Asesinar se Convierte en un Hábito
Capítulo 5
Asesinar se Convierte en un Hábito
Sección 1
Un lugar muy, muy, muy, muy, muy, muy oscuro.
En lo más profundo de su mente, en lo más, más, más, más, más, más, más profundo.
—Yo mismo… yo… “yo”… quién… tú… tú… Natsuki Subaru… Meili Portroute.
—Natsuki Kenichi… Elsa Granhiert… Natsuki Naoko… Petra Leyte… Emilia… Shaula… Beatrice… Frederica Baumann… Anastasia Hoshin… Garfiel Tinzel… Julius Juukulius… Otto Suwen… Ram… la peliazul… quién… yo soy… tú eres… “yo” soy… uno mismo es… los otros son… a mí… a ti… eres… a “mí”…
—Yo mismo… yo… Natsuki Subaru. Yo mismo… yo… Natsuki Subaru.
—Quién… “yo”… Meili Portroute. Quién… “yo”… Meili Portroute.
Todos estos pensamientos daban vueltas y vueltas en su mente, deshaciendo las líneas que marcaban qué era real y qué no. Se habían fusionado en uno solo, se estaban mezclando en uno solo, se estaban enlazando en uno solo, sentían afecto como uno solo, odiando como uno solo, sufriendo como uno solo, amando como uno solo, deseando como uno solo, asesinando como uno solo, deseando como uno solo, destruyendo como uno solo, amenazando como uno solo, comprendiendo como uno solo, llorando como uno solo, riendo como uno solo, no comprendiendo como uno solo.
—Tan sólo puedes ser tú mismo; otros pueden ser ellos mismos.
No había posibilidad de llegar a un acuerdo, no había acuerdo por pena, no había posibilidad de engendrar un acuerdo, no había consideración el uno por el otro; al final no había nada, absolutamente nada.
—Subaru...
—...
Sacudiendo la cabeza, estaba atrapado tratando de sacar la astilla que era la otra persona dentro de él. Hasta que terminara eso, no podría responder a las chicas que lo miraban con preocupación en sus ojos.
Tenía que establecer la línea entre él mismo y los demás, extraer a Natsuki Subaru de la mezcla que se había formado.
Realizó una disección, escogiendo los pronombres, recuerdos, reminiscencias, impresiones, sentimientos y todo lo demás correctos. Con cuidado y precisión. O de lo contrario, todos se fundirían y fusionarían, y ya no sería capaz de separarlos.
Él y la chica que fue asesinada por sus propias dos manos estaban mezclados...
—Natsuki, ¿qué diablos viste? ¿Serías capaz de decírnoslo?
—Uh... ¿eh?
Mientras Subaru estaba inmerso en su crisis de identidad actual, una voz le llamó en frente de él. Era una persona con ojos de color azul verdoso pálido. ¿Anastasia...? No, ¿ahora era Echidna? En cualquier caso, se agachó para mirarle a los ojos y le hizo esa pregunta.
—Espera, Echidna. Subaru acaba de experimentar algo horrible…
—Soy muy consciente de ello. Pero esta es una situación realmente mala para todos nosotros ahora mismo, y no podemos permitirnos desperdiciar lo que hizo. Necesitamos movernos lo más rápido posible para averiguar qué está pasando.
—Bueno… Sí, pero…
Emilia y Echidna discutían frente a él. Mientras hablaba, Echidna miró el libro tirado en el suelo por un momento: al Libro de los Difuntos de Meili Portroute.
—Déjame que te lo pregunte de nuevo, Natsuki. ¿Qué es lo que viste en el li…?
—Vi… los recuerdos… de Meili.
—...Ah...
Emilia se cubrió la cara con las manos. Aunque se lo esperaba, el rostro de Echidna aun así se tensó.
Todos los presentes entendían lo que significaba que se añadiera un nuevo Libro de los Difuntos a los estantes.
La niña con la que habían hablado, con la que habían compartido una comida hacía solo unas horas, se había perdido.
Y el estado de confusión en el que se encontraba Subaru se debía a haber experimentado su muerte él mismo.
—Cálmate, Subaru, de hecho. Cálmate, y ahora céntrate en recuperarte, supongo.
—...Lo... siento...
—No hay problema, de hecho. Ahora mismo, puedes depender de Betty, supongo. Esto no es solo culpa tuya, Subaru, de hecho. No te martirices por ello, supongo.
—...
Beatrice se acurrucó junto a Subaru, acariciando su agotada cabeza. Emilia y Beatrice estaban haciendo todo lo posible para apoyar su corazón destrozado.
Sin embargo, irónicamente, su preocupación estaba desollando cruelmente su corazón. Beatrice trataba misericordiosamente de decirle que no era su culpa.
Pero este crimen había sido cometido por nadie más que “Natsuki Subaru”. Beatrice no sabía eso mientras trataba de consolarlo, pero él sí, y eso hacía que sus esfuerzos fueran aún más ridículos y tristes.
—Señorita Ram, ¿qué opina?
Mientras eso sucedía entre Subaru y Beatrice, Julius tenía una expresión seria en su rostro al desviar la conversación hacia Ram. Los dos habían llegado más tarde, pero sabían que se había encontrado el Libro de los Difuntos de Meili, y podían ver lo que le pasó a Subaru cuando lo leyó.
Por la expresión de sus rostros, parecían haber tomado la conmoción con relativa calma. Probablemente sea porque...
—Esos dos sieeempre desconfiaron de mí. Yo era una asesina, así que tiene sentido... Ah, pero sabes, la hermana mayor y la chica de la bufanda eran tan despreocupadas.
Internamente, Subaru aceptó ese análisis.
Mientras eso sucedía, Ram miró el libro en el suelo. Mirando el título escrito en la portada, Ram exhaló levemente.
—Si creemos en lo que Subaru acaba de decir, la señorita Meili ya ha…
—Es imposible que Barusu tenga la habilidad o el corazón tan de piedra como para mentir en esta situación. Estoy segura de que este libro es de Meili.
—Yo también podría leerlo para corroborarlo…
—¿Acaso crees que tendrás margen por ser la segunda vez? Viendo a Barusu en las mismas condiciones, es imposible ser tan optimista. Por supuesto, también se puede pensar que acabó así por ser tan inmaduro mentalmente.
Ram guardó silencio en ese punto, miró fijamente a Julius, quien tenía una expresión trágica en sus ojos, y continuó.
—Desafortunadamente, Ram no considera que el estado actual de Julius sea mejor que el de Barusu.
—...Comprensible. Teniendo en cuenta mi decisión de actuar solo ayer, no tengo un contraargumento convincente.
—Triste decirlo, pero estoy de acuerdo.
Julius se menospreciaba y Echidna estuvo de acuerdo también. Ella frotó la bufanda de zorro alrededor de su cuello mientras señalaba a Subaru con la barbilla.
—No es que no confíe en ti, Julius, pero viendo a Natsuki así, dudo en intentar lo mismo de nuevo... Ya sea que tenga que ver con la cantidad o el contenido de los libros.
—No tenemos forma de confirmar si esto se debe a que Barusu leyó un segundo libro o porque la carga de leer el libro de alguien particularmente familiar fue especialmente grande.
Ram se sostuvo los codos y Echidna bajó la mirada y asintió. El ceño de Julius se frunció, y se mordió el labio con amarga decepción.
—...
Lo más probable es que la segunda explicación que Echidna y Ram propusieron fuera la correcta.
El daño emocional masivo que había sufrido el corazón de Subaru se debía a que el sujeto del Libro de los Difuntos había sido alguien cercano. El registro vívido de su vida causó una conmoción que lo quebró.
Como resultado, mientras se adentraba profundamente en ella, Subaru había perdido la noción del límite entre los dos y comenzaron a mezclarse.
Incluso la inercia vacía de la vida que la niña había cargado durante tanto tiempo...
—En cualquier caso, no podemos quedarnos sentados sin hacer nada. Vayamos a buscar a Meili.
Un fuerte chasquido hendió el aire.
Emilia había aplaudido con fuerza frente a ella. Mirando hacia arriba, centró la atención de todos en el archivo sobre ella. Al escuchar eso, los ojos de Subaru se abrieron de par en par.
—¿Buscar...?
—¿Buscar? ¿Buscar qué? ¿Qué sentido tiene eso?
—Meili… ella… “yo”, a pesar de que ya estoy muerta…
—A pesar de que jamás se habían preocupado siquiera de ella antes de morir…
—Aunque la encontremos, probablemente sea demasiado tarde. Ojalá hubiéramos estado con ella; aunque probablemente no podríamos haberlo hecho. Por eso, debemos encontrarla.
—...
—No podemos dejarla sola aún más de lo que ya lo hicimos, ¿verdad?
No había ninguna razón real detrás de lo que estaba diciendo, ninguna lógica ni sentido en ello.
