvo problema en seguirle el juego.
—¿Eh? ¿Qué quieres decir, Meili? ¿Por qué tan de repente—?
—¡Sí! ¡Ya pasó como un mes, ¿¡no?! ¿No te sentiste sola mientras no estábamos?
—¿Sola? Para nadaaa. La que se sintió sola sin ti fue Petra. Eres tan malo, hermanitooo… ¿Oh? ¿Caras nuevas?
Subaru interrumpió a Emilia, que como siempre no podía leer la situación, y así evitaron por poco volver a irritar a Meili. Ya calmada, la niña estaba colocando sus muñecas en un estante cuando notó la presencia de Anastasia y Julius.
La expresión de Anastasia se suavizó al ver lo rápido que Meili había cambiado de actitud.
—Eso es típico de una niña de su edad. Comparada con Mimi, la forma en que se gana a la gente es hasta tierna.
—…Es una forma de decirlo, sí. Deberíamos agradecerle a Mimi.
La dama y su caballero compartieron un instante de entendimiento extraño. Mientras tanto, los ojos dorados de Julius examinaban la habitación.
—Aun así, me imaginaba algo más severo para un lugar llamado “confinamiento” … Esto dista bastante de lo que tenía en mente.
—Es una niña, y no es como que queramos hacerla sufrir… pero tampoco podemos dejarla libre, así que es complicado.
Emilia bajó la mirada con pesar. Tal como había señalado Julius, la prisión —el cuarto donde mantenían a Meili— le ofrecía más libertad que una celda de mínima seguridad.
Originalmente era una simple sala de piedra, pero las paredes habían sido pintadas con colores vivos y el suelo tenía una alfombra sencilla pero acogedora. No había muchas restricciones dentro, y todos los peluches que Subaru le había confeccionado estaban ordenados con esmero en un estante. Incluso tenía libros y juguetes para pasar el rato.
En otras palabras, era el tipo de espacio donde un hikikomori podría vivir tranquilo. Parte de Subaru habría querido encerrarse allí él mismo.
—Pero esta atmósfera tan particular… proviene de ella.
Julius volvió a observar la sala, esta vez centrando la mirada en Meili. Ella le sonrió como si hubiera entendido lo que decía. El aire siniestro que emanaba de cada poro de su cuerpo era la razón por la que la mantenían encerrada.
—Como mencioné en el carruaje, esta niña… Meili, era originalmente una especie de asesina. Intentó matar a Emilia-tan y a todos los que están aquí. ¿Hasta ahí vas bien?
—No mucho, pero sigue hablando.
—Parece que estás pensando en otra cosa, pero bueno. En fin, era una asesina. ¿Y su método? En pocas palabras, puede controlar mabestias.
—Sip, me llevo súper bien con los animalitos malooos. Jeje~.
Meili sacó pecho con orgullo, pero su confesión bastaría para helar la sangre a cualquiera que no lo supiera.
Las mabestias no eran el tipo de criaturas que pudieran ser domesticadas por personas. De hecho, la mayoría las consideraba hostiles por naturaleza. Había algunas excepciones notables, como ciertos casos donde una mabestia obedecía a quien le rompía el cuerno, pero lo de Meili era distinto.
—Según lo que decía mamá, mi bendición de control de bestias hace el mismo papel que su cuerno. Así que por esooo me llevo tan bien con ellas.
El significado de lo que decía no estaba del todo claro. No existía en ese mundo evidencia concreta ni estudios serios sobre el comportamiento natural de las mabestias. Claro, había personas que vivían cazándolas, pero los cazadores y los investigadores solían tener puntos de vista muy diferentes.
—Hace poco más de un año, Meili y otra persona nos atacaron en equipo. Logramos detenerlas, y desde entonces la hemos mantenido aquí.
—¿Y por qué hicieron eso? Si era una enemiga, deberían haber acabado con el asunto como se debe…
—No es tan sencillo. Pero también, por lo que ella dijo, tampoco podíamos simplemente dejarla ir.
—Mamá se enfadará conmigo. Elsa murió y yo fracasé, así que definitivamente me matará si me encuentraaa. Por eso, permanecer aquí es la opción más segura.
Meili hablaba con calma sobre su situación, pero entendía perfectamente la realidad en la que vivía. Había perdido a su compañera y fallado en la misión que le habían dado. La persona que las dirigía —probablemente quien manejaba a las asesinas— no iba a perdonar semejante fracaso.
Si la dejaban libre, lo más probable era que la ejecutaran. Era el resultado de sus propias acciones, pero Subaru y Emilia no podían aceptarlo tan fácilmente.
—No es como si este tipo de consideración fuera algo nuevo para ustedes o para la señorita Emilia. Nosotros somos forasteros, así que no opinaré sobre cómo decidieron manejarlo… Pero debo preguntar, ¿quién es esa “mamá” de la que habla?
—Por desgracia, fuera de que la llamaban “mamá”, todo lo demás es un misterio. Según Meili, nunca le vieron el rostro real… Parece todo demasiado bien oculto.
—Ese desgraciado de Roswaal dijo que, cuando Elsa murió, ya no pudo contactar más a su intermediario…
Frederica respondió a la pregunta de Julius, mientras Subaru murmuraba para sí mismo.
Roswaal había sido quien contrató a Elsa para atacar a Emilia y a los demás del señorío. Esa era la verdad detrás del mayor escándalo del bando de Emilia.
Pero, según lo que Roswaal dijo, ya no podía comunicarse con la persona que actuaba como enlace entre Elsa y Meili, así que, al final, la verdadera identidad de esa figura peligrosa seguía siendo un misterio hasta el día de hoy.
—En fin, esa es la situación de Meili. No es que la estemos consintiendo más de la cuenta… creo.
—Eso suena muuuuy como tú, Subaru, dudando hasta de eso —dijo Emilia.
—¡Es que así pasa cuando dejas que te guíe la conciencia, ¿¡okey?!
—…Eso e’ un trato bastante indurgente para alguien que intentó matarte. ¿Estás seguro de que no te están tomando el pelo?
—O sea, existe eso de la malicia inocente. Y un crimen sigue siendo un crimen, sin importar la edad del culpable, pero…
Subaru se rascó la mejilla mientras pensaba.
Al echarle un vistazo a Meili, ella lo observaba con esos ojos difíciles de leer. Pero no podía evitar sentir que no era más que la mirada de una niña insegura.
—Si le das órdenes malvadas a alguien que no tiene capacidad para juzgar por sí mismo, el malvado eres tú. Y más aún si estás usando a una niña. ¿De qué sirve enredarse emocionalmente y desquitarse con ella?
—Eso suena mu’ bonito. ¿Y tú cree’ que eso consuela a la gente que ya murió por su curpa?
—Para nada. Y si alguien cercano a ellos quisiera vengarse de Meili, no los culparía. Yo tampoco sería tan indulgente si ella hubiera lastimado a alguien de aquí.
