Una Lucha Demasiado Tardía
CAPÍTULO 2:
Una Lucha Demasiado Tardía
—… ¿Qué pasa, muchacho? Estás mirando a la nada.
—… ¿Eh?
Cuando un hombre con una cicatriz blanca en su rostro severo se dirigió a Subaru, eso fue todo lo que pudo responder.
El hombre de la cicatriz torció la cara.
—¡Mira, te estoy preguntando qué vas a hacer! ¡¿Vas a comprar esta menzana o no?!
—… ¿Eh?
—¡Una menzana! Quieres comerte una, ¿verdad? Empezaste a hablarme y de repente te paraste y te quedaste mirando al vacío. Casi me asusto… Entonces, ¿qué será?
El hombre musculoso puso en la palma de la mano de Subaru una fruta roja, redonda y de aspecto simpático. Fuera lo que fuese, se parecía casi exactamente a una manzana.
Después de mirar la fruta y luego la cara del hombre, Subaru dijo:
—No, a ver, ¿no te lo había dicho? No tengo un céntimo conmigo.
—¿Me estas jodiendo? Ya estoy harto de que me hagas perder el tiempo. ¡Vete de aquí! ¡Fuchi! Tengo un trabajo que hacer. No tengo tiempo para lidiar con tus tonterías.
El hombre, molesto, apartó a Subaru y se dirigió a otra parte de la tienda.
Subaru siguió mirando a su alrededor, perplejo.
—¿Ah? ¿Eh? ¿Qué está pasando?
Estaba tan nervioso que fue un milagro que pudiera decir una frase mientras lanzaba sus preguntas.
1
La calle principal estaba llena de gente, como siempre, y aparte de los carros tirados por lagartos que pasaban, toda la anchura de la calle estaba llena de peatones.
Aún era una hora en la que el día era luminoso. No es que hiciera mucho calor fuera, pero sí lo suficiente como para pensar que los medio humanos con aspecto de lobo que paseaban con sus abrigos de piel debían de estar sudando.
—¡Pero este no es el momento de reflexionar sobre el estado del escenario!
Subaru se sujetaba la cabeza con las manos y se retorcía, y sus extrañas poses de angustia bastaban para atraer las miradas curiosas de todos a su alrededor. Sin embargo, ahora Subaru realmente no tenía capacidad para preocuparse por eso.
—Después de todo… hace un minuto era de noche, ¿no?
El sol estaba alto en el cielo. Al menos, según lo que Subaru había percibido, ya debería ser de noche.
La noche cambió inmediatamente a mediodía. El cambio fue tan repentino que recordó a Subaru cuando fue invocado a este mundo. No obstante, las condiciones eran completamente diferentes.
—Mi estómago… no está abierto, ¿verdad? —Subaru se levantó la parte superior del conjunto deportivo y se miró el estómago.
Antes se había abierto con lo que debía de ser una gran cuchilla, y había sangrado tanto que estaba seguro de que iba a morir.
Aun así, no sólo la herida no estaba allí, sino que ni siquiera había rastro alguno de sangre. De hecho, el querido conjunto deportivo de Subaru ni siquiera estaba sucio.
La bolsa de la tienda que llevaba en la mano también estaba tan llena como siempre, y su celular y su cartera estaban donde debían.
En todos los sentidos de la palabra, había vuelto al punto de partida.
… Fue suficiente para hacerle sentir que se estaba volviendo loco.
Al darse cuenta de que había lagunas en su memoria, Subaru trató de pensar en lo que había sucedido justo antes de perder el conocimiento.
Le habían abierto el estómago y estaba a punto de morir. Le pareció oír la voz de una mujer. Había encontrado un cadáver en el almacén de botines, y la persona que probablemente había matado a ese hombre atacó a Subaru.
En ese estado cercano a la muerte…
—… ¡Eso es! ¡Satella!
Satella, que debió de preocuparse por Subaru y entró en el edificio, también había sido abatida por la misma arma que acabó con él.
En cuanto Subaru se dio cuenta, sintió que sus entrañas se retorcían de dolor. El sentimiento de culpa era incluso más fuerte que el sentimiento de dolor que había sentido cuando él mismo fue atacado.
—¡¿No me dijeron que cuidara a Satella?!
Subaru recordó las palabras de Puck justo antes de desaparecer.
La promesa que Subaru hizo con aquel gato no era, desde luego, una broma. A pesar de que hubo al menos tres veces en las que debería haber dado marcha atrás, había desaprovechado todas las oportunidades de hacerlo.
Satella también se lo había dicho. Si pasaba algo, debía llamarla. Ni siquiera lo hizo.
—¿Soy idiota? Pues claro que lo soy. Ni siquiera tengo tiempo para deprimirme. Tengo que ir a buscar a Satella y Puck…
Ambos podrían estar muertos. Cuando ese pensamiento cruzó su mente, Subaru sacudió la cabeza para alejarlo.
Subaru no tenía ninguna cualidad positiva, y en absoluto era capaz de ser útil. Era algo así como un personaje del montón, un mero NPC, o en el mejor de los casos el personaje de alivio cómico, y sin embargo seguía vivo.
Si ese fuera el caso, no había forma de que la bondadosa Satella, que podía usar magia y no era honesta consigo misma pero era fiel a sus ideales, o ese gato espíritu raro y distante estuvieran muertos.
Al menos, no quería que lo estuvieran.
—En cualquier caso, tengo que volver al almacén de botines…
Dado que ése fue el último lugar en el que estuvo antes de que perdiera la consciencia, allí debía de haber quedado algún tipo de indicio.
En cuanto pensó en ello, Subaru pasó a la acción. Aquí era donde podía brillar su rapidez para tomar decisiones. En la Tierra, la mayor parte de eso lo usaba en decisiones como «Hoy no iré a la escuela», pero ahora mismo era importante para él actuar con rapidez y cortar todas sus dudas.
No obstante, tan pronto como Subaru había tomado su decisión y estaba listo para partir…
—Eh, muchacho. ¿Qué tal si nos divertimos un poco?
Desgraciadamente, tres hombres le interrumpieron el paso a Subaru desde el callejón. Cuando Subaru miró quién le había hablado, no pudo evitar quedarse boquiabierto.
—Hey, ¿por qué pones esa cara de idiota?
—Apuesto a que no se da cuenta de la situación en la que se metió. ¿Qué tal si se lo decimos nosotros? —dijo otro hombre del grupo burlándose de Subaru, mientras mostraban sonrisas siniestras.
Tras mirar fijamente a los hombres durante un rato más, Subaru se sintió como si le estuvieran obligando a ver una farsa.
Eran tres hombres. Incluso si tratabas de ser amable, no podías llamarlos bien parecidos. Sus malas personalidades y mala educación simplemente se filtraban fuera de ellos. Eran delincuentes clásicos.
Con todo esto, Subaru tenía una increíble sensación de déjà vu.
—¿Se golpearon la cabeza con algo mientras no miraba?
Eran los mismos tipos que habían servido de motivo para el encuentro de Subaru y Satella horas antes.
Claro, no eran más que personajes de fondo, pero era difícil imaginar que otros tres tipos con exactamente las mismas caras estaban haciendo exactamente lo mismo.
—En otras palabras, ahora que me encontraron solo, quieren vengarse… ¿es eso? Entiendo que quieran darme una patada cuando estoy en el suelo, pero realmente no es el momento de tratar con ustedes. Verán…
—¿Qué demonios estás balbuceando? ¿Te volviste loco o algo?
Subaru quería salir de esta situación de forma pacífica, pero dada la forma en que estaban actuando aquellos tipos, incluso Subaru estaba empezando a enfadarse. La única razón por la que quería resolver el problema pacíficamente era porque tenía prisa. Normalmente, Subaru tenía la mecha muy corta.
—Escucha bien, muchacho. Si dejas todo lo que tienes y te vas, te dejaremos ir.
—Ah, ¿verdad? Todo lo que tengo. Entendido. Tengo prisa, así que me parece bien, lo digo en serio.
—¡Pero primero tienes que ponerte a cuatro patas y actuar como un perro! También di: «¡Por favor, que alguien me salve!».
—¡Suficiente, ya me harté de ustedes, idiotas! —Tenían que ir demasiado lejos, ¿no? Subaru ya se había obstinado.
Los hombres no estaban preparados para el repentino cambio de actitud de Subaru, y se echaron a temblar. De los tres, mientras permanecían boquiabiertos, Subaru eligió al más delgado del grupo para golpearle primero. Era el que tenía el cuchillo, la fuente de la anterior derrota de Subaru.
—¡Tú eres el primero! ¡Tipos como tú que no conocen lo preciada que es la vida pueden irse al infierno!
Subaru asestó un uppercut en la mandíbula del hombre con todas sus fuerzas, y luego le lanzó un puñetazo al abdomen abierto. El hombre se estampó contra la pared y cayó fulminado. Subaru se movió inmediatamente para hacer tropezar al siguiente hombre a su lado.
Incapaz de reaccionar, la patada aterrizó y el hombre cayó al suelo. En cuanto cayó, Subaru se abalanzó sobre el hombre que quedaba. Su placaje se dirigió hacia abajo, y con la fuerza del mismo fue capaz de llevar al hombre y golpearlo contra la pared.
Después de que el hombre perdiera el aliento por el impacto de su espalda contra la pared, Subaru descargó otra patada para acabar con él.
Subaru se volvió entonces hacia el hombre al que acababa de hacer tropezar y le hizo un gesto con la mano.
—¡Ahora es uno contra uno! ¡Ven a mí con todo lo que tienes!
—¡¿Quién eres tú para hacerte el justo con ese ataque sorpresa?! ¡Pequeño demonio!
El hombre corrió hacia Subaru y le agarró por el cuello, intentando empujarle contra la pared.
—¡No es suficiente! —gritó Subaru, agarró las muñecas del hombre y tiró de ellas. Mirando la cara del sorprendido hombre, la expresión de Subaru se torció en una sonrisa diabólica—. ¡No subestimes el tiempo libre de un encerrado! ¡Pasé tanto tiempo blandiendo una espada porque no tenía nada mejor que hacer que mi fuerza de agarre supera los setenta kilos de fuerza! ¡También puedo levantar ochenta kilos!
El hombre gritó cuando Subaru le aplastó las muñecas, y en cuanto hubo roto su postura, Subaru le golpeó con el codo, y el delincuente gritó.
Mientras Subaru giraba a su espalda y le rodeaba la cintura con los brazos, le dijo:
—Si te mato accidentalmente, no me odies demasiado por ello, ¡pero siempre he querido probar a hacer un suplex a alguien sin colchonetas!
Subaru levantó parcialmente al hombre y luego lo lanzó hacia atrás. Incapaz de reaccionar, la cabeza del matón chocó contra la pared que tenían detrás y se desplomó en el suelo, inmóvil.
Tras asegurarse de que los otros dos hombres guardaban silencio, Subaru se dirigió hacia el primer hombre al que golpeó, el que tenía el cuchillo.
Aunque comparativamente el hombre había recibido poco daño, se podía ver que estaba sudando. Cuando Subaru se acercó intentó sacar su cuchillo. Pero al hacerlo, Subaru le dio una patada implacable en la cara. Estaba fuera de combate.
—¡Hmph! Bueno, ¡eso fue fácil! En este mundo, el mal nunca triunfa —dijo Natsuki Subaru mientras hacía una pose para celebrar su victoria.
Tras cerciorarse de que ninguno de los hombres había muerto realmente, Subaru abandonó inmediatamente el callejón.
