Empezando a Vivir en Otro Mundo
CAPÍTULO 5:
Empezando a Vivir en Otro Mundo
—Estoy tan contenta de que estés aquí… Esta vez no te dejaré escapar.
Al ver a la chica, No-Satella, entrar por la puerta, Felt retrocedió sin decir palabra.
Felt parecía mortificada y su boca se torcía de frustración.
—En serio eres una mujer persistente, ¿no…? ¿Por qué no puedes rendirte de una vez? —dijo Felt, sonando como si estuviera a punto de rechinar los dientes.
—Por desgracia, no es algo a lo que pueda renunciar… Si te portas bien y me la entregas, no te haré daño —respondió No-Satella, con un tono de voz increíblemente frío.
Cuando Subaru sintió cómo aumentaba la tensión en el ambiente del almacén, no pudo evitar un escalofrío.
¿Por qué estaba aquí No-Satella?
El sol acababa de ponerse. La primera vez, él y No-Satella ni siquiera habían llegado a la entrada de los barrios bajos. Para cuando habían llegado al almacén de botines, el sol se había puesto por completo.
—… Lo que debe significar que sin mí, ella habría encontrado este lugar mucho más rápido…
Incluso si No-Satella no se hubiera encontrado con Subaru en el callejón y le hubiera curado, habría encontrado este lugar por su cuenta.
Subaru no podía describir cómo se sentía, con la inutilidad de sus acciones tanto en el espacio como en el tiempo tan plenamente demostrada.
Pero incluso mientras se ahogaba en sus sentimientos vacíos, la situación avanzaba sin él.
Mientras Felt seguía retrocediendo, ya había cruzado desde el centro de la sala hacia el fondo, y No-Satella, sin dejar de bloquear la salida, cambió de postura y apuntó con la palma de la mano hacia delante.
Con el leve sonido del aire al romperse, Satella activó su magia. Parecía que su especialidad era realmente la magia de hielo, y al formarse carámbanos en el aire frente a la palma de su mano, la temperatura de la habitación descendió.
—Sólo tengo una petición para ti: devuélveme mi placa. Es muy preciada para mí.
Había seis carámbanos flotando en el aire. Las puntas eran redondeadas, por lo que su poder parecía residir más en su peso que en su filo. No obstante, estaba claro que si uno golpeaba, haría mucho más daño que si se lanzaba una piedra.
Por supuesto, el propio Subaru se contaba entre los posibles objetivos, por lo que hizo todo lo posible por no incitar a No-Satella, limitándose a mirar sin decir nada.
—… Rom —llamó Felt, su voz un poco más que un susurro.
—No puedo hacer ningún movimiento. Es culpa tuya por traer algo tan problemático junto con un oponente tan problemático, Felt —replicó Rom, con su gigantesco cuerpo tenso mientras negaba con la cabeza.
En algún momento Rom había sujetado su garrote y a pesar de mostrarlo tenía el brazo flojo y no parecía dispuesto a blandirlo. Parecía ajustar su agarre como si aún estuviera dudando.
—¿Vas a rendirte antes de que empiece el combate? —dijo Felt, retando a Rom.
—Si se tratara de un usuario de magia corriente no me quejaría, pero… éste es un problema —replicó Rom, con un deje de admonición en la voz, entrecerrando los ojos mientras miraba a No-Satella.
En la mirada de Rom, que la observaba desde arriba, había a la vez un sentido extremo de precaución y un elemento de asombro.
—Usted es una elfa… ¿verdad, Ojou-chan? —dijo Rom, con los labios temblorosos.
Subaru levantó la vista por reflejo. Rom adivinó que era una elfa, pero eso sólo le daría la razón a medias. Subaru lo sabía por lo que No-Satella le había contado de sí misma la primera vez.
Al oír la pregunta de Rom, No-Satella cerró los ojos unos instantes y, tras un pequeño suspiro, respondió.
—Técnicamente, te equivocas. Sólo la mitad de lo que soy es un elfo —dijo en un tono como si estuviera haciendo una dolorosa confesión, y Subaru arrugó la frente.
Sin embargo, los otros dos tuvieron una reacción mucho más exagerada, sobre todo Felt, y con un estremecimiento siguió retrocediendo y dijo:
—¡¿Una semielfa… y con el cabello plateado?! Tú… no puedes ser…
—¡Yo no soy ella! ¡Sólo nos parecemos! Eso… Eso también es un problema para mí.
Subaru no sabía lo que estaba pasando, pero podía decir que esta era una conversación que No-Satella no quería tener.
No obstante, la negativa de No-Satella no pareció calmar a Felt; más bien la puso aún más nerviosa, y volvió sus ojos rojos llenos de animosidad hacia Subaru, que seguía de pie en silencio al margen.
—Tú… tú me tendiste una trampa, ¿verdad?
—¿Qué?
—Me pareció sospechoso cuando dijiste que querías devolver esta cosa a su dueño. El hecho de que me impidieras contratar gente para bloquearle el paso también formaba parte del plan, ¿no? Ustedes dos están juntos en esto, ¿no?
Mientras Felt decía esas palabras, rebosantes de odio, Subaru se dio cuenta de algunas cosas. Una, que Felt estaba teniendo otro malentendido, pero en segundo lugar, por qué No-Satella fue capaz de encontrar este lugar en tan poco tiempo.
Normalmente, le resultaría imposible llegar al almacén de botines en tan poco tiempo.
Así mismo, Felt habría contratado a gente de los barrios bajos para que se interpusieran en el camino de No-Satella, retrasando su llegada.
Gracias a que Subaru se había abalanzado sobre Felt y se lo había impedido, No-Satella había podido ir directamente al almacén.
Aunque las dudas de Felt eran falsas, no estaban muy lejos de la realidad. Era cierto que la situación actual se movía a favor de Subaru. Subaru quería conseguir la placa y devolvérsela él mismo a No-Satella para poder recibir sus elogios, pero mientras ella se la devolviera, él no se quejaría.
Si las cosas siguieran a este ritmo, funcionaría como un buen plan de respaldo. Aun así…
—¿Eh…? ¿Qué quieres decir? ¿No están juntos?
No-Satella parecía perpleja de por qué Felt se volvía contra Subaru, pero Felt se limitó a reír.
—¡Ja! ¡Deja la actuación barata! Yo soy la que está siendo acorralada. Así que adelante, quítame esta placa y ríete de mí estupidez, ¿por qué no?
—Oh, vamos. Que estés en ligera desventaja no significa que tengas que ceder tan fácilmente —replicó Subaru.
—¿Eso es todo lo que tienes que decir después de traer a esta chica aquí? Maldita sea, ¡me engañaron! —dijo Felt, rascándose bruscamente el cuero cabelludo y chasqueando la lengua.
Satella pareció fruncir el ceño ante la actitud nada femenina de Felt, y Subaru tragó saliva ante el peligroso estado de las circunstancias y los malentendidos, sin saber dónde fijar la mirada.
Cuando Subaru miró a su alrededor, se dio cuenta de que había un adorno de flores rojas prendido en el pecho izquierdo de la capa de No-Satella.
—Jaa… —Subaru suspiró, y luego sonrió. Ahora todas sus dudas hasta ese momento parecían tan estúpidas.
Ver la expresión severa y la actitud de No-Satella le había recordado a Subaru la forma en que le había rechazado en su último bucle, y le había hecho ser incapaz de hacer nada. Sin embargo, sabía que no importaba cuántas veces volviera al bucle, No-Satella, en el fondo, no cambiaría.
El hecho de que esta vez también hubiera salvado a esa niña perdida era prueba de ello.
—Cuanto más hablemos todos de esto, más confuso se va a poner, así que, Felt, por qué no te adelantas y devuelves esa placa. Así que, Sat… quiero decir, deberías tomarla y largarte de aquí, para que no te la vuelvan a robar.
—¿Por qué de repente actúas como si me conocieras? Realmente no entiendo lo que está pasando aquí… —dijo No-Satella.
—Yo tampoco entiendo lo que pasa. ¿Quién te crees que eres? —preguntó Felt, mirando a Subaru.
Subaru había intentado que las cosas siguiesen fluyendo y cambiar el estado de ánimo, pero el joven sólo exaltó a ambas chicas, y no consiguió llegar a ninguna parte.
Subaru buscó ayuda en Rom, pero…
—Estamos tratando con una maga. No puedo hacer ningún movimiento. No te precipites —replicó Rom, malinterpretando lo que Subaru intentaba decir.
Ugh, este viejo es un inútil, pensó Subaru, conteniéndose a duras penas para no chasquear la lengua en señal de irritación, y luego tratando de averiguar cómo iba a responder a las miradas de ambas chicas.
Pero justo entonces… una sombra negra pareció deslizarse silenciosamente y acercarse sigilosamente por detrás de la chica del cabello plateado.
—¡Puck! ¡¡Bloquea!!
Una sonrisa sensual se fundió en las sombras y se precipitó hacia delante, y un destello plateado pareció retorcerse al abalanzarse sobre el cuello blanco de No-Satella.
En ese instante, con los ojos de Subaru abiertos de par en par, la cabeza de la chica salió volando… o al menos lo habría hecho.
Se oyó un fuerte choque, no el sonido del acero cortando huesos, sino el del acero rompiendo cristales. Cuando No-Satella fue lanzada ligeramente hacia delante, un círculo mágico blanco azulado se activó detrás de su cabeza.
La luz del círculo mágico tomó la punta de la cuchilla y apenas había mantenido con vida a la chica de cabello plateado.
No-Satella saltó entonces hacia delante y se dio la vuelta, su cabello ondulado tras ella, y tras aquella cortina de cabello Subaru pudo ver a un animal peludo de color gris de pie. Puck levantó la nariz, orgulloso de su salvada antes de mirar hacia Subaru.
—Eso fue justo a tiempo. Nos salvaste.
—Bien hecho, Puck. De verdad, el salvado fui yo. Gracias —dijo Subaru, dándole al gato un pulgar hacia arriba, aunque seguía conmocionado.
Aún no se había puesto el sol, es decir, que el muy fiable compañero de apoyo de No-Satella seguía en su horario laboral.
La rápida respuesta de Subaru fue importante, pero fue gracias a la asombrosa actuación de Puck que No-Satella seguía a salvo.
En cuanto a la agresora, su ataque sorpresa bloqueado…
—Un espíritu, un espíritu, ¿eh? Ajaja… Eso es maravilloso. Nunca antes he abierto el estómago de un espíritu.
Levantando su peligrosa arma frente a su cara, la expresión de la mujer era de éxtasis. Era la asesina que Subaru había visto tantas veces: Elsa.
Tanto Subaru como No-Satella se pusieron en guardia de inmediato ante la repentina aparición de la recién llegada, pero el primero en reaccionar no fue ninguno de los dos.
