Re: Iniciando la Vida en Otro Mundo Desde Cero
Capítulo 6
Re: Iniciando la Vida en Otro Mundo Desde Cero
Sección 1
Al oír esa voz familiar, olvidó inmediatamente el dolor en su hombro.
Su mente estaba dominada por una vasta sucesión de emociones negativas, como el miedo y la cobardía; una tempestad de sentimientos de desesperanza nubló sus pensamientos con una única frase que se repetía dentro de su cabeza: “¿Por qué?”.
¿Por qué se dislocó su hombro izquierdo? ¿Por qué la frase “Natsuki Subaru estuvo aquí” estaba grabada por toda la habitación? ¿Por qué tras capturar a Subaru, Emilia y Ram estaban ausentes? ¿Por qué había desaparecido el cadáver de Meili, el cual él había escondido? ¿Por qué Natsuki Subaru había perdido sus recuerdos? ¿Por qué Natsuki Subaru fue invocado a un mundo diferente? ¿Por qué nunca pudo decirles a su madre y a su padre la verdad acerca de todo?
¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué...?
—Oye, tú, ¿qué faces fecho una bola? Oye, no te quedes tan callado, asqueroso bastardo.
—¿Por qué el hombre, que se suponía no podía bajar, estaba aquí?
—Haa… Oye, tú, ¿qué estás mirando con esa cara? Sí, tú, estoy fablándote a ti, ¿estás tan muerto de mierdo? Se conoce que estás a punto de plorar, oye. Eres un tipo repugnante en esta desagradable habitación.
Mientras Subaru alzaba la vista, abrumado por un sinfín de preguntas, el hombre vestido con un kimono le lanzó una risa burlona.
Con su largo cabello rojo, el parche sobre su ojo izquierdo, el pecho descubierto y el sarashi blanco alrededor del torso, su cuerpo como acero forjado, miró con desprecio a un patético Subaru.
El guardián del segundo piso de la Atalaya Pléyades, Electra: Reid Astrea.
—Oye tú, qué te ha pasado. ¿Acaso no dislocádose ha tu hombro? Ya me parecía que lucía raro, ey.
—¡Gui… gaaaaah!
Al momento siguiente, una sacudida repentina abrasó la mente de Subaru. Al mirar hacia abajo, vio que Reid había agarrado despreocupadamente su hombro dislocado y le había retorcido el brazo con violencia, encajándolo de nuevo en su sitio a la fuerza.
Hubo un ruido sordo y visceral mientras los huesos se realineaban, y entonces el brazo izquierdo de Subaru pudo moverse de nuevo.
Pero el dolor que había retrocedido por un breve instante volvió de golpe, y la renovada agonía hizo que se le llenaran los ojos de lágrimas.
—Oye, no te pongas tan exagerado, tú. Estás faciendo que parezca que soy yo quien está vejándote, maldita sea. Oye tú, en realidad no soy yo quien te veja, sino esa fermosísima.
—¿Fermo… sísima?
—Con la jaula de hielo y tu hombro dislocado ya me lo imagino, tú. ¿Habéis tenido una riña entre amigos? ¡Qué divertido!
Riendo con desprecio, Reid examinó la habitación. Por lo que dijo, Subaru entendió que estaba hablando de Emilia. Pero también reconoció una percepción anormal para deducir tanto de un solo vistazo.
—¿C-cómo puedes saber eso...?
—Atrapados dentro de esta torre deprimente, las cosas entre un hombre y una mujer mejorar han más allá de la figuración o empeorar han más allá de la figuración; esas son las dos únicas opciones. No es gran cosa.
La lógica del hombre era demasiado cruda para llamarla un argumento sólido. Cuando Subaru no respondió, Reid miró hacia otro lado y comenzó a calentar casualmente y a dar pisotones en el suelo.
—Bueno, se conoce que puedes moverlo de nuevo. Perfecto, perfecto.
Con ese comentario final, comenzó a caminar lentamente hacia la salida de la habitación, como si Subaru ya ni siquiera existiera.
Subaru lo persiguió frenéticamente.
—¡Espera! Tú... ¿no dijiste que no podías bajar del piso de arriba? ¿¡Por qué caminas por este piso como si fuera algo normal?!
Subaru fulminó con la mirada la espalda de Reid, soltando la primera pregunta que le vino a la mente. Reid simplemente agitó la mano con desdén sin darse la vuelta.