—Incluso con esto, no es que la situación haya mejorado. Tengo que darme prisa en llegar al almacén de botines.
Subaru se dio cuenta al salir de que había curiosos que se asombraban y jadeaban sorprendidos de que hubiera salido ileso del callejón.
Si se dieron cuenta de que lo que me pasaba, ¡entonces deberían haber ido a llamar a los guardias!, pensó Subaru mientras contenía las ganas de decirles un par de cosas. Ahora mismo no podía desperdiciar ni un minuto.
2
Después de haber ejecutado su venganza en el callejón, Subaru se dirigió hacia la parte más profunda de los barrios bajos, y cuando llegó a la entrada del almacén de botines, el sol ya se había movido lejos en el cielo.
—Por fin… por fin lo encontré… Mierda, me tomó mucho tiempo —dijo Subaru, secándose el sudor de la frente y dejándose caer para descansar.
Había pasado casi dos horas dando vueltas antes de por fin llegar a su destino.
—Acabo de estar aquí, así que pensé que sería capaz de volver a encontrarlo sin perderme, pero…
Probablemente, el mayor problema era que Subaru no podía leer ninguno de los carteles. Además, no era como si pudiera mencionar el nombre «almacén de botines» fuera de los barrios bajos, por lo que tenía que confiar completamente en su memoria.
—La última vez que vinimos aquí estaba hablando con Satella, y mis ojos estaban puestos en ella la mayor parte del tiempo, así que supongo que no es de extrañar que no recuerde muy bien el camino, maldita sea —dijo Subaru mientras seguía chorreando sudor.
Sin embargo, el mayor pecado al que Subaru tenía que enfrentarse estaba ahora justo delante de él. Mientras hacía todo lo posible por ignorarlo hablando, su corazón no se dejaba engañar. Empezó a latir cada vez más fuerte, su pulso se aceleró y Subaru sintió que sus manos se volvían pesadas. Sentía la boca seca y los oídos le zumbaban una y otra vez dentro de la cabeza, como si alguien le estuviera golpeando.
Las respuestas que Subaru buscaba estaban dentro de ese almacén de botines.
Por un instante, Subaru tuvo un flashback mientras cerraba los ojos: el cadáver del anciano, su propio abdomen rebanado y la figura de Satella, a quien había arrastrado a todo esto.
—No tengas miedo. No tengas miedo. No tengas miedo. ¿Eres idiota…? Bueno, claro que lo soy, pero ¿de verdad crees que voy a venir hasta aquí para luego volver con las manos vacías?
Por supuesto, Subaru no tenía ningún lugar al que volver. Ahora mismo, este era el único lugar al que podía aferrarse.
Encontrando su determinación y mirando hacia delante, Subaru se dio cuenta de que le temblaban las rodillas al intentar caminar. Se dio palmadas en las piernas para calmarse y, tras respirar hondo, finalmente avanzó.
A la luz anaranjada del atardecer, la tosca puerta del almacén de botines parecía rechazarlo sin palabras.
—¿Hay alguien en casa?
Tras alejar estos sentimientos negativos, Subaru llamó a la puerta y alzó la voz.
El sonido sordo se propagó, pero no hubo respuesta. Con el incómodo silencio como única respuesta, Subaru se asustó por ese mismo silencio y llamó con más fuerza a la puerta.
—Alguien… ¡Sé que hay alguien ahí dentro! ¡Vamos, contéstame…! ¡Por favor!
Aferrándose a una fugaz sensación de esperanza, esperando y rezando para que lo que ocurrió ante él fuera de algún modo un error, golpeó con más fuerza. Incapaz de soportar el impulso de la repentina desesperación de Subaru, la puerta empezó a crujir y sus bisagras empezaron a doblarse, y entonces…
—¡Detente! ¡¿Qué estás haciendo, tratando de derribar la puerta sólo porque no sabes la contraseña?!
De repente la puerta se abrió con gran fuerza, y Subaru, que se había apoyado en ella, salió despedido hacia atrás.
Subaru fue repelido un par de metros de la entrada del almacén, donde rodó unas cuantas veces y luego levantó la vista, completamente sobresaltado. Al final de la mirada de Subaru había un gigantesco anciano calvo de cara roja.
El hombre llevaba ropas harapientas que cubrían su musculoso cuerpo, y la luz roja del sol poniente brillaba sobre su pulida calva. En otras palabras, era un vejestorio gigante de aspecto muy enérgico.
—¡¿Quién eres, chico?! ¡No te había visto antes por aquí! ¿Cómo supiste encontrar este lugar? ¿Cómo llegaste hasta aquí? ¡¿Quién te lo dijo?!
Con una velocidad asombrosa, el anciano acortó la distancia entre él y Subaru y lo levantó por el cuello.
Al sentir que sus pies abandonaban el suelo, Subaru aprendió rápidamente cuál era su lugar. Subaru había pensado que en la mayoría de las circunstancias podría ganar en una pelea, pero éstas no eran circunstancias ordinarias. Al ser sujetado por aquel anciano de dos o tres metros de altura, Subaru perdió todo deseo de resistirse.
—Mi nombre es Natsuki Subaru, el siempre ocupado y nunca libre vagabundo errante…… Al menos por ahora, ¿serías tan amable de bajarme? Hablemos con los pies en el suelo —añadió Subaru, esforzándose al máximo para conseguir esa petición indirecta.
3
Aunque su violento primer encuentro en el lugar le había dejado una terrible primera impresión, al final, a Subaru le dejaron entrar en el almacén de botines.
Subaru había descrito al hombre del que había obtenido la primera información sobre el almacén de botines, y le había dicho al anciano gigante que fue él quien le dijo dónde estaba el lugar.
Frente al mostrador que daba a la puerta principal, Subaru se sentó en una silla fija destinada a las visitas y se movió incómodo. Había astillas que sobresalían del asiento y no dejaban de pincharle en la retaguardia. Si hubiera tenido que ir al baño, esas astillas podrían haber sido el detonante que le hiciera estallar.
—¿Por qué sigues moviéndote así? ¿Tanto te preocupa dónde están tus pelotas?
—Por supuesto que no. Mis chicos están bien. Pero, ¿en serio? ¿Eso es lo primero que sale de tu boca en esta situación?
«Gigante» era la mejor forma de describir al viejo, ya que no sólo era alto, sino que parecía encogido al agacharse detrás del mostrador. Cuando volvió a levantarse, tenía una botella de licor en la mano y, tras servirse un vaso, se lo llevó a los labios.
—Bueno, interrumpiste mi hora de beber. Espero que tengas una buena razón para venir aquí. Si no, bueno, la pasarás mal.
—¿Acaba de ponerse el sol y ya estás bebiendo? Como sigas así vas a tener una muerte prematura. —Con esa réplica, Subaru, sosteniéndose la barbilla con la mano y el codo sobre el mostrador, echó un rápido vistazo al interior del almacén de botines.
No había ni rastro de la tragedia que Subaru había presenciado la noche anterior. Mientras observaba los diversos objetos robados esparcidos por la habitación, no podía saber si estaban organizados de alguna manera o no.
El anciano se dio cuenta de que Subaru miraba a su alrededor y entrecerró los ojos con complicidad.
—Así que, chico, ¿te interesa alguna de estas mercancías? —dijo, yendo directamente al meollo de la cuestión. El gigantesco anciano, que dijo llamarse «Rom», sonrió mientras se servía otro trago de licor en su vaso sucio—. En realidad, sólo hay dos razones por las que la gente viene a este lugar: o bien traen algo que han robado, o bien tienen algún negocio con los objetos robados.
—… Bueno, una de esas es una de las razones por las que estoy aquí.
—Una de las razones… eh. ¿Eso significa que tienes algún otro asunto que tratar aquí? —Rom enarcó una de sus cejas mientras Subaru daba un asentimiento condicional.
Subaru asintió, y luego, de mala gana, sabiendo muy bien que probablemente no iba a ser tomado en serio, dijo:
—Esto puede sonar un poco raro, pero… Viejo, ¿has… eh, muerto recientemente?
Subaru decidió no añadir detalles sobre el brazo cortado o la garganta rebanada.
El viejo Rom abrió mucho los ojos grises durante unos instantes antes de que, como para indicar que el tiempo volvía a fluir, rompiera a reír.
—¡Gajajaja! Me preguntaba qué ibas a decir. Puede que sea un anciano al que no le queda mucho tiempo de vida, pero qué pena, ¡aún no me he muerto! Aunque supongo que cuando llegas a esta edad, no es algo que parezca tan lejano.
Al parecer, Rom se tomó la pregunta de Subaru como una especie de broma pesada, y sacó otro vaso para Subaru.
—¿Quieres un trago?
Subaru rechazó el alcohol con una señal de mano, seguida de un: «Lo siento, ahora no».
Subaru había conseguido formular su primera pregunta, pero las demás en su interior se multiplicaban.
El cadáver que Subaru había visto en el almacén de botines… no cabía duda. Definitivamente era el cadáver del anciano que ahora mismo estaba sentado frente a él.
Claro, estaba oscuro, y era la primera vez que Subaru veía un cadáver, así que no era como si hubiera estado en un estado mental perfecto. Sin embargo, este anciano tenía tantos rasgos característicos que Subaru no podía imaginarse confundirlo con otra persona.
Pero Subaru podía volver contra sí mismo la pregunta que acababa de hacer. A él también le habían infligido heridas mortales.
Subaru empezó a pensar que, de alguna manera, todo había sido un sueño. No estaba seguro de poder confiar en lo que había dentro de su propia cabeza.
¿Todo lo que pasó aquí fue un sueño? Si lo fue, ¿cuánto tuvo de sueño y por qué estoy aquí?
El dolor ardiente que Subaru había sentido, la calidez que le produjo el contacto con aquella chica, la abrumadora punzada de culpabilidad… si todo aquello no eran más que restos de un sueño, ¿por qué estaba aquí ahora?
Tendría más sentido decir que, de base, todo desde que fue invocado en este mundo fue un sueño.
—Rom, ¿por casualidad no habrás visto a una chica de cabello plateado?
—¿Cabello plateado…? No, no puedo decir que lo haya hecho. El cabello plateado es una de esas cosas que también destacan de mala manera, así que aunque mi memoria esté empezando a fallarme, no creo que lo hubiera olvidado si hubiera visto a alguien así —dijo Rom, siguiendo con una carcajada.
Pero eso no hizo que Subaru se sintiera mejor.
Rom debió notar la seriedad en la expresión de Subaru, porque borró su propia sonrisa y dijo: «Bebe», poniendo de nuevo un vaso delante de Subaru.
Rom inclinó el vaso y lo llenó con un líquido de color ámbar. Al ver que Subaru no hacía más que mirar en silencio el vaso, una vez más dijo: «Bebe».
—Lo siento, ahora mismo no me siento con ánimos. Además, no soy tan niño como para querer beber para hacerme el genial.
—¿De qué estás hablando? Beber y portarse mal es exactamente lo que se supone que deben hacer los chicos como tú. Así que adelante, tómate un buen trago y quémate las entrañas. Cuando lo hagas podrás toser un montón de cosas que tienes atascadas dentro porque no podrán soportar el calor. Así que ¡bebe! —dijo Rom por tercera vez, empujando el vaso sobre Subaru.
Dominado por su actitud, Subaru sujetó el vaso con la mano y se llevó el líquido ámbar a la nariz. Un fuerte olor a alcohol golpeó el interior de su nariz y la cara de Subaru se torció mientras casi empezaba a toser.