No cambiaba su análisis en el fondo de la mente de Subaru de que era inútil. Un realista argumentaría que deberían usar su tiempo en algo más valioso.
Pero no hubo nadie que intentara discutir con ella.
—Tendremos que cambiar nuestro plan para hoy. Separémonos y busquémosla.
Acordó Emilia.
—Yo iré a comprobar si Rem se encuentra a salvo. Antes de salir a buscar a Emilia-sama y Barusu, yo estaba con ella. Iré allí de nuevo, ahora.
—Debería hacer eso, señorita Ram... Subaru, puede parecer cruel, pero quiero confirmarlo. Si fuiste capaz de verificar en el Libro de los Difuntos hasta el último momento de la señorita Meili o no.
Subaru vaciló sobre cómo responder a la pregunta cuidadosamente formulada de Julius.
Por supuesto, la respuesta era un rotundo sí. Había experimentado a Meili perdiendo la vida de una manera que había sido impensable.
—Me sacudía con tanto dolor mientras mi cuello era estrangulado. Pero incluso esa lucha terminó con un chasquido... ¿Me pregunto si así es como se siente morir?
Subaru había experimentado esa situación desde la perspectiva de la víctima y del perpetrador. Incluso había escondido su cadáver en la habitación, tratando de encubrirlo para que no la encontraran.
Natsuki Subaru había unido su suerte con el “Natsuki Subaru” que la había asesinado.
La culpa que ese pensamiento le hacía sentir era suficiente para querer morir. Pero...
—Subaru, ¿lo viste? ¿Viste los últimos momentos de la señorita...?
—No vi el final mismo. Algo sucedió dentro de la torre. Eso estaba claro. Pero...
Se tragó esa culpa que le hacía querer morir y luego mintió para protegerse a sí mismo.
—...Qué pena...
La peligrosa sensación que echaba raíces en su corazón, tratando de hacerle confesar su crimen, era una maldición dejada por Meili Portroute.
Un deseo de que Emilia y los demás encontraran a Meili, que encontraran su cadáver. Que lo encontraran, se arrepintieran, se lamentaran y dejaran salir los sentimientos que obstruían su corazón.
Estaba perdiendo rápidamente la noción de si era ese “Natsuki Subaru”, ella, o este Natsuki Subaru quien deseaba eso.
—...¿Te quedan fuerzas para volver a leer el libro?
—¡Echidna!
Echidna hizo una sugerencia despiadada, pero antes de que él pudiera responder, el rostro de Beatrice se contrajo de ira. Sostuvo su brazo con fuerza, fulminando a Echidna con sus grandes ojos.
—¡Será posible que Betty tenga que gritar ese nombre, de hecho…! Sea como fuere, no dejaré que eso ocurra, supongo. Me opongo a ir más allá de aquí, tanto emocionalmente como por otros motivos, de hecho.
—Dados los riesgos de acabar unido como uno, jamás lo habría recomendado de forma seria. Quería asegurarme de que estaba preparado sólo por si acaso, eso es todo. Sabes que no era mi intención permitir que lo hiciera incluso aunque él insistiera.
—… Esperemos que eso fuera lo que realmente estabas pensando, supongo.
La ira en los ojos de Beatrice no retrocedió. Mientras la fricción entre ellas crepitaba, Emilia intervino.
—Ya basta. Tampoco estoy de acuerdo con dejar que Subaru cometa más imprudencias. Tampoco quiero que estemos estancados aquí por siempre… Quiero encontrarla pronto.
—De acuerdo. Separémonos. Subaru, tú...
—Betty cuidará de Subaru, de hecho.
Adelantándose a la preocupación de Julius, Beatrice se ofreció voluntaria para cuidar de Subaru. Todos los demás asintieron ante eso.
—Por favor, Beatrice. Subaru, te veo luego.
Confiándose mutuamente a sus roles, Emilia salió corriendo del archivo con los demás. Corriendo por la torre para encontrar a Meili.
—Para encontrarme.
Subaru los vio irse sin decir nada...
—Ahora bien, ¿qué vas a hacer tú, supongo?
Después de que se fueron, Beatrice fulminó con la mirada a la persona apoyada contra un estante —Shaula— con voz aguda y quebradiza.
A pesar de estar allí todo el tiempo, no había dicho una palabra desde que Subaru abrió el Libro de los Difuntos de Meili.
—¿Quiéeen, yo? Haga lo que haga, ¡yo soy la Guardiana de estrellas! No tengo ninguna razón para colaborar con los pequeñajos. ¡Ah, pero por supuesto, si es una superpetición del Maestro, la escucharé con todas mis fuerzas!
—...En ese caso, no te quedes en un lugar como este y ve tú también a buscar a Meili, de hecho.
—¿Es eso realmente lo que quieres, Gran Maestro?
Shaula inclinó la cabeza, sus distintivos ojos verdes entrecerrándose.
Le preguntó a Subaru directamente, pasando por encima de Beatrice. Su expresión era casi coqueta, imbuida de una fragante diablura.
El repentino cambio de humor hizo que Subaru sintiera como si alguien estuviera sosteniendo su corazón. Shaula sostenía el Libro de los Difuntos de Meili frente a su amplio pecho.
—Si el Gran Maestro deseara que lo hiciera, incluso sería capaz de derribar la luna. Por eso es que quiero oírselo decir al Gran Maestro y no a la semibruja, ni a la pequeñaja número uno, ni al guapilindo.
—Yo...
—¿Debería buscar a la pequeñaja número dos? ¿O…?
Shaula dejó de hablar allí, sin añadir nada más.
Pero Beatrice desconfiaba de su actitud, pareciendo esperar una orden de Subaru. Subaru también estaba desconcertado, pero la inquietud que arañaba el interior de su corazón era aún mayor.
La sugerencia de Shaula fue como si ella...
—¿No suena como si supiera sobre nosotrooos?
La voz en el fondo de la mente de Subaru estaba llena de buen humor, como si disfrutara de la situación.
Este Natsuki Subaru y ese “Natsuki Subaru” estaban mezclados en un solo cuerpo, y después de leer el Libro de los Difuntos, una personalidad completamente nueva se había añadido a la mezcla, dejándolos con un conjunto dividido de personalidades.
Subaru quería ocultar el hecho de que estuvo involucrado en la muerte de Meili.
Subaru quería que el cadáver de Meili, que él había escondido, fuera encontrado.
Subaru quería acusar al otro “Natsuki Subaru” de matarla.
Esos deseos estaban todos en desacuerdo, arremolinándose y luchando por el dominio, tratando de aferrar un futuro para sí mismos. Y al final de ese conflicto, la respuesta alcanzada fue...
—Shaula, encárgate de Meili.
—¡A la orden! ¡Si eso es lo que el Gran Maestro desea, haré lo que sea que desee!
Shaula saludó lindamente ante la orden ronca que logró soltar. Y luego le entregó el Libro de los Difuntos que había estado sosteniendo contra su pecho y le sacó la lengua.
Subaru extendió la mano para tomarlo cuando Shaula se inclinó cerca y le susurró al oído...
—Entiendo qué hacer.
Se dio la vuelta y bajó corriendo las escaleras antes de que él pudiera preguntar qué quería decir. Mientras su coleta rebotando desaparecía en la distancia, Subaru logró murmurar roncamente.
—¿Q-Qué fue eso?…
Lo último que dijo, el empujarle el Libro de los Difuntos en las manos, no podía entender nada de eso.
—Es inútil pensar demasiado, supongo. Sería mejor que soltaras ese libro ahora, de hecho.
—...
Las palabras de Beatrice escocieron.
Su mirada preocupada, esa luz tan similar a la que había en los ojos de Emilia, lo atravesó, haciendo que su corazón se sintiera más incómodo en lugar de calmarlo.
No tenía ningún derecho a aceptar su amabilidad.
Había ocultado su pérdida de memoria, encubierto su participación en la muerte de Meili, ocultado el esquema corrupto que la malvada personalidad de “Natsuki Subaru” estaba planeando, así que, ¿cómo podía interactuar con todos como si todo estuviera bien?
—… ¿Por qué eres tan amable?
—Otra vez una pregunta repentina, de hecho. ¿Qué ocurre, supongo?
La pregunta la dejó perdida. Pero como confiaba en Subaru, no la ignoró.
Porque Emilia y Beatrice confiaban en “Natsuki Subaru”...
—...
Cuando pensó eso, la mancha oscura en su corazón se expandió.
—Aquello que “yo” sentía por Elsa. Aquello que Emilia y los demás, quienes en este mundo tratan a Natsuki Subaru como a alguien cercano, sentían por “Natsuki Subaru”.
Era una joya que Natsuki Subaru por sí solo nunca podría alcanzar.
