PRÓLOGO: El Calor Residual del Principio






PRÓLOGO:
El Calor Residual del Principio
Esto en serio, en serio no es bueno.
Al sentir la dura textura del suelo contra su cara, se dio cuenta de que había caído boca abajo en el suelo. No podía moverse, aunque lo intentara, y ya no sentía los dedos. Lo que sí sentía era un cierto calor que le invadía todo el cuerpo.
Hace calor, mucho, mucho, mucho, mucho calor, muchísimo calor.
Tosió y vomitó la sangre que sentía subir por su garganta, la fuente de su vida menguante. Salió tanta que en los bordes de su boca se formó espuma. Con la vista nublada, pudo ver el suelo teñido de rojo frente a él.
Tienes… que estarme jodiendo… ¿Todo esto es mío?
Sintiendo como si toda la sangre de su cuerpo se hubiera derramado fuera de él, estiró una mano temblorosa para tratar de encontrar la fuente del calor que le quemaba el cuerpo. Cuando las yemas de sus dedos alcanzaron el gran corte de su estómago, comprendió.
No se extrañaba que sintiera tanto calor. Su cerebro debía de confundir el dolor con el calor. El corte limpio que le atravesaba el torso era tan profundo que casi le había partido por la mitad. Sólo algunos trozos de piel lo mantenían unido.
En otras palabras, se había topado con un jaque mate en la partida de ajedrez de su vida. En cuanto se dio cuenta de ello, su conciencia empezó a desvanecerse de inmediato.
Ante sus ojos, vio descender una bota negra, haciendo ondas en el charco rojo de su sangre fresca.
Alguien estaba allí, y ese alguien… probablemente fue quien lo mató.
Pero ni siquiera pensó en mirar a esa persona a la cara. Ya no importaba.
… Lo único que sí deseaba era que ella, al menos, estuviera a salvo.
—… ¿baru?
Sintió como si oyera una voz que sonaba como campanas. Que oyera esa voz, que pudiera oír esa voz, le parecía la salvación más que ninguna otra cosa, así que…
—¡…!
Con un breve grito, alguien más se desplomó sobre la alfombra de sangre.
Aterrizó justo a su lado. Él yacía allí, débilmente tratando de llegar a ella.
Su mano blanca cayó, impotente. La agarró ligeramente con su propia mano manchada de sangre.
Sintió que los dedos de su mano se movían ligeramente para aceptar los suyos.
—Tan sólo espera… —Se aferró a su conciencia que se desvanecía, tirando desesperadamente de ella para ganar un poco más de tiempo—. Voy a…
… encontrar una manera de salvarte.
En el instante siguiente, él —Natsuki Subaru— perdió la vida.