A la Cuarta Va la Vencida
CAPÍTULO 4:
A la Cuarta Va la Vencida
—Cartera… comprobado. Teléfono celular… comprobado. Mis patatas fritas de sopa de maíz y mi taza de ramen también están aquí. Mi conjunto deportivo y zapatillas están a cero daños, y por supuesto…
Subaru se levantó el dobladillo de la franela y se giró para mirarse la espalda. No tenía cicatrices ni rastros de heridas en la espalda, ni junto a las caderas, ni en la parte delantera del abdomen. Tampoco tenía un cuchillo clavado ni nada extraño.
—Uff. Bien. No hay mayor vergüenza para un espadachín que ser apuñalado por la espalda. Como alguien que hizo kendo en la escuela media, incluso si tomo un giro equivocado en el camino cuando se trata de la vida, no puedo permitirme perder el camino del espadachín.
El sol estaba alto en el cielo y una suave brisa rozaba la piel de Subaru. La gente bullía, de un lado a otro de la calle principal, y una vez más pasaba el mismo carro tirado por lagartos.
—Bueno, con tantas pruebas circunstanciales, no tengo más remedio que aceptarlo, ¿no? Es un poco difícil de creer, pero…
Todas las heridas del cuerpo de Subaru habían desaparecido; también los desgarrones y las manchas de sangre de su ropa. En las manos de Subaru, dentro de aquella bolsa de plástico de tienda de conveniencia estaban sus patatas fritas sin abrir, esperando a que Subaru se las comiera.
—Así que es una de esas cosas, eh…
Puso la mano que tenía contra la mandíbula delante de él y chasqueó los dedos para que todo el mundo en la calle pudiera verlo.
—Cada vez que muero, vuelvo al punto de partida en mi estado inicial. Al menos, eso parece.
Subaru ya había pensado antes que su teoría era estúpida, pero finalmente decidió aceptarla.
1
—Supongo que lo llamaré «Regreso de la Muerte»… El hecho de que sea un poder que asume que vas a perder realmente lo hace apropiado para mí, ¿no?
Era un poder que se activaba una vez que el usuario había perdido la vida. Si lo heroico era volver del borde de la muerte y ganar el día, tener la oportunidad de rehacer las cosas después de haber perdido se parecía más a algo que haría un tramposo.
—Aunque, veamos… ¿llamarías a este tipo de cosas viajes en el tiempo?
Un fenómeno de bucle que sólo se activaba bajo ciertas condiciones. Si se pensara en ello como un juego, se podría decir que era como si Subaru fuera devuelto a un punto de autoguardado, sobre el que no tenía control, cada vez que moría.
—Así que un bucle o un deslizamiento temporal, eh… Quiero decir, estoy acostumbrado a que este tipo de cosas pasen en el manga, pero vi en algún sitio que siendo realistas era muy difícil explicar el viaje en el tiempo al pasado… como que sería más fácil rehacer el mundo desde cero que viajar hacia atrás en el tiempo.
Con lo que Subaru sabía por Internet, donde el conocimiento era vasto pero superficial, retroceder en el tiempo era lo menos realista posible. No obstante, dado que ya había sido invocado en otro mundo, no estaba realmente en posición de debatir grados de irrealidad.
—Pero si consideras que esto del Regreso de la Muerte está ocurriendo de verdad, entonces todo hasta ahora empieza a tener sentido.
Mirando hacia atrás, Subaru ya había muerto tres veces en este mundo.
La primera vez fue cuando él y Satella habían visitado juntos el almacén de botines. La segunda vez fue cuando Rom, Felt y él fueron abatidos por el filo de Elsa. Y la tercera vez, que a Subaru le pareció que había sucedido hacía unos minutos, había muerto como un perro.
A diferencia de la primera y la segunda vez, la tercera muerte fue la peor, y no podía poner ninguna excusa al respecto. No creía que pudiera meter la pata hasta el punto de ser asesinado por débiles personajes de fondo cuando aún estaba en el prólogo.
—Aun así, morir tres veces en sólo medio día es una tasa demasiado alta.
Dado que normalmente la gente sólo tenía una vida, morir tres veces en medio día era absurdo.
Claro, Subaru había vivido los diecisiete años anteriores de su vida pacíficamente, pero dependiendo de cómo lo miraras, si multiplicabas diecisiete años por 365 días, y tres reinicios, Subaru había vivido bastantes días en los que podría haber muerto.
—O… si lo miras de otra manera, simplemente apesto viviendo.
La diferencia entre las dificultades para mantenerse con vida en su mundo anterior y en éste era demasiado grande. Aquí había montones de lugares que amenazaban la vida de Subaru. Había lugares peligrosos dondequiera que se girara.
—Dadas las similitudes entre la primera y la segunda vez… Probablemente la primera vez Elsa también fue la culpable.
La primera vez, la que se escondía en las sombras del almacén de botines muy seguramente fue Elsa. El cadáver gigante era Rom, y él y Satella habían llegado después de que Felt y Elsa hubieran tenido sus negociaciones.
—No puedo estar seguro, pero Felt probablemente pidió demasiado, y tras romperse las negociaciones… eso es lo que pasó.
Después de que Elsa terminara de asegurarse de que no quedaba nadie vivo para contar lo sucedido, Subaru y Satella habían tenido la mala suerte de entrar directamente.
—La segunda vez es simple. Ya estaba con Rom y Felt cuando se rompieron las negociaciones… Que me mate dos veces la misma persona… ¿Es Elsa el tipo de personaje que cuando te lo encuentras significa una muerte segura?
Para poder mentirse a sí mismo sobre lo asustado que estaba de ella, Subaru intentó hacer pasar la idea por una broma.
Obviamente era una tontería pensar siquiera en las opciones que podría tener si se topaba con ella.
El único lugar donde Subaru tenía posibilidades de encontrarse con Elsa era el almacén de botines, y la única razón por la que Subaru necesitaba ir al almacén de botines era para recuperar la placa robada de Satella, y la razón por la que quería recuperar la placa robada de Satella era porque quería devolverle el favor a Satella por salvarle.
No obstante, debido a que Regreso de la Muerte le había enviado atrás en el tiempo, su deber de devolver el favor a Satella quedó atrás en el mundo de su primer recorrido.
Cuando Subaru se encontró con Satella en su tercer recorrido, su fría reacción hacia él fue prueba de ello.
Satella ya no conocía a Subaru. El favor que debía devolver se perdió por el camino al volver al pasado.
Si es así, lo mejor para Subaru sería olvidarse de Satella y centrarse en evitar la amenaza de Elsa.
Subaru no sabía por qué había sido arrojado a esta situación donde poseía Regreso de la Muerte, pero gracias a ello, tuvo la suerte de conocer el futuro. Sabía qué minas evitar. Evitarlas era lo correcto.
—Bueno, ya va siendo hora de que me ponga en marcha. Afortunadamente, sé que puedo convertir mi celular en dinero, así que acumularé algunos fondos y viviré una buena vida utilizando mis modernos conocimientos. ¡Estará llena de sueños! ¿No crees, Jefe?
—Justo cuando pensaba que estabas murmurando alguna tontería para ti mismo, ¿me pides mi opinión? No sé de qué estás hablando, y no me importa.
Cuando Subaru miró al hombre de la tienda de antes en busca de confirmación, éste le respondió con cara de enfado.
Con esa fría respuesta suya Subaru se sintió un poco herido por dentro. No importa en qué mundo estés, la forma en que la gente interactúa con los extraños no es tan diferente.
—Pero ya ves, hay gente por ahí que, aunque les ponga en apuros, no pueden evitar ayudar a los demás.
Incluso después de que le hubieran robado algo preciado, e incluso cuando estaba en medio de la persecución de la persona que se lo había robado, Satella había ayudado a un extraño total y absolutamente inútil, se había tomado el tiempo de curar sus heridas y había intentado marcharse sin aceptar ningún agradecimiento.
Aceptó el egoísmo de ese inútil y por su culpa tuvo un final horrible.
—Cuando haces lo mismo tres veces, hay un par de cosas que empiezas a entender. Bueno, más bien después de tres veces tendrías que ser increíblemente estúpido para no entender esas cosas. Puede que yo sea un poco estúpido, pero no tanto.
—¿De qué tonterías estás hablando?
—Probablemente hay un patrón. Algún tipo de inevitabilidad. No importa cuántas veces repitas algo, al menos algunas cosas nunca cambiarán. O al menos hay algún tipo de fuerza fuerte que trata de mantener las cosas así. Por ejemplo…
Las tres veces, Satella sufrió el robo de su placa por parte de Felt. La primera y la segunda vez, Elsa causó un baño de sangre. Incluso la tercera vez, probablemente también había ocurrido, sin relación con la muerte de Subaru.
—No sé si puedo ganar contra Elsa. Todavía no lo sé. Pero hay una cosa que sí sé.
Si a la cuarta vez Subaru no hacía algo, Felt y Rom serían asesinados por Elsa. También era inevitable que Elsa y Satella lucharan.
¿Y qué si esas dos murieron?, pensó Subaru. Una es una villana que trafica con objetos robados, y la otra es una chica atrevida que intenta cobrar de más por esos objetos robados sin ningún sentimiento de vergüenza o arrepentimiento.
Ambas eran criminales, así que ¿no sería mejor que no estuviesen? Pero aun así…
—Bueno… supongo que realmente soy un producto de la era moderna. Aunque siempre solía burlarme de la gente así cuando me sentaba frente a la pantalla del computador…
Subaru solía actuar como si pensara que la piedad y la compasión eran estúpidas. No obstante, no es que lo considerara una actuación. Simplemente se veía a sí mismo como alguien a quien no le importaba demasiado. De ese modo, no importaba en qué situación se encontrara, podía evitar involucrarse demasiado. No le importaba si morían algunas personas que conocía. Al menos, así solía pensar.
—Pero sabes, lo odio. Me siento fatal. Sé que esas dos están lejos de ser santas, pero saber que alguien que conoces va a ser asesinado… eso es imposible de ignorar.
En el pasado, cuando se mostraba indiferente, no era más que una actuación. Era producto de sus interacciones en un mundo virtual. Ahora que tenía que enfrentarse a estos graves problemas en la vida real, tenían un peso totalmente distinto. Pero al mismo tiempo, Subaru pensó que era superficial por cambiar una de sus creencias fundamentales sobre la vida, tan pronto como las cosas se pusieron difíciles.
—Y por supuesto también está Satella… quiero decir, esa chica. Simplemente no puedo abandonarla.
Después de llamarla por ese nombre y ver su reacción, Subaru se dio cuenta de que «Satella» era un nombre falso. Cuando pensó en la primera vez, no parecía gustarle mucho que la llamaran por ese nombre. Luego, con la tercera vez, quedó dolorosamente claro.
En otras palabras, eso significaba que ella no confiaba lo suficiente en él cuando le había dicho ese nombre. Subaru no había acumulado suficientes puntos de relación con ella, así que en una de las bifurcaciones del escenario falló la prueba para conseguir su verdadero nombre.
—En ese caso, supongo que tendré que esforzarme para que esta vez me diga su verdadero nombre.
