Interludio - Gorgeous Tiger Recargado
Interludio
Gorgeous Tiger Recargado
1
—Siento que muchas cosas han quedado en el aire.
—...
Dando un leve impulso con el pie, su cuerpo saltó con gracia fuera del edificio colapsado.
Liberado del espacio estrecho, aspiró profundamente el aire limpio y fresco. El cielo sobre su cabeza estaba casi insultantemente despejado y azul, ignorando todo el caos que reinaba abajo.
—¡Ah, volvió, volvió! ¡Eres increíble, colega!
Aterrizó con un golpe sordo sobre el camino agrietado, y la gente que estaba cerca lo notó y comenzó a aplaudir.
Fuera del edificio, decenas de personas trabajaban duro para despejar los escombros. Todos estaban sudando, con los rostros cubiertos de tierra y polvo mientras realizaban sus tareas.
—¿Cómo estaba la cosa adentro?
—Perdón, no hay nada que informar. Al menos, no parece que haya quedado nadie atrapado.
—Ya veo… Entonces nos encargaremos de este edificio más tarde.
—Gracias. No podíamos revisar por nuestra cuenta con las escaleras destruidas.
El rostro del hombre de expresión afable se ensombreció por un momento al oír la respuesta de Garfiel. Aunque podía imaginar el motivo, su lengua encontró otra cosa que decir, en lugar de ofrecer consuelo.
—No podía quedarme mirando cómo hacían algo tan peligroso. Atarse una cuerda a la cintura y trepar por la pared es una buena idea, pero mejor guárdala pa’ cuando hayas perdido unos kilitos.
—¡Eso lo dices otra vez y te lo firmo! ¡Wah-ha-ha, de verdad me salvaste ahí!
El hombre soltó una carcajada y le dio una palmada en el hombro a Garfiel.
—Gracias, colega.
Con eso, él y los demás comenzaron a dirigirse al siguiente edificio.
—Oye…
—Ya dije que no podía quedarme mirando, ¿verdad? Déjenme ayudar también.
Los ojos del hombre se abrieron de sorpresa cuando vio que Garfiel comenzaba a caminar con ellos, pero sus labios temblaron ligeramente hasta que se le dibujó una sonrisa.
—Sí, claro, colega. Te lo agradezco. ¿Cómo te llamas?
—Garfiel.
Garfiel se despeinó su corto cabello rubio mientras entrecerraba sus ojos verdes. Miraba el paisaje urbano frente a él, con las señales de la enorme lucha aún visibles bajo ese irritantemente despejado cielo azul.
2
Habían pasado cinco días desde que el incidente en Priestella se resolvió.
Fue una batalla terrible que bien podría llamarse un asalto total por parte del Culto de la Bruja, y dejó cicatrices espantosas en la ciudad.
No solo daños físicos, sino también todo el trauma psicológico que los cultistas infligieron.
Como mínimo, no era el tipo de daño que podía curarse en apenas cinco días.
Todos en la ciudad habían sido heridos de algún modo, grande o pequeño.
Y Garfiel, a pesar de ni siquiera ser residente del lugar, no era una excepción.
—El capitán probablemente vio de inmediato en qué ‘staba pensando.
Dos días antes, Subaru y el resto habían partido rumbo al este, en busca de un remedio para las cicatrices que habían quedado en la ciudad.
Se decía que el legendaria Sabio, uno de los tres grandes héroes, residía en la Atalaya Pléyades, en las Dunas de Arena de Augria al este.
Esperaban que el sabio pudiera saber algo o tener una idea que los ayudara a resolver la situación estancada. Ese era el objetivo de su viaje.
Pero el camino que los esperaba era peligroso. Garfiel debía haberlos acompañado para protegerlos. Pero—
—“Vigila a Otto y asegúrate de que no haga ninguna tontería. Además, no hay garantía de que los cultistas no vuelvan a intentarlo. Si eso pasa, contaremos contigo.”
Ese fue el encargo que Subaru le dio a Garfiel antes de marcharse.
—Tiene sentido. Es quien menos se valora de nosotros, y no podemos bajar la guardia contra el Culto de la Bruja y su crueldad.
Afortunadamente, el grupo que acompañaba a Subaru estaba con el ánimo en alto—Garfiel tenía que reconocer la resistencia de Emilia. Por alguna razón, ella estaba aún más motivada que de costumbre, a pesar de todo lo que había pasado.
Y no recordaba bien a ese caballero Julius, pero claramente era fuerte, y Anastasia, quien iba a ser su guía, era una mujer dura.
—No tengo por qué preocuparme por ellos.
Claro que Garfiel también entendía que todo eso no era más que excusas para sí mismo.
Subaru era un tipo que luchaba contra el destino con cada fibra de su ser.
Si pensaba que era necesario, habría arrastrado a Garfiel con él incluso si Garfiel estaba destrozado. Y si Subaru lo decía, Garfiel lo habría seguido, aunque estuviera al borde de la muerte. Pero…
—Solo significa que ahora mismo no le sirvo de nada… No se puede engañar a sus ojos.
Es un veterano cuando se trata de leer el estado de ánimo de una persona, y pudo ver a través de mí.
Garfiel comprendía cómo su falsa valentía y la debilidad que escondía habían quedado al descubierto. Sabía por qué lo habían dejado atrás.
—… ¿Pero entonces qué hago? ¿Cómo…?
Podía notar que estaba estancado, sin avanzar. E incluso tenía una idea del porqué.
Pero no sabía cómo seguir adelante o si siquiera debía hacerlo.
—… ¿Qué mierda tiene de maravilloso alguien como yo…?
Había una profunda confusión en su murmullo apagado, una confusión nacida de las últimas palabras que aquel héroe le había dejado.
Garfiel no podía soportar ver lo patético que se sentía, así que trataba de escapar de ello ayudando en las labores de reconstrucción por toda la ciudad.
Las heridas de la batalla aún no habían sanado del todo, pero aun así había hecho más de diez veces el trabajo de una persona común.
Removiendo escombros, revisando edificios en peligro de derrumbe… se entregaba por completo a ayudar a la gente y al proceso de restauración.
Cuando se mantenía en movimiento, cuando trabajaba para ayudar a otros, podía olvidar sus preocupaciones, aunque fuera por un momento.
Podía evitar pensar en el hecho de que simplemente estaba sobreviviendo… y también evitar que los demás notaran su debilidad.
Garfiel sabía que ese tipo de evasión no era algo digno de elogio. Pero había personas que se salvaban gracias a ello, y el número de quienes lo admiraban seguía creciendo, aunque fuera solo por todo el esfuerzo que estaba poniendo.
Y Garfiel ni siquiera se había dado cuenta de eso—
—¡Oh, Garf! ¡Estás al máximo, eh! ¡Siempre estás trepando por algún sitio!
Pero, aunque se hiciera el distante y buscara quedarse solo con sus preocupaciones… eso no significaba que no fuera querido.
3
—Hmmhmmhmmh,hmmm, hmmhmmhmmh,hmmm.
—…Estás de muy buen humor.
Garfiel se encogió de hombros mientras Mimi tarareaba alegremente una melodía caminando a su lado.
Había dejado momentáneamente el trabajo de reconstrucción para salir a almorzar con ella.
La verdad, habría preferido seguir trabajando para mantener alejadas sus preocupaciones, pero Mimi era imparable, y prácticamente lo había arrastrado con ella a la fuerza.