—¿Por qué ese tipo, por qué esa persona brutal, por qué ese tipo que se burla horriblemente, por qué el enemigo involucrado con la muerte de Elsa, por qué el asesino que se burló mientras mataba a Meili, por qué el cobarde que trató de encubrir mi muerte, por qué es tan amado?
Había una voz que exigía saberlo.
—Quiero saber. No lo sé. Solo yo, solo Subaru, solo “yo”, solo Meili.
—No lo sé. No puedo saber. Quiero saber. Todo, unilateralmente.
Los celos quemaban su corazón, una envidia de esa joya brillante que nunca podría alcanzar.
La forma de poner sus manos en esa joya...
—¿Debería decirte cómooo?
—...
El dulce susurro en su cabeza lo llamó cruelmente.
Y mientras las llamas de la envidia consumían el ser de Subaru, se dio cuenta de que la forma de extinguirlas estaba al alcance de la mano.
—¿No hay una forma de saber la respuesta justo aquí descansando entre mis brazos?
El grueso y negro Libro de los Difuntos dio la bienvenida a su curiosidad con los brazos horriblemente abiertos.
Sección 2
Había un límite para lo bien que las personas podían entenderse solo con palabras.
No importaba la relación, era imposible saber con certeza absoluta qué había en el corazón de otra persona. La gente oculta cosas, incluso a sus seres amados. La gente miente. La gente tiene secretos.
Igual que Natsuki Subaru amaba y respetaba a sus padres, pero aun así les guardaba secretos.
Amar a alguien, confiar en ellos desde el fondo de tu corazón, confiarles tu cuerpo, formar un vínculo con ellos... incluso todos aquellos con todos esos tipos diferentes de conexiones no eran una excepción. No importaba el vínculo, nada de eso cambiaba el simple hecho.
Así que, por mucho que pudieras desearlo, era imposible entender completamente el "todo" de una persona.
—No, debería haber sido imposible.
—...
Meili Portroute.
Al leer su Libro de los Difuntos, Subaru había experimentado su vida entera de forma resumida. Eran trozos pequeños, pero sabía cómo había vivido, sus creencias, su filosofía.
No había engaño allí, ni secretos, ni mentiras. Solo la verdad auténtica.
Cómo había alguien que le importaba profundamente. Cómo se perdió su corazón cuando perdió ese pilar de apoyo. Cómo luchaba por saber qué sentir respecto a Subaru y los demás que le habían robado a esa persona. Cómo había buscado cierto Libro de los Difuntos para entender mejor lo que realmente sentía.
Incluso conocía la vergüenza y la desesperación cuando esa confusión fue descubierta.
—Ese es el verdadero propósito de esta biblioteca.
Lo que Emilia, Beatrice y todos los demás en la torre pensaban realmente, la cosa que él tan desesperadamente quería saber: la razón por la que todos confiaban en “Natsuki Subaru”.
¿Eran aliados o enemigos? ¿Quién lo mató y quién era un aliado al que se le debía permitir vivir?
¿Podían ser amados o no? ¿Odiados o no?
——La forma de obtener la respuesta a todas esas preguntas está en los Libros de los Difuntos, ¿verdad?
—… Subaru, pareces encontrarte muy mal, supongo. Si te sientes incómodo aquí, sería mejor que fuéramos a algún otro lugar para que descanses, de hecho.
Beatrice le tocó el hombro, mirándolo con preocupación.
Mirando sus distintivos ojos azules con cresta de mariposa, Subaru contuvo el aliento. Sus manos diminutas, su cuello esbelto. Su cuerpo infantil y delicado.
— Qué pequeña…
—Jumf, ¿A qué viene eso de repente, supongo? Esta pequeñez es el POINT de la lindura de Betty, de hecho. Subaru, tú también sueles decir eso normalmente, supongo.
Al ver su cara inflada en un puchero, Subaru casi esbozó una sonrisa.
Era cierto que ese era el tipo de broma que habría hecho si se sintiera más como él mismo. Pero la comprensión de algo que compartía con “Natsuki Subaru” pronto llenó su corazón de amargura.
—Es pequeña. Beatrice es realmente solo una niña pequeña.
—Si le agarrara la cabeza y simplemente lo golpeara tan fuerte como pudiera contra el suelo, moriría solo con eso.
—Si la matara, ¿aparecería su Libro de los Difuntos aquí también?
—Como lo que me hiciste a “mí”, ¿noo?
Una voz que no podía ser la de Subaru se rió ante su pensamiento intrusivo. La voz era extrañamente familiar: la dulce burla de la chica muerta irritó a Subaru.
—...
Tal como antes, sin embargo, se negó a prestar atención a la voz. Pero no podía olvidar el método que esa dulce voz había recomendado.
—Por ahora, deberíamos volver a la habitación habitada por ese espíritu, supongo. Esa parece la mejor idea, de hecho.
A juzgar por la relativa falta de respuesta de Subaru, Beatrice sugirió abandonar la biblioteca. Al no tener razón para negarse, asintió.
—Sí.
—Entonces voy a guardar los libros, de hecho… Por lo que Betty ha visto, los libros están ordenados de forma diferente cada vez, así que no se puede confiar en que se queden aquí, pero es mejor que nada, supongo.
Diciendo eso, tomó el libro de Meili y lo empujó con fuerza de nuevo en el estante justo frente a la escalera. Era un lugar fácil de encontrar, pero si lo que ella decía era cierto, era dudoso si sería posible encontrar el mismo libro de nuevo en la misteriosa biblioteca.
—Meh, no es que importe ahora. Ya que, si quieres hablar conmigo, siempre estaré aquí en tu cabezaaa.
—...Patrasche está allí, ¿verdad? Y Ram también. Así que vamos.
—Betty está de acuerdo, pero esa es una forma bastante grosera de decirlo, supongo. Cielos. La PARTNER de Subaru es Betty, supongo. No lo olvides, de hecho.
—L-Lo siento, lo siento. No fue a propósito. No es como si lo hubiera olvidado.
Por un instante, Subaru se tensó, sintiendo una punzada en el corazón. Tratando de desviar la atención de esa rigidez, dirigió su atención a la habitación verde de abajo.
La dragona de tierra estaba esperando allí. La presencia de Patrasche era un consuelo enorme para él.
Patrasche realmente había arriesgado su vida, corriendo a través del peligro tratando de salvarlo. Ella era un ser en el que Subaru podía confiar de todo corazón sin dudar de cómo se sentía realmente o de sus verdaderas intenciones...
—¿De verdad? ¿Crees que ella realmente te ayudaría así si supiera que en realidad no eres “Natsuki Subaru”?
—...
—Después de todo, del lado de hermanito… no hay nadie, ¿noo?
No respondió a la burla de la chica que lo atormentaba. No creía que eso fuera cierto y no quería creerlo.
—Ey, Subaru, dame tu mano, supongo.
—S-sí…
Mientras la chica en su cabeza robaba su atención, su concentración se alejó de Beatrice. Así que cuando ella intentó tomar su mano, tardó en notar por qué sus ojos se abrieron de repente.
Ella estaba mirando la mano que él había extendido: a su mano cubierta de arañazos.
—...Ah, esto es...
El corazón de Subaru ardió al darse cuenta de que ella había visto algo que no debería haber permitido que nadie viera.
—Ahora mismo, es imposible vincular los arañazos con Meili. Pero si alguien encuentra su cadáver, si se dan cuenta de que fue estrangulada, sería fácil atar cabos.
—¿Qué vas a haceeer? ¿No deberías empezar yaaa?
Riéndose de su miedo, la voz de ella se hinchó anticipando la violencia. Subaru podía sentir su sien palpitando al ritmo de su corazón desbocado.
Pero a pesar de su preocupación, Beatrice solo suspiró un poco...
—Has vuelto a arañarte las manos, de hecho. Qué mal hábito, supongo.
—¿...Eh?
—Esto no es bueno, de hecho. Si Emilia lo nota, ¿qué clase de excusa piensas poner, supongo? Si esto se vuelve más grave, ni siquiera Betty podrá pasarlo por alto, de hecho.
Mientras seguía las cicatrices de Subaru con los dedos, Beatrice bajó la mirada con dolor.
Era casi como si fuera normal para él tener heridas en el brazo, como si ella estuviera acostumbrada a ver eso. Y su actitud dejaba claro que esas heridas con las que estaba familiarizada no eran por entrenamiento o peleas.
Actuaba como si fuera normal que Subaru se hiciera daño a sí mismo.
—...
Las yemas de los dedos de Beatrice brillaron débilmente mientras tocaba su herida y, gradualmente, una calidez envolvió su brazo.
Había un leve cosquilleo, muy probablemente la sensación de las heridas siendo curadas por magia. Este era otro tropo clásico de mundo de fantasía, y finalmente estaba llegando a verlo por primera vez.