Subaru se estiró y giró el cuerpo, haciendo crujir varias articulaciones mientras se animaba. El dueño de la tienda miraba sorprendido las extrañas acciones de Subaru.
Subaru, en respuesta, levantó la mano de súbito y dijo:
—¡Hay momentos en los que un hombre tiene que hacer lo que tiene que hacer! ¿Verdad, Jefe?
—Sí, sí. Justo es el caso. Totalmente de acuerdo. Así que vete de aquí.
Subaru pensó que había hecho una buena pose y dicho esa frase bastante bien, pero dada la reacción terriblemente monótona del dueño de la tienda, pudo sentir cómo su cara empezaba a crisparse.
Una vez que el molesto tendero le empujó fuera de la tienda, se apresuró a seguir su camino. Después de correr unos doscientos metros por la calle atestada de gente, se detuvo y se paró un momento.
—Entonces… —Subaru se levantó el flequillo corto con la mano y luego, con movimientos exagerados, miró hacia un lado y hacia otro. Después extendió la mano hacia una pared cercana y se apoyó en ella.
—¿Dónde tengo que ir si quiero encontrarme con No-Satella…? —dijo. No era una frase que inspirara confianza sobre sus acciones, pero no iba a quedarse sentado y esperar.
2
Ahora que Subaru lo pensaba, la mayoría de las circunstancias que rodearon su encuentro con Satella fueron una coincidencia.
Tanto la primera como la tercera vez Subaru se había encontrado con Satella en un lugar no muy lejos de esta calle principal, pero eso era lo único que tenían en común. Al menos, ayudaría que Subaru supiera cuándo se produciría el robo…
—¿Cuánto tiempo estuve sentado cabizbajo delante de esa frutería?
Subaru dio la sensación de que podrían haber sido unos pocos minutos, pero al mismo tiempo podría haber sido fácilmente casi una hora.
—¿Debo vagar y dejarlo todo al azar? ¿Esperar que el hilo rojo del destino entre ella y yo nos una?
Subaru había levantado ambos dedos meñiques frente a su cara, girándolos como si fueran varillas de zahorí mientras los espectadores observaban con miradas curiosas.
Mientras Subaru seguía buscando, se dio cuenta de que estaba en un lugar que recordaba haber visto antes.
—¡Supongo que, a fin de cuentas, mis lazos con el destino están funcionando bastante bien! —dijo Subaru, muy satisfecho de sí mismo, antes de darse cuenta de dónde estaba. Sin darse cuenta, se había metido en un callejón.
—¿No es este el lugar donde conocí a Satella…?
Le pareció que era parecido, pero no podía estar seguro. Incluso si este era exactamente el mismo callejón que antes, no había garantía de que ella viniera corriendo por él.
—Después de todo, el callejón sin salida en el que estaba cuando me mataron la tercera vez estaba en un lugar completamente diferente…
Aunque era seguro que No-Satella siempre tendría su placa robada por Felt, la ruta que tomaran después sería diferente dependiendo de las circunstancias. Era posible que la primera y la segunda vez la ruta que siguieran fuera la misma, pero la tercera vez, debido a la interferencia de Subaru, el destino debió cambiar ligeramente.
Después de pensar tanto, Subaru se dio cuenta de lo superficial que era su pensamiento. Si entraba en ese callejón familiar, era posible que se encontrara con Felt y No-Satella. Sin embargo, eso también significaba encontrarse con otro grupo de personas. En otras palabras…
—Realmente estoy cansado de ver sus caras, Tonto, Tontísimo y Retonto —dijo Subaru cansado mientras se daba la vuelta y veía a los mismos tres delincuentes bloqueándole el paso para salir del callejón.
Su aspecto, su ropa, sus caras… todo era igual. Sus objetivos y su equipo también debían ser los mismos. Subaru no estaba progresando en absoluto. Subaru suponía que eso tenía sentido; después de todo, estaba caminando por los mismos lugares que antes.
—¿Por qué siempre me encuentro con estos tipos cuando tengo tantos problemas para encontrar a No-Satella y Puck…?
La razón por la que Subaru estaba teniendo problemas para encontrarse con Satella era que sus acciones probablemente se veían afectadas por varios factores aleatorios además de Subaru. Sin embargo, la razón por la que Subaru seguía encontrándose con Tonto, Retonto y Tontísimo era probablemente porque le habían elegido como objetivo desde el principio.
Por eso, aunque eligiera otro callejón, siempre se encontraría con esos tipos. Su evento era inevitable.
—Aunque se me haya ocurrido una teoría espléndida de por qué está pasando todo esto, no me hace más feliz. Así que, chicos, ¿qué quieren de mí?
—¿Qué está murmurando este tonto?
—Probablemente es demasiado despistado para entender lo que está pasando. ¿Qué tal si se lo enseñamos?
La conversación de Tonto y Retonto era la misma de siempre, y eso hizo que Subaru se sintiera aún más mal por todo el asunto. No obstante, eso no significaba que pudiera bajar la guardia.
El listón establecido para las condiciones necesarias para superar el evento de Tonto, Tontísimo y Retonto no era muy alto, pero no había un cien por cien de posibilidades de que Subaru pudiera salir airoso de este callejón. A fin de cuentas, la tercera vez ellos habían sido los causantes de su muerte.
Mientras reflexionaba en eso, los pensamientos de Subaru se desviaron hacia lo que ocurrió la última vez, justo cuando se estaba muriendo. Mientras agonizaba, fue capaz de captar algunos de los sonidos de lo que estaba sucediendo.
Subaru trató de recordar la conversación final que mantuvieron Tonto, Tontísimo y Retonto. ¿De qué tenían miedo? Dijeron una palabra. Subaru pensó que debería ser capaz de recordarla… y era…
—¡Guardias!
Al oír el repentino e inesperado SOS de Subaru, Tonto, Retonto y Tontísimo saltaron. El silencio del callejón se había roto y el volumen del grito de Subaru seguro que había llegado a la calle principal.
Con todo el entrenamiento de Subaru en kendo, su sentido de la vergüenza por gritar de repente había desaparecido hacía tiempo.
Además, Subaru, que a estas alturas de su vida se había dado cuenta de lo perdedor que era, no era de los que dejaban herir su orgullo pidiendo ayuda de repente.
—¡Alguien! ¡Que alguien llame a algunos hombres!
—Qué… ¡¿Qué, me estás jodiendo?! ¡¿De verdad vas a empezar a pedir ayuda?! ¡¿Quién hace eso?!
—¡En este tipo de situaciones se supone que debes escucharnos si quieres evitar que te hagamos daño! ¡¿Vas a ignorarnos y pedir ayuda?! ¡Eso no es normal!
—¡¿Qué?! ¡No me vengan con que eso no es normal! ¡¿En qué mundo esto no es normal?! ¡Oh! ¡No puede ser! ¡No estarán diciendo que están tratando de hacer algo en lo que sería un problema si llamara a los guardias, ¿verdad?! ¡Oh, santo cielo!
—¡Cállate! ¡Sabes lo que queremos decir!
—¡No los escucho! ¡No puedo oírlos a través de ese grueso muro de insinceridad! ¡¡Policía!!
Subaru seguía gritando y manteniendo alerta a los delincuentes, pero por dentro sudaba frío.
Mientras Subaru exhalaba su último suspiro durante su tercera vuelta, justo cuando su consciencia le abandonaba, Tonto, Retonto y Tontísimo habían dicho las palabras «guardias» y «huir». En otras palabras, en este mundo había una organización que funcionaba como una fuerza policial.
Esa información llevó a Subaru a la nueva opción: «Pedir ayuda». Incluso a él le pareció una táctica bastante poco convincente.
Pero, por desgracia, Subaru no pareció obtener una reacción muy alentadora del público de la calle principal.
—Bueno, parece que eso no funcionó…
—Amenazarnos así… hombre, casi me asusto un poco.
—¡A mí sólo un poquito!
—¡A mí ni siquiera un poquito! ¡De hecho, ni me asusto!
Al unísono, Tonto, Retonto y Tontísimo procedieron a negar lo patéticos que eran, de la forma más patética posible.
Mientras los hombres intentaban recuperar el control de la situación, tras mirarse y asentir, cada uno de ellos sacó sus armas. Uno sacó un cuchillo, otro un hacha de mano oxidada, y finalmente el último…
—¿Por qué eres el único sin un arma? ¿Por qué? ¿No tenías dinero para comprar algo? —se burló Subaru.
—¡Cállate! ¡Soy más fuerte sin armas! ¡Te golpearé hasta matarte, pequeño maldito!
—En serio, me hubiera encantado enseñarles lo que les pasó la segunda vez.
Recordando cómo había realizado aquel suplex perfecto, Subaru quiso darse otra palmadita en la espalda, pero al mismo tiempo se dio cuenta de que ahora mismo estaba en una situación bastante mala. Cada vez parecía más que Subaru no iba a salir de esta.
—¿No pueden dejarme tranquilo…? No me gusta mucho el dolor.
Después de haber pasado ya por esa experiencia tres veces, Subaru sabía que nunca se iba a acostumbrar a morir. Para colmo, la causa de la muerte en los tres casos fue una herida infligida por una cuchilla. El dolor agudo que acompañaba a esas heridas siempre se sentía fresco y siempre era un shock, como si le estuvieran cortando los nervios.
Subaru no quería volver a experimentar ese tipo de muerte, y eso no era todo.
—Sólo porque ya he activado Regreso de la Muerte unas cuantas veces, no hay garantía de que vaya a seguir sucediendo…
Subaru no tenía motivos para pensar que su Regreso de la Muerte tuviera un número ilimitado de usos. Subaru no notó un número en su cuerpo ni nada, pero como dice el refrán, Buda sólo tiene paciencia para salvarte tres veces.
Si lo que le estaba ocurriendo a Subaru era un regalo de las buenas gracias de Buda, Subaru ya había agotado todos sus continues.
—Si muero aquí, mi vida en este nuevo mundo en serio puede llegar a su fin… Supongo que mi mejor opción es intentar huir, aunque me hieran en el proceso.
El arma que parecía más capaz de infligir una herida mortal era, por supuesto, el probado y verdadero cuchillo. El hacha de mano sí que estaba muy oxidada, así que si Subaru se bloqueaba con su bolsa de la tienda, se libraría de un golpe contundente en lugar de sufrir un corte. Por supuesto, el tipo sin armas era una apuesta segura. Así que Subaru centró toda su atención en Retonto, el del cuchillo, y repasó mentalmente su huida.
Tres… Dos…
—Es suficiente.
Aquella voz atravesó repentina y claramente el velo de tensión del callejón. En el tono galante de la voz no había vacilación ni pizca de misericordia. Bastaba con escuchar la voz para sentirse dominado por su existencia, y era una combinación perfecta para transmitir las intenciones del dueño de la voz.
Subaru levantó la cabeza y Tonto, Retonto y Tontísimo se dieron la vuelta. Delante de ellos había un hombre joven.
Lo que más destacaba de su aspecto era su cabello rojo fuego. Bajo él había unos ojos azules brillantes que sólo podían describirse como «atrevidos». Su extraordinaria apariencia ayudaba a magnificar su sentido de la galantería, y con una sola mirada se podía decir que este joven estaba por encima de los demás.