Al final, las opiniones y pensamientos de Subaru cambiaban drásticamente dependiendo de con quién se cruzara.
Si eso hacía que los demás pensaran que era contradictorio o que no tenía principios claros, pues ni modo.
—Cuando era niño, yo tenía padres y adultos que se responsabilizaban por mí cuando no podía hacerlo. Así que… creo que estoy bien con hacer lo mismo por una niña que conozco y con la que me llevo bien.
—…Gracias por compartir tu valiosa opinión.
Anastasia cerró el tema con un tono neutro, más como un “acepto no estar de acuerdo” que como alguien realmente convencida.
Claro, Subaru tampoco esperaba que aceptara su punto de vista. Si se tratara de una resolución estrictamente justa, Meili tendría que ser juzgada como una criminal peligrosa y recibir un castigo acorde.
Pero, desde la perspectiva de Subaru, eso le parecía una solución de mierda.
—Yo…
—¿Hmm?
—No me parece tan raro lo que estás diciendo.
—…Gracias.
Aunque ya se había resignado a que su forma de pensar fuera rechazada, aun así le aliviaba escuchar esas palabras de Emilia.
Reconociendo lo egoísta que era su postura, Subaru volvió a mirar a Meili y cruzó miradas con ella. La razón por la que habían ido hasta allí no era simplemente hacer turismo en el calabozo del Marqués Roswaal.
—Quería pedirte ayuda con algo. ¿Crees que puedas responderme algunas preguntas?
—…Está bieeen. Solo por el Gran Pandaaa.
Abrazando al panda flojito, Meili asintió. Estaba escondiendo su rostro detrás del peluche, sin dejar que vieran su reacción a toda la conversación que acababan de tener. Pero esta vez, nadie hizo comentarios al respecto.
Encerrar a una niña como Meili en una mazmorra fría y oscura habría sido devastador. Si un arresto domiciliario bastaba como castigo, entonces no había necesidad de ir más allá.
Por eso Meili simplemente estaba recluida en ese sótano.
6
—¿De verdad van a ir allí? Probablemente cualquiera que no sea yo moriría ahí, ¿saben?
Después de escuchar su historia, Meili jugaba con su cabello mientras respondía. Resultaba irónicamente extraño que una niña asesina sin el más mínimo sentido moral los mirara como si no pudiera creer lo que escuchaba.
—He ido antes para conseguir más Mabestiaaas, pero en serio, en serio que están por todas partes, ¿saben?
—Nos encantaría recibir consejos de alguien con experiencia, pero ya ha habido suficiente gente diciéndonos que moriremos si vamos —respondió Subaru—. Por cierto, tenemos una guía que puede llevarnos por el desierto.
—Así es, ese es mi trabajo —intervino Anastasia, levantando la mano.
Sin embargo, solo saber el camino hacia la torre donde vivía el Sabio equivalía a unos treinta puntos sobre cien a la hora de enfrentar las complicadas dunas, lo cual no bastaba para evitar una nota roja y, por lo tanto, reprobar... lo que en este caso significaba morir en este examen práctico.
Había tres grandes problemas: el Mar de Arena, el Nido de mabestias y el Ojo del Sabio.
La razón por la que bajaron hasta la celda subterránea era para hablar sobre el tema de las mabestias con Meili, quien era experta en el asunto.
—¿Hay alguna forma de atraer a todas las mabestias de una sola vez y acabar con ellas de forma más... conveniente?
—Bueno, podrías salir corriendo tú solito por ahí. Seguro que vaaan a venir un montón tras de ti.
—Ya he hecho eso antes y.… no es precisamente agradable.
Subaru recordaba cómo había usado esa misma estrategia con unos perros y una ballena el año anterior. Ya estaba listo para dejar ese método en el pasado. Si no había otra opción, lo volvería a hacer, pero quería evitar quedarse solo en el traicionero desierto.
—En ese caso... ¿y si eliminamos a todas y cada una de las que vengan a atacarnos?
—Si esa va a ser nuestra estrategia, la señorita Emilia y yo nos encargaríamos de pelear contra ellas, pero... ¿qué opinas tú, Meili?
Julius se dirigió a Meili para saber qué tan viable era el plan de fuerza bruta de Subaru. Ella los miró alternadamente a él y a Emilia un par de veces.
—¿Puede la señorita y los demás pelear durante una semana entera sin comer, sin beber ni dormir?
—¡¿Quieres que tengamos algo así como una guerra de trincheras final?!
—¡E-e-está bien, haré mi mejor esfuerzo...!
—¡No! ¡Es imposible! Solo harás que tu hermoso cabello y tu piel se resequen y arruinen. ¡Así que olvídalo! ¡Rechazado!
Forzar el paso simplemente no era una estrategia viable.
Parte de Subaru quería creer que todo se debía a que los recuerdos de Meili sobre las Dunas de Arena de Augria eran especialmente malos, pero también había escuchado de Reinhard cuán despiadado podía ser ese lugar... así que no podía huir de la realidad.
Y la conversación con Meili tampoco dio frutos que cambiaran la situación.
—¿Y qué hay de la barrera que evita que las mabestias se acerquen al pueblo de Earlham? ¿Tal vez podríamos hacer algo con eso?
—Eso solo funciona por la magia que el amo tejió allí. Si pensaban que podían llevársela así como así… me temo que deberían reconsiderarlo.
—Maldita sea. Tal vez deberíamos sujetarnos todos de Roswaal y que nos lleve volando desde el cielo…
Mientras seguían descartando ideas, Subaru se rascó la cabeza con frustración.
Hubo un momento de silencio—
—… Argh, supongo que no queda de otra.
—¿Eh?
—Puedo ir con ustedes si quieren.
Meili se levantó, rompiendo el silencio mientras observaba a los demás.
Se llevó una mano al pecho y asintió.
—¿Verdad? Si soy yo, puedo encargarme de todas las mabestias de una forma u otra. Las hago desaparecer, las domestico, las hago pelear entre ellas… o incluso que se coman a ese tal Sabio.
—¡¡Ni se te ocurra hacer eso último!! Además…
La frase fue tan extrema que dejó a todos boquiabiertos, pero más que eso, lo que sorprendió a Subaru fue la propuesta. No solo porque Meili estuviera dispuesta a cooperar, sino porque fue ella quien se ofreció a salir por voluntad propia.
—Antes estabas totalmente en contra de salir de la mansión…
—No es como si mamá me fuera a encontrar en cuanto pise el exterior. Me da miedo que lo haga, pero tampoco quiero pasar el resto de mi vida encerrada así.
Resultaba sorprendente que Meili hubiera reflexionado tanto sobre su situación como para llegar a esa conclusión. Había comprendido que tarde o temprano tendría que salir.