—¡Sip, muy feliz! Hetaro y Tivey no paraban de fastidiar a Mimi para que se comportara. Pero el capitán perdió un brazo y está todo muy ocupado, así que Mimi tiene que mantener las cosas en orden como teniente.
—Te dije que no te lo tomaras tan a pecho.
Mimi ahora balanceaba los brazos con entusiasmo, pero apenas unos días atrás había estado al borde de la muerte.
—¡Gah!
Garfiel la agarró del cuello del abrigo, sin ganas de volver a lidiar con que reabriera sus heridas otra vez.
—¡Ah-ja-ja-ja!
Pero cuando Garfiel la levantó en el aire con su cuerpo ligero, ella le dedicó una sonrisa al encontrarse con su mirada.
Al ver esa expresión despreocupada en su rostro, Garfiel no pudo evitar sentir que todas sus preocupaciones eran absurdas.
—Con todo lo que te pasó, nunca se te ve preocupada, ¿eh?
—¡¡Nop!! ¡Mimi es una mujer superfuerte! ¿Te enamoraste de Mimi ahora? ¿Sí, ¿sí?
—No.
—¡Oki doki!
Mimi no mostró ni una pizca de decepción ante su respuesta, y con agilidad se balanceó para treparse sobre su hombro.
Era molesto, pero si la bajaba, seguramente volvería a excederse, así que decidió dejarla hacer lo que quisiera.
Era la pesadilla de los sanadores. Aun cuando su propio cuerpo estaba en juego, se negaba absolutamente a descansar y recuperarse.
—Tus hermanos deben estar siempre preocupados por ti.
—Ah, ¿Hetaro y Tivey? Pues, aunque Mimi se siente así de bien, ellos siguen algo tocados, ¿sabes? Pero no hay nada que hacer, ¡porque cargaron con muchas de las heridas de Mimi!
Sentada sobre el hombro de Garfiel, Mimi cruzó los brazos y asintió enérgicamente para sí misma.
Se refería al hecho de que sus hermanos menores habían compartido sus heridas con ella gracias a la bendición tripartita que los unía.
Eran trillizos, y aparentemente podían repartirse entre ellos tanto las heridas como el agotamiento.
Los dos habían compartido la herida que estuvo a punto de matar a Mimi, y por eso Hetaro y Tivey aún no se habían recuperado del todo.
—Parece que tus hermanos no reciben mucho reconocimiento. Deberías estar más agradecida con ellos.
—¿Agradecida, ¿eh? ¡Mimi entiende lo que quieres decir! ¡Pero Mimi es la hermana mayor! ¡Hetaro y Tivey necesitan que se les regañe bien!
—¿Eh?
—Mimi agradece mucho el gesto, pero si se hubieran muerto por meterse en los problemas de Mimi, ¡eso sería muy triste! ¡La vida de todos es especial! ¡Pero la de ellos es realmente, realmente especial! ¡Así que no está bien, ¿no?!
Garfiel abrió los ojos con sorpresa mientras Mimi se inclinaba para mirarlo de frente.
Se había preparado para uno de sus giros lógicos sin sentido… pero esta vez no fue así.
—Eso fue sorprendentemente razonable viniendo de ti.
—¡Por supuesto! ¡La hermosa Mimi es muy lista! ¡Una joya! ¿Te enamoraste de Mimi ahora? ¿Sí, ¿sí?
—No.
—Oki doki. Qué lástima.
Garfiel volvió a responder con indiferencia, pero Mimi sonrió igual, sin inmutarse en lo más mínimo.
Al apartar la vista de su sonrisa tan franca, Garfiel suspiró.
—Pero apuesto que tus hermanos sienten lo mismo.
—¿Hmm?
—Si su hermana mayor se estuviera muriendo, no se quedarían de brazos cruzados, ¿no? Harían lo que fuera necesario.
—Mmmmmm…
Claro que él podía entender la lógica de Mimi. Saber que había gente dispuesta a darlo todo por ti era reconfortante… pero también aterrador.
Garfiel no podía pedirle a alguien que amaba que muriera con él.
No era algo que pudiera siquiera imaginarse diciendo.
—¿Y Ram…?
Si se tratara de ella, sentía que podría aceptar morir con alguien que amaba, o que alguien que amaba muriera con ella.
Pero si eso llegaba a pasar, Ram solo tendría ojos para una sola persona… Y solo de pensarlo, eso le resultaba realmente irritante.
—¡Mmmm! ¡No, sigue sin estar bien! ¡Mimi sigue muy enfadada! ¡Y punto!
Mientras Garfiel se perdía en sus pensamientos, Mimi finalmente llegó a su propia conclusión, golpeando su mano con fuerza.
—Les daré las gracias y ¡pum! ¡Ya sabían lo que Mimi iba a decir cuando lo hicieron! Así que, si lo hicieron de todos modos, pues es lo que hay. ¡Mimi es demasiado querida!
—…
—¡Pero si arriesgaron su vida por mí, entonces significa que quieren que todos vivamos, ¿no?! ¡Entonces Mimi será simplemente la hermana mayor, y Hetaro y Tivey pueden seguir siendo ellos mismos!
De verdad encontraba respuestas como si no hubiera nada de qué preocuparse.
Podía parecer superficial para quien no entendiera su relación, pero a Garfiel le impactaba lo mucho que esa actitud reflejaba una fe y un amor absolutos.
—’Ntonces… ¿por qué me protegiste?
A Garfiel le costó sacar esa pregunta. El hecho de que ella lo hubiera cubierto y recibido una herida que casi le cuesta la vida lo tenía completamente descolocado. ¿Por qué lo había hecho? ¿Qué le permitió actuar así?
Aunque estaba tan molesta con sus hermanos por arriesgar su vida por ella, ¿por qué había arriesgado la suya por Garfiel, a quien apenas conocía desde hacía unos días?
Y eso que él ni siquiera le había dado las gracias o mostrado algún tipo de gratitud por haberlo salvado.
—Porque Mimi se enamoró de ti, así que no pudo evitarlo. Qué vergüenza…
—¡¿Ah…?! ¿Qué estás diciendo después de solo unos días?
Garfiel apretó los dientes ante la respuesta tan embarazosa de Mimi.
Solo habían pasado unos días. Era demasiado poco tiempo como para que nacieran sentimientos así de fuertes.
Él llevaba casi diez años con los suyos creciendo por Ram… un apego que había durado más de la mitad de su vida.
Todo ese tiempo, sin mirar a nadie más, solo a esa chica.
Y aun con todo ese tiempo, jamás se le había pasado por la cabeza rendirse. Así era de profundo lo que sentía, tanto en palabras como en acciones.
Por eso no podía entender cómo una chica tan amada por sus hermanos como para que pusieran su vida en juego por ella… había decidido usar su vida por él después de apenas unos días.
—¡Roshi lo dijo hace mucho tiempo! ¡Lo que se necesita para ser una pareja!
—…Espera, ¿qué?
Era una palabra desconocida para Garfiel. En el instante siguiente, Mimi saltó con gracia de su hombro.
Girando justo delante de él, extendió todos los dedos de ambas manos hacia Garfiel.
—¡Una pareja siempre está junta, por años, décadas, incluso siglos, ¿no?!
—No hay ninguna que dure siglos…
—¡Si los sentimientos son para siempre, entonces un siglo no es nada! ¡Y siempre están juntos, pero aun así discuten, o se pelean por la comida, o cosas así, ¿no?!
—…
—¡Así que Roshi dijo que tienes que elegir a alguien con quien puedas disfrutar hasta esas peleas! ¡Y también dijo que puedes saber si alguien es buen compañero porque sientes una descarga eléctrica en el momento en que lo ves!