Pero al mismo tiempo, los pensamientos agresivos que echaban raíces en su mente se disiparon rápidamente.
—Qué aburridooo.
La chica se burló con molestia al ver sus expectativas traicionadas. Pero la atención de Subaru estaba en el peligroso bucle de retroalimentación negativa en el que casi había caído.
La peligrosa elección que casi había tomado era prueba de ello.
—¿Qué estoy haciendo?
—No hay razón para obsesionarse con usar preventivamente los Libros de los Difuntos. Más aun tratando de usarlos en una etapa en la que ni siquiera he hecho preparativos. Eso sería simplemente un suicidio.
—El objetivo no es matarlos, es leer los libros que deberían aparecer después de que los ma—
—No, eso es...
—No está mal.
—¡Está mal! ¡Gh!
Subaru rechazó en voz alta la voz sonriente que se burlaba de él.
Rechazó. Lo rechazó. Rechazó inquebrantablemente la dulce tentación de la chica. Obviamente. Ya que él ya había decidido. Había hecho su elección.
—Le pedí a Shaula que ayudara a buscar a Meili.
Lo único que ocultaba el cadáver de Meili era un poco de tela y el hecho de que había sido empujada a la esquina de una habitación. Cualquiera que la buscara la encontraría en poco tiempo. Si realmente quería evitar eso, entonces no debería haber aceptado la búsqueda.
Por supuesto, tampoco sabía cómo decirlo de una manera que evitara la búsqueda y no atrajera ninguna sospecha hacia él. Pero si realmente quería ocultar la verdad, podría haber interferido en la búsqueda.
En el momento en que no lo hizo, Subaru ya había sucumbido al deseo de “mí”.
—¡Por eso... yo...!
—S-Subaru... a Betty le duele la mano... gh.
—...Ah.
Con la vehemencia con la que rechazó la voz en su cabeza, Subaru agarró la muñeca de Beatrice con demasiada fuerza. Ella hacía una mueca de dolor mientras reprendía débilmente su falta de consideración.
Soltándola rápidamente, Subaru se disculpó. Pero Beatrice simplemente negó con la cabeza.
—Está bien, de hecho. No es nada para Betty, supongo. Y tus arañazos deberían estar mejor ahora, de hecho.
—… Ah, sí, lo están. Perdón por molestarte, solo te he causado molestias.
—Prometiste no decir eso, supongo.
Después de eso, Beatrice le tendió la mano que él había agarrado. Por un segundo, dudó en tomarla de nuevo, pero rápidamente se sacudió la duda.
Sostuvo la mano de Beatrice suavemente, y un tacto cálido sostuvo su mano a cambio.
—Vamos, andando. Por ahora, lo primero es descansar cuerpo y mente, supongo.
Sosteniendo su delicada mano mientras ella sonreía, Subaru de alguna manera logró asentir.
Diciéndose a sí mismo que estaba bien, que estaba haciendo lo correcto, para no ceder ante su voz interior.
—Estoy bien. Yo estoy... bien.
Simplemente repitiendo eso una y otra vez, para convencerse a sí mismo.
—Si realmente encuentran a Meili, entonces debería sincerarme y confesar.
Mientras aceptaba la amabilidad de Beatrice, Subaru decidió llevar a cabo la resolución que había tomado antes de leer el Libro de los Difuntos.
Pero al final, esa resolución no llegó a buen puerto.
A pesar de buscar por toda la torre, no pudieron encontrar a Meili.
El cadáver de la niña desapareció repentinamente de la Atalaya Pléyades, como si se hubiera esfumado.
Sección 3
—Todo ha ido mal desde que llegamos a esta torre, ¿eh?
Estaban reunidos en la sala base cenando cuando se le escapó ese murmullo a Ram.
Esa contundente declaración era una descripción lo bastante precisa del estado actual del grupo como para que nadie pudiera rebatirla realmente. Todos comprendían también el sentimiento que hacía que Ram quisiera refunfuñar.
Habían sufrido mucho para llegar a la torre, pero las pruebas y tribulaciones no dejaban de sucederse.
Las dificultades del examen en el segundo piso, el problema de Anastasia y Echidna, sumado a la muerte de Meili y, aunque no lo había mencionado esta vez, la pérdida de memoria de Subaru también debería haberse incluido en el montón.
Casi sería más fácil decir que su viaje estaba maldito.
Las expresiones de todos eran sombrías y parecían agotados. Tras cambiar sus planes para la tarde, habían pasado todo el tiempo buscando a Meili, y aun así no habían encontrado nada. La sensación de futilidad por el intento fallido fue peor de lo esperado.
Al final, solo hizo que la insípida sopa de la cena supiera aún más salada.
—Por si acaso… le pregunté a Reid, pero me dijo que no la había visto. Dijo que nadie había ido desde ayer y que se estaba aburriendo… Probablemente no mentía.
—Es un hombre arrogante, pero no es alguien que disfrute hiriendo niños… aunque el no poder asegurarlo es lo aterrador, supongo. Pero Betty confía en la intuición de Emilia, de hecho.
El cuerpo de Subaru se encogió a un nivel instintivo cuando el pelirrojo de un solo ojo, el guardián del segundo piso salió en la conversación.
Ese hombre no había dejado nada más que la peor impresión posible en Subaru, pero afortunadamente Emilia había vuelto a salvo de tomar su declaración.
—No es que tenga derecho a sentir alivio al escuchar eso.
—Los resultados de hoy han sido desafortunados. Pero mañana...
—Lo siento, pero si tienes intención de seguir buscándola mañana y en los días siguientes, voy a tener que oponerme.
—¡¿Echidna...?!
Emilia estaba a punto de recomponerse para el día siguiente cuando el frío juicio de Echidna la interrumpió. Emilia frunció los labios.
—¡No haremos tal cosa! No sabemos cómo se sentiría Meili...
—Ya no quedan tales funciones emocionales en ella. El Libro de los Difuntos que Natsuki confirmó lo demuestra. No podemos perder más tiempo en vano.
—Tienes un poco de prisa por ir al grano, supongo.
Emilia no podía enfrentar la lógica de Echidna con nada más que sentimiento, así que Beatrice le sostuvo la mirada en silencio en lugar de Emilia.
—En ese caso, aunque tenga sentido, no me dan ganas de darte la razón, de hecho. ¿Habrá alguna razón para ello, supongo?
—… ¿Tan extraño te parece? Los suministros de alimentos son limitados y, cuanto más tiempo pasemos en la torre, más carga supondremos para nuestras facciones. Además, no tenemos medios para comunicarnos.
—Tiene sentido. La señorita Emilia y la señorita Anastasia… bueno, su interior ahora mismo es distinto, pero ambas tienen una posición importante al participar en la Selección Real. No deberían quedarse mucho tiempo en esta torre, en medio del mar de arena.
Beatrice replicó a Echidna, pero fue Ram, una compañera de la facción de Emilia, quien estuvo de acuerdo con Echidna.
La diferencia en lo que sentían sobre completar la torre y sus planes futuros estaba empezando a notarse.
—Cómo decirlo… Qué mal ambiente~. Si van a discutir, hagan eso lejos del Gran Maestro y de mí. En cuanto a mí, voy a construir una familia feliz con el Gran Maestro. ¡Primero una hija mayor y luego dos hijos varones menores!
—... Por ahora, quédate callada.
Shaula le sacó la lengua y se deslizó junto a Subaru. Normalmente interactuaba mucho con Meili, pero con Meili desaparecida, había centrado sus repentinos estallidos frívolos más en Subaru.
Aunque él respondió con indiferencia, tenía sus propios pensamientos sobre su actitud general. No sobre lo despreocupada que estaba con el resultado del debate actual, sino con cómo había actuado en la biblioteca.
Ella lo había mirado esperando una orden directa. ¿Qué había querido escuchar de él? ¿Cuánto haría realmente si Subaru se lo pidiera específicamente?
—¿Qué habría pasado si no hubiera renunciado a usar los Libros de los Difuntos?
—Ya basta de discutir.
La voz de Julius interrumpió el tenso ambiente y los pensamientos de Subaru. Con la angustia grabada en los pliegues de su frente, levantó la mano, deteniendo a Echidna, y asintió hacia Beatrice y Emilia.
—Me disculpo por lo que fue una declaración que podría malinterpretarse fácilmente. Pero les pediría que entiendan, ella... Echidna no lo está proponiendo sin razón.
—Julius, detente. Decir eso sería…
—Puede ser que la facción de la señorita Emilia haya perdido a la niña que nos acompañaba hasta aquí. En estas circunstancias, no es adecuado que les ocultemos nada. Nosotros también deberíamos mostrar nuestra sinceridad
Echidna se tragó lo que estaba a punto de decir. Al ver eso, Julius se volvió hacia los demás.