Sin embargo, a pesar de toda la resistencia de Subaru, había una parte de él que quería hacer lo que Rom decía. Subaru había pensado que ahogar los problemas en alcohol era la marca de un adulto lamentable, pero…
—Muy bien… ¡Hasta el fondo!
Subaru inclinó el vaso y se lo bebió todo de un trago. Inmediatamente su esófago empezó a chillar al quemarse. Subaru estrelló el vaso contra la encimera.
—¡Argh! ¡Gah! ¡Es terrible! ¡Qué calor! ¡Es tan malo! ¡Ugh! ¡Qué asco!
—¡No tienes que decirlo tantas veces! ¡Vamos! Te vas a perder la mitad de la diversión de la vida si no puedes entender lo bien que sabe el licor.
Mientras Subaru escupía comentarios junto con el calor del licor, Rom le gritó y volvió a beber. Esta vez sujetó la botella y directamente bebió de ella.
Después de beber unas tres veces más de lo que acababa de beber Subaru, Rom soltó un poderoso eructo y sonrió.
—Pero aun así, ¡deberías estar orgulloso de ti mismo! Estuviste muy bien. ¿Qué te parece? ¿Tienes ganas de dejar salir algo de lo que llevas dentro?
—… ¡Sí! ¡Sólo un poco! ¡Viejo, es hora de que me ocupe de esa otra razón por la que estoy aquí!
Devolviendo la sonrisa del anciano con una sonrisa malévola, Subaru se limpió la boca con la manga y señaló hacia la parte trasera del almacén, donde parecía que se concentraban la mayoría de los artículos de valor robados.
El rostro de Rom adquirió un aire de seriedad antes de que Subaru le dijese de forma directa.
—Busco una placa que tiene una joya incrustada y quiero que me la dejes.
Este era el objetivo original de Subaru. Aparte de confirmar la seguridad de Satella, era la razón principal por la que estaba aquí: recuperar la cosa tan importante para Satella que se enfrentaría al peligro sólo para recuperarla.
Aunque Subaru aún se sentía inseguro sobre el estado de bienestar de Satella, pensó que si al menos podía averiguar el estado de la placa, tendría una pista para encontrarla.
Después de que Subaru hubiera declarado su objetivo con todas sus emociones lanzadas detrás de sus palabras, Rom hizo una expresión complicada en su cara antes de contestar.
—Una placa con una joya… Lo siento, pero nadie ha traído nada parecido.
—… ¿En serio? Piénsalo bien, ¿seguro que aún no te estás volviendo senil?
—Si no puedo recordar cuándo estoy en mi mejor momento con el licor corriendo a través de mí, entonces realmente tengo que decir que no lo sé. Sin embargo…
Justo cuando el último hilo de esperanza de Subaru estaba a punto de cortarse, Rom le dedicó una sonrisa socarrona.
—Alguien hizo planes conmigo para traer algo más tarde, y hablo de hoy. Me dijeron que es algo valioso, así que podría ser lo que estás buscando.
—¿La persona que lo traerá es, por casualidad… una chica llamada Felt?
—Justo es de ella de quien hablo, pero… ¿qué? ¿Sabes el nombre de quien hizo el robo?
Subaru no pudo evitar hacer una pose de victoria.
Justo cuando pensaba que había perdido todas sus pistas, las cosas volvieron a conectarse. El nombre de Felt acababa de aparecer. Felt, el nombre de la chica que supuestamente había tomado la placa de Satella. Si ese era el caso, la existencia de Felt probaría la existencia de Satella. Al menos, Subaru podría estar seguro de que Satella no era producto de su imaginación.
—Estaba a punto de pensar que mi amor por las heroínas de cabello plateado me había hecho delirar…
—Siento interrumpir tu extraña sensación de alivio, pero no tienes ninguna garantía de que puedas volver a comprar el objeto, aunque ella lo traiga aquí. Si tiene una joya incrustada, alcanzará un alto precio.
—¡Ja! Puedes mirarme todo lo que quieras, pero lo siento. No tengo nada. ¡Estoy completamente quebrado y sin dinero!
—¡Entonces no tienes suerte! —gritó Rom, tomado por sorpresa.
Pero justo cuando lo hacía, Subaru levantó un dedo delante de su cara y lo agitó de un lado a otro.
—Tsk-tsk-tsk. Es cierto, puede que no tenga dinero. Pero… En este mundo, no hace falta dinero para conseguir cosas. Existe este maravilloso sistema llamado «trueque», ¿no lo has oído?
Rom no replicó, se limitó a asentir en silencio, incitando a Subaru. Subaru rebuscó en el bolsillo de su pantalón, y en su mano cuando la sacó estaba…
—… ¿Qué es eso? Es la primera vez que veo algo así.
—¡Este objeto que ahora levanto es un fantástico objeto mágico que puede usarse para congelar cualquier objeto en el tiempo! ¡Se llama «teléfono celular»!
Era un teléfono celular de tamaño compacto, color blanco y modelo delgado. Mientras Rom miraba asombrado aquel misterioso objeto que nunca antes había visto, Subaru movió rápidamente los dedos y un instante después una luz blanca destelló en la oscuridad del interior del edificio.
Al sonar un fuerte obturador junto con el flash, Rom cayó de espaldas tras el mostrador. Fue una reacción tan exagerada que Subaru no pudo evitar reírse, pero era evidente que Rom estaba enfadado.
—¡¿Qué estás haciendo?! ¡¿Intentas matarme?! ¡No creas que puedes engañarme con tus graciosos movimientos!
—Espera, espera, cálmate. Respira hondo, relájate y ven aquí a echar un vistazo.
Rom seguía con la cara roja, y no era porque hubiera bebido, no obstante Subaru le mostró la pantalla del celular. Tras una mirada dubitativa a Subaru, sus ojos se abrieron de par en par al mirar lo que tenía delante.
—Esa es… esta es mi cara. ¿Cómo lo hiciste?
—Te lo dije, ¿no? Este es un objeto fantástico que corta un trozo de tiempo y lo congela. Usando este objeto, corté un pedazo de tu tiempo, justo antes de ahora, y lo sellé dentro de este dispositivo.
Entonces, Subaru cambió la dirección de la cámara, se apuntó a sí mismo e hizo otra foto. Cuando volvió a mostrar la pantalla a Rom, se veía a Subaru haciendo el signo de la paz.
—Recorta pequeños trozos de tiempo, así de fácil. ¿Qué te parece? Bastante raro, ¿eh?
—No puedo emocionarme mucho con esa pose tuya, pero esto en verdad es… hmm…
Tras insultar la pose de Subaru, Rom miró muy intensamente el celular. Subaru cerró el puño y lo apretó, envalentonado por el hecho de que Rom parecía más interesado de lo que esperaba.
—Es la primera vez que veo uno de estos, pero… básicamente, esto es un mitia, ¿no?
—¿Un mitia? —Subaru estaba a punto de decir: «Es sólo un teléfono plegable», pero se contuvo. Rom volvió a asentir.
—Es como se llaman las cosas que se pueden usar para hacer magia sin abrir una puerta, como hacen los usuarios de magia. Dicho esto, se usan sobre todo como regalos más que como herramientas…
Así que los objetos mágicos se llamaban «mitia». Subaru asintió, pensando que la palabra encajaba bastante bien. Rom, que había seguido mirando atentamente el celular, finalmente lo volvió a dejar sobre el mostrador.
—No estoy seguro de poder poner un precio definitivo a esto. He trabajado aquí en el almacén de botines durante mucho tiempo, pero esta es la primera vez que topo con cualquier mitia… Puedo decir, sin embargo, que sin duda se vendería a un precio alto.
Parecía que los objetos raros llamaban la atención en cualquier negocio, incluso para los que trabajaban en el mercado negro. La voz de Rom se había acelerado por la emoción, y se frotó la punta de la barbilla mientras miraba a Subaru.
—Para ser honesto, incluso si tiene una joya incrustada, cambiar algo como esto por un objeto puramente decorativo realmente no te sale a cuenta. Sería mejor cambiarlo por algo más caro… Bueno, en realidad, no se puede comparar con ninguno de estos trastos robados que tengo aquí.
Para alguien involucrado en actividades ilegales, era extraño que Rom le hiciera una advertencia tan amable, y Subaru respondió con una débil sonrisa. Para cualquier otra persona, lo que Subaru intentaba hacer debía parecer estúpido.
—No, está bien. Cambiaré este mitia por la placa que Felt traerá.
—¿Por qué irías tan lejos para hacer eso? ¿De verdad esa placa vale más que este mitia? ¿O estás diciendo que vale más de lo que el dinero puede comprar? —preguntó Rom, incapaz de aceptar la decisión de Subaru.
Sinceramente, si Subaru hubiera estado en la misma situación que Rom, habría dicho lo mismo.
—Bueno… En realidad, todavía no he visto la placa, pero no creo que pueda valer más en dinero que este celular, y estoy seguro de que voy a tener pérdidas.
—Si entiendes todo eso, ¿por qué quieres hacerlo?
—¿No es obvio? Estoy asumiendo esa pérdida.
Rom parpadeó un par de veces mirando a Subaru, pero al mismo tiempo Subaru sintió una sensación de júbilo, porque esta… esta era su respuesta.
—Quiero devolverle un favor a alguien. Soy una persona que siempre siente que tiene que devolver un favor. Soy uno de esos chicos modernos que no soportan la sensación de estar en deuda con alguien. No podría dormir por las noches. Así que, aunque tenga que asumir una gran pérdida, voy a recuperar esa placa.
—Hmm… Entonces, parece que esta placa no es realmente tuya… ¿Eso es cierto?
—Pertenece a una hermosa chica de cabello plateado que me salvó la vida. No entiendo por qué, pero es muy preciada para ella.
—¿Pero qué pasa con la persona que te salvó? ¿Por qué no está aquí?
—¡Ahora mismo la estoy buscando! En realidad, ¡ahora mismo ni siquiera estoy seguro de que no sea un producto de mi imaginación que creé porque me sentía deprimido!
Subaru apretó el puño y se rio de su ansiedad anterior expresándola con palabras.
Subaru iba a recuperar su placa y a reencontrarse con esa chica. Quería verla sonreír.
—Eres todo un idiota, ¿verdad? —se rio Rom mientras miraba a Subaru y su determinación.
4
Tras haber superado la primera ronda de negociaciones, Subaru pasó el siguiente rato charlando con el Viejo Rom. Dado lo interesado que parecía estar Rom en el mitia, Subaru musitó para sí que los artilugios eran algo que gustaba a los hombres, independientemente del mundo en el que estuvieras.
—Ya sea tu ropa o esto, realmente tienes un montón de cosas extrañas encima, ¿no? Quiero decir, ¡estas cosas de aquí son deliciosas!
—¿Verdad qué sí? ¡Eh, espera! ¡Pensé que dijiste un bocado! ¡Esas son mis patatas fritas de maíz! ¡Es la última comida que llevaba encima!
—Oh, no seas tan tacaño. Si te guardas algo tan sabroso como esto para ti solo, vas a caer directo al infierno, te lo aseguro.
—¡¿Oh y no lo harás, por comértelos todos?! Culpar a los demás mientras tú justo haces eso es una muy mala costumbre de los de tu generación… ¡Hey, para de comer!
Subaru pensó que estaba siendo amable al compartir algunos de sus tentempiés, pero después de ver cómo se los comían todos, se arrepintió. Mientras guardaba sus bolsas vacías en la bolsa de la tienda, estaba a punto de llorar.
