El Final y el Principio
CAPÍTULO 3:
El Final y el Principio
—Hey, amigo, no te quedes mirando así al vacío. ¿Quieres una menzana?
En cuanto Subaru recuperó la consciencia, tenía delante de la cara una fruta roja madura.
Se parecía a una manzana y, mientras la miraba fijamente, la frase «fruto del conocimiento» cruzó por su mente.
Era ese fruto prohibido que, al ser comido, provocaba la expulsión del paraíso.
Si Subaru comiera ahora esa fruta, ¿le salvaría de la inexplicable situación en la que se encontraba?
—Eh, muchacho —dijo el hombre de mediana edad mientras fruncía el ceño y llamaba a Subaru, que no respondía en absoluto.
Subaru se alejó lentamente del vago borde de su conciencia hacia la realidad, y cuando estuvo de vuelta, levantó la cabeza de forma súbita. Miró a un lado y a otro, con el corazón latiéndole ferozmente y la respiración agitada.
Estaba frente a la frutería de la calle principal, pasado el mediodía. Había varias frutas y verduras de colores, y la persona que estaba frente a ellas era un hombre de aspecto severo, el dueño de la tienda, con una cicatriz blanca en la cara.
Ésta era la calle abarrotada que Subaru ya había visto varias veces. Se rascó la cabeza.
—Hay algo que no termino de entender… —murmuró, y luego, invadido por el mareo y las náuseas, se desplomó en el acto.
1
Al sentir un chorro de agua fría en la cara, Subaru fue capaz de volver a la realidad.
—…
Subaru miró la jarra de agua vacía que el dueño de la frutería le había llevado. Después de que Subaru se desplomara frente a su tienda, el dueño le había ayudado a recomponerse.
Subaru se alegró de que el dueño tuviera el corazón de preocuparse por él, pero el hecho de que fuera tan amable de no preguntar dónde había ido Satella le hizo una profunda herida en el corazón.
Mientras Subaru se sentaba en el suelo de tierra, se limpió el agua del flequillo y apretó los dientes. El destello de aquella espada aún rondaba en el fondo de su mente, junto con aquella terrible sonrisa mientras bailaba entre el hedor de la sangre.
—Hhgh…
Subaru sintió un nudo en la garganta y, mientras se abrazaba las rodillas, no pudo evitar que todo su cuerpo temblara.
Hasta ese momento había vivido una vida completamente normal. Nunca había experimentado tanto miedo, tanta desesperación.
Ya no quería pensar. No quería recordar más. Quería volver a meterse en su caparazón y olvidarlo todo.
El brillo de la hoja, el brazo volando, el grito, hundiéndose en un mar de sangre, ese cabello plateado…
—…
Cuanto menos quería Subaru pensar en ello, más claramente volvían a él sus recuerdos. Dominado por la angustia, Subaru levantó la cara para gritar, pero justo cuando estaba a punto de soltarlo todo…
—¿Eh…?
La voz que había surgido en el interior de Subaru brotó llena de dudas, y él se quedó mirando, estupefacto.
En el rango de visión de Subaru, con los ojos bien abiertos, pudo ver una figura alta con piel de reptil… un humanoide con aspecto de bestia que sólo le llegaba a la cintura… una joven bailarina de cabello rosa… un espadachín con seis espadas en la cintura…
… y una joven vestida con una túnica blanca y cabellos plateados que se balanceaban al caminar.
Sus ojos violetas echaron un vistazo a Subaru al pasar, pero ella apartó la mirada como si no le interesara y siguió caminando.
Aquellos ojos amatista, llenos de determinación, miraban fijamente hacia delante mientras ella recorría la carretera.
En esa postura galante, en esa delicada belleza, en esa chica que Subaru había estado buscando, no había ningún cambio.
Incapaz de gritar inmediatamente, con la respiración entrecortada Subaru se puso en pie y la persiguió.
—¡Espe…! ¡E-Espera! ¡Espera! Por favor, ¡espera…!
Por un instante, la chica reaccionó a su voz y miró a Subaru con frialdad, como si estuviera observando a un extraño.
Subaru sintió que el escalofrío de su aguda mirada le atravesaba el corazón. No había hecho lo que ella le había pedido. La había herido. Aún no se había disculpado. No había forma de que pudiera ser perdonado, pero aun así Subaru la persiguió.
Él no sabía cómo se sentía ella. Al menos tenía que saber lo que ella pensaba.