—¿Una descarga al verlo…?
—¡Cuando Mimi te vio, sintió eso! ¡Y supo que íbamos a llevarnos así de bien! ¡Así que unos días o unos cientos de años no son nada! ¡Es solo una diferencia de redondeo! ¡Un adelanto de lo que está por venir! ¡Como dijo la señora! ¡El interés es del diez por ciento!
Mimi infló el pecho con una sonrisa, mientras Garfiel soltaba un suspiro.
Estaba desconcertado y completamente confundido. No tenía ni idea de qué estaba hablando. ¿Decía que era como un adelanto de un vínculo que duraría siglos con alguien que se iba a convertir en su pareja?
—…Pero si te hubieras muerto, ‘ntonces no habría significado nada…
—¿Ummm? ¿Estás bien de la cabeza, Garf?
Mimi se tocó la sien con un dedo, ladeando la cabeza con confusión ante la réplica de Garfiel.
—Si pudiéramos morir juntos, ¡entonces también significa que queremos vivir juntos, ¿no?! ¡Y Mimi y Garf están vivos, así que ¿por qué hablas de eso?! ¡Si te preocupas tanto, te vas a quedar calvo!
—Jé.
—¿Oh? ¿Sonreíste? ¡Oye, Garf, sonreíste!
Garfiel apartó la mirada mientras los ojitos redondos y adorables de Mimi lo escrutaban.
Se llevó una mano a la boca, notando por sí mismo que, en efecto, se le había escapado una leve sonrisa.
Definitivamente, había surgido un pequeño impulso de reír.
—Mimi lo entiende. ¡La señora siempre dice que no puede evitar sonreír cuando Mimi está cerca! ¡Mimi es una diosa de la buena suerte!
Decir eso cuando claramente no entiende nada… No, no es que no lo entienda, ¿verdad?
Aunque no pueda ponerlo en palabras, en realidad ha captado lo más importante.
Entiende algo que Garfiel no sabe cómo expresar. Algo con lo que aún no puede sentirse en paz.
Y por más que le doliera, no podía evitar sonreír.
—¡Mmm! ¡Hacía mucho que no sonreías, Garf! ¿Te enamoraste de la Mimi que te hizo sonreír? ¿Sí, ¿sí?
—No.
—Oki doki. ¡Pero Mimi sí está enamorada de ti! ¡Así que no te preocupes!
—…Sí. Gracias.
Mimi estaba a su lado, con la energía de siempre, como si fuera a lanzarse sobre él en cualquier momento.
Aprovechando lo bien que estaba posicionada, Garfiel le revolvió el cabello con suavidad mientras miraban juntos hacia adelante.
Lo que ella dijo no era suficiente para disipar todos los problemas que aquejaban a Garfiel.
Dentro de él aún giraba ese remolino de caos, como siempre. Todavía no había hecho las paces con todos los remordimientos que arrastraba desde su tiempo en Priestella.
Pero era una luz para él.
Una guía hacia las respuestas que necesitaba encontrar.
—¡Ahoy! ¡Llegamos a la comida! ¡Garf! ¡Mimi se muere de hambre!
—¡Te dije que no corrieras así! ¡Vas a reabrirte esas heridas!
Garfiel fue tras ella, apartando la cortina mientras Mimi se metía a toda velocidad en el restaurante.
Lo llamaban restaurante, pero no estaba funcionando con normalidad.
Priestella no tenía suficiente personal ni suministros, así que el consejo provisional de diez personas dirigido por Kiritaka se encargaba de repartir comida.
El lugar al que habían llegado era uno de los puntos de distribución, y estaba lleno de gente involucrada en la reconstrucción de la ciudad.
Era justo la hora del almuerzo, y parecía que sería difícil encontrar sitio.
Pero justo cuando estaban buscando—
—Señor Garfiel, señorita Mimi, si gustan…
—Oh…
Alguien levantó la mano y los llamó desde el fondo. Garfiel alzó una ceja al ver quién era.
Un viejo espadachín de cabello blanco y ojos azules les ofrecía compartir una mesa para cuatro.
Wilhelm van Astrea imponía con su figura digna y majestuosa mientras estaba sentado allí.
4
Las raciones que repartían eran sorprendentemente generosas considerando el estado actual de la ciudad.
Lo mismo ocurría con la comida y las clínicas, pero eso hacía que Garfiel se preguntara de dónde salía el dinero para costearlo todo.
—No se trata de tener recursos de sobra, sino de escoger con cuidado dónde se emplea lo poco que hay. Si la calidad de vida cae en picado, el corazón de la gente vacilará ante la tarea monumental de la reconstrucción. El señor Kiritaka lo ha pensado con más profundidad de la que le creía capaz.
—¿Ese tipo ingenuo, eh…?
Los colmillos de Garfiel se asomaron ante el comentario de Wilhelm mientras empezaba a comer.
A raíz de la batalla contra los cultistas, la opinión de Garfiel sobre Kiritaka había cambiado drásticamente. Sin duda era uno de los que había dado todo por proteger la ciudad. Aunque normalmente parecía poco confiable, cuando llegaba el momento, trabajaba el doble que cualquiera. En eso, se parecía un poco a Subaru.
—Ese pensamiento le hizo doler un poco el pecho.
—¡Mmm, delicioso, delicioso! ¡Una comida rica es una bendición! ¡Mimi está emocionada!
—Ja, ja. Es maravilloso que estés de tan buen ánimo. Seguro que eso también tranquiliza al señor Garfiel.
—Ah… sí.
La expresión de Wilhelm se suavizó con alegría al ver la efusividad de Mimi. Garfiel respondió con un brillo en sus ojos verdes.
Ambos habían sido compañeros de armas cuando se dirigieron a retomar la torre de control de la Arzobispo de la Lujuria. En el trayecto, Wilhelm no había hecho preguntas, y durante el combate se separaron, sin reencontrarse hasta que todo terminó. Pero—
—¿Hay algo que quieras preguntarme?
Garfiel se quedó sin palabras al notar cómo Wilhelm parecía leerle la mente.
Viendo cómo vacilaban sus ojos, el espadachín asintió levemente.
—Por supuesto, hay cosas que no puedo decir, pero estoy en deuda contigo por haberme permitido enfrentarme a mi esposa. Si hay algo que estos viejos huesos pueden responderte, estaré encantado de hacerlo.
“Enfrentarme a mi esposa.” Garfiel le había escuchado decir algo similar antes de la batalla. Y si seguía diciéndolo después, entonces no cabía duda.
El oponente al que Wilhelm se enfrentó era, en efecto, Theresia van Astrea.
Y si eso era cierto, entonces el oponente contra el que él luchó también era—
—¿De verdad… me ‘nfrenté al Kurgan de los Ocho Brazos?
—...
—…Yo quiero ser el más fuerte. Necesito ser el más fuerte. Ese es mi trabajo. Esa es la promesa que hice con el capitán. Pero esto no es… esta no es la cima que estaba buscando.
Garfiel apretó el puño mientras los ojos azules de Wilhelm se entrecerraban, escuchándolo en silencio.
Kurgan de los Ocho Brazos, el dios de la guerra, el guerrero más poderoso del Imperio de Vollachia.
Durante aquella batalla, hubo al menos una docena de veces en que Garfiel pensó que perdería. Que moriría. Que no había forma de ganar.
Y, aun así, allí estaba, sentado frente a Wilhelm. Había vencido al dios de la guerra y había sobrevivido.