Cuando ambos oyeron que llamaban a la puerta, ya era casi el atardecer.
Fue justo cuando Subaru empezaba a dormitar, que levantó la vista y vio a Rom mover ligeramente su gigantesco cuerpo hacia la puerta.
Después de pegar tranquilamente una oreja a ella, Rom susurró.
—¿A las ratas gigantes…?
—Les damos veneno.
—¿A la gran ballena blanca…?
—Le prestamos un anzuelo.
—¿A nuestro más honorable gran dragón…?
—Le decimos: «¡Arde en el infierno!».
A cada una de las breves preguntas de Rom le llegó una respuesta cortante. Junto con la llamada especial, debían de ser contraseñas. Satisfecho con las respuestas, Rom abrió la puerta.
—Siento haber tardado tanto, Viejo Rom. Tenía a alguien muy persistente pisándome los talones y tardé mucho en perderlo. —Con un tono amistoso en su voz, una joven se deslizó junto a Rom, alardeando de sus hazañas.
La chica tenía el cabello rubio semi largo y los ojos rojos como los de un conejo. De un lado de la boca asomaba un pícaro diente canino. La ropa que llevaba parecía fácil de llevar, pero había visto tiempo mejores.

Subaru se levantó sin pensarlo, provocando un estruendo. La chica miró inmediatamente hacia él y borró la sonrisa de su cara.
—¿Quién es ese? Hey, Rom. Te dije que iba a traer algo grande, así que no quería que nadie estuviera aquí, ¿no?
—Entiendo cómo te sientes, pero ese eh… chico de ahí tiene algún asunto contigo, Felt, y no es completamente ajeno a ese «algo grande» que dijiste que ibas a traer.
La respuesta de Rom sólo hizo sospechar más a Felt. Por la forma en que se llevaba inconscientemente la mano al pecho, parecía que era allí donde tenía la placa. Felt siguió en guardia mientras miraba a Subaru.
—¿Qué pasa con ese tipo? No me vendiste, ¿verdad, Rom?
—¿Cuánto tiempo crees que llevamos trabajando juntos? Jamás haría algo así. La única razón por la que está aquí es porque creo que tiene una oferta para ti que no está nada mal. —Rom le guiñó un ojo a Subaru—: ¿Verdad?
Mientras se sentía disgustado por haber sido guiñado por un anciano, Subaru carraspeó para ayudar a disipar su nerviosismo e, ignorando la continua mirada de Rom, se volvió hacia Felt.
—No tienes que estar tan nerviosa. ¿Por qué no te sientas y aprovechas y te tomas un vaso de leche?
—Para con esa cara de estúpido que tienes. Se nota que no sabes lo que haces… Mira, no sé qué estás tramando, pero no me interesa nada de lo que tengas que decir, a menos que esté segura de que significa más dinero para mí. Así que adelante, ve directo al grano.
La reacción de Felt fue fría. Los hombros de Subaru cayeron ante lo mal que le había ido la primera impresión, pero…
—Le rogué a este anciano que me diera un poco de tiempo para hablar contigo, pero… mi asunto es en realidad con esa palca enjoyada que tienes escondida ahí en el bolsillo.
La chica enarcó las cejas junto con el nivel de su cautela. Subaru sabía no sólo de su robo, sino exactamente qué había robado. Pero Subaru levantó ambas manos delante de ella, intentando calmarla.
—No pienso hacer nada. Sólo vine a hablar. Es decir, a negociar.
Entonces Subaru, con las dos manos aún en alto, señaló una pequeña mesa cerca del mostrador.
—Aspiremos a un resultado en el que ambos salgamos ganando. En otras palabras, una situación ganar-ganar.
Tras una breve pausa, Felt asintió y ambos se sentaron a ambos lados de la mesita.
Rom les sirvió dos vasos de leche y los puso delante.
—Te daré el lugar y esta leche, pero a la hora de negociar estás por tu cuenta.
—No te preocupes, vine aquí preparado para que me lo quiten todo. Sólo mírame mientras lo pierdo todo —dijo Subaru, golpeando su puño en su otra mano como si estuviera presumiendo, a punto de entrar en una pelea, aunque sin decir nada de lo que sentirse orgulloso.
Rom resopló, pero Felt, que ya había empezado a beber su leche, torció la cara.
—Hey, Rom. No has aguado esta leche, ¿verdad? Sabe fatal.
—¡¿Por qué todo el mundo tiene que insultar a las bebidas?! Te estoy mostrando algo de amabilidad…! —dijo Rom antes de revolver el cabello de Felt con su enorme mano gigante.
Subaru pensó que parecía que Rom iba a arrancarle la cabeza a Felt, pero en la cara de Rom estaba claro que no quería hacerle daño y que sólo le acariciaba la cabeza como cualquier anciano haría con su nieta. Además, Felt parecía acostumbrada.
—Ustedes dos se ven más cercanos de lo que pensé que estarían. Me estoy sintiendo solo.
—No digas algo tan enclenque cuando tienes una cara tan horrible como la de este viejo.
—Ya me han insultado en la cara, pero ¿en serio? ¿Tan mal como este tipo? ¡Vamos! —gritó Subaru, sorprendido, mientras miraba la calva de Rom y se quedaba horrorizado.
Aunque Subaru no tenía los rasgos más apuestos y a menudo lo confundían con algún tipo de matón, no le parecían tan malos como para compararlos con este gigante de dos metros de altura que era un anciano.
—… Tienes razón. Lo siento, me pasé —respondió Felt.
—Aquí es donde me gustaría decir que, para compensarme, me gustaría que me llamaras «Onii-chan» con voz linda durante el resto de la discusión, pero de momento lo dejaré pasar y te perdonaré. Tienes que tener cuidado para no decir nada demasiado hiriente, o… Rom, ¿qué pasa?
—Realmente estoy empezando a pensar que ustedes dos se confabularon para hacerme enojar… —Rom sonreía, pero se le salía una vena de la frente. Subaru y Felt se miraron y se encogieron de hombros.
Rom dejó escapar un profundo suspiro.
—Justo cuando pensaba que Felt había hecho un nuevo conocido de su edad, resultas ser tan retorcido como los demás.
—… Rom, por favor. Sé que crees que estás ayudando, pero voy a pedirte que dejes de decir cosas tan vergonzosas —dijo Felt.
—Además, ¿«de su edad»…? Aunque supongo que desde tu perspectiva todos los demás parecen de su misma edad.
Subaru echó otro vistazo a Felt, pero incluso teniendo en cuenta el hecho de que probablemente estaba más delgada de lo que debería, aparentaba unos doce o trece años. Si querías darle el beneficio de la duda y estirar la imaginación, podría haber pasado por una chica de catorce años.
Había suficiente diferencia de edad como para que Subaru se sintiera avergonzado si se referían a Felt como su conocida o amiga.
Pero dejando a un lado el análisis de Subaru, la discusión de Felt y Rom continuó sin él.
—¿Qué crees que te va a pasar si sigues con esa actitud tuya de «lobo solitario»? Tarde o temprano, voy a hacerme demasiado viejo para poder seguir cuidando de ti. ¿De verdad crees que podrás salir adelante tú sola?
—¿Con estas cuántas veces ya me lo has dicho? ¿No es un signo de senilidad que te la pases repitiendo lo mismo? Pero aparte de eso, pasará mucho tiempo antes de que seas demasiado viejo para cualquier cosa, y antes de que eso ocurra yo…
—… ¿Harás qué? —dijo Subaru, interviniendo, mientras la frase de Felt se interrumpía. De repente Felt levantó la vista, irritada.
Dado que parecía haber hecho una pregunta que no debía y corría el riesgo de arruinar el ambiente, Subaru se aclaró la garganta. Se habían desviado mucho y era hora de volver al tema principal.
—De todos modos, sigamos adelante y comencemos nuestras negociaciones. Así que… Felt. Tienes esa placa, ¿verdad?
—Sí, la tengo.
Subaru fue directo al grano y Felt respondió con sinceridad.
Metiendo la mano en el bolsillo del pecho, Felt sacó algo y lo dejó en silencio sobre la mesa.
Era el objeto que Subaru había estado buscando. Lo primero que llamó la atención de Subaru en fue su diseño en forma de dragón. La placa tenía un tamaño que cabía fácilmente en la palma de la mano. Aunque Subaru no podía decir exactamente de qué material estaba hecho, el diseño del dragón alado era intrincado, y en la boca abierta del dragón había una joya roja que le daba un aspecto muy singular.
Inconscientemente, Subaru se sintió atraído por el brillo de la joya del centro de la placa.
—Entonces…
La voz de Felt llamó la atención de Subaru y le hizo volver a donde estaba. Luego deslizó la placa hasta el borde de la mesa, como para recordarle que aún no era suya.
—Ahora te toca a ti enseñarme lo que tienes. Como puedes ver, no es una placa cualquiera, y me costó mucho conseguirla. Si puedes mostrarme algo que esté a la altura tanto de la placa como de mis esfuerzos, ambos podremos estar contentos, ¿verdad?
—Aunque veo que intentas ponerme a prueba con esa sonrisa tuya que parece malvada, lo siento. Sólo tengo una carta que jugar. A fin de cuentas, ¡tendrías que buscar muy lejos para encontrar a alguien tan indigente como yo!
Subaru sacó pecho con orgullo, pero Felt no parecía muy contenta.
En cuanto digo «indigente» o «pobre», todo el mundo me pone esa cara, ¿no?, pensó Subaru.
Pero dejando a un lado los sentimientos de Subaru, siguió adelante y jugó su única carta.
Subaru golpeó su celular contra la mesa y, tal y como pensaba, Felt pareció confusa. Sin embargo, esa reacción era justo la que estaba buscando. Subaru encendió la cámara del celular y…
—¡Toma esto! ¡Nueve fotogramas por segundo de disparo continuo!
—¡Wah! ¡¿Qué…?! ¡¿Qué estás…?! Hey, ¡¿qué es ese ruido, y por qué es tan brillante?!
Una luz blanca parpadeó y un sonido mecánico de obturador sonó varias veces a gran velocidad. Felt parecía tener algo que decir sobre la terrible falta de modales de Subaru, pero antes de que pudiera abrir la boca, Subaru le puso la pantalla del celular delante de la cara.
Al verse a sí misma en la pantalla, abrió mucho los ojos y dijo:
—Eso es…
—¡Así es! ¡Hice una copia de ti! ¡Este mitia recorta un trozo del tiempo de alguien y lo guarda! Quiero cambiarte este mitia por esa placa que tienes.
Habiendo jugado su mejor carta desde el principio, Subaru pudo impulsar las negociaciones a su favor.
Era una táctica de negociación establecida y, dependiendo de la situación, podía utilizarse para obligar a llegar a una conclusión de inmediato.
Por supuesto, esto también significaba decirle a la persona con la que estás negociando que no tienes cartas más fuertes que jugar, y Subaru ya lo había dicho en primer lugar, pero parecía funcionar.
—Ya veo. Es bastante sorprendente. Rom, ¿cuánto crees que costaría este mitia?
Felt miró la pantalla y asintió un par de veces, pero Subaru pensó que su reacción era increíblemente indiferente.
Sus ojos no se iluminaron y ni siquiera tomó el celular en sus manos para mirarlo más de cerca. No le interesaban los usos del aparato ni su rareza, sino en cuánto dinero podía convertirlo.
—¡¿Así que esta fascinación por las cosas de alta tecnología también se limita a los hombres en este mundo?! De alguna manera, ¡eso me hace sentir muy triste y solo!