—¿Cuándo dije que no podía salir del segundo piso? ...Nah, es broma. Descuida. Tu suposición de que no podía salir no es errada. Es sólo que esa suposición se ha desmoronado agora.
—¿Que la suposición se ha desmoronado...? ¡¿P-por qué?!
—No tengo intención de darte una conferencia completa aquí y explicarte todo. Puedo salir. Estás a punto de mearte encima. Eso es todo; fin. Ah, no, ese aún no es el final.
Deteniéndose, la voz de Reid cambió repentinamente de tono. Una mirada poderosa que podría cortar a alguien con solo un vistazo se clavó en Subaru.
—Justo estoy en mitad de buscar algo. ¿A dónde carajos se han ido esos compañeros con los que has tenido esa riña?
Los ojos de Subaru se abrieron de par en par ante esa pregunta inesperada. Al ver esa reacción patética...
—Tú...
Reid se rascó la cabeza con violencia.
—¿Entiendes?, planeo salir de aquí, mas es menester comida, agua y sake; por no fablar de mujeres. De tus compañeros, esa fermosísima y esa mujer que se viste eróticamente son mis objetivos. Mas, ya que sintiéreme culpable por seducir a la fermosísima, esa mujer erótica es la opción más probable.
—¿Salir? ¿De esta torre? Pero ¿qué pasa con… tu Examen…? No, ¿qué pasa con todo lo demás? ¡¿Qué vas a hacer con esta situación y todo lo que está pasando?!
—No, no me importa nada de lo tuyo. Tus problemas deberías resolverlos tú mismo, yo no tengo nada que ver con eso. Ah, espera; aún aguarda un último asunto pendiente desagradable.
—¿Un asunto pendiente...? ¡¿GAAAH?!
Reid sonrió con desdén y le dio un golpe con el dedo en la frente a Subaru.
—Idiota, ya te lo dije. No creas que obtener has una respuesta para todo, polluelo. Oye tú, ya seas una cachomierda o un polluelo, debes comenzar a caminar por ti mismo.
— Es imposible que lo primero camine…
—¿Agora que aparecí tan afortunadamente ante ti, usarme has como una ferramienta para disipar tus inquietudes, preguntas o arrepentimientos? Vete a la mierda. Resuelve tus propios problemas. No me uses como una muleta.
—...
Era algo que realmente no podía describirse como molestia.
Para estar molesto hacía falta sentir algo, pero la existencia de Subaru ni siquiera se registraba en la mente de Reid.
Sus emociones no iban a moverse por alguien a quien no registraba. Así que no había molestia en su voz. Pero, aun así, fue más que suficiente para destrozar el corazón de Subaru...
—Ahhh, llegaron.
Mientras Subaru guardaba silencio, Reid sonrió. Sus sandalias de paja empujaron contra el suelo y comenzó a caminar directamente por el pasillo sin ninguna preocupación. Al verlo alejarse a grandes zancadas, Subaru volvió a la realidad y corrió frenéticamente tras él.
Le dolía el hombro, había dudas en su mente, estaba impulsado por un sentido del deber pasivo en lugar de algo proactivo, pero Subaru no tenía otra opción que seguir a ese hombre.
El lugar donde se detuvo fue el final del pasillo, desde donde era posible asomarse a la escalera de caracol que descendía.
—...
Al perseguir desesperadamente a Reid, sus ojos se abrieron de par en par al darse cuenta.
Era el fatídico lugar donde Natsuki Subaru había sido empujado hacia su muerte dos veces anteriormente. Solo mirar hacia abajo le requirió un arranque de valor. Pero Subaru olvidó su miedo a la muerte al ver la escena que se desarrollaba allá abajo.
La estancia de la escalera de caracol estaba llena de monstruos envueltos en llamas. El lugar se había transformado en una especie de infierno.
—¿...Eh?
Llamas carmesíes retorciéndose y el ruido discordante del llanto de incontables bebés. Todo se fusionó con sus acelerados latidos, y aquel pandemonio que no había escuchado antes estalló en su cabeza.
—¡¡!!
Eran horripilantes monstruos, mitad humanos y mitad caballos, con cuernos en lugar de cabezas. Tenían crines de fuego y empuñaban lanzas de hueso. Y una manada de veinte o más arrasaba la torre, saltando por todo el quinto piso como si fueran los dueños del lugar.
Subaru podía sentir el tremendo calor del infierno incluso desde lo alto de la escalera. Una ráfaga de aire caliente le golpeó, secándole los ojos al instante, y retrocedió gritando.