—Como les mencioné, en este momento el control del cuerpo de la señorita Anastasia le pertenece a Echidna. Además, este estado se mantiene a costa de consumir el Od de la señorita Anastasia.
—Consumiendo su Od... no me digas que, ¿ha sido todo el tiempo desde que Anastasia se quedó dormida?
Preguntó Emilia.
—… Ya veo. Tiene sentido que quiera apresurarse en la conquista de la torre, de hecho.
Emilia y los demás se mostraron visiblemente sorprendidos por el secreto sobre Echidna que reveló Julius.
Al escuchar la palabra Od, Subaru realmente no pudo entender nada más que el matiz vago. Od y maná sonaban como los términos habituales que aparecían en las fantasías mágicas. Pero a juzgar por la reacción de todos los demás, era algo importante que no se debía perder.
Echidna suspiró encogiéndose de hombros.
—Ya no tiene sentido ocultarlo. Es como dijo Julius. Yo, con tan solo estar así, estoy consumiendo la vida de Ana. Por eso, quiero devolverle su cuerpo lo antes posible, incluso un segundo más rápido.
—¿Incluso al punto de renunciar a un cuerpo humano que está bajo tu propio control, supongo?
—Esta situación también es involuntaria para mí. Aunque tenga el control del cuerpo de Ana, mi corazón está atado sin libertad. Es extraño que un espíritu artificial diga algo como esto, pero…
Echidna hizo entonces una pausa, un breve silencio antes de continuar.
—El recipiente que debe ser debe contener al ser que debe ser. Aunque solo se tome prestado el exterior, si el interior no lo acompaña, los defectos saldrán a la luz. Se vuelve antinatural. Eso es algo horrible.
—¡...!
Echidna estaba evitando deliberadamente sus miradas, y sonaba como si se estuviera maldiciendo a sí misma. Pero esas mismas palabras también se clavaron profundamente en el corazón de Subaru, justo cuando menos lo esperaba.
Tomar prestadas apariencias cuando el contenido no coincidía... Encontrarse cara a cara con esa idea fue un duro golpe.
—Esta es una opinión que ni siquiera servirá de consuelo, pero si en esta torre duerme el conocimiento del Sabio, de quien se dice que es omnisciente, entonces tal vez también se pueda conocer el paradero de ella, quien ha desaparecido. En ese sentido, ¿qué tal si priorizamos la conquista de la torre? … Soy consciente de que es una forma de hablar injusta, pero…
—No, no, gracias. Solo estabas siendo considerada conmigo y Meili, ¿verdad?
Cuando Emilia indicó que estaba dispuesta a seguir su propuesta, Echidna apartó la mirada, avergonzada.
—… Tal vez. ¿O quizá sólo sea porque me preocupo demasiado por el cuerpo de Ana?
Sonriendo levemente ante eso, las mejillas de Emilia se tensaron, y afirmó la decisión.
—Estoy muuuy preocupada por Meili. Pero también entiendo los sentimientos de Echidna. Así que, a partir de mañana, vamos a hacer de nuevo todo lo posible para poder tratar de llegar a la cima de la torre. Por supuesto, voy a buscar a Meili tanto como pueda, pero…
—Recuerde no descuidar la importancia de conquistar la torre, señorita Emilia.
—Lo sé… Tengo que pensar bien por mi propia cuenta en qué es lo más importante.
Llevándose la mano al pecho, Emilia se advirtió a sí misma.
Y luego se volvió hacia Subaru, quien había estado observando el intercambio a distancia. Por un segundo, él se sintió abrumado por la fuerza de su mirada, pero lo que siguió no fue una acusación.
—¿A ti también te parece bien, Subaru?
—...Sí, está bien. Eso es lo que Meili hubiera... pero ¿por qué me lo preguntas a mí?
—Porque leíste el libro de Meili, ¿no, Subaru? Parecías estar sufriendo tanto... Seguramente el más preocupado por Meili eres tú.
Subaru tragó saliva ante su recordatorio.
Una rápida mirada reveló que Emilia no era la única mirándolo fijamente. Beatrice, Ram, Echidna, Julius, Shaula, todos lo estaban mirando.
Su mente no podía ni empezar a imaginar qué intención se escondía tras sus miradas. Y con su cabeza sin funcionar, siguió a su cobarde corazón.
—… Realmente estoy preocupado. Pero creo que Meili también hubiera querido que siguiéramos.
—Guau, qué maravilla, hermanito. Aunque tú mismo no te crees eso en absolutooo.
La chica que observaba desde el fondo de su mente se rió de su terrible y superficial respuesta. Pero incluso sabiendo eso, Subaru logró mantener su actuación y pensar desesperadamente.
—¿Qué tomo y qué abandono? Tengo que decidir mi posición pronto.
En primer lugar, aunque no esté relacionado, existe una frase.
—Asesinar se convierte en un hábito.
Es una de las frases que el detective, Hércules Poirot, dejó al mundo.
El significado de esta frase no hace referencia a una persona que haya matado a un ser humano y que, repentinamente, despierta un gusto por asesinar, reincidiendo para satisfacer sus deseos.
Sino que se refiere a que, cuando alguien resuelve su problema una vez mediante el asesinato, siempre que surja otro problema, pensará en volver a intentar resolverlo asesinando.
Para cuando empiece a considerar que asesinar no es una opción, algo muy importante ya habrá cambiado.
De hecho, aunque fuera alguien que nunca asesinara por voluntad propia, aunque le disgustara asesinar y aunque vislumbrara los recuerdos de la persona asesinada, ese hábito no desaparece.
El hábito… no desaparece.
—Asesinar se convierte en un hábito.
Sección 4
A altas horas de la noche, Subaru aprovechó la oportunidad que finalmente se presentó para actuar solo.
Se escabulló de la Sala Verde y miró por el pasillo de la oscura torre, asegurándose de que no hubiera nadie cerca antes de dirigirse sigilosamente hacia su objetivo.
—“Creo que Meili también hubiera querido que siguiéramos”. Menudo actor estás hecho, ¿eeh?
—Cállate.
—Ju ju, no te enfadeees. No es sarcasmo; ¡es que de verdad lo pensé, de verdaaad!
Aunque intentaba moverse con sigilo, la alucinación burlona seguía susurrándole al oído.
Lo realmente peligroso de las alucinaciones auditivas era que no había forma de detenerlas. Incluso si Subaru se tapaba los oídos, incluso si quería acallar la voz, esos dulces susurros continuaban resonando directamente en su cerebro.
No importaba cuánto lo rechazara, no podía silenciarlo.
—Dicen que a veces no realmenteee significa sí.
Ignorando intencionalmente la burla cantarina, Subaru forzó la vista en la oscuridad.
Después de la cena, el grupo había discutido cómo continuar sus esfuerzos al día siguiente y luego se retiraron rápidamente para recargar energías para el día venidero.
Con el ejemplo de Meili, Emilia y los demás propusieron que todos durmieran juntos.
Subaru, sin embargo, logró librarse de eso pidiendo recuperarse en la Sala Verde para lidiar con las secuelas persistentes de leer el Libro de los Difuntos. Por supuesto, hubo cierta reticencia a su propuesta, pero...
—Te ves mortalmente pálido, hermanitooo.
—...
—Entonces… ¿has dejado para después a la hermana de pelo azul de tu habitacióóón?
La alucinación estaba tratando de tentar a Subaru a un frenesí para poner sus manos en los Libros de los Difuntos.
Por eso, seguía mencionando a la bella durmiente que sería el objetivo más fácil, pero él ignoró eso.
Ir tras ella no estaba ni cerca de la cima de su lista de prioridades. En todo caso, convencer a Patrasche había sido el mayor desafío.
Se había llevado el dedo a los labios y le había pedido que lo dejara ir en secreto, pero era dudoso cuánto había entendido cuando el dragón no podía comprender lo que estaba diciendo.
E incluso el plan de leer los Libros de los Difuntos de Emilia y los demás todavía estaba solo en el reino de los delirios. Incluso si siguiera adelante con el plan, no podría llevarlo a cabo sin tomarlos por sorpresa.
Así que su objetivo al escabullirse esta noche era algo completamente diferente.
—… ¿Qué harás con mi cadáveer?
—...Si no compruebo qué está pasando, entonces ninguno de los dos estará satisfecho.
—Je, je, eso es ciertooo. Estoy completamente de acuerdo. Somos como dos mitades de un mismo todooo.
La encantada alucinación hablaba de lo ridículas que eran las acciones de Subaru.
Que el cadáver de Meili no fuera descubierto era más un truco diabólico que un acto de Dios.
Al final, aprovechando el afortunado hecho de que sus acciones no habían salido a la luz, la resolución de Subaru de confesar se marchitó y comenzó a trabajar en el proceso de ocultar adecuadamente su cadáver.