Era esbelto y alto y vestía ropas negras bien confeccionadas y, aunque no tenía una decoración elaborada, alrededor de la cintura llevaba también una espada de caballero, que le confería un aire desmesuradamente intimidatorio.
—Sean cuales sean las circunstancias, no permitiré que ejerzan más violencia contra ese joven. Es suficiente.
Mientras el joven decía esto, pasó por delante de Tonto, Retonto y Tontísimo, y se interpuso entre ellos y Subaru.
Subaru se quedó sin palabras ante la atrevida actitud del joven, pero las reacciones de Tonto, Retonto y Tontísimo fueron diferentes.
Los tres delincuentes palidecieron y, con los labios temblorosos, señalaron al joven.
—Ese cabello rojo ardiente y esos ojos azul cielo… más esa vaina de espada de caballero grabada con la imagen de garras de dragón… No puede ser…
Los delincuentes se quedaron mirando incrédulos.
—Reinhard… ¡¿Eres el Maestro Espadachín Reinhard?!
—Bueno, supongo que no tengo que perder el tiempo presentándome… Aunque no me gusta ese título que me da todo el mundo. Sigue siendo demasiado pesado para mí —murmuró el hombre llamado Reinhard con un matiz de autodesprecio en la voz. Pero la luz de sus ojos era inquebrantable.
Los delincuentes, sobrecogidos por la mirada del joven, dieron un paso atrás. Se miraron unos a otros como si trataran de determinar el mejor momento para escapar.
—Si están planeando huir, esta vez los dejaré ir. Vuelvan a la calle principal. No obstante, si planean ser tercos, tendrán que vérselas conmigo.
Reinhard puso la mano en la empuñadura de su espada y señaló a Subaru con la barbilla.
—Perdemos tres contra dos. Nos llevan ventaja en número. No estoy seguro si la poca ayuda que puedo dar será suficiente para marcar la diferencia, pero haré lo mejor que pueda, por mi honor como caballero.
—¡¿Qué?! ¿Me estás jodiendo? ¡Esto ni siquiera es un concurso!
Después de oír lo que Reinhard había dicho, Tonto, Retonto y Tontísimo estaban completamente fuera de sí. Se dispersaron como arañas bebé, olvidando incluso esconder sus armas mientras corrían hacia la calle principal. A diferencia de la primera vez, ninguno de ellos lanzó ningún insulto mientras corrían. Eso era un testimonio de la diferencia de escala entre ellos y este joven.
En cuanto los delincuentes abandonaron el callejón, la tensión exacerbada que lo había impregnado se desvaneció de inmediato. Al darse cuenta de que fue algo que el joven hizo a propósito, Subaru volvió a quedarse sin palabras.
Más que nada…
—Para que hagas todo eso y sigas tan tranquilo… es como si tú y yo no fuéramos de la misma especie.
El nivel de pureza humana en su rostro, su voz, su postura y sus acciones era demasiado alto. Si su personalidad y educación también eran iguales, si no estaba haciendo algo corrupto aparte, no había forma de que todo se equilibrara.
Dejando a un lado sus celos, Subaru soltó una carcajada sonora y se postró en el suelo.
—Me salvaste la vida, y yo, Natsuki Subaru, te estaré eternamente agradecido. Debo decir que estoy impresionado tanto por tus honorables intenciones como por tu valentía…
—Me estás dando demasiado crédito. Fue porque su ventaja de tres contra uno cayó a tres contra dos que se volvieron inseguros de sí mismos. Habría sido diferente si hubiera sido sólo yo contra ellos.
—No… Dado el miedo que te tenían, aunque fueran diez contra uno… o incluso cien contra uno, sigo pensando que habrían huido. ¡¿Pero qué pasa con tus estadísticas de gallardía?! Eres como un santo tanto en cuerpo como en mente. Eres tan brillante que creo que me voy a quedar ciego.
Para ser sincero, había tanta diferencia en sus miradas que Subaru realmente no quería estar junto a él. Subaru volvió a examinar a Reinhard, pero cuanto más lo miraba más pensaba que aquel hermoso joven tenía que haber sido elegido por alguna deidad.
Sin embargo, no parecía un guardia.
—Umm… puedo llamarle por su nombre, eh… Reinhard-san… ¿verdad?
—No necesito ningún honorifico. No tienes que ser tan formal, Subaru.
—Bueno, de repente estamos muy unidos, ¿eh? En fin, gracias de nuevo, Reinhard. Eres el único que vino corriendo cuando llamé. Tengo que decir que me hace sentir un poco solo que a nadie más pareciera importarle.
Dada la cantidad de gente que paseaba por la calle principal, no era posible que Reinhard fuera la única persona que oyó a Subaru gritar. Pero cuando Subaru se quejó, Reinhard bajó ligeramente los ojos.
—Realmente no quiero decir esto, pero creo que puedo entenderlos. Para la mayoría de la gente, el riesgo de interferir cuando hay delincuentes como esos es demasiado grande. Hiciste bien en llamar a los guardias.
—Por la forma en que lo dices… ¿eres un guardia, Reinhard? No lo pareces en absoluto.
—Me lo dicen mucho. Hoy no estoy de servicio, así que no llevo el uniforme, e incluso yo sé que mi aspecto carece de la severidad de una figura de autoridad —dijo Reinhard, extendiendo ambos brazos, pero Subaru pensaba de otro modo.
La razón principal por la que Reinhard no parecía un guardia era que estaba muy lejos de la idea ruda y humilde que Subaru tenía de cómo debía ser un guardia.
—Ahora que lo pienso, ¿no llamaron algo así como «Maestro Espadachín»…?
—La posición de mi familia es bastante especial. Así que tengo muchas expectativas puestas en mí. Cada día es una batalla. —Reinhard sonrió, encogiéndose de hombros. Por lo visto, Reinhard también tenía sentido del humor.
Subaru estaba ahora completamente seguro de que aquel tipo era el ser humano perfecto. Olvídate de lamentarte ante alguna deidad por lo injusto de todo, en este momento, Subaru estaba simplemente impresionado.
—Por cierto, me ha parecido que tu cabello y tu ropa, y también tu nombre son bastante inusuales, pero… ¿De dónde eres? ¿Por qué has venido a la capital de Lugunika? —preguntó Reinhard, mirando a Subaru y su aspecto.
Dado que los antecedentes de Subaru no estaban claros, parecía una respuesta bastante natural para alguien que era guardia.
—Es un poco difícil responder a la primera pregunta. La última vez, cuando dije «un pequeño país al este», no funcionó, así que permíteme que lo replantee. Vengo de un lugar aún más al este que aquí, un lugar que nadie ha visto antes: de los confines de la Tierra —terminó Subaru con un brillo en su sonrisa. Subaru pensó que era una respuesta bastante segura, pero Reinhard pareció sorprendido.
—¿Más al este que Lugunika…? No puedes referirte más allá de la Gran Cascada. ¿Se supone que es una broma?
—¿Gran Cascada? —Subaru ladeó la cabeza con el término desconocido.
Cascada… ¿cómo una cascada? Subaru, que no estaba familiarizado con la geografía de los alrededores, no tenía ni idea de lo que Reinhard estaba hablando. Los únicos lugares que Subaru conocía realmente en este mundo eran la calle principal, los callejones, los barrios bajos y el almacén de botines.
—No parece que intentes engañarme ni nada por el estilo, pero… Bueno, está bien. De todas formas, parece seguro que no eres de la capital, pero tienes una razón para estar aquí, ¿verdad? Ahora mismo, Lugunika no es tan pacífica como suele ser. Está cayendo en un estado de agitación. Sea lo que sea por lo que estás aquí, estaré encantado de ayudarte.
—Vamos, es tu día libre, ¿verdad? No hace falta que malgastes un día libre sólo para ayudarme, ya has hecho más que suficiente… Pero, me gustaría hacerte una pregunta, si puedo.
Subaru negó con la cabeza en respuesta a la oferta de Reinhard, pero luego levantó un dedo como si de repente recordara algo.
—Soy todo oídos. No soy un individuo muy informado, así que no estoy seguro de que pueda ayudar mucho.
—Bueno, es menos una pregunta y más yo preguntando por una persona, así que no te preocupes. Entonces, ¿has visto a una chica de cabello plateado con una túnica blanca caminando por esta zona?
El aspecto de No-Satella llamaba la atención. De todas las cosas que la caracterizaban, el color de su cabello y aquella túnica blanca bordada con un halcón eran las que más llamaban la atención. Si alguien así se paseaba por la capital, era muy probable que Reinhard, un guardia, se hubiera dado cuenta.
—Una túnica blanca y cabello plateado…
—Si tuviera que añadir algo, es extremadamente hermosa. Además, tiene un gato… Bueno, no es que lo lleve delante, pero tiene uno, por si te sirve de ayuda.
Si había alguien que encajase con todas esas características, entonces tenía que ser ella. Sin embargo, el gato solía estar oculto en su cabello, por lo que esperar un avistamiento que incluyera al gato era esperar demasiado.
—… ¿Qué piensas hacer cuando la encuentres?
—Algo que perdió… eh… ¿supongo que algo que está buscando? Como sea, quiero devolverle lo que está buscando.
Por supuesto, en ese momento Subaru no llevaba encima tal cosa, e incluso era posible que aún no le hubieran robado la placa, pero no había necesidad de complicar las cosas.
Reinhard entrecerró los ojos ante la respuesta de Subaru y se quedó pensativo unos instantes antes de contestar.
—Por desgracia, no puedo decir que haya visto a nadie así. Pero si quieres, no me importa ayudarte a encontrarla.
—No puedo pedirte tanto. Está bien, ya me las arreglaré yo solo. —Subaru levantó la mano para rechazar la oferta de Reinhard y se volvió para salir del callejón y caminar por la calle principal. Era posible que volviera a toparse con No-Satella, como la tercera vez.
Si fuera posible, sería mejor atrapar a Felt y evitar desde el principio que robara la placa. Teniendo en cuenta lo que pasaría de lo contrario, Subaru pensó que ese podría ser el mejor enfoque a tomar.
—El problema es, considerando lo rápida que es Felt, si realmente podría atraparla o no. En el peor de los casos, podría hacer que algunos guardias fuesen al almacén de botines, pero…
—¿Almacén de botines?
—Oh, no te preocupes por eso. Olvida que he algo. Es sólo el nombre de un lugar que a un viejo que conozco le gusta frecuentar.
Cuando Reinhard reaccionó a su declaración, Subaru intentó desviar su atención y al mismo tiempo rechazó la idea de involucrar a los guardias. Incluso si Subaru llevaba guardias con él, con Elsa como oponente había una buena probabilidad de que sólo resultara en más bajas. Así de sobrehumanas eran las habilidades de esa asesina.
—Bueno, si todos los guardias de aquí fueran sobrehumanos también, podría ser una historia diferente… De todos modos, supongo que debería volver a la calle principal.
—¿Seguirás tu camino?
—Sí, así es. Gracias de nuevo, Reinhard. Algún día tendré que devolverte el favor… ¿Puedo volver a verte si voy a un puesto de guardia o algo así?