Pero Subaru descartó rápidamente ese pensamiento. Estar encerrado y aislado de los demás daba todo el tiempo del mundo para pensar. Él sabía bien qué clase de infierno podía ser eso.
—Subaru…
Emilia tiró de su manga mientras él sentía una extraña empatía por la determinación de Meili.
Sabía lo que ella quería decir. Él sentía lo mismo.
—Sabes que esto no va a ser un paseo al aire libre, ¿cierto? Será arena, mabestias y un tour por la torre del Sabio al final.
—Hace mucho que no salgo a caminar. ¡Mucho mejor si hay emoción, ¿no creen?!
Respondió con un aire confiado, aunque con ese tono descarado que le era tan típico. Era imposible saber cuánto de eso era una fachada y cuánto era genuino, pero—
—¡En un giro inesperado, logramos reclutar a Meili como nuestra asesora de mabestias!
—Será mejor que no te emociones tanto —advirtió ella, suspirando con fastidio mientras volvía su mirada hacia todos… en especial hacia Emilia.
—Es peligroso creer en lo que dice la gente, así como así. Podría estar diciendo todo esto solo para tener una excusa y escapaaar.
—Eso podría ser, sí. Pero tampoco es como si te estuviéramos obligando a quedarte aquí.
Subaru valoraba la advertencia de Meili, pero si alguna vez decía que quería irse, él siempre había tenido la intención de escucharla. Así que ya era un poco tarde para advertencias como esa.
—Por ahora preferiría que no lo hicieras, pero si algún día decides que quieres irte y vivir por tu cuenta, eres libre de hacerlo. Solo ten cuidado de que tu mamá aterradora no te encuentre.
—¿O sea que me estás diciendo que me puedo ir a morir por ahí, siempre y cuando no te cause problemas?
—Tal vez cuando pensaba que ser cínico era algo genial... pero ya no pienso así.
Veía un poco de sí mismo en la manera tan prematuramente desencantada en que Meili veía el mundo. Todos pasan por una etapa en la que creen que ser diferente los hace interesantes, pero...
—Por lo que a mí respecta, quiero que las personas que han cruzado caminos conmigo tengan una vida decente… y una muerte decente. Si decides irte, puedes hacerlo. Solo… mándanos una carta, ¿sí? Eso es todo lo que te pido.
Al decirlo, Subaru reflexionó un momento. Era algo raro asumir que ella simplemente se iría. Iban a necesitar su fuerza más adelante. Su vida también estaba por comenzar de nuevo.
—…Me pregunto si así fue como domesticó a Beatrice y a Petra. Definitivamente no puedo bajar la guardia contigo, hermanito.
—¿Eh? Siento que eso sonó peor de lo que esperaba...
Haciendo una mueca ante cómo la conversación derivó en otra acusación en su contra, Subaru buscó apoyo con la mirada. Pero, por alguna razón, Emilia, Frederica e incluso Anastasia evitaron mirarlo.
El único que sostuvo su mirada fue Julius, quien asintió con una expresión comprensiva.
—Cómo decirlo… Se te da bien persuadir a las chicas. Aunque, no creo que sea realmente bueno ser reconocido por una habilidad así.
—¡Es por cosas como esa que la gente sigue diciendo que soy un lolimancer! ¡Y para que conste, Meili no es tan pequeña, así que no cuenta!
Herido por el tono genuinamente impresionado de Julius, Subaru pisoteó el suelo y señaló la entrada. Justo en ese momento, alguien entró por la puerta—
—Betty pensó que había mucho ruido. Supongo que Subaru está haciendo otro escándalo, supongo.
La niña de apariencia más joven había regresado tras terminar su conversación secreta con Roswaal.
Lo que siguió fue un pequeño altercado entre ella y el Nicromante... pero esa ya es una historia para otro momento.
7
Con la decisión de Meili de unirse al emocionante "tour del Sabio", uno podría pensar que liberarla causaría cierta controversia… pero la realidad fue algo diferente.
—No veo i~inconveniente. La señorita Emilia siempre ha tenido el derecho de decidir qué hacer con ella. Y en el caso de que ocurra ese uno en un millón de escenarios catastróficos, tú serás el que tendrá que lidiar con el problema~aa, ¿no, Subaruuu?
El amo de la mansión no tenía objeciones, y Meili fue formalmente liberada de su encierro en ese mismo instante.
Y aunque su posición era algo peculiar, ya que iba a ayudarlos en su misión, también se le asignó una habitación propia dentro de la mansión. En cuanto a lo que haría después de que terminaran su viaje actual… eso quedaba en manos de Meili.
Subaru, al menos, quería que ella tuviera un lugar al que pudiera volver si alguna vez lo deseaba.
Con eso, ya habían resuelto la mitad de las razones por las que habían pasado por la mansión. Solo quedaba…
—Oye, Petra, ¿no crees que ya es hora de que te animes un poco?
—No es como si estuviera especialmente molesta. Eres libre de irte otra vez a algún lugar lejano y peligroso, o donde se te dé la gana, señor Subaru.
Petra hablaba con el ceño fruncido y el rostro sonrojado mientras se alejaba por el pasillo, dejando a Subaru disculpándose una y otra vez a su espalda.
La persona más en contra del emocionante "tour del Sabio" propuesto por Subaru era Petra.
La razón de su enojo no era otra que su terrible costumbre de romper promesas.
—Sé que prometí que me lo tomaría con calma un tiempo después de volver de Priestella… pero con lo que ha pasado, no hay tiempo para eso. Por favor, entiéndelo. Lo siento mucho.
—¡Lo que sea! ¡Simplemente no lo entiendes en lo absoluto!
Mientras Subaru intentaba disculparse por romper su promesa, Petra se dio la vuelta de golpe y lo fulminó con la mirada. Subaru no pudo evitar ponerse recto ante esos ojos amenazantes. Ella lo miró desde abajo y soltó un suspiro leve.
—Vas a ir a un lugar peligroso otra vez, ¿no es así?
—N-no está garantizado que sea peligroso, ¿sabes? No es imposible que sea un tour agradable, barato y seguro…
—Me preocupo por ti. Siempre sales corriendo al frente cuando las cosas se ponen feas. En Priestella también fue muy peligroso. El señor Otto y los demás mu… casi mueren.
—No lo mates otra vez, por favor.
Otto ya muere demasiado como está.
Subaru entendía por qué la gente tenía esa impresión general, pero prefería que Otto no fuera eliminado tan fácilmente. Si moría, Subaru tendría que reiniciar. Dicho eso, tampoco iba a decir que tenían una amistad tan fuerte que ni la muerte la rompería.
—No tienes que ser tú, ¿sabes? Podrías dejarle esto a otra persona… alguien más fuerte. No sé, ¿por qué no el maestro? Parece tener bastante tiempo libre.