—¡Eh! ¿Qué significa esto? —gritó Felt, dando un paso adelante con la voz alzada por la ira.
Felt señaló con un dedo a Elsa y luego sacó la placa del bolsillo con la otra mano.
—Todo lo que se supone que tienes que hacer es comprarme esta placa. ¡Convertir este lugar en un baño de sangre no era parte de nuestro acuerdo!
—Comprar la placa robada es sin duda lo que vine a hacer, pero es difícil mantener negociaciones si su dueño apareció para recuperarla. Así que decidí un cambio de planes.
La cara de Felt estaba roja de ira, pero al ver los ojos de Elsa fijos en ella, húmedos de intención asesina, tragó saliva. Elsa contempló, con una mirada casi amorosa, el miedo de Felt.
—Mataré a todos los que están aquí y después recogeré esa placa del mar de sangre —dijo Elsa, mientras mantenía en su rostro la expresión de una madre cariñosa. Luego ladeó la cabeza y continuó con crueldad—: No fuiste capaz de hacer tu trabajo. ¿De verdad esperas que no tire algo que no me sirve para nada?
—…
El rostro de Felt se retorció como si sintiera dolor, pero la emoción que había detrás no era de miedo, sino algo más. Las palabras de Elsa debían de haber tocado algo sensible, muy dentro de ella. Subaru no sabía lo que era, pero…
—¡No me vengas con esas, zorra!
… fue suficiente para que Subaru gritara de rabia a Elsa, y se olvidara de lo débil que era comparado con ella.
Elsa se volvió y miró a Subaru, sorprendida, y no fue la única. Felt y Rom se giraron hacia Subaru e incluso No-Satella no fue una excepción. No obstante, el más sorprendido no era ninguno de ellos, era Subaru.
No podía entenderse a sí mismo, por qué estaba tan enfadado. En parte debido a ello, a medida que esta emoción surgía en su interior, la escupía toda.
—¡¿De verdad es tan divertido para ti meterte con un niña tan pequeña, sádica obsesionada con los intestinos?! ¡¿Sólo porque las cosas no van exactamente como tú planeaste, vas a destrozarlo todo y a hacer un berrinche?! ¡¿Qué tienes, cinco años?! ¡¿Qué tal si por una vez valoras la vida?! ¡¿Sabes cuánto duele que te abran el estómago?! ¡¡Yo sí!!
—… ¿Qué intentas decir?
—Estoy aprovechando este momento para dejar que el imprevisto sentido de la justicia que hay dentro de mí despotrique contra la injusticia de este maldito mundo, y ahora mismo, para mí, la injusticia de este mundo eres tú, y esta situación, ¡así que ahora mismo estoy canalizando toda mi rabia por todo hacia ti!
Como los gritos de Subaru seguían sin tener sentido para ella, Elsa dejó escapar un raro suspiro exasperada. Pero mientras Subaru se sentía algo dolido por la reacción poco seria de ella, con la saliva volando, siguió gritando.
—¡Muy bien! ¡Ya basta de ganar tiempo! ¡Ve con todo, Puck!
—Esa fue una diatriba tan increíblemente patética, que quiero escribirla y dejarla para las generaciones futuras… Supongo que tendré que responder a tus expectativas, ¿eh?
Comparada con los gritos y pisotones de Subaru, la voz de Puck era distante y rezagada. Elsa levantó inmediatamente la vista, pero a su alrededor, desde todos los lados, había carámbanos afilados, más de veinte en total.
—Parece que no me he presentado, Ojou-chan. Mi nombre es Puck. Me gustaría que al menos recordaras mi nombre, al despedirte de este mundo.
Inmediatamente después, los carámbanos volaron hacia Elsa.
1
—¡…!
Los carámbanos entrecruzados levantaban una niebla blanca y el abrigo negro de Elsa se perdía en la tormenta de bajas temperaturas. La velocidad de los carámbanos era muy superior a la que Subaru había visto en el callejón, y apenas podía seguirlos con la vista. Subaru pensó que los carámbanos de punta afilada atravesarían fácilmente el cuerpo de Elsa, las puntas de los proyectiles transparentes teñidas de rojo por la sangre. Había veinte. Si alguna de ellos daba en el blanco debería ser letal. Sin embargo…
—¡¿Le ganó?! —dijo Rom.
—¡¿Por qué tuviste que decir eso?! —gritó Subaru.
Aunque Rom había estado callado todo este tiempo, dijo lo peor posible en el peor momento posible.
—Vale la pena estar preparado… No me gusta llevarlo porque pesa, pero parece que esta vez hice bien en llevarlo.
Atravesando el humo blanco, Elsa saltó, con su cabello negro bailando detrás de ella.
Llevaba el kukri en la mano y, con sus pasos ligeros, parecía no tener ninguna herida. Aparte del hecho de que se había despojado de su abrigo negro y ahora sólo vestía su traje negro ceñido, no parecía diferente de antes.
—No me dirás que como ese abrigo pesa tanto, por el mero hecho de despojarte de él de repente eres mucho más rápida, ¿verdad?
—Eso sería interesante, pero la verdad es simple. Ese abrigo tiene una fórmula entretejida que puede alejar la magia una sola vez. Parece que me salvó la vida —respondió Elsa amablemente a la pregunta de Subaru antes de arrodillarse y golpear hacia arriba con la punta de su cuchillo. El objetivo era No-Satella, y el golpe iba dirigido a clavarle el cuchillo en el pecho.
Subaru instintivamente empezó a gritar, pero…
—Me gustaría que no subestimaras a los magos espirituales. Somos bastante aterradores si nos conviertes en enemigos.
No-Satella juntó las manos delante del pecho, formando un escudo de hielo de varias capas que fue atravesado fácilmente por la hoja de Elsa, pero ésta recibió el cuchillo y detuvo su ataque. Elsa saltó inmediatamente hacia atrás para retroceder mientras unos cuantos carámbanos más pequeños salían despedidos hacia ella.
El contraataque se debió a Puck, que estaba de pie sobre el hombro de No-Satella, barriendo sus brazos de un lado a otro como un comandante de batalla.
—Uno maneja la defensa y el otro el ataque… En realidad, son dos contra uno —dijo Subaru, impresionado.
—Eso es lo complicado de los magos espirituales. Uno ataca y el otro defiende. Dependiendo de la situación, uno puede usar magia simple, ganando tiempo, mientras el otro prepara un ataque especial… Por eso en el campo de batalla decimos: «Cuando te encuentres con un mago espiritual, deja las armas y la cartera y corre» —murmuró Rom, todavía empuñando su garrote.
Subaru asintió. No parecía que el emparejamiento entre un mago espiritual y su espíritu pudiera superarse fácilmente.
—Por cierto, Viejo, ¿qué piensas hacer?
—Estoy buscando un hueco para poder ayudar a esa elfa. De las dos, ella parece la más dispuesta a escucharnos.
—¡Espera! ¡Espera! ¡Espera! ¡Espera! ¡Espera! ¡Espera! ¡No! ¡Sólo les estorbarás! ¡Si atacas lo único que va a pasar es que perderás tu brazo derecho y verás tu garganta cortada! ¡Quédate donde estás!
—¡No digas eso! La forma en que lo dices hace que suene como si ya me hubieran cortado.
Como Subaru ya había visto a Rom ser cortado dos veces, sus palabras tenían algo de verdad en su tono. Como si Rom estuviera sintiendo lo que le había sucedido en aquellas dimensiones diferentes, se llevó las manos al brazo y al cuello.
Aunque Subaru pudo convencer a Rom de que no se moviera, lo cierto era que la pelea entre Elsa y No-Satella era tan intensa que no parecía que hubiera ningún lugar donde alguien pudiera interponerse.
Se habían creado innumerables fragmentos de hielo que volaban por toda la habitación. No obstante, en medio de todo eso, la forma en que Elsa lo estaba manejando sólo podía describirse como sobrehumana.
Daba vueltas, se agachaba tanto que parecía que se arrastraba por el suelo y, a veces, pisaba las paredes para esquivar los ataques como si ignorara por completo la gravedad. Si incluso con todo eso no parecía capaz de esquivar un ataque, utilizaba su cuchilla para cortar los cristales de hielo y hacerlos añicos. Había emparejado lo que su oponente podía hacer en número con un grado de habilidad abrumador.
—Parece realmente acostumbrada a luchar, a pesar de ser una chica —murmuró Puck, impresionado por las habilidades divinas y el sentido de la lucha de Elsa.
—Vaya, ha pasado mucho tiempo desde que alguien me llamó chica.
—Desde mi perspectiva, la mayoría de las personas con las que trato son como bebés para mí. Pero aun así, eres tan fuerte que casi siento que debería compadecerte.
—Ser halagada por un espíritu como tú, debo decir que me siento honrada.
Mientras Elsa aceptaba de buen grado los elogios de Puck, repelió otro fragmento de hielo con su cuchilla.
Debían de haberle lanzado casi cien trozos de hielo, pero aparte de ese primer ataque, no parecía que ninguno de ellos hubiera hecho mella.
—Creo que si siguen así, Elsa se cansará antes que ellos… pero sigo ansioso —dijo Subaru.
—Los movimientos de esa mujer de negro son bastante increíbles, pero no creo que puedan perder si siguen manteniendo la ventaja en número… pero tampoco es que ese espíritu vaya a poder mantenerse aquí para siempre. En cuanto ya no esté, el equilibrio de poder cambiará —respondió Rom.
—Maldición, tienes razón. ¡¿Cuánto falta para las cinco?!
La primera vez, Puck se fue a dormir poco después de la puesta de sol. No es que hubiera pasado mucho tiempo desde el comienzo de la batalla, pero con tanto uso de magia, ¿no estaría gastando todo el prana que tenía almacenado?
—Justo cuando las cosas empezaban a ponerse divertidas… Me duele ver qué otra cosa te distrae de prestarme atención —murmuró Elsa mientras torcía el cuerpo para esquivar un ataque de carámbanos, confirmando los temores de Subaru.
—Como hombre popular, es realmente duro para mí. Nunca puedo hacer dormir a las chicas. Aun así, ya sabes que si te quedas despierta hasta muy tarde es malo para la piel —respondió Puck en tono ligero, pero no negó lo que ella decía.
Justo cuando Subaru empezaba a preocuparse de que Puck hubiera llegado a su límite, de repente los movimientos de Elsa se detuvieron. En respuesta, Puck le guiñó un ojo.
—¿No crees que ya es hora de bajar el telón de esta representación? Cuando seguimos repitiendo el mismo acto empieza a aburrir.
—Mi pie…
En cuanto Elsa intentó dar un paso, cayó hacia delante, atrapándose con las manos en el suelo. El pie derecho de Elsa se había congelado contra el suelo.