Y estaba orgulloso de ello. Y la gente a su alrededor lo veía como una hazaña digna de orgullo, también.
Pero esa verdad, y lo que pensaban los demás, no era lo mismo que algo con lo que Garfiel pudiera sentirse satisfecho.
—¿Una victoria vacía te ha dejado un regusto amargo?
—Definitivamente fue un oponente demente. Pero esa pelea… él era…
¿Acaso esa leyenda era realmente alguien al que sus manos pudieran alcanzar?
Esa duda, esa incredulidad, le hervían en los puños, en los colmillos, y en lo más profundo del corazón.
—Fuiste tú quien se enfrentó a él, así que lo que sentiste debe ser la respuesta correcta. Sin embargo, también puedo entender lo insatisfactorio que puede ser aceptar esa respuesta. Así que, si me lo permites, te daré mi opinión… Las dos personas a las que enfrentamos eran y no eran las mismas que fueron antes de morir.
—¿Q-qué quiere decir con eso?
—Es innegable que sus cadáveres fueron profanados y convertidos en marionetas por el Culto de la Bruja. Pero también creo que las palabras que pronunciaron en sus momentos finales… eran reales.
Al oír eso, el último mensaje de Kurgan resonó en los oídos de Garfiel. El dios de la guerra le había dejado una sola palabra, justo cuando Garfiel ya había agotado hasta la última gota de su energía.
—En su último momento… sí que dijo una palabra…
—Deberías atesorar esa palabra en tu corazón. Esa fue la alabanza que Kurgan de los Ocho Brazos le ofreció al guerrero que lo venció. No es algo que un tercero deba escuchar.
—Ugh… Pero ¿está seguro? ¿De verdad era él? Fue manipulado, y además ya estaba muerto, entonces si…
Si todo eso fue falso, si todo lo que hubo entre ellos fue sin sentido… ¿significaba eso que la batalla entre Garfiel y Kurgan tampoco fue real?
La respiración de Garfiel se aceleró con esa inquietud, ese miedo.
—Garf, no sigas por ahí.
—… ¿Eh?
—El viejo se veía un poco solitario hace un momento. Así que Mimi cree que no deberías ahondar tanto en eso. ¡Y tus ojos se ven muy feos también! ¡Déjalo ya!
Mimi empezó a darle codazos en el costado. Garfiel frunció el ceño ante la sensación del dedo de ella pinchándole, y por fin notó la expresión en el rostro de Wilhelm.
Finalmente, se dio cuenta de que inconscientemente y con rudeza había estado hurgando en la herida de Wilhelm.
—…Perdón, no ‘staba viendo nada de lo que pasaba a mi alrededor.
Se disculpó. Había pisoteado el encuentro de una noche del Demonio de la Espada con su esposa.
Había sido forzado a ver a su esposa muerta en contra de su voluntad y luego la había matado con su propia espada. Y Garfiel había pisoteado sus palabras finales al sugerir que todo podría haber sido una mentira.
No tendría derecho a quejarme si me cortaba aquí mismo por eso.
Pero Wilhelm solo negó con la cabeza.
—No hace falta que te preocupes. A tu edad, es natural que tengas prisa por encontrar tu respuesta. De hecho, el que puedas disculparte demuestra que eres mucho más maduro de lo que yo era a tu edad.
—…Cuesta creer que usted fuera así alguna vez.
—Para nada. Fui un necio. Entonces… y quizá incluso ahora.
Wilhelm bajó la mirada, como pensativo, y Garfiel sintió una punzada de vergüenza incómoda.
Wilhelm era famoso como el Demonio de la Espada y había infinidad de historias sobre él, pero con sus modales tan gentiles ahora, era difícil imaginarlo. Más bien, sus palabras sonaban como el consuelo misericordioso de un amable anciano.
Tengo un montón de cosas que he hecho mal desde que llegamos a Priestella que tengo que pensar…
Pero sea como sea—
—Sin rodeos: las dos personas contra las que luchamos solo recuperaron su ser en el momento exacto de su muerte. Antes de ese instante, la destreza con la espada de ella era falsa… Si no fuera así, si de verdad hubiera peleado con mi esposa en su mejor momento, a mi edad no habría forma de que hubiera salido con vida. Y puedo decir lo mismo de Kurgan.
—¿Si los hubiéramos enfrentado en su mejor momento, no habríamos ganado?
—Ni tú ni yo. Yo estaría muerto, y tú serías solo carne esparcida por todas partes. Esa es la verdad.
—D-dice eso, pero yo…
—Mantén los pies en la tierra.
En el siguiente instante, hubo un gran impulso, y Garfiel dio un salto hacia atrás de forma instintiva.
Garfiel se lanzó hacia la puerta y quedó agazapado a cuatro patas, respirando con dificultad. Mientras todos a su alrededor lo miraban sorprendidos por su reacción tan repentina y extraña, Mimi seguía comiendo tranquilamente, limpiando la carne del pescado del hueso.
—E-eso fue…
—Emanas una gran sensación de potencial, señor Garfiel. Pero aún estás sin templar, y ese talento aún está en proceso de forjarse. Yo ya pertenezco al pasado más remoto, pero… conozco lo auténtico. Y eso de ahora fue solo un pequeño fragmento.
—…
—La cima a la que aspiras no es tan débil como para alcanzarla tal como estás ahora.
Dicho eso, Wilhelm se limpió la boca y se puso de pie, indicando que ya había dicho lo que quería decir. Además, su mirada no se dirigió a Garfiel, sino a Mimi.
—Reconocer en un instante la falta de hostilidad tras un aura tan intensa. Excelente.
—¿Mmm? Bueno, es que no tienes ninguna razón para hacernos algo malo, ¿no?
—Tienes un gran ojo para discernir. Con alguien como tú a su lado, no hay que preocuparse de que él tome el camino equivocado.
Asintiendo ante la respuesta despreocupada de Mimi, Wilhelm se dirigió a la salida. Naturalmente, pasó junto a Garfiel en la puerta. Y al pasar:
—Es bueno tener a alguien que se preocupe por uno. Una mujer así sin duda será una bendición en tu vida.
—¡Ay! ¿¡¿¡¿Ella?!?! ¡¡Ya estoy enamorado de otra mujer!!
—Sea como sea, no pierdas esa bendición— Que no termines como cierto viejo diablo marchito.
Con esas últimas palabras, Wilhelm salió.
Garfiel lo observó en silencio y luego apretó los dientes con frustración. Volviendo a su asiento de manera brusca, devoró rápidamente toda la comida que quedaba.
—¡Ah, eso es de mala educación, Garf!
—No quiero oír eso de la chica que estaba robando de mi plato. ¡Argh,mierda! ¡Ahora estoy más irritado que antes de hablar con él!
Después de recoger los platos vacíos, Garfiel se pasó la mano por el cabello con fuerza.
En lugar de aclararse su confusión, sentía que ahora tenía otra preocupación nueva encima. Mimi y Wilhelm. Ambos habían resuelto el problema que lo atormentaba antes que él, y sus respuestas pesaban mucho en su mente.
Estaba a un paso de poder aceptar su fuerza y lo que debía hacer, pero no lograba dar ese último paso, y eso lo molestaba.
—¡Vamos, Garf!
—…Qué alegre eres. ¿Y adónde vamos?
Al salir, Mimi sonrió levantando las manos hacia el cielo azul. Garfiel se colocó a su lado, frunciendo el ceño cuando ella inclinó la cabeza.