—Creo que sí. Si dices mi nombre, sabrán dónde encontrarme. Me encantaría volver a verte, así que pásate por cualquier motivo.
—¿De verdad he hecho o dicho algo para que nuestra relación escalase a tanto…? En fin, si alguna vez vuelvo a quedarme atascado o me pierdo, me pasaré por un puesto de guardia —dijo Subaru bromeando, despidiéndose con la mano.
—Ten cuidado —dijo Reinhard, tan frío y galante como siempre.
Empujado por esas palabras, Subaru fue capaz de salir del callejón con absolutamente ningún daño, todo el tiempo sin darse cuenta de lo mucho que el joven de los ojos azules lo estaba midiendo mientras lo veía salir.
3
Ahora que Subaru había vuelto sano y salvo a la calle principal, hizo todo lo posible por buscar a No-Satella. Sin embargo, lo único que pudo hacer fue abrir mucho los ojos y mirar fijamente a la multitud que pasaba. Utilizando sus recuerdos de la tercera vez, Subaru se situó cerca de la frutería que ya conocía.
El rostro del dueño de la tienda, lleno de cicatrices, que Subaru pudo ver por el rabillo del ojo, era muy severo.
—Esta vez nuestro encuentro no fue precisamente el mejor, ¿verdad…? Pero, ¡sé que realmente eres un tipo de buen corazón! —dijo Subaru, dándole al dueño de la tienda de aspecto villano un pulgar hacia arriba, a lo que el dueño de la tienda volvió la cara, molesto.
Subaru retiró el pulgar sintiéndose poco querido y volvió a mirar a la calle. Como siempre, había montones de gente pasando, de todas las formas, tamaños y clases.
Habían pasado más de diez minutos desde que Subaru había iniciado su vigilancia, y ya había pasado casi una hora desde que había comenzado su cuarto recorrido.
—No estoy seguro de poder confiar en mi sentido del tiempo, pero sería extraño que el robo no se hubiera producido todavía… —se dijo Subaru, cuando un pensamiento angustioso cruzó su mente.
—Hey, Jefe.
—¿Qué pasa, Bancarrota-kun?
Cuando el dueño de la tienda salió a la puerta y miró a Subaru, ya había dejado de intentar ocultar lo molesto que estaba.
—Bueno, es cierto que no tengo dinero, así que no voy a negar eso, pero… Jefe, tengo algo que me gustaría preguntarte. ¿Últimamente has visto algún tipo de conmoción por estos lares?
—Tienes agallas para hacerme una pregunta sin comprar nada.
—Bueno, ya lo sé, pero la última vez… Espera…
Mientras Subaru hablaba se dio cuenta de por qué el dueño de la tienda estaba de tan mal humor. La primera vez, cuando Subaru y No-Satella habían visitado juntos la frutería, se habían encontrado de nuevo con… la hija del dueño de la tienda. Esta vez aún no se había salvado.
—¡¿Cómo pude olvidarme de eso?! ¡¿No me digas que antes tengo que ir a buscarla?!
—¿De qué estás hablando? Ah, bien. Como quieras. Mira, muchacho. Ese tipo de «conmociones» de las que hablas no son precisamente inusuales por estos lares.
—Me alegro de que hayas respondido a mi pregunta, pero ¿hablas en serio?
Ahora que Subaru lo pensaba, el almacén de botines estaba lleno de objetos robados por toda la capital. Si se producían tantos robos, eso decía mucho del nivel de seguridad de la capital.
—¿Significa esto que me quedé completamente sin opciones…?
—No obstante, la conmoción más reciente no fue la habitual. Alguien usó magia y disparó dos o tres ráfagas de ella. Basta con mirar.
El dueño de la tienda se inclinó hacia delante y señaló un puesto a unos cuatro espacios a la izquierda. Cuando Subaru lo siguió con la mirada, vio que justo al lado de ese puesto había un callejón, y que había unos cuantos agujeros en la pared que conducían a él.
—Oh, wow.
—Unas cosas con forma de carámbano fueron usadas como flechas, y una de ellas se clavó dentro de esa pared. Aun así, inmediatamente después desaparecieron.
Cada uno de los cuatro agujeros era un poco más grande que una moneda de 100 yenes. Como eran capaces de hacer un agujero así en un muro de piedra, Subaru se estremeció al pensar qué pasaría si golpeaban a una persona.
—Esa magia parece estar en una escala diferente de la primera vez que la vi… Me pregunto si esta vez No-Satella está un poco más alterada de lo habitual…
Si Subaru se acercaba a ella sin pensarlo, podría ser él quien recibiera esa magia. Subaru sintió que se le formaba un sudor frío en la frente.
—Pero si ese es el caso, entonces esta vez también llegué tarde.
Si el robo ya había tenido lugar, iba a ser difícil para Subaru reunirse con No-Satella por su cuenta. En otras palabras, lo que debía intentar ahora era…
—Reunirme con Felt. Si es posible, tengo que intentar alcanzarla antes de que entre en el almacén de botines, y luego cambiar mi celular por la placa, pero…
Dado que era un lugar en el que ya le habían matado dos veces, Subaru quería evitar el almacén de botines tanto como pudiera.
—Si llego demasiado tarde, entonces volverá a pasar lo de la primera vez. Sin embargo, si voy y me reúno con Rom y espero a Felt, entonces acabaré repitiendo lo que pasó la segunda vez…
Lo más importante era la ubicación de Felt. Ahora mismo, Felt probablemente estaba siendo perseguida por la capital por No-Satella. Si podía, Subaru quería reunirse con ella antes de que llegara al almacén de botines.
—¿Tal vez podría confiar en mi Regreso de la Muerte y usar este tiempo sólo para reunir información…?
Aunque parecía una opción viable, Subaru sacudió la cabeza y rechazó rápidamente ese plan. Se dio cuenta de ello después de haber experimentado la muerte tres veces, pero cada vez fue increíblemente doloroso. No quería volver a experimentar algo así nunca más.
Subaru estaba ansioso por confiar en su poder —Regreso de la Muerte— cuando no sabía cómo o por qué funcionaba. Supongamos que Subaru decidiera tirar por la borda esta cuarta vez viendo cómo se desarrollaban las cosas con la intención de morir después para poder reiniciarlo todo. ¿Y si cuando hiciera eso, su Regreso de la Muerte no se activara porque se le hubiera acabado el número de veces que podía usarlo? Nadie se reiría de ese final.
—Siendo el caso, tengo que aferrarme a la vida todo lo que pueda. Supongo que no hace falta decirlo.
Tras tomar su decisión, Subaru se giró para estirar el cuerpo. El dueño de la tienda no parecía muy contento mientras Subaru hacía sus ejercicios de radio delante de su tienda, pero cuando Subaru terminó y estaba trotando en su sitio le devolvió el saludo.
—No sé por qué de repente decidiste ayudarme, pero gracias, Jefe.
—No es para tanto. Hace poco, otra persona sin dinero como tú ayudó a mi niña, ya ves.
Al escuchar la respuesta del dueño de la tienda, Subaru primero se sorprendió y luego se echó a reír. Oh, el poder del destino. Por muy mal que estuviera la niña del dueño de la tienda, alguien iba a salvarla. Sólo por saber eso, Subaru sintió que ir allí mereció la pena.
—¡Muy bien! ¡Ahora sí que me voy! ¡La próxima vez seguro que compro una de tus menzanas!
—Bueno, si lo haces serás un cliente y te daré la bienvenida. Trabaje duro, Bancarrota-kun —dijo el dueño de la tienda en un tono monótono.
—Entendido. De verdad que estoy rezando para que la próxima vez que vuelva por aquí sea con dinero en las manos, te lo aseguro —dijo Subaru mientras se marchaba corriendo.
El destino de Subaru eran los barrios bajos, pero esta vez, en una dirección distinta a la del almacén de botines. Si se dirigía hacia el almacén de botines, seguro que levantaba un par de malas banderas, así que esta vez iba a probar una ruta diferente.
4
—¿Estás buscando dónde vive Felt? Si tomas esa carretera de ahí hasta que se convierta en otra calle, deberías poder encontrarla.
—Gracias, me has ayudado mucho, hermano.
—No hay problema, hermano. Tú… vive fuerte y cuídate ahí fuera, ¿bien?
El hombre de mediana edad con el que Subaru estaba hablando le sonrió débilmente mientras desaparecía tras una puerta que chirriaba. Durante toda la conversación, la expresión de lástima en el rostro del hombre no desapareció ni una sola vez de su torpe sonrisa.
Subaru apretó el puño, contento de que su plan funcionara.
—Fue una estrategia que formé tras mis experiencias de la primera y la segunda vez en los barrios bajos, pero… nunca imaginé que funcionaría así de bien —dijo Subaru, sacudiéndose la manga de la chaqueta, que estaba empapada de barro seco.
Con el fin de ayudarle a localizar a Felt, el brillante plan que se le había ocurrido tras llegar a los barrios bajos consistía en aparentar estar lo más deprimente e indigente posible.
La primera vez, cuando Subaru visitó los barrios bajos con No-Satella, Subaru no había tardado en recibir una paliza de Tonto, Retonto y Tontísimo. Debido a ello, la mayoría de los habitantes de la barriada se habían compadecido de él y se habían mostrado bastante cooperativos. La segunda vez, sin embargo, cuando Subaru no había recibido muchos daños, la gente le recibió con frialdad. La diferencia era como la noche y el día. Así que, recordándolo, Subaru se hizo ver tan mal que había corrido el riesgo de pasarse.
—Bueno, después de todo pisé la caca de quién sabe qué clase de animal. De todas formas, creo que localicé dónde duerme Felt, pero… el problema es si volverá aquí o no antes de ir al almacén de botines.
Afortunadamente, de las cuatro personas de las que pudo obtener información, todas sus respuestas sobre la ubicación del lugar donde vivía Felt coincidían. No obstante, Subaru pensó que las probabilidades de encontrársela eran del cincuenta por ciento. También cabía la posibilidad de que no quisiera arriesgarse a que descubrieran su hogar volviendo allí mientras la perseguían.
—Bueno, sentarme y preocuparme por ello no me ayudará en nada, así que dejemos de preocuparnos. ¡Bien!
No tiene sentido preocuparse por cosas que no tienen remedio. Aquí es donde brilló la decisión de Subaru.
Mientras seguía quitándose más barro de la ropa, Subaru se adentró en los barrios bajos. Estaba oscuro como nunca y había charcos de quién sabe qué aquí y allá que Subaru tuvo que saltar para evitar. Pero justo cuando lo hacía, casi chocó con alguien que apareció de repente.
Subaru pudo girarse justo a tiempo y se golpeó la espalda contra la pared del callejón, soltando un gruñido mientras perdía el aliento.
—Oh, lo siento. ¿Estás bien?
—No te preocupes. No te preocupes. En realidad tengo un cuerpo bastante robus… ¡¿to…?!
Mientras intentaba hacerse el duro, Subaru levantó la vista y cuando se dio cuenta de a quién estaba mirando su frase se interrumpió y terminó en un chillido agudo.