—Oh, cállate. ¿Acaso es algo que merezca hacer un escándalo? Si este supuesto mitia puede venderse por más que esta placa, no podría estar más contenta. Por eso, confío en Rom para que me dé una valoración adecuada.
—Bueno, no puedo decir exactamente por cuánto creo que se vendería. Para ser sincero, no creo que los dos objetos puedan compararse. Creo que esa placa podría valer mucho dinero… pero no tanto como este mitia. En otras palabras, creo que tienes mucho que ganar haciendo este intercambio, Felt. Eso es lo que pienso.
—Ya veo. Si es así, ¿por qué no?
Felt pareció satisfecha cuando la operación recibió el visto bueno de Rom.
Aunque la reacción de Felt fue un poco diferente de lo que Subaru había esperado, parecía que el intercambio se iba a realizar según lo planeado, y Subaru no podía estar más feliz por ello.
No obstante, en cuanto alargó la mano hacia la placa, Felt le interrumpió.
—Espera. Nuestras cartas están jugadas, pero eso no significa que no vaya a intentar endulzar el trato.
—… No estoy seguro de cómo me sienta que lo digas tan claro y sin rodeos, pero no importa lo que digas o hagas, no tengo nada más. Como dije antes, estoy inigualable e infinitamente arruinado.
—No soy tan cruel, y después de todo, Rom lo dijo. Tu mitia vale más que esta placa. Aun así, dudo que no tengas más cartas que jugar.
Felt se levantó y miró a Subaru. Sus ojos rojos estaban iluminados, y él pudo ver que le estaba evaluando. Un sudor frío le recorrió la espalda.
Subaru ya había jugado la carta más fuerte que podía en sus negociaciones hasta el momento. Sin embargo, Subaru aún tenía algunas otras cosas que pensaba que podrían ser valiosas en este mundo. En el peor de los casos, pensó que podría jugar algunas cartas más, pero…
—Dije que no te preocuparas, ¿no? No pienso intentar quitarte nada más. Seré lo suficientemente feliz si sé que puedo convertir esto en dinero.
Felt dio una ligera palmada y sonrió, pareciendo complacida por la expresión de ansiedad en el rostro de Subaru.
Subaru tragó saliva al ver la reacción de Felt y, respirando hondo, apartó la mirada con la esperanza de poder ocultar lo conmocionado que se sentía.
—Entonces, si ese es el caso, ¿a qué te refieres cuando dices que aún quieres «endulzar el trato»?
—¿Hmm? Oh, ¿eso? Es muy sencillo. Sólo significa que no eres la única persona con la que estoy negociando.
Subaru parecía confuso, pero Felt sacó el dedo índice y explicó.
—La razón por la que en principio robé la placa es porque alguien me lo pidió… a cambio de diez monedas de oro bendito.
—¡¿Así que ya tienes un precio acordado con la persona para la que lo robaste?! Diez monedas de oro, eh… La verdad no entiendo cuánto es eso, pero…
Subaru miró a Rom, que captó la indirecta y asintió.
—Si fuera yo, podría vender esta placa por cuatro, como mucho cinco monedas de oro. También existe la posibilidad de que me convencieran por tres.
—¿Eso significa que ya están pagando el doble de lo que vale?
—¿No la oíste? Dijo monedas de oro bendito. Están hechas de oro bendito, que es mucho más raro, así que diez monedas de oro bendito valen más que veinte monedas de oro.
—¡¿Así que están pagando cuatro veces más?!
—¿Por qué te muestras tan sorprendido? Con ese mitia tuyo, incluso en el peor de los casos podrías conseguir fácilmente veinte monedas de oro bendito. Además, probablemente haya coleccionistas por ahí que pagarían incluso más. Ni siquiera puedes comparar las dos cosas.
Subaru realmente no entendía el coste general de los bienes en este mundo, pero había pensado que las monedas de oro eran la moneda más valiosa. Pensar que el valor de su celular se medía en una moneda aún mayor que ésa, y no sólo en una o dos, sino en veinte de ellas, fue suficiente para tomarlo por sorpresa.
—Si este mitia realmente alcanza un precio más alto, entonces no tengo intención de cumplir un acuerdo previo con otra persona, y no tengo ningún problema en decírselo.
—¡¿Entonces por qué dices que «endulzarás el trato»?!
La sonrisa maliciosa de Felt se torció en una sonrisa aún más villana.
—Si digo que hiciste una contraoferta tan ridícula, y siguen queriendo la placa, ¿no crees que intentarán ofrecerme algo más?
—En otras palabras… ¿Eso es lo que estás diciendo? Si la otra parte asiente y ofrece más de veinte monedas de oro bendito… entonces si no me enseñas el resto de tus cartas, no tendrás ninguna oportunidad.
La sonrisa de Felt se había vuelto tan villanesca que había llegado a un punto de ruptura y se había convertido más bien en algo refrescantemente triunfante cuando dijo esas últimas palabras.
Por otra parte, con este ominoso giro de los acontecimientos, la expresión de Subaru empezó a nublarse.
—¿Cuándo piensas reunirte con la persona que te encargó el robo de la placa? Supongo que me dejarás participar en las negociaciones, ¿verdad?
—Por supuesto, si te pongo en demasiada desventaja, podría acabar perdiendo parte del dinero que hay por ganar. Pero no te preocupes por el lugar, nos reuniremos aquí —dijo Felt, golpeando el borde de la mesa con el dedo, antes de apoyarse en el respaldo de su silla y mirar a Rom.
—Mientras el Viejo Rom esté por aquí, la mayoría de la gente se olvidará de usar la violencia como opción. Sólo de pensar en tener que luchar contra este temible anciano te entran escalofríos, ¿no crees?
Felt miró a Subaru en busca de acuerdo, y tras una rápida mirada a Rom, Subaru asintió varias veces.
Por otra parte, a Rom no parecía molestarle demasiado que tuvieran esa opinión de él.
—Realmente no puedes hacer nada sin mí, ¿verdad, Felt? Me preocupo por ti. ¿Quieres otro vaso de leche? También tengo otras cosas un poco más dulces.
Rom había empezado a parecerse al abuelo que mima a su nieta como si fuera un lindo gatito. Rom parecía emocionado mientras servía otro vaso de leche para Felt. Subaru los miró a los dos y dejó escapar un suspiro exasperado.
—Hay que ver, si ya habías llamado a esa persona aquí, ¿pensabas intentar negociar el precio aunque yo no apareciera?
—¡Claro que sí! ¿Cuánto crees que he tenido que pasar para robar esto? ¿Qué pasaría si la pobrecita de mí tuviera que reunirme con esa persona yo sola y no me recompensaran como es debido? ¿No sería triste?
—«La pobrecita de mí», eh…
Felt era pequeña y delgada, y aunque por su aspecto exterior uno podría sentirse tentado a describirla como tal, dada la personalidad fuerte y testaruda que tenía, a Subaru le costaba pensar que era indefensa. Recordó cuando Felt huyó después de haber robado la placa, había dejado a Subaru a su suerte, una posible muerte, mientras era asaltado por aquellos delincuentes.
Recordar ese episodio dejó a Subaru un poco enfadado, así que no pudo evitar sacar el tema.
—Hablando de eso, ¿no te acuerdas de mí en absoluto?
—¿Eh? ¿Nos hemos visto antes en algún sitio? Quiero decir, a menos que haya sido un encuentro realmente chocante, no creo que te recuerde. Estoy bastante ocupada, y para ser honesta pareces bastante sencillo. Sólo destacan tu cabello y tu ropa. —Felt soltó una carcajada.
Por la forma en que lo dijo, Subaru no creía que Felt estuviera mintiendo. También estaba el hecho de que acababan de insultar la sencillez de su aspecto general, así que fue suficiente para ponerle en un estado menor de shock.
Empezaba a parecer que no existía la decencia humana en este mundo. No si alguien podía olvidarse tan fácilmente de pasar por la escena de un intento de asesinato y robo.
Pero también había gente como Satella, que había salvado a Subaru a pesar de que no había nada para ella, y ese anciano al que, a pesar de ser un poco villano, no te atrevías a odiar. Incluso en este mundo diferente, no todo el mundo era igual. No sería correcto juzgar a todo el mundo basándose en las acciones de unos pocos huevos podridos.
—De todos modos, ya está bien de tu terrible memoria, Felt. ¿Cuándo se supone que vendrá esa otra persona?
—No estoy segura de que me guste tu actitud… Pero dije que terminaría el trabajo al atardecer, así que acordamos reunirnos aquí después de la puesta de sol… Como el sol ya se ha puesto, deberían estar aquí en cualquier momento… ¿creo?
Era posible que esa conversación haya desencadenado un evento, porque justo en ese momento llamaron a la puerta. Los tres presentes se miraron entre sí.
—¿Les contaste lo del santo y seña?
—Ah… No, no lo hice. Probablemente sea para mí, así que iré a comprobarlo. —Felt le sacó la lengua a Rom antes de saltar de su silla y acercarse a la puerta. Por su forma de actuar, cualquiera diría que era la dueña del lugar.
—¿De verdad estás de acuerdo con dejar que se salga con la suya? —dijo Subaru mientras se volvía hacia Rom.
—Bueno, no es como si acabara de conocerla. Llevamos tiempo relacionándonos… Supongo que puedo dejar que dependa de mí de vez en cuando.
Subaru pensó que Rom parecía muy contento de que dependieran de él, mientras el anciano iba al fondo del almacén y volvía con un gran garrote.
El palo tenía la longitud de una espada de kendo de bambú y parecía de madera. En la punta y sobresaliendo en varios lugares había puntas afiladas, y parecía que un golpe limpio dejaría fácilmente una herida mortal.
Lo más parecido sería un bate con clavos, pero incluso en este mundo parece que los palos son un equipo bastante estándar…
Empuñar un garrote como aquel parecía sentarle bien al viejo musculoso de metro ochenta. Subaru pensó que si su ropa estuviera un poco más rasgada y llevara un taparrabos encajaría aún mejor.
—Al ver tu incivilizada figura en todo su esplendor, ni siquiera yo puedo evitar hacer una mueca de dolor y sonreír al mismo tiempo.
—Te gusta hablar mucho, ¿verdad? ¿A quién crees que tienes que dar las gracias por haber llegado hasta aquí? Ay de mí —añadió Rom sacudiendo la cabeza.
Subaru miró a Rom durante unos instantes.
—Bueno, para ser honesto, estoy muy agradecido por tu ayuda. No es que todo haya terminado aún, pero ya casi estoy ahí, y la única razón por la que las cosas me han ido tan bien es por tu ayuda, así que… gracias.
—… Si de repente empiezas a ser sincero conmigo de esa manera, no voy a saber qué hacer —dijo Rom en respuesta al agradecimiento de Subaru, rascándose la calva antes de dejar escapar un profundo suspiro.
—Tienes más que agradecerte a ti mismo por encontrar este lugar y hacer uso de lo que tenías. Yo no he hecho nada que merezca tu agradecimiento.
—Sabes que eso no es cierto. Después de todo, Rom, sabías que Felt planeaba discutir el precio de lo que robó aquí con alguien, ¿verdad? Entonces, en cuanto oíste lo que tenía que decir, tuviste todos los motivos del mundo para echarme.
—…
—Fuiste tú quien me dio la oportunidad de hablar con Felt. Por supuesto, fueron mis esfuerzos, ¡míos y de nadie más!, los que me hicieron avanzar desde allí.
Era importante, así que Subaru tuvo que enfatizarlo.