—¡Qué es esto...! ¡En serio, ¿qué mierda está pasando?!
—Se conoce que hay algunas mabestias espeluznantes aquí, oye. Tú, ¿sabes qué era eso?
—¡No lo sé! Yo también... es la primera vez que veo monstruos... mabestias, aparte de ese enorme gusano de arena... ¡¿ah!?
De pie junto a Reid y mirando la escena de abajo, la voz de Subaru tembló.
Los centauros soltaron un chillido agudo e hicieron girar sus brutales lanzas de fuego al percatarse de que un ser se acercaba.
—¡JA!
Con una voz afilada, esa figura atacó al enjambre de mabestias con un corte elegante.
Hubo una salpicadura de sangre, brazos y piernas fueron cercenados, seguidos momentos después por chillidos retardados. Con ese ruido a su espalda, el solitario caballero, con su uniforme blanco manchado por la furiosa batalla, se enfrentó a un número abrumador de enemigos.
—No veo al resto, pero... supongo que así es más fácil, al menos. Digo yo.
—¡...! ¡Oye! ¡¿qué vas a hacer?!
—Oye tú, no faces más que preguntas y más preguntas.
Reid miró a Subaru con desinterés. Estaba de pie al borde de la escalera. Solo medio paso más y terminaría cayendo... No, en todo caso era lo contrario.
—No fagas más que preguntar; trata de facer algunos movimientos atrevidos para variar. Fablar contigo es aburridísimo. No eres una dama atractiva que pueda deleitar mi vista. Oye, ¿con qué intenciones intentas fablar conmigo?
—...
—Ey tú, ¿qué diablos vas a facer? Uno de tus camaradas está ahí abajo, rodeado de mabestias espeluznantes, ¿y todavía estás ahí parado? Los débiles tienen pocas opciones. No haces más que volverte cada vez mejor para las excusas.
Las palabras de Reid estaban llenas de la lógica de los fuertes, un carnívoro dominando a un herbívoro. Era la lógica de los fuertes que no funcionaría para Subaru, el abismo infranqueable que separaba a los débiles de los fuertes.
—Jah.
Bufando cuando Subaru no respondió, Reid se inclinó hacia delante. No hubo tiempo para detenerlo. Reid se lanzó al aire sin dudarlo. Reid se embarcó en el mismo viaje de solo ida hacia la muerte que Subaru había tomado.
Recreando la misma velocidad y altura con las que Natsuki Subaru habría muerto inevitablemente, Reid cayó como si fuera absorbido por el infierno de abajo, cayendo y cayendo...
—¡¡!!
Golpeado por un pisotón de sus sandalias, el torso de un centauro se desplomó. El impacto rompió sus cuatro patas y la mabestia aplastada se convirtió en una espantosa mancha negra en el suelo.
El responsable fue Reid Astrea, quien, tras saltar desde una altura que habría matado a Subaru, salió ileso a pesar de aplastar a la bestia con su sandalia.
—...
Incluso las mabestias carentes de inteligencia se amedrentaron ante su presencia y se pusieron muy obviamente en guardia. Cuando el espadachín pelirrojo entró violentamente en la refriega, todos los chillidos de los centauros cesaron de golpe.
La atención se centró en él. No solo el enjambre de mabestias que lo quemaban todo, sino también el caballero que tan valientemente había estado actuando como su oponente: Julius Juukulius.
—Tú… ¿Por qué… estás aquí?
—Por qué, qué, cómo... ¿Acaso sois tan amigos que sólo sabedes preguntar eso? Hay otras preguntas, como: ¿cuál es el secreto para ser popular entre las mujeres?, ¿cuál es el mejor sake?, ¿cómo llegaste a ser tan fuerte?
Reid se limpió la carne de la suela de su sandalia y luego giró la mano hacia otro centauro parado cerca de él. En su mano sostenía un delgado palo de madera como si fuera una especie de broma; casi parecía un palillo chino.
—El secreto para ser popular entre las mujeres es mi rostro, y el mejor sake es el brandy Granhiert. Y en cuanto a por qué soy el más fuerte del maldito mundo… es simplemente porque soy yo.
Al decir eso, Reid comenzó a mover ligeramente el palillo que había sacado.
Al instante siguiente, se formaron grietas por todo el centauro que había dejado de moverse, y la sangre brotó de él. La mabestia tardó en darse cuenta de que su cuerpo estaba siendo destruido y aulló ante el dolor mortal.