Las esquirlas de los carámbanos de hielo que Elsa había roto se habían amontonado en el suelo, y algunos habían servido para atrapar los pies de Elsa.
—No habrás pensado que estaba esparciendo todas estas cosas por ahí sin razón, ¿verdad?
—… Supongo que esto significa que me superaste.
—Échale la culpa a la diferencia de nuestras edades. Tienes muchas razones para felicitarte por haber llegado tan lejos. Ahora, buenas noches.
Sacando pecho, el cuerpo de Puck, que seguía apoyado en el hombro de No-Satella, empezó a oscilar a alta frecuencia. Puck se colocó como si estuviera a punto de soltar su movimiento definitivo, con ambas zarpas al frente, concentrando más magia que nunca, y Subaru observó cómo esa magia salía disparada como una flecha. La magia no tenía forma de hielo, sino que era simplemente una carga de energía destructiva.
A lo largo de la trayectoria de la luz blanca azulada todo se congeló, y de un solo golpe el almacén de botines se llenó de blanco. La energía atravesó a Elsa y rompió la puerta que daba entrada al almacén, haciéndola saltar de sus goznes, y la energía congelante residual del ataque llegó incluso hasta el exterior.
Al pasar la brillante luz del ataque, todo se congeló, desde el mostrador hasta los objetos robados, e incluso el suelo sobre el que yacían.
Por supuesto, si se golpeaba directamente, incluso un ser humano se convertiría rápidamente en una estatua de hielo, pero…
—No puede ser… —dijo Puck.
—Por supuesto que sí. Ah, eso fue maravilloso. Realmente pensé que iba a morir.
… todo esto suponiendo que el ataque hubiese impactado.
—… Siendo tú una chica, no puedo decir que lo apruebe.
Aunque el ataque de Puck fue esquivado, Puck no parecía más enfadado de lo que transmitían sus palabras. Simplemente no estaba contento con lo que Elsa había hecho.
Subaru vio gotear sangre y un poco de vapor surgía del suelo helado.
La sangre provenía del pie derecho de Elsa. Estaba descalza, justo fuera de la línea de fuego del ataque de Puck, y sangraba profusamente por el pie derecho, y no era difícil saber por qué. Después de todo, se había cortado la planta del pie.
—Tenía miedo de cortarme todo el pie, ya que me apresuré. Estuvo cerca.
—Aunque sólo te hayas cortado la base del pie, debe de dolerte mucho —dijo Puck.
—Pues sí, tienes razón. Pero es maravilloso. Me hace sentir viva, y además…
En respuesta a las preocupadas palabras de Puck, Elsa asintió con una mirada de éxtasis en los ojos y, sin dudarlo, empujó su pie sangrante contra un trozo de hielo. De la garganta de Elsa salió eróticamente un sonido como de aire rompiéndose, e inmediatamente después se llevó el cuchillo al hielo que rodeaba su pie. Con eso, había conseguido detener la hemorragia con el hielo.
—Es un poco difícil moverse, pero con esto debería bastar —dijo Elsa riendo, chasqueando su zapato de hielo contra el suelo, con cara de estar divirtiéndose.
Subaru no tenía palabras para responder a cómo la adicción de Elsa a la lucha la dejaba sin ninguna vacilación cuando se trataba de mutilarse, pero ahora mismo era su oponente, No-Satella, la que estaba en problemas.
—Puck, ¿crees que podrás seguir? —susurró No-Satella.
—Lo siento, pero estoy muy cansado. Creo que en serio la subestimé. A este paso voy a desaparecer por haberme quedado sin prana —respondió Puck, por primera vez sin la confianza que antes había llenado su voz.
Cuando el gato se subió al hombro de No-Satella, su figura empezó a brillar y parecía que iba a desvanecerse en cualquier momento. Se les había acabado el tiempo.
—Encontraré la manera de manejar el resto por mi cuenta, así que descansa tranquilo. Gracias.
—Si ocurre algo, obedeceré mi contrato. Si es necesario, llámame, aunque tengas que usar tu od —dijo Puck con una advertencia, mientras su cuerpo desaparecía en una brizna de niebla.
Subaru se mordió el labio, pero no fue el más decepcionado por la marcha de Puck.
—Vaya… ¿Te vas? Eso es terriblemente desafortunado —dijo Elsa, la que había estado luchando con Puck con su vida en juego. Parecía realmente decepcionada.
Volvió a preparar su kukri y, con el chasquido agudo de su zapato helado, comenzó a dirigirse hacia Satella.
En respuesta, varios carámbanos se materializaron alrededor de No-Satella, pero eran muchos menos que cuando Puck estaba con ella.
Aunque ahora Elsa tenía sus movimientos limitados, el enfrentamiento parecía igualado.
—Parece que ya no podemos quedarnos sentados viendo esto, ¿verdad? —dijo Rom, agarrando su garrote y preparándose para moverse—. Ya no sé quién va a ganar esto, así que si nos quedamos esperando vamos a perder nuestra oportunidad. Lo entiendes, ¿verdad, Felt?
—Sí, lo sé. Tanto si ayudamos como si huimos, vamos a tener que movernos pronto —dijo Felt, hablando por primera vez desde que Elsa la amenazó.
Felt se movió junto a Rom y luego se volvió hacia Subaru.
—Sobre lo que dijiste antes… Gracias. Me hizo sentir mejor.
—¿Eh?
—¡Sólo un poquito! Además, no me llames niña. Tengo quince años. Tú no eres mucho mayor que yo, ¿verdad?
—… En realidad, este año cumpliré dieciocho. Podré sacarme el carné de conducir y también casarme.
—¡No puedes ser tan viejo! ¡Tu cara parece más joven que la mía! Envejece un poco, ¿por qué no lo haces? ¡Al menos en tu cara!
Bueno, Subaru había vivido sus años perezosamente en el pacífico país de Japón, tratando de vivir cada día lo más ordinariamente posible, así que no se podía evitar.
Subaru sintió como si se burlaran de su falta de determinación, por lo que miró al suelo, sintiéndose inútil.
El más débil aquí era Subaru, y bastaba con que careciera por completo de la capacidad de luchar, pero también…
—Mis piernas no paran de temblar… Supongo que esto es lo que pasa cuando te falta resolución.
Olvídate de estar capacitado para luchar, Subaru era físicamente incapaz. Rom tenía fuerza en los brazos, Felt en las piernas y No-Satella era maga, por lo que todos ellos podían luchar. No obstante, la anormalidad de Elsa superaba todas esas habilidades.
—Parece que está empezando a retroceder —dijo Rom, y eso bastó para describir completamente lo que estaba ocurriendo.
No-Satella no había dejado de disparar proyectiles contra Elsa, pero ésta se limitaba a apartarlos de un manotazo con su cuchilla, inutilizándolos. En respuesta a la danza de ataques cortantes de Elsa, No-Satella bloqueaba los ataques con su escudo de hielo y congelaba el suelo frente a sus pies para deslizarse, esquivando a duras penas los continuos ataques de Elsa. Después de que No-Satella ganara algo de distancia, continuaría su andanada, pero no se podía negar que su posición era inferior a la de Elsa.
Para cambiar la situación actual, era absolutamente necesario algún tipo de apoyo.
—¡Muy bien, allí voy!
Al parecer Rom había pensado lo mismo que Subaru, y tras soltar un grito, Rom se unió a la lucha.
Cuando Rom blandió su garrote, trajo consigo una ráfaga de aire, y cuando Elsa se agachó, su cabello quedó un poco atrapado por la ráfaga.
—Oh, qué grosero por tu parte interrumpir nuestro baile —dijo Elsa.
—Si tienes tantas ganas de bailar, te haré bailar como nunca, ¡así que da lo mejor de ti!
Mientras Rom blandía su garrote con pinchos contra Elsa, cambió su línea de ataque. Lanzó el garrote hacia la garganta de Elsa, pero Rom se quedó helado al ver el resultado.
—¡¿Qué demonios es esto?!
—Sólo soy capaz de hacer esto porque eres muy fuerte —dijo Elsa desde arriba mientras se colocaba en la punta del garrote de Rom.
Ese tipo de técnica sólo podía lograrse con un sentido divino del equilibrio. Antes de que ese equilibrio se rompiera, Elsa blandió su espada horizontalmente hacia Rom. El golpe estaba a la altura de la frente del viejo. Si impactaba, la parte superior de su cabeza saldría volando.
—¡¿Crees que te dejaría?!
¡Shing!, fue el sonido de la espada de Elsa al chocar con un cuchillo lanzado por Felt. La colisión había alterado la trayectoria de la cuchilla de Elsa, pero el costado de la misma seguía chocando con toda su fuerza contra el costado de la cabeza de Rom. Mientras Rom caía hacia un lado se oyó un ruido sordo.
—Qué niña más traviesa —dijo Elsa mientras aterrizaba suavemente de nuevo en el suelo y volvía sólo los ojos hacia Felt.
—…
El pequeño cuchillo de Felt había salvado la vida de Rom. Probablemente había apuntado al brazo de Elsa, pero con las prisas del momento su puntería se había desviado un poco. Sin embargo, sin ese pequeño fallo, Rom podría no haberse salvado.
—No tienes la determinación ni la fuerza para luchar. Deberías haberte acobardado en la esquina como una buena niña.
Se oyó el chasquido agudo del paso de Elsa, que acortó al instante la distancia que la separaba de Felt. Rom estaba inconsciente, y No-Satella, que había estado intentando mantener las distancias, estaba ahora demasiado lejos. La propia Felt se había congelado como una rana acechada por una serpiente, así que…
—¡¡¡Aaaaahhhh!!!
… el único que pudo ponerla a salvo fue el cobarde que momentos antes había estado temblando a su lado.
2
Subaru se abalanzó sobre Felt a la altura de la cadera y, mientras se abrazaba a su ligero cuerpo, cayó rodando por el suelo. Justo antes de caer, sintió que algo metálico le rozaba la nuca, lo que le puso los pelos de punta. Pero, al sentir el peso de la persona que tenía en sus brazos, hizo todo lo posible por ignorarlo y siguió rodando para distanciarse lo más posible de donde estaban antes.
Cuando por fin Subaru miró hacia atrás, de rodillas, Elsa le miraba sorprendida. Sintiéndose como si le hubiera gastado una mala broma a Elsa, Subaru no pudo evitar devolverle la sonrisa, torpe pero orgulloso.
—¡¿Estás bien?! —le dijo a Felt—. ¡Estaba desesperado, así que si accidentalmente toqué algo que no debía, por favor perdóname, ¿de acuerdo?!
—¡Si no hubieras dicho eso te lo habría agradecido con normalidad…! ¿Pero por qué?