Mientras Subaru se señalaba orgulloso con el pulgar, la expresión de Rom se complicó y guardó silencio.
Pensando que Rom por fin se había cansado de sus payasadas, Subaru empezó a arrepentirse de su afán por alabarse a sí mismo.
—Yo no llamaría «agradecimiento» a lo que siento al respecto, pero… si alguno de nosotros tiene que agradecérselo al otro, debería ser yo, en vez de tú —murmuró Rom, suavemente, justo cuando el sentimiento de arrepentimiento de Subaru empezaba a mostrarse en su rostro.
Las arrugas del anciano se hicieron más profundas mientras esbozaba una sonrisa.
—Está el hecho de que tienes un mitia y luego está tu ropa y tu aspecto… Vienes de una familia bastante acomodada, ¿no?
—Bueno, yo no diría exactamente eso…
—No tienes que ocultarlo. Apuesto a que no puedes hacer público el hecho de que Felt robó esa placa. Aunque sólo sea por eso, estoy muy agradecido de que intentes arreglar esto de forma pacífica.
Parecía que Rom se había formado sus propias conclusiones sobre el misterioso pasado de Subaru, y que dentro de su cabeza, Subaru era algo así como un caballero muy considerado.
—Felt y yo… hemos estado juntos desde que ella puede recordar, desde que era una niña —dijo Rom.
—Recuerdo que dijiste algo así hace un rato… ¿Han estado aquí todo ese tiempo? —Subaru asintió con la cabeza en dirección a la barriada circundante.
Rom asintió.
—En un lugar como éste, todo el mundo lucha por sobrevivir. En ese tipo de ambiente, los jóvenes tienden a formar bandas con otros como ellos, pero… Felt realmente no está hecha para eso.
—Si la forma en que ha estado actuando es la forma en que actúa con todo el mundo, no estoy tan sorprendido.
La actitud de Felt hasta el momento parecía resuelta y audaz, pero aunque eso sonaba bien, no cabía duda de que toda esa resolución estaba orientada hacia sus propios fines. Si actúas así, pensó Subaru, cualquiera que quiera una relación mutuamente beneficiosa contigo no va a estar muy emocionado.
—¿Pero no hay también un problema en cómo ella se acerca a ti, Rom? No quiero ser grosero ni nada, pero creo que parte de la razón por la que su egoísmo se ha vuelto tan malo es porque siempre estás ahí para ella.
—… No tengo nada que decir a eso. Después de todo, es cierto que tiendo a mimarla —dijo Rom suavemente mientras se pasaba la mano por la calva.
La forma en que el anciano miró cuando dijo eso dejó claro a Subaru que Rom se sentía como si Felt fuera familia para él. Probablemente no estaban emparentados por sangre, pero al menos por parte de Rom, había un claro vínculo entre ellos.
—Bueno, espero que no sea algo unilateral —murmuró Subaru, sin tener claro de lo que estaba hablando.
Pero Rom debió de oírlo, porque susurró:
—No me importa, aunque sea así… En realidad, sería mejor que fuera así.
Pero justo entonces parecía que se les había acabado el tiempo.
—¿Qué hacen murmurando entre ustedes? Es espeluznante, así que paren de una buena vez —dijo Felt, molesta, mientras regresaba. Detrás de Felt, que estaba haciendo un trabajo terrible poniendo una sonrisa falsa, había otra persona—. Tenía razón, era para mí. Estamos por aquí, ¿quieres sentarte? —Felt hizo un gesto, apartando a Subaru, y se volvió hacia la persona que estaba detrás de ella mientras intentaba ser cortés.
Cuando Subaru levantó la vista, preparándose para enfrentarse a la siguiente persona entre la que iba a tener que negociar, se sorprendió un poco.
Felt había invitado a una mujer increíblemente hermosa.
Era muy alta para ser mujer, más o menos de la misma altura que Subaru, y parecía tener poco más de veinte años. La hermosa mujer tenía unos ojos que se inclinaban hacia abajo y desprendían una cierta calma. Una cosa que destacaba de ella en la oscuridad del almacén de botines era la blancura casi enfermiza de su piel. Llevaba un abrigo negro, pero la parte delantera estaba abierta y se podía ver que la ropa que llevaba debajo también era negra y le quedaba ceñida a la piel. Aunque era bastante delgada, sin duda tenía curvas donde debían estar, y un cuerpo muy bonito en general.
Al igual que Subaru, la mujer también tenía el cabello negro, algo que parecía muy raro en este mundo. Llevaba el cabello recogido en una trenza que le llegaba hasta las caderas, cuya punta hacía girar entre los dedos.
En resumen, era una mujer mayor de una belleza hechizante. Para Subaru, que no tenía experiencia real en estar rodeado de mujeres ni siquiera en su propio mundo, ver a una mujer así era tan nuevo para él que no pudo evitar sentirse extremadamente nervioso.
Habiendo perdido la calma, Subaru siguió las indicaciones de Felt y cedió su silla sin rechistar. Felt ocupó ese asiento y Rom el de la izquierda. Subaru se quedó de pie a la derecha de Felt, incapaz de ocultar su nerviosismo.
Con tanta gente esperando su llegada, la mujer no parecía molesta, pero sí desconcertada.
—Tengo la sensación de que hay mucha gente sin parentesco.
—No puedo permitir que me den un precio que no es, ¿sabes? Es la sabiduría de los débiles. De todos modos, Subaru, ve a buscarnos unas bebidas.
Felt hizo un gesto a Subaru con la mano, como si estuviera dando órdenes a un criado, pero Subaru no se atrevió a replicar, así que fue detrás del mostrador y tomó unos vasos relativamente limpios, los llenó de leche y volvió a la mesa para dejarlos.
La mujer dijo «Gracias» a Subaru antes de mirarle de arriba abajo.
—Entiendo que ese viejo esté aquí, pero ¿quién es éste?
La mujer debió darse cuenta por el comportamiento de Subaru de que no estaba muy acostumbrado al lugar. En vez de desconfiar de él, le había hecho una simple pregunta.
En respuesta, Felt esbozó su sonrisa malvada.
—Este tipo es tu rival. También vino a negociar —declaró, y comenzó su proceso de «endulzar el trato».
5
—Ya veo. Ahora entiendo lo que pasa —dijo la mujer antes de beber un sorbo de su vaso y lamerse la leche que le quedaba en los labios.
La mujer, que respondía al nombre de Elsa, desprendía un aire de erotismo en cada uno de sus movimientos. Mientras Felt le explicaba a Elsa la situación actual, ella dirigió su mirada varias veces hacia Subaru, lo que le puso tan nervioso que apenas pudo soportarlo.
—Así son las cosas, por lo que ahora empezaremos la puja. No me importa quién se lleve esta placa, así que será para el que me ofrezca el mejor trato.
—Es una buena actitud la tuya. No puedo decir que me disguste… Entonces, ¿cuánto dijo ese chico de allí que pagaría por ello?
Elsa dijo originalmente que pagaría diez monedas de oro bendito.

Si Subaru iba a competir con su oferta, debió de pensar que él había ofrecido más dinero. Pensando que sería mejor no adoptar una postura de «esperar y ver», sacó por tercera vez su teléfono celular y le hizo una demostración de su uso. Un flash iluminó el interior del almacén y la imagen de Elsa fue captada por el aparato.
Elsa enarcó las cejas en respuesta a las repentinas acciones de Subaru, pero éste le mostró inmediatamente la pantalla.
—Lo que tengo para ofrecer es este mitia. Es un objeto raro, y probablemente sea el único en todo el mundo. Según este hombre musculoso, debería venderse por más de veinte monedas de oro bendito.
—Un mitia… —dijo Elsa, mirándose en la pantalla y asintiendo lentamente. Con esto, Elsa debería haberse dado cuenta de que Subaru pretendía hacer un trueque por la placa, no pagar directamente, y que su oferta no era de boca para afuera.
Elsa sacó una pequeña bolsa de cuero del bolsillo y la colocó sobre la mesa. En la bolsa estaba probablemente el pago que había preparado para la placa. Subaru pudo oír el sonido de pesados objetos metálicos chocando entre sí cuando la dejó en el suelo.
Felt se fijó en la bolsa con los ojos como un gato curioso, mientras Rom la reprendía sin palabras. Elsa puso sus dedos blancos sobre la bolsa que había colocado sobre la mesa.
—La verdad es que mi jefe me dio un poco más, por si acaso te arrepentías del precio, así que tengo un poco más que ofrecer.
—¿Tu jefe…? ¿Así que sólo sigues las indicaciones de alguien para recoger la placa? —preguntó Subaru.
—Así es. El que quiere la placa no soy yo, sino mi jefe… ¿Por casualidad se dedica usted al mismo tipo de trabajo que yo?
—Si ese fuera el caso, entonces eso significaría que tendrías que estar desempleada.
—Así que este chico desempleado de aquí dice que pagará un precio mucho más alto que el que tú ofreciste. ¿Cuánto está dispuesto a pagar tu jefe? —preguntó Felt, desafiando a Elsa.
Elsa abrió en silencio la boca de la bolsa y le dio la vuelta. De ella salieron varias monedas de oro bendito. Los ojos de Felt brillaron al ver las monedas superpuestas, e incluso Rom emitió un sonido en su garganta.
Subaru estaba más preocupado por el número que por las monedas en sí. Si contaba correctamente…
—Veinte monedas, ni una más ni una menos —dijo Elsa—. Esto es todo lo que me dio mi jefe. Esto es lo que se decidió que sería suficiente para pagar la placa, pero… ¿tengo razón al pensar que sus estimaciones pueden haber sido un poco erróneas? —preguntó, dirigiendo su pregunta a Rom, en lugar de a Felt.
Después de contar las monedas, Rom miró a Subaru, que parecía nervioso, y sonrió.
—No hay razón para que actúes como un bebé. Deberías estar avergonzado. ¿No eres un hombre…? Es cierto que veinte monedas de oro bendito es una cantidad escandalosa. Sin embargo, recuerdo haber dicho que, en el peor de los casos, tu mitia debería venderse por veinte monedas de oro. En otras palabras, vale más que eso.
Rom usó su gigantesca mano callosa y le dio una palmada en la cabeza.
—Tal y como yo lo veo, las negociaciones se inclinan a favor del chico. No quiero ofender a tu jefe, pero parece que vas a tener que devolverle el dinero —dijo Rom, empujando las monedas hacia Elsa.
Subaru lanzó un grito de emoción. Felt levantó las manos para indicar que no tenía ningún problema con la decisión, y Elsa se encogió de hombros, pero no parecía muy disgustada. Subaru siguió con una pose triunfante, pero aquella acción exagerada sólo hizo que destacara entre la multitud.
—¿Qué? Estoy feliz, ¿de acuerdo? Déjenme estarlo. Es la primera vez que consigo algo aquí. ¿Qué hay de malo en una pequeña celebración? —dijo Subaru, avergonzado.
—Yo no he dicho nada. Si quieres celebrarlo, adelante. Mientras reciba mi dinero, estoy contenta —dijo Felt.
—En realidad, mi jefe no necesita esa placa, así que no tengo ningún motivo para rogarle que lo reconsidere —añadió Elsa.
Tanto Felt como Elsa parecían no estar interesados en las travesuras de Subaru.
No obstante, aunque Subaru no era tan mezquino como para esperar que Elsa rogara y suplicara, le resultaba extraño lo desinteresada que parecía, a pesar de que las negociaciones no fueron como ella quería.
—Bueno, lo siento, Elsa. Imagino que tu jefe se enfadará contigo.