Al oír así la voz de Subaru, la mujer de cabello negro rio suavemente.
—Qué hombre más gracioso. ¿Seguro que estás bien? —dijo, echándose el cabello hacia atrás, detrás de la oreja.
Incluso ese simple movimiento era de alguna manera sexy, y Subaru reafirmó la creencia en su interior de que cada movimiento que hacía esta mujer era extremadamente erótico.
Definitivamente era alguien con quien Subaru no quería volver a encontrarse.
Era la mujer que le había abierto el abdomen y derramado sus tripas dos veces. Era Elsa.
—No tienes que actuar tan asustado. No te haré nada.
—No estoy asustado, ¿bien? ¿Por qué pensarías eso…?
—Hueles… —respondió Elsa, viendo más allá de los vacíos intentos de Subaru de parecer duro mientras entrecerraba lentamente los ojos como parte de una hermosa sonrisa.
—¿Huelo? —dijo Subaru, confuso. Pero Elsa se limitó a inspirar por su nariz bellamente formada.
—Cuando la gente tiene miedo, bueno, huele a miedo. Ahora mismo tienes miedo… y también parece que estás enfadado… conmigo.
Elsa parecía divertirse revelando lo que Subaru estaba pensando, mientras le miraba. Subaru respondió con silencio y una falsa sonrisa, respirando hondo y haciendo todo lo posible por controlar el acelerado ritmo de su corazón.
Cuando Subaru se quedó en silencio, Elsa entrecerró los ojos como una serpiente. Aunque Subaru se sintió atrapado por su mirada, al menos no sería tan débil como para apartar la vista.
Elsa se relamió los labios en respuesta a la vacía demostración de fuerza de Subaru.
—… No puedo decir que no tenga curiosidad, pero bueno. Ahora mismo no puedo arriesgarme a causar un alboroto.
—Eso no suena muy bien. Si asustas demasiado a la gente tu belleza se va a echar a perder, ¿sabes?
—Vaya, qué facilidad de palabra tiene… Si pudiera ocultar mejor la animosidad que me dirige, podría haberme impresionado.
Elsa le presionó con suavidad un dedo en la frente, y el cuerpo congelado de Subaru se aflojó. Mientras Subaru jadeaba y se agitaba, intentando recuperar el aliento, Elsa se llevó el dedo a los labios.
—Bueno, me retiro. Tengo la sensación de que nos volveremos a ver.
—Si la próxima vez que nos vemos es en un lugar luminoso y con mucha gente alrededor, bien podría relajarme —dijo Subaru cínicamente, pero no pudo hacer más que soltar eso.
Elsa esbozó una sonrisa anhelante, como si aún no quisiera abandonar a Subaru, pero se dio la vuelta, con su túnica negra ondeando mientras se fundía de nuevo en la oscuridad.
Después de que Subaru viera cómo Elsa desaparecía literalmente de su vista, se apoyó contra la pared, sintiéndose como si hubiera corrido una milla.
—Vaya… definitivamente no esperaba volver a encontrármela, no aún. Supongo que estaba vagando por la zona antes de ir al almacén de botines…
En el inesperado encuentro con el jefe final, Subaru sintió como si su espíritu estuviera a punto de quebrarse. En cuanto a lo mentalmente preparado que estaba para enfrentarse a cualquiera de las dos, el encuentro con Elsa le había impactado mucho más que el encuentro con No-Satella. Subaru rezó para que ésta fuera la última vez que tuviera que ver a Elsa.
—Creo que la casa de Felt está más adelante, pero… Elsa no podría haber encontrado a Felt y ya haber causado estragos, ¿cierto?
Era una psicópata desquiciada que disfrutaba abriendo estómagos. No era impensable que hubiera matado a dos o tres personas sólo para matar el tiempo. Además, siendo esta la parte más profunda de los barrios bajos, Subaru tenía un mal presentimiento sobre lo que podría encontrar.
—Probablemente esté bien. No vi ni olí nada de sangre… creo.
Dado el hedor a basura podrida que llenaba el callejón sería imposible discernir el olor a sangre, y estaba tan oscuro que Subaru no estaba seguro de poder ver rastros de sangre si estuvieran allí. Pero probablemente estaba bien. Seguro que lo estaba. Al menos eso esperaba Subaru.
Unos cinco minutos después de su encuentro con Elsa, Subaru llegó a una choza destartalada.
—Con la información que me dieron, creo que es aquí, pero… ¿esto siquiera cuenta como espacio habitable? —dijo Subaru, confuso, mientras se paraba frente al tablón de madera que hacía las veces de puerta de la choza.
El interior de la choza era del tamaño de dos retretes portátiles, de los que se usan en las obras. Era como si alguien se hubiera tomado a pecho la frase: «Sólo necesitas medio tatami para estar de pie y uno entero para dormir».
—Bueno, supongo que si es sólo un lugar para dormir, entonces se ajusta a la descripción…
No obstante, la idea de que una niña tan pequeña viviera en un lugar así hizo que Subaru sintiera lástima por ella. Supuso que podía perdonarla por estar tan obsesionada con el dinero.
—Así que está viviendo su vida aquí, acurrucando su ya pequeño cuerpo en un espacio aún más pequeño. Supongo que no es de extrañar que resulte tan retorcida como es. Ah… Sí que inspira lastima, vaya qué sí.
—¡Oh, vamos! No es para tanto. ¿Quién te crees que eres, chico, menospreciando mi casa?
Justo cuando Subaru estaba entrando en su modo de compasión, oyó una voz detrás de él y se dio la vuelta.
Allí, frente a él, mirándole fijamente, estaba la pequeña figura rubia de… Felt.
Su aspecto no era muy diferente del de las otras veces que se habían visto. Si acaso, parecía un poco más sucia que antes, pero eso parecía el resultado de que su huida había sido un poco más dura con ella que la última vez.
—¡¿Qué te pasa, mirándome así con esos ojos de lástima?! ¡¿Me subestimas sólo porque soy una chica y un poco sucia?!
—Creo que estás leyendo la emoción equivocada, pero… estoy contento de haberte encontrado.
Mientras Felt ni siquiera intentaba ocultar lo irritada que estaba, Subaru inconscientemente relajó los hombros en una sensación de alivio. Subaru estaba realmente feliz de reencontrarse con ella. Estaba preocupado por lo que podría haber pasado después de su incidente con Elsa, pero al final, las cosas parecían ir mejor que peor.
En respuesta a lo que dijo Subaru, Felt contestó:
—Oh, así que eres un cliente. —Exhaló por la nariz, satisfecha de sí misma.
—El hecho de que hayas venido aquí significa que tienes negocios conmigo, ¿verdad? Por tu aspecto, está claro que no eres de por aquí.
—Oh. Eres rápida para ver que no soy uno de ustedes. Tienes buenos ojos.
—La gente de por aquí al menos cuidaría un poco más su aspecto. Te estás esforzando demasiado. Además, la forma en que tratas de engañarme con ese truco sucio tuyo, parece que eres aún peor persona que yo.
Como siempre, esta chica sí que sabe insultar, ¿verdad?, pensó Subaru, queriendo retractarse rápidamente de todo lo que había dicho sobre compadecerla.
—Entonces, ¿qué quieres? Si quieres que te robe algo, primero necesitaré el dinero. Aunque dependiendo de quién sea el objetivo, luego puedo pedir más.
—«Si quiero que robes algo», eh… Vaya negocio el que gestionas. ¿Tan orgullosa estás de tus robos?
—Se llama ganarse la vida. Si no hago esto, tendría que vender mi cuerpo. De todos modos, ¿qué va a ser? ¿O tienes algún otro negocio para mí? Dependiendo de tu respuesta… —dijo Felt, moviendo rápidamente los dedos como haciendo gala de su destreza.
En la mano llevaba un pequeño cuchillo que apareció tan repentinamente como si hubiera sido invocado por arte de magia. Estaba claro que quería demostrar que sabía defenderse.
Si Subaru tenía que luchar contra Felt, dada su destreza y el hecho de que tenía un cuchillo, no tenía ninguna posibilidad de ganar. Pero Subaru no tenía intención de luchar.
Levantó el dedo índice y lo agitó a izquierda y derecha al tiempo que chasqueaba la lengua, mientras Felt seguía en guardia.
—Sólo tengo un asunto que tratar contigo. Me gustaría comprarte la placa que robaste.
5
Habiendo llegado tan lejos, Subaru pensó que ser indirecto o tratar de esquivar el tema sólo empeoraría la impresión que Felt tenía de él. También estaba el hecho de que Elsa seguía deambulando por la zona, así que Subaru quería meterse de lleno en las negociaciones.
Sin embargo, Felt se pasó la mano por el pecho, donde probablemente llevaba la placa.
—¿Cómo sabes que robé una placa? La única persona que debería saberlo es quien me contrató, y quien robé hace muy poco. Es una respuesta demasiado rápida para que te hayas enterado por la calle.
—Cuando lo pones de esa manera… ¿Sí? Ese es un buen punto. Eso fue demasiado descuidado, incluso para mí, ¿verdad?
—… Realmente necesitas hacer un mejor trabajo ocultando tus intenciones, chico. ¿Una pequeña burla como esa y ya estás cantando la sonata completa?
Mientras Subaru se sujetaba la cabeza con las manos ante su error, Felt parecía haber perdido el ánimo para mantener su hostilidad.
Felt se arrodilló para quedar a la altura de Subaru.
—Así que quieres comprarme esta placa, ¿eh? ¿Qué intentas hacer? No puedes estar del mismo lado que esa mujer, ¿verdad? ¿Es tu rival o algo así?
—¿Más como mi archienemiga, tal vez? Como te sentirías si ella matara a tus padres. O mejor dicho, si te matara a ti.
—¿De qué estás hablando? Bueno, da igual, en realidad no me importa.
Mientras Subaru intentaba averiguar cómo iba a salir de ésta hablando, Felt se echó a reír. Entonces sacó la placa adornada con un dragón del bolsillo de su pecho y la agitó delante de Subaru.
—Venderé esto a quien pueda ofrecerme un precio más alto. Aunque exista la posibilidad de que esa mujer se enfade si rompo nuestro trato.
—Sí, definitivamente hay una posibilidad de que ella simplemente estalle, pero… En fin, sólo estoy hablando conmigo mismo, puedes ignorarme.
Subaru se aclaró la garganta y puso cara seria.
—¿Significa esto que me escucharás?
—Sólo si parece que hay dinero para mí. Eso es obvio, ¿verdad?
—Me parece bien… Preparé un objeto que vale más de veinte monedas de oro bendito, y me gustaría comprar tu placa con él.
Felt levantó las orejas y sus ojos rojos se entrecerraron como los de un gato. Parecía como si estuviera intentando no parecer agitada, pero si tuviera cola, la estaría moviendo de un lado a otro, así que Subaru no pudo evitar sonreír.
—Ya veo. Es un buen precio. Parece que mi duro trabajo por fin va a dar sus frutos… Pero por desgracia para ti, tu rival ya me ofreció la misma cantidad, ¿sabes?