—¡No lo sé! Mi cuerpo se movió solo. Si tuviera que dar una razón… bueno, tú no lo sabes, pero con esto ahora estamos totalmente en paz, ¿bien? ¡Recuérdalo! ¡Ahora estamos empatados! —dijo Subaru, apretando el puño después de soltar a Felt.
La segunda vez, Felt salvó a Subaru de la cuchilla de Elsa. Ese recuerdo no significó nada en el mundo actual, pero con esto pudo pagar su deuda.
Subaru pensó que, aun así, sus deudas debían ser pagadas, por lo que nada de lo que tenía que hacer antes había cambiado.
—Escucha, Felt. Ahora mismo voy a hacer lo mismo que hizo Rom antes de que lo noquearan para ganar tiempo. Cuando eso ocurra me aseguraré de darte una oportunidad, así que quiero que aproveches ese momento para salir corriendo de aquí tan rápido como puedas. ¿Entendido?
—¡¿Qué?! ¡No! ¿Me estás diciendo que dé media vuelta y huya? —dijo Felt, mirando a Subaru con sus ojos rojos.
Pero Subaru se acercó y le devolvió la mirada. Mientras lo hacía, se aseguró de no perderse el momento en que Felt parecía asustada por lo que Subaru intentaba decir.
—Sí. Eso es lo que te digo que hagas. Gírate y huye con el rabo entre las piernas. Para ser sincero, ahora mismo eso es exactamente lo que quiero hacer. No quiero quedarme ni un segundo más en este espacio lleno de violencia —dijo Subaru, dándole unas palmaditas en la cabeza a Felt.
Cuando Felt empezó a decir: «Pero…». Subaru la interrumpió y continuó.
—Tú tienes quince años y yo diecisiete. De todos nosotros, eres probablemente la más joven de nosotros. Así que lo correcto es darte la mayor posibilidad de salir de aquí con vida. Es lo natural.
—No me vengas con esas… ¡Hace un minuto temblabas como un loco!
—¡Eso era antes, esto es ahora! Ya no estoy temblando, ¡así que está bien! De verdad, antes de que me acuerde y vuelva a temblar tengo que hacer esto ahora. ¿De acuerdo? ¡Así que prepárate para correr!
Subaru puso la mano en la frente de Felt, que parecía que iba a protestar de nuevo, y se puso en pie. No muy lejos, en el suelo, estaba el garrote de Rom. Parecía realmente pesado, pero Subaru pensó que aún sería capaz de blandirlo.
Mientras No-Satella seguía disparando andanadas de hielo a Elsa, no había ni un signo de torpeza en sus movimientos mientras bailaba para evitar los disparos. En primer lugar, Subaru no estaba muy seguro de si él, enfrentado a una superhumana como Elsa y sin ninguna experiencia real en combate, podía proporcionar una oportunidad para que Felt huyera. Lo único que podía hacer era atacarla por sorpresa cuando no le estuviera prestando atención.
Así que justo después de que Elsa blandiera su cuchilla y destrozara un gran carámbano, y Subaru estuviera completamente en uno de sus puntos ciegos, Subaru saltó hacia ella, olvidándose incluso de respirar, y la golpeó con el garrote.
Tal vez la adrenalina de Subaru por fin había hecho efecto, porque la velocidad de su golpe fue mucho más rápida de lo que había imaginado. Cortó a través del aire hacia la parte posterior de su cabeza, y…
—Escogiste el momento y el ángulo adecuados para apuntarme, pero por desgracia pude intuir tu intención de matar a la legua.
—¡¿Intención de matar?! ¡No tengo ni idea de cómo se supone que debo ocultar eso!
Para bloquear el golpe que venía directamente detrás de ella, Elsa golpeó el garrote con el filo romo de su espada, cambiando el curso del golpe lo suficiente como para que no diera en el blanco. Aun así, en ese mismo instante Subaru abrió la boca de par en par, enseñando los dientes, y gritó.
—¡Ahora, Felt! ¡¡Corre!!
—¡¡…!!
Como un resorte, Felt lanzó su pequeño cuerpo al viento y corrió hacia delante. Iba tan rápido que Subaru no pudo seguirla con la mirada, y la chica, ahora convertida en viento, se precipitó hacia la salida.
—¿De verdad crees que te dejaría ir?
Para detener a Felt, Elsa sacó otro cuchillo del bolsillo de su pecho y lo lanzó hacia Felt. Como si fuera un símbolo de venganza por lo que Felt hizo antes, el simple cuchillo sin decoración voló directo hacia su espalda. No obstante…
—¡Qué lástima, pero eso harpa quieras o no!
Subaru dio una patada hacia arriba a la mesa redonda que estaba a su lado, que chocó con el cuchillo y lo desvió de su trayectoria.
—¡Mierda, soy increíble! ¡Eso fue alucinante! ¡Vaya, me duele el dedo del pie más de lo que pensaba…! ¡¿Uwah?!
Tal vez volviera a ser la adrenalina de Subaru, o algún poder que se había despertado en él y que no había conseguido activar las tres últimas veces, pero cuando la larga pierna de Elsa se levantó y le propinó una patada en un lado de la cabeza que le hizo salir volando, sus autocomplacencias se vieron truncadas.
Recibió un golpe tan fuerte que el mundo pareció darle vueltas, y junto con la aparición del dolor y el sabor de la sangre en la boca, Subaru vomitó.
—Es la primera vez en mucho tiempo que alguien me hace enfadar un poco.
—¡Bueno, eso es algo que me alegra oír! ¡Ja, ja! ¡Te lo mereces! ¡¡Dejé escapar a uno de nosotros!!
Subaru volvió a ponerse en pie y fingió estar en mejor forma de lo que estaba, haciendo todo lo posible por seguir llamando la atención de Elsa.
Como si Elsa hubiera leído la mente de Subaru, le sonrió y se olvidó de Felt por el momento.
—Bien, si eso es lo que quieres, te prestaré atención. Será mejor que tu baile no me aburra.
—Voy a adelantarme y advertirte, pero si vas a bailar conmigo, será mejor que tengas cuidado. No tengo idea de cómo bailar, así que seguro que te piso los pies —dijo Subaru, escupiendo la sangre que le había subido a la boca. Reajustó el agarre del garrote que aún tenía en las manos.
No es que Subaru fuera a tener muchas oportunidades de asestar un golpe, así que utilizó todo lo que tenía para concentrarse en golpear a Elsa mientras corría hacia él.
—¡Será mejor que no te olvides de mí! —dijo No-Satella, junto con un trozo de hielo lanzado desde atrás.
Pero sin siquiera mirar atrás, Elsa blandió su cuchilla y rompió el hielo en pedazos. Con los sentidos sobrehumanos de Elsa a pleno rendimiento, ni siquiera Subaru fue capaz de seguir burlándose de ella.
—He empezado a cansarme de este jueguecito… ¿Seguro que serás capaz de mantenerme entretenida? —preguntó Elsa en voz baja, con la sonrisa del color de la sangre.
Mientras Subaru contemplaba su sonrisa, sintió que un escalofrío le recorría la espalda y miró a No-Satella para establecer contacto visual.
—Si tienes algún tipo de gran poder oculto disponible, creo que ahora sería un gran momento para usarlo.
—… Tengo otro truco bajo la manga, pero si lo uso, seré la única que quede viva.
—Entonces me gustaría el truco siga bajo tu manga. Nada de bombas arrasadoras, por favor… Está bien, lo entiendo. Maldita sea. Úsalo si es necesario, pero no te precipites, ¿de acuerdo?
Subaru pretendía que aquello fuera una broma, para ayudar a sacudirse parte de su cobardía, pero No-Satella se tomó en serio la afirmación de Subaru. Después de verle respirar hondo y consolidar su determinación, los labios de No-Satella se relajaron en una casi sonrisa.
—No lo usaré. No puedo mientras sigas esforzándote al máximo. Puedes hacerlo, así que sigue luchando. Confiar en el poder de los padres es mi última opción —respondió No-Satella.
Cuando dijo eso, realmente parecía que se estaba quedando sin opciones, y eso encendió un fuego dentro de Subaru.
Por un lado, No-Satella parecía a punto de darse por vencida; al mismo tiempo, parecía dispuesta a aceptar el hecho de que Subaru era débil y no ayudaría mucho.
Para Subaru, No-Satella era alguien que, por muy difíciles que se pusieran las cosas, nunca bajaba la mirada ni se rendía. Porque así era ella, Subaru había trabajado mucho para verla sonreír.
Subaru había muerto varias veces y había llegado tan lejos para salvarla. No había avanzado tanto solo para verla rendirse.
—Justo ahora no vi nada.
—… ¿Qué?
—Esta conversación que acabamos de tener, ¡no sucedió! Acabo de recordar la razón por la que estoy aquí. ¡Déjamelo a mí, maldita sea! ¡Voy a asegurarme de que nunca tengas que usar esa última opción tuya!
Subaru señaló a No-Satella y luego a Elsa, e hizo su declaración. Escupió al hacerlo, pisoteó el suelo y dejó que todas sus emociones salieran aullando de su alma.
—Voy a vencerte y tendremos un final feliz. No perteneces aquí, ¡así que lárgate!
—… Bueno, parece que alguien luce demasiado emocionado —replicó Elsa.
—Estoy listo para darlo todo. Esta vez va a ser el clímax. ¡Tengo mucha más energía que antes!
Cuando Elsa se inclinó hacia delante, Subaru balanceó el garrote como si estuviera declarando que iba a batear un jonrón. Entonces los labios de Elsa se curvaron en una sonrisa y se fundió en la oscuridad.
Desde una altura tan baja que parecía que se arrastraba por el suelo, Elsa se deslizó hacia Subaru. Mientras mantenía la vista fija en el brillo sordo de su cuchilla, Subaru blandió el garrote con todas sus fuerzas.
El golpe de Subaru no se contuvo; estaba preparado para golpear a Elsa hasta la muerte. Pero Elsa se agachó aún más, como si nada, y quedó tan agachada que parecía estar lamiendo el suelo.
—¡¡Mujer araña!!
—Bueno, supongo que es correcto decir que estás enredado en mi telaraña.
Cuando Subaru vio que la cuchilla de Elsa se levantaba, rápidamente echó su cuerpo hacia atrás. Sin embargo, aún no podía salir del alcance de su cuchilla. El miedo se apoderó de Subaru y, sin pensarlo, levantó la rodilla. Aunque no tenía intención de apuntar a ninguna parte, como Elsa estaba justo delante de él, aterrizó directamente en su estómago. La trayectoria de la cuchilla cambió un poco, y justo en esa trayectoria apareció una luz blanca azulada, seguida de un sonido agudo.
—¡Un escudo de hielo! ¡excelente cobertura!
—No soy buena haciendo esos a distancia. ¡Accidentalmente podría haber congelado a alguien!