—Entiendo tu frustración diaria con Roswaal, pero no busquemos excusas activamente para echarlo de la casa. Me preocupa la fricción dentro del grupo.
Subaru podía pasar por alto que Petra le exprimiera un trapo sucio en el té a Roswaal, pero si pasaba de eso, ya no podría quedarse de brazos cruzados. Las bombas debían desactivarse antes de que estallaran. Esa era la ley de hierro en cualquier juego con sistema de afecto.
Pero los ojos de Petra hablaban en serio cuando le decía cuánto le preocupaba, así que Subaru no quería tomarlo a la ligera con una broma.
Tampoco quería faltarle el respeto a Petra con una evasiva a medias o alguna excusa barata cuando ella se estaba tomando el asunto con seriedad.
—Entiendo por qué estás preocupada. El desierto al que vamos supuestamente está plagado de mabestias, y tiene el récord mundial Guinness en densidad de miasma, al parecer. Y para colmo, escuché que ese Sabio no es precisamente sociable… lleva rechazando visitantes durante unos cuatrocientos años. Pero, aun así, no puedo dejarle esto a otra persona.
—¿Por qué? No puedes creer de verdad que eres fuerte, ¿cierto, señor Subaru? Ya es más que suficiente con que el señor Garfiel tenga ese malentendido tan vergonzoso.
—¡Tu sistema de calificaciones es despiadado! ¡No dejes que Garfiel escuche eso!
Las evaluaciones de Petra eran tan estrictas que harían temblar a cualquier chico si supiera cómo lo tenía calificado.
Desde su perspectiva, al parecer solo la sabiduría merecía respeto, y la fuerza casi no sumaba puntos. Petra era especialmente difícil de complacer, ya que ni siquiera compartía qué era lo más importante para ganar puntos en su escala.
—Bueno, dejando a Garfiel de lado por ahora… no es que crea que no hay nadie mejor que yo para este trabajo. Viéndolo fríamente, lo más seguro sería dejarlo todo en manos de Reinhard.
—Entonces, ¿por qué no lo haces?
—…Probablemente porque quiero ser la primera persona que ella vea cuando despierte.
No dijo a quién se refería, pero no necesitaba hacerlo para que Petra entendiera.
La chica que seguía sumida en su sueño profundo—si lograban encontrar la forma de despertarla en la torre del Sabio, entonces él quería ser quien lo hiciera.
Incluso si había alguien mejor para la tarea. Incluso si había más probabilidades de éxito con otro. Él no podía ceder eso. No quería hacerlo. Era su egoísmo el que hablaba… y Subaru lo sabía perfectamente.
—Si dejo de lado todas las emociones, entonces… no importa quién la despierte. Si eso puede salvarla de estar atrapada así, da igual el cómo o el quién.
—…Mmm-hmm…
—Pero cuando pones la emoción en la ecuación… quiero ser yo. Quiero ayudarla con mis propias manos. Quiero ser quien la despierte. Con todo mi ser, quiero ser yo quien la salve.
—Por eso va Natsuki Subaru.
Aunque hubiera personas más fuertes, más sabias, más capaces.
Aunque fuera solo egoísmo, Natsuki Subaru iba a ir.
Para salvarla. Para ser el que reciba su agradecimiento. Solo por eso.
—Es egoísta. Y perdón por preocuparte siempre.
—…Eres lo peor. Es como si no hubieras cambiado nada.
—¿Hmm?
Subaru ya se había resignado a que Petra lo odiara un poco después de esa confesión tan patética y egocéntrica, mientras extendía la mano para acariciarle la cabeza. Pero ella solo murmuró algo por lo bajo y lo miró hacia arriba.
Había lágrimas formándose en sus grandes ojos, lo que hizo que Subaru vacilara un segundo.
Y al siguiente momento—
—¡Eyy!
—¿¡Isofla…vo…na!? —alcanzó a decir justo antes de que Petra impactara su cabeza directo contra la boca de su estómago.
El ruido extraño que soltó ante el ataque repentino fue todo lo que logró antes de caer de rodillas, sin aire. Petra se escabulló de sus brazos, se bajó un párpado y le sacó la lengua.


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—¡Señor Subaru, idiota! ¡Eres tan egoísta! ¡Haz lo que se te dé la gana!
—P-Petra…
—¡Ve y haz todas esas cosas peligrosas, haz que todos se preocupen, causa problemas a todos los que te rodean y luego regresa como si nada hubiera pasado, como siempre! ¡Hmph!
—Visto así, soy un tipo bastante problemático, ¿no…?
Mientras se ponía de pie frotándose el pecho, Subaru tuvo un momento de reflexión. Después de la descarga de Petra, no tenía nada con qué defenderse.
Al final, no había logrado consolarla. Ella, en cambio, ya había hecho las paces con sus propios sentimientos y estaba lista para despedirlo, como siempre.
Subaru se rascó la cabeza con torpeza, sintiéndose patético por tener que depender de todos los que lo rodeaban una vez más.
—Entendido. En ese caso, perdón por hacer esto otra vez, pero voy a lanzarme de cabeza al peligro una vez más. Y voy a regresar, después de meter la pata de un montón de maneras distintas, así que espérame. Ser la primera persona en darme la bienvenida cuando vuelva será tu privilegio especial.
—¿No dejarás que la señorita Frederica o la señorita Ram lo digan antes que yo?
—No, lo prometo.
—¿Tampoco el amo?
—No debería preocuparte eso. Si la primera persona que me encuentre al regresar es Roswaal, entonces le lanzaré un puñetazo.
—…Hmm. Muy bien. En ese caso, lo aceptaré.
Parecía que Petra finalmente se había convencido, y luego de tomar una larga y profunda bocanada de aire, se reconcilió con Subaru con esa promesa.
Y aunque Subaru tenía la mala costumbre de romper promesas, en su corazón juró que esa sí la cumpliría.
—Es que de verdad no tienes remedio, señor Subaru…
Subaru se rascó la mejilla mientras Petra murmuraba aquello.
Ya casi se estaba acostumbrando a escuchar esas mismas palabras de cada persona a la que mostraba la cara.
Y no podía evitar preguntarse cómo iba a compensarles algún día.
8
Siempre que entraba en esa habitación, instintivamente contenía la respiración y caminaba con pasos suaves.
Aunque entrara cantando a voz en cuello y haciendo tap dance, nada iba a cambiar la reacción dentro del cuarto. Aun así, no podía evitar respetar el silencio, quizá porque la chica que dormía en esa cama se veía tan frágil que le daba miedo tocarla siquiera.
—Estoy poniéndome demasiado poético para mi propio bien…
Se quejó de sí mismo con un suspiro mientras acercaba una silla junto a la cama y se sentaba.
Había pasado un mes desde la última vez que la visitó, pero no había habido ningún cambio. Ni en un mes, ni en un año.