Si iba a dejar que lo que se imaginaba que ella pensaba le hiciera daño, prefería que le hiciera daño la verdadera, aquí, en esta realidad donde podía sentir dolor.
—¡Espera, por favor! ¡Satella!
No estaba seguro de lo que quería decirle si conseguía atraparla, pero cuando la respuesta a esa pregunta se hizo clara en su mente, Subaru pronunció el nombre de Satella como si acabara de recordarlo.
Finalmente pareció que su voz había llegado hasta ella, porque justo cuando empezaba a alejarse de él la chica se detuvo inmediatamente en seco.
Subaru se abrió paso entre la multitud para alcanzarla y le puso la mano en el hombro.
—No… me ignores. Es culpa mía que me fuera y es culpa mía por no escucharte, pero he estado desesperado. Después de lo que pasó fui al almacén de botines, pero no pude reunirme contigo allí y…
Cuando Subaru la agarró por el hombro, Satella le miró sorprendida.
En el momento en que se dio la vuelta y Subaru abrió la boca, lo que salió fue una especie de autodefensa que sonó llena de excusas.
Lo que le hizo darse cuenta fueron los ojos claros de Satella.
Su mirada carecía de emoción y, al enfrentarse a ella, Subaru seguía sintiéndose tranquilo. Por lo que él podía ver, Satella no parecía estar herida. Subaru experimentó esto como una salvación.
—Siento haber hablado de mí… Me alegra ver que estás bien.
El hecho de que pudieran reencontrarse hizo que Subaru sintiera una felicidad simple.
Había tantas cosas de las que tenían que hablar, pero ante todo eso Subaru sintió como si nada de lo que había hecho hubiera sido en vano. Finalmente se sintió profundamente aliviado…
—… ¿Qué crees que estás haciendo?

Pero mientras Subaru encontraba esta sensación de tranquilidad, Satella estaba increíblemente enfadada. Sus blancas mejillas se habían enrojecido, mientras retorcía su cuerpo para apartar la mano de Subaru de su hombro. Después de dar un paso atrás y poner un poco de espacio entre ella y Subaru, los ojos de Satella se llenaron de hostilidad.
Tras esta reacción inesperadamente severa, Subaru tragó saliva inconscientemente.
Aun así, esta reacción tenía sentido. Desde la perspectiva de Satella, debería estar sorprendida de que Subaru mostrara su cara delante de ella. No había insulto demasiado grande para ella como para lanzárselo a Subaru y…
—¡No sé quién eres, pero en qué demonios estás pensando, llamando a alguien con el mismo nombre que la Bruja de los Celos!
Tras escuchar aquella reacción, que superaba todo lo que hubiera podido imaginar, todo lo que Subaru había construido para bracear se hizo añicos.
Ante aquellas inesperadas palabras, Subaru sintió como si el tiempo se hubiera detenido.
El sonido de la multitud desapareció. Lo único que Subaru podía oír eran los violentos latidos de su corazón y la respiración agitada de la chica que tenía delante, tensa y a la defensiva. Sintió como si todos los demás sonidos hubieran desaparecido… pero no era una ilusión.
—… ¿Qué?
Cuando Subaru miró a su alrededor, se dio cuenta de que todo el mundo, todos los presentes en este abarrotado distrito comercial, todos los peatones de la calle los miraban fijamente. Todos parecían conmocionados y nadie movía un solo músculo, quietos y callados.
Era como si la conversación entre Satella y Subaru hubiera tomado el control de toda la zona.
Con su mirada severa, Satella esperaba la respuesta de Subaru. Sin embargo, inseguro de lo que él era culpable, Subaru no podría pensar en cómo contestar. La razón por la que Subaru pensó que Satella estaría disgustada y la verdadera razón por la que estaba disgustada eran diferentes.
—Te lo volveré a preguntar. ¿Por qué me llamas por el nombre de la Bruja de los Celos?
—¿Qué quieres decir? Me dijeron que ese era tu nombre…
—… No sé quién te dijo eso, pero quienquiera que haya sido, eso es de muy mal gusto. Aunque no se te haya ocurrido a ti, ya es bastante malo que estés de acuerdo. Estamos hablando de la Bruja de los Celos, la encarnación de todo lo tabú. La mayoría de la gente dudaría incluso en pronunciar ese nombre, ¿y tú lo usaste para dirigirte a mí?