—¡¿A ella, verdad?! ¡Te refieres a ella, ¿cierto?! —respondió Subaru, con una mezcla de broma en su agradecimiento.
No-Satella siguió haciendo retroceder a Elsa con su aluvión de hielo.
—Empecé a cansarme de ti, pequeño insecto zumbador… creo que es hora de terminar con esto.
—Hey, no subestimes a los bichos, ¿bien? No es culpa mía si te pican y te sale urticaria.
—Vaya, ¿no crees que suenas muy suenas altiva y poderosa cuando estás fuera de mi alcance de ataque? —replicó Elsa mientras se centraba en esquivar los ataques de No-Satella, mientras Subaru seguía intentando desviar su atención.
Aunque a Subaru le habría encantado intentar apuntar a la espalda de Elsa mientras ella seguía esquivando, no quería correr el riesgo de ser víctima de fuego amigo, así que realmente no podía moverse. Esa fue probablemente la razón por la que los ataques de No-Satella fueron silenciados cuando antes Subaru hizo su movimiento.
Era el tipo de problema al que hay que enfrentarse cuando se trabaja en un equipo improvisado.
Subaru seguía observando cómo Elsa desviaba los ataques de No-Satella, lanzándose de vez en cuando con un ataque propio, antes de volver a retirarse, pero podía sentir que la situación empeoraba.
Si Elsa realmente quisiera, estaba claro que podría ocuparse rápidamente de Subaru, como hizo con Rom. La única razón por la que parecía que estaban en igualdad de condiciones era porque Elsa no desviaba toda su atención hacia él. La cautela de Elsa se dirigía en cambio a la posibilidad de que el espíritu Puck volviese a aparecer. Eso bastaba para mantener la situación actual.
Otra razón por la que Elsa no actuó fue porque la cobardía de Subaru le mantenía un paso atrás. Se estaba cuidando de no ponerse al alcance de un peligro letal. Si Subaru hubiera sido un idiota valiente, ella le habría reducido y la balanza se habría desequilibrado. No obstante, no parecía que la cobardía de Subaru fuera a servirle durante mucho más tiempo.
A medida que los contraataques de Elsa se hacían más severos, los retrocesos de Subaru no llegaban a tiempo, y se estaba haciendo ligeros cortes por todas partes.
Subaru tenía cortes en la parte superior de los brazos, en las pantorrillas, en las axilas e incluso algunos cortes leves en el cuello, y a medida que aumentaban esas heridas, el conjunto deportivo gris de Subaru empezó a mancharse de sangre.
—¡Maldita sea, duele! ¡Argh! ¡¿Qué tal esto?!
Aunque el dolor era suficiente para hacerle llorar, Subaru lanzó una patada, intentando volver a hacer algo para pillar desprevenida a Elsa.
Aun así…
—Me quedo con esto —dijo Elsa.
—… Maldición.
Elsa había esquivado fácilmente la patada de Subaru y, para colmo, le había agarrado fácilmente la pierna. Elsa levantó su kukri, con la intención de cortarle toda la pierna. Con la fuerza del golpe de Elsa, su velocidad y el filo de la hoja, Subaru sabía lo que ocurriría a continuación. Su pierna sería cortada a la altura del muslo y moriría de un shock mientras la pérdida de sangre y el dolor le abrumaban. Subaru podía ver las palabras BAD END 4 apareciendo ante sus ojos.
¡No debería haber hecho eso!, gritaron los pensamientos de Subaru.
Intentó levantar el garrote para blocar, pero con la desventaja que tenía, con una pierna en el aire, no llegaría a tiempo.
No-Satella gritó. El corte alcanzaría sin piedad su pierna en momentos. Cuando Subaru pensó en el dolor y el derramamiento de sangre que provocaría un grito se elevó en su garganta, la sangre que vomitaría cuando…
—Es suficiente.
Apareció una llama, ardiendo a través del techo desde el centro del almacén de botines.
La llama se llenó de una espantosa malicia que recorrió la sala e incluso detuvo a Elsa.
Subaru recuperó su pierna y saltó hacia atrás antes de caer. Ante sus ojos, en medio de una columna de humo ascendente, vio una figura roja, ardiente y brillante.
—Estuvo cerca. Me alegro de haber llegado a tiempo…
—E-Eres…
La llama vaciló y dio un paso adelante. Su mera existencia bastó para congelar a Subaru, No-Satella y Elsa.
Contemplando las miradas de todos los presentes, sin inmutarse un ápice, se alzó con un absoluto sentido de la voluntad. Con los ojos azul cielo brillando con un puro sentido de la justicia, el joven sonrió débilmente.
—Creo que llegó el momento de cerrar el telón de esta obra —declaró el héroe, echándose el cabello rojo hacia atrás.
3
Mientras Felt corría como el viento por la entrada del almacén de botines, sintió como si la hubieran liberado de la desesperación.
Detrás de ella, Felt pudo oír la congelación del aire y el sonido del metal chocando contra el hielo. También oyó el sonido de un objeto contundente que se balanceaba en el aire, junto con «¡Hii!» y «¡Wahhh!» y otras estúpidas expresiones de alguien que esquivaba ataques.
La batalla seguía a sus espaldas.
Cuando las piernas de Felt empezaron a temblar mientras corría, sacudió la cabeza para intentar negar el torbellino de pensamientos que corrían por ella.
Estaba claro que si se hubiera quedado atrás, la habrían matado.
Contra un oponente que podía noquear a Rom con un solo golpe, Felt no tenía ninguna posibilidad. Lo mismo ocurría con aquella semielfa de cabello plateado. Sin el apoyo de su espíritu, tampoco podía ganar contra esa mujer.
Subaru estaba aún peor. Estaba claro que tenía poca experiencia luchando, y no parecía acostumbrado en absoluto. Sus manos y dedos limpios eran la prueba de que nunca antes había intentado sostener un arma, y su cabello y piel limpios eran la prueba de que nunca antes había sido herido.
En otras palabras, Subaru había vivido una vida protegida, en la que no era necesario plantearse luchar. Dado que llevaba encima un mitia tan caro, todo tenía sentido.
Felt debía aceptar que le servía de algo. A pesar de no saber nada del mundo, Subaru se había dejado llevar por una noción de caballerosidad e intentó algo muy por encima de sus posibilidades. Felt simplemente debería reírse de su idiotez. Subaru trató de actuar con calma y dejarla escapar, por lo que probablemente se alegraría de verla seguir huyendo. Pero… aun así…
—¡Alguien! ¡Cualquiera!
Aunque Felt sabía en su mente que debería estar serpenteando por callejones, había corrido directamente hacia la calle principal. Sin aliento y con una expresión de pánico en el rostro, Felt miró a un lado y a otro.
Esto era extraño. Felt levantó la mano y se frotó frenéticamente los ojos llorosos. Aunque tuviera motivos para estar triste por Rom, Subaru era alguien a quien acababa de conocer. ¿Por qué iba a importarle que muriera?
Pero Subaru se había enfadado con Elsa por el bien de Felt, y casi había tirado su vida por la borda para que ella pudiera salir con vida.
Felt no entendía lo que sentía, pero como esos sentimientos estaban ahí en su corazón, siguió corriendo. Había sentido algo en respuesta a las acciones de Subaru. Debido a esos sentimientos, su calentura no se calmó, y mientras sentía que quería gritar, Felt siguió corriendo.
Entonces, finalmente después de correr por algunas calles…
—Por favor… ayúdenme.

—Entendido. Te ayudaré.
… encontró a un joven con el cabello rojo como el fuego, y cambió el destino del mundo.
4
—… ¿Reinhard?
—Así es, Subaru. Supongo que no ha pasado mucho tiempo desde la última vez que nos vimos. Siento llegar tarde.
El joven pelirrojo —Reinhard— se volvió hacia Subaru, que seguía tirado en el suelo, con una leve sonrisa de disculpa.
Incluso mientras Reinhard se limpiaba el polvo de la manga, cada movimiento parecía entrenado y deliberado. La forma en que Reinhard se comportaba era diferente a la de la primera vez que Subaru se encontró con él en el callejón con Tonto, Retonto y Tontísimo, y mientras Subaru le observaba, pensó que ahora estaba viendo un atisbo del verdadero yo de Reinhard.
Sin bajar la guardia ni un momento, Reinhard miró al frente y volvió los ojos hacia la belleza vestida de negro que ahora centraba su animosidad en él. Los ojos azules de Reinhard se entrecerraron, como si recordara algo.
—Cabello negro y ropas negras, y su arma es la hoja doblada propia de los países del norte. Con todas esas características alineadas, no hay error. Eres la «Cazadora de Entrañas», ¿verdad?
—¿A qué viene ese alias que suena superviolento…? —murmuró Subaru.
—Es un alias que le han dado por su forma de matar. Es conocida en la capital por ser una persona peligrosa. Sin embargo, por lo que he oído, parece ser más bien una mercenaria —respondió Reinhard fielmente a la pregunta retórica de Subaru mientras clavaba sus ojos claros en Elsa.
—Reinhard. Ah, sí. El caballero entre los caballeros… y del linaje del «Maestro Espadachín». Bueno, eso es asombroso. Nunca pensé que me encontraría con un oponente tan agradable. Ahora tendré que agradecer a mi jefe por darme este trabajo, ¿no?
—Hay muchas cosas que me gustaría preguntarte. Aunque te recomiendo que te rindas…
—¿Le dirías a un depredador hambriento ante su presa herida, un ejemplar perfecto y que ya chorrea sangre, que aguante su hambre y siga de largo?
Elsa se relamió eróticamente los finos labios rojos con cara de éxtasis mientras miraba fijamente a Reinhard.
—Ya veo —respondió Reinhard, rascándose un lado de la mejilla como si deseara que hubiera otro camino—. Subaru, voy a tener que pedirte que te alejes más, y por favor, llévate a ese anciano contigo lejos del peligro. Después de eso, si pudieras quedarte al lado de esa otra persona de ahí, me ayudaría mucho.
—Entendido… Esa mujer es todo un monstruo, así que no bajes la guardia, ¿de acuerdo?
—Afortunadamente, podría decirse que luchar contra monstruos es mi especialidad —dijo Reinhard con seguridad, y avanzó sin dar señales de estar preparándose para la batalla.
Reinhard ni siquiera echó mano a la espada que llevaba en la cintura, sino que siguió adelante con las manos vacías.
Tras una brusca inspiración, el kukri en la mano de Elsa voló hacia delante, en un instante, hacia el cuello de Reinhard.
A diferencia de cuando Subaru era su oponente, no había señales de que Elsa se contuviera al asestar su golpe, que pareció matar el aire mientras corría hacia el esbelto cuello de Reinhard.