Tomando la mano de Rem mientras dormía, la apretó suavemente y comenzó a hablar.
—Perdón por venir recién ahora, después de todo lo demás. Había algunos problemas que resolver primero… No, lo siento, eso solo son excusas.
—...
Naturalmente, no hubo ninguna respuesta por parte de Rem.
—Subaru no esperaba que algo fuera diferente, ni siquiera mientras le hablaba. Aun así, su expresión era serena.
Esa era una cara que Natsuki Subaru solo le mostraba a ella.
A Emilia solo le mostraba una expresión ardiente, como si estuviera dispuesto a renunciar a todo.
A Beatrice solo le mostraba un rostro de confianza total, entregándole su vida sin reservas.
Y a Rem… solo a Rem le mostraba la expresión de debilidad que siempre ocultaba a los demás.
Cada vez que visitaba a Rem de esta forma, le contaba lo que había hecho ese día. En los días en que salía, hablaba de todo lo que había hecho en aquella excursión también. Incluso había adoptado la costumbre de llevar un diario, solo para poder informarle de todo a Rem.
Porque ella estaba atrapada en un abismo de sueño eterno, y no quería que también quedara atrás respecto a sus amigos. Haría todo lo posible para que supiera lo que ellos habían hecho mientras ella dormía.
Había repetido eso día tras día durante un año. Pero por fin, tal vez podrían alcanzarlo.
—Puede que finalmente te alcance.
Subaru había descubierto la existencia del Sabio que podría ser capaz de contrarrestar el poder de la gula.
Le avergonzaba que el motivo por el cual habían encontrado esa chispa de esperanza no tuviera nada que ver con su propio esfuerzo —que otra persona hubiera preparado el escenario—, pero por fin había una luz al final del túnel. Al fin podía actuar por ella, después de pasar tanto tiempo viendo las estaciones cambiar, dejando a Rem atrás.
Había muchas personas en Priestella que habían sufrido el mismo destino que Rem y que también necesitaban ser salvadas.
Pero en el corazón de Subaru, su verdadera razón para emprender ese peligroso viaje a la torre del Sabio… era Rem.
Era una razón egoísta, centrada en él mismo. Pero, aun así, iba a traerla de vuelta. Lo juraba.
Así como ella le había prestado su fuerza en aquellos días y momentos en que él se había sentido más impotente, ahora era su turno de ayudarla. En este momento, cuando más lo necesitaba, Subaru quería estar allí para ella.
—…Au.
—¿?!
Justo cuando hacía esa promesa y cerraba los ojos con fuerza, una voz inesperada lo sacó de golpe de sus pensamientos.
Los abrió de inmediato, sobresaltado… pero Rem dormía en paz, como siempre. No se había movido en absoluto.
—En ese caso…
—Suelta su mano, Barusu. Me duele solo de verte.
—…Eres tú, Ram.
Al girar la cabeza, vio a Ram observándolo desde la entrada de la habitación, con sus característicos ojos fríos.
Él sintió una mezcla de alivio y decepción al mirar hacia donde Ram señalaba y darse cuenta demasiado tarde de que había estado apretando la mano de Rem más de lo que pensaba.
—No puedo soportar ver los delicados dedos blancos de Rem siendo profanados por tu lujuria.
—¿Podrías no decirlo así? Da la sensación de que mi anterior determinación se convirtió de pronto en algo completamente repugnante.
—¿Creíste que tu resolución era pura y desinteresada? Deberías mirarte mejor… Verte desear a mi hermana gemela hace que me preocupe por mi propia seguridad.
—¿Qué tan poca fe tienes en mí? Nos conocemos desde hace mucho tiempo, ¿sabes?
—Já.
Subaru soltó la mano de Rem, y Ram tomó su lugar. Ella sostuvo suavemente la mano de su hermanita y sus ojos color rosa claro se suavizaron mientras miraba el rostro tranquilo de Rem dormida.
—He venido a cambiarle la ropa a Rem para prepararla para su partida. No suda, así que estoy segura de que no la necesita, pero quiero limpiar su cuerpo primero.
—...
—Tienes una mirada lasciva en la cara. Ahórrate tu obscenidad.
—¡No dije nada porque realmente no había nada que decir, pero… ¡¿este es el trato que recibo incluso cuando no digo nada?!
Bajo la mirada desdeñosa de Ram, Subaru se quejó por el trato injusto, pero estaban en el dormitorio de Rem, así que solo apretó el puño y aguantó.
Después de que el nombre y la memoria de Rem fueron robados, la gran mayoría de las funciones corporales parecían haberse vuelto innecesarias para ella.
Cambiarle la ropa y lavar su cuerpo no era por ella, sino por el bien de quienes la rodeaban. Era casi un ritual para asegurarse de que no la habían dejado completamente atrás.
Decir que eran acciones sin sentido era fácil, pero…
—¿Sientes que ahora ella es tu verdadera hermana?
De repente, a Subaru le surgió la pregunta al ver a Ram cuidar tan cuidadosamente de su gemela de una manera tan delicada que, por lo demás, no era para nada característica de ella.
—…
Aunque estaba tratando a Rem con tanto cuidado, no recordaba a su hermanita. Pero había una débil y torcida conexión fraternal, aunque no recordara haber hablado con Rem antes.
Aunque las memorias se hayan perdido, debería ser posible crear nuevas. Quizás esa conexión ya empezaba a brotar entre las dos hermanas, aunque no se hablaran desde hacía más de un año.
—Lo siento… No solo no la recuerdo, sino que, desde mi perspectiva, nunca he hablado con ella. Aunque puedo imaginar que probablemente era alguien de excelencia y solemnidad, similar a mí.
—Era excelente, sin ninguna duda; pero no tengo ningún recuerdo de ella siendo tan solemne. Más bien, había un montón de veces en las que sorprendentemente tenía tanta prisa que se volvía imprudente, lo que me hacía preocuparme.
Subaru recordó cómo había muerto no una, sino dos veces por esa tendencia a sacar conclusiones precipitadas.
—No me digas —respondió Ram con indiferencia—. Hablar de recuerdos perdidos es demasiado retrospectivo. No soy muy fan de eso.
—Ah, ¿sí? Si tú lo dices…
—…Si despierta y puedo recordar, entonces podremos hablar del pasado todo lo que queramos. Y aunque no recuerde, mientras despierte, podremos hablar igual.
La expresión de Ram no cambió mientras miraba el rostro dormido de su hermana y pasaba suavemente los dedos por su cabello. El cabello de Rem caía con delicadeza sobre su pálida frente. Al ver eso, las pestañas de Ram temblaron ligeramente.
En ese momento, Subaru pensó que Ram se veía más hermosa que nunca.
Aunque no recordara, aunque sus memorias estuvieran perdidas, no había forma de que el lazo entre hermanas desapareciera.