Con su enfado a la vista de todos, Satella… la chica de cabello plateado lanzó a Subaru a una tormenta de confusión. Todos a su alrededor parecían estar asintiendo, de acuerdo con ella, y eso, más que cualquier otra cosa, demostraba que tenía razón. Subaru no tenía ni idea de lo que estaba pasando. No entendía lo que decía. Subaru simplemente la llamó por su nombre.
Pero Satella le había reprendido, y todos a su alrededor estaban de acuerdo en que ella tenía razón.
—Si eso es todo lo que querías decir, entonces seguiré mi camino. No tengo tiempo para tratar contigo.
La chica miró cómo Subaru simplemente se quedaba donde estaba, agachando la cabeza. Luego se dio la vuelta y se marchó, con su cabello bailando detrás de ella, sin tener nada más que ver con él.
Subaru pensó en llamarla y empezó a gritar su nombre, pero se le quedó atascado en la garganta como si se le hubiera congelado.
Si Subaru volvía a llamarla, cometería dos veces el mismo error. Pero entonces, ¿cómo debería llamarla?
Dudó, incapaz de decidir qué hacer.
—¡…!
Subaru jadeó. Sobre la lona de un carro en un lado de la calle, desde una posición apenas una cabeza más alta que Subaru, algo saltó. Un pequeño cuerpo fue arrastrado por la gravedad hacia el suelo, y en cuanto aterrizó despegó impulsado por el viento. Aquella pequeña ráfaga de viento, con la ropa sucia y el cabello rubio arrastrándose tras ella, se abrió paso entre la multitud con una destreza divina, y de ella un brazo extendido se coló en la túnica blanca bordada de halcón de cierta chica.
Las dos sólo se tocaron un instante, pero para esa pequeña ráfaga de viento, ese momento fue suficiente.
Mientras el viento hacía volar la túnica y la chica de la túnica se retorcía, el viento volvió a arreciar.
—¡No puede ser!
La muchacha de cabello plateado alzó la voz conmocionada y se metió la mano en la túnica. No encontraba lo que buscaba y, con los ojos muy abiertos, miró en dirección al viento que huía rápidamente.
Al ver la placa adornada con un dragón en la mano de aquel viento que pasaba rápidamente, Subaru gritó:
—¡¿Felt?!
Con la llamada de Subaru, el viento se agitó por un momento en vacilación, pero sin aminorar la marcha voló rápidamente por un estrecho callejón. Todo sucedió tan increíblemente rápido que Subaru sólo pudo ver durante un instante lo sucedido, pero eso tuvo que ser…
—¡Me engañaste! ¿Por eso me detuviste? ¡¿Están trabajando juntos?! —gimió la chica mientras miraba a un Subaru inmóvil.
La chica giró rápidamente la palma de la mano hacia Subaru, pero, al parecer, cambió de opinión y echó a correr en la dirección que había tomado el viento por el callejón.
—¡Eh, espera! ¡Esto es un malentendido! Yo…
Subaru salió tras ellas por el callejón, con la esperanza de solucionar las cosas. Mientras corría, su mente se llenaba de preguntas y dudas. Había demasiada información que procesar y su mente, presa del pánico, no podía manejarla. Incluso sin eso, en apariencia acababa de morir dos veces, y todo en su mente estaba confuso.
—¡Tiene que haber alguien ahí fuera que sea amable conmigo! ¡¿Por qué demonios fui invocado en este mundo?! —gritó Subaru, harto de que nada tuviera sentido, mientras seguía corriendo con paso inseguro por el callejón oscuro.
Subaru no estaba seguro de su resistencia, pero a corta distancia, no creía que fuera a perder contra esas dos chicas. Sin embargo…
—¡Maldita sea! ¡¿Un muro?! —escupió Subaru. Justo delante de él había un callejón sin salida.
Ninguna de las dos chicas estaba allí. Probablemente Felt podría trepar fácilmente por un muro como aquel, y pensó que Satella habría podido hacer algo al respecto con su magia.
Podría intentar pasar al otro lado, pero no creo que pudiera alcanzarlas.
Subaru no podía permitirse perder el tiempo. No tenía ni idea de cómo moverse por la capital, así que si las perdía ahora, le sería imposible alcanzarlas.
—¿Entonces debería dirigirme al almacén de botines? Si Satella y Felt están vivas, entonces Rom debe estarlo…
Incluso mientras Subaru decía esto, sentía que varias cosas estaban mal y se contradecían. Felt había sido cortada. Rom tenía el cuello seccionado. Satella cayó en un charco de sangre. A Subaru le abrieron el abdomen, dos veces. ¿Cómo era que todos estaban vivos…?