—¡A otro perro con ese hueso! El trato era por diez monedas de oro bendito, ¿verdad? ¡Si te pones demasiado codiciosa morirás! Y hablo en serio.
En realidad, estaba bastante claro que por eso murió la primera vez. Causa de la muerte: codicia.
Como Subaru había acertado con el precio, Felt debió de pensar que ya no podía seguir disimulando. Después de mirarle con los ojos muy abiertos durante unos instantes, Felt se rascó ligeramente un lado de la cabeza.
—¿Qué, también sabes eso…? Sí, ¿de acuerdo? El trato era por diez monedas de oro bendito. Pero sabes, si le digo a la persona que me contrató que se hizo otra oferta, podría contraofertar con más, ¿sabes? Eso no es mentira, ¿eh? —añadió Felt, la niña de trece o catorce años, curvando los bordes de la boca.
—Realmente eres astuta, ¿no? Me gustaría decirte que pares y aceptes el trato, pero supongo que no me harías caso, ¿cierto?
—¡Claro que no! Además, no estoy segura de poder confiar en ti. Mis oídos no se perdieron ni una palabra de lo que dijiste. No mencionaste que traías veinte monedas de oro bendito, sino sólo algo que valía esa cantidad. ¿No es esto un poco injusto, conmigo sin saber nada de lo que tienes bajo la manga, pero tú sabiéndolo todo de mí?
—Creo que es más una cuestión de cuánto puedes preparar lo que realmente importa en las negociaciones… pero es cierto que sin mostrarte esto primero, no vamos a llegar a ninguna parte.
Subaru quería evitar que Felt se enfurruñara demasiado y perdiera el tiempo, así que sacó del bolsillo de su pecho su objeto clave para las negociaciones: su teléfono celular. Al ver el pequeño aparato, Felt enarcó un poco las cejas, pero nada más.
Como siempre, no respondía a nada a menos que estuviera claro que la conduciría al dinero.
—¿Veinte monedas de oro bendito por esta cosa? A mí sólo me parece un espejo de mano…
—Este es uno de esos mitia inmensamente populares. Puede tomar un trozo de tiempo y congelarlo, guardándolo.
Subaru activó el modo de disparo continuo. Una luz y un sonido mecánico sonaron varias veces. La luz brillante atravesó el callejón y bañó de luz a Felt.
—¡Vaya! —dijo, en una rara muestra de feminidad al reaccionar.
Felt parecía a punto de quejarse, pero Subaru le mostró rápidamente la pantalla del celular.
—Este es el poder de este mitia. Usándolo puedes dejar atrás una imagen clara. Otra cosa a añadir es que se trata de un objeto muy raro. Este es el único como este en todo el mundo. ¿Qué te parece?
A estas alturas Subaru se había acostumbrado a explicar el funcionamiento del celular, y cuando terminó, Felt dijo: «Hmm…» y miró detenidamente el celular que Subaru tenía en las manos, antes de asentir con la cabeza.
—… No parece que estés mintiendo. ¿Pero esta soy yo? Dijiste una imagen clara, pero creo que soy bastante más bella que esto.
—Si no estuvieras en un ambiente tan terrible y comieras mejor, y, aunque puede contribuir a lo que podrías considerar un astuto sentido de los negocios, si pudieras librarte de esa personalidad tuya tan astuta y sucia, ¡diría que hay esperanza para ti! En realidad sólo es cuestión de cómo te vistas.
—Si estamos hablando de elegir las palabras adecuadas para decir, no tienes talento cuando se trata de mantener una conversación, ¿verdad? Hay que ver.
Aunque Subaru se hubiera marcado un tanto de irritación por esa última afirmación, las cosas iban bien en general. No obstante, uno de los puntos fuertes de la gente que vivía en los barrios bajos era que nunca accedían fácilmente a nada.
—Aceptaré que eso que tienes es raro, pero aún no estoy segura de creerte cuando dices que vale veinte monedas de oro bendito. No soy tan cabeza hueca como para creerte sin más.
—Bueno… era de esperar. Personalmente no me importa que tengas un cerebro esponjoso, pero tienes razón. Necesitamos la opinión de un tercero.
Habría sido estupendo que Subaru hubiera podido impulsar las negociaciones en ese mismo momento, pero esperaba que eso no funcionara. El problema era a quién usar como tercera parte…
—En lo profundo de los barrios bajos, hay un lugar llamado el almacén de botines. Es como su nombre indica, pero creo que lo más rápido será preguntarle al viejo raro que está allí. Es justo cuando se trata de tasaciones. Tiene mucha experiencia, así que creo que no tendrá problemas, ni siquiera con ese mitia.
—Pensé que esto pasaría…
Subaru esperaba que Felt le sugiriera ir a ver a Rom. También era su punto de encuentro con Elsa, así como un lugar donde tendría un guardaespaldas si las cosas se torcían.
Dado que un ojo evaluador era necesario para tasar el mitia de Subaru, realmente no había otra opción. No obstante, Subaru realmente quería tener todo resuelto antes de que terminaran en el almacén de botines.
—No tengo ningún problema en que el Viejo lo mire, pero…
—¿De verdad vas a llamarle «Viejo» sin haberle conocido? Puede que te arrepientas, ¿sabes? Es bastante duro con la gente que no sabe mostrar respeto.
—A pesar de eso, parece ser bastante cariñoso con cierta jovencita malhablada, siempre dándole leche y todo…
Subaru pensó en el anciano calvo que siempre miraba a Felt con ojos tranquilos. Desde la perspectiva de Rom, debía de ser como cuidar de una nieta. Pero Subaru no tenía ningún problema con él; el problema era el lugar.
—No sé con qué pareces tener un problema, pero si tienes tanta prisa, deberíamos irnos al almacén de botines. Para ser honesta, había algo más que pensaba hacer, pero…
—¿Tenías más planes?
—Bueno, verás, la persona a la que le robé esta placa fue mucho más persistente de lo que pensaba, así que pensé en intentar sabotearla un poco. A fin de cuentas, le das a los tipos que andan por ahí un poco de dinero y harán cualquier cosa por ti.
—Muy bien, pongámonos en marcha, inmediatamente. Ahora mismo. ¡Vamos, vamos, vamos!
Subaru empujó la espalda de Felt cuando empezó a caminar y la apresuró hacia el almacén de botines.
—¿Qué te pasa? —se quejó Felt, inflando las mejillas, pero Subaru estaba orgulloso de sí mismo por haber podido evitar tantas bajas como pudo.
Un poco de dinero era un precio demasiado bajo para que alguien se interpusiera en el camino de No-Satella cuando tenía prisa. Si la alternativa era recibir un golpe con un bloque de hielo y retorcerse en el suelo, Subaru estaba seguro de que preferirían aferrarse a sus estómagos hambrientos.
—Mi única condición es que hagamos que el Viejo eche un vistazo, resolvamos el trato rápidamente y luego salgamos directamente de allí.
—¿Por qué tienes tanta prisa, chico? Estás todo sudado. Vive fuerte y cuídate.
—Parece que todo el mundo dice eso, pero ¿es como el eslogan de los barrios bajos?
Subaru tuvo la sensación de que deberían cambiar «vive fuerte» por «vive rudo».
Cuando Subaru dejó atrás ese pensamiento, se dirigió con Felt al almacén de botines por tercera vez en total en esta cuarta ocasión.
Se iría inmediatamente. Saldría corriendo de allí, aunque tuviera que dejar atrás a todos los demás. Una vez tomada su decisión, Subaru empujó con más fuerza la espalda de Felt frente a él.
—¡Eso duele!
—¡Ay! —dijo Subaru al recibir una patada.
6
Tras reunirse con Felt en su choza, Subaru y Felt se dirigieron a través de los barrios bajos hacia el almacén de botines.
El espacio entre los edificios era muy estrecho y resultaba difícil que la luz del sol penetrara en las sinuosas callejuelas. Esta oscuridad añadida por la sombra de los edificios sólo hacía que los barrios bajos parecieran aún más lúgubres.
—…
Subaru notaba humedad bajo los pies. Había botellas rotas de bebidas alcohólicas y trozos de papel por todas partes, y de vez en cuando se percibía un fuerte hedor desagradable que le llegaba al interior de la nariz.
Ya fuera con Felt o con No-Satella, éste no era el tipo de lugar por el que pasear a solas con una joven.
—Esto sería mucho mejor si estuviéramos tomados de la mano y en un lugar más bonito y colorido.
—Detén esa charla asquerosa. No me digas que te gustan las niñas.
—Me gustan más las mujeres mayores. No tienes que ser tan cautelosa, ven aquí.
Tal vez porque Felt había sentido peligro por lo que Subaru había dicho, empezó a alejarse, pero Subaru la llamó. De mala gana, Felt se acercó.
—Sin bromas, ¿bien? Tú eres el que va a tener más problemas si este trato se va al traste. ¿Está claro?
—¿Por qué no puedes ver que estoy haciendo todo lo posible para que este gatito desconfiado con el que estoy tratando se relaje para que podamos ser amigos? Si estás tan en contra de que seamos amigos, ¿por qué no te dejas de tonterías y me llevas de verdad al almacén de botines?
—… ¿Cómo…?
—¿Cómo me di cuenta? Oh, vamos, no soy tan estúpido. Quiero decir, no estoy increíblemente familiarizado con esta zona, pero confío en mi sentido de la orientación. Llevamos zigzagueando un rato por la zona, incluso yo voy a empezar a sospechar —dijo Subaru, mirando a Felt, que se quedó en silencio, y encogiéndose de hombros.
Como Subaru había dado en el clavo, Felt no pudo evitar apartar la mirada, pero el propio Subaru estaba extremadamente nervioso, con el corazón acelerado.
Después de todo, todo lo que Subaru acababa de decir era más que nada una bravata. A Subaru le había molestado el hecho de que la ruta de Felt no coincidiera del todo con el camino que él pensaba que era el correcto para llegar al almacén de botines, pero lo que realmente le hizo cuestionar a Felt fue el hecho de que había visto el mismo grafiti que estaba escrito en la pared dos veces, aunque a distancia, en un corto período de tiempo. No obstante, en este punto, su bravata era todo lo que tenía para confiar.
—Sé que es pedirte demasiado que no dudes de mí, y desde tu punto de vista, lo que tengo que ofrecer probablemente suene demasiado bueno para ser verdad, así que no puedo culparte por querer más tiempo para examinarme.
—¿Te diste cuenta de todo eso, y no estás enfadado?
—Bueno, entiendo que tiene sentido que dudes de mí, y estoy siendo poco razonable. Aun así, no voy a comprometer el tiempo. Por favor, llévame directamente al almacén de botines. Te lo ruego, por favor —dijo Subaru, levantando las manos, suplicante.
Felt se sobresaltó, sus ojos se abrieron de par en par mientras dudaba un momento, sin saber cómo reaccionar, pero entonces usó su mano para alborotarle el cabello rubio.
—Maldita sea, no te entiendo. No te entiendo pero… siento que tengo que pagarte por no haberte enfadado conmigo hace un momento. Bien, te llevaré directamente al lugar. Dejaré el resto de mis dudas en manos de Rom.