Y aunque lo hiciera, no había razón para no volver a construirlo.
—Déjamelo a mí. Conquistaré la atalaya del Sabio, y volveré con buenas noticias… y con Rem despierta. Entonces podrán tener su emotivo reencuentro.
Subaru lo dijo con una voz deliberadamente fuerte y ridículamente alegre.
Los momentos melancólicos y los ánimos apagados no iban con la relación entre Subaru y Ram.
—¿Qué estás diciendo, Barusu?
—¿Eh?
Pero a pesar de sus intenciones, Ram ladeó la cabeza con una mueca burlona. Mantuvo esa postura y mirada mientras continuaba:
—Voy contigo. Cualquier reencuentro emotivo que haya, lo haré por mi cuenta. No me trates con condescendencia.
—¡¿Por qué es la primera vez que escucho eso?!
Subaru abrió los ojos de par en par mientras Ram resoplaba como de costumbre.
Pero, aunque Subaru estuviera sorprendido, e incluso si insistía, no había ni la más mínima señal de que Ram pensara cambiar de opinión.
Con Ram y Rem involucradas, el emocionante tour del Sabio se había convertido en un asunto familiar mucho más grande de lo esperado. Un camino difícil los aguardaba.
9
Al final, ocho personas partirían en este viaje.
Por supuesto, todas eran necesarias por una razón u otra, y cada una tenía un papel que cumplir, pero Subaru nunca había estado en un viaje largo con un grupo tan grande.
—¿De verdad esto va a salir bien…?
—¿Qué pasa, Subaru? ¿Hay algo que te preocupe?
Al ver a Subaru girando la cabeza y angustiado por el futuro, Emilia se acercó para preguntarle. Llevaba ropa ligera para el viaje.
—Hmm. Ese atuendo te queda realmente lindo, Emilia-tan… Y sí, hay muchas cosas que me preocupan. Para empezar, ¿no es peligroso adónde vamos? Con un grupo tan grande, ¿de verdad vamos a poder proteger a todos?
—Mm, eso es un buen punto. Ram y Rem vienen con nosotros esta vez, y también Meili. Vamos a tener que asegurarnos de protegerlas… y también a Anastasia, y a ti.
—¡¿Qué?! ¡¿Me acabas de poner del lado de los que necesitan protección?!
En cuanto a habilidades de combate, Subaru y Beatrice juntos estaban más o menos al mismo nivel que Ram. Si se trataba de una pelea seria, Emilia y Julius serían quienes cargarían con el peso. Como adolescente, a Subaru le dolía el orgullo tener que depender de ellos para que lo protegieran.
En ese momento, había una carreta estacionada frente a la Mansión Roswaal, y estaban preparándose para partir.
El gran carruaje que habían conseguido para el viaje tenía espacio de sobra para diez personas sin que se sintiera apretada. Visualmente, parecía casi una casa rodante, aunque se impulsaba con dragones de tierra como la mayoría de los otros carruajes. Y uno de los dragones que tiraban de ella era la fiel compañera de Subaru, Patrasche.
—Me encantaría decir que no hay nada de qué preocuparse mientras tenga a Patrasche conmigo, pero…
—Tu truco es llevarte bien con las mabestias, ¿entonces por qué no puedes llevarte bien con un dragón de tierra?
—¡No seas cruel, hermanito!
Las mejillas de Meili se inflaron con indignación.
Se había cambiado la ropa de reclusa, pero no tenía mucho equipaje. Mientras intentaba cargar esa pequeña maleta en la carreta, se había enfrascado en una pequeña pelea con Patrasche.
Meili era amada incondicionalmente por las mabestias, pero aparentemente los dragones de tierra hacían una excepción con ella. No era solo Patrasche. Incluso los otros dragones de tierra gruñían en su dirección.
—Todos parecen odiar el olor a mabestias que tengo. Por eso están enojados.
—Ah, ya veo, por eso…Patrasche, está bien.
Al escuchar eso, Subaru acarició el cuello de Patrasche y le explicó la situación. La orgullosa dragona hundió su nariz en el cuello de Subaru y lo olfateó descaradamente. Si tuviera que adivinar, diría que estaba intentando sobreescribir el olor de Meili con el suyo.
—Patrasche suele ser tan considerada. Para que esté tan abiertamente hostil… Ustedes dos realmente no se llevan bien…
—Los otros me dan iguaaal, pero con esa dragona definitivamente es imposible llevarme bien. Está demasiado encariñada contigo. No me dejes sola con ella. ¡Podría comerme!
—¡Como si eso fuera a pasar! ¡Mi Patrasche es vegetariana!
Tranquilizando a su fiel dragona, que se había alterado un poco, Subaru empujó a Meili dentro del carruaje.
Y justo cuando se secaba el sudor de la frente, tras cumplir con una tarea…
—Sé que estás ocupado ganándote el favor de las chicas, ¿pero podría robarte un mo~omento?
—¿Puedes dejar de usar descripciones tan escandalosas? Me haces sonar como si fuera predeciblemente idiota o algo así…
Respondiendo a esa pregunta maliciosa, Subaru se giró y vio a Roswaal sonriendo y saludando con la mano.
Emilia y Julius estaban de pie junto al marqués, con su atuendo de bufón. Subaru se acercó mientras pensaba en lo extraña que era esa combinación de tres personas. Cuando llegó, Roswaal les guiñó un ojo a los tres.
—Ahora bien, respecto a este viaje, va a ser bastante largo y probablemente muuuy difícil. Así que hay un favor que quería pedirte duuurante el trayecto… sobre Ram.
—…Marqués Mathers, ¿es apropiado que yo esté presente en esta conversación?
Subaru y Emilia guardaron silencio, pero Julius frunció el ceño. Iba a unirse a ellos en el viaje, pero técnicamente seguía siendo un externo, no parte de la Facción de Emilia, así que naturalmente se preguntaba por qué lo estaban incluyendo en esa conversación.
—No estoy causando problemas sin motivo. Después de observar cómo te comportas aquí en la mansión y la forma en que te relacionas con Subaru y los demás, he juzgado que se puede confiar en ti. Y por eso, tengo una petición. ¿Qué me diiices, Julius?
—Eso es lo más sospechoso que has dicho en un buen tiempo, Ros-chi.
—Lo siento, pero yo estaba pensando lo mismo…
La respuesta de Roswaal provocó que Subaru y Emilia se volvieran aún más suspicaces.
Incluso dejando de lado experiencias pasadas, esa era una afirmación extraña viniendo de Roswaal. Él mismo pareció notarlo, porque sonrió con ironía.
—Lo siento. Es comprensible que suene poco convincente. Pero, aun así, hay algo que me gustaría pedirle a Julius, ya que es un asunto de vida o muerte.
—¿De vida o… ¿Tiene que ver con la constitución de la señorita Ram?