—No. Ahora no es el momento. No puedo perder el tiempo pensando. Ahora mismo tengo que…
Subaru se adelantaría y se reuniría rápidamente con Rom. Eso era lo que Subaru tenía que hacer. Podría pensar más tarde. Lo mejor que podía hacer ahora era salir de este callejón y dirigirse a los barrios bajos.
Subaru se dio la vuelta.
—… ¡Me tienes que estar jodiendo!
Justo delante de él, bloqueando la entrada al callejón, había tres sombras, tres personas, con ropas sucias y aspecto rudo y bárbaro. Tres delincuentes que utilizaban estos callejones como coto de caza. Era la tercera vez que Subaru se topaba con ellos ese día.
2
—¡Deberían rendirse! ¡¿Qué hace falta para que aprendan, malditos?!
Cansado de volver a ver a esos tres delincuentes, Subaru pisoteó furiosamente el suelo.
Era la tercera vez que se encontraban. Cada vez fue en un callejón, tres contra uno. Dado que el primer y el segundo intento fueron infructuosos, Subaru se sorprendió de que estuvieran tan decididos a atraparle como para intentarlo una tercera vez.
—No tengo tiempo ni paciencia para tratar con ustedes, tontos. ¡Fuera de mi camino, ahora!
La situación actual había sacado de quicio a Subaru, pero también estaba el hecho de que, dado lo sucedido la última vez, pensaba que debería ser capaz de asustarles si gritaba. Al menos eso pensaba.
—Escúchenlo, «fuera de mi camino». ¡Ja! No me gusta tu actitud. No lo entiendes, ¿verdad? No estás en posición de darnos órdenes.
—¡La última vez fue un tres contra uno y aun así perdieron como si nada! ¿Creen que pueden dársela de la gran cosa? ¡Incluso los perdedores doloridos mostrarían más vergüenza cuando se lamentan!
No obstante, los delincuentes no parecían temer en absoluto a Subaru y siguieron burlándose de él. Subaru se mordió el labio ante sus inesperadas reacciones. Pensó que incluso los villanos del tres al cuatro tenían orgullo.
Quería evitar perder más tiempo y arriesgarse a perder a Felt y Satella. Además, dado el riesgo que conllevaría una pelea, Subaru decidió que debía lidiar con esto pacíficamente.
—Bien. Como quieran. Les daré todo lo que tengo. Eso es lo que quieren de mí, ¿verdad?
Subaru contuvo su irritación y levantó ambas manos en el aire, mostrando que se daba por vencido.
Los delincuentes se miraron unos a otros después de que Subaru cambiara de actitud y estallaron en carcajadas.
—¡¿Qué es eso?! ¡Si tenías tanto miedo, deberías haberlo dicho!
—¡Ja! ¡Mira a este tipo! ¡No hables tanto si sólo vas a ceder!
—Lo que sea. Si nos vas a hacer caso, eso nos facilita las cosas, ¿no? Pero vaya que eres cobarde.
Subaru estaba irritado, pero se limitó a reírse. Decidió llamar al grupo de delincuentes «Tonto, Tontísimo y Retonto» para sentirse mejor, y murmuró en voz baja, para que no le oyeran.
—Una vez que me reúna con Satella, voy a pedir prestado a Puck y hacerles… ¿pagar?
Justo cuando Subaru estaba a punto de exponer todo lo que poseía ante él, se congeló.
—¿Eh…?
De todo lo que había ocurrido desde que Subaru llegó a este nuevo mundo, esto era lo más inquietante.
—¿Por qué…?
Al alcance de Subaru, dentro de su bolsa de plástico de la tienda, había una bolsa de aperitivos crujientes. Con sabor a sopa de maíz, eran unos de sus favoritos, y los había tomado por capricho en la tienda para comerlos en lugar de su cena.
Cuando Subaru estaba con Rom en el almacén de botines, se las había enseñado como un estupendo tentempié nocturno, acto del que luego se había arrepentido.
No obstante, aquella bolsa seguía allí, tan llena y precintada como cuando la había comprado en la tienda.
—Ya no debería tenerlos… Rom se los comió todos, me quejé y… no quedaban. Estoy seguro.
¿Por qué volvían a estar los bocadillos en la bolsa? No había rastro de que hubiera sido abierta. No era posible.