—Hrmmm, ¿no es obvio? ¡¡A la casa de tu hermano, tu hermana y tu mamá!!
Mimi empezó a caminar con ligereza. Él comenzó a seguirla, pero sus piernas se detuvieron.
Sus pupilas se contrajeron, y mostró los colmillos. Conservando la calma, se giró.
—¿Qué dijiste?
—¡Vamos a ver a tu familia! ¡¡Eso es lo más importante para ti ahora mismo!!
Mimi infló el pecho ante esa afirmación completamente infundada, y su cola estaba tiesa y erguida.
Señaló directamente a Garfiel, que se había quedado sin palabras.
—¡Hablar bien con tu familia es lo mejor! ¡Eso me lo enseñó Roshi!
5
—¡Ah! ¡¡Gorgeous Tiger!!
—¡Wow… ten cuidado!
Cuando vio que Garfiel había venido de visita, el rostro del niño se iluminó y se le colgó alegremente.
Garfiel lo atrapó al vuelo, soltando un suspiro de alivio y preocupación.
—Cuida esos pies al correr. No seas el tonto que se tropieza solo y se lastima.
—¿Oh? ¿Duele caerse? ¡Cuando Mimi era pequeña, siempre se estaba espachurrando contra el suelo! ¡Cada vez que pasaba, Hetaro hacía una mueca! Pero a Mimi no le dolía tanto. ¡Es un misterio!
—Eso no es ningún misterio, es solo que tu hermano te malcriaba demasiado.
Y como resultado, tenía una hermana mayor que, aun habiendo crecido, seguía sin fijarse por dónde pisaba. Pero dejando de lado la historia de Mimi…
—¿Ya se tranquilizó un poco todo por aquí?
—Mmm-hmm. Está bien. Mamá y la hermana mayor también están bien.
Dejando al niño —probablemente su hermanito— en el suelo, Garfiel alzó la vista hacia la casa frente a él.
Garek Thompson, el padre del niño y cabeza del hogar Thompson, no había vuelto a casa.
Habría sido mejor si simplemente estuviera tan ocupado con el trabajo que no tuviera tiempo para regresar.
Pero por desgracia, la realidad era otra.
Garek había sido transformado en un dragón negro. Garfiel había confirmado ese hecho con sus propios ojos. A diferencia de las personas transformadas en moscas, con Garek aún era posible comunicarse, así que no había lugar a dudas.
Pero Garfiel no podía aceptar eso como algo simplemente afortunado.
—Oye, Gorgeous Tiger, papá va a volver a casa, ¿verdad?
—...
Garfiel solo pudo acariciar la cabeza de su hermano, inquieto.
Podría haber intentado consolarlo con palabras vacías. Pero no le salían las ganas de ponerle emoción a algo así.
Los niños eran ignorantes, sí, pero no tontos. Se daría cuenta de una mentira torpe muy pronto.
Y Garfiel no quería herirlo con esperanzas falsas. No quería lastimar a su propio hermano menor.
—¿Fred? No hagas esperar a los invitados afuera… Ah.
—…Oye…
Mientras hablaban, una chica asomó la cabeza desde dentro de la casa —probablemente su hermana.
Al ver a Garfiel, su expresión se iluminó, para luego cambiar a una mirada incómoda, casi avergonzada.
La expresividad de su rostro era adorable, pero esas emociones complejas le dolían a Garfiel.
—¿T-te tomaste la molestia de venir otra vez? Debes tener mucho tiempo libre.
—Sí, me dieron ganas de verlos, pero si no ‘stán de humor para visitas, entonces me voy... ¡Ay!
—¡Garf, mira a las personas a los ojos cuando les hablas!
Los labios de Garfiel se torcieron cuando Mimi le pellizcó la cintura por detrás. Pero pronto entendió lo que quería decir. Por lo dolida que se veía la chica —su hermana.
—Apoyar a tu madre, cuidar de tu hermanito… Debe ser duro ser la hermana mayor.
— ¡—! S-sí. Así que, ehm, si quieres, puedo hablar contigo un ratito. Agregar a una persona más no va a cambiar mucho ya a estas alturas.
—No una, ¡dos!
—¡¡Agregar a dos personas más tampoco va a cambiar mucho ya a estas alturas!!
El rostro de la chica se puso rojo al gritar, y tanto Mimi como el pequeño lo miraban con ojos llenos de ilusión. Garfiel no tenía el corazón para ser tan frío como para traicionar esa esperanza infantil.
—Entonces supongo que entraré. Si es un problema para mamá… para su mamá, me voy de inmediato.
—Eso…
—Eso jamás pasaría, conociendo a nuestra mamá.
El hermano y la hermana se miraron y se regalaron sonrisas llenas de confianza.
Y tenían razón.
6
—Lo siento, vinieron hasta aquí a vernos y ni siquiera tengo nada listo para ofrecerles. Voy a preparar un poco de té ahora mismo.
Diciendo eso, Reala Thompson condujo a Garfiel y Mimi hacia un sofá y luego comenzó a hervir agua y preparar unas tazas.
Observándola de espaldas mientras preparaba el té, Garfiel se rascó la cabeza.
—Ah, perdón por venir sin avisar. No quiero ser una molestia...
—No es ninguna molestia. No tienes que verte tan ansioso. El simple hecho de tomarte el tiempo para venir a vernos ya es muy reconfortante.
Garfiel se quedó sin palabras cuando Reala sonrió y continuó con sus preparativos.
Ella había leído con tanta facilidad las preocupaciones que él intentaba ocultar, y no podía saber si era porque él era así de fácil de leer, o si se debía a algo más especial—como una conexión entre madre e hijo.
—De cualquier manera, mamá no ‘stá tratando de engañarme. Nunca fue ese tipo de persona malintencionada. Y aunque haya perdido sus recuerdos, no parece que esa parte de ella haya cambiado en absoluto.
Lo que hacía que Garfiel se cuestionara aún más a sí mismo: ¿Para qué había venido realmente?
—¿Hmm? ¿Está un poco más espacioso aquí que antes? Está todo tan limpio y ordenado.
Al escuchar su comentario, Garfiel inclinó la cabeza con curiosidad.
—Ahora que lo dices… está más ordenado que antes… No, ¿hay menos cosas?
—Me impresiona que lo hayas notado. Para mí, ni siquiera se ve tan diferente de lo normal…
Reala respondió con calma mientras colocaba el té frente a Garfiel y Mimi. Pero al oír eso, la niña saltó inmediatamente con una respuesta vehemente.
—¡Eso no es cierto para nada! A mí me parece muy extraño. ¡La rara eres tú, mamá!
—Siempre dices eso, hermana.
—¡¿Qué dijiste!?
Al oír el comentario punzante de su hermanito, la hermana mayor comenzó a perseguirlo furiosa.
Al verlos, Garfiel le preguntó a Reala de qué estaban hablando.
—¿De qué hablan esos dos enanos?
—No es nada del otro mundo. Es solo que todos en el pueblo necesitamos apoyarnos unos a otros… He estado regalando algunas cosas, compartiendo un poco de lo que teníamos guardado, ese tipo de cosas.
—… ¿Y por eso perdiste un montón de cosas distintas?
—Había demasiadas cosas aquí desde el principio. Soy un poco acumuladora por naturaleza, así que, sinceramente, me ha venido bien despejar un poco.
Reala sacó la lengua juguetonamente, pero en realidad no era algo tan simple.
Era cierto que la ciudad estaba en un estado en el que todos necesitaban ayudarse entre sí.