—No hay nada que hacer. Sería diferente si fallase porque fui yo quien cometió un error, pero en este caso, la culpa es de mi jefe por pensar que podría salirse con la suya pagando tan poco por la placa.
—Pero cuando uno planea hasta veinte monedas de oro bendito y resulta que no son suficientes, tiene que ser duro —comentó Rom.
—¡Bueno, supongo que significa que mi suerte está en pleno apogeo! ¿Eso quiere decir que por fin llegó mi época de grandeza? —Felt rio, ajena al ambiente, en contraste con los dos hombres que mostraban simpatía por Elsa.
En cualquier caso, Subaru había conseguido completar uno de los objetivos que se había propuesto al venir aquí. Sin tener que recurrir a un plan B, parecía que había un atisbo de esperanza de poder devolverle el favor a Satella.
Normalmente, lo mejor sería informar a Satella de que Felt y Elsa eran las responsables del robo, pero Subaru no se atrevía a hacer nada que pudiera acabar con alguna de ellas encarcelada.
Había sido simple oportunismo.
—Bueno, como las negociaciones no han ido a mi favor, creo que ahora me despido.
Elsa se levantó y engulló lo que quedaba de leche. De nuevo, utilizó la lengua de forma erótica para lamer las últimas gotas de leche, antes de mirar a Subaru. Al verle fijamente, sintió como si sus ojos le inmovilizaran.
—Por cierto, ¿qué es lo que piensas hacer con esa placa? —preguntó Elsa con voz grave y helada.
El dulce timbre de su voz amenazó los tímpanos de Subaru y le hizo sentir, por alguna ilusión, como si no pudiera mentir.
—… Oh, pensaba devolvérselo a su dueño. —En cuanto lo dijo supo que había cometido un terrible error.
Acababa de declarar, delante tanto de la chica que lo había robado como de la mujer que había ordenado el robo, que iba a devolver el objeto robado a su dueño.
—Ya veo. Así que estás con ellos. —Las palabras de Subaru fueron suficientes para poner en marcha la fría intención asesina de Elsa.
—¡¿Qué…?! —Subaru sintió un repentino impacto en el costado. El impacto fue suficiente para empujarle hacia un lado e, incapaz de sujetarse, cayó al suelo. Desde la perspectiva de Subaru, lo primero que sintió fue dolor y conmoción, y la vista le dio vueltas al caer al suelo. Cuando levantó la vista, vio que Felt se aferraba a su costado.
—¡¿Qué crees que…?!
—¿Eres idiota? ¡Presta atención y quítate de en medio! ¡¿Quieres morir?! —gritó Felt.
—… ¡¿estás haciendo?! —La última parte del grito de Subaru fue ahogada por el de Felt.
Subaru estaba en estado de shock. Desde su posición ventajosa vio a Elsa mirando hacia él.
—Oh, parece que conseguiste esquivar —dijo, con la cabeza ladeada por la sorpresa.
Elsa sostenía en la mano un arma que brillaba con una luz mortecina. El arma era, según los conocimientos de Subaru, un kukri, y chocaba con el resto de la imagen de Elsa. Medía fácilmente treinta centímetros de largo, con el cuerpo de la hoja doblado hacia dentro mientras se extendía desde el mango. Debido al peso de la punta, era un arma que a menudo se utilizaba de forma similar a un hacha para decapitar enemigos o presas, y sólo con mirarla, no era difícil imaginar la brutalidad despiadada del arma.
A pesar de empuñar el puñal, la sonrisa serena de Elsa no había cambiado. Por su postura, estaba claro que ya había blandido el arma una vez. Lo que significaba que la única razón por la que Subaru estaba a salvo era que Felt había saltado y apartado de la trayectoria del arma.
El miedo, tardío, hizo temblar las manos y los pies de Subaru, que sintió náuseas. No obstante, la situación no iba a detenerse sólo por él.
—¡Rrrragh! —El viejo Rom soltó un rugido mientras corría hacia Elsa, blandiendo el garrote que nunca había dejado de empuñar desde que habían comenzado las negociaciones. La parte puntiaguda del garrote se abalanzó sobre la cabeza de Elsa. A pesar de que el garrote pesaba por lo menos nueve kilos, Rom lo blandió como si fuera una ramita, y cortó el aire antes de estrellarse contra el suelo del almacén.
Cuando el garrote impactó en el suelo, pareció como si todo el edificio hubiera temblado. Varios artículos robados volaron por el choque de los impactos, que continuaron mientras Rom y Elsa intercambiaban golpes delante de Subaru.
—Es la primera vez que entablo combate mortal con un gigante —dijo Elsa.
—Adelante, sigue hablando, niñita. Te haré picadillo y te daré de comer a las ratas gigantes. —Mientras Rom lanzaba sus insultos, balanceaba su garrote aún más rápido. Ante la potencia de aquel golpe, cualquier intento de bloqueo no entrenado no sería más eficaz que defenderse usando una hoja de papel.
Dentro del almacén, había muy poco espacio para moverse, y permitir que los vaivenes de aquel garrote le acorralaran podía ser fácilmente un error fatal.
Sin embargo, la habilidad de Elsa era de un nivel tan alto que sólo podía calificarse de monstruosa.
Mientras seguía blandiendo su kukri, colgando de una mano, Elsa, ella misma como una sombra negra, era capaz de esquivar cada uno de los golpes seguramente mortales de Rom. Sus movimientos eran precarios, caminando por una delgada línea, apenas lejos del peligro mortal, y aun así era ella quien tenía el control de la lucha, no Rom.
Esto no puede ser bueno, pensó Subaru instintivamente. Algo en su cabeza estaba haciendo saltar una alarma.
—Esto es malo… —murmuró Subaru, con los labios temblorosos.
—No te preocupes. Es imposible que el Viejo Rom pierda. Desde que tengo memoria, nunca vi que Rom perdiese un combate —gritó Felt, poniendo su confianza en Rom en palabras, como para disipar sus propias dudas.
En las palabras de Felt había experiencias acumuladas durante largos años; experiencias que formaron su inquebrantable confianza. Pero incluso sin que Felt se lo dijera abiertamente a Subaru, él pudo ver su confianza en lo cercanos que eran cuando interactuaban entre ellos.
A pesar de la confianza de Felt, Subaru se estaba preparando para lo peor. Pero no podía entender por qué.
—¡Toma esto!
Antes de que Subaru pudiera precisar su ansiedad, se produjo un cambio en el desarrollo del combate.
Rom gritó y pateó la mesa, la misma mesita de madera alrededor de la cual habían estado negociando. La mesa se partió y astilló por la fuerza de la patada, y por un instante Elsa, que estaba contra la pared, quedó oculta tras sus fragmentos, con la línea de visión cortada.
Rom blandió su garrote con todas sus fuerzas. Si el golpe impactaba, era seguro que sería una muerte instantánea. Sin embargo…
—¡Rom! —El grito angustiado de Felt sacudió el aire dentro del almacén de botines.
Subaru vio entonces el resultado que el grito había intentado evitar.
Algo volaba, giraba en el aire.
Era el brazo derecho de Rom, que seguía agarrando con fuerza su garrote.
El brazo, que había sido seccionado a la altura del hombro, voló por los aires, salpicando sangre por todas partes antes de aterrizar contra la pared.
Toda la habitación se había bañado en sangre. Subaru y Felt no eran una excepción.
Felt volvió a gritar.
—¡Si voy a caer, te llevaré conmigo! —Habiendo perdido su brazo derecho, Rom estaba rociando sangre de su hombro como una manguera. Sin intentar detener el flujo de sangre, Rom saltó hacia Elsa, para atacarla con el brazo que le quedaba.
Cuando la mesa de madera astillada cayó al suelo, Elsa se colocó detrás de ella, manteniendo aún la posición de seguimiento de su golpe.
Antes de que Elsa pudiera dar la vuelta al kukri, el gigantesco cuerpo de Rom la aplastaría. Pero en ese fugaz momento de la última resistencia de Rom…
—Olvidé decírtelo antes, pero gracias por la leche.
… fue cortado en seco. Con la otra mano, Elsa golpeó con un fragmento roto del mismo vaso del que había estado bebiendo. En la punta afilada del fragmento había gotas de sangre, sangre que había salido de la garganta cortada de Rom.
Con el brazo amputado y la garganta cortada, la sangre brotó de la boca del anciano y, al desvanecerse la luz de sus ojos, se desplomó en el suelo. Aunque su cuerpo se convulsionaba, ya no le quedaban fuerzas, pues la vida de Rom era arrastrada incluso mientras se aferraba a su cuerpo.
Elsa se inclinó una vez con elegancia hacia el cadáver, como presentando sus respetos.
Mientras el cuerpo de Rom seguía retorciéndose, Elsa depositó suavemente los restos del vaso junto a sus pies.
—Te lo devuelvo. Ya no lo necesito —dijo fríamente, antes de hacer girar su kukri en la mano y apuntar con su punta manchada de rojo hacia Subaru y Felt. No obstante, Subaru, aún derrumbado en el suelo, fue incapaz de decir nada.
Todos los procesos mentales de Subaru habían sido detenidos por la matanza que había tenido lugar ante sus ojos.
Alguien con quien había estado hablando hacía unos minutos estaba muerto. No por una enfermedad o un accidente, sino por las acciones de otro, simple y llanamente.
—Ah, ya veo que eres tú la que tiene valor —dijo Elsa, impresionada, y Subaru, aún incapaz de moverse, levantó la vista.
Mientras Subaru seguía en estado de shock, Felt se había levantado y se daba palmadas en las piernas para que no le temblaran las rodillas. Luego se echó hacia atrás el cabello empapado en sangre.
—¿Cómo…? ¡¿Cómo te atreves…?!
Subaru estaba detrás de Felt, así que no podía ver su expresión. Sin embargo, su voz dejaba claro que no estaba conteniendo las lágrimas.
—Si te resistes demasiado, sólo conseguirás que te duela más —dijo Elsa.
—¡Apuesto a que seguirías planeando matarnos aunque no nos defendiéramos, psicópata…!
—Si te mueves demasiado no podré hacer un corte limpio… no soy muy hábil con esto. —Mientras Elsa decía esto, hizo girar el kukri y fingió que practicaba los cortes adecuados para descuartizar a Felt.
Pero Felt tenía las manos vacías. No había manera de que pudiera ganar.
En su mente, Subaru había llegado a la conclusión de que debía gritar. Necesitaba distraer a Elsa, aunque sólo fuera un poco, para dar tiempo a Felt a escapar.
Si pudiera darle tiempo para pedir ayuda, o incluso para huir por su cuenta… Pero aunque Subaru había tomado su decisión, no podía evitar que su cuerpo temblara.
—… Siento haberte metido en todo esto —le dijo Felt a Subaru en una disculpa poco por encima de un susurro.
—Ah… —En respuesta, Subaru levantó la cara hacia Felt, y olvidando las palabras que debería haberle dicho, sólo pudo musitar un murmullo ahogado como si suplicara su perdón.
Pero Felt dejó atrás para siempre los sentimientos de Subaru mientras corría hacia delante. Se oyó un fuerte sonido cuando se levantó del suelo, y fue como si un vendaval hubiera soplado de repente a través del almacén. Justo cuando Subaru pensaba que Felt había desaparecido de su vista, vio que el cuerpo de Elsa se retorcía.
Se oyó un sonido agudo y Felt chasqueó la lengua desde al lado de Elsa. En la mano de Felt había un pequeño cuchillo, y con la abrumadora rapidez de reacción de Elsa pudo esquivar el ataque de Felt.