Subaru sintió sus pensamientos bloqueados por todos lados. Aun así, en ese estado de bloqueo, Subaru seguía llegando a una conclusión sobre lo que estaba ocurriendo. Aunque habiendo logrado eso, no le estaba sirviendo de nada. En cuanto se le ocurrió, lo rechazó por imposible. Su sentido de la razón negó la posibilidad.
—Eh, ¡¿qué estás haciendo?!
—… ¿Qué?
De repente Subaru escuchó una voz justo a su lado. Cortado de su tren de pensamiento, esa fue la única forma en que pudo reaccionar.
Era uno de los delincuentes. El más pequeño. Al que Subaru acababa de llamar «Tontísimo». Mientras Subaru estaba ensimismado, Tontísimo se había acercado y había puesto la mano en el hombro de Subaru.
Subaru se retorció y le apartó la mano.
—Fuera de mi camino…
—¡¿Qué dijiste?!
—En todos los sentidos de la palabra, me he quedado sin tiempo para tratar con ustedes. Tengo que… comprobar algo.
—¿Me estás jodiendo? —Cuando Subaru empujó a Tontísimo a un lado y se dirigió a salir del callejón, los otros dos se interpusieron airadamente en su camino.
—¡Fuera de mi camino! ¡Tengo que ir a un sitio! —Tenía que descartar esta teoría increíblemente estúpida e impensable…
Ante el grito de Subaru, los hombres dudaron un poco. Si podía abrirse paso y salir a la calle principal, probablemente estaría fuera de peligro. Tras decidirlo, Subaru dio un paso para levantarse firmemente del suelo.
No obstante…
—… ¿Qué?
Justo cuando Subaru puso el pie en el suelo, se torció. Sus piernas perdieron fuerza y cayó de rodillas. Extendió las manos para frenar la caída y maldijo su idiotez por tropezar en un momento tan crítico.
—Huh… Esto es extraño…
Justo cuando Subaru intentaba empujar contra el suelo para poder levantarse, sus brazos empezaron a temblar. No creía que pudiera volver a ponerse de pie. Ni siquiera creía que pudiera levantar su cuerpo.
—Bueno, ahora sí que metiste la para hasta el fondo, ¿no?
Subaru miró hacia atrás al oír aquella voz teñida de ansiedad, y entonces se dio cuenta de lo que había pasado. Un cuchillo sobresalía de su espalda.
—Gah… Ah…
Tan pronto como Subaru fue consciente de ello, un dolor insoportable le invadió. Se ahogó. Era una reacción natural a la agonía abrasadora.
… ¡Me apuñalaron! ¡Me apuñalaron! ¡Me apuñalaron! ¡Me apuñalaron! ¡Me apuñalaron! ¡Me apuñalaron! ¡Me apuñalaron!
Retonto, el del cuchillo, había golpeado primero. Subaru no se dio cuenta mientras desenfundaba su arma, y justo cuando Subaru intentaba empujarlo para pasarlo, fue apuñalado por la espalda.
Este dolor era el mismo tipo de tortura que había experimentado en las últimas horas, pero no importaba cuántas veces lo experimentara, no creía que fuera posible acostumbrarse a ello.
—¡¿Qué?! ¡¿De verdad lo apuñalaste?!
—¡No tenía elección! ¿Qué crees que habría pasado si se hubiera escapado a la calle? Piensa en lo que tendríamos que aguantar si lo hubiera hecho.
—¡Espera! ¡No hagas eso, idiota…! Ugh. Sí, esto es malo. Tienes las tripas perforadas. Va a morir.
El gigante, Tonto, dio la vuelta al cuerpo de Subaru, y al hacerlo, el cuchillo se clavó más profundamente en su espalda.
—Ughh… —Un sufrimiento aún mayor se apiló sobre el dolor existente de Subaru e incluso los estertores de Subaru se mantuvieron sin salir de su garganta.
Subaru no podía pedir ayuda ni gritar de rabia. No le quedaba nada que hacer. Se limitó a repetir sus respiraciones irregulares, sintiendo que se iba a ahogar en su propia sangre mientras ésta le llenaba la garganta.
La sensibilidad de las manos y los pies de Subaru empezó a abandonarle, y su consciencia parpadeaba débilmente como una luz a punto de apagarse.
De nuevo, su visión se oscureció. Era el final, como la última vez.
¿Cómo que «la última vez»…?, pensó Subaru. El hecho de que ahora se aferrara a una idea que antes había despreciado por estúpida solo le hacía sentir aún más lástima.
Pero si iba a aferrarse a ella, más le valía llegar hasta el final.