Sin embargo, Reinhard estaba completamente indefenso. No sólo no hizo ningún movimiento para defenderse, sino que ni siquiera hizo un movimiento para esquivar el ataque.
Subaru ya podía imaginarse la cabeza de Reinhard volando de su cuerpo. No obstante…
—En realidad no quiero ser violento con una mujer, pero… —dijo Reinhard, empezando de forma caballerosa, pero a Subaru le pareció que el tono de su voz había bajado—… tendrás que disculparme.
Reinhard plantó un pie en el suelo, la presión tras él fracturó el suelo bajo él, y con la otra pierna lanzó una patada tan fuerte que creó una onda expansiva al chocar con Elsa y lanzar su cuerpo por los aires. La onda expansiva fue lo suficientemente fuerte como para que Subaru la sintiera allí donde estaba. Se quedó sin habla.
Simplemente fue una patada ordinaria hacia adelante, pero la presión de aire que causó fue suficiente para crear un viento que sacudió todo el edificio.
Elsa, que recibió el impacto de frente, voló por los aires como una hoja. Aun así, pudo reducir el daño recibido saltando de las paredes para matar la fuerza del impacto con las piernas. Incluso con eso, cuando levantó la vista, se pudo ver la expresión de conmoción en su rostro.
—No, no, no, no. imposible. Me estás jodiendo, ¿verdad…? ¿Qué mierda fue eso?
Subaru había descrito ciertas cosas como «a una escala totalmente diferente» varias veces en su vida, y fue en ese preciso momento cuando se dio cuenta de que se había equivocado. Esa frase, «a una escala totalmente diferente», existía únicamente con el propósito de describir a este héroe que estaba frente a él. Ante la existencia de Reinhard, todos los fenómenos extraordinarios de este nuevo mundo quedaban opacados en comparación.
—Eres como dicen… o mejor dicho, eres más de lo que todo el mundo dice que eres —dijo Elsa.
—Bueno, sólo puedo esperar estar a la altura de tus expectativas.
—¿No usarás esa espada tuya? Me gustaría probar su legendario filo.
Elsa apuntó a la espada de Reinhard. Quería enfrentarse a Reinhard con todas sus fuerzas, sin que él se contuviera. Sin embargo, Reinhard negó con la cabeza.
—Esta espada está hecha de tal manera que sólo puede ser desenvainada cuando debe ser desenvainada. El hecho de que la hoja no se haya sacado de su vaina significa que ahora no es el momento apropiado.
—Supongo que me han subestimado.
—Personalmente, hubiera preferido aceptar tu oferta. Así que…
De repente, Reinhard apartó los ojos de Elsa y recorrió con la mirada el interior del almacén de botines. Finalmente, sus ojos se posaron en una vieja espada de dos manos apoyada contra la pared. Reinhard levantó la empuñadura con el pie, haciendo que la espada desenvainada diera vueltas en el aire. La sujetó con la mano y la blandió ligeramente como si la estuviera probando.
—… usaré esta para enfrentarme a ti. ¿Alguna queja?
—No… ¡Esto es maravilloso, esplendido! ¡Será mejor que me hagas pasar un buen rato!
Mientras Reinhard empuñaba su espada, Elsa hizo el primer movimiento, lanzándose hacia un lado. Al lanzar el tajo, saltó para aumentar su velocidad. En respuesta, Reinhard se preparó para blandir su espada desde abajo, directamente hacia arriba.
En ese momento de ataque y defensa, Subaru pudo tener una visión clara de lo que estaba ocurriendo.
El golpe de Reinhard era sublime, mágico, perfectamente entrenado. En sus manos, incluso una espada desechable en el final de su vida útil, durmiendo en un almacén, brillaba como una espada atesorada transmitida por una leyenda a través de generaciones. La técnica de esgrima de Reinhard captaba cada gramo de rendimiento que podía extraer la espada y lo utilizaba a voluntad.
La espada de Reinhard dio en el blanco, justo donde el filo del kukri de Elsa se encontraba con su mango. A pesar de que se trataba de dos piezas de acero chocando entre sí, la espada de Reinhard mostró un increíble poder de corte y rebanó la hoja del kukri de Elsa justo en su base.
Elsa no tenía palabras para describir el destino del kukri que sostenía en la mano. La hoja se había convertido en un simple mango, y en cuanto al resto…
—Ahora que perdiste tu arma, te recomiendo que te rindas.
… cuando Reinhard se dio la vuelta, tenía la hoja del kukri de Elsa en la mano libre. Con un movimiento de muñeca la lanzó, y con un sonido agudo se clavó, alojándose en la pared.
Incluso Subaru pudo oír el jadeo de Elsa.
—En efecto, no es normal. Ni siquiera puedo encontrar la energía para bromear sobre ello. —Subaru apenas dejó escapar lo que pensaba, y se apresuró a poner distancia entre él y la batalla que estaba teniendo lugar.
En el camino, Subaru se acercó a Rom, y de alguna manera fue capaz de arrastrar su cuerpo gigante a un lugar a lo largo de la pared.
—Rom. Viejo Rom. Hola. Calvo. ¿Estás vivo?
—¿A quién… llamas… calvo…?
—¿Acaso ves otro? Mis únicos objetivos en la vida son no quedarme calvo ni engordar. Tú eres, para mí, el mejor ejemplo de a quién no quiero acabar pareciéndome.
Aunque la respuesta de Rom fue débil, después de darle unas cuantas palmadas más en la mejilla, Subaru dejó escapar un suspiro de alivio.
Aparte de que Rom se había dado un buen golpe en la cabeza, todo lo demás parecía estar bien. Cabía la posibilidad de que la memoria de Rom se resintiera, pero teniendo en cuenta que estaba vivo, no parecía un gran problema.
—¿Parece que esa persona se va a poner bien? —preguntó No-Satella mientras corría junto a Subaru, con su larga melena plateada arrastrándose tras ella. Comprobando el estado de las heridas de Rom, murmuró: «Necesita tratamiento», y sus manos empezaron a brillar con una tenue luz azul.
—Oye, sólo digo, pero este viejo está compinchado con el que te robó la placa. ¿Lo sabías?
—Precisamente por eso lo estoy haciendo. Una vez que lo cure podré usar su gratitud para sacarle información. La gente no tiende a mentir a quien le salvó la vida. Sólo lo hago por mi propio bien.
Era como si no pudiera justificar ninguna de sus acciones a menos que las razonara por su propio bien.
Subaru dedicó una débil sonrisa a la siempre rotunda No-Satella y volvió la vista hacia el campo de batalla.
Elsa estaba de rodillas, pero Subaru no podía verle la cara. Lo único que Subaru podía pensar era que Reinhard le había quitado las ganas de luchar. Con su vieja espada bajada a su lado, Reinhard se acercó a Elsa con las defensas bajas.
Seguramente Reinhard confiaba en la diferencia de habilidades entre él y Elsa, pero el orgullo siempre conduce al peor resultado posible. Una alarma sonó dentro de la cabeza de Subaru.
—¡Reinhard! ¡Tiene otra hoja!
Cuando Elsa sacó el segundo kukri de su cintura, se llevó un poco del flequillo de Reinhard, que se echó hacia atrás. Con su ataque sorpresa evadido, volvió los ojos hacia Subaru.
—Me sorprende que lo supieras.
—Bueno, ¡ya lo experimenté una vez! —dijo Subaru, haciéndole un gesto con el dedo corazón en tono de fanfarronada, aunque en realidad no podía llamarse tal cosa.
Al parecer, Elsa decidió que lo que decía Subaru eran tonterías y le ignoró.
—Sin embargo, te equivocarías si pensaras que sólo tengo dos de estos colmillos… ¿Continuamos? —le dijo a Reinhard.
—¿Estarás satisfecha si destruyo todas tus armas?
—Si pierdo mis colmillos, lucharé con mis uñas. Si pierdo mis uñas, lucharé con mis huesos. Si pierdo mis huesos, lucharé con mi vida. Así es como yo, la Cazadora de Entrañas, hago las cosas.
—En ese caso, tendré que hacer que renuncies a tus ideales.
Elsa sacó un tercer cuchillo de la cintura y mantuvo ambos preparados. Digna del insulto de «mujer araña» que Subaru le había lanzado antes, Elsa parecía volar por la habitación como si ignorara la gravedad, utilizando todo el espacio en el suelo y en el aire a su disposición.
Cuando la cuchilla se encontraba contra la espada y el acero contra el acero, cada violento choque hacía saltar chispas. Lanzándose desde las paredes y desde el techo, Elsa continuó con su estilo de lucha de ataque y retirada. Reinhard respondía a sus ataques.
Como la batalla parecía ir y venir, Subaru tragó saliva mientras observaba.
—No puede ser posible que incluso Reinhard carezca de la capacidad para solucionar esto, ¿verdad…?
Las habilidades de Elsa habían salido del ámbito de lo humanamente posible y a Subaru le costaba incluso seguir sus movimientos. No obstante, la habilidad de Reinhard era, en esencia, legendaria. Su batalla era como la de dos dioses que chocan entre sí en los cielos, pero Subaru podía ver que, en términos de pura habilidad, Reinhard estaba muy por delante de Elsa. Pero entonces, ¿por qué seguía la batalla?
—… Lo estamos reteniendo —murmuró No-Satella en respuesta a las dudas de Subaru mientras seguía curando a Rom.
—¿Eh? —respondió Subaru, y No-Satella se mordió el labio, frustrada.
—Como estoy usando magia espiritual, no puede luchar con toda su fuerza. Al menos no hasta que termine mi curación.
—No tengo ni idea de lo que intentas decir.
—Si Reinhard decide luchar con todas sus fuerzas, todo el prana de la atmósfera que nos rodea se apartará de mí… Ya casi he terminado. Cuando dé la señal, avísale.
—B-Bien.
Subaru seguía sin entender su explicación, pero aunque todavía un poco inseguro, estuvo de acuerdo.
La luz azul siguió curando el chichón que sobresalía de la cabeza de Rom, y otra herida que había estado sangrando un poco. Subaru miraba asombrado cómo los restos de sangre y la abertura de la herida iban desapareciendo poco a poco, cuando No-Satella respiró hondo y exhaló con cansancio.
—Terminé.
—Déjamelo a mí. ¡Eh, Reinhard! Realmente no lo entiendo, ¡¡pero dale con todo!!
Subaru transmitió el mensaje a Reinhard, que había estado continuamente a la defensiva, de que el tratamiento de Rom había concluido.
Reinhard miró hacia atrás. Cuando sus ojos y los de Subaru se encontraron, asintió levemente.
—… ¿Qué es lo que me vas a dar?
—La espada de la Casa Astrea —respondió Reinhard en pocas palabras y con dignidad mientras Elsa saltaba hacia él.