—¡Vaya, vayaaa! Pensar que lo notaste… Eres incluso más perspicaz de lo que imaginaba.
Roswaal quedó impresionado de que Julius hubiera captado el meollo del asunto antes de que siquiera lo explicara. El marqués asintió y dibujó una especie de figura en el aire con su dedo.
—Si ya lo has notado, eso simplifica las cosas. El cuerpo de Ram no puede contener por completo su talento desbordante. Por eso, su cuerpo siempre está bajo tensión. El cansancio y el dolor son sus compañeros constantes… aunque no lo demuestre, porque por naturaleza es una chica valiente y de gran fortaleza.
—¿Qué? No puede ser…
—No es inesperado que te sorprendas, señorita Emilia. Porque esa chica es demasiado fuerte.
Emilia dio un leve jadeo, mientras Roswaal movía la cabeza lentamente de un lado a otro.
Subaru estaba igual de sorprendido que Emilia. Había escuchado que Ram había perdido su cuerno y su fuerza de antes. Rem había dicho que la fuerza de Ram era inaudita incluso entre la tribu Oni.
Pero no sabía que perder su cuerno la seguía atormentando hasta el día de hoy.
—Ya veo; entonces entiendo lo que tenías en mente.
Julius asintió como si lo comprendiera todo solo con escuchar eso. Roswaal levantó una ceja, mientras Subaru y Emilia se miraban entre ellos.
—Acabamos de confirmar lo que le pasa al cuerpo de Ram. ¿¡Y qué se supone que puedes deducir con solo eso!?
—La mala condición de su cuerpo es evidente. Si un conducto defectuoso está afectando su salud, entonces algo tiene que reemplazarlo. Lo más probable es que tú mismo hayas estado manejando eso hasta ahora, ¿no es así, marqués Mathers?
—Correcto, Julius. Realmente es una pena que no pueda recordarte…
—¡Ahh! ¡Con que eso era…!
Mientras Roswaal admiraba la intuición de Julius, Emilia juntó el puño con la palma al fin comprendiendo también.
Mientras los tres parecían haberse puesto en la misma sintonía, Subaru no podía seguir el ritmo con su conocimiento básico y empezó a mostrarse irritado.
—¡Oigan, no vayan todos alcanzando la iluminación al mismo tiempo y luego se queden callados! ¿¡Entonces qué es!?
—Es simple, Subaru. El cuerpo de la señorita Ram sufre de una deficiencia similar a la tuya. Así como la señorita Beatrice hace contigo, Ram necesita a alguien que regule su maná.
—Cada noche, lo regulo en seeecreto para ella.
—Ah, ¿cada noche…? ¡Ah!
Con esa explicación, algo hizo clic en la mente de Subaru.
Recordó la imagen de Ram yendo a la habitación de Roswaal cada noche. Para ser sincero, al principio había asumido que era un encuentro secreto entre amo y sirvienta, y había desviado la mirada de las imágenes explícitas que esa idea traía consigo. Ahora se daba cuenta de que, en cierto sentido, se trataba de un tipo de tratamiento para Ram.
—Sin embargo, hay un problema, marqués Mathers. Se trata de esa petición. Siento que no soy lo suficientemente competente para aceptarla.
Mientras el rostro de Subaru se sonrojaba al darse cuenta de que había estado malinterpretando todo durante más de un año, Julius compartió su opinión al respecto. Los ojos de Roswaal se entrecerraron ante esa respuesta inesperada.
—No parece que estés siendo simplemente humilde, ni que busques evitar ayudar a una facción rival. Gestionar el Odo de Ram exige aptitud para manipular varios colores de magia. En ese sentido, pensé que tú eras el más indicado…
—Señor Mathers, probablemente tiene expectativas sobre mí debido a estas chicas que me rodean.
Los labios de Julius se suavizaron, como si lo hubieran atrapado en un momento de debilidad.
Por un instante breve, varias luces tenues y cálidas flotaron a su alrededor. Seis colores brillaron en el aire. Eran los espíritus con los que Julius había hecho contrato. O, mejor dicho, con los que solía tener un contrato.
—Acerca de mis pequeños brotes… ahora, su conexión conmigo ha desaparecido. Si aún tuviera mi título, no tendría ningún reparo en aceptar una petición.
—Tu contrato con los espíritus terminó cuando te robaron el nombre, ¿cierto? Y, aun así, a pesar de haber perdido esa conexión, parece que todavía no quieren dejarte sooooolo.
—Sospecho que se debe a los restos del lazo que una vez compartimos. O tal vez, la conexión sigue ahí, aunque ellos ya no puedan percibirla. Sea como sea, es solo su compasión lo que los mantiene a mi lado. Me temo que no puedo ser de mucha ayuda solo con mi fuerza actual.
Al observar a los cuasiespíritus, Julius suspiró con abatimiento.
—En este momento, no puedo hacer más que servir como un simple caballero. Mis disculpas.
—Yaaa veo. Es una lástima. Decepcionante que haya salido así, pero…
—Está bien. Yo haré todo lo posible por cubrir lo que Julius no pueda hacer.
Emilia dio un paso al frente y colocó firmemente una mano sobre su pecho mientras Julius guardaba silencio. Sus ojos púrpuras rebosaban determinación, si bien no del todo seguridad. Esa disposición a dar el paso y hacer lo que estuviera en sus manos era una de sus mayores fortalezas.
—Roswaal, déjamelo a mí. Haré todo lo posible si es por el bien de Ram.
—Sí, por supuesto. Si no puedo contar con la fuerza de Julius, entonces no me queda más que confiar el destino de Ram a ti, señorita Emilia. Puedes hablar con Ram misma y con Beatrice sobre los detalles.
—Lo de Ram lo entiendo, pero ¿a qué te refieres con Beako?
—Cuando se trata de teoría y aplicación práctica de la magia, Beatrice es muuuy competente. Es un desperdicio de su talento que esté contratada contigo, pero en cuanto a conocimiento, es comparable incluso a mííí.
—Perdón por desperdiciar su talento, pero al menos lo compenso con amor.
No era realmente un contraargumento, pero Subaru igual quiso enfatizar su amor por Beatrice. No dudaría en ponerla como fondo de pantalla en su teléfono y su computadora. Aunque, claro, esa analogía no tendría mucho sentido en este mundo.
En cualquier caso, la petición de Roswaal resultó ser sorprendentemente directa y genuina.
Si era por el bien de Ram, Emilia haría todo lo que estuviera en su mano, y Subaru también hablaría con Beatrice al respecto.
—Aun así, me sorprende que hicieras una petición tan sincera. ¿Estás bien?
—Es bastante admirable. Es la primera vez que Ram ha dicho que se alejará de mi lado.
—…
Roswaal no reaccionó al comentario irreverente de Subaru, respondiendo con un tono serio que lo dejó sin palabras.