Aleja tus pensamientos de la muerte. Antes de morir, averigua qué ocurre a tu alrededor.
Tus ojos están muertos. Tampoco eres capaz de sentir tus brazos y piernas. Lo que te queda es tu nariz y tus oídos. Entonces será mejor que uses ambos hasta la muerte. No importa qué aroma persistente huela. No importa si todo lo que oigo son insultos. Huelo el barro del camino. Huelo el olor a hierro de la sangre que mana de mí. Ahora mi nariz está muerta. Muerta. Dudo que mis oídos duren mucho más.
—… tomen los…objetos de valor…
—… ¡aquí! ¡Los guardias! Ellos…
—… ¡rápido! ¡Vamos! Si nos… atrapan…
Lo único que pude captar fueron esos trozos de conversación. Eso está muy bien, pero la parte de mi cerebro que necesito para averiguar qué significa ya está muerta. Me estoy muriendo, así que sólo escuché. No sé si me acordaré… ¿Qué significa recordar? ¿Por qué quiero recordar? ¿Qué significa querer? ¿Por qué… qué?
Cuando el cerebro de Subaru murió, sus otras funciones le siguieron poco después. Al final, con un débil sonido de algo siendo arrancado de él, algo raspando… Subaru perdió la vida por tercera vez.
3
Cuando la conciencia de Subaru despertó, estaba en la oscuridad. Pero al darse cuenta de que era una oscuridad creada por él mismo, abrió los párpados cerrados. La brillante luz del sol le quemaba los ojos. Subaru gimió un poco y se puso la mano sobre los ojos.
—Así que, muchacho. ¿Qué tal una menzana?
Era una pregunta que Subaru se había acostumbrado a oír, dicha por una voz con la que ya se había familiarizado.
Sus orejas funcionaban perfectamente.
El ajetreo de la calle principal era ruidoso, y completamente diferente del silencio que le rodeaba justo antes del final.
Así eran las cosas, a pesar de que, en cuanto a distancia, el silencio estaba en un callejón a una vuelta de la calle principal.
Bastante patético que ni siquiera pudiera alejarme más de una calle.
El dueño de la tienda frunció el ceño al no obtener respuesta a su pregunta. Al ver la cicatriz blanca que se extendía por su rostro, Subaru pensó que le daba un aspecto bastante villanesco.
Pero Subaru sabía que en realidad era una persona muy amable y atenta que estaba obsesionada con su hija.
Por supuesto, probablemente no recordaba lo que hizo Subaru.
Pensando en eso, volvió a ver al dueño de la tienda de frutas.
—¿Cuántas veces has visto mi cara hasta ahora?
—¿Qué quieres decir con «cuántas veces»? No te he visto antes en mi vida. Por la forma en que destacas, y esa horrible expresión que tienes, de haberte visto antes no creo que te hubiese olvidado.
—No necesitaba oír esa última parte sobre mi expresión, ¿sabes? De todos modos, ¿cuál es la fecha de hoy?
—Es 14 de Tammuz. A estas alturas, según el calendario estamos a mitad de año.
—Huh. Ya veo. Tammuz, sí. —Subaru no tenía ni idea de lo que se suponía que significaba esa fecha. Para empezar, desconocía por completo cómo era el calendario en este mundo. Probablemente era demasiado esperar que se rigieran por un calendario solar, pero no podía estar seguro.
—En fin, muchacho. ¿Qué tal una menzana?
El dueño de la tienda fue paciente mientras Subaru guardaba silencio, pero que tuviese que tratar con alguien tanto tiempo para vender una simple manzana… Parecía estar llegando a su límite. Su cara estaba empezando a crisparse.
Se trataba de un tipo que, para empezar, no tenía muy buen aspecto sonriendo. Cuando se esforzaba por sonreír, lo más probable era que ahuyentara a los clientes, y Subaru pensó que el dios que había puesto a ese hombre en esa situación era uno cruel.
En cuanto a la respuesta de Subaru a la pregunta del dueño de la tienda, se puso la mano en la cadera y sacó pecho con orgullo.
—¡Lo siento, pero estoy tan arruinado como el cielo es azul!
—¡Entonces lárgate de aquí! —El grito del dueño de la tienda fue suficiente para hacer retroceder a Subaru, que salió de allí con toda la fuerza que pudo imprimir en sus piernas.
Hay que ver, no puedo volver a esa tienda por un tiempo, pensó Subaru, con ambos significados en mente.