Pero la familia Thompson tampoco estaba precisamente en una buena situación, con su principal sostén económico desaparecido. En todo caso, deberían haber sido ellos quienes recibieran ayuda.
—No es como si ustedes tuvieran mucho para dar. Es decir…
—Mi esposo… Garek volverá pronto. Tengo fe. No necesitas preocuparte por nosotros así. Estaremos bien.
Reala negó lentamente con la cabeza cuando Garfiel intentó presionarla al respecto.
—He pensado esto desde hace mucho tiempo. Cuanto más me preocupaba, más se me escapaba la felicidad entre los dedos. Bueno, digo “mucho tiempo”, pero solo han sido unos diez años. No recuerdo lo de antes… Ah, lo siento, ¿te sorprendí?
—…Apuesto a que eso siempre funciona, pero lo siento, ya escuché eso de tu esposo.
—Ah, ¿sí? …Mm, él haría algo así.
Reala sonrió, un poco decepcionada.
Aparentemente, era algo habitual en ella sorprender a la gente cuando revelaba que había perdido la memoria, y si Garfiel lo hubiera escuchado sin saberlo de antemano, definitivamente habría sido un golpe duro.
Claro que no es que no sintiera ningún dolor al escucharlo ahora. Pero podía soportarlo.
Además, aunque ella hubiera perdido sus recuerdos, le sorprendía lo poco que había cambiado la forma de pensar de su madre.
“Mañana será un día mejor” —eso había sido lo que impulsaba casi todo lo que hacía su madre.
—Estaba vacía y no tenía nada, pero Garek me apoyó durante estos diez años. Incluso me dio una linda hija y un hijo… Si después de todo eso no pudiera al menos tener fe en él, ¿entonces qué haría?
—…
—Si no le molestaba, podría haber regresado a casa, así como estaba.
—No, creo que eso habría sido demasiado para los demás…
—¿De verdad? Honestamente, así como estaba, tenía su encanto si me preguntas a mí…
Incluso después de haber sido transformado, Reala seguía apoyando plenamente a su esposo. Pero el hecho de que lo hubiera aceptado tal y como estaba, a pesar de cuánto había cambiado, probablemente fue lo que salvó a Garek, que estaba al borde de perderse a sí mismo.
Como todas las demás víctimas de los horrores del Pecado de la Lujuria, Garek aceptó ser congelado por Emilia en un estado de animación suspendida, mientras se encontraba una solución más permanente.
Fue una decisión que tomó junto a Reala—no era algo en lo que otros pudieran intervenir.
—Eres fuerte.
—Por supuesto. Después de todo, soy madre de dos.
Reala sacó pecho con orgullo.
Aunque no son dos, sino cuatro… pero sí, es fuerte. Increíblemente fuerte.
Una fortaleza diferente de la que impulsa un puño. La clase de fortaleza que tienen Subaru y Otto.
Y esa era sin duda una fuerza que Garfiel no podía obtener solo entrenando.
—Ah, ahora que me acuerdo, había algo que quería preguntarte, señor Gorgeous Tiger.
Mientras la mirada de Garfiel se perdía, Reala dio una palmada como si recordara algo de pronto.
Al ver su actitud tan casual, Garfiel asintió.
—¿Sí? Pregunta lo que quieras. Aunque no creo tener mucho que decir…
—No es nada complicado. Es solo sobre ti.
—¿Sobre mí?
—Sí… ¿Por qué has hecho tanto por nosotros? No he podido evitar preguntármelo un poco.
—...
Fue un golpe repentino y completamente inesperado justo cuando había bajado la guardia.
Reala frente a él, Mimi a su lado, y los hermanitos un poco más alejados, todos lo miraban esperando una respuesta.
Y mientras lo observaban, la mente de Garfiel empezó a correr.
—¿Por qué vine aquí?
¿Quería contarle a Reala sobre el pasado que había olvidado?
¿Quería al menos decirles a sus dos hermanos menores que él era su hermano?
¿O simplemente pensaba irse en silencio tras dar el pésame por Garek?
Su determinación ya era débil desde el principio, y ahora se deshacía por completo mientras los colmillos de Garfiel temblaban débilmente.
—Y-yo… es que… no puedo mirar hacia otro lado, por alguna razón… porque ustedes están como… incompletos.
—Bueno, eso ha sido bastante duro. Aunque tiene algo de cierto, así que no puedo decir mucho.
—¿Incompletos? ¿En qué sentido? ¿Ah, el cabello? ¡A Mimi le pasa eso un poco en temporada de fuego! Pero ¡se le pasa en temporada de hielo! ¡Dato curioso!
Reala y Mimi reaccionaron cada una a su manera ante la respuesta torpe y vacilante de Garfiel.
A mitad de camino, una sensación de alivio descarada llenó el corazón de Garfiel.
Conociendo sus personalidades, sabía que no insistirían más. Podía escapar de la situación.
Sí, necesito más tiempo, más tiempo para pensar en todo esto con calma…
—Ah.
—¿Está bien, señor Gorgeous Tiger?
Para su sorpresa, al exhalar, Reala le había puesto suavemente la mano sobre la cabeza.
Inclinándose hacia adelante, ella acariciaba su cabeza. Su mano era suave y amable, llena de amor maternal, como si él fuera su querido hijo.
¿Por qué haría eso…?
—¿Por qué será? Justo ahora, te veías ante mis ojos como un niño a punto de llorar.
respondió Reala a la pregunta en su mirada. Parecía sorprendida por su propia reacción, pero sus labios se suavizaron mientras contestaba.
La Reala que no podía recordar y los recuerdos que Garfiel casi había olvidado comenzaron a fundirse.
La mano de Reala—de Reshia Tinzel—lo había consolado así antes, en el pasado.
Los recuerdos corpóreos de ese tiempo apretaban el corazón de Garfiel allí mismo, en la sala de los Thompson.ç
Y antes de que pudiera siquiera intentar resistirse, sus sentimientos se desbordaron.
—…Mamá…
—...
—Mamá… Mamá, ¡¡mamá…!!
Mientras dejaba que sus dedos se deslizaran por su cabeza, Garfiel la llamó mamá.
Sus ojos se llenaron de lágrimas, su voz temblaba, y su pequeño cuerpo se encogió aún más mientras jadeaba débilmente.
No podía soportar todas sus debilidades. Era simplemente natural.
No importaba cuán fuerte alguien actuara, no importaba cuánto luchara contra ello, cuando se enfrentaba a su madre, todos seguían siendo niños.
No importaba cuánto intentaran hacerse los duros frente a su madre, no era más que la terquedad de un niño.
—Yo… yo… mamá…
Había montañas de cosas que quería decir. Tantas como estrellas en el cielo.
La cantidad de sentimientos que Garfiel había reprimido, pensando que no podía expresarlos, seguían brillando intensamente dentro de él, explotando de júbilo ante la oportunidad tan esperada.ç
Querían ser gritados desde la seguridad, el consuelo de los brazos de su madre.
—…Garfiel…
Garfiel lloraba, desviando la mirada, luchando por hablar. A su lado, Mimi dijo su nombre de pronto.
Pero él no sabía a quién se lo dirigía.
Pero sintió que la persona frente a él contenía el aliento al oír ese nombre, y sintió que los dedos que tocaban su cabeza se retiraban…
—Garfiel, ven aquí.
Al alzar la vista, vio a Reala frente a él, con los brazos extendidos, sonriendo.
Cuando vio eso, cuando la escuchó decir su nombre, su mente se detuvo. Pero, aunque su cerebro se congeló, su cuerpo, su alma, entendieron lo que debía hacer.