Fue el pináculo de una toma de decisiones arbitraria e improvisada. Subaru quería maldecirse a sí mismo.
Pero si no terminaba de ocultar el cadáver de Meili ahora, era probable que Emilia lo encontrara, ya que no había renunciado a su búsqueda.
El espíritu de esa chica, ilimitado, positivo y protegido, no se quebraría hasta que finalmente encontrara el cadáver de Meili.
Por eso, Subaru necesitaba tranquilidad mental.
Sin eso, no podría construir unos cimientos. Sin unos cimientos, no podría levantar los muros de carga del castillo que era su futuro. Si no podía levantar esos muros, su futuro nunca estaría asegurado.
La existencia de Meili era una obstrucción para el castillo que era la tranquilidad mental de Natsuki Subaru.
—Qué despiadadooo.
Ignorando esa reacción totalmente razonable, Subaru llegó a la habitación problemática, el lugar donde había escondido su cadáver. Tragando un poco de saliva, armó su determinación y se deslizó por la puerta.
Honestamente, le dejaba un mal sabor de boca, pero llevar el cuerpo afuera y enterrarlo en el desierto sería el mejor curso de acción.
—...
Había una especie de pedestal de piedra en la parte trasera de la habitación cuadrada. El cuerpo de Meili yacía detrás de eso, bajo una tela blanca.
Ese burdo nivel de ocultamiento era un testimonio de lo aterrorizado que había estado Subaru. Sintiéndose patético por eso, Subaru se movió lentamente detrás del pedestal...
—... ¿Qué?
...pero no se reunió con el cadáver de Meili.
—...
Sin palabras, sus ojos se abrieron de par en par ante la vista.
No había nada detrás del pedestal. Ni su cuerpo, ni la tela con la que la había cubierto, nada.
—Por qué... Definitivamente aquí es donde la escondí...
Dándose la vuelta, se puso a cuatro patas en el centro de la habitación. Todavía había un leve rastro de sangre. La sangre que había goteado de las heridas en su brazo había dejado una marca allí.
Aquí fue donde murió Meili. Por muy estúpido que fuera, no cometería un error sobre algo así.
—Entonces, ¿a dónde fue su cuerpo...?
—… ¿Qué estás buscando a escondidas a estas horas, Barusu?
— ¡¿Gh?!
Los hombros de Subaru se estremecieron e inmediatamente se dio la vuelta al escuchar la voz detrás de él. Su rostro estaba pálido como un fantasma al ver a alguien de pie en la entrada.
Su corto cabello color melocotón, sus agudos e inteligentes ojos rosados, su rostro digno pero lindo mirándolo fríamente; parecía casi como una flor galante mientras estaba allí parada de brazos cruzados.
Ram era claramente hostil.
—O tal vez, debería llamarte farsante. Un Barusu… un Natsuki Subaru defectuoso.
—Qu… uh…
Destrozado por su aguda mirada y su voz, el corazón de Subaru gritó. Había un calor en sus palabras que traicionaba completamente la impresión que Subaru había obtenido de su corto tiempo interactuando con ella.
Sintiendo un ardor como si las llamas del color de sus ojos lo estuvieran abrasando, Subaru luchó por respirar.
—¿Por qué estás tan alterado? Ya te he transmitido mi pregunta. Responder es el deber de Barusu… no, el tuyo.
—Y-Yo solo estaba...
—¿Solo qué?
Aferrándose a cualquier excusa que pudiera encontrar, luchó presa del pánico para hacer que los engranajes de su cabeza volvieran a girar.
Maldijo su cerebro de arranque lento mientras necesitaba encontrar algún tipo de explicación divina para salir de esto.
Pero para cuando su cerebro finalmente comenzó a moverse, se atascó en un solo hecho y no pudo arrancar.
—Me han tendido una trampa.
—...
Toda la discusión alrededor de la mesa sobre no encontrar el cuerpo de Meili había sido un farol.
Subaru se había sentido increíblemente aliviado de que su crimen no hubiera sido descubierto.
Así que cuando escuchó la conveniente historia de que la búsqueda frenética había llegado a un punto muerto, cuando pensó que sus patéticos esfuerzos para ocultar el cuerpo habían funcionado, simplemente se lo creyó.
Como resultado, se estaba poniendo pálido torpemente a medida que la verdad salía a la luz.
Subaru había visto esta escena innumerables veces antes en todo tipo de dramas televisivos.
El asesino había ideado algún plan perfecto, solo para arruinarlo regresando a la escena del crimen donde los detectives o la policía estaban esperando. Proporcionando la prueba incontrovertible con sus propias acciones y luego siendo atrapado con las manos en la masa.
La mayoría de los espectadores lo tomaban como un error absurdo que nunca cometerían si estuvieran en esa situación. ¿Pero realmente lo harían? ¿No era el aprieto de Subaru prácticamente una broma?
—Al ser llamado farsante, no tienes nada que decir en tu defensa. Supongo que es prueba de que tú mismo eres consciente de la chapuza de actuación que estás haciendo. No investigaste lo suficiente a tu oponente. Fuiste negligente.
—¿Qué quieres decir con negligente...?
—La primera en notar algo raro fue Emilia. Debería haber un límite para lo mal que puedes jugar tus cartas.
Ram no ocultó el desprecio en su voz mientras revelaba la inesperada fuente de la sospecha.
Llamarlo farsante, decir que su actuación fue un desastre, señalar que no entendía a “Natsuki Subaru” lo suficientemente bien, escuchar que fue Emilia, de entre todas las personas, quien se dio cuenta. La persona que pensó que sería más fácil de engañar. Eso le hizo llorar.
Más que quedarse sin palabras, su corazón pisoteado estaba sangrando, y la agonía llenaba su mente.
Farsante, farsante, farsante. El dolor y el derramamiento de sangre en su corazón denuncian a Natsuki Subaru.
—Un Natsuki Subaru falso.
Ese pensamiento vertió una emoción espesa y oscura en lo profundo de su alma.
La negatividad se transformó en algo vil, llenando su corazón. Sus rodillas, que habían estado temblando silenciosamente, se estabilizaron. En cambio, las profundidades de sus ojos se calentaron, encendiendo la mecha de esas emociones oscuras.
El final de esa mecha era lo que la gente llamaba sed de sangre.
—...Solo por salir un rato en la noche me estás tratando como si fuera el malo de la película, ¿no crees?
En el momento en que prestó atención a esa masa oscura, los pensamientos de Subaru se transformaron y comenzó a soltar réplicas.
Se encogió de hombros ante su denuncia unilateral y miró alrededor de la habitación. Y después de asegurarse una vez más de que no había nada detrás del pedestal...
—Dada la situación, comprenderás por qué querría dar un paseo para reflexionar, ¿verdad? Sobre todo, en un lugar donde no esté tu hermana... Rem, ni tampoco Patrasche...
—¿De verdad crees que nadie ha visto nada? No, fuiste visto.
—...
—Parece que esa es otra asignatura que no estudiaste. Ni siquiera vale la pena hablar contigo.
Subaru intentó fingir una explicación inocente, pero Ram se llevó el dedo a los labios, interrumpiéndolo. Ya fuera coincidencia o no, su gesto fue el mismo que él le había hecho a Patrasche al salir de la habitación verde.
De repente, la posibilidad de que su uso de la palabra vista fuera literal comenzó a parecer muy alta...
—Admite limpiamente tu culpa, defectuoso...
Estar completamente acorralado y ser llamado con esa palabra imperdonable fueron el empujón final.
—¡Ng!
Bajando el cuerpo, Subaru cargó contra Ram, que estaba de pie en la puerta. Si la derribaba, tenía la intención de hacer lo mismo que le había hecho a Meili.
No sentía ningún remordimiento por matarla.
Ya había matado a Meili. No había mucha diferencia entre una persona y dos. Además, una parte de él ahora era un asesino profesional que había tomado innumerables vidas obedientemente cuando se lo ordenaban.
—El equilibrio de su pierna izquierda es malooo.
Siguiendo el oportuno consejo de su confiable asesor, Subaru eligió la mejor mano que tenía entre innumerables opciones. Con la guía de un asesino experimentado, podía matar a una chica sin problemas.
—Qué conclusión más aburrida y barbárica.
—...
—¿Pensaste que la pobrecilla y débil Ram desafiaría a un hombre tan bárbaro ella sola?
La voz de Ram sonaba más compasiva que burlona mientras la atmósfera se resquebrajaba.
La humedad en la atmósfera se congeló repentinamente, produciendo un fuerte crujido cuando el vapor en el aire fue forzado a cambiar de fase, y al instante siguiente, un poderoso impacto lo levantó desde abajo.
—¡¿Qué?!