Inmediatamente después, Subaru sintió que todo el espacio del almacén se deformaba.
5
—¿Qué?
Subaru vio retorcerse el aire en su línea de visión, y no podía estar seguro, pero pensó que la habitación había perdido parte de su luz. Aparte de eso, la temperatura de la habitación, que ya había estado bajando debido a toda la magia de hielo, bajó aún más. Subaru se encontró temblando y abrazándose los hombros.
—¿Espera? ¿Eh? ¿Qué estás…?
—Lo siento, es que… ¿Podrías prestarme tu hombro?
Cuando No-Satella empezó a apoyarse en él, Subaru, mientras se agitaba, se apresuró a sostenerla. Su esbelto cuerpo estaba increíblemente caliente y Subaru podía sentir cómo su corazón se aceleraba por un motivo completamente distinto al anterior. Pero una mirada a la cara de No-Satella y cualquier idea que Subaru pudiera haber tenido se esfumó.
A No-Satella le faltaba el aire y parecía que le dolía. Era como si tuviera mucha fiebre.
—¿Qué pasó? ¿De repente te empezaste a sentir mal…? —preguntó Subaru.
—No, es el prana… Lo sabes, ¿verdad? —respondió No-Satella.
Subaru no tenía ni idea. Le hubiera gustado cruzarse de brazos y declararlo, con su habitual humor, pero ahora no parecía ser el momento para ello. No fue el peso sobre los hombros de Subaru lo que le hizo decidirse a permanecer en silencio; fue la forma en que toda la habitación había cambiado su atmósfera, y lo que estaba sucediendo en el origen de ese cambio.
En el centro de la sala, Reinhard tenía la espada preparada con ambas manos en una postura baja. Pero no era eso. Reinhard había mantenido esa postura desde el comienzo de la batalla. No obstante, mientras Subaru miraba, le pareció que sólo ahora, por primera vez, Reinhard tenía la espada preparada.
—Elsa la «Cazadora de Entrañas» Gramhilde —dijo Elsa, relamiéndose los labios.
—Reinhard van Astrea, de la estirpe de los maestros espadachines —respondió Reinhard majestuosamente con una inclinación de cabeza.
La presencia de la espada de Reinhard sobrecogió la sala, y la animosidad entre Reinhard y Elsa sacudió el aire.
En este lugar, convertido en su mayor parte en ruinas, se enfrentaban una asesina vestida de negro y un héroe con armadura ligera, y lo que chocaría sería la hoja ensangrentada de un cuchillo contra una vieja espada a dos manos oxidada. Pero a pesar de los defectos del arma de uno de los bandos, Subaru contuvo la respiración. Tras declarar sus nombres, ambos iban a intentar acabar la batalla de una vez. Subaru se sintió testigo de un verso de un cuento épico de heroísmo.
Alguien gritó. Subaru no pudo decir si fue Elsa, Reinhard o incluso él mismo, pero una luz brillante se desprendió del techo del almacén de botines y lo atravesó, cortando todo el espacio en dos mitades.
Subaru no pudo evitar sentir que el mundo entero se había desplazado cuando una inmensa luz llenó la habitación y lo blanqueó todo en un instante. Cuando la luz se disipó, el mundo sufrió otro cambio repentino, mientras el espacio desplazado intentaba volver a donde estaba antes.
El aire se distorsionó cuando las ondas residuales del ataque barrieron la sala y provocaron fuertes ráfagas que se precipitaron en espiral hacia el centro de la habitación. Junto con esas ráfagas, fueron arrastrados objetos robados, muebles e incluso materiales de la propia estructura del edificio.
Subaru intentó desesperadamente proteger tanto a No-Satella como a Rom de esta tormenta de daños colaterales.
—¿Qué se supone…? ¡H-Hey! ¡Hey!
Subaru no podía explicarse cómo estaba ocurriendo todo esto, pero sabía quién lo había causado.
El «Maestro Espadachín» había, a plena potencia, blandido su espada. Una vez. Sólo una vez, y éste fue el resultado.
Subaru seguía gritando, intentando atravesar el dolor y el viento, cuando finalmente la tormenta perdió su fuerza y los diversos objetos que caían al suelo señalaron su fin, junto con el coro de chirridos sordos procedentes del edificio.
Subaru se deshizo de los restos de un objeto parecido a un pergamino que le había caído en la cabeza y comprobó que tanto Rom como No-Satella seguían bien. Parecía que la cobertura de Subaru no fue del todo suficiente, ya que Rom parecía cubierto de leche y otras cosas, pero Subaru pensó que merecía que le dieran un poco de margen.
—¿Qué quieres decir con que «luchar contra monstruos es mi especialidad»? ¡Tú mismo eres un monstruo! —gritó Subaru.
—Hasta a mí me duele cuando dices cosas así, Subaru —replicó Reinhard, la causa de toda esta destrucción, con una débil sonrisa mientras las ráfagas de viento agitaban su cabello rojo fuego.
Después de todo esto, incluso a Reinhard se le habían formado gotas de sudor en su rostro de aspecto frío, y en sus manos…
—Siento haberte presionado tanto. Descansa bien.
… su espada de dos manos se desintegró. Algo tan pobre no podría resistir ni uno de los golpes de Reinhard. El golpe fue suficiente para que el acero de la hoja de la espada se pudriera, así que en cuanto a Elsa…
—Olvídate de un cadáver, ni siquiera veo que quede rastro de ella… ¿Todo esto por un solo golpe de tu espada?
En el camino del ataque de Reinhard, que había parecido desgarrar el tejido mismo del mundo, no quedó absolutamente nada. En la destrucción, el mostrador situado junto a la entrada del almacén voló por los aires con todas sus sillas, y las ondas residuales de los daños se extendieron incluso hasta el espacio abierto frente al edificio. Las ráfagas de viento resultantes habían destrozado los soportes del edificio, que parecía a punto de derrumbarse en cualquier momento.
El espacio en el que Elsa había estado de pie estaba, por supuesto, dentro del alcance del ataque de Reinhard, y su alta figura vestida de negro no aparecía por ninguna parte.
—Pero entonces, eso significa… —dijo Subaru, estirando su rígido cuerpo y exhalando un gran suspiro de alivio.
Todavía incapaz de creerse lo que había pasado, Subaru se giró para mirar a la chica de cabello plateado que seguía apoyada contra él. La respiración de No-Satella seguía siendo superficial, pero cuando vio que Subaru la miraba volvió sus ojos violetas hacia él.
—¿Se acabó…? —preguntó débilmente.
—Sí… En el verdadero sentido de la palabra, parece que sí —dijo Subaru, ayudándola a levantarse.
No-Satella se pasó los dedos por el cabello y, con pasos aún inseguros, soltó a Subaru, mientras éste se quedaba mirando.
—¿Por qué me miras así? Es muy grosero por tu parte —le dijo.
—Tus extremidades y tu cabeza siguen unidas a tu cuerpo, ¿verdad?
—… ¿Por qué no iban a estarlo? ¿Podrías, por favor, no decir algo tan siniestro? —replicó No-Satella, sin entender lo que Subaru intentaba decir.
Mientras No-Satella miraba a Subaru con cara de enfado, Subaru le hizo un gesto con el pulgar hacia arriba y sonrió.
—Así es. Tiene todo el sentido del mundo. Yo mismo tengo todas mis extremidades; ¡no tengo un cuchillo clavado en la espalda ni un enorme agujero en el estómago!
—Por la forma en que lo dices, parece que hubieras experimentado todo eso alguna vez.
Bueno… lo había hecho.
Por culpa de la inutilidad de Subaru, No-Satella había perdido la vida, Rom había perdido el brazo y la cabeza, y Felt también había sido abatida.
—Ahora que lo pienso, Reinhard, aún no te he dado las gracias. Realmente nos salvaste. También está lo que pasó en el callejón… ¿Oíste los gritos de mi corazón o algo así, amigo mío?
—Bueno, desde luego estaría orgulloso de mí mismo si pudiera hacerlo, amigo —respondió Reinhard, relajando los hombros, con cara de pena. Con la barbilla, hizo un gesto hacia la entrada del almacén de botines. Mientras Subaru le seguía con la mirada…
—Oh, hola —dijo Subaru al ver a la persona que estaba allí, sintiendo que su boca formaba una sonrisa inesperada.
A la entrada del almacén de botines, que en ese momento había quedado prácticamente destruida, había una niña pequeña de cabello rubio con un diente canino asomando por la boca, escondida a la sombra de uno de los pocos pilares que quedaban en pie.
—Esa chica de ahí corría frenéticamente por la calle, donde me pidió ayuda. La única razón por la que pude venir aquí fue gracias a ella. Después de eso, sólo hacía mi trabajo como caballero.
—¿Arrasar edificios antiguos forma parte de la descripción de tu trabajo?
—¿No te parece un poco duro, Subaru? —dijo Reinhard, haciendo una mueca de dolor y pasándose la mano por el pecho.
A pesar de haber causado tanta destrucción, el hecho de que actuara con Subaru de forma tan amistosa como antes era aterrador en sí mismo.
—Ella es…
No-Satella, que aún intentaba recuperar el equilibrio, se había fijado en Felt.
Subaru se interpuso entre ellas, corriendo en defensa de Felt.
—Espera un momento. Si no hubiera pedido ayuda a Reinhard, probablemente ahora no estaríamos aquí. Así que, por mí, pasa por alto sus crímenes y, por favor, no la conviertas en una estatua de hielo.
—¡No iba a hacer eso! ¿Y qué quieres decir con «por ti»? —No-Satella se frotó los dedos contra la frente, con cara de cansancio.
Incluso en esa acción suya, de alguna manera Subaru fue capaz de sentir felicidad.
Como todos estaban vivos, podían estar bromeando.
—Supongo que ahora todo depende de mi capacidad de negociación… ¡que es algo en lo que nunca querría depositar mi confianza!
—¿Qué te pasa tan de la nada? La forma en que te estás agitando es realmente patética.
En respuesta a las palabras de No-Satella, Subaru se llevó la mano al pecho e imitó la reacción anterior de Reinhard. Por supuesto, no parecía ni remotamente tan genial y digno como cuando él lo hizo.
Reinhard sonrió al ver las payasadas de Subaru. Levantó una mano hacia Felt, que estaba observando a todo el mundo, y empezó a caminar hacia ella.
Subaru observó desde atrás la gallarda figura de Reinhard mientras caminaba hacia Felt, y ni siquiera pudo sentir envidia de él. Subaru sólo pudo encogerse de hombros y pensar que ésa era la diferencia entre alguien que poseía tales dones y quienes que no.
Aunque Felt se mostraba cautelosa con él, quizá porque sentía gratitud por que hubiera asistido a salvar a todos, no intentó huir cuando Reinhard se acercó.