—No me desagrada esa actitud de sentirme totalmente libre de depender de los demás, pero… bueno… yo… no importa.
Justo cuando Subaru iba a regañar a Felt, se dio cuenta de lo que iba a decir y enturbió sus palabras.
¿Qué quería transmitir Felt cuando dijo que se lo dejaría todo a Rom? Rom trataba a Felt como si fuera su nieta, y se sentía tan unido a ella que estaba dispuesto a dar su vida por ella. Pero, ¿qué sentía Felt por Rom?
Subaru no quería pensar que aquel viejo calvo, al que no podía llegar a odiar, sólo estaba siendo utilizado por ella.
Felt entrecerró los ojos cuando Subaru se apartó de repente, pero no se entrometió. En lugar de eso, habiendo cambiado su actitud hacia Subaru, le condujo directamente al almacén de botines, esta vez sin dar ningún rodeo.
Mientras Subaru seguía a Felt al trote, pensó de nuevo en el curso de los acontecimientos que sucederían una vez que llegaran a su destino. Ya era la cuarta vez que Subaru hacía esto. Quería seguir la mejor ruta posible.
Mientras Subaru seguía caminando, ensimismado en sus pensamientos, vio que Felt se había detenido y le miraba fijamente.
—¡Deja de mirar hacia abajo mientras caminas! Te contagiarás de la penumbra que hay por aquí, ¿sabes?
—Bueno, me encantaría mantener la cabeza alta, pero no está precisamente limpio y organizado alrededor de mis pies, así que es peligroso si no presto atención… ¿Qué quieres decir con «te contagiarás de la penumbra»?
—Sabes exactamente lo que quiero decir. Hablo de la actitud de todos los perdedores que viven aquí.
Felt asintió con la cabeza para mostrar que se refería a los alrededores, a los barrios bajos. La forma en que escupió sus palabras mostraba una clara animadversión y odio hacia el lugar, y Subaru abrió mucho los ojos.
—¿Perdedores…? ¿No te parece un poco duro?
—¿Cómo así? Hablo de gente que languidece en esta vida de callejón y pierde la voluntad de siquiera intentar salir de aquí o superarse de alguna manera. Odio a esa clase de perdedores.
Subaru había pasado un buen rato hablando con la gente que vivía aquí, en los barrios bajos. No es que hubieran caído tan bajo como para que no les llegaran las palabras, pero como dijo Felt, no podía negar que parecían estar contentos con la vida que tenían, o más bien, parecían haber renunciado a llegar a ningún otro sitio.
Sería fácil decir que ese tipo de actitud no tenía remedio, pero Felt no aceptaría esa respuesta. En la penumbra del callejón, la luz de los ojos carmesí de Felt no se apagaba ni un ápice.
—No tengo intención de vivir toda mi vida aquí, en estos barrios bajos. Si se me presenta una oportunidad, me aferraré a ella y la haré mía. Lo mismo vale ahora para este trato.
—Así que es por eso, eh…
La segunda vez, Felt había hecho todo lo posible para encontrar debilidades y sacar más de Elsa y Subaru. Era fácil explicar esas acciones simplemente diciendo que era codiciosa, pero sabiendo lo que sabía ahora, Subaru pensó que podía entender por qué Felt era tan persistente.
Felt quería salir de los barrios bajos, romper con las circunstancias de su infancia huérfana. En la raíz de todas sus acciones había un deseo de algo más.
—Entonces, con veinte monedas de oro bendito, ¿se hará realidad ese sueño tuyo?
—… Definitivamente estará más cerca de hacerse realidad, y si fuera sola podría ser suficiente, pero no lo sé —murmuró Felt.
—¿Si fueras sola?
Los agudos oídos de Subaru no lo dejaron escapar, y enarcó las cejas en respuesta. Felt se dio cuenta de su error, chasqueó la lengua y apartó la mirada.
—No es nada. No somos tan amigos como para hablar de… ¿Por qué demonios hoy estoy tan habladora? —dijo Felt, claramente arrepentida del lapsus linguae.
—¿Quizá te estás soltando un poco porque tu objetivo está a la vista? —respondió Subaru, mientras sentía que sonreía.
Felt dijo que si «fuese sola», podría lograrlo. Esto significaba que tenía a alguien más en los barrios bajos a quien no podía dejar atrás. Para Felt, que sentía tanta animadversión hacia la gente de los barrios bajos, sólo podía haber una persona por la que sintiera lo mismo.
Al pensar en quién era, Subaru no pudo evitar sonreír.
—¿Cuál es tu problema? Esa sonrisa tuya está empezando a irritarme.
—No es para tanto. Simplemente me di cuenta de que me estaba preocupando demasiado por algo por lo que no tenía que preocuparme. Claro que es así. Claro que sí. No sé por qué me estaba preocupando tanto —dijo Subaru, mostrando los dientes mientras sonreía. De repente, todo tenía sentido para él.
La segunda vez, Felt y Rom parecían tratarse como familia. Ambos fueron asesinados por Elsa, pero incluso mientras morían debían de estar pensando el uno en el otro.
Además, en su momento Felt también salvó la vida de Subaru en el último instante.
Si Subaru se sentía en deuda con No-Satella, entonces también debería sentirse en deuda con Felt.
—Démonos prisa. Ya hemos perdido demasiado tiempo.
—Sigo sin entender por qué estás… Hey, espera. ¡Dije que pares!
Cuando Subaru se puso en marcha y pasó junto a Felt, le puso la mano en la cabeza y le volvió a alborotar el cabello. Su cabello con sus finas hebras, que probablemente nunca había sido peinado, no se sentía mal fluyendo entre los dedos de Subaru. Cuando un día Felt saliese de los barrios bajos y se arreglase un poco, Subaru pensó que probablemente brillaría con luz propia.
Así que, para también poner a Felt en el camino de alcanzar sus sueños…
—Realmente tengo que hacer que esto funcione, ¿no…? ¡Soy el único que puede hacer esto!
—¡Deja de decir todas esas cosas raras y de obsesionarte contigo mismo! ¡Te voy a morder!
Con la mano de Subaru aún en la cabeza de Felt a pesar de sus protestas, solidificó en silencio su determinación.
Cambiaría el destino no sólo de No-Satella, sino también de Felt y Rom… de todas las personas que habían conmovido su corazón.
Debía ser por eso que Subaru repetía ese día una y otra vez.
—¡Dije que pares! —exclamó Felt, antes de morder a Subaru.
7
—¿A las ratas gigantes…?
—¿Dónde podría encontrar algo de dango con ácido bórico? Eso sí que es veneno.
—¿A la gran ballena blanca…?
—Sabes, el primer tipo que me viene a la mente cuando pienso en la palabra «capitán» es el viejo Capitán Ahab. Apuesto a que tiene algunos anzuelos de pesca.
—… ¿A nuestro muy honorable gran dragón…?
—Como este es un mundo de fantasía, apuesto a que existen de verdad, pero vamos, si me topara con uno de esos te puedo garantizar que no sería capaz de hacer nada. Aunque, son muy geniales, así que tengo ganas de ver uno, pero qué contradicción, ¿eh? Esos sentimientos encontrados míos pueden arder en el infierno.
—¡¿No puedes simplemente decir las contraseñas sin tener que soltar todas esas tonterías?! ¡¿Puedes ser más irritante?!
La puerta del almacén se abrió de golpe con tanta fuerza que parecía que iba a salirse de sus goznes, pero Subaru, que se lo esperaba, había retrocedido y no sufrió ningún daño. Gruñendo de frustración, demasiado alto para la entrada, estaba el gigante calvo Rom, a quien Subaru ya se había acostumbrado a ver a estas alturas. Tenía la cara roja y probablemente la tensión alta.
—Si te enfadas así, te reventarás un vaso sanguíneo. Aunque tuviéramos medicina moderna, diría que tu situación es bastante mala.
—¡Si crees que es tan malo para mí, entonces no me hagas enfadar! ¡¿Quién eres?! Se supone que hoy no debo dejar entrar a nadie, ¡así que lárgate!
—Eh… Perdón por eso. Este tipo es en realidad mi cliente, así que ¿podrías dejarlo pasar? —dijo Felt, que se había estado escondiendo en la espalda de Subaru y acababa de asomarse por detrás de él.
Rom relajó lentamente los hombros. Mientras Felt miraba entre un Rom decepcionado y un Subaru que silbaba, dejó escapar un suspiro.
—Realmente tienes una personalidad terrible, chico. Sin ser demasiado mala, es simplemente lo peor. En fin, Rom, vamos a entrar.
Cuando Felt pasó junto a Rom, sin dejar de mirar hacia abajo, entró en el almacén de botines como si fuera su propia casa.
Rom miró primero a Felt para pedirle más explicaciones, pero fue ignorado, así que volvió su cara de fastidio hacia Subaru.
—Ella realmente marcha al ritmo de su propio tambor, ¿eh? Los chicos normales nos quedamos atrás, ¿no? —dijo Subaru.
—Me gustaría volver a empezar desde el principio, cuando recién le enseñaba lo que significaban las distintas palabras… De todos modos, entra —respondió Rom, con el tono de un hombre que se ha dado por vencido y se ha lavado las manos de todo, antes de volver a encoger su gigantesco cuerpo en el almacén.
Subaru siguió a Rom en el aire polvoriento del almacén de botines. Lanzó algunas miradas cautelosas a un lado y a otro, pero afortunadamente no había señales de que Elsa o No-Satella estuvieran escondidas en algún lugar del interior.
Felt estaba sentada sin preocupación alguna en la barra del bar, bebiendo un vaso de leche como si fuera suyo.
—¿Qué? Este es el único vaso frío que queda. No te lo voy a dejar —dijo.
—No puedo creer que no te moleste lo más mínimo lo desvergonzada que estás siendo… Hey, Viejo, tomaré un poco de alcohol, lo que tengas. Gracias —dijo Subaru.
—¡No eres quien para hablar! No compartiré nada contigo. No vas a conseguir nada, ¿me oyes? —gritó Rom mientras corría por la habitación y se precipitaba detrás del mostrador, haciendo crujir las tablas del suelo a su paso, intentando ocultar lo que parecía su alijo.
La reacción exagerada de Rom fue suficiente para inspirar lástima, y Subaru se limitó a decir: «Estoy bromeando», con una risita.
—Bien, Viejo. Ya hemos perdido mucho tiempo, así que antes de desviarnos, me gustaría ir directo al grano.
—Tengo la sensación de que ya nos hemos desviado mucho, pero… ¿qué pasa?
—Básicamente, quiero que tases algo. Me gustaría que pusieras precio a este mitia que tengo aquí, y garantizaras su valor a Felt.
Cuando Rom se dio cuenta de que la conversación estaba derivando hacia los negocios, sus ojos grises se volvieron serios. El Viejo Rom miró a Felt, que asintió en señal de confirmación, antes de volver a mirar a Subaru.
Al darse cuenta de que Rom pedía sin palabras ver el objeto, Subaru se sacó el celular del bolsillo y se lo entregó. Parecía que el aspecto metálico del teléfono fue lo que primero llamó la atención de Rom, y mientras pasaba los dedos por encima parecía un juguete diminuto en sus manos sobredimensionadas.