—M-Mamá… ¡mamá…!
Sollozando como el niño que aún era, Garfiel se lanzó a los brazos de Reala—de Reshia—enterrando su cabeza en su pecho, aferrándose a ella.
Sus manos suaves y amables acariciaban la cabeza de Garfiel mientras él lloraba.
—Ahí está… Eres un buen chico, Garf. Siempre te esforzaste mucho.
—¡Sí! ¡Siempre di todo de mí, siempre hice lo mejor que pude! ¡Pero cometí tantos errores, pero… pero, aun así, todos…!
No eran pensamientos completos. Incluso mientras compartía su historia incoherente, Garfiel se aferraba a Reshia.
Los quince años de Garfiel se desbordaban de su interior.
Perder a su madre, separarse de su hermana, su terca negativa a perder a más familia, los diez años que fueron destrozados por Subaru y los demás—todas las veces que Garfiel se rompió y sufrió.
El amor que había perdido, el frenesí por no volver a perderlo jamás, todo lo que había pisoteado en el camino.
Y todo eso…
—M-Mamá…
—Está bien, Garf. Mamá está aquí contigo.
Sus palabras amables, su afecto, el amor maternal que jamás había podido obtener por más que lo deseara, todo eso consolaba a Garfiel.
Sabía que su familia lo amaba. Sabía que su hermana y su abuela lo querían. Y sabía, de una forma lejana, que su madre lo había amado.
Pero esta era la primera vez que realmente experimentaba el amor de una madre y el calor que lo acompañaba.
Lloraba desconsoladamente. Aún no sabía el nombre de la emoción que lo hacía llorar así.
Aún no conocía el nombre de ese sentimiento que todos experimentan de niños.
Pero este sentimiento tan ardiente es una respuesta suficiente.
7
—Oh, ¿dejaste de llorar, Garfiel? ¿Ya fue suficiente? ¡Jah, eres un llorón, ¿¡verdad?!
Garfiel bajó la mirada avergonzada cuando Mimi abrió la puerta y regresó, señalándolo y sonriendo con picardía.
Siempre era así de directa y sincera, pero al parecer había sacado a los dos niños para dejar a Garfiel a solas con Reala un rato. No podía lanzarle un comentario sarcástico después de que se había tomado esa consideración por él.
—¿Estás bien, Gorgeous Tiger?
—Para ser un chico, lloraste un montón. No lo puedo creer. Eres tan malo como Fred.
El hermano y la hermana que regresaron con Mimi tenían cada uno su propia manera de mostrar su preocupación por Garfiel.
Había estado llorando tan fuerte que se escuchaba por toda la casa. Su hermano menor estaba preocupado por él, y su hermana menor fingía normalidad por su bien; ambos eran hermanos que él no merecía.
—…Perdón por hacer que se preocuparan.
—¿Hmm? ¿Por qué? Más importante, Mimi tiene curiosidad de si de verdad te sentiste satisfecho. ¡Y también, un poco de curiosidad por si hay algo dulce para la merienda!
—Ah, con que era eso. Vaya…
Cuando ella lo dijo así, como si no hubiera estado pensando en nada, la fuerza se le escapó a Garfiel de los hombros. Pero estaba agradecido con ella, y le acarició la cabeza con suavidad.
—¿Y cómo está Garf?
—Creo que deberías preguntarle a él, señorita Gorgeous Mimi. Pero probablemente ya esté bien… de vuelta a ser el mismo señor Gorgeous Tiger que tantas amas.
—Bueno, quizá. Garf hace lo que tiene que hacer cuando es necesario.
Garfiel no pudo soportar escuchar su conversación compasiva, así que no se unió.
En cambio, descansó las manos sobre las cabezas de sus hermanos y puso todo su empeño en despejar su mente de todas las distracciones.
Al hacer eso, sintió un amor aún más profundo por los dos, que interactuaban con él tan cómodamente.
Porque la parte de él que no había aceptado la realidad, que no había sentido una verdadera conexión, ahora quedaba absorbida por esa misma realidad.
Cuando se dio cuenta, una nueva preocupación empezó a crecer.
—¿Por qué te quedaste paralizado? No es por alguna enfermedad rara ni nada, ¿verdad?
Sus hermanos lucían preocupados cuando Garfiel se quedó paralizado mientras esa nueva inquietud explotaba en su mente. Incluso cuando escuchó la pregunta de su hermana, se esforzaba por pensar.
La causa era simple: no sabía si ellos lo reconocerían como hermano mayor.
Podría decírselo en cualquier momento, pero la posibilidad y el acto real de hacerlo eran dos cosas completamente distintas.
—¿Estás bien, Garf? ¿Pasó algo?
—’S-stoy bien, obviamente. Guau.
—¡Es la primera vez que Mimi te escucha ladrar!
No pudo recuperar la compostura para responderle a Mimi cuando ella señaló sus preocupaciones sin fin.
Los pensamientos de Garfiel giraban en su cabeza mientras las personas a su alrededor se preocupaban por él—
—¿Otra vez? ¿No habías decidido dejar de preocuparte por todo tú solo, Garfiel?
—Ah, mamá…
Mirándolo con desaprobación mientras sus ojos daban vueltas, Reala le reprendió suavemente. Al verlo, él la llamó instintivamente “mamá”, y al oír eso, sus hermanos menores se quedaron sorprendidos.
—Eh, ¿por qué la llamaste mamá, Gorgeous Tiger?
—N-no, ella no es tu mamá, es nuestra mamá…
—Está bien, ustedes dos.
Reala abrazó suavemente a los hermanos atónitos y a la hermana que le había regañado a Garfiel.
Los dos callaron de mala gana ante su suave restricción, y explicándoles las cosas, ella miró con ternura a Garfiel.
—Aparentemente, Garfiel ha estado separado de su madre. Y parece que me parezco a ella. Estaba solo, y debe ser por eso que estaba llorando.
—¿Eh?
—¿Te pareces a su mamá?
—¿Q-qué es eso…? Qué vergüenza.
Los tres hijos de Reala tuvieron reacciones diferentes ante su explicación.
Garfiel se quedó atónito mientras Reala declaraba con confianza una explicación totalmente equivocada.
En otras palabras…
—“Parece que no dijiste ni la mitad, Garf.”
De manera directa, Mimi tenía razón.
Aunque él había estado llorando de forma tan patética y vergonzosa, Reala no había entendido el meollo del asunto.
—Supongo… que eso era un poco esperado, ¿no? Ja,ja, ¿qué es eso?
De repente, la fuerza se le escapó de los colmillos y del cuerpo.
¿Era ese sentimiento alivio o decepción?
Garfiel se dio cuenta de que probablemente era un poco de ambas cosas.
8
Sintiendo un poco de decepción a varios niveles, y con la duda de si realmente había conseguido algo, ya era hora de irse.
Juzgando eso, Garfiel y Mimi salieron de la casa de los Thompson.
—Lo siento otra vez por no poder ofrecer nada.
—¡Está bien! También, supongo, perdón por hacer que Garfiel llorara como un bebé.
—¿Quién te pidió eso? No vuelvas a sacarlo.
Levantando a Mimi por el cuello mientras Reala los despedía, Garfiel suspiró y miró a Reala y a sus dos hermanos abrazados a ella.
—No tienen que preocuparse tanto. No voy a robarles a su mamá.
Yo también lo creo, pero…
—¡Humph! Aunque nuestro padre no esté aquí, no voy a entregar a nuestra fácil presa de madre.