Perdiendo todo agarre en el suelo, no pudo mantener el equilibrio y cayó hacia atrás. Hubo destellos de luz en sus ojos por el dolor mientras el crujido continuaba y el aire procedía a congelarse a su alrededor, hasta que finalmente se completó una jaula que lo rodeaba.
Era caprichosamente hermosa, una jaula hecha de hielo, y Subaru estaba atrapado dentro.
—Ojalá todo hubiera sido un malentendido de Ram.
Y con Subaru atrapado, Emilia apareció detrás de Ram, mirándolo con ojos tristes.
Sección 5
—Lo arruiné. No estaba pensando. Ella no debería haber venido sola.
Y como resultado de esa progresión obvia, Subaru se quedó atónito y atrapado en una jaula como un mono.
Ram y Emilia. Era natural que las dos cooperaran. A diferencia de Subaru, ellas tenían la opción de trabajar juntas. Eran diferentes desde el principio.
—Perder la capacidad de mantener tu actitud desenfadada solo porque fuiste acorralado... no te hace digno de ser llamado Barusu. El verdadero Barusu seguiría diciendo tonterías incluso cuando su vida estuviera en peligro.
—...
—Por esto es que ni siquiera pudiste engañar a la señorita Emilia. Olvida lo de segunda clase, ni siquiera eres de tercera.
—Me estás halagando, ¿verdad? Gracias.
—...De nada.
—Supongo que fue Emilia quien hizo esta jaula de hielo. No conocía los detalles, pero resulta que Emilia era una maga.
Una hermosa chica de cabello plateado que usaba magia de hielo formaba una combinación mística, y a él le hubiera encantado elogiar esa unión, pero...
—Supongo que simplemente no estamos al mismo nivel...
Subaru pateó amargamente el hielo. No se movió en absoluto. No tenía la fuerza para romper la jaula.
—Sin una pala, no saldré de esto.
Lo que significaba que si vivía o moría dependía completamente de Emilia.
—...Oye, ¿Qué pasó, Subaru? ¿Por qué...?
—Eso es...
Incluso en esa situación, Emilia seguía preguntando seriamente cuál era el motivo de Subaru. Era la insensatez que representaba la cruz de la moneda de su amabilidad.
Por supuesto, Subaru tenía su excusa.
Había una razón por la que las cosas habían terminado así.
—Pero si trato de alegar un acto de Dios fuera de mi control, nadie creería realmente ese tipo de excusa desesperada ahora.
—Señorita Emilia, es un desperdicio siquiera preguntar. Es impensable que responda a nuestras preguntas honestamente, y es dudoso si siquiera debería ser tratado como Barusu.
—Pero Subaru es Subaru. Ram, lo entiendes, ¿verdad?
—Es solo una falsificación inferior con una apariencia similar… así es como lo veo.
Coincidiendo con los pensamientos de Subaru, Ram reprendió la preocupación de Emilia.
La amabilidad era una virtud, pero sin entender la situación, también podía ser una debilidad. En ese punto, Ram probablemente estaba de acuerdo con Subaru. Así que no habría piedad para él.
—Fuiste tú quien notó que cambié, ¿verdad, Emilita? Entonces, ¿por qué pondrías tus esperanzas en mí de esa manera? Y también, ¿qué fue lo que te dio la pista?
—... ¿Realmente no lo sabes? Es lo mismo ahora.
—¿?
Subaru no podía entender la razón por la que ella podía notar la diferencia entre él y el otro “Natsuki Subaru”. Pero tampoco parecían tener ninguna intención de explicarlo convenientemente.
Los ojos rosados de Ram se agudizaron mientras fulminaba con la mirada a Subaru dentro de la jaula de hielo.
—No tengo interés en charlas ociosas. ¿Vas a tener ganas de soltarlo todo después de un poco de dolor?
—¿Te refieres a torturarme? Eso no solo requiere un toque sádico, sino que también necesitas conocimiento avanzado.
—Haré lo que sea necesario. Además, no me gusta infringir dolor a otros… pero es una de mis especialidades.
Ram fue despiadada mientras Subaru intentaba fanfarronear desde el interior de su pequeña celda.
Sus dedos eran pálidos y delgados, pero su afirmación discreta sonaba terriblemente convincente para los oídos de Subaru.
—Espera. No le hagas daño. No dejaré que se lo hagas.
Pero Emilia se paró frente a la jaula y extendió los brazos, negándose a permitir que esa conclusión violenta sucediera. Ram frunció el ceño al enfrentarse a Emilia.
—...Señorita Emilia, ¿no estaba de acuerdo conmigo?
—Apoyé tu decisión de interrogarle porque también creí que Subaru estaba actuando de manera extraña. Además, porque esto podría pasar… sentí que debía estar aquí.
—No quería que algo como esto pasara; por eso le pedí a Beatrice que le hiciera compañía a Julius y al resto. Hasta la señorita Emilia se niega a escuchar... Qué ingenua.
Sin ocultar su frustración por la diferencia de opiniones, Ram señaló a Subaru más allá de Emilia y continuó con voz mordaz.
—¿Está segura? Ese no puede ser Barusu. He oído lo que pasó en Priestella, la Ciudad de las Compuertas. Allí se encontraba un Arzobispo del Pecado que podía cambiar su apariencia a voluntad y transformarse en otras personas.
—… Sí. Una de las razones por las que vinimos a esta torre era recuperar a la gente que ese Arzobispo del Pecado transformó.
—¿Cuáles son las posibilidades de que ese Arzobispo del Pecado se haya transformado en este Barusu?
—Eso es...
Ram intentó contrarrestar la resistencia emocional de Emilia de manera lógica y con un razonamiento cuidadoso.
Esa era una acusación falsa, pero él no tenía forma de demostrarlo.
Pero más que eso, Subaru, no, ella sintió una poderosa aversión a esa idea.
—¡Gh!
Un flashback de recuerdos vagos. No de Natsuki Subaru, sino un fragmento que había visto en el Libro de los Difuntos; los recuerdos de cuando “yo” era “yo”.
—Disciplina; así llamaban a los diversos tratos que me daban a “mí”.
—De entre todos, lo más aterrador fue cuando dividieron mi cuerpo en innumerables “ranas”.
—Aunque mi conciencia solo habitaba en uno de los cuerpos, mis otros yo divididos saltaban a su antojo y huían hacia cualquier parte.
—El terror de no poder volver a la normalidad y la sensación de ir olvidando mi “yo” original provocaron un desplome en el valor de mi propia vida. Cuando pude volver a ser como antes, le agradecí a Madre desde el fondo de mi corazón.
—Al mismo tiempo, mi alma se rindió: bajo ninguna circunstancia debía desobedecer sus órdenes.
—¡Ghh!
Recordando ese terror directamente como si le hubiera sucedido a él, Subaru fue golpeado por un intenso vértigo.
La identidad de una persona está fundamentalmente conectada con su apariencia. Que eso sea manipulado por la voluntad de otra persona es una profanación.
Era una de las cosas más repugnantes que se podían hacer...
—¡Eso es demasiado extremo, no es propio de ti, Ram! ¡Esa forma de hablar como si quisieras reprimirlo a la fuerza!
—¿De verdad puede decir que no ocurre nada raro? Antes de que ese hombre detrás de…
Su discusión continuaba mientras el mareo seguía asaltando a Subaru. Ram estaba exigiendo una prueba diabólica. Podía haber pruebas de una afirmación positiva, pero nadie podía probar una afirmación negativa.
Este Natsuki Subaru no era el “Natsuki Subaru” que ellas querían.
Habían observado al menos eso. Y para explicarlo, Ram señalaba la teoría fácil de entender que involucraba a una persona conocida por poseer la habilidad de cambiar de forma, pero esa también era una explicación increíblemente difícil de aceptar para el Subaru actual.
Incapaz de hacer nada con el antagonismo que brotaba en su interior, Subaru gimió...
—¡Necesito hacerle hablar ahora mismo! Para poder saber dónde están Meili y el verdadero Barusu.
—¿Ah?
Esa queja de Ram, como si fuera un ataque sorpresa, sobrecargó la consciencia de Subaru.
—...
Levantando la cabeza, las vio a las dos discutiendo. No podía ver la cara de Emilia ya que estaba mirando hacia el otro lado, pero podía ver la cara de Ram claramente.
Sus ojos ardiendo de ira no parecían estar ocultando una mentira. Ella decía en serio cada palabra.
—Lo que significa que no han encontrado el cadáver de Meili.
La razón por la que habían esperado para atraparlo allí era solo porque había actuado de manera sospechosa y no podía realizar su actuación de “Natsuki Subaru” a la perfección.
Las declaraciones aparentemente inconsistentes de Ram revelaban eso. Pero al mismo tiempo, él no entendía.
—Si no fueron ellas, ¿entonces quién movió el cadáver de Meili?
—Si había alguna otra trama, algo sucediendo además de solo su plan y el de ellas...