—Así que esto es un mitia. Incluso para alguien como yo, es la primera vez que veo uno de estos…
—Estoy bastante seguro de que éste es el único de su clase en todo el mundo. Además, es bastante delicado, así que por favor ten cuidado con él. Si lo rompes tendré que suicidarme, y no estoy bromeando sobre eso… por supuesto, con eso me refiero a que tendré que volver a empezar.
Rom pasó un rato examinando detenidamente su aspecto exterior, pero luego abrió lentamente el teléfono plegable. Rom se llevó su primera sorpresa cuando el teléfono se puso en marcha y emitió un sonido, y se llevó su segunda sorpresa cuando vio el fondo de pantalla del teléfono.
—Esta imagen…
—Pensé que éste sería un buen momento para usarla. Para mostrarte las capacidades del dispositivo, puse la foto que le tomé a Felt como fondo de pantalla.
El fondo de pantalla era una de las fotos que Subaru le había hecho a Felt cuando se la encontró en el callejón. Eligió la que le pareció más bonita y, dada la calidad de la imagen, pensó que era bastante buena en general.
Rom miró desde la imagen a Felt, que estaba sorbiendo su leche, y dijo:
—Bueno, ciertamente me sorprendiste. No creo que haya nada que pueda hacer un dibujo tan perfecto.
—Este es un mitia que saca un trozo de tiempo y lo guarda. Ni siquiera se compara con un dibujo hecho por alguien, ¿verdad? Si quieres también puedo hacerte uno a ti.
—Me interesa, pero parece algo peligroso. No te quita la vida, ¿verdad?
—No importa la edad ni el mundo, parece que esa superstición sobre las fotografías persiste, ¿eh? —Subaru esbozó una débil sonrisa ante la reacción de Rom, algo que parecía propio del periodo Taisho, o anterior, y replicó—: Aunque te haga una foto, vivirás fácilmente hasta los ochenta o así.
La reacción de Felt mientras escuchaba la conversación también fue simpática, así que después de obtener su permiso, Subaru hizo una foto de Rom y se la enseñó.
—Hmm… —Rom asintió.
—Esto es bastante interesante. Si me ocupara de ello, en términos de monedas de oro bendito quizá quince… no, absolutamente podría conseguir más de veinte por esto. Creo que vale tanto.
A Rom le brilló el sentido de los negocios y con él los ojos al hacer su valoración.
Aunque Subaru pensó que no estaba seguro de lo orgulloso que podía estar de obtener el sello de aprobación de alguien que se dedicaba a vender bienes robados, lo cierto es que le tranquilizó. Con las fosas nasales encendidas por la confianza, Subaru se volvió hacia Felt.
—Bueno, ahí lo tienes. Esta es la carta que tengo que jugar. Como dije, vale más de veinte monedas de oro bendito. Así que ahora, me gustaría cambiarte esto por esa placa que tienes.
—Veo que pones esa cara a menudo, pero es realmente molesta.
Aparentemente poco impresionada de que todo pareciera ir según el plan de Subaru, Felt hizo una mueca. No obstante, eso no cambiaba el hecho de que esta nueva información hacía que el trato le sonara aún mejor.
—Bueno, para ser sincera, me alegra tener la garantía de que puedo convertir este mitia en dinero. Parece que tampoco tengo que dudar más de que valga veinte monedas de oro bendito. Acepto la carta que tienes que jugar.
—¿Verdad? En fin, parece que nuestras negociaciones fueron bien. Será tu trabajo venderlo, ¡pero te deseo la mejor de las suertes! Ahora que ya terminamos, ¿qué tal si nos vamos a algún sitio a tomar algo para celebrar nuestro éxito?
Subaru se acercó rápidamente a Felt y extendió la mano para recoger la placa, pero Felt la apartó lentamente.
—Espera un momento. ¿Por qué tienes tanta prisa?
—La vida tiene sus límites. Tienes que tratar cada segundo de ella como precioso, y es una pena desperdiciar cualquier…
—Bien, bien, suficiente —dijo Felt, entrecerrando sus ojos rojos, y con una actitud tranquila se clavó en el corazón de sus dudas—. ¿Cuál es la razón por la qué quieres esta placa?
8
Subaru hizo una pausa, conteniendo la respiración, y al verlo tanto Rom como Felt, Subaru se dio cuenta de que había cometido un error. Lo que debería haber hecho era decir un montón de tonterías, como había hecho antes. Sin embargo, no saldría nada.
Mientras Subaru guardaba silencio, la boca de Felt se aflojó en una sonrisa.
—La dama que me pidió que la robara tampoco quería hablar de ello, ¿y parece que tú eres igual?
—… Bueno, robar es bastante malo de por sí, así que con robo de por medio, seguro que todos tienen algún motivo oculto del que no les gustaría hablar…
—Pero en tu caso, destacas más de lo normal. Si me detengo a pensarlo, estás intentando robarle esto a quien quería que se lo robara en primer lugar.
La actitud de Felt era como la de un gato torturando a su presa.
—¿Qué es esta placa? Vale más de lo que parece, ¿no? Por eso todo el mundo la quiere. En otras palabras, vale más que incluso este mitia.
—Espera, Felt. Esa línea de pensamiento es realmente peligrosa. Ya sé más o menos lo que estás planeando decir ahora mismo, incluso si sólo estoy recurriendo a mi experiencia en los juegos, pero… de verdad, tienes que parar.
Mientras Subaru observaba cómo subía el miserable indicador de Felt, empezó a sudar mientras intentaba detenerla. Si las negociaciones se alargaban más, el final malo que les esperaba iba a ser una realidad.
—¡Este trato es por más de veinte monedas de oro bendito! ¡Sólo tómalo! ¡No seas más avariciosa que eso! ¡La que te hizo el encargo sólo puede pagar veinte monedas de oro bendito! ¡No pagará más que eso!
—¿Cómo lo sabes?
—Bueno…
—Cuanto más hablas, más te delatas. Estás compinchado con ella, ¿verdad?
Subaru deseaba poder decirle que lo sabía gracias a su habilidad Regreso de la Muerte, pero por supuesto no podía. Incluso si se lo explicaba de esa manera, no había garantía de que ella lo creyera.
Cuando los ojos de Felt se llenaron aún más de dudas, Subaru supo que, dijera lo que dijera, ella ya no le creería. Llegados a este punto, podría tener que arrebatarle la placa.
Pero si lo hiciera tendría que lidiar con ese vejestorio musculoso…
—Bueno, te tiene bailando en la palma de su mano, ¿verdad, muchacho? Debe ser embarazoso dado que es más joven que tú.
—Todo es culpa tuya por darle rienda suelta. Es tan dura que siento que estoy a punto de llorar.
Si Subaru intentaba ser violento, lo único que conseguiría sería que Rom lo estampara contra el suelo. Incluso si era capaz de arrebatársela a Felt, no creía que pudiera correr más que ella. Subaru había visto cómo corría como el viento. No había forma de que pudiera escapar.
—Felt, por favor…
—No creas que suplicando vas a llegar a ninguna parte. Mira, acepto tu trato como una opción, pero no es justo hacer un trato sin escuchar lo que mi cliente original tiene que decir sobre todo esto. Si me dijeras cuánto vale en verdad esta placa y eres capaz de preparar eso como pago, entonces podría reconsiderarlo.
En los ojos de Felt no había ni la más mínima pizca de compasión o misericordia. Sus dos ojos intentaban desesperadamente extraer la verdad de la actitud de Subaru. Sin embargo, las razones de Subaru para querer la placa no eran las mismas que las de Elsa. Él sólo quería devolvérsela a su dueño.
Pero mientras Felt no conocía las intenciones de Subaru, él conocía las suyas. Subaru sabía por qué Felt estaba tan desesperada por negociar el mejor acuerdo posible. Él sabía por quién ella estaba tratando tan desesperadamente. Así que después de una pausa, dijo la verdad.
—Todo lo que quiero es devolver esa placa a su legítimo propietario.
—… ¿Qué?
Decir la verdad era lo más sincero que pensaba que podía hacer. Así que mientras los ojos de Felt se abrían de par en par, Subaru se limitó a repetir lo que había dicho antes.
—Quiero devolver esa placa a su legítimo propietario. Por eso la quiero. Eso es todo.
Los ojos rojos de Felt brillaron llenos de animosidad, pero Subaru permaneció en silencio. No estaba para bromas, así que se limitó a inclinar la cabeza.
—… Felt, no creo que mienta —dijo Rom.
—¡No te dejes engañar por él! ¡Esto tiene que ser una broma! ¿Devolvérsela a su legítimo dueño? ¿Pagando todo este dinero para comprárselo a la persona que lo robó? ¿Cómo puedes ser tan estúpido? Si eso es lo que quería hacer, ¡debería haber traído un guardia con él para acorralarnos!
Por supuesto Subaru no podía hacer eso. No-Satella no quería involucrar a los guardias. Por eso Subaru había rechazado la oferta de Reinhard. Subaru no podía ir en contra de los deseos de No-Satella.
Era lo menos que Subaru podía hacer, y era su respuesta a quien le había salvado la vida.
—¡Si vas a mentir, hazlo mejor! ¡Aunque actúes como si fueras en serio, no me dejaré engañar! No cederé… Así es. No me dejaré engañar… —dijo Felt, como sacudiéndose algunos pensamientos de la cabeza, terminando con una voz que sonaba débil.
—Felt… —dijo Rom en tono cariñoso con expresión de dolor, probablemente sabiendo lo que pasaba dentro de Felt.
En cualquier caso, no parecía que Felt fuera a cambiar de opinión. En otras palabras, las negociaciones habían fracasado.
—… ¿Quién es?
De repente, la expresión de Rom cambió y miró hacia la entrada. Subaru, aún en estado de shock por la ruptura de las negociaciones, tardó demasiado en reaccionar a la voz de Rom.
—Podría ser mi cliente. Aunque parece un poco pronto.
Felt se acercó a la puerta, con su expresión de enfado aún en el rostro, y alargó la mano para abrirla.
De repente Subaru identificó los sentimientos de impaciencia que brotaban en su interior. El almacén de botines, una llamada a la puerta, el cliente de Felt… todas esas señales sólo podían conducir a una cosa.
—¡No abras la puerta! ¡¡Nos matarán a todos!!
Era más temprano de lo que Subaru esperaba. Desde las ventanas aun podía ver el sol alto en el cielo. Era demasiado brillante para haber pasado la puesta de sol.
La primera y la segunda vez, la desesperación había llamado a la puerta después de la puesta de sol. Subaru no había bajado la guardia por lo limitado de su tiempo, pero aun así, esto era demasiado pronto.
Subaru aún no había logrado nada de lo que necesitaba hacer para cambiar este mundo. Subaru no llegó a tiempo. Su mano ya estaba en la puerta, que se abrió de un empujón desde el exterior, y la luz rojiza del atardecer temprano barrió la penumbra del almacén. Y entonces…
—¿Cómo que «mataré a todos»? Yo nunca haría algo tan violento sin avisar —dijo una chica de cabello plateado con una expresión amarga en la cara mientras entraba en el almacén.