—Ram puede sentirlo, incluso si no puede recordarlo, estoy seguro. Fue bastante aterrador verla rebelarse contra mí con tanta emoción. Por eso quería pedirles esto.
—…Sí, lo tendré en cuenta.
Subaru sintió que algo había cambiado en el corazón de Roswaal debido a la decisión meditada de Ram. Incluso después del incidente en el Santuario un año atrás, Ram seguía siendo devota a Roswaal.
Tal vez incluso Roswaal se había conmovido por la dedicación de Ram, a pesar de priorizar su mayor deseo por encima de todo.
Que fuera un ser humano incapaz de lidiar con emociones que no podía contener era, sin duda, mejor que que fuera un monstruo incomprensible.
—Parece que es hora.
Antes de que Subaru pudiera decir algo más, Roswaal se dio la vuelta.
A sus espaldas, la puerta de la mansión se abrió, y de su interior salieron cuatro chicas. Todas eran sirvientas de la Mansión Roswaal, y verlas juntas ofrecía una imagen imponente.
Por supuesto, una de ellas aún estaba dormida, y su gemela vestía ropa de viaje, así que el cuadro no estaba del todo completo.
—Amo, ya están listas las preparaciones para que ambas partan.
—Buen trabajo. Ten cuidado en el camino, Ram.
Después de recibir el informe tranquilo de Frederica, Roswaal se volvió hacia Ram, quien ya llevaba ropa de viaje. Ram hizo una reverencia.
—Gracias por concederme esta petición tan egoísta. Regresaré con resultados que estén a la altura de sus expectativas.
—Tengo grandes expectativas. Pero nooo te esfuerces imprudentemente. Y cuida también de las imprudencias de la señorita Emilia y Subaruu. Supervisarlos taaambién es tu papel.
—Sí, amo.
Subaru estaba a punto de lanzar un comentario sarcástico, pero la mirada afilada de Ram lo silenció. Tras encogerse, Subaru desvió la atención hacia la persona que estaba junto a ella.
Rem vestía ropa para salir y era empujada por Petra en una silla de ruedas, algo que Subaru había recreado usando sus recuerdos de su mundo original.
La Mansión Roswaal estaba bastante cerca de Castour, el famoso centro industrial de Lugunica. Usando las habilidades de los artesanos del lugar, Subaru pudo crear otro producto más de su conocimiento extramundano.
—El mantenimiento será complicado en un viaje tan largo, pero me encargaré de ello.
—Es usted bastante habilidoso, señor Subaru, y los artesanos indicaron que debería ser resistente siempre y cuando no se maneje de forma imprudente. Sin embargo, tenga cuidado con la arena.
—Por favor, tenga cuidado, Su... señor Subaru. Por favor, cuide bien de Rem.
Con la aprobación de Frederica, Petra dejó que Subaru tomara el control de la silla de ruedas. Colocándose detrás de Rem, comprobó que no había problemas para moverse sobre terreno plano.
—Bien, se siente bien. Frederica, Petra, cuiden la mansión mientras estamos fuera.
—Deje al amo en nuestras manos.
—Y a los señores Otto y Garf también.
Frederica y Petra asintieron mientras Subaru hacía una última revisión a la silla.
Esta vez, el viaje se estimaba que duraría unos dos meses como mínimo, así que lo más probable era que Otto se recuperara en Priestella y regresara a la mansión antes que ellos.
Confiando en que ambas mantendrían todo bajo control hasta entonces, Subaru empujó la silla de ruedas hacia el carruaje.
—Bueno. Me cuesta irme, pero supongo que ya es hora.
—Barusu.
De repente, la voz de Ram golpeó a Subaru por la espalda.
—¿Eh? ¿Qué pasa? ¿Hay algo que te molesta?
—No, no es eso... Figúralo tú.
—¿Figúralo…?
Frunció el ceño, y entonces se dio cuenta de que su mirada estaba fija en sus manos. En otras palabras, en la silla de ruedas de Rem.
—Si quieres que cambiemos, solo dilo.
—Considerando lo que significa que venga contigo y lo que eso dice sobre mi objetivo, debería ser obvio que deberías cederme esto... Aunque lo entendiste sin que tuviera que decirlo, lo cual supongo que cuenta como un pequeño punto a tu favor. A regañadientes, Subaru dejó que Ram tomara su lugar, y ella empujó la silla de ruedas en su lugar. Se movía lentamente hacia el carruaje, como si cuidara a su hermana dormida.
Observando a las dos, Subaru sintió de pronto que alguien le tomaba la mano libre.
—¿Beako?
—No tienes que poner esa cara tan patética. No es como si tus sentimientos perdieran frente a los de su hermana mayor, de hecho. Supongo que solo debes hacer lo que puedas, a tu manera, supongo.
—No es que esté deprimido por eso... Bueno, tal vez un poco.
Subaru no había pensado que se sentiría como si le hubieran arrebatado su papel, pero no pudo evitarlo. Se pellizcó la mejilla con su mano libre y tiró de ella con fuerza.
Después de eso, otra mano pálida le robó la que le quedaba libre.
—Si vas a usar así la otra mano, entonces esta me la quedo yo.
—Urgh. Emilia-tan…
—Betty se pregunta qué harás cuando ella despierte, si ya te estás quedando sin manos tan rápido, de hecho.
—Ah, yo también tengo curiosidad por eso.
Con Beatrice y Emilia a cada lado, Subaru las miró sin saber cómo responder. Pero lo único que recibió fueron una leve mirada fulminante y una sonrisa amable de ambas. Y para colmo, podía sentir la mirada de Petra atravesándole la espalda y el gélido desprecio en los ojos de Ram cuando, tras llegar al carruaje, se giró para mirarlo. Abandonado y rodeado por todos lados, la expresión de Subaru se tensó. Y, para rematar, Julius lo observaba mientras asentía para sí mismo.
—¿Y tú qué miras con esa cara? ¡Si tienes algo que decir, dilo de una vez!
—Ya veo. En ese caso, permíteme hacer un comentario: rodeado de mujeres tan hermosas, eres un verdadero afortunado. Pero no puedo evitar preguntarme… ¿te alcanzan solo dos manos para complacer a todas estas bellezas?
—¿¡Qué?! ¿¡Todos están en mi contra o qué?! ¿¡Hice algo malo, acaso!?
Julius se encogió de hombros con expresión lastimera mientras el grito patético de Subaru resonaba en el aire. Por desgracia, no había ningún consejero militar ni apoyo interno que respaldara a Subaru. Durante los dos meses siguientes de viaje, tendría que arreglárselas como pudiera.
Consciente de lo desesperada que era su situación, Subaru sintió crecer en su interior tanto el afecto como la confianza al notar el calor que llenaba sus dos manos, igualado solo por la creciente ansiedad que le recorría el cuerpo.
Y así pasó la mañana de la partida.