Felt retrocedió de un salto, aprovechando la ráfaga de aire que hizo al volar. Con los movimientos irregulares de Felt, incluso las paredes del almacén se convirtieron en tierra para ella. Incluso Elsa parecía sorprendida por las acrobacias de Felt.
—Así que tienes la protección del viento. Oh, qué maravilla. El mundo debe adorarte… te envidio. —La sonrisa extasiada de Elsa cambió de repente, y sus ojos se llenaron de odio mientras su brazo se doblaba hacia atrás.
—¿Qué…? —Felt fue derribada en el aire por un tajo que se extendió a lo largo de su hombro, e incapaz de incorporarse, cayó al suelo girando.
La abertura de la herida le atravesaba el pecho, desde el hombro izquierdo hasta la axila derecha, y era tan profunda que cortaba el hueso y llegaba hasta los órganos.
Terminando su revolcón boca arriba, con cada latido de su corazón Felt escupía sangre como una fuente, y estaba claro que ya había perdido el conocimiento por el dolor y el shock del corte. No se movió ni un centímetro. En pocos segundos el flujo de su sangre perdió presión, señalando silenciosamente el final de su vida.
Subaru no podía moverse.
Quería ir al lado de Felt y tratar de detener la hemorragia. Si era demasiado tarde para eso, al menos quería cerrarle los párpados. Pero los brazos y las piernas de Subaru rechazaron su súplica, y no pudo hacer otra cosa que temblar, descaradamente.
—El viejo y la chica cayeron, pero tú no te mueves. ¿Ya te rendiste? —dijo Elsa en un tono como si le tuviera lástima, con ojos que parecían aburridos.
Todo lo que tenía que hacer era acercarse un poco más y golpear una sola vez con su cuchillo. Eso era obvio para ella, de ahí su mirada aburrida. En los movimientos de Elsa no había ni el menor atisbo de vacilación. Incluso parecía que intentaba contener un bostezo.
Ante la actitud de Elsa, Subaru sintió que una ira incontrolable brotaba de su interior. Las dos personas caídas frente a él eran personas que había conocido hacía poco menos de una hora. Pero no sólo habían hablado, sino que habían desnudado sus emociones entre ellos. Tomar a esas dos personas y matarlas, sin sentir culpa alguna, era para Subaru absolutamente imperdonable.
Además, no podía perdonarse a sí mismo. Acababa de ver como ambos eran masacrados por esta vil mujer.
—Así que por fin te pusiste en pie. Ciertamente te llevó un tiempo. Dudo que me entretengas mucho, pero podría ser peor.
La rabia que brotaba de Subaru, aunque demasiado tarde, le dio por fin fuerzas para mover los brazos y las piernas.
Con los miembros aún temblorosos, Subaru empujó lentamente contra el suelo y, de algún modo, pudo ponerse en pie, aunque sus movimientos eran casi animales.
¿Sus temblores se debían al miedo o a la ira? ¿O ambas cosas? A Subaru le daba igual.
Frente a Elsa y con el kukri preparado, Subaru cargó hacia delante con toda su fuerza y espíritu, con los dientes al descubierto.
Volaría hacia ella y la derribaría, llevando su propia fuerza más allá de sus límites. Pero esa loca carrera de Subaru…
—Patético.
… terminó rápidamente cuando Elsa le dio un codazo directamente en la cara. Al girar sobre sí misma, utilizando el mínimo movimiento necesario, había clavado el codo en Subaru y, mientras él se tambaleaba, Elsa, aún en su giro, trazó un arco con una de sus largas piernas y descargó una patada.
Subaru salió despedido hacia un estante lleno de porcelana y se estrelló contra el suelo. En un solo asalto, Subaru se rompió la nariz y los dientes delanteros. El costado, que había recibido el impacto de la patada de Elsa, le dolía mucho y notaba que se había roto varias costillas.
Pero aun así, Subaru empujó su puño contra el suelo e inmediatamente se puso de pie. El cerebro de Subaru ya había empezado a excretar endorfinas y estaba rechazando el dolor, que era mayor que cualquiera que Subaru hubiera sentido antes.
En este estado de exaltación, con la respiración anormal, Subaru lanzó otro ataque sin sentido… pero de nuevo fue contraatacado.
Los brazos agitados de Subaru no pudieron alcanzar a Elsa, y con sus extremidades fluidas golpeó a Subaru con el lado romo de su puñal, rompiéndole el hombro izquierdo.
Entonces, como si le molestara tener que escuchar sus gritos de dolor, le lanzó una patada directa a la mandíbula, que le hizo callar de inmediato. También consiguió tumbar el resto de los dientes delanteros rotos de Subaru.
Elsa miró a Subaru mientras caía al suelo.
—No eres nada bueno. Eres tan inexperto como pareces, y tus movimientos son desordenados. No tienes ninguna protección divina, ni ninguna habilidad especial. Pensé que usarías la cabeza y tendrías algún truco bajo la manga, pero veo que no tienes nada. ¿Cómo pudiste pensar que tendrías alguna oportunidad contra mí?
—Fállate… Se llama fer lerco… ¿Frees que voy a quedadme de frasos fruzados? —La nariz de Subaru estaba rota, así que ni siquiera podía hacer una respuesta adecuada.
Gracias al último contraataque, Subaru ya no podía usar el brazo. Todo, desde el hombro izquierdo hacia abajo, colgaba sin fuerzas. No sentía ningún dolor, pero el zumbido de sus oídos se estaba volviendo insoportable. Tenía náuseas intensas y sentía como si su ira se le escapara por la boca.
Subaru estaba derrotado. Nunca podría ganar. Sus posibilidades de siquiera acertar un golpe eran minúsculas.
—Bueno, voy a admitir que tienes al menos una cantidad inusualmente alta de determinación. Si te hubieras levantado un poco antes, el desenlace para estos dos podría haber sido distinto. —Con la punta de su cuchillo, Elsa señaló a los dos cuerpos que yacían abandonados en el suelo. Mientras Subaru seguía el movimiento de Elsa y miraba los cadáveres, de repente sintió que le invadía una extraña sensación.
¿Por qué? ¿Por qué tenía la sensación de ya haber visto todo esto?
El almacén de botines, con el suelo hecho un mar de sangre… El cadáver gigante al que le falta un brazo… El brillo sordo de una hoja rojiza…
En el fondo de su mente, un pensamiento le atravesó como un rayo.
—Pongamos fin a todo esto. Te enviaré a conocer a los ángeles.
Elsa se lamió los labios rojos y, con una sensual sonrisa, desapareció en la oscuridad. Fuera o no por algún truco, a Subaru le pareció que Elsa se había hundido en las sombras del almacén.
Subaru miró a izquierda y derecha, incapaz de encontrar a Elsa.
—¡¿F-Fónde estás?!
Subaru empezó a asustarse, mirando a un lado y a otro, escuchando todo lo que podía en busca de algún sonido. Parecía la presa de un feroz depredador a la espera de ser devorado. Desde la perspectiva de Elsa, nada podía emocionarla menos, pero eso sólo hacía que quisiera acabar con ello aún más rápido, así que de un tajo brillantemente directo…
—¡¿Qué…?!
En cuanto Subaru se dio cuenta de que el ataque iba dirigido a su abdomen, consiguió zafarse, sin que le sobrara ni un pelo.
Subaru saltó hacia atrás, metiendo el estómago hacia dentro, de modo que el tajo horizontal apenas le rozó. La piel de su abdomen se abrió en canal, pero Subaru apretó los dientes y soportó el agudo dolor.
—¡¡Ughraaah!!
Entonces, con todas sus fuerzas, Subaru fue capaz de golpear la parte superior del cuerpo de Elsa desde un lado con una patada giratoria. Mientras Subaru se retorcía y asestaba su golpe crítico, pudo confirmar que había sido capaz de tomar represalias al menos una vez.
Sin embargo…
—Ah… Ese fue bastante satisfactorio —dijo Elsa mientras, con un segundo kukri que había sacado de la cintura, atravesaba con la otra mano el abdomen de Subaru aproximadamente en un 70%, derramando su sangre y sus vísceras.
—¿Eh…? —Subaru dio un paso, dos hacia atrás, y cuando su hombro rozó la pared, se deslizó contra ella y cayó al suelo.
Cuando Subaru miró hacia abajo, pudo ver la sangre que salía de su abdomen y manchaba el suelo de rojo brillante. Con un brazo tembloroso intentó inútilmente devolver la sangre, pero los grumos sanguinolentos de tejido que se derramaban de su estómago apartaron su mano.
—¿Te sorprende? Te abrí el estómago mientras te acercabas. Es mi especialidad, lo digo en serio —dijo Elsa con una sonrisa, caminando al tiempo que hacía ondas en el mar de sangre.
Elsa se acercó a Subaru, que era incapaz de decir nada más que gorgoteos de dolor, y se quedó mirando sus tripas ensangrentadas y negruzcas con una expresión de éxtasis en el rostro.
—Ah… tal como esperaba. Tus intestinos tienen un hermoso color.
Esta mujer estaba fuera de sí.
Ante el dolor que ni siquiera sus endorfinas podían anular, la consciencia de Subaru empezó a desvanecerse. Se dio cuenta de que parecía haber caído de lado. Con las temblorosas yemas de los dedos, tocó débilmente el pie de Elsa.
—Uu… ugh…
—¿Sientes dolor? ¿Te duele? ¿Estás triste? ¿Quieres morir?
Con la mano de él aun agarrándole el tobillo, Elsa se arrodilló junto a Subaru y le miró a los ojos. Los ojos de Elsa estaban llenos de éxtasis. No tenía ningún reparo en acabar con la vida de otro ser humano.

En cambio… parecía increíblemente feliz, llena de dicha.
—Despacio, despacio, despacio, muy despacio tu cuerpo perderá el calor y te enfriarás.
Subaru podía sentir la voz de Elsa haciendo vibrar sus tímpanos, torturándole, saboreándole, compadeciéndole, queriéndole, amándole.
Antes de darse cuenta, Subaru ya no podía ver. Su pérdida de sangre era demasiado grande, y poco a poco se estaba muriendo. Ahora, no podía oír nada. No podía oler nada. No podía ver nada. Sólo podía sentir su cuerpo cada vez más frío, su cuerpo muriendo, y el miedo que venía con ello.
En este espacio, sin saber exactamente cuándo se apagaría la luz de su vida, Subaru no podía separarse del miedo a la muerte.
¿Cuándo moriré? ¿En qué momento? ¿Sigo vivo? ¿No estoy ya muerto? ¿Cómo se define la vida? ¿Se puede decir que estoy vivo en este estado, menos que cualquier insecto? ¿Qué es la vida? ¿Qué es la muerte? ¿Por qué morir da tanto miedo? ¿De verdad es necesario vivir? ¿No?
Tengo miedo. Tengo miedo. Tengo miedo. Tengo miedo. Tengo miedo. Tengo miedo. Tengo miedo. Tengo miedo. Tengo miedo. Tengo miedo. Tengo miedo. Tengo miedo. Tengo miedo. Tengo miedo. Tengo miedo. Tengo miedo. Tengo miedo. Tengo miedo.
A medida que la muerte absoluta e incondicional se acercaba cada vez más, la mente de Subaru la rechazaba instintivamente. Al final, ese rechazo llenó todo lo que Subaru era, y mientras su visión se blanqueaba, pensó…
Ah… estoy muerto.
Y con ese último pensamiento, la vida de Natsuki Subaru se apagó.