—¡No puedes andar decidiendo quién es real o falso! ¡Porque el Subaru que está aquí es…!
—¡¡TENGO AMNESIA!!
—¿Qu…?
Aferrándose a los barrotes de hielo, Subaru interrumpió su discusión.
Los ojos de Ram se abrieron de par en par ante el grito inesperado. Si su objetivo era sorprenderla, habría sido un éxito, pero ese no era el punto. Fue solo un grito.
La súplica confundida e insegura de Subaru, sin saber qué le pasaría si lo decía.
—¡¿Después de todo, aún estás haciéndote el tonto…?!
Recobrando el sentido, el rostro de Ram se llenó de ira.
En lo que a ella respectaba, lo que Subaru acababa de decir era una mentira dolorosamente frustrante, una tan obvia que no lograría nada más que perder el tiempo.
Pero incluso si Ram pensaba eso...
—¡Ram! ¡Escucha lo que está diciendo Subaru! ¡Después de todo había una explicación!
—¿Habla en serio, señorita Emilia? ¡No hay ninguna razón para creerle!
Emilia, con los brazos extendidos, se plantó frente a Ram, apoyando las palabras de Subaru.
Si solo fuera ella aferrándose a una opinión absurda, Ram la habría ignorado sin pensarlo.
Pero el rostro de Emilia se tensó ante la obstinada negación de Ram.
—¡Hay una razón para creerlo! ¡La razón es todo el tiempo que hemos pasado con él!
—¡...!
Había una expresión de dolor en el rostro de Ram.
Por solo un momento, hubo duda en sus ojos rosados. Pero se sacudió esa vacilación con pura fuerza de voluntad.
—¿Qué hay de Rem?
—Ah...
En ese momento, Emilia vaciló ante los ojos brillantes de Ram, y la situación comenzó a moverse.
Bajando el cuerpo, Ram lanzó una patada, con el objetivo de barrer las piernas de Emilia. Emilia la esquivó saltando hacia atrás, pero Ram avanzó y la agarró de la muñeca.
Sin permitirle resistirse, giró el brazo de Emilia y la envió volando.
—¡No se interponga en mi camino!
—¡¿Kyaa?!
Emilia gritó mientras daba una voltereta y aterrizaba de pie, evitando caer al suelo. Pero al aterrizar, su pie tocó el zapato que Ram se había quitado y resbaló.
Tropezando, Emilia tardó en reaccionar. En esa apertura, Ram sacó una varita y la sostuvo a través de los barrotes de hielo, apuntando justo frente a la nariz de Subaru.
—Atrévete a volver a decir eso.
— No es… lo que…
— Con esa cara… y con esa voz… Como digas que olvidaste a Rem una sola vez más…
Ram apretaba los dientes. Él podía ver la atmósfera distorsionándose alrededor de la punta de su varita temblorosa.
No podía verlo, pero lo más probable es que fuera maná acumulándose para activar alguna magia. Pero las palabras —la acción— para detenerla no salían.
No hallaba palabras para detener las lágrimas de Ram, de la chica que ante sus ojos parecía que iba a estallar en llanto en cualquier momento.
—Si fuera “Natsuki Subaru” en lugar de Natsuki Subaru, ¿habría sido capaz de encontrar las palabras?
—¡No lo hagas, Ram! ¡Detente!
Levantándose, Emilia gritó en un intento de detener a Ram.
Sin embargo, no llegaría a tiempo.
—...
Una luz blanca brilló a través de las barras de la jaula de hielo, y el golpe engulló a Subaru.
El impacto estrelló su cuerpo contra el lado opuesto de la jaula, y la nuca chocó contra los barrotes de hielo.
—Gah.
Su cabeza se agitó violentamente, y su consciencia se nubló.
Sin haber tenido tiempo para explicarse, la consciencia de Natsuki Subaru se apagó.
× × ×
—… ¿Uh?
Dejando salir un débil y distante gemido, su conciencia comenzó a resurgir.
Poco a poco, muy poco a poco, su conciencia se alzó hacia la superficie desde el fango de oscuridad. Una sensación vaga que, gradualmente, se aceleró cobrando realidad y, finalmente…
—¡¿GAAH?! ¡Qué dolor!
En el momento en que despertó, fue como si su conciencia hubiera sido agarrada por el cuello y arrastrada hacia arriba. Un dolor agudo estalló detrás de sus ojos mientras se levantaba de un salto del duro suelo y abría los ojos.
—Ay, ay, ayay, ¿qué… qué es esto?
Buscando la causa del dolor, se llevó la mano al hombro izquierdo. En el momento en que lo tocó, el dolor agudo hizo que el mundo a su alrededor se volviera rojo.
—No puedo moverlo en absoluto.
—Esto... ¿acaso se me ha salido el hombro...? Nunca antes me había dislocado...
Más allá de su hombro, su brazo dejó de moverse como él quería. Intentó mover el brazo con su otra mano, pero incluso tocarlo dolía, así que simplemente se puso de pie con cuidado de no sacudirlo.
—Esta es... la habitación...
—Donde murió Meili. La habitación en la que estaba antes de desmayarme.
Como prueba, la jaula de hielo que Emilia había hecho todavía estaba allí detrás de él. Sin embargo, extrañamente, él había estado en el suelo fuera de ella.
Por el aspecto de las cosas, no había señales de que la jaula se hubiera abierto, y no debería haber habido forma de deslizarse a través de los barrotes de hielo, pero...
—... ¿Es por eso lo del hombro...?
Al llegar tan lejos, se dio cuenta de la conexión.
Mirando los espacios entre los barrotes, estaba claro que no era imposible deslizarse a la fuerza. De hecho, parecía francamente factible con un hombro dislocado.
El problema era simplemente cómo había sucedido.
Y...
—... ¿A dónde fueron Emilia y Ram?
Las dos chicas que habían estado discutiendo y peleando antes de que él se desmayara no aparecían por ninguna parte. Era antinatural.
—No, más que simplemente antinatural, es aterrador.
Subaru había quedado inconsciente, su hombro estaba dislocado, Emilia y Ram habían desaparecido. Miró alrededor de la habitación, tratando de averiguar qué había sucedido mientras estaba fuera…
Natsuki Subaru estuvo aquí.
Cuando vio una línea familiar tallada en la pared.
La pared de piedra había sido tallada de forma irregular, golpeada sobre un lienzo desnudo.
Vio el pedestal de piedra destrozado por el rabillo del ojo. Las letras en la pared aparentemente habían sido talladas usando eso. Pero si eso fuera todo, no habría tenido el mismo impacto que el mensaje tallado en su brazo.
Simplemente se habría reído de ello como una repetición decepcionante. Pero, sin embargo…
Natsuki Subaru estuvo aquí.
Natsuki Subaru estuvo aquí. Natsuki Subaru estuvo aquí.
Natsuki Subaru estuvo aquí. Natsuki Subaru estuvo aquí. Natsuki Subaru estuvo aquí.
Natsuki Subaru estuvo aquí. Natsuki Subaru estuvo aquí. Natsuki Subaru estuvo aquí. Natsuki Subaru estuvo aquí. Natsuki Subaru estuvo aquí. Natsuki Subaru estuvo aquí. Natsuki Subaru estuvo aquí. Natsuki Subaru estuvo aquí. Natsuki Subaru estuvo aquí. Natsuki Subaru estuvo aquí. Natsuki Subaru estuvo aquí...
Cada pared de la habitación estaba llena de ese mensaje patológico.
Era comprensible que no lo hubiera notado al principio. El mensaje había sido grabado tan tenazmente, llenando con tanto cuidado cada espacio de la pared, que hacía parecer que era simplemente algo que decoraba la pared.
—¿Quién grabó estas palabras por toda la habitación y con qué propó...
—¿Eh? ¿Qué mierda es esto? Qué habitación tan desagradable. Oye tú, cachomierda, ¿qué es esa mierda que decora las paredes?
—...
Esa voz que inspiraba miedo provenía de detrás de Subaru, quien temblaba y permanecía completamente quieto.
No se debía al hecho de no haber detectado su presencia. Después de todo, la atención de Subaru se encontraba en ese momento firmemente centrada en lo que había sido escrito en las paredes. No habría notado a nadie que se acercara.
Así pues, no fue aquello lo que le sorprendió, sino que aquella tosca voz le resultaba familiar.
—Oye, tú, ¿qué demonios estás faciendo tan pálido, mierdecilla? ¿Qué face un mierdecilla tan lejos de su grupo? ¿Estás pidiendo a gritos ser la presa de un depredador más grande?
Habiendo dicho eso, un hombre pelirrojo sonrió como un tiburón detrás de Subaru, quien no se atrevía a darse la vuelta.
—Oh, cómo se reía este hombre que, de ningún modo, debería estar aquí presente.