Sonaba como el chillido de un bebé moribundo. Simplemente horrible y asqueroso. Si existía un diseñador que hubiera creado a la mabestia, se había ganado a pulso el título de tener mal gusto.
Y el hombre que causó todo eso seguía sonriendo mientras apuntaba el palillo hacia Julius. Reid mostró una gran sonrisa burlona mientras los ojos amarillos de Julius se abrían de par en par al fijarse en la punta del palo.
—Bien, prosigamos con el Examen. Amuéstrame cómo los faces picadillo antes de que me aburra, lechuguino.
Sección 2
Una horripilante danza de espadas comenzó con el atrio del quinto piso como escenario.
El largo cabello rojo de Reid saltaba por el aire mientras controlaba libre y perfectamente su corpulento cuerpo, usando solo un corto y débil palo de madera para realizar una hazaña increíble.
Las mabestias mitad humanas, mitad caballos, envueltas en llamas furiosas, cargaron contra Reid mientras él aullaba. Empuñando lanzas flamígeras en ambas manos, los centauros intentaron matarlo con un nivel escandaloso de potencia de fuego.
Pero Reid lo paró todo con sus palillos y sin una sola marca de quemadura. La razón por la que ese pequeño y débil palo de madera podía soportar un calor tan intenso era obvia. Se movían tan rápido que no había oportunidad de que se prendieran fuego.
—¡Mira mira mira mira mira mira mira! ¡Oye tú, ¿qué pasa?! ¡Oye tú, ¿estás jugando?! ¡A diferencia de la vegada pasada, tienes una apertura, oye! ¡Usa a los amigos a tu alrededor, es hora de vengarse de mí! ¡Vamos vamos vamos vamos vamos vamos vamos!
Armando un gran alboroto, Reid abría heridas letales en los cuerpos de las mabestias que cargaban contra él con sus palillos de madera. Pero en lo que a Reid respectaba, esa hazaña sobrehumana era solo un acto secundario.
Su verdadero interés estaba centrado únicamente en Julius, el caballero que luchaba contra esa manifestación de violencia con forma humana.
—¡¿En qué demonios estás pensando?! ¡Todas estas mabestias vinieron del sótano! ¡Esto es muy serio para la atalaya, deberíamos unir nuestras fuerzas para combatirlas!
—¡Jah! Siendo un espadachín con buenos modales, seguro que también tienes buenos modales en tu modo de pensar, ¿eh? Oye, ¿puedes siquiera gozar de la vida ansí? Por mi experiencia, quienes se abstienen de facer lo que gustan, viven vidas harto más aburridas que quienes facen lo que gustan, oye.
—¿Qué estás…?
—En primer lugar, ¿qué problema hay en dejar sueltos a esos repugnantes caballitos en llamas? Moléstanme tanto como la pluvia… aunque la pluvia es harto molesta, porque encrespa el pelo.
Se rio de la lógica racional del sentido común con la lógica demente de un villano.
Enfrontado a una filosofía que no podía entender, Julius pareció desconcertado por un momento antes de que una intensa emoción llenara sus ojos...
—¡Kah! Y ya está. No está mal esa expresión tuya.
—¡Gh!.
—Pero… mira por do andas. Aunque, desde mi punto de vista, es menester andar con cuidado por todas partes.
Reid sonrió salvajemente mientras su patada aterrizaba directamente en el estómago de Julius.
Estaba en la misma posición que Reid, teniendo que lidiar tanto con las mabestias como con un enemigo, pero había una clara diferencia de motivación entre los dos, y la brecha solo se ampliaba por la diferencia en su fuerza.
Mandado a volar por la patada, Julius se estrelló contra la pared. El impacto sacudió la propia torre, y el enjambre de monstruos se abalanzó sobre él mientras caía de rodillas.
—¡Gh... haaa!
Mientras la horda mortal se acercaba rápidamente, Julius evadió a la fuerza con un impresionante juego de pies. Rompiendo el cerco de centauros al pisar sobre sus cuerpos, apuntó su mano izquierda hacia las mabestias debajo de él...
Y no pasó nada. Al apretar su mano, su expresión se retorció de angustia.
—… Oye tú, incluso en una situación como está, ¿aún no vas en serio?
En un instante, Reid apareció entre Julius y las mabestias, levantando una tormenta con sus dos palillos de madera.
El vendaval salvaje envió a una docena de centauros por los aires, convirtiéndolos en trozos espantosos y esparciéndolos en el lapso de dos segundos: ese enjambre mortal de mabestias fue masacrado sin tener una sola oportunidad.