Mirando a los dos, Subaru sintió ganas de sonreír, cuando…
—¡Subaru!
… de repente Reinhard se volvió hacia él y gritó, y Subaru se dio cuenta de que aún no habían escapado del peligro.
Los restos del edificio habían salido despedidos, y bajo ellos había una sombra negra. Dicha sombra, con el cabello negro arrastrándose tras ella y goteando sangre, dio una patada firme contra el suelo y aceleró. Sosteniendo una cuchilla doblada, una Elsa ensangrentada corrió sin decir palabra hacia Subaru.
—¡Ya basta…!
Después de haber sobrevivido al increíble golpe de Reinhard, los ojos asesinos de Elsa se llenaron de una negrura absoluta. La intención asesina que desprendía era mayor que cualquier otra que hubiera tenido antes, y provocó escalofríos que recorrieron la espalda de Subaru.
Sólo pasarían unos segundos antes de que ella estuviera lo suficientemente cerca para atacar, y en ese corto espacio de tiempo, Subaru hizo que sus pensamientos se aceleraran.
Un instante y todo habría terminado. Elsa planeaba terminar todo con este único golpe. Reinhard no llegaría a tiempo. Si Subaru podía detener a Elsa esta vez, Reinhard podría encargarse del resto. No-Satella ni siquiera tuvo tiempo de darse la vuelta.
¿Cuál sería su objetivo actual? Subaru ya había experimentado esto dos veces: dos muertes, el miedo y el dolor. Él la protegería la tercera vez.
¡¡Protegería a la chica!!
—¡Está apuntando a tu estómago!
Subaru empujó a No-Satella fuera del camino, y usando el garrote de antes que aún tenía en las manos, se protegió el estómago cuando el golpe de Elsa chocó contra él.
El corte horizontal se sintió menos como un corte y más como ser golpeado por un objeto contundente y pesado. La fuerza de la colisión derribó a Subaru le hizo sentir que el mundo giraba 180 grados mientras vomitaba sangre. No sólo le daba vueltas la vista, sino todo el cuerpo.
Sin saber a qué distancia había salido despedido, Subaru se golpeó contra la pared, incapaz de sujetarse.
—Ahí tienes, otra vez metiéndote en mi camino —espetó Elsa, chasqueando la lengua mientras veía volar a Subaru.
—¡Elsa, ya basta!
Cuando Reinhard se acercó corriendo, Elsa comprendió que ya no tenía sentido seguir luchando. Lanzó a Reinhard su cuchilla, que se había doblado completamente en aquel último ataque que recibió Subaru. Su puntería era mala, pero el lanzamiento consiguió desviar la atención de Reinhard, y eso fue suficiente.
—Algún día, abriré los estómagos de todos los presentes, ¡así que hasta entonces cuiden sus entrañas por mí! —gritó, utilizando una parte del edificio que se derrumbaba como punto de apoyo para saltar al tejado.
No parecía posible perseguirla, ya que saltaba con ligereza de tejado en tejado mientras emprendía la huida.
Reinhard, que no estaba interesado en seguir con esta pelea, no corrió tras ella.
Después de ver marchar a Elsa, Reinhard corrió hacia la chica de cabello plateado.
—¿Estás bien?
—¡Estoy perfectamente bien! ¿No lo ves? Más que de mí, deberías preocuparte de… —gritó No-Satella, antes de correr hacia la pared con sus pies inseguros donde Subaru estaba desplomado boca abajo.
—¡¿Estás bien?! ¡¿En qué estabas pensando?!
—Ugghh… Oh… No es para tanto… Si alguna vez hubo un momento para actuar antes de pensar fue ese, ¿no crees? Soy el único que podía moverse, y fui capaz de adivinar rápidamente dónde iba a atacar —dijo Subaru, levantando una mano hacia No-Satella mientras se acercaba a él y usando la otra para tocar con cuidado su tierno estómago.
Estaba inmensamente magullado, y todo lo que había bajo su ropa al levantársela estaba morado.
—Ugh… —dijo Subaru, asqueado por su aspecto, antes de darse la vuelta y volver a ponerse en pie—. Ahora sí se fue, ¿verdad?
—Lo siento, Subaru. Todo esto es culpa mía por bajar la guardia. Si no hubieras estado allí, habríamos tenido problemas. Si esa persona hubiera resultado herida, entonces…
—¡Para, para, para! ¡No sigas! ¡No lo digas! ¡Te prohíbo que hables más que eso! ¡Me vas a robar el protagonismo! —dijo Subaru a Reinhard cuando éste intentó disculparse, y le sonrió mientras se callaba.
Después de eso, Subaru se giró lentamente para mirar a la chica de cabello plateado que le miraba. Ella se inquietó y luego se puso de pie a su lado. Estaban a unos dos pasos el uno de la otra. Si Subaru alargaba la mano, podría tocarla. Había tardado mucho en llegar, y Subaru se detuvo a pensar en todo lo que había pasado para llegar hasta aquí.
Mientras Subaru cerraba los ojos en silencio, la chica parecía querer decir algo, pero antes de que pudiera abrir la boca, Subaru señaló con un dedo hacia el cielo.
Con la mano izquierda en la cadera y la derecha apuntando al aire, Subaru hizo caso omiso de las miradas de sorpresa que le rodeaban y declaró en voz alta:
—¡Mi nombre es Natsuki Subaru! Sé que hay un montón de cosas que quieren decir y otras más que quieren preguntar, ¡pero antes de todo eso déjenme que les confirme una sola cosa!
—¿Q-Qué cosa…?
—Acabo de salvarte la vida de esa terrible arma, ¿verdad? ¿Estamos okey?
—… ¿Okey?
—Significa que todo está okay. Entonces, ¡¿estamos okey?!
Subaru utilizó la parte superior de su cuerpo para formar una O y una K, y aunque la chica de cabello plateado que tenía delante pareció estremecerse un poco, respondió.
—O-Okay…
—¡Soy la persona que te salvó la vida! ¡Tu salvador! Ahora tú eres la heroína que rescaté. ¿No crees que debería recibir algún tipo de recompensa? ¡¿No lo crees?!
—… Entiendo. Sin embargo, sólo si es algo que soy capaz de hacer.
—¡Siempre y cuando lo entiendas! Ahora sólo tengo una, ¡sólo una petición para ti! —Subaru puso su dedo hacia fuera delante de él para acentuar este punto.
Aunque la chica pareció un poco preocupada en respuesta, pareció encontrar su determinación y asintió con firmeza.
—Así que mi deseo es…
—Continúa.
Subaru sonrió mostrando los dientes, chasqueó los dedos y luego hizo un gesto con el pulgar hacia arriba, haciendo una pose.
—… que quiero que me digas tu nombre.
Los ojos de la chica se abrieron de par en par, conmocionados, y se hizo un momento de silencio entre los dos. La mirada de Subaru no vaciló y miró directamente a los ojos a la chica de cabello plateado que tenía delante.
La chica se llevó entonces la mano a la boca y empezó a reírse, con las mejillas blancas sonrojadas y el cabello meciéndose detrás de ella mientras sonreía.
Aquella sonrisa suya no era de resignación, ni una débil sonrisa fugaz. Tampoco era una sonrisa trágica. Simplemente sonreía porque era feliz. Eso era todo.
—… Emilia —dijo riendo.

—…
Al oír esa única respuesta, Subaru respiró hondo y luego espiró.
En respuesta, la chica se enderezó, se llevó un dedo a los labios y sonrió de forma burlona.
—Mi nombre es Emilia. Sólo Emilia. Gracias, Subaru. Gracias por salvarme —dijo Emilia, tendiendo la mano.
Mirando aquella mano, Subaru la tomó entre las suyas con vacilación. Los dedos y la muñeca eran delgados y la palma pequeña, y su mano estaba muy caliente. Era una mano viva, por la que corría sangre.
… Gracias por salvarme.
Subaru quería decirle lo mismo. Ella fue quien le salvó primero. Con esto, por fin se lo había pagado, después de morir tres veces por heridas de cuchilla para llegar hasta aquí.
Después de todo ese dolor y sufrimiento, después de luchar con todo lo que tenía, su recompensa fue su nombre y una sonrisa.
Ahh…
—Bueno, eso no mereció la pena en absoluto —dijo Subaru, sonriendo mientras agarraba la mano de Emilia.
6
Ese habría sido un buen lugar para terminar la historia. No obstante…
—Aunque realmente, tengo que decir que estoy sorprendido de ver que estás bien —dijo Reinhard, como si hubiera estado esperando el momento adecuado para intervenir después de que Subaru y Emilia hubieran terminado, rompiendo el silencio al que antes se había visto obligado.
Incluso desde la perspectiva de un hombre con la habilidad de Reinhard, el ataque final de Elsa debió de parecer abrumador.
Subaru presionó suavemente su abdomen herido y señaló el garrote que yacía en el suelo. El garrote con púas era grueso y resistente y había funcionado bien como escudo, aunque ese no era su verdadero propósito.
—Me protegí rápidamente con esa cosa. Si no fuera por eso, ahora mismo estaría partido en dos —dijo Subaru.
—Tienes razón. Si no fuera por esto… —empezó a decir Reinhard, alcanzando el garrote caído para recogerlo.
—… No habría podido evitar el «BAD END 4» —rio Subaru, terminando su frase.
—¿Eh?
Cuando Reinhard recogió el garrote, parte de él se deslizó por un suave corte que lo atravesaba y cayó al suelo con un ruido sordo. Cortado completamente en dos, ya no servía para nada.
Reinhard miró lentamente a Subaru con cara de incomodidad. Subaru siguió nervioso la mirada de Reinhard y se subió la ropa. Igual que antes, todo estaba morado y magullado, pero había un ligero cambio. De repente, una línea roja le atravesaba el abdomen.
—Esto no se ve bien. Incluso yo puedo ver lo que viene después.
Justo cuando Subaru terminaba su declaración, un dolor punzante le atravesó, y entonces su estómago se abrió a lo largo del corte, derramando sangre roja brillante por todas partes.
—¡¿Subaru?!
Justo a su lado, Subaru podía oír la voz de pánico de Emilia.
Subaru por fin había podido escuchar su nombre y ahora parecía que esto iba a ser el fin, otra vez.
Pero aunque así fuera, Subaru estaba seguro de que regresaría a este lugar.
La vista de Subaru se desvió y pensó que se había caído. Pudo ver que Reinhard también tenía pánico, y como Emilia le miraba directamente, cerca de la cara, pudo ver que estaba muy angustiada.
Parece hermosa incluso cuando le entra el pánico… Vaya lugar es este mundo de fantasía, pensó Subaru, sintiendo que ya había pensado algo parecido, antes de que el dolor y la conmoción arrasaran su conciencia como una tormenta en el mar.