—No puedo decir que no esté de acuerdo, pero...
Garfiel soltó una risa irónica mientras los dos ponían la guardia.
Como resultado de la extraña explicación de Reala, los dos aparentemente habían malentendido que él estaba allí para robarles a su mamá.
Naturalmente, él no tenía esa intención, pero que pensaran eso era algo afortunado para él.
—Así que es así, ¿eh? Bien, lo entiendo. El malo se va ahora.
—Vengan cuando quieran. Les prestaré un hombro si alguna vez quieren llorar otra vez.
—Voy a trabajar duro para que eso no vuelva a pasar.
Sintiendo que le habían tocado otra vez un punto doloroso, dio la espalda a ellos.
Aun cargando a Mimi, se alejó de la familia que aún no les había dicho que era su familia.
Al empezar a irse, Reala aplaudió.
—Vamos, los dos, díganle una despedida adecuada.
—Adiós, Gorgeous Tiger. Hasta la próxima.
—Mrgh.
Su hermano obedeció, pero su hermana hizo pucheros y se negó.
Reala parecía preocupada por su negativa tan firme.
—Eres la hermana mayor, ¿verdad? Da un buen ejemplo para tu hermano. ¡Rafi! ¡Rafiel!
—...
Molesta, Reala la llamó por su nombre.
Cuando escuchó ese nombre, Garfiel sintió como si un rayo lo hubiera golpeado.
—¿Ra… fiel…?
—Sí, Rafiel… Oh, ¿no los presenté correctamente? Ese es su nombre. Mis dos hijos, Rafiel y Fred.
Rafiel y Fred.
Ya había escuchado el nombre del hermano menor muchas veces. La razón por la que no le había prestado atención probablemente era porque tenía miedo de darse cuenta.
Rafiel y Garfiel. Fred y Frederica.
Los dos hijos de Reala y los dos hijos de Reshia. La similitud de sus nombres y el significado detrás de eso.
—Probablemente no piensas que suena mucho a nombre de chica, ¿verdad? Eso lo puedo notar yo misma.
Llegando a la conclusión equivocada sobre por qué Garfiel se quedó en silencio, las mejillas de su hermana, Rafiel, se inflaron. Al oír eso, él negó con la cabeza.
—No, creo que es un buen nombre —de verdad, lo creo.
—Ugh.
—¿No es así?
Las mejillas de Rafiel se sonrojaron por su respuesta sincera mientras Reala esbozaba una sonrisa.
—Yo les puse los nombres. Por alguna razón simplemente sentí que “este es un buen nombre” … y…
—¿Les pusiste los nombres?
—Sí. Cuando intentaba pensar en nombres lindos para ellos, esos simplemente vinieron a mí.
No había mayor prueba de amor. Incluso sin sus recuerdos, sin saber nada de su vida olvidada, su madre no había perdido su bondad ni generosidad, y había dado amor a los hijos que había olvidado, a los nuevos hijos que trajo al mundo.
Garfiel tenía todo el derecho a estar enojado, a estar molesto. Tenía la libertad de elegir eso.
Pero esos no eran los sentimientos que tenía en ese momento.
El amor de su madre, Reshia Tinzel, había sido demostrado. Y el amor de la madre de sus hermanos menores, Reala Thompson, también había sido demostrado.
—Así que eso era suficiente.
—¡Ja,ja,ja! ¡Ja,ja,ja,ja!
Se echó a reír.
La última reserva que quedaba en su corazón durante todo ese tiempo finalmente desapareció.
La sensación de su propia impotencia por no haber podido decir lo que debía haber dicho, por no compartir su conexión con ellos, todo eso desapareció.
—Esto ‘stá bien por ahora. Porque eso ya es prueba suficiente de que ‘stamos conectados.
—Nos vemos, Rafiel, Fred. Vendré de nuevo alguna vez.
—¡Sí, adiócito!
—¡La próxima vez, asegúrate de no llorar!
Alzar la mano y revolverles bruscamente el cabello a ambos, esta vez con un cariño genuino en la palma.
Y finalmente, saludó con la mano a su mamá.
—Gracias, mamá. Volveré a pasar.
Quería regresar, incluso después de dejar Priestella y regresar a la Mansión Roswaal. Y cuando llegara ese momento, seguramente traería consigo a su hermana mayor y a su abuela.
Así que, hasta entonces, está bien — la próxima vez sería con un sentimiento más positivo. Porque podrá hablar de su familia con toda su familia.
—¡Cuídense hasta ‘ntonces!
Garfiel apretó el puño y pudo al menos decir eso con decisión.
9
—Mamá, qué bueno que Gorgeous Tiger se siente mejor.
—Sí, cierto… De verdad me alegra.
—…Mamá, ¿estás algo triste? ¿Tanto quieres que no se vaya?
—No lo sé. No creo que sea porque no quiero que se vaya… Quizá es porque da un poco de tristeza verlo irse, pero al mismo tiempo, también es algo bueno.
—¿Cuándo podrá volver papá?
—No lo sé. Pero estoy segura de que volverá con nosotros.
—…Mamá, ¿por qué estás llorando?
—Tal vez porque encontré algo que había perdido.
—Lo siento, pero gracias… Te quiero, Garf.
10
Todavía cargando a Mimi con una mano, Garfiel la llevó a una habitación en la clínica.
Había varias camas alineadas, y en la del fondo, junto a la ventana, Otto se recuperaba.
—Ey, colega.
—Oh, Garfiel. ¿Tienes tiempo libre a pesar de estar ayudando afuera?
Otto estaba sentado en la cama, leyendo un libro, cuando notó a Garfiel. Garfiel asintió mientras miraba por la ventana.
—Sí, un pequeño descanso por ahora. No se sabe si harás alguna locura mientras no esté cerca.
—No soy tan imprudente… ¿Pasó algo bueno?
Tal vez notando una ligera diferencia en la expresión de Garfiel, Otto preguntó con perspicacia.
Garfiel pensó por un momento.
—¿Algo bueno…? Puesto así, no tengo una respuesta sencilla, pero…
—¿Pero fue algo feliz, cierto?
Todavía colgando de su mano, los ojos redondos de Mimi miraban hacia arriba mientras Garfiel luchaba por ponerlo en palabras. Ella rompió en una sonrisa alegre.
—¡Tu cara se ve mucho mejor ahora! ¡Eso prueba que algo feliz o algo así pasó! ¡Eso ya es suficiente, ¿no?! ¡Eso pensó Mimi cuando lo intentó! ¡Y funcionó!
Tan despreocupada como siempre, Mimi sonreía feliz.
Su voz fuerte atrajo las miradas de varias personas en la habitación, pero nadie le dio mayor importancia.
Era algo natural. El simple hecho de tener a alguien allí, sonriendo con tanta felicidad y desde el fondo del corazón, era suficiente para salvar a una persona.
—Sheesh.
—Oh, también sonreíste. ¿Te enamoraste de Mimi ahora? ¿Sí?
—No.
—Aww.
—No… pero, sabes…
El mismo intercambio que ya habían tenido decenas de veces. Pero Garfiel añadió una línea extra al final.
Al oírlo, los ojos de Mimi se abrieron ampliamente, y Otto observó su adorable intercambio en silencio.
—Mi mamá, mi hermanita y mi hermanito, Subaru, y todos los demás que no están aquí…
—Gracias.
—Siento que he logrado avanzar… aunque sea un poquito.
Garfiel sonrió, mostrando sus colmillos.
FIN.


Coloreado realizado por: @112oVic2